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miércoles, 14 de agosto de 2013

LA ESTRUCTURA DE LA UNIVERSIDAD ES FEUDAL Y CACIQUIL; POR AHÍ NO PASÓ ROBESPIERRE



Entrevista a Miguel Urban, coordinador de la obra "De la nueva miseria"
"LA ESTRUCTURA DE LA UNIVERSIDAD ES FEUDAL Y CACIQUIL; POR AHÍ NO PASÓ ROBESPIERRE"

14-08-2013

Gestor cultural y miembro de Izquierda Anticapitalista, Miguel Urban coordina, junto a Joseba Fernández (investigador de Ciencia Política en la UPV-EHU) y Carlos Sevilla (abogado laboralista), la obra colectiva «De la nueva miseria. La Universidad en crisis y la nueva rebelión estudiantil», que analiza los retos de la educación superior en tiempos de privatización y mercantilización.

La imposición del proceso Bolonia ha transformado el modelo de universidad, tanto en el Estado español como en el resto de Europa. Diversos autores, entre los que se encuentran Giulio Calella (doctor en Sociología por la Universidad de Sapienza, Italia), Ravi Kumar (profesor de Sociología en la South Asian University) Jaime Pastor (profesor de Filosofía Política y Social en la UNED, Estado español) o Panagiotis Sotiris (profesor de Filosofía Política y Social en la Universidad del Egeo, Grecia) analizan el alcance de la mercantilización de los estudios superiores y su conversión en una entidad al servicio de las empresas.

¿Estamos ante la desaparición de la universidad pública?

No desaparece, muta. Alguna gente podría decir que nos quieren privatizar la universidad, pero es falso. No es rentable; solo algunas partes, que es lo que quieren privatizar. El resto hay que dejarlo para que lo paguemos entre todos. Los edificios ruinosos que se caen, como ocurre en la Complutense, en Madrid. Quizás si hay una nueva burbuja inmobiliaria en 2030, sí que los quieran privatizar.

En la obra apuntan a una transformación del modelo universitario y denuncian su sumisión a los intereses del mercado. ¿Hacia dónde se dirige?

La transformación de la universidad no se produce porque la haya pensado algún empresario: cumple una función social dentro de la producción y la configuración de la hegemonía de clase. Es un plan y una estrategia a nivel internacional. Pasamos de lo que era una universidad, entre comillas, de masas, con una cierta democratización del acceso, a una más restringida, que podría catalogarse como universidad-empresa. Al hablar de democratización nos referimos al acceso, no a la estructura, que sigue siendo, básicamente, feudal y caciquil. Robespierre no ha pasado por la universidad, ni siquiera por la francesa.

¿El objetivo es que entren menos alumnos pagando más?

Actualmente hay unos grados donde todavía va accediendo un número de gente, especialmente de clase media, pero donde entra cada vez menos clase trabajadora. Y tenemos unos masters de excelencia donde se asegura lo que se denomina el poder simbólico de la universidad. Lo que Ortega y Gasset denominaba «capacitación para mandar». Ahí entran los masters, a los que no accede cualquiera. Por ejemplo, uno de dirección de empresas en la Universidad del Opus Dei de Nafarroa costaba 66.000 euros al año. ¿Por los maravillosos profesores y profesoras que tiene? No. Simplemente, porque te vas a relacionar con aquellos que pueden pagar 66.000 euros al año, con lo cual vas a tener una agenda que el resto no tiene. Te cobran que te relaciones con los alumnos de tu clase. Aunque también estamos viendo masters públicos por 30.000 euros.

¿Quedarán excluidos de la universidad miles de estudiantes por no poder pagar las tasas?

La idea es que el acceso se tiene que restringir porque el mercado laboral actual no puede asumir tantos licenciados, ya que devalúa la capacidad contractual. En vez de adaptar el mercado laboral a las necesidades sociales, se hace al revés, se adapta la universidad a las necesidades del mercado laboral privado. Durante el inicio del proceso de Bolonia se generalizaron las becas-préstamo, que es algo incompatible. Una beca no puede ser un préstamo, y viceversa. Ahora, con el ministro Wert, vemos que son préstamos en su gran mayoría. Este año ya estaban entre un 8% y un 20% de interés. Esto va a ir in crescendo de una forma muy fuerte porque suben las tasas, hay cada vez menos poder adquisitivo y se mantiene la imagen de que la entrada en la universidad es fundamental para incorporarse al mercado laboral.

¿Qué papel juega la «ley Wert»?

