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domingo, 25 de octubre de 2020

Bolivia, Victoria del MAS-IPSP: SEGUNDA OPORTUNIDAD PARA REORIENTAR SU RUMBO Y PROFUNDIZAR EL CAMBIO


Roberto Montoya

24 octubre 2020

 

El campo popular boliviano después de la victoria aplastante del MAS-IPSP (Movimiento al Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos) en las elecciones tiene una gran oportunidad para recuperar su rumbo, rectificar ciertas políticas polémicas y actitudes personales de Evo Morales que le habían restado apoyos sociales en los últimos años y profundizar y ampliar las reformas de calado que se hicieron durante sus casi catorce años de gobierno.

El principal candidato de la derecha, Carlos Mesa, durante su campaña electoral intentó utilizar precisamente ese descontento con Evo Morales de algunos de los movimientos sociales que lo auparon al poder, asegurando que Luis Arce Catacora, el ahora nuevo presidente, era una simple marioneta suya. “Arce es Morales”, fue una de las consignas utilizadas en la campaña electoral por Mesa.

Tras su triunfo, Luis Arce reconoció errores del gobierno de Morales -del cual era ministro de Economía- pero aclaró en una entrevista a la BBC un día después de las elecciones, cuando se le preguntó sobre el tema: “No soy Evo Morales. Soy Luis Arce Catacora”. “Dijimos que teníamos que tener renovación en el MAS, para la gente joven. Si Evo Morales quiere ayudarnos será muy bienvenido pero eso no quiere decir que él estará en el gobierno. Será mi gobierno. Si quiere volver a Bolivia y ayudarnos, no hay ningún problema”.

En una entrevista posterior con El País, el periodista Fernando Molina preguntaba a Arce: “Evo Morales tiene una personalidad exuberante y muy centralista. ¿Eso le va a afectar?” Y el nuevo presidente respondía: “Él no va a cambiar, es un líder indiscutible e histórico del proceso de cambio, es un líder internacional. No va a cambiar y tampoco pretendemos que cambie. Va a ser así nomás”. Y volvía a repetir: “Pero lo cierto es que en el Gobierno no tiene ninguna participación; él tiene su rol como presidente del MAS, que es importantísimo. En este tiempo nos hemos dado cuenta de que fallamos al no fortalecer las instancias del propio MAS”.

Y acotaba: “Y también va a estar bastante ocupado tratando de resolver los juicios que tiene”. En Bolivia esa frase no pasó inadvertida. Además de las varias causas que se le abrieron durante el Gobierno golpista de Añez por sedición, terrorismo, genocidio y alzamiento armado para poder impedir su candidatura a la presidencia -la Fiscalía de Bolivia pidió por ello su detención en diciembre de 2019- también tiene causas por estupro, por sus relaciones sexuales con al menos dos jóvenes -con una de ellas convivió- que se habrían iniciado supuestamente cuando estas eran menores de edad.

Su declarado interés por menores ya le habían valido en el pasado duras críticas del movimiento feminista boliviano, y los golpistas han utilizado ese secreto a voces como arma electoral y judicial.

Evo Morales seguirá siendo clave en el MAS-IPSP

A pesar de las declaraciones del presidente electo, pocos creen sin embargo que Evo Morales se vaya a resignar con jugar un papel secundario en esta nueva etapa. El ex líder cocalero se ganó a pulso el liderazgo del MAS y la presidencia de Bolivia tras muchos años de lucha, y su desgaste de los últimos años no supone que sea un dirigente ya amortizado.

En la reunión de la dirección ampliada del MAS-IPSP de diciembre de 2019 donde se acordaron las directrices fundamentales para todas sus organizaciones integrantes y movimientos aliados frente a esta pasada campaña electoral de 2020, se nombró formalmente a Evo Morales como Jefe Nacional de Campaña.

De hecho, Arce le debe su candidatura a Morales. Varias de las organizaciones indígenas y campesinas integrantes del MAS-IPSP no apostaban inicialmente por Luis Arce Catacora como candidato presidencial para sustituir a Evo Morales, inhabilitado y exiliado en Argentina desde hace meses.

Propusieron como candidato a presidente al ex canciller de Morales, a David Choquehuanca. El extitular de Exteriores del Gobierno de Evo Morales se ha mostrado como un hombre clave no solo para coordinar la acción de distintos sectores sociales de la Bolivia andina, sino que también ha jugado un papel central para evitar que las diferencias de estrategia que se produjeron en el seno del MAS y otros movimientos sociales cuando Morales dimitió y se hizo con el poder Jeanine Añez, terminaran en una fractura del partido.

Cofundador del MAS -mientras que Arce se integró en 2005- Choquehuanca parecía durante años destinado a ser el sustituto de Morales, pero este lo cesó como canciller y lo relegó, según se asegura, para evitar que se convirtiera en un importante competidor.

A pesar de las presiones de las bases para que Choquehuanca fuera el candidato a presidente el Evo Morales caudillo se impuso y el MAS terminó aceptando que Luis Arce Catacora fuera el candidato a presidente y que David Choquehuana fuera candidato a vicepresidente.

Nadie duda de la solvencia como tecnócrata del que fuera ministro de Economía con Morales, al que se considera cerebro del boom económico de Bolivia y del crecimiento sostenido que tuvo el país durante años, lo que permitió sacar de la pobreza a dos de los once millones de bolivianos, mejorar drásticamente la sanidad, acabar con el analfabetismo y emprender importantes obras de infraestructura en zonas rurales históricamente abandonadas.

Es pronto aún para saber si Arce será capaz de sustituir a un líder con la tradición de lucha y el carisma de Evo Morales. Para el MAS-IPSP se abre una nueva etapa. Es la primera vez que su candidato presidencial no es el propio Evo Morales.

No pocos analistas pronosticaban que la ausencia de Morales supondría una fuerte caída de puntos para el partido al observar otros precedentes en América Latina. Lenín Moreno fue el candidato presidencial en Ecuador propuesto por Rafael Correa en 2017 pero el brusco cambio de rumbo hacia la derecha que hizo su delfín al llegar al poder convirtió en poco tiempo a ambos en enemigos acérrimos.

Cristina Fernández de Kirchner propuso por su parte en 2015 como candidato para sustituirla a Daniel Scioli pero buena parte del electorado tradicional kirchnerista no se reconoció en él y perdió las elecciones.

