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jueves, 27 de abril de 2023

NUEVA HUMANIDAD: MASA Y DONDE SE CREA UNA NUEVA HUMANIDAD

 


Nueva Humanidad (2-3)

 

MASA Y HUMANIDAD

 

UNO

MASA

 

Al fin de la batalla,

y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre

y le dijo: “¡No mueras, te amo tanto!”

Pero el cadáver, ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:

“No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!”

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,

clamando: “Tanto amor, y no poder nada contra

la muerte!”

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,

con un ruego común: “¡Quédate hermano!”

Pero el cadáver, ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra

le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;

incorporóse lentamente,

abrazó al primer hombre; echóse andar...

CÉSAR VALLEJO

10 de noviembre de 1937

En ESPAÑA, APARTA DE MÍ ESTE CÁLIZ

 

DOS

DONDE SE CREA

UNA NUEVA HUMANIDAD

Danilo Sánchez Lihón

Si hay un dogma, y si acaso tiene dogmas, el Evangelio Vallejo, aquel es el siguiente: «Todos los hombres».

Donde se invierte el orden del mundo. Ya no es uno para todos sino todos para uno.

No es que tengo que acomodarme a la masa, sino que la masa humana tiene que acomodarse a la persona única, libre y concreta.

Es un portento que todos los hombres coincidan en amar y unirse para salvar a alguien, a uno y con él a todos.

Es la utopía moral más extraordinaria y absoluta, jamás expuesta, ni imaginada siquiera, más aún cuando por ello se entrega la vida, como él inmolara la suya.

Como extraordinario es el llamado, cual es: ¡Que ninguno falte! ¡O falle!

Donde todos están presentes, no para beneficiarse con una prebenda ni recibir una pitanza. No para ganarse algo, sino para salvar a un ser humano. Y a uno solo. Este es aquí el rayo fulgurante,

2. Ninguno es más que otro

Todos los hombres para salvar a uno solo es un himno y una epifanía milagrosa, que era moral imaginarlo al menos. Y morir por ello, como lo hizo Vallejo.

En donde todos aman a un hombre que está muriendo, pero que el amor lo ataja, lo suspende y lo iza otra vez a la vida.

Que es un guerrero muerto en la batalla, que es la vida. Donde todos estamos unidos en un ruego común.

Enlazados en un solo deseo, cual es: salvar a un solo manojo de nervios y tejidos, de huesos y alma, como somos individualmente cada uno de nosotros.

Todos amando al unísono. No es que son amados, sino que aman.

Todos son los que se conmueven, los que son tocados por el mismo sentimiento, por la misma devoción y por el mismo amor: el amor fraternal.

3. Se terminaron los odios

Todos están al mismo nivel: son masa, colectivo, sociedad. Ninguno es más que otro. El único que está al centro y solo es el que padece, en quien se ensaña la muerte, y que es el sacramento encarnado por revivir y salvar.

Para lo cual hay la solidaridad unánime de todos, que pronto lo hace libre y resucita. Se abraza al primer hombre y echa a andar.

Y, por ser así, este es el fin de la batalla decisiva, de la madre de las batallas, del símbolo de las disputas, de la batalla final. Y eso constituye otro milagro, que se acabaron las guerras.

Es el fin de la historia del hombre como una secuencia de enconos y peleas.

Llegó a su fin el tiempo de los enfrentamientos, la historia luctuosa de pugnas, rivalidades y reyertas de hermanos contra hermanos.

Con esta batalla se terminaron los odios, las confrontaciones, los odios. Ya no cabrán matanzas entre los seres humanos.


 

4. Donde se crea una nueva humanidad

Porque si continuaran los enfrentamientos no concurrirían todos los hombres de la tierra a pedir a un combatiente en un ruego común: «quédate, hermano».

Se logra la paz entre todos los hombres de la tierra, donde ya jamás habrá enconos ni rivalidades. ¿Cómo? Con la solidaridad unánime, absoluta y total. Cuando todos los hombres se acercan con un ruego común: "Quédate, hermano".

Han cesado las hostilidades y entre todos los hombres juntos reina la hermandad.

Cuando todos concurren a salvar a aquel que es la representación de todos, a quien rinden el honor del cariño, de la pleitesía y el amor.

Y el anhelo de que se quede entre nosotros para siempre. Ese es el milagro.

Donde yace, ya no el cadáver sino el acto sacramental del hombre redimido y emocionado que abraza al primer hombre y se echa a andar, creando una nueva humanidad.

 

de: Milton Sanchez <mbcdj122@aol.com>

responder a: Milton Sanchez <mbcdj122@aol.com>

fecha: 25 nov 2022, 16:11

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COLECTIVO PERÚ INTEGRAL

27 de abril 2023

 

jueves, 30 de agosto de 2012

JUAN GONZALO, TROVADOR Y COMBATIENTE



Danilo Sánchez Lihón



“La verdad es siempre bella;
y la belleza, para serlo,
tiene que ser verdadera”

Juan Gonzalo Rose

1.

– Don José, usted como maestro debe comprender que si su hijo se ha atrevido a golpear físicamente al Auxiliar de Disciplina del colegio la expulsión está bien aplicada.

– Él ha actuado en defensa de un compañero que estaba siendo apaleado por el auxiliar. Era natural que lo defienda, sino: ¿cómo hablar entonces de compañerismo y solidaridad?

– ¿Puede quedar sin castigo ante los ojos de los demás alumnos un acto de violencia en contra del Auxiliar?

– Al expulsarlo el mensaje que estamos dando es: ¡si ven maltratar a un compañero sean indiferentes! ¡Y quédense con los brazos cruzados!

– Lo que no podemos permitir es que un alumno agreda a un Auxiliar.

– Es mi hijo quien tiene heridas y moretones. ¡Y no el auxiliar!

– No se trata de quién tiene las heridas sino que un alumno no puede arremeter a golpes contra quien representa la autoridad en el plantel escolar.

2.

– Yo, señor director, lo primero que hice fue invocar al Auxiliar para que no siga pegando al compañero, con la saña con que lo venía haciendo. Y en represalia quiso ser más cruel todavía.

