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martes, 10 de mayo de 2022

LA REVOLUCIÓN DE LOS CLAVELES: “LA "TERCERA VÍA" CAMINA SIEMPRE PARA LA DERECHA"

 Entrevista al General Vasco Gonçalves

 


Se cumple un nuevo aniversario de la interesadamente poco recordada Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974 en Portugal, que sería traicionada después por la socialdemocracia, como tantas otras luchas revolucionarias.

En todo caso, la Revolución de los Claveles se vende por los medios de propaganda como la revolución popular que dio paso a la democracia. Sin embargo, no fue así: el pueblo optó por el comunismo, y el gobierno de Vasco Gonzalves, del Partido Comunista, expresó sus aspiraciones, "se nacionalizan la banca y las finanzas, los seguros y los centros básicos de la producción, se comienza a caminar por una vía de transición al socialismo".

Como suele pasar, Estados Unidos, la U.E. y la oligarquía local y global, no podían permitir una experiencia así en Europa, así que se encargaron de acabar con el sueño popular, las conquistas de la clase trabajadora en los meses de gobierno Gonzalves, y de imponer una dictadura sin dictador, parafraseando a la descripción que haría el gran José Bergamín sobre la España "democrática" como "el franquismo sin Franco".

El derrocado presidente comunista Vasco Gonzalves sacaría sus conclusiones: " Yo pienso que hoy no hay espacio para una "tercera vía". La experiencia del pasado y del presente nos demuestra que la "tercera vía" camina siempre para la derecha, camina siempre hacia un rumbo reformista del capitalismo, hacia la idea de una supuesta "reforma del capital". No se trata de alcanzar un capitalismo reformado sino de superar el capitalismo. El capitalismo no es reformable, porque las relaciones sociales en las que se basa y sin las cuales no puede sobrevivir son intrínsecamente injustas y de explotación del hombre por el hombre. La "tercera vía" no persigue conquistas profundas en las estructuras económicas y sociales. Hay que fijarse en Inglaterra, en Francia y en Alemania para corroborarlo. Jospin en Francia, Schroeder en Alemania y Blair en Gran Bretaña adoptaron en la práctica políticas neoliberales y de privatizaciones. Todos los que pretenden colocarse entre el capitalismo y el socialismo al final terminan adoptando políticas neoliberales".


Néstor Kohan entrevistó en 2004 a Vasco Gonçalves, el hoy fallecido general que fuera uno de los conductores de la Revolución, que se definía abiertamente como marxista y citaba con familiaridad a Lenin. Además, y frente a la propaganda mediática que suele desvincularlos, no dudaba en señalar que capitalismo, fascismo y colonialismo eran tres caras del mismo monstruo.

En aquellos días que pasaron a la historia de la lucha popular, la vecina Portugal tuvo el mérito de derrocar a sus propios dictadores, al contrario que España, que contemplativamente los dejó morir dejándolo todo atado y bien atado tras su muerte y hasta la actualidad. Sin embargo,  es cierto que ellos también tuvieron su propio P$OE (el partido financiado por la CIA y la socialdemocracia alemana para traicionar la lucha de los antifranquistas y para reconducir la "democracia" hacia el "buen puerto" que convenía a los intereses de EEUU, Europa y del Movimiento Nacional); en su caso el partido de Mario Soares y de Durao Barroso, el adalid del neoliberalismo actual de la Unión Europea.

En fin, para recordar esta revolución que puso patas arriba la estabilidad que había impuesto Washington durante la Guerra Fria en Europa Occidental, y que provocó la inquietud en La Casa Blanca y en el resto de sus sucursales europeas por miedo a que Portugal se convirtiera en una especie de Cuba del viejo continente, compartimos  a continuación un fragmento de la entrevista de Nestor Kohan a Vasco Gonçalves, uno de los dirigentes de la revolución que rompió el guión pactado allende el Atlántico para las dictaduras ibéricas.

Precisamente cuando en el resto de los países europeos se abrían las flores mustias del eurocomunismo y la socialdemocracia (corrientes que renunciaban a toda rebelión radical, no por una debilidad de fuerzas momentánea, sino por principios políticos) la Revolución portuguesa fue, en palabras de Vasco Gonçalves, "en Europa Occidental y después de la Comuna de París, la mayor ofensiva hecha contra el sistema capitalista".  El pueblo portugués ponía a la orden del día la cuestión de la toma del poder., en plena crisis capitalista (1973-1974), cuando el dólar y el petróleo sufrieron un temblor mundial, liquidando el keynesianismo de posguerra y abriendo camino al neoliberalismo.

Hay que recordar, para terminar, que el imperialismo reaccionó tras el triunfo de la Revolución de los Claveles y la llegada al poder de los militares comunistas dirigidos por Vasco Gonçalves, y con el apoyo y complicidad de la socialdemocracia portuguesa de Mario Soares y Durao Barroso, EE,UU, derrocó al gobierno revolucionario con un golpe de estado un año y medio después. Así también la Unión Europea, y por supuesto, el genocida Franco, pudieron respirar tranquilos y seguir aplicando la hoja de ruta que el pueblo portugués había intentado cambiar con su heroica e inolvidable Revolución de los Claveles.

En todo caso, y sin olvidar  que en todo proceso revolucionario hay aciertos y errores, conviene recordar las palabras con las que el general Vasco Gonçalves, años después del golpe que lo derrocó para reinstaurar los planes diseñados por Washington durante la dictadura, apunta el papel dañino de la socialdemocracia y el reformismo para el desarrollo y triunfo del Socialismo, para la emancipación de la clase obrera y su camino hacia la libertad: "la socialdemocracia solo lleva hacia el neoliberalismo".

"Entrevista a Vasco Gonçalves

 

Néstor Kohan: ¿Cómo recuerda usted hoy la revolución del 25 de abril de 1974?

General Vasco Gonçalves: La revolución que se extendió entre abril de 1974 y noviembre de 1975 fue el momento más importante de mi vida, desde el punto de vista personal. Participar de la revolución fue la mayor alegría que me tocó vivir. Pienso en muchas cosas, en lo cotidiano, en la voluntad de las personas, en el espíritu reivindicativo y de lucha...

N.K.: ¿Cómo fue el proceso de la revolución?


Gral. Vasco Gonçalves: A partir de que se produce el levantamiento contra el fascismo en abril de 1974 nuestra revolución va profundizando en sus conquistas, en la modificación de las estructuras últimas que caracterizan el sistema. A medida que se suceden las transformaciones, la lucha de clases se va agravando. Pienso que en esa situación no estábamos preparados, no teníamos un grado de maduración político y social capaz de defender y consolidar la revolución. No teníamos este grado de maduración. En los primeros tiempos, en los primeros meses, hubo un gran entusiasmo popular. Después, en la medida en que las conquistas se fueron profundizando, ya empezaron las nacionalizaciones y expropiaciones, la reforma agraria; la fuerza política de los trabajadores fue ascendiendo. Los trabajadores conquistaron mucho desde el punto de vista político y social, en las relaciones de trabajo, en las relaciones entre patrones y asalariados y eso hizo que se agravasen muchas cosas. Fundamentalmente se agudizó la lucha de clases.


