jueves, 14 de mayo de 2026

RESEÑA DE “LA JERGA DE LA AUTENTICIDAD” DE THEODOR ADORNO: CRÍTICAS DE ADORNO A HEIDEGGER

 


 por Ricardo Thays

1. Cháchara (Gerede) y ontologización ideológica

Adorno precisa primero en su obra, respecto a Heidegger, que este construye una situación ontológica negativa: el “ser cotidiano del ahí”, que para Adorno es de esencia histórica. “Heidegger achaca el diagnóstico crítico a una situación ontológica negativa, el ‘ser cotidiano del ahí’, que en verdad es de esencia histórica…”. Adorno no precisa, o no traduce, qué significa o cómo concibe él tal situación histórica concreta, hay que recurrir a otras fuentes de Adorno para identificar la alienación que produce el modo capitalista de producción (la cosificación del ser humano y la cosificación consumista de relaciones, personas y productos). En el texto Adorno refiere un lugar de Ser y tiempo donde se evidencia esta concepción heideggeriana: los parágrafos 35 hasta el 38. Ahí ve Adorno una esencialización, o una naturalización permanente, de lo que realmente es histórico.

Uno de los elementos de la cotidianidad recusada por Heidegger es la cháchara (gereden), pero Adorno contesta: “Esta confusión ha surgido y lo que se ha de hacer es eliminarla, no deplorarla y admitirla como esencia del ser-ahí.”, pues para Heidegger la cháchara es esencial al ser humano, como lo plantea en Ser y tiempo, §35 (habladuría). Adorno replica que la cháchara es un producto social contingente y eliminable y lo que hace Heidegger es legitimarlo indirectamente, a pesar de su crítica formal, dado que ontologiza como naturaleza eterna lo meramente derivado: “De lo páthicamente abstracto de la cháchara deriva él la invarianza metafísica de ésta”. Entonces la crítica de Adorno sería al intento de encubrir una versión de metafísica como ontología fenomenológica.

Adorno dice que: “La crítica de Heidegger se convierte en ideológica al golpear indiferenciadamente al espíritu emancipado…” Lo que se da a entender acá es que Heidegger trata de mezclar lo realmente dramático de la dinámica social e histórica con lo irrelevante o muy epidérmico con el fin de ocultar lo primero, Adorno detecta esta táctica en los parágrafos del 35 al 38 de Ser y Tiempo. Adorno condena esta indiferenciación, reaccionaria en su esencia: “Condena las habladurías, pero no la brutalidad…” En su larga argumentación Heidegger critica todos los discursos rivales como “habladuría”, confundiendo popularidad o divulgación con frivolidad oral insustancial para, de esta manera, desechar en el análisis las estructuras de dominación opresivas, agobiantes y omnipresentes. Reducirnos a la mera disponibilidad anímica de optar por sus alternativas, como si todos tuvieran la libertad de hacerlo, eso sí es realmente ingenuo o interesado, con barniz filosófico.

Entonces, con esta maniobra, el examen de la cotidianeidad, como opción de vida, Heidegger evita referirse a lo social y a lo histórico, a lo determinado por las estructuras, para convertir la vida únicamente en componentes existenciales.

Pero no solo Heidegger oculta, también indica, Adorno detecta esto: “En las palabras ‘echar abajo’ habla… el lenguaje de la violencia”, así el lenguaje heideggeriano, en su vehemencia “auténtica” declara abiertamente que la fuerza es, por lo menos, una finalidad y no solo un método de su sistema, según cree Adorno en los parágrafos 34 y 35 de Ser y Tiempo. El contexto del ascenso nazi podría compatibilizar perfectamente con este tipo de lenguaje, para Heidegger no se trataba solo de construir un sistema, sino de destruir los sistemas rivales, o por lo menos imponer por la fuerza de la declaración, ya que no por la argumentación -pues su sistema era solo alusivo, místico y---

la existencia auténtica del ser ahí. Adorno dice abiertamente que las ideas de Heidegger se confirmaron en el Reich hitleriano y que, a pesar de que directamente la filosofía de Heidegger no era hitleriana, sí tuvo afinidades con este régimen.

Prosigue Adorno con su crítica a los ataques de Heidegger a lo cotidiano, así detecta una indiferenciación en Heidegger entre lo que es ideológico y lo que es pensamiento crítico, este englobamiento (patente en los parágrafos 35 y 38) es reaccionario: “condena las habladurías, pero no la brutalidad” Heidegger enfila su discurso contra las “habladurías” ignorando que estas surgen de las estructuras de dominación y disuelve en su llamada “cotidianidad” lo banal con lo opresivo, lo constituido por el poder. La crítica a la cotidianeidad engloba todo a solo la opción de crítica a la costumbre o la pereza del individuo para ser consciente de su muerte, para que eventualmente éste opte por el recogimiento “auténtico”.

