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domingo, 14 de febrero de 2021

PESIMISMO ELECTORAL

 


Escribe: Milcíades Ruiz

El estado de ánimo nacional es muy triste. No solo entre quienes han perdido sus seres queridos por la pandemia sino también, en toda la población afectada por las crisis en cadena. La crisis económica provoca otras crisis secundarias en lo personal, familiar y social. Los conflictos internos se agudizan y los entornos también entran en crisis, generando crisis sectoriales, políticas, culturales, psicológicas y hasta de moral o, ética. Pero todo problema genera su propia solución.

Esta es la situación que afrontamos. Lo peor de todo, es que no hay confianza en los conductores del país, que se muestran ineptos para resolver los problemas que nos aquejan. El deterioro generalizado requiere de un liderazgo alentador que nos haga abrigar esperanzas de solución, pero eso, no lo tenemos. El cambio de gobierno se presentaba como una ventana de escape, pero las opciones políticas que nos dan a elegir, son desalentadoras. El deterioro es profundo y tenemos que afrontarlo con inteligencia y coraje.

Hay mucho pesimismo y preocupación sobre el futuro. Se piensa que no depende de nosotros y que nada podemos hacer. Pero eso, no es cierto relativamente. Claro que podemos hacer algo, o mucho. Eso depende de nosotros. Solo tenemos que romper las ataduras de la sumisión. Estamos domados para aceptar los dictados de la dominación y permitimos que los gobernantes abusen de nuestra docilidad. Hemos perdido la confianza en nosotros mismos. Tenemos que levantar cabeza. Si el gobierno no hace lo debido, tenemos que actuar.

Es preciso luchar contra la opresión bicentenaria, armándonos de valor para vencer nuestra timidez inducida. El estado de derecho no es sagrado. Durante dos siglos nos han marginado de las decisiones de gobierno, y eso continuará sino nos decidimos a acabar el “apartheid” andino. Si queremos ser libres, tendremos que lucharla. La libertad no llega por sí, sola. No basta reclamar al gobierno de los opresores. También, tenemos que reclamarnos por nuestra inacción. Túpac Amaru II se cansó de reclamar. Tenemos que honrar su legado histórico.

Se ha perdido la fe en los partidos políticos, por muchas razones válidas, pero estos son los pilares de nuestra seudo democracia. Si los insumos son de pésima calidad, no podemos esperar un producto final de buena calidad. Hay que mejorar o, cambiar los insumos para obtener una democracia de calidad auténtica. Los partidos políticos se han convertido en instrumentos del sistema, son exclusivos y excluyentes. Han monopolizado el acceso al gobierno del país, cerrando el paso a otras formas de representación.

Nos quejamos de todos los gobiernos, a todos les reclamamos lo mismo de siempre, y seguimos pidiendo que el próximo gobierno corrija los mismos problemas consuetudinarios. Pero seis presidentes elegidos a través de los partidos políticos tienen comprobadas acusaciones de corrupción y malos manejos. No obstante, seguimos insistiendo con el mismo sistema político, los mismos métodos fraudulentos y vicios antidemocráticos.

Si esta es la tendencia predominante, no podemos esperar de la próxima administración un viraje de esta tendencia. De allí, la desconfianza popular en los candidatos y los resultados electorales. En estas condiciones, existe mucho temor de que el próximo gobierno no tenga la solvencia requerida para afrontar la difícil situación que se avecina. No hay consciencia de la gravedad de la caída. Los candidatos hablan de corregir la situación pre pandemia, sin percatarse del precipicio post pandemia.

Las vacunas ayudan, pero no son las que determinarán la recuperación de la economía nacional, del empleo, nivel de vida de la población, equidad en la reactivación. Tener gobiernos ineptos es una maldición histórica. Salir del problema como sea, siempre ha sido lo más importante, sin visionar lo que vendría después. Eso podría suceder ahora.

