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viernes, 11 de julio de 2025

SOCIALISMO CHINO: ¿QUIÉN HA DICHO QUE UNA PLUMA NO PUEDE VOLAR HASTA EL CIELO?

 



10 de julio de 2025

China muestra avances prometedores en la construcción del socialismo, pese a los desafíos y contradicciones que enfrenta.

Queridas amigas y amigos,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

En 1957, Mao Zedong supervisó la publicación de El auge socialista en el campo chino, una colección de artículos reunidos en tres volúmenes por el Partido Comunista de China para la educación política del campesinado. Al año siguiente, se publicaron versiones abreviadas y ediciones regionales con una selección de estos textos. Una de estas ediciones incluía un informe de la Oficina del Movimiento Cooperativo del Comité Regional del Partido Comunista de Anyang, acompañado por una introducción de Mao. Este texto, titulado ¿Quién ha dicho que una pluma no puede volar hasta el cielo?, da el nombre a este boletín.

La tarea de la pluma es la tarea del socialismo: lograr lo que muchxs consideran imposible. Según escribió Mao, el campesinado de Anyang se enfrentaba a una disyuntiva entre el capitalismo y el socialismo, aunque cualquier intento de construcción socialista inevitablemente llevaría las marcas del sistema capitalista, pues surge de formas sociales de producción ya existentes. “Lxs pobres se están librando de su antiguo estado.”, escribió Mao. “El viejo sistema se halla moribundo y otro nuevo nace ahora. En efecto, las plumas pueden volar hasta el cielo”.

Aun así, Mao se mantenía cauteloso. En el prefacio de otro artículo, insiste en tomar el camino de la cooperación (20 de septiembre de 1955), escribió:

El socialismo, este fenómeno nuevo, sólo puede nacer en medio de una seria lucha contra lo viejo. En un período determinado, un sector de personas de la sociedad muestra gran obstinación por seguir su viejo camino. Pero, en otro, ellas mismas pueden cambiar de actitud y dar su aprobación a lo nuevo.

Desde que las fuerzas socialistas se propusieron construir una sociedad libre de las consecuencias devastadoras del capitalismo, han debido enfrentar el desafío de superar las relaciones sociales preexistentes. Los mecanismos de asignación de recursos en el sistema capitalista, como el “incentivo al lucro”, generan condiciones para el control privado de los procesos sociales, lo que a su vez produce enormes niveles de despilfarro y desigualdad. Cuando lxs socialistas imaginaron una sociedad sin la mercantilización del trabajo –uno de los rasgos fundamentales del capitalismo–, muchas veces terminaron replicando el sistema salarial mediante experimentos como los bonos laborales basados en el tiempo trabajado. La transición hacia una forma de trabajo no mercantilizada no podía ser abrupta ni sencilla, sino un proceso prolongado de lucha para desmercantilizar esferas clave de la vida social (como la salud, la educación o el transporte) y crear mecanismos que permitieran a las personas acceder a bienes de uso personal sin depender de un salario.

Cuando las fuerzas socialistas accedieron al poder estatal, como en la Unión Soviética tras 1917 o en China a partir de 1949, afrontaron la necesidad de construir formas elementales de socialismo, al tiempo que enfrentaban una serie de dilemas persistentes:

Sistemas limitados para la gestión de información. Las economías socialistas eran vastas y complejas, pero no contaban con mecanismos adecuados para recopilar y procesar toda la información necesaria para planificar de manera efectiva una economía dinámica, desafío que persiste incluso hoy en día, a pesar del desarrollo de tecnologías informáticas avanzadas.

Incertidumbre estructural en la toma de decisiones. Las autoridades encargadas de la planificación debían tomar decisiones presupuestarias y de inversión en contextos de incertidumbre, fundamentalmente porque los rápidos avances en ciencia y tecnología ponían en riesgo que inversiones clave quedasen obsoletas en muy poco tiempo.

Tensión entre la planificación a largo plazo y la demanda inmediata. Los planes centrales muchas veces entraban en conflicto con los cambios en los gustos de lxs consumidorxs, lo que dificultaba alinear las inversiones de largo plazo con las necesidades y deseos inmediatos de la población.

Objetivos políticos en disputa. Las metas económicas no siempre estaban unificadas políticamente, y las visiones contradictorias que convivían dentro de distintos planes solían derivar en formas agudas de burocratización.

No existe una fórmula para resolver estos ni otros problemas que enfrentan los proyectos socialistas una vez que acceden al poder estatal. Deben abordarse de manera experimental o, como dice un conocido refrán chino, “cruzando el río tanteando las piedras” (摸着石头过河). Por eso resulta muy apropiado que la edición de junio de 2025 de Wenhua Zongheng, publicada por el Instituto Tricontinental de Investigación Social y dedicada a los Experimentos chinos en la modernización socialista, comience con un ensayo del escritor chino Li Tuo titulado La naturaleza experimental del socialismo y la complejidad de la reforma y apertura en China. Uno de los aportes clave del fascinante ensayo de Li Tuo, que recorre desde la Comuna de París hasta la reforma y apertura en China, es que las revoluciones socialistas, particularmente en países anteriormente colonizados o con bajo nivel de desarrollo económico, no pueden avanzar directamente hacia un “socialismo completo”, sino que, citando a Lenin, deben pasar por “una serie de intentos concretos, imperfectos y variados de crear uno u otro Estado socialista”.

Me gusta el énfasis en “uno u otro Estado socialista”. No hay un modelo único, pero sí ejemplos que deben ser estudiados y procesos históricos que deben ser asimilados con atención. Eso es precisamente lo que hace Li Tuo en su ensayo, que concluye maravillándose ante la creación del sistema ferroviario de alta velocidad en China.

El ensayo que sigue en esta edición de Wenhua Zongheng, escrito por Meng Jie y Zhang Zibin,  titulado Política industrial con características chinas: La economía política de las instituciones intermediarias chinas, examina la modernización socialista de China con el rigor que exige: no solo con asombro, sino a través del estudio minucioso. Cada vez que escucho una conferencia de Meng Jie o leo su trabajo sobre la economía de mercado en China, me impresiona profundamente su insistencia en construir teoría a partir de investigaciones activas en las propias fábricas que producen los bienes de la China contemporánea. El ensayo de Meng Jie y Zhang Zibin no es distinto: se basa en trabajo de campo realizado en diversas fábricas vinculadas a la cadena de suministro del tren de alta velocidad.

