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martes, 3 de marzo de 2026

A PROPÓSITO DE RAZAS, RACISMO, FASCISMO

Diagnóstico de la sintomatología del paciente puede tener idénticos resultados en el caso de los defensores de la teoría de la lucha de razas. ¡Cualquier parecido es mera coincidencia!

 

Vaya que si son curiosos estos señores.  Dicen que no hay que olvidar el pasado. Pero, el pasado en un mundo interconectado, es global y no es exclusivamente tawantinsuyano. Si comenzamos mirando con un solo ojo (tawantinsuyo) y creemos que “en el país de los ciegos el tuerto es rey”, tenemos que decepcionarlos haciéndolos pisar tierra e historia. En el Perú, ya muchos tuertos y entuertos que hemos tenido que soportar, para nuevamente caer en uno más.

Pero, veamos, porque indicamos que la moda del tuerto Almagro ya no pega.  ¿Les dice algo el nombre Adolfo Hitler? Pues, es el fundador de un partido llamado Nacional Socialista, cuyo alias era NAZI. Ya lo ¿recuerdan? Pues ese señor, junto a Joseph Goebbels su ministro de propaganda, crearon la teoría –para las plateas, es decir para la “chusma” alemana– de la raza superior para oponerla a la teoría de la lucha de clases. ¿Les suena la campanita, el tintín de los recuerdos? Pues sí, deben recordarla bien, porque el señor Jesús Marco Rodríguez Silvestre dice que “El que no tiene origen e identidad, no gravita en este gran proyecto de reivindicar el estado Tawantinsuyu, la lucha de clases con Mariátegui nos trajo confusión estratégica; tenemos que continuar con la lucha de razas…” Vale decir, el cuentico de las razas nuevamente. Ustedes saben en qué terminó el cuentico alemán de las razas… y decimos cuentico porque los nazis para las plateas parlaban y parlaban contra las razas inferiores (no arias) pero por debajo de la mesa hacían grandes negocios con los potentados más poderosos de las finanzas de origen judío y otros no ARIOS. Esto es, Hitler y sus compinches pactaban con los dueños de las grandes empresas alemanas y norteamericanas en contra de la inmensa masa trabajadora que vivía del sudor de su frente. Entonces, un CUENTO (es decir, simple propaganda) era aquello de las razas porque lo real LUCHA DE CLASES era lo que practicaban: alianza con los explotadores para exprimir o aplastar a los explotados.  Pregunto yo, ¿Cuál es la diferencia entre el cuento restauracionista tawantinsuyano y el cuentazo NAZI?

Dicho sólo de paso, cuando escriban sobre José Carlos Mariátegui asegúrense de haberlo leído y, sobre todo, leído BIEN. No vayan a seguir los pasos del conocido mutante boliviano, Fausto Reynaga, que lo citaba juntando fragmentos de artículos distintos para “hacerlo decir cosas que nunca señaló”.

Edgar Bolaños Marín

16 marzo 2018


Respuesta a los siguientes comentarios en Facebook:

Jesus Marco Rodriguez Silvestre El que no tiene origen e identidad, no gravita en este gran proyecto de reivindicar el estado Tawantinsuyu, la lucha de clases con Mariategui nos trajo confusión estratégica; tenemos que continuar con la lucha de razas y cada día tenemos que sumar y sumar. La nación originaria del Tawantinsuyu llegara al poder, no por la humanización de sus opresores, o por maquillar la constitución de una república Criolla ramera. Tenemos que emerger y erupcionar como volcán y algunos opositores pro sistema criollo tienen que ser arrollados por la fuerza de nuestras ideas e ideología. El sistema Euro Latino de la República es un cadáver político, Una élite corrompida ya no tiene autoridad moral para conducir y manejar nuestras vidas. Demostremos que somos capaces de auto gobernarnos y dejemos a los nuevos felipillos, tratando de confundirnos. La lucha que gestaron nuestros antepasados como nación y raza tenemos que continuarlos hasta llegar al poder, Tupac Amaru es nuestro padre, por que el se inmolo por libertar a su raza y nación, mientras que Mariátegui fue un líder impostor al fundar el P.C.P y solo lo sumió en la anarquía y confusión a la nación originaria del Tawantinsuyu. Mantengámonos firmes, aprendamos a dar nuestros primeros pasos, sin ayuda de nadie, las organizaciones que quieran unirse a nosotros deben renunciar a sus organizaciones; pero nosotros no tenemos por que ser furgón de cola de ninguna organización. KAUSACHUN TAWANTINSUYU.

