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lunes, 12 de julio de 2021

11 CLAVES DEL EXITO DE LA REPÚBLICA POPULAR CHINA

 

A China le ha tomado pocas décadas lo que a EE.UU. le exigió 250 años: importantes desarrollos en todos los campos, desde el agrícola hasta la exploración espacial.

12/07/2021

 

El 1 de julio de 2021 se cumplió el Centenario de fundación del Partido Comunista de China y el 6 de julio se llevó a cabo una Conferencia virtual del Secretario General del PCCh y presidente de la República Popular China, Xi Jinping, con 500 partidos políticos y gobernantes de 160 países. 

A nuestro juicio, este encuentro es la única conferencia dada por líder alguno con tantos pueblos, lo que revela la gran influencia de Beijing alrededor del planeta, especialmente en África.

Durante la primera semana de julio se resaltaron los logros más importantes del desarrollo de China en todos los campos, desde el agrícola hasta la exploración espacial.  Los innumerables éxitos de China llaman la atención de investigadores, ya que le ha tomado pocas décadas a China lo que a EE.UU. le exigió 250 años.

Tomando en cuenta que la Reforma y Apertura se inició con Deng Xiaoping, deseamos compartir nuestra visión en torno a lo que consideramos ser las claves del éxito de China.

Por lo tanto, partamos de 1979 y no del fin de la Dinastía Qing, la instauración de la República o el inicio de la revolución china bajo Mao Ze Dong.

Las siguientes son las razones y claves de los logros de la República Popular China:

 

1.   Visión milenaria de beneficio y felicidad para el pueblo.

Desde el inicio de su civilización, la nación china ha cultivado la idea de que hay que trabajar para el bienestar y la felicidad del pueblo, y esa idea persiste hoy.

2.   Tradiciones y valores (Confucio, Lao Tsé y Sun Tzu), reelaborados por sus discípulos:  la educación, el Tao, la naturaleza,  la no violencia, anticorrupción y disciplina.

Pensadores y sabios han impactado en el desarrollo institucional, social y en la psique del pueblo chino, inculcando honestidad a señores, reyes y emperadores.  Figuras icónicas son tres sabios y pensadores contemporáneos desde el siglo VI A.C., a saber: 

Confucio (551 a.C.) aconsejó practicar la ética en el Estado (reino, dinastía Han, luego imperio) e instauró el primer servicio civil de carrera (Carrera Administrativa) a fin de que los mejores llevaran siempre las riendas. Además, Confucio fue pionero de la lucha anticorrupción. 

Lao Tsé (VI a.C.) aportó la dialéctica del desarrollo del pueblo chino (Ying y Yang), los principios de la naturaleza y su accionar con el hombre (el Tao, Feng Shui). Es Lao Tsé quien forja la plasticidad filosófica del pueblo chino:  rechazo a las ambiciones y riquezas, no violencia, pacifismo (Tao Te King, “Sobre el Camino y el Poder”).

Sun Tzu (476 a.C.) contribuyó con los principios y reglas del arte militar, para quien la guerra era el último recurso. Sun Tzu es considerado hoy el más importante estratega en la historia de la humanidad (China, Japón, Corea, Vietnam, Estados Unidos), cuyo pensamiento se aplica a múltiples actividades.

 

3. Pensamiento de Mao Ze Dong (“el poder sale de la boca del fusil”); Deng Xiao Ping (eclecticismo); Xi Jinping (socialismo con características chinas).

Mao lideró la revolución china (1921-1976), sin la cual no existiría ni se comprendería la China de hoy, no obstante la “Banda de los Cuatro”, el “Gran Salto Adelante” y la Revolución Cultural.

Deng Xiaoping (1979), acusado en sus últimos años por el PCCh, lideró la etapa de la Reforma y Apertura, lo que flexibilizó la economía, la impulsó y la abrió al mundo.

