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miércoles, 16 de septiembre de 2026

INTELIGENCIA ARTIFICIAL, LA BURBUJA Y EL PLAN DE LOS TECNO OLIGARCAS

 


I

EL HUNDIMIENTO DE LA BURBUJA DE LA IA Y SUS POSIBILIDADES

 

Rafael Poch de Feliu, periodista catalán

13 septiembre, 2026

Parece que estamos en ciernes de una nueva gran crisis. El dinero que se está invirtiendo en las compañías de Inteligencia Artificial no va a dar el retorno esperado. Esta gigantesca sobreinversión no está rindiendo y el problema se intenta sortear mediante créditos vía dudosos canales, lo que agrava las deudas. Nos están metiendo en una nueva y gigantesca pirámide financiera. 

El hundimiento y explosión de la burbuja que se avecinan (ponerle fecha es mucho más incierto) será mucho mayor, y peor, que el de 2007/2008. Entonces los Estados pudieron acudir al rescate de bancos y mercados. Ahora ya no pueden porque como consecuencia de aquello sus niveles de endeudamiento son enormes. Están en quiebra y al límite desde hace tiempo. 

La guerra de Irán (una guerra perdida para Estados Unidos y el occidente) está debilitando el petrodólar. Se compran cada vez menos bonos del tesoro americanos. En 2008 la deuda pública de Estados Unidos ascendía a 9 billones de dólares. Hoy, oficialmente, está en 40 billones y seguramente mucho más. En la zona euro la deuda pública supera de media el 80% del PIB. Así que no hay posibilidad de una nueva estafa/rescate. Solo queda el hundimiento.

Recuerdo la primera entrevista que realicé en Alemania a mi regreso de China en 2008. Se estaba en pleno debate sobre la crisis bancaria. Un conocido sociólogo berlinés me dijo: “no sabemos lo que va a pasar, lo único claro es que el capitalismo neoliberal tal como lo conocemos se ha acabado”. Veinte años después estamos en las mismas, pero ante un hundimiento mucho peor que va a dejar literalmente en cueros al capitalismo financiero y a los gobiernos a él subordinados. El sistema se hunde y con él sus políticos e instituciones.

Ante esta evidencia se abren ciertas posibilidades. Habiendo pasado por la experiencia de 2008 es el momento de que los Estados aprovechen la debilidad y el desprestigio creada por el capitalismo financiero para imponerse sobre él. Naturalmente, los actuales gobiernos europeos y la actual Unión Europea que crearon las autopistas y las condiciones para la primacía del capital sobre lo político deberán ser barridos. En ese contexto, gente como el economista francés Frédéric Lordon apuntan que Francia ofrece una coyuntura particularmente adecuada. ( LE SYSTÈME va S’EFFONDRER… et c’est une BONNE NOUVELLE ? 🫧😱 )

En las presidenciales de la primavera del año que viene hay una opción de izquierdas madura que no existe en ningún otro país europeo, la de Jean-Luc Melenchón, con posibilidades de dar la batalla. Si para entonces se ha producido el hundimiento, el cambio que invierta la actual relación de subordinación entre política y finanzas sería una cuestión de simple sentido común. 

Toda la corrupta artillería mediática sería incapaz de contrarrestar la realidad sufrida y experimentada por la inmensa mayoría de la ciudadanía. Y si Francia diera tal paso el contagio podría ser inevitable: adiós a la UE, a sus infames tratados blindados y a su estúpida tecnocracia belicista y vasalla de Estados Unidos. Se abriría una oportunidad para el “momento 1848” que se necesita en Europa: una liberación popular alternativa a la guerra, el racismo, y el desastre climático.

Los catalanes definen este tipo de razonamientos y expectativas como un “soñar tortillas”, es decir un ilusorio cuento de la lechera, pero a menos que demos por buena la bobada del “fin de la historia” que nos han predicado los últimos cuarenta años, hay que recordar que los grandes giros históricos siempre han parecido ilusorios hasta su misma víspera. Los grandes cambios siguen siendo posibles y hay que ser conscientes de que el hundimiento del sistema contiene posibilidades.

Fuente: https://observatoriocrisis.com/2026/09/13/el-hundimiento-de-la-burbuja-de-la-ia-y-sus-posibilidades/

 

II

¿PODRÍA LA IA ANIQUILAR EL MUNDO? ¿CUAL ES EL PLAN DE LOS TECNO-OLIGARCAS?

 

Por AdamSharp/KitKnightly

El plan tortuoso y astuto de los líderes de la I 

Adam Sharp Daily Reckoning. 16 sept 2026

¿Está la IA destinada a aniquilar a la humanidad? Esta es la pregunta (fabricada) de la semana.

La polémica estalló después de que un investigador de la destacada empresa de inteligencia artificial Anthropic dimitiera, afirmando que las grandes compañías están «jugando con nuestras vidas».

Esta fue la publicación en X (Twitter) que desencadenó todo:

La publicación se viralizó rápidamente, generando 157 millones de visualizaciones, 756.000 me gusta y 155.000 retuits. Es uno de los tuits más populares del año.

