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lunes, 12 de octubre de 2020

IDEAS PARA UNA PLATAFORMA: RECURSOS NATURALES DEL ECOSISTEMA

 



Escribe: Milcíades Ruiz

Desde la izquierda se plantea una nueva constitución que recoja nuestros planteamientos. Sin embargo, no hay seguridad de que esto se logre, porque para eso, se necesita tener una representación constituyente mayoritaria. Un partido derechista también podría ofrecerla para ganar votos, ya que tiene posibilidad de lograr otra similar o peor, y entonces nuestra bandera sería un “blooper” político.

 

No obstante, es importante defender nuestros planteamientos constitucionales porque nos dan un marco referencial de una línea política sustentable, cualquiera fuera el accionar circunstancial. Podemos defender nuestras ideas, aunque todavía no estén consideradas en la constitución vigente. En esta perspectiva, expongo algunas ideas discutibles, sobre asuntos constitucionales que podrían ser consideradas.

Tener una base doctrinaria ayuda mucho a mantener una posición política coherente. Los ideales doctrinarios no nacen del cerebro ni del corazón. Tienen sus raíces en la realidad viviente que los impacta haciéndolos desarrollar procesos biológicos. Reaccionamos ante los hechos sociales según nuestra ideología. Por eso nos conmueve e indigna la injusticia social que sufren nuestros compatriotas campesinos en su lucha contra la codicia de los depredadores de recursos naturales.

Pero esta reacción no puede ser por simple emotividad. Lo hacemos porque tenemos fundamento racional. Conocemos que los meteoritos caídos a nuestro planeta, muestran que la materia en el universo, es la misma la que conocemos. Está compuesta por átomos conocidos que se agrupan en moléculas, mediante combinaciones químicas dando por resultado, objetos materiales de diversa forma, tamaño y consistencia.

Siendo así, ¿Por qué entonces no hay vida en todos los planetas? Porque las condiciones en que la materia se desarrolla, no han sido ni son, las mismas. Los alquimistas, creyeron que combinando metales podrían obtener oro. Pero este, como otros sedimentos metálicos provienen del proceso sideral que ha atravesado nuestro planeta desde su formación, pasando por catastróficas fundiciones de materiales a altísima incandescencia masiva.

A diferencia de los procesos en pequeño que están a nuestro alcance manejar, los procesos siderales son de amplia cobertura en el tiempo y espacio. Ocurrieron en un tiempo determinado y en condiciones astronómicas que ya no existen. Por eso decimos que los minerales son recursos naturales no renovables. Cuando se acaben, no habrá más en estado natural.

Si los demás planetas del universo hubieran pasado por el mismo proceso que el nuestro (en el tiempo y espacio) y bajo las mismas condiciones siderales (galácticas y del sistema solar en formación), probablemente serían también biológicos. Para ello, hubieran necesitado las condiciones requeridas en un momento dado y no en otro, en que la materia inerte, inorgánica, adquiere la capacidad de convertirse en materia orgánica o biológica.

En nuestro planeta eso ocurrió, según nuestras magnitudes, hace más de mil millones de años. Pero aún, subsiste un factor determinante sin el cual no habría vida, que es, la luz solar que atraviesa nuestra atmósfera, siempre que esta, conserve las condiciones apropiadas. A la luz solar le debemos los procesos de la clorofila, que mantiene la cadena nutritiva de seres vivos, así como, los procesos del oxígeno del que vivimos.

Además, ello solo es posible porque nuestro planeta tiene una envoltura atmosférica de diez mil kilómetros con 5 capas diferentes que actúan como filtro a los rayos solares mortíferos, y tiene una capa de ozono que protege la vida terrícola1. Todas estas capas atmosféricas, la energía solar, la existencia de la luna satelital y otros factores, son piezas integradas del sistema biológico o ecosistema planetario. Sin estas condiciones no habría vida.

Además, la vida en nuestro planeta es posible únicamente, por su ubicación en el sistema solar. No, en otra ubicación. Por lo dicho, podemos concluir en que somos afortunados por formar parte del sistema ecológico planetario, único hasta hoy, en nuestra galaxia y más allá. Se busca indicios de vida en otros planetas hasta donde alcanza nuestros medios científicos, pero todos los esfuerzos conducen a que, no hay otro planeta como el nuestro.

Es único a millones de años luz de espacio y tiempo procesal. Pero la existencia de vida terráquea depende de las condiciones que la generan. Si esas condiciones se pierden, entonces la vida se extinguirá. Por consiguiente, existen razones inobjetables para sostener nuestros planteamientos en defensa del ecosistema planetario. Surge entonces, una primera razón ideológica que trasciende en nuestro modo de vida.

Cuidar el planeta es cuidar la vida. Todo ser viviente debe su existencia al ecosistema planetario. Consiguientemente, todos los humanos tenemos la obligación de cuidar nuestra fuente de vida, velando por que nuestro planeta conserve sus atributos en el presente y futuro. La participación en la supervisión de las buenas condiciones de preservación del ecosistema planetario es un derecho humano.

