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lunes, 7 de septiembre de 2020

DESPUÉS DE COVID-19 ¿ES POSIBLE UNA “SOCIEDAD ALTERNATIVA”?

 

RICHARD HORTON

31 AGOSTO 2020



¿Cómo le damos sentido a esta pandemia? Las primeras interpretaciones están apareciendo ahora. Slavoj Žižek es un prolífico filósofo y teórico cultural. Es el primero en producir un volumen de reflexiones – ¡Pandemia! La COVID-19 sacude el mundo (Pandemic! COVID-19 Shakes the World, Polity, 2020). Žižek duda que la epidemia nos haga más sabios: insiste en que “debemos resistir la tentación de tratar la epidemia en curso como algo que tiene un significado más profundo”. A pesar de estas precauciones, todavía tenemos una importante pregunta que responder: “¿Qué le pasa a nuestro sistema que nos sorprendió sin estar preparados para la catástrofe a pesar de que los científicos nos advirtieron de ello durante años?” Debemos aceptar que “La epidemia de coronavirus en sí misma no es claramente un fenómeno biológico que afecta a los humanos: para entender su propagación, hay que considerar las opciones culturales humanas… la economía y el comercio mundial, la espesa red de relaciones internacionales, los mecanismos ideológicos del miedo y el pánico”. Žižek comienza su investigación en China – “China frustra las libertades de sus ciudadanos”. Apoya la opinión de Li Wenliang, el oftalmólogo que fue censurado por las autoridades de Wuhan por compartir información sobre el nuevo virus del SARS-CoV-2 y que más tarde murió a causa de la COVID-19: “Debería haber más de una voz en una sociedad saludable”. China se enfrentó con firmeza y éxito al brote en Wuhan. Pero sin “un espacio abierto para que circulen las reacciones críticas de los ciudadanos” la confianza mutua entre el pueblo y el Estado es imposible de mantener. Ese es el gran desafío de China. ¿Y para nosotros? “Temo la barbarie con rostro humano”.

 

Žižek dirige su atención al futuro: “incluso los sucesos horribles pueden tener consecuencias positivas impredecibles”. Él ve la posibilidad de “una sociedad alternativa”, una que promueva “la solidaridad y la cooperación mundial”. Extrañamente, quizás, “el coronavirus también nos obligará a reinventar el comunismo basado en la confianza en el pueblo y en la ciencia”. No un comunismo de estilo soviético, no “una solidaridad idealizada entre los pueblos”. Sino un comunismo que reconoce que “el capitalismo global se acerca a una crisis”. Es un “Comunismo impuesto por las necesidades de la supervivencia”. Se necesita un cambio radical, y la COVID-19 es un catalizador para lograr este cambio: “Una amenaza tan universal como ésta da origen a la solidaridad mundial”. El Estado “asumirá un papel mucho más activo”, abandonando los “mecanismos de mercado” como solución a nuestros problemas. Aunque no es un especialista en salud global, Žižek piensa que la pandemia, que ha precipitado “un estado de guerra médica”, podría dar lugar a “algún tipo de red de salud global”. (Podríamos llamar a esta red cobertura de salud universal.) Más allá de la salud, Žižek ve la posibilidad de “liberación” – el uso de “tiempo muerto”, “momentos de retiro”, “para la revitalización de nuestra experiencia de vida”. Los encierros han impuesto la soledad, el tiempo para “pensar en el (no)sentido de [nuestra] difícil situación”.

 