– ¿Y por eso arremetiste a golpes con él?

– Traté de cogerle el palo y ahí fue que forcejeó conmigo.

– Don José, lo apreciamos mucho a usted y a su señora esposa, la profesora Jesús, pero la decisión ya ha sido tomada y es inapelable. A su hijo se le ha expulsado del colegio.

– ¿Acaso él es malo, insolente, malcriado? ¡Es un alumno que tiene notas excelentes! Expulsarlo significa quedarse sin estudiar la Educación Secundaria o tener que abandonar Tacna.

– Eso tú, jovencito, debiste pensarlo antes de atreverte a levantar la mano a quien representa la autoridad. Pues bien, como dice tu papá, tendrás que dejar de estudiar o tendrás que irte de Tacna.

3.

Tengo en el alma una baranda en sombras.
A ella diariamente me asomo, matutino,
a preguntar si no ha llegado carta;
y cuántas veces
la tristeza celebra con mi rostro
sus óperas de nada.

Una carta.

Que me escriba una carta quien me hizo
los ojos negros y la letra gótica,
que me escriba una carta aquella amiga
analfabeta de pasión cristiana;
duraznos de mi tierra: que me escriban,
vientos los de mi rambla: que me escriban,
y redacte una carta pequeñita
mi hermana abecedaria y pensativa.



4.

Muertos los de mi infancia
que se fueron
dormidos entre el humo de las flores,
novias que se marcharon
bajo un farol diciendo eternidades,
amigos hasta el vino torturado:
¿no hay una carta para Juan Gonzalo?

Si no fuera poeta, ex presidiario,
extranjero hasta el colmo de la gracia,
descubridor de calles en la noche,
coleccionista de apellidos pálidos,
quisiera ser cartero de los tristes
para que ellos bendigan mis zapatos.

El día que me muera —¿en una piedra?—,
el día que navegue —¿en una cama?—,
desgarren mi camisa y en el pecho,
¡manos sobrevivientes que me amaron!,
entierren una carta.


5.

Así Juan Gonzalo Rose a los trece años de edad perdió lo mejor que tenía: su infancia, su hogar, su Tacna querida, la paz rural y campestre, sus amigos, la vida en unión a la gente sencilla con la cual compartía, pero sobre todo abandona su pertenencia a un espacio feliz y de libertad, puesto que como él lo ha referido, era imprecisable en Tacna los límites de la ciudad con el arenal y el de la tierra con el cielo y el mar.

Ha dejado escrito cómo los mejores años de su vida fueron en Tacna. Por eso en Juan Gonzalo su cariño e identificación con esa ciudad limítrofe fueron totales y con ello su emoción de patria y de identificación con el Perú de manera honda, conmovedora y comprometida siendo uno de los pocos poetas de su generación que escribió poesía patriótica.

Y quien más exaltó este concepto de patria, de origen, de la heredad y del terruño que nos vio nacer. Y es que le tocó vivir en Tacna en momentos en que esta provincia regresaba al Perú después de 50 años de cautiverio en manos chilenas.

6.

Morirse en el destierro:
eso es morirse.

Dime, Helmo:
¿no te ha quedado grande la mortaja?,
¿no te aprieta el cajón, como si fuese
un zapato prestado?,
la tierra en la que duermes
¿no transpira
sabor a pan ajeno?,
tu propio cementerio,
¿no te parece acaso hotel macabro,
y tú el desconocido pasajero?
¿Qué muerto te ha brindado una sonrisa
bajo la parla azul de los helechos?,
¿acaso no son ellos
los que jalan la manta del silencio,
mientras te quedas solo, y tiritando
la fragancia peruana de tus huesos?

Morirse en el destierro
eso es morirse.


7.

De allí que él dio siempre como su lugar de nacimiento a la ciudad de Tacna, pese a que no lo era, según ha revelado su hermana María Teresa, diciendo que él nació en Lima el 10 de enero del año 1927, y no el 28, cerca del Jardín Botánico, en Barrios Altos.

Y que, muy tierno, recién al año y medio, fue trasladado a Tacna, adonde fueron sus padres en búsqueda de trabajo como maestros.

Sin embargo, él jamás reveló esta situación, aunque lo sabía, porque ahora que se ha hecho evidente recaemos en unos versos suyos que lo explicitan y pueden ser tomados como biográficos y que antes tenían un valor figurado.

La consideró, sin una sola grieta de duda, su tierra de nacimiento porque la amaba entrañablemente, se identificaba con ella y expresó alguna vez que solo en su infancia y en su Tacna natal fue feliz, pero también por su fe en el Perú, por su emoción social y por su identificación a las causas nobles de la vida.

Es entonces un poeta tacneño por antonomasia, porque él siempre lo quiso así y se inclinó a firmarlo en todas los formularios y cédulas. Y porque Tacna se siente profundamente identificada con él. De allí que perder su infancia y a Tacna fue para él una desgracia.

8.

Roto ha de estar, supongo,
el vaso cojo de mi antigua casa.
¡Cómo ha podido contener, él solo,
el agua toda que bebí en mi infancia!

Alguna mano familiar y amiga
debió romperlo —una tarde, acaso—,
y toda el agua de mi infancia rota
cayó en mi alma, viuda de ese vaso.

No lo neguéis (mamá, no ha sido adrede):
desde aquí estoy viendo,
parado y solo en terraplén extraño,
el agua de mi infancia derramada.

Así como yo cuido mi corazón, cuidadme
los amados objetos de ese reino
que edifiqué con risa ya llorada.



9.

Por ser de Tacna tenía muy honda la espada del sentimiento de patria en el pecho. Por ser de Tacna supo lo que es la sencillez, lo simple y lo auténtico. Por ser de Tacna supo apreciar la naturaleza, un jardín, un rosal.

Por ser de Tacna tuvo la lucidez y la conciencia abierta al mundo, libre y sin atajos, porque lo rodeó el arenal y el mar que propician el pensar con libertad.

Por ser de Tacna su pensamiento y su alma sabían que era frontera, que más allá de él todo era silencio.

Él tiene emoción de tierra y emoción de patria, de identidad y de pertenencia por Tacna.