Al principio, supuse que era algo natural y espontáneo. Bien por Jacob por defender sus convicciones.

Pero los golpes no pararon de llegar.

A continuación, el jefe de alineación de Anthropic volvió a publicar el mensaje de Jacob y añadió una estimación escandalosa del riesgo.

“Realmente creemos que la IA podría acabar con todos los humanos. Personalmente, creo que hay más de un 10% de probabilidades de que eso ocurra en la próxima década”.

¡¿Qué?! Parece estar muy entusiasmado. Y eso que lo dice el actual jefe de alineación de Anthropic.

Así luce una sofisticada campaña de relaciones públicas. El objetivo: aterrorizar al público y lograr la aprobación de una regulación favorable. Analicemos las pruebas.

Anexos A, B y C

Anthropic también publicó un informe de 154 páginas sobre todos los actores malintencionados que intentan utilizar sus sistemas para el mal.

Según la empresa, unos delincuentes intentaron utilizar el modelo de IA Claude de Anthropic para:

  • Los hutíes de Yemen intentaron construir misiles hipersónicos.
  • China lo utilizó para rastrear a los uigures musulmanes.
  • Rusia hackeó objetivos ucranianos
  • Alguien intentó modificar genéticamente virus.

Anthropic afirma que “interrumpieron todas las operaciones mencionadas en el informe”. La palabra “interrumpieron” resulta curiosa. No dijeron “frustraron” ni “detuvieron”. Dijeron “interrumpieron”. Guardemos esto para futuras referencias.

La empresa da a entender que el mundo sigue girando únicamente gracias a sus sólidas medidas de seguridad.

Esto es algo que notarás en estas grandes empresas de IA. Solo su empresa es digna de confianza para la superinteligencia. Los demás buscan destruir el mundo con sus prácticas irresponsables. Ese es el mensaje que transmiten prácticamente todas las grandes compañías.

Y ENTONCES tuvimos otro gran golpe. Reuters ayer:

OpenAI impulsa normas nacionales obligatorias de seguridad para la IA.

«La perspectiva de un desarrollo de la IA acelerado por la IA exige más que compromisos voluntarios. USA necesita una regulación nacional obligatoria y basada en capacidades que pueda evolucionar a medida que lo hace la tecnología», dijo Chris Lehane, director de Asuntos Globales de OpenAI, en una publicación de blog.

…OpenAI insta al Congreso a adoptar requisitos nacionales de seguridad de la IA basados en capacidades, que incluyan estándares de prueba, evaluaciones independientes, protecciones de ciberseguridad y normas de notificación de incidentes para los sistemas de IA más avanzados.

Ahora todo empieza a encajar. Algunos probablemente estén pensando: ¡Vaya, eso parece responsable! ¿Quién podría oponerse a las leyes de seguridad de sentido común?

Ahí radica el problema. No serán normas de sentido común. Estarán diseñadas para aplastar a los competidores más pequeños como si fueran insectos, y para prohibir los modelos de código abierto (que cuestan mucho menos). Y probablemente también eliminarán la privacidad en línea.

Una FDA para la IA

La mayoría de los defensores de la regulación de la IA abogan por la creación de una especie de «FDA para la IA» (FDA (Food and Drug Administration o Administración de Alimentos y Medicamentos) es la agencia federal del Gobierno de los EEUU responsable de proteger la salud pública mediante la regulación y supervisión de la seguridad y eficacia de diversos productos) posta

El gobierno realizaría pruebas para garantizar la seguridad de los nuevos modelos. Las empresas tendrían que pagar enormes costos regulatorios para someter sus modelos a pruebas y monitorear a los usuarios. Muchas empresas emergentes más pequeñas no podrán afrontar esos gastos.

A menos que lo impidamos, estas leyes otorgarán un oligopolio a los grandes actores existentes, principalmente OpenAI, Anthropic y Google.

Las empresas tabacaleras emplearon esta estrategia en la década de 2000. Philip Morris apoyó la regulación de la industria por parte de la FDA, porque les otorgaba una gran ventaja.

Hoy en día, todos los nuevos productos de tabaco deben pasar por la FDA. Por lo tanto, los nuevos competidores son escasos.

Excelentes noticias para las empresas líderes. Esta es una de las razones por las que poseo acciones de Altria (MO) , la división estadounidense de Philip Morris. La compañía genera muchísimo dinero y reparte enormes dividendos. La competencia está limitada por ley.

Pero si esto ocurre en el ámbito de la IA, será extremadamente perjudicial para el país. La innovación se estancará y, a la larga, los competidores extranjeros con sistemas más favorables a la competencia se impondrán.

Para que quede claro…

Es posible que en algún momento sea necesaria alguna regulación en torno a la IA. Pero no debemos permitir que los líderes de esta industria dicten las reglas. Existen innumerables ejemplos que demuestran por qué esta es una pésima idea.

Retirarán la escalera tras de sí y crearán un entorno cómodo con poca competencia. Imprimirán dinero y ejercerán una influencia sin precedentes sobre la población e incluso sobre el gobierno.