La COVID-19 es una “triple crisis”: sanitaria, económica y psicológica. “Las coordenadas básicas de la vida cotidiana de millones de personas se están desintegrando”. Pero los países después del confinamiento “pueden ser transformados, reiniciados de una nueva manera”. Cita a Bruno Latour, quien sostiene que la COVID-19 es un ensayo general para la próxima crisis del cambio climático: “el patógeno cuya terrible virulencia ha cambiado las condiciones de vida de todos los habitantes del planeta no es el virus en absoluto, es la humanidad!” La visión esperanzadora que ofrece Žižek es que “a través de nuestro esfuerzo por salvar a la humanidad de la autodestrucción… estamos creando una nueva humanidad. Es sólo a través de esta amenaza mortal que podemos imaginar una humanidad unificada”. El medio para hacerlo es reconociendo “nuestra comprometida situación dentro de conjuntos más grandes: deberíamos ser más sensibles a las demandas de estas comunidades, y un reformulado sentido de interés propio nos ha de llevar a responder a sus difíciles situaciones”. La “epidemia ofrece una bienvenida oportunidad para que la ciencia se afirme”. Sin embargo, Žižek concluye su análisis con una advertencia: “Los responsables del Estado están en situación de pánico porque no sólo saben que no controlan la situación, sino también que nosotros, sus súbditos, lo sabemos. La impotencia del poder está ahora al descubierto”. “El resultado más probable de la epidemia es que prevalezca un nuevo capitalismo bárbaro”. Este es el punto de vista de Žižek y puedes estar de acuerdo o no con él. Žižek ha realizado un importante servicio. Ha iniciado un diálogo global sobre lo que hacemos ante esta situación. Debemos continuar y profundizar en ese diálogo. Es lo que nos debemos.

 Publicado: 30 de mayo de 2020

 The Lancet

Traducción: Viento Sur

 

lunes, 13 de abril de 2020

CORONAVIRUS: UNA ALTERNATIVA AL MARTILLO Y EL BAILE

Por Carlos Ganoza Durant.
La estrategia del gobierno para combatir el Covid-19 es la del martillo y el baile. Esa estrategia fue propuesta y popularizada por el ingeniero español Tomás Pueyo, que el 19 de marzo publicó en su blog un post titulado Coronavirus: the Hammer and the Dance.
Pueyo explica su estrategia con el siguiente gráfico:

La conclusión es que mitigar con medidas “blandas” que solo aplanan la curva un poco no funciona porque el crecimiento en el número de contagios es tan rápido que igual causa el colapso del sistema de salud, generando muchas muertes. Por lo tanto la única opción es la supresión, aplanar la curva con martillazos, esto es con medida drásticas de distanciamiento social y cuarentenas que reduzcan el número de contagios y eviten la saturación del sistema de salud. El número clave a monitorear es la cantidad de camas con ventilador en uso versus la cantidad de casos graves de Covid-19.
Sin embargo no hay nada que lleve a pensar que después de levantar las medidas de supresión no haya una segunda ola. Según esta encuesta a 18 expertos en modelos epidemiológicos, el 73% pronostica una segunda ola en Estados Unidos. Y Hong Kong, Taiwan y Singapur, que habían logrado controlar muy bien el crecimiento de los primeros casos, ya están experimentando una segunda ola, como señala este artículo del New York Times y de donde viene este gráfico:

Por eso Pueyo en su texto señala que el objetivo principal de la supresión, de darle un martillazo potente a la curva epidemiológica, es ganar tiempo. Pueyo lo pone de la siguiente manera: “si estuvieses a punto de enfrentar a tu peor enemigo, ¿correrías hacia él, o te escaparías para ganar tiempo y prepararte?”. Bajo su lógica la supresión sirve para ganar algunas semanas y poder testear a todo el mundo. A esa segunda etapa le llama el baile.
¿Qué pasa si el martillo no da en el clavo?
La aplicación de esta estrategia en el Perú enfrenta problemas que ponen en riesgo su efectividad y su conveniencia.
El primero es que los martillazos no son tan efectivos por causa de nuestra estructura socio-económica. Tenemos 11 millones de personas cuyo sustento depende de una actividad informal. Para la gran mayoría no salir a trabajar significa no generar ingresos, y un porcentaje importante recibe sus ingresos de manera diaria o semanal.
Sumemos a eso que solo el 49% de los hogares cuenta con refrigerador, por lo que no tienen capacidad de almacenamiento y tienen que salir a comprar víveres con más frecuencia.
Por otro lado el Perú es un país con un déficit de vivienda severo. Casi el 14% de los hogares sufre de hacinamiento en viviendas de una habitación o menos, para 3 personas o más. No son condiciones que permitan soportar una cuarentena larga. Un tuit reciente de Hugo Ñopo lo puso muy claro:
¿Por qué tanta gente saliendo? Comprendamos al país. Más de un millón de hogares viven en condiciones serias de hacinamiento. El confinamiento es más difícil ahí:

Tenemos entonces a un número muy grande de personas hacinadas, con trastornos mentales o situaciones de violencia que pueden empeorar por el confinamiento, para las que no es soportable llevar una cuarentena larga y estricta y por lo tanto es menos probable que la cumplan a cabalidad. Y tenemos también un grupo muy grande de personas que necesitan salir a ganar ingresos de alguna manera u otra, o a abastecerse diariamente.
Por eso no debe sorprender que se reporten imágenes como esta, publicada en El Comercio:

La consecuencia es que los martillazos son mucho menos efectivos para aplanar la curva epidemiológica. Es como si las características de nuestra estructura socio-económica evitasen que el martillazo de en el blanco.
Para entender la magnitud de esto comparemos la cuarentena en el Perú con las cuarentenas de España, Hubei (China), Francia e Italia. Salvo Hubei, todas han sido menos estrictas -al menos al inicio- que la peruana. Por ejemplo durante la primera fase de las cuarentenas en Italia y España se permitió que abrieran comercios aunque con restricciones.
Si es cierto que el martillazo es menos efectivo en Perú, uno esperaría que el crecimiento en el número de casos no se reduzca tan rápido como en otros países con medidas similares. Si menos personas acatan la cuarentena la cantidad de contagios no se reduce tanto, y por lo tanto el crecimiento de la epidemia no se logra frenar tanto.
Y eso es precisamente lo que se observa si se compara la tendencia en el crecimiento de casos de las cinco cuarentenas mencionadas. El Perú es el que menos frena el crecimiento de casos, a pesar de tener la cuarentena más estricta -en teoría, y a pesar de que es el país que la implementó con el menor número de infectados. Como en su primera fase el Covid-19 tiene una curva de crecimiento exponencial que se acelera conforme hay más casos, controlarla al inicio debería significar que es más fácil frenarla. El Perú comenzó la cuarentena con 86 casos documentados, España con más de 7,000 e Italia con más de 9,000.

Fuentes: La data proviene del Humanitarian Data Exchange, que recopila data de diferentes fuentes: https://data.humdata.org/event/covid-19; la información de las fechas de cuarentena de cada país viene del Covid-19 Health System Response Monitor, coordinado por la OMS:https://www.covid19healthsystem.org/mainpage.aspx. El gráfico muestra una tendencia logarítmica para que sea más fácil apreciar las diferencias.
Sin embargo el indicador de casos documentados no es enteramente fiable porque depende de la capacidad de cada país de diagnosticar a las personas infectadas, y esa capacidad no es igual entre países ni estable en el tiempo. Por lo tanto otro indicador complementario es el número de muertes por Covid-19.
Nuevamente, si es cierto que los martillazos son menos efectivos en Perú, uno esperaría ver que la tasa de crecimiento de muertes por Covid-19 se frena más lento con la cuarentena. Y eso es precisamente lo que se observa.

