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miércoles, 1 de abril de 2026

ENGELS Y LA CRÍTICA AL DOCTRINARISMO

 


(01 de abril de 2026)

 

Recopilado por Miguel Aragón

 

I

 

“El señor Heinzen se imagina que el comunismo es una doctrina que arranca de cierto principio teórico, como de un núcleo, y saca de ahí sus conclusiones posteriores. El señor Heinzen se equivoca de medio a medio. El comunismo no es una doctrina, sino un movimiento…

…El comunismo, como teoría, es la expresión teórica de la posición del proletariado en esta lucha y la síntesis teórica de las condiciones de la emancipación del proletariado” 

(Federico Engels, en el artículo Los comunistas y Carlos Heinzen, año 1847. Citado por V.A. Cheprakov, en el libro El capitalismo monopolista de Estado, pp. 345)

 

II

 

Pero toda la concepción de Marx no es una doctrina, sino un método. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación.

(Federico Engels, “Carta a Sombart”, 1895, en Obras Escogidas de Marx y Engels)

 

III

 

Para Federico Engels, en los primeros años de su acción revolucionaria (año 1847) el comunismo (o socialismo) era un movimiento, posteriormente lo reitero en varias oportunidades.

En el último año de su vida (1895) Federico Engels definió que el marxismo era un método.

Estas dos conclusiones son válidas, continúan siendo vigentes, y son el mejor antídoto contra el pernicioso doctrinarismo.

El socialismo es un movimiento en constante desarrollo; y el marxismo es un método, que constantemente, también se mantiene en desarrollo, y se enriquece con los aportes   de miles de  continuadores de la Escuela de Marx o Camino de Marx (que no hay que reducirlo únicamente al pensamiento de Marx).

viernes, 24 de octubre de 2025

MIRAR ADELANTE NO ATRÁS

 


ARRASTRANDO EL PASADO: LA POLÉMICA CONTINÚA… 

Véase 

UNA CONTROVERSIA: RUPTURA O DESLINDE CON EL APRISMO AURORAL publicada hoy a las 16 horas.

 

 

MIRAR ADELANTE NO ATRÁS

 

“Se han enredado por mirar atrás y no adelante”.

 

Volvemos a publicar un documento, difundido a principios de este año, que trata algunos de los temas objeto de controversia entre los Cruzados del Anti Revisionismo y Eusebio Leyva.

Uno de los rasgos característicos del doctrinarismo es mirar atrás, como si la vida estuviera detenida en el tiempo. Pero, la lucha por la vida continúa, no se detiene ni una milésima de segundo. El pasado sólo nos sirve como experiencia para abrir camino en el presente - futuro. La vieja fórmula que gobernó la actuación de José Carlos Mariátegui: poner los pies firmemente en la realidad material, combatir el viejo orden y entenderse ante la realidad concreta, sigue siendo faro que alumbra la actuación de los activistas en el siglo XXI. 

Las tendencias en la lucha de clases son inevitables como inevitable es la diversidad de opiniones. Si no arrojamos a la basura el facilismo de hacer “política” con el pasado. Las potencialidades quedarán atrapadas en el círculo vicioso de la esterilidad de interminables debates. El doctrinarismo –dice Eusebio Leyva- es infértil porque busca la verdad en los libros, no en los hechos. Y tiene mucha razón. Los hechos son la vida y la vida es producción material, es lucha de clases y es experimentación científica, esto es, práctica y más práctica. Así, la práctica y sólo la práctica, marcará la diferencia entre cien mil escuelas en el circo agonal de la vida. Oficio de políticos es mirar adelante; oficio de historiadores es mirar atrás. Dejemos el trabajo de escudriñar el pasado a los historiadores. Tenemos un mundo por conquistar, ¿Qué nos detiene? ¡Nada! ¡Absolutamente nada!

Tacna, 01 octubre 2012

Edgar Bolaños Marín

 

 

 

NARCISISMO, ADANISMO Y UN MUNDO POR CONQUISTAR

 

 No hay mejor almohada que la conciencia sana.

 

¡Amen![1]

¡DOS VECES AMÉN! ¿Ese "joven cito" fuera del agua no tendrá ocupación más provechosa?