Lxs autores muestran que el sistema de producción del tren de alta velocidad se construyó dentro del sector de propiedad estatal, pero se concibió bajo un enfoque de “mercado constructivo”, donde la “competencia dentro del gobierno” operó como motor de la innovación. En otras palabras, el Estado chino construyó un mercado que no solo incorporaba al sector privado orientado por el lucro, sino también a un sector público orientado al producto, cuyas instituciones competían por alcanzar objetivos nacionales de desarrollo. El financiamiento de este sistema provino de instituciones financieras estatales, que dirigieron la acumulación de capital hacia el uso social y no únicamente hacia la obtención de ganancias. Como escriben Meng Jie y Zhang Zibin: “El objetivo primordial del capital estatal es implementar los objetivos de la producción socialista y cumplir las tareas fijadas por los planes y estrategias nacionales de desarrollo”. Este ensayo forma parte de un esfuerzo más amplio de Meng Jie y su equipo por comprender el sistema de relaciones de producción e innovación que China ha desarrollado. Un ámbito de investigación clave ahora que el país ingresa a la era de las “nuevas fuerzas productivas de calidad”, un concepto central en la política de desarrollo china contemporánea.

Uno de los elementos centrales de esta nueva edición de Wenhua Zongheng es mostrar que la lucha de clases continúa durante el período de construcción del socialismo. Esto implica que, a lo largo del camino, son necesarios diversos experimentos para ver qué funciona y qué no —tanto para desarrollar las fuerzas productivas como para establecer relaciones sociales más equitativas. En este proceso ha persistido una lucha ideológica dentro de China, ya que lxs capitalistas buscan formas de reproducirse.

Sin embargo, bajo el sistema socialista chino, a lxs capitalistas no se les permite organizarse como clase con poder político a través de la propiedad de medios de comunicación, sistemas financieros, partidos políticos u otras instituciones. No pueden enviar libremente sus ganancias al extranjero ni invertirlas donde quieran. Existen varios diques estratégicos —entre ellos, controles de capital— que regulan el flujo de capital e impiden que lxs capitalistas en China se conviertan en una oligarquía que se niegue a invertir en su propio país (un problema común en muchos países del Norte y del Sur Global, donde las oligarquías pueden trasladar su capital a voluntad o incluso “declararse en huelga” negándose a invertir en infraestructura o industria). El capital chino permanece dentro del país y bajo el alcance de un sistema bancario estatal que lo canaliza según los lineamientos del plan nacional de desarrollo. Quienes buscan obtener ganancias pueden operar en el país, pero no pueden dominar el sistema ni convertir su comportamiento orientado al lucro en el principio rector. De este modo, la lucha de clases se inclina a favor del pueblo. Eso es lo que diferencia al sistema socialista de China de los sistemas capitalistas de otros países.

En La ideología alemana (1846), Marx y Engels escribieron sobre “el cieno en que está hundida” [la clase trabajadora], que únicamente por medio de una revolución, logrará volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases. Ese proceso de transformación llevará mucho tiempo.

La pluma ciertamente no ha llegado aún al cielo, pero tampoco está en el infierno.

Cordialmente,

Vijay

Fuente: https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/boletin-china-desarollo-socialista/

 

miércoles, 18 de septiembre de 2024

CUANDO LOS CHINOS HABLAN DE SOCIALISMO CON CARACTERÍSTICAS CHINAS, TENEMOS QUE TOMÁRNOSLO EN SERIO



REMY HERRERA, ECONOMISTA FRANCÉS

Según el gobierno chino, ciertas características tomadas del capitalismo pueden utilizarse «antes de cruzar el puente» en la transición socialista al comunismo.

A los ojos de Occidente, el «marxismo en China» y el «socialismo con características chinas» no son más que el discurso propagandístico oficial de China, y han estado tratando de etiquetar a China como «capitalismo de Estado». Esto es un completo malentendido de China por parte de Occidente, no solo porque China, con estos conceptos, ha logrado grandes logros sino porque respeta la cultura, los intereses y las preocupaciones de otros países y ha hecho importantes contribuciones al mantenimiento de la paz mundial. Su extraordinario desarrollo económico y social es el desarrollo más rápido e impresionante en la historia de la humanidad en las últimas décadas. Este desarrollo estable y a largo plazo es el resultado del liderazgo del Partido Comunista de China y de su elección de un camino de desarrollo que les conviene.

Aquí hay que hablar del tan publicitado «milagro de China». En las últimas décadas, el producto interno bruto (PIB) de China ha crecido rápidamente y mucha gente usa la palabra «milagro» para describir este fenómeno. Esto no es un milagro inesperado, sino el resultado de una planificación cuidadosa, una implementación paciente y una implementación efectiva de las estrategias de desarrollo por parte de todo el país y los sucesivos gobiernos liderados por el Partido Comunista de China.

En el mundo académico y en los principales medios de comunicación, podemos ver u oír en casi todas partes la opinión de que el ascenso económico de China se debe enteramente a su política abierta a la globalización. Es una verdad a medias porque hay que tener en cuenta que los esfuerzos y logros de la era de Mao Zedong han hecho posible el rápido crecimiento económico actual y, al mismo tiempo, la política abierta de China siempre ha estado bajo una estricta gestión gubernamental; sólo bajo estas condiciones puede ser posible la política abierta de China y su corolario: el notable éxito económico.

A largo plazo, la razón por la que esta política abierta a la globalización puede tener un impacto tan positivo en China es que es totalmente consistente con una estrategia de desarrollo coherente y está subordinada a la necesidad de cumplir con los objetivos y necesidades de desarrollo internos.

Debemos darnos cuenta claramente de que si el Partido Comunista Chino no hubiera formulado tal estrategia de desarrollo, si el pueblo chino no hubiera hecho todo lo posible para implementar esta estrategia de desarrollo y si el PCCh hubiera integrado a China en el sistema capitalista mundial, entonces la economía china e incluso la propia China no habrían podido escapar a un destino de destrucción total, como les ha sucedido a muchos países del Sur y del Este Global. Hay recordar un punto básico: durante más de un siglo antes de la victoria de la Revolución China en octubre de 1949, para el pueblo chino, la «apertura» siempre evocaba imágenes de rendición, destrucción, explotación, humillación, decadencia y caos.

