sábado, 27 de junio de 2026

AMPLIA VICTORIA POLÍTICO TERRITORIAL

 


(27 de junio de 2026)

Por Miguel Ángel Aragón

 

En las elecciones 2026, nuevamente se han enfrentado la nueva democracia en desarrollo, contra la vieja democracia en decadencia.

No es una lucha personal, entre Roberto Sánchez y Keiko Fujimori.

Tampoco es solamente una lucha de dos grupos políticos, entre Juntos por el Perú y Fuerza Popular.

Tenemos que reconocer, que ésta es una LUCHA DE MASAS, entre el pujante Perú nuevo en desarrollo, contra el viejo Perú en decadencia, que se resiste a abandonar la historia.

Juntos por el Perú en representación del Perú nuevo, ha obtenido la mayoría de votos en 1,479 DISTRITOS, superando largamente a los 411 en los cuales Fuerza Popular ha obtenido la mayoría.

A nivel provincial, Juntos por el Perú ha obtenido la mayoría en 153 PROVINCIAS, mientras que Fuerza Popular solamente en 43 provincias.

Por último, a nivel departamental, Juntos por el Perú ha ganado en 16 DEPARTAMENTOS (ubicados en la sierra, la costa y la selva, así como en el sur, en el centro y en el norte del país), mientras que Fuerza Popular solamente ha ganado en 9 departamentos. 

Juntos por el Perú ha obtenido una votación superior a los NUEVE MILLONES DE VOTOS, distribuidos en el sur, en el centro y en el norte del país, así como en la sierra, en la costa y en la selva.

Estos NUEVE MILLONES tenemos mayor representatividad territorial, sin nuestra participación no se puede gobernar el país.  Tenemos que continuar trabajando unidos, para ejercer nuestro derecho a gobernar.

LA SUPERINTELIGENCIA, LA PROMESA DE LA ABUNDANCIA Y EL FUTURO DE LA HUMANIDAD



Markku Siira, Jun 25, 2026 substack

En la visión de los tecno optimistas, surgirá una inteligencia artificial súper inteligente que resolverá los problemas más antiguos de la humanidad. En una era de fusión limpia, la energía será abundante, la medicina erradicará las enfermedades y la robótica generará bienestar material a una escala tal que la comida, la vivienda y el transporte serán prácticamente gratuitos.

En este futuro, la IA no es solo una herramienta, sino una inteligencia general que optimiza los recursos con tal eficiencia que la escasez desaparece de la experiencia humana. A medida que el coste marginal de la actividad intelectual se acerca a cero, incluso las leyes fundamentales de la economía serán reexaminadas.

Tal desarrollo requeriría un contrato social completamente nuevo, en el que el intercambio sustituyera a la competencia, no por razones morales, sino porque los objetos de la competencia han desaparecido. Sin embargo, el pensamiento de los optimistas se basa en una premisa frágil: el desarrollo tecnológico sería inherentemente democrático, lineal y equitativo.

La historia nos ofrece otros ejemplos. La Revolución Industrial generó una riqueza sin precedentes, pero sus beneficios solo se distribuyeron tras décadas de lucha, sindicalismo, radicalismo político y dos guerras mundiales. El Estado de bienestar no surgió de la buena voluntad, sino que fue impuesto. Ahora la tecnología avanza exponencialmente: en cuestión de años, no de siglos. ¿En qué condiciones y a quién se distribuirá finalmente esta abundancia?

El escenario de amenaza más grave es aquel en el que los desarrolladores de la SUPERINTELIGENCIA ARTIFICIAL —las grandes potencias y las principales empresas tecnológicas— se dan cuenta de que poseen algo único e irremplazable. Tal poder no es meramente económico o militar; permite redefinir la realidad misma.

La inteligencia artificial, que predice los ciclos económicos, optimiza la logística, descifra códigos y moldea la opinión pública en tiempo real, otorga a quien la utiliza un control sin precedentes sobre el futuro. Quienes controlan los sistemas avanzados, los datos y la infraestructura informática pueden acaparar la mayor parte de la producción a medida que disminuye la mano de obra tradicional en la economía.

En este escenario, la tecnología no se distribuye libremente, sino que está restringida por licencias estrictas, bloqueos a nivel de hardware y acuerdos internacionales. El control no implica necesariamente una opresión manifiesta, sino una guía sutil: los algoritmos configuran las trayectorias educativas, las opciones profesionales y los hábitos de consumo para que la población se adapte a la nueva normalidad sin coerción explícita.

La abundancia existe, pero solo para unos pocos privilegiados. Al resto se le ofrece una narrativa de meritocracia: una ilusión de movilidad en un sistema que ya ha anticipado el potencial de todos. Es probable que los países más pobres se vean abocados a una mayor dependencia de proveedores externos de inteligencia general, lo que creará una nueva brecha global en este ámbito.

Existe otra vía posible, pero no exenta de problemas. Los modelos de IA, los datos de entrenamiento y el código abierto ya se están extendiendo globalmente. En China, India, Rusia y otros países, investigadores y desarrolladores copian, modifican y superan los logros occidentales. Si esta dinámica continúa, la superinteligencia artificial se convertirá en un bien común que ningún actor podrá monopolizar por completo.

En este caso, la competencia genera abundancia: los precios se desploman, la innovación se acelera y los servicios se diversifican. Sin embargo, al mismo tiempo, se pierde el control. Sin un control centralizado, la inteligencia artificial se utiliza como arma y como medio de inestabilidad. La distopía se transforma de totalitaria a caótica. Los sistemas compiten, manipulan los mercados, difunden desinformación y se enfrentan militarmente.

La cuestión más difícil reside en la escala temporal. Las convulsiones históricas duraron generaciones; ahora, el cambio pone a prueba a las instituciones en cuestión de meses y años. Las democracias son lentas debido a las concesiones, los regímenes autoritarios reaccionan con mayor rapidez, pero a menudo con brutalidad. Miles de millones de personas quedan rezagadas, cuyo sustento, educación y seguridad dependen de instituciones que no pueden seguir el ritmo del desarrollo.

Cuando el trabajo deja de ser la base de la productividad y el sustento, la distribución se convierte en una decisión política más que en un resultado de mercado. La renta básica universal, los dividendos sociales o los fondos públicos de riqueza podrían, en teoría, proporcionar seguridad básica, pero su implementación se topa con la voluntad política, la capacidad administrativa y la desigualdad global.

Existe también una amenaza que no se basa en la opresión consciente ni en el mero caos, sino en una erosión silenciosa. La gente queda desamparada en medio del cambio, sin planes de acción ni redes de seguridad. Los empleos desaparecen, la base impositiva se desmorona y la capacidad de los estados para mantener los servicios básicos se debilita.

Al mismo tiempo, surge una cuestión filosófica más profunda: ¿qué es una buena vida cuando el trabajo ya no define la identidad, la estructura ni la pertenencia social? La abundancia puede propiciar un renacimiento de la creatividad, la participación cívica y el florecimiento humano, o bien conducir a la alienación y la falta de sentido si la sociedad no logra renovarse.

Es probable que el futuro presente una combinación de estos factores. Inicialmente, la hegemonía se fortalecerá: la tecnología se concentrará en manos de unos pocos, la desigualdad aumentará y la vigilancia se intensificará. Quizás transcurran entre cinco y diez años antes de que la facilidad para copiar la tecnología y la competencia geopolítica impulse su difusión.

