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viernes, 21 de agosto de 2026

¿POR QUÉ DIEZ ENSAYOS?

 


DOS TEXTOS RECOMENDADOS

 

(13 de agosto de 2026)

Por Miguel Aragón

 

Desde un inicio hemos señalado que el objetivo principal (pero no único) de este foro virtual 10 Ensayos HOY es estudiar, comentar, debatir y continuar desarrollando los temas sustanciales propuestos por José Carlos Mariátegui en sus 10 Ensayos de interpretación de la realidad peruana.

El día miércoles 12 de agosto ha sido un día excepcional en el intercambio de ideas en este foro. Ocho de los miembros, han escrito breves comentarios polémicos sobre uno de los 10 ensayos, precisamente sobre el décimo ensayo. A las 0:48 hs comenzó Manuel, a continuación, sobre el mismo tema intervinieron Alonso, Vicente, Luis, Luis Felipe, Jimmy, Hugo, Jorge, hasta las 2:05 hs del día jueves 13. Posiblemente hubo otros miembros del foro que también teníamos algo más que decir sobre el mismo tema de interés común.

Este es el lado positivo de este improvisado “amago” de debate de ideas; el otro aspecto del debate, es que la mayoría de los comentarios fueron muy breves y algo superficiales, tal vez por el apuro e improvisación con que fueron escritos. Por encima de estas limitaciones, lo que hay que destacar es el interés y la voluntad de desarrollar este tema de manera conjunta. 

Por ahora, solamente se ha avanzado en el planteamiento del problema. Para llegar a algunas conclusiones, tenemos que ampliar y profundizar el estudio y el debate, y en lo que sea necesario, rectificar nuestras primeras opiniones.

Para un mejor ordenamiento y ampliación de nuestros argumentos, reitero una recomendación que vengo sugiriendo desde hace varios meses. Por lo menos, tenemos que estudiar dos textos, breves, sencillos y sobre todo sustanciales, dos textos que nos sirvan de guías para comprender el proceso de formación del movimiento socialista peruano.

 

FEDERICO ENGELS: PREFACIO A LA EDICIÓN ALEMANA DE 1890 DEL MANIFIESTO COMUNISTA.

 

Desde sus inicios, el movimiento socialista mundial tiene el carácter de ser un movimiento internacionalista. Recordemos las palabras finales del Manifiesto de 1848: ¡Proletarios de todos los países, Uníos!

En el Prefacio de 1890, Engels escribió una síntesis genial de los inicios del movimiento socialista mundial. A partir del párrafo que comienza “El Manifiesto tiene su historia propia…” hasta el final, en escasamente algo más de tres páginas, están expuestas las primeras etapas del movimiento proletario en las cuales Marx y Engels participaron directamente.

Tomando como guía ese breve texto, podemos complementarlo con el estudio de otros textos más amplios, para tener una comprensión panorámica del desarrollo inicial del movimiento socialista. Todos los otros movimientos desarrollados posteriormente y en otros países (incluido el Perú), son continuación de esa fase inicial. El movimiento socialista peruano desde sus inicios ha tenido el carácter de ser parte de ese movimiento internacionalista.

 

JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI: ANTECEDENTES Y DESARROLLO DE LA ACCION CLASISTA

 

Esta Tesis, escrita por José Carlos Mariátegui en mayo de 1929, es la primera historia breve del movimiento socialista peruano, en la cual están expuestos de manera breve sus antecedentes y desarrollo hasta comienzos del año 1929.

La lectura y el comentario de este breve texto debe ser complementado con otras lecturas más amplias. A cien años de los sucesos ocurridos principalmente en el transcurso de la década de 1920, el material histórico ya rescatado es muy rico y abundante. Lo que está faltando es ordenarlo, e interpretarlo para que nos sirva de lección para el presente. Este trabajo de interpretación no es un tópico superado como pueden suponer algunas personas algo apresuradas.

En los próximos días me sumaré a los comentarios ya iniciados este día  12, esperando que otros compañeros continúen desarrollando sus propuestas, y otros más, también se integren al debate.

 

¿POR QUÉ DIEZ ENSAYOS? (Segunda y Tercera Parte)

 

(19 de agosto de 2026)

Por Miguel Aragón

 

A propósito de mi artículo Dos textos recomendados, difundido el día 13 de agosto en varios foros virtuales, en el cual hice alusión a los temas sustanciales propuestos por José Carlos Mariátegui en sus 10 Ensayos de interpretación de la realidad peruana, varios amigos me han consultado “¿Por qué 10 Ensayos?”, si la mayoría de los trabajadores peruanos solo conocemos el libro 7 Ensayos.

En estos momentos estoy participando en varios estudios y en varios debates simultáneamente. Ese es el motivo de mi demora en responder. En este momento, intentaré hacerlo brevemente y por partes, con cargo a más adelante, ampliar y fundamentar mi respuesta.

 

SEGUNDA PARTE: INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD MUNDIAL

 

1.Cómo es ampliamente conocido, José Carlos Mariátegui regresó al país el 17 de marzo de 1923, con objetivos bien definidos. Textualmente, sus palabras fueron: “Mariátegui regresa en este tiempo de Europa con el propósito de trabajar por la organización de un partido de clase” (Ideología y Política, pp.100)

2.Tres meses después de su retorno, a partir del viernes 15 de junio de 1923, Mariátegui inició la exposición de un amplio ciclo de conferencias en la Universidad Popular Gonzáles Prada. Ese primer día, expuso una conferencia de presentación (tema que no estaba incluido en su programa de conferencias). Después de más de 10 meses, explicando principalmente la situación europea, el 1° de mayo de 1924 se clausuró el ciclo de conferencias. Ese día, Mariátegui no pudo asistir personalmente, estaba internado en la clínica, pero si alcanzó a enviar por escrito el tema a exponer, titulado El 1° de mayo y el frente único.

Los textos de la mayor parte de las conferencias, posteriormente han sido agrupados, y publicados el año 1959 por la familia Mariátegui Chiappe, en el libro Historia de la Crisis Mundial (Tomo 08 de la COC-JCM). Después de esa noble y muy abnegada labor de la Empresa Editora Amauta, a otras generaciones de investigadores nos corresponde publicar una edición más completa de ese valioso libro.

3.Paralelamente, a partir del 08 de setiembre de 1923, Mariátegui comenzó a escribir y publicar artículos semanales sobre Figuras y Aspectos de la Vida Mundial en la revista Variedades. Dos años después, una parte de esos artículos   serían agrupados por el autor en siete capítulos formando el libro La Escena Contemporánea (libro publicado el 25 de noviembre de 1925), otra parte de esos artículos sobre la realidad mundial, Mariátegui los agruparía para formar el libro El Alma Matinal y otras estaciones del hombre de hoy.

En ambos libros, así como en otros libros escritos posteriormente, el contenido fundamental fue interpretar la realidad mundial. Para Mariátegui, el movimiento socialista fundamentalmente era un movimiento internacionalista.

4.Como es conocido, entre fines de abril   y comienzos de setiembre de 1924, Mariátegui enfermó gravemente, temporalmente fue internado en una clínica amputándole una pierna, al regresar a su vivienda   se mantuvo en reposo obligado hasta la tercera semana de setiembre de 1924. Fueron cinco meses de larga y profunda meditación y planificación de la continuación y ampliación de su trabajo, como él dijo su vida era como una flecha, que debía llegar a su destino (Testimonio de Armando Bazán).

El viernes 20 de setiembre de 1924 reanudo sus colaboraciones semanales con Variedades, continuando con su serie de artículos sobre Figuras y Aspectos de la Vida Mundial, a la semana siguiente, el día jueves 26 de setiembre, comenzó un nuevo trabajo, escribir artículos semanales para la revista Mundial. El tema principal de sus colaboraciones, en esta segunda revista, fue sobre la realidad peruana, entendida como una parte de la realidad mundial.

A partir de aquí, de las meditaciones en su lecho de convaleciente,  hay que comenzar a buscar el rastro dejado por Mariátegui, sobre sus Diez Ensayos. Para esta búsqueda, nuestro principal material de trabajo será el libro Correspondencia de Mariátegui, libro publicado por la Empresa Editora Amauta en diciembre de 1984 (Si anteriormente a esa fecha, numerosos y destacados estudiosos de la vida y obra de Mariátegui, no hicieron mención a los diez ensayos, fue simplemente por desconocimiento de su voluminosa correspondencia). 

 

TERCERA PARTE: INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD PERUANA

 

5.Ya repuesto de su mal de salud, el 18 de noviembre de 1924, en carta a su amigo Ricardo Vegas García, Mariátegui le informó “Pienso escribir un libro de crítica social y política sobre el Perú. Necesito, con este motivo, apertrecharme con material histórico (…) Le agradeceré cualquier libro que a su juicio pueda serme útil¨ (ver Correspondencia tomo I, pp.63)

6.Pocos meses después, en respuesta al reportaje concedido a Ricardo Vegas García, que fue publicado en Variedades el día 06 de junio de 1925, Mariátegui respondiendo a la pregunta “¿Qué prepara usted?”, informó sobre los planes que tenía en mente y que ya había comenzado a desarrollar, incluyendo lo siguiente “reviso y perfecciono el plan de un libro sobre el Perú que me propongo escribir muy pronto”.

