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sábado, 9 de diciembre de 2023

ESCENARIO PREVIO Y BALANCE POSTERIOR DE LAS FUERZAS EN DISPUTA EN EL GOLPE DE ESTADO CONTRA EL PRESIDENTE PEDRO CASTILLO TERRONES A UN AÑO DE LOS SUCESOS

 



Por. Martín Guerra 
(Izquierda Socialista)

A nuestros caídos en las protestas y a los presos políticos

Desde el año 2017, las pugnas al interior de la derecha peruana empiezan a tornarse más antagónicas; por un lado, los liberales, representados por un sector de Acción Popular, el Partido Morado, Vizcarra y ciertos progresismos; por el otro, la ultraderecha, liderada por el fujimorismo, el alicaído aprismo, etc. Estos conflictos expresaban distintos intereses en cuanto a la administración de los recursos del Estado y, más importante aún, la repartija de prebendas que de estos se desprende. Los liberales, creyéndose la continuidad histórica de los criollos hispanófilos del siglo XIX y la ultraderecha sin ninguna idea de país, únicamente concentrada en saquear, adquiriendo cada vez más un discurso seudofascista. Solo la segunda cuenta con cierto arraigo entre las bases populares, de ahí lo oportuno de su lenguaje conservador, ofensivo y aparentemente nacionalista que intenta capitalizar la frustración y el descontento de grandes sectores del pueblo peruano.

Esta situación creó un clima permanente de inestabilidad política que se ha proyectado por casi ocho años consecutivos. La caída de Kuczynski fue un triunfo de la ultraderecha, pero los liberales contratacaron con el cierre del Congreso fujimorista. La ultraderecha respondió el golpe con la destitución de Vizcarra y el breve gobierno de Merino, pero los liberales mantuvieron el control con Sagasti.

En medio de estas reyertas, surge un tercer sector derechista, la nueva burguesía provinciana (Acuña, Luna, etc.), de quien Merino ─aliado a la ultraderecha─ fue su portavoz. Este sector, despreciado por las élites de siempre, surge amparado en negocios derivados de la informalidad y la ilegalidad y aspira a convertirse en la nueva élite, comprometiéndose con quien más espacio le ofrezca, convirtiéndose en una especie de carta comodín en el juego político. A esta nueva derecha le corresponde una nueva izquierda provinciana que había ido gestándose años atrás, especialmente en la lucha por la defensa de los recursos naturales y los derechos de los pueblos al territorio.

Llega la pandemia y el pueblo más empobrecido y abandonado se organiza alrededor de la candidatura del profesor Pedro Castillo, quien iba como invitado en la plancha presidencial de Perú Libre. La izquierda tradicional y conservadora del país no lee el momento, no entiende la realidad y va detrás de otra candidatura, lo cual es válido; no obstante, se suman al coro del ninguneo al profesor Castillo por las élites y contra la izquierda de provincias. Es la misma izquierda que no quiso dialogar con Gregorio Santos, Vladimir Cerrón, Wilfredo Saavedra o Walter Aduviri. La que si alguna vez lo hizo fue únicamente por presión de ciertas bases que aún creen en la unidad.

Pedro Castillo es elegido en 2021 en medio de la quiebra del Estado neoliberal que mostró su entraña más feroz en la crisis sanitaria y laboral evidenciada por la pandemia por coronavirus (COVID-19). Si bien es cierto esto ocurre en pleno resquebrajamiento de las élites, el programa de gobierno, las alianzas que se desarrollan y el apoyo popular logra restablecer la oportunista unidad de la derecha que, con un discurso marcadamente racista y con todo el apoyo de la concentración mediática, intenta impedir la toma de mando del presidente electo, utilizando la manida táctica del supuesto fraude electoral.

El presidente Pedro Castillo rápidamente es cercado, los maestros, cuyo sector más crítico él lideraba ─y que había puesto en jaque al gobierno de Kuczynski con la huelga magisterial de 2017─ le exigen su militancia en hasta tres diversos proyectos de organización partidaria, la alianza con la izquierda tradicional, principalmente limeña termina por distanciarlo de las bases populares de Perú Libre, esa izquierda conservadora coadyuva al debilitamiento del programa de gobierno inicial. En medio de esto no le queda más que confiar en quienes más conoce, sus allegados, sus paisanos. Mientras, la derecha utilizando la táctica del lawfare o acoso judicial, el boicot económico a través del aumento de los precios y el desabastecimiento, la especulación financiera y la penetración de los aparatos del Estado, logra instalar entre la clase media de Lima y algunas provincias la idea del desgobierno y el caos. Sin embargo, muchas cosas se iban implementando positivas para nuestro pueblo, en materia laboral, de protección y reparación frente a desastres, de defensa del patrimonio del Estado frente a las dietas para los medios de comunicación, de nacionalización de recursos y de propuestas renovadoras en el agro, los consejos descentralizados, el incentivo a la educación bilingüe, etc.

