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lunes, 30 de marzo de 2020

LA GUERRA IRRESTRICTA O EL NUEVO REINO DE LAS ARMAS



25-01-2018

Qiao Liang y Wang Xiangsui, oficiales de la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación de China, han definido en su libro “La Guerra Irrestricta” (Unrestricted War), publicado en 1999, los nuevos ámbitos en que se desarrolla la guerra en el mundo contemporáneo como fenómeno social, reduciendo significativamente, como elemento central, la utilización rigurosa de instrumentos militares convencionales, lo cual termina por rebasar el marco de las leyes vigentes y el axioma de la guerra perpetuado por Carl Von Clausewitz.

Ellos explican que «mientras que estamos viendo una reducción relativa de la violencia militar, al mismo tiempo, definitivamente estamos viendo un aumento de la violencia en los ámbitos político, económico y tecnológico».​ Según este diagnóstico, la violencia dejó de referirse estrictamente al odio, el uso de la fuerza física y las muertes provocadas por armas de cualquier tipo. Ahora, como sucede en diversas latitudes, ésta se evidencia a través de la desinformación inducida (también conocida como postverdad), la militarización de la vida civil y política, el dominio (directo e indirecto) de algunos espacios estratégicos de un determinado país, como la economía y los recursos básicos (mediante la alteración de su valor en el mercado), la aplicación de las leyes estadounidenses y, por consiguiente, la negación de la soberanía nacional para el resto del planeta. Tempranamente, al darse a conocer públicamente la obra en que asentaron sus ideas, Qiao Liang afirmó que «la primera regla de la guerra irrestricta es que no hay reglas, nada está prohibido». Ya la guerra, en este sentido, adquiere -como teoría- novedosos e inesperados matices, sobre todo, luego de producirse la demolición de las Torres Gemelas de Nueva York que, sirviéndole de excusa al gobierno de George W. Bush, precipitó una escalada guerrerista por parte de Estados Unidos visible, primordialmente en la región del Medio Oriente.

En el contexto de la geopolítica mundial actual, con poderes fácticos supranacionales que comprometen gravemente la estabilidad política, social y económica de las naciones, además de su soberanía territorial, se ponen en juego todos los medios disponibles y utilizables, militares y no militares, lo que complica la tipificación de las agresiones contra una nación o un gobierno, dando por descartada cualquier consideración de índole moral y ética. Como lo revelara hace siglos el general y estratega militar chino Sun Tzu en su obra “El Arte de la Guerra”, «no existen en la guerra condiciones permanentes… en el arte de la guerra no existen reglas fijas. Las reglas se establecen conforme con las circunstancias»”.

En estas circunstancias, en la guerra sin restricciones se amalgaman lo político y lo militar con lo económico, lo tecno-científico y lo cultural, sin que exista, prácticamente, ninguna separación entre estos elementos. La guerra, así, se convierte en algo polimorfo, abarcando -de manera aislada y/o sincrónica- una serie de estratagemas psicológicas, informáticas, políticas, diplomáticas y militares, a fin de obtener los efectos apetecidos, es decir, el desequilibrio y la eventual derrota del enemigo. Para ello será un asunto fundamental un acoplamiento multidimensional y una sincronización fundada en la gestión de la información. Esto, obviamente, altera todo dogma conocido de la guerra. El campo de batalla no es, como antes, el escenario donde dos ejércitos contienden entre sí en procura de una victoria total de uno sobre el otro. Éste se ha extendido hacia múltiples dimensiones, incluida la mente humana. Como lo sentencian Qiao Liang y Wang Xiangsui, «todos los conceptos prevalecientes sobre la amplitud, profundidad y altura del espacio operativo ya parecen estar pasadas de moda y obsoletas. A raíz de la expansión del poder de la imaginación de la humanidad y su habilidad para dominar la tecnología, la batalla se está estirando hasta el límite».

Cuando Estados Unidos (junto a sus socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte) busca salvaguardar de Rusia y China la hegemonía global que alcanzara tras la Segunda Guerra Mundial y el colapso de la Unión Soviética, representa un imperativo descubrir, estudiar y combatir la clase de beligerancia soterrada que éste lleva a cabo contra algunas naciones y gobiernos, en beneficio exclusivos de sus intereses geopolíticos. A la vista de todos y sin que nadie se perturbe mucho por ello.



martes, 16 de abril de 2019

EL SOCIALISMO "CON CARACTERÍSTICAS CHINAS": ¿SOCIALISMO DE MERCADO O RESTAURACIÓN CAPITALISTA?



