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jueves, 23 de diciembre de 2021

¿SER INTELIGENTE DEPENDE SOLO DE TENER UN BUEN CEREBRO?

 

Publicado por Francisco Umpiérrez Sánchez

jueves, 23 de diciembre de 2021

A esta pregunta respondo con un rotundo no. La inteligencia depende de la personalidad al completo que se tenga. Si una persona, acostumbrada solo a moverse con conceptos, esto es, con esencias, como le sucede a los profesores y las profesoras, y carece, por consiguiente, de sentido práctico, entonces esa persona no es inteligente. En una de las últimas reuniones que celebramos en el Cekam, le dije a uno de mis colaboradores que iba a formularle una pregunta y que podía contestar con tres partes diferenciadas del cuerpo: con la cabeza, con el corazón o con el estómago. Yo esperaba que me respondiera con el estómago y me dijera: ¡Vete al carajo! No hubo manera. Solo sabe responder con la cabeza. Pues bien, ¿a qué llamo inteligente en este tema que les he presentado? Saber con qué parte del cuerpo hay que responder. En ocasiones un problema sencillo de entendimiento entre dos personas se convierte, porque de forma predominante solo se emplea la cabeza, en un problema enredado y complejo.

Les pongo otro ejemplo. Le pregunto al jefe de compras de una empresa cuánto se han incrementado los costos este mes de noviembre con respecto a noviembre de 2019. Se lo pregunto porque necesito saber cuánto debo incrementar los precios a los clientes para compensar los incrementos de los costos. El jefe de compra me pregunta si quiere que me lo detalle por concepto, y me comenta que hay precios, como el de la electricidad, que no sabe con exactitud cuánto se incrementará porque no han llegado las facturas, que hay determinados proveedores que a su juicio han subido los precios de manera injusta, y que no sabe si el teflonado de las bandejas debemos hacerlo aquí en las islas o solicitar ese trabajo a una empresa en la península, que hay que pensar que debemos comprar un nuevo furgón, y muchas cosas más. ¿Cuál es el error del jefe de compras? ¿Por qué se comporta de manera no inteligente? Por una sencilla razón: la mayor parte la información que me proporciona no es pertinente para que el departamento comercial tome las decisiones en materia de precios en el menor tiempo posible. Yo solo quiero saber cuánto se han incrementado los costos. Y si algunos costos los desconozco en su precisión, puedo dar datos aproximados. No me interesa saber el desglose del incremento de costos por conceptos. Con respecto al costo del teflonado, pues que me de los datos de la isla o de la península. Los costos derivados de la compra de un nuevo furgón deben analizarse en otra cuenta de contabilidad. Para comprar el furgón emplearemos un leasing o un renting. Y así con muchísimos detalles más. Lo cierto es que lo único que tenía que decirme es lo siguiente: los costos se han incrementado en 22.000 euros. Una vez tengo este dato, puedo estudiar según las clases de clientes que tiene la empresa en cuando debo y puedo incrementar los precios. Y después veré si me quedo corto y cuánto del incremento de costos lo puedo compensar. Así que en este caso ser inteligente implica poner en movimiento solamente la información pertinente. Lo demás es una pérdida de tiempo, puesto que atrasa la toma de decisiones.

Pongamos un tercer ejemplo. Este ejemplo lo extraigo del comentario a la introducción de Jason Zweig del libro de Benjamin Graham que lleva por título El inversor inteligente. Estas son las palabras de Zweig al respecto: “¿Qué quiere decir Graham con la expresión inversor inteligente? Graham deja claro que este tipo de inteligencia no tiene nada que ver con el coeficiente intelectual o las puntuaciones SAT (El SAT es el examen de acceso a las universidades de Estados Unidos). Simplemente significa tener la paciencia, la disciplina y la voluntad necesaria para aprender; también es necesario controlar las emociones y pensar por uno mismo. Este tipo de inteligencia, explica Graham, es más un rasgo del carácter que del cerebro”. Yo diría que los rasgos que señala Graham para definir el inversor inteligente son rasgos de la personalidad, puesto que a fin de cuentas el carácter no es más que otro aspecto de la personalidad.