Xi Jinping (2013), sobreviviente de la más grande epopeya de la humanidad, “La Gran Marcha”, aporta la idea de un “socialismo con características chinas”. 

Esas características incluyen el espíritu de su civilización (Confucio, Lao Tsé y Sun Tzu), su idiosincrasia, una reelaboración del marxismo con aportes de una pléyade de pensadores y revolucionarios y el objetivo de una sociedad “modestamente acomodada” en convivencia armónica con la naturaleza para hacer de China un bello país (el Tao).     

 

4.   Democracia: “El poder del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”… y con el pueblo (el autor).

La nación china no experimentó la Revolución Industrial de Occidente ni el pensamiento político que engendró, si bien aportó grandes contribuciones desde la Edad Media a su surgimiento. 

La idea lincolniana de que “la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, se debe completar con la frase “y con el pueblo” (el autor) para darle un sentido más amplio a la democracia en China, contrario a la acusación de Occidente de que el país oriental es una autocracia, un Estado totalitario.

 

5. Meritocracia (los mejores al frente).

La idea de que los mejores deben mandar y de que, para ser funcionario, se debía pasar un examen del servicio civil de carrera (claro inicio de la Carrera Administrativa), se origina en China dos siglos antes de Cristo, pero anteriormente la expuso Confucio, quien predicó la idea por donde caminaba. 

Éste es uno de los principios que practica el PCCh, relativo al gobierno centralizado. En aquellas épocas, el aspirante a funcionario (mandarinato) debía pasar exámenes de conocimiento, destrezas y cualidades morales y éticas: ser buen jinete, diestro en artes marciales, música, poesía y otras habilidades. Quien pasaba las pruebas ganaba el cargo permanentemente. Los aspirantes pasaban años en su preparación, y a veces no aprobaban.

 

6. Combate a la corrupción.

El combate a la corrupción se origina en la ética de Confucio, según la cual todas las riquezas son o deben ser para el pueblo.  El PCCh lleva a cabo una lucha permanente para erradicar la corrupción a todos los niveles, tanto dentro como fuera del Partido.


7. Desarrollo capitalista parcial, sin control de minorías de clases y oligarquías.

El vertiginoso desarrollo económico de China ha producido la formación de personas ricas y millonarias que, sin embargo, no pueden constituirse en clase social por los controles del PCCh.

Caso emblemático es el dueño de Ali Baba, Jack Ma, el hombre más rico de China, que ha entrado en dificultades con el PCCh. Jack Ma desapareció de los medios desde 2020, aparentemente acusado de prácticas monopolísticas.

En China, los ricos no pueden constituirse en clase social y, por lo tanto, en oligarquía. El PCCh por definición no puede tampoco ser oligarquía, ya que es el partido u organización política más grande del mundo, con 91 millones de miembros que actúan bajo una concepción centralista y unificada del poder, que llega a las Regiones Especiales, Taiwán, Macao, las provincias y las 55 minorías étnicas.

 

8. No al imperialismo y el colonialismo.

China ha sido invadida por los Mongoles (siglo XIII) y los Manchúes (1644-1911), así como por ingleses, alemanes, franceses, rusos, portugueses, italianos y norteamericanos, pero jamás ha sido conquistada o destruida. 

Los mongoles y los manchúes se adaptaron o sucumbieron ante la civilización china. Pero jamás China ha avasallado a ningún pueblo.  En China han existido concesiones extraterritoriales diversas, basadas en Tratados Desiguales impuestos por potencias extranjeras.  Su pueblo convive pacíficamente con 55 agrupaciones étnicas diferentes a las que se respeta su cultura, religión y modos de vida.

Por su amarga experiencia histórica, China rechaza el colonialismo y el imperialismo y proclama la instauración de un mundo multipolar y democrático basado en la igualdad y la reciprocidad.

 

9. Cooperación internacional y beneficio mutuo: la Franja y la  Ruta.

La política exterior de China propende a la cooperación internacional y el beneficio mutuo, una visión opuesta a la imperante en Occidente, donde la explotación de los países pobres solo ayuda a una o a pocas empresas capitalistas.