16/04/2019

Tras la muerte de Mao Tse-Tung, en China se fue instaurando lo que sus gobernantes comenzaron a denominar un modelo de “socialismo de mercado”, lo que ha obligado a muchos economistas y analistas políticos de todo el mundo a dilucidar en qué consiste y cómo éste le ha permitido al gigante asiático erigirse como la mayor potencia económica, por encima de aquellas que, como Estados Unidos, ocuparan desde mucho tiempo atrás los primeros lugares en el sistema económico capitalista mundial, amenazando su hegemonía.

En apariencia, este “socialismo de mercado” no estaría contraviniendo los principios fundamentales del marxismo aunque se evidencien al mismo tiempo unos crecientes grados de explotación, plusvalía y desigualdad social que lo equiparan con el neoliberalismo capitalista. A ello se añade el surgimiento de una clase privilegiada, integrada por la alta burocracia del Estado y del Partido Comunista, lo que -a la luz de los teóricos clásicos del socialismo- constituiría una desviación de los parámetros revolucionarios tradicionales.

Como destaca Claudio Katz en su artículo China: Un socio para no imitar, “toda la generación de ahijados del viejo liderazgo comunista maneja las grandes compañías. Allí se concentra la nueva élite. Basta observar que un tercio de los 800 individuos más ricos del país son miembros del PCCH (Partido Comunista de China)”. Este último elemento es lo que hace conjeturar a muchos analistas económicos que en la República Popular China se produjo un renuevo capitalista, pero con unos ribetes propios, dada la singularidad de su historia política o lo que algunos también llaman “socialismo con características chinas”.

Este socialismo "con características chinas" no deja de llamar la atención a nivel mundial gracias al extraordinario desarrollo económico alcanzado desde 1978 cuando comenzaran las reformas impulsadas bajo el liderazgo pragmático de Den Xiaoping, cuya frase emblemática “no importa que el gato sea blanco o negro, mientras pueda cazar es un buen gato” marcó el ascenso de su país como nueva potencia en el panorama mundial. Si bien es cierto que el conjunto de reformas adoptadas en el terreno de la economía auguraba una expansión del capitalismo neoliberal en el inmenso territorio chino, facilitándole condiciones más lucrativas a las empresas que allí funcionaran, el Estado mantuvo un control indiscutible de elementos económicos fundamentales; diferenciándose en este aspecto de la ortodoxia aplicada en la extinta Unión Soviética y las naciones bajo su órbita.

Sin embargo, en su artículo El “socialismo de mercado” chino, Alejandro Teitelbaum refiere que “China, no constituye una alternativa al neocolonialismo -económico, político y militar- practicado por las grandes potencias occidentales, con USA a la cabeza, y sufrido por numerosos países de todas las regiones del mundo, sino que es un relativamente nuevo y poderoso actor -con características y estrategias específicas- en el bando de las potencias neocoloniales. Dentro del cual se disputan zonas de influencia y ámbitos económicos y financieros sobre el fondo de una cierta convivencia pacífica basada en la necesidad de preservar el statu quo capitalista a escala mundial”.

En el presente, con Xi Jinping se estableció oficialmente adecuar los aportes teóricos de Karl Marx al contexto chino. Con tal propósito, se impone el cumplimiento de una agenda durante los próximos años, cuyo contenido, entre otras cosas, resalta el papel preponderante del Partido Comunista de China sobre las fuerzas armadas y todo el proceso del trabajo; así como la garantía que cada dimensión de la gobernanza esté basada en la ley; un enfoque centrado en el pueblo, de modo que éste sea quien administre la nación; la profundización de la reforma de una manera integral, aumentando la calidad de vida, acompañada de una nueva visión para el desarrollo, y la defensa del principio de "un país, dos sistemas", tendente al logro de la reunificación nacional.