Quiero resaltar este hecho: Juan Gonzalo por esa identidad tacneña ha escrito poesía patriótica, histórica y heroica. De emoción por el Perú y su destino.

10.

¿De dónde venía esa inspiración y ese compromiso? Él mismo ha contado que la recoge del maestro Omar Zilbert Salas en esta evocación que hace de él en una nota que tituló: Omar Zilbert y su batalla, nos dice:

“Más ninguna de sus palabras serán tan hermosas para mí como esas, las que solía escucharle en el trípode desvencijado de una puerta tacneña, porque ellas me alzaban sobre las crestas de los cerros, sobre la hilera de los volcanes espejeantes y me hundían en el amaneciente corazón de mi tiempo:

Los que pelearon de noche
muertos en la madrugada,
hortelanos, capitanes,
costureras, estudiantes,
jornaleros y docentes,
padres de la patria honrada
regresarán algún día
camarada.


11.

Y Juan Gonzalo escribió poemas como el dedicado al Almirante Miguel Grau: “Por el mar libre”, musicalizado con ritmo de tondero por Víctor Merino.

Por el mar libre va un caballero,
toda la patria viaja con él
Grau se apellida nuestro guerrero
para su pueblo sólo Miguel.

Por sus hazañas, por sus bondades,
fue bautizado Grau, caballero.

Era el Huáscar su cuartel,
fue solitario como un lucero,
como el fantasma de los incendios,
como un Quijote del cielo.

Por el mar libre va don Miguel
y el mar es libre gracias a él.


12.

Trasladado a Lima y matriculado en el Colegio Claretiano un cura español dicta su clase de historia proclamando de esta manera:

– Ahora tenemos en España alguien que representa la mano de Dios, a un buen gobernante que ha librado a España de manos de los ateos comunista.

– Disculpe, padre, pero Francisco Franco no es un gobernante legítimo sino un golpista y dictador, que derrocó al gobierno democrático y legítimamente constituido de la República contando con la ayuda de nacistas y fascistas para instaurar un gobierno retrógrado.

–¿Es usted español para opinar, como yo lo soy?

– ¿Podrán opinar los millones de españoles asesinados por Franco que bombardeó a la población civil en Guernica, Durango, Irún? Podrán opinar españoles egregios como los poetas Federico García Lorca y Miguel Hernández muertos a mansalva?

– ¡Es usted un comunista!

– ¡Y Franco un asesino!

13.

Resultado, fue expulsado del Colegio Claretiano.

Pasó a estudiar en el Colegio José María Eguren de Barranco adonde su padre fue nombrado director y de donde egresó el año 1944. Luego ingresó a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en 1945. Tenía 17 años.

Pero pronto se instala en el gobierno la feroz dictadura del general Manuel A. Odría y él saldría desterrado a México. Resultó así no solo interrumpiendo sus estudios en San Marcos sino siendo expulsado del Perú hacia el destierro.

Eso hizo que él fuera un ser que miraba desde más lejos y de manera más amplia, desde más arriba y de manera más sabia, desde más al fondo y de manera más dolida. De allí que él viera más allá de las apariencias, de una manera más sutil y compleja, que como un brujo o un vidente se adelantaba a los hechos.

Pero era un ser tímido, incapaz de hablar con quien no conociera, ni siquiera podía dirigirle la palabra; pero cuando era sincero su inteligencia y su palabra eran cuchillos o flechas con una velocidad asombrosa para captar el sentido de las cosas y devolverlas hechas dardo, anatema o dicterio. Pero todo eso cuando estaba con amigos y personas de confianza aquellas con las cuales departía. Si no eran eso la actitud que dominaba en él era el silencio.

14.

Su poesía de amor es un paseo por una ciudad florida, lenta y calmada un día domingo en que salen los niños y los enamorados. Y son más luminosos los seres, las cosas y la naturaleza:

MARISEL

Yo recuerdo que tú eras como la primavera trizada de las rosas
y como las palabras que los niños musitan
sonriendo en sus sueños.

Yo recuerdo que tú eras
como el agua que beben silenciosos los ciegos,
o como la saliva de las aves
cuando el amor las tumba de gozo en los aleros.

En la última arena de la tarde tendrías
agobiado de gracia tu cuerpo de gacela
y la noche arribaba a tu pecho desnudo
como aborda la lluvia los navíos de vela.

Y ahora, Marisel, la vida pasa
sin que ningún instante nos traiga la alegría.....

Ha debido morirse con nosotros el tiempo,
o has debido quererme como yo te quería.



15.

Pudoroso pero a la vez franco, brutalmente sincero. Fue un hombre genuino, auténtico y verdadero.

Con una gran capacidad de ternura, pero un ser herido, transido, lastimado, con grandes dolores, angustias y melancolías.

CARTA A MARÍA TERESA

Para ti debo ser, pequeña hermana,
el hombre malo que hace llorar a mamá.

Yo me interrogo ahora
¿por qué no he amado sólo
las rosas repentinas,
las mareas de junio,
las lunas sobre el mar?

¿Por qué he debido amar
la rosa y la justicia
el mar y la justicia,
la justicia y la luz?



16.


Fui un niño como todos.
También mi infancia
la atravesaba un río
y tenía una hora misteriosa
en la cual las palomas
a mi alma obedecían.

Pero me preguntaba
¿por qué en mi calle
la alegría es un viento
fugaz e inesperado?,
¿Por qué no siembran trigo
también sobre mi pecho,
si aquí en mi corazón,
todas las noches
se desbordan los ríos?

Por eso fue la noche
el rostro de mi madre,
astro de cera y llanto
en el cielo apagado de mi celda;
por eso me negaron
el Perú en mi desvelo,
y vanamente grito:



17.


devolvedme mi patria,
devolvedme mi escuela de palomas,
mi casa frente al mar,
devolvedme su calle más pequeña;
su lámpara más rota,
su más ciego lugar.

A pesar de todo esto,
para ti debo ser, pequeña hermana,
el fantasma que vuelca
la sal sobre la mesa,
el mal hado que rompe
las puntas de los días:
y es que a ti te hace daño
ver llorar a mamá.

