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lunes, 24 de enero de 2011

La crisis de los partidos políticos y la necesidad histórica de sepultarlos

Por Grajo Camaso

El proceso electoral en curso viene develando los extremos a los que ha llegado la crisis de la seudo democracia criolla o peruana, y en particular la crisis general de los viejos partidos políticos. Lo interesante es anotar que el joven Mariátegui ya en 1918 apreciaba una crisis similar y enfatizaba la necesidad de sepultar y sustituir a las "viejas agrupaciones figurativas y desacreditadas" para reemplazarlas por "nuevas agrupaciones capaces de adquirir efectiva fuerza popular".

El espectáculo brindado por el viejo Partido Aprista para definir su lista al congreso, la nómina impresentable de los candidatos del fuji-montesinismo, la vacuidad y arbitrariedad de los candidatos de Solidaridad Nacional y del comandante Ollanta, entre otras agrupaciones nos muestra los niveles nauseabundos a los que está llegando la política peruana.

La política electoral se ha convertido en un mercado donde poco importan la ética, las ideas y las propuestas para el bienestar del país. La exposición mediática por cualquier razón y los recursos financieros se han convertido en los factores claves y dirimentes del éxito político.

Mientras, seguimos en un contexto nacional cada vez más envilecido y degradante, en el que se rematan los recursos naturales, se pisotean los derechos ciudadanos y los poderosos de siempre continúan haciendo de las suyas, más allá de la ley y la justicia.

Consideramos oportuno compartir algunas frases de un texto escrito allá por 1918 por el joven José Carlos Mariátegui La Chira, en el que con su visionaria agudeza desmenuza la crisis de los partidos políticos: Civilista, Constitucional, Demócrata y Liberal, que resultan de una renovada actualidad si las aplicamos a las agrupaciones actuales.

Mariátegui anota que las simulaciones de partido "obstruyen el progreso democrático de la nación". Y más que restaurarlas ficticiamente se necesita "que se les sepulte y sustituya" por nuevas agrupaciones "que aporten a la lucha política ideas y aspiraciones definidas."

Se trata de nuevas agrupaciones "capaces de adquirir efectiva fuerza popular" y "que merezcan la adhesión de la gente joven, honorable y consciente que siente repulsa por los viejos grupos políticos".

En momentos en que cúpulas y familias hacen uso y abuso de los partidos y membretes de partido para definir desde arriba sus espacios y mecanismos de "representación popular" es oportuno destacar que para el amauta peruano la ética, la honorabilidad y la legitimidad en la representatividad popular constituyen aspectos claves para una definición y militancia partidaria.

La reorganización de los grupos políticos*

"Sostenemos no sólo que no habría utilidad en reorganizar los partidos existentes. Sostenemos que habría peligro en reorganizarlos sí, por fortuna, reorganizarlos no fuera imposible. Sostenemos que una necesidad higiénica nos ordena que nos apartemos de ellos. Sostenemos que no es nuestro deber averiguar si podemos resucitarlos sino, perdiendo toda esperanza romántica de un milagro, inhumarlos sin tardanza y sin pena."

"Los partidos no son eternos. Responden a una necesidad o una aspiración transitorias como todas las necesidades y aspiraciones. Una vez que desaparece el motivo de su existencia desaparece su fuerza. Sabido es que la tradicional división de conservadores y liberales ha perdido ya su sentido. La palabra conservador dice ahora muy poco. La palabra liberal dice menos todavía."

"Los partidos peruanos han tenido su origen en necesidades o aspiraciones nuy fugaces. Su nacimiento ha sido incidental. Un hombre popular ha bastado para construir un partido. Las agrupaciones políticas han nacido casi con la misma facilidad que las sociedades de auxilios mutuos. Más que traza de partidos han tenido generalmente traza de clubes electorales con bandera transitoria y versátil."

"¿Que acierto puede haber entonces en reconstituir partidos tan convencionales, pálidos y ramplones? Ninguno. Sólo un conservadurismo criollo, fruto de la indolencia, la haronía y la abulia, puede aconsejarnos esa reconstitución".

"La gente que puede declarar que no pertenece a ningún partido anda orgullosa y ufana y, como si pertenecer a un partido fuera vergonzoso y vituperable, cree tener en esto un título para llevar `la frente muy alta'. Y en las clases populares el horror a los partidos es mayor aún."

"No son partidos reales. Son simulaciones de partido. Suman unas cuantas mentiras trascendentales a las muchas mentiras de nuestra vida política. Usurpan los puestos correspondientes a los partidos políticos. Obstruyen el progreso democrático de la nación.

No necesitamos que se les restaure ficticiamente. Necesitamos que se les sepulte y sustituya. Nuevas agrupaciones capaces de adquirir efectiva fuerza popular deben reemplazar a estas agrupaciones figurativas y desacreditadas. Nuevas agrupaciones que aporten a la lucha política ideas y aspiraciones definidas. Nuevas agrupaciones que merezcan la adhesión de la gente joven, honorable y consciente que siente repulsa por los viejos grupos políticos y que no inscribiria su nombre, por ningún motivo, en sus ralos padrones."

"Todo empeño de inocular vida en organismos moribundos será desventurado y ocioso. Ahondará y extenderá el desconcierto y la incertidumbre de los pueblos. Mostrará una vez más nuestro insensato afán de atarnos al pasado. Y hará que en el Perú cada símbolo de acción política sea un mausoleo."

*Citas extraídas del artículo "La reorganización de los grupos políticos", publicado en Nuestra Época, Nº 2, Lima, 6 de julio de 1918. Tomado de Mariátegui Total, tomo 2, p. 2544.

Fuente: http://caminosocialista.wordpress.com/2011/01/24/la-crisis-de-los-partidos-politicos-y-la-necesidad-historica-de-sepultarlos-y-sustituirlos/

lunes, 22 de noviembre de 2010

Unidad y unidades: ¿De que tipo de “unidad” hablamos?



Por Grajo Camaso

Estando próximo un nuevo proceso electoral nacional el tema de la “unidad” aparece con fuerza en todos los ambientes y escenarios políticos. Sin embargo es preciso diferenciar la unidad por la que clama el pueblo “desde abajo” y la unidad oportunista que se cocina “desde las cúpulas”, con pretensiones e intereses muy distintos.

La dicotomía Estado-Pueblo: Un desafío sin resolver

El pueblo como categoría social y política no existe en abstracto, sino que está conformado por sectores laborales muy específicos, incluso con intereses distintos, cuando no contrapuestos. Pero se caracteriza principalmente por ser expresión de las clases trabajadoras, mayoritarias, marginadas de los procesos efectivos del ejercicio del poder político concentrado en el Estado.