En Venezuela, cuando Hugo Chávez, ya muy enfermo, pidió en 2012 a sus militantes y seguidores que votaran en las siguientes elecciones por su vicepresidente, por Nicolás Maduro, el chavismo, aunque ganó, obtuvo su votación más baja desde 1998.

En Bolivia, en cambio, a pesar de la ausencia forzada de Evo Morales el MAS-IPSP obtuvo con la candidatura Arce-Choquehuanca aún más votos que los conseguidos por Morales en la polémica votación de 2019 que dio lugar al golpe de Estado de la derecha.

Partido y movimiento social

Habrá que ver cuáles de las corrientes internas del MAS cuenta con más peso en este nuevo periodo y si el partido logra mantener su fuerza con un liderazgo distinto.

El MAS-IPSP, nacido en los años 90, no es un partido al uso, está constituido por organizaciones sindicales campesinas, indígenas y de trabajadores y movimientos sociales. Esa articulación de movimientos, sindicatos y partido es compleja, a menudo provoca tensiones y choques, pero es a su vez el gran capital del MAS.

Sus raíces son muy sólidas y extendidas, lo que la convierte en una fuerza política y social sumamente poderosa y representativa de las mayorías sociales de Bolivia.

Las organizaciones pilares fundacionales del MAS-IPSP en los años ´90 fueron la CSUTCB (Confederación Sindical Única de Trabajadores de Bolivia), la CSCIB (Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia) y la CNMCIOB-BS (Confederación Nacional de Mujeres Campesinas, Indígenas y Originarias de Bolivia-Bartolina-Sisa).

Las trillizas, como se las conoce popularmente, siguen teniendo gran influencia en el partido, pero en congresos posteriores se fueron incorporando también fuerzas como la Federación Nacional de Cooperativas Mineras o el Centro Regional de Trabajadores de El Alto.

A su vez las organizaciones que componen el MAS-IPSP conforman, junto con la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia y el Consejo Nacional de Ayllus y Markas de Qullasuyu el llamado Pacto de Unidad y existe un sinnúmero de organizaciones sindicales aliadas, como la poderosa COB (Central Obrera Boliviana) y movimientos sociales de distinto tipo con las que se acuerdan importantes alianzas puntuales.

Esa peculiaridad del MAS, esa autenticidad, es la que ha hecho que las disidencias internas no pudieran ser acalladas fácilmente de forma burocrática. Varias de sus organizaciones denunciaron una y otra vez el autoritarismo de Morales, los muchos casos de instrumentalización de los movimientos sociales y el incumplimiento del Estatuto Orgánico interno fundacional, actualizado en 2012 para los nombramientos de cargos.

A esto parecía aludir Luis Arce cuando dijo lo de “nos hemos dado cuenta de que fallamos al no fortalecer las instancias del MAS”.

Como analizábamos en estas mismas páginas hace un año, fueron muchas las críticas que los gobiernos de Morales recibieron de sus propias bases sociales: la incoherencia de su defensa de la Pachamama (la Madre Tierra) por un lado y una política de intenso extractivismo y deforestación de la Amazonia por otro, o con la realización de grandes infraestructuras que afectaban de lleno a territorios de pueblos originarios.

Una parte significativa de las bases sociales del Gobierno de Evo Morales –incluidos sectores de la ciudadanía urbana progresista, minoritaria, cuyas demandas nunca se atendió- se indignó también por las artimañas legales utilizadas por Evo Morales para desoír el resultado del referéndum popular de 2016 que rechazó permitirle presentarse para un tercer mandato. Un 56,5% de los bolivianos no aceptaron su propuesta para reformar la Constitución de 2009 para poder ser reelegido.

Fue una advertencia importante que Morales no supo ver y de la que hasta el día de hoy no se ha autocriticado.

Morales logró en aquel momento que el Tribunal Constitucional hiciera una torticera interpretación de la ley y considerara que la Declaración de Derechos Humanos de la ONU -que da derecho a cualquier ciudadano a ser elegido para cargos públicos- estaba por encima de Constitución… que su propio Gobierno había logrado sacar adelante en 2009.

Esa misma interpretación es la que utilizó para presentarse por cuarta vez en 2019 gracias a la sumisión de la Justicia, la misma que poco después se ponía a las órdenes del gobierno golpista.

Los movimientos sociales dejaron de lado sus diferencias con el MAS-IPSP para poder recuperar el poder                                  

Frente a aquellos sectores del partido que propusieron desde el primer momento resistir y enfrentar al Gobierno de Jeanine Añez con protestas callejeras, movilizaciones y una actitud parlamentaria bronca, el sector liderado por Arce optó por una actitud más moderada y paciente.

Se mantuvo la presión contra el Gobierno a través de la mayoría parlamentaria que mantuvo el MAS-IPSP y se aguantó el hostigamiento político, judicial y policial a sus militantes, evitándose la confrontación directa.

La política derechista, racista y represiva del gobierno de Jeanine Añez surgido del golpe de Estado cívico-policial de hace un año, el comienzo del desmantelamiento de conquistas sociales logradas por el Gobierno de Evo Morales y la pésima gestión de la crisis provocada por la pandemia de la covid-19 y la brusca crisis económica desatada, ayudaron a que las divisiones que habían surgido en el seno del MAS y en otros sectores de su electorado potencial se cerraran y todos unieran fuerzas ante las elecciones.

Hasta dirigentes de peso como el histórico y radical líder campesino Felipe Quisque, tradicionalmente duramente crítico con Evo Morales, decidió hacer campaña activa a favor de la candidatura Arce-Choquehuanca.

La división de la derecha hizo el resto. Los propios candidatos de la oposición, Carlos Mesa y Luis Fernando Camacho, criticaron también, interesadamente, la pésima gestión de la pandemia por parte del Gobierno y le acusaron de facilitar con ello la recuperación del MAS.

En solo once meses el gobierno golpista acabó con el crecimiento económico que se mantenía desde hace años, subió del 6% al 9% el déficit fiscal, se aumentó considerablemente la deuda externa y el PIB cayó 11 puntos, elementos que incidieron en el voto a favor del MAS-IPSP incluso de sectores que tradicionalmente no lo votaban.

Aparte de represor, racista y defensor de una política neoliberal y elitista, el Gobierno de Añez demostró ser un pésimo gestor.