En el plano internacional, China promovería la construcción de una comunidad de destino en la cual se inserte toda la humanidad, sin que signifique asumir el rol imperialista de otras potencias, cosa que la clase política de Estados Unidos ve con mucho recelo, desatando una guerra comercial contra ésta a fin de contener su auge económico y preservar su habitual hegemonía. Según la visión de los gobernantes chinos, la economía de mercado sería un instrumento, no un fin en sí mismo, dotado de autonomía o independencia frente al resto del conjunto social, como ocurre regularmente en las naciones situadas en Occidente. Esto, sin embargo, no terminaría de explicar el gran auge económico, tecnológico y militar que se observa en China y que mantiene en expectativa a sus mayores competidores, resaltando Estados Unidos entre los más destacados, mientras en algunas naciones de nuestra América (entre ellas, Venezuela) se busca adoptar sus esquemas de crecimiento, obviando todo lo referente al acervo cultural acumulado por dicho país, el cual ha resultado ser un elemento primordial a la hora de colocarlo en el sitial que ahora éste ocupa en el escenario internacional, incluyendo lo iniciado por Mao Tse-Tung.
https://www.alainet.org/es/articulo/199355

lunes, 25 de febrero de 2019

EL COMUNISMO Y EL MIEDO A LA DEMOCRACIA DE LAS MINORÍAS DOMINANTES



22/02/2019

Quienes se han afanado inútilmente en anatemizar desde siempre los ideales revolucionarios del socialismo (vale decir, del comunismo) parten de un razonamiento (si cabe aceptar que cualquier razonamiento de los sectores reaccionarios o conservadores sea, de alguna manera, un producto realmente racional) absolutamente equivocado y, por añadidura, forjado.

Acusan al comunismo (para efectos prácticos y entendibles, el socialismo revolucionario) de ser una ideología fracasada a nivel mundial. Olvidan adrede que nada de lo previsto por los teóricos comunistas -con Marx y Engels en primera fila- pudo concretarse debido a una multiplicidad de causas, pero preeminentemente por la alienación y la fetichización del poder de las cuales ha sido víctima, desde hace siglos, la humanidad. Sobre todo, luego de producirse la Revolución Francesa de 1789 cuando, a partir de este trascendental hecho histórico, la burguesía se convierte en la clase social dominante. Este detalle es muy importante destacarlo, ya que el poder de la burguesía no se basaría -como lo hicieran reyes, papas y "nobles"- en la sacra voluntad de un dios sino a través del capital acumulado y las relaciones sociales y productivas que de éste se derivan. A fin de asegurar esta posición privilegiada en la cúspide de la pirámide social, la burguesía le inculcó a los sectores populares subordinados la ilusión de armonía de una democracia que garantiza a todos una igualdad de derechos y oportunidades. Sin embargo, la irrupción del ideario comunista develó la verdadera realidad de las cosas, atizando el miedo a la democracia de las minorías gobernantes; convirtiéndose en la opción revolucionaria frente al capitalismo, de un modo similar a como éste lo fuera frente al feudalismo europeo.

Con esta carga histórica a cuestas, los regímenes que adoptaron esta opción revolucionaria confrontaron de inmediato las arremetidas de los dueños del capital, lo que se expresó en guerras intestinas y en agresiones externas de todo tipo. Un ejemplo de ello fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y, más cercanamente en el tiempo, la República de Cuba; evitándose que estas naciones llegaran a desarrollar el socialismo (vale repetir, el comunismo) como lo anticiparan sus teóricos originales y quienes continuaron la tarea de definir lo que este resultaría. Otro factor que contribuyó con su aparente fracaso fue el no eliminar del todo las viejas estructuras del Estado burgués liberal, así como las relaciones de reproducción del sistema capitalista, además, de la propaganda largamente extendida y difundida en relación con las grandes bondades del capitalismo (resaltando el éxito como un asunto estrictamente personal al cual debe aspirar toda persona a fin de sentirse plenamente realizada, ahora con un mayor énfasis bajo el capitalismo neoliberal); cosa que, a pesar de las medidas adoptadas para garantizar la inclusión y la propiedad social de los medios de producción, ocasionó que mucha gente percibiera al capitalismo como el sistema ideal para alcanzar un mejor bienestar material y se pasaran por alto sus bases y origen. Como efecto de las acciones de la burguesía (local y extranjera) en su contra, las experiencias germinales del socialismo en diferentes latitudes del planeta se vieron seriamente afectadas y truncadas; lo que sirvió para acentuar la propaganda respecto a su presunto fracaso.