El movimiento de código abierto, el desarrollo de los estados rezagados y la competencia están derribando las barreras. El resultado más probable es un modelo híbrido en el que los estados y las grandes corporaciones coexistan en interdependencia y compartan el control mediante acuerdos negociados: la inteligencia artificial general como infraestructura crítica regulada públicamente. En aplicaciones militares, el desarrollo sigue estando condicionado por los intereses de seguridad nacional.

En última instancia, la tecnología estará ampliamente disponible, pero a un precio elevado. El camino hacia ese objetivo implicará concentración, control, riesgos caóticos e innumerables perdedores. Paradójicamente, la esperanza se basa precisamente en el hecho de que la nueva tecnología no puede controlarse por completo, y en que tendrá tiempo para generar beneficios antes de que algunos actores logren monopolizar todo el sistema.

Al igual que en internet, la apertura da paso a la centralización, la regulación y, en última instancia, a un nuevo equilibrio. En el caso de la SUPERINTELIGENCIA ARTIFICIAL, el plazo es más corto, hay mucho en juego y el resultado es incierto, independientemente de los planes de quienes ostentan el poder.

Pero quizás la pregunta ya esté desfasada. La tecnología pronto dejará de ser una herramienta para convertirse en un agente independiente, desmantelando a la humanidad y sustituyéndola por su propia lógica acelerada. ¿Acaso las personas dejarán de ser protagonistas de la historia para convertirse en su materia prima? Existen diversas opiniones al respecto, pero por ahora nada es seguro.

https://markkusiira.substack.com/p/superaly-runsauden-lupaus-ja-ihmisen?

Fuente: https://infoposta.com.ar/notas/14816/la-superinteligencia-la-promesa-de-la-abundancia-y-el-futuro-de-la-humanidad/

 

PROCESOS Y METAS

 


viernes, 26 de junio de 2026

LAS CONTRADICCIONES EN EL CAMPO DEMOCRÁTICO

 

El centenario a 833 días

En las filas del pueblo las fuerzas democráticas están divididas por caudillos que buscan formar parte de la burocracia estatal. Estos inscriben seudo organizaciones con el único objetivo de participar en las justas electorales. Algunos de estos caudillos son encandilados por la farsa electoral, por el cuento que se puede ser gobierno si se gana las elecciones. Lamentablemente para estos señores las esperanzas de sus seguidores se van desvaneciendo por la terca constatación que los candidatos democráticos si ganan las elecciones, simplemente no los dejan gobernar o los sacan del juego haciendo uso de una serie de triquiñuelas orquestadas desde los poderes establecidos, como se constata en estas elecciones 2026.  

El rol de los intelectuales democráticos en estas circunstancias, de un engaño generalizado de la población con el mito de elecciones “democráticas”, es esclarecer como es que las clases dominantes logran engañar a millones de peruanos de la farsa de la “democracia representativa”. Lo primero que se tiene que precisar que la arquitectura del sistema electoral no ha sido elaborada por las organizaciones del pueblo. En ese proceso de esclarecimiento surgen contradicciones en las filas democráticas que deben ser tratadas como contradicciones en el seno del pueblo: poniendo el acento en la persuasión a través de argumentos.

Hace casi 100 años Mariátegui observaba lo contraproducente que es la dureza de la critica al interior de las filas democráticas. No se puede cambiar la mente a fuerza de golpes.

En enero de 1929, José Carlos Mariátegui expone el caso de Julio A. Mella que había caído asesinado en México[1]. Explica que “Mella era uno de los verdaderos revolucionarios salidos de las filas de la Reforma Universitaria, de esa variada y extensa gama de renovadores de toda especie, que no han sabido en su mayor parte superar un confuso estado de ánimo pre-revolucionario.” Julio Antonio Mella había tomado posición franca y decidida por la revolución y, por lo mismo, concluye el Amauta: “reaccionó quizá con exceso contra los que no se decidían a seguir, sin reservas, la misma vía”. Mariátegui desaprueba la violencia verbal y la estridencia lírica; es más, la percibe contraproducente o perjudicial en las relaciones políticas con los más cercanos en la lucha social. La bravata del “veredicto final”, no produce la enmienda esperada y, por lo contrario, es perniciosa porque vuelve más testarudos a aquéllos que no se allanan a seguir, sin reservas, la misma vía. Un ejemplo más es suficiente de la cantilena: 

“Quienes no comprenden este trabajo previo, o quienes lo desprecian y rechazan sin presentar su propia labor, se automarginan solos con su eterno «de qué se trata para oponerme» o con el lastre feudal del «no hay peor enemigo que el del oficio», expresiones de la mediocridad del medio”. 

El “argumento” intenta, a punta de “san martincitos”, hacer entrar en razón a los “despistados” o confundidos. Si la mediocridad es el pasivo del medio social en que actuamos; el activo es la impotencia del hombre narigudo de ingenio agudo, incapaz de persuadir a los desorientados. Y es que cambiar la mente es un proceso que tiene con frecuencia un efecto contrario. Tiende a reforzar una opinión que existía previamente o, mejor dicho, activa la coraza que lo protege de agentes ideológicos extraños a su formación. El hombre subjetivamente está anclado al pasado; pero, objetivamente la fuerza de los hechos lo impulsa al cambio y sin embargo se resiste a éste.

Asimismo, el reclamo de nuestro amigo y camarada: “En su oportunidad se presentaron algunas sugerencias aisladas, en especial en el foro virtual Bicentenario (incluso el nombre era alusivo a la fecha), pero la respuesta fue la conocida y vergonzosa conspiración del silencio, la corrosiva indiferencia”. Lo primero que habría que dilucidar es si realmente hubo un complot contra sus iniciativas o como el mismo dice: “Detrás de esa indiferencia nuestra, estaba el nacionalismo solapado, la equivoca opinión que la guerra de la independencia de 1824, había sido una falsa independencia, por lo cual no merecía ser recordada.” Y si fue esto último, la razón de la inacción no sería más bien la nula o escasa sustentación de la importancia del uso político de esas oportunidades.

Es preciso aclarar que lo que para uno es prioridad para otros puede no serlo. Tal vez nuestro camarada Miguel no argumento lo suficiente sobre la importancia del uso político de dichas fechas con la debida antelación. Es preciso recordar que en la mayoría de las personas el pasado (muerte) pesa mucho más en el subconsciente que el futuro (vida).

El instinto de vida pertenece al presente-futuro. El “instinto de muerte” es parte del pasado-presente. Pero, el futuro siempre se impone al pasado.

 El hombre común absorbido por el sistema neocolonial (neoliberal) siempre se resiste al cambio. El cholo que cholea al cholo. Este asume, pese a sus rasgos fisiológicos y genes andinos, las tradiciones conservadoras que Mariátegui desnuda en el artículo que reproducimos más abajo. 

26 junio 2026

EBM

 

 

NACIONALISMO Y VANGUARDISMO[2] 

EN LA IDEOLOGIA POLITICA

 I

 Es posible que a algunos recalcitrantes conservadores de incontestable buena fe los haga sonreír la aserción de que lo más peruano, lo más nacional del Perú contempo­ráneo es el sentimiento de la nueva generación. Esta es, sin embargo, una de las ver­dades más fáciles de demostrar. Que el conservantismo no pueda ni sepa entenderla es una cosa que se explica perfectamente. Pero que no disminuye ni oscurece su evidencia.

Para conocer cómo siente y cómo pien­sa la nueva generación, una crítica leal y se­ria empezará sin duda por averiguar cuá­les son sus reivindicaciones. Le tocará cons­tatar, por consiguiente, que la reivindicación capital de nuestro vanguardismo es la rei­vindicación del indio. Este hecho no tolera mistificaciones ni consiente equívocos.

