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miércoles, 17 de agosto de 2022

NUEVO ORDEN, LA MATRIZ COMUNITARIA 6: LA COMUNIDAD COMO MERCANCÍA VERSUS LA COMUNIDAD COMPARTIDA

 


LA SEGUNDA VENIDA DEL HEARTLAND

 

Pepe Escobar

Es tentador visualizar la abrumadora debacle colectiva de Occidente como un cohete, más rápido que la caída libre, que se sumerge en la vorágine del vacío negro del colapso sociopolítico completo.

El fin de (su) historia resulta ser un proceso histórico de avance rápido que tiene ramificaciones asombrosas: mucho más profundas que las meras "élites" autoproclamadas, a través de sus mensajeros, que dictan una distopía diseñada por la austeridad y la financiarización: lo que eligieron marcar como un Gran Reinicio y luego, construyendo una gran falacia, La Gran Narrativa .

La financiarización de todo significa la mercantilización total de la vida misma. En su último libro, No-Cosas: Quiebras del Mundo de Hoy, el principal filósofo alemán contemporáneo (Byung-Chul Han, que resulta ser coreano), analiza cómo el Capitalismo de la Información, a diferencia del capitalismo industrial, convierte también lo inmaterial en mercancía: “La vida misma adquiere la forma de mercancía (…) desaparece la diferencia entre cultura y comercio. Las instituciones de cultura se presentan como marcas rentables”.

La consecuencia más tóxica es que “la comercialización y mercantilización total de la cultura tuvo el efecto de destruir la comunidad (…) La comunidad como mercancía es el fin de la comunidad”.

La política exterior de China bajo Xi Jinping propone la idea de una  comunidad de destino de la humanidad, esencialmente un proyecto geopolítico y geoeconómico. Sin embargo, China aún no ha acumulado suficiente poder blando para traducir eso culturalmente y seducir a grandes sectores del mundo: eso preocupa especialmente a Occidente, para quien la cultura, la historia y las filosofías chinas son prácticamente incomprensibles.

En Asia Interior, donde me encuentro ahora, un pasado glorioso revivido puede ofrecer otros ejemplos de “comunidad compartida”. Un ejemplo brillante es la necrópolis de Shaki Zinda en Samarcanda.

Afrasiab, el antiguo asentamiento anterior a Samarcanda, había sido destruido por las hordas de Genghis Khan en 1221. El único edificio que se conservaba era el santuario principal de la ciudad: Shaki Zinda.

Mucho más tarde, a mediados del siglo XV, el astrónomo Ulugh Beg, él mismo nieto del “Conquistador del Mundo” turco-mongol Timur (Tamerlán), desató nada menos que un Renacimiento Cultural: convocó a arquitectos y artesanos de todos los rincones de Timurid y el mundo islámico para trabajar en lo que se convirtió en un laboratorio artístico creativo de facto.

La Avenida de las 44 Tumbas en Shaki Zinda representa a los maestros de diferentes escuelas creando armoniosamente una síntesis única de estilos en la arquitectura islámica.

La decoración más notable en Shaki Zinda son las estalactitas, colgadas en grupos en las partes superiores de los nichos del portal. Un viajero de principios del siglo XVIII las describió como “magníficas estalactitas, que cuelgan como estrellas sobre el mausoleo, dejan en claro la eternidad del cielo y nuestra fragilidad”. Las estalactitas en el siglo XV se llamaban “muqarnas”: eso significa, en sentido figurado, “cielo estrellado”.

El cielo protector (comunitario)

El complejo Shaki Zinda se encuentra ahora en el centro de un esfuerzo deliberado por parte del gobierno de Uzbekistán para restaurar Samarcanda a su antigua gloria. La pieza central, los conceptos transhistóricos son la "armonía" y la "comunidad", y eso va mucho más allá del Islam.