Por otra parte, el verticalismo, el dogmatismo y el burocratismo -generados a partir de las relaciones de poder por el Estado burgués liberal- hicieron de la revolución socialista una realidad estancada y despojada de la influencia y del ímpetu de los sectores populares como agentes sociales de primera línea de la transformación estructural anhelada. Sumado a estos factores, la represión de la disidencia ayudó a la industria ideológica capitalista a aumentar los temores de muchas personas en cuanto a lo que sería el socialismo revolucionario, sin indagar mucho en su verdadera esencia, conocimiento y propósito.

"Se mire como se mire, -escriben Carlos Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero en su libro 'Comprender Venezuela, pensar la democracia', refiriéndose a la compatibilidad entre socialismo y democracia- lo que la historia del siglo XX demostró con contundencia no fue, como tantas veces se repitió y se sigue repitiendo, que el comunismo se copertenecía naturalmente con formas políticas dictatoriales: lo que más bien quedó demostrado es que el mundo capitalista no podía permitirse ni una sola vez el mal ejemplo de un comunismo compatible con la democracia, el parlamentarismo o el Estado de Derecho. Mientras se clamaba contra las dictaduras comunistas, supuestamente porque eran dictaduras, se justificaban, alentaban, financiaban, entrenaban e imponían las dictaduras más sanguinarias contra las posibilidades democráticas del comunismo (...) Un comunismo democrático habría sido un ejemplo demasiado peligroso para el mundo".

En el presente, el fracaso y la maldad implícita que se le atribuye a la teoría-matriz del socialismo revolucionario tiene sus ecos en las redes sociales y demás medios de información a nivel mundial. Sin embargo, la aparente victoria de los sectores reaccionarios resulta insuficiente para ocultar -pese al manejo de un vasto imperio mediático a su servicio- la cruda realidad de desigualdad, discriminación e injusticia del modelo civilizatorio que éstos defienden. La variedad y simultaneidad de movimientos opuestos a la hegemonía capitalista neoliberal dan cuenta de qué es lo que ha fracasado realmente respecto a la factibilidad de vivir en un mundo regido con justicia, libertad y democracia, lo que sería la aspiración común de una gran mayoría por ahora doblegada. No ha sido precisamente el comunismo y/o socialismo revolucionario el modelo fracasado aunque sus detractores continúen diciendo todo lo contrario.




lunes, 30 de octubre de 2017

A CIEN AÑOS DE UN "FRACASO" QUE ILUMINÓ AL MUNDO




30-10-2017

Muchos ignoran (a veces por gusto propio) lo que pocos quieren que se sepa y se divulgue entre los sectores populares (detalles, desarrollo y consecuencias históricas) respecto al mayor acontecimiento de repercusión mundial que tuvo lugar en la antigua y semifeudal Rusia de los Zares a comienzos del siglo XX: la Revolución Bolchevique y el surgimiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas bajo el liderazgo de Vladimir Illich Uliánov, mejor conocido como Lenin. Posición que es compartida, de un modo u otro, por algunos (aunque el porcentaje resulte todavía mayor) que se reconocen a sí mismos como revolucionarios, marxista-leninistas o, sencillamente, socialistas. Y todo por un simple motivo: la Revolución Bolchevique -tras la fallida experiencia revolucionaria de la Comuna de París- elevó la potencialidad que los sectores populares tienen la suficiente capacidad de ejercer autónomamente el poder y de suprimir radicalmente toda estructura política, social y económica que legitimara la explotación capitalista de los trabajadores y la diferenciación de clases sociales. 

En lo que se ha catalogado como su Testamento político. Lenin, en una nota del 26 de diciembre de 1922, enunció: “es imposible modificar un aparato, en una medida suficiente, en cinco años, dadas, sobre todo, las condiciones en que se realizó entre nosotros la revolución”. En este mismo tenor, en otra nota escrita el 30 de diciembre, se refiere a la situación creada con el control del Estado: “Se afirma que era necesaria la unidad del aparato. ¿De dónde emanaban esas afirmaciones? ¿No provenían acaso del mismo aparato de Rusia que […] tomamos del zarismo, limitándonos a recubrirlo ligeramente con un barniz soviético?....” Unas líneas más adelante agregaba: “denominamos nuestro a un aparato fundamentalmente extraño y que represente una mezcolanza de supervivencia burguesas y zaristas; que nos fue en absoluto imposible transformarlo en cinco años”. De una manera similar a la conclusión a que llegara tempranamente Alexandra Kollontai (destacada revolucionaria feminista electa Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública del nuevo gobierno socialista soviético) sobre este tema, Lenin reconocía la imposibilidad de transformar radicalmente -de la noche a la mañana- el conjunto de la sociedad y del anticuado régimen zarista y acceder en un periodo relativamente corto al Estado y al nuevo orden que sobrevendría con la construcción colectiva del comunismo. Pese a ello, la dirección del gobierno y del partido comunista de la Unión Soviética reflejaron todo lo contrario, lo que se reforzara con la situación de guerra interna y externa que ésta hubo de enfrentar, propiciada por los sectores dominantes del capitalismo, incluida la agresión del nazismo alemán y la confrontación política, económica y militar sostenida con el imperialismo gringo y sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte durante la Guerra Fría. 

