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lunes, 8 de abril de 2024

UNA EXPLICACIÓN CRÍTICA DE LA CRISIS SISTÉMICA

 

Para sobrevivir los de abajo viven bien...

por Andrés Piqueras

3 de abril de 2024

 

1. Antecedentes. Una rápida incursión explicativa de las crisis capitalistas

Las crisis han existido continua y periódicamente desde el inicio del capitalismo. El National Bureau of Economic Research, de EE.UU., recoge 33 de ellas sólo desde 1854, una media de dos por década, no habiendo habido nunca un periodo sin crisis por más de 11 años. Todo indica que el capitalismo contiene alguna característica intrínseca que le conduce a ello.

Esas crisis a veces se convierten en recesiones e incluso en depresiones y tienen una variada gama de manifestaciones externas: de subconsumo, financieras, por desajustes macroeconómicos o conmociones originadas por la propia competencia… Tales manifestaciones de las crisis sirven a menudo para elaborar explicaciones causales superficiales cuando no directamente erróneas. En realidad las crisis estructurales del capitalismo parten de un común denominador, que es el que importa y es el que se niega a entender la ciencia económica ortodoxa: la caída del valor como plusvalor, y con ello, de la tasa de ganancia. El valor es la sangre que recorre el cuerpo del sistema capitalista y está entrañado en el tiempo socialmente necesario que tardan en producirse unas u otras mercancías.

El desarrollo capitalista comporta una tendencial mayor utilización de (e innovación en) tecnologías intensivas en capital, o lo que es lo mismo, una menor utilización de fuerza de trabajo por unidad de capital invertido. Circunstancia que lleva implícito un crónico proceso de sobreacumulación de capital invertido por unidad de valor que se es capaz de generar. Es decir, que según aumenta el peso relativo del capital fijo (maquinaria) sobre el variable (seres humanos) en la composición orgánica del capital, puede aumentarse la productividad, pero menor valor (y por tanto ganancia) se es capaz de generar en proporción. Al reducirse relativamente la fuerza de trabajo en un determinado proceso productivo, se reduce también la masa de valor representada por ella en cuanto que plusvalor, porque éste sólo se extrae de los seres humanos.

Es decir, que la secuencia que va de la manufactura a la mecanización, de ésta a la automatización y de ésta a la robotización (e inteligencia artificial) de los procesos productivos no sólo ha ido desechando seres humanos de los mismos, condenándolos a un desempleo crónico o a un empleo cada vez más precario (que es a menudo también una forma de desempleo camuflado), sino que va reduciendo el tiempo necesario de producción y la participación humana, y con ello el valor y la plusvalía (“la sangre” del sistema). En consecuencia, el sistema se va gangrenando. Este proceso fue descubierto por Karl Marx, y le puso un nombre: “ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia”.

Al darse una generalizada pérdida de rentabilidad de las inversiones capitalistas, desciende lógicamente la inversión en la esfera productiva y con ella la tasa de acumulación o de formación bruta de capital y la tasa de innovación técnica. Al bajar éstas, desciende aceleradamente el empleo y con ello la capacidad adquisitiva de las poblaciones, que repercute en un descenso del consumo (que suele ir acompañado de deflación, aunque a veces recesión e inflación van de la mano, recibiendo el nombre de “estanflación”). Esta es la secuencia básica de la crisis. Lo que se hace para intentar bien evitarla o bien huir de ella, es lo que motiva que se manifieste de unas u otras formas. Por ejemplo, las “crisis financieras” responden al hecho de que el capital-dinero se dispara mucho más allá de su base sustentada en el valor y de su función de prestamista inversor o activador de la economía productiva, para hacerse simple dinero que circula fuera de la producción en busca de rentabilidad especulativa.

A lo largo de la historia la clase capitalista ha encontrado distintos remedios contra esa enfermedad crónica de sobreacumulación: aumentar la explotación de la población trabajadora, invertir allá donde todavía no se daban los procesos de tecnificación de la economía (para poder explotar extensivamente la fuerza de trabajo), acortar el tiempo entre la fabricación y la venta (para vender más en menos tiempo), o refugiarse en las finanzas, entre algunos otros, además de apropiarse de la riqueza colectiva mediante privatizaciones, así como mercantilizar una variedad creciente de actividades humanas que siempre fueron llevadas a cabo como parte del tejido de la vida.

Pero había, además, una salida imprescindible. Si la tecnificación hacía decaer el valor de cada mercancía (fijémonos, por ejemplo, en la estandarización que supone una cadena de montaje para el valor –y el precio- de una mesa, y el valor –y precio- que tendría hecha a mano, artesanalmente), le permitía también hacer cada vez más mercancías en menos tiempo. Si antes, por imaginar un ejemplo, hacer una mesa costaba 2 días, ahora se puede producir en dos horas. Lo único que hay que hacer para compensar que el tiempo-valor ha disminuido 24 veces, es producir al menos 24 mesas en 2 días. Pero claro, para eso necesito que haya 23 compradores más que antes. Esto no debe resultar difícil si tenemos en cuenta que ahora las mesas salen mucho más baratas precisamente por su rápida fabricación y estandarización. El problema está en que este movimiento es exponencial.

La robotización y la inteligencia artificial van reduciendo el tiempo socialmente necesario de producción al mínimo, lo que quiere decir que en compensación el mercado debe expandirse al máximo. La “globalización” se dio con ese propósito, pero hoy está alcanzada la máxima expansión física y nada indica que el capitalismo vaya a ser capaz de empobrecer a las poblaciones del mundo (con desempleo, subempleo, destrucción de condiciones sociales y laborales…) y al mismo tiempo hacerlas que compren cada vez más. De hecho, lo único que ha permitido la continuidad del consumo desde los años 70 del siglo XX en los países “ricos” ha sido el crédito, o visto desde el otro lado, el endeudamiento masivo y creciente (tanto de particulares como de empresas, instituciones públicas y Estados).

La implicación de esa dinámica de fabricación incesantemente creciente de mercancías es la extracción también incesantemente creciente de recursos naturales y la utilización incesantemente creciente de energía. Ya en 1972 el Club de Roma emitió el informe “Los límites del crecimiento”, juntando datos de producción industrial, población, recursos, energía, alimentos, contaminación, sumideros… en el que se preveían las consecuencias que íbamos a afrontar de seguir ese curso de la producción-consumo y crecimiento exponencial.

A lo largo de su historia el capitalismo ha padecido dos Crisis de Larga Duración. Los años 70 del siglo XIX inauguraron la primera de ellas. La misma que llevaría a la fase netamente imperialista europea y a crecientes tensiones entre las potencias que desembocarían en dos Guerras de carácter mundial, la misma que posibilitó la mayor desconexión con el mundo capitalista conocida hasta hoy (la Revolución Soviética), provocó el mayor crack bursátil hasta nuestros días, y desembocó en una conmoción de alcance mundial: la Gran Depresión de los años 30 del siglo XX.

En los años 70 del siglo XX se da la Segunda Larga Crisis capitalista, de la que las elites mundiales vienen intentando escapar sin éxito. Han probado de todo: medidas neoliberales, neokeynesianas, globalización, crédito masivo, especulación financiera con sus burbujeos bursátiles… Pero el resultado ha sido un reguero de crisis (Cuadro 1).

Cuadro 1

Secuencia de crisis tras el cortocircuito económico-petrolero de los 70

1. Quiebras bancarias en Estados Unidos (Penn Square, Seatle First Bank, Continental Illinois; primera mitad de los 80)

2. Crisis de la deuda de las economías periféricas (especialmente México, 1982).

3. Crack bursátil de mediana amplitud de Wall Street, de 1987.

4. 1989: quiebra y salvataje de las cajas de ahorro norteamericanas (primera crisis mundial inmobiliaria)

5. 1990: crack del Nikkei y del sector inmobiliario en Japón (sus grupos industriales se implantan como refugio en USA y China). Recesión mundial.