Traducido a un lenguaje inteligible pa­ra todos, inclusive para los conservadores, el problema indígena se presenta como el problema de cuatro millones de peruanos. Expuesto en términos nacionalistas, -insospechables y ortodoxos- se presenta co­mo el problema de la asimilación a la nacionalidad peruana de las cuatro quintas partes de la población del Perú.

¿Cómo negar la peruanidad de un idea­rio y de un programa que proclama con tan vehemente ardimiento, su anhelo y su vo­luntad de resolver este problema? 

 

II

Los discípulos del nacionalismo monarquista de "L'Action Française" adoptan, probablemente la fórmula de Maurras: "Todo lo nacional es nuestro". Pero su conser­vantismo se guarda mucho de definir lo nacional, lo peruano. Teórica y prácticamen­te, el conservador criollo se comporta como un heredero de la colonia y como un des­cendiente de la conquista. Lo nacional, pa­ra todos nuestros pasadistas, comienza en lo colonial. Lo indígena es en su sentimiento, aunque no lo sea en su tesis, lo pre-nacional. El conservantismo no puede concebir ni admitir sino una peruanidad: la formada en los moldes de España y Roma. Este senti­miento de la peruanidad tiene graves consecuencias para la teoría y la práctica del propio nacionalismo que inspira y engen­dra. La primera consiste en que limita a cua­tro siglos la historia de la patria peruana. Y cuatro siglos de tradición tienen que parecerle muy poca cosa a cualquier naciona­lismo, aun al más modesto e iluso. Ningún nacionalismo sólido aparece en nuestro tiempo como una elaboración de sólo cua­tro siglos de historia.

Para sentir a sus espaldas una antigüedad más respetable e ilustre, el nacionalis­mo reaccionario recurre invariablemente al artificio de anexarse no sólo todo el pasado y toda la gloria de España sino también todo el pasado y la gloria de la latinidad. Las raíces de la nacionalidad resultan ser hispánicas y latinas. El Perú, como se lo repre­senta esta gente, no desciende del Inkario autóctono; desciende del imperio extranje­ro que le impuso hace cuatro siglos su ley, su confesión y su idioma.

Maurice Barrés en una frase que vale sin duda como artículo de fe para nuestros reaccionarios, decía que la patria son la tie­rra y los muertos. Ningún nacionalismo pue­de prescindir de la tierra. Este es el drama del que, en el Perú, además de acogerse a una ideología importada, representa el espíritu y los intereses de la conquista y la colonia. 

 

III

En oposición a este espíritu, la vanguar­dia propugna la reconstrucción peruana so­bre la base del indio. La nueva generación reivindica nuestro verdadero pasado, nues­tra verdadera historia. El pasadismo se con­tenta, entre nosotros con los frágiles recuer­dos galantes del virreinato. El vanguardis­mo, en tanto, busca para su obra materiales más genuinamente peruanos, más remotamente antiguos.

Y su indigenismo no es una especula­ción literaria ni un pasatiempo romántico. No es un indigenismo que, como muchos otros, se resuelve y agota en una inocua apo­logía del Imperio de los Incas y de sus faustos. Los indigenistas revolucionarios, en lu­gar de un platónico amor al pasado incaico, manifiestan una activa y concreta solidari­dad con el indio de hoy.

Este indigenismo no sueña con utópi­cas restauraciones. Siente el pasado como una raíz, pero no como un programa. Su concepción de la historia y de sus fenóme­nos es realista y moderna. No ignora ni olvida ninguno de los hechos históricos que, en estos cuatro siglos, han modificado, con la realidad del Perú, la realidad del mundo. 

 

IV

Cuando se supone a la juventud sedu­cida por mirajes extranjeros y por doctrinas exóticas, se parte, seguramente, de una interpretación superficial de las relaciones entre nacionalismo y socialismo. El socialismo no es, en ningún país del mundo, un movimiento antinacional. Puede parecerlo, tal vez, en los imperios. En Inglaterra, en Francia, en Estados Unidos, etc., los revolucionarios denuncian y combaten el impe­rialismo de sus propios gobiernos. Pero la función de la idea socialista cambia en los pueblos política o económicamente coloniales. En esos pueblos, el socialismo adquiere, por la fuerza de las circunstancias, sin renegar absolutamente ninguno de sus principios, una actitud nacionalista. Quienes si­gan el proceso de las agitaciones nacionalis­tas riffeña, egipcia, china, hindú, etc., se explicarán sin dificultad este aspecto, totalmente lógico, de la praxis revolucionaria. Observarán, desde el primer momento, el carácter esencialmente popular de tales agi­taciones. El imperialismo y el capitalismo de Occidente encuentran siempre una resis­tencia mínima, si no una sumisión comple­ta, en las clases conservadoras, en las castas dominantes de los pueblos coloniales. Las reivindicaciones de independencia nacional reciben su impulso y su energía de la masa popular. En Turquía, donde se ha operado en los últimos años el más vigoroso y afor­tunado movimiento nacionalista, se ha po­dido estudiar exacta y cabalmente este fe­nómeno. Turquía ha renacido como nación por mérito y obra de su gente revoluciona­ria, no de su gente conservadora. El mismo impulso histórico que arrojó del Asia Menor a los griegos, infligiendo una derrota al imperialismo británico, echó de Constan­tinopla al Kalifa y a su corte.

Uno de los fenómenos más interesantes, uno de los movimientos más extensos de esta época es, precisamente, este nacionalismo revolucionario, este patriotismo revolucionario. La idea de la nación -lo ha dicho un internacionalista- es en ciertos períodos históricos la encarnación del espíritu de libertad. En el Occidente europeo, donde la vemos más envejecida, ha sido, en su origen y en su desarrollo, una idea revolucionaria. Ahora tiene este valor en todos los pueblos, que, explotados por algún impe­rialismo extranjero, luchan por su libertad nacional.

En el Perú los que representan e inter­pretan la peruanidad son quienes, concibiéndola como una afirmación y no como una negación, trabajan por dar de nuevo una patria a los que, conquistados y sometidos por los españoles, la perdieron hace cuatro siglos y no la han recuperado todavía.

 

José Carlos Mariátegui

 



[1] JCM, Revista Amauta Nº 20, Enero 1929, Necrología, Julio Antonio Mella

[2] Publicado inicialmente en dos partes ("Nacionalismo y Van­guardismo", Mundial, Lima, 27 de noviembre de 1925. y "Nacionalismo y vanguardismo en la literatura y en el arte", Mundial, Lima, 4 de diciembre de 1925), fue fusionado por el autor, en el original que conservamos, en la forma en que se presenta en esta compilación (N. de los E.). Tomo 11 de obras completas de José Carlos Mariátegui, primera edición 1970, pp. 72 - 76

miércoles, 24 de junio de 2026

LA PROPUESTA DE CHINA AL MUNDO PARA UNA (URGENTE) REVOLUCIÓN DEL ORDEN MUNDIAL

 


(Comunidad de Futuro Compartido CFC)

El 2024 ha llegado a su fin. Se esperaba que fuera a ser un año turbulento y ha superado cualquier expectativa.

La administración de Joe Biden ha decidido despedirse "a lo grande" recrudeciendo conflictos por todo el mundo, apoyando revoluciones de color y manteniendo las sanciones económicas que pueden ser tan letales como las armas de fuego.