Un gran desafío para sacar a Bolivia de la crisis actual

El nuevo presidente, un reconocido economista de izquierda, ya lo adelantó. Volverá a aplicar las mismas recetas económicas que utilizó durante los anteriores gobiernos de Morales y que permitieron el despegue de Bolivia.

Es consciente que la herencia recibida del Gobierno de Añez tras solo 11 meses de gestión es pésima, no solo por la reorientación neoliberal que hizo de la política económica, sino también porque Bolivia, como el resto del mundo, se enfrenta a los estragos económicos y sociales provocados por la pandemia de la covid-19.

Sin embargo, el FMI prevé que para 2021 Bolivia podría conseguir un gran repunte, con un crecimiento del 5.6%.

Arce reconoce que la situación es sumamente adversa pero insiste en que la única salida es recuperar el rumbo que venía llevando la política económica cuando él era ministro de Morales: volver a aplicar una política fiscal que aumente la presión sobre las grandes fortunas de forma progresiva -afectaría a unas 12.000 personas-; devolución del IVA para los sectores de bajos ingresos; recurrir a la inversión pública como principal motor económico; lanzar programas que aseguren la soberanía alimentaria con impulso especial a la producción de alimentos que hoy día se importan; industrialización soberana del litio -tiene las mayores reservas del mundo que hasta ahora no se comercializan- con alianzas estratégicas de inversión conjunta con el sector privado.

La estrategia económica de Arce se basa en utilizar los excedentes que proporciona la industria minera, eléctrica y del gas para invertir en el sector agropecuario, en manufactura, construcción y turismo.

Arce propone renegociar el pago de capital e intereses de la deuda externa, intentando obtener una moratoria por dos años, lo que supondría un balón de oxígeno, al menos temporal, para poder orientar esos recursos hacia la reconstrucción de la economía.

El nuevo equipo de gobierno prevé la utilización de bonos contra el hambre y otro tipo de subvenciones para atender temporalmente a aquellos sectores que requieren una ayuda humanitaria urgente, y apoyo a trabajadores, autónomos y pequeñas empresas.

En política exterior el nuevo gobierno se proponer restablecer las relaciones con Venezuela y Cuba rotas por el gobierno golpista de Añez; seguramente se reintegrará al ALBA-TCP (Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos) creada por Hugo Chávez y Fidel Castro en 2004 y tendrá que recomponer sus relaciones con la Unión Europea.

Vergonzosamente el Gobierno de Añez fue reconocido rápidamente por la UE, al igual que lo hicieron Rusia, Estados Unidos y otros países.

Contra los pronósticos de muchos, el MAS-IPSP no solo logró resistir la fuerte ofensiva de las elites bolivianas -incapaces de articular un proyecto alternativo- sino que se recuperó con bríos. El binomio Arce-Choquehuanca obtuvo el 55,10% de los votos en estas elecciones, Carlos Mesa el 28,83% y Luis Fernando Camacho el 14%, mientras que en las elecciones de hace un año Evo Morales consiguió el 47,08% de los votos y Carlos Mesa 36,51%.

Se abre así una oportunidad histórica para el MAS-IPSP para reconducir y profundizar el cambio iniciado en 2006, lo que supone también un gran aliciente para la izquierda y las mayorías sociales en América Latina y el Caribe.

23/10/2020

Roberto Montoya, escritor y periodista, forma parte del Consejo Asesor de viento sur

 Fuente: https://vientosur.info/segunda-oportunidad-para-reorientar-su-rumbo-y-profundizar-el-cambio/

 

lunes, 25 de noviembre de 2019

EL GOLPE ANUNCIADO QUE EVO MORALES NO SUPO PREVER (I y II)



18/11/2019 | Roberto Montoya 

Hace solo unas pocas semanas muchos analistas de la realidad política y social latinoamericana coincidían en que el nuevo ciclo de gobiernos neoliberales iniciado en los últimos años no terminaba de cuajar.

Evo Morales posiblemente también lo viera así. Sabía que su Gobierno, que en enero de 2020 hubiera cumplido 14 años, era el único de los gobiernos progresistas de la región que no había caído derrotado ni en las urnas como el de Argentina y El Salvador; ni por obra de golpes blandos como los de Honduras y Paraguay; ni por impeachment o juicios manipulados como los de Brasil, ni tampoco estaba cercado económica y políticamente como Venezuela.

Era el único también que había conseguido mantener un ritmo continuado de crecimiento de casi el 5% anual a pesar de la caída de las materias primas, aunque esto fuera manteniendo, y ampliando incluso, un sistema extractivista de explotación, especialmente del gas, petróleo, plata, cobre, zinc. Bolivia tiene también las mayores reservas mundiales de litio —fundamental para la producción de baterías de coches eléctricos—, principalmente en el desierto salado de Uyuni y en los salares de Coipasa y de Pastos Grandes.

Morales utilizó esa mayor explotación de los recursos naturales para reducir drásticamente los índices de pobreza, de malnutrición, los problemas de salud, para acabar con el analfabetismo —reconocido por la UNESCO—, para mejorar decisivamente la distribución de la riqueza, para construir hospitales, escuelas e infraestructuras, especialmente en las tradicionalmente abandonadas zonas rurales. Estos hechos fueron reconocidos por la propia CEPAL, el FMI y el Banco Mundial.

Su Gobierno mejoró sustancialmente la vida de las mayorías sociales blindando constitucionalmente los derechos de indígenas y campesinos e hizo que el Estado asumiera el control estatal sobre los hidrocarburos y sectores estratégicos.

Por todo ello, tras más de 13 años de importantes cambios sociales sentía que su Gobierno estaba totalmente arropado, blindado.

Evo se sintió arropado en 2019 por las nuevas movilizaciones sociales en la región.

El clima social en América Latina y el Caribe parecía favorecerle en 2019. El ciclo neoconservador se estancaba y algunos vaticinaban que podía empezar a retroceder. En octubre pasado las protestas sociales se masificaron contra los gobiernos de Lenin Moreno en Ecuador, contra el de Sebastián Piñera en Chile, el de Jovenel Möise en Haití; las movilizaciones se ampliaron en Honduras contra Juan Orlando Hernández o en Panamá contra el flamante presidente Laurentino Cortizo.