6. Comienzo de los 90: crisis en los mercados cambiarios europeos y sus ganancias especulativas. Imposición de políticas económicas bajo la excusa de manejar la inflación (Tratados de Maastricht y de Ámsterdam).

7. Segunda mitad años 90: desplazamiento espacio-temporal de las crisis financieras y las recesiones estatales que las acompañaban hacia la zona periférica del capitalismo mundial

7a. Segunda crisis de la deuda en México (“tequilazo”) con repercusiones sobre la producción estadounidense.

7b. 1997-98: crisis del sureste asiático (especialmente de “los tigres”)

7c. Crisis rusa (agosto de 1998)

7d. Crisis brasileña (“Efecto samba”, septiembre de 1998)

7e. Debacle argentina (2001)

8. Años 2000: la crisis toca de lleno a las economías centrales.

Estados Unidos había derivado el capital-dinero hacia la “nueva economía” (léase Internet, el espacio virtual: 1998-2001). El NYSE y el NASDAQ (acciones de las firmas de alta tecnología) volvieron a ser el principal terreno de operaciones de los inversores financieros y managers del nuevo estilo. Los grupos industriales pasaron a comprar sus propias acciones (recomprar sus títulos en Bolsa para sostener su valor), endeudándose en el mercado de préstamos. Las adquisiciones de las firmas más débiles fueron financiadas por intercambios de títulos con precios que no tenían ninguna relación con su valor real. A comienzos de 2001 estalla la “burbuja Internet” (la de las nuevas tecnologías). El Nasdaq colapsa. Empresas-tipo afectadas: Enron, Vivendi… Entre 2000 y 2003 desaparecieron 4854 compañías de Internet.

La crisis de 2007-2008 no fue sino el hasta hoy último estallido de esa Larga Crisis, que ha provocado una Gran Recesión. La forma en que se manifestó externamente fue financiero-bancaria. Todavía no habíamos salido de la misma cuando la actual pandemia ha venido a sumarse a los envites contra el ya maltrecho barco de la economía capitalista.

2. La agudización de las contradicciones sistémicas crónicas

Esta vez la crisis del valor no se ha manifestado financieramente, ni tampoco a través de los Bancos. Al revés, ambos tipos de instituciones aparentan estar llamadas a salvarnos a través de la creación y “reparto” de dinero, pero… la enfermedad es la misma, sólo cambian los síntomas y no tanto.

Ya antes del covid-19 el sistema arrastraba una deuda global por encima del 300% del PIB mundial1, con un capital desbocado hacia las finanzas al no encontrar beneficios en la inversión productiva. La tasa media de ganancia mundial cayó desde casi el 33% en los años 50 del siglo XX, hasta alrededor del 17% justo antes de 2008. En cambio, los activos financieros llegaban ya en 2014 casi a 300 billones de dólares y el conjunto de capital ficticio que puede estar moviéndose por el mundo es fácil que supere los 1000 billones de dólares (entre títulos de deuda revendidos hasta la saciedad, acciones empresariales duplicadas y cuadruplicadas, la mayor parte de los activos bancarios titulizados y toda la infernal gama de derivados)2.

El crecimiento anual a escala mundial se ha ralentizado en torno al 2,5%. EE.UU. creció al 2%, mientras que Europa y Japón lo hicieron al 1%. Algunas de las principales economías, como la italiana han venido arrastrando 17 meses consecutivos de declive en la actividad manufacturera. Parecida contracción que en Francia, donde la actividad de las empresas cayó 1.3 puntos, hasta 49.8 (por debajo de 50 significa que más de la mitad de las empresas no tienen ganancias. Algo que ocurre también en EE.UU.). Simplemente una recesión mediana conllevaría que la deuda de las corporaciones capitalistas mundiales, de más de 19 billones $, sería sencillamente impagable para muchas de ellas (las empresas «zombi», aquellas que quebrarían solamente con subirse ligeramente los tipos de interés, se estiman en un 10% a escala mundial). Según Bloomberg, las obligaciones de muchos Estados y la salud de los fondos de inversión no es precisamente mejor. En suma, teníamos una economía mundial sin apenas crecimiento y con indicadores de actividad industrial y de formación bruta de capital en franco declive.

Toda esa desaceleración, sin embargo, fue acompañada una vez más de la estúpida euforia de las Bolsas (por lo común más suben éstas, más dañada está la “economía real”), mostrando toda la irrealidad de la economía capitalista y haciendo presagiar desde hace tiempo un considerable estallido de burbuja.

Aprendiendo de la Depresión del 29, sin embargo, la clase capitalista global ha recurrido al recurso combinado de la bajada máxima de intereses (incluso en negativo) y de la emisión de «dinero mágico», sin ningún valor detrás o respaldo (no menos de 12 billones de dólares desde 2010), para mantener a flote la monstruosa carga de capital insolvente, concediéndoselo graciosamente a las empresas y Bancos “demasiado grandes para caer” (evitando el efecto dominó en la economía y al tiempo evidenciando que lo de la “libre competencia” no se lo han creído nunca). Con ello, unas y otros modifican sus números, ocultan sus descubiertos y aparentan que el sistema funciona y el mundo empresarial y bancario va bien. Ese dinero regalado ha permitido a muchas grandes empresas, técnicamente en quiebra, recomprar sus propias acciones, pero más grave aún, a través de los grandes fondos de inversión aprovechan para hacerse con empresas y bienes privados y públicos por doquier. Lo que se está dando con ello es, en contra de las apariencias que muestra la Gran Crisis de 2020, un incremento acelerado de la privatización de la economía, de la sociedad y de la naturaleza.

Enfrentamos además, en lo inmediato, algunos serios problemas. El «modo pánico» en que ha entrado el mercado mundial está golpeando las cadenas de producción y suministros, afectando de plano el conjunto de las cadenas mundiales del valor. Jamás, ni en los momentos de guerra, el consumo se ha visto sometido a tal disciplina de choque que con la reciente “pandemia”. El círculo vicioso es el clásico: se detiene la actividad comercial, se frena la producción, se dispara el desempleo, se desploma el consumo.

Los distintos organismos institucionales compiten por predecir la caída de indicadores económicos y su repercusión en los PIB, pero lo que no cuentan es que estamos asistiendo de forma traumática a un cambio de ruta del sistema, para el cual se precisa acometer una limpieza de capitales sin precedentes en «tiempo de paz». Es decir, el corona-virus parece estar llamado a cumplir las funciones de una guerra de importantes dimensiones, pero la gravedad del asunto radica precisamente en que no se está haciendo efectivamente, debido a la sucesión de “rescates” que los Estados llevan a cabo. Es decir, el neoliberalismo se convierte en un problema para el propio capital: imposible disimular por más tiempo lo que significa: intervención para proteger a los capitales más fuertes y desregulación para eliminar a los débiles (lo que se llama “el socialismo de los ricos”).

3. Perspectivas

La polémica sobre si “salimos” de esta crisis en U, en V o en L, no es tan importante para el análisis radical (el que va a las raíces de las cosas), sino las posibilidades y condiciones del capitalismo en adelante. Y en ese sentido puede decirse que cualquiera de esas salidas será tan “ficticia” como el capital que la puede sustentar. En todo caso, las arremetidas hacia adelante del sistema serán cada vez de menor duración y parciales (afectando a menos ámbitos y menos sectores de población).

El capitalismo es receptivo cada vez a menos remedios. La medicina socialdemócrata, que lo salvó durante tantas décadas, ya no funciona más con él. Pasó su umbral de tolerancia: la imparable caída valor; el fin de los recursos básicos; el estrés climático; la ascensión del “negavalor” en forma de cada vez más grandes plagas, pandemias3, destrozo de sociedades y agotamiento físico y psicológico de la fuerza de trabajo mundial; la irreversibilidad de la demencial separación entre el dinero y el valor; la insuperable crisis de rentabilidad… hacen imposible recuperar la utilidad de aquella medicina.