2. Autoctonismo, campesinado y falsa originariedad

 Adorno también refirió otras obras de Heidegger, posteriores a la II GM, textos donde este planteaba otras posiciones, las cuales Adorno consideraba, sin embargo, continuadoras de una perspectiva interiorizadora de lo que debería pensar, no reflexionar, el individuo; en este sentido hay una continuidad, aunque no evidente, con su obra temprana, Ser y Tiempo. La interioridad del propio Heidegger la considera Adorno como rencorosa con el mundo, mundo al cual juzga como exterior a su pensamiento creyéndose al margen de sus influencias: “Heidegger está lleno del rencor de la interioridad…”. Aquí Adorno le quita a Heidegger cualquier intención política consciente y juzga únicamente su sistema filosófico como una psicologización racionalizada de su rechazo al mundo, Adorno no menciona a Kierkegaard como la fuente, más o menos evidente, de esta perspectiva de Heidegger. La interioridad heideggeriana es otro concepto ideológico más.

Adorno refiere la obra “Desde la experiencia del pensamiento” en donde Heidegger sigue con los consejos “existenciales” como manera de plantear su ética: “El hombre intenta en vano poner en orden el globo… cuando no está ordenado a los consuelos del camino rural”. Esta sublimación de la vida rural** como verdad originaria le sirve a Heidegger de la posguerra para ofrecer un argumento, tardío respecto a las puras declaraciones de su Ser y Tiempo, de la originalidad de su obra conjunta.

Adorno critica acremente esta apelación a “lo originario”, considera que es un fetichismo hacia un concepto falso: “También en Heidegger el autoctonismo resulta convicto de lo que en él hay de falso” Adorno cree que es una petición ideológica, construida como una deleznable explicación; se diferencia en esto de Lukács, quien cree que lo “originario” tiene sí un matiz ideológico, pero….

4. Jerga, autenticidad y reproducción ideológica

Heidegger institucionaliza el concepto de autenticidad en Ser y tiempo, particularmente en los parágrafos §53–64 (Eigentlichkeit). Este concepto se convierte en el fundamente filosófico de la jerga y los conceptos y términos de Ser y Tiempo se convierten en modelo imitativo: “Gestos de autoridad incontestada que luego la masa… imita mecánicamente”.  Adorno califica a la jerga inspirada en Ser y tiempo de un lenguaje provinciano adecuado o acondicionado para atraer con el gancho de una supuesta profundidad, profundidad que ni el mismo Heidegger se digna explicar, sus sentencias son paradigmáticas y declarativas, para Adorno esto se trata de darle autoridad carismática, no profundidad filosófica propiamente dicha; los seguidores doctos o no, copian y repiten en su dinámica interactuante esta jerga también con la finalidad de impresionar y de imponerse, aunque sea a través de la autoreferencia y la pomposidad, vacías ambas de contenido sustancial.

En los textos tardíos de Heidegger, post derrota nazi en la segunda guerra mundial, Heidegger enfila contra el lenguaje en general, pero lo hace, anota Adorno, con la jerga inventada por él en los años veinte en Ser y Tiempo; Heidegger es prisionero de su propia jerga y sus refutaciones tienen solo valor figurativo y retórico.

5. Lenguaje, comunicación y fetichismo

Adorno reconoce el diagnóstico: “El oír y comprender se ha aferrado… a lo hablado en cuanto tal” (ST, parágrafo 35), efectivamente hay una especie de alienación en el lenguaje, pero “Heidegger… deriva de ello la invarianza metafísica” y así convierte un fenómeno social en una característica ontológica; es decir, su ontología es metafísica eterna. Para Adorno la alienación en general, no solo en el lenguaje, le es impuesta a los hombres por “una constitución social”, incluso la chachara espontánea ordinaria es un producto del capitalismo. Con esta crítica Adorno se aproxima a una crítica materialista de determinación social respecto a las superestructuras.

 

6. Dignidad, autenticidad y caída ideológica

Adorno cree que con la jerga de la autenticidad se deforma y se destruye la ética racional, la autorreflexión es deschada con la eliminación del sujeto, pues Heidegger desecha todo lo anterior a el como “chachara” y reduce al individuo a optar por un dilema basado en la conciencia de la inutilidad de su vida con la llegada inevitable de la muerte. La opción es autentico no autentico, lo cual considera una existencia absoluta un absolutismo del existencialismo o de la existencia  que no permite por inauténtica la autocrítica del sujeto, sino su inconciencia satisfecha; la diferencia de la animalidad oprimida. La jerga de la autenticidad elimina la autoconciencia crítica en favor de la repetición.