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domingo, 5 de septiembre de 2021

LA VIDA INTELECTUALIZADA

 


Publicado por Francisco Umpiérrez Sánchez

domingo, 5 de septiembre de 2021

 

Llevo unos 44 años dedicado a la actividad intelectual. Amo a la teoría. Amo a los conceptos y me gustan todas las esferas del saber. Siempre procuro estar al día. No ceso de comprar libros y no ceso de estudiar. Pero al mismo tiempo mi vida laboral se ha desenvuelto en el ámbito de la práctica económica y he desarrollado un afinado sentido práctico. Y en este ámbito también me gusta todo. Aquí estás obligado a mantener muchas relaciones sociales: con los propios compañeros de trabajo, con un buen puñado de proveedores de maquinarias y materias primas, con los bancos y sus gerentes de empresas y directores, y con una apreciable cantidad de clientes y sus jefes de compras y directores. La amistad se construye sobre bases muy distintas y sobre las relaciones de trabajo se construyen unas especiales relaciones de amistad. La amistad se mide por los resultados colectivos y no especialmente por las expresiones de sentimiento.

A mis compañeros de trabajo les digo que la bondad de una persona no se mide por su carácter, sino por su contribución al bien común. También les digo que la amistad que procura el bien común no se construye en las fiestas del personal, sino durante todos los días del año donde todos debemos luchar juntos. Tengo la suerte de sentirme muy apreciado, reconocido y querido por muchas personas del ámbito del trabajo. Yo combino dos aspectos en las relaciones de trabajo: por un lado, soy muy serio, muy disciplinado y muy exigente, y por otro lado, tengo un estilo cordial, alegre y divertido de relacionarme.

En las sociedades capitalistas la vida que se hace en las empresas es la más oculta. Tal vez sea porque en general la economía capitalista se concibe como una economía dirigida al consumo. Pero en general podemos decir que los seres humanos nos conocemos poco como productores y mucho como consumidores. Y hay personas que hacen juicios muy ligeros sobre otras personas sin conocerlas bien, sin saber cómo se desenvuelve su vida en la totalidad de las esferas sociales. Los intelectuales deberían reducir su soberbia y dejar de mirar a los demás por encima del hombro. Este es uno de los aspectos que más critica Michael J. Sandel en su libro La tiranía del mérito.

El mundo familiar y el mundo del consumo también me encantan. En este ámbito soy una persona corriente y rehúyo el comportamiento intelectual. Me gusta barrer, me gusta fregar el suelo, me gusta lavar la losa, me gusta ir de compras, me encantan los mercados y los supermercados, y me encanta cocinar. En todas esas actividades me siento grande e importante. Y en todas esas actividades, aunque las realizo solo, nunca me siento solo. Me siento totalmente integrado y me alimento todos los días de muchas relaciones a las que dedico pocos minutos. Pero me llenan y me dan alegría. Y aprendo muchas cosas. De todo el mundo aprendo. Y hablo de lo que habla todo el mundo y en el modo en que lo hacen. No me gusta sentirme diferenciado y especial. No me siento un bicho raro y en ese ámbito nadie sabe si yo realizo una actividad teórica o no lo hago. Y también en este ámbito soy igualmente muy querido y apreciado. Y me río mucho. Disfruto continuamente de la vida. De estas experiencias extraigo muchos materiales para mis reflexiones. No pierdo nunca el contacto con las distintas formas de la práctica social en las que participo. Me siento plenamente integrado.