Al contrario, las salidas que se preparan traerán una nueva y dura vuelta de tuerca a los mercados laborales en detrimento de la población trabajadora, así como redoblados ajustes sociales. Esto es, la senda trazada por las elites busca una recomposición de la relación de las clases dominantes con sus sociedades, abundando en el perjuicio de estas últimas. De igual manera, se reestructurará el poder entre la propia clase capitalista global. Como toda crisis, ésta será también una oportunidad para unas u otras fracciones y tipos de capital. Provocará un reacomodo del mercado, para afianzar y expandir las tecnologías de cuarta y quinta generación (el cuento para las poblaciones será a buen seguro el de acabar con la producción contaminante, para empezar a hacer un «capitalismo sostenible», oxímoron donde los haya que no tiene más misión que la de acomodar conciencias a lo que viene). Pero ya sabemos que aquellas tecnologías, a la postre, no hacen sino agudizar la enfermedad de sobreacumulación, por lo que el capitalismo se hace cada vez más inviable. Eso es susceptible de implicar que, en su dinámica extrema, fracciones de la propia clase capitalista global pueden estar preparando la transición a otro modo de producción, automatizado, que ya no precise de la plusvalía, ni por tanto de los seres humanos. Desde hace tiempo, La producción global de desempleo es, antes que nada, un problema estructural del capitalismo actual.

Si hay algo que debemos tener claro desde el principio es que el capitalismo no volverá a ser como antes. Aunque pueda parecer que si dejamos atrás las presentes circunstancias volveremos a algún tipo de “normalidad”, con el paso de los años nos iremos percatando de que una vez dilatado el elástico, ya no vuelve a ajustarse a la piel. Para el final de esta década eso será evidente.

Estos años 20 nos depararán el fin de la ilusión de la “crisis” como un accidente del capitalismo, que una vez superado dejará expedita la marcha hacia el progreso y el bienestar. El fin de la no percepción de la emergencia climática y de un hábitat severamente dañado será también inevitable. La geoeconomía, la geoestrategia y la geopolítica de un sistema en decadencia, con recursos cada vez más escasos, tiende a militarizarse cada vez más y a amenazar al conjunto de la humanidad. De hecho, se están trastocando ya, profundamente, todas las coordenadas del orden mundial (ver aquí https://www.alainet.org/es/articulo/194846, por ejemplo).

Y también del orden interno: el empleo, la desigualdad, la seguridad colectiva (“seguridad social”), la convivencia y las relaciones sociales (¿más individualismo?), sufrirán profundas convulsiones. Aumenta ya la explotación, la precarización y la inseguridad laboral, ayudadas por el teletrabajo (que tanto promocionan y que tanto aísla a la fuerza de trabajo entre sí). El tiempo de vida insertado en un continuum sin fin como tiempo de trabajo-empleo o como tiempo para prepararse para el trabajo-empleo. La intención de eliminar el dinero físico tiene por objeto aumentar todavía más el control de lo que hacemos y consumismos. La ingeniería mediática del miedo puede ayudar a aceptar la vigilancia social (por ejemplo mediante GPS).

Ahora que, incluidos los neoliberales más puros, todo el mundo se vuelve hacia los Estados para pedir soluciones, éstos acumularán pronto serias crisis fiscales y endeudamiento disparado, a corresponderse con una disminución de ingresos recaudatorios por vía del trabajo… Es decir, un intrincado atolladero, especialmente para aquellos que, como casi todos los europeos, han entregado su soberanía (industrial, alimentaria, fiscal, crediticia, monetaria…).

Defenderse contra todo eso es tener cada vez más claro el principio de soberanía. Sin soberanía (control de los propios recursos, nacionalización de los renglones básicos de la economía, desmercantilización de los servicios sociales…) no hay posibilidades de salir bien de esta crisis (ver aquí propuestas concretas https://observatoriocrisis.com/2020/04/08/espana-propuestas-para-superar-la-crisis-economica-que-se-nos-viene-encima/). Y eso significa hoy ya, necesariamente, emprender un proyecto histórico superador del capitalismo.

Empezamos un nuevo tiempo del mismo, probablemente su fase terminal. Un Sistema que decrece en su desarrollo de fuerzas productivas y que promueve por contra cada vez más fuerzas destructivas, es más y más susceptible de extender e intensificar sus dinámicas de barbarización social.

Hasta ahora las condiciones objetivas de crisis sin fin y destrucción social y ambiental iban evidenciando que el Sistema estaba objetivamente listo para ser superado, pero incluso tras el último estallido de la Larga Crisis se mantuvo la fidelidad subjetiva de amplias capas de la población (es decir, la fe en su capacidad de recuperación). Sin embargo, la cronificación de esta crisis puede hacer que por primera vez desde la consecución del “capitalismo amable”, keynesiano, se empiece a dudar seriamente de que este Sistema sea igual a desarrollo, bienestar y democracia.

La agonía capitalista puede ser larga, pero podemos estar seguros de que cuanto más dure, más dolor, penuria y muerte acarreará a la humanidad. En adelante, esto será más que evidente (de hecho, ya lo es), lo que favorecerá de nuevo el crecimiento de la subjetividad antagónica. La gran tarea consiste desde ahora en organizarla para la transformación.

Eso sería vital para poder acortar el periodo de sufrimiento.

Notas

1 La función de la Banca se resume cada vez más en sostener la actividad empresarial a través de la creación de dinero-deuda (por ejemplo, por cada dos euros que alguien debe a un Banco éste puede emitir 100 euros más para prestar). La creación masiva de deuda bancaria implica el surgimiento de un poder adquisitivo que en realidad no existe (si bastantes prestatarios dejan de pagar las deudas, todo ese castillo en el aire se esfuma). Se estima que el 97% del dinero es creado por la Banca privada a través de la generación de préstamos. Tal aumento exponencial de las deudas por encima del que experimenta el PIB a escala mundial, no tiene más salida (parcial o de parche) a medio plazo que una Quita Global. Todo el gran Esquema Ponzi de las finanzas tendrá que venirse abajo.

2 El capital a interés deviene ficticio cuando el derecho a la remuneración o rendimiento del interés o deuda contraída viene representado por un título comercializable, con posibilidad de ser vendido a terceros (y esta es sólo una de las maneras de que el capital se haga “ficticio”). Es decir, cuando comienza a comercializarse un capital que es deuda y que en realidad no existe. Esa venta y su posterior reventa, genera todo el ciclo de ficción del capital a interés. Una deuda puede ser así revendida muchas veces. Con ello se realiza en apariencia el máximo sueño (“ilusorio”) de la clase capitalista: que el capital se auto-reproduzca más allá del trabajo humano, más allá de la riqueza material y más allá de las bases energéticas que posibilitan esta última.

3 El capitalismo amenaza nuestra supervivencia porque desencadena y produce el tipo de pandemias como la que acabamos de atravesar. Una de las cosas que ha causado esto es la oferta mercantil de proteína animal. Miles de millones de animales hacinados para la “fabricación industrial de carne”, en contacto cercano con humanos, constituyen la receta ideal para que un virus salte y se provoque una zoonosis. También la permanente deforestación y la colonización de espacios “vírgenes” aproxima a humanos y animales que apenas nunca estuvieron en contacto, con el consiguiente aumento del riesgo.

