martes, 27 de junio de 2017

UN REPTIL DENTRO DEL CEREBRO DEL VOTANTE




Imagina un reptil. Tal vez un cocodrilo. Su cuerpo alargado, su piel dura, su enorme boca muy abierta, sus dientes. Imagina su actitud, su conducta, su modo de vida.

Piensa en un reptil. Tal vez una serpiente, una víbora. Se desliza húmeda y escurridiza, buscando su alimento.

Un reptil.
 
En la jungla. En el río. En el pantano.
 
En la naturaleza salvaje.
 
En el cerebro del votante.

¿Cómo? ¿En el cerebro del votante?
 
No, que no. Imposible.
 
Un reptil en el cerebro del votante. Faltaba más. Que no.
 
¿O sí?

El cerebro humano no es simplemente humano

Es más que humano. Porque el cerebro del ser humano no es uno, único, solito. No. En realidad el ser humano tiene dentro suyo 3 cerebros interconectados pero relativamente independientes:

1.     Un cerebro propiamente humano, más avanzado evolutivamente.
2.     Más un cerebro de mamífero.
3.     Más un cerebro de reptil.

Son 3 máquinas biológicas las que integran lo que denominamos cerebro.
 
Tres. 3. Three.
 
3 estructuras operando con lógicas distintas.
 
Una de ellas con la lógica del reptil.

El cerebro de reptil

Primitivo. Salvaje. Bestial. Simple.
 
Así es el cerebro de reptil dentro del cerebro humano.

Sus impulsos son elementales. Atacar y huir. Alimentarse. Reproducirse. Defender su territorio. Respetar las jerarquías. Respetar al más poderoso. Sobrevivir a como dé lugar. Del modo que sea, pero sobrevivir.

Está localizado en la zona del tronco cerebral y el cerebelo. Actúa rápida y mecánicamente. Con conductas automatizadas y rituales que perviven a lo largo de los siglos, casi inmunes a los cambios.

Impulsado por el cerebro de reptil, el ser humano busca unas pocas cosas:
  • Oxígeno.
  • Alimentos.
  • Sexo.
  • Seguridad.
  • Territorio propio.
  • Jerarquías definidas.
  • Rituales.
Lo básico, y a lograrlo del modo que sea. Un modo que generalmente es rápido, ciego, violento e inmediato. Ya dije que es primitivo, ¿no?

El voto del reptil

Llevamos dentro un antiquísimo reptil. Que sigue vivo y operativo, por otra parte. Que sigue produciendo hechos en nuestra vida.

Tal vez así se explican tantas cosas que ocurren…y que de otro modo parecerían inexplicables.

Y bien: ese reptil que llevamos dentro (todos, todos) nos acompaña en todo momento y lugar. Inclusive en el tan civilizado acto de votar.

Allí estamos, mirando la publicidad electoral en televisión. Escuchando a los candidatos. Tomando  nuestra decisión de voto. Entrando al cuarto secreto. Introduciendo una hoja de votación en la urna. Allí estamos, tan humanos y civilizados.

Pero con nuestro cerebro de reptil activado en nuestro interior.

Repasa nuevamente lo dicho.
 
Supervivencia. Oxígeno. Alimentos. Sexo. Seguridad. Territorio propio. Jerarquías rígidas. Rituales. Resistencia al cambio. Impulsos primitivos. Violencia. Ataque y fuga.

¿Acaso no has visto este cuadro en política alguna vez?
 
Porque este reptil vota.
 
Sí. El reptil también vota.
 
No todo es reptil en el cerebro humano, claro.
 
Pero lo dicho: el reptil también vota.

Cuidado.

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¿CAPITALISMO SALVAJE?




26/06/2017

La expresión “Capitalismo salvaje” se ha vuelto a oír en el Perú luego de los aciagos sucesos ocurridos en las Galerías Nicolini –en las Malvinas- en días pasados.

Aunque han transcurrido casi 72 horas del pavoroso incendio que dejó lacerantes heridas en la sociedad peruana, nadie se repone aun de lo acontecido allí: las llamas de fuego, y una temperatura que llegó a los 2000 grados, destruyeron todo y calcinaron los cuerpos de cuatro jóvenes trabajadores que habían sido encerrados bajo llave por los propietarios de Contenedores en cuyo interior se trajinaba mercadería probablemente de origen chino para “transformarla” en occidental.