La forma más fácil de salir de las crisis ha sido siempre el entreguismo, concesionando nuestras riquezas naturales para saldar apremios. Pasó con el salitre y, guano. A la Peruvian Corporation se le dio la concesión de ferrocarriles por 66 años. Lo hizo el fujimorismo con el neoliberalismo, para salir de la catástrofe en que nos dejó el primer gobierno aprista. Echó mano del patrimonio empresarial del estado para financiar déficit, dando origen a la Constitución vigente, que castra al estado, condenándolo a ser subsidiario de la inversión privada.

Entre 1990 y 2000, se ejecutaron 228 condenas de venta, concesión o liquidación de empresas públicas, algunas de alta rentabilidad. Se privatizó el 90% del patrimonio empresarial minero, el 85.5% de manufactura estatal, 68% en hidrocarburos, 68% en electricidad y 35% en agricultura. Se entregó al sector privado, a precio regalado, la Compañía Peruana de Vapores, Petrolera Transoceánica, Minero Perú, Centromin Perú, Entel Perú, Tintaya, Sider Perú, ENAFER, Electro Perú, AeroPerú, banca estatal y otras empresas estratégicas. (Fuente: Congreso de la República)

Si este hábito vende patria se usa ahora para salir de la crisis, no sería raro que se recurra a la privatización de las cuencas hidrográficas, pasando a ser administradas por inversionistas extranjeros en colusión con los nacionales, por 30, 50, o más años. De ser así, quedarán de lado las Juntas de Usuarios de Riego y Comisiones de Regantes de los campesinos peruanos. La puntería está puesta en el agua de nuestros valles para que se coticen en bolsa extranjera con contratos a futuro favoreciendo a los de mayor poder económico.

Ya casi todo el Perú está concesionado actualmente, incluyendo servicios básicos y rubros cuya infraestructura se levantó con nuestros impuestos. Peajes de autopistas, centros arqueológicos, ferrocarriles, puertos, aeropuertos, minas, telefonía, electricidad, territorios petroleros y de gas, bosques amazónicos, y muchos otros rubros estratégicos. Desmontar lo que ha concesionado el neoliberalismo es una tarea patriótica pendiente.

Será difícil revertir esta invasión extranjera. ¿Lo hará el próximo gobierno? ¿Una nueva constitución recuperará la soberanía nacional? “Para muestra, un botón”:

The Carlyle Group es la más grande corporación multinacional en el mundo, con más de 180 empresas integradas. Al amparo del neoliberalismo, creó en el gobierno de Humala (2013), Carlyle Peru Fund, con un fondo de $ 308 millones administrado con Credicorp, el banco más grande de Perú. Sus inversiones incluyen salud, comercio minorista y consumo, servicios mineros, construcción, y educación. Es dueña de Liderman, la compañía de seguridad más grande de Perú, Hermes, para la movilización de caudales y muchos otros negocios.

Esta corporación, tiene la concesión del tren Cusco- Machu Picchu, a través de Inca Rail, empresa que está controlada por otra de sus dependencias, constituida en el paraíso fiscal Isla Caimán. El 20% de las acciones de Inca Rail pertenece a los anteriores concesionarios Juan A. Felipe Forsyth y su hijo. A fines del año pasado la población del Valle Sagrado de los Incas, se levantó contra esta empresa reclamando un precio justo por el boletaje abusivo.

Este poderoso grupo Carlyle, como es normal en EE UU, financia campañas electorales de parlamentarios que defienden sus intereses. Allá, los lobbies son legales. Entonces, un gobierno popular que intente recuperar la concesión ferroviaria señalada, tendrá que vérselas con las represalias norteamericanas y de sus aliados. Pero hay muchos otros negocios concesionados que nos exponen a la presión extranjera.

Muchos no entienden que esta es, la “madre del cordero” de las represalias y sabotajes contra Cuba y Venezuela. Los despistados se suman al ataque, favoreciendo a nuestros depredadores. El mayor concesionario en minería y petróleo es China, que también aplica represalias. Entonces, si llegáramos a gobernar y cambiar la constitución para recuperar lo nuestro, habrá que tomar en cuenta el terreno que pisamos.