Fuente: https://andrespiqueras.com/2024/04/03/una-explicacion-critica-de-la-crisis-sistemica/

 

martes, 9 de enero de 2024

LA CRISIS SISTÉMICA DEL CAPITALISMO COMO PUNTO DE INFLEXIÓN GLOBAL



Por Andréi Fursov

 

Andrei Fursov: La Crisis Sistémica Del Capitalismo Como Punto De Inflexión Global Sin Precedentes En La Historia De La Humanidad

Los cambios que han sucedido en los últimos 30 a 40 años y que continuarán durante aproximadamente el mismo período de tiempo o un poco más, van mucho más allá de lo normal, advierte el historiador Andréi Furzov. No se trata de meros puntos de inflexión como los de 1848-1867 y 1914-1933, que cambiaron la trayectoria del sistema capitalista, sino que se trata de cambios sin precedentes en la historia del sistema capitalista que cambian el sistema mismo. Además, el desarrollo de la civilización terrestre tal como ha existido desde la llamada revolución neolítica está cambiando en su conjunto. A la época actual se le llama de diferentes maneras: la era de la globalización, la era del fin de la historia, la era de la transición de la Modernidad a la Posmodernidad, etc. Pero en toda esta palabrería se ahoga en parte el significado real de lo que está sucediendo, y se hace deliberadamente, pues para la mayoría resultaría ingestionable razonar que el mundo no sólo está atravesando una crisis, sino que se encuentra en un punto de inflexión que hasta ahora no tiene análogos en la historia. En primer lugar, se trata de una crisis sistémica del capitalismo y la clase media, que aparentemente están viviendo sus últimas décadas. Sin embargo, debido a la naturaleza global del capitalismo, su crisis resultó estar conectados a las crisis geoculturales de la Ilustración, la civilización europea, el cristianismo (que pierde cada vez más terreno y sustancia frente a los movimientos ocultistas), el proyecto bíblico de control-jerárquico, la raza blanca, el género Homo y la biosfera. Por lo que esta crisis constituye un gran punto de inflexión global sin precedentes. Al derribar al comunismo histórico que impedía su progreso, el capitalismo destruyó también las estructuras de soporte que lo protegían de su propio colapso, y los propietarios del sistema del capital aprendieron (o confirmaron) que el funcionamiento normal de un sistema requiere la presencia de su contraparte (la doble cara o doble masa multidimensional que también es una característica de la criptocracia). La transformación intracapitalista y el surgimiento de la corporatocracia, una facción joven y depredadora de la burguesía global, estrechamente asociada con las transnacionales, definió el triunfo de la globalización, cuya primera víctima fue el anticapitalismo sistémico y la URSS. Sin embargo, la globalización, después de haber resuelto los difíciles problemas de mediano plazo del sistema de capital, ha creado problemas insolubles de largo plazo, empujando al capitalismo —y con bastante rapidez— al borde del abismo.

 Mente Alternativa 21 de diciembre de 2023

Andréi Ilich Fursov (nacido el 16 de mayo de 1951 en Shchelkovo, óblast de Moscú) es un historiador, filósofo social social y publicista

“El mundo ha cambiado”: estas palabras, que suenan como un estribillo de “El Señor de los Anillos”, caracterizan perfectamente el estado actual del mundo. Hace treinta años era diferente, tanto exterior como interiormente. Durante estas décadas, terminó el gran experimento anticapitalista del siglo XX (y con él el Proyecto de la Gran Izquierda de la Modernidad Europea): la URSS ya no está en el mapa. Hoy vivimos en la era de la globalización. Como término científico, este término apareció en 1983, registrando un fenómeno fundamentalmente nuevo y sus extraños artefactos (“multiculturalismo”, “tolerancia”, “corrección política”, etc.). Estados Unidos, a diferencia de la URSS, permaneció en el mapa y fue proclamado única superpotencia, aunque en los años 1980 y 1990 se produjo una mutación y Estados Unidos ya no es tanto un Estado como un grupo de empresas transnacionales, un “NEOIMPERIO”

En el siglo XXI China es percibida como una segunda superpotencia y un competidor de los Estados Unidos. India y Brasil están en crecimiento económico (con un alto costo social). La brecha entre países ricos y pobres, así como entre ricos y pobres dentro de estos países, que se fue reduciendo entre 1945 y 1975, está creciendo rápidamente y batiendo todos los récords. La humanidad está cada vez más claramente dividida en la élite rica (20%) y la masa principal pobre (80%), en “globales” y “locales”, en la terminología de Z. Bauman, y la clase media se está dividiendo gradual pero constantemente, erosionándose y derritiéndose. Y aparentemente, dentro de 20 o 30 años, si no antes, pasará al Tártaro de la Historia siguiendo al campesinado y la clase trabajadora. El número de “gente de los barrios marginales”, la subclase mundial y la clandestinidad, está creciendo exponencialmente: en 2030 habrá 2 mil millones de ellos sobre los 8 mil millones que habitarán el planeta, con una amenaza directa y obvia de una nueva “migración de pueblos”, es decir una gran cacería mundial.

Las ideologías progresistas del marxismo y el liberalismo se están convirtiendo, casi desaparecidas, en una cosa del pasado (es significativo que desde 1980, la “fantasía” haya suplantado esencialmente a la “ciencia ficción”) con sus esperanzas de un futuro brillante y universalista. Los fundamentalismos están en aumento, no sólo islámicos, sino también cristianos y judaicos; El cristianismo occidental, que va perdiendo cada vez más su sustancia verdaderamente cristiana, está perdiendo terreno frente a los movimientos ocultistas; el este toma cada vez más la apariencia de un ex trabajador del partido con una vela. Todo esto era impensable a mediados de los años 70, aunque ya entonces aparecieron los primeros carteles en la pared.

Es un hecho que el mundo cambia constantemente; el cambio es su característica constante y, sin embargo, lo que ha sucedido en los últimos 30 a 40 años y que aparentemente continuará durante aproximadamente el mismo período de tiempo o un poco más, va mucho más allá de lo normal. En muchos sentidos se trata de cambios sin precedentes en la historia del sistema capitalista. Por supuesto, hubo puntos de inflexión, por ejemplo, los “largos años cincuenta” (1848-1867) en el siglo XIX. o los “largos años veinte” (1914-1933) del siglo XX, que cambiaron radicalmente la trayectoria del desarrollo del sistema. Sin embargo, los cambios de las últimas décadas no cambian la trayectoria del sistema, sino el sistema mismo. Además, el desarrollo de la civilización terrestre tal como ha existido desde la llamada revolución neolítica está cambiando en su conjunto.

A la época actual se le llama de diferentes maneras: la era de la globalización, la era del fin de la historia, la era de la transición de la Modernidad a la Posmodernidad, etc. Pero en toda esta palabrería se ahoga en parte el significado real de lo que está sucediendo, y se hace deliberadamente, pues resulta bastante obvio que estamos hablando de fenómenos de crisis, que a menudo se analizan de forma aislada, como resultado de lo cual la esencia del todo desaparece. Si hablamos del conjunto, entonces vemos que el mundo no sólo está atravesando una crisis, sino que se encuentra en un punto de inflexión que hasta ahora no tiene análogos en la historia.

En primer lugar, se trata de una crisis sistémica del capitalismo, que aparentemente está viviendo sus últimas décadas. Sin embargo, debido a la naturaleza global del capitalismo, su crisis resultó estar conectada —ya sea por una relación de causa y efecto o por la lógica de la resonancia ondulatoria— a las crisis geocultural de la Ilustración, la civilización europea, el cristianismo, el proyecto bíblico de control-jerárquico, la raza blanca, el género Homo y la biosfera. Tenemos ante nosotros la crisis de los muñecos, cuya implementación constituye un gran punto de inflexión global sin precedentes. Sin embargo, lo primero es lo primero.

En los últimos años, se ha vuelto común escribir sobre la crisis del comunismo y el marxismo e interpretar esto como el triunfo del capitalismo. Con la visión maniquea del capitalismo y el comunismo como entidades absolutamente opuestas y mutuamente excluyentes, esto es lo que sucede. Pero ¿qué ocurre si la conexión entre capitalismo y comunismo como anticapitalismo sistémico es mucho más sutil y astuta y la existencia misma del comunismo resulta ser un indicador del estado de salud del sistema de capital? En tal situación, el colapso del comunismo es una clara señal-inscripción del inminente declive del sistema del capital.