Y cuando viajo a ciudades lejanas observo y estudio su diseño urbanístico y su arquitectura, en especial la de sus casos antiguos. Me levanto muy temprano. Quiero saber cómo funciona la ciudad, cómo se mueve la gente, cómo disfruta y cuál es su comportamiento cívico. Disfruto viendo las tiendas, los escaparates, la vestimenta y el calzado, y todos los artículos de artesanía. Siempre visito las basílicas y catedrales. Previamente he leído algunas notas sobre la historia de la ciudad, su nivel de población, su actividad cultural y el predominio en sus monumentos artísticos del renacimiento, del barroco o de otra cualquiera corriente artística. Visito sus jardines y contemplo las vistas de la ciudad. Y hago muchas fotografías de sus calles, de su luz, y del sinfín de escorzos que puedo apreciar. Aunque mi nivel de inglés no me acompaña, nunca me siento extraño en las ciudades que visito. En esos momentos, que es cuando más puedo desconectar de mi trabajo, me siento muy feliz. Disfruto muchísimo. Siempre llevo un libro, preferentemente de literatura, y una libreta donde hago algunas anotaciones que después transformo en reflexiones.

¿Qué es lo que no me gusta de los intelectuales? Muchas cosas, pero solo señalaré tres. Primera: que espiritualmente se consideren superiores a las personas que hacen una vida corriente. Una persona puede hacer una vida corriente y, sin embargo, puede hacer una vida más pletórica y más culta en su sentido amplio que una persona que trabaja como intelectual. Las personas que hacen una vida corriente también tienen sus conceptos y saben razonar, y en muchas ocasiones son muy certeros en descubrir la esencia de las cosas. Todo no son los libros y todo no es teoría y todo no hay que intelectualizarlo en el sentido en que lo entienden los intelectuales.

En mi ámbito de trabajo conozco al menos seis personas que empezaron a trabajar con dieciséis años, pero tienen tantas virtudes intelectuales que muy bien pudieron hacer cualquier carrera universitaria superior. Yo no ceso de decírselos. No tuvieron suerte. El contexto social no los ayudó. Pero los admiro y los aprecio con respeto. En el ámbito de la práctica me he encontrado con muchas personas que, a la hora de implementar nuevos programas, que afectan a la organización del trabajo, a la organización administrativa y al procesamiento de datos, son muy eficientes. Yo he sido muy importante y muy decisivo en la empresa; pero sin el grupo más inmediato que me rodea para llevar a la práctica todos mis ideaciones, no hubieran sido posible realizarlas. Yo reconozco sin ambigüedad alguna la decisiva importancia que tiene la interdependencia para que todo pueda funcionar, y que el resultado total es obra del colectivo de trabajadoras y trabajadores. Por cierto, en la empresa en que trabajo las mejores jefas son mujeres. Y mi forma de dirigir consiste de dar mucha autonomía y poder a los jefes de los distintos departamentos. Un tablero sostenido por muchos pies es más seguro y fiable que uno que solo se sostiene por un solo pie.

Segunda: los intelectuales quieren intelectualizarlo todo. Todo lo quieren ver a través de sus conceptos, que la mayoría de las veces son muy abstractos y distantes. Los intelectuales, y en esto copio a Lenin, llegan a la realidad de forma muy tortuosa. Se debe a que tienen muy poco desarrollado el sentido práctico Las personas que hacen una vida corriente te dan muchas lecciones de vida. Yo no me siento superior a ellos. Sé que yo me alimento de ellos y que necesito de ellos. Nada de mi vida, ni incluso mi vida intelectual, sería lo que es sin su concurso. Así que desde aquí mi gran y emotivo homenaje a todas las personas que llevan una vida corriente. Y les recuerdo a los atentos lectores que las personas corrientes, ya que la vida incluye muchos ámbitos, en muchos casos son globalmente mal cultas que muchas personas que trabajan como intelectuales.