Mas una tarde, hermana,
te han de herir en la calle
los juguetes ajenos;
la risa de los pobres
ceñirá tu cintura
y andando de puntillas
llegará tu perdón.



18.


Cuando esa hora suene
es que amarás las rosas,
las mareas de junio,
el jardín de diciembre
donde los niños van;
es que amarás mis sueños
y mis cosas,
¡Sabrás por qué se rompe
fácilmente
por la mitad el pan!

Cuando esa hora suene
y se empadrine en mi padre mi orfandad,
iremos de la mano
por las calles de Lima,
en trinidad de gozo:
la risa de mamá.


Es decir, sabía querer, sabía amar, sabía reconocer dónde estaba lo legítimo, lo auténtico y verdadero.

Es que era un poeta hacia adentro, interior, confidente consigo mismo; quien se oía hablar sin decírselo a los demás.

Sus ojos tenían siempre, en la tristeza más honda, un hilo de alegría dibujado en la comisura o en el aguzado plegarse de sus mejillas, lo que revelaba que era un hombre bueno.

19.

El lujo verbal de su poemario Las comarcas quedará como muestra de excelencia de la palabra. Su imaginería, la capacidad de fabulación, el poder de crear encanto, esplendor y plenitud.

Y es que tenía un mundo de belleza inmerso en el alma. La realidad que tenía dentro de sí era excelsa, extraordinaria y maravillosa.

He aquí algunas páginas y fabulaciones, como las que a continuación presentamos. Ahora bien, ¿en dónde ir a encontrar, a nivel mundial, fragmentos escritos como este? ¿En Europa? ¿En Asia? ¿En Norteamérica, en Arabia, en Turquía?

Y son más de cien páginas con esta exaltación y esta orfebrería:

Por él supe que sólo en el Hemisferio Boreal brillan diecisiete constelaciones que parecen guiadas por Cochero: la estrella de los hombros inclinados... Y por él conocí las nebulosas... Mis preferidas fueron la Nebulosa de Andrómeda, tan fúlgida y alta que Cristian, al descubrirla una noche de 1695, creyó que era la Puerta Refulgente por la cual se escapaban los siglos a la Nada; y la Cabellera de Berenice, extendida en las estepas siderales, más visible en el alba, cuando manos de nieves rapidísimas parecen adornarla de espejos y planetas.

20.

Por él supe los nombres de quienes se asomaron, sanguíneos o biliosos, al hondón de los cielos... Así Enópides, el joven taciturno de cabeza rapada, que solía trazar en las arenas las elípticas rutas de los astros perdidos; o Seleuco, apodado por mal nombre El Matemático, cuyo pecho dormido cubrían las mareas del inquietante Jónico, mientras su sueño continuaba buscando, entre cifras y cráteres, explicación para las fuerzas crueles que jalaban las túnicas marítimas; o aquel Regiomontano, discípulo de Arquímedes y adorador secreto de Apolonio, que enloqueció de gozo contemplando la cola de un cometa.

Por él supe de estrellas… De Sirio, que los sacerdotes egipcios espiaban por las ranuras de la pirámide de Cheops, para leer en sus fulguraciones las espumosas cóleras, los idus apacibles, los cambiantes humores del Nilo; de Mizar, que no puede separarse de Alcor, su compañera, sin que una grande y sombría tristeza inunde los balcones infinitos; de Algol, la de lentos y rojos fulgores –sólo con Antares comparable– llamada por los árabes la estrella diabólica, y en cuyo nombre se multiplicaron en los atónitos desiertos las costumbres de castigos infamantes.

Sencillamente yo no encuentro parangón. Y así cien páginas del libro Las comarcas.

21.

En los últimos años de su vida fue un bohemio consuetudinario y empedernido. Cuando bebía ponía en la mesa un vaso solitario que permanecía servido de licor y que nadie tocaba.

– ¿Juan Gonzalo, para quién es este vaso?

– Déjenlo aquí.

– ¿De quién es? ¡Está demás, Gonzalo!

– Es de un amigo. ¡No lo toquen!

Era un rito. Y nadie lo tocaba.

Una vez alguien se puso necio en preguntar para quién en realidad era ¿A quién dedicaba ese vaso? Él, dándole cien soles para que pague la cuenta, le dijo:

– Es del amigo que nos está invitando a beber. ¡Es de quien nos ha dado plata para servirnos las botellas que nos estamos sirviendo!

Y se inventaron mil historias respecto a quién era el invitado invisible para ese vaso. Muchos decían que era César Vallejo. Otros que Walt Whitman. Otros que Cristo.


22.


Ayer —no me lo dijo nadie: lo he sabido
como se advierte el olor del llanto
en la cama de hotel que nos cobija—,
alguien ha roto el vaso donde un niño
supo peinar la sed de lo jugado.

Por eso insisto:
guardad las cosas del que está lejano,
defendedlas de los vuelos terribles de la mano.

Estar ausente tantos años hace
sentirse un muerto al vivo más presente,
y por eso perdono (yo, el culpable)
tanto naufragio,
tanta rotura de alma impunemente.

Pero el vaso, no; el vaso, nunca:
otros vasos habrá, pero ninguno
que conserve los versos de la fuente.



23.

Murió a los 55 años de edad, todavía joven si miramos desde la poesía que casi siempre madura con los años.

Pero ya desde mucho antes se perdía sin dirección, sin pista y sin asidero. Era inubicable en los bares de mala muerte que no sabían qué hacer con ese hombre solitario que permanecía al amanecer mudo y sin cerrar los ojos.

Y que tenían que hacer a un lado mientras barrían los papeles, las espumas de cerveza y los escupitajos. Y él inmutable y calmado solo mirándolos.

Sus derrotas su hermana María Teresa lo explica del siguiente modo: murió su padre y él sintió que un muro de la pared se le había roto, y empezó a beber ya como alcohólico. Murió su madre y se sintió en el desamparo total, absoluto e irrecuperable.

Este guerrero era también un niño tímido e indefenso que trataba de esconderse, ¿dónde? En la pobreza, en la miseria, escondido en su propia vergüenza, en su intimidad herida.

24.