Como agudo contraste, el inestimable Alastair Crooke ha ilustrado la muerte del eurocentrismo aludiendo a Lewis Carroll y Yeats: sólo a través del espejo podemos ver los contornos completos del escabroso espectáculo de autoobsesión narcisista y autojustificación que ofrece “el peor”, todavía tan “lleno de intensidad apasionada”, como lo describe Yeats.

Y sin embargo, a diferencia de Yeats, los mejores ahora no “carecen de toda convicción”. Puede que sean pocos, condenados al ostracismo por la cultura de cancelación, pero ven a la “bestia áspera, su hora por fin salir, encorvada hacia…” Bruselas (no Jerusalén) “para nacer”.

Este grupo no elegido de mediocridades insoportables, desde von der Leyen y Borrell hasta ese trozo de madera noruego llamado Stoltenberg, puede soñar que viven en la era anterior a 1914, cuando Europa estaba en el centro político. Sin embargo, ahora no sólo “el centro no aguanta” (Yeats), sino que la Europa infestada de eurócratas ha sido definitivamente engullida por la vorágine, un remanso político irrelevante que coquetea seriamente con la reversión al estatus del siglo XII.

Los aspectos físicos de la Caída (austeridad, inflación, ausencia de duchas calientes, congelación hasta la muerte para apoyar a los neonazis en Kiev) han sido precedidos, y no es necesario aplicar imágenes cristianizadas, por los fuegos de azufre de una Caída Espiritual. A los amos trasatlánticos de esos loros haciéndose pasar por “élites” nunca se les ocurrió ninguna idea para vender al Sur Global centrada en la armonía y mucho menos en la “comunidad”.

Lo que venden, a través de su narrativa unánime, en realidad su versión de "We Are the World", son variaciones de "no tendrás nada y serás feliz". Peor aún: tendrás que pagarlo muy caro. Y no tienes derecho a soñar con ninguna trascendencia, independientemente de si eres un seguidor de Rumi, el Tao, el chamanismo o el Profeta Mahoma.

Las tropas de choque más visibles de este neo-nihilismo occidental reduccionista, oscurecido por la niebla de la "igualdad", los "derechos humanos" y la "democracia", son los matones que se están eliminando rápidamente en Ucrania, luciendo sus tatuajes y pentagramas.

El amanecer de una nueva Ilustración

El Show de Autojustificación Colectiva de Occidente organizado para borrar su suicidio ritualizado no ofrece ningún indicio de trascender el sacrificio implícito en un seppuku ceremonial. Todo lo que hacen es revolcarse en la firme negativa a admitir que podrían estar gravemente equivocados.

¿Cómo se atrevería alguien a ridiculizar el conjunto de “valores” derivados de la Ilustración? Si no te postras frente a este brillante altar cultural, no eres más que un bárbaro listo para ser calumniado, castigado por la ley, cancelado, perseguido, sancionado y, HIMARS al rescate, bombardeado.

Todavía no tenemos un Tintoretto posterior a Tik Tok para representar al Occidente colectivo revolcándose en las cámaras dantescas del infierno pop. Lo que sí tenemos, y debemos soportar, día tras día, es la batalla cinética entre su “Gran Narrativa”, o narraciones, y la pura y simple realidad. Su obsesión con la necesidad de que la realidad virtual siempre “gane” es patológica: después de todo, la única actividad en la que sobresalen es la fabricación de realidades falsas. Lástima que Baudrillard y Umberto Eco ya no estén entre nosotros para desenmascarar sus cursilerías.

¿Hace eso alguna diferencia en vastas franjas de Eurasia? Por supuesto que no. Solo necesitamos mantenernos al día con la vertiginosa sucesión de reuniones bilaterales, acuerdos e interacción progresiva de BRI, SCO, EAEU, BRICS+ y otras organizaciones multilaterales para tener una idea de cómo se está configurando el nuevo sistema mundial.

En Samarcanda, rodeado de ejemplos fascinantes del arte timúrida junto con un auge del desarrollo que recuerda el milagro del este asiático de principios de la década de 1990, es fácil ver cómo el corazón del Heartland está de regreso con una venganza, y está destinado a despachar el Occidente afligido por pleonexia al pantano de la Irrelevancia.