El comunismo como cuerpo de ideas existe desde hace casi dos milenios y medio. Sin embargo, el comunismo se materializó como un sistema socioeconómico especial sólo en la era capitalista. El comunismo histórico (“comunismo real”, “socialismo real”) es sólo anticapitalismo. En la historia nunca ha habido sistemas como el ANTIESCLAVISMO y el ANTIFEUDALISMO. El comunismo como sistema social nunca existió como antifeudalismo o antiesclavitud. Por lo tanto, sólo queda una era en la que históricamente existió (y podría existir) el comunismo: el capitalista. Y no todo, sino sólo su fase madura, industrial, que limita la implementación del comunismo en el tiempo, en la historia, a una determinada etapa del desarrollo del capitalismo. Pero esto significa que en el capitalismo mismo como fenómeno, como sistema mundial de relaciones de producción, hay algo que lo dota de una capacidad muy específica, inherente sólo a él y, por tanto, misteriosa de actuar, de realizarse en dos formas sociales diferentes: positiva y negativa. No hay lugar aquí para examinar esta cuestión en detalle (ver también: Fursov A.I. Bells of History. – M., 1996), por lo que me limitaré a afirmar: el capitalismo existe como una especie de estrella doble, doble masa, unidad del capitalista y del no capitalista. Objetivamente, el progreso del capitalismo es la eliminación de los no capitalistas, pero este es también el camino hacia la muerte sistémica: el funcionamiento normal del capitalismo requiere la presencia de un segmento no capitalista.

Primero, en los siglos XVII y XIX era el PRECAPITALISMO POSTFEUDAL del Antiguo Orden. Al principio los capitales lo utilizaron como concha, luego en el siglo XVIII entró en lucha con él (Ilustración, Gran Revolución Francesa) y durante la Guerra Mundial de 1914-1918 lo destruyó. J. Schumpeter apuntó a este respecto: al derribar así lo que impedía su progreso, el capitalismo destruyó también las estructuras de soporte que lo protegían del colapso. Esto es en parte cierto, pero creo que aquellas formas no capitalistas que eran inadecuadas para la nueva era fueron objetivamente eliminadas y en su lugar surgieron otras más adecuadas. Estamos hablando principalmente del anticapitalismo sistémico de la URSS, que se convirtió en la siguiente forma escénica después del Antiguo Orden, pero ya “anti” y no “antes”, una doble masa para el capitalismo.

Si bien sirvió como un proyecto global alternativo (en un grado cada vez menor desde mediados de la década de 1950) y limitó significativamente el alcance de las operaciones del capitalismo en el mundo, el comunismo histórico al mismo tiempo decidió una serie de tareas en nombre de capitalismo —en su mayor parte indirectamente, pero en este caso eso ya es irrelevante. Se trata de la participación en la guerra mundial del lado de los anglosajones (desde el punto de vista de la lucha por la hegemonía en el sistema de capital), el papel del estímulo externo para las transformaciones INTRACAPITALISTAS, el control conjunto del mundo con capitalismo y estabilización de este último a través de la Guerra Fría, etc.

Al apoyar a los partidos de izquierda en el Primer Mundo y al movimiento de liberación nacional en el Tercer Mundo, la URSS no permitió que la burguesía los aplastara. Sin embargo, al mismo tiempo, subordinando estos movimientos a su lógica de oposición al capitalismo: sistémico, y desde la segunda mitad de la década de 1950, cada vez más geopolítico estatal, el comunismo histórico limitó estos movimientos “disciplinadamente”, haciéndolos más predecibles y manejables. Como resultado, a medida que la URSS y sus grupos gobernantes se integraron en el sistema de capital (integración que finalmente condujo al colapso del capitalismo antisistema), la URSS integró consigo misma las “clases peligrosas” en el sistema de capital, “domesticándolas” en parte de manera sistémica. Es cierto que esta “domesticación” a escala global en el siglo XX a menudo se convirtió en derrotas para el capitalismo.

Sin embargo, en primer lugar, estas derrotas, a pesar de su importancia y resonancia (por ejemplo, Vietnam 1975), por regla general fueron de carácter local y, en segundo lugar, incluso si iban más allá del marco local, los propietarios del sistema del capital a menudo aprendieron lecciones con bastante rapidez y las utilizaron para la autotransformación según el principio “Matrix-2” o, más simplemente, “por uno vencido, quedan dos invictos”. Así, la victoria de la URSS en la Guerra Fría sobre el Estado estadounidense en 1975 (Vietnam, Helsinki) facilitó significativamente la transformación intracapitalista y el surgimiento de la corporatocracia (“HIPERBURGUESÍA”, “COSMOCRACIA” – D. Duclos), una facción joven y depredadora de la burguesía global, estrechamente asociada con las transnacionales.

Fue la corporatocracia, que comenzó su ascenso como resultado y después de la Segunda Guerra Mundial y que se declaró por primera vez con el derrocamiento del gobierno de Mossadegh en Irán en 1953, la que en los años 1980 puso a sus presidentes en la Casa Blanca (Reagan, Bush), y en 1989 derrotó a la URSS como sistema y como estado, “prometiendo” incluir al menos parte de la nomenclatura en su composición y darle a la otra “un barril de mermelada y una canasta de galletas”.

El triunfo de la globalización, cuya primera víctima fue el anticapitalismo sistémico y la URSS, es el triunfo de la corporatocracia. La globalización ha hecho posible que el capitalismo CORPORATOCRÁTICO –el “TURBOCAPITALISMO” (Luttwak)– resuelva con relativa facilidad muchos de los problemas de estabilización del sistema que antes se resolvían con la ayuda del anticapitalismo sistémico. O, por el contrario, para solucionar aquellos problemas que la propia existencia de la URSS antes impedía resolver. Por ejemplo, la presencia de armas nucleares en la URSS generalmente puso en duda una guerra (mundial) a gran escala y, como lo demostraron las guerras revolucionarias en China, Vietnam, Argelia y Cuba, la victoria del centro del capital sobre la periferia más débil incluso en una guerra local.

La globalización, entre otras cosas, resolvió este problema, y ?? no sólo porque eliminó a la URSS, sino porque, al crear un mercado global para el capital financiero, garantizó completamente la victoria del centro sobre la periferia por métodos no militares – hasta su destrucción económica, como ocurrió, por ejemplo, con Argentina, y su transformación en un “país terminado”.

Sin embargo, la globalización, después de haber resuelto los difíciles problemas de mediano plazo del sistema de capital, ha creado problemas insolubles de largo plazo, empujando al capitalismo -y con bastante rapidez- al borde del abismo. Pues cada adquisición es una pérdida y cada pérdida es una adquisición.

Fuente: https://infoposta.com.ar/notas/13298/la-crisis-sist%C3%83%C2%A9mica-del-capitalismo-como-punto-de-inflexi%C3%83%C2%B3n-global/

 

domingo, 2 de enero de 2022

CRISIS TERMINAL DEL CAPITALISMO: EL SISTEMA POLÍTICO MUNDIAL ESTÁ CONTROLADO POR 600 MULTIMILLONARIOS

 


El orden capitalista mundial existente ha demostrado ser incapaz de hacer frente a los desafíos y crisis globales del siglo XXI.

El Comité de Coordinación Política de la Universidad de los Pobres ha elaborado este informe político como base para el debate, la discusión y la coordinación de nuestra red. No pretende ser un documento de posición oficial de la Universidad de los Pobres, y tampoco nuestra última palabra sobre estas importantes cuestiones, sino una contribución a la capacidad de nuestros líderes para realizar un análisis concreto de la situación concreta. Planeamos desarrollar y publicar estos informes políticos con regularidad.

La situación internacional y China

Vivimos en un período de cambio significativo en la historia mundial, similar al tiempo de Marx y Engels. Durante ese período de mediados del siglo XIX, la mano de obra pasó principalmente de la agricultura a la industria. Con el desarrollo del microchip, estamos experimentando una revolución tecnológica que sacude al mundo con impactos paralelos o incluso más significativos en todos los aspectos de nuestra sociedad.

La centralidad de la tecnología en la producción y su impacto social, es la clave para comprender los acontecimientos de hoy. El mundo ha entrado en una época de revolución social. Esta es la base del documento conceptual de la UPoor.

La crisis económica capitalista global y el aumento de la pobreza en los Estados Unidos e internacionalmente son inevitables debido al impacto de la revolución tecnológica. La crisis económica ya no es simplemente cíclica, sino estructural y, por lo tanto, solo son posibles recuperaciones económicas parciales. La revolución tecnológica está eliminando cada vez más el trabajo humano de la producción y las condiciones objetivas para la revolución están ahora presentes. Sin embargo, la transformación revolucionaria sólo puede ocurrir cuando la gente pobre y desposeída comprende su papel histórico.

