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miércoles, 2 de noviembre de 2016

LOS SIETE PRODUCTOS QUE NUNCA PENSASTE QUE PODÍA OFRECER LA ECONOMÍA SOLIDARIA





Condones, refresco de cola, capsulas de café...

El Salmón Contracorriente
02-11-2016

¿Que estás harto de comprar productos poco sostenibles y perjudiciales y dar tu dinero a una multinacional? Aquí algunas alternativas.


Detrás de ellos no hay operaciones millonarias de marketing y publicidad, pero poco a poco la economía solidaria sigue conquistando plazas. Y en la del consumo responsable nos jugamos mucho.

Frixen Cola 

¿Una bebida ética que haga sombra al refresco del imperio? Pues existe, se llama Frixen y es de Zaragoza, aunque ya se consume en Madrid, Catalunya, Euskadi y diversas localidades aragonesas. Surge en 2012, cuando los y las cooperativistas de Birosta decidieron lanzarse a la piscina y producir su propio refresco. Mientras los gigantes de las bebidas azucaradas sobornan al mundo de la ciencia para ocultarnos que, además de hacernos “felices”, también nos abren las puertas de la obesidad y otros efectos nocivos para nuestra salud, nacía esta bebida elaborada con agua del manantial de Jaraba, azúcar ecológico de comercio justo, estevia (que consigue reducir más de un 20% el azúcar empleado) y un alto nivel de cafeína. Ya es una referencia de la economía solidaria.

Cápsulas de café Alternativa 3 

Cuando en 1986 Nestlé lanzó Nespresso en Suiza, Italia y Japón, es muy poco probable que sus cabezas pensantes pensaran en los residuos y el impacto que podían generar sus cápsulas. Las de Alternativa 3 son de materiales biodegradables, que producen menos residuos y requieren menos energía para su fabricación. Y, dentro de la cápsula, una selección de granos de agricultura ecológica procedentes de productores de comercio justo de cooperativas cafeteras de Nicaragua, México, Colombia, Perú o Tanzania.

Desodorante piedra alumbre 

Su eficacia real se basa en las excelentes propiedades antibacterianas y fungicidas de la piedra de alumbre, potenciadas por la palmarrosa, el tomillo y el árbol de té. Esto se une a la acción reductora de la sudoración del ciprés, y el tomillo y la salvia proporcionan una agradable sensación de frescor y calman la irritación de la piel. Una buena opción sobre todo tras conocer que tres de cada cinco desodorantes contienen sustancias alérgenas o contaminantes hormonales, como denunció un estudio del consejo de consumidores danés Think Chemical.

Jalea de Luz (miel) 

Empiezan los días fríos y los catarros, gripes y demás bondades del otoño nos esperan una temporada más. Para hacerle frente, aprovisionarse de este superalimento nos puede ahorrar más de un disgusto febril. Durante la última feria del Mercado Social de Aragón pudimos disfrutarla en una cata para todos los paladares, los más y los menos dulces. Todo es culpa de Jalea de Luz, una joven empresa familiar comprometida con la sostenibilidad del entorno natural y la integración sociolaboral de personas con discapacidad intelectual y/o del desarrollo ubicada en Monegrillo (Zaragoza), y que está presente en todo el proceso de elaboración de la miel, desde la cría de abejas o el cuidado de los colmenares hasta ­la recolección del producto y envasado artesanal.

Talybe (jabón para lavadora) 

Ni espesantes ni aromas sintéticos, ni fosfatos ni colorantes, ni materias primas de origen animal ni blanqueadores artificiales. Llevar la ropa limpia no está reñido con respetar el entorno. Tanto el aceite de coco babassú, procedente de la Cooperativa de Pequeños Agricultores Agroex de Lago do Junco (Brasil), como los aceites esenciales, procedentes de la organización Phalada y Sipa en la India, cuentan con certificados biológicos y su eficacia probada en laboratorio muestra que la capacidad de lavado es igual o superior a la de los mejores productos presentes en el mercado.

Cerveza CESC 

Quien frecuenta las diferentes ferias de los distintos mercados sociales que cada vez con más frecuencia pueblan el Estado español siempre descubre una nueva cerveza artesanal. CESC está elaborada en Poble Nou (Barcelona) con materias primas ecológicas, con malta y lúpulos procedentes de la agricultura ecológica catalana, y cumple a rajatabla el acrónimo que les da nombre: Cervecera, Ecológica, Sostenible y Catalana.