Los autoproclamados nuevos rostros de la izquierda en el Congreso se dividen una y otra vez, pero no por serios desencuentros ideológicos, sino bajo la idea de que bloqueándose mutuamente lograrán el reconocimiento popular. Una izquierda que construye desde arriba no construye nada. Y, bajo la idea pragmática y para nada revolucionaria de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, terminan durmiendo con sus viejos contrincantes. Unos con la ultraderecha, otros con los liberales. Conservadores de derecha y de izquierda se unen, con discursos machistas, homofóbicos y caudillistas. Liberales de derecha y de izquierda se identifican, colocando como prioridad el mantenimiento de su gollerías económicas y laborales por encima de los intereses del pueblo. Esa “izquierda” no se mantiene solo en los predios del Congreso, ingresa al aparato del Estado en todos los niveles, pero para no cambiar la situación, solo para financiarse. Ambos sectores se convierten definitivamente y de un plumazo en vieja izquierda.

Los intentos de vacancia presidencial se suceden uno tras otro, cuatro gabinetes ministeriales caen y le sucede un quinto. Nada complace a la derecha. La embajadora de los Estados Unidos, Lisa Kenna, sostiene reuniones con personajes clave para implementar el golpe de Estado. Dada la situación, no le quedó más al presidente el 7 de diciembre, abandonado, traicionado y cercado, que leer la proclama según la cual los principales reclamos políticos del pueblo peruano se ponían como cuestión de orden del día: cierre del Congreso, reforma del Estado y proceso constituyente.

El Congreso de la República, el principal activista del golpe desde su instalación en 2021, pasa a votar ilegalmente la vacancia, sin leer la moción del orden del día, sin contar con los votos necesarios y sin que se realice el antejuicio político. Luego de esto, es secuestrado pues la sostenida flagrancia no se comprobó jamás, ya que la supuesta ruptura del orden constitucional por el presidente no se implementó. Por el contrario, la lectura de la proclama del profesor Pedro Castillo fue un acto digno en defensa del voto popular y del programa que el pueblo peruano en su mayoría eligió. El golpe de Estado de las élites contra el gobierno democráticamente electo se había consumado. Asumían el gobierno de facto la títere Dina Boluarte y el matón Alberto Otárola, con el respaldo de las cúpulas militares y policiales, la banca, la dirección del gremio de los empresarios peruanos (la CONFIEP), los medios de comunicación ─que inmediatamente empezaron a recibir pagos por publicidad, los mismos que el presidente Castillo les había negado─ además de la fiscalía y el alcalde electo de Lima, el ultraderechista Rafael López Aliaga.

El pueblo peruano salió impelido a las calles a protestar en una serie de manifestaciones y marchas callejeras inéditas en el país. La furia represiva del gobierno usurpador no se hizo esperar, decenas de asesinados de forma extrajudicial, principalmente jóvenes, fueron parte del terrible saldo, además de heridos, presos y acosados judicialmente. Se le inicia proceso al presidente Pedro Castillo, lo acusan de todo lo posible, lo aíslan de su familia, no obstante, luego de un año no hay una sola acusación seria en su contra y todos los seudoargumentos jurídicos se caen a pedazos. Juega un rol fundamental en toda esta etapa la corrupta fiscal Patricia Benavides, cuya familia ha estado unida al fujimorismo desde la primera hora.

La izquierda tradicional aceptó inmediatamente a Boluarte como la sucesora legal y legítima frente al Estado, existen documentos que lo prueban, aunque algunas organizaciones pretendan ahora negarlo, alegaban públicamente que de lo que se trata es de mantener la gobernabilidad y lograr dialogar con el gobierno de facto. Otros, lo siguen diciendo un año después. Esto demuestra qué tan lejos está esa autodenominada izquierda del sentir popular.