Locutores de radio y TV y periodistas de la prensa escrita, además de analistas y entrevistados, han condenado la actitud de quienes asumieron conductas que condujeron a una muerte horrenda a estos compatriotas nuestros; y han usado la frase como una manera de repudiar una práctica registrada en el Cercado de Lima, y que, sin embargo, es mucho más frecuente de lo que se imagina.

No puede hablarse, en rigor, de “capitalismo salvaje” como una manera ingenua de diferenciarlo de un supuesto “capitalismo civilizado”. El capitalismo es salvaje en su esencia. Por su propia naturaleza. Está basado en la explotación más indigna y cruel: la explotación del hombre por el hombre.

Y se sustenta en preceptos que norman la vida de los Estados como si fuesen leyes naturales: la ley de la máxima ganancia, y la idea de la competitividad, resultan preceptos consustanciales a una sociedad basada en la explotación capitalista y el trabajo asalariado.  

No olvidemos que ya en el siglo XIX, Carlos Marx aseguraba: “Si el dinero, como dice Augier, viene al mundo con manchas de sangre en una mejilla, el capital lo hace chorreando sangre y lodo, por todos los poros, desde la cabeza hasta los pies”.

Es  una verdad indiscutible que los jóvenes que perecieron calcinados en el pavoroso siniestro de la semana pasada -Jorge Luis Huamán Villalobos, Jovi Herrera Alania, Luis Guzmán Taype y un cuarto aún no identificado- fueron víctimas de una crueldad extrema; pero son también la expresión dramática de  una sociedad perversa en la que un segmento privilegiado, goza de inmensas fortunas acumuladas en base a la explotación más inicua de millones, que cotidianamente arriesgan sus vidas por un salario indigno.

Y es que este drama ha servido para recordar que solo en Lima hay más de 45 mil jóvenes sometidos a las mismas condiciones de los caídos en las galerías Nicolini: laboran bajo llave  en compartimientos aislados, trabajan 12 horas al día por un pago exiguo, carecen de todo mecanismo de protección, no tienen derecho alguno y  no reciben la más mínima protección de las autoridades que -como ha quedado demostrado- cobran por hacerse de la vista gorda ante  las anormalidades registradas en esporádicas  “inspecciones”  carentes de resultado.

“Nos encerraban todo el día y sólo abrían la puerta para almorzar”, relató uno de los ex ocupantes del “Container”. Ellos enraban a laborar las 7:00 de la mañana y permanecían y bajo llave hasta el mediodía. Luego de los alimentos, se repetía la rutina hasta casi las 7 de la noche.

¿Y cuál era la actividad allí desarrollada?: cambiar de marca a fluorescentes importados .Ellos les quitaban la marca con lija y otros, luego le ponían una marca nueva. .Guardando las distancias y los tiempos, era una función similar a las que describe el napolitano Roberto Saviano, en su ya célebre libro “Gomorrra”: “Yo sé y tengo pruebas. Yo sé cómo se originan las economías y dónde toman su olor. El olor del éxito y el de la victoria. Yo sé qué rezuman las ganancias”.  A sangre y lodo sin duda.

El Emporio Comercial de Gamarra, y centros comerciales como “Polvos Azules” y otros, registran la situación de miles de jóvenes que se ganan la vida virtualmente esclavizados; pero el sistema no solamente afecta a quienes así afrontan   el reto de su subsistencia; sino también a las miles de víctimas del “trato de personas” que campea en Ciudad de México, Buenos Aires, Rio de Janeiro o en nuestra ciudad capital, y en otras del interior del país.

Ahora, cuando se ha anunciado la visita del Papa al Perú -que se concretará en enero del 2018- se ha evocado la situación de las jóvenes explotadas en la zona de Madre de Dios, y obligadas allí a ejercer la prostitución para enriquecer a verdaderas bandas delictivas vinculadas sin ninguna duda a autoridades que las protegen a fin que puedan gozar de total libertad.

Ni las autoridades ediles, ni los gobiernos regionales, ni el Poder Central, se preocupan en absoluto por la seguridad o la vida de estos jóvenes de uno u otro sexo, que sufren los embates de una sociedad piramidal en cuya base impera el latrocinio y la corrupción más desenfrenada.

Es esa sociedad capitalista y burguesa, y este “modelo” neoliberal el responsable de esa realidad que agobia a los peruanos y espanta a millones que, ocasionalmente se te enteran de dramas que los “medios”, en determinadas circunstancias, ya no pueden ocultar.