Teóricamente se supone que el Estado representa al pueblo pero en sociedades marcadas por la explotación de clase el Estado expresa la voluntad y el dominio de las clases dominantes, quienes permiten el juego de la democracia mientras ésta no socave los cimientos de su poder.

Apenas, pierden el control de la situación por un avance de las fuerzas sociales las clases dominantes tocan las puertas a los cuarteles y desencadenan una dictadura, que en realidad solo es una expresión desembozada de su dictadura real y permanente, así sea “en democracia”.

El Estado Socialista o Estado Comuna es la propuesta Socialista para superar la dicotomía Estado-Pueblo, mediante un Estado del Pueblo que ejercite una nueva democracia (obrera, socialista, popular, etc), superior en cantidad y calidad a la capitalista.

Esta nueva democracia no pretende ser pura en abstracto, pues ninguna democracia puede serlo, y en esencia no puede dejar de ser una dictadura, aunque se trate de una dictadura solo para los sectores explotadores que signifiquen una amenaza al proceso de cambio social.

Esta no es la oportunidad para analizar los mecanismos que mejor favorecen la institucionalización de un Estado del Pueblo y sin duda se trata de un tema complejo, pues hemos visto desnaturalizarse muchos modelos que supuestamente estaban diseñados para asegurar el control del poder por el pueblo.

Sin duda, el Partido único, la Asamblea Popular o Asamblea de Todo el Pueblo son formas que habrá que revisar con un gran sentido crítico para formular una reforma política que contribuya de mejor modo a consolidar un poder popular. Y en este terreno aún no se ha inventado la pólvora. Si alquien tiene la receta que nos la comunique para compartirla.

Pueblo, Programa y Poder Popular

La frase: “El pueblo es la fuente de todo poder”, es una verdad relativa. En teoría lo es, pero en la práctica, las clases dominantes tienen la habilidad de hacerse del poder mediante el control del Estado, un Estado diseñado e instituído a la medida de su interés. Para esto se valen del “derecho” que no es sino la voluntad de la clase dominante erigida en ley.

Una tarea revolucionaria es debelar la contradicción entre los intereses auténticos del pueblo y un tipo de Estado y de Derecho que se ha divorciado de él y no lo representa.

La mejor forma de demostrar este divorcio es haciendo conciencia sobre los intereses de los diversos sectores de las clases trabajadoras opuestos radicalmente a los intereses de las clases, grupos y conglomerados de poder que se benefician de esta seuda democracia y usufructúan del poder del Estado.

Para hacer conciencia de dicho interés se requiere construir Programa, entendido como un proceso para articular como propuesta política coherente y viable las aspiraciones de los sectores sociales comprometidos con un cambio social profundo y radical.

La construcción de Programa es una de las principales tareas políticas actuales, tiene una formidable capacidad movilizadora y es la base o el cimiento del poder popular porque permite forjar la unidad del pueblo pero con contenido y propuestas eficaces, no solo como una ilusión electoral en el marco de una falsa o seudo democracia.

Históricamente la construcción programática ha sido descuidada por la izquierda tradicional, tanto en sus vertientes: derechista, izquierdista o dogmática-paralítica. Unos más preocupados en hacer oposición parlamentaria y buscar cambios superficiales, otros por suplantar el verdadero poder popular por un partido armado o un supuesto ejército del pueblo, y los terceros más preocupados en pontificar desde las alturas, sin insertarse en serio en el movimiento social.

La unidad en la actual coyuntura

Es muy cierto que hay que cerrar el paso a la derecha, bregar por abrir y fortalecer espacios democráticos y obtener triunfos populares que fortalezcan la voluntad de lucha de los diversos sectores populares. No podemos dudar, por ejemplo, que el triunfo de Fuerza Social, ha sido una derrota de los sectores tradicionales en el poder y ha insuflado en el pueblo ganas de luchar y obtener triunfos en el terreno de la lucha política electoral.

Pero no debemos perder la perspectiva de que la contienda electoral se realiza en un marco legal y político limitado y restringido para fortalecer y ejercer el poder popular. El verdadero poder popular se construye desde las bases, forjando la unidad programática del pueblo y desplegando todas las formas de lucha que el pueblo considere legítimas y apropiadas.

Por esto no debemos confundir el legítimo llamado y reclamo de los trabajadores que claman por la unidad y colocan sobre la agenda política sus demandas y reivindicaciones más sentidas. Este llamado a la unidad no debe confundirse con el llamado a la unidad que por cálculo electoral hacen dirigentes tradicionales que solo buscan “pescar a río revuelto” y acomodarse en el mejor lugar que les permita el sistema establecido.

Al margen de una u otra propuesta política formalmente inscrita y válida para postular en las elecciones, al margen de uno u otro candidato con propuestas más o menos sinceras o amañadas, el pueblo debe continuar forjando su unidad programática y buscar las mejores herramientas -electorales y no electorales- para construir y ejercer su poder popular.

Fuente: http://caminosocialista.wordpress.com/

jueves, 4 de noviembre de 2010

ALGUNOS DESAFIOS COMUNES EN EL FRENTE IDEO-POLÍTICO Y CULTURAL



Por Grajo Camaso

Las personas comprometidas con el cambio social en el Perú- sean comunistas, socialistas, izquierdistas, humanistas o democrátas- tienen algunos desafíos políticos comunes que es oportuno recordar y precisar, para no olvidar que al margen de las diferencias en política coyuntural existen tareas estratégicas que desarrollar en el frente ideo-político y cultural.

El desarrollo de este frente cultural es una condición sustancial para una renovación profunda de la conciencia social y, por ende, para propiciar un verdadero cambio en el país. Mientras no acometamos con éxito estas tareas será muy difícil obtener y consolidar cambios sustantivos en el terreno político.

No esta demás señalar que este es un listado inicial, un recordatorio incompleto, que ojalá motive a que otros propagandistas lo amplíen y contribuyan a su desarrollo.
1. Desmitificar las piedras angulares del pensamiento ideopolítico neoliberal

Este pensamiento único prácticamente se ha impuesto hegemónicamente a través de los medios masivos de información y manipulan la conciencia social. Entre las piedras angulares se hallan las siguientes:

a) El Dios mercado. El “mercado” se ha vuelto una categoría tan absoluta que ningún político se atreve a cuestionarlo sin el riesgo de ser presentado en los medios de prensa como un troglodita o un “antisistema”. El asunto es grave pues se asocia “mercado” con el “sistema capitalista” como si estos fueran el único “mercado” y el único “sistema” social posible.