Cualquier regulación sobre IA debe permitir que las startups compitan con las grandes empresas. Debe permitir el uso de modelos de código abierto, para que las pequeñas empresas no se vean obligadas a pagar enormes sumas de dinero a un oligopolio.

Eso es lo que yo preferiría. Pero puede que no lo consigamos. El enfoque de la FDA parece probable. Menos competencia e innovación, precios más altos e influencias perniciosas.

¿Qué más nos depara el futuro? Probablemente un sistema de identificación digital. Esto representa la eliminación de la privacidad en línea que mencioné anteriormente.

Para usar un modelo de IA sofisticado, necesitarás una identificación digital oficial. Esta estará vinculada a tu identidad real, lo que reducirá el riesgo de abuso. Eventualmente, para acceder a internet, tendrás que autenticarte con tus datos biométricos (escaneo del iris, huella dactilar, etc.). En mi opinión, esto es inevitable. Sucederá poco después del primer ciberataque masivo impulsado por IA.

Sí, OpenAI y Anthropic planean salir a bolsa próximamente. Así que el momento elegido para toda esta campaña no es casualidad.

La IA de código abierto está ofreciendo una competencia real a las grandes empresas, y estas quieren eliminar ese riesgo. ¿Lo lograrán? No lo sé. Pero nuestro sistema político es extremadamente vulnerable a este tipo de operaciones. Y con tanto dinero en circulación, todo estará engrasado.

Más información pronto.

https://dailyreckoning.com/ai-leaders-devious-plan/

 

«La extinción de la humanidad para 2030»…

¿Te acuerdas de esa gran operación psicológica de la IA de la que hablamos?

 

Kit Knightly - OffGuardian 10 sept 2026

He estado documentando la cobertura cada vez más histérica de la 'IA rebelde', prediciendo una operación psicológica importante o una falsa bandera.

Bueno, chicos, parece que la parte de operaciones psicológicas ya está aquí. Hasta ahora nada de bandera falsa... pero con el mayor nivel de histeria desde los primeros días del Covid, quizá no tengan que HACER nada.

Quizá las afirmaciones absurdas sobre una amenaza fantasma sean suficientes.

Ah, sí, ¿sabías que la Inteligencia Artificial tiene un "10% de probabilidad de acabar con la humanidad antes de que acabe la década"?

Ese es el titular de todos los periódicos convencionales, el tema de tendencia en todas las redes sociales, el tema de conversación en todos los canales de noticias.

Sí, de los productores de la exitosa serie de larga duración "¡EL CAMBIO CLIMÁTICO NOS MATARÁ A TODOS!" y la sensación internacional "¡EL COVID NOS MATARÁ A TODOS!" llega la última experiencia de miedo de la que todos hablan.

Y esta última ola ya se está utilizando para impulsar nuevas "regulaciones", lo que debería alarmar a cualquiera.

Todo comenzó con un joven, aparentemente llamado Jacob Coxon, que supuestamente fue investigador en IA para OpenAI y más tarde para Anthropic.

Ayer anunció su dimisión de esta última, citando preocupaciones éticas sobre el peligro de la inteligencia artificial "no regulada".

Y, como suele ocurrir cuando una persona desconocida dimite de su puesto por supuestas preocupaciones éticas, su dimisión fue objeto de un artículo exclusivo en el Wall Street Journal,

Ah, y un hilo publicado simultáneamente en Twitter/X – de lo que supuestamente es la propia cuenta de Coxon que, hasta donde se ve, nunca se había usado antes.

Increíblemente, en cuestión de horas las alarmantes afirmaciones de Coxon se hicieron "virales".

Ahora, algunos viejos cínicos estarán pensando en esta etapa: "hmmm, corrígeme si me equivoco, pero ¿no parece esto sospechosamente un despliegue narrativo?"

Pero estoy seguro de que los ingenuos se apresurarán a tranquilizarte diciéndote que así es como funciona la vida real.

Es solo una coincidencia que todo el espectro de los analistas políticos esté dedicado a amplificar un solo mensaje.

En otra de esas sincronicidades sorprendentes en las que no hace falta pensar demasiado, justo cuando Coxon aparecía en los titulares del gran público, Joe Rogan – rey de los medios alternativos convencionales – tenía a otro investigador de IA en su programa, lanzando sus propias advertencias graves.

Los expertos en IA han estado saliendo de la nada, todos deseosos de respaldar la postura de Coxon —o incluso de llamarla una subestimación.

Seguro que has visto a Geoffrey "el padrino de la IA" Hinton en la BBC, diciendo a Victoria Derbyshire que estaba de acuerdo con la evaluación de riesgos de Coxon: https://twitter.com/BBCNewsnight

Un 10% de posibilidades de matar a todas las personas en la Tierra en los próximos tres años y medio.

No, de verdad.

No tienen tan claro exactamente cómo va a suceder eso, pero esa no es la parte importante. Lo importante es que tenemos que HACER algo.

Todos, desde Matt Walsh hasta Glenn Greenwald, están de acuerdo en eso.

¿Y qué tenemos que HACER?

