por Ricardo Thays
1.
Cháchara (Gerede) y ontologización ideológica
Adorno
precisa primero en su obra, respecto a Heidegger, que este construye una
situación ontológica negativa: el “ser cotidiano del ahí”, que para Adorno es
de esencia histórica. “Heidegger
achaca el diagnóstico crítico a una situación ontológica negativa, el ‘ser
cotidiano del ahí’, que en verdad es de esencia histórica…”. Adorno no precisa, o no traduce, qué
significa o cómo concibe él tal situación histórica concreta, hay que recurrir
a otras fuentes de Adorno para identificar la alienación que produce el modo
capitalista de producción (la cosificación del ser humano y la cosificación
consumista de relaciones, personas y productos). En el texto Adorno refiere un
lugar de Ser y tiempo donde se evidencia esta concepción heideggeriana: los
parágrafos 35 hasta el 38. Ahí ve Adorno una esencialización, o una
naturalización permanente, de lo que realmente es histórico.
Uno
de los elementos de la cotidianidad recusada por Heidegger es la cháchara
(gereden), pero Adorno contesta: “Esta confusión ha surgido y lo que se ha
de hacer es eliminarla, no deplorarla y admitirla como esencia del ser-ahí.”, pues
para Heidegger la cháchara es esencial al ser humano, como lo plantea en Ser y
tiempo, §35 (habladuría). Adorno replica que la cháchara es un producto social
contingente y eliminable y lo que hace Heidegger es legitimarlo indirectamente,
a pesar de su crítica formal, dado que ontologiza como naturaleza eterna lo
meramente derivado: “De lo páthicamente abstracto de la cháchara deriva él
la invarianza metafísica de ésta”. Entonces la crítica de Adorno sería al
intento de encubrir una versión de metafísica como ontología fenomenológica.
Adorno
dice que: “La crítica de Heidegger se convierte en ideológica al golpear
indiferenciadamente al espíritu emancipado…” Lo que se da a entender acá es
que Heidegger trata de mezclar lo realmente dramático de la dinámica social e
histórica con lo irrelevante o muy epidérmico con el fin de ocultar lo primero,
Adorno detecta esta táctica en los parágrafos del 35 al 38 de Ser y Tiempo.
Adorno condena esta indiferenciación, reaccionaria en su esencia: “Condena
las habladurías, pero no la brutalidad…” En su larga argumentación
Heidegger critica todos los discursos rivales como “habladuría”, confundiendo
popularidad o divulgación con frivolidad oral insustancial para, de esta
manera, desechar en el análisis las estructuras de dominación opresivas,
agobiantes y omnipresentes. Reducirnos a la mera disponibilidad anímica de
optar por sus alternativas, como si todos tuvieran la libertad de hacerlo, eso
sí es realmente ingenuo o interesado, con barniz filosófico.
Entonces,
con esta maniobra, el examen de la cotidianeidad, como opción de vida,
Heidegger evita referirse a lo social y a lo histórico, a lo determinado por
las estructuras, para convertir la vida únicamente en componentes
existenciales.
Pero
no solo Heidegger oculta, también indica, Adorno detecta esto: “En las
palabras ‘echar abajo’ habla… el lenguaje de la violencia”, así el lenguaje
heideggeriano, en su vehemencia “auténtica” declara abiertamente que la fuerza
es, por lo menos, una finalidad y no solo un método de su sistema, según cree
Adorno en los parágrafos 34 y 35 de Ser y Tiempo. El contexto del ascenso nazi
podría compatibilizar perfectamente con este tipo de lenguaje, para Heidegger
no se trataba solo de construir un sistema, sino de destruir los sistemas
rivales, o por lo menos imponer por la fuerza de la declaración, ya que no por
la argumentación -pues su sistema era solo alusivo, místico y---
Prosigue Adorno con su crítica a los
ataques de Heidegger a lo cotidiano, así detecta una indiferenciación en
Heidegger entre lo que es ideológico y lo que es pensamiento crítico, este
englobamiento (patente en los parágrafos 35 y 38) es reaccionario: “condena
las habladurías, pero no la brutalidad” Heidegger enfila su discurso contra
las “habladurías” ignorando que estas surgen de las estructuras de dominación y
disuelve en su llamada “cotidianidad” lo banal con lo opresivo, lo constituido
por el poder. La crítica a la cotidianeidad engloba todo a solo la opción de
crítica a la costumbre o la pereza del individuo para ser consciente de su
muerte, para que eventualmente éste opte por el recogimiento “auténtico”.
