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lunes, 17 de enero de 2022

NUEVOS FOCOS DE TENSIÓN EN EL TABLERO MUNDIAL

 


Por Eduardo Lucita

Si hasta hace pocos meses atrás la región de Taiwán y el Mar de la China del Sur era considerado «el lugar más peligroso del planeta», en los inicios del 2022 ese podio está siendo disputado por tensiones que cruzan tanto a Europa Oriental como a Asia Central y en el Oriente Medio. Todas las zonas donde se registran focos de tensión tienen importancia geopolítica y comercial.

En los inicios de este 2022 un enfoque global muestra tres escenarios. Por un lado una economía en recuperación concentrada en algunas de las principales potencias y por lo tanto muy desigual. El Banco Mundial proyecta 5,6% de crecimiento para este año, traccionado por la suba del comercio internacional (+11% sobre el 2019) donde se destaca el intercambio China-EEUU que a fines del 2021 alcanzaría su récord histórico (700.000 millones de dólares).

Por otro lado se verifica un fuerte rebrote de la pandemia que, por la extrema contagiosidad de la variante ómicron, crece verticalmente en todo el mundo poniendo en riesgo la evolución de la economía global en el futuro inmediato.

El tercer escenario está dominado por los nuevos focos de tensión que sacuden el tablero mundial, que es lo que nos interesa en esta nota. Si hasta hace pocos meses atrás la región de Taiwán y el Mar de la China del Sur era considerado «el lugar más peligroso del planeta» (tal como explicáramos en notas anteriores), hoy en los inicios del 2022 ese podio está siendo disputado por tensiones que cruzan tanto a Europa Oriental como a Asia Central y en el Oriente Medio.

 

Zonas estratégicas

Todas las zonas donde se registran focos de tensión tienen importancia geopolítica y comercial. La región indo-pacífica es hoy el segundo destino de las exportaciones de la UE y alberga a cuatro de los diez principales socios comerciales del bloque. El Oriente medio contiene más del 60% de las reservas petroleras globales y es un punto de relevancia mundial. Ucrania y Kazajistán son fundamentales para la reconstitución de un bloque de poder con Rusia como pivote central.

La declinación de EEUU y los intentos de la administración Biden por recuperar espacios y presencia internacional frente al ascenso China y Rusia están en el centro de esta conflictividad.

 

Medio Oriente

EEUU busca restablecer el acuerdo nuclear firmado por la administración Obama con Irán y países miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (Viena 2015) que tenía por objetivo detener el plan nuclear iraní. En 2018 la administración Trump, empujada por Israel y las monarquías árabes, retiró a EEUU del acuerdo y en paralelo incrementó las sanciones económicas y financieras. El argumento, otra vez sin mayores pruebas, fue que la nación persa no estaba cumpliendo el acuerdo, pero el objetivo no declarado, ahora es evidente, no era otro que mellar la influencia de Irán en la región, esta había crecido luego de que Rusia destrabara la crisis siria a favor del régimen de Bashar al Assad aliado de los persas. Por si fuera poco en las afueras de Teherán fue asesinado Mohsen Fakhrizadeh, el principal científico nuclear iraní y meses antes, en las cercanías de Bagdad, el comandante Suleiman, considerado un héroe nacional iraní. Cartón lleno, el resultado de las presiones económico-financiera y militares fue exactamente inverso a lo buscado. En lugar de detener el plan nuclear este se aceleró. Informes recientes dan cuenta de que Irán está a punto de completar el ciclo de enriquecimiento del uranio en un porcentaje que lo pone a tiro de lograr la bomba nuclear. Adicionalmente se ha revelado como potencia militar (posee un importante stock de misiles de precisión y largo alcance).

El reconocimiento de la peligrosidad de la situación y la responsabilidad de los errores no forzados de EEUU están llevando a un replanteo general en la región, incluso tanto en Israel como en los emiratos y otras jerarquías árabes ya se piensa en alcanzar algún acuerdo con Irán. Mientras tanto la presencia de China crece en la región y su proyecto de Nueva Ruta de la Seda gana espacios.

 

Europa y Asia

Día a día crecen las tensiones entre Rusia, EEUU y los países europeos por la zona fronteriza que comparten Rusia y Ucrania y por la crisis en Kazajistán. En 2014, luego de las protestas del Euromaidán, Rusia invadió primero y anexó después la estratégica península de Crimea (donde está instalada la mayor base naval rusa), desde hace unos meses está desplegando tropas a lo largo de toda la frontera con Ucrania intentando disuadir o bloquear el acercamiento de Ucrania a la OTAN, que habilitaría la expansión de la alianza hacia el este lo que Rusia considera una amenaza militar (vínculos culturales, étnicos e históricos suelen justificar acciones diplomáticas o militares).