Por supuesto, REGULAR. Eso es lo que dijo Coxon en una de sus MUCHAS entrevistas con los medios en las últimas veinticuatro horas (y como alguien que conoce la existencia de Coxon desde algún momento de ayer, puedo deciros que confío absolutamente en él): https://x.com/MarioNawfal/status/2097909179868451010?

Propone un tratado de no proliferación de la IA "como hemos hecho con las armas nucleares" – como si fuera una idea completamente casual y no una paráfrasis del mismo argumento que decenas de personas – incluido Bill Gates – llevan meses sugiriendo.

Pero, ¿cómo sería realmente un tratado global sobre IA? ¿Y qué lograría? ¿Y quién tendrá el control de su implementación?

Bueno, para dar una posible proba, esto es lo que el congresista estadounidense Bill Foster tuiteó hoy más temprano: https://off-guardian.org/wp-content/medialibrary/Screenshot-2026-09-10-at-15.23.57-650x629.png

¿Un internet "endurecido y estricto"? ¿Eso es lo que podemos esperar?

¿No habrá más "acceso imposible de rastrear" a las instalaciones de IA? ¿Restricciones sobre los "pagos anónimos"? ¿Qué significa exactamente eso?

¿Quizá debería requerirse "prueba de humanidad" o "prueba de personalidad" para usar internet? ¿O quizá internet debería tener "fronteras"?

Luego están los interruptores de apagado de emergencia, por supuesto, tanto EEUU como Reino Unido están cerca de implementarlos: https://twitter.com/RepTedLieu

La semana pasada, casualmente, un grupo de miembros de la cámara alta del Reino Unido pedía "interruptores de apagado de emergencia", no solo para los programas de IA, sino para los centros de datos en general [énfasis añadido]:

Un grupo de colegas pide que el gobierno británico pueda desactivar potentes sistemas de IA y desactivar los centros de datos del país en caso de que la tecnología suponga una amenaza para la seguridad nacional

¿Y quién tendrá el control de estos interruptores de apagado y otros mecanismos de control? ¿Tú? ¿O los sospechosos habituales?

Por supuesto, si ya te has dejado manipular para creer que los centros de datos son la cría de Satanás, probablemente pensarás que un interruptor de apagado es una gran idea, y pasarás por alto que solo está poniendo aún más control en manos de instituciones que ya te trajeron la estafa del 'covid' y el 11-S.

Si alguna de esas personas está leyendo esto, ¿se te ha ocurrido ya que ESTO siempre fue el punto final de esos memes de pánico que absorbías tan sin crítica?

Ten cuidado con lo que deseas.

En este mundo inminente de IA "regulada", los gobiernos podrían tener la facultad de cerrar el acceso a sitios, redes o incluso a internet en su conjunto en caso de que las supuestas "IAs rebeldes" se conviertan en una "amenaza para la seguridad nacional".

¿Y si TÚ, tu salida o tus interacciones son etiquetados como IA potencial, o tu acceso se restringe únicamente por tu ubicación o dirección IP?

Bueno, buena suerte contándoselo a alguien mientras gritas dentro de tu burbuja insonorizada.

Esto puede ir más allá, y seríamos tontos si asumiéramos que no lo será.

En nombre de prevenir la propagación de la "IA rebelde" (o "IA rouge" según la mitad de los histéricos en las redes sociales), internet puede tener barreras de información que pueden usarse para poner en cuarentena secciones, naciones, redes o sitios individuales "infectados" con estas "especies invasoras" digitales digitales.

Puede que tengas que demostrar tu humanidad con escaneos faciales o similares, y puede haber limitaciones estrictas sobre a qué regiones y/o bases de datos puedes acceder, cuánto dinero puedes gastar sin comprobaciones adicionales, etc.

Incluso el internet restringido de hoy podría parecer libertad comparado con la web revisada 'post-regulación de la IA'.

Y el estado de seguridad actual podría ser algo a lo que mirar con nostalgia cuando entren en vigor los controles de vigilancia y líneas de suministro 'post-regulación de la IA'.

Pero no pienses en nada de eso: ese buen tipo Jacob del que nunca oíste hablar hace una semana te está advirtiendo.

Escúchale en la plataforma de medios convencionales que le dieron.

Exige que tu gobierno te salve.

Estoy seguro de que esta vez sí que lo hará.

https://off-guardian.org/2026/09/10/human-extinction-by-2030-remember-that-major-ai-psy-op-we-talked-about/

 

viernes, 7 de julio de 2023

POR QUÉ NO HAY UN MOVIMIENTO CONTRA LA GUERRA: EL PROGRESISMO Y LA IZQUIERDA QUÉ PAPEL JUEGAN EN LA DESMOVILIZACIÓN Y DESPOLITIZACIÓN

 


Por Raúl Zibechi*.