En medio de estos reveses, algunos nos llenamos de desesperanza. De nuevo, ganó el "dividir para reinar" y está tan normalizado, que parece que es la única manera de relacionarnos.

Mucho se ha hablado sobre el rol de China. Se le reclama el no involucrarse y no hacer frente a los embates estadounidenses. Muchos predicen de que nunca será un líder mundial y critican que no se comprometan geopolíticamente con sus aliados como sí lo hacía la URSS.

Sucede que China no es ni EE. UU. ni la URSS. Para empezar, China sólo tiene una alianza con la República Democrática Popular de Corea. Con el resto de los países del mundo, tiene diferentes tipos de asociaciones. Puede sonar parecido, pero no lo es.

El problema de la narrativa de la "nueva guerra fría" es que queda implícito que existen dos partes en conflicto por una supuesta hegemonía mundial. Esta sola idea horrorizaría a la sociedad china. No es más que una mirada occidental del mundo.

Esto no significa que los chinos vivan encerrados en sí mismos. Desde hace una década, convirtieron su visión de mundo en un concepto que guía su política exterior y que es una propuesta concreta de construir en conjunto un mundo distinto: la comunidad de futuro compartido para la humanidad (CFC).

China sólo tiene una alianza con la República Democrática Popular de Corea. Con el resto de los países del mundo, tiene diferentes tipos de asociaciones.

De aplicarse a cabalidad, significaría una revolución del orden mundial, de las formas de relacionarse entre países y si en Occidente lo desean, se podría lograr sin disparar una sola bala. En medio de la desesperanza, es importante conocerla para no perder la perspectiva.

Los principios de la CFC

Con el desarrollo de la República Popular China (RPC), los chinos llegaron a la conclusión de que, sin su apertura al mundo, no hubiesen alcanzado los niveles de desarrollo actuales y que mientras el mundo entero no prospere con ellos, siempre estarán limitados. La CFC parte de este contexto.

El principio fundamental de la CFC es que todos vivimos en un mismo mundo en crisis y debemos encontrar soluciones en conjunto para vivir en armonía. La manera de lograrlo es a través de construir mayor conectividad.

Si los seres humanos somos interdependientes, buscaremos soluciones en conjunto que beneficien a todos. De lo contrario, nos perjudicamos todos también. Así, siempre tendremos dos opciones: ganar-ganar o perder-perder. La opción de "juego suma cero" (ganar-perder) nos va a condenar a la extinción.

La CFC aspira a cinco objetivos:

1. Priorizar la paz y el diálogo antes de siquiera pensar en las armas.

2. Construir un sistema de seguridad común. Esto parte del principio de que la seguridad es indivisible.

3. Que la cooperación ganar-ganar sea la norma.

4. Aprendizaje mutuo. Esto implica entendernos todos como iguales y que el intercambio siempre nos va a beneficiar.

5. Construir una comunidad que conviva en armonía con la naturaleza, pero que contemple los diferentes procesos de desarrollo de los países y sus necesidades para el desarrollo.

El concepto fue acuñado por Xi Jinping y mencionado por primera vez durante su visita a Moscú en 2013; sin embargo, tiene raíces históricas. La idea de una sola comunidad viene del concepto de tianxiatodos bajo el cielo.

En la China imperial, el emperador tenía el derecho divino a gobernar sobre el tianxia que era entendido como un sólo mundo sin la noción actual de fronteras. Cabe aclarar que esto no implicaba que todos sean iguales. A diferencia de los occidentales, los chinos no tienen valores universalistas y pueden convivir muy bien con las diferencias.

Un segundo referente de la CFC es el internacionalismo del Partido Comunista de China (PCCh). La búsqueda de soberanía sobre los recursos naturales para poder usarlos para el desarrollo nacional unió a muchos países y se tradujo en un paradigma que marcó las relaciones internacionales, en especial a mediados del siglo XX.

El Movimiento de Países No Alineados, el Grupo de los 77 y China y las propuestas del Nuevo Orden Económico Internacional en 1974 fueron expresiones de un proyecto de formar una comunidad global de pueblos en desarrollo.

A diferencia de los occidentales, los chinos no tienen valores universalistas y pueden convivir muy bien con las diferencias.

La RPC se entendía como parte de este proyecto y propuso los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica como guía para interrelacionarse. Estos incluyen el de no intervención en asuntos internos de otros países, lo que implica que cada pueblo es responsable de sí mismo. La propuesta china fue bienvenida en la histórica Cumbre de Bandung de 1955 y siguen siendo los principios de la política exterior china hasta el día de hoy.

Se puede decir que la CFC es la expresión del internacionalismo del PCCh en el siglo XXI. Es el multilateralismo en acción. El concepto fue incluido en la Constitución del PCCh en 2017 y en la de la RPC en 2018.

La puesta en práctica de la CFC

La más importante expresión de la CFC es la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) que merece un texto aparte. Además, en los últimos años, la IFR ha trascendido la infraestructura. Actualmente, también existen otras como la IFR digital, de la salud, ecológica, entre otras.

Una segunda expresión, que para algunos es el punto débil de la propuesta, es el apoyo al sistema ONU. Para encontrar soluciones en conjunto a problemas globales, se necesita un sistema internacional. El actual ha sido capturado por países occidentales y no refleja las dinámicas del mundo. Los chinos creen que no se tiene que construir uno nuevo, sino reestructurarlo de acuerdo con los principios con los que fue fundado.

La CFC es la expresión del internacionalismo del PCCh en el siglo XXI. Es el multilateralismo en acción

Una de las luchas más importantes en el seno de la ONU es la reestructuración del Consejo de Seguridad para la inclusión de nuevos miembros permanentes. El gobierno chino ha apoyado públicamente la inclusión de un miembro del continente africano.

Una tercera estrategia de acción es la diplomacia de la paz. En años recientes, los chinos se han embarcado en una diplomacia más activa, pero concentrada en solucionar conflictos pacíficamente. Así se dieron la propuesta de paz para Ucrania, la reapertura de relaciones diplomáticas entre Arabia Saudita e Irán y el acuerdo de las 14 facciones palestinas.

En realidad, se podría decir que cada acción de China, por muy aislada que parezca, parte de la idea de contribuir a la construcción de la CFC: condonar deudas, envío de tropas a las fuerzas de paz de la ONU, apoyo a través de la Iniciativa de Desarrollo Global, donaciones de equipos a ejércitos en el marco de la Iniciativa Global de Seguridad, establecimientos de Institutos Confucio y un largo etcétera.

Muchos de estos principios no son propiedad de la civilización china. Es más, la mayoría de las civilizaciones del mundo tienen alguna versión. El ser humano sobrevivió como especie debido a la conciencia de colectividad.

Lo que han hecho los chinos es convertirlo en un principio de relaciones internacionales. Ahora, invitan al mundo adoptarlo. Muchos ya lo hicieron. Cabe recordar que los principios de la CFC están incluidos en la Declaración de la Cumbre de Kazán.

El proceso será largo y difícil. Por un lado, EE. UU. no dejará su hegemonía fácilmente. Por otro, implica un proceso de maduración política de cada pueblo para asegurarse de tener autoridades que representen sus intereses y no los de la minoría. La no intervención es también uno de sus pilares fundamentales. Nadie reemplazará a los pueblos en sus luchas políticas internas.

No obstante, la CFC nos recuerda constantemente que el "dividir para reinar" no es un comportamiento natural e inevitable. Además, que existe una propuesta concreta de un nuevo tipo de globalización y de relaciones internacionales que pueden garantizar la sostenibilidad de los seres humanos como especie y el progreso universal.