¿Qué significó el golpe de Estado? Se puede explicar en tres aspectos fundamentales: el simbólico, el económico y el político. En lo simbólico fue una manifestación de rechazo a lo que representa el presidente Pedro Castillo: a la peruana y al peruano sencillo, trabajador, étnicamente no occidental y culturalmente no criollo. En lo económico, proteger el modelo de Estado que les permite a las élites continuar capitalizándose a costas del trabajo mal remunerado y de los recursos de todo el pueblo peruano. En lo político, defender el dogma neoliberal del fin de la historia y la derrota de cualquier propuesta anticapitalista por más suave que esta sea.

En medio de la lucha, mientras la izquierda oficial se aprestaba a recibir algún pedacito de poder y felicitaba al gobierno de facto por ser la “continuidad legal del orden constitucional”, las consignas más correctas fueron crear un comando unitario de lucha contra la dictadura y exigir la libertad y la restitución del presidente Pedro Castillo en defensa del voto popular. Surgieron espacios que lamentablemente se dividieron. El gran enemigo de estos espacios no fue la derecha en ninguna de sus variantes, fue la izquierda oficial a través de sus aliados de turno. Existen una serie de organizaciones ideológicamente dogmáticas que han ido derivando de delirantes adhesiones casi rituales a experiencias revolucionarias de otras latitudes hacia un electorerismo igual de fanático. Esa “izquierda” autodenominada revolucionaria y supuestamente “marxista” y de verbo encendido, pero de conducta oportunista ha jugado un rol fundamental en la ruptura de los espacios generados en respuesta al golpe.

La ruptura entre la fiscal Patricia Benavides y la presidenta de facto, Dina Boluarte, corresponde a un nuevo reacomodo de las fuerzas de las élites y un nuevo episodio en su disputa por el poder. El gobierno de facto solo ha generado una grave crisis económica, la fuga de capitales es patente. Los liberales no quieren perder dinero ni hacer perder a sus socios transnacionales que les aseguran a ellos ser el capital bisagra, frente a eso están dispuestos a todo, inclusive a retroceder en su control político si logran un salvataje en lo económico. Por otro lado, la ultraderecha necesita libertad para actuar, para evitar la continuidad de los procesos judiciales que enfrentan y para que campee la impunidad. Nuestra izquierda oficial no lee una vez más la realidad y no entiende el carácter de esa fisura, exigiendo al “gobierno” que haga “justicia” frente a la fiscal. Institucionalistas hasta el final, esa izquierda está condenada al fracaso histórico.

La cercanía al aniversario de la proclama del presidente Pedro Castillo y la crisis económica han vuelto a proyectar con fuerza las protestas sociales, frente a esto, la táctica del gobierno de facto es exactamente igual a la usada en diciembre de 2017 por la ultraderecha contra Kuczynski cuando otorga el indulto humanitario a Fujimori y lo único que consigue es que cierta clase media intelectualizada y mediáticamente posera, que muchas veces hizo de furgón de cola de la izquierda liberal, posmoderna y cercana al Partido Demócrata de los Estados Unidos, se vuelque a las calles. Táctica parecida a su vez, a la que luego repetirán contra Merino (2020) con el terrible saldo que se conoce. El uso del antifujimorismo siempre ha servido a la élite liberal: se desvía el carácter de la lucha que es contra la dictadura de Boluarte-Otárola, por el fantasma de Fujimori, quien una vez más alista sus maletas con la duda de si las volverá a deshacer.

Hoy, que la consigna por la restitución del presidente Castillo goza de buena salud, avanza y crece, algunos empiezan a variar de posiciones, el pueblo organizado debe mantener en la memoria lo que dijo e hizo cada uno, pues el juicio de la historia caerá en su debido momento. Es necesaria la convocatoria a un gran frente contra la dictadura en defensa del voto popular y por la libertad y la restitución del presidente Pedro Castillo. El aspecto jurídico de la defensa del presidente y sus derechos políticos es fundamental, pero no debemos olvidar que la salida será política y se medirá con organización, protesta y propuesta. Las izquierdas parlamentarias, expresiones prácticas de sus manifestaciones conservadoras y liberales en provincias y en Lima y sus apéndices falsamente radicales enquistados en los frentes y las coordinadoras han hecho todo lo posible por invisibilizar al presidente Castillo, le han negado hasta su solidaridad frente al abuso, hasta una frase de aliento. Lo sienten ajeno y, valgan verdades, les es ajeno. Castillo pertenece al pueblo y no a los traficantes de esperanzas. Esas izquierdas son hipócritas en su discurso y renegadas en su acontecer. No se les necesita para el cambio de ruta que el país requiere. Por el contrario, los pueblos del interior del país y de la periferia de Lima, que son los que han puesto su sangre en las protestas, son los que están conformando esa nueva izquierda que en el Perú es tan urgente. Y solo se consolidará en la lucha.