N.K.: ¿Qué falló en el proceso revolucionario? ¿Por qué no pudo consolidarse y triunfar?

Gral. Vasco Gonçalves: En Portugal no hubo de hecho fuerzas suficientes porque en las masas populares terminó predominante ese espíritu pequeñoburgués tradicional, el miedo a las transformaciones, el miedo al comunismo, la supervivencia del anticomunismo, la acusación de que nosotros queríamos llevar el país hacia el comunismo... todos esos mensajes reaccionarios y propagandísticos tuvieron cierta receptividad entre nuestra población. Y por lo tanto, el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) fue dividido. Hubo militares que se pusieron en contra de las conquistas de la revolución, en lugar de defenderlas. Los propios vencedores del golpe contrarrevolucionario del 25 de noviembre de 1975 que fue realizado contra los militares ubicados más a la izquierda, contra los militares progresistas y revolucionarios -un golpe que fue protagonizado por una fracción de militares que habían participado en el levantamiento del 25 de abril de 1974- paradójicamente aceptaban conquistas del socialismo. Algunos de estos militares que protagonizaron el golpe de derecha de 1975 estaban convencidos de que nosotros, los militares de izquierda, queríamos implantar una nueva dictadura en Portugal, que ahora sería una dictadura comunista. Pero en realidad esta creencia provenía de una propaganda de la reacción. Así se dividió el MFA y a la propia población.

Entonces, hasta los mismos vencedores del golpe contrarrevolucionario de fines de 1975 aprobaron una ley constitucional que decía que la misión de las Fuerzas Armadas era garantizar la vía pacífica y pluralista para la democracia y para el socialismo. El preámbulo de la Constitución de la República también propiciaba: "abrir el camino para una sociedad socialista, en el respeto de la voluntad del pueblo portugués, teniendo en vista la construcción de un país más libre, más justo y más fraterno". ¡Precisamente lo que nosotros queríamos! Ellos, los que nos derrocaron, estaban convencidos de que nosotros íbamos a implantar una nueva dictadura, ahora comunista, y entonces hicieron esa ley en defensa del socialismo. Ellos estuvieron en contra nuestra, en contra de nuestros camaradas militares, en contra de los que apoyábamos las reivindicaciones populares y queríamos precisamente consolidar esas reivindicaciones que habían sido alcanzadas.

N.K.: Usted habla de propaganda reaccionaria y anticomunista destinada a dividir el proceso político. Los latinoamericanos conocemos muy bien eso. ¿La CIA estaba metida en Portugal?

Gral. Vasco Gonçalves: ¡La CIA estaba metida! ¡Sí! Junto con la CIA también estaban metidos los servicios de inteligencia británicos, en particular el MI6, en la preparación del golpe contrarrevolucionario del 25 de noviembre de 1975. En cuanto a la CIA, es bien conocido el caso del ex embajador norteamericano en Portugal en tiempos de la revolución, Frank Carlucci, quien luego de su actuación en Portugal fue ascendido en Estados Unidos a vice-director de la CIA. También son bien conocidos los elogios mutuos que se han dirigido Mario Soares, jefe del Partido Socialista y apoyo civil de la contrarrevolución, y Frank Carlucci. Soares llegó a enaltecer recientemente y en forma pública el gran papel de este hombre de la CIA en "la instauración de la democracia en Portugal!"... Después de esas declaraciones, ¿qué más se puede agregar?... 


N.K.: ¿La CIA también estaba infiltrada dentro de las Fuerzas Armadas?

Gral. Vasco Gonçalves: Sí, estaban metidos en todos lados. Sin embargo, las condiciones que vivimos 
en Portugal no fueron las mismas que se vivieron en Chile en 1973 donde la CIA tenía mayor poder. Aquí se logró dividir a las Fuerzas Armadas, tuvieron consigo a la dirección del Partido Socialista y también al Partido Popular Democrático. Es decir que aquí hicieron la contrarrevolución por una vía casi "pacífica", a diferencia de Chile. No fue completamente pacífica porque también hubo un levantamiento militar e incluso algunas acciones terroristas en la preparación del golpe contrarrevolucionario.


N.K.: ¿Cuál sería entonces el balance?

Gral. Vasco Gonçalves: A la hora de hacer un balance de las causas por las cuales fuimos derrocados, yo pienso que la supervivencia y permanencia de la ideología pequeñoburguesa y burguesa entre la mayoría de las masas trabajadoras y entre la mayoría de los militares posibilitaron que la derecha y la dirección del Partido Socialista golpearan contra la dirección de la revolución. De este modo la dirección del Partido Socialista se esforzó por definir a los militares revolucionarios y al Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) como comunistas. Nos decían que éramos todos comunistas, para así poder acusarnos, aislarnos y rechazarnos. Eso fue lo que la dirección del Partido Socialista logró conseguir. De allí en adelante, desde 1976 hasta nuestros días, a Portugal lo gobernó y lo gobierna la derecha.

N.K.: ¿Usted era en ese entonces comunista?

Gral. Vasco Gonçalves: Yo era entonces marxista y lo sigo siendo.

N.K.: ¿Cómo se formó? ¿Cómo llegó al marxismo dentro de las Fuerzas Armadas?

Gral. Vasco Gonçalves: En los tiempos de estudiante.

N.K.: ¿Usted qué estudiaba?

Gral. Vasco Gonçalves: Yo estaba en la Facultad de Ciencias. Estudiaba ingeniería militar.

N.K.: ¿Era una universidad civil?

Gral. Vasco Gonçalves: Sí, era una universidad civil. Para entrar en la escuela militar estudié en un curso de ingeniería que se seguía durante tres años en la Facultad de Ciencias. Allí nos vinculamos con amigos, que eran estudiantes, y con otro gran amigo, un profesor que nos llevó a comprender las relaciones sociales.

N.K.: ¿Eran muchos los estudiantes marxistas?

Gral. Vasco Gonçalves: No, en realidad no eran muchos. De unos cuarenta, por ejemplo, sólo cuatro o cinco se interesaban por cuestiones políticas y tenían una gran politización. Estos grupos propiciaban la resistencia a la dictadura fascista que perseguía a las personas, que censuraba los libros, que censuraba los periódicos y la prensa. ¡Por entonces todo era censurado! Nos faltaba la libertad. Esa profunda falta de libertad de nuestro pueblo le dio sentido al levantamiento militar y a la revuelta popular contra la dictadura y contra la falta de libertad, contra las posiciones patronales, contra la explotación de los trabajadores. Entonces el Partido Comunista tenía una gran influencia en la población y en la implementación de esa revuelta. Era prácticamente el único partido organizado que luchaba contra el régimen fascista [el Partido Socialista recién se formó en 1973 y fuera de Portugal, en Alemania occidental. Nota de N.K.]. El Partido Comunista contaba con una considerable influencia entre los trabajadores de las fábricas.