Suele atribuírsele de forma exclusiva a Stalin (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili) la responsabilidad de los errores, las desviaciones y las contradicciones que, siete décadas después, bajo el liderazgo de Mijaíl Gorbachov, darían al traste con el desarrollo y consolidación de esta experiencia revolucionaria que serviría de base de la Revolución Proletaria Mundial. Sin embargo, se pasa por alto el hecho la influencia ejercida por la socialdemocracia en muchos de los militantes y dirigentes del Partido Comunista, lo que permitió el ascenso de una burocracia (integrada por individuos en los puestos de dirección del aparato administrativo, productivo y distributivo del Estado) que, según León Trotsky, era el “grupo dirigente” en la URSS que, a la postre, terminaría por usurpar la soberanía del pueblo. Stalin estaba consciente respecto a la posibilidad de restauración del capitalismo, por ello apuntará: “no hemos extirpado las raíces del capitalismo. ¿Dónde anidan estas raíces? Anidan en la producción mercantil, en la pequeña producción de la ciudad y, sobre todo, del campo”. Sin embargo, no se previó que dicha restauración se daría de la mano de la nueva clase burguesa que surgió y se expandió al calor de la edificación socialista, apropiándose de la plusvalía creada por los obreros manuales; además por el detalle que aún pervivía la división social del trabajo y el trabajo asalariado. 

A cien años de producirse la Revolución Bolchevique, los propagandistas anticomunistas siguen (y seguirán) difundiendo la matriz que ésta fue un total fracaso, que su modelo económico sólo serviría para hundir a los pueblos en la más extrema miseria y su régimen político es todo lo contrario a un régimen de libertades públicas. Todo esto se ha repetido incesantemente, sin ubicarse en el contexto de los acontecimientos que marcaron su historia y los factores reales que la condujeron a su eclosión en 1991. Se busca disminuir de este modo su posible influencia (no obstante sus distorsiones y corrupción por parte de la burocracia corporativa que la rigiera) en las luchas populares de la actualidad, especialmente en aquellas naciones donde algunos gobiernos se presentan a sí mismos como revolucionarios y socialistas, pasando éstos por algunas situaciones parecidas a las experimentadas en su tiempo por los soviéticos.

Podrá decirse, en consecuencia, que este «fracaso» de hace cien años continúa iluminando al mundo, esta vez con el conocimiento exacto de lo que pudo ser y de los errores cometidos, en función de alcanzar la verdadera emancipación de la especie humana; despojada de toda pretensión mesiánica y de todo tipo de control por parte de una minoría dominante. Este sería otro legado de la Revolución de Octubre para los pueblos que ahora confrontan al capitalismo neoliberal globalizado y sus planes de dominación mundial.


viernes, 9 de octubre de 2015

INVITACIÓN A LA VIDA HEROICA: ERNESTO CHE GUEVARA




MORIR POR EL SOCIALISMO
Hola a todos:
Con motivo de cumplirse 48 años de la caída en combate en Bolivia de Ernesto Guevara de la Serna (Che Guevara) y de otros revolucionarios y del asesinato de éstos luego de haber sido hecho prisioneros, se transcribe a continuación un artículo de Milciades Ruiz, en el que recuerda al ELN y a los peruanos Juan Pablo Chang Navarro-Lévano y Lucio Edilberto Galván Hidalgo; luego se trascribe un artículo de Homar Garcés publicado este 8 de octubre en la web cubana CubaDebate.  El vídeo adjunto contiene la Carta de Despedida del Che, dirigida a Fidel Castro en abril de 1965 y leída por éste el 3 de octubre de dicho año; puede verse una transcripción de esa carta en la parte final de este mensaje.

En mensajes ulteriores se examinará el pensamiento del Che, sus críticas a la Unión Soviética y su concepción de cómo debía edificarse la sociedad socialista.