Como en la región indo-pacífica la administración Biden ha declarado que no aceptará una nueva invasión militar de Rusia, amenazando con sanciones bancarias, financieras e incluso bloquear el gasoducto Nordstream II, lo que enciende luces rojas en Alemania que depende de ese gas, más cuando acaba de cerrar numerosas centrales nucleares. Moscú ha respondido que sería «un error colosal» y que aplicaría «medidas militares y técnicas». Mientras que la OTAN advirtió que hay «riesgo real de conflicto» y que la alianza debe prepararse para «un fracaso diplomático».

 

Incertidumbre

El Asia Central situada entre Irán y China y en las cercanías de Turquía es un nuevo foco de conflicto desatado luego de protestas populares en Kazajistán por el aumento del precio de gas. A diferencia de lo sucedido cuando el Euromaidán, aquí hay fuertes muestras de autoorganización y contenidos de clase en las protestas, provenientes de una larga tradición de luchas obreras y huelgas en el país. Rusia a través de la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva (OTSC) intervino militarmente para controlar la situación en Kazajistán, que es el núcleo central de la estrategia geopolítica del presidente Putín para recuperar la Gran Rusia.

Tambores de guerra resuenan en esas tres zonas en conflicto que tensionan todo el tablero mundial, mientras que no hay precisiones en cuanto a la extensión y la magnitud de la pandemia, que está imponiendo nuevas restricciones en una economía global que registra creciente ausentismo laboral que limita la producción y entorpece la logística de las cadenas de valor, todo acompañado por una tasa de inflación desconocida en décadas.

Todo redunda en una gran incertidumbre sobre el futuro inmediato.

 

Eduardo Lucita, integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).

 

Fuente: ANRed

 

https://kaosenlared.net/nuevos-focos-de-tension-en-el-tablero-mundial/

 

martes, 24 de marzo de 2020

COVID-19: PROPAGANDA Y MANIPULACIÓN



El 27 de enero de 2020, el primer ministro chino, Li Keqiang, llega a Wuhan para dirigir la ‎lucha contra la epidemia y restaurar el “mandato celestial”. ‎

por Thierry Meyssan
Volviendo al tema de la epidemia de coronavirus, Thierry Meyssan subraya que las ‎decisiones autoritarias adoptadas en Italia y Francia carecen de justificación ‎de naturaleza sanitaria. Más bien contradicen las observaciones de los mejores virólogos ‎y hasta las instrucciones de la Organización Mundial de la Salud.‎
RED VOLTAIRE | DAMASCO (SIRIA) | 21 DE MARZO DE 2020

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La aparición de la epidemia en China

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El primer caso de una persona infectada con el Covid-19 se diagnosticó el 17 de noviembre ‎de 2019, en la provincia china de Hubei. Inicialmente, los médicos trataron de alertar sobre la gravedad de esta enfermedad pero encontraron la oposición de las autoridades regionales. Fueron ‎la multiplicación de la cantidad de casos y la percepción de la gravedad del problema por parte de ‎la población, los factores que finalmente dieron lugar a la intervención del gobierno central chino. ‎
A pesar de todo lo que han dicho los medios de prensa, la envergadura estadística de la epidemia ‎de Covid-19 no es significativa. Aunque las personas que mueren son víctimas de graves ‎problemas respiratorios, el hecho es que el coronavirus mata muy poco. 
Desde los tiempos de la Antigüedad, la cultura china siempre ha estado marcada por una vieja ‎concepción según la cual el Emperador goza de un mandato celestial que le permite gobernar a sus súbditos ‎‎ [1]. Cuando el país sufre una catástrofe –terremoto, huracán o epidemia– es porque ‎el gobernante ha perdido ese mandato celestial. Ante esa percepción cultural de las cosas, y ‎a pesar de que vivimos en la era moderna, el presidente Xi Jinping se sintió amenazado por la ‎irresponsabilidad del gobierno regional de la provincia de Hubei. El Consejo de Estado decidió ‎entonces asumir el control de la situación y decretó el confinamiento de la población de la capital ‎provincial, la ciudad de Wuhan, en sólo días construyó varios hospitales, envió equipos ‎de trabajadores de la salud a visitar cada familia de Wuhan –casa por casa– para tomar la ‎temperatura a cada habitante y aplicar diversos controles de salud, ordenó que toda persona ‎que presentara síntomas sospechosos fuese llevada de inmediato a una instalación sanitaria para someterla a ‎exámenes de salud más detallados y aplicó a las personas que parecían infectadas un tratamiento ‎a base de cloroquina. Los casos más graves eran internados en salas de cuidados ‎intensivos y recibían un tratamiento a base del medicamento cubano denominado Interferón ‎Alfa 2B recombinante (IFNrec). Esta gran operación de salud pública apunta también a demostrar ‎que el Partido Comunista conserva su “mandato celestial”. ‎


En medio de una conferencia de prensa sobre la epidemia de coronavirus, ‎el viceministro iraní de la Salud, Iraj Harirchi, ya se ve afectado por la enfermedad.‎
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Propagación del Covid-19 en Irán