Fuente: https://revistarumi.wordpress.com/2023/12/08/escenario-previo-y-balance-posterior-de-las-fuerzas-en-disputa-en-el-golpe-de-estado-contra-el-presidente-pedro-castillo-terrones-a-un-ano-de-los-sucesos/

 

domingo, 28 de julio de 2019

DEBATE: ALIANZAS PARA QUÉ EN LA LUCHA DE CLASES Y LA TÁCTICA DEL APOYO “CRITICO” ES SIMPLEMENTE UN BUEN CHISTE




DIVIDIR AL ENEMIGO, ES UNA BUENA TÁCTICA

La lucha por los derechos de las mujeres es una lucha democrática  muy larga y muy dura. Sobre todo en países como el nuestro, en el cual la pesada herencia  feudal  subsiste en las relaciones familiares, culturales, políticas, religiosas y judiciales. 

Una de las expresiones más notorias de  la pesada herencia feudal en la política peruana es el menosprecio de las mujeres, su postergación en las funciones de dirección, y los ataques que se continúan dando a diario, incluido el feminicidio.

Desde los años 20 del siglo pasado, hay una larga relación de mujeres que asumieron esa lucha con mucha decisión y perseverancia, pero sus logros efectivos fueron muy pocos, justamente  porque las condiciones todavía no eran favorables para que  sus derechos sean reconocidos.

En los últimos años, una  de las  mujeres más consecuentes en esta larga lucha democrática es la Sra. Marisa Glave. Habría que ser muy mezquino y obtuso, para no reconocer esa trayectoria de lucha.

En la última sesión del Parlamento, las fuerzas democráticas  volvieron  a presentar una propuesta en defesa de la paridad y alternancia de genero para las próximas elecciones. Por los resultados de las elecciones de abril de 2016, la correlación de fuerzas no era favorable para conseguir la aprobación de la propuesta. La cantidad de votos de las fuerzas democráticas y algunos ocasionales aliados, no eran suficientes, para superar  la superioridad numérica del enemigo. 

¿Qué hacer ante esa situación desventajosa? 

En esas condiciones, hay quienes proponen “no  hacer nada” y darse por vencidos, sin haber agotado la última posibilidad. 

Pero otra salida,  y a la vez única salida en ese momento,  era “dividir al enemigo”, aunque sea por un breve momento. 

Esta táctica de lucha de “dividir al enemigo”  requiere de mucha habilidad y tener mucha convicción Y firmeza  en los objetivos buscados. Marisa Glave y otras congresistas democráticas, demostraron mucha  habilidad, al lograr disminuir votos  al enemigo, y “ganar algunos votos”  para  la causa democrática.  

Logrado el objetivo buscado, lo mínimo que debía hacerse era agradecer a las ocasionales aliadas, lo cual no compromete en lo más mínimo  la continuidad de la lucha. 

Utilizar la palabreja “caviar”,  tomada prestada del lenguaje de Aldo Mariátegui, para calificar esta acción de Marisa Glave, y otras congresistas democráticas, además de ignorancia de las tácticas de lucha política, demuestra sectarismo extremo y voluntad de quebrar el trabajo frente unitario ante cualquier situación difícil que se presente en el   camino.

Miguel Aragon 



Respuesta 1

Con todo lo que se le estima c. Miguel Aragón su grado de ceguera ante las representantes de USAID (demostrado hasta la saciedad y ante lo que Ud. calla en todas las formas) y el feminismo burgués claudicante es impresionante. La Srta. Glave igual que su organizacion Nuevo Perú son la izquierda que la derecha necesita pero Ud. quiere ser ciego. Investigue quiénes financian sus programas de desarrollo "feminista", opine sobre el blindaje que le dieron a PPK y le dan a Vizcarra, eso debió hacer hace años desde que hicimos la denuncia de la presencia del NDI-CIA en las elecciones primarias. Yo no entiendo su "socialismo" compañero y se lo digo con sinceridad y aprecio. Revise todas las votaciones del Congreso y vea porqué y con quiénes ha votado en casi tres años su admirada congresista. ¿Es cierto eso que dicen, que cuando uno deja de militar orgánicamente se aburguesa y pierde perspectiva? Claro que con el invento de las generaciones está disculpado. (¡No hay nada más positivista y esquemático que esa construcción ajena al marxismo!, que no resiste análisis históricos ni biologicistas.) Es tan rara su postura como el decir que solo los gobiernos de Dilma y Allende han sido "progresistas", sin un mínimo análisis de la realidad latinoamericana. ¡Defender a la Srta. Glave y criticar de esa forma desleal a la Revolución Bolivariana qué sentido tiene!