Saludos:
Wilder Sánchez
8.10.2015
Nota: Si el vídeo no se visualiza en su bandeja de entrada, ábrase el siguiente enlace con YouTube:


MORIR POR LOS IDEALES SOCIALISTAS

Escribe: Milciades Ruiz

Rememorar los hechos históricos del socialismo ayuda a renovar la fe en los ideales supremos por el que murieron muchos revolucionarios y a cimentar nuestros valores doctrinarios. En la década de 1960, los revolucionarios socialistas de Latinoamérica estábamos muy ilusionados en la liberación de nuestros pueblos a través de la lucha armada al estilo de la Revolución Cubana. En el Perú, como en otros países del orbe muchos jóvenes optamos por seguir ese camino con el anhelo de cambiar las estructuras de dominación imperante e iniciar una revolución socialista.

Este año recordamos el cincuentenario de la gesta guerrillera de 1965 pero había un escenario mayor en que los miembros del Ejército de Liberación Nacional- ELN participábamos también directamente. Me refiero a epopeya que dejaron nuestros compañeros, que combatieron con el mismo nombre de nuestro movimiento, bajo el mando del “Che Guevara” en Bolivia, tras once meses de combates.

Eran los primeros días de Octubre de 1967 en que los corajudos guerrilleros estaban saliendo del fondo de la selva a una cumbre escarpada en la zona denominada “La Higuera”. Entre ellos estaban: Juan Pablo Chang Navarro-Lévano (El Chino) (Francisco) y Lucio E. Galván Hidalgo (Eustaquio). Ya anteriormente había caído Restituto José Cabrera Flores (Negro). Eran 17 guerrilleros cercados por un millar de soldados con armamento de última generación asesorados por oficiales norteamericanos incluyendo la CIA.

El domingo 8 de Octubre se desató el fuego cuando los guerrilleros optaron por romper el cerco subiendo a fuego cruzado. El Che había sido herido y su fusil averiado. A su lado estaba Juan Pablo Chang. Luego ambos fueron hechos prisioneros cuando escapaban quebrada arriba. Al “Chino” lo fusilaron primero y luego al “Che”. La orden era: “No heridos, no prisioneros”.

Lucio Galván y otros nueve guerrilleros se abrieron paso hasta ganar la confluencia de los ríos Grande y Mizque pero al cuarto día, el 12 de Octubre fue alcanzado por la metralla cuando ya había salido del cerco.

Así concluyó el sueño de la liberación continental para nuestros compañeros. Estos días se hablará mucho del “Che” recordando su heroica muerte y su entrega a la causa del socialismo. Muy pocos se acordarán de los peruanos que murieron a su lado por la misma causa. Por eso me permito sacar a flote sus nombres para que no queden en el olvido y se mantengan como ejemplos de honestidad revolucionaria consecuente con los ideales que postulamos. Que sus muertes resurjan como faros de luz que iluminen nuestro camino, por encima de las ambiciones políticas personalistas. 

Lucio Edilberto Galván Hidalgo-era un estudiante huancaíno y uno de los becarios fundadores del ELN. Estuvo con Javier Heraud en el pelotón guerrillero cuando se truncó la incursión por Puerto Maldonado en 1963. Persistió en el empeño de la insurgencia armada en los años siguientes especializándose en comunicaciones de guerra. Esa fue la labor que cumplió junto al comando a órdenes del “Che”. Los que lo conocimos recordamos su temple de acero, su voz de mando y su valentía. Murió a los 30 años.

Juan Pablo Chang Navarro-Lévano, era un luchador nato de amplia trayectoria desde sus años juveniles. Deportado varias veces a diversos países, estuvo preso en las peores cárceles del país como El Frontón y el Sepa por su militancia y activismo revolucionario. Precisamente se conoció con el “Che” y con Fidel cuando estaba deportado en México como muchos otros revolucionarios de la época.

Cuando se incorporó al ELN pudimos conocerlo como una persona honesta a toda prueba, siempre sonriente pero muy decidido a luchar por la revolución peruana. Ocupo el cargo de Jefe de la Red Urbana de nuestro movimiento y desarrolló una amplia actividad entre el estudiantado universitario, sindicatos, intelectuales socialistas y la preparación de nuevos cuadros para la lucha armada. 