Urge inventariar y difundir machaconamente las fallas estructurales del mercado capitalista y de sus leyes económicas que no garantizan ni aseguran ningún bienestar a la humanidad. Por el contrario, son las causas de innumerables injusticias e inequidades sociales.

Un caso ejemplar se produjo cuando ocurrió el terremoto de Ica y en medio del sufrimiento de los connacionales los precios de los alimentos, transporte y materiales de construcción se dispararon hacia arriba, pues de acuerdo a la ley de la oferta y la demanda los incrementos se justificaban ante la escasez y la mayor demanda.

La opinión pública reaccionó de inmediato y condenó el abuso de los “especuladores”, que ciegos en su afan de lucro, actuaban sin misericordia frente al sufrimiento ajeno. Pues precisamente de esto se trata. En que no podemos dejar que las leyes del mercado capitalista gobiernen la vida social y económica a riesgo de ir en contra del más elemental sentido humano y de justicia social.

b) La iniciativa y la inversión privados como motor del progreso y el desarrollo. Cuando los políticos y medios masivos de información oficiales, oficiosos y oficialistas se refieren a lo “privado” excluyen automáticamente una de las modalidades de lo privado que es lo común o lo comunitario. Este es el caso típico, por ejemplo, de la propiedad comunal o comunitaria.

Por eso cuando defienden la sacrosanta propiedad privada no defienden ni un ápice la propiedad comunal. La única propiedad privada que defienden es la gran propiedad capitalista asociada al capital transnacional. Esta es la iniciativa e inversión que les merece consideración y respeto. Por esto, sucesivos gobiernos se han burlado y “han echado tierrita” a los aportes que efectuaron miles de ciudadanos de a pie al Fondo Nacional de Vivienda (FONAVI).

En un país desnacionalizado y saqueado por minúsculos grupos o conglomerados de poder como el Perú los verdaderos empresarios que han hecho patria son millares de micros, pequeños y medianos empresarios que se han fajado en las condiciones más adversas para crear y mantener fuentes de trabajo. Con créditos leoninos, perseguidos por la SUNAT, sin oportunidades de capacitación y promoción, han recurrido a la fuerza familiar, el ingenio y la creatividad para producir y progresar de manera exitosa. En este sentido, el emprendedurismo es una realidad forjada desde abajo en el Perú.

Pero esta iniciativa privada que merece ser apoyada y fortalecida no tiene nada que ver con el saqueo de los recursos naturales que realizan grupos minúsculos que se están levantando en peso al país, enriqueciéndose mediante la extracción de nuestros recursos primarios más valiosos (oro, petróleo, gas, etc.), sin contribuir de manera justa a crear mejores condiciones para el desarrollo nacional.

Son esos grupos quienes terminan -en la práctica- gobernando al país entre bambalinas, al margen de los resultados electorales presidenciales. Son estos grupos quienes ponen el grito al cielo cuando se les quiere cobrar una sobretasa por las extraordinarias ganancias que obtienen y son los que elaboran los decretos legislativos que el Ejecutivo promulga o envía con carácter de urgencia al Congreso para su aprobación.

c) Los tratados de libre comercio como herramientas para el desarrollo. Existe numeroso material que demuestra que los tratados de libre comercio no son verdaderos acuerdos o “tratados” suscritos entre partes iguales sino imposiciones fraguadas con la complicidad de los gobiernos títeres y obsecuentes, no son “libres” porque no se establecen sobre la base de condiciones de equidad en la negociación, y no son solo de “comercio” porque abarcan otras áreas que condicionan el desarrollo autónomo de las naciones menos favorecidas.

Por eso, es importante insistir con la difusión sistemática de los impactos que acarrean dichos TLC, suscritos de espalda a los intereses de la nación; más aún si sus efectos ya se pueden apreciar en países como México, que lo viene aplicando muchos años antes que el Perú.

d) Arrinconamiento del Estado y de su función social. El pensamiento capitalista neoliberal ha arrinconado al Estado a su mínima expresión en aras del libre mercado y la iniciativa privada, pero cuando se desencadenó la crisis financiera, no ha tenido el menor sonrojo en avalar el saqueo de los fondos públicos para salir de una crisis que precisamente el sector capitalista financiero y especulativo provocó.

Las lecciones de la crisis financiera global deben ser insistentemente difundidas a fin de reafirmar en la opinión pública que se trató no de una crisis eventual y pasajera sino de una de las expresiones sistémicas y estructurales de un sistema irracional, que porta profundas contradicciones insalvables, cuyo edificio teórico y funcional ha dejado de coincidir hace mucho con el progreso; y se mantiene por medios de mentiras que intentan ocultar sus inconsistencias argumentativas.

En países como el Perú, donde existen grandes brechas e inequidades, la función social del Estado es muy necesaria, en la medida en que el Estado refleje las necesidades de las clases y sectores sociales comprometidos con un proyecto común de país. Los sectores oligárquicos y la derecha cavernaria fascista y semi-fascista – que no tienen ningún escrúpulo en patear el frágil ordenamiento democrático y llamar a los cuarteles cuando ven peligrar sus intereses- carecen por completo de una visión común de país, no tienen ninguna noción de patria y no les atañe ningún compromiso para superar las enormes desigualdades sociales que caracterizan al Perú. Ellos pueden vanagloriarse de ser uno de los países con mayores atractivos a la inversión privada sin importarles asimismo que tengamos uno de los salarios mínimos vitales más bajos de la región.

La única función y utilidad que le ven al Estado peruano es asegurar las mejores (Ojo: las mejores) condiciones para enriquecerse a costa de nuestros recursos nacionales, atacar y desvirtuar cualquier propuesta política que amenace sus intereses y reprimir cualquier descontento social que ponga en peligro sus negocios particulares.
2. Desmitificar algunas manidos lugares comunes sobre el Socialismo y el Comunitarismo

a) El Socialismo ha fracasado en el mundo. Esto es algo que a fuerza de repetirse como una letanía es tomada como una verdad común. Sin embargo, lo que verdaderamente ha fracasado es el Capitalismo, que no solo está extinguiendo las posibilidades de vida de la humanidad al provocar la crisis global y ecológica, sino que es incapaz de asegurar la alimentación y la salud a pesar de haber logrado hace décadas las condiciones productivas y tecnológicas para hacerlo.