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Después de China, la epidemia se propaga en Irán a mediados de febrero de 2020. Desde ‎los tiempos de la Antigüedad, China e Irán han estado muy vinculados entre sí. Pero, tratándose ‎de las afecciones pulmonares, la población iraní es la más frágil del mundo. Casi todos ‎los iraníes del sexo masculino mayores de 60 años arrastran secuelas de los gases venenosos ‎estadounidenses utilizados por el ejército iraquí contra Irán durante la primera guerra del Golfo ‎‎(de 1980 a 1988). Es un fenómeno similar al que se produjo en Alemania y en Francia después ‎de la Primera Guerra Mundial. Cualquier viajero que haya estado en Irán habrá podido notar, ‎con sorpresa, la gran cantidad de casos graves de enfermedades pulmonares existentes en ese ‎país. En Teherán, cuando la contaminación del aire sobrepasa lo que la gente puede soportar, ‎se decreta el cierre de las escuelas y de los servicios públicos y la mitad de las familias se van ‎al campo con sus abuelos. Eso sucede varias veces al año, desde hace 35 años, y la población ‎lo percibe como algo normal. El gobierno y el parlamento iraníes se componen casi exclusivamente ‎de veteranos de la guerra entre Irak e Irán, o sea de personas extremadamente frágiles frente al ‎Covid-19, lo cual explica que tantas personalidades iraníes se hayan visto afectadas en poco ‎tiempo. ‎
Debido a las sanciones de Estados Unidos contra Irán, ningún banco occidental se atreve a ‎cubrir los transportes de medicamentos hacia ese país, así que para Irán fue imposible garantizar ‎tratamiento médico a las personas afectadas por el coronavirus hasta que Emiratos Árabes Unidos ‎rompió el embargo y envió a Irán 2 aviones cargados con material médico. En resumen, personas ‎que en otros países no sufrirían graves consecuencias, en Irán mueren rápidamente en cuanto ‎la tos afecta sus pulmones gravemente debilitados desde hace años. Como de costumbre, ‎el gobierno iraní cerró las escuelas. También anuló diferentes manifestaciones culturales y ‎deportivas… pero no prohibió los peregrinajes. Algunas regiones cerraron los hoteles para evitar ‎el desplazamiento de enfermos que ya no encontraban espacio en los hospitales cercanos a los ‎lugares donde vivían habitualmente. ‎
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CNN incrementó sus índices de audiencia gracias a la situación del crucero ‎‎“Diamond Princess”, varado en Japón.
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La cuarentena en Japón

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El 4 de febrero de 2020, un pasajero que viajaba en el crucero estadounidense Diamond Princess ‎fue diagnosticado como enfermo a causa del Covid-19 y otros 10 pasajeros fueron ‎diagnosticados como portadores del virus. Para evitar el contagio en su país, el ministro ‎de Salud de Japón, Katsunobu Kato, impuso al barco una cuarentena de 2 semanas ‎en Yokohama. En definitiva, entre los 3 711 pasajeros del Diamond Princess, en su mayoría ‎personas de más de 70 años, se registraron 7 fallecidos. ‎
El Diamond Princess es un crucero israelo-estadounidense, propiedad de Micky Arison, hermano ‎de Shari Arison, la mujer más adinerada de Israel. Los Arison convirtieron este incidente en una ‎gran operación de relaciones públicas. La administración Trump y varios países evacuaron por vía ‎aérea a los pasajeros de sus nacionalidades respectivas para que pasaran la cuarentena en ‎sus propios países. La prensa internacional dedicó sus principales titulares al asunto y, citando como ‎precedente la epidemia de gripe española de los años 1918-1919, se afirmó entonces que el coronavirus ‎podía extenderse por el mundo e incluso amenazar la existencia misma de la especie humana ‎‎ [2]. Esta ‎hipótesis apocalíptica, no sustentada por hecho alguno, se convierte así en una supuesta ‎‎“verdad”. ‎
Es importante recordar aquí que, en 1898, William Randolph Hearts y Joseph Pulitzer, deseosos de ‎incrementar las ventas de sus diarios, inventaron informaciones falsas para provocar ‎deliberadamente la intervención militar de Estados Unidos en la guerra que se desarrollaba ‎en Cuba entre las tropas coloniales españolas y los independentistas cubanos. Aquello acabó ‎siendo el inicio del «yellow journalism», o «periodismo amarillo», que consiste en publicar ‎cualquier cosa con tal de aumentar las ventas de los diarios. Hoy llamaríamos eso «fake news». ‎
No se sabe, al menos por ahora, si los magnates de la prensa quisieron sembrar el pánico ‎premeditadamente presentando una vulgar epidemia como «el fin del mundo». En todo caso, ‎como una deformación de la verdad siempre acaba provocando otra, los gobiernos acabaron ‎involucrándose en el asunto. Por supuesto, el objetivo de los gobiernos no es vender publicidad ‎asustando a la gente sino explotar el miedo para garantizar su control sobre las poblaciones. ‎
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Para el director general de la OMS, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, ‎China y Corea del Sur han dado el ejemplo al generalizar el uso de pruebas de diagnóstico, ‎lo cual es una manera de decir que, como práctica médica, los métodos de Italia y Francia son ‎absurdos.
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La intervención de la OMS