En ese momento los trabajadores portugueses eran principalmente trabajadores agrícolas, porque Portugal era esencialmente un país agrícola. Eso influyó para que predominara entre la mayoría de los trabajadores la ideología pequeñoburguesa y hasta burguesa, casi tradicional. Portugal tenía una influencia muy fuerte de la Iglesia y pesaba mucho la tradición. Esa debilidad en el desarrollo capitalista de Portugal y su atraso desde el punto de vista industrial contribuye a explicar que entre los trabajadores predominara de hecho la ideología de la clase dominante. Como usted sabe, las ideas dominantes son las ideas de la clase dominante. La población luchaba contra el fascismo. Comenzó entonces la guerra colonial, que tuvo una gran influencia en la maduración de la conciencia política de un número determinado de los militares que protagonizaron el levantamiento del 25 de abril de 1974.

N.K.: ¿Cuánto duró la guerra colonial de Portugal con sus colonias?

Gral. Vasco Gonçalves: La guerra duró 13 (trece) años, desde 1961 hasta 1974. Durante la guerra colonial los militares fueron comprendiendo que esa guerra no tenía solución por la vía de las armas. El problema colonial tenía que ser resuelto reconociendo el derecho de los pueblos a la autonomía y a la independencia.

N.K.: ¿Cuáles eran esas guerras coloniales de Portugal?

Gral. Vasco Gonçalves: La guerra colonial se desenvolvió en África: en Angola, Mozambique y en Guinea-Bissau. A partir de 1964 había tres frentes simultáneos. En esas tres colonias había tres campañas militares.

N.K. ¿Usted participó en las guerras coloniales?

Gral. Vasco Gonçalves: Sí, he participado.

N.K.: ¿Dónde?

Gral. Vasco Gonçalves: Estuve en Angola y en Mozambique.

N.K.: En esa época Francia educaba a sus militares en la doctrina de la guerra contrainsurgente que aplicó en Argelia e Indochina. Estados Unidos también, tal como lo aplicó en Vietnam. En América latina esa doctrina de la guerra contrarrevolucionaria se difundió mucho gracias a Francia y Estados Unidos. ¿A ustedes también los educaron en ese tipo de guerra contrarrevolucionaria?



Gral. Vasco Gonçalves: Cuando comenzó la guerra colonial vinieron a nuestro país oficiales del ejército francés de Argelia. Ellos nos hablaron de las operaciones. No era una enseñanza o una instrucción formal. Daban conferencias sobre la guerra de Argelia, sobre las operaciones militares y sobre el modo en que había que enfrentar a los guerrilleros.

N.K.: ¿En qué año esos instructores dieron sus conferencias?

Gral. Vasco Gonçalves: Yo calculo que fue en 1961, 1962, 1963. Fueron al principio del desencadenamiento de la guerra colonial. En esas conferencias hablaban desde un punto de vista operacional-militar, desde el punto de vista de las operaciones anti-guerrilla y también desde el punto de vista de la acción psico-social: ¿cómo conquistar a las poblaciones cuando había movimientos de liberación, movimientos de guerrilla anticolonial? ¿Cómo conquistar las ideas de la poblaciones? Eso era llamado "Acción psico-social". 

N.K.: ¿Cómo percibían los militares portugueses las guerras coloniales y la resistencia de los pueblos oprimidos?

Gral. Vasco Gonçalves: Los militares de Portugal fueron percibiendo que la solución no podía ser militar, que la guerra no se ganaría. Además, el malestar de las colonias condujo a la politización. Quiero decir que los movimientos de liberación de las colonias portuguesas aportaron una gran contribución para nuestra propia liberación del fascismo y del colonialismo en Portugal. Los militares portugueses fueron reconociendo que cada lucha de cada uno de estos pueblos era una lucha justa; en cambio, nuestra guerra, desde el punto de vista de Portugal, era una guerra injusta. La guerra colonial no era una guerra sentida ni querida por las propias masas portuguesas. Desde el punto de vista moral los militares portugueses estábamos derrotados en la guerra colonial. También por eso entre los oficiales y los cuadros militares permanentes surgió el descontento y la oposición contra la guerra colonial. Entre ellos, una minoría constituyó el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA). Esto significa que una cosa es el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) y otra cosa son las Fuerzas Armadas. El MFA estaba constituido por una pequeña parte de los oficiales de carrera y cuadros permanentes que eligieron como profesión la vida militar. Las Fuerzas Armadas también estaban constituidas por los milicianos, quienes luego de pasar por el servicio militar obligatorio volvían a la vida civil. Estos últimos eran militares sólo eventualmente.



N.K.: ¿Qué importancia tuvo la existencia de estos milicianos?

Gral. Vasco Gonçalves: La participación de milicianos en nuestras fuerzas era cada vez mayor porque no se podía mantener tres frentes de batalla al mismo tiempo. Esa gran participación de milicianos condujo también a la concientización de los cuadros permanentes y los oficiales de carrera. Esa fue su importancia. Además de la lucha de los pueblos coloniales y del descontento de los militares portugueses existía una gran efervescencia en el movimiento estudiantil. Todo esto confluyó.

N.K.: ¿El Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) sólo agrupaba a los militares y cuadros permanentes o también incluía a los milicianos?

Gral. Vasco Gonçalves: Incluía a ambos. Fue la propia guerra colonial la que condujo a que los cuadros permanentes contactaran inmediatamente con los cuadros milicianos. De manera que ambos grupos hacían la misma vida, corrían los mismos riesgos en la guerra, entonces eso influyó en que hubiera intercambio de ideas y de opiniones entre los cuadros profesionales permanentes y los militares milicianos. Ellos, los milicianos, estaban mejor preparados políticamente que nosotros, los militares profesionales, porque en las universidades civiles había una discusión ideológica, política y social que no existía en las escuelas militares. Entonces los militares milicianos estaban mejor preparados ideológicamente. Eso condujo a crear mejores condiciones de maduración en la concientización política de los militares y cuadros permanentes.

N.K.: ¿El Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) tenía una orientación marxista?