Por lo menos, en el Perú moderno nunca ha gobernado el Socialismo. Lo que se conoce del denominado “socialismo real” es un socialismo burocrático, fallido, una versión revisionista y desnaturalizada del Socialismo que de ningún modo puede suponer su extinción total como posibilidad y vía civilizatoria. Por otro lado, aún es muy temprano para dar por sepultado al Socialismo en la historia cuando vemos revolverse al Capitalismo en sucesivas crisis en Europa, y en no pocos países hay una revaloración del Socialismo, que sin duda sería mucho más atrayente de superar algunos vicios y errores en su aplicación.

b) El Socialismo es retroceso histórico. El Socialismo como propuesta política tiene diversas expresiones y está muy lejos de estar agotado. Por el contrario, el Socialismo -ya sea comunitario, ecológico, pluricultural, etc. -, constituye una alternativa sentida, real y necesaria, frente a la crisis civilizatoria del Capitalismo, incapaz de superar sus contradicciones estructurales.

c) El Socialismo ahoga la libertad y la iniciativa personal. La necesidad de reinventar el Socialismo a fin de corregir sus expresiones históricas, prevenir y atenuar sus desviaciones y desnaturalizaciones, debe acentuar el respeto a la libertad y la iniciativa personal, uno de los fantasmas con los que el neoliberalismo aterroriza respecto al cuco “socialista”. La libertad que el Capitalismo brinda a las poblaciones excluídas y marginales es la libertad de morirse de hambre, mientras que el Socialismo tiene el desafío civilizatorio de plasmar un sistema social comunitario donde a la vez que protege y asegura el bienestar común ofrece las mejores condiciones para el máximo desarrollo personal.

d) Lo comunitario no representa ninguna opción viable para el país. Quienes insisten y repiten hasta la saciedad que lo comunitario es malo para el país nunca han vivido la gratificante experiencia que representa lo comunal. Y esto tiene que ver precisamente con el hecho histórico de que quienes han gobernado el Estado peruano siempre han vivido de espaldas a las comunidades ancestrales, a las que han visto siempre como una rémora y un factor de atraso.

La mirada socialista de José Carlos Mariátegui La Chira se distingue y diferencia precisamente de otras posturas por que el observó en las comunidades indígenas sus hábitos de solidaridad y reciprocidad, los que valoró como un factor de progreso perfectamente compatible con un moderno estado Socialista. Y son precisamente las comunidades campesinas y nativas uno de los actores y agentes sociales que se han colocado a la cabeza de las luchas sociales en defensa de los recursos del país.

Mientras que el Estado peruano – burocrático, opresor, colonialista, autoritario – sigue maniobrando para continuar gobernando servilmente a favor de los intereses transnacionales y funge representar los intereses de la nación peruana, el pueblo enfrenta el desafío de forjar desde las bases un nuevo Estado, de carácter comunitario y verdaderamente nacional, que supere el divorcio histórico entre Estado y Sociedad, entre Problema y Posibilidad, al decir de Jorge Basadre. En este proceso quienes sostienen y levantan la propuesta Comunitaria tienen mucho que decir y aportar.
3. Algunas temas claves para un frente cultural contrahegemónico

Algunos temas claves que la crítica social debería apuntalar son:

* La crisis ecológica y ambiental. La más grave crisis que enfrenta la humanidad es una crisis muy tangible y muy concreta provocada por el sistema Capitalista y agravada por sus “excesos” y su irracionalidad. Esta crisis pasará su factura a la economía y agudizará todos sus males, y el Capitalismo está totalmente incapacitado para responder a sus desafíos que se acentuarán en los próximos lustros de manera dantesca.

* La crisis energética. La matriz energética del Capitalismo tiene un final previsible y catastrófico, cuando se agoten los recursos no renovables como el gas y el petróleo. Las soluciones y alternativas para enfrentar este problema se ven obstruídos por los intereses de lucro de quienes contribuyen a la crisis, se benefician de la misma y no tienen ningún propósito de enmienda.

* El modelo consumista. La irracionalidad del Capitalismo se aprecia de manera ejemplar en los modelos y patrones tradicionales de consumo capitalista llevados al extremo que alienan a la población mundial y han desvirtuado su naturaleza social y humana. El stress, la neurosis, la insatisfacción sexual, la incomunicación son algunas dimensiones de una crisis existencial que la modernidad capitalista agrava cada vez más en falsas ilusiones de felicidad, nunca satisfechas.

* La crisis financiera y sistémica del capitalismo. La crisis mostró la falta de coherencia entre los postulados neoliberales y su pragmatismo oportunista. A esto se agregan la crisis griega, francesa y otras que como oleadas vienen remeciendo el viejo y anquilosado orden capitalista.

* La desigualdad y la inequidad. El Capitalismo no solo crea desigualdad sino que la lleva a niveles cada vez más extremos. Lo importante es explicar que esta desigualdad es consustancial al sistema capitalista. A mayor crisis, mayor enriquecimiento de unos pocos a costa de una mayor pobreza en poblaciones cada vez mayores, carentes de los más elementales derechos que gozaban los trabajadores hace algunas décadas. La explotación descarnada del Capitalismo, sin seguros ni atención médica, sin estabilidad ni contratos de estabilidad coloca a la humanidad trabajadora en una situación extrema que solo la organización política revolucionaria puede enfrentar, canalizar y superar.

sábado, 23 de octubre de 2010

POLÉMICA FINITA: Nuevos caminos en la lucha social y polítíca



Por Grajo Camaso

Un atento lector pregunta: ¿Cuáles son esos nuevos caminos de avance social y politico? Ensayemos una respuesta.

La lucha social en el Perú nunca se ha detenido. Es dinámica, constante, variable. En un país donde la estratificación clasista no es rígida, tampoco lo son sus expresiones sociales. Por eso es un error dogmático buscar "clasistamente" solo la lucha social de los obreros, de los campesinos, de la pequeña burguesía, como si estos sectores sociales existieran de por sí y para sí como segmentos estancos y muy diferenciados entre sí.

En un país como el Perú, donde el desarrollo propiamente del capitalismo ha sido incipiente y ha convivido con otras formas de producción pre capitalista, dicho análisis peca de insuficiente. Por esto, Mariátegui, un socialista ejemplar, supo observar más allá del proletariado, buscó y halló en las comunidades indígenas un factor revolucionario.

Sin embargo, la tradición izquierdista en el Perú -cargada de oportunismo y dogmatismo- no solo ignoró durante décadas a Mariátegui sino que también ignoró en su real dimensión a los pueblos y comunidades, a las cuales siempre vió como "masa campesina", como furgón de cola del proletariado, y por ende, del partido de "vanguardia".