La Nueva Ruta de la Seda, revitalizada con la Franja y la Ruta luego de una pausa de dos siglos durante los últimos dos mil años, marcada por las Guerras del Opio y las dos guerras Sino-Japonesas, es la mejor demostración de la cooperación internacional y el beneficio mutuo que China ofrece al mundo.

 

10. Combate a la pobreza extrema.

La República Popular China ha eliminado en pocas décadas la extrema pobreza, ha aumentado los sectores medios de la sociedad y ha eliminado grandemente las desigualdades sociales.

Según las Naciones Unidas, China es el único país que ha cumplido anticipadamente los Objetivos del Milenio y ha alcanzado un alto índice de desarrollo humano.

 

11. Respeto al Derecho Internacional (soberanía, no intervención, igualdad soberana).

La República Popular China ingresó a la ONU en 1971 y, desde entonces, ha cumplido a cabalidad con las normas jurídicas internacionales, especialmente los principios de la soberanía (integridad territorial e independencia política), no intervención en los asuntos internos de los Estados e igualdad jurídica ante el Derecho Internacional.

Las anteriores consideraciones, sin ser exhaustivas, a nuestro juicio  conforman las principales claves del éxito de la República Popular China.

 

Julio Yao es Analista Internacional, Presidente Honorario y Presidente Encargado del Centro de Estudios Estratégicos Asiáticos de Panamá (CEEAP); Presidente de la Asociación Panameña de Apoyo a la Reunificación Pacífica de Corea.

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/213019

 


martes, 13 de abril de 2021

LA DICTADURA MUNDIAL ACUSA A CHINA Y RUSIA DE VIOLACIONES

El dictador y hegemón global, Enemigo No. 1 del Derecho Internacional y de los pueblos del mundo, carece de autoridad moral o ética para dar lecciones a la comunidad internacional.

13/04/2021

A la memoria de un gran amigo de Panamá, que acaba de fallecer a los 93 años:  el Dr. William Ramsey Clark, ex Fiscal  General de Estados Unidos,  quien presidió la Comisión Independiente sobre la Invasión a Panamá, y en noviembre de 1996 participó en el Tribunal Internacional por Crímenes Contra la Humanidad Cometidos por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en Iraq, celebrado en Madrid.  En marzo de 1990, durante su misión en Panamá, el Dr. Clark me sugirió publicar la demanda que yo había redactado contra Estados Unidos por la invasión de 1989 ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

En la segunda mitad del mes de marzo, se reunieron el canciller de China Wang Yi con el Secretario de Estado Antony Blinken en Anchorage, Alaska.  En lo que debió ser un primer round de estudios antes de soltar puñetazos, Blinken --que no le hizo honor a su apellido (blink, parpadear)-- le soltó una andanada de golpes nada diplomática al estupefacto,  atónito y circunspecto canciller de China, al punto de que Wang Yi se quejó de que el tinglado  “olía a pólvora desde el principio”.

Blinken, que jamás estudió Relaciones Internacionales pero sí tomó lecciones de la “Diplomacia del Garrote” en las aulas del Consejo de Seguridad Nacional (con John Bolton), ya antes había noqueado al presidente de Rusia, Vladimir Putin, cuando ni siquiera se iniciaba el encuentro, llamándolo “asesino”, mal asesorado por el expresidente Bill Clinton.

El aparato mediático de Occidente, por supuesto, no se percató de la falta (foul) cometida contra Putin, pero éste no se dejó intimidar y solo sonrió, invitando a Blinken a “mirarse en el espejo” y a debatir personal y públicamente.   Pero Blinken esta vez sí parpadeó y, rehuyendo un encuentro de Judo, en lo que Putin es un Maestro, se excusó diciendo, “no tengo tiempo”.