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La Organización Mundial de la Salud (OMS), después de seguir toda la operación, comprobó la ‎expansión de la enfermedad fuera de China. El 11 y el 12 de febrero, la OMS organizó ‎en Ginebra un foro mundial sobre la investigación y la innovación, dedicándolo a esta epidemia. ‎En ese encuentro, el director general de la OMS, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, lanzó un ‎llamado a la colaboración mundial, utilizando para ello términos extremadamente mesurados ‎‎ [3]. ‎
En todos sus mensajes, la OMS ha resaltado:‎
- el poco impacto demográfico de la epidemia;
- la inutilidad de los cierres de fronteras;
- la ineficacia del uso de guantes y máscaras (exceptuando su uso por parte del personal ‎sanitario) así como la inutilidad de ciertas «medidas barreras» (por ejemplo, mantener ‎un metro de distancia entre las personas tiene sentido sólo cuando nos hallamos ante personas ‎infectadas);‎
- la necesidad imperiosa de elevar el nivel de higiene, principalmente lavándonos las manos, ‎desinfectando el agua, mejorando la ventilación en los espacios cerrados, recurriendo al ‎uso de servilletas desechables y bloqueando las vías respiratorias con el codo al toser o estornudar. ‎
Sin embargo, la OMS no es una organización médica sino una agencia de la ONU especializada en ‎cuestiones de salud. Sus funcionarios, aun siendo médicos, son ante todo políticos. Eso impide ‎a la OMS denunciar los abusos de algunos Estados. ‎
Además, desde la polémica sobre la epidemia de H1N1, la OMS se ha visto obligada a justificar ‎públicamente todos sus consejos. En 2009, ante la epidemia de H1N1, la OMS fue acusada de ‎haberse dejado arrastrar por los intereses de las grandes firmas farmacéuticas y de haberse ‎apresurado a sembrar la alarma de forma desproporcionada [4]. Esta vez, ante el ‎Covid-19, la OMS no utilizó la palabra «pandemia» hasta el 12 de marzo, o sea, al cabo de ‎‎4 meses. ‎
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El 27 de febrero, en la cumbre franco-italiana realizada en Nápoles, ‎el presidente francés Emmanuel Macron y el primer ministro italiano Giuseppe Conte, ‎anunciaron que actuarían juntos ante la pandemia. ‎
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Instrumentalización en Italia y en Francia