Los dejo con una puesta de sol psicodélica frente al Registan, en el filo de la navaja de un nuevo tipo de Ilustración que está conduciendo al Heartland hacia una versión basada en la realidad de Shangri-La, privilegiando la armonía, la tolerancia y, sobre todo, el sentido de comunidad.

Fuente: http://geoestrategia.es/index.php/tribuna-libre/38579-la-segunda-venida-del-heartland

 

sábado, 30 de octubre de 2021

BYUNG-CHUL HAN: “EL MÓVIL ES UN INSTRUMENTO DE DOMINACIÓN. ACTÚA COMO UN ROSARIO”

 


El filósofo surcoreano, una de las estrellas del pensamiento actual, profundiza en su cruzada contra los ‘smartphones’. Estima que se han convertido en una herramienta de subyugación digital que crea adictos. En una entrevista exclusiva con EL PAÍS, Han afirma que hay que domar el capitalismo, humanizarlo

Sergio C. Fanjul

09 oct 2021

 

Byung-Chul Han ha aceptado esta entrevista con EL PAÍS, pero solo mediante un cuestionario por correo electrónico que ha sido respondido en alemán por el filósofo y posteriormente traducido y editado.

PREGUNTA. ¿Cómo es posible que en un mundo obsesionado por la hiperproducción y el hiperconsumo, al mismo tiempo los objetos se vayan disolviendo y vayamos hacia un mundo de no-cosas?

RESPUESTA. Hay, sin duda, una hiperinflación de objetos que conduce a su proliferación explosiva. Pero se trata de objetos desechables con los que no establecemos lazos afectivos. Hoy estamos obsesionados no con las cosas, sino con informaciones y datos, es decir, no-cosas. Hoy todos somos infómanos. Se ha llegado ya a hablar de datasexuales [personas que recopilan y comparten obsesivamente información sobre su vida personal].

P. En ese mundo que describe, de hiperconsumo y pérdida de lazos, ¿por qué es importante tener “cosas queridas” y establecer rituales?

R. Las cosas son los apoyos que dan tranquilidad en la vida. Hoy en día están en conjunto oscurecidas por las informaciones. El smartphone no es una cosa. Yo lo caracterizo como el infómata que produce y procesa informaciones. Las informaciones son todo lo contrario a los apoyos que dan tranquilidad a la vida. Viven del estímulo de la sorpresa. Nos sumergen en un torbellino de actualidad. También los rituales, como arquitecturas temporales, dan estabilidad a la vida. La pandemia ha destruido estas estructuras temporales. Piense en el teletrabajo. Cuando el tiempo pierde su estructura nos empieza a afectar la depresión.

P. En su libro se establece que, mediante la digitalización, nos convertiremos en homo ludens, enfocados al juego más que al trabajo. Pero, con la precarización y la destrucción de empleo, ¿podremos todos acceder a esa condición?

R. He hablado de un desempleo digital que no está determinado por la coyuntura. La digitalización conducirá a un desempleo masivo. Este desempleo representará un problema muy serio en el futuro. ¿Consistirá el futuro humano en la renta básica y los juegos de ordenador? Un panorama desalentador. Con panem et circenses (pan y circo) se refiere Juvenal a la sociedad romana en la que no es posible la acción política. Se mantiene contentas a las personas con alimentos gratuitos y juegos espectaculares. La dominación total es aquella en la que la gente solo se dedica a jugar. La reciente e hiperbólica serie coreana de Netflix, El juego del calamar, en la que todo el mundo solo se dedica al juego, apunta en esta dirección.