Preocupado por el deslizamiento de la guerra iniciada en Ucrania hacia una tercera guerra mundial, el escritor español Rafael Poch reflexiona con argumentos que valen también para México, Centroamérica y el resto de América Latina: “Es un escándalo histórico que en Europa, continente reincidente en esta materia, aún no haya signos de un movimiento popular por la paz” (https://goo.su/7XesEwk)

No pretendo que todos sus argumentos, como veremos, sean válidos para nuestro continente. Pero vayamos por partes. Considera que la deriva guerrerista “obliga a interrogarse y a repasar con detalle todo lo que ha ocurrido en Europa en los últimos 30 años”. Considero que lo mismo puede decirse en América Latina, ya que las guerras de hoy arrancan antes incluso que la “guerra contra las drogas”, que sin duda elevó la agresión contra los pueblos a nuevos niveles.

A continuación, denuncia “la ciega desorientación de toda esa ‘izquierda de derechas’ que apoya el envío de armas a Ucrania”, porque sin su concurso la guerra estaría bastante deslegitimada. Poch sostiene que en el caso de Europa se constata en las últimas décadas el “dominio cultural de Estados Unidos”, justamente cuando la superpotencia vive su mayor declive en la historia. Este argumento tiene alcance global, ya que la cultura yanqui ha penetrado profundamente en nuestras izquierdas, aunque sigan enarbolando un discurso antimperialista.

Esa cultura defiende, por ejemplo, “guerras imperialistas revestidas de combates por la libertad y los derechos humanos”, además de criticar dictaduras y defender la igualdad de género, utilizada como arma de guerra contra algunas naciones y no como derechos plenos de todas las personas.

Pero también critica al periodismo hegemónico, porque ha sustituido “la racionalidad de las preguntas sobre recursos e intereses, sobre historia, tendencias de dominio y geografía”, por la simpleza de “condenar villanos”. O sea, se oscurece la cuestión del contexto, tan burdamente eliminada de los no-debates actuales.

Pese a que el repaso histórico de 30 años de Rafael Poch en su columna “Hacia la tercera”, parece acertado, habría que agregar algo que aborda de un modo bastante general cuando ataca a “esa izquierda de derechas” que, entre nosotros, recibe el nombre de progresismo y que gobierna buena parte de la región.

El progresismo y la izquierda han jugado un papel significativo en la desmovilización y despolitización de las sociedades. En Europa no hay un verdadero movimiento antifascista, pese a que la ultraderecha gobierna en Italia, puede ser gobierno en España, avanza en Alemania y en otros países. Tampoco hubo un movimiento contra Jair Bolsonaro en las calles brasileñas, porque la izquierda le apuesta a las urnas y cree que la protesta ahuyenta votos de las clases medias.

Cuando los pueblos se lanzaron a las calles en fenomenales levantamientos (Chile, Colombia, Ecuador, Perú, y ahora en Jujuy, Argentina), lo han hecho a pesar o en contra del progresismo y los partidos de izquierda que, una vez apagada la llamarada de la protesta, se aprestan a encauzarla por canales institucionales.

En Europa estar en favor de paz es sinónimo de ser prorruso y pro-Putin para esa izquierda. En nuestro continente defender la vida y los territorios de los pueblos equivale a “hacerle el juego a la derecha”, como dicen los progresistas. De ese modo se desestimula la crítica y la obediencia al poder, síntomas claros de la despolitización que nos atraviesa como sociedad y que, a larga, favorece a las derechas.

Porque ser de izquierdas siempre fue sinónimo de ejercer la crítica-autocrítica y la desobediencia al poder; nunca en hacer cálculos sobre ganancias para llegar al poder o para continuar en él.

En Honduras, la presidenta progresista Xiomara Castro adoptó en modelo del salvadoreño Nayib Bukele para combatir la violencia de las pandillas. Violencia contra la violencia; militarización de la sociedad; todo el poder a la policía y a los militares; despojar a los delincuentes de su humanidad, cuando son de abajo.

El posibilismo y el pragmatismo son la metástasis del progresismo y las iz­quierdas. ¿Por qué el Presidente de Mé­xico no condena a quienes atacan a las comunidades zapatistas y descalifica a quienes defienden sus territorios y los organismos de derechos humanos? ¿Son más defendibles los que disparan contra los pueblos que aquellos que sólo ponen sus cuerpos, sin violencia, para defender la vida?

El comunicado del Congreso Nacional Indígena adelanta que podemos estar ante el preámbulo de una ofensiva militar y mediática, en la medida que se minimiza la violencia (https://goo.su/O4cxCtx). Cuando se atraviesan los tramos finales de una administración, pueden realizarse acciones radicales con menor costo político que en otros periodos.

En todo caso, no debemos perder de vista que la “izquierda de derechas” llegó al poder para destrabar la gobernabilidad, ante el potente activismo de los pueblos.

* En “La Jornada”

Fuente: https://loquesomos.org/por-que-no-hay-un-movimiento-contra-la-guerra/

 

ESTAMOS ANTE LA MAYOR ESTUPIDEZ DE LA HISTORIA Y ES UN ESCÁNDALO HISTÓRICO QUE EN EUROPA AÚN NO HAYA SIGNOS DE UN MOVIMIENTO POPULAR POR LA PAZ.