Como se verá más adelante, este planteamiento define políticas de estado, respecto a los recursos naturales y los derechos de los seres vivos que habitan las zonas de explotación de los mismos. Pero también sobre la dispersión de los contaminantes derivados de esa explotación, debido a la rotación planetaria. Aire, agua, gases y más elementos dañinos circulan con los vientos en todo el planeta deteriorando las condiciones de vida.

Por ello, la preservación implica:

1.     Medidas prevención y precaución, ante todo riesgo de deterioro de las condiciones de vida.

2.     Recuperar las condiciones óptimas al 100%, reparando los daños existentes.

3.     Garantizar la sostenibilidad biológica en el tiempo máximo.

Sabemos que el desequilibrio climático ocasiona desastres naturales, como también, eclosiones virales de alta mortalidad humana, animal y vegetal. Eliminar las causas del desequilibrio en las condiciones de vida, es parte de la obligación humana para asegurar la supervivencia. Entonces, toda iniciativa particular solo debería desarrollarse en condiciones compatibles con la preservación de la integridad ecológica planetaria.

Esta compatibilidad es el límite para toda iniciativa de desarrollo, desde el accionar personal hasta el más alto grado de organización social. Todo acto que ponga en peligro, la preservación biológica planetaria constituye delito de lesa humanidad si pone en riesgo, la vida de millones de humanos y demás seres vivos. Pero también, lo que hagamos cotidianamente, podría contribuir al deterioro planetario si no ponemos límite a nuestras actividades contaminantes.

El fin lucrativo de ningún modo puede estar por encima del interés colectivo en la preservación ecológica. No se trata tampoco de ejercer un control ciego, impidiendo iniciativas. Ellas son permisibles respetando el rango de compatibilidad.

Es indesligable la existencia de vida y las partes del ecosistema como pueden ser los recursos naturales del subsuelo. El derecho a la vida, es al mismo tiempo derecho a un entorno ecológico saludable. Atentar contra el ecosistema es atentar contra la vida que aloja. Entonces, si sostenemos esta posición política en el ámbito planetario, para ser coherentes, tendremos que sostener la misma concepción en el ámbito nacional y local, considerando las particularidades de cada caso.

Desde esta posición, la explotación de los recursos naturales, solo pueden autorizados si son compatibles con la preservación de la ecología nacional y local. Sin embargo, la actual constitución establece que los recursos naturales son patrimonio nacional y solo el gobierno dispone sobre ellos. Pero entonces, ¿Cómo queda el derecho de vida de los posesionarios del suelo que aloja los recursos explotables, siendo estos, per se, componentes del ecosistema? No hay razón para eliminarlos de esa incumbencia.

¿Aceptaríamos que las NN UU nos impongan la regla de que, los recursos naturales del planeta son patrimonio de la humanidad y no nos corresponde decidir sobre los ubicados en nuestro país? Esta sensación de injusticia, es la que sufren los agricultores andinos, cuando el estado en colusión con intereses extranjeros, les despoja del subsuelo y suelo, destruyen su hábitat ecológico y lo congestionan con sustancias nocivas para la salud humana, vegetal, animal, ambiental, etc.

Es que, a diferencia de la minería extensiva, la intensiva a tajo abierto implica remover capas geológicas y uso masivo de reactivos, abundante combustible con emisión masiva de gases de efecto invernadero, y toda una red de logística de abastecimiento y traslado de minerales en toda la ruta de acceso, esparciendo polvo y otros desechos. Pero este es el método para la producción de minerales a gran escala con mucha maquinaria y muy poca mano de obra, como requisito de alta rentabilidad.

Si los recursos naturales son patrimonio nacional, ¿Por qué entonces, perder nuestro patrimonio para aumentar el de nuestros depredadores extranjeros? ¿No deberíamos aprovecharlos en función a los intereses nacionales y locales? Y los habitantes de poblados cercanos a las zonas mineras y petroleras, ¿No tienen vela en este entierro?

Veamos un caso práctico:

Hace poco, el concejo municipal de Santiago de Chuco, amparándose en la constitución y leyes, emitió una ordenanza, con la finalidad de preservar, proteger, conservar y restaurar, áreas naturales, flora y fauna silvestre, así como fuentes de recursos hídricos para el consumo humano, irrigación agrícola y pecuaria. Ordenó suspender toda actividad personal, empresarial, nacional o extranjera que contamine o afecte la superficie, el aire o, el subsuelo.

El propósito era frenar el riesgo de extinción de las fuentes de agua de la zona, frente a la depredación y extracción de agua por interés particular en detrimento del interés colectivo, toda vez que existen épocas de sequía y escasez de agua que afectan en gran parte a caseríos, centros poblados y distritos.