Y tercera: La alienación. La alienación es una determinación objetiva de las relaciones mercantiles capitalistas. La alienación significa que las personas no controlamos de forma consciente las relaciones sociales que mantenemos entre nosotros. Un aspecto viene determinado por el dinero, que, siendo la expresión de la unidad social entre las personas, se presenta como una cosa; y el otro aspecto viene determinado por el mercado global capitalista sin que haya un Estado global. Cuando hablamos de la alienación de las masas, debemos saber que todos somos masas y que todos necesitamos alienarnos: la diversión y el entretenimiento, valga de ejemplo el fútbol, es una de las grandes formas de la alienación de masas. Muchos intelectuales creen que su conciencia les permite evitar la alienación y en ese sentido se siente diferentes y superiores a las grandes masas sociales. Pero esta concepción tiene dos errores: uno, que la alienación no se supera por medio de la conciencia individual ni por medio de la conciencia colectiva, sino modificando las relaciones económico sociales entre las personas, y dos, que todos formamos parte de las grandes masas sociales: desde que cualquier persona enciende su televisor, va de compras o sencillamente disfruta de una velada en un restaurante, está haciendo vida de masas.

 

Fuente: https://fcoumpierrezblogspotcom.blogspot.com/2021/09/la-vida-intelectualizada.html

 

 

viernes, 22 de junio de 2018

LA PIRÁMIDE INVERTIDA Y LA ECONOMÍA MORAL


 
La trinchera
22-06-2018

Todos hemos escuchado hablar de la “pirámide invertida” como uno de los tantos males que supuestamente desvirtúa nuestro desarrollo como una sociedad justa y socialista. Tanto en discursos ante la Asamblea Nacional o en una parada de la guagua, muchos son los que se refieren a la misma como una de los causantes del desincentivo al trabajo, por tanto de la baja productividad de la economía y de configurar una forma de redistribución de la riqueza social de forma injusta.

Para mayor simpleza de lo que aquí hablaré, tomo como punto de partida un ejemplo abstracto de solo dos trabajos: un maestro y un taxista (botero en la Habana de los de 10 CUP, por el día). Si bien la realidad es mucho más rica, es mucho más ilustrativo este ejemplo.

Un maestro cubano subsiste -decir que vive son palabras mayores- con un salario no mayor a 800 pesos mensuales (llevando muy bien a algunos). Mientras un taxista puede obtener en ese mismo mes ingresos hasta 3 veces superiores e incluso más -por no hablar ya del dueño del carro-.

Desde la idea de la “pirámide invertida” esto es una distribución injusta, pues esta idea toma como punto de partida el supuesto de que un maestro debería ser mejor remunerado que un taxista. Sin hacer juicios de valor sobre el mismo me gustaría introducir antes otra postura, la del sistema de relaciones económicas que imperan en la realidad cubana actual.

Este sistema de relaciones económicas se construyen en la cotidianidad, es un sistema a veces normado -organizado legalmente- y otras solo reconocido en la práctica informal de la vida del cubano, como es por ejemplo todo el mercado paralelo. Él determinará el reconocimiento real que se le dará al trabajo –legal o no-. Por otro lado, se pude decir que es el que impone la realidad de que un taxista viva con tres veces el salario de un maestro y -aunque muchos no lo quieran- son relaciones objetivas, pues cuentan con la validación efectiva de la gran mayoría.

Recuerdo hoy las protestas de muchos cuando se intentó normar el precio tope de los taxistas de La Habana, las que desde los propios taxistas hasta los mismos que ven caro el pasaje de 10 CUP. Puede verse caro, pero lo reconocen como racional para unas ciertas condiciones. La sociedad esta reconociendo como válida esas relaciones, pues se reproducen de forma armónica en el día a día, la práctica las valida aunque exista más allá de esta un discurso que las condene.

No digo que no se reconozca la necesidad del aumento de salario de los maestros, pero ni la práctica lo valida, ni la sociedad ejerce presión real para su alcance. Por eso afirmo que el estatus actual de las relaciones económicas determina y acepta dicha desigualdad.

Volvamos ahora a la “pirámide invertida”, si la realidad y las condiciones están condicionando este tipo especifico de distribución ¿de dónde sale esta idea?