7.Para el desarrollo de ese libro sobre el Perú, Mariátegui, desde un comienzo, personalmente solicitó la colaboración de otros trabajadores intelectuales, y públicamente, hizo dos llamados a la colaboración.  El 10 de julio de 1925 publicó en Mundial el artículo Hacia el Estudio de los problemas peruanos, a la semana siguiente, el 17 de julio Nacionalismo realista: Un programa de estudios sociales y económicos (en Peruanicemos el Perú, pp. 50 y pp.54).  Acatando esos llamados, el conocido rincón rojo de la Casa de Mariátegui, se convirtió en una colmena donde acudían decenas de trabajadores a contribuir con sus aportes intelectuales al libro colectivo que Mariátegui estaba produciendo. Mariátegui escuchó y acogió todas las colaboraciones, expresadas en informes verbales o escritos.  Él escuchaba a todos, y les hacía más y más preguntas (“les tiraba la lengua”) como le recordó su gran amiga, Blanca Luz Brum, en carta a Mariátegui del 1° de febrero de 1928. En tono muy amical y festivo, le escribió “Me gusta chismearle un poco para entretenerlo como en las lindas tardes que caía por su casa y usted muy pícaro y muy astuto me tiraba la lengua” (Correspondencia, Tomo II, pp.347)  

Todavía, hay críticos individualistas, que muy arrogantes repiten “Mariátegui no conoció el Perú”, con la intención de sembrar dudas sobre la validez de las conclusiones teóricas del libro. Es muy cierto, Mariátegui no recorrió ni conoció “con sus propios ojos” todo el inmenso territorio peruano, pero si lo conoció con los ojos y los oídos de decenas de colaboradores que acudían diariamente al rincón rojo, aparte claro está, del estudio de los libros de otros autores. 

8.Secuencia de la producción de los primeros ensayos sobre el Perú. En Mundial,    el 8 de octubre de 1925,  comenzó a publicarse los primeros artículos del ensayo Regionalismo y Centralismo; el 15 de enero de 1926, el primer artículo de Esquema de la Evolución Económica; el 12 de marzo de 1926 el primer artículo del  Proceso de la Literatura (el más extenso de los 7 ensayos) ; el 10 de setiembre de 1926,  el primer artículo de  El Proceso de la Instrucción Pública; el 18 de marzo de 1927 el primer artículo de El Problema de la Tierra; el 09 de diciembre de 1927 , el primer artículo de El Factor Religioso.

9.Paralelamente a esa doble producción teórica, en Variedades y en Mundial, Mariátegui inició otro frente de lucha. A fines de setiembre de 1926, se publicó el primer número de la revista Amauta. Varios de los amigos que visitaban a Mariátegui, o que desde otras ciudades de Perú y del extranjero, mantenían correspondencia con él, pasaron a ser colaboradores de la revista mensual, contribuyeron con artículos de crítica económica, social, política, cultural, con cuentos, poemas, dibujos y pinturas. Tanto el libro en preparación, así como la revista, fueron resultado de la “acción conjunta”, de la colaboración amplia. No fueron trabajo individual, y menos individualista. 

El 27 de noviembre de 1926 el intelectual puneño Gamaliel Churata le escribió a Mariátegui “No tiene usted que agradecerme por la colaboración que presto a “Amauta” y “Minerva”. Cuando los hombres se reúnen con fines humanos, la colaboración es obligatoria y entonces el agradecimiento sobra”. (Correspondencia, Tomo I, pp.193)

El 14 de enero de 1927, Mariátegui le escribió a Mario Nerval (residente en Oruro) “le ruego perdonarme el retardo con que le escribo. Mi excesivo trabajo, agravado por una salud inestable, me impide casi completamente atender a mi correspondencia que, con motivo de la aparición de “Amauta”, se ha hecho excepcional (…) Sus cartas completan nuestro conocimiento. Espero y reclamo ahora su colaboración en las páginas de “Amauta”. Nuestra revista debe representar el pensamiento de todos los intelectuales que asumen análogo actitud renovadora” (Correspondencia, Tomo I, pp.221).

10.El 07 de junio de 1927, el gobierno autoritario de Augusto Leguía, denunció un supuesto complot comunista, desató una cacería contra varias decenas de trabajadores manuales y trabajadores intelectuales, incluido Mariátegui, quien fue recluido en prisión, y se impuso el cierre de la revista Amauta. No obstante, la descomunal represión, Mariátegui continuó escribiendo sus artículos semanales en las otras revistas en las cuales colaboraba, Variedades y Mundial.  El plan de producción de artículos para el libro de ensayos sobre el Perú también continúo indetenible. Antes de la represión de junio, Mariátegui aprovechando oportunistamente los resquicios de la libertad burguesa, ya había culminado la redacción y publicación de cinco ensayos, que eran el 50% de su ambicioso plan de ensayos sobre el Perú. 

11.Con Amauta cerrada por imposición gubernamental, Mariátegui continúo utilizando la tribuna de las dos revistas feudal burguesas que acogían sus colaboraciones semanales. El 15 de octubre de 1927, en carta a Enrique Bustamante y Ballivián, quien temporalmente se encontraba en Montevideo, Mariátegui le escribió “Mi salud ha mejorado bastante y espero que la buena estación me permita una actividad apreciable. Publicaré dos libros: Diez Ensayos de interpretación de la realidad peruana y Polémica Revolucionaria* (Correspondencia, Tomo I, pp. 308). 

Los estudiosos de Mariátegui, recién conocimos esta declaración de Mariátegui, a partir de diciembre de 1984, fecha en que  se publicó el monumental libro Correspondencia de Mariátegui. Esta es la primera, y a la vez, la única referencia escrita dejada por Mariátegui, de su ambicioso plan, de escribir Diez Ensayos de interpretación de la realidad peruana.

Desde octubre de 1925, fecha en que publicó parte de los materiales de un primer ensayo, hasta diciembre de 1927 en que comienza a publicar un sexto ensayo, habían transcurrido más de dos años de tenaz trabajo de producción disciplinada según plan en la revista Mundial. En ese mismo lapso, paralelamente en la revista Variedades, había continuado escribiendo su extenso libro El Alma Matinal (el libro más extenso de sus siete libros), y ya había comenzado a escribir la primera parte del libro Polémica Revolucionaria. También, se había dado tiempo, para dirigir y publicar los diez primeros números de la revista Amauta, había soportado estoicamente la represión gubernamental, colaborado directamente en la reorientación del movimiento obrero tratando de superar la herencia de su larga tradición libertaria, y avanzado en el proceso de deslinde con la tendencia nacionalista dentro del frente unido en desarrollo.

12.Tal como hemos anotado en el punto 08 de esta breve y apretada secuencia, el día 09 de diciembre de 1927, Mariátegui publicó el primer artículo de El Factor Religioso, con lo cual ya sumaban seis los ensayos producidos y publicados por partes en Mundial. Hasta fines de diciembre de 1927, solo le faltaba publicar el breve ensayo El Problema del Indio, el cual ya lo tenía escrito. En el cuarto trimestre del año 1927, Mariátegui recibió la comunicación gubernamental que levantaba la ilegal censura de la revista Amauta. En diciembre de 1927 se publicó el número 10. El trabajo de reorganización de la revista ya estaba en marcha, comenzaba la segunda de cuatro etapas.

Iniciando el siguiente año, el día 10 de enero de 1928, Mariátegui le escribió a Samuel Glusberg (residente en Argentina) informándole: “Le remito con “Amauta”, dos ejemplares de “Tempestad en los Andes”, último libro de Minerva y primero de la Biblioteca “Amauta”, en la cual publicare en seguida una selección de la obra completa de nuestro gran poeta José M.  Eguren y un libro mío 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana. 

Podemos concluir, que entre fines de diciembre de 1927 y comienzos de 1928, Mariátegui evaluó la situación del país, la situación del movimiento clasista en Perú, y sus propias posibilidades de continuar escribiendo el libro sobre el Perú. Después de esa necesaria evaluación, decidió desdoblar su plan origina de 10 ensayos, en dos libros. Primero el mundialmente conocido 7 ensayos, y segundo, el hasta ahora poco conocido, 3 ensayos.

En esa misma carta, Mariátegui informó “publicaré en seguida el libro de Eguren y el mío”. Lo cual nos hace pensar que para enero de 1928, el libro 7 ensayos ya estaba terminado de escribir, (y parcialmente publicado por partes en más de un 90% en Mundial). Además, deducimos que la Advertencia, o presentación de los 7 ensayos, la escribió entre diciembre de 1927 y enero de 1928, La Advertencia está fechada brevemente Lima, 1928, sin indicar mes ni día, así ingresó a la imprenta en enero de 1928. La Advertencia recién se publicó en Mundial, el 26 de octubre de 1928, cuando el libro se estaba terminado de encuadernar (Guillermo Rouillon, Biobibliografía de Mariátegui, pp. 151). Lo ocurrido entre enero y el 6 de noviembre de 1928, fecha en que se publicó el libro 7 ensayos, fue otra tenaz odisea, la cual la comenté en un ensayo escrito hace más de veinte años.     