¿Quién inventó el adanismo? ¡No! ¡No fue Adán Ramones! El comediante que se cree inventor de los Monólogos. Su origen se remonta al amanecer de la propiedad privada y, más tarde, al de los derechos privados, copyright. Así un tal Jehová o Yahvé, tiene su Adán y… su Eva como simple accesorio. Eva en la narrativa bíblica es un objeto decorativo. ¡Hasta la moda en el vestir la inventó la Serpiente! La muy rastrera enreda a Eva y provoca en la adánica pareja vergüenza por la desnudez. Así, desde aquellos tiempos y mientras dure el macro ciclo clasista, el complejo de Adán y el narcisismo caminan de la mano.

¡Al maestro, cuchilladas! Hay quien mantuvo viva la flama del marxismo. Y hay quienes hacen de la frase castellana norma en su vida. La Verdad sea dicha[2] y otros anti-panegíricos nos recuerdan a Víctor Raúl Haya de la Torre y sus trastornos de personalidad. Entre 1928 - 1930, las limitaciones de clase de Víctor Raúl, sólo toleraban o le permitían “rebatir” con agravios el proyecto de José Carlos Mariátegui. La conducta de Haya y sus epígonos no es poco frecuente; es, en todo caso, el modus operandi del Petit bourgeois siempre oscilante entre los extremos: capital y trabajo.

Haya de la Torre hace más de ochenta años escribió: “Mariátegui no transigirá nunca porque es inválido, porque es cojo y porque es fantaseador.”[3] Hoy, algunos seguidores de la “plañidera narcisista”[4], sueltan la sin huesos, sin mirar el leño que cubre sus pupilas. En un triste espectáculo cuál viejas solteronas -orgullosas de su estéril pureza moral- vociferan a los cuatro vientos: ¡crisis de senilidad! ¡Cobardía!

La ironía es un recurso cuando la necedad de un "argumento" se repite y repite como disco rayado. Albert Camus, alguna vez dijo: La estupidez siempre insiste e insiste. En un medio donde todo es blablabla, narcisismo y adanismo, se dan la mano en relegar y subordinar los proyectos colectivos. Contra las disputas por quién corrió primero o quién es la prima donna hasta los dioses luchan en vano. Hace más de 400 años, el filósofo francés Michel Eyquem de Montaigne dijo: Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis.

El drama de la pequeña burguesía es su ambición y temor. Sueña con poder, riqueza y prestigio; pero, al mismo tiempo, teme la pobreza que la amenaza todos los días. Por su misma naturaleza de clase, defiende la propiedad privada de los medios de producción; pero, simultáneamente, se opone a la liberalización irrestricta de la economía (consciente de su incapacidad para competir). Esa es la base de su reformismo de buen vecino o su radicalismo estéril. La empleocracia vive entre la aspiración de ascenso social y la brutal realidad de estar encadenado a un puesto, sometidos a un jefe incapaz, tan frustrado como ellos. Todos angustiados, todos atrapados sin salida, todos simulando un éxito huidizo. La angustia de la pequeña burguesía, sólo encontrará descanso eterno cuando el curso ineluctable de la vida termine por doblegar sus instintos en la fría tumba de los anaqueles de la historia. Entre tanto, la duda hamletiana consume su inteligencia y, la lucha de clases, los empuja hacia los extremos: burguesía o proletariado. Su protesta incendiaria (desde la extrema derecha o la extrema izquierda) se canaliza a través del dicterio y la diatriba, para ellos los soldados (no las organizaciones) son los culpables de todos los males sociales. 

En 1924, cuando Mariátegui regresó al Perú, encontró un movimiento obrero sumido en disputas fratricidas y sometido a la pequeña burguesía. Su llamamiento, a los révoltè de aquél entonces, da la pauta para salir del pantano (de las riñas por quítame esta paja) y sigue siendo una luz que alumbra nuestro futuro:

“La existencia de tendencias y grupos definidos y precisos no es un mal; es, por el contrario, la señal de un periodo avanzado del proceso revolucionario. Lo que importa es que esos grupos y esas tendencias sepan ENTENDERSE ante la REALIDAD CONCRETA DEL DÍA. Que no se estrellen bizantinamente en excomuniones y exconfesiones recíprocas. Que no alejen a las masas de la revolución, con el espectáculo de las querellas dogmáticas de sus predicadores. QUE NO EMPLEEN SUS ARMAS NI DILAPIDEN SU TIEMPO EN HERIRSE UNOS A OTROS, SINO EN COMBATIR EL VIEJO ORDEN SOCIAL, SUS INSTITUCIONES, SUS INJUSTICIAS Y SUS CRÍMENES.”[5]

