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domingo, 17 de marzo de 2024

EL “MAL MENOR” COMO ARGUMENTO Y COMO TÁCTICA, DESDE MARX HASTA EL PRESENTE

 


Por Wallis Victor

En principio, el concepto del “mal menor” es aplicable a cualquier elección entre alternativas, ya sea por individuos o por organizaciones. Puede referirse a acciones específicas o a problemas generales y ha sido invocado por todas las orientaciones políticas. En la tradición marxista, este concepto ha sido en su mayor parte más comúnmente referido a las decisiones sobre si dar un apoyo táctico momentáneo a una u otra formación política burguesa. Pero la discusión esencial para un enfoque sobre el “mal menor” puede surgir en los niveles más diversos. Puede ser usado refiriéndose a instituciones básicas, enfrentando a la república democrática contra alguna forma de gobierno autoritario. También puede ser usado para discutir una retirada o compromiso estratégico ante las amenazas a la supervivencia de un movimiento o de un régimen.

En una república democrática, puede ser usada para defender un frente unido con partidos burgueses contra la represión o a favor de políticas sociales progresistas. O en el contexto particular de las campañas electorales, puede ser usado para caracterizar la táctica de apoyar a un candidato o partido que no es de la clase obrera contra otro (una táctica que puede o no implicar argumentar que el candidato favorecido es en algún grado “menos malo”).

En todas estas decisiones es común el compromiso subyacente de esforzarse por conquistar el presunto “bien”, que a largo plazo sería la sociedad de “productores asociados”, y a corto plazo es el crecimiento de un movimiento obrero independiente, o la consolidación de un régimen revolucionario. En cada caso, las respuestas varían desde una posición maximalista, que afirma que la tarea positiva de promover la revolución eclipsa en importancia toda posible preocupación sobre si una expresión del poder burgués puede ser peor que otra, hasta una minimalista, que se va absorbiendo tanto con la necesidad de responder a las amenazas inmediatas que pierde de vista a la meta original del movimiento. Los maximalistas a veces utilizan la peyorativa expresión “malmenorismo”. Intentando desacreditar la idea de dar siquiera un apoyo limitado y transitorio a cualquier formación burguesa. Sin embargo, de hecho, las determinaciones del mal menor (o la menor cantidad de daño) están intrínsecas en toda decisión que exija cálculos defensivos, en contraste con cuando se emprende una clara prosecución de una meta positiva. Es imposible evitar esos cálculos; el desafío, para un partido revolucionario, es mantenerlos dentro de límites apropiados.

Por otra parte, fuera de la tradición marxista y más allá del nivel de los cálculos puramente pragmáticos, en la década pasada el concepto del mal menor ha adquirido un papel bastante novedoso como una supuesta justificación ética para el capitalismo en una época de crisis intensificada (tanto ecológica como económicamente) y de una desenfrenada intervención militar global de los Estados Unidos.

Marx y Engels y los cálculos electorales

El debate político sobre el mal menor es tan viejo como la actividad organizada de la clase obrera. Se originó con el proyecto de constituir a la clase obrera como una fuerza política independiente. Desde un principio, Marx y Engels trabajaban en este proyecto. Ya desde 1847, gran parte de sus escritos estaban directamente relacionados con sus esfuerzos organizativos en lanzar un movimiento comunista en el contexto de la monarquía prusiana. El reducido número de opciones electorales rápidamente los confrontó con un caso del “mal menor”. Ya en junio de 1848, para Marx y Engels era evidente la alianza de la gran burguesía con la reacción feudal. Discutiendo sobre las elecciones a la asamblea constituyente prusiana de 1849, sin embargo, Marx distinguía entre las tácticas electorales del movimiento y su organización a más largo plazo: “Donde hay una lucha contra el gobierno existente, nos aliamos hasta con nuestros enemigos (…) Ahora, luego de la elección, afirmamos nuevamente nuestra vieja posición implacable no solo contra el gobierno sino también contra la oposición oficial”.

En este enfoque subyacía la convicción de Marx de que un Estado democrático, comparado con cualquier régimen absolutista, para el proletariado tenía la ventaja de no velar los antagonismos sociales. En este sentido, el Estado democrático, sobre cuya base social él no tenía ilusiones, era verdaderamente para Marx un “mal menor”.

Sin embargo, dado que el marco institucional ya no estaba en cuestión, el énfasis de Marx cambiaba dramáticamente. En marzo de 1850, hablando en nombre de la Liga de los Comunistas, él y Engels decían que “en todas partes se pusieran los candidatos de los obreros frente a los candidatos democráticos burgueses” y que los obreros “no deben permitir que los sobornen esos argumentos de los demócratas, como por ejemplo, que al hacerlo están dividiendo al partido democrático y dando la posibilidad de triunfar a los reaccionarios”. Pero debería notarse que el único peligro que anticipaban era “la presencia de unos pocos reaccionarios en el cuerpo representativo”. En este marco, continuarían haciendo hincapié en la centralización de la organización obrera independiente. En el caso en que el Estado pudiera limitar los avances de la clase obrera, ellos no dudarían en elaborar una estrategia y una acción por fuera de la estructura parlamentaria. Luego de la clausura en 1849 de la Nueva Gaceta del Rin, para Engels, aunque el parlamentarismo había surgido inicialmente en Alemania como un mal menor comparado con el absolutismo, la lucha callejera pasó a ser vista como un mal menor, para evitar el peligro mayor de la cooptación parlamentaria.