En esa Advertencia, Mariátegui informó: “Pensé incluir en este volumen un ensayo sobre la evolución política e ideológica del Perú. Más a medida que avanzo en él, siento la necesidad de darle desarrollo y autonomía en un libro aparte”. Posteriormente en otras cartas y artículos, Mariátegui nos dejó algunas otras referencias sobre ese libro “desaparecido”. 

 

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Habiendo adelantado hasta aquí, creo haber absuelto parcialmente, la inquietante pregunta de varios amigos, ¿Por qué Diez Ensayos? 

 

Como cuarta parte, escribiré lo poco que ya tengo avanzado sobre los otros tres ensayos. Esta breve respuesta ya ha resultado muy extensa.   Al comenzar estos apurados (pero no improvisados) apuntes, yo tenía esbozada una breve introducción sobre la ubicación y antecedentes del trabajo teórico y político de Mariátegui. La revisión de esta primera parte me demandará más tiempo, lo dejaré para más adelante. Solo adelantaré, que sin ubicar históricamente la producción de Mariátegui, no se entiende el conjunto de su heroica  producción, y el objetivo central de cada uno de sus siete libros.

lunes, 20 de julio de 2026

MARIÁTEGUI: HETERODOXIA DE LA TRADICIÓN

 


Hernán Ouviña

Ni sistema cerrado ni obra orgánica: el marxismo de José Carlos Mariátegui fue, ante todo, un pensamiento fragmentario y en movimiento, que hizo de lo inconcluso una posición teórica. Hoy resulta clave pensar la relación de su obra con el arte, la utopía y la imaginación revolucionaria.

Heterodoxia de la tradición y otros escritos es una nueva compilación de la vasta obra del marxista peruano José Carlos Mariátegui, publicada recientemente por Batalla de Ideas. La selección y el estudio introductorio, del que a continuación compartimos un fragmento, están a cargo Hernán Ouviña.

José Carlos desdeña tanto la subordinación del arte a los lineamientos y directrices de tal o cual dogma político, como la pura especulación artística que hace del esteticismo un fin en sí mismo. Ni realismo socialista ni torre de marfil, podría ser su consigna. De ahí su enorme admiración por el surrealismo («suprarrealistas» según el lenguaje de la época), para quien el vínculo entre arte y política debía ser de unidad en la diferencia, vale decir, de especificidad de campos y esferas que se articulan en favor de un radical reencantamiento del mundo, aunque desde la «autonomía relativa», la tensión-complementariedad y el magnetismo, sin disociación absoluta ni desencuentro pleno entre ellos. Tal como Mariátegui reconoce en uno de los tantos artículos en los que reivindica a esta corriente vanguardista: «Autonomía del arte sí, pero no clausura del arte. Nada les es más extraño que la fórmula del arte por el arte».

En efecto, si bien las y los artistas jamás pueden sustraerse a la gravitación política —ya que, de acuerdo a Mariátegui, ningún gran artista es «apolítico» ni extraño a las emociones de su época, salvo que ostente una «sensibilidad mediocre»—, ello no implica hacer del arte un mero reflejo de la realidad, pura descripción pasiva o supeditación a lo que nos sugiere e impone como estrecho campo de lo posible. Se trata, ante todo, de ser rabiosamente imaginativos sin dejar de tener los pies en la tierra, de asumir como combustibles vitales al sueño, la fantasía, la sensibilidad extrema y el deseo más inverosímil, para recrear y revolucionar de raíz la propia realidad que habitamos y ansiamos transformar. En suma: de ser realistas y exigir lo imposible.

La vida misma configura un laboratorio «iconoclasta» para el Amauta, ya que requiere de búsquedas e indagaciones, esto es, de una apuesta, experimentación y apertura constante. Contra el pesimismo de la realidad, Mariátegui agita el optimismo de la imaginación. «No creemos que el mundo deba ser fatal y eternamente como es. Creemos que puede y debe ser mejor», arenga una y otra vez. El suyo es, por tanto, un marxismo utópico y esperanzado, que busca «insurgir contra la realidad limitada». De ahí que la verdadera actitud revolucionaria sea más optimista que pesimista: «Es pesimista en su protesta y en su condena del presente; pero es optimista en cuanto a su esperanza en el futuro». No obstante, dista de emparentarse con un optimismo ingenuo, de aquellos que «piensan que vivimos en el mejor de los mundos posibles». Ese sería, aunque pueda resultar paradójico, un optimismo conservador, carente de imaginación. La imaginación es así prefiguración y conciencia anticipatoria.

Por cierto, la militancia es para Mariátegui una apuesta estético-política que no puede acotarse a la crítica de todo lo existente, sino que debe a la vez crear, soñar, experimentar lo nuevo y vivenciarlo; no como un futuro lejano y remoto, sino haciéndose carne, uña y espíritu aquí y ahora. Si el capitalismo, el patriarcado y la colonialidad pretenden constreñir nuestra capacidad imaginativa, clausurar nuestro futuro, concebirlo como mera prolongación en el tiempo de este presente injusto y desigual, Mariátegui pone el foco en las «realidades potenciales», ya que, según sus propias palabras, «quien no puede imaginar el futuro tampoco puede imaginar el pasado». Esto le permite, por ejemplo, imaginar a Simón Bolívar como futurista, dislocando el tiempo en su linealidad histórica a tal punto que el libertador deviene un soñador emparentado con aquella corriente italiana y rusa del siglo XX. Albert Einstein y el arte subversivo se mixturan para romper con la concatenación plana de lo anterior y lo posterior.

En lo que refiere al pensamiento filosófico y político, Mariátegui supo además tomar distancia de los dos flagelos —o tendencias opuestas, pero paradójicamente coincidentes— que, al decir de Michael Löwy, desde un comienzo signaron el derrotero de las corrientes intelectuales en nuestro continente: por un lado, el exotismo, que absolutizaba la especificidad de América Latina (su cultura, su historia, su estructura social, etcétera.), acabando por enjuiciar al propio marxismo como doctrina exclusivamente europea. Por el otro, el europeísmo, que tendía a trasladar mecánicamente —y sobre la base de una concepción unilineal de la historia— a esta realidad las categorías y modelos de desarrollo económico y social occidentales en su «evolución» histórica, intentando encontrar de cada aspecto de la realidad europea su equivalente en América Latina.

Con un obsesivo afán por escamotear estas lógicas, quizás la mayor obra en este sentido haya sido Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, publicada a fines de 1928 y considerado uno de los textos pioneros en la construcción de un marxismo enraizado y creativo en Nuestra América. En sus páginas iniciales aclara que «ninguno de estos ensayos está acabado: no lo estarán mientras yo viva y piense y tenga algo que añadir a lo por mí escrito, vivido y pensado». Este carácter provisional e inconcluso del marxismo, donde pensamiento y vida según él «constituyen una sola cosa, un único proceso», permite entender por qué su abultada producción, compuesta por una infinidad de artículos, notas, epístolas, reseñas y borradores de lo más variados, nunca llegó a traducirse en libros «orgánicos».

El suyo es ante todo un pensamiento fragmentario, y más que con algo consumado, nos encontramos frente a hipótesis momentáneas, senderos que se bifurcan, imágenes fulgurantes, reflexiones relampagueantes, balbuceos a tientas, caminos posibles, huellas dispersas en el barro de la historia, hierbas aplastadas o tallos quebrados que —al igual que en el caso de los cazadores del paleolítico, para usar un feliz paralelismo de Carlo Ginzburg— nos brindan luminosas pistas e inusitados indicios. Octavio Paz solía decir que el fragmento es la forma que mejor refleja esta realidad en movimiento que vivimos y que somos: «Las grandes obras de nuestro tiempo —afirma— no son bloques compactos sino totalidades de fragmentos, construcciones siempre en movimiento por la misma ley de oposición complementaria que rige a las partículas en la física y en la lingüística».

Por eso el punto de partida para leer a Mariátegui reside en asumir el carácter inconcluso no solamente de su «obra», sino sobre todo de su propia escritura. El Amauta siempre se negó a concebir sus textos como clausuras. Más bien los pensó como intervenciones abiertas e inacabadas. Esta ausencia de un corpus estructurado y plenamente coherente sabotea la tentación constante de pretender conformar un sistema de pensamiento cerrado y definitivo. Acaso este rasgo herético sea uno de los factores que haya hecho de él una especie de «hecho maldito» del marxismo latinoamericano.

Fuente: https://jacobinlat.com/2026/07/mariategui-heterodoxia-de-la-tradicion/

viernes, 26 de junio de 2026

LAS CONTRADICCIONES EN EL CAMPO DEMOCRÁTICO

 

El centenario a 833 días

En las filas del pueblo las fuerzas democráticas están divididas por caudillos que buscan formar parte de la burocracia estatal. Estos inscriben seudo organizaciones con el único objetivo de participar en las justas electorales. Algunos de estos caudillos son encandilados por la farsa electoral, por el cuento que se puede ser gobierno si se gana las elecciones. Lamentablemente para estos señores las esperanzas de sus seguidores se van desvaneciendo por la terca constatación que los candidatos democráticos si ganan las elecciones, simplemente no los dejan gobernar o los sacan del juego haciendo uso de una serie de triquiñuelas orquestadas desde los poderes establecidos, como se constata en estas elecciones 2026.  