Condones Fair Squared Aroma Passion 

Son condones hechos con látex de caucho natural extraído de la plantación Tamil Nadu, situada en el sur de la India, que tiene la certificación FSC (Consejo de Administración Forestal; gestión de los bosques de forma respetuosa y responsable) y colabora con la Fair Rubber Association. Un suplemento sobre su precio garantiza y mejora la vida de los productores, costea la construcción de una escuela, la educación de los niños y niñas o contribuye a la pensión de los trabajadores. Porque tal y como defienden las cooperativistas de Desmontando a Pili: consumo responsable hasta en la cama.


lunes, 31 de octubre de 2016

LA ECONOMÍA COLABORATIVA SE PROPAGA POR INTERNET




Viernes, 28 de Octubre 2016
Marta Lorenzo

Uno de cada tres internautas españoles utiliza plataformas colaborativas sobre todo para intercambiar productos de segunda mano y alojarse en casas particulares

Uno de cada tres internautas españoles utiliza plataformas de economía colaborativa, según una encuesta realizada por la CNMC. Los servicios más demandados son los relacionados con el mercado de segunda mano y el alojamiento entre particulares. Los usuarios buscan sobre todo mejores precios y servicios flexibles. La satisfacción es más elevada en el uso de vehículos y viviendas compartidas, así como en el mercado de segunda mano. Por Marta Lorenzo. 

La CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia) ha publicado esta semana por primera vez en su Panel de Hogares de abril-junio de 2016, los resultados correspondientes a una serie de preguntas sobre el uso de las plataformas de economía colaborativa en España.

Según este estudio, uno de cada tres internautas españoles utiliza plataformas de economía colaborativa como Wallapop, BlaBlaCar, Uber o Airbnb al menos una vez al año.

Las plataformas colaborativas más empleadas son las de compra o alquiler de productos de segunda mano (casi un 27% de los internautas las usan al menos una vez al año), seguidas del alojamiento en casa de otro particular (con un 9,7% de uso), y de aquellas plataformas que facilitan compartir trayectos en automóvil entre ciudades, con un 6,4% de uso.

Las plataformas on line con menor uso son las destinadas al transporte urbano (2,4%), a la realización de trabajos y tareas (3,7%) y a la financiación de proyectos (4,4%).

Por otra parte, el estudio destaca que el número de personas que ofertaron productos y servicios en plataformas de economía colaborativa es menor que el de personas que demandan estos servicios.

Menos de un 4% de los internautas declaran haber ofrecido su vivienda o haber transportado en su vehículo a desconocidos mediante una plataforma de Internet durante el último año.

En el caso de la venta de artículos de segunda mano, el porcentaje de ofertantes fue muy superior, ya que el 22,7% de los internautas publicaron al menos una vez sus artículos para venta o alquiler durante el último año. 



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Buscando mejores precios

Los motivos que llevan a los consumidores a utilizar plataformas colaborativas dependen del tipo de servicio, según se desprende de los datos obtenidos.

Para la mayoría de los usuarios, el motivo más mencionado fue la obtención de un precio más ventajoso, con porcentajes que oscilaron entre el 50%  y el 70%. La siguiente motivación es la percepción de que se trata de servicios más flexibles, que se adaptan mejor a las necesidades y horarios del consumidor: casi la mitad de los usuarios de coche compartido para desplazamientos a otras ciudades seleccionaron este motivo.

Los usuarios de viviendas cedidas por otros agentes destacan como motivación la mejor información facilitada por las plataformas a la hora de elegir su alojamiento temporal, con un 24,4%. También destaca que un 20% de los usuarios de servicios de transporte compartido entre ciudades menciona como motivación la posibilidad de conocer a personas locales o con intereses similares.

Satisfacción elevada

La encuesta muestra también un elevado grado de satisfacción con los servicios recibidos. Destaca el elevado grado de
satisfacción de los usuarios de vehículo compartido entre ciudades (67% se manifestaron satisfecho o muy satisfecho), la compra de artículos de segunda mano (60,9%) y el de alojamiento en vivienda de un particular (60,4%).