Lenin y el constitucionalismo burgués

En la Rusia prerrevolucionaria, Lenin no consideraba al constitucionalismo burgués como una opción viable (y menos aún un régimen potencialmente preferible), sino como una estructura opuesta, cuyas implicancias para la organización de la clase obrera eran totalmente diferentes de las de sus propios entornos políticos. En ¿Qué hacer? (1902), gran parte de su discusión sobre el carácter de la organización revolucionaria, concluye con que estaba dictada por la “falta de libertad política” en la Rusia de entonces. Pero el grado de represión zarista también estaba sujeto a cambios, dependiendo del equilibrio de las fuerzas de clase. Cuando surgieron las posibilidades para la “agitación legal” en 1907, Lenin insistió en que el partido debía utilizarlas para no quedar aislados de su base obrera. Votando en esa ocasión para la participación en la Duma (un débil organismo parlamentario permitido por el zar luego de 1905), Lenin fue criticado por camaradas del partido que lo vieron como un acto de traición. Por supuesto, esa crítica reflejaba la falta de distinción entre las decisiones tácticas o coyunturales y la meta a largo plazo. Las decisiones tácticas habitualmente implican un compromiso. En la medida en que una sucesión de esas decisiones pueda alterar el resultado a largo plazo, el problema puede no ser tanto de traición como de un reconocimiento insuficiente de las fuerzas que están en juego.

El ensayo de Lenin “sobre los compromisos” escrito ocho semanas antes de la revolución de octubre de 1917, fue debido a una coyuntura similar a la de 1907. La ventaja que procuraba era la libertad de acción para los bolcheviques; la concesión que proponía era que los bolcheviques apoyarían la continuación en el poder de una coalición menchevique/socialista revolucionaria (1917). Esta concesión era, dadas las circunstancias, un “mal menor” comparado con el riesgo de que la agitación de los bolcheviques fuera reprimida antes de que ellos hubieran logrado ganar un apoyo suficiente para poder tomar el poder.

Luego de tomar el poder, en una posición de poder estatal, los bolcheviques enfrentaron una nueva amenaza. La propuesta de Lenin de firmar un acuerdo de paz desfavorable con Alemania arriesgó provocar una división en el partido bolchevique, pero en su discusión con Trotsky sobre esta decisión, afirmó que era “mejor una división en el partido que el peligro de una derrota militar de la revolución”. Más adelante, en la discusión sobre la producción, hizo claramente su llamado para una “disciplina férrea” y para depender de los expertos burgueses como “un compromiso” y “un paso atrás”, pero consideraba que estas medidas eran menos riesgosas que la alternativa, que él veía como dominada por “el elemento de la anarquía pequeño burguesa” y que conducía “la indisciplina, la laxitud y el caos”. También razonó de manera similar al formular la Nueva Política Económica (NEP), a la que propuso como una medida necesaria para evitar que creciera la oposición en un país donde el proletariado estaba enormemente sobrepasado por “el campesinado predominante”.

En todos estos casos, la elección que se hizo fue, en términos inmediatos, un éxito, en el sentido de que se preservó la posición bolchevique en el poder. Sin embargo, estos compromisos tuvieron también efectos secundarios, que aparecieron tiempo después. Esos posibles efectos secundarios acentúan la importancia de la coyuntura particular en la que se tomó la decisión original. Entre las decisiones que se han mencionado, la capitulación militar aparece retrospectivamente como la menos controvertida, dada la abrumadora oposición popular en Rusia a la continuación de la guerra. Las otras dos decisiones tuvieron ramificaciones más complejas. La NEP fortaleció y alentó a sectores hostiles a la socialización y ayudó a legitimar el eventual surgimiento de estratos sociales privilegiados. La implantación de una dura disciplina fabril tuvo el efecto de bloquear toda posible evolución de movimientos incipientes hacia la autogestión obrera, que podrían haber contrarrestado el proceso burocratizador de la planificación en la nueva sociedad rusa

De este modo, una elección del “mal menor” puede crear costos posteriores que no se alcanza a ser previstos inicialmente. Una evaluación apropiada de los mismos, debería también tener en cuenta no sólo a la sociedad directamente afectada, sino también al impacto de esta sociedad en la escena mundial. En el caso soviético, la toma del poder estatal bajo condiciones que eran lejanas de ser óptimas ayudaría a explicar, junto a la intervención extranjera hostil, la emergencia de un régimen que afectaría negativamente la imagen del socialismo, pero al mismo tiempo la simple existencia de este régimen, aún con sus defectos, pudo facilitar progresos revolucionarios en otras partes del mundo.

¿Puede el compromiso evitar al “mal mayor”?

La discusión más acabada de Lenin sobre el compromiso se halle en su obra La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo (1920), donde describe ejemplos de la experiencia bolchevique y de la política en los regímenes parlamentarios. Distinguiendo entre las formas aceptables de los compromisos y las inaceptables, utiliza el concepto del “mal menor” para describir a las primeras: “Se debe distinguir entre un hombre que cede su dinero y armas a los bandidos para disminuir el mal que estos le pueden hacer […] y un hombre que entrega su dinero y armas a bandidos para compartir el botín”. Aquí utiliza como ejemplo para el compromiso del “mal menor” al Tratado de Brest-Litovsk. Y su contraejemplo, una “traición” al papel que jugaron los partidos de la II Internacional con el apoyo que les dieron a las políticas bélicas de los gobiernos europeos durante 1914-1918, como “cómplices en el bandidaje”.

Las luchas parlamentarias durante las siguientes décadas ofrecieron muchos ejemplos en los que se debatiría la opción por el mal menor. Pero generalmente sin ninguna perspectiva para los partidos de izquierda de llegar a tomar el poder. El caso más agudo de este tipo fue el que planteó el ascenso del nazismo. Sin entrar en detalles sobre los intensos debates que provocó este tema en la Alemania de Weimar, podemos notar aquí que aparte de la posición maximalista del KPD (Partido Comunista Alemán) de restar importancia a la amenaza nazi-fascista; por ejemplo, el discurso de Thälmann en el plenario de febrero de 1932, y la posición minimalista del SPD (Partido Socialdemócrata Alemán), existía la idea generalizada de que los partidos de izquierda, sin minimizar su crítica al Estado burgués, deberían al menos unir fuerzas para confrontar a los nazis.