El rol de los intelectuales democráticos en estas circunstancias, de un engaño generalizado de la población con el mito de elecciones “democráticas”, es esclarecer como es que las clases dominantes logran engañar a millones de peruanos de la farsa de la “democracia representativa”. Lo primero que se tiene que precisar que la arquitectura del sistema electoral no ha sido elaborada por las organizaciones del pueblo. En ese proceso de esclarecimiento surgen contradicciones en las filas democráticas que deben ser tratadas como contradicciones en el seno del pueblo: poniendo el acento en la persuasión a través de argumentos.

Hace casi 100 años Mariátegui observaba lo contraproducente que es la dureza de la critica al interior de las filas democráticas. No se puede cambiar la mente a fuerza de golpes.

En enero de 1929, José Carlos Mariátegui expone el caso de Julio A. Mella que había caído asesinado en México[1]. Explica que “Mella era uno de los verdaderos revolucionarios salidos de las filas de la Reforma Universitaria, de esa variada y extensa gama de renovadores de toda especie, que no han sabido en su mayor parte superar un confuso estado de ánimo pre-revolucionario.” Julio Antonio Mella había tomado posición franca y decidida por la revolución y, por lo mismo, concluye el Amauta: “reaccionó quizá con exceso contra los que no se decidían a seguir, sin reservas, la misma vía”. Mariátegui desaprueba la violencia verbal y la estridencia lírica; es más, la percibe contraproducente o perjudicial en las relaciones políticas con los más cercanos en la lucha social. La bravata del “veredicto final”, no produce la enmienda esperada y, por lo contrario, es perniciosa porque vuelve más testarudos a aquéllos que no se allanan a seguir, sin reservas, la misma vía. Un ejemplo más es suficiente de la cantilena: 

“Quienes no comprenden este trabajo previo, o quienes lo desprecian y rechazan sin presentar su propia labor, se automarginan solos con su eterno «de qué se trata para oponerme» o con el lastre feudal del «no hay peor enemigo que el del oficio», expresiones de la mediocridad del medio”. 

El “argumento” intenta, a punta de “san martincitos”, hacer entrar en razón a los “despistados” o confundidos. Si la mediocridad es el pasivo del medio social en que actuamos; el activo es la impotencia del hombre narigudo de ingenio agudo, incapaz de persuadir a los desorientados. Y es que cambiar la mente es un proceso que tiene con frecuencia un efecto contrario. Tiende a reforzar una opinión que existía previamente o, mejor dicho, activa la coraza que lo protege de agentes ideológicos extraños a su formación. El hombre subjetivamente está anclado al pasado; pero, objetivamente la fuerza de los hechos lo impulsa al cambio y sin embargo se resiste a éste.

Asimismo, el reclamo de nuestro amigo y camarada: “En su oportunidad se presentaron algunas sugerencias aisladas, en especial en el foro virtual Bicentenario (incluso el nombre era alusivo a la fecha), pero la respuesta fue la conocida y vergonzosa conspiración del silencio, la corrosiva indiferencia”. Lo primero que habría que dilucidar es si realmente hubo un complot contra sus iniciativas o como el mismo dice: “Detrás de esa indiferencia nuestra, estaba el nacionalismo solapado, la equivoca opinión que la guerra de la independencia de 1824, había sido una falsa independencia, por lo cual no merecía ser recordada.” Y si fue esto último, la razón de la inacción no sería más bien la nula o escasa sustentación de la importancia del uso político de esas oportunidades.

Es preciso aclarar que lo que para uno es prioridad para otros puede no serlo. Tal vez nuestro camarada Miguel no argumento lo suficiente sobre la importancia del uso político de dichas fechas con la debida antelación. Es preciso recordar que en la mayoría de las personas el pasado (muerte) pesa mucho más en el subconsciente que el futuro (vida).

El instinto de vida pertenece al presente-futuro. El “instinto de muerte” es parte del pasado-presente. Pero, el futuro siempre se impone al pasado.

 El hombre común absorbido por el sistema neocolonial (neoliberal) siempre se resiste al cambio. El cholo que cholea al cholo. Este asume, pese a sus rasgos fisiológicos y genes andinos, las tradiciones conservadoras que Mariátegui desnuda en el artículo que reproducimos más abajo. 

26 junio 2026

EBM

 

 

NACIONALISMO Y VANGUARDISMO[2] 

EN LA IDEOLOGIA POLITICA

 I

 Es posible que a algunos recalcitrantes conservadores de incontestable buena fe los haga sonreír la aserción de que lo más peruano, lo más nacional del Perú contempo­ráneo es el sentimiento de la nueva generación. Esta es, sin embargo, una de las ver­dades más fáciles de demostrar. Que el conservantismo no pueda ni sepa entenderla es una cosa que se explica perfectamente. Pero que no disminuye ni oscurece su evidencia.

Para conocer cómo siente y cómo pien­sa la nueva generación, una crítica leal y se­ria empezará sin duda por averiguar cuá­les son sus reivindicaciones. Le tocará cons­tatar, por consiguiente, que la reivindicación capital de nuestro vanguardismo es la rei­vindicación del indio. Este hecho no tolera mistificaciones ni consiente equívocos.

Traducido a un lenguaje inteligible pa­ra todos, inclusive para los conservadores, el problema indígena se presenta como el problema de cuatro millones de peruanos. Expuesto en términos nacionalistas, -insospechables y ortodoxos- se presenta co­mo el problema de la asimilación a la nacionalidad peruana de las cuatro quintas partes de la población del Perú.

¿Cómo negar la peruanidad de un idea­rio y de un programa que proclama con tan vehemente ardimiento, su anhelo y su vo­luntad de resolver este problema? 

 

II

Los discípulos del nacionalismo monarquista de "L'Action Française" adoptan, probablemente la fórmula de Maurras: "Todo lo nacional es nuestro". Pero su conser­vantismo se guarda mucho de definir lo nacional, lo peruano. Teórica y prácticamen­te, el conservador criollo se comporta como un heredero de la colonia y como un des­cendiente de la conquista. Lo nacional, pa­ra todos nuestros pasadistas, comienza en lo colonial. Lo indígena es en su sentimiento, aunque no lo sea en su tesis, lo pre-nacional. El conservantismo no puede concebir ni admitir sino una peruanidad: la formada en los moldes de España y Roma. Este senti­miento de la peruanidad tiene graves consecuencias para la teoría y la práctica del propio nacionalismo que inspira y engen­dra. La primera consiste en que limita a cua­tro siglos la historia de la patria peruana. Y cuatro siglos de tradición tienen que parecerle muy poca cosa a cualquier naciona­lismo, aun al más modesto e iluso. Ningún nacionalismo sólido aparece en nuestro tiempo como una elaboración de sólo cua­tro siglos de historia.

Para sentir a sus espaldas una antigüedad más respetable e ilustre, el nacionalis­mo reaccionario recurre invariablemente al artificio de anexarse no sólo todo el pasado y toda la gloria de España sino también todo el pasado y la gloria de la latinidad. Las raíces de la nacionalidad resultan ser hispánicas y latinas. El Perú, como se lo repre­senta esta gente, no desciende del Inkario autóctono; desciende del imperio extranje­ro que le impuso hace cuatro siglos su ley, su confesión y su idioma.

Maurice Barrés en una frase que vale sin duda como artículo de fe para nuestros reaccionarios, decía que la patria son la tie­rra y los muertos. Ningún nacionalismo pue­de prescindir de la tierra. Este es el drama del que, en el Perú, además de acogerse a una ideología importada, representa el espíritu y los intereses de la conquista y la colonia. 

 

III

En oposición a este espíritu, la vanguar­dia propugna la reconstrucción peruana so­bre la base del indio. La nueva generación reivindica nuestro verdadero pasado, nues­tra verdadera historia. El pasadismo se con­tenta, entre nosotros con los frágiles recuer­dos galantes del virreinato. El vanguardis­mo, en tanto, busca para su obra materiales más genuinamente peruanos, más remotamente antiguos.

Y su indigenismo no es una especula­ción literaria ni un pasatiempo romántico. No es un indigenismo que, como muchos otros, se resuelve y agota en una inocua apo­logía del Imperio de los Incas y de sus faustos. Los indigenistas revolucionarios, en lu­gar de un platónico amor al pasado incaico, manifiestan una activa y concreta solidari­dad con el indio de hoy.

Este indigenismo no sueña con utópi­cas restauraciones. Siente el pasado como una raíz, pero no como un programa. Su concepción de la historia y de sus fenóme­nos es realista y moderna. No ignora ni olvida ninguno de los hechos históricos que, en estos cuatro siglos, han modificado, con la realidad del Perú, la realidad del mundo. 