Mientras más personas lo tengan claro, más fácil será movilizar esfuerzos para revolucionar el actual orden mundial.

Maria Fe Celi Reyna

Publicado: 31 dic 2024 18:21 GM

RT en Español Noticias

COLECTIVO PERÚ INTEGRAL

31 de enero 20245

 

CREAR Y FORTALECER TEJIDOS COMUNITARIOS EN LOS BARRIOS O CÓMO RESOLVER NUESTROS PROBLEMAS SIN POLICÍA

 


Nota Breve

En estos tiempos en que las fuerzas policiales están al servicio de las grandes empresas y el aparato Estatal controlado por el Capital, los trabajadores manuales e intelectuales del campo y la ciudad tienen la necesidad de organizarse para defender su patrimonio, la tranquilidad y la paz en sus comunidades.


 

DIANA MORENO

23/03/2024


Fuente:  El salto

Cuando la policía ocupa nuestros espacios públicos, se interpone entre nosotros. Perdemos la capacidad de imaginar las formas originarias de resolver nuestros problemas se convivencia más simples. España ocupa el puesto 16 de los países europeos con mayor presencia policial, y políticas como la Ley Mordaza o las ordenanzas de convivencia han contribuido durante años a normalizar la lógica securitaria en nuestras calles, vecindarios y fronteras. “La mitología del héroe de uniforme que acaba con nuestros males en ocasiones nos despoja de la capacidad de hacernos cargo de los conflictos que nos rodean de manera colectiva y creativa”, advierten desde el colectivo Sin Poli.

¿Existen alternativas a la policía para resolver conflictos comunes y garantizar la seguridad en nuestras calles? ¿Qué herramientas tiene la sociedad para afrontar estos conflictos sin depender exclusivamente de la policía? El 3 de febrero, Sin Poli y el Grupo de Apoyo a Lili organizaron un encuentro para responder a estas preguntas y compartir formas alternativas de resolución de conflictos que ya existen “con todos sus límites y sus potencias”. Para ello se centraron en cuatro ámbitos que les parecieron clave en la deriva securitaria actual: la inseguridad de los barrios, la juventud, la violencia machista y violencia psiquiátrica.

Con el objetivo de demostrar que la sociedad puede hacerse cargo de sus problemas si se organiza de manera adecuada, la jornada se celebró en la azotea de la Villana de Vallecas y arrancó con una anécdota: a un vecino o vecina de la calle le molestó el volumen de los ponentes y llamó a la policía, una reacción común que viene a recordarnos cómo solemos gestionar los conflictos vecinales más básicos.

Terrenos de securitización 

La violencia machista es un ejemplo de algo que se utiliza, tanto en el ámbito político como mediático, como argumento para endurecer el código penal y legitimar el aumento de policías en el espacio público y de su financiación. El problema es que, en muchos casos, la única opción percibida para abordar esta violencia es a través de denuncias penales, lo cual puede resultar aún más violento para las víctimas, como explica Nora, del grupo les Aamas (l'Assemblea d'Afectades pel Masclisme i el Patriarcat) de Manresa.

En muchas ocasiones, lo que querrían las mujeres afectadas por violencia -a las que acompañan desde su colectivo- “es que alguien interviniera desde la salud mental y no desde lo penal, pero como es la única lógica que tiene el sistema, denuncian por lo penal”. Desde les Aamas “lo que se busca es que esa persona salga de situación de violencia y no solo denuncie, sino que tenga ese entorno que le lleve a salir de esa situación de aislamiento, de victimización”, añade. “Lo que quieren es recuperar la persona que eran antes de la situación de violencia, y eso no te lo da el circuito institucional de denuncia”.

Parten de que hay mucho más allá que hacer fuera de la institución y, por eso, abogan por una mirada amplia que incluya el acompañamiento comunitario y la recuperación de las víctimas. Incluso aunque pueda dar miedo: “Parece que [hacer esto] sea defender el desproteger a las personas que están sufriendo. Pero cuando te pones a ello te das cuenta de que quienes las está desprotegiendo es el sistema, y que plantear el acompañamiento comunitario es la única herramienta que tenemos para, aunque sea, dar a elegir a esas personas qué vía quieren tomar, que sean ellas las protagonistas de sus decisiones”.

En el encuentro también se habló de las violencias psiquiátricas, a partir de la experiencia de la red La Porvenir, desde donde consideran que la llamada “policía de la salud mental” comparte problemas con la oficial. Creen que esta forma de abordar el sufrimiento psiquiátrico, en lugar de ir al origen, impide la responsabilidad colectiva, ocultando daños y generando una falsa seguridad, utiliza el control y aísla a las personas, limitando su capacidad de decisión y responsabilidad.

Por eso, desde 2019 mantienen un grupo de acompañamiento con el que promueven la autogestión y el apoyo mutuo como alternativas a la violencia institucional. Una “forma de redistribuir los cuidados y los recursos”, lo llaman. “Una de las herramientas que utilizamos es el marco del dialogo abierto”, explica Lu, de La Porvenir. “Es decir, juntar a la persona que esta encarnando la crisis y a su entorno, ajuntarnos, se puede venir la prima, la madre, el vecino... Nos juntamos a hablar de que está pasando, porqué esta persona se está encontrando mal, si está oyendo voces... Siento que desde ahí se colectiviza y distribuye: hablando, entendiéndonos, preguntándonos…”

Crear vínculos

En los talleres organizados por Sin Poli, cada participante comparte su propia anécdota de cómo han visto resolverse conflictos sin la autoridad policial como mediadora. Una de las participantes habla de la época en la que vivió puerta a puerta con una familia muy problemática. Explica que pensó en llamar a la policía, pero le dio miedo que eso hiciera escalar la violencia. Un día, en el rellano del edificio, su gato captó la atención de los niños de la familia y eso la hizo empezar a relacionarse más con ellos, a conversar, a preguntarles qué tal. Eso le cambió la perspectiva que tenía sobre los niños, generó con ellos cierta relación. El gato fue el vínculo inesperado que permitió, a la larga, mejorar la situación.

“Es muy fácil llamar a la policía por alguien que no conoces, pero a tu colega no le vas a llamar a la policía si te hace algo”, dice Sergio, que forma parte del gimnasio Guantes Manchados en Usera (Madrid) como entrenador voluntario. “Es importante crear estas redes reales entre las personas que pueden estar inmersas en este tipo de conflictos para que vean que es otra persona la que está al otro lado: ese tiene que ser el primer paso”, señala.

Ubicado en un barrio estigmatizado, este gimnasio popular es una iniciativa dirigida a la juventud, en parte de origen migrante: es precisamente un colectivo que cada vez se vincula más con la inseguridad y hacia el que se exige mayor contundencia y dureza, criminalizándolo, como ocurre con las bandas latinas o menores extranjeros. Desde Guantes Manchados utilizan algunas herramientas que ayudan abordar los problemas sin mediación policial, y todo ello a través del deporte: “El boxeo requiere mucha disciplina, tiene muchos niveles. En el gimnasio creamos un ambiente diferente del que puedan venir estos chavales, que vienen de situaciones más conflictivas”, explica Sergio.