jesus Marco Rodriguez Silvestre Edgar Bolaños José Carlos Mariátegui, tu líder es un vulgar plagiario; todo lo que hizo fue leer a Manuel Gonzales Prada y llamando "Indios" a la nación Tawantinsuyana, con su lucha de clases lo sumió en la anarquía. Lo reconoce a la nación cobriza originaria del Tawantinsuyu al decir "La civilización del Tawantinsuyu ha perecido, pero el material biológico del Tawantinsuyu, después de 4 siglos permanece inmutable e indestructible" Parece que eres tu el que no has leído bien. Respecto a Hitler, El solo se opuso a que su nación cayera en la órbita comunista y fuera esclavo de los Judíos. Eres demasiado ingenuo en política y sin darte cuenta ya eres esclavo del judaísmo y si lo sabes eres un servil de la nación mas racista que existe en la tierra. Si desconoces nuestra cultura no te pongas a hablar babas, porque personas como tu hay cientos de miles, pero nosotros somos 25 millones y nuestro mensaje va para ellos y tu confórmate con ser servil del judaísmo mundial. Si eres Judío respeta a la nación que con su saber científico y laboriosidad, ha salvado de morir de hambre a la humanidad. Nuestros alimentos están en todas las mesas de la humanidad y estoy seguro que ellos nos bendicen y siempre querrán que la única raza que falta por libertar, sea libre al fin para beneplácito de la humanidad.

Kunturi Yujra José Carlos Mariátegui, es un ignorante que no conoce la filosofía, política y religión de los incas. Como convicto marxista abrazó la filosofía materialista, peor es su ignorancia, porque no conoce la materia, la materia en sí, entonces como dice ser materialista?


jueves, 5 de enero de 2023

  RAZAS, CLASES Y ALTIPLANOS: LAS INTUICIONES DEL MARXISTA MARIÁTEGUI


Paul Guillibert

01/01/2023

La articulación de la lucha de clases y del antirracismo divide el bando progresista. Para algunos, la clase constituye el elemento determinante de todas las relaciones de dominación. Para otros, las formas contemporáneas de racismo son el resultado de una cultura, es decir, de representaciones por las cuales una comunidad define su identidad y el individuo su pertenencia al grupo. La mayoría de las veces, el debate reactiva una controversia estéril que enfrenta a los partidarios de un “enfoque económico” y a los partidarios de un “enfoque cultural”, como si la noción de clase incumbiera en exclusiva al universo económico y la de raza a la esfera cultural. Este debate omite a menudo la historia del marxismo en contexto colonial. Entre los pensadores que han estudiado las condiciones económicas de la dominación racial y las condiciones culturales de la dominación de clase, se destaca una de las figuras revolucionarias más importantes del continente sudamericano: José Carlos Mariátegui (1894-1930) (1)

En su obra más acabada, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, publicada en 1928, Mariátegui elabora su intuición fundamental: en los países antiguamente colonizados de América Latina, la comprensión de la historia en términos de lucha de clases debe atender a la especificidad de las sociedades campesinas e indígenas. Desde un punto de vista general, anuncia entonces un gran movimiento de traducción y de adaptación del marxismo a los mundos no europeos en vías de descolonización, que encontraremos con otras modalidades en los años 1950-1960 en Frantz Fanon, Amílcar Cabral u Ho Chi Minh, por ejemplo.