Con motivo de su viaje a Cuba para asistir a la Conferencia Tricontinental de La Habana en Enero de 1966, compartió con los líderes revolucionarios de África, Asia y América Latina la consigna lanzada por el “Che” de crear muchos Vietnam como estrategia de lucha contra el imperialismo para lograr la liberación de los pueblos del mundo. Luego pudo contactarse con el “Che” que ya estaba en la clandestinidad, asumiendo el compromiso de incorporarlo a la guerrilla “Javier Heraud” que estaba operando en Ayacucho.

Tiempo después, por circunstancias conocidas, se vio precisado compartir con el “Che” la campaña guerrillera en Bolivia como era su anhelo y en este afán tuvo una muerte gloriosa al entregar su vida a la causa de la revolución continental. Hoy que los jóvenes del campo y la ciudad luchan contra el sistema que nos oprime echamos de menos a estos valerosos compañeros que dejaron un vacío de liderazgo que hasta ahora no ha sido cubierto.

Ellos dejaron todo por la causa del socialismo lo que contrasta con la actitud de quienes no quieren desprenderse de nada ni por la unidad necesaria. Pero el proceso histórico nos trae nuevas perspectivas y la globalización capitalista ha generado la globalización de la lucha revolucionaria. Se avecinan tiempos difíciles en que habrá muchos motivos para la defensa popular frente a las agresiones neoliberales. El sistema de opresión social se deteriora cada vez más y colisiona con las aspiraciones sociales. Seamos dignos de nuestra concepción socialista. ¡Hasta la victoria. Siempre!
Octubre 2015

(Remitido por Milciades Ruiz el 6.10.2015 a las 9:21 pm)




A PROPÓSITO DEL 8 DE OCTUBRE: CHE, MÁS ALLÁ DEL MITO

8 octubre 2015
Por Homar Garcés

El 11 de octubre de 1967, Walt Rostow, asesor del presidente estadounidense Lyndon Johnson, le envía a éste un memorando donde analiza las implicaciones del ajusticiamiento de Ernesto Che Guevara: “Su muerte marca la desaparición de otro de los agresivos revolucionarios románticos… En el contexto latinoamericano, tendrá un gran impacto en descorazonar futuros guerrilleros”. A pesar de la sensación de triunfo que embargó a los sectores dominantes estadounidenses y latino-caribeños del momento, la desaparición física del Comandante Guevara no impidió que se mantuviera latente la lucha de resistencia de los pueblos de nuestra América por su liberación nacional.

Médico de profesión, pero revolucionario internacionalista de convicción, más allá del mito, el Che representa un ejemplo permanente de pensamiento y de acción en pos de la construcción de un modelo de civilización de nuevo tipo, como lo demostrara en diversos momentos de su vida, reivindicando una tradición de lucha revolucionaria que diera comienzo con el proceso independentista de las naciones de nuestro continente. En él no tenían cabida los prejuicios chovinistas exhibidos por algunos seudo revolucionarios para quienes la revolución es un proceso a desarrollarse fronteras adentro de sus países, sin llegar a comprender a cabalidad la dimensión de la lucha anticapitalista y antiimperialista al lado de todos los demás pueblos del planeta.

Esa visión internacionalista de la revolución le llevó a dejar Cuba, donde fácilmente pudo quedarse con su familia y ejercer funciones importantes de gobierno. Sin embargo, en vez de ello decidió incorporarse a las guerrillas que combatían el colonialismo belga en África. Incluso, tuvo la idea de unirse a la lucha guerrillera en Venezuela, pero por diferencias con quienes estaban al frente de la misma no pudo concretarse, teniendo que esperar su momento para ir a Bolivia y, desde allí, crear las condiciones necesarias para que la América nuestra insurgiera en masa contra el imperialismo y sus lacayos tradicionales. Todo esto en un contexto generalizado de lucha antiimperialista, cuyos símbolos más resaltantes entonces eran Vietnam y Cuba, enfrentados en una guerra asimétrica contra el poderío militar y económico de Washington.

Pero, al margen de sus experiencias militares conocidas, el Che demostró sus dotes como teórico original del socialismo revolucionario, de modo que se pudiera contar con las herramientas ideológicas adecuadas a la realidad cubana, en un primer lugar, y que éstas, en un segundo plano, sirvieran para orientar lo propio en otras latitudes a fin de destruir el orden imperante de explotación y alienación creado por el sistema capitalista hegemónico. Esto lo condujo a teorizar sobre el hombre y la mujer nuevos, dejando a la posteridad un conjunto de reflexiones fundamentales para emprender la transición hacia el socialismo.