El grado de satisfacción desciende en el caso de las plataformas de transporte urbano, donde un 22,8% se manifestaron satisfechos o muy satisfechos, declarándose la mayoría (50,8%) indiferente.

El grado de insatisfacción se sitúa por debajo del 10%, salvo en el caso de los desplazamientos urbanos y el encargo de tareas, servicios para los que un 18,6% y un 14,1%, respectivamente, manifestaron encontrarse poco o nada satisfechos.

Estos resultados forman parte del Panel de Hogares CNMC, una encuesta a hogares e individuos de periodicidad semestral. La CNMC busca recopilar información directamente de los ciudadanos a través de encuestas y el análisis de las facturas de los servicios.

El estudio es de naturaleza multisectorial y recoge datos relativos a los mercados de telecomunicaciones, audiovisual, energía, postal y transporte entre otros. La encuesta de esta tercera oleada se llevó a cabo en el segundo trimestre de 2016 e incluyó a 4.685 hogares y 9.317 individuos, informa la CNMC.
 

viernes, 19 de junio de 2015

LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN: COMPETENCIA VS COOPERACIÓN





19-06-2015

Acabo de leer el libro de La economía del bien común de Christian Felber, que me han pasado los compañeros de la biblioteca de la Facultad de Educación. Aunque no comparto el fondo de su planteamiento, anclado en un marco de una economía liberal y de un capitalismo de rostro humano, creo que hace aportaciones interesantes que debíamos tener en cuenta en el actual contexto político y económico que, a tenor de las predicciones, parece que va a cambiar radicalmente en este año.

La primera aportación interesante es recordarnos que uno de los mitos básicos de la economía de mercado que se enseña actualmente en la mayor parte de las Facultades de Economía, que “la competencia es el método más eficaz que conocemos”, consagrado por Friedrich August von Hayek, está basado en una creencia, es fruto de una ideología determinada. Es decir, que no hay ningún estudio empírico que haya demostrado jamás que la competencia sea el mejor método que conocemos. “Una de las piedras angulares fundamentales de las ciencias económicas es sólo una afirmación que cree la mayoría de los economistas. Y sobre esta afirmación se sustenta el capitalismo y la economía de mercado, que son los modelos económicos dominantes en el mundo desde hace doscientos cincuenta años”, constata Felber.

Lo sorprendente es que los estudios de psicología social, neurobiología o incluso de economía demuestran de forma contundente que la competencia no es el método más eficaz que conocemos sino la cooperación. Nadie discute que la competencia motive. Pero lo hace de manera más débil que la cooperación. Mientras la cooperación motiva basándose en las relaciones satisfactorias, el reconocimiento mutuo y la consecución de objetivos compartidos, la competencia lo hace basando el éxito de uno en el fracaso del otro. Es decir, motiva por una parte en función del miedo. Como refleja Felber “el miedo es un fenómeno muy extendido en las economías capitalistas de mercado: se teme perder el trabajo, los ingresos, el estatus, el reconocimiento social, la pertenencia. En la competición por escasos bienes hay en general muchos perdedores, y la mayoría tienen miedo de serlo”.

Por otra parte, la competencia motiva en función del deseo de triunfar, de ser mejor que los demás. Como este autor explica “desde un punto de vista psicológico se trata de un narcisismo patológico. Sentirse mejor porque los demás son peores es simplemente enfermizo”. Porque quien relaciona su propio valor con ser mejor que los demás, depende completamente de que los demás sean peores. La autoestima debería basarse en ser cada vez mejores y más capaces respecto a nosotros mismos, en aquellas acciones que nos gustara realizar. Nadie saldría perjudicado y no habría necesidad alguna de la existencia de perdedores. Si como efecto secundario y sin ser mi objetivo, explica Felber, resulta que soy mejor que otro en una actividad, no puedo valorarlo como una victoria, porque no estoy situándome en una situación de derrota-victoria hablando en términos competitivos. Si mi meta es hacer bien las cosas, entonces no es necesaria la competencia, que es justo el fundamento del mito: sin competencia no nos sentimos incentivados para ser eficientes. Además, psicológicamente, la motivación es mayor cuando es interna que cuando es externa.