La estrategia de desarrollo implementada por el gobierno chino ha sido exitosa y ha traído muchos impactos positivos al pueblo. Esto contrasta marcadamente con el fracaso de las políticas económicas neoliberales, que tienen un profundo impacto en la economía, la sociedad y la vida. Incluso los aspectos morales y de otro tipo han tenido un impacto desastroso en los trabajadores de los países occidentales.

Se puede poner un ejemplo concreto. La ventaja de las empresas estatales chinas es que se gestionan de manera diferente a las empresas internacionales occidentales, que cotizan en bolsas de valores y operan según la lógica del valor para los accionistas, la apreciación de las acciones y el rápido retorno de la inversión, lo que les exige exprimir a una multitud de subcontratistas nacionales y extranjeros y pagar dividendos máximos a los propietarios de acciones.

Pero las empresas estatales chinas no hacen esto. Si lo hacen, perjudicarán los intereses de las pequeñas y medianas empresas locales e incluso dañarán la estructura industrial de todo el país. El objetivo de obtener ganancias de la mayoría de las grandes empresas estatales de China no es enriquecer a los accionistas privados, sino priorizar la inversión productiva y el servicio al cliente.

En última instancia, a las empresas estatales chinas no les importa que sus ganancias sean menores que las de sus competidores occidentales, siempre y cuando sirvan a intereses estratégicos nacionales o superiores y de más largo plazo, como estimular el desarrollo económico local, en lugar de simplemente una obtención inmediata de beneficios.

China no considera su estrategia de desarrollo como un «modelo» y no buscan exportar ni imponer su propia estrategia de desarrollo. Simplemente cree que las diferentes naciones del mundo tienen algunas experiencias y lecciones que vale la pena aprender, pero las diferentes naciones también tienen sus propias condiciones sociales, históricas y culturales específicas y deberían decidir por sí mismas sus objetivos y métodos de desarrollo. Esta visión es muy diferente de la de Occidente, que quiere que todos los países del mundo sigan su modelo de desarrollo.

Eso significa que el marxismo aún no ha sido derrotado científicamente. No creo que el marxismo tenga rivales reales hoy. Vivimos en un mundo donde el sistema capitalista todavía domina, y aunque ha habido algunos cambios significativos en esta situación que esperan mayor explicación, es innegable que el marxismo todavía tiene relevancia.

A pesar de los numerosos ataques al marxismo desde sus inicios, a pesar de las repetidas afirmaciones de que está obsoleto, el marxismo es duradero, resistente o, se podría decir, «indestructible». Cuando la gente piensa en cómo crear un mundo mejor, siempre utiliza el marxismo como su principal punto de referencia teórico. Aunque el marxismo ha sido a menudo dogmatizado, y a pesar del desastroso colapso de la Unión Soviética, hoy el marxismo conserva su esencia. Sigue siendo una referencia insustituible para quienes luchan por el socialismo. Por tanto, no sorprende que siga siendo una referencia teórica importante en China.

Combinación de confucianismo, taoísmo y marxismo

Lo que quiero decir es que la estrategia de desarrollo de China se nutre del pensamiento tradicional chino y combina tendencias filosóficas tradicionales chinas como el confucianismo y el taoísmo con el marxismo para convertirse en un marxismo chino y contemporáneo. Debemos entender que esta teoría está estrechamente ligada al análisis empírico práctico. Todo esto permite a China tener visiones únicas y soluciones apropiadas al enfrentar los desafíos actuales y las muchas contradicciones que se derivan de ellos.

El socialismo de la nueva era china es paciente, persistente, concreto, pragmático y eficaz. Al mismo tiempo, no es dualista, es decir, evalúa las situaciones y las cosas según los principios absolutos del bien y del mal, sin matices ni estados intermedios; se basa en el largo plazo y no teme las contradicciones y oposiciones (como las relacionadas con la iniciativa individual o el espíritu empresarial) que se consideran complementarias y potenciales más que exclusiones y sustituciones. Una de las lecciones que podemos aprender de la sinización del marxismo es buscar la armonía entre los opuestos. El discurso político de China enfatiza la «armonía social» y la «estabilidad» como valores básicos, y busca el «compromiso» y el «consenso» como medios para lograrlos.

Hay muchos conceptos en el marxismo chino que son diferentes del concepto de «lucha de clases» del marxismo occidental, que suele verse con sospecha como una característica de los regímenes conservadores. Ignorar estos conceptos es olvidar su significado especial en el pensamiento chino como «unidad de opuestos» y «dialéctica positiva». Estos conceptos implican que existe un equilibrio dinámico entre el interés propio individual y las necesidades sociales, entre los intereses personales y los intereses colectivos, y entre las necesidades y los requisitos morales.

En resumen, se puede decir que desde los días de Mao Zedong, los chinos han creído en una forma de progreso basada en un desarrollo en espiral que tiende a suavizar y mitigar las contradicciones. En este contexto, el socialismo ya no es un plan perfecto, sino un proceso de construcción continua.

Ya fue así casi desde el principio de la revolución china de octubre de 1949. China introdujo inmediatamente el modelo económico al estilo soviético y lo mantuvo durante varios años. Sin embargo, abandonó este modelo en la década de 1960. Después de unirse al Consejo de Asistencia Económica Mutua (CAME o COMECON) en 1950, China se retiró en 1961 y decidió formular de forma independiente su propia estrategia de desarrollo. Y lo hizo con mayor eficacia que la Unión Soviética o los países de Europa central y oriental.

De 1978 a 1982, China enfrentó una serie de problemas económicos que reflejaban la transición posterior a Mao y las dificultades para implementar las reformas estructurales de «reforma y apertura». Especialmente durante el período de 1985 a 1986, China introdujo una reforma fiscal en 1984, que fue uno de los puntos de inflexión hacia una economía de mercado.

Luego, durante el colapso de la Unión Soviética, China llevó a cabo un experimento muy breve con el neoliberalismo, pero rápidamente lo abandonó. El resultado de este experimento fue una repentina y grave crisis económica, acompañada de una explosión de corrupción. Desde entonces, el gobierno central chino ha luchado vigorosamente contra la corrupción y ha logrado ciertos resultados. Afortunadamente, China rechazó la opción neoliberal y se aferró al socialismo, que hoy ha traído prosperidad a la gran mayoría del pueblo chino.