A pesar de que al gimnasio asiste gentes de bandas, e incluso han coincidido chicos de bandas rivales, entre sus paredes nunca ha habido un conflicto. “El boxeo te enseña a controlar esa violencia y a empatizar con la persona que tienes delante”, aclara. "En el gimnasio creamos un ambiente diferente del que puedan venir estos chavales, que vienen de situaciones más conflictivas. El boxeo te enseña a controlar esa violencia y a empatizar con la persona que tienes delante”, añade.

También le da mucha importancia a la creación de tejido social que llevan a cabo. “A Guantes Manchados viene gente de todos los ámbitos sociales, hay gente más mayor, que está trabajando, con un puesto estable, y jóvenes que no saben muy bien qué van a hacer con la vida. Esto crea relaciones que no se pueden crear de otra manera”, pone como ejemplo.

Entre los asistentes, habla de uno de los chavales procedente de un ambiente familiar muy complicado: “Hablaba con él y me decía que en ese momento de su vida él era muy conflictivo, reaccionaba violentamente a cualquier oposición y eso le generaba problemas”. Sin embargo, desde que empezó el boxeo eso ha cambiado: “Ahora, su primera vía es el diálogo, evitar la violencia, algo que siempre enseñamos en clase. Personalmente, con este chico he visto el cambio, lleva un año y medio con nosotros y no solo lo he visto, sino que me ha contado él”.

Inseguridad barrial

Los barrios son, por último, otro espacio clave para este debate. Frente a los problemas de convivencia, cada vez está más presente la lógica de que la policía está legitimada para mediar en casi cualquier conflicto, que muchas veces se deben a que no existen espacios de entendimiento mutuo entre los actores enfrentados. En el barrio valenciano de Velluters encontramos un ejemplo de conflictividad social que se trató de resolver sin policía. En sus calles, la presencia del trabajo sexual, compraventa de droga y gente sin hogar es habitual e hizo manifestarse a los vecinos para pedir la expulsión de estas personas. “Todo esto generó un contexto de mucha tensión en el barrio”, dice Hernán, del grupo de estudios La Dula. “Se extendió el relato de que esto se soluciona con más presencia policial. Vemos cómo cada vez más en el ámbito social hay más lógicas policiales y burocráticas, la desarticulación de lo público y la acción comunitaria. Intentamos ir desarmando eso y recuperar espacios de trabajo desde lo comunitario”.

Desde La Dula llevaron entonces a cabo una iniciativa inspiradora: la creación de una mesa comunitaria que reuniera a los distintos actores del barrio e intentara generar otras respuestas que no siguieran la lógica de la securitización y el aumento de policías. La finalidad era mediar entre el vecindario y los sujetos de la intervención policial, evitar el desplazamiento de las mujeres trabajadoras del sexo o situaciones que las llevaran a una peor condición y crear espacios de relación y conocimiento mutuo: “Son realidades que conviven en un mismo espacio pero que no entran en relación casi nunca”, apunta Hernán. También intentaron generar otro relato sobre el barrio que llevaran a imaginar otras posibilidades más allá de la policía.

En la mesa participaron actores muy diferentes: asociaciones, entidades, equipamientos públicos, vecindario y mujeres trabajadoras del sexo. Reconoce que fue difícil que participaran estas mujeres y que no se logró impedir la expulsión de la gente del barrio. Pero, más allá de sus límites, la experiencia permitió la inclusión de estos colectivos, considerarlos sujetos en espacios de decisión y soluciones del vecindario, algo que normalmente no se hacía: “Hay una narrativa de que estas personas no son verdaderas vecinas, si no actores externos”.

Es lo que Hernán define como “encuentros improbables” y que sirvieron para crear relaciones de proximidad y conocimiento mutuo donde antes no existían, generar relaciones entre personas y colectivos que están normalmente separados aunque estén conviviendo en el mismo espacio. “Fue interesante trabajar con la diversidad del barrio, fue una mesa muy diversa. Se trabajó con posicionamientos sobre el trabajo sexual diferentes”, describe el integrante de La Dula. A partir de este trabajo de la mesa surgió una obra de teatro, ‘Traspasando fronteras’, iniciativa de mujeres trans que ejercían en este barrio que se representó en un centro social del barrio, un proyecto conjunto que antes era inimaginable. “Más que intentar convencer a la gente de que no llame a la policía, la clave está en crear tejidos comunitarios fuertes en los barrios”, opina. “Con el covid 19 se vio claro que los barrios que fueron capaces de articular redes de apoyo mutuo potentes eran los que ya tenían una trayectoria previa de trabajo comunitario”.

Hernán cree que es crucial contrarrestar la fragmentación del vínculo social: “Hemos delegado en la administración pública la capacidad de hacer comunidad y vida cotidiana”, dice. Y concluye proponiendo un doble reto: que los equipamientos públicos sean lugares de encuentro y de relación significativa entre los diferentes, y que los espacios autogestionados acojan esa diversidad que existe en los barrios, “ser capaces de relacionarnos no solo con las personas con las que compartimos posicionamientos y formas de ver y pensar”.

Fuente: https://www.briega.org/es/opinion/crear-fortalecer-tejidos-comunitarios-barrios-o-como-resolver-nuestros-problemas-sin-policia

 

A PROPÓSITO DE LA DENOMINACIÓN DEL PARTIDO DE LA CLASE OBRERA

 



Engels en 1894 sentenció: “Los nombres de los verdaderos partidos políticos nunca son absolutamente adecuados; el partido se desarrolla y el nombre queda.”

Los rótulos pasan, lo que importa es el contenido. Dos botellas con idéntica etiqueta: Una contiene néctar de los dioses y otra zumo de los demonios, el contenido marca la diferencia.  Ese es el problema de la discusión Socialista o Comunista que algunos todavía lo siguen reduciendo a una simple contraposición entre dos conceptos. Lo que debemos discutir es qué tipo de partido proponía JCM. En qué se diferenciaba el Partido que edificaron los Ravines, los Del Prado, etc. etc., del “Partido Socialista, basado en las masas obreras y campesinas organizadas”.

21/Ago/2010

EBM

En 1848, cuando Marx y Engels publicaron el Manifiesto, la vida era representada por el rótulo comunista. Ese era el trasfondo de la revelación de Engels: “cuando apareció no pudimos titularle Manifiesto Socialista.”[1] Se trataba de aprovechar o tomar ventaja de las ideas, conceptos y tendencias, que se encuentran escondidos en la mente del sector más radical de la clase obrera europea de 1848. Pero, ¿qué ideas estaban escondidas en el cerebro de los trabajadores de aquél entonces? No otras que aquel comunismo instintivo[2] que menciona Engels y que inclina la decisión de 1848. Esto explica que el Manifiesto no apareciera como obra de la Liga de los comunistas sino de “una organización por entonces inexistente: un «Partido Comunista». Parte de la sorpresa se disipa cuando se tiene en consideración que, a mediados del siglo XIX, en un período previo al surgimiento del sistema de partidos políticos moderno, un partido constituía una orientación ideológica más o menos definida, y no una organización dotada de fines políticos específicos.”[3]

A Marx y Engels les toca vivir la adolescencia del capitalismo.[4] Los mercados florecían y, los hombres, no podían dejar de percibir que el destino de un producto nuevo depende de una correcta estrategia de mercado. En el capitalismo todo es enajenable incluido el propio hombre. Pero, la enajenación es un problema cerebral que responde a una realidad concreta. Cualquier mercancía para ser vendible debe ser deseada; es decir, tiene que ser subjetivamente aceptada. Debemos preguntarnos, entonces, ¿qué es una mercancía?[5] El sentido común responde a la pregunta de la siguiente manera: todo lo que se puede vender o comprar. Error dicen Al Ries y Jack Trout[6]. Mercancía no es aquello que se vende sino aquello que se desea comprar. Esa es la paradoja de la mercancía que para su poseedor no son valores de uso y para sus no poseedores son valores de uso. En efecto, el producto ideal es el que está en la mente del consumidor. Un nuevo producto necesariamente debe lograr posicionarse en el mundo subjetivo o el subconsciente del potencial consumidor. La limitación de la Liga de los comunistas, como fórmula organizativa, que constreñía el ámbito de acción a los miembros de aquella organización, fue superada por Marx y Engels con la aparición del Manifiesto como obra de un Partido Comunista inexistente.