Existe un tópico muy viejo -inexacto en gran medida-, pero aplicable aquí, que dice algo parecido a: “la objetividad (o real), condiciona la subjetividad (la mente)”. Si seguimos esta idea, de que son las condiciones la que definen el pensar del hombre, entonces nos queda que nuestro pensamiento -o en este caso- nuestra moral, difiere de lo que como realidad objetiva ocurre. Digo nuestra moral porque ya vimos que nuestra práctica si esta en concordancia con las relaciones económicas existentes. Es decir, nuestra práctica social mal-reconoce el trabajo del maestro y moralmente lo condenamos.

Hay que entender entonces que esa idea-moral- no parte de nuestra propia realidad. Ni siquiera es una idea construida en los marcos del mal llamado “Construcción del Socialismo”, pues hasta ahora no existe en los marcos de esta construcción un esquema para valorar dicha desigualdad.

La supuesta violación de la ley de distribución socialista: “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo” es una postura que en sí no dice nada nuevo, ni está siendo violada en la actualidad cubana para este ejemplo. No dice nada nuevo porque en el Sistema de relaciones económicas del capitalismo, el capitalista exige del obrero toda su capacidad posible y le paga de forma aparente por su trabajo. Y en la actualidad cubana un taxista trabaja de acuerdo a sus capacidades y es retribuido en consonancia a su trabajo- a veces de hasta 12 horas- e igual pasa con el maestro con sus capacidades y trabajo. Solo que ese trabajo es socialmente menos valorado en nuestro sistema de relaciones económicas que las del botero. Verlo como algo incorrecto es solo una postura moral. Es una economía moral.

La idea de que es más justo que un maestro viva mucho mejor que un taxista es ante todo una construcción social importada. Piénsese un solo minuto que diferencia esta distinción de como se opera en cualquier lugar del mundo.

Podríamos decir que ese es el orden natural (maestros por encima de taxistas en la distribución y reconocimiento social), pero no existe nada más oportunista que la idea del “orden natural de las cosas” que fuerza a la gente al inmovilismo y el conformismo. No, esa es una construcción social de una realidad y relaciones económicas que entiende que un taxista en Brooklyn, posiblemente de tés oscura o latina no pueda vivir con las mismas condiciones de vida que un maestro de ese mismo lugar.

Es una construcción de nuestra moral que traemos de paradigmas extranjeros, de los paradigmas con que un día decidimos romper. Tratamos de aplicar a una realidad diferente como la nuestra, los cánones de justicias e igualdad de una sociedad que nos es ajena, en gran medida es un intento de asemejarnos a aquellos que no somos y pregonamos que no queremos ser.

Yo no vengo aquí a defender ni atacar una “pirámide invertida” que no es más que una construcción en nuestra mente del cómo debería ser una sociedad que nunca hemos visto y que tristemente parte (la pirámide) de la sociedad que decimos alejarnos.

La idea de la pirámide invertida es en sí misma totalmente ajena a lo que debería ser una construcción socialista. La misma reconoce que nuestra sociedad está estructurada de forma vertical- piramidal en este caso- con unos arriba y otros abajo. Socialmente –moralmente- algunos entienden que en la distribución actual el quién está arriba y quién abajo está mal y hay que cambiarlo. Esta lógica simplemente olvida que no importa cómo se distribuya una pirámide, siempre hay algunos que les tocará estar en la base. Es un reconocimiento implícito a una estructura social desigual, que no importa cómo se organice siempre tendrá algunos viviendo arriba y otros subsistiendo abajo.

Es triste ver como esa idea absurda de la “pirámide invertida” es impulsada por los que sin importar como se organice la pirámide siempre estarán arriba.