Es el caso, por ejemplo, de los “niños mineros”, habitantes de la provincia de Simón Bolívar, en la región Pasco, cuyos pulmones se encuentran atravesados por plomo y que sufren los efectos de la leucemia, el cáncer y otras enfermedades producidas por la contaminación ambiental y los relaves mineros.

Ese drama, que se trasladó a Lima gracias al esfuerzo abnegado de sus padres que se encadenaron en las puertas del Ministerio de Salud, en la avenida Salaverry; fue unánimemente ocultada por los medios de comunicación escrita, durante 12 días; y sólo salió a luz el domingo 25 de junio.

Y fue motivo, más bien para que los politiqueros de turno se rasgaran las vestiduras, como si ellos no hubieses tenido responsabilidad alguna en hechos como éste. Es bueno que se recuerde que la situación infrahumana de estos niños -y de otros muchos que ya murieron por la misma causa- se vivió también bajo los gobiernos de Alberto Fujimori y Alan García. Ni ellos -ni sus ocasionales voceros de hoy- podrían tirar la primera piedra en este escenario por cuanto el más elemental deslinde de responsabilidades, les tocaría de lleno.

Ellos aprovechan la coyuntura para enlodar a las autoridades actuales -que sin duda obran con la misma lenidad que las anteriores- pero no dicen una sola palabra de sus propias culpas y callan en todos los idiomas cuando se trata de la responsabilidad de las empresas, que son las que enferman a sus trabajadores, matan la biodiversidad, envenenan a los niños, y contaminan el medio ambiente

El capitalismo no se torna salvaje. Es salvaje por sí mismo

Gustavo Espinoza M.
Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera
http://www.alainet.org/es/articulo/186420

VENEZUELA RESISTE Y LA CONSTITUYENTE COMUNAL SERÁ UN HECHO CONTUNDENTE




27/06/2017

Para entender lo que se cocina en Venezuela en la actual andanada violenta y terrorista de la ultraderecha y de ciertos grupos seudoizquierdistas, todos patrocinados y financiados por el imperio y las multinacionales empeñadas en recuperar el control de una de las más importantes riquezas petroleras del planeta, basta con saber quiénes son los que desde Colombia y Bogotá también participan de la conspiración contrarrevolucionaria: Uribe, Santos, Pastrana, las bandas paramilitares y toda la camarilla oligárquica que controla y domina el Estado colombiano. La camarilla causante de más de 8 millones de desplazados; de miles de desaparecidos; de cientos de masacres; de la aberrante miseria de millones de colombianos.

La elite oligárquica colombiana, artífice de una seudo democracia que excluye y niega derechos políticos democráticos mínimos, con un  aberrante sistema de comunicaciones enfocado en la mentira y la manipulación social y cultural, es parte del Estado mayor que pedalea el golpe y la desestabilización del gobierno bolivariano que lidera Nicolás Maduro.

Curiosa esa omisión en quienes desde la derecha, el centro y la izquierda se rasgan las vestiduras con argumentos bastante frágiles sobre la democracia para justificar la actual andanada terrorista de la MUD.

Es la realidad con la que debemos lidiar los revolucionarios colombianos, la misma que nos permite entender con claridad cuáles son los orígenes y fines de los actos violentos promovidos por los integrantes de las bandas fascistas que asedian al Estado y el gobierno venezolano.

Es también lo que sirve de soporte a nuestro apoyo y solidaridad con la Patria de Bolívar en los actuales momentos. Bien procede el Presidente Nicolás Maduro con las enérgicas medidas y las decisiones adoptadas recientemente para aplastar la conspiración y el asedio infernal de la potencia imperial y sus marionetas internas.

Es increíble la ceguera de ciertas luminarias, que perdidas en los laberintos de la representación liberal, ignoran la dimensión y el alcance de los graves acontecimientos en curso.

Traer a colación las tesis de la democracia burguesa para descalificar las acciones políticas del Presidente Maduro en defensa de las conquistas populares alcanzadas en los últimos 17 años no es ciertamente un componente ético de la izquierda revolucionaria y socialista.

Impugnar la convocatoria y los preparativos de la Constituyente comunal por acudir y aplicar los procedimientos de la democracia cubana es simplemente acogerse a y asumir los planteamientos de la sediciente retórica de la democracia, que por siglos ha sido la infraestructura de la explotación y el despojo capitalista.