Rafael Poch de Feliu

 

La guerra de Ucrania escala hacia la posibilidad de una especie de tercera guerra mundial. Y eso en tiempos de antropoceno, de cambio global inducido por el hombre que precisa para ser revertido de una nueva mentalidad y una intensa integración y cooperación internacional entre grandes potencias. Estamos ante la mayor estupidez de la historia y es un escándalo histórico que en Europa, continente reincidente en esta materia, aún no haya signos de un movimiento popular por la paz.

Debería haberlo. Un movimiento amplio, que, más allá de las diferencias sobre el reparto de responsabilidades en este conflicto entre grandes potencias por país interpuesto, proclamara que el enemigo es la guerra. Al mismo tiempo, en las instituciones europeas, independientemente de su sesgo neoliberal y oligárquico, se debería recordar aquel sentido común que el Presidente Kennedy expresaba en junio de 1963, hace exactamente sesenta años, desde el mismo corazón del imperio:

“Defendiendo nuestros propios intereses vitales, las potencias nucleares deben evitar sobre todo aquellos enfrentamientos que llevan a un adversario a elegir entre una retirada humillante o una guerra nuclear. Adoptar ese tipo de curso en la era nuclear sería solo evidencia de la bancarrota de nuestra política, o de un deseo colectivo de muerte para el mundo«.

En lugar de eso los políticos europeos, no ya los traumatizados bálticos, los delirantes polacos y los europeos del este en general, con la excepción de Hungría correas de transmisión de Estados Unidos en el continente, sino los alemanes y franceses, los nórdicos, los belgas, y detrás de ellos los mediterráneos seguidistas, no dejan de echar leña a este fuego insensato. No es una mera cuestión de “ciclo político”, remediable con un cambio electoral, sino que es algo mucho más profundo que obliga a interrogarse y a repasar con detalle todo lo que ha ocurrido en Europa en los últimos treinta años.

En ese examen, por supuesto, se deberá incluir la ciega desorientación de toda esa ”izquierda de derechas” que apoya el envío de armas a Ucrania. Que esa sea la posición oficial de Yolanda Díaz puede ser anecdótico en el contexto europeo, dado el seguidismo de nuestra política exterior en Bruselas, pero no lo es en Alemania, un país central en la definición de la ruta a seguir. Allí la línea de la política exterior no la marca el timorato canciller Scholz, sino la incalificable ministra del partido verde, Annalena Baerbock, partidaria de “arruinar” a una potencia nuclear. Y a nivel de la OTAN y su Unión Europea subsidiaria, quienes más peso tienen en el plano de las ideas y las decisiones son los bálticos y los polacos.

¿Qué ha pasado estos treinta años para que el conjunto de Europa haya llegado hasta aquí? Ahí queda la pregunta, pero seamos conscientes de que lo que hace sesenta años, cuando la cita de Kennedy, conocíamos como “civilización europea”, de la que la cultura norteamericana era filial, hoy es algo subsidiario de una “civilización americana” que ha impuesto tras décadas de penetración “cultural” una nueva mentalidad en el viejo continente, hasta hacerse más dominante e influyente que nunca. Es curioso, pero es un hecho que el dominio “cultural” de Estados Unidos en el continente se haya multiplicado paralelamente al proceso de declive de su peso específico en el mundo. La mentalidad “gringa”, con sus guerras imperialistas revestidas de combates por la libertad y los derechos humanos, contra la dictadura, la autocracia y hasta por la igualdad de género (Afganistán, Irán), se ha instalado en Europa. Aquel infantilismo de guion hollywoodense con final feliz, el maniqueísmo moralizante y el periodismo que designa villanos, han sustituido a la racionalidad de las preguntas sobre recursos e intereses, sobre historia, tendencias de dominio y geografía, que en los años sesenta del siglo XX aún lograban hacerse oír entre la polvareda que el rebaño levantaba a su paso por la cañada.

La radiografía de esta miseria europea es compleja, pero en las últimas décadas las ideas fuerza de los neocon de Estados Unidos que guían la política exterior occidental fueron externalizadas hacia organizaciones no gubernamentales, medios de comunicación y laboratorios de ideas, que llevan la impronta gringa grabada en su constitución. El marco general del fenómeno no es, por tanto, un exceso sino más bien un defecto de Estado, consecuencia de una especie de privatización de los Estados y los gobiernos. El resultado son poderes públicos y gobiernos impotentes, aún más dependientes de las oligarquías empresariales privadas y con menos capacidad de defensa de intereses “públicos”, por más que estos siempre estuvieran determinados por los privilegios de los de arriba.

Resultado, por un lado, y sobre todo, de treinta años de provocación y extensión de la OTAN, de acuerdo con la prioridad de mantener la hegemonía político-militar estadounidense en Europa tras el fin de la guerra fría, y por el otro del ilusorio deseo de la elite rusa de integrarse en pie de igualdad en el capitalismo dominado por Occidente -que en el Moscú de los noventa llamaban “civilización” – la guerra de Ucrania evoluciona, decíamos, hacia una suerte de tercera guerra mundial. Aumenta la posibilidad de una intervención militar directa de tropas de la OTAN y de una mayor implicación de China, con posibles extensiones en Asia Oriental. Es importante recordar el proceso para comprender lo que está por venir.