Gral. Vasco Gonçalves: No, de ninguna manera. El MFA no era un movimiento revolucionario. Era un movimiento que pretendía poner fin a la guerra colonial y resolver el problema de la independencia de las colonias portuguesas que era, en verdad, la causa de la guerra colonial. El fascismo y el colonialismo no podían conceder la autonomía y la independencia a los pueblos coloniales. Nosotros lo que pretendíamos era encontrar una solución política para la guerra colonial. Y la única solución política tenía que consistir en el reconocimiento de la autonomía y la independencia de todos los pueblos coloniales. Ese era nuestro objetivo fundamental. En ese objetivo la gran mayoría de los militares estaba de acuerdo, pero los más audaces, los más activos, los que tuvieron más coraje en intentar lograr ese objetivo fueron aquellos que constituyeron el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA).

N.K.: ¿Con cuántos integrantes contaban ustedes en el MFA?

Gral. Vasco Gonçalves: Alrededor de 300 ó 400 militares, aproximadamente, mientras que el conjunto de oficiales permanentes de las Fuerzas Armadas eran en total nos 7.000 u 8.000.

N.K.: ¿El MFA operaba en la clandestinidad?

Gral. Vasco Gonçalves: Sí, éramos clandestinos. En ese momento el gobierno fascista ya estaba muy deteriorado y en Portugal había una gran contestación contra el fascismo en el seno de las masas populares y trabajadoras. Por eso las reivindicaciones del Movimiento tuvieron gran receptividad.

N.K.: ¿En qué año nació el MFA?

Gral. Vasco Gonçalves: En 1973. El dictador Salazar ya había muerto y sus sucesores pretendían hacer una política que aparentemente era más "suave", pretendían dar una cara más "liberal" al fascismo. Nuestra situación se estaba agravando día a día. La guerra colonial estaba empeorando a cada momento. Poco a poco, el Movimiento de las Fuerzas Armadas fue planteando sus reivindicaciones a cielo abierto. Las reuniones de discusiones del Movimiento sobre el futuro de las Fuerzas Armadas y de Portugal no se hacían abiertas porque existía una policía política fascista llamada PIDE que también estaba metida dentro de las Fuerzas Armadas. Se llegó entonces a una situación en la cual el gobierno ya no tenía poder suficiente para imponer su voluntad y nosotros, los oficiales, ya no estábamos dispuestos a aceptar todas las órdenes. Se comenzaban a dar las condiciones subjetivas necesarias e imprescindibles para una revolución.

N.K.: ¿Usted está pensando en el análisis de Lenin sobre una situación revolucionaria?

Gral. Vasco Gonçalves: Sí, por supuesto. Estoy pensando exactamente en eso. Por lo tanto estas múltiples circunstancias iban conformando las condiciones subjetivas para el triunfo de la revolución.

N.K.: ¿Cómo fue el vínculo entre el ascenso de las masas trabajadoras y la propia dinámica del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA)?

Gral. Vasco Gonçalves: Aunque las Fuerzas Armadas en Portugal no tenían un objetivo de revolución social, queríamos una democracia política, mejores condiciones de vida para los trabajadores, mejores condiciones para el desarrollo de la cultura en Portugal... En el conjunto, como Movimiento -repito y subrayo las palabras "como Movimiento"- no estaba entre nuestros objetivos hacer una revolución socialista. Después, con el impulso del movimiento popular y de las reivindicaciones populares, y con el impulso de la justicia de estas reivindicaciones, la lucha de clases nos llevó al proyecto de la revolución socialista. Así se explica el proceso iniciado el 25 de abril de 1974.

Alguna vez un intelectual brasilero dijo que nunca había visto en el mundo un movimiento popular en las calles como lo había visto en Portugal. Un movimiento en las calles con sus reivindicaciones... existía la enorme influencia entre los trabajadores del Partido Comunista que era el único partido organizado políticamente que había combatido al fascismo. Una influencia que se extendía a los trabajadores rurales. De manera que se fue desenvolviendo un proceso de reivindicaciones populares que eran justas y que eran consideradas como justas por los propios militares. Era entonces natural que ese proceso desembocara por su propio desarrollo en una lucha por el socialismo. Aquellos militares que estaban de verdad identificados con los intereses populares y con la razón de las masas trabajadoras dominaron las relaciones de fuerzas dentro del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA). Este último era un movimiento unitario. Tenía como base la necesidad de la solución política del problema colonial. En eso estábamos todos de acuerdo, desde la derecha hasta la izquierda y eso nos llevó a la conclusión de que para solucionar el problema colonial era preciso derrocar al gobierno fascista.

Al comienzo muchos pensaban, dentro de nuestros camaradas militares, que se podía imponer al gobierno fascista otra solución al problema colonial sin necesidad de derribarlo, pero eso no funcionó. Pero luego la propia formación del Movimiento de las Fuerzas Armadas, desde el verano de 1973 hasta abril de 1974, fue haciendo madurar las ideas de los militares. Esto permitió hacer madurar las condiciones subjetivas, las condiciones ideológicas, las condiciones del factor subjetivo para derribar al gobierno fascista. Nosotros concluimos que con aquel gobierno no era posible llegar a una solución política del problema colonial. Se tornaba necesario derribar, tirar abajo al gobierno fascista para recién entonces solucionar el problema colonial conversando con los movimientos de liberación, como por ejemplo el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA).

Por lo tanto el gobierno fascista fue derrocado a través de una gran acción popular. En esa acción popular existió una gran orientación del Partido Comunista; los militares más progresistas apoyaban las reivindicaciones populares y cualquier fuerza que el pueblo necesitaba. Nosotros dominamos las relaciones de fuerza dentro del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), pues el MFA estaba tensionado desde la derecha y desde la izquierda. El MFA constituyó una Junta de Salvación Nacional que fundamentalmente estaba formada y constituida por oficiales generales que eran gente de derecha pero que también acordaba con la solución del problema colonial por vía pacífica y a través de una solución política.

N.K.: ¿La izquierda del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) tenía por objetivo el proyecto de la revolución socialista?

Gral. Vasco Gonçalves: En ese momento todavía no. Había algunas personas que tenían ideas auténticas y verdaderas sobre el socialismo y el marxismo, pero pensaban que no había condiciones en Portugal para hacer una revolución socialista. Pero a lo largo del proceso revolucionario surgió una vía de transición hacia el socialismo a través de la realización de las diversas y sucesivas conquistas populares. Por ejemplo, la nacionalización de la banca, la nacionalización de los seguros, la nacionalización de los principales centros básicos de la producción industrial, la nacionalización de las principales empresas de transporte y comunicaciones, la reforma agraria basadas en unidades colectivas, el control obrero, los derechos cívicos, sindicales, laborales y políticos de los trabajadores.


Todas estas conquistas y derechos se fueron ganando y se fueron modificando las estructuras económicas. Cuando se nacionalizan la banca y las finanzas, los seguros y los centros básicos de la producción, se comienza a caminar por una vía de transición al socialismo. ¡Es posible conquistar y hacer el socialismo con el conjunto de estas fuerzas! La vía de transición al socialismo fue surgiendo del mismo proceso de las luchas de clase. Lo importante que hay que destacar es que lo que surge como un golpe y un levantamiento militar contra el fascismo y el colonialismo se va transformando en una revolución social.