Realidad concreta, combatir el viejo orden y entenderse, son las claves de la unidad Mariateguiana. Los verdaderos hombres se entienden en la práctica concreta, en la lucha de clases. Los discursos, las palabras, se las lleva el viento. De qué sirven las palabras si no tienen el respaldo de la organización. De qué sirven los grupos si no tienen el respaldo de la lucha concreta. De qué sirven las tendencias si no tienen el respaldo de un proyecto. De qué sirve el proyecto si no brota en medio de una tenaz lucha (ideológica, teórica, política y orgánica) por la hegemonía en el frente de clases. De qué sirve la hegemonía en el frente unido si no tiene el respaldo de la clase obrera organizada en partido.

Parafraseando a Vladimir Ilich Lenin, hoy podemos decir: !Oh Dios mío, qué verdades tan elementales hay que deletrear, cuando se han confundido y embrollado todos los objetivos! ¡No está claro aún! Hay que repetirlo mil veces y aún será necesario volver a repetirlo: unidad en la lucha contra el enemigo común.

De cara al Toro, situase el Diestro en la rectitud de su terreno, avanza agitando la capa dispuesta al Capotazo. Y el torero deja con un palmo en la nariz al buey rojo de furia… En algunas ocasiones, no otra cosa ocurre entre los homínidos. Para qué entretenerse despejando las dudas hamletianas de los que no creen. No insistas. Déjalos bufar y sigue tu camino.

La variedad de tendencias y la diversidad de matices ideológicos es inevitable en este siglo decisivo. Asimismo, las colisiones en la diversidad son ineludibles como inevitable es la necesidad que obligará a la colaboración en la lucha contra el enemigo común. Luchar por el alimento (para el cuerpo y el alma) es el modus vivendi de la especie que impulsa la producción material, la lucha de clases y la experimentación científica. Esta práctica social nos elevó del salvajismo a la civilización y nos permitirá dejar atrás el macro ciclo clasista. Sí Marx y Mariátegui, tenían la certeza que el desarrollo intelectual de la clase obrera, debía ser el resultado inevitable de la acción conjunta y de la discusión.[6] Con mayor razón, se tiene la seguridad que de los escombros de la crisis terminal del modelo civilizatorio (climática, energética, económica, financiera y alimentaria) brotará la nueva organización de la sociedad del futuro. La lucha por el pan, el agua, la educación y la dignidad es el motor que revitaliza el movimiento del futuro en el movimiento del presente. El capitalismo ha saltado los límites del planeta y el instinto de las masas, que casi nunca se equivoca, se orienta de la lucha por la existencia (agua, habitad y alimento sano) a la lucha por la dirección de los procesos de producción y distribución.

Innovar es arriesgar y exponerse al error. Pero, no hay por qué temerle al error. El error forma parte de la historia de la humanidad. Sólo se equivoca el que se atreve a hacer algo. En 1886, Friedrich Engels, al hacer un recuento de sus experiencias con Marx, recomendaba a los alemanes, cómo si les estuviera hablando a los peruanos del siglo XXI: 

“Lo que debieran hacer los alemanes es elevarse hasta su propia teoría –si la comprenden, como lo hicimos en 1845 y 1848–, entrar en todo movimiento obrero real, ACEPTAR SUS PUNTOS DE PARTIDA PRÁCTICOS Y CONDUCIRLOS GRADUALMENTE AL NIVEL TEÓRICO, señalando cómo todo error cometido, todo revés sufrido, es consecuencia necesaria de las concepciones teóricas erróneas del programa original…”[7] 

Efectivamente, qué nos impide vincular nuestra crítica con la crítica de la política, qué nos impide tomar partido en política, qué nos impide renovar la política, qué nos impide participar en luchas reales e identificarnos con ellas. ¡Nada! Nada nos impide innovar la organización y sus formas de lucha. Innovar es reinventar la política. Innovar es reinventar la organización. Innovar es reinventar el Perú, ese Perú de todos los trabajadores, ¿Qué esperamos?