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En la propaganda moderna, no basta con limitarse a la publicación de noticias falsas –como hizo ‎el Reino Unido para convencer a su pueblo de que tenía que entrar en la Primera Guerra ‎Mundial–, hay que hacer proselitismo –como hizo la Alemania nazi para convencer a ‎los alemanes de que había que librar la Segunda Guerra Mundial. La receta es siempre la misma: ‎recurrir a la presión psicológica para lograr que la gente haga voluntariamente cosas sobre ‎las cuales se sabe que son inútiles, pero que dirigen hacia la vía de la mentira [5]. ‎
Por ejemplo, en 2001, todo el mundo sabía que las personas acusadas de haber secuestrado ‎los aviones implicados en los acontecimientos del 11 de septiembre no aparecían en las listas de ‎pasajeros de esos aviones. Sin embargo, bajo el shock de los acontecimientos, la gran mayoría ‎aceptó sin chistar las acusaciones absurdas que emitía el entonces director del FBI –un tal Robert ‎Muller– contra los «19 secuestradores aéreos». Otro ejemplo: todos saben que el Irak ‎gobernado por el presidente Saddam Hussein disponía únicamente de viejos cohetes Scud soviéticos de ‎sólo 700 kilómetros de alcance, pero numerosos estadounidenses hermetizaron las puertas y ‎ventanas de sus casas para protegerse de los gases que el “diabólico dictador” planeaba lanzar ‎utilizar contra Estados Unidos. Hoy en día, tratándose del Covid-19, el confinamiento ‎voluntario a domicilio es lo que convence a cada cual de que la amenaza realmente existe. ‎
Hay que recordar que en toda la historia de la medecina nunca antes se recurrió al ‎confinamiento de la población sana para luchar contra una enfermedad.
Y ‎sobre todo, hay que recordar que el índice de mortalidad de esta epidemia no es significativo. ‎
En Italia, se trató primero de aislar las regiones contaminadas siguiendo el principio de la ‎cuarentena, pero después se ha tratado de aislar a los ciudadanos unos de otros, lo cual implica ‎el uso de una lógica diferente. ‎
Según el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, y el presidente francés, Emmanuel Macron, ‎el confinamiento de toda la población a domicilio no apunta a vencer la epidemia sino a ‎ganar tiempo ante el contagio para que los hospitales no colapsen ante una afluencia excesiva ‎de enfermos. En otras palabras, no es una medida de carácter médico sino de naturaleza ‎puramente administrativa y no hará disminuir la cantidad de personas infectadas sino que sólo ‎distribuirá los casos en un periodo de tiempo más largo. ‎
Para convencer a los italianos y a los franceses de que esa decisión se justifica, el primer ministro ‎italiano Conte y el presidente francés Macron dijeron contar con el apoyo de comités de expertos ‎científicos. Por supuesto, esos comités no tienen objeción en que la gente se mantenga ‎se quede en casa… pero tampoco se oponían a que continuaran sus ocupaciones ‎habituales. Después, Conte y Macron hicieron obligatoria la presentación de un formulario oficial ‎por parte de las personas que salen a la calle. Se trata de una declaración personal bajo palabra ‎de honor que las personas presentan llenando un documento que lleva el membrete del ‎ministerio del Interior, declaración que no es objeto de ninguna verificación. ‎
En definitiva, los gobiernos de Italia y Francia asustan a la población emitiendo imposiciones ‎inútiles, que los médicos especializados no aprueban: como la obligación de portar ‎constantemente guantes y máscaras y de guardar un metro distancia entre las persona. ‎
‎‎ ‎‎En este video del 25 de febrero de 2020, censurado por el ministerio francés de la Salud, ‎el renombrado virólogo francés Didier Raoult anuncia que los científicos chinos acaban de demostrar la ‎eficacia de la cloroquina en los casos positivos de Covid-19. Incluso recalca que probablemente es “la infección respiratoria más fácil de tratar”.‎
En Francia, el diario Le Monde, presentado como «el cotidiano francés de referencia», ‎Facebook France y el ministerio francés de la Salud se dieron a la tarea de censurar un video del ‎profesor Didier Raoult, uno de los virólogos de mayor reputación mundial, quien ponía ‎en evidencia la ausencia de justificación médica de las medidas impuestas por el presidente ‎Macron [6].‎
‎‎ ‎Ponencia del profesor Didier Raoult ante la Asamblea General de los Hospitales Universitarios ‎de Marsella, 16 de marzo de 2020. ‎
Es demasiado pronto para poder decir cuál es el verdadero objetivo de los gobiernos del primer ‎ministro italiano Giuseppe Conte y del presidente francés Emmanuel Macron. Lo que sí es seguro ‎es que no se trata de luchar contra el Covid-19. ‎
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[1] The Mandate of Heaven and The Great Ming Code, Jiang Yonglin, University of Washington ‎Press, 2011.
[2] Human Extinction and the Pandemic Imaginary, Christos Lynteris, Routledge (2020).
[3] «Nuevo coronavirus: se imponen la solidaridad, la colaboración y medidas urgentes a ‎nivel mundial», Dr. Tedros ‎Adhanom Ghebreyesus, Organización Mundial de la Salud, 11 de febrero de 2020.
[4] Pandemics, Science and Policy. H1N1 ‎and the World Health Organization, Sudeepa Abeysinghe, Plagrave Macmillan, 2015.
[5] «Las técnicas de la propaganda militar moderna», por Thierry Meyssan, ‎‎Red Voltaire, 16 de mayo de 2016.
[6] «"La chloroquine guérit le Covid-19": Didier Raoult, l’infectiologue qui aurait le remède ‎au coronavirus», [en español, «“La cloroquina cura el Covid-19”: ‎Didier Raoult, el infectólogo que dice tener el remedio contra el coronavirus»], Étienne Campion, ‎‎Marianne, 19 de marzo de 2020.
Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: De la impostura del 11 de septiembre a Donald Trump. Ante nuestros ojos la gran farsa de las "primaveras árabes" (2017).



martes, 3 de septiembre de 2019

IRÁN PONE DEL REVÉS AL MUNDO ÁRABE (CON LA AYUDA DE CHINA Y DE RUSIA)



Viernes 23 de agosto de 2019 por CEPRID
Alberto Cruz
CEPRID

La guerra de EEUU contra Irán –la retirada unilateral del acuerdo nuclear y la imposición ilegal de sanciones, incluyendo la venta de petróleo- se ha vuelto en contra no solo de EEUU sino que ha puesto del revés al mundo árabe, tradicionalmente sumiso a los criterios de Washington. La firmeza y determinación de Irán al hacer frente a esta agresión se ha hecho posible, también, gracias a la inestimable ayuda de China y de Rusia.

Irán no es un país cualquiera. El derribo del avión espía estadounidense a mediados de junio de este año puso de manifiesto dos cosas: que la guerra no es tan fácil para los matones cuando hay determinación de resistir (el ejemplo de Vietnam sigue muy presente, al que hay que añadir ahora Siria) y que los países árabes que pensaban que iba a ser fácil doblegar a los iraníes tras las sanciones estadounidenses nunca pensaron que la resistencia iraní podía debilitar, y mucho, su propia estabilidad. Claro que ello ha sido posible, de nuevo, porque al igual que Vietnam y Siria, Irán no está solo.