N.K.: Al describir aquel proceso revolucionario del cual actualmente se cumplen 30 años usted destaca la perspectiva del socialismo. Sin embargo, hoy en día, tres décadas después, algunos teóricos proponen reemplazar el proyecto del socialismo por una supuesta "tercera vía". ¿A partir de su experiencia política, qué opina usted de la "tercera vía"?

Gral. Vasco Gonçalves: Yo pienso que hoy no hay espacio para una "tercera vía". La experiencia del pasado y del presente nos demuestra que la "tercera vía" camina siempre para la derecha, camina siempre hacia un rumbo reformista del capitalismo, hacia la idea de una supuesta "reforma del capital". No se trata de alcanzar un capitalismo reformado sino de superar el capitalismo. El capitalismo no es reformable, porque las relaciones sociales en las que se basa y sin las cuales no puede sobrevivir son intrínsecamente injustas y de explotación del hombre por el hombre. La "tercera vía" no persigue conquistas profundas en las estructuras económicas y sociales. Hay que fijarse en Inglaterra, en Francia y en Alemania para corroborarlo. Jospin en Francia, Schroeder en Alemania y Blair en Gran Bretaña adoptaron en la práctica políticas neoliberales y de privatizaciones. Todos los que pretenden colocarse entre el capitalismo y el socialismo al final terminan adoptando políticas neoliberales". 

 

Publicado por JL F

 

Fuente: https://cuestionatelotodo.blogspot.com/2016/04/la-revolucion-de-los-claveles.html

 

sábado, 26 de junio de 2021

MUJERES DE PEKÍN, MARIA TERESA LEÓN

JL F

24 de junio de 2021

 

"Su importancia se multiplica de año a año, y si vemos aún la China antigua pasear a pasitos de perdiz, las nuevas generaciones de mujeres usan botas fuertes, grandes, seguras, de las que hacen más caminos en ocho años de socialismo que en tres mil de imperio. Las jóvenes ríen al sentirse libres, las viejas lloran. La nueva vida se la debemos a Mao, dicen. Unas y otras son la entraña de la República Popular China. Millones de sus hijos aseguran la futura felicidad que vendrá".

En 1957 María Teresa y Rafael Alberti realizaron un viaje a China para tomar contacto con los cambios sociales surgidos de la revolución comunista. Fruto de este viaje nacio un libro, Sonríe China (1958), al que pertenece el fragmento que abre la entrada, y que es el testimonio de los cambios políticos, sociales y culturales de la República Popular.

Además de ofrecemos una descripción del presente revolucionario, y esperanzador para los pueblos del mundo, de la China Popular, María Teresa León, nos evoca una y otra vez el pasado del país, para referirse a lo profundo de un cambio en tan escaso margen de tiempo tras el triunfo de la revolución.

Desde el exilio, y desde la frustración de la derrota de la República Española, y con ella de las esperanzas del pueblo español, la mirada de María Teresa León se extiende, sobre un pueblo que supo vencer a su enemigos externos e internos y escapar de siglos y siglos de opresión en su propio ritual, entre emperadores y hombres adornados con gusanos de seda.

Sonríe China, es un libro de viaje, aunque con poemas e ilustraciones de Rafael Alberti intercaladas. En la obra destaca, sin embargo, la prosa de una voz femenina, llena de ideales esperanzadores que hacen suponer que el libro está escrito, casi en su totalidad, por María Teresa León.

Entre todos los aspectos sociales a los que pasa revista María Teresa León en su visita a la China de Mao, ninguno le sorprende tan positivamente como el de la evolución de la mujer, quien ha empezado a superar el desprecio y la infravaloración a que estaba sometida en el sistema de valores de la sociedad china de las dinastías imperiales. María Teresa León admiraba como había cambiado la situación de la mujer china tras la llegada al poder de Mao y el Partido Comunista, ya que este hecho tuvo gran trascendencia para la suerte de todas ellas, y anhela este cambio en las sociedades sometidas al capitalismo, donde la mujer sigue siendo, en la mayoria de los casos, un objeto al servicio del hombre, doblemente explotada por su condición femenina y su posición de clase.

 No obstante, conviene recordar aquí las palabras de Mao: “Con el fin de construir una gran sociedad socialista, es de suma importancia movilizar a las grandes masas de mujeres para que se incorporen a las actividades productivas. En la producción, hombres y mujeres deben recibir igual salario por igual trabajo. Sólo en el proceso de la transformación socialista de la sociedad en su conjunto se podrá alcanzar una auténtica igualdad entre ambos sexos”. Y así parece que fue, al menos hasta el triunfo del que Mao denominaba "camino capitalista", partidarios contra los que los comunistas chinos llevarían a cabo la Gran Revolución Cultural. y que tendría lugar tras el abandono de esta y, sobre todo, tras la muerte del creador de la República Popular China (en un proceso semejante al acaecido años antes en la Unión Soviética).

En el siguiente fragmento, podemos ver como Maria Teresa León describe el enorme cambio, el gran salto hacia adelante, hacia el futuro, que dieron las mujeres chinas de la mano de la Revolución Maoista, y lo hace a la vez que lo anhela en su propia patria, España, sometida a la última dictadura abiertamente fascista superviviente tras la Segunda Guerra Mundial:

"¡Mujeres de Pekín! ¡Qué admirables y discretas son! Me las encuentro en todas partes, lo llenan todo llevando hijos de cualquier tamaño, niños envueltos en telas multicolores, encapuchados, amorosamente protegidos del frío. Llevan, si son mayores, un largo gabán hasta los pies que ha de servirles sin duda mucho tiempo mientras crezcan y servirá a sus hermanillos, que indudablemente han de venir. La gorra de pieles de orejas de liebre acaricia con su pelo las mejillas de porcelana, encuadrando su sonrisa de niños, felices de que los miremos. Si les sonríes –¡y vaya si les sonrío! –, se te acercan como conejitos buenos, tocando con sus manos las tuyas –¡ay, tan grandes!– que deben parecerles inmensas, ya que han heredado las manos pequeñitas de los dibujos hechos en seda china. Yo, antes, como mujer del sur, creía que los niños más bonitos del mundo eran los del norte; ahora, como mujer que ha viajado, compruebo que no hay niños más hermosos que los del este del planeta que habitamos. Sin recelo ni acoso, estos niños que no piden limosnas como los de Toledo, ni son golfillos despejados como los de París o Nápoles, nos hablan con su lenguaje de canario que gorjea, confiados, sin duda, en mi pelo blanco, que les gusta tocar para convencerse de que no es cosa de juego. Las madres también se acercan, alcanzando a nuestra consideración algún niñito de marfil, que yo he visto antes en los abanicos que guardaba mi madre. Estoy segura que me hablaban de madre a madre, contándome esas cosas comunes que tenemos las mujeres del mundo: si es dura la tarea de criar hijos, si son fastidiosos para comer o si se escapan para lanzar al viento cometas doradas.