Renovarse o morir es la disyuntiva del presente. El siglo XXI será conocido como el siglo de las innovaciones. Organización que no se renueva está llamada a desaparecer. Sin innovaciones no hay renovación. Sin renovación no hay nuevos procesos ni nuevos conceptos. Atreverse a ser visionarios no es sólo pensar diferente, no es sólo una nueva manera de ver las cosas, sino, sobre todo, una manera de REALIZARLAS. ¡Atreverse a mover las ideas del plano conceptual al plano de la realidad! ¡Ese es el punto! ¡Qué cada quién experimente sus ideas o proyectos! Que 100 flores florezcan y cien escuelas de pensamiento compitan, que cada grupo o tendencia realice lo que tenga que realizar combatiendo el viejo orden social, sus instituciones, sus injusticias y sus crímenes. Así, la práctica y sólo la práctica, marcará la diferencia y la unidad entre cien escuelas en el circo agonal de la vida. Y bien, tenemos un mundo por conquistar, ¿qué nos detiene? ¡Nada! ¡Absolutamente nada!

Tacna, 01 de enero 2012

Edgar Bolaños Marín

 


[1] Un provocador Amén, el de Gustavo Pérez, da origen a estas breves notas que probablemente saquen más de una cana, si es que todavía tienen cabello. Gustavo Pérez explica su ¡Amén! El señala que el Amén viene al cuento por “el aire clerical, solemnemente religioso del título: La Verdad sea dicha. Me hizo recordar –dice– las arengas del MOVADEF que son recitadas como oraciones religiosas (19.12.2011)”. (Véase: Gustavo Pérez Hinojoza, Domingo, diciembre 18, 2011 4:00 P.M., Re: [foro_centenario] LA VERDAD SEA DICHA.) Ese aire clerical –hasta “ANGELICAL” diríamos – que hace referencia Gustavo, nos recuerda la unción o devoción de los “testículos de Mariátegui” –como los calificara el irreverente poeta Ayacuchano Artidoro Velapatiño Castilla– de la década de los ochentas del siglo pasado.

[2] Eduardo Ibarra, 12.11.11

[3] Carta de Haya de la Torre a Eudocio Ravines, 19 de febrero de 1929

[4] Carta de Esteban Pavletich a JCM, México 12 abril 1930

[5] JCM, El 1º de Mayo y el Frente Único, Mayo 1924

[6] F. Engels, Prefacio a la edición Alemana de 1890 del Manifiesto Comunista.

[7] Carta de Engels a Florence Kelley Wischnewetski, 28 diciembre 1886

jueves, 16 de diciembre de 2021

SOBRE LOS DOCTORES DEL MARXISMO: "MARX SERÁ EL ÚLTIMO REVOLUCIONARIO DE TODOS LOS TIEMPOS"

  


Por César Vallejo 

 

          Hay hombres que se forman una teoría o se la prestan al prójimo, para luego tratar de meter y encuadrar la vida, a horcajadas y a mojicones, dentro de esa teoría. La vida viene, en este caso, a servir a la doctrina, en lugar de que ésta —como quería Lenin— sirva a aquélla.

Los marxistas rigurosos, los marxistas fanáticos, los marxistas gramaticales, que persiguen la realización del marxismo al pie de la letra, obligando a la realidad histórica y social a comprobar literal y fielmente la teoría del materialismo histórico —aun desnaturalizando los hechos y violentando el sentido de los acontecimientos— pertenecen a esta clase de hombres.

A fuerza de querer ver en esta doctrina la certeza por excelencia, la verdad definitiva, inapelable y sagrada, una e inmutable, la han convertido en un zapato de hierro, afanándose por hacer que el devenir vital —tan preñado de sorpresas— calce dicho zapato, aunque sea magullándose los dedos y hasta luxándose los tobillos.

Son éstos los doctores de la escuela, los escribas del marxismo, aquellos que velan y custodian con celo de amanuenses, la forma y la letra del nuevo espíritu, semejantes a todos los escribas de todas las buenas nuevas de la historia. Su aceptación y acatamiento al marxismo, son tan excesivos y tan completo su vasallaje a él, que no se limitan a defenderlo y propagarlo en su esencia —lo que hacen únicamente los hombres libres— sino que van hasta interpretarlo literalmente, estrechamente. Resultan así convertidos en los primeros traidores y enemigos de lo que ellos, en su exigua conciencia sectaria, creen ser los más puros guardianes y los más fieles depositarios. Es, sin duda, refiriéndose a esta tribu de esclavos que el propio maestro se resistía, el primero, a ser marxista.

