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viernes, 6 de diciembre de 2019

Presidente Piñera y su equipo: UNA RENUNCIA NECESARIA



Autor: MANUEL CABIESES DONOSO


La profundidad de la crisis de legitimidad institucional que sacude Chile hace inviable una salida consensuada del pueblo en rebeldía con la casta política y oligárquica.

El presidente Piñera y su equipo no admiten -porque no lo entienden- que esta crisis es esencialmente política. En cuestión de días se derrumbó como un castillo de naipes el monumento al neoliberalismo que construyeron los Chicago Boys. El pueblo en rebeldía está impugnando el modelo de dominación económica, social, política y cultural que el terrorismo de estado instauró en Chile.

No estamos frente a un “estallido social”, como se le caracteriza en los medios. No hay “estallido” que se prolongue más de 50 días. Es algo más profundo y permanente. Continúa desafiando una represión de niveles atroces y rechazando las maniobras politiqueras que intentan domarlo. Su naturaleza tiene características de insurrección pacífica, desarmada y sin liderazgo reconocido, pero que -como toda insurrección popular- busca instaurar un nuevo orden social y cultural, más democrático y participativo. Escapa a los estereotipos históricos y esto hace que sectores ideológicos anclados en el dogmatismo sean incapaces de reconocer la naturaleza de lo que está ocurriendo. Es la gran oportunidad de reconstruir la Izquierda chilena de este siglo, participando -sin pretensiones de hegemonía- en el torrente del cambio social y cultural que se ha puesto en marcha.

El gobierno del presidente Piñera enfrenta la coyuntura tal como lo haría el empresario Piñera. En ese sentido es leal consigo mismo. El criterio que lo guía es el mercantilismo. El culto al dinero que todo lo puede y por eso intenta comprar al pueblo. Pone sobre la mesa 5.500 millones de dólares para hacer frente al desempleo y agrega unas cuantas dádivas que no repararán las pensiones y salarios miserables. Ninguna de las medidas del gobierno toca un pelo al 1% que concentra el 22,6% de los ingresos y la riqueza en el país (1). Y mucho menos de las empresas mineras cuyas exorbitantes ganancias constituyen un insulto a la soberanía y dignidad de Chile. El ministro de Hacienda corrobora con énfasis que no hay intención alguna de aumentar los impuestos a los que más ganan y ni siquiera de aplicar medidas rigurosas para impedir las evasiones y triquiñuelas tributarias que roban al país miles de millones de dólares.

El presidente Piñera y su equipo no pueden actuar de otra manera. Ellos son la quintaesencia del neoliberalismo. Entretanto la caldera social hierve, la economía se hunde, el Banco Central inyecta 20 mil millones de dólares para frenar el alza del dólar, la fuga de capitales ya supera los 14 mil millones de dólares, y la aprobación al presidente Piñera oscila entre 4,6% y 10% en las encuestas.

Impresionantes son las cifras de la represión. Más de 25 muertos, 600 heridos (entre ellos 240 que han perdido uno o los dos ojos), 50 mil detenidos, centenares de hombres y mujeres torturados y sometidos a vejámenes sexuales. Un récord tenebroso para un presidente que decía representar el ala liberal de la derecha.

La realidad indica que el país necesita un periodo de transición hasta que la Asamblea Constituyente culmine su trabajo y someta a plebiscito la nueva Constitución.

La transición necesariamente debe comenzar con la renuncia del presidente Piñera y la retirada del escenario de su equipo político. Resultaría intolerable para la recuperación democrática y pacificación del país que el presidente continuara otros dos años en La Moneda. Se necesita un cambio del elenco gobernante para que el pueblo comience a confiar de que sus demandas serán atendidas.

La insurrección abarca un vasto campo social y cultural, es pluriclasista y en su seno confluyen distintas corrientes ideológicas. Muestra una enorme capacidad de organización que en la base social tejen millones de protagonistas anónimos. Destacan la participación femenina, de los jóvenes, los trabajadores y personas de mayor edad, cuya diferentes formas de lucha empujan en conjunto hacia el cambio social y cultural del país.

La elite oligárquica y la casta política a su servicio tienen todavía recursos para prolongar su hegemonía. Están aderezando un pastel de leyes represivas y una versión adocenada de la Asamblea Constituyente para que esta fracase y no cambie nada. Pretenden pre fabricar la nueva Constitución mediante un entramado de reglamentos y disposiciones que limiten la autonomía de los constituyentes. La casta política pretende bloquear el paso a una democracia con justicia social y participación popular.

Hay que impedir a toda costa que tales maniobras tengan éxito. Si lo consiguieran frustrarían el más grande esfuerzo colectivo de nuestro pueblo en toda su historia.

MANUEL CABIESES DONOSO
5 de diciembre 2019.

(1) Cepal, “Panorama Social para América Latina 2019”.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Cuidado, cuicos: ¡NO BUSQUEN EL ODIO A LOS ROTOS!




