Al Amauta Héctor Béjar
En un reciente y lúcido artículo, Emir Sader hace
notar la dolorosa ausencia de pensamiento crítico latinoamericano en momentos de
cruciales enfrentamientos políticos en que más falta hace.[i]
Parte de esta pobreza ideológica la constituye el
olvido, deliberado y sistemático como nos lo recordó Eduardo Galeano, de la
memoria histórica con la nítida finalidad de debilitar la lucha por la
integración continental y la soberanía económica frente a los Estados Unidos.
No es casual, por ejemplo, que en Perú surja una
“nueva” izquierda, indiferente o de espaldas a los procesos soberanos de
Latinoamérica, cuyos principales líderes y muchos de sus militantes están
largamente formados y asalariados por agencias de cooperación con centro
operativo en la potencia del norte.
Conviene entonces el ejercicio de la memoria para
alimentar el pensamiento crítico. En este caso, a propósito de la gran victoria
latinoamericana hace 10 años en Mar del Plata, Argentina, derrotando el Acuerdo
de Libre Comercio para las Américas - ALCA empujado por los Estados Unidos.
Una victoria que no significó el final de las
propuestas de hegemonía norteamericana en la región, ferozmente persistentes a
través de acuerdos bilaterales, los TLC, la Alianza del Pacífico y el TPP. Y
que de igual manera no comenzó tampoco en 2004 en Mar del Plata, sino hace
alrededor de dos siglos atrás.
La falsificación histórica
Se tienen serias dudas sobre la muerte de Simón
Bolívar, existe la hipótesis seria de que fue secuestrado y asesinado, entre
otras fuertes evidencias históricas, por la intervención de un navío
norteamericano en su muerte.[ii] Pero de lo que se tiene certeza
es de su asesinato moral.
La derrota de su proyecto de unidad continental,
soberanía e igualdad social a manos de las oligarquías en todos los países que
liberó, incluido el desgarro de la Gran Colombia, a manos de sus generales
traidores; el asesinato o destierro de sus principales cuadros: Bernardo de
Monteagudo, José de Sucre, Simón Rodríguez, Manuela Sáenz; y la calumnia
sistemática fueron las principales herramientas con las que mataron en su
primera hora el proyecto bolivariano en la región.
Parte importante de esa derrota y la forma esencial
de hacerla duradera fue la más sutil y venenosa tergiversación de su
pensamiento, un proceso de falsificación ideológica que comenzó en vida de
Bolívar. Meses antes de su muerte escribe a uno de sus colaboradores "…Si
algunas personas interpretan mi modo de pensar y en el apoyan sus errores, me
es bien sensible, pero inevitable; con mi nombre se quiere hacer en Colombia el
bien y el mal, y muchos lo invocan como el texto de sus disparates”.[iii]
Alrededor del centenario de la independencia,
cuando ya no representaban un peligro personal, las oligarquías de todos y cada
uno de los países latinoamericanos, enemigas a muerte de la primera generación
libertadora, a cuyos cuadros derrotaron, asesinaron, desterraron y calumniaron,
convirtieron en historia oficial esta operación política de
tergiversación, casi un crimen perfecto de la memoria.
Fueron a buscar y traer los cadáveres patriotas
desde el destierro y con pompas y oropeles los volvieron a matar,
convirtiéndolos esta vez en “padres de la patria”, supuestos autores de las
repúblicas fragmentadas, insoberanas y excluyentes a las que habían odiado y
combatido mutuamente hasta el final.
“La alta burguesía va a llevarte flores al panteón
nacional cada aniversario de tu muerte… para asegurarse de que estés bien
muerto Libertador, bien muerto”, escribe con certera poesía uno de los más
grandes cantores venezolanos a Bolívar un siglo
después.[iv] Parte sustancial de esta
tergiversación justificatoria será el “panamericanismo”, la idea de que el
proyecto continental de Bolívar incluía a los Estados Unidos.