Marx y Engels, en 1848, se preguntan ¿cómo denominar el Manifiesto de la Liga de los Comunistas? En ese momento la conveniencia o inconveniencia de una u otra denominación del Manifiesto de la Liga de los comunistas estaba vinculada al contenido programático del producto (Manifiesto) que tenía que adaptarse en la forma (etiqueta de presentación) al objetivo estratégico: el cerebro de los trabajadores. Esto es, la táctica y estrategia para posicionarse (apoderamiento) en la mente, primero en el segmento más avanzado y, luego, en el conjunto de la clase obrera. Se trata de llegar con la menor resistencia al cerebro de los simpatizantes de un “comunismo instintivo”.

Recuérdese: la Liga de los Comunistas, está “organizada como sociedad secreta de propaganda”[7]; y, el Manifiesto que comienza a distribuirse paralelamente a la revolución de febrero, es el programa del Estado Mayor del sector más radical de la clase obrera europea en la primera gran batalla entre burguesía y proletariado.

Ahora bien, en el argot del marketing, los conceptos socialismo y comunismo pueden ser considerados como ideas tácticas o ángulos competitivos. Así, en la disyuntiva entre socialismo y comunismo, como etiqueta del producto, concluye Engels: “para nosotros no podía haber duda alguna sobre cuál de las dos denominaciones procedía elegir.”[8] En ese momento lo que representaba el objetivo estratégico (clase obrera) era el rótulo comunista. La conclusión que brota de estas discusiones es que las denominaciones, etiquetas o rótulos, de las organizaciones (o productos mercantiles) obedecen a consideraciones tácticas antes que estratégicas. Sin embargo, bien sabido es que una táctica necesita una estrategia para ser exitosa. Ese es el problema de un clavo – dicen Al Ries y Jack Trout – que, para ser efectivo, necesita un martillo porque el proceso de clavar (una idea) involucra a clavadores (militantes) y un blanco de la acción (clase trabajadora). Así la idea táctica (Manifiesto) es al clavo como la organización (Liga de los comunistas) es al martillo. La sincronización del martillo con el clavo pone en movimiento la maquinaria de posicionamiento (plan estratégico). Revísese el plan estratégico de Mariátegui y se comprobará que el equipo de Amauta cumple la función de martillo y las ideas de Amauta las de clavo. Así se pone en marcha la sinfonía inconclusa de la clase obrera peruana.

Si la táctica dicta la estrategia, el nombre del partido de la clase obrera no puede ser permanente, está sujeto a los vaivenes de la lucha de clases y al desarrollo de la conciencia política de la clase obrera. En 1894, Engels hace el siguiente comentario: “Pero los nombres de los verdaderos partidos políticos nunca son absolutamente adecuados; el partido se desarrolla y el nombre queda.”[9] Pues sí, la experiencia lo prueba: los partidos evolucionan o involucionan y el nombre queda para los archivos de la historia política. En tiempos de Marx y Engels, el nombre de la organización va desde Comité de correspondencia comunista, Liga comunista, Partido comunista (usado sólo como título del Manifiesto), Asociación Internacional de los Trabajadores, Partido Socialdemócrata, Partido Socialista. Pero, ¿por qué Marx y Engels no promovieron, después del Manifiesto, la fórmula comunista como nombre de la organización proletaria? ¿No será porque los procesos tienen que cumplirse?

Después del fracaso de la revolución de 1848, la revisión de métodos y conceptos, se pone a la orden del día. Toda rebelión es un acto material que se gesta en el cerebro de los hombres. Como idea fuerza sigue las reglas de la teoría del conocimiento y el conocimiento no salta etapas. Thomas Kuhn en su obra La estructura de las revoluciones científicas[10], dice que el desarrollo de la ciencia (pensamiento o conciencia) no se produce por acumulación de información sino por derrumbamientos (anomalías en términos de Kuhn) y reconstrucciones; vale decir, los humanos tomamos conciencia a través de los reveses temporales, de las derrotas, de los cabezazos contra los muros de la realidad, de los tropezones que nos obligan a rupturas con los viejos paradigmas. La lucha por la vida nos arrastra a la conciencia comunista que sólo puede ser resultado de un proceso histórico-natural. La clase obrera se eleva de la conciencia espontánea a la conciencia política en el fragor de la lucha de clases, decían los bolcheviques. Y sólo en el siglo de Lenin se dan las condiciones para que, en ruptura con la estrategia política de la socialdemocracia (cretinismo parlamentario), la clase obrera haga uso de la etiqueta comunista.

Marx y Engels, en sus 47 años de militancia en el movimiento obrero desde el Manifiesto, no vuelven a promover el concepto comunista como nombre de la organización. Y, sin embargo, en todos sus principales documentos no renuncian a presentar su posición como un punto de vista comunista. Étienne Balibar llega a la conclusión que, para Marx y Engels, es una concesión el uso del “nombre «socialista» (y con mayor razón de «socialdemócratas»).”[11] Pero, allí está el pero, es decir, la discrepancia entre la declaración de Engels de 1890, en el Prefacio a la edición Alemana de 1890 del Manifiesto Comunista, (“Y, sin embargo, cuando apareció no pudimos titularle Manifiesto Socialista.”); y, la de 1894, en Temas internacionales del Estado popular, (“Para Marx y para mí era, por tanto, sencillamente imposible emplear, para denominar nuestro punto de vista especial, una expresión tan elástica. En la actualidad, la cosa se presenta de otro modo, y esta palabra [«socialdemócrata»] puede, tal vez, pasar [mag passieren], aunque sigue siendo inadecuada [unpassend] para un partido cuyo programa económico no es un simple programa socialista en general, sino un programa directamente comunista”.[12]). ¿Cómo entender la aparente oposición entre ambas declaraciones de Engels? Cuando publicaron la primera edición del Manifiesto, unas semanas antes de la revolución de febrero contra el aumento de las prácticas capitalistas, la clase obrera estaba compuesta, en su mayoría, por un conjunto abigarrado de artesanos, semiproletarios y obreros. Después de la derrota 1848, la Liga de los Comunistas fue disuelta en 1852. Toda derrota de la clase obrera siempre ha significado un retroceso temporal. Pero sólo temporal, porque la historia avanza “en espiral, corrigiendo y superando los errores y deformaciones del pasado y promoviendo nuevos escenarios para que en ellos libren sus luchas los pueblos.”[13] En 1864 cuando se fundó la Asociación Internacional de los Trabajadores –recuerda Engels– no se podía, “partir de los principios expuestos en el «Manifiesto». Debía tener un programa que no cerrara la puerta a las tradeuniones inglesas, a los proudhonianos franceses, belgas, italianos y españoles, y a los lassalleanos alemanes. Este programa —el preámbulo de los Estatutos de la Internacional — fue redactado por Marx con una maestría que fue reconocida hasta por Bakunin y los anarquistas. Para el triunfo definitivo de las tesis expuestas en el «Manifiesto», Marx confiaba tan sólo en el desarrollo intelectual de la clase obrera, que debía resultar inevitablemente de la acción conjunta y de la discusión.”[14] Pues sí, el desarrollo intelectual o la conciencia política no brota espontánea en los cerebros de los trabajadores, debe ser cultivada. La acción conjunta y la discusión es el vivero de nuevos cuadros. La interacción entre acción conjunta y discusión es el caldo de cultivo donde se gesta una violenta ruptura de la obediencia y acatamiento al dominio burgués. Acción conjunta equivale a lucha de clases y discusión a formación teórico-política. Para Marx, el desarrollo de la conciencia, es un proceso histórico-natural que no se puede imponer o forzar. Dado el desarrollo colosal de la gran industria en los cuarenta y seis años posteriores a la publicación del Manifiesto, y con éste, de la organización del partido de la clase obrera, se entiende la disconformidad de Engels, respecto a la denominación de la organización, esos términos habían envejecido en 1894. Había que elaborar una táctica y estrategia que respondiera a las nuevas condiciones de Alemania de fin de siglo (XIX). Había que dar a luz “un estatuto organizativo y un nuevo programa del partido que correspondiesen al grado de madurez política e ideológica alcanzado en la época de la ley antisocialista.”[15]