Como describió Trotsky la elección entre las fuerzas políticas burguesas alternativas en 1931: “En la escala musical hay siete notas. La cuestión de cuál de estas notas es ‘mejor’ […] no tiene ningún sentido. Pero el músico debe saber cuándo tocar y qué notas tocar”. Sin embargo, no se pudo superar la división entre el KPD y el SPD, y en la elección presidencial de 1932, la única alternativa “elegible” ante Hitler fue el Mariscal de Campo Von Hindenburg. Esto representó un estrechamiento extremo de las opciones, en la medida en que el “mal menor” victorioso (Hindenburg), simplemente allanó el camino para su adversario, nombrándolo entonces como canciller, confirmando de ese modo la idea de que la opción, tal como fue ofrecida no era en absoluto una opción correcta.

¿Mal menor o bien mayor?

Desde la época de la revolución bolchevique hasta el colapso del bloque soviético, hubo fundamentos para argumentar que la “órbita socialista” se estaba expandiendo. Sus rasgos negativos podían ser racionalizados como fenómenos transitorios cuya severidad podría esperarse que disminuiría con el tiempo, y una presencia socialista en la arena internacional podía ser considerada como un bastión contra las manifestaciones más adversas del capitalismo. Era con ese espíritu que Lukács pudo decir, en 1968, “siempre he pensado que era mejor vivir en la peor forma de socialismo que en la mejor forma de capitalismo”.

Con el “nuevo orden mundial” posterior a 1989, sin embargo, el discurso del mal menor tomó una nueva dimensión. En interés del capital, el desmantelamiento del “socialismo existente” debía resultar permanente. Aunque las tendencias polarizadoras del capitalismo no mostraban señales de disminuir, sus defensores dejaron de ensalzar las virtudes del sistema para proclamar simplemente que cualesquiera puedan ser las virtudes o defectos del capitalismo, “no hay alternativa”. Más precisamente, ningún descubrimiento sobre el capitalismo podría igualar, desde este punto de vista, al mal implacable del “comunismo”. El altamente difundido Livre noir du Communisme buscó sobre todo poner al comunismo al mismo nivel moral que el nazismo, aunque al mismo tiempo insinuando, por su tendencioso cálculo de víctimas mortales, que el comunismo era aún peor. El Livre noir… a su vez incitó una serie de conferencias internacionales durante 2000-2001, culminando en el 2004 en una antología titulada El mal menor: enfoques morales en las prácticas de genocidio. Las discusiones aquí son más cuidadosas al juzgar a uno como “peor” o “menos malo” que el otro. Sin embargo, reviviendo el concepto unificador del totalitarismo, relacionando implícitamente al “comunismo” con el socialismo, aunque divorciando al nazismo del capitalismo, e ignorando al registro histórico y continuo de atrocidades masivas e intervenciones militares alentado por el capitalismo. Los ensayos de conjunto apuntar a convencer que no hay otro “mal menor” que las instituciones de la democracia liberal (burguesa).

 

Nota

Traducción, reseña y selección: Francisco T. Sobrino. Artículo publicado en Socialism and Democracy y, posteriormente, en Marx for Today, editado por Marcello Musto en 2014. Traducido al castellano y publicado con el título de De regreso a Marx (Buenos Aires, Editorial Octubre, 2015).

Fuente: https://www.herramienta.com.ar/el-mal-menor-como-argumento-y-como-tactica-desde-marx-hasta-el-presente

 

martes, 18 de enero de 2022

EL PARTIDO DE MARIÁTEGUI XV: CONCEPTOS BÁSICOS PARA ENTENDER EL PARTIDO DE MASAS E IDEAS



POR QUÉ POLÍTICA

Nuestro país entra en un nuevo proceso elec­toral. Por eso, es menester precisar conceptos que se agitan en las campañas. Entre ellos están te­mas como política, partido, frente. El término más usado y menos comprendido es Política. Comen­cemos por él.

I.    POLÍTICA

Enciclopedias, diccionarios, manuales, definen la política como “conjunto de las actividades con que se gobierna un Estado", como “arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados" Es decir, política es “el arte de gobernar" Sin embar­go, esta definición que circula profusamente no trata la esencia de la cuestión, se queda en la su­perficie del fenómeno.

Ya en 1816 el socialista de la utopía, conde de Saint Simón (1760-1825) declaraba que la políti­ca había de ser la ciencia del desarrollo de la pro­ducción. base de la sociedad y única solución al problema social.

En 1878 Engels rescata este legado y anota que "Saint Simón declara que la política es la ciencia de la producción y predice ya la total absorción de la política por la economía” y que "proclama ya cla­ramente la transformación del gobierno político sobre los hombres en la administración sobre las cosas y la dirección de los procesos de producción, es decir, expresa la idea de la abolición del Estado, que tanto estrépito viene levantando últimamente” Y que se sigue levantando hasta el presente. De ahí se infiere que política es expresión concentrada de la economía. Ningún gobierno queda al margen del proceso económico del país, sea para avanzar sea para frenar su desarrollo.

En nuestro país, bien se sabe desde 1928 con JCM y sus 7 Ensayos que "El capitalista, o me­jor el propietario criollo, tiene el concepto de la renta antes que el de la producción” Esto es aho­ra más evidente que nunca. El concepto de la ren­ta prima en la desagrarización, desindustrializa­ción, informalización del país. Lo poco que se lo­gró tras siglo y medio de independencia ha des­aparecido en los últimos treinta años de dominio neoliberal. La corrupción, despilfarro, burocratis­mo son la superficie del carácter rentista, parasi­tario del capitalismo marginal, simple apéndice del capitalismo transnacional. No hay privatiza­ción (transnacionalización) que no deje al privatizador de turno su 10% de ganancia rentista (coi­ma) Por eso las privatizaciones, impuestas por el FMI-BM, son ejecutadas por el testaferro de turno a precios de subasta, a precios de remate. Y con la exigencia de este binomio de oro de que lo poco que queda en el país por cada transacción "limpia y transparente” no puede ser invertido en pro­gramas de desarrollo: se volatiliza en “programas de asistencia social" muy gratos al carácter ren­tista del capitalismo marginal.