Lo señalado nos da una idea del pasivo neoliberal que dejaremos como herencia a nuestra descendencia, si no cambiamos la tendencia gubernativa peruana. La mentalidad de los gobernantes es muy distinta y la mentalidad popular. Lo que quiere el pueblo no es lo que quiere el gobierno. Lo hemos visto en los últimos conflictos sociales. En el manejo de la pandemia, la Caja Fiscal se ha dispuesto según el enfoque de los gobernantes, con resultados deficientes en Reactiva Perú, Arranca Perú, FAE agrario, vacunas, etc.

Todo esto, nos hace ver que no habrá cambio si la población no se moviliza. Pero “no hay mal que por bien no venga”. Un nuevo gobierno inepto, no podrá manejar la situación post pandemia, en que todo se agravará: conflictos sociales, desempleo, delincuencia, recuperación económica, déficit presupuestal, alimentación, pobreza extrema, etc. Habrá entonces un campo propicio para el protagonismo de las fuerzas populares. La rebeldía crecerá. Si el gobierno no satisface, el pueblo tendrá que asumir su rol histórico.

Tenemos que levantarnos de los escombros. Actuar en conjunto como lo hacemos ancestralmente, será la mejor estrategia en la lucha social. La minca política, la mita y el ayni en la lucha social, serán nuestras armas para salir de la desgracia, rompiendo las cadenas de un estado de derecho adverso. No esperar con los brazos cruzados a que el gobierno lo resuelva todo. Nuestra mística ancestral será la clave del resurgimiento que soñamos.

Hay que actuar responsablemente en masa con o sin apoyo del gobierno, con o sin solidaridad de los partidos políticos. Salir por nuestros propios medios, aunque tengamos sufrir la criminalización de la protesta. No se precisa de la violencia para hacer prevalecer nuestros derechos actuando en defensa propia. No perdamos la oportunidad histórica. Nuestra redención solo será obra de nosotros mismos. ¿O no?

Febrero 13.2021

Otra información en https://republicaequitativa.wordpress.com/

 

lunes, 29 de junio de 2020

PROMOTORES DEL PESIMISMO, DEL DERROTISMO, Y LA CLAUDICACION



(26 de junio de 2020)

Por Miguel Aragón

Frente a la actual crisis sanitaria y social, y frente a la crisis  económica  en maduración,  desde un comienzo se han desarrollado  dos concepciones y dos actitudes diferentes en nuestro país.

La mayoría de los trabajadores, en medio de  condiciones de vida muy difíciles, hemos  resistido con firmeza,  nunca dudamos en nuestra convicción que la crisis sanitaria seria temporal, y manteníamos en alto la esperanza que  pronto sería  superada, aunque  dejando una dolorosa secuela de miles de enfermos e incluso  de cientos de muertos.

Por el contrario, entre los defensores del viejo orden social imperante en el país, se ha desarrollado  una  visión interesadamente pesimista y derrotista, que busca debilitar las defensas de pueblo trabajador.

Ahora, a 100 días de la “cuarentena”, y que ya estamos  superando la fase crítica de la crisis sanitaria, la visión de los pesimistas y derrotistas se ha expresado en varios artículos y portadas periodísticas, que se han sumado a las opiniones frívolas y superficiales  que todos los días  difunde la prensa televisiva.

Estos pesimistas magnifican la cantidad de muertes ocurridas en el país, confunden contagios con muertes, e incluso “en su interior” desearían  que la cantidad de víctimas  sea mayor, aspirando a que Perú  se ubique como el país con las mayores cantidades de fallecidos, morbosamente exageran la cantidad de muertos y disfrutan placenteramente del dolor ajeno.  

Por  otro lado, los promotores del derrotismo y de la claudicación, magnifican los  temporales resultados negativos  de la evolución económica. Engañosamente, nos quieren hacer creer que en las últimas décadas en Perú vivíamos en “un paraíso”,  y que recién  hace dos  años han comenzado las falencias en los servicios sanitarios y educativos, y que la pobreza recién ahora ha comenzado en el país.

