jueves, 24 de mayo de 2018

SOBRE LAS COOPERATIVAS DE AHORRO Y CRÉDITO

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Escribe: Milcíades Ruiz

En el debate parlamentario sobre la supervisión de las cooperativas de ahorro y crédito, la izquierda no suena ni truena. Que se sepa, ninguna de las dos bancadas tiene una posición tomada al respecto, ni sobre el sector cooperativo de nuestro país ni sobre economía solidaria. Difícil imaginar a un izquierdista ignorante de las luchas de nuestro pueblo por alternativas distintas al capitalismo individualista. Solo los izquierdistas de pura pose, ignoran la historia del cooperativismo peruano, de las entidades comunitarias, de las empresas comunales y de las empresas de propiedad social. Pero en la historia de las revoluciones socialistas las granjas comunitarias, cooperativas y otras formas asociativas no estatales, han estado presentes como formas de mayor pureza socialista.

En el mercado financiero compiten por captar el dinero de ahorristas, los grandes bancos y financieras de los grupos de poder. Pero también, las cajas municipales, las cajas rurales y urbanas, mutuales, entidades de microfinanzas y, cooperativas de ahorro y crédito. Pero mientras las sociedades anónimas utilizan sus bancos y financieras como negocio lucrativo como propósito principal, para las cooperativas lo principal es la ayuda mutua. En términos generales, los bancos utilizan los ahorros de los oprimidos para financiar los proyectos de negocios de sus opresores. A los primeros le pagan bajos intereses descontando los gastos de mantenimiento y otros administrativos y a los segundos le cobran altos intereses y comisiones adicionales por riesgo, etc.

En una cooperativa en cambio, los ahorristas son los dueños de la empresa y si necesitan crédito para emprender un negocio se prestan a sí mismos. Si tiene ahorrado mil soles podría solicitar un préstamo de cuatro mil y así sucesivamente cuanto más tenga ahorrado podrá solicitar hasta un múltiplo proporcional. Al final de año, las utilidades obtenidas son de beneficio comunitario. Muchos vendedores ambulantes son socios de cooperativas en las que ahorran y solicitan créditos para mercadería, especialmente en las campañas navideñas, campañas escolares, ferias y otras oportunidades. Con la cooperativa sostienen a la familia y por ello, devuelven con puntualidad para tener buena calificación.

Pero lo que sucede con los pequeños ambulantes se multiplica cuando los cooperativistas son de mayor poder económico y entonces la cooperativa adquiere una potencialidad inmensa. Millones de migrantes en Lima, incluido analfabetos, tienen casa propia por su cultura ancestral de asociarse cooperativamente, lo que no sería posible individualmente. Así se han fundado miles de urbanizaciones. Pero igualmente podemos encontrar cooperativas en el sector educación, pesca, agricultura, minería, agricultura, servicios, etc. A diferencia de las sociedades anónimas donde cada miembro vale por el dinero que posee en acciones de capital, en la cooperativa hay igualdad de derechos, cada socio un voto y la administración es democrática, siendo la asamblea general la que tiene el máximo poder. 

En nuestro país, las cooperativas han sido muy maltratadas políticamente. Derrocado el gobierno de Velasco que las expandió, la rencilla pudo más que la racionalidad y fue destruido todo el sector asociativo creado por la Reforma Agraria. El neoliberalismo fujimorista acabó con las cooperativas agroindustriales azucareras que se resistían a perecer. Se las obligó a transformarse en sociedades anónimas con el fin de facilitar su recaptura por la empresa privada de capital individual. La empresa Gloria S.A., compró las acciones que poseían los trabajadores cooperativistas a precios irrisorios y se adueñó de Casa Grande, Chiclín, Cartavio, Chiquitoy y otras cooperativas colindantes convirtiéndose en un latifundio agroindustrial más extenso como jamás hubo en la historia del Perú. 

Aún los trabajadores de Andahuasi, Tumán y Pucalá luchan por mantenerse unidos sin tener la solidaridad de quienes dicen estar al lado de los trabajadores. Por eso pienso que para la izquierda es un deber apoyar a las empresas cooperativas, que son las más afines a nuestra ideología en nuestro medio. La derecha odia las sociedades comunitarias y prefieren apoyar a las pequeñas y medianas empresas de capital individual jugando con la ilusión de ser ricos a costa de los demás. Las cooperativas no son de su simpatía y las marginan como hacen los partidos políticos ignorándolas en sus planes de gobierno.

Hemos tenido en el Perú, la cooperativa más grande de Sudamérica, un banco cooperativo y una gran central de crédito cooperativo como banca de segundo piso. Todo lo hemos perdido por políticas de Estado adversas a la economía solidaria. La quiebra de los más grandes conglomerados cooperativos en el Perú nos ha dejado muchas lecciones. Por eso es importante la intervención de la superintendencia de Banca y Seguros para dar seguridad a los ahorristas de las cooperativas de ahorro y crédito evitando a tiempo los malos manejos que pudieran surgir. Pero que esta necesidad perentoria no debería ser aprovechada para imponerles castigos a estas cooperativas que les impida su desarrollo. Igualdad de condiciones y de oportunidades con todas las empresas del rubro. O mejor todavía, políticas de fomento para las zonas de pobreza.

Cuando el capitalismo individualista nos impide desarrollarnos y no disponemos de un marco socialista, entonces el cooperativismo es una alternativa para la población de bajos ingresos. Aun así, los socios son propietarios de los medios de producción y de la plusvalía que ellos generan. En los países desarrollados las cooperativas han alcanzado un alto poder económico y a nivel mundial existen a la fecha unas 1500 cooperativas que por sí solas facturan por más de 100 millones de dólares anuales cada una, según reporte institucional de la Alianza Cooperativa Internacional. Las 300 cooperativas y mutuales más importantes facturan más de 2,16 billones de dólares. El 30% de estas son agrarias. (Fuente: https://www.aciamericas.coop)

En un año electoral en el que se necesita apoyo de las organizaciones populares, resulta importante enarbolar las banderas de la asociatividad comunitaria en los planes de gobierno regional, provincial y distrital. Las municipalidades deben fomentar la ayuda mutua entre vecinos y lugareños. El empresariado cooperativo puede ser la base de desarrollo en las zonas de pobreza donde el inversionista especulador no llega. El dinero generado en la localidad, en el valle o en la región no debe ir a potenciar a nuestros depredadores. Debe quedarse en nuestra zona para empoderar la economía local. Salvo mejor parecer.

Mayo 2018

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