Esta concepción pequeño burguesa y antisocialista se incubó fuertemente en los partidos de la izquierda tradicional, en sus diversas variantes -ya sea izquierdista o derechista-. La manipulación de los pueblos y comunidades lo hizo tanto la izquierda electorerista y también el aventurerismo de izquierda.

Para ambos las "masas campesinas" no era un sujeto o factor revolucionario clave y dirigente del cambio social en el Perú, sino un aliado importante del proletariado en el frente único, debido al carácter semifeudal de la sociedad peruana. Es decir, algo así como llevar una carga necesaria debido al atraso de nuestro país.

Peor aún fue la visión de la izquierda tradicional -de izquierda y derecha- respecto a los pueblos amazónicos, a los cuales ignoró durante décadas, y sobre los cuales no hubo ningún reconocimiento estratégico o programático.

Sin embargo, nuevamente, el gran Amauta, décadas atrás -y a pesar de las limitaciones de información de su época- expresó vivo interés por la situación de los indígenas de costa, andes y amazonía a las cuales se refirió en el informe que elaboró para la delegación que asistió al congreso constituyente de la Conferencia Sindical Latino-Americana, en 1929.

"En la montaña o floresta la agricultura es todavía muy incipiente. Se emplea los mismos sistemas de `enganche' de braceros de la sierra; y en cierta medida se usa los servicios de las tribus salvajes familiarizadas con los blancos. Pero la montaña tiene, en cuanto a régimen de trabajo, una tradición mucho más sombría. En la explotación del caucho, cuando este producto tenía alto precio, se aplicaron los más bárbaros y criminales procedimientos esclavistas. Los crímenes del Putumayo, sensacionalmente denunciados por la prensa extranjera, constituyen la página más negra de la historia de los `caucheros`" (1).

Es francamente imperdonable que diversas organizaciones "revolucionarias" hayan descubierto recién en el siglo XXI la lucha de los pueblos amazónicos, y por ende, de los pueblos indígenas en un país que tiene varios millones de indígenas organizados en comunidades luchando hace siglos por sus derechos fundamentales. El acercamiento que ahora hacen algunas organizaciones y sus líderes "representativos" deja mucho que desear y se aprecia como fingido y típicamente oportunista.

Muy distinta fue la actitud política del amauta José Carlos Mariátegui La Chira, quién a pesar de radicar en Lima recuerda que sólo a él y a Pedro Zulen interesó un Congreso Indígena que se realizó en Lima. Y no hay que olvidar que Mariátegui creó una nutrida red de corresponsales de las publicaciones "Labor" y "Amauta" al interior de la sierra andina del país. Incluso proyectaba editar una publicación especial destinada al sector indígena que se llamaría "El Ayllu", el cual sería una extensión de "Labor".

"Una conciencia revolucionaria indígena tardará quizás en formarse; pero una vez que el indio haya hecho suya la idea socialista, la servirá con una disciplina, una tenacidad y una fuerza, en la que pocos proletarios de otros medios podrán aventajarlo" (2)

Por eso, cuando se pregunta: ¿cuáles son esos nuevos caminos de avance social y político? La respuesta es muy sencilla. Está en la lucha de los pueblos y comunidades que cada día dan demostración de su capacidad y entereza a pesar de las difíciles condiciones en las que se desarrolla. No es solo la lucha por la defensa de sus territorios y recursos, sino también por la defensa de las fuentes de agua y del ambiente, en suma de la vida.

En su proceso, que se desarrolla desde las bases, vienen construyendo nuevas organizaciones, comités, frentes de defensa, redes, etc. para articular sus luchas, aprender de otras experiencias y mejorar su perfomance. ¿Han tenido en estos procesos apoyo de los partidos tradicionales? En unos casos si, pero por lo general se trata de militantes individuales o aislados, que han sumado su experiencia política, pero la han insertado en el proceso de lucha de las comunidades desde las bases no desde las cúpulas, no por una directiva y orientación estratégica partidaria sino por propia iniciativa.

Es este divorcio entre los tradicionales partidos comunistas, socialistas y revolucionarios y las comunidades de base el que ha provocado que estén surgiendo nuevas expresiones políticas regionales y nacionales para intentar llenar este vacío de representación política. Allí está el Movimiento Tierra y Libertad, el Partido Descentralista Fuerza Social de Susana Villarán, que a diferencia de las cúpulas trogloditas presentan nuevos rostros, nuevos líderes y sobre todo dan espacio a la juventud.

La unidad de los partidos comunistas Patria Roja y Unidad no representa de por sí un avance ni afirmación del socialismo de Mariátegui, pues ambos partidos, anquilosados con estructuras mentales del pasado, hace tiempo que han perdido sus reflejos politicos y medran a la retaguardia de la lucha social, por más que la prensa alarmista les atribuya siempre la promoción de la lucha social en un intento de desvirtuar esta última.

Peor andan los grupos que herederos de una tradición de partido andan mirándose el ombligo, no salen de recitar citas de Mariátegui -muy adecuadas para cada ocasión-, de celebrar nuevas décadas y nuevos centenarios, y también se muestran incapaces de salir más allá del espíritu de círculo y de secta de las que están impregnadas sus ideas y acciones.

Por eso, la perfomance de Susana Villarán no deja de ser sorprendente y admirable. Ella ha demostrado que con un trabajo paciente, no sectario, ha sido posible dar una ejemplar derrota a la derecha retrógrada y cavernaria (3). No importa que sea o no -a su manera- socialista, de izquierda o comunista. Se trata de una persona honesta, democrática que ha sabido aprovechar las condiciones para darle una esperanza de triunfo a los sectores populares. Repito: no importa cuál sea su grado de "radicalidad", si es que a alguien le preocupa esto de sobremanera.

Hace décadas que la derecha hace lo que quiere en el país y se ha acostumbrado a hacerlo, a tal grado que ha creado una conspiración contra toda idea socialista y democrática que atente sus intereses. Esta situación fue agravada por el aventurerismo de izquierda y también por el oportunismo electorero que se fragmentó al infinito y llevó a la pulverización de la Izquierda Unida (IU). Susana Villarán y su gente han tenido el acierto airear el panorama político, jugar en ligas políticas mayores y sacar del ostracismo a la izquierda.

Finalmente, el Socialismo no se inicia ni expresa en el partido Descentralista Fuerza Social, que se reclama de "centroizquierda"; ni tapoco en la lucha de las comunidades de base, que no dejan de ser (estas últimas) parte de la lucha del movimiento social en el Perú y en consecuencia conservan un carácter de frente y no de partido.