El problema añadido de este modelo social basado en la competitividad es que en economía ascienden especialmente las personas antisociales. Son las que resultan culturalmente “seleccionadas”. Los egoístas son los que pueden tener más éxito en este sistema capitalista. Si en la economía y en la sociedad se recompensa sistemáticamente el egoísmo y las actitudes competitivas, si se tiene por personas exitosas a aquellas que progresan a base de emplear esta dinámica de incentivos, ese carácter capitalista es el que acaba configurando el carácter de la propia sociedad, como analiza Erich Fromm en Del Tener al Ser o Richard Sennett en su famosa obra La corrosión del carácter. 

La segunda aportación interesante es la propuesta de redefinir el éxito económico, no como el resultado de las dos variables tradicionales habituales, el PIB en lo macroeconómico y el beneficio financiero de las empresas en el ámbito microeconómico. Sino como el balance del bien común conseguido. Al estilo de lo que hace Bután con su “felicidad nacional bruta”, en donde se pregunta a la población cómo ve su futuro y el de sus hijos e hijas, si confía en sus vecinos, si dispone diariamente de tiempo para hacer un descanso y meditar, etc. Felber propone aplicarlo también a las empresas preguntando si crea o destruye empleo, si la calidad de los puestos de trabajo aumenta o disminuye, si los beneficios se reparten de forma justa, si se trata y remunera igual a mujeres y hombres, si la empresa cuida o explota el medio ambiente, si produce armas o alimentos ecológicos locales, etc. “El beneficio financiero de una empresa sólo ofrece información de cómo se sirve a sí misma, pero no de cómo sirve a la sociedad”, explica.

Y la tercera propuesta que destaca es el cuestionamiento de la propiedad y la herencia. Como ha dicho Warren Buffet, uno de los más grandes especuladores financieros en el mundo, “¿encuentran eficiente que los miembros de la selección nacional de fútbol de mañana sean los hijos de los jugadores de hoy en día?, ¿lo encuentran justo?”. Por eso defiende que en una sociedad democrática toda persona debe encontrar iguales condiciones de inicio y conseguir su patrimonio a través de su propio esfuerzo e ingresos. Igualmente defiende que “ninguna persona tenga naturaleza en propiedad, sobre todo suelo”, teniendo sólo en uso aquello que vaya a trabajar sin coste alguno. Podemos usar la naturaleza, pero no la hemos creado ni tenemos derecho de propiedad sobre algo que es común. Además, alega, “la posición absoluta del derecho a la propiedad se ha convertido hoy en día en la mayor amenaza para la democracia. Gracias a la no limitación del derecho a la propiedad, algunas personas y empresas se han vuelto tan poderosas que controlan los medios y dirigen los procesos políticos hacia sus propios intereses”. 

Este planteamiento le conduce a afirmar que la igualdad es un valor superior a la libertad, porque una libertad demasiado grande puede poner en riesgo la libertad del otro. La igualdad es por lo tanto un principio absoluto; la libertad, uno relativo. Existe un principio de limitación para la libertad, pero no para la igualdad. Respecto a la propiedad, esto significa que todas las personas deberían tener el mismo derecho a una propiedad limitada (lo necesario para el bienestar), pero nadie debería tener derecho a una propiedad ilimitada. Por esto, el derecho a la propiedad tiene que estar relativamente limitado, concluye.

Aportaciones interesantes, entre otras muchas, que nos ayudan a deconstruir mitos e ideologías asumidas con excesiva credulidad actualmente y que damos por asentadas, cuando sólo se basan en una colonización emocional de nuestro imaginario colectivo, mediante los medios masivos de comunicación, que nos enseñan sistemáticamente y constantemente a concebir el mundo desde el habitus capitalista, que diría Foucault. Cuando, como indica Felber, “no conozco ninguna corriente de pensamiento ni ninguna religión del mundo que pretenda educarnos en la competencia y el egoísmo. Tanto más sorprendente es que el sistema económico occidental esté basado en valores que no están respaldados por ninguna religión o ética. ¡El darwinismo social, ni la más mínima base científica, es la religión secreta de la economía!”.


Enrique Javier Díez Gutiérrez. Profesor de la Universidad de León