De ahí que hay dos tipos de política. La vieja política ha llevado al país a la bancarrota. Sus re­presentantes sólo persiguen la leva hereditaria o la sustitución de los viejos ricos ya en decadencia por los nuevos ricos en ascenso. Este es el gran novelón que ofrece a diario la política criolla en periódicos, pasquines, revistas, radio, televisión. Estos políticos, ningún programa o plan de desa­rrollo ofrecen al elector. Sólo la "lucha contra la corrupción hasta sus últimas consecuencias". Se sustituye la contrastación de programas por la agitación con imágenes de figurines y figurones.

La nueva política, parte de la raíz del proble­ma del país. (La clase dominante apenas aspira a ser apéndice del dominio transnacional, y lleva al país a ser un estado más “de la Unión", de EUA.) Por eso, a la vez que rechaza el ALCA-TLC, la nue­va política, política creadora, propone un progra­ma o plan de desarrollo que sustituya la exporta­ción de materias primas por la exportación de productos elaborados con valor agregado, sean agrícolas o industriales. Propugna la moderniza­ción del agro como proceso industrial y el desarro­llo de la industria pesada, base del crecimiento económico. Y la integración sudamericana. Es de­cir, propugna el crecimiento económico, desarro­llo social, progreso humano del pueblo peruano.

Así, hay dos políticas, "política" como concep­to de la renta (política criolla), política como con­cepto de la producción (política creadora) Política para "distribuir" lo producido. Política para libe­rar las fuerzas productivas, dirigir la produc­ción y sobre esta base distribuir lo producido.

 

II.     PARTIDO

 

El partido político surge con la revolución li­beral, primeramente como "logias" como cuando la independencia de América. Es el embrión del nuevo Estado. Y como todo embrión, al surgir el nuevo Estado desaparece (o debe desaparecer) ante la nueva forma superior de organización de clase. Pero como esta nueva forma superior de organización se expresa en república de democra­cia representativa, los partidos del sistema pasan a expresar facciones de clase. Son partidos tradi­cionales el Partido Republicano y el Partido De­mócrata (en EUA), el Partido Conservador y el Partido Liberal (o nombres equivalentes en otros países). Cuando uno está en el gobierno, otro está en la oposición. Este binomio de oro es el mejor sostén de la democracia representativa.

Estos partidos se organizan en "comités", es decir de arriba abajo, y actúan como "bancadas" en el Parlamento o como "ministerios" en el Eje­cutivo. (Con la crisis de la democracia representativa surgió temporalmente el Partido Fascista, organizado como “milicias" para combatir a los tra­bajadores en proceso de crecimiento organizativo)

El siglo pasado vio surgir un tercer partido, el Partido Laborista, que necesariamente tiene que propugnar una política de reforma social cuando está en la oposición. Si llega al gobierno, sea en el Parlamento o en la Presidencia tiene que adecuar­se a la política de la clase dominante. Y es que ob­jetivamente no hay "tercera vía" dentro del siste­ma. Toda "tercera vía" obedece necesariamente a una segunda (conservadora o liberal). Es clásica la evo­lución (o involución) del Partido Laborista inglés. El tipo de Partido Laborista (socialista liberal, socia­lista democrático, de los trabajadores) se organiza en secciones (sindical, campesina, femenina, juve­nil, otras). Con la caducidad del “Estado de bienes­tar" caducó también este tercer partido como tal.

El Partido Proletario es un partido de nuevo tipo. Es una "facción orgánica y doctrinariamente homogénea”, tiene "relaciones estrictamente dis­ciplinadas”. No propugna la reforma del Estado de la clase dominante sino su sustitución por un Estado de nuevo tipo según su programa máximo (prospectivo), la instauración-gobierno-extinción del Poder. Como embrión de un nuevo Estado, cuya base es la comuna o municipio de nuevo tipo, se organiza también de abajo arriba, en células se­gún los criterios de producción o residencia.

Este Partido Proletario tiene su propia planeación, planeación funcional que une en un todo orgánico los conceptos de Partido (selecto, com­pacto, eficaz) - Frente (masivo, variado, combati­vo) - Programa Reivindicativo (mínimo) - Progra­ma Prospectivo (máximo), y de acuerdo a las nor­mas de eficiencia (respecto a los recursos), fun­cionalidad (respecto a las variaciones de la situa­ción) y eficacia (respecto a las demandas).

Este Partido Proletario no surge de "un conci­liábulo académico” sino de la "criba de la vanguar­dia” que expresa la elevación del interés de clase al nivel de la conciencia de clase, pues hay obre­ros que no son proletarios y hay proletarios que no son obreros. Necesariamente realiza cuatro ti­pos de trabajo: legal (si hay legalidad propicia), abierto (en las luchas de masas), clandestino (en su trabajo propio), secreto (reservado incluso ante la militancia general)

La experiencia histórica enseña que el Partido Proletario no propone ni elige candidatos. El trabajo electoral, según la teoría del "termómetro del sufragio" se reserva ahora para el Frente Unido, que enarbola el programa mínimo (reivindicativo).

Así, hay dos tipos de partidos políticos: los que actúan para reformar el sistema y los que actúan para cambiar el sistema. Y si el que domina en nuestro país es un sistema caduco inepto y co­rrupto, ¿qué reforma podrá apuntalarlo?

