miércoles, 22 de noviembre de 2017

LA SAGA DE LOS TEMIBLES FUJIMORI




Gianni Proiettis

ALAI AMLATINA, 22/11/2017.- ¿Puede una sola familia paralizar la dinámica política de toda una nación, ocupar el centro de las instituciones y establecer un gobierno paralelo, doblegando al verdadero ejecutivo?

Si la familia se llama Fujimori y el país es el Perú, la respuesta es sí.

Desde que perdió las elecciones presidenciales en junio del año pasado, pero ganando la mayoría absoluta en el Congreso, Keiko Fujimori, hija del ex-dictador preso por crímenes de lesa humanidad, ha hecho de todo –y con bastante éxito- para obstaculizar al gobierno de Pedro Pablo Kuczynski (PPK), privándolo de sus mejores secretarios y revelando la fragilidad de un gobierno de tecnócratas sin ninguna habilidad política.

El patológico resentimiento de Keiko por haberse visto privada –¡y por un irrisorio 0.24 por ciento!- de una presidencia que ya se sentía en el bolsillo luego de dos costosísimas campañas, se ha traducido en quince meses de feroz boicot a la actividad del ejecutivo y en un uso prepotente y matonesco de su mayoría absoluta en el Congreso unicameral de 130 diputados.

“Banda de cavernícolas irreflexivos”, “monos con metralletas” han sido definido los 71 congresistas naranja –el color de su partido, Fuerza Popular- dedicados a interpelar y censurar, insultándolos, a los miembros más competentes del gobierno –ya van cuatro bajas de secretarios, más un entero gabinete- por pura tirria. Su única actividad ha consistido en promover leyes retrógradas, como la que desprotege a las mujeres víctimas de violencia y a la comunidad gay o la que reserva generosas exenciones fiscales a las grandes empresas, provocando un clima de inestabilidad e ingobernabilidad que no ayuda a la necesaria recuperación económica.  

Lloviendo sobre lo mojado, las inundaciones al inicio del año causadas por el fenómeno del Niño costero, que han arrasado vastas regiones del norte del país, y los estragos políticos consecuencia de los graduales descubrimientos del caso Odebrecht –con el ex-presidente Ollanta Humala y su ex-primera dama encarcelados, el ex-presidente Alejandro Toledo y señora prófugos de la justicia, pasos en la azotea para el blindadísimo Alan García y la propia Keiko Fujimori- han agravado el sentimiento de decepción por el primer año de gobierno de PPK.

Un exordio de gobierno tan débil y genuflexo frente a las vengativas pataletas de la señora Fujimori, que explica las razones de la estrepitosa caída de popularidad del actual presidente.

En cambio, la irresistible ascensión de los Fujimori –a pesar de que su patriarca se encuentra condenado a 25 años de cárcel por los crímenes cometidos (y a la vigilia de una posible excarcelación)- no ha parado desde final de los 80, cuando un oscuro rector de la Universidad Agraria La Molina irrumpió en la política y ganó la presidencia a un contrincante tan famoso como Mario Vargas Llosa.

La ilusión de que un outsider de la política pudiera sacar al país de la gravísima crisis provocada por la primera presidencia de Alan García, duró muy poco tiempo. El 5 de abril de 1992 –a menos de dos años de asumir la presidencia- Alberto Fujimori, con un repentino autogolpe, instaura una dictadura que parece inspirada en un shogunato japonés y dura hasta final del 2000, gracias a una reelección fraudulenta.

Es casi una década de suspensión de las libertades fundamentales, cierre del Congreso, cirugía institucional (imposición de una nueva Constitución, instauración de un legislativo unicameral a modo, intervención del poder judicial), represión o cooptación de todas las oposiciones, estallido de una guerra sucia en contra de Sendero Luminoso que causará miles de muertos inocentes, comunidades exterminadas por el ejército, corrupción galopante a todos los niveles (famosos los videos de Vladimiro Montesinos, el Rasputín del régimen, que filmaba las coimas a muchos diputados), colusión con el narcotráfico (un avión presidencial “cachado” con 176 kilos de cocaína no es cosa de todos los días), saqueo de las arcas públicas (se calcula por 6mil millones de dólares), millares de esterilizaciones forzadas en las regiones andinas y un largo etcétera de infamias.