Fundador del Partido Socialista obrero y campesino en 1928, y luego del Partido Comunista Peruano en 1930, Mariátegui rechaza todo análisis sociológico de la joven república que prescinda del hecho colonial. La colonización produjo una sociedad donde las jerarquías raciales entre blancos, criollos, indios y negros determinan las posiciones de clase. Para el revolucionario peruano, el racismo poscolonial no es entonces un problema moral (como lo sugieren las tradiciones humanitarias o filantrópicas), sino político: el de la distribución de la propiedad. “No nos contentamos con reivindicar el derecho del indio a la educación, a la cultura, al progreso, al amor y al cielo. Comenzamos por reivindicar, categóricamente, su derecho a la tierra. Esta reivindicación perfectamente materialista debería bastar para que no se nos confundiese con los herederos o repetidores del gran fraile español [Bartolomé de Las Casas], a quien, de otra parte, tanto materialismo no nos impide estimar fervorosamente”.(2)

Los negros –esclavos provenientes de la trata– se extenúan en las minas, los indios oprimidos se agotan en las grandes propiedades (latifundios), los blancos y los criollos dirigen las instituciones del poder y del comercio. Para Mariátegui, la relación con la tierra y la división del trabajo son las que condicionan la posición en las jerarquías raciales y las que explican por qué los indios quechuas o aymaras ven en el mestizo y en el blanco la figura del opresor. Mariátegui busca demostrar, a la vez, contra los liberales y los católicos, la dimensión económica del imperialismo y, en contra de la visión dominante en el seno de la Internacional Comunista, que el racismo antiindígena no podrá resolverse en el seno de repúblicas independientes y racialmente homogéneas. En su discurso en el Primer Congreso de la Internacional Comunista en América Latina en 1929, titulado “El problema de las razas en América Latina”, Mariátegui escribe que “entre el ‘señor’ o el burgués criollo y sus peones de color no hay nada de común. La solidaridad de clase se suma a la solidaridad de raza (y de prejuicio) para hacer de las burguesías nacionales instrumentos dóciles del imperialismo yanqui o británico”.(3)

El camino del inca

Por un lado, Mariátegui subraya el rol determinante de las jerarquías raciales en la pertenencia de clase; por el otro, considera que estas son producidas por relaciones de propiedad, es decir que tienen un fundamento económico (y no solamente cultural), que favorece el desarrollo del imperialismo estadounidense. Es el acceso y el control de los medios de subsistencia, empezando por la tierra, lo que garantiza la reproducción del poder blanco e imperialista. Esta lectura económica del racismo condujo a una estrategia revolucionaria y anticolonial: las recuperaciones de tierra.

“Es lógico afirmar que sus reivindicaciones naturales [las de los indígenas] consisten en exigir la devolución de toda la tierra que puedan cultivar”.(4) Mariátegui se muestra mesurado: menciona la devolución solamente de las tierras que los indios tienen la capacidad de cultivar. La revolución agraria supone entonces una transición política que transfiera poco a poco la propiedad a los indios adaptándose a sus necesidades y a sus medios. Si bien habla de una “devolución de las tierras”, la política comunista que él defiende no tiene como ambición copiar de forma idéntica la existencia de una comunidad originaria. Por el contrario, la reapropiación colectiva de una tierra que provee los medios de subsistencia de la comunidad supone reinventar una forma antigua en una sociedad de un tipo nuevo. Basada en una red de ayllus (un término quechua que se refiere a comunidades rurales colectivizadas), la tierra debe proveer los medios para liberarse de la dependencia política de la burguesía colonial y de la dependencia económica respecto del mercado. Aquellas y aquellos que no dependen de ningún amo para su subsistencia pueden decidir libremente sobre su futuro político. Reapropiarse de la tierra no es sólo darse los medios de subsistencia material, es también ganar autonomía política respecto del poder blanco y capitalista.

Mito de base

Mariátegui agrega que la transformación política del mundo económico exige una adhesión a mitos revolucionarios. Al contrario de la idea llamada “científica”, según la cual el comunismo habría roto con el utopismo de los primeros pensamientos socialistas, el pensador peruano considera que toda revolución supone una forma de fe. Se trata a la vez de una tesis general sobre la historia de los pueblos y de un intento de dar a la política peruana su mito fundador: el “comunismo inca”.