La brutal represión con la que en la mayoría de estos casos respondieron esos regímenes —22 muertos, 2.000 heridos y 5.000 detenidos en Chile; ocho muertos, 1.300 heridos y casi 1.200 detenidos en Ecuador; 35 muertos en Haití; dos en Honduras— no logró doblegar esas luchas populares.

Todo parecía indicar que el trabajo de años desde abajo de los movimientos sociales estallaba de nuevo frente al neoliberalismo depredador que había logrado ir arrollando en los últimos años a la mayoría de los gobiernos progresistas que hegemonizaron América Latina y el Caribe desde fines del siglo pasado. A partir del primer triunfo electoral de Hugo Chávez en Venezuela en 1998.

Pero ninguno de estos ciclos es lineal y una vez más se impone la tantas veces confirmada frase de Antonio Gramsci: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”.

“No supimos entender las señales. Había un plan previamente establecido”, declaraba García Linera desde México 

Ni Evo Morales ni su fiel vicepresidente, Álvaro García Linera, parecían ver los monstruos que se avecinaban. “No supimos entender las señales. Había un plan previamente establecido”, declaraba estos días a eldiario.es desde México.

García Linera se refería fundamentalmente a los hechos producidos en las semanas previas a las elecciones presidenciales del pasado 20 de octubre. Sin embargo, todo había comenzado mucho antes, años antes. Las advertencias estaban ahí.

Evo Morales se convirtió en enero de 2006 en el primer presidente indígena de Bolivia por mayoría absoluta. Obtuvo el 54% de los votos en las elecciones de 2005, y en 2008 superó un referéndum revocatorio con un 67% de los votos.

Ese mismo año se eligió una Asamblea Constituyente que redactó una nueva y garantista Constitución, la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia. Morales y su partido tuvieron duros choques con la oposición parlamentaria de derecha al debatir muchos de sus artículos.

Entre otras muchas medidas de peso en la nueva Carta Magna el catolicismo dejó de ser religión oficial, se estableció la libertad de culto, lo que le valió grandes enfrentamiento con la jerarquía eclesiástica. Por ello, los golpistas al irrumpir estos días violentamente en el palacio presidencial lo hicieron al grito de “la Biblia ha vuelto al Palacio Quemado”.

Como sucedió en Brasil con Jair Bolsonaro, el fundamentalismo religioso de católicos y sobre todo de evangelistas, se ha convertido en una seña de identidad y arma de estas fuerzas ultras para ganar apoyo popular.

Morales no consiguió que en la nueva Constitución de 2009 se permitiera la elección indefinida del presidente, solo podría tener dos mandatos consecutivos. A pesar de ello, en 2013 Evo Morales sí se presentó nuevamente. Aunque la oposición denunció como inconstitucional su candidatura el presidente consiguió que la Justicia avalara su argumento para hacerlo: había una nueva Constitución, la de 2009, y por lo tanto debía considerarse que la cuenta empezaba de nuevo desde cero. Se postulaba por lo tanto como candidato... para un primer mandato. Los dos anteriores no contaban.

Y consiguió que el Tribunal Constitucional Plurinacional apoyara su argumento. Fue así que Evo Morales comenzó su tercer mandato entre la ira de la oposición.

Y para asegurarse luego la posibilidad de presentarse a otro mandato más, convocó en 2016 a un referéndum nacional para que los bolivianos aceptaran modificar un artículo de la Constitución, el 168, para que le permitiera postularse indefinidamente. Según su particular cuenta y la del Constitucional ese sería solo el segundo.

El referéndum tuvo lugar, pero la movilización de la oposición que por fin después de años encontró un punto de unidad le cortó el paso. El no a esa reforma obtuvo la mayoría, el 51,3%. Sin embargo, Morales volvió a apelar al Constitucional, haciendo valer en esa ocasión que había una legislación superior a la propia Constitución boliviana, la legislación internacional, el artículo 23 de la Convención Americana de Derechos Humanos, que establece “el derecho del presidente a ser elegido y del pueblo a elegirlo”.

Aunque muchos hoy se escandalicen, fue la vía que en 2003 utilizó también Oscar Arias en Costa Rica, Daniel Ortega en Nicaragua en 2014 y Juan Orlando Hernández en Honduras en 2015, mandatarios de distinto signo ideológico.

Solo la eterna división interna de la oposición —en cada elección que ganó Evo Morales se enfrentó a líderes opositores distintos— explican que ese tipo de reiteradas interpretaciones jurídicas no dieran lugar a graves crisis.

Durante años se produjeron reiteradas advertencias que Evo no supo ver

En 2017 hubo otra advertencia al Gobierno de Morales y García Linera. El 3 de diciembre de ese año se celebró un referéndum para elegir a los miembros del Tribunal Supremo de Justicia, del Tribunal Constitucional Plurinacional y del Consejo de la Magistratura. La oposición pidió a sus seguidores que boicotearan ese plebiscito, llamando al voto nulo.

Y el voto nulo superó el 50% y el voto en blanco el 17%. El presidente consiguió poco más del 30%. La oposición, aún sumamente fragmentada, se unía para acciones concretas. Pero la gota que rebasó el vaso fueron las últimas elecciones, las del pasado 20 de octubre.

Los adelantos del recuento que se fueron conociendo durante esa jornada permitían prever que los resultados electorales serían muy ajustados entre los dos candidatos, Evo Morales y Carlos Mesa, y que haría falta ir a una segunda vuelta.

Este nuevo líder de la oposición es un personaje contradictorio, ambiguo, periodista, escritor, al que el propio Gobierno de Morales le encomendó en 2014 representar a Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia para conseguir una salida al mar a través de Chile.

Mesa, que fue presidente entre 2003 y 2005, llegó a anunciar en octubre de 2018 que se volvería a presentar como candidato para las elecciones de 2019 pero esta vez por el Frente Revolucionario de Izquierda (FRI). El FRI es una organización de origen maoísta que ya en ese momento poco tenía que ver con los ideales de Mao. El nombre de esta organización hizo confundir a muchos sobre el perfil real de este personaje.

El FRI terminó rompiendo con Mesa y este se presentó finalmente a las elecciones del 20 de octubre pasado como candidato de una plataforma variopinta, Comunidad Ciudadana.