Entronca con toda esta tónica de transformación de la universidad y de la educación general. Además, tiene un papel de sesgo ideológico muy fuerte que no tendrán leyes similares en otros países. Porque Wert se ha creído que es el Cid Campeador o su caballo. Busca azuzar a su electorado más de Don Pelayo en esa supuesta reconquista de España para que no vean los recortes que nos están haciendo, no los moros, sino los cristianos. Sin embargo, la otra parte, que es a escala internacional, plantea que una universidad donde todo el mundo entra y todo el mundo tiene un título pierde interés dentro de una dinámica general en la que hay una merma del gasto público hacia la educación superior y la universidad. Por eso, lo que se pretende es que los alumnos paguen más del porcentaje de lo que podría ser el coste general de la universidad. Mientras, se privatiza o se mercantilizan servicios de la universidad. Eso es lo que se ha llamado financiación competitiva, donde las universidades, en vez de cooperar, van a competir por recursos.



lunes, 19 de noviembre de 2012

"ES LA SOCIEDAD LA QUE DEBE REGULAR EL MERCADO, NO AL REVÉS"






Entrevista a Roberto Patiño, Canciller de Ecuador
9-11-2012


Nacido en Guayaquil, en 1954, el economista Ricardo Patiño es uno de los hombres fuertes del Gobierno ecuatoriano que preside Rafael Correa. En 2007, tras ganar las elecciones, le acompañó como ministro de Economía, convirtiéndose en uno de los impulsores de la renegociación de la deuda. Ahora, se encarga de las relaciones exteriores del país latinoamericano.

Tras participar en la Cumbre Iberoamericana celebrada el fin de semana en Cádiz, Ricardo Patiño acompañó ayer a Rafael Correa en un acto con emigrantes ecuatorianos celebrado en Madrid. El canciller se muestra cauto y respetuoso con la cortesía diplomática a la hora de «dar consejos». Sin embargo, no oculta su satisfacción por los resultados de una política económica que ha logrado grandes avances partiendo de una auditoría sobre su deuda externa.

En un contexto de crisis internacional, la economía ecuatoriana crece al 8% mientras pone en práctica políticas basadas en la redistribución de las riquezas. ¿Se han convertido en la alternativa a un modelo caduco?

Las políticas neoliberales fueron un rotundo fracaso en América Latina. Ese rotundo fracaso nos despertó. Este es el siglo del despertar de América Latina después de habernos hecho tanto daño. No solo eran las políticas, sino también sus representantes, que eran fundamentalmente el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Hemos encontrado otra salida en el camino inverso, basado en la definición de políticas públicas, la recuperación del rol del Estado, la acción colectiva y la comprensión de que el mercado no puede ser amo de la sociedad.

Las recetas de austeridad y dominio de los mercados están siendo aplicadas a rajatabla en Europa. Sin embargo, ustedes rompieron con el FMI y el Banco Mundial.

El mercado es una realidad, nadie lo niega, pero no puede ser el que manda sobre la sociedad. Es la sociedad la que debe regularlo. Esta es la comprensión distinta del funcionamiento de la sociedad y del rol del Estado que estamos aplicando en América Latina con tanto éxito. Una de las más importantes decisiones que tomamos para lograr el crecimiento económico y la justicia social en la que estamos avanzando, fue desprendernos de la acción y la influencia absolutamente desastrosa del FMI y el Banco Mundial. Yo era ministro de Economía y, antes de comenzar incluso a gobernar, vinieron a buscarme. Después de los chantajes terribles que ya me esperaba les dije «váyanse por esa puerta, que no queremos hablar con ustedes». Les debíamos 15 millones de dólares y se los prepagamos para no tener que verlos siquiera. Y el FMI nunca más volvió a nuestro país. No se imaginan qué libres somos ahora. Posteriormente, el presidente expulsó al representante del Banco Mundial. No sé pueden imaginar cuánto bien nos ha producido el hecho de que ellos ya no estén perjudicándonos e interfiriendo en la definición de nuestras políticas económicas. Hemos recuperado el control de los recursos naturales, renegociado una parte muy importante de la deuda externa, estamos optimizando los recursos de los que sí que disponíamos, pese a que nos queríamos convencer de que no los teníamos y que se necesitaba deuda e inversión extranjera de cualquier tipo. Cobramos nuestros impuestos, porque ya no es la oligarquía la que manda, sino representantes del pueblo. No tenemos ningún banquero manejando la ruta monetaria o el banco central. Esa libertad con la que funcionamos nos ha permitido inversión pública. Y la hemos dedicado a la infraestructura, a la obra social, a las políticas de inclusión. También eso ha permitido que tengamos una economía en crecimiento. Todavía es frágil, todavía no está suficientemente consolidada, pero está en rumbo del crecimiento, tanto en el punto de vista cuantitativo como al reducir los pésimos indicadores sociales que teníamos.

Ha mencionado la cuestión de la deuda. Actualmente, se trata de un elemento que está ahogando la economía del Estado español. ¿Ha podido aprovechar la cumbre para dar algún consejo a Madrid?

No podemos dar consejos, pero sí que hemos comentado lo que hacemos, porque puede ser que esa experiencia le sirva a cualquier otro gobierno. Nosotros realizamos una auditoría de la deuda externa. Porque el endeudamiento, al menos en el caso de América Latina, era absolutamente ilegítimo. Y tampoco era visible, porque los contratos eran secretos. Existe un terror hacia el sistema financiero internacional, y tenemos que liberarnos. Nosotros, país pequeño pero digno, hicimos la auditoría. Teníamos sospechas, y se confirmaron. Comprobamos qué barbaridades se habían hecho, tanto para la contratación como para la renegociación de la deuda, en beneficio del capital financiero. El país quedó espantado. Esto ocurriría con todos los países del mundo.