El Perú es el país que menos frena el crecimiento de muertes por Covid-19 desde el inicio de la cuarentena. Si bien es cierto que el Perú empieza de una base mucho más pequeña (3 casos versus 289 en España o 463 en Italia), lo que aumenta sustancialmente la tasa de mortalidad del Covid-19 es la saturación del sistema sanitario, por lo que lo esperable sería que para los países que se demoraron más en implementar la cuarentena sea más difícil frenar el crecimiento en las muertes por el virus. Por otro lado Hubei empezó también su cuarentena con un número de muertes relativamente bajo (17) y aún así logró frenar la tasa de crecimiento dramáticamente.
Mi lectura de todo esto es que la cuarentena en el Perú tiene un alto riesgo de no lograr los resultados esperados para controlar la epidemia. Esto genera un problema muy serio con la estrategia del martillo y el baile.
Recordemos a Pueyo, el autor de la estrategia: el propósito de la supresión es ganar tiempo para prepararte y enfrentar mejor a tu enemigo. La batalla clave contra el Covid-19 no es durante la cuarentena, sino después. Si nuestros martillazos no dan en el blanco, ganamos menos tiempo para prepararnos y evitar segundas o terceras olas.
Frente a eso solo veo tres respuestas: 1) extendemos la fase del martillo y seguimos golpeando la epidemia, 2) nos preparamos más rápido, 3) cambiamos a una estrategia de bisturí.
A continuación analizo las dificultades de las primeras dos.
Entre el martillo y la morfina
La primera respuesta, martillar más tiempo o más duro, me parece poco viable. A pesar de que el martillazo no está aplanando la curva con la efectividad esperada, el daño colateral a la economía de los hogares es monstruoso.
Por eso, como comenté en un artículo publicado en El Comercio, “el martillazo sanitario ha tenido que ser acompañado por el equivalente de la inyección económica de morfina más grande que ha conocido la historia peruana moderna: medidas de liquidez, garantías y subsidios por un valor total de 12% del PBI, y que según algunas proyecciones podría generar este año un déficit fiscal de 8% del PBI”.
Si seguimos martillando más tiempo, más que martillo habremos pasado a una estrategia de comba que va a pulverizar la economía. Y la dosis de morfina que tiene la política económica para anestesiar ese golpe ya se está acabando. Con una deuda pública de 27% del PBI, el Perú tiene espacio fiscal para amortiguar un primer martillazo, pero un segundo o tercero puede ser mucho más complicado.
Para empezar existe mucha incertidumbre y no queda claro qué condiciones de financiamiento encontrará el gobierno cuando le toque emitir deuda para financiar sus medidas. Podría ser necesario emitir a tasas mucho más altas.
Luego, mientras más alto sea el nivel de deuda pública sobre PBI, más difícil será regresarlo a un nivel saludable. Eventualmente el gobierno tendría que hacer un ajuste fiscal importante y acumular un superávit durante varios años seguidos. Pero la economía política de este proceso es muy compleja, los gobernantes no tienen incentivos para un ajuste fiscal. Si a eso le sumamos una deuda que paga tasas más altas (además, a mayor nivel de deuda mayor el costo de esta), esto se complica aún más. En el MEF eso se tiene muy claro y por eso es que es imprescindible pensar más allá del primer martillazo.
Quiero ser muy enfático con esto: la salud de nuestras finanzas públicas es lo que nos da hoy espacio de maniobra para enfrentar la epidemia. Si la echamos por la ventana nos quedamos sin lo único que nos puede proteger frente a cualquier otra circunstancia adversa en el futuro (desde otra catástrofe natural como el terremoto de Pisco o el Fenómeno del Niño del 2017, hasta otra crisis financiera). El bien público más importante que tiene el Perú hoy es una macroeconomía robusta.
Una opción para financiar las medidas podría ser monetizar activos en el balance del Estado peruano, que según el FMI suman 200% del PBI, como mencioné en este artículo y expliqué en más detalle en este post. Esto evitaría algunos de los problemas descritos arriba. Pero la implementación también puede ser desafiante.
Por lo tanto, no es viable seguir con más martillazos.
Esto nos lleva a la segunda opción, prepararnos más rápido. Lamentablemente acá lidiamos con la baja capacidad del Estado. Esto no tiene nada que ver con la capacidad de las personas que toman decisiones hoy en el gobierno, el Estado peruano es simplemente un leviatán muy difícil de arrear. Con la energía propia de circunstancias como estas y el liderazgo adecuado sin duda se pueden lograr avances, y hoy todo el país está dispuesto a ayudar a que eso ocurra. Hemos visto algunos avances, como el aumento en las camas de cuidados intensivos, usar el taller de la marina para reparar ventiladores, y la compra masiva de pruebas (esto a mi juicio muy tarde). Pero por otro lado también hemos visto el fracaso del Estado incluso para proteger a grupos pequeños de funcionarios clave que están expuestos durante la cuarentena, como los policías. Esta nota de El Comercio muestra cómo hemos fallado en proveer a comisarías como la de La Victoria de condiciones básicas de precaución para su personal, y en poder aplicar pruebas con frecuencia para detectar y aislar rápidamente a cualquier infectado. El resultado es 34 infectados en una sola comisaría, y al 11 de abril dos fallecidos, en una historia en la que parece haber habido bastante negligencia.
Para entender mejor el déficit de capacidades que enfrentamos vale una comparación. El país que mejor ha “bailado” con el Covid-19 (tanto que ni siquiera ha tenido que implementar una cuarentena generalizada) ha sidoCorea del Sur, que tiene la capacidad de aplicar hasta 20,000 pruebas moleculares PCR por día. Singapur, otro país que ha tenido éxito en el baile epidemiológico, puede hacer 2,200 pruebas PCR por día. Para que el Perú esté a ese nivel de pruebas relativo a su población, tendría que aplicar más de 12,000 pruebas diarias. Pero como muestra este gráfico elaborado por el politólogo José Incio con data del MINSA, no hemos logrado llegar aún ni siquiera a las 2,000 pruebas moleculares por día.

