Enviado por Gavroche en Mié, 23/12/2020 - 13:58
CNT
Santander
Este lunes
14 de diciembre Pascual anunciaba un ERE que afectará a 200 trabajadores, el
10% de su plantilla. Arguye las siguientes razones: «La rápida
evolución del mercado y su inminente transformación, acelerada en los últimos
tiempos, han puesto de relieve aspectos tales como la omnicanalidad, la
transformación digital, la industria 4.0, la automatización de los procesos o
los nuevos modelos relacionales con clientes y consumidores. Todas estas
tendencias son ya una realidad en Pascual, inmersa de lleno en proyectos para
afrontar el nuevo mercado y escenario digital»
Sí, Calidad
Pascual lleva unos años en la línea de la industria 4.0. De hecho fue
financiada por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad para
desarrollar OPTILÁCTEO,
una herramienta para monitorizar las granjas proveedoras. Irónicamente, cuando
se acerca a los objetivos de la «industria del futuro» genera 200 parados más.
Para CNT
este tipo de argumentos son una excusa que
enmascara la búsqueda de despidos baratos en una coyuntura de crisis. Aun así,
hemos querido interesarnos en eso de la industria 4.0 y la omnicanalidad, ya
que por desgracia, son términos con los que vamos a convivir y de los que
tendremos que defendernos.
La
omnicanalidad no significa estar presente en todos los canales
de relación con el cliente (teléfono, mail, redes sociales, etc), significa que
la relación con el cliente esté actualizada sin importar el canal usado. Es
decir, yo encargo un paquete de x online, y se pone al corriente al resto de
canales de esa compra por si quisiera utilizarlos. Se busca que la relación con
el cliente sea duradera, y toda la información es recolectada y cruzada para
conocer el comportamiento de compra de los clientes.
La industria
4.0 es algo más complejo. Plantea el uso de «big data»
para coordinar la información de las empresas a través del cruce de datos y los
algoritmos para interpretarlos. Poder tomar decisiones en función de múltiples
variables «en tiempo real» que permiten al cliente personalizar su consumo con
ayuda de las nuevas tecnologías. En suma, aplicar las últimas tecnologías para
evitar costes y generar «fabricas inteligentes».
El concepto en sí no es algo distópico, que todo el esfuerzo implicado
solo sirva al beneficio económico, sí. Está enmarcado en la idea de capitalismo
verde, y de hecho, nuestros amigos de Pascual se llevaron un premio «Lean &
Green» por su flota de camiones híbridos y eléctricos. Por supuesto toda esta
tecnología viene de materiales finitos y el uso masivo de la misma también
produce emisiones.
En el plano
laboral este tipo de empresas no augura cambios a mejor:
Sin
formación adicional: Pascual no ha optado por la conversión de su
plantilla para incluirla en el mundo 4.0.
Mayor
distancia: La monitorización de los procesos, la producción,
etc. supondrá una barrera más entre empleador y plantilla, empresa y
proveedores, etc. Una relación más fría donde pueden proliferar aún más las
decisiones negativas, como un despido, en base a resultados del algoritmo.
Trabajos más
estresantes: La carga mental que plantea la respuesta inmediata
y la implantación de la omnicanalidad es un factor estresor muy preocupante.
Además, esto moldeará un cliente aún más inmaduro, clasista y dependiente.
Una
diferencia de poder aún más profunda: mientras el
empresario maneja más y más información, los empleados seguimos sin poder
acceder a los balances de cuentas de la empresa. Es decir, el jefe puede hacer
uso de datos cruzados para decir que no eres productivo para la empresa, pero
tú no puedes hacer lo mismo. ¿Por qué no podemos saber las cuentas de la
empresa? ¿Será porque la ineficacia no está en nosotras y nosotros?
Existen trabajos
que están inmersos de lleno en esta manera de funcionar y son una metáfora en
sí mismos de las aspiraciones de la industria 4.0. Uno de ellos es los «revenue
managers». Esta figura se encarga de actualizar los precios de las reservas
de hotel u otros servicios turísticos en función de variables en tiempo real.
Por ejemplo, si se va a celebrar un partido importante en la ciudad, hace buen
tiempo o no, se cancelan trenes o vuelos de gran afluencia, cambios de los
precios u ocupación de la competencia etc. Con este dato que se actualizan hora
a hora, y a veces minuto a minuto, los revenue manager suben o bajan los
precios, generalmente varias veces al día.
Podéis
imaginar que este trabajo es estresante, demandante y respeta poco los
horarios. Es el trabajo perfecto para el esclavo moderno: perfil
especializado, tecnológico y sobre todo la narrativa autocomplaciente del
policía de película al que levantan a las tres de la mañana y no puede negarse
a acudir porque «le llaman del trabajo». Sin organización, asumir
esa moral de esclavo es una de las pocas opciones frente a la ansiedad 4.0.
Mientras
tanto, la personalización del consumo está viva en las complicadas
conversaciones de nuestras madres y abuelas con el carnicero o el frutero,
donde se suceden cortes, laminados, empaquetados, y materiales a gusto del
cliente. La relación duradera existe sin la mediación de algoritmos, si
no a través de la propia relación. La fidelización y la aproximación
de perfil se da a través de las mismas variables.
El consumo
local es una alternativa que responde a necesidades más profundas que la
economía o la ecología a lo grande. Contribuye a la lucha contra la soledad y a
generación de lazos y empatía que no puede ofrecer la tecnología actual.
Contribuye a que la riqueza se fije en el territorio. Contribuye a la identidad
en los modos de consumo y a trabajos de calidad. Por supuesto, esto no es la
panacea, hay mucho que hacer para renovar estas empresas, en un sentido de
consumo responsable: evitar el plástico, el bumping o el trabajo esclavo de
terceros. Un cambio difícil sin la relación personal.
Es una lástima
que podamos coordinar, traducir y digerir esta cantidad de datos y los usemos
exclusivamente para vender. Podremos preveer, monitorizar y personalizar si
nuestra leche ha salido de una vaca con o sin manchas marrones. Mientras, que
llueva en Cantabria se traduce en inundaciones, y las catástrofes de hace
veinte años siguen siendo las mismas.
El potencial
de la tecnología es innegable sobre todo si está bien dirigida. Hace miles de
años el objetivo era cortar y en un proceso larguísimo se consiguió diseñar e
implementar las tijeras y los cuchillos. Gasto energético nulo, sin
prácticamente mantenimiento, intuitivas, con una huella ecológica mínima y
prácticamente inmejorables para su función, más que a través de la adaptación
de tamaños y filos. Si la necesidad de cortar se hubiese dado hace dos siglos,
hoy en día quizás manejaramos tijeras eléctricas o a gasolina sin posibilidad
de una versión infantil. Con este ejemplo quiero ilustrar la industria 4.0 como
otro exabrupto de la mirada únicamente económica. La solución a esto es una
pregunta clara:
¿Y si
ponemos la tecnología al servicio de las personas de una vez por todas?
Enlaces relacionados / Fuente:
https://cantabria.cnt.es/la-industria-4-0/
Fuente: https://www.alasbarricadas.org/noticias/node/45181