Hay crímenes particularmente repugnantes en la trayectoria autocrática de Alberto Fujimori. Cuando su mujer, Susana Higuchi, denuncia que sus cuñadas se han apropiado de las ayudas humanitarias llegadas de Japón, el dictador la hace secuestrar y detener por cuatro meses en el Servicio de Inteligencia del Ejército, donde recibió golpizas, le aplicaron choques eléctricos y le inyectaron sustancias desconocidas. Susana Higuchi, quien declaró en una ocasión que su hija Keiko “tiene cara de diablo”, quedó incapacitada mentalmente de por vida. Lejos de asumir la defensa de la madre, los hijos guardaron un silencio cómplice y Keiko, la futura líder despótica y hambrienta de poder, asumió gustosa el papel de primera dama al lado del padre.

Sin embargo, los crímenes del ex-dictador –“errores” según su hija mayor- van mucho más allá de mandar torturar a su esposa y estrangular a la democracia. La creación del grupo Colina, una banda de sicarios utilizados para ejecutar disidentes y adversarios incómodos, conllevó una serie de matanzas totalmente injustificadas como las de La Cantuta (un profesor universitario y nueve estudiantes secuestrados, torturados y ejecutados por sospechosos de simpatías senderistas) y Barrios Altos (15 personas que participaban en una fiesta, entre los cuales un niño de 8 años, asesinadas por equivocación, creyéndolos terroristas).

La parte descendente de la parábola fujimorista, no exenta de connotaciones novelescas, empieza el 19 noviembre del 2000, cuando el todavía presidente del Perú, tras viajar a Brunei para una reunión de la APEC, renuncia al cargo vía fax desde Japón, donde, con la protección de la poderosa Yakuza, postula infructuosamente al Senado japonés. Sus fechorías, ya inocultables, rebalsan la cloaca en que se han convertido las principales instituciones del Perú.

Capturado en 2005, en ocasión de un imprudente viaje a Chile, y extraditado dos años después, Alberto Fujimori fue condenado, luego de un juicio impecable, a 25 años de prisión por los delitos de asesinato con alevosía, secuestro agravado, lesiones graves, más otros siete años y medio de cárcel por peculado doloso, apropiación de fondos públicos y falsedad ideológica en agravio del estado. Aunque no haya nunca manifestado el mínimo arrepentimiento por los crímenes cometidos ni haya desembolsado un solo centavo de los 16 millones de dólares que debe por reparación civil, el ex-dictador sigue mendigando un indulto humanitario con cualquier presidente en turno. Hasta ahora el indulto, que se apoya en un discutible cáncer a la lengua, ha sido constantemente denegado.

Sin embargo, últimamente el presidente Kuczynski, haciendo caso omiso de que fueron los arraigados sentimientos antifujimoristas los que lo llevaron a la presidencia, parece orientado a concederlo.

Paradójicamente, un Fujimori indultado es lo que menos le conviene a su hija Keiko, quien vería inevitablemente mermado su actual liderazgo, ya amenazado por su hermano Kenji, imagen del hijo fiel, que pide explícitamente la liberación del padre y critica todas las iniciativas legislativas de su propia bancada al punto de arriesgar la expulsión del partido.

Sea como sea, los Fujimori no paran de ocupar las primeras planas, ya sea que se trate de los disparates de Kenji, las lamentaciones carcelarias del patriarca o las amenazas de Keiko quien, salpicada por las revelaciones de Marcelo Odebrecht relativas al financiamiento oculto de sus campañas electorales, está embistiendo a la cúspide del poder judicial con un atrevido contraataque que sacude hasta los cimientos de la institucionalidad democrática.

Si se suman a las arremetidas en contra del Tribunal Constitucional y del fiscal de la Nación, el amedrentamiento a la prensa, amenazada de denuncias penales, y los ataques reiterados al propio presidente Kuczynski, cobra vigencia la inquietante afirmación del politólogo Nelson Manrique: “El principal desafío que afronta la democracia peruana hoy es la ofensiva del fujimorismo, que busca destruir la débil institucionalidad existente para asegurar la impunidad de Keiko Fujimori”.     



ESTADOS UNIDOS SIGUE MOSTRANDO SU INCAPACIDAD PARA ADMITIR LA REALIDAD EN LA ONU




El secretario de Estado Colin Powell miente al Consejo de Seguridad de la ONU. En plena sesión, Powell muestra lo que presenta como una muestra de ántrax capaz de matar a toda la población de Nueva York y acusa a Irak de haber preparado esa terrible arma para atacar Estados Unidos. Ninguna de las administraciones estadounidenses posteriores ha presentado excusas por aquella farsa.

por Thierry Meyssan

Es imposible negar que las cosas no han cambiado mucho desde el 11 de septiembre de 2001. Estados Unidos persiste en manipular la opinión pública internacional y los mecanismos de la ONU, por razones diferentes, pero mostrando siempre el mismo desdén por la verdad.