Ahora el Socialismo Peruano, el movimiento proletario peruano tiene la tarea de precisar cómo entender el gran partido de masas y de ideas de toda nuestra historia republicana. Poco a poco, el debate se está centrando en este punto cardinal.

 

III.     FRENTE

 

En 1917 triunfó el Partido Proletario bolchevi­que y devino partido oficial con su propia legali­dad. (Antes había funcionado como partido ilegal durante la autocracia zarista). Cuando los parti­dos proletarios de otros países (que actuaban den­tro de la legalidad burguesa) siguieron los méto­dos organizativos del partido oficial, de inmedia­to surgieron las dificultades y en poco tiempo que­daron marginados y hasta aislados de las masas. Esto viene ocurriendo hasta el presente.

Ante tal crisis se impuso la Nueva Política Económica NEP para el primer Estado socialista, y la táctica de Frente Unido para los partidos pro­letarios. El Partido Proletario asumía el programa máximo y el Frente Unido asumía el programa mínimo. Este programa concluye cuando se ins­taura el nuevo Estado, cuando se sustituye la re­pública de democracia representativa (de arriba abajo) por la república de democracia participativa (de abajo arriba).

Desde su regreso al país (18.03.23) JCM de­claró ser “partidario antes que nada del frente único proletario". Pero el Partido Socialista del Perú PSP fue constituido (07.10.28) sobre la base de la "célula secreta de los 7”. Es que programa reivindicativo y programa prospectivo van juntos. Se­parado, uno conduce al reformismo, otro condu­ce al sectarismo. Y el cómo unir ambos programas en las acciones concretas es la gran "contradicción dialéctica", como puntualizaba Rosa Luxemburgo. Esto viene ocurriendo hasta el presente.

El Frente Unido une a todas las capas unibles. Su programa es reivindicativo. En un país desagrarizado, desindustrializado, informalizado, la primera reivindicación objetiva necesariamente es la del trabajo emancipado. El ser humano llegó a ser tal por el trabajo. Sin trabajo, es menos que un animal. Por eso es la primera reivindicación general pues compromete a todo el pueblo traba­jador. que sufre ominoso desempleo en un país donde todo está por hacer.

La segunda reivindicación es la de la vida dig­na, tanto material como espiritual. Sin salud ni educación, el ser humano es menos que un ani­mal. Por eso es la segunda reivindicación general pues compromete a todo el pueblo trabajador que carece de lo más elemental para su vida digna.

La tercera reivindicación es la del cambio so­cial. La bancarrota del país es responsabilidad ineludible de la clase dominante, caduca inepta y corrupta como su sistema mismo. Debe ser susti­tuida mediante el cambio social. Por eso es la ter­cera reivindicación general pues compromete no sólo al pueblo trabajador sino al país entero. Y aquí radica la ligazón entre ambos programas. Separados, para nada sirven.

El Frente Unido participa en elecciones de aba­jo arriba, y por eso prioriza la elección municipal, que es trabajo de hormiga, de 25 horas al día, día a día. Desde los años 80 hay elecciones municipa­les, pero se las sigue menospreciando porque se confunde distrito con municipio, y porque no se parte del análisis concreto de la realidad concreta sino del discurso teorético dogmatizado. Traba­jar por el municipio es trabajar por el Estado de nuevo tipo. Tomar el Parlamento como centro es seguir la rutina oficial.

Participar sólo en elecciones parlamentarias o presidenciales, de hecho, es caer en el juego elec­toral oficial, que urge dar el voto al promesero de turno porque "no hay tiempo para debates”. Por eso, aquí es donde se pone a prueba la teoría de la participación electoral: el día que el termómetro del sufragio universal marque para los trabajado­res el punto de ebullición, ellos sabrán, lo mismo que el sistema dominante, qué es lo que hay que hacer. Hasta ahora la clase dominante sabe muy bien qué es lo que hay que hacer. Pero el pueblo trabajador, ¿lo sabe?

Se comprende bien, entonces, que hay dos tipos de Frente: Frente (Alianza, Movimiento, Partido o como se le quiera llamar) con plan de reformas vo­luminoso para apuntalar el sistema, y Frente (o como se le quiera llamar, pues es nombre genérico) con programa reivindicativo que señala directamente las necesidades inmediatas del pueblo trabajador. El primer Frente es cortoplacista, dura lo que dura el proceso electoral. El segundo Frente acumula la experiencia del pueblo trabajador, aprende de los errores, se fortalece con los aciertos. Es trabajo sistemático a largo plazo, hasta que el termómetro del sufragio marque el punto de ebullición.

 

IV.       Corolario

 

Política, Partido, Frente son pues, tres con­ceptos íntimamente ligados entre sí. Lo que mal comienza mal acaba, dice el pueblo trabajador. Si se parte de un concepto erróneo, limitado, super­ficial, la actividad se estanca y no se llega a buen puerto, a la meta deseada. Si se propugna el Cam­bio Social, ante todo y sobre todo hay que tener un concepto claro y definido de lo que es activi­dad política, de lo que es política.

JCM, contrastó estos dos conceptos y señaló que "La política es hoy la única grande actividad creadora. Es la realización de un inmenso ideal humano. La política se ennoblece, se dignifica, se eleva cuando es revolucionaria” (23.05.25). Asu­mió la política como ciencia de la producción, la rechazó como actividad parasitaria y rentista, politiquería que conoció desde temprano como cro­nista parlamentario y por eso declaró que "Desde 1918 nauseado de política criolla, me orienté re­sueltamente hacia el socialismo". (10.01.27)

Rescatar el Socialismo Peruano ha sido la base para reivindicar la Política Peruana, socia­lismo y política del proletariado peruano. Duran­te ocho décadas fuimos de tumbo en tumbo. Pero el ejemplar trabajo generacional ha logrado res­catar y sistematizar la Creación Heroica. Así se ha podido reiniciar la preparación de la organi­zación.