Estoy segura de entenderlas. Son las descendientes de otras mujeres muy poco apreciadas en la vida china, por las que se vestía luto el día de su nacimiento, a las que se podía maltratar, abandonar, cancelar con ellas todos los compromisos. Millares de mujeres, millones, mejor dicho, no recibieron nunca educación; se podían vender como ganado que produce poco; no tenían derecho a elegir su marido; debían aceptar compartir con las concubinas el lecho, la casa, el amor. Como no podían cumplir el culto a los antepasados, si en una casa llegaban muchas hembras, se las ahogaba en los ríos profundos y –¡horror!– debían obedecer a la suegra.

El signo chino que dice mujer repite tres veces el que significa mal o malo. El signo mujer dentro del signo casa significa paz. De ahí la tendencia al encierro, a la anulación. Cuando un poeta tiene que expresar su gran alegría, dice: “soy feliz porque soy chino, porque no he nacido mujer”. Las mujeres se suicidan en cantidades fabulosas. ¿Y para quién iban a conservarse? Las madres de Pequín saben hoy todo esto y muchas cosas más que les estaban vedadas a las mujeres de los pies chiquitines, caminando con pezuñitas de corza la vida de un lado para otro de su infortunio. Ya no vendrá el comprador de carne humana a buscar a sus hijas para comprarlas, ya los hoteles no servirán a los viajeros muchachitas precoces en todas las artes, ya las hijas no serán más conejas, alondras ni hormigas. Ya no pagará ninguna con su cuerpo los estudios en la Universidad de Shangai.

Las madres que van por la calle saben que la hermosa caligrafía del presidente Mao les dio la liberación de su milenario martirio al trazar una raya sobre la antigua ley matrimonial. Saben que la mujer acaba de nacer en China protegida por la sombra de la Larga Marcha donde ellas fueron guerrilleras heroicas. Saben que los ricos consumidores de concubinas tendrán que abstenerse de ellas y de otras mil cosas que el pueblo les ha obligado a prescindir en lo sucesivo. Las mujeres de China ya no bajan la cabeza ante suegras horribles, ni han de servir de criadas en la casa del novio hasta que éste alcance la mayoría de edad, ni tendrán que soportar el peso de la tradición confuciana. Ahora ninguna mujer baja la vista. Las encontramos vestidas de pantalones, con su airecillo varonil, sin complejos, pisando decididas en sus tareas de soldados, de enfermeras, de maestras, no cediendo el paso a los hombres atropelladores, ni ganando menos sueldo, ni considerándose menos inteligentes que su compañero de facultad. Su importancia se multiplica de año a año, y si vemos aún la China antigua pasear a pasitos de perdiz, las nuevas generaciones de mujeres usan botas fuertes, grandes, seguras, de las que hacen más caminos en ocho años de socialismo que en tres mil de imperio. Las jóvenes ríen al sentirse libres, las viejas lloran. La nueva vida se la debemos a Mao, dicen. Unas y otras son la entraña de la República Popular China. Millones de sus hijos aseguran la futura felicidad que vendrá". (Sonríe China, 1957)

 

Fuente: http://cuestionatelotodo.blogspot.com/2014/12/mujeres-de-pekin-maria-teresa-leon.html

 

lunes, 22 de marzo de 2021

"YO SOY EL PUEBLO, LA CHUSMA, LA MULTITUD, LA MASA", UN POEMA DE CARL SANDBURG

Publicado por JL F

21 de marzo de 2021

 

Carl Sandburg (6 de enero de 1878-22 de julio de 1967) fue un poeta estadounidense, hijo de emigrantes suecos, que vivió en la pobreza durante su infancia y adolescencia en los suburbios de la ciudad de Galesburg, Illinois. A los 13 años tuvo que abandonar la escuela para ponerse a trabajar como lechero, portero o albañil o carbonero, sucesivamente. Se trata de un ejemplo de un poeta formado a sí mismo. Ya en su juventud consiguió trabajo en el Chicago Daiy News, dedicándose a trabajar como periodista desde entonces. 

En cuanto a su estilo, una gran parte de su poesía describe la vida del pueblo norteamericano, deconstruyendo el tópico del American Dream. Desde muy joven militó en el Partido Socialista de Estados Unidos, en Wisconsin, militancia que el mismo reconoció le marcó a lo largo de su vida. Sandburg apoyó al Movimiento de Derechos Civiles y fue el primer hombre blanco en ser honrado por la NAACP con su Premio Placa de Plata como "un profeta importante de los derechos civiles en nuestro tiempo".

Uno de sus más conocidos poemas es "Yo soy el pueblo, la chusma, la multitud, la masa", en donde, en un estilo que recuerda a Brecht ("Preguntas de un obrero que lee"), reclama el papel primordial de los trabajadores en la sociedad y la necesidad de su memoria, su organización, su conciencia de clase y su lucha colecitva para asumir su verdadero papel de protagonista de la historia.

Yo soy el pueblo, la chusma, la multitud, la masa.

Yo soy el pueblo, la chusma, la multitud, la masa.
¿Saben que todas las grandes obras que existen en el mundo las he construído yo?

Soy el obrero, el inventor, el que fabrica los alimentos y los vestidos del mundo.
Soy el público de la Historia. Los Napoleones y los Lincolns han existido por mí.
Ellos mueren, y entonces doy a luz a más Napoleones y Lincolns.
Soy la semilla de la tierra. Soy una pradera que soportara muchas labranzas.
Terribles tempestades pasan sobre mí. Yo olvido.
Lo mejor de mí es chupado y consumido. Yo olvido.
A veces gruño, sacudo mi cuerpo y esparzo algunas gotas rojas para que la historia
recuerde. Entonces, olvido.

Cuando yo, el Pueblo, aprenda a recordar; cuando yo, el Pueblo, aproveche las lecciones
de ayer y no me olvide de quien me robó en el pasado o me tomó por tonto... no habrá
entonces en el mundo ningún orador que diga: "El Pueblo" con un acento de burla en la
voz o que sonría despectivamente.

La chusma, la multitud, la masa... entonces llegará mi momento.

 

 


I am the people—the mob—the crowd—the mass.

 

I am the people—the mob—the crowd—the mass.

Do you know that all the great work of the world is done through me?

I am the workingman, the inventor, the maker of the world’s food and clothes.

I am the audience that witnesses history. The Napoleons come from me and the Lincolns. They die. And then I send forth more Napoleons and Lincolns.