Audios interceptados muestran la complicidad de militares retirados y senadores republicanos ultras

Semanas antes del 20 de octubre ya parecía claro que la estrategia tanto de la oposición parlamentaria como de las fuerzas ultras y violentas agrupadas en los Comités Cívicos de Santa Cruz, Potosí y otras ciudades, era no reconocer los resultados electorales si estos daban un triunfo a Evo Morales.

Este plan, tal como se pudo comprobar por una serie de 16 audios interceptados a los golpistas, y como era de prever, contaban desde hacía mucho tiempo con el aliento y complicidad de la embajada de EE UU en Bolivia y de senadores republicanos ultraderechistas cubano-estadounidenses como Marco Rubio y Ted Cruz, y de la propia Casa Blanca.

Evo Morales llegó a mencionar semanas antes de que se ejecutara el golpe que su Gobierno tenía constancia de que se fraguaba un golpe de Estado e hizo alusión incluso a la existencia de esos audios interceptados.

El día de las elecciones, cuando la presidenta del Tribunal Supremo Electoral (TSE), María Eugenia Choque, dio a conocer el primer recuento del 83% del sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP), parecía claro que haría falta una segunda vuelta. Aunque Morales aparecía con un 45% de los votos y Mesa con el 38% no era suficiente diferencia para ganar en primera vuelta.

El TREP es un sistema de conteo rápido cofinanciado por la UE que utiliza no las actas originales sino las fotografías de ellas enviadas desde las mesas de votación; todos daban por seguro que sería necesaria una segunda vuelta. En la misma noche electoral la presidenta del TSE dio a conocer que se suspendía el recuento rápido porque el TSE ya contaba con las actas originales y empezaría el recuento definitivo.

Errores en la gestión del recuento que sirvieron de coartada final a los golpistas

Con todo el país expectante en la finalización esa misma noche del recuento rápido esa decisión provocó extrañeza y sirvió a la oposición para denunciar inmediatamente que se estaba frente a un fraude electoral. El lunes 21 la oposición logró movilizar a miles de personas que tomaron las calles, y el TSE, tras 23 horas de parón en el recuento del sistema TREP, sí aceptó seguir dando datos de ese sistema de conteo rápido, a pesar de que el Tribunal Electoral ya estaba haciendo el recuento definitivo. Esos movimientos contradictorios del TSE resultaron para muchos aún más sospechosos cuando se anunció que con el 95% de los votos escrutados Evo Morales parecía como el claro ganador en primera vuelta.

Los observadores de la UE dijeron que la interrupción inesperada del conteo durante 23 horas suscitaba “serias preocupaciones” y los observadores de la OEA denunciaban “un cambio inexplicable de tendencia” que generaba desconfianza en el escrutinio.

Los gobiernos de Trump, Bolsonaro y Macri se unieron a las denuncias, mientras proliferaban las fake news en las redes asegurando que se habían encontrado por doquier supuestas papeletas y actas manipuladas. Sin esperar a los resultados definitivos, Evo se reivindicó el ganador de las elecciones, lo que provocó aún más ira.

Cuando se conocieron días después los resultados definitivos, y con la calle ya en constante ebullición, Morales apareció con una ventaja del 10,57% sobre Carlos Mesa, 47,08% frente a un 36,51%, lo que hacía innecesaria una segunda vuelta. Fue Mesa entonces quien acusó al presidente de protagonizar un golpe de Estado.

Fue la coartada definitiva que usaron los golpistas para generalizar las protestas en las grandes ciudades y desatar con gran violencia su racismo y odio de clase.

Morales denunció que ya estaba en marcha el golpe de Estado que venía anunciando y llamó a sus fieles a movilizarse para defender al Gobierno, lo que dio lugar a enfrentamientos callejeros violentos entre militantes y simpatizantes del MAS y las fuerzas más ultras de la oposición.

La policía, que se amotinó en apoyo a la oposición y vergonzosamente se quitó de su uniforme las whipalas —emblema indígena—, fue por ello objeto de ataques de los partidarios del Gobierno, y al verse rebasada decidió pedir el apoyo de las fuerzas armadas, pasando ambas a patrullar y operar conjuntamente.

La oposición ya no escuchaba la convocatoria de Morales para discutir la crisis desatada; había encontrado su excusa para aglutinarse y acabar con el presidente indígena y con todos los logros que había conseguido durante los últimos trece años para los campesinos e indígenas del país más pobre de Sudamérica.

Solo querían su renuncia y recuperar cuanto antes sus privilegios perdidos.

Aún en ese momento Morales no decidía dar marcha atrás. Pidió inexplicablemente una auditoría a la OEA, un organismo de tradición pro imperialista —EE UU forma parte de ella y la utiliza— que ha sido punta de lanza del acoso a Venezuela desde hace años y que ha permitido que ese país sea representado en su seno por el golpista Juan Guaidó.

Tal como era de prever, la OEA expuso una serie de supuestas irregularidades —con nula precisión técnica— por lo que recomendaba la convocatoria de nuevas elecciones.

Solo en ese momento, cuando varias ciudades ya estaban en llamas, Morales aceptó esa recomendación, anunció su renuncia y propuso la convocatoria de nuevas elecciones.

Ya era tarde, los sectores más duros de la oposición y organizaciones derechistas y supremacistas generalizaron el caos, arrasaron edificios gubernamentales, la propia vivienda de Evo Morales, secuestraron a familiares de ministros, quemaron whipalas y todo símbolo de la revolución boliviana que llegó al poder en 2006. El odio de clase se hizo evidente.

Uno de los personajes que a pesar de no haber sido candidato en las elecciones tomó protagonismo y repercusión mediática en estas acciones vandálicas, blandiendo el cóctel molotov y la pistola en una mano y en la otra la Biblia, fue el empresario racista y fundamentalista Luis Fernando Camacho.

Líder del Comité Cívico de Santa Cruz —que promovió hace años violentamente la separación de esa rica región boliviana— es miembro también de la logia ultra Los Caballeros de Oriente. Es miembro del clan Camacho, con intereses en la industria gasística, y que resultó afectado por la nacionalización de los hidrocarburos.

Camacho apareció en el balcón del Palacio Quemado y también en rueda de prensa junto a la derechista y fundamentalista cristiana Jeanine Añez, vicepresidenta del Senado, que se autoerigió ilegalmente en presidenta interina al estilo de Juan Guaidó en Venezuela.