Ocho décadas, jamás lo olvide el lector y me­nos el activista actual.

 

 Ramón García R.

Fuente: García Rodríguez, Ramón. Socialismo Peruano Hoy, Minilibro publicado en agosto 2010, Lima – Perú.

Para bajar el libro ir a: http://centenariodelsocialismoperuano.blogspot.com

También puede usted hacer doble clic o copiar el siguiente enlace: https://drive.google.com/file/d/0B3Zq5TQHGvy6NGVTWnBZcUhGWjQ/view?resourcekey=0-HYoN0_v1etvR-YNuD22guQ

 

http://centenariodelsocialismoperuano.blogspot.com/2021/12/por-que-politica-politica-partido-frente.html

 

lunes, 5 de julio de 2021

REFLEXIÓN SOBRE LOS PROGRAMAS DE LA IZQUIERDA

Por ASTARITA

 

Con frecuencia encuentro que compañeros de la izquierda hacen una suerte de fetichismo de los programas en torno a los cuales se forman coaliciones y frentes electorales.

Rolando Astarita 30 junio 2021

Sin negar que tengan su importancia, hay que decir que los programas no son todo, ya que también debe tenerse en cuenta la política, la estrategia y las acciones concretas que despliegan las fuerzas que los suscriben. Como alguna vez escribió Engels, “en general, importan menos los programas oficiales de los partidos que sus actos” (carta 18 de marzo de 1875).

Es que un partido, o una coalición, pueden tener un programa más o menos ortodoxamente socialista, y sin embargo desarrollar una práctica (propaganda cotidiana, política, consignas de movilización) inficionada de pies a cabeza por la ideología burguesa, el estatismo burgués o el nacionalismo.

Además, ha ocurrido que corrientes burguesas o pequeñoburguesas, y direcciones sindicales burocráticas, suscriban programas “muy revolucionarios” por razones meramente oportunistas. A modo de ilustración, en anexo presento los programas de La Falda y Huerta Grande, aprobados por las direcciones sindicales peronistas en 1957 y 1962, respectivamente. Votaron esos programas y no movieron un pelo para plasmarlos en la vida real. Peor todavía, eran acérrimos enemigos del socialismo y de todo lo que oliera a internacionalismo.

Pero no debe llamar la atención que los oportunistas actúen así según sus conveniencias del momento. Máxime si en el programa que suscriben se elude la cuestión central: qué clase social es capaz de aplicarlo, y en qué condiciones políticas e institucionales se plantea hacerlo.

Este punto, decisivo, es pasado por alto la mayor parte de las veces, sobre todo cuando se trata de colaciones electorales de ocasión. A lo sumo, se habla del “gobierno obrero”, fórmula que hace difusa la diferencia entre un poder obrero revolucionario y gobiernos obrero-burgueses del tipo Laborismo (Australia, Gran Bretaña), Partido de los Trabajadores (Brasil), Solidaridad (Polonia). Aunque es una forma de hacer digerible el programa para la opinión pública burguesa y pequeñoburguesa. Y si se condimenta el guiso con una dosis de nacionalismo “de izquierda”, tenemos el cuadro completo.

Por otra parte, algunas personas consideran que con esos compromisos programáticos los revolucionarios pueden “atrapar” a los oportunistas y desnudarlos como tales ante el movimiento de masas. Mi recomendación a esta gente es que tengan en cuenta la observación de Alexander Parvus, que recogía Lenin en su famoso folleto “¿Qué hacer?”: “es difícil cazar a un oportunista con una simple fórmula, porque le cuesta tan poco firmar cualquier fórmula como renegar de ella, ya que el oportunismo consiste precisamente en la falta de principios más o menos definidos y firmes”

 Por eso mismo, tampoco tiene mucho sentido la táctica de “exijamos a quienes lo votaron que apliquen el programa”. Recuerdo que durante años un grupo trotskista argentino insistía en “exigir que la CGT convoque a la huelga general para imponer los programas de Huerta Grande y La Falda”. Pero ningún sector significativo del movimiento obrero rompió con el peronismo por esa agitación.

Y la táctica es absurda: exigirle a un oportunista que deje de ser oportunista es pedirle peras al olmo, como dice el dicho. Solo alienta ilusiones que pavimentan el camino hacia la frustración y el desánimo de las masas trabajadoras.

En definitiva, los programas tienen su importancia –resumen lo que se propone a la sociedad- pero su carácter último está determinado por la relación que mantienen con la actividad, considerada en su conjunto, de las fuerzas políticas que los proponen.    

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Anexo:

Programa de La Falda, 1957

Para la independencia económica:

a.     Comercio exterior:

- Control estatal del comercio exterior sobre las bases de la forma de un monopolio estatal. Liquidación de los monopolios extranjeros de importación y exportación.
Control de los productores en las operaciones comerciales con un sentido de defensa de la renta nacional. Planificación del proceso en vista a las necesidades del país, en función de su desarrollo histórico, teniendo presente el interés de la clase laboriosa.
Ampliación y diversificación de los mercados internacionales.
Denuncia de todos los pactos lesivos de nuestra independencia económica.
Planificación de la comercialización teniendo presente nuestro desarrollo interno.
Integración económica con los pueblos hermanos de Latinoamérica, sobre las bases de las experiencias realizadas.