Los prejuicios de los marxistas occidentales

En el debate entre los escritores marxistas occidentales, la gran mayoría de los autores cree que China es una economía capitalista. Por ejemplo, David Harvey dijo que cree que la economía china es «neoliberalismo con características chinas». Desde la reforma y apertura en 1978, el sistema económico de mercado de China ha incluido cada vez más elementos neoliberales y ha operado dentro de un marco de control centralizado. Lo consideraba altamente autoritario. Pero no estoy de acuerdo con él.

Otros analizan las consecuencias de la integración de China al sistema económico mundial afirmando que esto no es tanto una oportunidad para que China reoriente el capitalismo global, sino más bien que China simplemente lo que está haciendo es desempeñar un papel «suplementario» como antes lo hizo Japón, proporcionando a EEUU los flujos de capital necesarios para mantener su hegemonía global. Esto, a su vez, conducirá a la tendencia de China a abrir los mercados financieros y eliminar herramientas para controlar los flujos de capital, lo que en última instancia debilitará la base de poder del Partido Comunista Chino. Están equivocados.

Y hay quienes, tanto chinos como extranjeros (menos numerosos pero igualmente importantes) sostienen que el actual sistema político y económico de China es equivalente o cercano al «capitalismo de Estado» y deja un legado para el futuro con posibilidades más amplias.

En lo que a mí respecta, creo que el sistema chino actual todavía contiene los elementos básicos del socialismo. Una explicación de la naturaleza de este sistema es compatible con el socialismo de mercado, que todavía se basa en una clara distinción del capitalismo. Aunque China tiene muchos multimillonarios, es imposible describir el sistema chino como un sistema capitalista. Hay que llamarlo socialismo de mercado o socialismo con mercado. Cuando los chinos hablan de socialismo con características chinas, tenemos que tomárnoslo en serio. Esto no es sólo propaganda, es la realidad, su realidad.

Vale la pena señalar que a nivel monetario y financiero, el gobierno chino no sólo es capaz de responder a las fuerzas de los mercados financieros, sino que también construye un «Gran Muro Monetario» defendiendo su propia moneda. Lograron que el dinero trabajara para el desarrollo. Una planificación estratégica sólida es una característica distintiva del camino socialista. Su tecnología de planificación estratégica es más flexible, más moderna, más adaptable a las necesidades actuales y, por lo tanto, más eficaz. El control estatal de la moneda y de todos los bancos importantes es una condición sine qua non, al igual que la estrecha supervisión de las actividades de las instituciones financieras y la conducta de las empresas extranjeras en el país. En China, el Estado controla el capitalismo, y no al revés. Al menos hasta ahora.

El legado de Deng Xiaoping

En agosto de 1977 se celebró el XI Congreso Nacional del PCCh; a finales de 1978, se avanzaron en las reformas económicas y Deng Xiaoping llegó al poder. La idea no era abandonar el socialismo, sino encontrar formas de sacar a la gran mayoría del pueblo chino de la pobreza y permitir que el país alcance una «sociedad moderadamente próspera». Desde que el presidente Xi Jinping llegó al poder, se ha implementado la estrategia de desarrollo socialista y la orientación política general del país se ha orientado más hacia las clases menos ricas y las regiones subdesarrolladas.

La dificultad para entender el «socialismo chino» surge de la negativa de sus líderes a interpretarlo como «pobreza generalizada» o «pobreza común». Lo que los líderes del Partido Comunista Chino intentaron hacer y lograron fue sacar al pueblo chino de la pobreza durante la era de Mao Zedong y llevar a China al nivel de una «sociedad moderadamente próspera» durante la era de Deng Xiaoping. Desde entonces, como continuación de la lógica de la revolución, su deseo ha sido permitir que la gran mayoría de la gente viva una vida próspera, compre una variedad de bienes de consumo. ¿No mata esto dos pájaros de un tiro, demostrando que el socialismo puede y debe derrotar al capitalismo?

A menudo escuchamos que el rápido crecimiento del producto interno bruto (PIB) de la economía china se debe a la implementación del capitalismo en China desde 1978. Esta afirmación es errónea. Todo lo contrario. La razón por la que la economía de China está creciendo rápidamente es que, bajo el liderazgo del PCCh, el gobierno chino ha impedido con éxito que el capitalismo controle el país y ha llevado a cabo una redistribución de la riqueza a gran escala en toda la sociedad.

Quienes afirman que el sistema de China es capitalista (cosa que yo no creo) y afirman que el rápido crecimiento de China sólo comenzó en 1978, están equivocados. Porque durante la era de Mao Zedong, el crecimiento económico de China ya era muy, muy alto, mucho más alto que el de otros países que implementaron economías planificadas, e incluso más alto que el de muchos países industrializados occidentales. Los líderes occidentales quieren ocultar este hecho porque no pueden admitir que los países socialistas puedan tener éxito, especialmente más éxito que los países capitalistas.

Debo decir que el objetivo del PCCh no es apoderarse de todo económicamente, sino tener control político general; ambas cosas no son lo mismo. Los líderes chinos han afirmado en numerosas ocasiones que fomentar la coexistencia de actividades públicas y privadas bajo un sistema mixto es la única manera de desarrollar la productividad nacional y mejorar el nivel de desarrollo tanto como sea posible. El uso de todos los medios, incluida la atracción de inversión extranjera y la introducción de tecnología avanzada, no tiene como objetivo abandonar el socialismo, sino mejorar las condiciones de vida de la gente y profundizar continuamente el proceso de transición del socialismo al comunismo.

China sigue siendo un país en desarrollo y su producto interno bruto (PIB) per cápita sigue siendo bajo. Este proceso será largo, difícil y lleno de contradicciones y riesgos. Sin embargo, vale la pena enfatizar que este sistema todavía tiene muchas características que son claramente diferentes del capitalismo, y estas características ayudan a realizar el potencial del socialismo y el ideal del socialismo. Por eso recomiendo tomar en serio los discursos de los líderes políticos del país.

La construcción del mundo multipolar

China no tiene intención de reemplazar a EEUU como potencia hegemónica mundial. No tiene ni esa idea ni esa voluntad. Por otro lado, está claro que China está promoviendo la construcción de un mundo multipolar en lugar de seguir manteniendo un mundo unipolar dominado por EEUU. Los líderes chinos buscan la paz universal y el equilibrio en las relaciones internacionales, pero está claro que defenderán la soberanía del país y no sucumbirán a la dominación extranjera.