¿Cuál fue la respuesta de los bancos? En Europa se ha extendido la idea de que no existe salida al margen de las obligaciones de la deuda y de las políticas de austeridad.

Tomar esta medida exigía también valentía. Porque si descubres algo, tienes que actuar, tal y como hizo Correa, que anunció que no seguiría pagando. Después de analizar las circunstancias dijo «estoy dispuesto a recomprar esos papeles ilegítimos hasta en un 35%. Los que me vendan estos papeles por debajo del 35% los compro». No podemos dejar de reconocer que también el país tenía cierta responsabilidad. En muy poco tiempo, todos esos banqueros llegaron con sus papelitos. Ahora estamos liberados, nuestra deuda es insignificante, el 14% del PIB, algo manejable. Por poner cifras redondas, antes utilizábamos 3.000 millones de dólares en servicio de la deuda y 1.000 millones en salud, educación, inclusión o vivienda. A los pocos años, 3.000 a lo social y 1.000 a la deuda.

Muchos de sus compatriotas que llegaron al Estado español a buscar trabajo se ven ahora atrapados por los desahucios y las hipotecas. ¿Cómo valora la reforma del Gobierno español?

Tenemos que respetar la libre determinación del Gobierno español y reconocemos que es un paso positivo, aunque no sea suficiente. Las decisiones que hemos tomado en nuestro país ponen por encima al ser humano con respecto al capital. En Ecuador la ley también decía que si la garantía (la vivienda) no cubriera el valor del préstamo, el ecuatoriano debía de seguir pagando. Cambiamos la ley. La gente debe de poder seguir viviendo en sus casas. No fue culpable de perder el empleo ni de la crisis financiera ni de la burbuja inmobiliaria. No deberían de pagar las consecuencias. Si en algún momento el capital tiene que pagar algún efecto de la crisis, que lo haga.

En febrero celebran elecciones presidenciales. ¿Qué efectos tendrán en el futuro político del país y en el proceso de integración de América Latina?

La integración latinoamericana va por buen camino. No digo que sea fácil. Hay todavía mucho colonialismo ideológico, mucho vasallaje intelectual. Aunque también se ve con mucho potencial. Hemos entendido que debe ir por encima de las diferencias políticas, que las hay. No obstante, el hecho de que haya muchos gobiernos progresistas favorece, ya que estos tienen mayor voluntad de integración. Sobre nuestras elecciones, el pueblo ecuatoriano tiene en su mano decidir si seguimos con el proceso de transformación revolucionaria o si vamos por otro camino. Si el pueblo decide volver a votar por el presidente Correa, seguramente vamos a radicalizar el proceso, porque todavía no hemos dado todos los pasos para conseguir una sociedad de justicia y de progreso, además de seguir fortaleciendo el proceso de integración.

«Assange lleva cinco meses en condiciones infrahumanas»

La decisión del Gobierno de Ecuador de otorgar el asilo al fundador de Wikileaks, Julian Assange, ha motivado los desencuentros con Gran Bretaña, que se niega a dar el salvoconducto para que este abandone la embajada de Londres. ¿Siguen negociando? ¿En qué punto se encuentra el conflicto?

Seguimos dialogando. En septiembre tuvimos una reunión con el canciller británico en Nueva York en la que nos entregaron su respuesta a nuestra solicitud de salvoconducto. Esta respuesta, por supuesto, no nos satisfizo, por lo que nosotros hemos contestado jurídicamente, justificando plenamente los fundamentos de nuestra decisión y planteando que no solo hay razones basadas en el derecho y las convenciones internacionales para el asilo, sino también humanitarias. Cuando se elaboró la declaración de los derechos humanos, el Gobierno británico es el que insistió en la fórmula «todo ser humano tiene derecho a solicitar y disfrutar del asilo». Y vencieron. Ahora, que lo cumplan.

¿Cómo se encuentra actualmente Assange? Ya han pasado cinco meses desde que fue acogido en la embajada.

El señor Assange está sufriendo el asilo y lamentamos que así sea. Ya lleva cinco meses viviendo en condiciones absolutamente infrahumanas. Eso es una tortura. Y no está demostrado que cometiera ningún delito. Porque otra cosa sería que hubiese delinquido, pero lo único que hay contra él es el inicio de un juicio, que todavía no comienza. Su derecho a una vida digna, al asilo, a vivir con su familia, está siendo conjurado por la decisión lamentable del gobierno británico de no conceder el salvoconducto. Esta situación es muy grave, y cuanto más tiempo pase, más grave puede ser. Los derechos humanos están siendo conculcados y no es justo ni legal. A través del embajador británico, que recientemete retiró sus credenciales, he vuelto a pedir una reunión con William Hague para volver a hablar del tema. La situación se puede agravar en cualquier momento. ¿Qué vamos a hacer entonces? Por eso, quiero insistir, cordial pero firmemente, al Gobierno británico, sobre que es necesario que reconsideren su posición.


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