Yo no sé cómo es un sistema socialista, no puedo pues nunca lo he visto, ni cómo será su organización social y distribución de la riqueza, lo que sí sé es que nada tendrá que ver con moralismos importados, ni con pirámides sociales. Seguimos arrastrando la idea de una sociedad vertical que asume el capitalismo. Nuestro problema no es un reconocimiento de la actividad humana invertido, sino que se reconoce mal a algunos sectores sociales. ¿No se ve que definir el problema en términos de pirámide al revés lleva implícito un llamado interno a la lucha de clases?



viernes, 26 de mayo de 2017

RELACIONES DE PRODUCCIÓN Y FUERZAS PRODUCTIVAS (PEQUEÑA VALORACIÓN CRÍTICA DE UN TEXTO DE JAMES O´CONNOR)




viernes, 26 de mayo de 2017

Juan Sebastián, un seguidor de mi blog, me solicitó que leyera un texto de James O´Connor, titulado La condiciones de producción. Por un marxismo ecológico. Una introducción teórica, y que hiciera una valoración teórica. Aclaro primero algunas cuestiones teóricas. Cualquier objeto o situación objetiva es una totalidad compuesta de muchas partes y relaciones con terceros. Cada una de estas partes y relaciones es un abstracto. Hablar de forma concreta es hablar de un objeto incluyendo en el análisis un número determinado de partes y relaciones. Hay otro concepto de abstracto al que llamamos general abstracto o sintético general que se produce cuando un número determinado de cosas distintas las llamamos con un nombre común. Les pongo un ejemplo que va al caso. ¿Qué son las relaciones de producción? Hay marxistas y teóricos que responden de un modo general y afirman: las relaciones que mantienen las personas en la producción. Es obvio que esta respuesta es muy general. Si fuéramos más concretos y profundos, afirmaríamos con Marx que todas las categorías económicas son expresiones de relaciones económicas o relaciones de producción. Así el dinero, el capital constante, el capital variable, el capital fijo, el capital circulante, el capital industrial, el capital comercial, el interés, la renta, el beneficio, los dividendos, los impuestos, los seguros, los futuros, los dividendos, el crédito, los bonos, las letras del tesoro y el resto de las formas de existencia del valor son distintas manifestaciones particulares de las relaciones de producción  entre las personas. Quienes hablan de las relaciones de producción sin entrar en detalles, se mueven en el ámbito del pensamiento sintético general; mientras que quienes hablan del resto de las categorías económicas mencionadas anteriormente se mueven en el ámbito del pensamiento analítico concreto.


¿Qué impresión he tenido cuando he leído el texto de James O´Connor? La de inmenso vacío.  James O´Connor piensa con conceptos sintéticos generales y rehúye los conceptos analíticos concretos. Si alguien solo sabe pensar con conceptos sintéticos generales, en verdad no sabe pensar, si por pensar entendemos alguien que agarra la realidad por medio de conceptos. Con pensadores así no se sabe a ciencia cierta de qué se está hablando en concreto, puesto que al pensar solo con categorías sintético generales se produce una ruptura con el mundo de la sensibilidad, de la práctica, de lo particular. El mundo capitalista actual es muy grande, muy diverso en términos nacionales y en términos de regiones económicas, y muy complejo en todos sus ámbitos.  De ahí que querer representarse el mundo capitalista actual con las categorías “relaciones de producción” y “fuerzas productivas” es un ejercicio baldío. El mundo complejo exige análisis de los detalles, de los matices, de las transiciones. Y el pensamiento sintético general es todo lo contrario a esa exigencia.  Y ese es el método de pensamiento que emplea James O´Connor.

Les trascribo un fragmento del texto de James O´Connor: “Este artículo parte de la teoría tradicional marxista de la contradicción entre las fuerzas y las relaciones de producción. Según el marxismo tradicional, el exceso de producción de capital desemboca en la crisis económica, y en un proceso de reestructuración de las fuerzas productivas  y de las relaciones de producción provocados  por las crisis hacia formas sociales más transparentes y por lo tanto potencialmente más socialistas. Este punto de partida lleva a una nueva teoría “marxista ecológica” sobre la contradicción entre las fuerzas y las relaciones de producción capitalistas y las condiciones de producción. Entendemos que la causa de la crisis económica es la falta (y no el exceso) de producción de capital, lo que conduce a un proceso de reestructuración de las condiciones de producción y de las relaciones sociales hacia formas más transparentes y, por tanto, potencialmente socialistas”.  Más adelante insiste en lo mismo con la apariencia de una mayor concreción: “La forma específica (de las contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción) es la contradicción entre la producción y la realización del valor y la plusvalía, o entre la producción y la circulación del capital”. No transcribiré más ideas de James O´Connor. Quien quiera más detalles, que lea el artículo.  