Marx en el Manifiesto Comunista y la Crítica del Programa de Gotha, sostiene que sólo el comunismo es una sociedad sin clases, una sociedad en la que ha desaparecido toda forma de explotación. En oposición, el capitalismo es la última forma histórica posible de relaciones de explotación, esto quiere decir “que sólo las relaciones sociales comunistas, en la producción y en el conjunto de la vida social, son realmente antagónicas con las relaciones capitalistas.”[16] Para Marx era absolutamente claro que entre capitalismo y comunismo existe un periodo de transición. En ese periodo coexisten dos mundos, dos economías, dos políticas, dos psicologías que pugnan una por sobrevivir y otra por edificar un nuevo orden sobre los escombros de la otra.[17] Del mismo modo, en nuestras cabezas contienden dos mundos, el mundo de la burguesía con todos sus vicios y placeres; y, el mundo del proletariado con todas sus limitaciones y sus esperanzas. La oposición y lucha entre esos dos mundos determina la necesidad de la dictadura del proletariado que abarca todo el periodo de transición al comunismo. A ese periodo de transición se le conoce como socialismo.

El socialismo es un movimiento de hombres contra hombres (lucha de clases), de intereses contra intereses (lucha económica) y de ideas contra ideas (lucha ideológica), hasta el último soplo de vida de la contradicción burguesía – proletariado. El socialismo es la última revolución política contra otra revolución política que ha cesado de ser útil pero que se resiste a perecer. La democracia proletaria enfrenta a la democracia burguesa en la batalla final de nuestra época. El socialismo es la etapa de demolición del capitalismo construyendo la abundancia para dar el salto a la construcción del comunismo. Esa es la razón que Engels en 1894 distinga en la cuestión programática el socialismo y el comunismo: “no es un simple programa socialista en general, sino un programa directamente comunista”.

Fragmento actualizado de https://tacnacomunitaria.blogspot.com/2009/11/manifiesto-comunista-y-la-batalla-en.html

 

24 junio 2026

Edgar Bolaños Marín

 



[1] Manifiesto del Partido Comunista, Prefacio de Engels a la edición alemana de 1890, Ediciones en Lenguas extranjeras, Pekín 1968, Pág. 12-13. Asimismo, véase a Eric Hobsbawm en La era del capital, 1848-1875. Editorial Crítica, año 1998, página 35 señala que “el socialismo previo a 1848 fue un movimiento muy apolítico dedicado a la creación de utópicas cooperativas”.

[2] “Era un comunismo apenas elaborado, sólo instintivo, a veces un poco tosco; pero fue asaz pujante para crear dos sistemas de comunismo utópico: en Francia, el ‘icario’, de Cabet, y en Alemania, el de Weitling.” Prefacio de Engels a la edición alemana de 1890 del Manifiesto del Partido Comunista.

[3] Miguel Vedda, Prólogo a nueva traducción del Manifiesto Comunista, versión electrónica

[4] Si Marx y Engels en el siglo XIX viven la adolescencia del capitalismo. En el siglo XX, a Lenin y Mariátegui les toca gozar la madurez del capital internacional. Las generaciones del siglo XXI están saboreando la decadencia, la senectud, la crisis terminal del capitalismo global.

[5] F. Engels en La ‘Contribución a la crítica de la economía política’, de Carlos Marx, escrito en 1859 define el concepto mercancía en los siguientes términos: “Pero lo que le convierte en mercancía es, pura y simplemente, el hecho de que a la cosa, al producto, vaya ligada una relación entre dos personas o comunidades, la relación entre el productor y el consumidor (…) La economía no trata de cosas, sino de relaciones entre personas y, en última instancia, entre clases, si bien estas relaciones van siempre unidas a cosas y aparecen como cosas.” (Fuente: Escritos económicos varios Marx –Engels, Editorial Grijalbo, S.A., México, D.F., 1962)

[6] Al Ries y Jack Trout, en los años setentas crearon la palabra posicionamiento para describir el proceso de colocar una marca en la mente de los potenciales clientes. Su libro Posicionamiento: la batalla por su mente, se ha convertido en un clásico. En los ochentas, introdujeron un concepto revolucionario denominado La guerra de la mercadotecnia, que es la aplicación de los principios de la guerra a los mercados. En los noventas, su obra La revolución del marketing La táctica dicta la estrategia, corona el trabajo conjunto de estos estrategas de la mercadotecnia.

[7] F. Engels, Marx y la nueva gaceta del Rin, Ob. Esc. Tomo II, Pág. 326

[8] Manifiesto del Partido Comunista, Ediciones en Lenguas extranjeras, Pekín 1968, Pág. 12-13

[9] Engels, Temas internacionales del Estado popular, citado por V. I. Lenin en Estado y Revolución, versión electrónica.

[10] Thomas Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, versión electrónica. Publicada inicialmente como monografía en la Enciclopedia Internacional de la Ciencia Unificada (International Encyclopedia of Unified Science), y luego como libro por la Editorial de la Universidad de Chicago en el año 1962. En el 1969, Kuhn agregó un apéndice a modo de réplica a las críticas que había suscitado la primera edición.

[11] Etienne Balibar, Sobre la dictadura del proletariado, Siglo Veintiuno editores. 1977, Pág.36

[12] Engels citado por Lenin en Estado y Revolución, Versión electrónica.

[13] Carta de la Célula Carlos Marx dirigida: A los Camaradas de la Dirección Regional de Arequipa del Partido Comunista / Camaradas de los organismos base (células) del CR de Arequipa del PCP / Camaradas comunistas, sin militancia partidaria, con fecha, Arequipa, 01 de septiembre del 2009

[14] Marx – Engels, Manifiesto del Partido Comunista, Ediciones en Lenguas extranjeras, Pekín 1968. Versión electrónica

[15] Heinrich Gemkow y otros, Federico Engels, Biografía completa, Editorial Cartago, Bs As. 1976, Pág. 341

[16] Êtienne Balibar, Sobre la dictadura del proletariado, Siglo Veintiuno Editores, 1977, Pág. 37

[17] El caso paradigmático es el socialismo con características chinas y la propuesta china de Comunidad de Futuro Compartido.