Repasemos algunos de los  títulos de esos artículos y primeras planas:

EL FRACASO DE LA ESTRATEGIA DEL GOBIERNO, Fernando Rospigliosi, “El Comercio”, sábado 02 de mayo.

CUADRAN A VIZCARRA. PRESIDENTE VIVE EN OTRO MUNDO, DICE ALMIRANTE JORGE MONTOYA, primera plana de “Expreso”, lunes 04 de mayo.

IMPOSIBLE EVITAR LOS CONTAGIOS EN EL PERÚ, Fernando Rospigliosi, “El Comercio”, sábado 16 de mayo. 

LLEGÓ EL COLAPSO, primera plana del semanario “Hildebrandt en sus 13”,  viernes 05 de junio.

UNA NUEVA NORMALIDAD PARA LA RECUPERACIÓN, artículo de Jaime de Althaus, en “El Comercio”, viernes 05 de junio.

MUERTES POR CORONAVIRUS ALCANZAN CIFRAS DE TERROR, primera plana de diario “UNO”,  sábado 06 de junio.

LOS DESTRUCTORES, artículo de Federico Salazar, en “El Comercio”, domingo 07 de junio. 

CRISIS MORAL SIGUE HUNDIENDO AL PAÍS, primera plana del diario “UNO”,  miércoles 10 de junio.

LA ECONOMÍA EN COMA, artículo de Roberto Abusada Salah, “El Comercio”, jueves 11 de junio.

ECONOMÍA EN PICADA, primera plana del diario “UNO”,  sábado 13 de junio. 

NOS MINTIERON, artículo de Luis Gonzales Posada, “Expreso”, sábado 13 de junio.

GESTIÓN EJECUTIVA DE LA CRISIS: EL CASO DEL CORONAVIRUS REQUIERE UN CAMBIO EN LA CONDUCCIÓN ESTRATÉGICA, artículo de José Quesada Seminario, “Expreso”, sábado 13 de junio.

Y TODO A MEDIA LUZ, artículo de Mario Ghibellini,  “El Comercio”, sábado 13 de junio.

LA CUARENTENA ETERNA, artículo de Fernando Rospigliosi,  en “El Comercio”, sábado 13 de junio.

ESTE ROUND LO HEMOS PERDIDO, artículo de Carlos Basombrío Iglesias, “El Comercio”, domingo 14 de junio.

ERES UN IRRESPONSABLE o “el desastre peruano es diferente”,  artículo de Federico Salazar, “El Comercio”, domingo 17 de junio.

FRACASÓ PLAN DEL GOBIERNO CONTRA LA PANDEMIA, primera plana del diario UNO, martes 16 de junio.

PERDIMOS UN QUINQUENIO EN TRES MESES, primera plana y artículo de Carlos  Adrianzen, en “Expreso”, martes 16 de junio.

NO MÁS RECETAS MARXISTOIDES, artículo de Franco Mori P, en “Expreso”, martes 16 de junio.

AUTORITARIOS Y ESTATISTAS, Fernando Rospigliosi, “El Comercio”, sábado 20 de junio.

CAIDA LIBRE, Fernando Berckemeyer, “El Comercio”, sábado 20 de junio.

EN BUSCA DEL RESPONSABLE, Federico Salazar, “El Comercio”, domingo 21 de junio.

¿SIN  FRENO HACIA EL ABISMO? , Roberto Abusada, “El Comercio”, jueves 25 de junio.

LA PREPOTENCIA DEL GOLPISTA, Luís García Miro, “Expreso”, viernes 26 de  junio.

Después de repasar estos titulares, y compararlos con el desarrollo de la realidad presente, intentemos una breve aproximación a las raíces del  problema.

En los últimos 70 años (de 1950 al presente), la evolución económica  en Perú, ha pasado por dos “ciclos largos de crecimiento capitalista”, primero entre 1950 y 1975, y después entre 1993 y 2019. Entre ambos ciclos largos de crecimiento, la evolución económica del país fue alterada por una larga crisis.