Con respecto a la guerra comercial entre China y EEUU, hay que desde 1978, bajo la condición de que el volumen comercial entre los dos países sea igual, China ha dedicado más tiempo de trabajo al comercio chino-estadounidense que EEUU. Ha habido un intercambio de valores desigual entre los dos países: ha beneficiado más a EEUU pese a que haya un superávit comercial bilateral de China y haya seguido aumentando durante la última década. Cuando la ventaja de EEUU comenzó a disminuir, en 2018, fue cuando la Administración Trump inició la guerra comercial.

Aquí China se dio cuenta de que los dos pilares de la dominación estadounidense del sistema capitalista mundial son el ejército y la moneda. Por ello, China ha establecido alianzas estratégicas como la Organización de Cooperación de Shanghai y ha participado activamente en alianzas económicas como los BRICS. Los dos pilares, militar y monetario, son interdependientes y frágiles. Como resultado, lanzó una serie de iniciativas audaces e innovadoras.

Por ejemplo, China está desafiando el orden existente en el mercado petrolero. China es el mayor importador de petróleo del mundo. Desde 2018, China ha decidido promover contratos de futuros de petróleo denominados en RMB en el Centro Internacional de Comercio de Energía de Shanghai y permitir la entrada de inversores extranjeros. La medida tiene como objetivo competir con el crudo Brent de Londres y el crudo West Texas Intermediate de Nueva York. Los dos han fijado anteriormente el estándar para los precios del petróleo crudo y los contratos de futuros de materias primas en Wall Street y nunca se han enfrentado a una competencia sustancial.

En este contexto, China y Rusia decidieron lanzar una nueva moneda alternativa global llamada «Petróleo-Yuan-Oro», que se espera reemplace al dólar estadounidense. Es es un proyecto monetario global basado en el petróleo y vinculado al oro. Esta es una hazaña que Washington no puede lograr. Y ahora ya son otros países quienes también liquidan las transacciones de petróleo crudo en yuanes.

De hecho, la ventaja de China no sólo radica en su mayor tasa de crecimiento del PIB, sino también en que está por delante de EEUU y es el mayor productor y comprador de oro del mundo, con Rusia en tercer lugar. Podemos ver que la cooperación China-Rusia ha formado una fuerza confiable, económicamente dinámica, militarmente disuasoria y capaz de contrarrestar a EEUU.

En 2018, Beijing tomó la iniciativa de promover el mecanismo de comercio «petróleo-yuan-oro» en el intercambio energético mundial. Posteriormente se implementó el mecanismo «metal-yuan-oro». China ofreció cambiar el yuan recibido por oro para suministros de petróleo y compras de metales. Estos eventos tendrán un impacto significativo en el sistema global.

El papel internacional de China

Al mismo tiempo, China está desempeñando un papel cada vez más activo e importante en la resolución de los conflictos internacionales existentes. Podemos ver la mediación activa de China en la guerra en Ucrania entre la OTAN y Rusia, liderada por EEUU, y en la guerra entre Israel y Palestina apoyada por EEUU y la UE.

No hace mucho, vimos a China pedir tanto a Pakistán como a Irán que mantuvieran la calma y la moderación para evitar el estallido del conflicto. Podemos pensar en China como un representante de los países del Sur que buscan un camino de desarrollo en lugar de un camino de guerra. Por eso es importante analizar cuidadosamente lo que China quiere decir y desear.

La estrategia internacional de China se basa en cuatro principios: 1) respeto a la soberanía y la integridad territorial; 2) no agresión mutua; 3) no interferencia en los asuntos internos de cada uno; 4) igualdad y beneficio mutuo. Debemos reconocer que se están respetando las declaraciones de China sobre el mantenimiento de la paz y la promoción de la resolución pacífica de los conflictos existentes. China nunca ha seguido una política de expansión colonial en la historia moderna. Hoy, China no quiere recrear la atmósfera de la «Guerra Fría» porque va en contra de su filosofía de mantener la paz entre las naciones.

China se opone a todas las alianzas militares y nunca se ha unido a ninguna, ni siquiera contra el «Estado Islámico». China no ha establecido ninguna base militar en el extranjero, sólo una base en Djibouti, que China llama una «instalación de apoyo logístico» ubicada en aguas sensibles. Esto contrasta marcadamente con las potencias occidentales, especialmente EEUU, que tiene un historial de incitación a golpes de estado e intervenciones militares en otros países. «Cooperación» es la palabra clave de la política de China, y también es el significado apropiado del principio de prioridad del desarrollo y beneficio mutuo.

El complejo militar-industrial desempeña un papel vital en la economía estadounidense, pero ahora es cada vez más preocupante. En casa, el complejo militar-industrial falta cada vez más el respeto a la llamada «democracia»; en el exterior, casi nunca respeta realmente la «democracia», lo que representa una amenaza a los valores democráticos de los que hace alarde Occidente.

El gasto militar de EEUU y sus aliados de la OTAN representa más de la mitad del gasto militar total del mundo. EEUU se encuentra actualmente en una crisis económica y en una situación difícil que gradualmente empujará al mundo entero a la guerra. Han expresado cada vez más su deseo de trasladar nuevos conflictos al Lejano Oriente, particularmente a Taiwán.

China debe resistir las provocaciones estadounidenses y evitar la guerra, pero al mismo tiempo debe defender sus propios intereses y territorio. Por tanto, la reunificación sigue siendo la principal prioridad de China. El gobierno de EEUU está intensificando la carrera armamentista que alguna vez puso de rodillas a la Unión Soviética. Sin embargo, esta peligrosa competencia ya no es suficiente para afectar a una China con una economía sana y suficiente disuasión.

Lo que es más importante es darse cuenta de que el capitalismo, que ha caído en una crisis sistémica, ya no puede encontrar soluciones a los problemas mediante la lógica de maximizar los beneficios inmediatos, y se está volviendo cada vez más peligroso. Entre quiebras corporativas, desempleo masivo, caídas del mercado de valores e inestabilidad bancaria, la probabilidad de un empeoramiento de la crisis sistémica del capital es extremadamente alta hoy.

Especialmente desde la crisis económica de 2008, EEUU casi no ha llevado a cabo reformas. Todas las condiciones están dadas y las contradicciones en el sistema de capital se volverán más prominentes. La cuestión más apremiante en la actualidad es poner fin a la práctica de «organizar» el sistema mundial mediante la guerra bajo el liderazgo de EEUU. La defensa de la paz es una prioridad absoluta y, por tanto, debemos poner la maquinaria de guerra dirigida por los oligarcas financieros bajo control público y democrático.