Bolívar y Estados Unidos
El famoso Congreso anfictiónico de Panamá para
federar las nuevas repúblicas, realizado en 1826, diseñado por Bolívar con dos
de sus cuadros más latinoamericanistas, el chuquisaqueño Bernardo de Monteagudo
y el peruano Faustino Sánchez Carrión,[v] fracasa por el sabotaje del presidente colombiano Francisco de Paula
Santander y de los Estados Unidos. El país del norte fue invitado por Santander
en contra de la voluntad de Bolívar, que veía con plena claridad que para ese
entonces Estados Unidos ya comenzaba a desplegar sus pretensiones
expansionistas hacia el sur. Era además, y lo sería hasta 1865, una potencia
esclavista que veía con estupor el anti esclavismo radical de
Bolívar.
William Tudor, cónsul norteamericano en Perú,
informaba a su gobierno, lleno de alegría, de la derrota del Congreso de
Panamá: “La esperanza de que los proyectos de Bolívar están ahora efectivamente
destruidos es una de las más consoladoras. Esto no sólo es motivo de
felicitación en lo relativo a la América del Sur… sino que también Estados
Unidos se ve aliviado de un enemigo peligroso en el futuro... Si hubiera
triunfado estoy persuadido de que hubiéramos sufrido su animosidad… Su odio a
la esclavitud y el deseo de abolirla. Leed su incendiaria diatriba contra ella
en la introducción a su indispensable Constitución... contémplese el Haití de
hoy y a Cuba… calcúlese el censo de nuestros esclavos; obsérvense los límites
del negro, triunfante de libertad y los del negro sumido en sombría esclavitud,
y a cuántos días u horas de viaje se hallan el uno al otro; reflexiónese que...
esta cuestión se pusiera a prueba en nuestro país; y luego… júzguese y
dígase si el loco de Colombia podría habernos molestado”.[vi]
El odio era mutuo y de larga data. Tempranamente,
en junio de 1817, una expedición militar patriota comisionada por Bolívar
libera Florida, entonces colonia española en el norte de América, y declara la
República independiente de Florida. Tras seis meses, el gobierno norteamericano
la declaró un hecho de piratería internacional, la invadió militarmente y
terminó comprándola al colonialismo español para anexarla finalmente a los
Estados Unidos.
En 1818, dos goletas norteamericanas, la Tigre y la
Libertad, que llevaban armas y alimentos al ejército colonialista español en la
región de Angostura a través del río Orinoco en Venezuela, burlando el bloqueo
públicamente decretado por los patriotas, fueron requisadas por brigadas de
“caballería nadadora” de Bolívar.
El agente del gobierno norteamericano en la región,
Bautista Irvine, hizo llegar amenazas y chantajes irrespetuosos, exigiendo la
devolución de los navíos y los pertrechos. Bolívar terminó contestando
formalmente que los navíos quedaban expropiados y que: “Lo mismo es para
Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo
la ofende”.[vii]
Este mismo Irvine será después uno de los muchos
calumniadores de Bolívar y una de las fuentes de la “leyenda negra” contra el
Libertador.
En 1820, ante las maniobras y demagogias
norteamericanas para aprovechar la lucha de independencia latinoamericana en
favor de sus propios intereses, incluyendo componendas con España, Bolívar
escribe: “Jamás conducta ha sido más infame que la de los norteamericanos con
nosotros”.[viii]
En 1825, se refiere en duros términos a los
norteamericanos que llama “regatones” (comerciantes que regatean precios):
“presidente de los regatones americanos. Aborrezco a esa canalla de tal modo,
que no quisiera que se dijera que un colombiano hacia nada como ellos”.[ix] Al año siguiente es más explícito todavía: “yo
recomiendo a usted que haga tener la mayor vigilancia sobre estos americanos que
frecuentan las costas: son capaces de vender a Colombia por un real”.[x]
Ya cerca de su final, en 1829, escribe con certeza
profética: “los Estados Unidos que parecen destinados por la Providencia para
plagar la América de miseria a nombre de la Libertad”.[xi]
Doscientos años
Derrotado Bolívar y su generación, las políticas
norteamericanas para imponer su hegemonía política y económica sobre
Latinoamericana nunca han cesado, combinando diversas formas y métodos,
incluyendo los violentos: invasión, por filibusteros mercenarios o tropas
norteamericanas, de territorios latinoamericanos; la dirección o el apoyo a más
de cincuenta golpes de Estado contra gobiernos democráticos; la instrucción y
apoyo a docenas de dictadores militares genocidas; el bloqueo o boicot
económico; la agitación y el desorden político; y por supuesto las campañas de
calumnias a través de los monopolios mundiales de medios masivos de
comunicación.[xii]
En el ámbito intelectual, se creó el artilugio del
“panamericanismo”, es decir, la idea de unidad “americana” incluyendo a los
Estados Unidos como justificación ideológica para legitimar institucionalidad
regional bajo la dirección norteamericana. La Unión Internacional de las
Repúblicas Americanas - UIRA de 1890, la Unión Panamericana - UP de 1910, y la
Organización de Estados Americanos - OEA de 1948.