P. ¿En qué sentido?

R. Esa gente está sobreendeudada y se entrega a ese juego mortal que promete enormes ganancias. El juego del calamar representa un aspecto central del capitalismo en una forma extrema. Ya dijo Walter Benjamin que el capitalismo representa el primer caso de un culto que no es expiatorio, sino que nos endeuda. En los principios de la digitalización se soñaba con que esta sustituiría el trabajo por el juego. En realidad, el capitalismo digital explota despiadadamente la pulsión humana por el juego. Piense en las redes sociales, que incorporan elementos lúdicos para provocar la adicción en los usuarios.

P. En efecto, el teléfono móvil inteligente nos prometía cierta libertad… ¿No se ha convertido en una larga cadena que nos apresa allí donde estemos?

R. El smartphone es hoy un lugar de trabajo digital o bien un confesionario digital. Todo dispositivo, toda técnica de dominación genera artículos de culto que son empleados para la subyugación. Así se afianza la dominación. El smartphone es el artículo de culto de la dominación digital. Como aparato de subyugación actúa como un rosario y sus cuentas; así es como mantenemos el móvil constantemente en la mano. El me gusta es el amén digital. Seguimos confesándonos. Nos desnudamos por decisión propia. Pero no pedimos perdón, sino que se nos preste atención.

P. Hay quien teme que el internet de las cosas pudiera significar algo así como la rebelión de los objetos contra el ser humano.

R. No exactamente. El smart home [hogar inteligente] con cosas interconectadas representa una prisión digital. El smart bed [cama inteligente] con sensores prolonga la vigilancia también durante las horas de sueño. La vigilancia se va imponiendo de modo creciente y subrepticio en la vida cotidiana como si fuera lo conveniente. Las cosas informatizadas, o sea, los infómatas, se revelan como informadores eficientes que nos controlan y dirigen constantemente.

P. Usted ha descrito cómo el trabajo va tomando carácter de juego, las redes sociales, paradójicamente, nos hacen sentir más libres, el capitalismo nos seduce. ¿Ha conseguido el sistema meterse dentro de nosotros para dominarnos de una manera incluso placentera para nosotros mismos?

R. Solo un régimen represivo provoca la resistencia. Por el contrario, el régimen neoliberal, que no oprime la libertad, sino que la explota, no se enfrenta a ninguna resistencia. No es represor, sino seductor. La dominación se hace completa en el momento en que se presenta como la libertad.

P. ¿Por qué, a pesar de la precariedad y la desigualdad crecientes, de los riesgos existenciales, etcétera, el mundo cotidiano en los países occidentales parece tan bonito, hiperdiseñado, y optimista? ¿Por qué no parece una película distópica o ciberpunk?

R. La novela 1984 de George Orwell se ha convertido desde hace poco en un éxito de ventas mundial. Las personas tienen la sensación de que algo no va bien con nuestra zona de confort digital. Pero nuestra sociedad se parece más a Un mundo feliz de Aldous Huxley. En 1984 las personas son controladas mediante la amenaza de hacerles daño. En Un mundo feliz son controladas mediante la administración de placer. El Estado distribuye una droga llamada “soma” para que todo el mundo se sienta feliz. Ese es nuestro futuro.

P. Usted sugiere que la inteligencia artificial o el big data no son formas de conocimiento tan asombrosas como nos las pintan, sino más bien “rudimentarias”. ¿Por qué?

R. El big data dispone solo de una forma muy primitiva de conocimiento, a saber, la correlación: si ocurre A, entonces ocurre B. No hay ninguna comprensión. La inteligencia artificial no piensa. A la inteligencia artificial no se le pone la carne de gallina.

P. Dijo Blaise Pascal que la gran tragedia del ser humano es que no puede estar quieto sin hacer nada. Vivimos en un culto a la productividad, incluso en ese tiempo que llamamos “libre”. Usted lo llamó, con gran éxito, la sociedad del cansancio. ¿Deberíamos fijarnos como objetivo político la recuperación del tiempo propio?