Este es el origen del gran plan de la Ruta de la Seda. «Un Cinturón» se refiere a la Ruta de la Seda terrestre y «Una Ruta» se refiere a la Ruta de la Seda marítima, los cuales se han implementado parcialmente. Los países asiáticos están particularmente interesados en esta cooperación porque los vecinos cercanos y lejanos de China, como los países de Medio Oriente, no tienen suficiente inversión para desarrollarse. Y China también ve las ventajas de la Iniciativa de la Franja y la Ruta para estimular el desarrollo de sus provincias occidentales. Porque en comparación con las provincias costeras orientales de China, el desarrollo de las provincias occidentales está relativamente rezagado. Los países africanos también son de interés porque son los más afectados por el «subdesarrollo». No podemos decir que esta cooperación sea perfecta porque se centra en el suministro de materias primas. Pero para los países africanos es muy importante que China proporcione infraestructura, construya hospitales y carreteras a cambio del suministro de materias primas.

La Ruta de la Seda conducía hasta Europa, lo que despertó resentimiento porque provenía de un competidor estratégico. Si las economías europeas son, en principio, capaces de desarrollarse por sí mismas y tienen suficiente inversión, ¿por qué algunas de ellas acogen con tanta agrado la inversión china? Las razones son obvias: los países europeos en crisis económica o incluso en recesión, víctimas de las políticas neoliberales de austeridad, reducción de la deuda y privatizaciones de la UE, están dispuestos a vender sus activos al mejor postor y ven la inversión china como un medio de desarrollo en sí mismo. China ha realizado muchas inversiones fuera de la UE, especialmente en los Balcanes. Por lo tanto, no sorprende que 17 países de Europa oriental y meridional, 11 de los cuales son estados miembros de la UE, se hayan sumado a la Iniciativa de la Ruta de la Seda.

La Ruta de la Seda no se limitará a Eurasia y África. Se han logrado muchos avances en la cooperación con los países de América Latina y el Caribe, especialmente con los países más pobres de la región. La asistencia al desarrollo proviene principalmente del Fondo de la Ruta de la Seda, un fondo soberano, y de préstamos a tipos preferenciales de bancos públicos.

Sin embargo, China no quiere ser el único financiador de este proyecto, sino que quiere involucrar a todos los países que puedan permitirse el lujo de participar en estos préstamos. Debido a que estos préstamos, a diferencia de los otorgados por el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, no imponen condiciones políticas y económicas a los países que financian, estos préstamos se convertirán en la base para el rápido desarrollo de los países financiados.

Por eso se creó el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, que hoy cuenta con casi un centenar de miembros. Francia, Alemania y el Reino Unido son miembros del BAII, pero EEUU no, posiblemente porque no puede controlar el banco de la misma manera que controla al FMI y al Banco Mundial, mientras que China, que es el mayor accionista del banco, ha dejado claro que no busca poder de veto alguo, como sí hace EEUU.

En resumen, la Ruta de la Seda ha logrado un enorme desarrollo en tan solo unos pocos años: hasta septiembre de 2023, China ha firmado más de 230 documentos de cooperación para la construcción conjunta de «La Franja y la Ruta» con más de 150 países y más de 30 organizaciones internacionales. organizaciones.

China debería dejar claro que la Iniciativa de la Franja y la Ruta pretende excluir todos los factores políticos. Es una iniciativa «abierta a todos los países» y no tiene otro objetivo que el desarrollo común. También habrá algunas asociaciones centradas en la cooperación económica y la construcción de áreas comerciales multilaterales, como la Asociación Económica Integral Regional, que creará la zona de libre comercio más grande del mundo, que abarcará a 3.000 millones de residentes y representará el 30% del PIB mundial. En esta asociación, la hegemonía de EEUU será desafiada porque el comercio y la inversión ya no se realizarán en dólares, sino en monedas nacionales.

Finalmente, hay que reconocer que el capitalismo mismo se ha vuelto insostenible. Es obvio que este sistema, que está esencialmente dedicado a la acumulación infinita e ilimitada, es incompatible con la tierra finita. El capitalismo destruye cualquier forma de armonía social con su lógica de crear una desigualdad cada vez mayor. China afirma lograr el desarrollo controlando la dinámica del capitalismo. Pero ahora, esa dinámica debe ser limitada.

El «socialismo de mercado» de China debe deshacerse gradualmente del capitalismo antes de que realmente pueda encontrar otro camino de desarrollo para la humanidad. Éste es el verdadero objetivo, y hoy resulta aún más claro que, según el gobierno chino, ciertas características tomadas del capitalismo pueden utilizarse «antes de cruzar el puente» en la transición socialista al comunismo.

Fuente: La Haine

https://publicogt.com/cuando-los-chinos-hablan-de-socialismo-con-caracteristicas-chinas-tenemos-que-tomarnoslo-en-serio/

 

CHINA ACELERA EL PASO DE SU “SOCIALISMO CON CARACTERÍSTICAS CHINAS”



Jueves 12 de septiembre de 2024 por CEPRID

Alberto Cruz

CEPRID

China es mucha China. Convertida en la gran amenaza para el Occidente colectivo – y ahí está la última reunión de la OTAN en julio para certificarlo (1) -, está acelerando el camino para mostrar al otro mundo, al no occidental, que las cosas se pueden hacer de otra manera, sin agresiones ni injerencias, y que la prioridad es su propio pueblo. Suele ser recurrente la pregunta de si China es socialista o capitalista, y para intentar responderla lo que hay que hacer es lo que no siempre se hace: conocer qué dicen los chinos.

Quienes, como yo, hace tiempo llegaron a la conclusión de la putrefacción de Occidente y decidimos que había que prestar atención a otras latitudes, que son sobre las que está girando el eje del siglo XXI, de forma especial Eurasia, hemos estado viendo que desde la gran crisis capitalista de 2008 no había habido un evento del PCCh tan secreto como el Tercer Pleno del Comité Central del Partido Comunista de China, celebrado el pasado mes de julio. Eso significa que lo que se ha cocido en este pleno va a afectar al mundo y no solo a China. Pero, sobre todo, a China.