Para el intelectual peruano, el concepto designa la existencia de un comunismo precolonial organizado según una estructura jerárquica: las comunas agrarias rurales basadas en una repartición de la tierra y en la ausencia de propiedad privada son coordinadas por el Inca Supremo y por el poder religioso, que recaudan impuestos y tributos para asegurar cierto número de grandes obras, en particular de irrigación. La mayor parte de los comentaristas y de los historiadores han criticado el carácter anacrónico de la calificación de comunismo para una sociedad donde una parte de la riqueza producida por los campesinos es extraída por una clase política y religiosa, sea por intermedio del impuesto, sea por un sistema de servidumbre. Dado que efectivamente parece existir en el seno del Imperio Inca una clase explotadora y una clase explotada, ¿cómo ver allí una forma de comunismo?

Por empezar, los ayllus son un régimen de propiedad de la tierra en el que las tierras comunales son repartidas de manera periódica entre cada familia, pero explotadas de forma colectiva. Para Mariátegui, esta estructura social es testimonio de un “comunismo indígena”, incluso de una “mentalidad comunista”, que se inscribe en la tradición comunitaria de una tierra sin propietario privado y explotada de modo colectivo. Pero su tesis resulta más provocadora aun cuando sostiene que el gobierno autoritario de los incas constituía la única forma de comunismo conveniente para esta época y esta sociedad. Podríamos, es evidente, ver allí una justificación del estalinismo en vías de constituirse en Rusia. Pero Mariátegui defiende en realidad una forma de “relativismo histórico” (5): no existiría un modelo político del comunismo; el término se referiría sólo a una organización de las relaciones sociales basada en la ausencia de propiedad privada, pero que podría presentarse según una multiplicidad de formas de gobierno.

Marxismo poscolonial

El rechazo de un modelo histórico único permite criticar las visiones etnocentristas de la historia, transmitidas en particular por la Internacional Comunista en América Latina (y según la cual los grupos sociales llamados “atrasados” deberían seguir la vía de los grupos avanzados). Es imposible “consustanciar la idea abstracta de la libertad con las imágenes concretas de una libertad con gorro frigio –hija del protestantismo y del Renacimiento y de la Revolución Francesa–”, añade. Para Mariátegui, la idea de libertad humana no se resume en su manifestación europea moderna, basada en los derechos humanos burgueses y su iconografía. Se expresa en singularidades concretas. Las formas de gobierno emergen de las sociedades que las han visto nacer. Es también la razón por la cual el comunismo moderno no puede desarrollarse sin tener en cuenta esta característica de la época que es el individualismo liberal y el derecho de los sujetos a hacer reconocer su particularidad.

Pero hacen falta mitos, incluso religiosos, para suscitar la reflexión y movilizar. Para él, el mito se refiere a la dimensión afectiva de representaciones, cuya fuerza es capaz de transformar la conciencia. Es en este punto que la distancia con el marxismo ortodoxo es la más importante. Para el socialista andino, la religión moderna es la institución que se hizo cargo de la fuerza afectiva de los mitos antiguos. La crítica de las religiones en sí es una “diversión burguesa y liberal”,(6) porque “la fuerza de los revolucionarios no está en su ciencia; está en su fe, en su pasión, en su voluntad. Es una fuerza religiosa, mística, espiritual”.(7) La convicción según la cual la revolución debe ser fundada sobre el mito hace de él uno de los precursores de la teología de la liberación, que confiere a la fe cristiana una fuerza emancipadora contra la modernidad capitalista.

Durante todo el siglo XX, las luchas anticoloniales y antirracistas han renovado las categorías marxistas para pensar las relaciones entre clase y raza. En 1944, en Capitalismo y esclavitud, Eric Williams, pensador marxista de Trinidad y Tobago, citaba por ejemplo esta frase de un cronista inglés: “Ni un solo ladrillo de la ciudad de Bristol fue fabricado sin la sangre de un esclavo”. El debate entre clase y raza –que se empobrece generalmente en una controversia sobre la economía o la cultura– pasa por alto toda la historia del “marxismo negro” y del “marxismo poscolonial”, desde José Carlos Mariátegui hasta C.L.R. James, desde Eric Williams hasta Cedric Robinson.

Todos, a su manera, demuestran que el marxismo debe renovarse para existir políticamente: “No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano”.(8)

Notas

1) Véase, en particular, Michaël Löwy, “L’indigénisme marxiste de José Carlos Mariátegui”, Actuel Marx, París, Vol. 2, Nº 56, 2014.

2) José Carlos Mariátegui, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, múltiples ediciones.