Con el derribo del avión espía estadounidense quedó claro para los países árabes visceralmente anti-iraníes (Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos) que EEUU es una superpotencia en declive. Estos dos países árabes llevan años presionando a EEUU para que ataque a Irán, y vieron que ese era el momento idóneo porque no se podría interpretar como agresión sino como represalia. Pero no fue así. Además, eso fue interpretado, con razón o sin ella, como una humillación personal para los dirigentes sauditas y emiratíes porque Trump hizo caso omiso de sus demandas de ataque inmediato.

Al mismo tiempo, y desde Irán, el ayatolá Alí Jamenei había reiterado la postura de Irán en todo el conflicto: el derecho al enriquecimiento nuclear por dos razones, porque le ampara el derecho internacional al uso pacífico del mismo y porque es al mismo tiempo la baza que tiene el país para evitar cualquier tentación agresiva por parte de Occidente y, especialmente, de EEUU. Para Jamenei, “es la carta de Irán para obstruir cualquier intención estadounidense de destruir a Irán”. Junto a ello está el desarrollo de los programas balísticos y de misiles “como arma disuasoria” y como “poder de equilibrio” contra quienes tengan la tentación de iniciar una guerra; y tal vez lo más importante: “no abandonar nunca a los aliados de Irán en Irak, Siria, Líbano y Yemen porque son esenciales para la seguridad nacional” [de Irán].

Ello, junto a la constatación de que Irán no habla en vano cuando dice que las exportaciones de petróleo y gas están en peligro si no puede vender su petróleo ha hecho que haya sorprendentes movimientos en el Golfo Pérsico.

Por una parte, y aunque parezca una fantasía, la mención a “no abandonar nunca a los aliados” ha puesto de los nervios a Arabia Saudita porque piensa que Irán puede iniciar una campaña de “empoderamiento” de la población shií de la provincia donde se encuentran las mayores reservas de petróleo y gas y donde los shiíes son mayoritarios.

Por otra, la decisión de Irán de bloquear el estrecho de Ormuz ha obligado a los Emiratos árabes Unidos a replantearse totalmente su postura actual. Desde la retirada de efectivos de Yemen y el apoyo a los separatistas del sur del país –en lo que supone un enfrentamiento directo con Arabia Saudita- hasta el acercamiento a Irán, con acuerdos incluidos en temas marítimos, de seguridad y bancarios. Junio, un mes clave

En este acercamiento a Irán, mientras que Emiratos ha actuado de forma rápida y sin dudas, Arabia lo está haciendo de forma muy lenta y muy oculta. Pero en ambos casos hay un mediador inesperado: China. Junto a otro actor que ha demostrado que no solo está de vuelta en geopolítica, sino que es imprescindible en Oriente Próximo: Rusia.

La historia empieza en junio de este año. El día 5, Putin y Xi se reunieron por trigésima vez en seis años. Pero esta vez fue diferente. Además de reforzar su alianza estratégica y firmar más convenios que nunca, decidieron dos cosas fundamentales: desdolarizar su intercambio comercial bilateral (y ya está por debajo del 50% el uso del dólar entre ellos) y utilizar su alianza para “dar forma a una nueva postura a largo plazo de todo el hemisferio este”. En otras palabras, enfatizar la esfera euroasiática (alta prioridad para Rusia) y reforzar la Nueva Ruta de la Seda (alta prioridad para China).

Para ello ambos países tienen que hacer una cosa de forma prioritaria: negociar con los principales productores de petróleo (entre los que están Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos… e Irán) para sustituir el petrodólar por otra canasta de monedas alternativa. Los chinos tienen funcionando el petroyuan desde hace un año y medio y ya controlan el 14% del mercado de petróleo con esta moneda, pero no quieren imponerla por la fuerza. Quieren que sean los propios productores quienes se vayan convenciendo de que la dependencia del dólar es perjudicial y aceptaron la propuesta de Rusia: además del yuan y del rublo, incluir el euro. Con ello se pretende ir alejando a la Unión Europea del vasallaje de EEUU. El uso de estas tres monedas, sobre todo el yuan y el euro, permitiría a los vendedores y compradores de petróleo sortear las sanciones y cuotas impuestas por EEUU. Como obras son amores, y no buenas razones, Rusia ya ha dado el primer paso operativo en esta dirección: la petrolera estatal Rosneft ha anunciado públicamente que a partir de septiembre todos los contratos petroleros que realice con países terceros (no incluye a China, puesto que ya los chinos compran petróleo ruso en rublos) serán en euros y dejará de utilizar el dólar. Esto, de rebote y además, incluye un desprecio absoluto a las sanciones de EEUU contra Irán.

El día 20 de junio, Irán derriba el avión espía estadounidense. Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos se sorprenden ante la debilidad de EEUU al no atacar a Irán. Ese es el momento en el que deciden hacer un viraje estratégico en sus relaciones con China, a quien consideran un posible sustituto, como “paraguas estratégico”, de EEUU.