Partiendo de la convicción de que Marx es el único filósofo que ha explicado científicamente el movimiento social y que ha dado, en consecuencia, y de una vez por todas, con la clave de las leyes de la historia, la primera desgracia de estos fanáticos consiste en amputarse de raíz sus propias posibilidades creadoras, relegándose a la condición de simples panegirista: y papagayos de «El Capital».

Según ellos, Marx será el último revolucionario de todos los tiempos y, después de él, ningún hombre podrá descubrir nada. El espíritu revolucionario acaba con él y su explicación de la historia contiene la verdad última e incontrovertible, contra la cual no cabe ni cabrá objeción ni derogación posible, ni hoy ni nunca. Nada puede ni podrá concebirse ni producirse en la vida, sin caer dentro de la fórmula marxista. Toda la realidad universal es una perenne y cotidiana comprobación de la doctrina materialista de la historia.

Para decidirse a reír o llorar ante un transeúnte que resbala en la calle, sacan su «Capital» de bolsillo y lo consultan. Cuando se les pregunta si el cielo está azul o nublado, abren su Marx elemental y, según lo que allí leen, es la respuesta. Viven y obran a expensas de Marx. Ningún esfuerzo les está exigido ante la vida y sus vastos y cambiantes problemas. Les es suficiente que, antes de ellos, haya existido el maestro que ahora les ahorra la obligación y la responsabilidad de pensar por sí mismos y de ponerse en contacto directo con las cosas.

Freud explicaría fácilmente el caso de estos parásitos, cuya conducta responde a instintos e intereses opuestos, precisamente, a la propia filosofía revolucionaria de Marx. Por más que les anime una sincera intención revolucionaria, su acción efectiva y subconsciente les traiciona, denunciándolos como instrumentos de un interés de clase, viejo y culto, subterránea y «refoulé» en sus entrañas orgánicamente reaccionarias. Los marxistas formales y esclavos de la letra marxista son, en general, casi siempre, de origen y cepa social burguesa o feudal. La educación y la cultura y aún la voluntad, no han logrado expurgarlos de estas lacras y fondo clasistas.

         Texto del escritor César Vallejo de su libro El arte y la revolución, escrito entre 1929 y 1930.

 

Compartido en WhatsApp por Eduardo Ho 

 

lunes, 26 de marzo de 2018

PARÁSITO & HUÉSPED




Parásito & huésped[1]

 A mis maestros de la III generación del socialismo peruano

Vivo en conversación con los difuntos/
y escucho con mis ojos a los muertos.

Así escuchamos y bien leemos a don Francisco Gómez de Quevedo y Villegas (1580-1645). Pero… ¿es lógico ese modo de entender la relación entre vivos y muertos? Para el pensar metafísico, que juzga los hechos, estáticos y fragmentados, es absolutamente ilógico. Más para la lógica dialéctica, esa manera de interactuar entre vivos y muertos, es completamente natural.

Ver, escuchar, conversar, esto es, leer, tiene en el príncipe de los líricos una connotación histórico-natural. Vista, oído y lengua. Tres sentidos que superando la limitante (tacto) fusionan el pasado con el presente. El hombre actual conversa (diálogo activo: preguntas y respuestas) con hombres de otras épocas. Lo aparentemente absurdo se revela como inteligible porque señala procesos ineludibles para la supervivencia de la especie (continuidad en la discontinuidad de la progenie). 

La vida se prolonga en los muertos porque los muertos hablan a través de sus obras. Si repasamos la historia universal, observaremos que el éxito de la especie humana reside en que se sirve del consejo de los muertos. Desde tiempos inmemoriales el hombre avanza conversando y escuchando[2] a las generaciones extintas. La lectura es un hecho activo y no pasivo. El hombre conserva y niega algo de la palabra viva de los difuntos porque fecunda o corrige sus “asuntos” o problemas actuales. 

Pero, como esa relación, entre vivos y muertos, no es cualquier plática ni mucho menos cualquier oída. Ponemos en escena la figura literaria de parásito & huésped. 

Todo parásito vive del  huésped, en lo espiritual como en lo material, una relación unidireccional de alimentación. Sin embargo, esa relación no indica una prescindencia futura inevitable del parásito. La vida enseña que no existe parásito sin huésped ni huésped sin parásito. Pues, ambos, son absolutamente indispensables para un desarrollo social que se despliega en medio de contradicciones y  a través de contradicciones. 