Era un niño herido, un ser de ideales, de ilusiones, de exquisito gusto en todo, pero a quien ofendimos tanto y entonces se volvió taciturno, un personaje solitario y silenciosamente trágico.

En quien la poesía se volvió secreta, que es cuando es más verdad que nunca, cuando basta con sentirla, cuando uno mismo se ha vuelto una totalidad.

¡Pero qué capacidad para hacerse marginal! ¡Qué talento para hacerse desechable!, para dejarse morir, en sufrir callado!

Le dolía mucho el Perú, le dolía mucho el alma y la vida.

Dos años antes de morir se convocó a un recital en el auditorio de Petroperú. Solo fueron cinco personas. Washington Delgado tituló su crónica “El poeta en la sala vacía”.

¡Qué doloroso! Pero Juan Gonzalo leyó imperturbable sus poemas. En realidad él quiso que así sea, para que más le duela.

25.

Y es que Juan Gonzalo fue un expulsado. Lo expulsaron del Colegio Francisco Bolognesi por defender a un alumno que ni siquiera era su amigo.

Lo expulsaron del Colegio Claretiano por defender a la República Española por la cual entregaron su vida César Vallejo, Federico García Lorca, Miguel Hernández.

Tuvo que dejar San Marcos al ser expulsado del país. Y fue expulsado de la vida. Por ahora está expulsado de lo que más quería, que es Tacna.

Porque si algún consuelo tuvo en la vida, ese fue Tacna. Si algo puro e inmarcesible le cupo en el alma eso es Tacna.

Si algo no se le dañó nunca es Tacna.

Y escribió lo mejor de su poesía amorosa recordando un pueblo tranquilo, una villa.

Todo Simple canción le pertenece a Tacna. Y sus cantos desde lejos lo inspira Tacna.

26.

Él no hubiera podido escribir poemas como el siguiente si no hubiera vivido y querido a Tacna como él lo quiso.

EXACTA DIMENSIÓN:

Me gustas porque tienes el color de los patios
de las casa tranquilas....

y más precisamente :
me gustas porque tienes el color de los patios
de las casa tranquilas
cuando llega el verano....

y más precisamente :
me gustas porque tienes el color de los patios
de las casas tranquilas en las tardes de enero
cuando llega el verano....
y más precisamente:
me gustas porque te amo.


¿Porque dónde, sino en Tacna, hay esos sitios? ¿Dónde los patios son tranquilos como en Tacna?

¿Dónde es calmada la tierra? ¿Dónde el verano tiene ese aroma a frutas y a flores?

Insisto, en Tacna, porque Tacna es simple, verdadera, cristalina.

Porque Tacna es tierna, clara, candorosa y guerrera como una campana en el alba.

EPÍLOGO

De allí que solo anhele, hoy como nunca, día del retorno de Tacna al Perú, que los restos de Juan Gonzalo descansen en Tacna, al lado de los restos del poeta Federico Barreto con quienes están hermanados en muchos aspectos.

Llevémoslo en hombros a la tierra que él añoró tanto, por siempre, y que quizá haya sido su dolor, su angustia y su quebranto más decisivos para su honda tristeza. Que recién allí estará contento y sonreirá.

Además, así, Juan Gonzalo será un baluarte en la frontera. De ese modo enfatizaremos en el Juan Gonzalo guerrero, heroico, militante como lo queremos.

Siendo así insistiremos en el Juan Gonzalo incólume. Porque a él se le quebró el alma, debido a que tenía dolores lacerantes en el ser, al cual nosotros no llegamos ni siquiera a entrever.

Pero mejor rescatar aquel que entendemos, su simple canción. Y los versos de sus canciones. Y aquel sabio preguntarse:

Machu Picchu, dos veces
me senté en tu ladera
para mirar mi vida.
Para mirar mi vida
y no por contemplarte,
porque necesitamos
menos belleza, Padre,
y más sabiduría.



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martes, 21 de agosto de 2012

6 DE AGOSTO, LA ÉPICA VICTORIA DE JUNÍN - 02



Un Tema de Actualidad


Danilo Sánchez Lihón

13

Y en apenas veinte minutos están revirtiendo la contienda. Necochea estaba herido y hecho prisionero y acaba de ser rescatado. Miller huía y ha vuelto. Y en estos momentos contraataca, encerrando a la caballería enemiga entre dos frentes.

Bolívar emprendió la fuga, se dice que para apurar a la infantería, y ver si con ella algo aún se puede salvar.

Pero, en estos momentos, más bien se persiguen a las escuadras realistas. Y Canterac deja el campo de batalla sin creer lo que sus ojos están viendo.

Y es que nunca antes la caballería española había sido abatida de ese modo. Nunca antes había sido tan horrendamente acuchillados y atravesados los jinetes por las lanzas enemigas, aún antes de la Reconquista de España y la expulsión de los moros.

14

345 cuerpos de jinetes del ejército realista han quedado regados en el campo de batalla. 400 caballos ensillados con todos sus aparejos pasan a manos del ejército patriota. 17 jefes y oficiales del Ejército del Rey yacen muertos en la pampa. 80 prisioneros, entre jefes y soldados, restañan sus heridas.

No ha habido un solo disparo, ninguna explosión que produjera humo, ninguna detonación ha denigrado ni contaminado esta ara del sacrificio. Una ley sacrosanta ha querido que este sea un rito y una gesta heroica.

No lo ha mancillado el humo de ninguna detonación ni la pólvora de ninguna cobardía. Todo ha sido zumbido de espadas. Todo fuerza del músculo y del coraje.

Ha sido una contienda épica, como nunca viera la historia en un lugar tan alto, en donde las únicas testigos son los cuerpos celestes y las galaxias. En una altura en que el aire se enrarece, la tierra está escarchada y crece aquella paja brava que es el ichu, entre el sueño y la utopía de América.

15

Ya ha cesado el combate. Ya se detuvo la persecución.

La trabazón ha sido feroz, tanto que la mitad de muertos patriotas en esta contienda ha sido de los Húsares del Perú, que han quedado regados en el campo.

Algunos cuerpos aún yacen colgados del estribo de los caballos que relinchan y se sacuden impacientes.