La clase dominante del capital global ve un “mundo desordenado”, para citar a Richard Haass, presidente del Council on Foreign Relations (CFR). No encuentran “soluciones” a los problemas que enfrentan. En cambio, hablan de “manejar” las diversas situaciones, incluida la situación interna de Estados Unidos.

El orden capitalista mundial existente, construido en gran parte después de la Segunda Guerra Mundial y en el contexto de la Guerra Fría y el resurgimiento anticolonial, ha demostrado ser incapaz de hacer frente a los desafíos y crisis globales del siglo XXI. Al mismo tiempo, se enfrenta a una gran potencia cada vez más independiente, fuerte y asertiva: China. Una respuesta central a este “mundo desordenado” ha sido el cambio de los acontecimientos económicos y políticos mundiales del Atlántico (EE. UU. Y Europa) al Pacífico (EE. UU. Y China). La política exterior de Estados Unidos se centra en este “giro hacia Asia”.

Por un lado, Estados Unidos se está preparando para enfrentarse y competir con China. El estado chino, bajo el liderazgo del Partido Comunista de China (PCCh), representa el mayor desafío al orden mundial dominado por Estados Unidos y, por lo tanto, a los intereses del gran capital en todo el mundo. Los Partidos Demócrata y Republicano se han unido en una guerra de propaganda bipartidista contra China, que además de despejar el camino para escalar el conflicto y la confrontación con China, tiene el propósito de distraer al pueblo estadounidense de la creciente pobreza en su propio país. Tiene como objetivo particular encubrir la campaña contra la pobreza sin precedentes en China, liderada por el PCCh, que ha mejorado drásticamente la vida de cientos de millones de personas. Por otro lado, la economía global está relativamente integrada. Económicamente, China es esencial para la rentabilidad del capital global. Ésta es la razón por la que no debemos sobreestimar el peligro de guerra entre una alianza liderada por Estados Unidos contra China. Al mismo tiempo, tenemos que resistir resueltamente los intentos de la clase dominante de unir al pueblo de Estados Unidos, en particular a la gente pobre y desposeída, en contra de China y la “competencia de las grandes potencias”.

La política exterior de China involucra en gran medida la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR). Esta iniciativa, que busca financiar y abastecer la construcción de infraestructura en todo el mundo, refleja principalmente los objetivos geopolíticos de China de desarrollar relaciones con otros países y reducir su dependencia de préstamos de instituciones controladas por las principales potencias capitalistas, contribuyendo consecuentemente a influir en las políticas de la ONU. Los factores económicos del IFR (aumento de la demanda de materias primas chinas, aumento de la demanda china de materias primas de todo el mundo, búsqueda de salidas para la inversión china, aumento de las posibilidades de comercio e inversión futuros) juegan un papel secundario.

La política económica de China de “circulación dual” es un reconocimiento de la limitación del capital global. Si bien China permanece abierta a la economía global, está desarrollando aún más la economía china. La política china de “prosperidad común” también es clave y es una política para reducir la desigualdad económica en China.

Para comprender tanto la situación internacional como el proceso revolucionario moderno, es fundamental estudiar la revolución china. Hay una serie de ideas importantes sobre el proceso revolucionario que pueden entenderse estudiando la revolución china.

  • Los chinos se han hecho expertos en la historia y la cultura de su país y han utilizado ese entendimiento para llevar a cabo su revolución. Un aspecto importante de esto es la historia del pensamiento de Confucio en la configuración del terreno mental de China. Este es el significado de “socialismo con características chinas”. En los Estados Unidos, el papel de la Biblia, el concepto de derechos, la lucha contra el racismo y la política racial de dividir y conquistar, y la historia de la lucha de clases, particularmente el período de la Reconstrucción después de la Guerra Civil, son importantes para hacernos expertos. Esta es la lucha por el socialismo con características estadounidenses.
  • Los chinos han enfatizado constantemente el importante papel de los cuadros y del Partido Comunista de China. Una de las tareas centrales de la UPoor es desarrollar y comprender el papel de una organización de cuadros revolucionarios.
  • El principal enemigo de la revolución china y la revolución de la gente pobre y desposeída en Estados Unidos, es el aparato estatal estadounidense. La revolución china tiene mucho que enseñarnos sobre la naturaleza de nuestro enemigo común y la importancia clave de la unidad global de la gente pobre.

 La situación económica de EE.UU.

“Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social.”

Marx, Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política

Reflexionar sobre esta cita nos permite comprender que no vivimos simplemente en un mundo enloquecido. Las crisis de nuestro tiempo no son un conjunto inescrutable de problemas, sino que se reducen a esta contradicción básica que planteó Marx hace 150 años.

Es muy importante para nosotros, comprender este conflicto con las relaciones de propiedad existentes; quién posee los medios de producción y su relación con las fuerzas productivas mismas, y cómo se está desarrollando hoy. Solo a través de este marco podemos comprender lo que está sucediendo en nuestro mundo y, en particular, las cuatro crisis clave entrelazadas en los Estados Unidos: la pandemia o crisis de salud pública, la crisis ambiental, la crisis económica y la crisis política o de legitimidad.

Pandemia de COVID-19: al 15 de diciembre, hay casi 800,000 personas en los EE. UU. que han muerto a causa de COVID-19, tanto por la enfermedad como por la respuesta a la pandemia. No ha habido ninguna expansión de la salud pública durante la peor pandemia en 100 años en el país más rico de la historia de la humanidad. Mientras tanto, ante toda esta muerte, la vacuna Moderna, que tiene una efectividad del 94,1%, fue diseñada en dos días, y las primeras vacunas experimentales se enviaron dentro de las 6 semanas posteriores a la publicación de la secuencia genética del virus. La capacidad de diseñar una vacuna eficaz para esta nueva pandemia en dos días, es un ejemplo del nivel de fuerzas productivas que existe en la actualidad.

Desde principios de la pandemia, ha habido un debate sobre el acceso a las vacunas y los derechos de propiedad intelectual. Cuando la Universidad de Oxford anunció que crearía una vacuna abierta, la Fundación Gates intervino para presionar al equipo de Oxford para que vendiera su vacuna a AstraZeneca. Los derechos de propiedad intelectual constituyen el 90% de los activos del capitalismo digital actual. El último año y medio ha demostrado que defender los derechos de propiedad de los 600 multimillonarios en los Estados Unidos, y de los demás en todo el mundo, es más importante que la salud de miles de millones de personas. El resultado es un apartheid de las vacunas y cinco millones de muertos en el mundo por COVID-19.

Crisis ambiental: Los últimos diez años han sido los diez años más calurosos registrados en la historia de la humanidad. Debido al dióxido de carbono que emite la quema de combustibles fósiles, nos acercamos a 1,4 grados centígrados por encima del promedio de la sociedad preindustrializada. Si permitimos que este calentamiento alcance los 2 grados centígrados, los efectos serán tales que será imparable. Los resultados inmediatos no son sólo el calentamiento global y el aumento del nivel del mar, sino los incendios forestales que están consumiendo el oeste de EE.UU. y las inundaciones y mega tormentas que están ocurriendo en todo el sur y el medio oeste del país.

Sin embargo, las fuerzas productivas ya están disponibles para resolver esta crisis ambiental. Según la Asociación Internacional de Energía, la energía solar es ahora la electricidad más barata de la historia sin subsidios. Estados Unidos podría hacer la transición de los combustibles fósiles a la energía renovable en unos pocos años, si hubiera voluntad política para ello.

Crisis económica: en el informe más reciente sobre el crecimiento de la economía de EE. UU., El producto interno bruto fue peor de lo que predijeron los economistas, con un crecimiento trimestral del 2%, por debajo de lo previsto del 2,7%.