Si alguien ha dado ejemplo de democracia mediante el voto directo ha sido la revolución bolivariana, con más de 19 votaciones populares. Pero está visto que los viejos sistemas electorales organizados por el capital son un verdadero caldo de cultivo del engaño y la manipulación clientelar para que los pobres terminen apuntalando los poderes locales, regionales y nacionales de las aristocracias plutocráticas.

Para el efecto basta con retomar la experiencia del famoso plebiscito por la paz organizado el pasado 2 de octubre en Colombia por Santos, en el que se impuso la maquinaria del paramilitarismo uribista para debilitar los acuerdos de paz de La Habana. Y al paso que vamos, será con el voto directo de millones de colombianos engañados, que Uribe y sus compinches, se impondrán en las elecciones presidenciales del 2018 para enterrar así, de manera definitiva, la paz construida con las Farc.

A esos ingenuos o contrarrevolucionarios disfrazados de izquierdistas hay que desenmascararlos con estos hechos concretos.

Lo más sensato en el caso de la Constituyente comunal bolivariana es escoger, tal como está establecido en las bases comiciales adoptadas, parte de los constituyentes mediante la representación sectorial. Es una acción afirmativa adecuada para compensar la debilidad de los sectores populares sometidos a la manipulación de los caciques de la Mud.

Es exactamente lo que estamos demandando en Colombia para el caso de necesitarse, tal como están las cosas, una Constituyente de la paz que proteja los acuerdos alcanzados por las Farc para poner fin al prolongado conflicto social y armado.

Lo que ha hecho el Presidente Nicolás Maduro es lo correcto. Responder con timideces es un suicidio. Es la autodestrucción del poder popular. Es la renuncia a la lucha revolucionaria.

Por los grados de violencia utilizados en el actual ciclo de conspiración en que han muerto varias personas, muchas de las cuales víctimas de la arremetida sangrienta de los guarimberos, casi 50, se puede inferir cómo será el comportamiento de tales núcleos en el caso remoto de alcanzar sus objetivos estratégicos. La ultraderecha en el poder no se pone con timideces ni babosadas: el cuchillo, la bala, la masacre y el exterminio son sus claves de dominio. Quien lo dude que venga a Colombia y compruebe como es que actúan en las regiones los ejércitos privados del paramilitarismo. En plena paz ya han sido asesinados cerca de 200 líderes populares e integrantes de las Farc en camino a la dejación de las armas.

Así como Uribe, Santos Pastrana, el paramilitarismo, los grandes empresarios, los generales y las redes mediáticas tienen claro que su apoyo es para la ultraderecha de la Mud; los revolucionarios, la izquierda y el movimiento social estamos claros de qué lado estamos. Estamos en el campo de la defensa de la revolución bolivariana.

Adelante, pues, con la Constituyente popular, comunal, bolivariana y socialista.

Acá no somos pajes del imperialismo. Somos soldados de la revolución cubana y de la revolución popular que lidera el Presidente Maduro.

Acá en Colombia tenemos claro que un triunfo de la ultraderecha fascista significa un retroceso para la paz y su construcción plena mediante la implementación de los Acuerdos alcanzados por las Farc.



lunes, 26 de junio de 2017

LAS CURIOSAS TEORÍAS DE ÁLVARO GARCÍA LINERA




26-06-2017

Álvaro García Linera (AGL) publicó un largo artículo en Rebelión bajo el título de “¿Fin de ciclo progresista o proceso por oleadas revolucionarias?”. Dado que el autor es vicepresidente de Bolivia, ex miembro del grupo Comuna y téorico del gobierno de Evo Morales, no se puede dejar pasar muchas de las cosas que escribe sin hacer algunas aclaraciones. 

AGL durante varios años propuso para Bolivia un “capitalismo andino” con una burguesía aymara creada y fomentada desde el Estado (capitalista) arrancado a la oligarquía por las movilizaciones populares pero rápidamente identificado con el Movimiento al Socialismo (MAS). 

Éste consiste en un semipartido sin vida, ni democracia interna y con política capitalista nacionalista - reformista y es en realidad un pool de direcciones sindicales obreras y campesinas burocratizadas que aspiran a ocupar los puestos principales en las instituciones del Estado. Ahora bien, desde la vicepresidencia del gobierno de ese Estado, AGL impulsa una política neodesarrollista - extractivista y una concepción “jacobina” - centralizadora que privilegia las necesidades del capitalismo de Estado (gasolinazo, carretera por el TIPNIS violando la Constitución que garantiza la autonomía indígena y propone la descentralización). 