Estos y otros sectores ultras y racistas que siempre estuvieron ahí hostigando a la revolución intentan hacerse con el control del golpe ya consumado y marcar a los partidos de la oposición el rumbo a seguir.

A pesar de que Añez dijo que su cargo era interino hasta la realización de nuevas elecciones, se ha dotado ya de un equipo de gobierno ultraconservador y de una nueva cúpula militar, y previsiblemente mantendrá el hostigamiento y persecución a cargos del Gobierno de Evo, a parlamentarios y cargos del MAS, e intentará sofocar por la fuerza todo intento de resistencia popular en aras de la seguridad nacional.

EE UU, Brasil, la UE y Rusia reconocieron el ilegítimo gobierno ultra liderado por Jeanine Áñez

El esperpéntico Gobierno de esta senadora ultraderechista ha sido reconocido rápidamente por la Administración Trump, por gobiernos como los de Brasil, Guatemala o Colombia, por la OEA, y vergonzosamente también por la Unión Europea. En la UE no hubo consenso para denunciar la situación en Bolivia como golpe de Estado. Por su parte Rusia, si bien habló de golpe de Estado, decidió reconocer a Añez como “presidenta interina”.

Se abre un periodo incierto para Bolivia y su revolución y la actitud pasiva —cuando no cómplice— de la llamada comunidad internacional no ayuda a alejar el fantasma de una guerra civil.

Es necesario para la izquierda reflexionar sobre las varias irregularidades legales que en estos años ayudaron a alimentar a la oposición y cuyas consecuencias golpistas Evo Morales y García Linera no llegaron a prever, y una vez desatado no pudieron frenar.

También es necesario analizar por qué al llamamiento de Evo Morales contra el golpe de Estado acudieron miles de seguidores pero no cientos de miles como hubo en Venezuela en abril de 2002 ante el golpe de Estado contra Hugo Chávez, o como ese más de un millón de personas que se manifestó en Chile en octubre pasado contra el Gobierno de Piñera.

16/11/2019
Roberto Montoya, periodista y escritor, es miembro del Consejo Asesor de viento sur


El golpe anunciado que Evo Morales no supo prever (y 2)

20/11/2019 | Roberto Montoya 

La rapidez con la que el gobierno interino de Jeanine Áñez y el resto de golpistas está tomando decisiones demuestra el grado de preparación que tenía este nuevo golpe de Estado que sufre Bolivia donde se dan tanto insólitas situaciones de dualidad de poder como de riesgo de guerra civil.

A las pocas horas de entrar inconstitucionalmente en funcionamiento el ‘gobierno’ ya había roto relaciones diplomáticas con Venezuela y pedía a su homólogo venezolano, al también golpista y autoproclamado presidente Juan Guaidó, que nombrara un nuevo embajador.

Igualmente decidía la salida de Bolivia de la ALBA-TCP (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos) creada por Hugo Chávez y Fidel Castro en 2004 y a la que luego se uniría Bolivia, Ecuador y otros países de Centroamérica y el Caribe.

El objetivo de este organismo era convertirse en alternativa al ALCA y otros tratados de libre comercio ultraliberales impulsados por EE UU.

La autoproclamada presidenta Jeanine Áñez dejó también entender claramente su intención de dejar fuera del escenario político a Evo Morales y su partido, el MAS (Movimiento al Socialismo): “El Tribunal deberá decidir si el MAS puede participar o no en las próximas elecciones”. Áñez acusa a Evo Morales y al MAS de haber sido quienes cometieron un “golpe de Estado” el 20 de octubre con su supuesto fraude electoral.

“Evo y el ex vicepresidente Álvaro García Linera no pueden participar [en las elecciones], no están habilitados”, dijo la autoproclamada presidenta Jeanine Áñez.

Desde el gobierno fantoche se habla de cazar a ex ministros y otros altos cargos del equipo de Evo Morales. En pocos días el nuevo gobierno ha deportado a centenares de médicos cubanos que ayudaban desde hace años a Bolivia a cubrir sus carencias en sanidad, y ha deportado igualmente a periodistas de medios extranjeros considerados afines o al menos no suficientemente críticos con Evo Morales.

El gobierno de Áñez, al que ha reconocido vergonzosamente la Unión Europea, Rusia, Estados Unidos y otros países, está mostrando abiertamente sus objetivos: aplastar a cualquier precio los focos de resistencia popular en distintos pueblos y ciudades y desarticular el MAS y otras organizaciones afines a Evo antes de convocar unas elecciones democráticas que le aseguren su triunfo.

Para vencer cualquier tipo de temor de policías y militares a poder ser enjuiciados en el futuro por los actos represivos que están llevando a cabo y que se han cobrado ya la vida de al menos 24 personas, el gobierno ha aprobado el Decreto Supremo 4078. Por medio de él exime a la policía y a las fuerzas armadas de cualquier responsabilidad civil por las consecuencias de su actividad represiva.

Esa impunidad puede agudizar la represión actual. Incluso la propia Corte Interamericana de Derechos Humanos, a pesar de depender de la hostil OEA, ha criticado dicho decreto: “El grave decreto de Bolivia desconoce los estándares internacionales de derechos humanos, y por su estimulo estimula la represión violenta. Los alcances de este tipo de decretos contravienen la obligación de los Estados de investigar, procesar, juzgar y sancionar las violaciones de derechos humanos”.

Se pretende impedir que la movilización popular se masifique aún más y que pueda adquirir un carácter más organizado y violento dando lugar a una guerra civil.

La salida abrupta del país de Evo Morales, García Linera y otros miembros de su Gobierno y la falta de reacción del gubernamental Movimiento al Socialismo y organizaciones sindicales afines para llamar a enfrentar el golpe han desorientado a la población y debilitado la organización popular para resistir el golpe cívico militar, lo que ha permitido la rápida consumación del golpe.

Los golpistas controlan el Ejecutivo boliviano mientras el MAS mantiene su control de las dos Cámaras

La caótica situación que se vive estos días en Bolivia da lugar a situaciones de verdadera esquizofrenia política. Mientras el gobierno actual da pasos para perseguir a dirigentes del MAS, las bancadas de este partido tanto en el Senado como en la Asamblea Legislativa, nombraban a nuevos presidentes por la renuncia de sus titulares.