En agosto, 4,3 millones de estadounidenses -el 2,9% de la fuerza laboral- renunciaron a sus trabajos en lo que están llamando la “Gran Renuncia”. Algunos han dicho que se trata de una especie de huelga general, ya que se concentra especialmente entre los llamados “trabajos esenciales”, es decir, trabajadores y trabajadoras de bajos salarios que están enfermos y cansados ​​de la superexplotación, las condiciones de trabajo inhumanas y el peligro de COVID. Tanto los Republicanos como los Demócratas han cortado los beneficios por desempleo en un esfuerzo para obligar a la gente a volver a trabajar. En septiembre, más de 8 millones de estadounidenses perdieron sus beneficios por desempleo pandémico mientras sólo se crearon 194,000 nuevos empleos. En lugar de aumentar el salario mínimo a $15 por hora, brindar asistencia significativa para el cuidado de niños y niñas, transporte o eliminar otras barreras para que las personas vuelvan a trabajar, el sistema político se basa en amenazar a las personas con el hambre, la falta de vivienda y la muerte.

Además, se está avivando engañosamente el miedo a la inflación. Según un estudio reciente de Pew Research, el 93% del país está muy o algo preocupado por el aumento de los precios de los alimentos y los bienes de consumo. Se echa la culpa erróneamente a los programas sociales, diciendo que aumentan la inflación, para restar valor a proyectos de ley como la Build Back Better Act (BBBA, el Proyecto de Ley “Reconstruir Mejor”) y el proyecto de ley de infraestructura bipartidista. Sin embargo, la culpa de la inflación la tiene la crisis de la cadena de suministro. La cadena de suministro ya estirada se vio abrumada durante la pandemia por el auge del comercio electrónico, experimentando de 4 a 6 años de crecimiento en solo un año. Esta crisis tiene raíces que se remontan a la década de 1980 y al surgimiento de la producción “Justo a tiempo”, caracterizada por inventarios muy bajos y cadenas de suministro globales extendidas y frágiles, que no están diseñadas con ningún tipo de robustez o redundancia.

Las fábricas de Estados Unidos funcionan al 75% de su capacidad. Podrían funcionar al 100% de su capacidad si hubiera demanda y el gobierno pudiera satisfacer esa demanda. En respuesta a estas crisis, las corporaciones están aumentando la automatización, similar a la crisis de 2008: el mismo tipo de automatización que produce esta misma crisis.

Los multimillonarios estadounidenses se han enriquecido 2,1 billones de dólares durante la pandemia, y sus fortunas colectivas se han disparado en un 70%. Al mismo tiempo, las mayorías atraviesan algunos de los peores momentos de sus vidas.

Crisis de legitimidad: El sistema político no tiene soluciones para ninguna de estas crisis. No importa si elegimos a Republicanos o a Demócratas, o si los Demócratas controlan todo el Congreso y la presidencia. El sistema político está completamente controlado por los 600 multimillonarios, y no permitirán que nada se interponga entre ellos y sus fortunas. Esto significa que la gente está teniendo una profunda desilusión con el sistema de gobierno actual, desatando fuerzas como las que dirigieron la insurrección del pasado 6 de enero.

La situación política de EE.UU.

Esta desilusión y pérdida de legitimidad tenderá a crecer a medida que los demócratas demuestren que no quieren ni pueden cumplir sus promesas, incluso mientras controlan tanto el poder ejecutivo como el legislativo. Se han vencido el seguro de desempleo pandémico y las moratorias de desalojo, se han gastado los controles de estímulo, y la inflación inducida por la crisis de la cadena de suministro está estirando aún más los presupuestos familiares.

La Propuesta de Ley Build Back Better Act (BBBA), a pesar de no cumplir con lo que realmente se necesita para abordar las crisis expuestas anteriormente, sigue representando la agenda contra la pobreza más ambiciosa en décadas. La polarización dentro del Partido Demócrata, entre el ala reaccionaria representada por los senadores Manchin y Sinema por un lado y el Caucus Progresista del Congreso por el otro, ya ha reducido drásticamente la agenda y amenaza con hundirla por completo. El estancamiento dentro del Partido Demócrata ya ha quitado de la mesa los aumentos del salario mínimo y la enérgica defensa del derecho al voto. El impacto de la pandemia, que siguió a la presidencia de Trump, ha sacado a la plena vista las profundas brechas dentro del Partido Demócrata. Está la sección que está dispuesta a avanzar hacia las propuestas de la gente pobre y, en algunos casos, incluso a ser dirigida por él. Y está la otra sección que está completamente arraigada en un programa que sacrifica a la humanidad y al planeta por la riqueza de los multimillonarios. El poder de la facción conservadora del partido es muy visible en el hecho de que la segunda disposición más cara del BBBA son los recortes de impuestos que beneficiarán a los ricos.

El Partido Republicano, por otro lado, está completamente capturado por la extrema derecha. Sus principales patrocinadores son los capitalistas más pequeños, de extensión nacional, y las industrias extractivas (que siempre tienden al autoritarismo). Su estrategia política es continuar la “Estrategia Sureña” en la cual se pretende mantener el poder político a través de la táctica racial de “divide y vencerás” y la supresión de los derechos democráticos. Su base social más amplia se encuentra entre los estratos medios reaccionarios. Su retórica es demagogia, falso populismo, silbidos raciales y “guerra cultural”. Sus políticas económicas y sociales internas son principalmente una continuación de “agarrar el dinero y correr”. En este momento, el gran capital -Wall Street, las principales empresas de tecnología y los principales conglomerados de medios- tiene una preferencia por el Partido Demócrata y la reforma como el mejor camino de regreso a la legitimidad y la estabilidad relativa, como se ve en su amplia oposición a Trump en 2020. Pero si los Demócratas resultan incapaces de estabilizar la situación doméstica, o si siguen una política que apunta demasiado agresivamente a su riqueza y poder, el gran capital pronto podría encontrar el trumpismo cada vez más atractivo.

Sin embargo, por ahora, el gran capital de Estados Unidos considera que su mayor amenaza interna proviene de la derecha, no de la izquierda, y considera que grandes sectores de los 140 millones de personas pobres y de bajos ingresos son una fuerza potencialmente poderosa para usar como un garrote contra el reaccionismo. Un informe reciente de la Campaña de la Gente Pobre: Un Llamado Nacional para el Renacimiento Moral, Despertando al Gigante Dormido: Votantes Pobres y de Bajos Ingresos en las Elecciones de 2020, mostró que en 45 estados, los votantes pobres y de bajos ingresos representaron al menos el 20% de los votos. En los estados de campo de batalla, su porcentaje subió a más del 30-40% del total de votos emitidos. De estos, las y los votantes blancos pobres y de bajos ingresos representaron una proporción mayor que todas las demás categorías raciales combinadas. El informe se suma al largo rastro de evidencia histórica que testifica que las urnas son un instrumento esencial para forjar la unidad política y el liderazgo de la gente pobre y desposeída en los Estados Unidos. El ataque actual al derecho al voto y las elecciones, especialmente en el Sur, es un ataque a la capacidad de este movimiento multirracial de la gente pobre para construir y probar su poder. Cuando se arma con organización, cuando se une en torno a una agenda compartida y cuando se es apoyado por un liderazgo inteligente y desinteresado, esta clase puede aprovechar las crecientes polarizaciones en la sociedad para establecerse como elemento de vanguardia de un amplio movimiento contra las fuerzas que acaparan y hacen mal uso de la riqueza y abundancia de nuestra sociedad.

Tareas de la Universidad de los Pobres

El último número de nuestra revista trata de “hacer de la lucha una escuela”. Elegimos ese tema porque es lo que significa ser dirigente revolucionario en estos tiempos. El poder para la gente pobre -la reorganización de la política y el poder del estado bajo el liderazgo de la gente pobre y desposeída- no está directamente sobre la mesa hoy. Ponerlo sobre la mesa significa sembrar las semillas de la capacidad, la unidad, la asertividad y la agresividad que permitirá que 140 millones de pobres se muevan en conjunto. Estamos en una lucha por los corazones, las mentes, los cuerpos y las almas de las personas que son dirigentes y revolucionarias, incluso si aún no lo saben. En estas condiciones, las personas dirigentes tienen que ser educadoras y predicadoras.