Los jinetes del ejército realista del general Canterac sobrevivientes finalmente han emprendido la fuga más humillante durante largos siglos en que no habían sido abatidos.

La masa de bronce de la caballería del Regimiento Húsares del Perú, que se ha investido de gloria esta tarde, en su gran mayoría provienen de Trujillo, Chiclayo, Lambayeque y de la cuenca del Mantaro.

Pero, no nos engañemos: no son blancos, ni altos, ni lucen uniformes rojos con azul, estampados de sutaches dorados.

No nos equivoquemos, son gente del pueblo, como nosotros.

16

Los Húsares del Perú es un ejército de montoneros mestizos, la mayoría cetrinos, que han combatido en guerra de guerrillas al ejército colonial, que los teme como a nadie.

Para que no quepa dudas, todos visten de poncho, a ratos increíblemente colgado del hombro. Y todos tienen un lazo envuelto que cuelga de la silla de sus caballos.

En su mayoría usan un sombrero gacho de lana de vicuña en la cabeza.

Como armas tienen espadas, cuchillos, lanzas o picas que manejan con increíble destreza.

Ellos ya se han enfrentado en cientos de escaramuzas al ejército español.

Ellos mismos se han organizado y no reciben pago alguno de nadie.

700 peruanos se han incorporado en Rancas al ejército libertador el día 3 de agosto, es decir hace tres días. Y ellos son los que han dado la victoria.

17

Cuando los primeros mensajeros han llegado hasta el refugio de Bolívar y le han dado la noticia de la victoria este no podía creerla.

– ¡Imposible! –Ha sido la palabra más frecuente que ha salido de su boca.

Su expresión ha sido de incredulidad total, hasta ver el parte de batalla que le enviara el General Miller, escrito apresuradamente a lápiz.

Informado por la unanimidad de los jefes su primer gesto ha querido inmortalizar la gloria de la caballería peruana dictaminando que el nombre de Húsares del Perú pase a denominarse Húsares de Junín, decisión a su vez desacertada.

Sin embargo, el General La Mar, jefe de la división peruana ha mandado llamar al teniente José Andrés Rázuri, natural de San Pedro de Lloc, población muy cerca de Trujillo, sobre quien pende orden de fusilamiento, y a quien interroga.

Tras amonestarle severamente con gesto adusto por su intolerable indisciplina, le dice de manera tajante:

18

– Supongo que usted conoce el Código Militar.

– Sí, mi general

– ¿Entonces, que significa cambiar una instrucción en el campo de batalla?

– Pena de muerte inminente e inapelable.

– ¿Es usted totalmente consciente de ello?

– Sí, mi General.

– Entonces, ¡deme una razón valedera y convincente por la cual no deba yo fusilarlo! O, ¿quiere morir?

– Amo la vida, mi General.

– Quiero decirle primero que soy consciente, y todo el ejército patriota lo sabe, que a usted se debe la victoria de esta tarde, pero ya sabe que en este tipo de decisiones los resultados no cuentan, cualesquiera que hayan sido.

19

– Sí, mi General.

– ¿Entonces? Dígame una razón.

– Si me permite, le diré dos: La primera: Decidí arriesgar mi vida porque continúa el complot en contra del Ejército del Perú, que se nos dejó fuera de la batalla en nuestro propio suelo.

Aludía a que esos dos escuadrones Bolívar los había desestimado completamente. Ni los tomó en cuenta. Los dejó en la retaguardia por olvido o por desprecio.

– Esta aseveración agrava su situación. ¿Y la segunda?

– Vi la huella de nuestros sueños entre la yerba y la escarcha en la pampa de Junín. Y consideré que nuestro ejército debía seguir esas huellas.

La Mar se queda largo rato mirándolo:

– Usted me ha dado dos razones trascendentes. Y admiro su coraje, ¡soldado!

Y levantándose de su asiento lo abrazó efusivamente.

20

Ahora bien: ¿por qué fue importante la victoria de Junín? Por lo siguiente: el arma principal del ejército español en tierra siempre fue la caballería, desde tiempos inmemoriales. Y jamás significó tanto destrozar esa moral, como esta vez. En esta batalla se destruyó un mito. Y ya sin mito el ejército realista dejó de ser invicto.

En Junín el ejército patriota venció al arma de caballería del ejército español, considerada imbatible. Así como sucumbió la Armada Invencible española de Felipe II, el 31 de julio de 1588 ante el ataque inglés, así en las pampas de Junín los montoneros del Regimiento Húsares del Perú asestaban el golpe mortal a las tropas de caballería del Rey español.

La gloriosa caballería realista sufrió su revés más total y profundo. Nunca antes la caballería española había sido vencida de esa manera. El caballo soberbio y piafante hasta cuando muere, había sido para los aborígenes la muestra de que los conquistadores eran dioses.

A partir de ahora el caballo ya no estaba más en las manos del conquistador sino en las nuestras.

CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina
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Nota.-

Danilo Sánchez Lihon, a través de Capulí, Vallejo y su Tierra, difunde sistemática y perseverantemente diversos aspectos de nuestra historia, de nuestros personajes históricos. Con ocasión de un nuevo aniversario de la histórica Batalla de Junín, (6 de agosto de 1824) presentó este artículo, que Un Tema de Actualidad colabora en su difusión en dos entregas (14 de agosto, 21 de agosto)

Es muy cierto que la batalla estaba perdida. Es muy cierto que la orden recibida por el teniente José Andrés Rázuri fue cambiada (“Escapen” por “Ataquen”) Es muy cierto que este cambio decidió el resultado de la batalla. Es muy cierto que la indisciplina recibía castigo severo según el Código Militar. Es muy cierto que “Húsares del Perú” era escuadrón peruano de 700 voluntarios.

“¡Debería ser fusilado, pero a usted se debe la victoria!” No podía ser otro el resultado de la investigación al término de la batalla.

En el SMO (Servicio Militar Obligatorio) lo primero que había que aprenderse de memoria era que “las órdenes de cumplen sin dudas ni murmuraciones, porque el superior que las imparte es el único responsable, no siendo dable reclamar sino después de haberlas cumplido” Si el teniente Rázuri la hubiera cumplido, ¿a quién podía haber reclamado después?