En lo que respecta a China, cuando se pone el énfasis en "la defensa de la soberanía y el desarrollo autosuficiente" (sic) se está diciendo que China se prepara, con fuerza y decisión, para separarse y desvincularse de los mercados occidentales. No por ella, por supuesto, sino porque es la decisión de Occidente, y más si Trump vuelve a ser presidente. Y eso hace que haya que prestar mucha, pero que mucha atención a lo que ocurra en la cumbre de los BRICS de este mes de octubre.

Es habitual en el lenguaje del PCCh las referencias ideológicas, y ahora no solo no han faltado sino que se han reforzado. Así, lo primero que aparece es la referencia la necesidad de "coordinar y promover" en el mundo los "Cinco Principios en Uno" (respeto a la soberanía e integridad territorial de cada país, no agresión, no injerencia en los asuntos internos de otros Estados, igualdad en las relaciones, beneficio mutuo), ya propuestos en 1954 y que se basan en la propuesta de Lenin de "coexistencia pacífica" con los países capitalistas como una estrategia gradual para romper el bloqueo imperialista y llevar a cabo una exploración útil sobre cómo abordar las relaciones entre países con sistemas diferentes.

Ello va en paralelo con la profundización de los "Cinco en Uno" (la construcción económica es la base, la construcción política es la garantía, la construcción cultural es el alma, la construcción social es la condición y la construcción de la civilización ecológica es la base), que es en lo que se basa "el socialismo con características chinas", y, sobre todo, de los "Cuatro Integrales" (construcción integral de un país socialista moderno, profundización integral de la reforma como poderosa fuerza impulsora, estado de derecho integral, gobernanza integral y estricta del partido). Ambos principios están vinculados orgánicamente.

Por lo tanto, este tercer pleno ha decidido "coordinar situaciones nacionales e internacionales, coordinar el desarrollo y la seguridad, esforzarse por promover el desarrollo de alta calidad y promover y planificar aún más las reformas de manera integral, avanzar sólidamente en la construcción de la democracia socialista y el estado de derecho, fortalecer continuamente la propaganda ideológica y cultural, garantizar de manera efectiva los medios de vida de las personas y la protección del medio ambiente ecológico, salvaguardar resueltamente la seguridad nacional y la estabilidad social, promover vigorosamente la defensa nacional y la construcción militar".

Para ello, y reforzando el "sistema económico de mercado socialista de alto nivel", se hace hincapié en "la consolidación y desarrollo inquebrantable de la economía pública", alentando y apoyando también la no pública como complemento. De forma especial, se indica que este proceso se tiene que centrar en "la educación, la ciencia y la tecnología" (claramente está indicando la respuesta a la guerra lanzada por Occidente, EEUU en particular, contra China en este aspecto). Pero dejando muy claro que solo se puede fortalecer el sistema teniendo en cuenta que "el pueblo es el dueño del país", por lo que solo se puede defender y mejorar el sistema "encarnando de manera concreta y realista la propiedad del pueblo sobre el país en la vida política y la sociedad". Solo así se puede "llevar adelante el espíritu del estado de derecho socialista, salvaguardar la equidad y la justicia social, y promover integralmente el estado de derecho en todos los aspectos del cambio laboral del país".

Uno de los objetivos para el "desarrollo autosuficiente" es fortalecer la agricultura, por lo que se dedica bastante espacio a abordar el desarrollo de las áreas rurales y reducir la brecha entre estas y las ciudades. Una forma de hacerlo es "mejorar el sistema de servicios públicos básicos, fortalecer la construcción universal, básica e integral de los medios de vida de la gente, resolver los problemas de interés más directos y prácticos que más preocupan a la gente y cumplir constantemente con las necesidades de las personas de una vida mejor", para lo que "es necesario mejorar el sistema de distribución del ingreso, mejorar las políticas prioritarias de empleo, mejorar el sistema de seguridad social, profundizar la reforma del sistema médico y de salud y mejorar el sistema de servicios y apoyo al desarrollo de la población". Esta será la base sobre la que trabaja la ya anunciada planificación del XV Plan Quinquenal (2026-2030).

Esta no es una simple descripción de la transformación de China por sus propias fuerzas sin necesidad, como en Occidente, de saquear y explotar el resto del planeta. Es también una propuesta a estos pueblos del Sur mantenidos en subdesarrollo de la posibilidad de salvar la fase del capitalismo y su terrible sufrimiento. China, que ha experimentado las mismas humillaciones, ha podido asimilar lo que constituye la fuerza y la innovación del capital manteniendo en una jaula las fuerzas destructivas de la planificación, el socialismo y su Estado, su partido. El trabajo está lejos de estar terminado, pero esta agenda de trabajo del comité central del Partido Comunista Chino, precedida y seguida en todo el país por reuniones y debates a todos los niveles sobre el análisis y la implementación, dice lo que es la gobernanza china.

En un contexto de agresión y bloqueo occidental contra todo lo que no es occidental, contra el "orden internacional basado en normas", y del que China es uno de sus máximos exponentes, junto con Rusia, China ha puesto encima de la mesa claramente las prioridades y se ha trazado un plan para abordarlas, tanto a medio (el que será el XV Plan Quinquenal) como a largo plazo.

Está previsto que antes de fin de año se celebre el cuarto pleno, que dará mucha más información de lo que piensa y hace China previendo el futuro. Es más que probable que este cuarto pleno esté más enfocado en cuestiones internacionales y se habrá realizado después de la cumbre de los BRICS. Pero mientras el tiempo avanza hacia esa cita crucial, China está dando pasos acelerados en lo que ellos definen como “socialismo con características chinas”.

Otra Nueva Política Económica

Hace cuatro años, al hablar del XIV Plan Quinquenal (y ya está en marcha la redacción del XV Plan Quinquenal) no se podía decir con claridad si China era socialista o capitalista porque se estaba ante la fusión de la economía monetaria, del keynesianisno en sentido estricto, y de la planificación inicialmente soviética aunque remozada. Tal vez algo parecido a la Nueva Política Económica de Lenin. Tal vez. La diferencia, o el debate, está en que Lenin concebía le NPE como un sistema transitorio, un "obligado paso atrás", y China lo considera un gran paso hacia adelante y nada transitorio. La semejanza es que, en los dos casos, la economía permanece bajo la dirección y planificación del Estado aunque secundada por el capital privado. ¿Es esto el "socialismo de mercado" o "el socialismo con características chinas"? A tenor de lo acordado en ese tercer pleno y de los pasos que se están dando desde entonces, ya se puede decir que estamos más cerca de lo primero, del socialismo, que de lo segundo.