En 2001, los representantes de Estados Unidos y del Reino Unido, John Negroponte y Stewart Eldon, aseguraban que sus dos países acababan de atacar Afganistán en legítima defensa después de los atentados cometidos en Nueva York y Washington [1]. El secretario de Estado Colin Powell prometía, claro está, distribuir al Consejo de Seguridad de la ONU un completo dossier con las pruebas de la responsabilidad de Afganistán. Hoy, 16 años después de aquella promesa, seguimos esperando por esas pruebas.

En 2003, el mismo Colin Powell se presentaba ante el Consejo de Seguridad de la ONU para explicar a sus miembros, en una intervención difundida por las televisiones del mundo entero, que Irak también estaba implicado en los atentados del 11 de Septiembre y que ese país estaba preparando una nueva agresión contra Estados Unidos, pero con armas de destrucción masiva [2]. Años después, cuando ya había abandonado sus funciones en el seno de la administración estadounidense, Powell reconoció ante las cámaras de una televisora de su país que las acusaciones que contenía aquel discurso eran todas falsas [3]. Hoy, 14 años después de aquel discurso, seguimos esperando que Estados Unidos se disculpe ante el Consejo de Seguridad.

Todo el mundo ha olvidado las acusaciones de Estados Unidos sobre la responsabilidad del presidente iraquí Saddam Hussein en los atentados del 11 de septiembre (antes, Washington también atribuyó aquellos atentados a Arabia Saudita y ahora los atribuye a Irán, sin haber aportado nunca pruebas contra ninguno de esos 4 países). Pero sí se recuerda el debate, que se prolongó por meses, sobre las famosas armas de destrucción masiva. En aquella época, la Comisión de Control, Verificación e Inspección de Naciones Unidas (UNMOVIC, siglas en inglés) no encontró absolutamente ningún indicio de la existencia de aquellas armas. Se produjo entonces un duro enfrentamiento entre el director de la UNMOVIC, el sueco Hans Blix, y Estados Unidos, al principio, y posteriormente entre la ONU y, en definitiva, todo el mundo occidental. Washington afirmaba que si Hans Blix no encontraba las armas de destrucción masiva era porque hacía mal su trabajo. Pero Hans Blix aseguraba que Irak nunca tuvo la capacidad necesaria para fabricar ese tipo de armas. De todas maneras, Estados Unidos bombardeó Bagdad, invadió Irak, derrocó al presidente Saddam Hussein y lo ahorcó, ocupó su país y lo saqueó.

El método estadounidense posterior al 2001 no tiene nada que ver con lo que Estados Unidos hacía antes. En 1991, el presidente George Bush padre se aseguró de poner el Derecho Internacional de su parte antes de atacar Irak. Lo hizo empujando Bagdad a invadir Kuwait y estimulando a Saddam Hussein a persistir en su error. Así obtuvo Bush padre el respaldo de casi todas las naciones del mundo. En 2003, por el contrario, George Bush hijo se limitó a mentir y a seguir mintiendo una y otra vez. Numerosos Estados se distanciaron entonces de Washington mientras que el mundo asistía a una de las manifestaciones pacifistas más grandes de toda la Historia, de París hasta Sydney y de Pekín a Ciudad México.

En 2012, el Departamento de Asuntos Políticos de la ONU redactó para Siria un proyecto de capitulación total e incondicional [4]. Su director, el estadounidense Jeffrey Feltman, ex secretario de Estado adjunto de la secretaria de Estado Hillary Clinton, utilizó todos los recursos a su disposición para conformar la más amplia coalición internacional de la Historia y acusar a Siria de todo tipo de crímenes, sin que ninguno haya podido probarse.

Si los países que tienen en su poder el documento de Feltman han decidido no publicarlo es para proteger la ONU. Es, en efecto, inaceptable que los recursos de la ONU hayan sido utilizados para promover la guerra, tratándose de una organización creada precisamente para preservar la paz. Como no me atan las obligaciones que tienen los Estados, yo publico en mi libro Sous nos yeux [5] un estudio detallado de ese abyecto documento.