Por eso es inevitable la pregunta de si podremos estar listos para ese nivel de baile.
Frente a la presión por pasar del martillo al baile el gobierno podría perder el control de la epidemia. Si pasa muy rápido a medidas de distanciamiento social menos restrictivas sin tener la capacidad de testing masivo el número de casos podría volver a acelerarse y enfrentaríamos una segunda ola. Frente a esa situación se requerirían martillazos aún más severos.
Un estudio publicado en la revista médica The Lancet hace un ejercicio de modelar la trayectoria de la epidemia en base a la data de varias regiones en China, y concluye que levantar la cuarentena antes de tiempo (cuando la tasa de contagios -el R0- no ha bajado lo suficiente) podría haber significado que más adelante sea necesario una cuarentena de una duración hasta 7 veces mayor para que la tasa de contagio sea menor a 1.
Por lo tanto existe un riesgo muy alto de levantar la cuarentena si el Estado no está listo para el baile. Un error aquí puede tener un costo gigante.
Esto es verdaderamente una decisión trágica: si levantamos la cuarentena y el Estado no está listo para el baile, nos corremos el riesgo de una cuarentena mucho más larga después; si usamos el principio de precaución y extendemos la cuarentena ahora, enfrentamos el costo inminente de los martillazos con cada vez menos morfina, sabiendo que igual no es seguro que la cuarentena funcione por las razones explicadas al inicio.
El judo y el bisturí
Frente a este dilema creo que es necesario explorar estrategias alternativas. Por ejemplo Piero Ghezzi, Alfonso de la Torre y Alonso Segura han propuesto algunas medidas low-tech para enfrentar la epidemia.
En este artículo quiero proponer una opción diferente, que reemplaza el martillo por el bisturí y el baile por el judo. Esa estrategia parte de la premisa de que no vamos a poder preparar al Estado a tiempo para enfrentar la epidemia con éxito, es decir, no vamos a estar listos para aplicar las 12,000 pruebas por día cuando termine la cuarentena. El propósito de tener esta premisa no es fatalismo, sino forzarnos a pensar de manera creativa sobre qué opciones tenemos dadas nuestras limitaciones.
Bajo esa premisa no podemos lidiar con una epidemia a nivel nacional. El Estado simplemente no tiene las capacidades suficientes. Pero sí podemos concentrar las pocas capacidades del Estado en segmentos de la población o geografías suficientemente pequeñas como para aplicar una fuerza abrumadora en la lucha contra el Covid-19. Ahí entra el judo. En el judo un combatiente pequeño puede concentrar toda su fuerza en un solo punto de ataque y palanca para poner en aprietos a un rival mucho más grande. Y lo mismo puede hacer el Estado peruano contra el Covid-19.
Para entender mejor como el Estado puede concentrar recursos en puntos de alta palanca, hay que pensar en la curva básica de la epidemia, reflejada en este gráfico, que he adaptado del estudio de The Lancet ya mencionado:

Durante las primeras fases de la epidemia la tasa de contagio R0 es mayor a 1, por eso crece aceleradamente. Cuando se implementan medidas exitosas para frenarla (por ejemplo una cuarentena efectiva) se logra reducir la cantidad de contagios que causa un infectado, por lo que la tasa de contagio desciende a menos de 1 y el porcentaje de población infectada se empieza a reducir.
La curva total de un país no es más que el agregado de las curvas de cada región. Una estrategia de judo busca concentrar una fuerza abrumadora en un punto específico, que podría ser una unidad geográfica como un distrito. Eso implica trazar la curva epidemiológica para la unidad geográfica o poblacional mínima viable y monitorear su R0, para entender en qué zonas concentrar toda la capacidad de acción.
Una opción sería monitorear las dos variables clave -número de casos y R0- por distrito, y aplicar diferentes niveles de acción en función de ambos indicadores.
Todos aquellos distritos que tengan un número de casos pequeño y un R0 menor a 1 pueden operar con medidas limitadas de distanciamiento social (por ejemplo los comercios solo pueden atender con un aforo mucho más reducido, se prohíben reuniones de más de 5 personas, uso de mascarillas es obligatorio, todos aquellos que tengan fiebre están obligados a cuarentenarse en casa, etc.). Pero no es necesario que el Estado despliegue capacidades sanitarias más sofisticadas en estos distritos.
Si el número de casos crece más allá de un límite el distrito entra en cuarentena y se cierran las entradas y salidas. Este límite lo determina básicamente la capacidad del sistema de salud para atender los casos que pueda generar ese distrito. Para eso es necesario hacer una proyección en base a la población del distrito, al porcentaje de infectados que requieren ventiladores, y a la capacidad disponible de ventiladores versus un umbral crítico.
En el distrito cuarentenado se aplican pruebas serológicas a una muestra aleatoria de residentes para monitorear qué porcentaje de la población va desarrollando inmunidad, qué porcentaje está compuesto por asintomáticos, y tener claro el perfil epidemiológico del Covid-19 por diferentes segmentos. Por ejemplo, si los jóvenes desarrollan inmunidad en mucho mayor porcentaje, se pueden tomar medidas diferenciadas por edad, etc. Además, a las personas que tienen inmunidad, se les podría permitir retornar a sus actividades, como se está evaluando hacer en Alemania.
Una vez que la cantidad de casos descienda por debajo del umbral, las medidas de cuarentena se pueden ir levantando gradualmente.
Si el R0 es mayor a 1, se concentran los esfuerzos de diagnóstico en ese distrito. Pero se trabaja con bisturí. Se envía un equipo de personas entrenadas para hacer pruebas moleculares PCR para contar con diagnósticos precisos*, se empieza a hacer barridos en puntos de alta probabilidad de contagio (personal de supermercados, policías, médicos, transportistas, etc.), se rastrea rápidamente a los contactos de todos los contagiados. Este último punto es clave, y para eso una opción puede ser usar la data de las empresas de telecomunicaciones sobre la ubicación de cada teléfono móvil en el Perú. Tan pronto se diagnostica a alguien con Covid-19, inmediatamente se accede a la data de los servidores de los operadores móviles para identificar a todos los celulares con los que estuvo en un radio de 10 metros, y enviarles un mensaje automatizado para que se cuarentenen hasta que se les aplique la prueba. Todas esas personas entran a la lista priorizada de testing en la zona.
Básicamente se trata de contar con equipos SWAT que entran a cada distrito en riesgo con la misión de reducir el R0 a través de un trabajo quirúrgico, y tienen el apoyo de un equipo centralizado de data que puede acceder a la información de los operadores móviles.
Es evidente que no tenemos capacidades para montar equipos de esa naturaleza para atender a todo el país, pero sí suficientes para concentrarlos en algunos cuantos distritos a la vez. Al momento de publicar este post no pude encontrar data actualizada confiable, pero al 7 de abril había solo 13 distritos con más de 50 casos.
Aquí una matriz con un algoritmo de decisión para cada caso:

Desde el punto de vista económico, una ventaja importante de esta medida es que permite también enfocar nuestra capacidad de respuesta económica en aquellos distritos o zonas que tengan que ser cuarentenados y aislados por completo. Es diferente soportar económicamente a 10 distritos que a todo un país. El aparato productivo no se paraliza como en una cuarentena y por lo tanto el bienestar de los hogares sufre menos.
El bisturí requiere solo una anestesia económica local, a diferencia del martillazo, que requiere una dosis de morfina potente.
Por otro lado, esta estrategia también permitiría ganar tiempo e ir clonando a más equipos SWAT para avanzar en el camino de poder hacer 12,000 pruebas moleculares por día.
En conclusión, la estrategia del martillo y el baile está enfrentando problemas que pueden llevarnos a tener que escoger entre un dos males severos sin una salida clara. Frente a eso, vale la pena explorar estrategias alternativas para controlar la epidemia con más efectividad y sin obligarnos a escoger entre Escila y Caribdis. La opción propuesta acá es un esfuerzo por ver cómo dadas las limitaciones que tenemos como Estado, podemos reenfocar el problema para resolverlo.
Disclaimer: Esta es solo una propuesta en base al análisis de la data y de los estudios más relevantes que he encontrado. No pretendo ser un experto en control de epidemias ni en salud pública. Mi experiencia y conocimiento es en economía y políticas públicas, análisis de data y tecnología, y mi contribución se hace desde esa perspectiva. No pretendo tener la razón ni que esta propuesta sea la única que pueda servir. Seguramente hay varios desafíos y desventajas que no he analizado. Estoy listo para ser corregido por quienes saben más que yo. Mi único propósito es aportar ideas diferentes que puedan ayudar a entender el problema desde otra perspectiva, y quizá en base a eso encontrar soluciones.