Para Mariátegui el Socialismo era la expresión de la unidad de la teoría revolucionaria y el movimiento social. Ahora bien, el movimiento social existe y se sigue desarrollando cada vez más. Lo que está faltando es que la teoria revolucionaria prenda, se afiance en él, a condición de que sea una teoría auténtica y legítimamente revolucionaria, es decir, que se corresponda con la realidad, con la necesidad del cambio social; y no obedezca a un simple esquematismo dogmático salido de la mente brillante de un semidiós.

Notas:

(1) Esquema del Problema Indígena. Tesis redactada por José Carlos Mariátegui La Chira. Difundida en la revista Amauta, Nº 25, Lima, julio de 1929.

(2) Ibidem.

(3) Si bien al momento de concluir el presente artículo no se conocen los resultados finales de las elecciones a la Municipalidad Metropolitana de Lima del 3 de octubre de 2010 no deja de apreciarse un desempeño sorprendente de la candidatura de Susana Villarán que ha movilizado a diversos sectores populares detrás de la esperanza de una alternativa distinta y contraria a la que suele imponer el sistema político dominado por sectores derechistas, cuyas expresiones politicas recurrentes son el PPC, el fujimorismo en sus diversas variantes y el Partido Aprista Peruano (PAP), entre otros.

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Fuente: Camino Socialista: http://caminosocialista.wordpress.com/2010/10/24/nuevos-caminos-de-la-lucha-social-y-politica/

lunes, 11 de octubre de 2010

La ética como base política del Socialismo



Por Grajo Camaso

Uno de los aportes sustantivos del amauta José Carlos Mariátegui La Chira a la propuesta socialista es la cimentación de una práctica ética como base de su actuación política. Esta práctica ética se expresa en la coherencia entre teoría y práctica, entre conciencia y acción, entre pensamiento y realidad.
No se trata de un aspecto aleatorio o complementario de su praxis política, sino de un aspecto esencial, consustancial que lo atraviesa y lo define todo. Véase su práctica, léase su correspondencia y se podrá apreciar esta dimensión capital de su propuesta política.
Para Mariátegui, la superioridad del Socialismo se expresa también en el terreno de la ética. Luego de constatar la crisis moral de la sociedad capitalista y la decadencia de la vida burguesa, el amauta ve en el Socialismo una nueva fe, una nueva religión, que devuelve al hombre la fe en su grandeza histórica y moral.
El llamado a la lucha final no es sino expresión de ese desafío ético por dar batalla a favor de un nuevo humanismo en acción, que permita al ser humano re-encontrarse consigo, y responder de manera positiva, afirmativa, ante el proceso de deshumanización que provoca el envilecimiento capitalista.
Por eso no se puede entender el proceso de construcción o afirmación de un proceso socialista sin tener como asiento fundamental el aspecto ético socialista, que debe ser cultivado como un aspecto clave de la construcción orgánica, sea del nivel de que se trate.
Un rezago tolerado por algunas cúpulas partidarias es la aceptación de prácticas reñidas con la moral socialista como el alcoholismo y la vida licenciosa entre camaradas (sino recuérdese a los chupamaros). Este tipo de prácticas vulgares -toleradas machistamente entre camaradas- dicen mucho de las limitaciones reales de quienes profesan de palabra una posición de avanzada, dizque progresista; pero, que en los hechos, aún medran en la retaguardia histórica.
La falta de ética socialista también se expresa en los métodos de hacer política. La viveza “criolla”, la impostura, la traición, el “todo vale” también son expresiones de una praxis electorera, oportunista, que dista mucha de expresar una nueva moral superior a la decadente moral burguesa.
Quienes aspiramos a dar vida a una propuesta Socialista moderna, coherente, realista, comunitaria, encontramos en la vida ejemplar del amauta José Carlos un icono clave de coherencia entre política y moral, entre ideal y realidad, entre teoría y práctica, entre pensamiento y acción. Es esta coherencia la clave que permitirá distinguir el avance del retroceso político, la afirmación constructiva de la desintegración.
En una estrategia de desarrollo organizativo de nada sirve copar membretes de organizaciones, ganar elecciones fraudulentas, ocupar cargos sin respaldo real, manipular resultados o engañar a las “bases”. Los supuestos avances que se logren con métodos fallidos no garantizan ningún avance sólido, auténtico, legítimo para el Socialismo.
Solo una construcción orgánica de calidad, teniendo como aspecto esencial el factor humano, y dentro de éste: el factor ético o moral, garantizará un avance real y propositivo del Socialismo.

sábado, 9 de octubre de 2010

Los dogmáticos y el temor a la realidad



Por Grajo Camaso

Uno de los problemas principales que atraviesan los “doctores del marxismo” de los que hablaba César Vallejo o la “bohemia subversiva” de la que hablaba José Carlos Mariátegui La Chira es el terror visceral a enfrentar la realidad tal cual. Este terror se expresa no solo en lo que concierne a aspectos teóricos sino también en lo que se refiere a aspectos puramente prácticos, pedestres, cotidianos.

La ceguera, la miopía, el rechazo ante la realidad es tan extremo, tan dramático, tan paranoico y tan patológico que los que lo sufran no perciben en lo más mínimo este divorcio, este alejamiento, esta alienación… frente a la realidad.

Los dogmáticos han construido una entelequia subjetiva para “ver la realidad” que resulta una anteojera tan grande y tan eficaz que les impide ver su propia miopía real.

El proceso de formación de un dogmático resulta en la fabricación de una coraza ideológica tan resistente como la caparazón de una tortuga o la concha de un molusco.

Esta caparazón o concha ideológica cumple una doble función: a) aisla y protege al sujeto dogmático de las influencias externas de la realidad, y b) permite al sujeto dogmático mantener, reproducir y profesar de forma inalterable, incólume, su propia visión del mundo.

Hay sujetos que durante los últimos 50 años no han cambiado sus formas de ver la vida y entender el mundo. Todas sus creencias, apostolados, principios, políticas no han variado casi nada a pesar de todos los cambios vividos no solo en la historia sino también en el mundo de las ideas. O en todo caso, todo lo vivido en las últimas décadas no ha servido de nada para modificar en algo sus percepciones y convicciones doctrinarias y políticas.

Lo peor de este tipo de dogmatismo es que construye un edificio teorético en el cual solo una cúpula de iluminados forman la quinta esencia doctrinaria y tiene en sus manos las claves de la realidad y de la tan ansiada revolución social. Cada camarilla o secta tiene personificado su alter ego, su amanuense, su dueño de la verdad revolucionaria.