 

IV

Cuando se supone a la juventud sedu­cida por mirajes extranjeros y por doctrinas exóticas, se parte, seguramente, de una interpretación superficial de las relaciones entre nacionalismo y socialismo. El socialismo no es, en ningún país del mundo, un movimiento antinacional. Puede parecerlo, tal vez, en los imperios. En Inglaterra, en Francia, en Estados Unidos, etc., los revolucionarios denuncian y combaten el impe­rialismo de sus propios gobiernos. Pero la función de la idea socialista cambia en los pueblos política o económicamente coloniales. En esos pueblos, el socialismo adquiere, por la fuerza de las circunstancias, sin renegar absolutamente ninguno de sus principios, una actitud nacionalista. Quienes si­gan el proceso de las agitaciones nacionalis­tas riffeña, egipcia, china, hindú, etc., se explicarán sin dificultad este aspecto, totalmente lógico, de la praxis revolucionaria. Observarán, desde el primer momento, el carácter esencialmente popular de tales agi­taciones. El imperialismo y el capitalismo de Occidente encuentran siempre una resis­tencia mínima, si no una sumisión comple­ta, en las clases conservadoras, en las castas dominantes de los pueblos coloniales. Las reivindicaciones de independencia nacional reciben su impulso y su energía de la masa popular. En Turquía, donde se ha operado en los últimos años el más vigoroso y afor­tunado movimiento nacionalista, se ha po­dido estudiar exacta y cabalmente este fe­nómeno. Turquía ha renacido como nación por mérito y obra de su gente revoluciona­ria, no de su gente conservadora. El mismo impulso histórico que arrojó del Asia Menor a los griegos, infligiendo una derrota al imperialismo británico, echó de Constan­tinopla al Kalifa y a su corte.

Uno de los fenómenos más interesantes, uno de los movimientos más extensos de esta época es, precisamente, este nacionalismo revolucionario, este patriotismo revolucionario. La idea de la nación -lo ha dicho un internacionalista- es en ciertos períodos históricos la encarnación del espíritu de libertad. En el Occidente europeo, donde la vemos más envejecida, ha sido, en su origen y en su desarrollo, una idea revolucionaria. Ahora tiene este valor en todos los pueblos, que, explotados por algún impe­rialismo extranjero, luchan por su libertad nacional.

En el Perú los que representan e inter­pretan la peruanidad son quienes, concibiéndola como una afirmación y no como una negación, trabajan por dar de nuevo una patria a los que, conquistados y sometidos por los españoles, la perdieron hace cuatro siglos y no la han recuperado todavía.

 

José Carlos Mariátegui

 



[1] JCM, Revista Amauta Nº 20, Enero 1929, Necrología, Julio Antonio Mella

[2] Publicado inicialmente en dos partes ("Nacionalismo y Van­guardismo", Mundial, Lima, 27 de noviembre de 1925. y "Nacionalismo y vanguardismo en la literatura y en el arte", Mundial, Lima, 4 de diciembre de 1925), fue fusionado por el autor, en el original que conservamos, en la forma en que se presenta en esta compilación (N. de los E.). Tomo 11 de obras completas de José Carlos Mariátegui, primera edición 1970, pp. 72 - 76

martes, 3 de marzo de 2026

LOS SIETE LIBROS DE JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI



 

(16 de octubre de 2025)

Por Miguel Aragón

Sumilla sintética (*).-

 

1.0.         *CONDICIONES HISTÓRICAS EN QUE SE DESARROLLÓ  LA OBRA DE MARIÁTEGUI*

 

1.1  *En el Mundo*: Formación del capitalismo monopolista, rentista y en descomposición,  en los países más desarrollados.  

1.2 Gran guerra europea entre las grandes potencias capitalistas, por un nuevo reparto del mundo (1914-1918)

1.3 Gran Revolución Rusa (7 de noviembre de 1917). Inicio de la construcción del socialismo, y de la formación  de una nueva época histórica en la humanidad. 

1.4 *En el Perú*: Largo periodo de crecimiento capitalista (1895-1929); desplazamiento del viejo civilismo feudal por el nuevo civilismo burgués. Formación y desarrollo del movimiento proletario peruano.

 

2.0.- *ETAPAS DEL DESARROLLO INTELECTUAL Y POLÍTICO  DE  MARIÁTEGUI*

2.1 Etapa de preparación:  (1911-1917)

2.2 Etapa del Comité de Propaganda  Socialista: (1918-1927)

2.3 Etapa del Grupo Organizador del Partido Socialista  del Perú: (1928-1930)

 

3.0.- *LOS SIETE LIBROS DE MARIÁTEGUI*

A la edad de  23 años (en 1918) Mariátegui  “se orientó resueltamente al socialismo”; al publicar el libro *La Escena Contemporánea*  (1925) declaró “soy un hombre con una filiación y una fe”; y al publicar el libro *7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana* (1928) declaró “tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo  peruano”.

En el lapso de siete años, entre los años 1923 y 1930,  Mariátegui escribió *7 libros*, orientados  a cumplir su “declarada y enérgica ambición“.  En esos libros expuso los  conceptos teóricos, los  fines políticos, y sus propuestas de selección de los combatientes (revisar objetivos en el preámbulo del *Manifiesto Comunista* de 1848).

Los siete libros escritos por Mariátegui son  los siguientes:

 

3.1.- *La Escena Contemporánea*.-  A partir de setiembre de 1923 Mariátegui comenzó a escribir artículos semanales en la revista *Variedades*. La columna se titulaba *Figuras y Aspectos de la Vida Mundial*. Una parte de sus primeros  artículos los agrupó en siete  capítulos, con los cuales formó el libro *La Escena Contemporánea*. En ese  libro   interpretó *teóricamente la realidad mundial* de su tiempo, tanto en los aspectos económicos, sociales  como políticos. Inicialmente el esquema general del libro fue analizar la lucha que, en ese tiempo, se llevaba entre *revolución, reacción y reforma*.

El capítulo más   importante del libro es *Hechos e Ideas de la revolución rusa*. Dentro de ese capítulo, a su vez, el artículo más destacado  es el titulado *Lenin*.   Ese primer libro. lo terminó de escribir en setiembre de 1925, y fue publicado el 25 de noviembre de 1925, justamente hace 100 años.

 

3.2.- *El Alma Matinal y otras estaciones del hombre de hoy*.-  A partir de enero de 1924, paralelamente al anterior libro, y en la misma sección de la revista *Variedades* (Figuras y Aspectos de la Vida Mundial), Mariátegui comenzó a escribir otra serie de  artículos que formarían el libro *El Alma Matinal y otras estaciones del hombre de hoy*. En ese segundo libro, Mariátegui *interpretó teóricamente la evolución  de la mentalidad y del espíritu*  de los hombres de su generación (1920-1945).

Para el mes de noviembre de 1928, Mariátegui ya tenía casi culminado los capítulos de ese libro (ver Índice provisional en la contratapa del libro de la COC-JCM tomo 03). Mariátegui  no llegó a editar el libro.

 

3.3.- *7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana*.- A partir de setiembre de  1924, recién recuperado de su primera grave crisis de salud,  Mariátegui comenzó a escribir artículos semanales en la revista *Mundial*. En esa revista, la mayor parte de sus colaboraciones  aparecieron  en la sección *Peruanicemos al Perú*.  Con esos artículos comenzó a formar  los capítulos del libro que inicialmente tituló  *10 Ensayos de interpretación de la realidad peruana* (ver carta de JCM a   Enrique Bustamante, del 15 de octubre de 1927, en libro *Correspondencia*, Tomo I, pp.307).

A comienzos del año 1928 (ver carta de JCM a Samuel Glusberg del 10 de enero de 1928, en *Correspondencia*, Tomo II, pp.330), Mariátegui decidió desdoblar el libro  en dos partes, terminando  primero  el conocido libro *7 ensayos de interpretación de la realidad peruana*, el cual  lo publicó el 6 de noviembre de 1928.

En sus *7 Ensayos*, Mariátegui escribió  sobre *algunos  aspectos sustanciales de la realidad peruana*. Parta facilidades  del estudio, los 7 ensayos los podemos agrupar en tres aspectos: evolución económica y social en primer lugar;  evolución del estado y del factor  religioso en segundo lugar; y sobre la evolución de la instrucción pública y la  literatura en tercer lugar.  Hasta el presente, este libro continúa siendo el libro más importante en el Perú, y es *el punto de partida* obligado para posteriores estudios de nuestra realidad profunda.

 

3.4.- *Ideología y política en el Perú*.-  De los diez  ensayos previstos inicialmente,    Mariátegui agrupó los otros tres  en el libro *Ideología y Política en el Perú*. A diferencia de los anteriores libros, que fueron  de carácter teórico,  en este libro Mariátegui expuso sus *propuestas políticas* y sus Tesis de transformación de la realidad peruana. Este libro lo llegó a terminar de escribir,  pero no llegó a editarlo  como libro.

 

3.5.- *Polémica Revolucionaria*.- A partir de comienzos del año 1926,  como continuación del libro *La Escena Contemporánea*,  Mariátegui comenzó a escribir otro libro de *interpretación teórica* de la realidad mundial, libro que inicialmente  lo tituló Polémica Revolucionaria, y posteriormente lo tituló *Defensa del marxismo*. Este libro está formado por dos ensayos extensos, *Teoría y práctica de la reacción*, y *Teoría y práctica de la revolución*. El contenido  lo terminó de escribir a fines del año 1929, pero no logró editarlo como libro.  

 

3.6 *Invitación a la Vida  Heroica*.- este libro es continuación del libro *El Alma Matinal*, vendría a ser *la última estación del hombre de hoy*. En noviembre de 1928, Mariátegui anunció que lo estaba escribiendo. Al fallecer lo tenía avanzado, pero parecería  que *no  llegó a terminar de escribirlo*. En este libro, que lo comenzó a escribir cuando ya tenía culminada la interpretación de la realidad mundial, la interpretación de la realidad  peruana, así como la propuesta política de la revolución socialista en el Perú, Mariátegui incluyó varios artículos en los cuales estudió y propuso los fundamentos de *la preparación del combatiente*. 