I am the seed ground. I am a prairie that will stand for much plowing. Terrible storms pass over me. I forget. The best of me is sucked out and wasted. I forget. Everything but Death comes to me and makes me work and give up what I have. And I forget.

Sometimes I growl, shake myself and spatter a few red drops for history to remember. Then—I forget.

When I, the People, learn to remember, when I, the People, use the lessons of yesterday and no longer forget who robbed me last year, who played me for a fool—then there will be no speaker in all the world say the name: “The People,” with any fleck of a sneer in his voice or any far-off smile of derision.

The mob—the crowd—the mass—will arrive then.

 

Fuente: http://cuestionatelotodo.blogspot.com/2021/03/yo-soy-el-pueblo-la-chusma-la-multitud.html

 


martes, 16 de marzo de 2021

FRAGMENTO DE EL INTRUSO, DE BLASCO IBÁÑEZ: LO QUE NECESITA EL TRABAJADOR ES SER DUEÑO DE LO QUE PRODUCE

16 de marzo de 2021

"Al trabajador de nada le sirve la limosna de un aumento en el jornal: ya sabes que en esto no nos entenderemos nunca. Lo que necesita es justicia, ocupar el sitio que le corresponde, ser dueño de lo que produce"


Así se expresa el protagonista de El Intruso, de Vicente Blasco Ibáñez, un médico que, a pesar de ser familiar y amigo de un gran industrial vasco, elige realizar su trabajo entre los mineros, trabajadores que viven entre penurias y miseria a pesar de ser los productores de la gran riqueza del Bilbao de principios del siglo XX.

Blasco Ibáñez escribió El Intruso en el marco de una serie de cuatro novelas sociales, muy recomendables como descripción de la salvaje lucha de clases en la que los capitalistas exprimen, sin tapujos ni límite alguno, condenándola a la miseria y a la penuria, a la clase trabajadora. En La horda, La catedral, La bodega y la que tratamos en esta entrada, El Intruso, Blasco hace un retrato triste y doloroso de las condidiones de vida de los proletarios y jornaleros españoles, sometidos bajo la bota de la emergente clase capitalista y alienada por la enorme influencia de la iglesia.

En sus cuatro novelas, el autor valenciano radiografía el desarrollo del capitalismo en España, denunciando la crueldad de las condiciones de vida de los trabajadores y la indecencia de los explotadores, que se enriquecen ostentosamente a costa de la pobreza y humillación de los que crean la riqueza. Por otro lado, diagnostíca el único remedio ante ese mal: la revolución. Una revolución futura, inevitable, que hará que el progreso de la humanidad deje de beneficiar solo a una minoria bárbara e inhumana, y que se alcance la única situación que ofrezca justicia para todos: que cada cual sea "dueño de lo que produce".


Blasco además, denuncia en esta novela el nacionalismo tradicionalista de la clase dominante vasca, que se desarrolla a la par que el capitalismo, y que mientras considera modelos de ley divina a los pobres campesinos de Euskadi, que viven en condiciones de pobreza y penuria pero agradeciendo a dios y al amo su situación, para bien del bolsillo de los señores, ve como extranjeros y sin derechos a los que, venidos de fuera del Pais Vasco, los "maketos", los trabajadores de las minas y de los altos hornos, los que verdaderamente producen la riqueza. Todavía no había nacido el nacionalismo obrero que, para diferenciarse del de sus explotadores, ha de ser, por narices, aunque parezca contradictorio, internacionalista.


"Pues esa pillería venida de... España; ese rebaño maketo y pecador, es el que trabaja y da prosperidad a Bilbao. Ellos destrozan su cuerpo en las minas, ellos dan el mineral, y sin mineral ¿qué sería de esta tierra? Los buenos, los del país, no hacemos más que vigilar su trabajo y aprovecharnos del privilegio de haber nacido aquí antes que ellos llegasen. Son como los negros que en otros tiempos eran llevados á América para mantener á los blancos".


En definitiva, El Intruso nos hace un crudo retrato del Bilbao del principio del siglo XX, en pleno desarrollo industrial y de acumulación de capital en unas pocas manos, paralelo, por supuesto, al crecimiento y concienciación de un proletariado explotado y pisoteado que, sin embargo, poco a poco, va dándose cuenta de que son otros los que disfrutan del producto de su trabajo, y que la organización es la única manera posible para llegar a liberarse y hacer justicia. Todo ello en un contexto de desarrollo del nacionalismo vasco que, por aquel entonces, todavía era expresión exclusiva de las clases altas y los más ricos.


Veamos a continuación el ilustrativo díalogo entre el protagonista, el médico Aresti, su primo Sánchez Morueta, un gran capitalista enriquecido por la extracción del hierro en los montes vascos y su transformación en acero, y un jesuita, Urquiola, defensor del tradicionalismo, de la religión y del inmovilismo social:


"Urquiola hablaba al doctor con el mismo aplomo que si estuviera en el café ó en la sociedad de San Luis Gonzaga, rodeado de aquella juventud piadosa y elegante que le tenía por capitán. Él no era enemigo del pueblo; la Iglesia estaba siempre con los de abajo y el Santo Padre escribía encíclica sobre encíclica en favor de los obreros. Pero el pueblo era para él, la gente de los campos, los aldeanos respetuosos con el cura y el señor, guardadores de las santas tradiciones. Que le diesen á él las buenas gentes de las anteiglesias vascas, religiosas y de sanas costumbres, sin más diversión que bailar el aurrescu los domingos y la espata danza en las fiestas del patrón, ni otros vicios que empinar un poco el codo en las romerías. Aquella gente vivía feliz en su estado, sin soñar en repartos ni en revoluciones; antes bien, dispuesta á dar su sangre por Dios y las sanas costumbres. Que no le hablasen á él del populacho de las minas; corrompido y sin fe; hombres de todas las provincias, maketos llegados en invasión, trayendo con ellos lo peor de España, contaminando con sus vicios la pureza del país; siempre descontentos y amenazando con huelgas, deseando el exterminio de los ricos y comparando su miseria con el bienestar de los demás, como si hasta en el cielo no existiesen categorías y clases.

Y ante la mirada acariciadora de su tía, que admiraba sus ardorosas palabras, continuó el fuerte discípulo de Deusto:

Los Altos Hornos de Bilbao de las minas, que casi todos los domingos tiene sus mitins, vive desesperada y ansía bajar un día á Bilbao para robarnos, sin saber que la recibiremos á tiros.

Aresti volvióse hacia su primo, que comía silencioso, lanzando alguna que otra mirada al sobrino de su mujer.


—¿Qué te parece, Pepe, cómo piensan estos jóvenes?


Y encarándose con Urquiola, le dijo con una timidez irónica, dando á entender su deseo de rehuir discusiones con él.