  • En el orden interno:

Política de alto consumo interno; altos salarios, mayor producción para el país con sentido nacional.
Desarrollo de la industria liviana adecuada a las necesidades del país.
Incremento de una política económica tendiente a lograr la consolidación de la industria pesada, base de cualquier desarrollo futuro.
Política energética nacional; para ello se hace indispensable la nacionalización de las fuentes naturales de energía y su explotación en función de las necesidades del desarrollo del país.
Nacionalización de los frigoríficos extranjeros, a fin de posibilitar la eficacia del control del comercio exterior, sus-trayendo de manos de los monopolios extranjeros dichos resortes básicos de nuestra economía.
Soluciones de fondo, con sentido nacional a los problemas económicos regionales sobre la base de integrar dichas economías a las reales necesidades del país, superando la actual división entre "provincias ricas y provincias pobres'
Control centralizado del crédito por parte del Estado, adecuándolo a un plan de desarrollo integral de la economía con vistas a los intereses de los trabajadores.
Programa agrario, sintetizado en: mecanización del agro, "tendencia de la industria nacional", expropiación del latifundio y extensión del cooperativismo agrario, en procura de que la tierra sea de quien la trabaja.

Para la justicia social:

Control obrero de la producción y distribución de la riqueza nacional, mediante la participación efectiva de los trabajadores: 1) en la elaboración y ejecución del plan económico general, a través de las organizaciones sindicales; 2) participación en la dirección de las empresas privadas y públicas, asegurando, en cada caso, el sentido social de la riqueza; 3) control popular de precios.
Salario mínimo, vital y móvil.
Previsión social integral: 1) unificación de los beneficios y extensión de los mismos a todos los sectores del trabajo. 2) Reformas de la legislación laboral tendientes a adecuarla al momento histórico y de acuerdo al plan general de transformación popular de la realidad argentina.
Creación del organismo estatal que con el control obrero posibilite la vigencia real de las conquistas y legislaciones sociales.
Estabilidad absoluta de los trabajadores. Fuero sindical.

Para la soberanía política:

Elaboración del gran plan político-económico-social de la realidad argentina, que reconozca la presencia del movimiento obrero como fuerza fundamental nacional, a través de su participación hegemónica en la confección y dirección del mismo.
Fortalecimiento del estado nacional popular, tendiente a lograr la destrucción de los sectores oligárquicos antinacionales y sus aliados extranjeros, y teniendo presente que la clase trabajadora es la única fuerza argentina que representa en sus intereses los anhelos del país mismo, a lo que agrega su unidad de planteamientos de lucha y fortaleza.
Dirección de la acción hacia un entendimiento integral (político-económico) con las naciones hermanas latinoamericanas.
Acción política que reemplace las divisiones artificiales internas, basadas en el federalismo liberal y falso.
Libertad de elegir y ser elegido, sin inhabilitaciones, y el fortalecimiento definitivo de la voluntad popular. Solidaridad de la clase trabajadora con las luchas de liberación nacional de los pueblos oprimidos.
Política internacional independiente.

Programa de Huerta Grande, 1962:

1. Nacionalizar todos los bancos y establecer un sistema bancario estatal y centralizado;
2. Implantar el control estatal sobre el comercio exterior;
3. Nacionalizar los sectores claves de la economía: siderurgia, electricidad, petróleo y frigoríficas;
4. Prohibir toda exportación directa o indirecta de capitales;
5. Desconocer los compromisos financieros del país, firmados a espaldas del pueblo;
 6. Prohibir toda importación competitiva con nuestra producción;
7. Expropiar a la oligarquía terrateniente sin ningún tipo de compensación;
8. Implantar el control obrero sobre la producción;
9. Abolir el secreto comercial y fiscalizar rigurosamente las sociedades comerciales;
10. Planificar el esfuerzo productivo en función de los intereses de la Nación y el Pueblo Argentino, fijando líneas de prioridades y estableciendo topes mínimos y máximos de producción

Fuente: https://infoposta.com.ar/notas/11860/reflexi%C3%B3n-sobre-los-programas-de-la-izquierda/

 


lunes, 25 de febrero de 2019

DIOSDADO CABELLO:HACEMOS LO QUE NOS CORRESPONDE LUCHANDO Y RESISTIENDO



17:41

El presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) de Venezuela, Diosdado Cabello, señaló que la supuesta ayuda humanitaria a su país, no es ni ayuda, ni humanitaria. "El imperialismo les dijo a los ineptos de aquí, nosotros vamos", expuso en un acto en el estado Táchira. "Aquí nosotros estamos haciendo lo que nos corresponde: luchando y resistiendo", afirmó. teleSUR