Contando desde el principio con la plena colaboración de los oídos y los ojos de la OTAN sobre el terreno de batalla y con ocho años de formación y financiación de su ejército a sus espaldas, la ayuda al gobierno de Kíev se planteó, a partir de febrero de 2022, en forma de suministro de “armas defensivas” para detener la “no provocada agresión rusa”, que fue, efectivamente, una agresión en toda regla, pero ciertamente provocada e inducida. Ir más allá era “arriesgarse a una tercera guerra mundial”, dijo en marzo el Presidente Biden. El fracaso de la inicial invasión suave rusa, lo que el Kremlin bautizó como “Operación militar especial”, una estrategia contenida que buscaba un desmoronamiento del régimen ucraniano, excitó una mayor implicación occidental ante la demostrada debilidad rusa y abrió la puerta al paulatino suministro de material pesado, blindados, artillería, munición, recursos de defensa antiaérea, viejos aviones de fabricación soviética de los países del Este, y, finalmente, los anunciados y no tan vetustos aviones F-16.

Las sanciones económicas contra Moscú, que fueron una “declaración de guerra” en toda regla, en palabras de la esperpéntica Presidenta de la Comisión Úrsula von der Leyen, o del ministro de economía francés, Bruno Lemaire, los atentados personales en ciudades rusas como Moscú, San Peterburgo o Nizhni Novgorod, en la mejor tradición “terrorista” de la OTAN, o contra los “colaboracionistas”, es decir ucranianos prorusos, en las zonas ocupadas de Ucrania, las incursiones militares en territorio ruso a cargo de mercenarios ultras financiados por Occidente con el objetivo de despertar un foco de guerra civil en Rusia, o los ataques contra dos bases de la aviación estratégica rusa, e incluso contra el Kremlin, todo ello razonablemente impensable sin la cooperación / dirección de potencias occidentales, las decenas de miles de millones en armas y ayuda financiera al estado ucraniano, todo eso, ha resultado insuficiente para impedir la derrota militar ucraniana, tal como sugiere, por lo menos de momento, el fracaso de la postergada contraofensiva ucraniana.

En julio de 2022, el Presidente Zelenski anunció el objetivo de “un ejército de un millón de hombres”. Llegaron a 700.000 y hoy son 400.000. La diferencia ha huido, desertado o ha sido aniquilada, mientras Rusia se ha ido reorganizando, con mayor o menos fortuna, y configurando una clara superioridad numérica, artillera, aérea, con su industria de guerra funcionando a todo vapor.

Con centenares de asesores y soldados occidentales combatiendo en las filas del ejército ucraniano, entre ellos varios miles de polacos, y entre imágenes de tanques “Leopard” alemanes, blindados “Bradley” americanos en llamas en el campo de batalla, así como informes de baterías “Patriot” fuera de uso por el fuego ruso, la perspectiva que abre ahora una eventual fiasco de la contraofensiva ucraniana es la de un escalón más en el esfuerzo para derrotar a Rusia: “la posibilidad de que Polonia se implique aun más a un nivel nacional y que sea seguida por los países bálticos, incluido con tropas en el terreno”, ha dicho en junio el ex secretario general de la OTAN Anders Rasmussen, que habla de una “coalition of the willing”. Si esa nueva fase tampoco resultara, la lógica de escalada dicta una intervención militar, directa y oficial, de tropas de la OTAN, como la que sugieren las maniobras “Air Defender 23”, las mayores de la historia de la OTAN, que recrean tal guerra desde el Mar Báltico hasta el Mar Negro.

Una mayor presión militar occidental contra Rusia, incrementará no solo la propia acción militar rusa, con una ampliación de la ocupación hasta la frontera rumana que privara por completo a Ucrania de salida al mar, si se dieran las condiciones y los actuales inquilinos el Kremlin siguen aguantando, sino también una mayor implicación industrial-militar china hacia Rusia, mientras en Asia Oriental se prepara el segundo frente. La espiral belicista está servida.

(Prólogo al libro «La guerra es la salud del Estado» con textos de Randolph Bourne, de ediciones El Salmón. Publicado en Ctxt)

Fuente: https://rafaelpoch.com/2023/06/11/hacia-la-tercera/

 

miércoles, 7 de diciembre de 2022

UN PUNTO DE VISTA DEL ESTABLISHMENT RUSO SOBRE LA GUERRA DE UCRANIA

 


rafaelpoch

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Para entender la guerra de Ucrania es imprescindible conocer los puntos de vista de todas las partes beligerantes. Comprendemos el del nacionalismo ucraniano defendiendo su país ante la agresión imperial de su vecino y al mismo tiempo imponiendo su identidad a las regiones menos nacionalistas acusadas de “colaboracionismo” con el invasor. Comprendemos también los intereses y el papel de Estados Unidos en esta “guerra por procuración” en la que se trata de derrotar de forma ejemplarizante el desafio militar ruso iniciado en 2014 con la anexión de Crimea. Importantes estrategas y responsables de Washington nos lo han explicado con toda claridad y admiten que se trata de un “precalentamiento a lo que está por venir” contra China (Charles Richard, jefe del Stratcom y uno de los máximos jefes militares de Estados Unidos). Pero comprendemos mucho menos los motivos de Rusia.