En 2017, el Mecanismo Conjunto de Investigación ONU-OPAQ [6], creado a pedido de la República Árabe Siria para investigar el uso de armas químicas en su territorio fue objeto de la misma oposición que ya había tenido que enfrentar Hans Blix de parte de Washington. Pero esta vez, algunos contendientes habían cambiado de bando: en 2003, la ONU defendía la paz. Ya no es así actualmente. El estadounidense Jeffrey Feltman fue mantenido en sus funciones y sigue siendo el segundo funcionario más poderoso en la jerarquía de la ONU. Ahora es Rusia la que se opone, en nombre de la Carta de las Naciones Unidas, a una serie de funcionarios internacionales pro-estadounidenses.

Los trabajos del Mecanismo de Investigación se analizaron y fueron objeto de debates de manera normal durante su primer periodo, o sea desde septiembre de 2015 hasta mayo de 2017. Pero se hicieron sesgados cuando el guatemalteco Edmond Mulet reemplazó en su dirección a la argentina Virginia Gamba. La nominación de Edmond Mulet fue impulsada por el nuevo secretario general de la ONU, el portugués Antonio Guterres.

El Mecanismo de Investigación reúne en su seno a funcionarios de la ONU y de la OPAQ. Esta última organización internacional recibió en 2013 el Premio Nobel de la Paz, principalmente por su trabajo en la supervisión de la destrucción –por Estados Unidos y Rusia– del arsenal químico sirio. Pero su director, el turco Ahmet Uzumcu, ha cambiado mucho. En junio de 2015, fue invitado a Telfs Buchen (Austria) para asistir a la reunión anual del Grupo de Bilderberg, el restringido club de la OTAN.

La cuestión resulta extremadamente grave. En 2003 el enfrentamiento era entre Hans Blix y Estados Unidos, que amenazaba con intervenir militarmente contra Irak si la ONU comprobaba que Bagdad tenía armas de destrucción masiva. Pero en 2017, Rusia se opone a Edmond Mulet, quien podría avalar a posteriori la intervención estadounidense contra Siria. Porque el hecho es que Washington ya decidió, sin investigación, que Siria es responsable de un ataque con gas sarín en Khan Cheikhoun, y ya bombardeó por eso la base aérea siria de Sheyrat [7].

Si el Mecanismo de Investigación se apartara de alguna manera del discurso de Washington, eso pondría a Estados Unidos en la obligación de presentar excusas e incluso de indemnizar a Siria. Los funcionarios internacionales pro-estadounidenses consideran por tanto que su misión es determinar que Siria utilizó contra su propia población gas sarín que aún mantendría ilegalmente en la base aérea bombardeada de Sheyrat.

Desde el mes de octubre, el intercambio ha ido subiendo de tono entre ciertos funcionarios de la ONU y Rusia. Pero, la divergencia no tiene nada que ver –como pretende la prensa occidental– con las conclusiones del Mecanismo Investigador sino sólo con sus métodos ya que Moscú dio a conocer que rechaza toda conclusión obtenida mediante métodos que no se ajusten a los principios internacionales establecidos en el marco de la Convención sobre las Armas Químicas y de la OPAQ [8].

El gas sarín es un agente neurotóxico extremadamente letal para el hombre. Existen variantes de ese producto, como el clorosarín y el ciclosarín, y una versión aún más peligrosa: el VX. Todos esos productos se absorben a través de la piel y pasan directamente a la sangre. Luego de su dispersión en el entorno se degradan en semanas o meses, no sin consecuencias para la fauna que puede entrar en contacto con ellos. Cuando el sarín penetra en el suelo, a salvo de contacto con el oxigeno o la luz, puede mantenerse activo durante mucho tiempo.

Basta con ver las fotos divulgadas después del ataque de Khan Cheikhoun, que muestran varias personas recogiendo muestras sólo horas después del ataque –sin ningún tipo de traje de protección para evitar el contacto del sarín con su piel– para saber que si realmente se usó allí algún tipo de agente químico no fue sarín ni ninguno de sus derivados. Para más detalles, vale la pena ver el estudio del profesor Theodore Postol, del Massachusetts Institute of Technology (MIT), que echa abajo uno a uno todos los argumentos de los supuestos expertos de la CIA [9].

Sin embargo, contraviniendo los principios de la Convención sobre las Armas Químicas, el Mecanismo Investigador no fue al lugar para recoger muestras, analizarlas e identificar el gas utilizado, si realmente ocurrió eso.