Hablemos de la paciencia. Su contrario es la desesperación. La persona desesperada quiere que las cosas cambien rápidamente; y en el saber ocurre que cuando no lo ve todo claro, también se desespera. No sabe convivir con zonas oscuras. De todos modos, aunque seas una persona paciente, no implica que en algunos momentos no puedas ser desesperado. La clave aquí está en cuanto te dura la desesperación y hasta qué punto te determina la desesperación. Tampoco debe confundirse la paciencia con dejarse ir: no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Todas las virtudes, y entre ellas está la paciencia, tienen muchos matices y no se dan en persona alguna de forma absoluta. Con respecto a la disciplina se trata de cumplir de forma regular con las normas y reglas, aunque no debe convertirse en una atadura que limite la espontaneidad y el dejarse ir alguna que otra vez. Aquí les pondré un ejemplo: una operaria tiene que hacer una tarea todos los lunes. Pero pasado unos meses deja de hacerlo. Esto es un problema de indisciplina. Tal vez esta indisciplina se deba a que ignora la importancia global de su tarea. Y con respecto a la voluntad distingo entre la pequeña voluntad y la gran voluntad. Hay personas que ocasionalmente aparentan estar dotados de una gran voluntad y anuncia a los demás que su meta es producir grandes cambios. Estas personas hoy aparentan tener una gran voluntad y procurar grandes cambios, y a los pocos días están desinflados y desganados y abandonan las tareas que se trazaron. Yo soy partidario de la pequeña voluntad, la que procura los pequeños cambios, pero donde predomine la constancia. Por este camino siempre se llega más lejos. Esto no implica que en algunas ocasiones las circunstancia nos exija poner en acción la gran voluntad. Pero solo la personas que están acostumbradas a ejercer la pequeña voluntad pueden en las ocasiones que lo exigen poner en marcha la gran voluntad.

Hablemos ahora de las emociones. Todos hemos sentido odio, rabia, ira y rechazo hacia determinadas personas. La clave aquí no está en vivir esas emociones, sino cuánto te duran y cuánto determinan tu comportamiento. Advierto que Graham nos habla de controlar las emociones, no de eliminarlas. También se sienten emociones positivas: alegría, amor, entusiasmo. Pero con estas emociones debemos seguir las mismas directrices que con las emociones negativas: debemos controlarlas. Hay personas que se entusiasman en exceso con las noticias positivas y se decepcionan en exceso con las noticias negativas. Aquí debemos seguir la directriz de Aristóteles: lo conveniente siempre es buscar el término medio.

Hablemos, por último, de pensar por uno mismo. No se trata de pensar de forma independiente. Una parte de nuestras ideas e incluso sensibilidades las hemos aprendido de otros. La cuestión aquí es que las ideas de los otros las hagas tuyas. Tu tienes tu propio sistema conceptual y tu propio sistema sensible que has elaborado a lo largo de tu historia personal. Así que las ideas que te gustan, las ideas que tu consideras válidas, al igual que las sensibilidades que consideres beneficiosas, debes integrarla en tu sistema mental, que siempre incluye una parte conceptual y una parte sensible.  Tampoco se trata de que tengas todas las ideas claras y distintas, que todos tus juicios sean certeros y verdaderos, se trata siempre de que pienses por ti mismo, aunque tu conciencia esté salpicada de oscuridades y errores. Debes pensar que en tus ideas y conceptos siempre hay un grado de verdad y ciertos grados de certeza. Fortalece tu yo.  Se tú mismo. A todo esto, denomino pensar por uno mismo.

https://fcoumpierrezblogspotcom.blogspot.com/2021/12/ser-inteligente-depende-solo-de-tener.html

 

 

 

 


miércoles, 1 de diciembre de 2021

CÓMO DESPERTAR UNA EMOCIÓN EN LOS VOTANTES

 


La alegría, el asco, la tristeza, el enojo y el miedo influyen poderosamente en las campañas electorales.

Desde hace varias décadas se repite con insistencia que las campañas electorales deben despertar emociones. Esto es cierto en la medida que se respeten las siguientes precisiones:

  • Los mensajes puramente racionales no mueven votos ni movilizan votantes.
  • Las emociones son el factor más poderoso en una campaña electoral.
  • Además de sentir, los votantes necesitan razones para explicarse a sí mismos sus decisiones y para argumentar las mismas ante las demás personas.
  • Tratar de inventar emociones donde no las hay es un error. Intentar manipular las emociones de una sociedad es como liberar fuerzas que luego nadie podrá controlar. No solo es reprochable éticamente sino que además suele volverse en contra de quien lo hace.
  • De lo que sí se trata es de despertar emociones que tienen o han tenido un recorrido real en segmentos de la sociedad.
  • Cada campaña tiene que trabajar sobre las emociones pero dentro del marco general de la estrategia de campaña.
  • Así como la campaña tiene un mensaje, del mismo modo tiene que despertar una emoción en cada público al que se dirige. No dos o tres emociones sino una.