Danilo Sánchez Lihon narra los sucesos de la batalla como corresponsal de guerra, como si hubiera estado presente. Tal se presenta al lector la fidelidad del relato, cual si fuera de un reportero presencial. Es una “fiel reconstrucción de los hechos” que sirve de ejemplo para todo escritor. Y para tenerla siempre presente.

Ragarro
21.08.12

martes, 14 de agosto de 2012

6 DE AGOSTO, LA ÉPICA VICTORIA DE JUNÍN - 01


Un Tema de Actualidad

Danilo Sánchez Lihón

1

Siendo las 4 de la tarde de hoy, 6 de agosto del año 1824, la batalla ya está irremediablemente perdida para el ejército patriota, integrado principalmente por fuerzas colombianas, peruanas, argentinas, venezolanas y chilenas. Otra vez la victoria es para el arma de la caballería española, hace centurias imbatible.

Pero aún se escucha el choque de sables, el galope y el piafar de los caballos, los gritos y quejidos de los heridos en el aire translúcido de la tarde. Es horrendo el acezar de los que caen atravesados por las lanzas, el bronco retumbar de los cuerpos antes ágiles que se desploman sobre la tierra. El agudo quejido de quienes son atravesados por las espadas, y otra vez el relincho de los caballos al escape. O de los que se doblegan descoyuntados, o abiertos por algún tajo, hecho al quitar el cuerpo el combatiente al cual iba dirigido el sablazo.

Los escuadrones independentistas en estos momentos siguen siendo diezmados por las armas punzocortantes realistas, aunque algunos ya se baten en retirada. El agrupamiento que comanda directamente el general Miller va amenguando desordenado, pese a la bravura con que siguen luchando.

2.

En estas circunstancias es que el comandante Isidoro Suárez, de apenas 23 años y jefe de los dos escuadrones que no han sido tomados en cuenta para ingresar a batalla, pide a su ayudante de campo, el teniente José Andrés Rázuri, que solicite órdenes concretas al General José de La Mar, acerca de las acciones que deberían tomar.

Ya Bolívar ha emprendido veloz carrera montado en “Palomo” su alazán blanco, huyendo desde el altozano desde donde ha contemplado la batalla, a unirse con la infantería que avanza a dos leguas de distancia al mando del General Sucre.

José Andrés Rázuri se acerca apresurado al General La Mar y aún galopando le consulta:

– El coronel Isidoro Suárez pide órdenes e instrucciones para los dos escuadrones a su mando.

– ¡Que huyan! –Dice a gritos La Mar– ¡Que emprendan la fuga! ¡Sálvense! ¡Escapen como puedan!

3

Rázuri espolea su caballo de regreso, bordeando el escenario de la batalla.

Le conmueve el titubeo de nuestras banderas, que aún flamean inhiestas. Y presiente el holocausto de los sueños más acariciados de una patria libre.

– ¿Qué dice? –Insiste Suárez con ansiedad al verle llegar.

Las palabras parecen habérsele atascado en su boca.

Ya terminan de pasar los jinetes españoles persiguiendo a los grupos dispersos de patriotas americanos.

– ¡Cuál es la orden! –Amenaza Suárez haciendo cabriolear su caballo.

Rázuri, al divisar otra vez cómo se escarnece a los nuestros, consciente que arriesga la vida, cambia en su mente y después en su boca la orden. Y las palabras sin vacilar brotan inatajables:

– Dice: ¡Ataquen como puedan! ¡Esa es la orden!

4

Rázuri después de haber respondido otra vez ha vuelto los ojos al campo de batalla en el momento en que se acuchilla a varios jinetes patriotas

Al decirlo ha sido consciente, como ironía, que el cambio apenas distan dos sílabas, que ni siquiera modifica totalmente una palabra completa. Pero que de repente de ello depende la libertad de América e ineluctablemente ahora también su destino.

Es inminente que por ello será fusilado, sin atenuantes ni apelaciones al alterar una orden en pleno campo de batalla, cualquiera sea el resultado que se obtenga. El Código Militar en tal sentido es estricto.

Pero todo sacrificio por el sueño de una patria libre vale la pena. Al final, la orden de ¡Escapen!, en el sonido, está tan cerca de: ¡Ataquen! ¡Apenas parece cambiada!

¡Qué ironía! ¡A veces nos divide la vida de la muerte, apenas el hilo de una tela de araña! ¡Y siempre un soplo más breve u otro más duradero!

5

Para Isidoro Suárez la orden, tal y como ha sido anunciada, es lo que él esperaba. Y se regocija por ello. ¡Ahora es el momento de cargar!, piensa.

Por eso, sin demora levanta su espada, investido de un fuego sagrado, tres veces la blande en el aire, que relumbra ante sus más de cien hombres montados sobre mulas y caballos que hieren con sus belfos espumosos el aire de la tarde.

Antes de hincar los talones en los ijares de su corcel, se oye primero decir:

– ¡Soldados! ¡Desenvainen…! ¡Espadas!

Y luego prorrumpe en un grito:

– ¡Húsares del Perú! ¡Al ataque!

Cien voces resuenan como si temblara la tierra en un grito límpido y unánime:

– ¡Al ataque!

6

Pican espuelas y arremeten con tal furor que hacen trastrabillar a todo un ejército ya victorioso, a quien atacan por la retaguardia, y quienes ya sentían haber ganado la batalla.

El ímpetu es tal que no dejan jinete sobre caballo enemigo. Uno a uno van cayendo.

Ahora todo es un bosque tupido y trabado de lanzas y sables.

El rasguito de las espadas se oye como bordones graves, o a ratos agudos lamentos de guitarras.

O los gritos de quienes son cercenados o acuchillados con la espada, o atravesados por la lanza, se confunde con los clarines sonámbulos.

El rasguito a alas de moscas de los cuchillos entona con los tambores lejanos.

El vuelo cortante de las espadas, cuando surcan el aire, es el mismo sonido a cuerdas de mandolinas que se rasgan, se rompen y se callan para siempre.