En el 2008 se desató una crisis económica que desestabilizó a la economía mundial y que se reflejó fundamentalmente en el sector financiero. Aunque las finanzas tienen que ver con todo, en este caso tuvo que ver muy específicamente con el sector inmobiliario. Sabemos que los créditos permiten a sus perceptores representar una demanda superior a la que tienen. Si dichos receptores de préstamo pueden hacer frente a sus obligaciones como prestatarios, todo va bien. Pero si no pueden hacerlo y el número de prestatarios se cuenta por millones, entonces inevitablemente se produce una crisis financiera. Máxime sabiéndose que los créditos al crear un aumento desmesurado de la demanda, generan un incremento de los precios de los inmuebles y distorsiona “la racionalidad” del mercado.  Todos conocemos un sinfín de detalles de esa crisis. Yo he aportado alguno de los que considero elementales. Y fue, como no podía ser de otro modo, una crisis capitalista. La pregunta a formular ahora sería lo siguiente: ¿Qué aporta al conocimiento de esta crisis las afirmaciones del supuesto marxismo del que habla James O´Connor? Respondo: absolutamente nada. La crisis financiera de 2008 no puede explicarse como una contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, tampoco puede explicarse como un exceso de producción de capital, como tampoco puede explicarse como un problema de irrealización del valor y de la plusvalía. La clave en todo esto está en que lo particular no puede explicarse con generalidades. Lo general proviene de lo particular. Así que bajo el punto de vista de la teoría del conocimiento marxista primero tendríamos que analizar esta crisis en particular para después ver qué podemos generalizar.

Sigamos: El Capital pasa por ser la obra cumbre del marxismo. Es una teoría económica sobre el capitalismo. Hagámonos la siguiente pregunta: ¿En el índice de El Capital hay algún capítulo o sección que lleve por nombre “Las relaciones de producción” o “las fuerzas productivas”? Respuesta rotunda: no. Entonces ¿por qué se usan esos conceptos como conceptos básicos del pensamiento económico marxista? Por la influencia de Althusser en el pensamiento marxista. Althusser convirtió una parte  del prólogo de la Contribución de la Crítica de la Economía Política en la quintaesencia del pensamiento de Marx. En ese prólogo es donde podemos leer “Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas productoras de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Entonces se abre una era de revolución social”. Esta idea está bien, como el resto de las que se encuentran en dicho prólogo, pero como resulta evidente no pueden valer como sustitutos de toda la riqueza contenida en El Capital ni tampoco como su síntesis general. Tampoco puede servir como sustituta de la propia obra prologada, esto es, de la Contribución a la Crítica de la Economía Política. Pero estos autores, Althusser y en nuestro caso James O´Connor, han tomado estas ideas sintéticas generales como mecanismo conceptuales para explicarlo todo. Y de ahí proviene el vacío y las oscuridades conceptuales en sus análisis.

Examinemos no obstante lo que dice Marx sobre la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción según la experiencia de las naciones del mundo durante el siglo XX y los años que llevamos del siglo XXI.  ¿En qué experiencias las relaciones de producción se han mostrado como una traba del desarrollo de las fuerzas productivas? Pues justamente en la experiencia de la economía soviética, donde se suspendieron las relaciones mercantiles monetarias, esto es, donde se suspendió el mercado y se pensó que un plan centralizado podía abarcar todas las necesidades de la producción y el consumo.  Y esta experiencia de la economía soviética alcanzó a todos los países socialistas del Este de Europa y a China. Ahora surge una pregunta: ¿Cómo es posible entonces que James O´Connor hablando del conflicto entre relaciones de producción y fuerzas productivas no hable de una experiencia tan importante bajo el punto de vista de la historia universal, y más específicamente bajo el punto de vista de la historia del socialismo, como ha sido la experiencia del modelo soviético de desarrollo del socialismo? No hay otra respuesta que esta: su pensamiento está tan dominado por el pensamiento generalista, por los conceptos sintéticos generales, que no ve a la realidad como un factor clave del pensamiento.