lunes, 31 de octubre de 2016

¿HAY ALTERNATIVAS FRENTE A LA DOLARIZACIÓN?





28/10/2016
Opinión

Pocas dudas existen respecto a que la autorregulación del mercado financiero para un país tiene consecuencias similares a las del juego de la ruleta rusa para un individuo. Hasta el mismísimo zar de la Reserva Federal Norteamericana y arquitecto de la desregulación financiera, que condujo al colapso de 2008, Alan Greenspan, parece estar reconsiderando su confianza en el interés propio y los mercados autorregulados.

“He cometido un error presumiendo que el interés propio de las organizaciones, específicamente de bancos y similares, era tal, que estas organizaciones eran las más competentes para proteger a sus propios accionistas y sus activos en las firmas”[1]

Menos dudas caben acerca de lo nocivo que puede ser para el mundo el mercado financiero desregulado. Si el interés propio, sin regulación que lo contenga como medio de organización de las finanzas de un país, lo conducirá más temprano que tarde al colapso, es más que seguro que llevado a escala internacional el colapso es más probable, más rápido y más pernicioso. ¿Por qué es esto así? Al menos por dos razones. La primera es porque es más fácil regular una entidad bancaria nacional que una extranjera, porque la extranjera, además de contar con su propio poder de fuego financiero, cuenta con redes internacionales de soporte, de cabildeo y el apoyo de su propia embajada. Otra razón es que los empresarios nacionales pueden tener más elementos de arraigo con el país, ya sea por vínculos familiares y personales, apegos materiales como propiedades, o hasta nacionalismo o empatía con el resto de la sociedad, que son apegos de los que carecen las entidades extranjeras.

Es así que la banca extranjera juega un papel desestabilizador en las economías internas, contribuyendo a la fuga de capitales, la especulación cambiaria y la evasión impositiva. El ciudadano de a pie, víctima de la propaganda engañosa y la invasión cultural que abruma nuestras pantallas de televisión, tiende a pensar que la banca externa es un muro de seguridad frente a las crisis financieras en Latinoamérica. Sin embargo, nada está más alejado de la realidad como lo aprendieron los argentinos que depositaron sus dólares ahorrados en instituciones como el Boston o el City Bank y en 2002 solo les devolvieron fracciones de este dinero. EEUU, cuando era un país en desarrollo, también tenía muy claro este papel desestabilizador de la banca externa y no solo prohibían la existencia de entidades financieras extranjeras y prohibían la existencia de directores extranjeros en la banca nacional, sino que también les exigían a los directores estadounidenses que no representaran intereses externos.

El debate sobre si las crisis financieras son endógenas o exógenas, es decir, si son inevitables porque las desarrolla el propio sistema, o si por el contrario, nacen como consecuencia de choques externos, como por ejemplo fallos de política, ha sido zanjado con la evidencia aportada por la reciente crisis internacional que coincide con uno de los períodos de menor regulación de la historia monetaria global.

Como hemos explicado en dos notas anteriores (“Las consecuencias económicas de la dolarización” y “¿Quién gana con la dolarización?”), la falta de coordinación monetaria internacional no solo está sembrando el planeta de dólares que el gobierno norteamericano nunca podrá devolver al precio actual (valuado en bienes), sino que además es una fuente de la inestabilidad recurrente que afecta la economía global y debilita las economías domésticas de los países en desarrollo. La perversidad de la arquitectura financiera vigente queda de manifiesto con el hecho de que los países pobres son los que le aportan financiamiento a los países desarrollados, y no al revés como sería de esperar si se aspirara mínimamente a lograr una convergencia en los niveles de desarrollo entre países. El flujo “al revés” de los capitales es de tal magnitud que los países avanzados pueden mantener en conjunto un déficit de su cuenta corriente (del -0.9% del PIB entre 2002 y 2008, y del 0.4% entre 2009 y 2013 de acuerdo al FMI), mientras que los países pobres están obligados a mantener superávits (del 3.1% entre 2002 y 2008 y del 1.4% entre 2009 y 2013). Tan relevante es esta cuestión que tiene nombre y apellido, la Paradoja de Lucas.[2]