Como lo recordara el Comandante Fidel Castro el 15 de octubre de 1967 durante la velada en su memoria, el Che “no es que reuniera esa doble característica de ser hombre de ideas, y de ideas profundas, la de ser hombre de acción sino que Che reunía como revolucionario las virtudes de un revolucionario: hombre íntegro a carta cabal, hombre de honradez suprema, de sinceridad absoluta, hombre de vida estoica y espartana, hombre a quien prácticamente en su conducta no se le puede encontrar una sola mancha. Constituyó, por sus virtudes, lo que puede llamarse un verdadero modelo de revolucionario”.

Para el Che Guevara, la conciencia revolucionaria mediante el trabajo voluntario, sin percibir remuneración material alguna, como es habitual bajo la lógica del capitalismo, era un modo apropiado de formar y elevar la conciencia socialista de los revolucionarios y convertirla en fuerza vital para alcanzar los cambios estructurales que debiera impulsar y consolidar la Revolución en todo momento. Por ello, no elude la polémica (todavía vigente) frente al dogmatismo soviético, el cual contradecía los postulados ideológicos del materialismo científico y que, décadas después, confirmaría lo que ya anticipaba el Che respecto al verdadero carácter contrarrevolucionario y reformista del Estado y de la burocracia imperantes en la extinta Unión Soviética.

Del mismo modo que el Che lo alertara en su Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental, en abril de 1967, “todo parece indicar que la paz, esa paz precaria a la que se ha dado tal nombre, sólo porque no se ha producido ninguna conflagración de carácter mundial, está otra vez en peligro de romperse ante cualquier paso irreversible e inaceptable, dado por los norteamericanos. Y, a nosotros, explotados del mundo, ¿cuál es el papel que nos corresponde? Los pueblos de tres continentes observan y aprenden su lección en Vietnam. Ya que, con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer la guerra es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación, debe ser la táctica general de los pueblos. Pero, en los lugares en que esta mísera paz que sufrimos no ha sido rota, ¿cuál será nuestra tarea? Liberarnos a cualquier precio”.

En la actualidad, su legado revolucionario conserva toda una vigencia plena, fuera de todo dogma que pretenda limitarlo y siempre abierto a las nuevas generaciones de revolucionarios a profundizar en sus enseñanzas para la construcción definitiva y verdadera de la revolución socialista.

(Tomado de Aporrea)




Medio siglo de la Carta del Che a Fidel (+ Facsímil)

3 octubre 2015


A 50 años de su lectura durante el acto de integración del primer Comité Cen­tral del PCC, reproducimos el facsimilar de la carta de despedida de Ernesto Che Guevara. Su incorporación a las luchas por la soberanía del Congo y posteriormente de Bolivia, donde diera la vida, confirmó con hechos la profunda dimensión de sus palabras:
“Año de la Agricultura”
Habana
Fidel:
Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos. Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera). Muchos compañeros quedaron a lo largo del camino hacia la victoria.
Hoy todo tiene un tono menos dramático porque somos más maduros, pero el hecho se repite. Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la Revolución Cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo que ya es mío.
Hago formal renuncia de mis cargos en la dirección del Partido, de mi puesto de Ministro, de mi grado de Comandante, de mi condición de Cubano. Nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no se pueden romper como los nombramientos.
Haciendo un recuento de mi vida pasada creo haber trabajado con suficiente honradez y dedicación para consolidar el triunfo revolucionario. Mi única falta de alguna gravedad es no haber confiado más en tí desde los primeros momentos de la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente claridad tus cualidades de conductor y de revolucionario. He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios.
Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.
Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y de dolor, aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos… y dejo un pueblo que me admitió como un hijo; eso lacera una parte de mi espíritu. En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo donde quiera que esté, esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura.
Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo. Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para tí. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo al que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos. Que he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra Revolución y lo sigo estando. Que en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario Cubano, y como tal actuaré. Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena: me alegra que así sea. Que no pido nada para ellos pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse.
Tendría muchas cosas que decirte a ti y a nuestro pueblo, pero siento que son innecesarias, las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera, y no vale la pena emborronar cuartillas.
Hasta la victoria siempre. ¡Patria o Muerte!
Te abraza con todo fervor revolucionario
Che