Podrán vivir décadas de fracasos políticos, de estrellarse de cara y de cabeza frente a la realidad, de errar en todos sus planes y planificaciones, de romper decenas de esquemas inútiles y fallidos; pero ahí siguen, justificándolo todo con increíbles interpretaciones racionalistas y dizque coherentes acerca de supuestos procesos históricos constructivos, afirmativos.

Lo grave es que los dogmáticos no solo tienen una visión errada de la realidad, sino que la distorsionan en sus interpretaciones subjetivas y personalistas donde tratan de justificar su propio e inoperante actuar político.

No se trata de criticar desde las alturas o desde la tribuna. Se trata de criticar la actitud dogmática como una actitud que escamotea la realidad, que no es capaz de identificar y cuestionar los propios errores de concepción y entendimiento; y -en consecuencia- se convierte en la base de una actitud idealista y subjetivista que debe ser denunciada y combativa por politicamente desviacionista y liquidadora.
¿Cómo reconocer a un dogmático, de izquierda o derecha?

Básicamente el dogmático parte de una construcción subjetiva a partir de la cual lo explica todo. No parte de la realidad, dinámica, activa, contradictoria, en movimiento. No. El dogmático parte de una teoría inamovible, racionalista, superestructurada, a partir de la cual se explica todo lo demás.

Es falso que el marxismo o el socialismo científico de Marx y Engels sea una doctrina cerrada, que haya dado pie al dogmatismo. Mariategui lo entendió y explicó perfectamente cuando resumió que el marxismo es en lo esencial, “un método, que se apoya íntegramente en la realidad en los hechos”.

Lamentablemente, son los falsos seguidores del marxismo quienes lo han vuelto escolástico y lo han petrificado en dogmas que lo han vuelto un mounstruo irreconocible. Y son lamentablemente estos falsos seguidores del marxismo quienes se ufanan de ser los doctores del mismo y engatusan, cada cierto tiempo, a numerosos seguidores sacando propuestas políticas revolucionarias debajo de la manga como lo hace un mago frente a un público infantil deslumbrado por sus artilugios.

Por respeto a su edad y a sus canas no vamos a mencionar a numerosos doctores del marxismo que han poseído durante muchos años la brújula de la revolución socialista en el Perú. Cada cual, en su momento, ha liderado una secta partidaria comunista, un credo, una fe y una varita mágica.

Tradicionalmente, cada cual celebra o recuerda el nacimiento o la muerte de Mariátegui, otros la fundación histórica del Partido de Mariátegui y otros simplemente han enterrado todo respeto así sea formal por el Amauta y fundador del Socialismo peruano.

Lo que nos interesa advertir es que el dogmatismo como fundamento o quintaesencia de cualquier propuesta política no representa ninguna solución o respuesta de avance para el cambio social que el país reclama. Por el contrario, solo significará espíritu de secta, aislamiento político, distracción de un trabajo serio, retroceso, pérdida de tiempo.

Y el dogmatismo redivivo se halla presente, por ejemplo, en lo siguiente:

* Las propuestas que se presentan como “colectivas”, pero solo esconden el pensamiento individual de un semi dios o un dueño de la verdad.
* Los programas de cambio social que se presentan rigurosa y racionalistamente super estructurados -incluso nemotécnicamente- pero que no reflejan de manera dialéctica y proporcional las contradicciones de la realidad.
* Las propuestas que se difunden por medio de supuestos “voceros pensantes” pero que en realidad se trata solo de “voceros parlantes” que reciben instrucciones por correo de todo lo que deben difundir.
* Las propuestas maniqueas que se auto congratulan y auto satisfacen como exitosas cuando saben que no responden a ninguna necesidad real del movimiento social.
* Las propuestas inspiradas en una sucesión interminable de conmemoraciones de décadas y centenarios y de generaciones pero que no calzan ni se corresponden con los procesos reales de las luchas de las masas.

En realidad son muchas más las formas de identificar corrientes y personajes dogmáticos que hace muchos años se han alejado de un serio y verdadero trabajo revolucionario, actúan de espaldas a las luchas sociales y carecen de un programa de cambio que refleje de manera auténtica la necesidad de construir un programa de cambio social que sea capaz de articular y movilizar al pueblo.

Los dogmáticos prefieren construir programa encerrados individualmente en su gabinete de estudio, difundirlo a nombre de un “colectivo” real o fantasma que haga eco para la publicidad a fin de ganar incautos, y auto solazarse con la idea ficticia que representan a la vanguardia iluminada que conduce inexorablemente al pueblo hacia la Revolución.

Felizmente, el pueblo contiene dentro de sí mismo, sus propios elementos pensantes y operantes, hombres y mujeres honestos y revolucionarios, capaces de pensar políticamente por sí mismos, con aptitudes para liderar a sus comunidades y forjar nuevos y creadores caminos de avance social y político.

Es a este tipo de hombres y mujeres a los que se dirigió el Amauta para concurrir juntos a la gestación del Socialismo peruano y es este tipo de militancia el que se requiere articular para forjar un verdadero y auténtico cambio social. Los dogmáticos y dueños de la verdad más que una necesidad son un estorbo y una distracción.

jueves, 22 de julio de 2010

Mariátegui la Chira y la propuesta socialista



Mariátegui la Chira y la propuesta socialista
Por Grajocamaso

Estando en Facebook me ocurrió algo gracioso. Un joven estudiante de Antropología me pregunta “quién es el segundo, después de Marx”. Intentando ser honesto y no defraudar al espontáneo interlocutor reflexioné rápidamente y le contesté que el Socialismo como aspiración y como realidad era una creación colectiva y de ningún modo individual. Sin embargo, él no se refería a los emuladores históricos de la doctrina socialista sino al orden de los personajes de la caricatura que simboliza nuestra cuenta en esa red social.

Hecha la aclaración y explicado que la segunda figura es Federico Engels, seguido de Lenin, y luego José Carlos Mariátegui, pensé que valdría la pena poner en escrito y desarrollar aunque sea una breve reflexión sobre el carácter colectivo del Socialismo y la reivindicación del mismo que hizo nuestro gran amauta.

“Lo que pasa -me dijo el jóven estudiante-, es que la gente asocia el Socialismo con el terrorismo, con los apagones. Por eso nadie se atreve a hablar de Socialismo en la universidad y estamos perdiendo la oportunidad de conocer todo este pensamiento”.
Y esto es muy cierto. Han contribuído a desprestigiar el Socialismo Marxista o Científico el dogmatismo de los tradicionales partidos de izquierda y el ultraizquierdismo gonzaliano.