La mayor crisis económica y social en la sociedad peruana, durante toda la etapa republicana, ocurrió entre los años 1975 y 1990 (periodo en el cual se sucedieron los gobiernos acaudillados ocasionalmente por Morales Bermúdez, Fernando Belaunde y Alan García). En ese lapso  se paralizaron la mayor  parte de las actividades productivas y el país cayó en bancarrota. Como  consecuencia de esa parálisis,  el despido de trabajadores tuvo como consecuencia que el desempleo y el subempleo aumentaran vertiginosamente. La crisis de producción se agravó con la  hiperinflación galopante de esos años, y como consecuencia de ello, el valor real de los sueldos y salarios se devaluó al máximo. A fines de la década de 1980, durante el gobierno de Alan García,  la pobreza, la  miseria, y sus complementos como la corrupción, la delincuencia y la prostitución,  se generalizaron en todo el país.  

Durante los dos ciclos largos de crecimiento capitalista mencionados, el crecimiento económico no fue complementado con el necesario y urgente desarrollo social. Por el contrario, en esos dos periodos de bonanza,  “los ricos se hicieron más ricos, y los pobres se hicieron más pobres”.

Los grandes propietarios se enriquecieron a manos llenas,  no se atendieron las crecientes y urgentes necesidades de servicios sanitarios y educativos. A medida que crecía el capitalismo semifeudal y semicolonial, crecieron  algunas ciudades, que se vieron  desbordadas por varios cientos de miles de trabajadores del campo que migraron a las ciudades, y formaron los cinturones de miseria, las miserables barriadas. 

Las carencias para afrontar adecuadamente la actual crisis sanitaria no son recientes. Estas carencias se han incubado en los últimos “setenta años de crecimiento económico sin desarrollo social”.

Estas carencias incubadas durante tantos años, no se pueden superar en escasamente tres años, y menos en los últimos tres meses, como  “reclaman” los que pretenden encubrir las causas reales de la crisis. 

La crisis sanitaria ha servido para  desnudar lo falso, superficial y frívolo del llamado “milagro peruano”, que ostentosamente pregonaron los directos beneficiarios de la temporal bonanza.
  
Ahora, transcurridos ya cien días del inicio de la emergencia sanitaria, en  las tres  últimas semanas  se ha llegado al límite  máximo en la cantidad de contagios, ahora  hay síntomas notorios que ya comenzó la esperada y prematuramente anunciada “meseta” de crecimiento de los contagios.

Por otro lado, la perspectiva es que superada la temporal y puntual  caída de la producción,  pronto se reanudará el esperado crecimiento económico, reactivación que demandamos  la mayoría de trabajadores.  

Pero justamente ahora,  en este momento de esperado viraje, se ha desbordado el escandaloso bullicio de “las aves de mal agüero”, con su prédica pesimista, derrotista y claudicante. Como puede leerse, he seleccionado algunos de los titulares de las primeras planas y de artículos periodísticos, en los cuales se desborda esta visión negativa del presente y visión pesimista del futuro cercano.

Factor común en toda esta predica negativa es ocultar la responsabilidad fundamental de la cúpula  de la clase dominante y del obsoleto aparato estatal. El bullicio  solamente se concentra en las denuncias superficiales y ataques al ocasional gobierno de turno y a sus principales funcionarios, cuando no a fantoches como un tal Richard Swing.

En ninguno de los artículos y titulares anotados, nadie denuncia la responsabilidad de los propietarios de los bancos, de los propietarios de las grandes empresas comerciales, y de los propietarios de la gran minería, tres sectores rentistas monopolistas y hegemónicos que viven parasitariamente del producto del trabajo de las mayorías.

Entonces, para nosotros  está muy claro,  a donde apunta este ventarrón de pesimismo y derrotismo. Encubrir el fondo del problema  y seguir hurgando en la superficie del problema, para que todo siga igual.