Blinken, anterior subsecretario de Estado bajo Donald Trump, saltó estrepitosamente y quiso, autodesignándose árbitro, dictar las reglas en el cuadrilátero, declarando que las relaciones con China serán “competitivas, cooperativas y conflictivas”.  Wang Yi, algo repuesto del apabullante e intempestivo primer ataque, negó que Washington tuviera la autoridad suficiente para dictarle normas al mundo, mucho menos a China, que está en mejor posición para contribuir a un mejor futuro.

El resultado inmediato fue una entrevista entre el canciller ruso, Sergei Labrov, y su homólogo, Wang Yi, que acordaron las coordenadas de una defensa conjunta a partir de ahora.

El dictador y hegemón global, Enemigo No. 1 del Derecho Internacional y de los pueblos del mundo, carece de autoridad moral o ética para dar lecciones a la comunidad internacional.

Para empezar, Estados Unidos --tenido como ejemplo de Democracia -- no es ni remotamente tal, porque la democracia descansa sobre el principio de que el pueblo es el soberano.  Pero, en aquella dictadura mundial, el pueblo de Estados Unidos no tiene derecho a la autodeterminación nacional, base fundamental de la soberanía, tal como se reconoce universalmente.

Son los Estados de la Unión los que ostentan ese derecho desde los inicios de la república.  Soberano es el gobierno, no el pueblo.  Ese cisma dentro de la sociedad estadounidense se originó en la necesidad de darle derechos políticos a una parte de ella y negárselos al resto, la primera de la cual subordina a la segunda.  El resto se refiere obviamente a los esclavos de las plantaciones y sus descendientes.

Los Estados son el brazo ejecutor de la soberanía.  Eso quedó en evidencia con el golpe de Estado que aquéllos le dieron a Donald Trump, al cual se le impidió su derecho a la investigación y la defensa e incluso no se le permitió la libre expresión, que es la primera bandera en la Constitución de Estados Unidos.

Al expresidente Trump le cerraron sus cuentas de Twitter, su medio de expresión favorito.  Los Colegios Electorales de los Estados de la Unión son los compromisarios y verdaderos electores en cualquier torneo.  Basta con subrayar la estafa electoral de que fue objeto el candidato Al Gore en 2000, el cual, pese a haber ganado voto a voto, perdió en la Florida ante George Bush, o bien la más sorprendente derrota de Hillary Clinton, que le ganó a Donald Trump por millones de votos populares y no obstante perdió las elecciones.

¿Es posible la Democracia sin soberanía popular en una superpotencia que depende de la imposición de un Pensamiento Único y del estado de excepcionalismo que el resto del mundo está obligado a seguir y respetar como si nuestros pueblos fuesen rebaños (repúblicas bananeras) despreciables de Washington?  El Pensamiento Único mantiene secuestrada la libertad de los estadounidenses y del conjunto de la región, presos de una casi total ignorancia, especialmente en lo que se refiere a asuntos internacionales.

Estas fallas estructurales desde los inicios abonan a favor del expresidente Jimmy Carter cuando declaró que “Venezuela tiene el mejor sistema electoral del mundo.”

Pero Estados Unidos no es solo un mito como Democracia sino que es indiscutiblemente el principal violador de derechos humanos a escala mundial.  Estados Unidos no acepta ni ratifica convenios sobre el Derecho de Tratados, Derechos Diplomáticos y Consulares y Derechos Humanos.  Además, Estados Unidos ha abandonado los principales acuerdos sobre fabricación y limitación de armas nucleares y se ha convertido en delincuente internacional.

En sus sueños de opio de construir un mundo de minorías caucásicas mediante la destrucción y despoblación mundial, Estados Unidos ha intervenido, atacado e invadido a muchas naciones originarias, autóctonas y soberanas de Oriente y Occidente, desde territorios norteamericanos (incluido México), hasta verdaderas cunas de la civilización (Irak, Irán, Yugoslavia y Afganistán), países modelos de desarrollo (Libia y Siria) y Estados del Tercer Mundo (Corea, Vietnam, Cuba, Chile, Grenada y Panamá).