Este jueves 14 pasado los senadores del MAS con el apoyo de cuatro diputados de la oposición nombraban como presidenta del Senado a Eva Copa, conocida activista feminista del partido de Evo, en sustitución de su compañera Adriana Salvatierra, que renunció tras el golpe.

Por su parte en la Asamblea Legislativa el MAS votaba con el apoyo de un diputado de la oposición nombrar a su portavoz y hombre de confianza de Evo, Sergio Choque, como nuevo presidente de ese parlamento`. Choque sustituye a Víctor Borda, también del MAS, que se vio obligado a renunciar después de que su vivienda fuera incendiada por los golpistas.

Choque anunció que propondría una ley para que las fuerzas armadas se replieguen a sus cuarteles “para evitar más muertes”. A pesar de haber condenado el golpe de Estado y la complicidad de la Policía y las fuerzas armadas, Choque dijo: “Pido a los sectores movilizados a apaciguarnos, ya no podemos seguir enfrentándonos”.

En el mismo sentido que Choque, el senador del MAS Omar Aguilar declaraba ante la prensa: "Nuestro objetivo es pacificar el país, no es bloquear esta gestión de transición de Jeanine Áñez”.

Esta actitud de intentar bajar la tensión de parte de representantes autorizados del MAS puede desorientar a esos campesinos, indígenas y sectores populares que se siguen jugando la vida en la calle enfrentando a la policía y fuerzas armadas por defender a Evo Morales.

Es una situación insólita, con los golpistas controlando el Ejecutivo, la policía, las fuerzas armadas y los resortes del Estado, mientras el partido del presidente y vicepresidente exiliados en México sigue controlando las dos Cámaras.

La actual crisis se produce en un contexto de una organización popular debilitada y desunida para poder enfrentar el golpe

A diferencia de Venezuela, donde Hugo Chávez creó en 2009 como salvaguarda del Estado amenazado desde el inicio una nueva rama de las fuerzas armadas, la Milicia Bolivariana, integrada por más de dos millones de personas —civiles organizados y con una capacitación militar básica a lo largo y ancho del país, militares retirados y oficiales en activo— en Bolivia los partidarios de Evo Morales enfrentan a las fuerzas represivas con palos, hondas y piedras.

No es el único problema de organización popular que ha quedado en evidencia ante este golpe de Estado.

Una serie de problemas en la gestión de la revolución que impulsó Evo y que se manifestaron desde el inicio ha debilitado la organización y unidad de los movimientos populares como para poder enfrentar con fuerza un golpe como el actual.

Evo Morales no vio a tiempo cómo las irregularidades legales por las cuales llegó a ser reelegido cuatro veces como presidente estaban produciendo indignación y malestar no solo entre los sectores tradicionales de la oligarquía blanca y racista boliviana sino también otros sectores urbanos, ecologistas preocupados por la política extractivista, ciudadanos críticos por el abandono de infraestructuras en las ciudades y sectores del movimiento feminista urbano... y blanco.

Paradójicamente, una de las activistas feministas que denunció con dureza el machismo del Gobierno de Evo Morales fue Raquel Gutiérrez Aguilar, mexicana pero que vivió muchos años en Bolivia, una de las fundadoras del Ejército Guerrillero Tupac Katari y… esposa de Álvaro García Linera durante 15 años.

Los pensionistas de distintos signos ideológicos, de distintas clases sociales y distintas zonas del país, se movilizaron también durante estos últimos años, especialmente a partir de 2013, contra la decisión del Gobierno de Morales de forzar jubilaciones de miles de personas “para acabar con el paro juvenil”. Denunciaban que en un país donde tradicionalmente ha habido tanto trabajo en negro y por lo tanto bajas aportaciones, situación agudizada por la flebilización laboral durante los años 80 y 90, las jubilaciones resultantes son pensiones miserables.

En cambio, los militares se jubilan con el 100 por cien de sus sueldos. En un país con una larguísima historia de golpes militares, Morales decidió mantener ese estatus, implantado en 1999 a través del Decreto Supremo 25620 por el Gobierno del general Hugo Bánzer.

Su cuidado ante las fuerzas armadas no fue sin embargo garantía de fidelidad, tal como se pudo comprobar ahora.

Morales fue enemigo declarado desde el primer momento para las élites nacionales que siempre consideraron al indígena y al campesino con una visión colonialista y racista, solo como una mano de obra imprescindible para explotar los grandes recursos naturales de Bolivia pero a la que nunca reconocieron sus más elementales derechos.

Esos intereses coincidían y coinciden con los de Estados Unidos y con muchas multinacionales europeas ávidas de recuperar las reglas de juego existentes antes de la llegada de Evo al poder.

A pesar de las importantes concesiones que hizo a multinacionales extranjeras Evo representaba un obstáculo para esos intereses y, además, a sus ojos no dejaba de ser un presidente indígena.

Sin embargo, es falso recurrir al maniqueísmo, al campismo, para mostrar a Evo y un compacto bloque popular por un lado, frente a un homogéneo bloque reaccionario y pro imperialista por el otro.

Poco ayuda a la izquierda para poder extraer conclusiones y enseñanzas para el futuro adoptar una visión simplista de esta crisis que afectará a toda América Latina.

La históricamente combativa Central Obrera Boliviana no se movilizó para defender al Gobierno

El propio bloque popular ya estaba muy erosionado y cada vez había más sectores campesinos e indígenas que criticaban el autoritarismo y las contradicciones ideológicas y políticas del Gobierno. Solo así se explica que a pesar de la resistencia de miles de campesinos e indígenas al golpe de Estado ni la poderosa Central Obrera Boliviana (COB), con un largo historial de combatividad, ni la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (Fstmb) y otros movimientos sociales otrora soportes del Gobierno, se movilizaran de una forma más masiva en su defensa de Evo cuando este denunció que estaba en marcha un golpe de Estado.

De otra forma no sería explicable la actitud pasiva ante el golpe de la COB, la más grande y poderosa central sindical de Bolivia, que nació en 1952 en el fragor de la revolución popular de ese año y que ha estado durante décadas al frente de la resistencia a dictaduras militares y políticas neoliberales.

La COB ha tenido muchos choques con Evo durante estos casi 14 años de gobierno por la política económica y laboral, pero siempre fue considerada un apoyo clave, y forma parte, junto con el propio MAS y organizaciones indígenas, vecinales y movimientos sociales de la Coordinadora Nacional por el Cambio.