Dos caminos pueden liberarnos del problema actual. Uno consiste en rediseñar el sistema financiero global. Pero como lograrlo involucra el apoyo de quienes serían los principales perjudicados de este rediseño, es decir, los EEUU y la Unión Europea (que controlan las dos principales instituciones financieras internacionales, FMI y Banco Mundial, y son quienes más se lucran con la emisión de las dos monedas de transacción y de reserva internacional), es de esperar que no actúen en contra de su interés inmediato y nunca apoyen con sinceridad los esfuerzos de coordinación monetaria global. El segundo camino consiste en buscar alternativas individuales o que involucren una cooperación regional.

Sobre el primer camino, el rediseño del sistema financiero internacional, han existido propuestas de gran calado. Keynes, en primer lugar, propuso la creación de una “Unión de Clearing Internacional”, con la creación de una moneda internacional, el Bancor. Los países establecerían el tipo de cambio entre sus monedas y el Bancor. La propuesta involucraba penalidades para quienes tuvieran desbalances significativos en sus cuentas corrientes, ya sean déficits o superávits, y pre-establecía mecanismos automáticos y no automáticos de corrección. Por ejemplo, si el déficit excedía una cuarta parte de la suma de sus exportaciones e importaciones promedio anuales, el país tendría que devaluar un 5% su moneda y pagar un 1% del monto de desbalance que iría a constituir un fondo común (de propiedad de la Unión de Clearing). Los países superavitarios también tendrían que realizar ajustes sobre la economía real, ya sea elevando salarios, apreciando su moneda, reduciendo sus tarifas, prestándoles a los países pobres o aumentando la demanda interna, Igualmente sufrirían la misma penalidad del 1% por el desbalance. Este diseño institucional desacopla la oferta mundial de dinero de reserva y transacción internacional de la moneda nacional de cualquier país. Ninguna moneda nacional sería una moneda de reserva, es decir, que se desdolarizarían (o deseurizarían)[3] las finanzas internacionales y, además, la Unión generaría ingresos por señoreaje y multas que podrían ser utilizados para solventar bienes públicos globales.

Se han presentado otras propuestas que avanzaron sobre esta inicial de Keynes, entre las que destacan las de Paul Davidson y las de Greenwald y Stiglitz. Todas comparten el objetivo de desacoplar la oferta de dinero para transacciones y reservas internacionales de la moneda de un país en particular, el de penalizar a los países que sostengan superávits continuos y el de proveer a la economía mundial de un activo con un valor más estable que la moneda de un país como el dólar de EEUU.

De todos modos, a pesar de que estas propuestas de rediseño institucional del sistema financiero son totalmente factibles, podemos calificarlas de “utópicas” porque ninguna será implementada debido a que los perdedores que generarían, básicamente quienes hoy emiten moneda transaccional y de reserva internacional, esto es EEUU y la UE, son quienes nunca apoyarán esta iniciativa.

Así, mientras el mundo tenga esta dirigencia global irresponsable, no se implementarán estas propuestas superadoras de la situación actual, lo que significa que los países de Latinoamérica deben avanzar por el segundo camino, el de explorar alternativas individuales o de coordinación regional, que exploraremos en un siguiente artículo.

Guillermo Oglietti, Investigador de la Unidad de Debates Económicos de CELAG.



[1] "I made a mistake in presuming that the self-interests of organizations, specifically banks and others, were such as that they were best capable of protecting their own shareholders and their equity in the firms." House Oversight and Government Reform Committee, Oct. 23, 2008
[2] En referencia al Nobel Robert Lucas, quien planteó la paradoja en el artículo “¿Por qué el capital no fluye desde los países ricos a los países pobres?” en un artículo de 1990.

[3] Debemos notar que el euro tiene la aspiración de competir con el dólar como moneda transaccional y de reserva internacional, no representa un cambio de sistema sino un cambio de rentista.
http://www.alainet.org/es/articulo/181312