 

3.7 *La Novela y la Vida*.- Por último, Mariátegui escribió una novela, cuyo tema estaba ambientado en la Europa posterior a la guerra, y las consecuencias traumáticas dejadas en muchos hombres.  En los meses  finales de su vida, Mariátegui expresó que tenía “el proyecto de una novela peruana” (ver carta de JCM a Samuel Glusberg, del 18 de febrero de 1930, en libro Correspondencia, Tomo II, pp.730). 

 

 

( * )  *Sumilla Sintética* de la exposición, en la Escuela de Historia de la Universidad Nacional de Trujillo.

 

Información.- Durante la segunda mitad del año 2025, en compañía con otros intelectuales, hemos estudiado y debatido  cada uno de los siete capítulos del libro *La Escena Contemporánea*. Ahora, nos proponemos un plan mas ambicioso, estudiar, comentar, debatir y desarrollar cada uno de los *7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana*, para colaborar con la conmemoración digna de su Centenario de publicación, en noviembre de 2028. De manera similar, paralelamente, aspiramos a colaborar con la conmemoración del centenario de los otros libros de Mariátegui. Abril de 2030 es nuestra meta.

domingo, 15 de febrero de 2026

MARIÁTEGUI Y EL AMOR EN EL SIGLO XXI

 


I

MARIÁTEGUI Y EL AMOR EN EL SIGLO XXI



Por: FPM editado


Una lectura desde la experiencia y la conciencia


I. Un pensador revolucionario adelantado a su tiempo


José Carlos Mariátegui no solo revolucionó la política peruana. Revolucionó la cultura, el periodismo, la crítica literaria, la política y la forma de pensar América Latina.

En apenas una década —los años veinte del siglo XX— creó revistas, organizó movimientos, escribió ensayos fundamentales y dejó una obra que aún incomoda, el partido.

Entre sus reflexiones menos citadas, pero profundamente modernas, está su visión sobre el amor y el matrimonio.

En 1924, en su ensayo “El matrimonio y el aviso económico”, analizó el amor no como sentimentalismo burgués, sino como fuerza histórica y social.

Y allí afirmó algo audaz para su época:

El amor es revolucionario.


II. El amor como energía, no como institución


Para Mariátegui, el matrimonio moderno intentaba racionalizar el amor: convertirlo en acuerdo práctico, en “buen affaire”, en estabilidad social.

Pero advertía que esa racionalización podía conducir a su ruina.

¿Por qué?

Porque el amor no es cálculo.

No es contrato administrativo.

No es previsión bancaria.

Es una energía vegetativa —como él la llamó— que brota, crece, se transforma y, a veces, se agota.

En 1924 esto era escandaloso. En el siglo XXI es evidente.


Hoy vivimos en una época donde:

• Las relaciones son más libres.

• El matrimonio ya no es destino obligatorio.

• Las parejas se forman y se disuelven con mayor naturalidad.

• El amor se redefine constantemente.

Mariátegui anticipó esa transición cultural.


III. El mito de las mitades


Mariátegui citó el viejo mito de que el hombre y la mujer son mitades de un ser perfecto que se buscan.

Pero introdujo una observación lúcida:


Las mitades se unen y se repelen.

Vuelven a unirse y vuelven a repelerse.

Es una descripción casi psicológica de lo que hoy llamamos dinámica relacional.

En el siglo XXI sabemos que:


• No existe “la media naranja” permanente.

• No hay armonía estática.

• La convivencia es proceso, no estado final.


Mariátegui no destruye el mito. Lo humaniza.


IV. Amor y libertad


Uno de los grandes aportes mariateguianos es comprender que el amor auténtico exige libertad.

No puede imponerse por presión social.

No puede mantenerse por miedo.

No puede convertirse en cárcel moral.

En esto fue radicalmente moderno.

En América Latina de los años veinte, donde el matrimonio era sacramento indisoluble y estructura patriarcal rígida, afirmar que el amor es revolucionario era cuestionar el orden social entero.

Hoy, en el siglo XXI, cuando la autonomía personal es valor central, su pensamiento resulta sorprendentemente vigente.


V. El amor como fenómeno histórico


Mariátegui no veía el amor como abstracción romántica. Lo veía como fenómeno histórico.

El amor cambia con la economía.

Con la cultura.

Con la estructura social.

Con la conciencia individual.

Por eso el amor del siglo XXI no es el mismo del siglo XIX.

Hoy:


• Las mujeres tienen autonomía económica.

• La identidad individual pesa más que la tradición.

• La longevidad humana ha aumentado.

• Las personas viven varias etapas afectivas en una sola vida.

Desde esta perspectiva, la idea de amor eterno como única forma legítima se vuelve problemática.

Y Mariátegui lo intuyó un siglo atrás.


VI. La vigencia en nuestra experiencia


Fernando, tú has vivido distintas formas de amor:


• Amor formativo.

• Amor conyugal.

• Amor profundo y doloroso.

• Amor de renacimiento.

• Amor platónico.

• Amor que se transforma en amistad.

Esa multiplicidad no contradice el pensamiento mariateguiano. Lo confirma.

El amor no es único ni uniforme.

Es experiencia histórica personal.

En el siglo XXI, amar varias veces no es frivolidad; es consecuencia de una vida más larga, más consciente y más compleja.


VII. Revolución íntima


Si Mariátegui hablaba de revolución política y cultural, el amor es su revolución íntima.

Revoluciona porque:


• Desestabiliza rutinas.

• Cuestiona estructuras.

• Modifica identidades.

• Rompe moldes generacionales.

• Confronta prejuicios.

Amar fuera de expectativas sociales —por edad, por contexto, por forma— sigue siendo acto revolucionario.


VIII. Conclusión


Mariátegui se adelantó a su tiempo porque entendió que el amor no podía reducirse a moral estática ni a cálculo económico.

En el siglo XXI, donde las relaciones son fluidas y la libertad individual es principio rector, su reflexión cobra nueva vida.

El amor no es eterno por decreto. Es verdadero mientras es libre.

Y quizá la enseñanza más profunda es esta:

No se trata de prometer perpetuidad, sino de vivir cada vínculo con conciencia, respeto y autenticidad.

En eso, el pensamiento de Mariátegui no envejeció. Sigue siendo contemporáneo y vigente.

 

II

LA VIDA QUE ME DISTE1

 

RENACI en tu carne cuatrocentista como la de la Primavera de Botticelli. Te elegí entre todas, porque te sentí la más diversa y la más distante. Estabas en mi destino. Eras el designio de Dios. Como un batel corsario, sin saberlo, buscaba para anclar la rada más serena. Yo era el principio de muerte; tú eres el principio de vida. Tuve el presentimiento de ti en la pintura ingenua del cuatrocientos. Empecé a amarte antes de conocerte, en un cuadro primitivo. Tu salud y tu gracia antiguas esperaban mi tristeza de suda­mericano pálido y cenceño. Tus rurales colores de doncella de Siena fueron mi primera fiesta. Y tu posesión tónica, bajo el cielo latino, enredó en mi alma una serpentina de alegría.

Por ti, mi ensangrentado camino tiene tres auroras.2 Y ahora que estás un po­co marchita, un poco pálida, sin tus anti­guos colores de Madonna toscana, siento que la vida que te falta es la vida que me diste.

JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI.

 


NOTAS:

1 Publicado en Poliedro, Lima, 20 de Setiem­bre de 1926. Dedicado a su esposa, Anita Chiap­pe, cautela de su vida breve, fuente inspirado­ra en su salud y su destino, devota abnegación en su enfermedad. Ahora, llama viva y concien­cia presente de José Carlos Mariátegui, voluntad indeclinable en la publicación de sus Obras Com­pletas. (Nota de los editores).

2 Se refiere a sus tres primeros hijos. A la sa­zón no había nacido el cuarto y último de ellos.

Fuente: https://www.marxists.org/espanol/mariateg/oc/la_novela_y_la_vida/paginas/la%20vida%20que%20me%20diste.htm

 

III

ENTREVISTA DE CÉSAR LEVANO A: ANNA VIUDA DE MARIÁTEGUI

15 junio, 2020

En una entrevista exclusiva, Anna viuda de Mariátegui revela episo­dios inéditos y fundamentales de la vida de quien es considerado por muchos autores extranjeros co­mo el más grande pensador político de América. En momentos en que la obra del ilustre socialista crece en importancia y actualidad, la imagen del Amauta cobra colores de vida en una charla que es un documento para la historia.


Por César Lévano

En 1920, en Florencia, en casa de la Condesa de Antici Mattei, José Carlos Mariátegui conoció a Anna Chiappe, el grande, el único amor de su vida. Ambos habían acudido por separado y sin conocerse al concierto de danzas que brindaba la “medio excéntrica” aristócra­ta. En algún momento, mientras vibraba un Estudio profundo de Chopin, las miradas del joven y la muchacha se cruzaron. “Él me impresionó mucho por su manera tan fina y distinguida” – nos di­jo, hace unos días, 49 años des­pués de aquel encuentro memo­rable, la ahora viuda de Mariáte­gui. “Parecía un noble. Y tenía unos ojos tan profundos”.