Algunas de las lecciones que la gente pobre y desposeída tienen que aprender, y aprender de su propia experiencia en la lucha, son: que la escasez es una mentira; que pueden y deben trabajar en unión; que nadie vendrá a salvarles; que es necesario un cambio fundamental y sólo es posible a través de su poder colectivo. Tienen que aprender quién es el enemigo; cómo construir poder a través de la organización; cómo forjar la unidad en la diversidad; cómo ejercer el poder político y la autoridad moral; y distinguir al amigo del enemigo. Tienen que aprender a atraer a su lado -de la actual desintegración y polarización de las viejas instituciones- todo lo vivo, vibrante y opuesto a la muerte espiritual, el canibalismo social y la parálisis política de esta época.

El 18 de junio de 2022, la Asamblea General de Gente Pobre y Trabajadores de Bajos Ingresos y la Marcha Moral en Washington, puede ser una escuela viva para aprender y enseñar estas lecciones. La movilización trata de demostrar que la gente pobre y desposeída, como clase, puede ser una fuerza política nacional significativa, uniéndose en torno a una visión amplia, ambiciosa y profundamente moral para el futuro del país, a través de divisiones raciales, geográficas y de todo tipo de diferencia. Es un intento de establecer un polo político independiente, bajo la bandera del programa de la gente pobre, para toda persona que se oponga a los Republicanos reaccionarios y los Demócratas de brazos cruzados.

Esta gran movilización atraerá a verdaderos amigos, junto con lobos con piel de oveja; fuerzas que quieren unirse al movimiento de la gente pobre y fuerzas que quieren utilizarlo. Nuestra tarea es ayudar al movimiento a aprovecharlos todos al máximo. El 18 de junio, junto con la preparación y el seguimiento en cada estado, es una oportunidad para que las y los líderes ayuden al pueblo a aprender, de la experiencia, cómo emprender acciones políticas en conjunto; cómo llevar a su lado a quienes realmente pueden sumarse; y cómo utilizar a quienes planean utilizarlo. Es una oportunidad para que nosotros, como dirigentes, aprendamos, seamos probados y ensayados, nos organicemos en una coalición amplia, hagamos concesiones mientras mantenemos la independencia y la disciplina para nosotros y las demás personas, y para identificar y desarrollar otros dirigentes emergentes.

La formación de una red de dirigentes políticos de la gente pobre sólo puede llevarse a cabo en el proceso de lucha por la unidad política e ideológica, la independencia y el liderazgo de la gente pobre. Alentamos a la red de la Universidad de los Pobres a apreciar la importancia de la Campaña de la Gente Pobre y la movilización del 18 de junio como vehículo esencial para esa lucha a escala nacional, y actuar sobre esa base. Estas condiciones exigen que encontremos formas de fortalecer la formación política de nuestra red para este tipo de organización de campañas, que hasta ahora no ha sido un rasgo importante o foco de nuestro trabajo.

La Campaña de la Gente Pobre en relación a la gente pobre y desposeída hoy es el paralelo más cercano al Partido Republicano en el período previo a la Guerra Civil, en relación a las y los esclavizados; o el Partido Agricultor-Laboral en las décadas de 1920 y 1930, con relación al proletariado industrial. En los años previos a la Guerra Civil y durante la misma, el Partido Republicano interrumpió el sistema bipartidista imperante al convertirse en un vehículo electoral masivo para unir y promover los intereses de los esclavizados con una amplia coalición de fuerzas que también incluía a personas ex esclavizadas, abolicionistas, trabajadores y patrones industriales del norte y agricultores del medio oeste. En los años previos y posteriores a la Gran Depresión de la década de 1930, el Partido Agricultor-Laboral mostró un potencial no realizado de desempeñar un papel electoral y organizativo masivo similar para los pequeños agricultores y trabajadores industriales. Sin un vehículo electoral y organizativo de masas nacional y políticamente independiente, los levantamientos dispersos y las campañas organizativas de los trabajadores desempleados y empleados, los veteranos, los agricultores arrendatarios y los aparceros en todo Estados Unidos no pudieron hacer valer y asegurar sus intereses. Estas diversas fuerzas sociales, o fueron cooptadas en la Coalición de Roosevelt del New Deal del Partido Demócrata, o aplastadas bajo los talones de la facción sureña de los Dixiecrats.

La visión moral, las demandas y el liderazgo decidido de este proceso hoy tienen sus raíces en las luchas inmediatas de vida o muerte de la gente pobre y desposeída, y en las organizaciones forjadas a partir de las luchas puntuales en las comunidades. Estas organizaciones son fuentes básicas de poder y ​​direccionalidad para la Campaña de la Gente Pobre y cualquier otro esfuerzo que organice a la gente pobre y desposeída hacia ser una fuerza política consciente y poderosa. Las organizaciones son escuelas de lucha indispensables, de formación y de campo de pruebas para las personas revolucionarias potenciales que emergen de las filas de la gente pobre. Son vínculos clave, vínculos que deben fortalecerse cada vez más, entre una red de dirigentes y la totalidad de la gente pobre. La Universidad de los Pobres tiene que desarrollar nuestra capacidad para apoyar a estos dirigentes mientras luchan por construir y dar forma a estas organizaciones, y además capacitar y preparar a nuestra membresía para ese trabajo.

Ninguno de estos esfuerzos puede tener éxito sin cuadros, un grupo unido de líderes. El problema clave en todas y cada una de las áreas del trabajo político es la falta de líderes capacitados, calificados y eficaces. La demanda de cuadros para dirigir y guiar campañas y organizaciones es grande. La tarea de sincronizar la movilización y la organización, de combinar diferentes formas de organización y lucha en lugar de plantearlas en conflicto y competencia entre sí o tratarlas como procesos separados o desconectados, sólo puede ser llevada a cabo por líderes capacitados y probados. Hacen falta líderes con estas cualidades, en términos de calidad y cantidad. En 1902, V.I. Lenin describió una situación similar en el contexto del proceso revolucionario ruso, escribiendo:

“Nos falta gente, y gente hay muchísima. Hay infinidad de hombres porque tanto la clase obrera como sectores cada vez más diversos de la sociedad proporcionan año tras año, y en cantidad creciente, descontentos que desean protestar y que están dispuestos a contribuir cuanto puedan a la lucha contra el absolutismo, cuyo carácter insoportable no comprende aún todo el mundo, aunque masas cada día más vastas lo perciben más y más. Pero, al mismo tiempo, no hay hombres, porque no hay dirigentes, no hay jefes políticos, no hay talentos organizadores capaces de realizar una labor amplia y, a la vez, indivisible y armónica, que permita emplear todas las fuerzas, hasta las más insignificantes.”

Las personas que podrían ser dirigentes están ahí, y muchos ya están luchando y buscando organización. Estamos conociéndoles todos los días a través de nuestro trabajo. Para estar en condiciones de ayudar a desarrollar y formar a estas personas, conectarles entre sí, coordinar su actividad y prepararles para las demandas de estos tiempos, como se ha expuesto anteriormente, tenemos que intensificar nuestro trabajo de programas de estudios y el estudio de textos básicos y áreas básicas de educación y formación, sobre investigación, debate y discusión estratégica, resumen de experiencias y análisis concreto de la situación concreta.

Sabemos que se necesita profundamente una red de dirigentes para apoyar cada impulso organizativo, forma de organización y táctica de lucha de la gente pobre y desposeída, y para sincronizarles entre sí. Y sabemos que, al mismo tiempo, esos dirigentes sólo pueden emerger y forjarse a través de la lucha. Nuestra tarea es hacernos expertos en manejar estas relaciones en la práctica, en el transcurso del próximo período.

 

Fuente: Contrainformación

 https://kaosenlared.net/el-sistema-politico-mundial-esta-controlado-por-600-multimillonarios/