El hecho importante y aún no descubierto por los medios occidentales es que, desde el 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos armó la trama de su futura guerra contra el “nuevo enemigo” --el terrorismo-- y que desde entonces, con la ayuda de Israel, Washington inició su deriva irresistible hacia un totalitarismo mundial, apoyado por organizaciones terroristas, fabricantes de armas, narcotraficantes y mercenarios de toda laya.

Dicha deriva hacia el totalitarismo se inició con los atentados del 11-S, cuando el gobierno de George W. Bush decidió secretamente anular el Habeas Corpus, una de las principales protecciones constitucionales, mediante la ley conocida como el   Acta Patriótica.

En este sentido, los escritores estadounidenses, Martin Gilens, y Banjamin Page, colaboradores de la Universidad de Princeton y de la Universidad Northwestern, acotaron en una de sus publicaciones conjuntas que: “Si la democracia significa la respuesta del gobierno a lo que quieren las mayorías de ciudadanos, presentamos pruebas contundentes de que en los últimos años, Estados Unidos no ha sido muy democrático en absoluto.  Esta nación se jacta de su fortaleza democrática pero violenta los estatutos más elementales de una democracia real y legal”.

 Mientras tanto, Washington no ha recogido el guante y nada dice sobre el reto del canciller Wang Yi de investigar el laboratorio de Guerra Biológica de Fort Detrick, principal sospechoso de originar el COVID19.  Todo está al revés pues, al parecer, los pájaros les tiran a las escopetas.

 

Julio Yao

Analista Internacional y Presidente Honorario y Presidente Encargado del Centro de Estudios Estratégicos Asiáticos de Panamá (CEEAP).

julioyao1@gmail.com 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/211799

 


jueves, 30 de julio de 2020

EL SENADO DE EEUU ORDENA, Y PANAMÁ ACATA


        Julio Yao

28/07/2020

Importancia de la cátedra Panamá/EEUU

 

A principios de la década de 1980 llegó a Panamá una delegación de Okinawa (Japón) para averiguar cómo habíamos hecho los panameños para vencer a EEUU sin disparar un solo tiro.  La población de Okinawa vive rodeada de bases militares y de nada han valido sus protestas permanentes para eliminarlas. 

 

Entre muchas razones, les explicamos a nuestros visitantes que en nuestras escuelas y universidades impartíamos la cátedra o el curso denominado “Historia de las Relaciones entre Panamá y EEUU”, lo cual había sido sumamente útil para explicarle a la sociedad cómo y por qué teníamos que negociar un nuevo tratado del Canal. 

 

Los comisionados de Okinawa consideraron imposible hacer algo comparable con la enseñanza de las relaciones entre Japón y EEUU. 

 

Japón, pese a su desarrollo económico que casi destrona comercialmente a EEUU en los años 80, ha sido ocupada desde su rendición tras la Segunda Guerra y está atrapada por la seguridad nacional de Washington. 

 

El representante de Japón, Shigeo Nagano, no pudo firmar un acuerdo con Panamá para construir un nuevo Canal porque se lo impidió la invasión de George Bush el 20 de diciembre de 1989 para secuestrar y borrar del mapa al general Manuel A. Noriega y reimplantar la Doctrina Monroe.  

 

La cátedra Panamá/EEUU fue aprobada como obligatoria por la Asamblea Nacional en la década de 1960 a instancias de algunos legisladores y profesores de la Escuela de Servicio Diplomático de la Universidad de Panamá (de la que fui presidente) y tomó fuerza tras la agresión de EEUU a nuestro pueblo en 1964 que dejó 21 muertos y 500 heridos, civiles inocentes todos.

 

Tras el rechazo de nuestro pueblo de los proyectos de tratados Robles-Johnson de 1967 y con posterioridad al golpe militar que elevó al general Omar Torrijos al poder, se llevaron a cabo en 1973 dos encuentros universitarios sobre las Relaciones entre Panamá y EEUU.

