domingo, 4 de febrero de 2018

LA SOCIEDAD ROBOTIZADA.


Escribe: Milcíades Ruiz

Es verdad que la persona nace libre y sana pero la sociedad lo encarcela, corrompe y deforma. Los primeros carceleros son sus padres que robotizadamente lo castran mentalmente. Lo hacen sin tener consciencia de lo que están haciendo con el nuevo ser humano porque ellos ya están robotizados y proceden así de buena fe. Sus cerebros están programados para actuar de esa manera. Entonces el recién nacido es sometido a una radiación sistémica que lo deforma. Si los padres son fanáticos religiosos le pondrán un rosario en el cuello, el cura le hará una cruz en la frente traumándolo con el “agua de socorro” y lo bautizarán. Antes que tenga uso de razón ya lo están poniendo tras las rejas de la secta religiosa de los padres o de la religión oficial.

Actuamos así porque somos ya producto terminado de la sociedad que nos ha marcado su sello. Hemos sido formados para actuar como corresponde a una sociedad injusta y subordinada a los poderes de la dominación social. Más tarde cuando el niño esté en edad escolar el profesorado le irá poniendo otros candados y hasta la vecindad robotizada le dirá cómo comportarse. Su cerebro será impactado por los dibujos animados de la televisión y cuando curse la educación primaria le enseñarán una falsa historia de los acontecimientos nacionales y mundiales.

Este proceso de formación de la personalidad de los humanos continuará con el acoso cultural que lo deformará intelectualmente y adoptará la ideología producto de la educación hogareña, estudiantil y de la acción alienante de los medios de comunicación. Así irá asimilando y construyendo los valores que regirán su conducta en la adultez. Pero felizmente, tenemos una tabla de salvación que al nacer la traemos bajo el brazo: el deseo de saber la verdad como cuando el cuerpo reacciona frente a las enfermedades creando anticuerpos de inmunización. Los humanos pueden sacudirse de algunos candados pero no todos pueden hacer eso y muchos terminan eligiendo como gobernantes a sus opresores.

Pero nuestros niños estarían mejor protegidos si tuviesen la ayuda de sus padres. Llegarán a la adultez, conscientes de su realidad y podrán salirse del rebaño alienado si es que le dotamos de los elementos de defensa frente a la agresión de la sociedad oficial. Los humanos son maleables física y mentalmente al igual que el perro, el elefante y otros seres vivos como lo demostró ya Pavlov hace siglos aplicando su teoría de reflejos condicionados. Esto lo sabe el capitalismo que nos aplica diariamente el marketing neurológico y nosotros por reflejo condicionado respondemos exactamente como lo desean nuestros manejadores.

En esta perspectiva, los socialistas tenemos un primer reto familiar de cultivar a nuestros hijos para que tengan una madurez fructífera, sana y de calidad sin las contaminaciones del sistema. Si no imprimimos a nuestro sembrío familiar los cuidados para que nuestra plantación crezca saludable, entonces la sociedad terminará contaminándolos, por contagio degenerativo. Le ha pasado a José Carlos Mariátegui y otros líderes socialistas cuyos hijos y nietos adoptaron ideologías adversas. No deberíamos dejar pues, indefensos a los infantes hasta que adquieran una personalidad sólida cimentada en el conocimiento científico de los hechos y sus procesos naturales, como se hace con las matemáticas.

Pero además de nuestro jardín familiar, tenemos la responsabilidad de velar por el desarrollo de las nuevas generaciones humanas, expuestas a la manipulación de la sociedad en que vivimos. El sistema de dominación hace lo que quiere con nosotros. Basta prender el televisor para que nuestro organismo, impactado por imágenes y versiones, segregue sustancias que nos hacen indignar, nos deprime o nos pone eufóricos. Nos hacen comprar, alucinar, simpatizar con nuestros opresores y odiar a los luchadores sociales. Millones de cerebros son impactados al mismo tiempo, día tras día, todo el tiempo.

La tecnología de las comunicaciones camina a pasos agigantados y hoy vemos a los jóvenes, como también a sus mayores, sentados en la mesa pero nadie conversa. Todos están ensimismados mirando su tablet entretenidos con el whatsApp, se ríen a carcajadas y se olvidan que existe alguien más en la mesa. Lo mismo sucede si van en bus. No están viendo ni pensando en el futuro personal, familiar o social porque para eso no tiene tiempo o les interesa muy poco. Sus hábitos de conducta se han automatizado. El sistema explota sus debilidades y los encadena a la oferta comercial

Dentro de pocos años la conducta social será muy diferente a lo que hasta ahora hemos conocido. La sociedad quizá pierda por completo lo poco que le queda de autenticidad. Pero así es la modernidad como lo fue para nuestros antepasados que jamás imaginaron un matrimonio entre personas de un mismo sexo. Es el progreso capitalista. Pero todo este proceso de alienación masiva nos afecta políticamente y no nos conmovemos con el sufrimiento del pueblo. Los productores de papa de la serranía vienen luchando denodadamente y ya tienen dos muertos. ¿saben ustedes de algún comunicado de protesta de algún grupo de izquierda? ¿Así quieren ganar las próximas elecciones? Digan algo por favor.

Febrero 2018


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