Uno de los principios de la biología dice que la evolución tiende hacia el aumento de la potencia reproductora. Hombre que se deja matar fácilmente por bacterias o parásitos es un hombre mal adaptado, no vive lo suficiente para reproducirse. Y una bacteria que mata a su huésped es una bacteria mal adaptada, igualmente. Porque todo parásito que mata a su huésped es un ser defectuoso. Cuando el huésped muere, él ha de morir también. Los parásitos perfectos son los que pueden vivir del huésped sin matarlo. En el mundo del capital, el burgués (parásito) vive del obrero (huésped). Y éste parásito es imperfecto porque pretende liberarse del obrero. (La robótica, sueño burgués para sustituir a los trabajadores. Pero, los robot no producen plusvalía con lo que se valida un antinatural propósito burgués.) Se puede prescindir del burgués y el obrero en un sistema productivo superior. Pero, no se puede prescindir de la figura del parásito. En el mundo hay parásitos y parásitos.

Veamos. En nuestro entorno existen parásitos que toman estas observaciones con malos ojos. Atendamos la razón de la sin razón. Un parásito sufre, se ofende y protesta porque otro parásito califica de parásito al parásito de sus amores. ¿Es absurdo ese modo de proceder? ¡No! ¡Qué va! Todo lo contrario ese proceder es hasta natural. Pero, aquí cabe hacer una distinción. Al hombre masa las pasiones lo estimulan hacia construcciones del porvenir o lo atan al pasado que se niega a morir. Al hombre solitario, enfermo de individualismo, las pasiones lo enceguecen, le nublan el entendimiento y tuercen la razón. Donde hay dialéctica sólo ven metafísica.

Orden capitalista. Hombres y parásitos conviven con o sin fines de lucro. Hombres y parásitos pugnan por la hegemonía sistémica. Hombres y parásitos se distinguen en el trabajo y por el trabajo (unos trabajan y otros viven del trabajo ajeno). Sin embargo, en la naturaleza como en la sociedad, no todo parásito es una rémora ni toda rémora es un parásito, como bien observa Gamaniel Guevara. Por ejemplo, si observamos la interacción dialéctica, aprendizaje – enseñanza, todos, absolutamente todos, en algún momento de nuestras vidas hemos sido o seguimos siendo parásitos de uno o varios personajes que nos han antecedido en el andar. Todo parásito vive del huésped. Los marxistas somos parásitos de los maestros de la clase obrera. Y mientras no suelten amarras ni agarren vuelo propio no cesarán de vivir del huésped. 

En la comunicación literaria o científica. El discurso del parásito hace suyas (incorpora) las palabras (pensamiento, logros o resultados de gestión) del huésped dentro de la arquitectura de su discurso (elimínese las referencias bibliográficas y tendrán una alocución muy “original”).

De otra parte, con el concepto parásito ocurre lo mismo que con la acepción animal. Las expresiones ¡Parásito! ¡Animal! caen como pedrada en el ojo. Y más de uno reacciona con furor. Aquél furor inconstante a que ingeniosamente hacia referencia don Francisco Gómez de Quevedo: “Y aunque es verdad que la ira enfurece, furor arma ministrat, tómase por borrachera, pues emborracha la cólera: así lo dice la frasi castellana: ‹‹borracho de cólera››.”[3] Así lo dice, hoy, el galeno de combatientes en ciernes, con la serenidad y templanza que el oficio le otorga: “Parásito & Huésped, me parece de fina ironía terapéutica, aunque al ser leído por quienes tienen un ego dilatado puedan sentir las pulsaciones de otra descarga de adrenalina.”[4] Y así lo dice, cualquier caminante que asume un tono reflexivo: ¡toda acción tiene su reacción! Reacción que, para el caso, brota espontánea desde el alma del sujeto. El hábito de sentirse superior choca brutalmente con expresiones que exhiben (muy a su pesar) la naturaleza humana. Lo propio ocurre con las teorías que revolucionan los campos del saber humano. A esas reacciones psicológicas se refería el maestro Mariátegui cuando afirmaba lo siguiente: “El psicoanálisis era objetado, ante todo, porque contrariaba y soliviantaba una espesa capa de sentimientos y supersticiones. Sus afirmaciones sobre la subconciencia, y en especial sobre la libido, inflingían a los hombres una humillación tan grave como la experimentada con la teoría de Darwin y con el descubrimiento de Copérnico. A la humillación biológica y a la humillación cosmológica, Freud podría haber agregado un tercer precedente: el de la humillación ideológica, causada por el materialismo económico…”[5] Lo cierto es que a los hombres, fatuos o engreídos especimenes de la vida natural, les resulta difícil digerir ambos conceptos como descripción de sí mismos. La razón: el culto a la superioridad de la especie. 