Inmersos en este prolegómeno del XV Plan Quinquenal (que se aprobará el año que viene), se está comenzando a discutir si la lucha de clases existe en China o no, y se dice que "después de la eliminación de la clase explotadora como clase, y en la etapa actual, la principal contradicción de nuestra sociedad es la contradicción entre las crecientes necesidades de personas para una vida mejor y desarrollo desequilibrado. Debido a factores internos y a la influencia de la situación internacional, la lucha de clases en cierta medida seguirá existiendo durante mucho tiempo y puede intensificarse en determinadas condiciones, pero ésta ya no es la principal contradicción". Aquí hay munición para unos y otros, pero es la definición más clara que yo he visto de lo que es el "socialismo con características chinas".

Porque en una pista más sobre lo que se está gestando tras el tercer pleno no es extraño ver cómo se han adoptado recientemente, o sea, en estos dos meses transcurridos, tres medidas que aceleran claramente el camino que se ha marcado.

La primera, que se ha pedido desde el Estado a las grandes empresas, estatales y privadas, que "devuelvan los salarios excedentes de los últimos cinco años" en el marco de la iniciativa gubernamental para promover la igualdad económica. Todo aquel alto ejecutivo que supere el límite de 3 millones de yuanes anuales (unos 380.000 euros) lo tiene que devolver. En el Estado español los altos ejecutivos casi duplican esa cifra, por dar un dato. Al mismo tiempo, se establece en esta cantidad el tope salarial por arriba. Una medida necesaria cuando se ralentiza un tanto el crecimiento económico que, a pesar de todo, sigue siendo muy superior al occidental (estipulado en el 5% para este año, mientras que en el Occidente colectivo se estima en el 2% en el mejor de los casos). Esta iniciativa es la primera a gran escala que se lleva a cabo en el marco de la "prosperidad común", que se está convirtiendo en el eje central de la política interna china. No va a ser la última.

La segunda, que se habla de forma abierta de poner fin a todo tipo de clon de la "educación occidental". La rebelión contra este tipo de educación comenzó en 2016 en varias universidades y con el activismo de los Jóvenes Marxistas. Dos años después, y como consecuencia de ello, se dieron los primeros pasos y ahora el acelerón final. Aquí tiene un papel importante Xi Jinping, abiertamente comprometido con ello y que cree que hay "fuerzas hostiles que están comprometidas en actividades subversivas contra el partido y el sistema socialista, especialmente dirigidas a la conciencia de los jóvenes". Eso significa que se intenta que "la generación más joven, la que no experimentó el dolor de las personas que lucharon entre la vida y la muerte por el país y por este sistema, olvide todo ello". Como ha ocurrido en Occidente. Por lo tanto, "se va a acelerar la eliminación de los planes de estudio que no inculquen los ideales socialistas en la generación más joven". Es decir, desaparecerán las influencias occidentales en la educación.

Esto es más fácil decirlo que hacerlo, puesto que -y enlaza con la primera cuestión- la diferenciación de clases en China ha creado una ansiedad educativa porque en un sistema meritocrático eso es muy importante. De ahí que no hace mucho China tuviese que poner coto a las clases particulares. Hay un desequilibrio evidente -y dónde no- entre la ciudad y el campo y los recursos son diferentes en una u otro. De ahí este paso. Es un intento de equilibrar los recursos educativos y centrarlos en el país, sin tener en cuenta a Occidente, y hacer que la calidad de la educación sea la misma. Aquí es evidente la vuelta al modelo soviético.

La tercera, que también tiene que ver con lo aprobado en el tercer pleno: China ha decidido duplicar el gasto en inteligencia artificial a pesar de las "medidas restrictivas" (neolengua occidental para hablar de las sanciones, ilegales, según el derecho internacional) impuestas por Occidente, EEUU en especial. China invierte un total de dos veces lo que Occidente, cuando -como se está demostrando en el país 404, antes conocido como Ucrania- la IA está cambiando las reglas del juego en el campo de batalla, no solo en la industria. Ahora decide invertir ni más ni menos que el doble, o sea, cuatro veces lo que hace Occidente.

El modelo chino está siendo seguido muy de cerca por muchos países del llamado Sur Global porque el éxito obtenido con la eliminación de la pobreza, reconocido incluso por el propio Banco Mundial, está ahí y es muy difícil de ocultar. Incluso el BM dice que “para cerrar la brecha” con Occidente, los países tienen que establecer nuevas condiciones (inversión, nuevas tecnologías e innovación) en sus sistemas y que el único país que está capacitado para ello es China. El BM no es la panacea, ni mucho menos, ni sus análisis hay que seguirlos al pie de la letra porque repite el mantra neoliberal occidental. Pero es un indicador claro de por dónde van las cosas.

Cada vez son más quienes consideran que la “economía de transición” que se está desarrollando en China está impulsada en parte por la acumulación capitalista con fines de lucro y en parte por la acumulación socialista que apunta a lograr objetivos sociales sin el mercado a través de inversiones planificadas. Estos últimos pasos dados por China indican que está ganando esta opción.

Nota

(1) En China es recurrente oír el calificativo de “tigre de papel medio muerto” al referirse a la OTAN, y lo hacen teniendo en cuenta la paliza que está recibiendo en Ucrania. Pero la OTAN sigue actuando como si todavía fuese algo y en su reunión de julio, además de acusar a China de “facilitador decisivo de la guerra de Rusia contra Ucrania”, se amenazó al país con sanciones porque “las ambiciones declaradas y las políticas coercitivas de la República Popular China (RPC) siguen desafiando nuestros intereses, nuestra seguridad y nuestros valores”. Por todo ello, "la República Popular China sigue planteando desafíos sistémicos a la seguridad euroatlántica”.

Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor. Su nuevo libro es “Las brujas de la noche. El 46 Regimiento “Taman” de aviadoras soviéticas en la II Guerra Mundial”, editado por La Caída con la colaboración del CEPRID y que ya va por la tercera edición. Los pedidos se pueden hacer a libros.lacaida@gmail.com o bien a ceprid@nodo50.org

También se puede encontrar en librerías.

albercruz@eresmas.com

Fuente: https://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article2935