El 23 de junio, en otro movimiento inesperado, Rusia presenta un plan ante el Consejo de Seguridad de la ONU y la Asamblea General en el que se propone a los países del Golfo Pérsico “y a otros actores extraregionales” establecer “acuerdos sobre el control de armas, la creación de zonas desmilitarizadas, la prohibición de acumular armas convencionales desestabilizadoras –incluidos los sistemas antimisiles- y proceder a una reducción equilibrada de las fuerzas armadas de todas las partes” (1). Junto a ello, y a medida que se avance en la consecución de estos objetivos, “se debería empezar a hablar de una reducción de la presencia militar extranjera en la región y el establecimiento de medidas de confianza entre los países de la región y los otros Estados” (2). Este plan recibe el entusiasta apoyo de China.

Este plan no tiene grandes visos de ser aprobado, pero su simple presentación hizo que los cimientos de sauditas y emiratíes temblasen un poco más, sobre todo por el rápido apoyo chino al mismo. Pero hay otro elemento que les convence de que o dan el paso ahora, de irse distanciando de EEUU, o cuando lo den será tarde, demasiado tarde. El 9 de julio el emir de Qatar, un país sujeto a embargo por las monarquías del Golfo Pérsico desde hace ya más de dos años, es recibido por Trump en la Casa Blanca. El amigo recibiendo al enemigo. Un enemigo que tiene vínculos casa vez más estrechos con Irán, país que fue uno de los primeros en acudir en su ayuda cuando se inició el embargo a instancias sauditas. Y el emir de Qatar se ofreció a mediar entre EEUU e Irán mientras Trump daba una nueva muestra de lo poco que tiene en cuenta en estos momentos a sus vasallos sauditas y emiratíes: dijo que EEUU “renovaba su compromiso de avanzar aún más en la cooperación estratégica de alto nivel” con Qatar.

Qatar es pequeño en tamaño, pero de gran importancia estratégica para EEUU por varias razones. La primera, porque tiene la base aérea más importante de toda la zona y desde la que, curiosamente, salió el avión espía derribado por Irán. La segunda, porque sus buenas relaciones con Turquía –que también acudió en su ayuda cuando el embargo- le sitúa en una postura de mediador entre este país y EEUU en frentes como Siria, por ejemplo. La tercera, porque al suministrar “ayuda humanitaria” financiera a Hamás evita nuevas tensiones con Israel. La cuarta, porque acoje en su territorio a todo tipo de tipos indeseables que han actuado a expensas de EEUU en Chechenia o China, como es el caso de destacados activistas iugures.

Buscando a China...

Saudíes y emiratíes interpretaron que había una especie de cerco sobre ellos del que solo podían salir de una manera: vincularse a otra superpotencia. A China. Pero mientras que los primeros lo hacían de forma timorata, dubitativa y oscurantista los segundos lo hicieron rápidamente y a la vista de todo el mundo.

El 20 de julio Mohamed Bin Zayed, príncipe heredero y comandante supremo adjunto de las Fuerzas Armadas de los Emiratos, visitó Beijing y sus declaraciones no dejaron dudas del cambio: los Emiratos aceptan el papel preponderante de Rusia y de China en la solución del Golfo Pérsico y “transformarlo en un oasis de seguridad en lugar de una nueva fuente de agitación” (3). Pero no terminó ahí la cosa. Bin Zayed pidió de forma expresa que China mediase con Irán para un acercamiento de los Emiratos (y de Arabia Saudita) al país persa.

Y China lo hizo. Rápido, muy rápido. El 26 de julio, a instancias de China, una “delegación de paz” emiratí llegó a Irán para hablar de cuatro cosas: un acercamiento en las relaciones diplomáticas, el régimen de seguridad en el Golfo Pérsico, las fronteras marítimas entre los dos países y la situación en Yemen (4). Como es sabido, los Emiratos intervinieron en la guerra de agresión a instancias de Arabia Saudita y ahora están en proceso de retirada y, al mismo tiempo, ayudan e impulsan a los movimientos separatistas del sur que se están enfrentando… a las fuerzas que apoya Arabia Saudita. Sin embargo, se fue un poco más allá cuando los Emiratos aceptaron que dos de sus bancos hiciesen transanciones financieras con Irán (prohibidas por EEUU).