R. La existencia humana está hoy totalmente absorbida por la actividad. Con ello se hace completamente explotable. La inactividad vuelve a aparecer en el sistema capitalista de dominación como incorporación de algo externo. Se llama tiempo de ocio. Como sirve para recuperarse del trabajo, permanece vinculado al mismo. Como derivada del trabajo constituye un elemento funcional dentro de la producción. Necesitamos una política de la inactividad. Esto podría servir para liberar el tiempo de las obligaciones de la producción y hacer posible un tiempo de ocio verdadero.

P. ¿Cómo se combina una sociedad que trata de homogeneizarnos y eliminar las diferencias, con la creciente querencia de las personas por ser diferentes de los demás, en cierto modo, únicas?

R. Todo el mundo quiere hoy ser auténtico, es decir, diferente a los demás. Así, estamos comparándonos todo el rato con los otros. Precisamente es esta comparación la que nos hace a todos iguales. O sea: la obligación de ser auténticos conduce al infierno de los iguales.

P. ¿Necesitamos más silencio? ¿Estar más dispuestos a escuchar al otro?

R. Necesitamos que se acalle la información. Si no, acabará explotándonos el cerebro. Hoy percibimos el mundo a través de las informaciones. Así se pierde la vivencia presencial. Nos desconectamos del mundo de forma creciente. Vamos perdiendo el mundo. El mundo es algo más que información. La pantalla es una pobre representación del mundo. Giramos en círculo alrededor de nosotros mismos. El smartphone contribuye decisivamente a esta pobre percepción de mundo. Un síntoma fundamental de la depresión es la ausencia de mundo.

P. La depresión es uno de los más alarmantes problemas de salud contemporáneos. ¿Cómo opera esa ausencia de mundo?

R. En la depresión perdemos la relación con el mundo, con el otro. Nos hundimos en un ego difuso. Pienso que la digitalización, y con ella el smartphone, nos convierten en depresivos. Hay historias de odontólogos que cuentan que sus pacientes se aferran a su teléfono cuando el tratamiento es doloroso. ¿Por qué lo hacen? Gracias al móvil soy consciente de mí mismo. El móvil me ayuda a tener la certeza de que vivo, de que existo. De esa forma nos aferramos al móvil en situaciones críticas, como el tratamiento dental. Yo recuerdo que cuando era niño me aferraba a la mano de mi madre en el dentista. Hoy la madre no le dará la mano al niño, sino que le dará el móvil para que se agarre a él. El sostén no viene de los otros, sino de uno mismo. Eso nos enferma. Tenemos que recuperar al otro.

P. Según el filósofo Fredric Jameson es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. ¿Ha imaginado usted algún modo de poscapitalismo ahora que el sistema parece en decadencia?

R. El capitalismo corresponde realmente a las estructuras instintivas del hombre. Pero el hombre no es solo un ser instintivo. Tenemos que domar, civilizar y humanizar el capitalismo. Eso también es posible. La economía social de mercado es una demostración. Pero nuestra economía está entrando en una nueva época, la época de la sostenibilidad.

P. Usted se doctoró con una tesis sobre Heidegger, que exploró las formas más abstractas de pensamiento y cuyos textos son muy oscuros para el profano. Sin embargo, usted consigue aplicar ese pensamiento abstracto a asuntos que cualquiera puede experimentar. ¿Debe la filosofía ocuparse más del mundo en el que vive la mayor parte de la población?

R. Michel Foucault define la filosofía como una especie de periodismo radical, y se considera a sí mismo periodista. Los filósofos deberían ocuparse sin rodeos del hoy, de la actualidad. En eso sigo a Foucault. Yo intento interpretar el hoy en pensamientos. Estos pensamientos son precisamente los que nos hacen libres.