Según AGL, existió una “Internacional progresista y revolucionaria a nivel continental” y “Lula, Kirchner, Correa, Evo, Chávez y Ortega (¡!) habrían constituido su Comité Central. 

Para AGL, los explotados con “las clases menesterosas” y el ataque brutal del capitalismo no es contra las conquistas de los trabajadores, su nivel de vida y de cultura y sus ingresos directos e indirectos sino que es contra los Estados mediante la caída de los precios de las materias primas… (el cual depende de la crisis capitalista de la demanda aunque no sólo de eso). 

AGL mide “el poderoso ascenso político de las clases sociales (sic) y fuerzas políticas de izquierda que asumen el control del poder del Estado” por la incorporación masiva de “diputados, asambleístas y senadores” a las instituciones del Estado capitalista, sin pensar que un policía socialista es un policía del Estado capitalista y un diputado o senador “socialista”, un engranaje menor del capitalismo de Estado. 

Para él, el gobierno es “la clase dirigente”, cuando el gobierno “progresista” es sólo un ocupante extraño de un aparato estatal capitalista que trata de sustituir en las instituciones de éste a la clase dirigente, que seguirá siendo capitalista mientras nadie la liquide. 

Para AGL, los gobiernos “progresistas” efectuaron una “extraordinaria redistribución de la riqueza social” y “cerraron las tijeras” de las desigualdades sociales cuando la realidad es que Cristina Fernández dejó una cifra de pobres (que Macri multiplicó después) apenas diferente de la que existía a fines de los noventa con el neoliberalismo y el coeficiente de Gini, que refleja las desigualdades sociales, prácticamente no se modificó. 

AGL, justificando el intento de reelección indefinida de Evo (y suyo mismo), por ejemplo, dice “cuando la subjetividad de las personas (sic) y la fuerza de las personalidades es la (sic) que deciden el destino de un país, estamos frente a verdaderos procesos de revolución”, sin pensar que podría estar ante procesos de contrarrevolución (Napoleón, Hitler). 

A los que se oponen al desarrollo del consumismo y del mercado CAPITALISTA que impulsan los gobiernos “progresistas” les responde, simulando confusión, que no es posible suprimir el mercado porque se reproducirá el mercado PRECAPITALISTA, que se basa no en el consumismo sino en el trueque o el intercambio comercial. 

Para combatir contra la izquierda revolucionaria que critica el extractivismo, el desarrollismo, a sustitución de los trabajadores, AGL inventa una izquierda inexistente que, según él, dice que “los gobiernos progresistas no están tomando medidas más duras de socialismo que acaben con el mercado mundial (sic), la división internacional del trabajo (sic) e instauren inmediatamente medidas comunistas de propiedad y producción (sic)”, cuando el socialismo sólo puede ser mundial, con un solo mercado y una división voluntaria del trabajo y el comunismo presupone la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción y la reducción extrema de la propiedad misma, salvo la de los objetos de uso elementales. 

“La revolución es mundial y continental (sic) o es una caricatura de revolución” dice AGL sin demasiada precisión y elegancia, pero con razón. Eso lo opone al stalinismo, pero su prédica sobre la necesidad de un bloque –no de alianzas puntuales- con las burguesías nacionales, que comparte con todos los defensores de los gobiernos progresistas y su desprecio por el análisis clasista lo colocan entre los neostalinistas

Dice por último que las revoluciones forman parte de una sucesión de oleadas que para él parece infinita e in crescendo. No es así: el capitalismo está acabando rápidamente con las bases de la civilización y de muchas especies, entre ellas, la nuestra. Un triunfalismo fatalista no puede esconder el peligro de una catástrofe ecológica y/o nuclear que los gobiernos “progresistas” no hacen nada por conjurar (Cristina Fernández inauguró una central eléctrica carbón y usinas nucleares en plena conferencia mundial sobre el cambio climático). 

No es cierto tampoco que “el tiempo histórico está de nuestro lado”, no sólo porque tal tiempo histórico no existe sino que lo construyen los seres humanos con sus luchas y no tiene fines determinados sino también porque los plazos son cortos. Habría mucho más que decir, pero también es corta la paciencia de los lectores.