 

A raíz de estos Encuentros, el Ministerio de Educación y el Ministerio de Relaciones Exteriores, bajo Juan Antonio Tack, acordaron nombrar a este servidor para redactar el plan o programa de la materia – y así lo hice -- el cual estuvo vigente hasta que la ministra de Educación, Lucy Molinar, bajo el gobierno de Ricardo Martinelli, ordenó eliminar esta materia de las escuelas.

 

¿De dónde emanó la orden de eliminar la asignatura? 

 

En el Senado de EUA surgió la preocupación en 1997/1999, de que siempre que Washington se proponía firmar tratados con Panamá, el pueblo, conducido por una minoría de activistas y “revoltosos”, echaba todo para atrás. 

 

El presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Jesse Helms, Enemigo Público N. 1 de Panamá (en reemplazo de Daniel Flood, el primer Enemigo No. 1 de Panamá), ordenó una investigación senatorial que culpó al curso de Relaciones entre Panamá y EEUU del sentimiento antiestadounidense en el país del Canal, decidiendo su cierre.

 

Ahora, la Corte Suprema de Justicia de Panamá acaba de dar un fallo de inconstitucionalidad del artículo 6 de la ley 37 del 12 de mayo de 2015 que restauró y hacía obligatoria la asignatura en las universidades del país, supuestamente en respeto a su autonomía.

 

Se olvida que la creación de la ley original de hace 60 años y de la Ley 37 de 2015 obedeció a un imperativo histórico insoslayable que debía ser respetado por la Asamblea Nacional y por el país en su conjunto. 

 

En efecto, la historia de dichas relaciones da fe del absoluto predominio de EEUU en la República de Panamá, de tal forma que, de no ser por esta asignatura, no sabríamos nuestros orígenes ni nuestro escabroso recorrido nacional, porque la historia no es únicamente el simple recuento de lo que ocurrió, sino, sobre todo, la sabiduría y conciencia de lo futuro.

 

Reconocer -- como lo hace el fallo de la CSJ -- que la autonomía universitaria es superior y precede al mandato de la historia se nos antoja un imperdonable pretexto para rendirle disimuladamente tributo al imperialismo y a las fuerzas oligárquicas que siempre han preferido que el pueblo desconozca de dónde venimos, qué debemos hacer y hacia dónde queremos ir.

 

En tal sentido, resulta profético y a la vez doloroso hoy lo que escribimos hace cuatro años sobre la Universidad de Panamá (UP), especialmente porque fue precisamente esta institución la que demandó la inconstitucionalidad de nuestra historia:

 

“La UP ha jugado un papel importante en el camino hacia una mayor independencia nacional, pero en las últimas décadas ha sido frenada indirectamente por las fuerzas invasoras que, desde el 20 de Diciembre de 1989, han cooptado a la partidocracia, convirtiendo a las élites en su instrumento de ocupación nacional. Todo lo que ocurrió en la historia de las relaciones entre Panamá y EEUU desde 1935 se generó primero o tuvo impacto directo en la UP” (Julio Yao, Historia patria y Universidad, La Estrella de Panamá, 16 de junio de 2016).

 

El lamentable fallo de la Corte Suprema de Justicia tuvo un salvamento de voto, el del Magistrado Cecilio Cedalise Riquelme, quien, junto a la opinión del Procurador de la Administración, Rigoberto González Montenegro, afirman que la Ley 37 de 2015 no constituye violación de la autonomía universitaria.

 

Para seguir resolviendo nuestros problemas con EEUU sin disparar un solo tiro, toca ahora a los estamentos universitarios en cada disciplina, escuela y facultad de la UP imponer el mandato histórico de la nación panameña por encima o por debajo de la tan estropeada autonomía universitaria; por encima, ¡mas no por debajo del Senado de EEUU! 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/208149