Todo concepto simboliza o representa la materia dialéctica en el cerebro. Y, parásito como cualquier concepto tiene su lado positivo (beneficioso o fecundo) como su lado negativo (improductivo o dañino).

Al comenzar el siglo. Las pasiones salen a relucir entre parásitos; pero, uno no es un vulgar piojo y el otro nada tiene que ver con una molestosa ladilla. Pues, hay parásitos y parásitos. Unos, son indispensables para la vida y salud del huésped. Verbigracia, Lenin y JCM fueron parásitos de Marx como Einstein de Newton. Otros, en cambio, son rémoras (carroñeros) que absorben la energía del huésped y, por tanto, son desechables. Verbigracia, Kautsky o Bernstein, en algún momento de su actuación política, involucionan renegando de las fuentes que les dieron vida. Pero, ¡cuidado!, el parásito escolástico (Magíster Dixi) que se corresponde con el parásito intolerante (los que reaccionan “con exceso contra los que no se deciden a seguir, sin reservas, la misma vía”.[6]) son productivos no sólo como reactivos. Son productivos porque, como todo, evolucionan (crecimiento intelectual). Y mientras éste crecimiento no se transforme en involución seguirán siendo factor de desarrollo. Sólo así se puede entender la actuación de Martínez de la Torre como la de Eudocio Ravines en los aurorales años del socialismo peruano. Sólo así se puede entender que JCM, pese a saber quien era quien o de qué pie cojeaban, propusiera a Ravines a la Secretaria General del Partido Socialista y tolerara a Martínez como su secretario personal.

Ahora bien. El tránsito de parásito a huésped es un asunto de crecimiento intelectual. El parásito durante un largo período, cuál crisálida, se  va transformando en huésped; pero, el potencial huésped, hasta el fin de sus días, seguirá sirviéndose de las fuentes (como punto de apoyo) a las cuales debe su inspiración[7]. En este proceso como “el pensamiento tiene una necesidad estricta de rumbo y objeto.” Y “pensar bien es, en gran parte, una cuestión de dirección o de órbita.”[8] El libre pensador está convencido de su autonomía conceptual. Pero, contrariamente a lo que él piensa, parece ser gobernado por una ley natural. En la relación entre voluntad y determinismo. El desarrollo del pensamiento, en última instancia, se reduce a un problema de fe. Sólo el que cree puede alcanzar nuevas cumbres. Stephen William Hawking cree a Einstein, y esa fue la base de la superación de Einstein. Esa es la razón porque José Carlos recuerda las palabras de Bernard Shaw: “Karl Marx hizo de mí un hombre; el socialismo hizo de mí un hombre”. 

La maestría de la pluma del cholo Vallejo relaciona ciencia, sentido común y fe:

Confianza en el anteojo, nó en el ojo;
en la escalera, nunca en el peldaño;
en el ala, nó en el ave
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.

Un barrista que le entra a comentarista con todo derecho dice: “Es francamente una verdadera bajeza el comentario que reproduzco abajo: su autor, fingiendo equilibrismo, suelta un insulto al camarada Ibarra, a quien, repitiendo los insultos de García, llama «parásito». Verdaderamente asqueante, absolutamente repudiable.” Pero, el ojo no siempre tiene la razón. El ojo engaña, observa lo que desea observar. El anteojo define, aclara, lo que el ojo no logra precisar. El ojo es al sentido común, a la metafísica como procedimiento. El anteojo es al marxismo, a la dialéctica como método. 