Los depredadores mineros demandaron judicialmente a esa municipalidad, exigiendo la nulidad de la ordenanza por inconstitucional. Fueron hasta el Tribunal Constitucional, que dio la razón a la municipalidad en cuanto a los fundamentos de la medida, agregando otros a favor de la preservación ecológica y derechos de vida saludable. No obstante, falló a favor de los depredadores demandantes por un asunto administrativo: La medida es inconstitucional porque la ordenanza municipal contiene atribuciones que corresponden a otros niveles estatales.

Pero esos niveles burocráticos son ajenos a la problemática y no sufren las consecuencias de sus decisiones, además de que están contaminados por el soborno depredador. Entonces, todos los fundamentos ambientales, derechos de vida y preservación ecológica se fueron al tacho para beneplácito de los depredadores. Es así como los afectados, se ven impotentes en sus reclamos, al no poder impedir la destrucción de su hábitat, pese a tener derechos consagrados por la leyes ambientales y tratados internacionales.

¿Cuál sería nuestra propuesta sustitutoria del texto constitucional? Les dejo el ejercicio que para eso no se precisa protocolo. Mientras tanto, volveré con otro planteamiento constitucional para una reestructuración administrativa con nueva división política.

Octubre 12/2020

1.     www.astromia.com/tierraluna/capatmosfera.htm

Otra información en https://republicaequitativa.wordpress.com/

 

lunes, 2 de septiembre de 2019

AMENAZAS PARA LA SALUD DEL AGUA



De izquierda a derecha: Luz Boyero, Francisco Correa-Araneda, Naiara López-Rojo y Javier Pérez. (Foto: UPV/EHU)

Viernes, 30 de Agosto de 2019

La pérdida de biodiversidad es una de las consecuencias más preocupantes del cambio climático y medioambiental producido por el ser humano, cuyas repercusiones ecológicas van más allá de la pérdida de especies ‘per se’. El funcionamiento de los ecosistemas puede sufrir alteraciones como resultado de la pérdida de especies, afectando finalmente a fenómenos tan relevantes como la disponibilidad de recursos naturales o la regulación del clima.

Los ríos se encuentran entre los ecosistemas que sufren mayores pérdidas de biodiversidad, pero con consecuencias ecológicas en su mayoría desconocidas. Un estudio realizado por el Grupo de Ecología de Ríos del Departamento de Biología Vegetal y Ecología, en la Facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), demuestra por primera vez cómo la pérdida de especies de plantas de ribera afecta a la ‘multifuncionalidad’ del ecosistema fluvial. Este término, de reciente aparición en la literatura ecológica, se refiere a la capacidad de un ecosistema de mantener múltiples procesos de manera simultánea, lo cual es fundamental para determinar su estado de salud.

“Los bosques de las riberas de los ríos sufren importantes modificaciones que en muchos casos conducen al deterioro y la pérdida de biodiversidad, pasando de ser comunidades diversas y complejas a estar formadas por una o pocas especies”, alerta Luz Boyero, coordinadora del grupo de Investigación que ha realizado este estudio. Las plantas de ribera proporcionan el recurso energético básico de muchos ríos: la hojarasca, de la cual se alimenta un tipo de invertebrados acuáticos: los detritívoros. Estos a su vez forman la base de la red alimenticia fluvial, sirviendo de alimento para peces y otros organismos fluviales emblemáticos tales como las libélulas. Además, la hojarasca es descompuesta por microorganismos de forma que sus nutrientes se reciclan y quedan disponibles de nuevo para las plantas.

El estudio, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad y con fondos FEDER (Proyecto Biofunction), consistió en crear microcosmos que emulaban el ambiente fluvial, en los cuales se simulaba una pérdida gradual de diversidad de plantas de ribera y se cuantificaban las tasas de múltiples procesos fluviales, incluyendo la descomposición de la hojarasca, su conversión a materia orgánica fina, el reciclado de nutrientes fundamentales (nitrógeno y fósforo) y la producción de biomasa animal. “La pérdida de diversidad supuso una disminución significativa en la multifuncionalidad del ecosistema, pero solo en la presencia de detritívoros, evidenciando el papel ecológico fundamental de estos organismos como intermediarios entre los recursos vegetales  provenientes del ecosistema terrestre y los procesos fluviales”, explica Boyero.

El estudio demostró también la importancia de examinar los efectos de la pérdida de diversidad de plantas de ribera para cada proceso por separado, y teniendo en cuenta los diferentes compartimentos del ecosistema (hojarasca, agua y organismos), para poder identificar los mecanismos biológicos subyacentes. Por ejemplo, se vio que los microorganismos juegan un importante papel en los cambios producidos sobre el reciclado de nutrientes, mientras que los detritívoros son los principales responsables de los efectos en descomposición y producción de materia orgánica fina.

Los resultados de este y otros estudios realizados por el Grupo de Ecología de Ríos de la UPV/EHU “nos ayudan a predecir cómo diferentes cambios ambientales que suceden en la actualidad pueden aquejar la salud de los ríos, afectando así al agua de buena calidad, a los recursos piscícolas, parajes naturales de gran valor estético…”, constata Luz Boyero. (Fuente: UPV/EHU)