Considerando todas estas precisiones, veremos a continuación cómo despertar una emoción en los votantes.

Las 5 emociones universales

Paul Ekman comenzó a estudiar las emociones a fines de los años 50 del siglo pasado. Las investigó en sociedades tan diferentes como las de Estados Unidos, Unión Soviética, Nueva Guinea, Brasil, Argentina, Indonesia y Japón. Identificó siete emociones básicas que serían universales: alegría, tristeza, miedo, enojo, asco, desprecio y sorpresa.

Ya en el siglo 21, su amigo el Dalai Lama le pidió que elaborara un Atlas de las Emociones. Para ello Ekman consultó a 248 científicos que habían publicado con frecuencia investigaciones cuantitativas acerca de las emociones. Y descubrió entre ellos un amplio consenso en cuanto a la existencia de cinco emociones universales que son alegría, tristeza, miedo, enojo y asco. Las cinco fueron consensuadas por lo menos por tres de cada cuatro de estos científicos. Y ya habían sido detectadas como emociones básicas por Charles Darwin en el siglo 19 y por el propio Paul Ekman en el siglo 20.

Cada una de estas cinco emociones tiene una identidad central que se expresa a través de un variado arco de matices e intensidades que van desde lo leve hasta lo extremo pasando por diversos grados intermedios.

Mi recomendación para trabajar emociones en las campañas electorales es limitarse a estas cinco emociones básicas universales. De esta manera te mantienes en un terreno seguro que está respaldado por 150 años de investigación científica y por el más amplio consenso científico actual.

El método para desencadenar emociones

Como señalé anteriormente, no se trata de manipular a nadie para que sienta emociones que de otro modo no sentiría. Se trata de despertar emociones que estaban adormecidas, se trata de desencadenar emociones que estaban encadenadas. Por lo tanto la tarea de las campañas no es producir artificialmente determinados climas emocionales sino facilitar la emergencia de determinadas emociones.

Los 3 pasos para facilitar el surgimiento de una emoción son:

1.     Determinar qué respuesta emocional queremos facilitar, cual de las cinco señaladas antes. Para eso necesitas que la investigación de opinión pública te diga qué emociones circulan en tu sociedad en el presente y cual de ellas prevalece en tu público objetivo.

2.     Estudiar el contexto del público al que nos dirigimos: sus circunstancias actuales, su personalidad, su estado de ánimo y su visión del mundo (influenciada por sus experiencias previas, su historia personal y los determinantes socioculturales presentes).

3.     Ofrecer un desencadenante que sea operativo para esa emoción y en ese contexto.

Los desencadenantes son palabras, sonidos o imágenes que producen una determinada sensación en el votante. Cada emoción es disparada por una sensación diferente:

  • La tristeza es desencadenada por una sensación de pérdida, ya sea de algo material o inmaterial.
  • La alegría es desencadenada por una sensación de placer sensorial y/o de conexión consigo mismo, con los demás o con la situación.
  • El asco es desencadenado por una sensación de que algo es tóxico o dañino para el organismo, para los valores de cada uno o para el bienestar de la sociedad.
  • El miedo es desencadenado por una sensación de amenaza de daño físico, psicológico o social.
  • El enojo es desencadenado por una sensación de estar bloqueados en nuestro progreso.

Finalmente: el desencadenante que elijas lo debes colocar en el discurso del candidato, en las historias contadas por la campaña, en los spots televisivos, en las cuñas radiales, en las publicaciones en redes sociales y en la gama de formas, colores y sonidos que constituyan la liturgia electoral de la campaña.

Recuerda, además, que la emoción no debe viajar sola y desnuda. Tienes que arroparla con ideas claras que la expliquen y que faciliten su circulación social.

Ya sabes que las campañas electorales deben despertar emociones. Claro que sí.
Pero deben hacerlo bien.
Con método.

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Fuente: https://danieleskibel.com/