3) José Carlos Mariátegui, “El problema de las razas en la América Latina”, en Ideología y política. Biblioteca Amauta. Ediciones populares de las obras completas de José Carlos Mariátegui, Lima, Amauta, 1969.

4) Ibid.

5) José Carlos Mariátegui, _Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, op. cit.

6) José Carlos Mariátegui, _Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, op. cit.

7) osé Carlos Mariátegui, “El hombre y el mito”, en El alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy. Obras completas, Biblioteca Amauta, Lima, Vol. 3/20.

8) José Carlos Mariátegui, “Aniversario y Balance (1928)”, op. cit.

 

Paul Guillibert

autor de Terre et capital. Pour un communisme du vivant, Amsterdam, París, 2021.

Fuente: https://ladiaria.com.uy/le-monde-diplomatique/

Traducción: Micaela Houston

 

Fuente: https://sinpermiso.info/textos/razas-clases-y-altiplanos-las-intuiciones-del-marxista-mariategui

 

jueves, 2 de septiembre de 2021

28 DE AGOSTO 2021 : DOS TENDENCIAS ENFRENTADAS

 


Por supuesto que la manipulación de las "señoras tacneñas" (usufructuarias sin sacrificio del sacrificio de generaciones de décadas pasadas) es indignante, sobre todo por cuanto se aprovechan de una conmemoración en la que se recuerda el sacrificado retorno de Tacna al Perú de todas las razas. Ninguna duda cabe que este estallido manipulador que pretende representar a los tacneños que se sacrificaron y ofrecieron sus vidas por una patria de todos los peruanos, es una actividad política reaccionaria, dirigida contra el presidente Castillo y los "indios" que lo eligieron. Convergen en el ataque, escudándose en una actitud patriotera los resentidos racistas que quieren darle vuelta atrás a la historia hacia un pasado quimérico, y otros grupos fascistas como los fujimoristas y el Apra. No hay que engañarse: éste no es un estallido solamente local; habría que ser ingenuo para creer que esta asonada patriotiquera es puramente local y que las cabezas fascistas y corruptas a nivel nacional no están detrás de la asonada, sin importarles un bledo la división del pueblo tacneño.

El tiempo histórico felizmente corre a favor de la nueva Tacna, de sus nuevos hijos y de todos los tacneños, aun cuando algunos de estos últimos no quieran verlo ni aceptarlo. Duélale a quien le duela, el pueblo tacneño ha rechazado masivamente el caduco sistema que lo mantiene en el subdesarrollo y las miserias que éste trae consigo. El pueblo tacneño se unió a la indignación de los pueblos olvidados y mantenidos en el atraso por los que fungen como dueños del Perú (y dueños de Tacna, por supuesto) y eligió como su presidente a un campesino pobre en quien los patriotiqueros ven el sumum de ésos "indios puneños" que les quitan el sueño y los hacen despertar de sus quimeras de un idílico pasado en el cual los señorones y señoronas mandaban y los "indios puneños" eran vasallos invisibles para todo servicio, inclusive y sobre todo para los trabajos más denigrantes. 

Lo importante es que los nuevos jóvenes tacneños, cualquiera que fueran sus ancestros, no se eduquen en el resentimiento que la alharaca racista de los arrastrapiés podría desatar en ellos; que no se avergüencen de sus antepasados, sino más  bien que sientan con patriótico orgullo que ellos también son dueños de la nueva y renovada Tacna que están construyendo, la prolongación de la tarea histórica de construcción de la patria tacneña y peruana que sus antepasados de todas las razas emprendieron en estas tierras. Para ello, es necesario que todos los tacneños y amantes de nuestra tierra tacneña, sin distinción de raza o procedencia, se unan, estudien y difundan su historia, se organicen y formen nuevas y potentes organizaciones culturales y profesionales de todas las razas, que luchen por la satisfacción de las más sentidas necesidades humanas, alimentación, salud y vivienda adecuadas, educación universal, accesible y de calidad, trabajo ennoblecedor, salarios adecuados, vida digna. Eso es lo que los tacneños, los de hoy y los del futuro, necesitamos y lo cual debe ser el centro de nuestras aspiraciones y luchas.

 

Tacna, 01 setiembre 2021