Pero hay otra idea importante en el prólogo reseñado y que debemos recordar: “Una sociedad no desaparece nunca antes de que sean desarrolladas todas las fuerzas productoras que pueda contener, y las relaciones de producción nuevas y superiores no se sustituyen jamás en ella antes de que las condiciones materiales de existencia de esas relaciones hayan sido incubadas en el seno mismo de la vieja sociedad”. Dos ideas fundamentales: una, una sociedad no desparece nunca antes de que sean desarrolladas todas las fuerzas productivas que puede contener, y dos, primero se tienen que incubar las condiciones materiales de existencia del socialismo o una parte de ellas para después poder establecer las relaciones socialistas de producción. La globalización, que es una nueva fase de desarrollo del capitalismo, está demostrando que todavía bajo las relaciones de producción capitalistas las fuerzas  productivas pueden seguir desarrollándose y de una manera prodigiosa. Esta posibilidad está determinada porque una gran parte del mundo vive bajo condiciones severas de atraso económico y bajo la presencia aún de relaciones feudales. El auge de la religión islámica y su utilización política nos revela justamente la presencia del feudalismo en el mundo moderno. El mundo multipolar, un mundo que jamás pudieron imaginar Marx y Engels, hace que la historia no se desenvuelva tan recta y racional como se pensaba en la época en la que vivieron los dos grandes líderes del movimiento socialista mundial.

¿No hay otra opción que resignarse ante el fortalecimiento de las relaciones capitalistas en el mundo actual? Al formular la pregunta así, la respuesta tiende a surcar el terreno del subjetivismo y del voluntarismo. Esa es la base de que un sector de la izquierda radical, aquejada de atraso cultural e ideológico, abrace el populismo. Hay que ser materialista. Por lo tanto, lo primero que hay que hacer es hablar de lo que existe y no de los deseos. Marx y Engels pensaron en su momento que el socialismo estaba más cerca de lo que en realidad ha estado. Para que el socialismo se manifestara como un fenómeno histórico universal, Marx y Engels creían que el socialismo se tenía que producir de un modo simultáneo en los países capitalistas más avanzados del mundo, que para aquel entonces eran Inglaterra, Alemania, Francia y EEUU. En este sentido la posibilidad del socialismo como un fenómeno histórico universal sigue estando hoy día condicionada por la misma premisa. No obstante, si atendemos al peso de la economía pública en la economía nacional, es en la vieja Europa donde el socialismo tiene mayor grado de realidad.  Políticamente en la vieja Europa no se está tan cerca del socialismo, pero económicamente sí lo está. Pero como la política es tan cegadora, la izquierda radical europea sigue mirando fuera de Europa el futuro del socialismo mundial. Y se equivoca.


James O´Connor habla de las condiciones de producción como un concepto especial que nos facilitaría la idea de un marxismo ecológico. Las condiciones de producción es un aspecto de las fuerzas productivas. El estado de la naturaleza, de las infraestructuras, del sistema de enseñanza y del sistema sanitario son las condiciones fundamentales de la producción. Pero el concepto de fuerza productiva del trabajo no se puede formular sin atender a dichas condiciones de producción. Pero yo creo que el problema teórico de fondo que hay en el pensamiento de James O´Connor no está en saber si el concepto de condiciones de producción puede ser clave para definir un marxismo ecológico, sino que los conceptos que emplea para pensar y hablar del mundo son en términos epistemológicos de carácter sintético general.  Los conceptos de relaciones de producción y fuerzas productivas en su expresión sintético general no sirven para pensar el mundo en su concreción y, por tanto, no contribuyen a crear una conciencia transformadora.