Al responder a las preguntas de Rusia sobre ese asunto, en mayo y junio de 2017, la OPAQ respondió que estaba estudiando las condiciones de seguridad para viajar al lugar. Pero finalmente concluyó que no era necesario hacerlo porque «la utilización de gas sarín está fuera de duda».

Por su parte, el Mecanismo Investigador estuvo en la base aérea siria de Sheyrat, donde –según Washington– estaba ilegalmente almacenado el gas sarín y donde fue cargado en los aviones que supuestamente lo utilizaron. Pero, a pesar de la insistencia de Rusia, se negó a recoger muestras.

El Mecanismo Investigador también se negó a estudiar las revelaciones de Siria sobre las entregas de gases de combate a los yihadistas por parte de las empresas Federal Laboratories y NonLethal Technologies –de Estados Unidos– y Chemring Defence UK –del Reino Unido [10].

Estados Unidos y sus aliados incluso reconocen en el proyecto de resolución que presentaron el 16 de noviembre que los funcionarios internacionales deberían realizar sus investigaciones de «una manera apropiada para la realización de su mandato» [11].

Rusia rechazó el informe del Mecanismo Investigador debido al amateurismo de sus autores y rechazó en 3 ocasiones la prolongación de su mandato. Utilizó el veto el 24 de octubre [12] y los días 16 [13] y 17 de noviembre, como ya lo había hecho antes, el 12 de abril [14] cuando Estados Unidos y Francia [15] trataron de condenar a Siria por el supuesto ataque con gas sarín. Eran la octava, novena, décima y undécima veces que Rusia utilizaba el veto sobre el tema sirio.

Se ignora por qué razón Washington ha presentado 4 veces la misma alegación al Consejo de Seguridad por vías diferentes. Ese tartamudeo ya se había producido antes, al principio de la guerra contra Siria: el 4 de octubre de 2011, el 4 de febrero de 2012 y el 19 de julio del mismo año, cuando Francia y Estados Unidos trataron de que el Consejo de Seguridad condenara lo que llamaron la represión de la primavera siria. En aquel momento Rusia aseguraba, por el contrario, que no había en Siria ninguna guerra civil sino una agresión externa. Y los occidentales siempre replicaron que iban a «convencer» a su socio ruso.

Es interesante observar que la leyenda que se repite en Occidente afirma que la guerra en Siria comenzó siendo una revolución democrática que se desvió de su rumbo y acabó bajo la dirección de los yihadistas. Pero, contrariamente a lo que se dijo entonces y a lo que aún se dice, no existe ninguna prueba de que se haya producido en Siria la menor manifestación en reclamo de democracia en 2011-2012. Todos los videos que datan de aquella época muestran manifestaciones de apoyo al presidente Assad o contra la República Árabe Siria, pero los manifestantes nunca reclaman democracia. Ninguno de esos videos incluye consignas o pancartas en reclamo de democracia. Todos los videos de supuestas «manifestaciones revolucionarias» que corresponden a aquel periodo fueron grabados los viernes a la salida de mezquitas sunnitas, ninguno se grabó otro día ni en otro lugar que no fuera una mezquita sunnita.
Es cierto que en algunos de esos videos se oyen consignas que incluyen la palabra «libertad». Pero al prestar atención se comprueba que los manifestantes no reclaman «Libertad», en el sentido occidental, sino «la libertad de aplicar la sharia». Si usted, estimado lector, encuentra un documento realmente fidedigno que me contradiga mostrando una manifestación de más de 50 personas, le agradeceré que me lo envíe y me comprometo a publicarlo.

La obstinación estadounidense en manipular los hechos podría interpretarse como una forma de alineamiento de la administración Trump con la política de los 4 últimos mandatos presidenciales. Pero esa hipótesis está en contradicción con la firma en Amman –el 8 de noviembre– de un Memorándum secreto entre Jordania [16], Rusia y Estados Unidos, y con la Declaración común de los presidentes Putin y Trump, fechada el 11 de noviembre en Da Nang, y dada a conocer al margen de la Cumbre de la APEC [17].

El primero de estos documentos no se ha publicado, pero varias indiscreciones ya han permitido saber que no tiene en cuenta la exigencia israelí de crear una zona neutral –en territorio sirio– que abarcaría 60 kilómetros más allá no de la frontera israelí sino de la línea de alto al fuego de 1967. El gobierno británico, que no deja pasar la menor ocasión de añadir leña al fuego, reaccionó haciendo publicar a través de la BBC varias fotografías satelitales de la base militar iraní de Al-Kiswah (a 45 kilómetros de la línea de alto al fuego) [18].