2. Autoctonismo, campesinado y falsa
originariedad
Adorno
también refirió otras obras de Heidegger, posteriores a la II GM, textos donde
este planteaba otras posiciones, las cuales Adorno consideraba, sin embargo,
continuadoras de una perspectiva interiorizadora de lo que debería pensar, no
reflexionar, el individuo; en este sentido hay una continuidad, aunque no
evidente, con su obra temprana, Ser y Tiempo. La interioridad del propio
Heidegger la considera Adorno como rencorosa con el mundo, mundo al cual juzga
como exterior a su pensamiento creyéndose al margen de sus influencias: “Heidegger
está lleno del rencor de la interioridad…”. Aquí Adorno le quita a
Heidegger cualquier intención política consciente y juzga únicamente su sistema
filosófico como una psicologización racionalizada de su rechazo al mundo, Adorno
no menciona a Kierkegaard como la fuente, más o menos evidente, de esta
perspectiva de Heidegger. La interioridad heideggeriana es otro concepto
ideológico más.
Adorno refiere la obra “Desde la
experiencia del pensamiento” en donde Heidegger sigue con los consejos
“existenciales” como manera de plantear su ética: “El hombre intenta en vano
poner en orden el globo… cuando no está ordenado a los consuelos del camino
rural”. Esta sublimación de la vida rural** como verdad originaria
le sirve a Heidegger de la posguerra para ofrecer un argumento, tardío respecto
a las puras declaraciones de su Ser y Tiempo, de la originalidad de su obra
conjunta.
Adorno
critica acremente esta apelación a “lo originario”, considera que es un
fetichismo hacia un concepto falso: “También en Heidegger el autoctonismo
resulta convicto de lo que en él hay de falso” Adorno cree que es una
petición ideológica, construida como una deleznable explicación; se diferencia
en esto de Lukács, quien cree que lo “originario” tiene sí un matiz ideológico,
pero….
4.
Jerga, autenticidad y reproducción ideológica
Heidegger
institucionaliza el concepto de autenticidad en Ser y tiempo, particularmente
en los parágrafos §53–64 (Eigentlichkeit). Este
concepto se convierte en el fundamente filosófico de la jerga y los conceptos y
términos de Ser y Tiempo se convierten en modelo imitativo: “Gestos de autoridad incontestada que
luego la masa… imita mecánicamente”. Adorno
califica a la jerga inspirada en Ser y tiempo de un lenguaje provinciano adecuado
o acondicionado para atraer con el gancho de una supuesta profundidad,
profundidad que ni el mismo Heidegger se digna explicar, sus sentencias son
paradigmáticas y declarativas, para Adorno esto se trata de darle autoridad
carismática, no profundidad filosófica propiamente dicha; los seguidores doctos
o no, copian y repiten en su dinámica interactuante esta jerga también con la
finalidad de impresionar y de imponerse, aunque sea a través de la
autoreferencia y la pomposidad, vacías ambas de contenido sustancial.
En los textos tardíos de Heidegger,
post derrota nazi en la segunda guerra mundial, Heidegger enfila contra el
lenguaje en general, pero lo hace, anota Adorno, con la jerga inventada por él
en los años veinte en Ser y Tiempo; Heidegger es prisionero de su propia jerga
y sus refutaciones tienen solo valor figurativo y retórico.
5. Lenguaje, comunicación y fetichismo
Adorno reconoce el diagnóstico: “El oír
y comprender se ha aferrado… a lo hablado en cuanto tal” (ST, parágrafo 35),
efectivamente hay una especie de alienación en el lenguaje, pero “Heidegger…
deriva de ello la invarianza metafísica” y así convierte un fenómeno social
en una característica ontológica; es decir, su ontología es metafísica eterna.
Para Adorno la alienación en general, no solo en el lenguaje, le es impuesta a
los hombres por “una constitución social”, incluso la chachara espontánea
ordinaria es un producto del capitalismo. Con esta crítica Adorno se aproxima a
una crítica materialista de determinación social respecto a las
superestructuras.
6. Dignidad, autenticidad y caída ideológica
Adorno cree que con la jerga de la autenticidad se deforma y
se destruye la ética racional, la autorreflexión es deschada con la eliminación
del sujeto, pues Heidegger desecha todo lo anterior a el como “chachara” y
reduce al individuo a optar por un dilema basado en la conciencia de la
inutilidad de su vida con la llegada inevitable de la muerte. La opción es
autentico no autentico, lo cual considera una existencia absoluta un absolutismo
del existencialismo o de la existencia
que no permite por inauténtica la autocrítica del sujeto, sino su
inconciencia satisfecha; la diferencia de la animalidad oprimida. La jerga de
la autenticidad elimina la autoconciencia crítica en favor de la repetición.