Pero, ¿Qué sería si todo fuera unánime? el mundo no sería dialéctico, pregunta y se responde, con toda razón Jaime Lastra. Y agrega con la perspicacia del que busca unir y no excluir: “Sabemos  que la libertad de nuestros pensamientos tiene el límite de la práctica social. Más nunca por ello el pensamiento revolucionario se resigna a no pugnar por ser absolutamente libre.”[9] Por cierto, el libre pensador cree ciegamente en su autonomía conceptual. Y su libre albedrío[10], contrariamente a lo que él supone, parece ser gobernado por una ley natural que, a decir de los marxistas, lleva en sí misma la relación entre voluntad y determinismo: la necesidad hecha conciencia. Esta es la razón, de que la dialéctica subjetiva sea ciega si no obedece a la conciencia de la necesidad. Y la conciencia de la necesidad es, el lado revolucionario de la miseria, “la miseria conciente de su miseria espiritual y física, la deshumanización conciente de su deshumanización” (La Sagrada familia).

Ser marxista es el que sigue el punto de vista, método y posición de los fundadores del socialismo proletario. Ni más ni menos. Y, ser marxista en el Perú es continuar la sinfonía inconclusa de José Carlos Mariátegui. Es continuar su derrotero en el que sólo la dialéctica de la ortodoxia dentro de la heterodoxia puede llevarnos a nuevas cumbres en el desarrollo del marxismo (superación que conserva lo negado). ¡Ita est !

“¡Sierra de mi Perú, Perú del mundo, y Perú al pie del orbe;
 yo me adhiero!”

Enero - Marzo 2008
Actualizada 20 Agosto 2010
Edgar Bolaños Marín


[1] En octubre de 1991 un hato de estreñidos escribanos estrenan Parásito & Huésped, Revista de Cultura, Tacna – Perú. En su Editorial estampan éstas premonitorias palabras: “pujamos entre los libros y sus fantasmas”. En aquél entonces, su inspirador de rancio abolengo y lanar estirpe, don Segundo Urbano Cancino de Ticona y Morales, apenas balbuceaba y en su “media lengua no se manifestaban los sonidos”. Compensando las carencias garabateaba unas cuartillas, con la metafísica en la diestra. Y, ¿en la siniestra? Ese es el cuento. Eyectaba, depositaba, evacuaba, su histriónico Editorial. Acontecimiento que damos cuenta en ésta breve nota y que el aprendiz de diablo con la cola corrige: “LECTOR, tú eres un incorregible huésped: ¡Bebe! ¡Lee! ¡Goza!” De tal modo, nuestro didáctico parásito muta su composición químicamente pura en huésped y de huésped pasa a parásito y así hasta el fin de los tiempos.
[2] Se conversa y escucha con los ojos desde la invención de la escritura.
[3] Francisco Gómez de Quevedo, Ob. Tomo II, Sevilla 1903, Pág. 112
[4] Correspondencia  de Gamaniel Guevara, 2008.
[5] José Carlos Mariátegui, Defensa del Marxismo, Biblioteca Amauta, Lima-Perú, 1959, Pág. 69
[6] JCM, Amauta Nº 20, Enero 1929, Necrología, Julio Antonio Mella.
[7] En el verano de 1976 la salud de Mao Zedong se fue deteriorando progresivamente. Los últimos meses de vida los pasó en cama y rodeado de libros de marxismo en los cuales buscaba respuestas para los problemas del socialismo en China.
[8] JCM, Defensa del Marxismo, Tomo V, Pág. 105
[9] Carta  de Jaime Lastra a Miguel Aragón 04 feb 2008
[10] La burguesía considera la libertad y la necesidad como conceptos que se excluyen y entiende libertad como autodeterminación del espíritu, es decir, como libre albedrío, como la facultad para obrar reflexiva y voluntariamente no determinada por las condiciones exteriores. István Mészáros, en La Teoría de la enajenación de Marx, observa que: “Libre albedrío es, hablando en sentido estricto, una contradicción en los términos. Este concepto afirma un objeto (en tanto lo define como ‘albedrío’ con el que algún objeto debe relacionarse necesariamente) y simultáneamente niega su necesaria relación (al llamar al albedrío “libre”) para poder encarar un ejercicio –ficticio- de este mismo ‘libre albedrío’.” Al respecto, Swami Vivekananda es de la misma opinión: "no puede haber una cosa llamada libre albedrío; las mismas palabras son una contradicción”. John Locke negó que la frase “libre albedrío” tenga sentido y Thomas Hobbes es aún más lapidario: “es un discurso absurdo”.