Publicado el 24 feb. 2019

lunes, 1 de octubre de 2018

LOS ELECTORES DE LIMA TIENEN QUE REFLEXIONAR, VARIAS VECES NO PUEDEN EQUIVOCARSE EN ELEGIR AL ALCALDE METROPOLITANO



La última semana de este proceso electoral Lima ha soportado a 20 candidatos llenos de audacias, ofertas y promesas para alcanzar la alcaldía de Lima Metropolitana.
Los más audaces ofrecieron mucho, pero se ha visto que varios de ellos carecen de un programa no solo propio, sino no se enfoca y  y formula teniendo en cuenta la problemática de la provincia de Lima. Aparte que la capital del Perú estás habitada por más de 10 millones de personas, asimismo no se quedó atrás, llegando a contar con 42 alcaldes distritales; en principio se estimaba que darían una dinámica frente a lo pasado en que Lima Metropolitana prácticamente, era gobernada por una sola autoridad.
Sobre esto último en el transcurso de por lo menos 60 años en que las autoridades municipales pasaban a ser elegidas y no nombradas por el ministerio del interior; sin embargo, los avances para convertir a Lima en una verdadera capital moderna a tono con los tiempos y su futuro no han sido del todo felices. Los alcaldes y regidores de Lima metropolitana en general no se han comportado como gobernantes locales, y sobre todo, no han sabido respetar los fueros municipales porque en su mayoría cometieron y cometen muchos errores, faltas y además muchos actos de corrupción.
Esperamos que en esta semana se intente debatir el porque de estas administraciones irregulares, donde la improvisación ha sido la preferencia conque fueron elegidas las autoridades municipales. Claro está que no todos han fracasado en ser gobierno local, pero éstos han sido pocos, los alcaldes distritales que ostentan calidad, resultan también menores para llegar a ser alcalde provincial, en este caso de la llamada Lima metropolitana.
En los debates se confirma que a lo más dos de los que se presentan están debidamente preparados, y por cierto tienen una experiencia muy bien ganada, tanto Manuel Velarde (San Isidro), como Jorge Muñoz (Miraflores). Sin ánimo de hacer comparaciones odiosas, ellos superan grandemente al resto de alcaldes distritales que como candidatos no muestran condiciones como para ser el alcalde Lima.
Hasta el momento aparece repuntando el miraflorino Muñoz que tiene los pergaminos necesarios para liquidar ya no solo a sus colegas alcaldes; sino comparativamente es superior en todos los aspectos programáticos a los rivales como Urresti y Reggiardo.
El primero es una persona controversial, pues tiene un pasado muy propio de los militares de carácter autoritario y con una mochila pesada de estar bastante comprometido con la muerte de un periodista, no será fácil que se le reconozca su total inocencia, él ha participado en el movimiento del ejército durante la guerra interna donde nadie escapó de ser injustamente eliminado, sea o no terrorista, porque se abusó de ese conflicto y se ejecutó a peruanos, principalmente quechuahablantes que no fueron procesados de probable acusación de ser terrucos.
Daniel Urresti Elera de ganar la elección, ella no será bien vista, que sea en Lima o en otra localidad se convierta en autoridad con ese currículo vitae, creemos que los residentes de Lima no pasarán por la vergüenza de alegrarse de que una autoridad de esa trayectoria sea elegida. La elección de Urresti mella el prestigio del Perú entre los países democráticos, sería un relajo el tener tamaña autoridad.
El otro candidato señor Renzo Reggiardo un profesional joven, ha pasado por la hazaña de intentar ocupar por una elección, para ser alta autoridad, eso le ha mermado la ventaja en un año, en que  todos lo veían como el próximo alcalde de Lima; sin embargo, su juventud no está en discusión.
Reggiardo no tenía según parece un programa propio, ni tampoco un equipo del momento. Además creyó que su estrategia de no participar en el debate de hace una semana, era porque  se sentía ganador imbatible frente a los otros candidatos, se comportó al igual a los candidatos tradicionales de hace algunos años, le pasó lo mismo a la señora Lourdes Flores que no midió sus comportamientos y se creen dicho de virtudes. Esperamos que por ese camino Renzo Reeggiardo no use esas armas que lo lleven siempre a perder, y en consecuencia, tampoco puede ser motivo de una votación para ganar. El necesita experiencias como para superar su comportamiento, de tal manera que se vuelva un líder, y no como ahora de ser un simple caudillo del momento. 
En síntesis, lo escrito tienen como objetivo que los residentes de Lima no vuelvan a caer en elegir a personas como Belmont, y Castañeda, y se equivoquen con la señora Villarán que le faltó gerentes y asesoría de los preparados y de los otros, aparte de que en condición de mujer fue ferozmente atacada con mala fibra y serán las investigaciones que determinen si los actos irregulares cometidos de ser ciertos contra del erario municipal, la sancionen irremediablemente.  
Los limeños tienen que reflexionar no solo al elegir a personas que no pasan por momentos de buena salud o están vencidos por los años y que nunca han reconocido sus errores; sino hay que recordar que se ha tenido alcaldes desde la década del 80 de mucha calidad: Orrego, Barrantes y Alberto Andrade. Estos ejemplos son experiencias que deben servir a los ciudadanos, a fin de superar al universo que contiene de lo bueno y de lo malo en relación a anteriores alcaldes de Lima Metropolitana.    
Sin embargo, el alcalde Lima  se dedica al cercado y a las cuadras que rodean la plaza de armas, tiene que comprase el pleito de que la provincia de Lima por su carácter tan especial, sea semejante a un gobierno regional, todo esto está legislado, pero ha faltado decisiones para poner en firme que los distritos municipales deben obedecer las instancias del alcalde metropolitano en el marco de la racionalidad administrativa, y que éste asuma su responsabilidad y se olvide de las fantasías de los candidatos y de los electores que insisten en creer que el alcalde de Lima es ministro del Interior y ministro de obras públicas.
Gobernar Lima es considerar en primer lugar a sus residentes que caminan desorientados entre diferentes territorios, sin unidad y donde la exclusión se presenta de diversas maneras, sin tomar en cuenta que se vive en un régimen de vida en que, impera la democracia y el Estado de derecho.
Fernando Arce Meza                    Surco, 1 de Octubre del 2018
DNI 09145657
CEL 1900
La del estribo: la señora Fujimori lanza una falacia de que el  congresista Oracio Pacori no fundamentó con suficiencia que el juez supremo Cesar Hinostroza era el jefe de la banda y por tanto, existía una organización criminal. Ella dice que no lo salva; sin embargo, la señora no mide sus palabras, porque da la impresión que al poner como pretexto que las congresistas abogadas Letona, Betteta y Bartra y otros carecerían de una pequeña forma de razonar.
Ellas por el ejercicio profesional saben como se presentan las organizaciones criminales, a la luz del día no pueden mostrar jefaturas, miembros, fines y relaciones para delinquir. La señora K está recordando que el ladrón fue solamente Montesinos y que su padre ignoraba esta situación, o mejor que su padre fue engañado con quien el confiaba y hasta vivían en el SIN; es decir, su papá pasaba de tonto e ingenuo, ahora sus congresistas son retrasadas que no toman la iniciativa en culpar a Hinostroza y a los ex CNM que formaban una organización criminal.