Martín Guerra BD 



Respuesta 2

Bueno, dicen que la gráfica vale más que las palabras. El abrazo de la congresista Glave con Mercedes Araoz y Luz Salgado  denota más que un simple agradecimiento, más aun teniendo en cuenta que  la posición de ambas con respecto al conflicto de Tía María es a favor de la minera. Es algo similar a la participación del Frente Amplio respaldando a  Salaverry en las elecciones del congreso. Siguen actuando pensando en el "mal menor".

Felipe Torres Andrade 

jueves, 8 de septiembre de 2016

PRIMER COMENTARIO SOBRE “CARTA DE RENUNCIA DE MARTÍN GUERRA Y JUAN DIEGO MOTTA”





PRIMER COMENTARIO SOBRE
“CARTA DE RENUNCIA DE MARTÍN GUERRA Y JUAN DIEGO MOTTA”
(03 de setiembre de 2016) (*)

El extenso pronunciamiento de aproximadamente 17 páginas, “Carta de Renuncia de Martín Guerra y Juan Diego Motta” divulgado ampliamente en las redes de facebook, debe ser leído y estudiado con atención y seriedad, como un  valioso  testimonio real, de la intensa lucha que están desplegando algunos  activistas de la generación actual,  por fortalecer la unidad del pueblo peruano.

Ahora, después de una primera lectura, ya puedo  comenzar a extraer y ordenar las primeras conclusiones y enseñanzas:

1.- Lo primero que puedo comprobar, es que la contradicción, como expresión de la unidad y lucha de contrarios, es la fuerza que impulsa la evolución de todas las  organizaciones sociales y políticas. Y los movimientos citados en el documento, como el Movimiento José María Arguedas,  el Partido Pueblo Unido, otras organizaciones similares, y el Frente Amplio, entre otros  que activan en la actualidad,  no son una excepción a esta ley del desarrollo social. Todos se rigen por la ley de la contradicción.

2.- Por lo expuesto en el documento, puedo comprobar que el  Partido Pueblo Unido no era, ni es, “un partido” propiamente dicho. Sus características son más acordes a lo que se conoce  como un movimiento, o un frente, y en este caso  más particularmente a “una alianza” de tendencias disímiles.

3.- En el extenso documento suscrito por los compañeros Martín Guerra y Juan Diego Motta, se plantean varios temas en debate, tanto  teóricos, políticos como organizativos. Entre esos temas diversos, la mayoría de ellos importantes,  me parece que el centro del debate  ha sido la discrepancia  “Frente o Partido”, el cómo manejar las relaciones internas.

4.- Esta discrepancia no es nueva en las filas del amplio, variado y combativo pueblo peruano. Este debate sobre ¿dónde debe priorizarse, en cada  momento, el trabajo organizativo?, comenzó en 1918, y pronto cumplirá cien años de fructífero desarrollo.

Por lo tanto, puedo afirmar que el debate actual que nos presentan M. Guerra y J.D. Motta es continuación de ese largo debate desarrollado por varias generaciones en las filas del pueblo peruano. Es más, su pronunciamiento es un gran aporte a la continuidad de este debate, y es un ejemplo que deberían seguir los otros miembros de su generación, contribuyendo así, a su propio balance generacional.  

Recordemos que, a comienzos del año 1918, con la participación directa de José Carlos Mariátegui, se inició a dar vida a un grupo de propaganda socialista. En junio se publicó el primer número de la revista “Nuestra Época”, vocero del comité de propaganda socialista en proceso de formación, y pocos meses después se constituyó el  Comité de Propaganda Socialista, con la participación de numerosos intelectuales, obreros y estudiantes, que estaban participando en las combativas luchas reivindicativas de esos años que se venían desarrollando en la ciudad de Lima.

Así, en 1918, en el fragor de las luchas sociales, se constituyó el movimiento socialista peruano, como comité de propaganda socialista, y no como un partido. 

5.- A los pocos meses de constituido el Comité de Propaganda Socialista, una  parte de los elementos del comité, la parte  dirigida por Luis Ulloa, propuso “la transformación del grupo en partido”. La otra parte, en la cual se encontraban César Falcón y José Carlos Mariátegui, no aceptaron esa propuesta, y  sostuvieron que “debería ser mantenido como comité de propaganda”. Todo el trabajo desarrollado posteriormente por José Carlos Mariátegui durante un decenio, entre 1918 y 1928, fue un perseverante trabajo de propaganda socialista. 