En un acto de máxima falsificación e hipocresía, la
primera vez que en ese marco se reunió el presidente norteamericano, Dwight
Eisenhower, con casi todos los de los demás países latinoamericanos en 1956, se
hizo bajo el pretexto de conmemorar los 130 años del Congreso Anfictiónico de
Panamá, convocado por Bolívar y saboteado por los norteamericanos.
Frente a la ironía cobran todo su sentido las
palabras del gran sabio mexicano, José Vasconcelos: “la diplomacia de los
vencedores nos engaña después de vencernos… Se perdió la mayor de las batallas
el día en que cada una de las repúblicas ibéricas se lanzó a hacer vida propia,
vida desligada de sus hermanos (concertando tratados y recibiendo beneficios
falsos), sin atender a los intereses comunes… El despliegue de nuestras veinte
banderas en la Unión panamericana de Washington deberíamos verlo como una burla
de enemigos hábiles”.[xiii]
El objetivo final, ya sea por medios militares,
ideológicos o políticos, es siempre económico, lograr imponer la firma de
acuerdos y tratados de integración libre comercial y financiera, siempre
favorables a los intereses del coloso del norte. Mientras que para los pueblos
latinoamericanos son fuente de pérdida de la soberanía, endeudamiento,
dependencia primario y mono exportadora y prohibición de desarrollo y derechos.
A despecho de los discursos celebratorios, casi en
todo, los intereses del sur y del norte del Río Bravo se muestran diferentes
sino antagónicos, por ejemplo la política migratoria. Realidades lapidarias que
confirman las advertencias de Simón Bolívar respecto de las ofertas de los
prepotentes vecinos del norte: “formado una vez el pacto con el fuerte ya es
eterna la obligación del débil”.[xiv]
Las resistencias
Ciertamente, también han sido permanentes las
resistencias soberanas. Innumerables cuadros y pueblos latinoamericanos han
enfrentado y muchas veces vencido las injerencias y agresiones. José Martí,
Francisco Morazán, Gregorio Luperón, Augusto Sandino, Fidel Castro y Salvador
Allende son sólo algunos de los más insignes continuadores de la lucha de
Bolívar a lo largo de dos siglos.
En 2004, la conjunción de la denodada lucha de los
pueblos y tres gigantes patriotas de nuestro tiempo: Néstor Kirchner, Lula da
Silva y Hugo Chávez, permite la gran derrota del ALCA norteamericano.
En 2008 se creó la Unión de Naciones Suramericanas
– UNASUR y en 2010 la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños -
CELAC. Por primera vez desde la construcción de las repúblicas los 12 Estados
suramericanos y los 33 Estados latinoamericanos y caribeños tienen un espacio
de discusión y decisión regional sin la presencia formal de los Estados Unidos,
que sigue haciendo uso de influencias, chantajes e injerencias, pero ya ha
perdido en esos espacios el rol legal y legítimo de
otrora.
Nada menos que esa gran conquista histórica de
soberanía continental, lograda con tantos sacrificios populares, es la que por
estos días se ve amenazada con el repunte, tras una década, de las opciones
neoliberales y pro norteamericanas de la derecha en varios países claves del
continente.
Como muestra la historia, si la arremetida
neoliberal termina victoriosa no habrá ni siquiera espacio para debatir o
pensar otros modelos de desarrollo en la región, como ahora lo hacemos gracias
justamente a los avances de los gobiernos progresistas, pues habremos
retrocedido 20 años.