Traducción de Santiago Tovar

Fuente: https://elpais.com/ideas/2021-10-10/byung-chul-han-el-movil-es-un-instrumento-de-dominacion-actua-como-un-rosario.html?ssm=whatsapp

 

sábado, 10 de abril de 2021

EL FILÓSOFO Y LA PESTE ALIENADA



Autor: Cristián Warnken

 

Byung-Chul Han, filósofo alemán de origen coreano, viene hace tiempo alertando sobre los síntomas de lo que ha llamado la sociedad del rendimiento y del cansancio. El sujeto contemporáneo, forzado a rendir, se explota a sí mismo, y ese giro (de ser un explotado por el sistema a ser él el propio explotador) le produce una falsa sensación de libertad. Los síntomas de esta sociedad en la que impera esta nueva “alienación” (distinta a la que develó Marx en el siglo XIX) son la depresión y el cansancio constante.

Han acaba de publicar un breve ensayo en el que señala que los síntomas por él descritos en sus libros hoy se ven agravados por la pandemia, En uno de sus últimos textos, antes de la pandemia, había advertido sobre el fin de los rituales en nuestra vida cotidiana, esos que Antoine de Saint Exupéry declara como fundamentales para la convivencia humana, en el famoso diálogo entre el zorro y el Principito. Han advierte que —con los distanciamientos— se acelerará la pérdida de esa ritualidad. Hoy lo que predomina es una comunicación sin comunidad y uno de los daños colaterales de las cuarentenas va a ser una vida con una vida más triste, más fría y distante. Los ritos religiosos (que algunos, con un simplismo ramplón, parecen considerar como no primordiales) están amenazados, y el rito más básico de tomarse un café con los viejos amigos del alma también corre riesgos. Han también había hablado del “panóptico virtual”, advirtiendo sobre cómo la sociedad de la transparencia se vuelve la sociedad del control. Hoy enciende las alarmas por el excesivo entusiasmo con la “comunicación” digital. Denuncia el “videonarcisismo” y además señala que la comunicación digital contribuye a profundizar el cansancio, que ya era un signo de nuestra sociedad del rendimiento. El no encontramos con la mirada del otro en la pantalla nos deja frente a un vacío cercano al de la desolación. Para Han, la depresión puede convertirse en la más grave pandemia del presente, una pandemia que no aparece en los conteos diarios que saturan los medios de comunicación. Es cierto que la muerte de cada ser humano por este virus debe conmocionarnos y preocuparnos y que se deben mantener las medidas de cuidado mientras las cifras de mortalidad no bajen. Pero también es fundamental tomar conciencia de los daños colaterales que van a producir las cuarentenas prolongadas en nuestros niños, jóvenes y ancianos, y no solo en ellos. Lo digital no puede reemplazar la presencialidad humana, ni en la educación ni en la convivencia. Nada puede competir con el sofisticado intercambio neuronal que subyace a las miradas, ni con la química y alquimia de los abrazos: perder eso significaría una involución en la historia humana sin precedentes.

Sería bueno empezar a considerar en los balances de la pandemia a los que van a morir de depresión y tristeza, los que van enfermarse en una hipercomunicación sin otros, en la que ya no se puede practicar esa domesticación delicada tan bien descrita por el zorro de El Principito y tan crucial enel encuentro humano.

Hay que tener cuidado hoy con reducir la realidad solo a la mirada médica, por supuesto importante en una pandemia como esta: antes cometimos el error de convertir a los economistas en los hechiceros de la tribu. Pero una cosa es la economía y otra el economicismo reductivista. También hay un riesgo de la medicalización de la política. No se puede olvidar la dimensión antropológica, sociológica y sicológica de esta crisis. La depresión también es un virus que condena a miles a una muerte en vida, peor incluso que la muerte física. Necesitamos la mirada de estos médicos del alma que pueden ser los filósofos.

Escuchar a un filósofo como Byung-Chul Han nos ayuda a dimensionar esta pandemia en toda su complejidad y nos advierte que otros virus, más invisibles y sigilosos, nos acechan, tan peligrosos y letales como el que hoy nos paraliza.

 

Fuente: https://www.litoralpress.cl/sitio/Prensa_Texto?LPKey=c.Ng.Wr.Wr.E.M.Xo1.Uyyc0.Pzzn1s.T.Jpn8.Aw.G.Y.C9lurfsm18.A.%C3%96