6.- Tres fueron las razones principales, para  sostener esta propuesta de continuar trabajando como comité de propaganda socialista, y para no aceptar  en 1918 constituir el partido en ese momento.

En primer lugar, Nuestra Época, y por  lo tanto el comité de propaganda, en 1918 y 1919 todavía “no tenía un programa socialista”.

Y ya es conocido que los programas no se improvisan. A Marx y Engels les demandó más de cinco años, entre 1843 y 1848,  redactar el primer programa del socialismo científico, el Manifiesto Comunista. A Lenin le demandó cerca de diez años, desde 1891 hasta 1901, para redactar el programa de los socialistas rusos, denominado  Nuestro Programa. Por su parte, a José Carlos Mariátegui le demandó cerca de diez años, entre 1918 y 1928, preparar la propuesta de programa del socialismo peruano. Esta propuesta hasta ahora no ha sido debatida ni aprobada en ningún evento del socialismo peruano, tarea que continúa pendiente.  

En segundo lugar, el agrupamiento debería ser mantenido como comité de propaganda “mientras su presencia no tenga arraigo entre las masas”. En los años 1918 y 1919 que fueron años de intensa lucha obrera y estudiantil en Lima, el comité de propaganda se formó pública y abiertamente, con un amplio respaldo de masas, pero según la opinión de Mariátegui, todavía no  era suficiente como para justificar la constitución del ambicionado partido de masas y de ideas.   

En tercer lugar, “el periodo no era propio para la organización socialista”. Esta condición requiere un tratamiento aparte, y cuyo análisis nos permitirá comprender que los partidos no se constituyen por capricho personal “cuando a mí me da la gana”. Así como no se puede predecir la revolución a plazo fijo, tampoco se puede predecir a plazo fijo cuándo se puede y se debe constituir la organización partidaria. 

La tercera condición, “periodo propio” es una condición de carácter netamente objetivo; mientras que las dos primeras condiciones, “programa” y “arraigo entre las masas”, son de carácter subjetivo. Por lo tanto, tales condiciones deben de ser tratadas según sean su real carácter, según sean condiciones objetivas o condiciones subjetivas.  

7.- En los últimos cien años, en el Perú se han constituido numerosos grupos autodenominados “partidos”, pero lo cierto es que ninguno de ellos ha cumplido con esos tres requisitos básicos, tres requisitos que los podemos resumir en “programa, arraigo entre las masas, y periodo propio”.  

8.- Por la lectura de la extensa Carta de Renuncia divulgada públicamente por Martín Guerra y Juan Diego Motta, puedo comprobar que el Partido Pueblo Unido,  es uno más, entre  los más de tres decenas de agrupaciones autodenominadas “partidos” que actualmente existen en Lima y en otras provincias del país.

Seriamente, deberíamos preguntarnos ¿cuántos de estos autodenominados “partidos” cumplen con las tres exigencias que  ya se planteó Mariátegui en 1918?

Cuántos de los autodenominados “partidos”, que existen actualmente, tienen programa socialista. Y si no tienen un programa socialista ¿en torno a que se unifican? ¿No será que se mantienen “unidos” en torno al caudillaje personalista de turno?

Cuántos  de los autodenominadas “partidos”, que existen actualmente,  tienen arraigo real y efectivo  entre las masas. Y si no tienen arraigo entre las masas ¿realmente a quién representan cada uno de ellos?

Y por último, ya es tiempo que debamos  estudiar y preguntarnos  seriamente: El periodo actual de la lucha de clases en el país ¿es propio para la organización socialista?

Espero que estas breves reflexiones, ayuden a ordenar la asimilación de los aspectos positivos de la última experiencia  vivida con tanta intensidad y apasionamiento. 

Abrigo la esperanza, que la exposición franca y pública de las discrepancias, en esta destacada  sección del frente unido, no debilite, sino por el contrario, contribuya al fortalecimiento del frente unido del pueblo peruano.

Esta me parece que es la mejor forma de expresar mi apoyo a los compañeros Martín Guerra y Juan Diego Motta, seguro de que continuaremos practicando la acción conjunta y la discusión en diferentes frentes de lucha, tal como lo hemos venido haciendo desde hace un buen tiempo atrás.      

(*) Versión revisada y ligeramente ampliada de comentario del día 03 de setiembre enviado por facebook.