Ante esta grave responsabilidad de la hora que nos
cabe a cada latinoamericano y latinoamericana, cobran plena vigencia las
palabras de José de San Martín: “cada uno es centinela de su vida”. Y
sabrá que le toca y que no, hacer en esta hora.
Ricardo Jimenez A.
[i]
Sader, Emir (2015). La crisis del
pensamiento crítico latinoamericano. En: http://www.alainet.org/es/articulo/173375
(consultado el 5-11-2015)
[ii]
Mier, Jorge (2008). La Carta que cambiará
la historia. Cómo. Cuándo. Quién lo mató. Dónde está Bolívar. Libro 1. Venezuela: Oxford. Y Libro 2 (2011).
[iii]
Carta de Simón Bolívar a Antonio Leocadio Guzmán. Popayán, Colombia. 6 de
diciembre de 1829. En: Bolívar, Simón (2016). Reflexiones políticas (doctrina del Libertador). Barcelona: Red
Ediciones S.L. Pág. 310.
[iv]
“Canción Bolivariana” de Alí Primera, 1980 Disco L.P. “Abrebrecha” (en youtube).
[v]
Curiosamente, ambos eran acérrimos enemigos personales, con tal grado de
odiosidad, que se especula que Sánchez Carrión pudo estar comprometido en el
asesinato de Monteagudo en Lima en 1825. Esta paradoja de un proyecto y una
lucha política esencialmente común pero con una acerba odiosidad personal es
común en la compleja historia humana y en la independencia latinoamericana (por
ejemplo, entre Bolívar y Miranda en Venezuela y los Carrera y O´Higgins en
Chile).
[vi]
Carta de William Tudor, cónsul norteamericano en Perú, al Gobierno de los
Estados Unidos. En: Pividal, Francisco (2005). Bolívar: Pensamiento Precursor del Antiimperialismo. Venezuela:
IMMECA / UNELLEZ. Págs. 197 a 199.
[vii] Carta de Simón Bolívar a Bautista Irvine,
agente del gobierno norteamericano. Angostura, Venezuela. 7 de Octubre de 1818. En: Bolívar, Simón
(2007). Independencia, Soberanía y
Justicia Social en el pensamiento del Libertador Simón Bolívar. Venezuela:
MPP-MEP. Pág. 105.
[viii]
Carta de Simón Bolívar a José Rafael Revenga, Ministro de Relaciones Exteriores
de Colombia revolucionaria. San Cristóbal, Colombia. 25 de mayo de 1820. En:
Bolívar, Simón (2002). Doctrina del
Libertador (1783 - 1830). Alicante: BVMC. pág. 147.
[ix]
Carta de Simón Bolívar a Francisco de Paula Santander. Potosí, Bolivia. 21 de
octubre de 1825. En: Pividal, Francisco (2005). Op. Cit. Pág. 155.
[x]
Carta de Simón Bolívar a Francisco de Paula Santander. Magdalena, Colombia. 13
de Junio de 1826. En: Pividal, Francisco (2005). Op. Cit. Pág. 155.
[xi]
Carta de Simón Bolívar a Patricio Campbell. Guayaquil, Ecuador. 5 de agosto de
1829. En: Bolívar, Simón (2007) Op. Cit.
Pág. 155.
[xii]
Jimenez, Ricardo (2015). Prontuario de
EE.UU. en América Latina. Dos siglos de agresión imperialista y resistencia en
América Latina. En:
http://www.alainet.org/images/Prontuario%20de%20EEUU%20en%20Am%C3%A9rica%20Latina.pdf
(consultado el 5-11-2015)
[xiii]
Vasconcelos, José (1948). La raza
cósmica. Misión de la raza iberoamericana. Buenos Aires: Espasa Calpe. Pág.
9.
[xiv]
Carta de Simón Bolívar a Bernardo de Monteagudo. Ecuador. 5 de agosto de 1823.
En: Consuegra, José (1982). Las ideas
económicas de Bolívar. México: R UNAM. Específicamente, Bolívar se refiere
aquí a un tratado que él rechaza por desventajoso, ofrecido por Inglaterra a
Colombia.
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