Esas dos expresiones políticas han hecho y seguirán haciendo mucho daño para que el Socialismo recupere el espacio que siempre debió tener, especialmente a partir de la escuela ejemplar aplicada por el amauta José Carlos Mariátegui La Chira, quién supo ganar la hegemonía ideológica y el liderato político en el proceso social peruano, allá en la década del 20 del siglo pasado.

Los supuestos herederos políticos de Mariátegui no han sabido superar el dogmatismo febril y se han fraccionado en luchas intestinas por la pureza ideológica hasta auto-pulverizarse políticamente.

Ya Mariátegui lo advertía proféticamente:

“Que no se esterilicen bizantinamente en ex confesiones y excomuniones recíprocas. Que no alejen a las masas de la revolución con el espectáculo de las querellas dogmáticas de sus predicadores. Que no empleen sus armas ni dilapiden su tiempo en herirse unos a otros, sino en combatir el orden social sus instituciones, sus injusticias y sus crímenes.” El 1º de Mayo y el Frente Único.

Estos resabios de dogmatismo aún se encuentran vitales incluso entre quienes reivindican a Mariátegui y deslindan con el gonzalismo ultraizquierdista. Está muy bien zanjar y marcar diferencia con el oportunismo aventurero de izquierda. Pero la mejor forma de hacerlo no es quedarse únicamente en la crítica ideológica-teórica, sino en la afirmación y construcción de una propuesta política y orgánica que sobre todo responda a las necesidades frente a la realidad concreta.

La juventud honesta y conciente espera de los mayores una propuesta socialista políticamente solvente, viable, que teniendo asidero en el método marxista sepa hallar en la realidad las contradicciones sobre las cuales hay que operar para transformarla.

La forja y construcción del Socialismo, así, en grande y con mayúscula, es una necesidad entrañable en la propia realidad. No es la invención teórica de un dogma ni una construcción ideología con autoría. Al Socialismo han contribuído en diversas épocas los diversos esfuerzos civilizatorios por construir una sociedad humanizada, con valores sociales, donde el individuo encuentra su pleno sentido de realización en la comunidad.

Carlos Marx y muchos otros han contribuído a sentar los cimientos del Socialismo científico o moderno, forjado como respuesta al decadente y deshumanizador sistema capitalista. Pero el socialismo -como lo advierte Mariátegui- también está en la tradición de nuestras comunidades indígenas.

“El socialismo, en fin, está en la tradición americana. La más avanzada organización comunista, primitiva, que registra la historia, es la incaica” (JCM: Aniversario y Balance)

Por esto el amauta propone el socialismo indoamericano como una fórmula más asimilada a nuestra realidad:

“No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heróica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano. He aquí una misión digna de una generación nueva.” (Ibidem).


La vigencia del Socialismo


Mariátegui fue muy claro y muy específico acerca de la vigencia de la denominación Socialista de la propuesta política marxista en el Perú.

“En nuestra bandera inscribimos esta sola, sencilla y grande palabra: Socialismo.” (Ibidem.)

Así lo escribió en el editorial de la revista Amauta de septiembre de 1928, un momento trascedental en el proceso de “criba de la vanguardia”, y una forma de anunciar públicamente el proceso de gestación del partido revolucionario.
A quién tenga alguna duda acerca de la propuesta de Mariátegui, reflexione sobre la siguiente y contundente afirmación:

“La revolución latinoamericana será nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial. Será simple y puramente la revolución socialista. A esta palabra agregad, según los casos, todos los adjetivos que queráis: “antiimperialista”, “agrarista”, “nacionalista-revolucionaria”. El socialismo los supone, los antecede, los abarca a todos.” (Ibidem.)

Y es que para Mariátegui el problema de nuestra época se resume en dos opciones:
“Capitalismo o socialismo. Éste es el problema de nuestra época.” (Ibidem.)
La reivindicación del término Socialista responde a que para Mariátegui el Socialismo como propuesta y denominación estaba plenamente vigente para países como el Perú, donde el reformismo parlamentario no se había degenerado como sucedió en Europa.

“En los pueblos donde ese fenómeno no se ha producido, porque el socialismo aparece recién en su proceso histórico, la vieja y grande palabra conserva intacta su grandeza. Lo guardará también en la historia, mañana, cuando las necesidades contingentes y convencionales de demarcación que hoy distinguen prácticas y métodos, hayan desaparecido.” (Ibidem.)

Quienes reivindicamos el Camino y el Pensamiento de José Carlos Mariátegui también reivindicamos la denominación de su propuesta política. Esta posición no nos hace menos comunistas, ni menos marxistas-leninistas. Estamos muy claros que Mariátegui optó por esta formulación luego de un profundo análisis marxista de nuestra realidad social, cultural y política, cuyos basamentos esenciales no se han modificado.

Si el oportunismo de izquierda u otros núcleos marxistas -ya sea por historia, por tradición partidaria o por no parecer menos revolucionarios o radicales que otros-, prefieren otra denominación, tienen la libertad de asumirla pero deben admitir que esta no es la opción que eligió Mariátegui. Y si piensan que Mariátegui se equivocó o que las condiciones en las que se apoyó para sostenerla se han modificado lo deberían sustentar con propiedad.

Lo cierto es que el pueblo peruano tiene mas empatía, comprende mejor los valores y contenidos y asimila con mayor facilidad la propuesta Socialista y desconfía, recela y rechaza la denominación “comunista” que Sendero Luminoso ha asociado -como lo advierte el jóven estudiante de Antropología- con terrorismo, apagones y dinamitazos, y esto no es lo que caracteriza o distingue al Socialismo.

La búsqueda del Socialismo no solo se expresa en el Perú donde vienen surgiendo diversos movimientos étnicos y regionales que incorporan con diversos matices y adjetivos la grande palabra Socialismo, como Socialismo Comunitario, Socialismo Plurinacional, etc.; sino también en países vecinos como Bolivia, donde actualmente gobierna el Movimiento Al Socialismo (MAS). Incluso el experimento de Hugo Chávez ha adoptado la autodenominación de Socialismo del Siglo XXI o Socialismo Bolivariano.
Mariátegui lo tenía muy claro:

“A esta palabra agregad, según los casos, todos los adjetivos que queráis: “antiimperialista”, “agrarista”, “nacionalista-revolucionaria”. El socialismo los supone, los antecede, los abarca a todos.” (Ibidem.)

Todo lo cual demuestra que Mariátegui no se equivocó en este delicado tema y su intuición estratégica aún está plenamente vigente.