La Fstmb, por su parte, llegó a pedirle a Evo Morales en un comunicado que renunciara. “No dejes que tu pueblo arda ni te lleves más muertos por encima presidente. Todo el pueblo te va a valorar por esa posición que tienes que tener y la renuncia es inevitable compañero Presidente. Tenemos que dejar en manos del pueblo el gobierno nacional”, decía en su comunicado.

Mientras se reivindicaba el respeto a la Madre Tierra y el Buen Vivir se intensificaba la actividad extractivista

¿Qué provocó esta desafección con un Gobierno que hizo semejante revolución en Bolivia?

Organizaciones representativas de los pueblos originarios como Conamaq o Cidob y otras defensoras del medioambiente venían denunciando desde hace años las grandes contradicciones entre los pronunciamientos del Gobierno en materia medioambiental y su política real.

Todos los organismos mundiales protectores del medioambiente y también los que específicamente defienden los derechos de los pueblos originarios han reconocido desde un primer momento la importancia de los compromisos internacionales asumidos por Evo Morales.

Sin embargo las contradicciones fueron visibles desde el primer mandato presidencial. En 2007, al tiempo que Bolivia firmaba la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas se anunciaba la construcción de las represas El Chepete y El Bala situada en territorios indígenas.

Hoy hay ya 21 hidroeléctricas y cerca de otras 10 en construcción, buena parte de ellas situadas en zonas protegidas.

En 2010 el Gobierno de Evo Morales aprobó también la Ley de los Derechos de la Madre Tierra, pero ese mismo año se autorizaba sin embargo la construcción de una carreta que pasó a dividir en dos el Tipnis (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure) que provocó en su momento fuertes choques entre grupos indígenas y fuerzas policiales y varias interrupciones en las obras.

Tanto Conamaq como Cidob venían criticando al Gobierno al menos desde 2012 por su injerencia constante y por sus intentos de dividir esos movimientos y aislar a los dirigentes críticos.

Ese injerencismo y la cooptación de dirigentes campesinos, indígenas y mineros, favoreció la desmovilización de los mismos movimientos en los que se apoyaron Morales y García Linera para llegar al poder.

Esto explica igualmente la falta de una respuesta más masiva de la que hubo antes de que se derrumbara el Gobierno, en defensa del líder que había impulsado la revolución boliviana.

El campo popular sufría resquebrajaduras, había cada vez más sectores críticos con la gestión del equipo de Gobierno.

Los pueblos originarios denunciaron la acelerada deforestación de la Amazonia boliviana

La política extractivista, que llevó a una acelerada deforestación de la Amazonia boliviana —con su consiguiente aumento de incendios— también provocó duras críticas por parte de las organizaciones de los pueblos originarios, que veían una contradicción con la propia Constitución y con el programa del MAS en defensa de la Pachamama y del Buen Vivir.

El aumento desde 2001 en un millón de hectáreas las tierras utilizadas para la agroexportación y ganadería —un puñado de empresas extranjeras controlan casi el 70%— permitieron aumentar los ingresos del Estado boliviano y con ello financiar reformas sociales. Pero este éxito se logró a costa de provocar una deforestación a un ritmo de más de 300.000 hectáreas anuales.

La caída del precio del gas y petróleo en el mercado internacional y el agotamiento de sus reservas llevaron igualmente al Gobierno de Morales a aumentar aún más la búsqueda de hidrocarburos, aunque ello supusiera que en 2017 se decidiera empezar a explorar también 11 de las 22 áreas protegidas de su territorio. Por medio del Decreto Supremo 2366 el Gobierno permitió su exploración a pesar de las protestas que provocó de parte de representantes de los pueblos originarios.

Igualmente hubo protestas cuando el Gobierno decidió a través de otro Decreto Supremo, el 2298, acortar a 45 días el tiempo de consulta a los pueblos originarios sobre la exploración en sus zonas, a pesar de que esa decisión violaba de hecho la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas firmada en 2008 por Bolivia con rango de ley.

Ante el aluvión de críticas recibidas Morales dijo en defensa de este decreto gubernamental: “No es posible que en las llamadas consultas se pierda tanto tiempo, esa es la gran debilidad que tiene nuestro Estado. Ahora modificamos algunas normas con el único objetivo de acelerar la inversión y de obtener más recursos naturales, y que eso beneficie al pueblo boliviano”.

Toda esta política de búsqueda de hidrocarburos ha provocado la ira de decenas de comunidades indígenas y campesinas que vieron que se contaminaban ríos, que la pesca era seriamente afectada y que se provocaba una reducción notable del caudal de sus pozos de agua.

Esto les llevó en diciembre pasado a constituir la Coordinadora Nacional de Defensa de Territorios Indígenas Originarias Campesinas y Áreas Protegidas (Contiocap).

Las mujeres campesinas e indígenas de distintas zonas afectadas por la política de empresas extractivistas autorizadas por el Estado han creado también una organización, Defensoras Ambientales de Bolivia, integrante a su vez de una amplia coordinadora de la región andina.

En octubre pasado el Colectivo de Coordinación de Acciones Socio Ambientales (Casa) y la Red Nacional de Mujeres en Defensa de la Madre Tierra (Renamat) presentaron ante la ONU un informe denunciando las agresiones al medio ambiente que provocan los procesos extractivos en Bolivia y alertan sobre los nuevos proyectos.

A pesar de que son muchas las organizaciones indígenas, sindicales, feministas y movimientos sociales de distinto tipo que han criticado e incluso tenido fuertes choques con el Gobierno de Evo Morales por su política extractivista, por sus concesiones a multinacionales extranjeras, por la insuficiencia de ciertos derechos sociales o por su injerencismo y autoritarismo, todas ellas han condenado el actual golpe de Estado.

Sin embargo, esa extensa relación de conflictos acumulados en estos 13 años y la actitud ambigua y falta de orientación dada ante el golpe por parte del propio partido gubernamental y las mayores centrales sindicales y movimientos sociales, han impedido una sólida acción rápida, conjunta y coordinada, para defender la revolución y frenar a los golpistas.

20/11/2019
Roberto Montoya, periodista y escritor, es miembro del Consejo Asesor de viento sur