El 30 de julio, el jefe del Departamento de Enlace Internacional el Partido Comunista de China, Song Tao, encabezaba una delegación que durante tres días discutió tanto el plan ruso como un “nuevo régimen de seguridad para el Golfo Pérsico”, además de reafirmar que China no tiene el menor interés en cumplir las sanciones de EEUU a Irán y que va a continuar comprando petróleo de este país (5). De hecho, China lleva meses aumentando la importación de petróleo iraní en claro desafío a EEUU y lo hace utilizando yuanes y, siguiendo el criterio ruso, ahora lo ha empezado a hacer también en euros. Se cumple así una de los principales acuerdos ruso-chinos del 5 de junio, incentivar la desdolarización de la economía mundial. Lo hace, además, casi de forma compulsiva porque no está consumiendo ese petróleo sino que lo está almacenando y eso supone que si decidiese a su vez ponerlo a la venta, el precio del barril caería sustancialmente. Ni qué decir tiene que es un arma de futuro en la guerra comercial que lanzó EEUU contra China, que el principal perjudicado sería el propio EEUU (menos valor al dólar) y, de rebote, los principales productores. Y entre ellos están Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Así que con el petróleo iraní, China tiene en sus manos matar dos pájaros de un tiro. De eso son conscientes, también, sauditas y emiratíes, que necesitan un precio algo elevado, sobre los 60 dólares, y estable para mantener a flote sus maltratadas arcas por la desastrosa guerra que mantienen en Yemen.

La respuesta iraní estuvo a la altura: “una cooperación mas estrecha [entre China e Irán] puede ayudar a contrarrestar la animosidad de EEUU y neutralizar sus consecuencias”, dijo Alí Larijani, el presidente del parlamento, quien también reclamó que Rusia formase parte de ese nuevo régimen de seguridad para la zona porque eso supondría “revertir los intentos de Washington de imponer su propia hegemonía en el mundo”.

Pero China se llevó otra alegría en su misión. Irán dijo que no había el menor problema en el acercamiento que reclamaban tanto los Emiratos como Arabia siempre que no participasen en planes bélicos contra Irán y no permitieran utilizar su territorio para cualquier ataque. Y así lo transmitió a los emiratíes y es de suponer que estos a los sauditas. Y para que no hubiese duda alguna, el ministro de Asuntos Exteriores iraní dijo, el 31 de julio, que Irán “está preparado para el diálogo con Arabia Saudita si también está lista”. La respuesta llegó desde los Emiratos el día 3 de agosto, también a través del ministro de Exteriores de ese país: “los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita prefieren un enfoque político a sus problemas con Irán”.

¿Todo sobre ruedas, entonces? No, porque los emiratíes casi de inmediato tuvieron que hacer una puntualización: si bien la decisión suya de acercarse a Irán y buscar el apoyo de China es firme, la postura saudita es mucho más matizada porque debido a las estrechas relaciones entre Mohamed Bin Salman y la Casa Blanca (reveladas de forma palpable con la postura de EEUU en el asesinato de Khashoggui) los sauditas están “mucho más limitados” (sic) para dar este giro que algunos consideran “dramático”. Así que los iraníes han dado un paso más y el día 7 de agosto, de nuevo el ministro de Exteriores elogió a los Emiratos Árabes Unidos al tiempo que instaba a Arabia Saudita a “tomar sus propias decisiones en lugar de estar subordinada a EEUU”.

…con la omnipresente Rusia

Aquí es donde se está en estos momentos. Las monarquías árabes están moviéndose, conscientes de que su tiempo se acaba, mientras que Irán gana cada vez más autoconfianza debido a su decidida actitud de resistencia. Pero esta autoconfianza iraní viene dada, también, por el apoyo que está recibiendo no solo de China sino de Rusia.

Coincidiendo en el tiempo con la visita del alto funcionario chino a Teherán, una delegación iraní visitaba Moscú. No era una delegación cualquiera, sino militar. Y el objetivo estaba claro: acordar con Rusia nuevos niveles de cooperación para contrarrestar los movimientos de EEUU, especialmente marítimos. Y así, Rusia e Irán acordaron celebrar ejercicios navales en el Golfo Pérsico antes de que finalice este año 2019 al tiempo que se proporciona a la marina rusa facilidades para que use dos puertos iraníes, Chabahar (que es militar) y Bandar Abbas. Como de bien nacidos es ser agradecidos, Rusia respondió de forma rotunda a estas facilidades: “un ataque contra Irán sería un ataque contra Rusia” (6).

De esta forma el círculo se cierra, da la vuelta a gran parte de los movimientos anti iraníes que hasta ahora habían realizado las monarquías del Golfo e Irán sale un poco más reforzado. Rusia y China se convierten no solo en formidables aliados de Irán en caso de un hipotético ataque de EEUU, sino que también están maniobrando, de forma propia o porque se les ha buscado, para que los países árabes más beligerantes se mantengan al margen de los planes belicistas contra el país persa. Y cada vez están más cerca de lograrlo.

Notas
(1) Sputnik, 23 de junio de 2019.
(2) Ibid.
(3) Gulf News, 22 de julio de 2019.
(4) Hispan TV, 30 de julio de 2019.
(5) Irán Press, 30 de julio de 2019.
(6) Asia Times, 3 de agosto de 2019.
Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor. Su nuevo libro es “Las brujas de la noche. El 46 Regimiento “Taman” de aviadoras soviéticas en la II Guerra Mundial”, editado por La Caída con la colaboración del CEPRID y que ya va por la tercera edición. Los pedidos se pueden hacer a libros.lacaida@gmail.com o bien a ceprid@nodo50.org
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