Por su parte, el joven peruano – 25 años esa noche – expresó su emoción en un poema en prosa publicado en 1926 en la diminuta revista “Poliedros”, que dirigía Armando Bazán. José Carlos y Anna eran ya esposos; habían re­corrido juntos toda Italia, Alema­nia, Francia; tenían tres hijos; pero la llama del amor no había perdido intensidad ni fulgor.

“Renací, escribió, en tu carne cuatrocentista como la de la Pri­mavera de Botticelli. Te elegí en­tre todas, porque te sentí la más diversa y la más distante. Esta­bas en mi destino. Eras el desig­nio de Dios. Como un batel cor­sario, sin saberlo, buscaba para anclar la rada más serena. Yo era el principio de muerte; tú eras el principio de vida. Tuve el pre­sentimiento de ti en la pintura ingenua del cuatrocientos. Empe­cé a amarte antes de conocerte, en un cuadro primitivo. Tu salud y tu gracia antigua esperaban mi tristeza de sudamericano pálido y cenceño. Tus rurales colores de doncella de Siena fueron mi pri­mera fiesta. Y tu posesión tónica, bajo el cielo latino, enredó en mi alma una serpentina de alegría.

“Por ti, mi ensangrentado ca­mino tiene tres auroras. Y ahora que estás un poco marchita, un poco pálida, sin tus antiguos co­lores de Madonna toscana, siento que la vida que te falta es la vida que me diste”.

Italia o la felicidad

Artemio Ocaña, el veterano es­cultor peruano que compartió muy de cerca la experiencia ita­liana de Mariátegui, recuerda que, de repente, tras viajar a Flo­rencia, éste desapareció. Cuando volvió, ya estaba casado.

“Mariátegui se alejó de sus amigos”, comenta doña Anna. Ellos decían después: “¡Con razón había desaparecido!”.

En esa estación con su amada en Florencia, tiene que haber si­do supremamente feliz. Entre el mar y los viñedos de la costa liguria, bajo las soleadas colinas toscanas cubiertas de olivos, ante la obra de los florentinos vene­rados (Dante, Machiavello, Bocaccio, Leonardo de Vinci, Miguel Ángel, Botticelli), su genio ma­duraba hacia aquel equilibrio de vida interior y naturaleza, de sensibilidad y mundo social, que iban a distinguirlo en la vida y en el libro. Florencia, urbe y de­mocracia antigua, lógica y belle­za, vitalidad y gracia. Una ex­periencia que fue una corona de laureles sobre su frente.

“No era de carácter melancólico. Ni cuando estaba enfermo”. Así nos dice doña Anna. Hay una gran sonrisa en su evocación. Y uno se ratifica en la convicción de que sólo un hombre feliz pue­da luchar plenamente por la fe­licidad de los otros.

“Mariátegui, nos dijo Ocaña, vivió al principio en Vía Véneto 29, interno 4”. “A ese alojamien­to, propiedad de Francesco Atu­nante, me llevó a mí”. “Cuando se casó, él y su esposa se fueron a vivir a Frascati, cerca de Roma, a una villa que era puros viñe­dos. Era una casa del Renaci­miento, con pinturas murales del Dominicchino. Se pagaba por el alquiler 500 liras. Apenas cinco libras peruanas de la época”.

Por su parte, doña Anna re­cuerda: “De Florencia viajamos a Roma. Fuimos a vivir a Villa Pía. Arturo Osores la había al­quilado como Legación del Perú. Era la casa en que había vivido la famosa actriz Francesca Bertini. Después marchamos a Frasca­ti. Desde el comedor se veía el Palacio de Castelgandolfo, la re­sidencia de verano del Papa”. En los planos, Frascati aparece a 21 kilómetros de la Ciudad Eterna; Castelgandolfo descuella a 25 ki­lómetros.

“Eran tiempos alegres. Él se iba a veces acompañando a Ocaña a la Escuela de Bellas Artes de Roma. Era cuando había mo­delos femeninos…”.

“Tenía tiempo para todo. En Roma no se perdía un buen con­cierto o espectáculo de ballet. Y le gustaba el circo. A veces, yo lo acompañaba al circo, aunque a mí no me gustaba”.

Como se sabe, el Amauta anun­ció una “Teoría del circo” que no se ha encontrado entre sus papeles. Debe de haberse perdido en alguna hoguera policial.

¿Cuándo comenzó, pregunta­mos, la formación marxista de Mariátegui?

Ella cree que fue precisamente en Italia. “Tenía una gran biblio­teca. “El Capital” estaba en fran­cés. Los documentos sobre la re­volución rusa, en italiano”.

¿Es cierto que la familia del filósofo Benedetto Croce interce­dió, como dice el italiano Antonio Melis, ante la familia de ella en favor del galán venido del le­jano Perú?

– “Es cierto. El hecho es que una tía mía había sido novia de Croce. No se casaron porque mi familia, muy católica, no podía consentir un matrimonio con un liberal tan conocido”.

Los viajes

En uno de sus dos cortos escri­tos autobiográficos, Mariátegui dice que no pudo llegar a Rusia “porque mi mujer y mi hijo me lo impidieron”. “No es que yo me opusiera”, subraya ahora doña Anna. “Yo le dije: ‘mejor anda tú solo’. Yo estaba muy cansada con el bebé. Pero a él no le gustaba salir solo. Siempre le gustaba ir conmigo”.

“Era muy entusiasta”, recuer­da. “Para mí, decía, la cosa más grande es cuando puedo coger una maleta e irme. A veces sin saber adónde”.

Y, sin embargo, aquella vez no quiso viajar porque su compañe­ra no podía ir.

Pero viajaron bastante por otros contornos. Estuvieron jun­tos, por ejemplo, en el célebre Congreso de Liorna (Livorno, en italiano) en que el ala izquier­da del socialismo fundó el comu­nismo. “Allí vimos a Antonio Gramsci y Palmiro Togliatti. Con ambos conversaba amistosamente Mariátegui”.

También estuvieron en 1922, Génova, en la Conferencia Eco­nómica Europea que fue la pri­mera reunión internacional a la que acudió una representación soviética. En “Defensa del Mar­xismo”, Mariátegui iba a escribir que ella marcaba el inicio de la coexistencia pacífica entre esta­dos de sistema social distinto. “Allí, dice doña Anna, conversó con Chicherin, el jefe de la dele­gación rusa. Mariátegui estudió, cuando estuvimos en Berlín, el idioma alemán con una profeso­ra alemana. Todos los días tenía una clase de inglés y de alemán. Pero también sabía algo de ruso. Con Chicherin se saludaban y despedían en ruso. Sus conversa­ciones las sostenían en francés”.

Mariátegui estuvo cuatro años y medio en Europa. De ellos, año y medio lo pasó en Alemania. El viaje fue hacia mayo o junio de 1922. “Durante ocho meses vivi­mos en la Postdammer Strasse” (en lo que es hoy Berlín Orien­tal). “Estuvimos luego en Praga, en Budapest, en Austria, nave­gando por el Danubio Azul”. En Alemania, como se sabe, Mariá­tegui entrevistó a Máximo Gorki.

Viajaron en seguida a París. Allí se entrevistaron con Romain Rolland y Henri Barbusse, que no regatearon, por escrito, su ad­miración al gran peruano. “In­cluso, salimos con Barbusse a to­mar el té”.

“Mariátegui —iba a escribir Barbusse— es la nueva luz de América. Un espécimen del nue­vo hombre americano”.

¿Conoció Mariátegui a Pirandello? ¿A qué otros grandes de la literatura y las ideas frecuentaron en Italia?

“Conversó varias veces con Pirandello”, recuerda la dama. “También fue amigo de Piero Gobetti”. Se trata del escritor cuyos estudios respecto al “Risorgimento”, es decir, a la lucha por la unidad de Italia, tanto atrajeron al Amauta. “Croce lo quería mu­cho. Cuando iba José Carlos a su casa, lo presentaba diciendo: ‘és­te es el hombre más grande del mundo’. Le tenía un gran afecto”.

Por su lado, Ocaña recuerda que Mariátegui fue amigo tam­bién de los líderes socialistas Filippo Turati, Antonio Grazidei y Nicola Bombacci. Tiene él bocetos al carbón del diplomático sovié­tico Joffe, de Giordi Vassiliévich Chicherin, del francés Jean-Louis Barthou y de Lloyd George, el célebre político inglés. “Fue ami­go de Pirandello”, nos dijo ex­presamente.


José Carlos Mariátegui, Anna Chiappe, su hijo Sandro y César Falcón

 

Una explicación

Para muchos biógrafos y estudiosos de Mariátegui, la obra de este autodidacto sin educación secundaria, de mala salud, que tuvo que ganarse la vida desde los 14 años de edad, que murió a los 35, tiene algo de milagro. En el breve arco de su vida caben una inmensidad de cultura, pensamiento y acción. Baste señalar estas creaciones: la revista «Amauta», los «7 Ensayos» y otros veinte libros, la Confederación General de Trabajadores y el Partido Socialista del Perú, cuyo nombre deseaba cambiar, antes de morir, por el de Comunista. Hace pocos años, escuchamos decir, en Lima, al estadunidense Carleton Beals que Mariátegui es «el más grande pensador político de América». El juicio se extiende ahora. Robert Paris en Francia, Manfred Kossok y Adelbert Dessau en Alemania Oriental, Antonio Melis en Italia, el profesor Albuquerque en Texas, Estados Unidos, sufragan el juicio.