Como era de esperar, el primer ministro israelí Benyamin Netanyahu rechazó de inmediato el acuerdo entre los Dos Grandes y anunció que Israel se reserva el derecho a intervenir militarmente en Siria para preservar su seguridad [19], comentario que constituye una amenaza contra un Estado soberano y, por tanto, viola la Carta de las Naciones Unidas. En todo caso, todos han podido comprobar en los últimos 7 años que el pretexto de las armas destinadas al Hezbollah libanés está más que gastado. Por ejemplo, el 1º de noviembre Israel bombardeó ilegalmente una zona industrial en la región siria de Hassiyé… otra vez con el pretexto de destruir armamento destinado al Hezbollah. En realidad, el blanco del ataque era una fábrica de cobre indispensable en el restablecimiento de la red eléctrica siria [20].

La Declaración de Da Nang incluye avances bien definidos. Por ejemplo, deja establecido por primera vez que todos los sirios podrán participar en la próxima elección presidencial. Hay que recordar que los miembros de la coalición internacional violaron la Convención de Viena impidiendo que los sirios residentes en el exterior votaran en la última elección presidencial. Por su parte, la «Coalición Nacional de Fuerzas de la Oposición y de la Revolución» boicoteaba las elecciones porque estaba bajo control de la Hermandad Musulmana y esta proclama que «El Corán es nuestra ley» y que no hay espacio para elecciones en un régimen islamista.

El contraste entre, por un lado, el avance de las negociación ruso-estadounidense sobre Siria y, por otro lado, el empecinamiento del mismo Estados Unidos en negar los hechos ante el Consejo de Seguridad de la ONU resulta realmente sorprendente.

Es interesante observar el desconcierto de la prensa europea, tanto ante el trabajo de los presidentes Putin y Trump como frente a la terquedad infantil de la delegación de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad. Casi ningún medio de difusión ha mencionado el Memorándum de Amman y todos comentaron la Declaración Común Putin-Trump antes de su publicación, basándose sólo una Nota de la Casa Blanca. En cuanto a las niñerías de la embajadora estadounidense Nikki Haley en el Consejo de Seguridad, los medios europeos se limitaron a señalar unánimemente que los Dos Grandes no pudieron llegar a un acuerdo… pero sin mencionar los argumentos rusos, a pesar de que Moscú los expuso extensa y detalladamente.

Lo que puede verse es que mientras el presidente Trump trata de separarse de la política imperialista de sus predecesores, los funcionarios internacionales pro-estadounidenses de la ONU son incapaces de adaptarse a la realidad. Después de 16 años de mentiras sistemáticas, ya no logran pensar en función de los hechos sino sólo de sus obsesiones. Ya no logran dejar de creer que la realidad corresponde a lo que ellos quieren. Es el comportamiento característico de los imperios en decadencia.



[1] Referencia: ONU S/2001/946 y S/2001/947.
[2] «Discours de M. Powell au Conseil de sécurité de l’ONU», por Colin L. Powell, Réseau Voltaire, 11 de febrero de 2003.
[3] “Colin Powell on Iraq, Race, and Hurricane Relief”, ABC, 8 de septiembre de 2005.
[4] «Alemania y la ONU contra Siria», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria), Red Voltaire, 28 de enero de 2016.
[5] Sous nos yeux. Du 11-Septembre à Donald Trump, Thierry Meyssan, Demi-Lune, 2017.
[6] La OPAQ es la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas.
[7] «¿Y por qué Trump bombardeó Sheyrat?», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria) , Red Voltaire, 2 de mayo de 2017.
[10] «Londres y Washington entregaron armas químicas a los yihadistas», Red Voltaire, 16 de agosto de 2017.
[15] «Évaluation française de l’attaque chimique de Khan Cheikhoun», Red Voltaire, 26 de abril de 2017.
[16] «Jordania expresa apoyo a Siria», Red Voltaire, 30 de agosto de 2017.
[17] «Declaración de los Presidentes de Rusia y Estados Unidos sobre Siria», Red Voltaire, 11 de noviembre de 2017.
[18] “Iran building permanent military base in Syria – claim”, Gordon Corera, BBC, 10 de noviembre de 2017.
[19] «Israel rechaza el plan ruso-estadounidense para la paz en Siria», Red Voltaire, 15 de noviembre de 2017.
[20] «Israel bombardea una fábrica de cobre en Siria», por Mounzer Mounzer, Red Voltaire, 3 de noviembre de 2017.