7

En Junín todo gira en redondo y es translúcido, abierto a los cuatro confines, donde no hay punto de referencia, salvo el lago como un orto.

Aquí no hay sombra, todo es transparencia, donde hemos subido a soñar un mundo nuevo y mejor.

¡En Junín el aire es esencia, y la esencia es luz inmarcesible! Aquí se está al final y al principio de todo, de la tierra y del cielo.

Colindante a Junín solo caben el sueño y la utopía. Y a encontrar y seguir aquí la huella de los sueños hemos venido.

Peregrinos de una patria nueva, de una realidad mejor para nuestros hijos.

Donde se cabalga como en el techo de la tierra. Y se pelea con los ojos desorbitados por las fantasmagorías.

Hemos soñado tanto la libertad en este aire. Y la hemos sentido como si al fin ya fuéramos a encontrarla. Y, es más, como si ya estuviéramos abrazados a ella.

8

Más arriba ya solo quedan las estrellas.

Un paso más y ya es caer al infinito.

Junín es venir a luchar en la cima del mundo.

Aquí hemos subido a idear una patria mejor. En esta frontera y límite con la quimera, donde el aire nos torna luz primigenia.

Aquí todo es translúcido. No sabemos si las espadas son las que antes de ser blandidas cuelgan de nuestros cinturones. O si son las que lucen desenvainadas en nuestras manos.

O si espada es la luz y el aire en nuestros corazones. O si espada es el aire abierto en esta planicie inacabable. O si espada es el viento que bate las espigas de la paja brava de los pajonales.

Aquí el aire que se respira son bocanadas de luceros que parecen iluminar por dentro nuestra sangre, la misma que será ofrendada.

Aquí todo se esclarece, todo se refleja y todo relumbra. Aquí hasta la muerte es transparente. Y todo misterio deja de serlo, porque se lo ve de una a otra orilla, en su centro, de uno a otro de sus bordes.

9

¿Cómo es que estamos aquí? ¿De qué manera hemos llegado? ¿Hoy día nos tocará morir? ¿Quién propuso y empezó esta batalla?

Ocurrió que al avizorar la polvareda del Ejército del Rey empezamos a trotar en nuestras cabalgaduras. Y luego a perseguirlos como impulsados por no dejar que nuestro sueño se esfume o desaparezca.

Hacia el costado derecho el lago de Chincaicocha espejea como una lámpara de plata.

Aquí el terreno en cualquier momento se hunde y nuestros caballos se atollan en la tierra negra. Y es incierto cada paso para volver a pisar terreno sólido.

Esto lo ha calculado bien Canterac, quien ha pasado momentos antes por estos mismos parajes. Y ha considerado providencial la oportunidad de atacarnos con su poderosa caballería.

10

Es él un sabueso de la guerra que todo lo sopesa al instante y al milímetro. Con él nada queda desprevenido y nada tiene pérdida. Por eso, es él quien ha empezado. Y sabe a ciencia cierta que hoy va a destrozarnos, hasta el punto de hacernos añicos.

Tan seguro está de su victoria que un cuerpo de artillería que tenía apostado detrás de su caballería al mirarnos despreciativo lo ha despachado para que avance junto al resto de su ejército siguiendo su camino, mientras él ha quedado en compás de espera.

Canterac está calculando la velocidad de nuestra marcha, el terreno por el cual atravesamos, la distancia en tiempo que media entre su caballería y la nuestra, los minutos en que le tardaría llegar con sus primeros lanceros a las primeras filas de nuestra tropa.

Se ha figurado incluso las primeras muecas de triunfo y los primeros estertores de nuestros jinetes. Y todo se viene cumpliendo así con espantoso detalle.

11

La caballería nuestra ingresa a una encrucijada por el flanco izquierdo del lago, entre un puñado de rocas escarpadas y el pantano.

Y en el minuto preciso y en el espacio cabal da la orden exacta. Ordena a sus escuadrones, de ir avanzando, a retroceder sorpresivamente hacia nosotros, y en carrera vertiginosa de sus corceles, con furia y demoledor impacto, nos ha asestado un golpe feroz y contundente.

Ya Junín a esta hora parece una bella alborada ensangrentada por miles de sables, lanzas, espadas y cuchillos. Nosotros corremos agitados, embriagados por la sangre, el sudor y el jadear de los caballos.

El ataque frontal que Canterac ha infligido, antes que nuestros escuadrones pudieran salir de la encrucijada de las rocas y el pantano, es de una exquisita genialidad.

El ataque ha sido contundente y demoledor, con un cálculo asombroso entre las distancias, tiempo, terreno del suelo y condiciones de los caballos para llegar en el momento oportuno.

12

Además su orden es concluyente:

– ¡Ataque total, a fondo y a muerte!

Y no le han cabido dudas de una victoria plena y absoluta, como en realidad se está produciendo.

Se lucha a 4,100 metros sobre el nivel del mar. Mil jinetes de las fuerzas patriotas están envueltos entre las rocas, el pantano y los aceros afilados de sus enemigos.

1,300 jinetes realistas, ordenados en nueve escuadrones, hace más de mil años no conocen lo que es una derrota.

Solo dos escuadrones de los nuestros han podido desplegarse. Y los demás se apretujan sin ninguna capacidad de maniobra.

Poco a poco la caballería del Rey ha ido ganando la batalla y ya varios escuadrones de los nuestros han iniciaron la fuga.

Es en esta circunstancia que ha ocurrido la consulta y luego el ingreso a batalla de los Húsares del Perú.

13 (Continúa)

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Nota.-

Por haber sido nuestro país el centro del colonialismo hispano en América, concentraba el poderío burocrático-militar, cultural, social del colonizador (la “corte de Lima”) Incluso, para la corona española, era más importante que México (el futuro virrey de México tenía que hacer el “curso” en nuestro país) Para debelar la insurrección de Túpac Amaru, llegaron al Cusco regimientos desde Argentina, Chile.

La independencia de América del Sur no podía estar asegurada sin la de nuestro país. Por eso fueron imprescindibles las batallas de Junín y Ayacucho.

Ragarro
14.08.12