Los días espléndidos de Italia explican una parte de la precoz madurez mariateguiana; pero no toda. Hay fuentes que se ocultan junto a la raíz de la infancia. Mariátegui se proclamó limeño toda su vida. En realidad, poco antes de su nacimiento, su madre, doña Amalia La Chira Vallejos, natural de la zona de Huacho, había viajado a Moquegua, por lo cual el alumbramiento se realizó en esa ciudad del Sur. En seguida, buena parte de sus primeros años transcurrieron en la suave campiña huachana. A los seis años tuvo una caída fatal. El resultado fue una baldadura y, lo más grave, un foco de ostiomielitis en una pierna. Sus familiares nos contaron que a los 6 años, más o menos, comenzó su madre a realizar continuos viajes de Huacho a Lima para hacerlo tratar. El esfuerzo era demasiado grande para una familia pobre. Entonces, se decidió internarlo. Estuvo cuatro años en la «Maison de Santé» u Hospital Francés.

Era éste, en esa época, un nosocomio exclusivo, reservado casi sólo para franceses, ingleses o alemanes pudientes avecindados en Lima. Dos eran los tipos de servicios: los unipersonales y los destinados a seis personas. En todo caso, no había allí enfermos menores de edad. Pues bien: el pequeño Mariátegui pasó sus años de internado junto con esos compañeros adultos, llenos de experiencia y que hablaban extraños, lejanos idiomas. Se sabe que al final se había convertido en intérprete de muchos de ellos.

¡He ahí una clave sicológica para la precoz madurez del Mariátegui temprano! He ahí por qué, entre otras cosas, cuando era un «alcanzarrejones» de La Prensa, que iba a la oficina cablegráfica a recoger los despachos noticiosos, podía traducir, en el trayecto, las noticias que ve­nían en inglés de Europa, Asia, África o Norteamérica. Además, aquella soledad de años tiene que haberle entrenado para la gimnasia de la reflexión y para la firmeza de las certidumbres sin que importen los prejuicios y las supersticiones de la masa in­forme.

Otro factor, en el que no se ha insistido lo suficiente, es su con­tacto directo con las luchas so­ciales de comienzos de siglo en el Perú. “Cuando José Carlos fun­dó La Razón con César Falcón y Félix del Valle, nos recordó Ocaña, había mítines obreros que terminaban al pie del balcón del diario. Era en la esquina de Baquíjano con el Jirón Cuzco”. Eso fue, recalquemos, antes del viaje a Europa. Tal experiencia lo sen­sibilizó para la prédica socialista de Antonio Gramsci en “L’Ordine Nuovo” (“El nuevo orden”). En los días en que él se instalaba en Italia, en las páginas de esa cé­lebre revista aparecían reflexio­nes sobre el papel de los obreros como actores principales de una revolución posible y de los cam­pesinos como protagonistas de la acción prerrevolucionaria.

Mariátegui era hombre de pen­samiento y de sensibilidad artís­tica en todos los momentos. En la charla con su viuda, la imagen del hombre de espíritu aparece a cada paso. “En música tenía una cultura extraordinaria. Amaba sobre todo a Beethoven y Stravinski”, nos dice. “Con el Dr. Oten, un amigo suizo, se entrega­ban a verdaderas sesiones de mú­sica. El grupo de sus camaradas llegaba, y él estaba encerrado con Oten. A veces venía gente cargante, y él decía: ‘Ponte una sinfonía para que se vayan’…”.

Entre la gente que con mayor agrado recibía se contaban los ar­tistas. José María Eguren era uno de sus adictos. Llegaba a veces a escribirle – ¡desde Barranco! – para anunciar que un resfrío le impedía devolver por el momen­to tal o cual libro. “Iba mucho también Percy Gibson. Otros que iban eran Martín Adán, José Diez Canseco, el filósofo Mariano Ibé­rico Rodríguez. Alguna vez acu­dieron también los doctores Ho­norio Delgado y Juan Francisco Valega”.

“El Rincón Rojo” era otra cosa. Era en realidad un seminario riguroso de estudios marxistas. Constituía el núcleo del Partido. Estaba formado, entre otros, por Hugo Pesce, Ricardo Martínez de la Torre, Avelino Navarro, Mar­celo Sánchez, Luciano Castillo y, hasta cierto punto y por una tem­porada, Jorge Basadre.

Hombre de espíritu, Mariátegui era también hombre de empresa. Fundó la Editorial “Minerva” ca­si sin dinero. “Amauta” la em­pezó a publicar con tipos móviles. Sólo en 1929 le llegó el linotipo. Él mismo diagramaba la revista y la cuidaba en todos sus detalles. Los manuscritos revelan que dominaba la técnica tipográfica y sabía ordenar exactamente. “Igual, dice doña Anna, era con los clisés. Él me enviaba a los ta­lleres con indicaciones precisas. Para que todo marchara bien, te­nía tres teléfonos en casa: uno en el dormitorio, otro en la sala y otro en el comedor. Como los obreros querían mucho a José Carlos, iban hasta la casa a con­sultarle problemas de trabajo u otros”.

¿Era Ud., preguntamos, la que llevaba los artículos a Varieda­des y Mundial?

– “Sí. Primero él me decía: ‘Dile a Vegas García, el adminis­trador, que voy a escribir sobre tal o cual tema. Que prepare las fotos’. Se ponía a escribir a las cinco o seis de la tarde, y a las ocho o nueve estaba listo el artículo que iba a salir al día siguiente”.

¿Cuál era el pago por cada ar­tículo?

– “Veinte soles en Mundial y quince en Variedades. Cuan­do él estaba enfermo, Vegas Gar­cía me decía: ‘Usted no sabe cuánto ha bajado la revista des­de que no escribe’”.

Existen facetas todavía inédi­tas de este ser adamantino. Po­cos saben, por ejemplo, que era buen dibujante. “A mí me dibu­jaba muy bien, cuenta la viuda. A veces, hasta pintaba a la do­méstica con el bebé cargado”.

Hay otros aspectos inéditos que nunca se podrán recuperar. A su muerte, la policía acostumbró, una y otra vez, llevarse los ca­jones del escritorio del difunto. Cuando la señora Annita los res­cataba, después de grandes pug­nas, siempre faltaba algo.

¿Cómo era José Carlos con los niños?

– “Era muy cariñoso con ellos. Basta decirle que cuando estaba en casa, a cada momento pregun­taba dónde estaban los chicos y qué hacían. Una vez, Carmen Sa­co le dijo: ‘Oiga, José Carlos, ¿no le molestan los niños?’ Él contes­tó: ‘No me molestan. Pueden es­tar sentados encima de la má­quina, y a mí no me molestan’”.

Amador de la vida, luchador social, soldado de un combate diario con la muerte en sus últi­mos años, José Carlos fue desde su temprana edad ajeno y reacio a la bohemia. Federico More ha narrado cómo, mientras Abraham Valdelomar pedía ajenjo, él se limitaba a un helado de menta o un vaso de leche. Sólo esa auste­ridad, y la enorme conciencia de su misión en la historia, explica la inmensidad de su obra.

“Una vez – cuenta la señora Annita -, vinieron los soplones. En lugar de llevarse “El Capital” se estaban llevando una colección de Pirandello empastada en cue­ro… No lo dejaban trabajar”. Como se sabe, en los días ante­riores a su muerte, él había es­tado preparando un viaje defi­nitivo a Buenos Aires. Waldo Frank, desde Nueva York, Sa­muel Gluzberg, desde la capital argentina, lo animaban a quedar­se allá. Los ataques de la dicta­dura de Leguía y los denuestos de la izquierda demagógica – Víc­tor Raúl incluido- le habían he­cho acá la vida imposible. Sólo una sombra suave, una mano tier­na, lo acompañaban en las horas del dolor más íntimo. Anna. El gran amor. Ella estuvo a su ca­becera el día de su muerte. A su lado estaban también su madre, Artemio Ocaña, dos jóvenes ju­díos amigos y admiradores del Maestro. Después vinieron las muchedumbres más inmensas que se hayan reunido para unos fu­nerales en Lima. Entre banderas rojas y versos de “La Internacio­nal”, el pueblo sencillo, el pue­blo amado por él, le dijo adiós. Para el pueblo, y también para Anna Chiappe, iba a comenzar una época triste y difícil. Ella, la mujer fuerte, tampoco iba a dar­se por vencida. Hasta hoy se le ve todos los días, puntualmente, detrás del mostrador de una li­brería trabajando. Es en la pri­mera cuadra de la Avenida Larco de Miraflores, y todavía sigue las huellas del difunto imborra­ble. Las ediciones de las obras del Amauta tienen en ella una ins­piradora. Siguen sonando en sus oídos, siendo verdad hermosa y profunda, las palabras aquellas: “La vida que te falta es la vida que me diste”.

 

(*) Publicado en Caretas N° 393, 14 de abril de 1969.