Opinión
28/11/2019 


 “El obrero tiene necesidad de respeto más que de pan”.
(KARL MARX)  

Lo que ocurrió en el mall de Lo Barnechea, donde los cuicos insultaron y expulsaron a los rotos, puede presagiar un giro dramático -clase contra clase- en el conflicto político y social que vive Chile.

Lo Barnechea es una comuna de Santiago en los faldeos de la cordillera. Montañas, glaciares y el nacimiento del río Mapocho constituyen su entorno geográfico. Pero lo distintivo de esta comuna es que en ella “convive” la clase más adinerada del país con pobladores de ingresos medios bajos y muy bajos. Estos últimos son descendientes de los fundadores del pueblo: campesinos y pastores de fundos cordilleranos, mineros de La Disputada Las Condes y herederos de tomas de terrenos. Algunos palacetes de los cuicos están separados solo por una calle de las poblaciones de los rotos. Las mansiones más lujosas han trepado los cerros y desde lo alto son testigos de una “convivencia” que se ha quebrado.

Hasta el 18 de octubre la dominación de los cuicos -como en el resto del país- era indiscutible en Lo Barnechea.

El alcalde, por supuesto, es de derecha y también casi todos los diputados del Distrito. Pero este dique político no fue capaz de contener el alud insurreccional que sacude al país.

Los rotos tomaron conciencia del poder que tienen porque son la mayoría. Sobre el dominio de los cuicos vislumbraron lo que escribió Albert Camus: “Ellos mandan hoy, porque tu obedeces”.

El símbolo del poder en la comuna es el Portal La Dehesa, un centro comercial de lujo donde los ricos hacen sus compras y los pobres vitrinean cuando sus exhaustas tarjetas de crédito les impiden participar en el festival del consumismo. El mall pertenece a la cadena Cencosud del empresario alemán Horst Paulmann Kemna, hijo de un oficial de las SS nazis. La cadena incluye los malls Alto Las Condes, Costanera Center y Florida Center. Son los deslumbrantes espigones que abastecen lo que hace años el economista y periodista Aníbal Pinto Santa Cruz llamó “consumo conspicuo”.

Al calor reconfortante de la protesta social, los pobres de Lo Barnechea marcharon, tocaron cacerolas y gritaron que se las pelaban, alterando la paz bucólica del pueblo. Además, se les ocurrió manifestarse en el Portal La Dehesa y allí ardió Troya. Los ricos, encaramados en el segundo piso, los insultaron con gritos de “fuera rotos concha de tu madre”, “váyanse a sus poblaciones de mierda”, “atorrantes hijos de puta”, etc. Como los rotos eran pocos, los cuicos los agredieron y expulsaron del mall. Un cuico borracho, que portaba dos revólveres, disparó a unos muchachos, sin herir a ninguno.

La protesta en el Portal La Dehesa se ha repetido y los golpes -ahora más parejos- están dejando huellas morales en ambos bandos.

Los ricos que “rotean” a los pobres, no tienen idea de la chichita con que se están curando. Los rotos son protagonistas de la historia de Chile. La elite los elogia cuando le conviene. En la Plaza Yungay levantaron un monumento al roto chileno, carne de cañón de la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1839). Pero los mismos cuicos se dedicaron luego a “palomear rotos” huelguistas en la pampa salitrera. El ejército de los ricos masacró miles de rotos (y rotas) en la Escuela Santa María de Iquique (1907) y en las matanzas que siguieron en el siglo pasado.

La palabra “roto” tiene valor ambivalente. Puede ser un elogio en discursos patrioteros o un insulto en el lenguaje diario. Marca la división entre las buenas maneras -el guante de seda en un puño de hierro- y las costumbres incultas y groseras de “hombrecitos” y “mujercitas” que se encargan de las tareas más pesadas y desagradables.

La palabra “roto” también tiene connotación racial. El chileno medio clasifica como roto si su aspecto físico se encuentra más cercano al mestizaje predominante en la sociedad chilena.

En estos días insurreccionales estamos en presencia de la rebelión de los rotos. Se han puesto de pie otra vez para reclamar sus derechos. De este levantamiento se aprovechan bandas criminales y narcotraficantes, hijos putativos del sistema en crisis, para cometer sus delitos. Pero rotos y rotas, que son los trabajadores, jubilados, pobladores, estudiantes y mapuches, constituyen el eje fundamental de esta lucha. Contra ellos apunta la feroz represión de Carabineros y contra ellos se prepara una masacre “legal” mediante un entramado de leyes que se tejen con complicidad del Congreso.

Los sectores más belicosos de la elite -como los cuicos de Lo Barnechea-, hacen una apuesta muy peligrosa al provocar la ira de los rotos. La indignación de los de abajo pretende terminar con el sistema humillante que arrebató sus derechos. La meta superior de esta insurrección es una democrática Asamblea Constituyente. Pero si los cuicos les buscan el odio, los rotos se verán obligados a hacerse respetar. Tienen la razón y la justicia de su parte.

27 de noviembre, 2019