—Pues esa pillería venida de... España; ese rebaño maketo y pecador, es el que trabaja y da prosperidad á Bilbao. Ellos destrozan su cuerpo en las minas, ellos dan el mineral, y sin mineral ¿qué sería de esta tierra? Los buenos, los del país, no hacemos más que vigilar su trabajo y aprovecharnos del privilegio de haber nacido aquí antes que ellos llegasen. Son como los negros que en otros tiempos eran llevados á América para mantener á los blancos. Vienen empujados por la miseria, y ya que no podemos agradecer su sacrifico con el látigo, les pagamos con malas palabras.


Urquiola encabritábase ante las palabras desdeñosas del doctor. Abominaba de aquella gente perdida, incapaz de regeneración: la prueba era que no ahorraban, que no hacían el menor esfuerzo por salir de su estado.


—¡El ahorro!—exclamó Aresti.—¡Ahorrar y enriquecerse, teniendo unos cuantos reales de jornal, y viviendo rodeados de gentes de su misma clase que les explotan en el alimento y en la casa!...


—Eso no—intervino Sánchez Morueta, con autoridad.—Ya sabes, Luis, que no estoy conforme con tus ideas. El obrero español es víctima de la imprevisión. En otros países es distinto: el trabajador se forma un pequeño capital para la vejez...


—¡Bah! En otros países ocurre lo que aquí. Y lo que hace que el obrero moderno sea rebelde y se entregue á la lucha de clase, es la convicción de que, por más que ahorre sacrificando sus necesidades, no saldrá de su miseria. Los progresos le han cerrado el camino. En los tiempos de trabajo rudimentario, de industria doméstica, aún podía soñar con hacerse patrono; podía con sus ahorros adquirir los útiles necesarios y convertir su casa en un pequeño taller. Pero ahora, Pepe, por mucho que ayune un obrero tuyo, amasando céntimo sobre céntimo, ¿llegará á ser accionista de tus fundiciones? ¿podrá adquirir un pedazo de las minas, con todo el material necesario para la explotación?


—Eso está bien—arguyó Urquiola con acento triunfante.—Este doctor dice á veces cosas muy oportunas. Lo que demuestra que los antiguos tiempos eran los buenos y que, para tranquilidad de todos, hay que volver á la época en que no había progreso y los hombres vivían tranquilos.


Sánchez Morueta miró al joven con unos ojos que alarmaron á doña Cristina, haciéndola temer por su sobrino.


—Eso es una majadería—dijo con calmosa gravedad.—Eso sólo puede decirse á la salida de Deusto. ¡Suprimir el progreso porque trae algunas complicaciones!...


Y aquel hombre siempre silencioso, habló lentamente, pero con gran energía. Era un admirador religioso del capital. Aresti conocía su entusiasmo frío y firme por el dinero, que, puesto en movimiento por los descubrimientos industriales, había revolucionado el mundo. El millonario era á modo de un poeta del capital, y sacudiendo su ensimismamiento, rompió en un himno á aquella fuerza casi sagrada, puesta en manos de contadísimos iniciados. Cierto, que el trabajo, que era un auxiliar indispensable, sufría crisis y miserias, ¿pero por esto había que renegar del progreso, legítimo hijo del capitalismo industrial? La gran revolución moderna era obra de la religión del dinero, en la cual figuraba Sánchez Morueta como el más ferviente devoto. Utilizando los descubrimientos de la ciencia, había multiplicado los productos, y disminuido su valor, poniéndolos así al alcance de la mayoría, y facilitando su bienestar. El trabajador del presente gozaba de comodidades que no habían conocido los ricos de otros tiempos. El capital al servicio de la industria había civilizado territorios salvajes, había destruido fronteras históricas, estableciendo mercados en todo el globo: él era quien surcaba las tierras vírgenes con los rails de los ferrocarriles, quien removía los mares para tender los cables telegráficos, quien ponía en comunicación los productos de uno y otro hemisferio, venciendo los rigores de la naturaleza y evitando las grandes hambres que habían hecho rugir á la humanidad en otros siglos. Los poderes históricos se achicaban y humillaban ante el capital. Los reyes de los pueblos, soberbios como semidioses sobre sus caballos de guerra, cubiertos de plumas y bordados y llevando tras ellos grandes ejércitos, tenían que mendigar en sus apuros á los capitalistas ocultos en sus escritorios. Detrás de los imperios victoriosos estaban ocultos los verdaderos amos, los que cambiaban la faz de la tierra, venciendo á la naturaleza para arrancarla sus tesoros; la gran república de los capitalistas, silenciosa, humilde en apariencia, y sin embargo, dueña de la suerte del mundo. Y lo que más entusiasmaba á Sánchez Morueta, en esta secta oculta de universal poderío, era que sólo á la capacidad le estaba reservado entrar en ella. La jerarquía industrial no era como las dominaciones sacerdotales ó guerreras del pasado, en las que se figuraba sin otro derecho que el nacimiento. El hijo del capitalista, falto de capacidad, era expulsado por los malos negocios, y un nuevo individuo, aprovechando los residuos de su desgracia, venía á iniciarse en la poderosa secta. ¿Dónde encontrar una institución tan grande y poderosa y á la par tan democrática y modesta? ¿Y había locos que pedían la muerte ó la modificación de una fuerza que había transformado la Tierra?...

 


Ilustración del Dr. Aresti dirigiéndose
a la mina

 

Aresti protestó. Él reconocía las grandezas del régimen capitalista, las ventajas sociales que había reportado á la humanidad con el auxilio del trabajo. El capital encontraba remunerados con creces sus servicios. Pero el trabajo ¿veía recompensados igualmente sus esfuerzos? ¿No se encontraba hoy en el mismo estado de miseria que al iniciarse á principios del siglo XIX la gran revolución industrial?

—Eso es un error, Luis—dijo el millonario.—El trabajo está mejor que nunca. La prueba es que en todo el mundo baja considerablemente el interés del capital, mientras sube con las huelgas y las reclamaciones obreras el tipo de los jornales.


—¡Bah!—dijo el doctor con gesto de desprecio.—¡El aumento de unos reales en el jornal! Remedios del momento; cataplasmas que de nada sirven al enfermo, pues al poco tiempo se restablece el fatal equilibrio, aumentándose el precio de los productos, y el trabajador, con más dinero en la mano, se ve tan necesitado como antes. Son cambios de postura, creyendo engañar con ellos á la enfermedad. Al trabajador de nada le sirve la limosna de un aumento en el jornal: ya sabes que en esto no nos entenderemos nunca. Lo que necesita es justicia, ocupar el sitio que le corresponde, ser dueño de lo que produce
."

 

Fuente: http://cuestionatelotodo.blogspot.com/2014/11/fragmento-de-el-intruso-de-blasco.html