Este artículo de Sergei Karaganov, presidente honorario del Consejo ruso de política exterior y de defensa, presenta un punto de vista del establishment ruso sobre el conflicto, vetado de nuestros medios por la censura y el foco unilateral en las tesis atlantistas.

Karaganov fue un típico “occidentalista” durante la época de Yeltsin en la que se produjo el gran desfalco de la privatización que instauró la rapiña del patrimonio nacional. En aquella época la élite rusa occidentalista de nuevos ricos y la intelligentsia liberal celebraban su ascenso a la “civilización” y soñaban con la homologación con sus socios del oeste. Los obstáculos “ideológicos” de la guerra fría ya no estaban y se daba por supuesto que a Rusia se le haría, automáticamente, un lugar en el nuevo escenario del capitalismo global.

Hoy Karaganov expresa las frustraciones y evolución del establishment ruso por no haber sido aceptado en pie de igualdad por sus homólogos capitalistas occidentales. La irritación fue creciendo con los años a medida que avanzaba el rodillo geopolítico de Estados Unidos en Europa, via OTAN, que complicaba y envenenaba cualquier intento de integración de una Unión Europea en la inopia geopolitica con su principal socio energético ruso y su primer socio comercial chino, hasta dar lugar al giro en las prioridades de la elite rusa al que estamos aistiendo hoy.

¿Qué significaba ser aceptados “en pie de igualdad”? Fundamentalmente que Occidente reconocía la soberanía y primacía de la elite rusa en la rapiña del patrimonio nacional y de los ricos recursos en su propio país, incluyendo en ese reconocimiento el de los intereses rusos en su entorno geográfico, una especie de “Doctrina Monroe”del espacio postsoviético aunque fuera en condiciones de condominio con Occidente, Turquía y China, como viene ocurriendo en Asia Central y Transcaucasia.

En Moscú tardaron años en comprender la seriedad del proyecto globalista occidental que contemplaba una Rusia subalterna con una elite nacional compradora subordinada a las grandes transnacionales occidentales y a la que no se piensa reconocer “soberanías” ni cotos privados derivados del tradicional control estatal de los negocios y desfalcos en el mayor país del mundo. Los occidentales querían libre acceso sin restricciones para sus multinacionales a los recursos de Eurasia, y, por supuesto, no reconocían “zonas de influencia” políticas, económicas ni militares, mas allá de su propio dominio hegemónico. La inicial colaboración de Moscú fue considerada debilidad y las repetidas quejas de Putin, ignoradas durante años. Todo eso es lo que contiene, desde mi punto de vista, el reproche de Karaganov a Occidente de no haber sido capaz de “acordar con Rusia y China los términos del nuevo mundo”.

Karaganov expresa el cambio de humor y mentalidad de la élite rusa al calor de las duras realidades y lecciones aprendidas, que ahora desembocan en el desastre de la guerra. Suscribe un discurso antioccidental con denuncia del “imperialismo globalista” en el mundo, y defiende la necesidad de una purga de los “elementos occidentalistas y compradores” en la propia Rusia, lo que parece anunciar cambios fundamentales en ese país. Rafael Poch-de-Feliu

ASISTIMOS AL SURGIMIENTO DE UN NUEVO MUNDO

Serguéi Karaganov

La crisis no comenzó en 2022, sino a mediados de los años 90, al igual que la Segunda Guerra Mundial, que comenzó realmente con la Paz de Versalles, que fue injusta y sentó al 100% las bases de la misma.

Hace 25-27 años, Occidente se negó a hacer una paz justa con Rusia. Y, como le pareció a muchos en su momento, creó un nuevo sistema para su dominación basado en «reglas». Otros se refirieron más tarde a él como imperialismo liberal global. Pero el sistema fue construido sobre la arena. En él se colocó una mina de la Tercera Guerra Mundial que tarde o temprano podía explotar. Los veteranos como yo suelen compartir recuerdos, a menudo inventados. En mi caso puedo documentar que desde 1996/1997 ya escribía y decía que un mundo basado en la expansión de la OTAN y la dominación occidental conduce a la guerra.

La hegemonía de Occidente comenzó a desmoronarse en 1999 cuando, en un frenesí de impunidad, violó a Yugoslavia. El desmoronamiento fue a más cuando, eufórico, se metió en Afganistán, luego en Irak y perdió, devaluando su entonces superioridad militar y su liderazgo moral. Al mismo tiempo, se producían dos procesos aún más importantes. Rusia -convencida tras Yugoslavia, Afganistán, Irak y la retirada de Estados Unidos del Tratado ABM- de que era imposible construir una paz justa y duradera con Occidente, comenzó a restablecer su poderío militar. Y así, una vez más, como había hecho en los años 60 y 80, comenzó a derribar los cimientos de la dominación occidental en la economía, la política y la cultura mundiales, que se basaba en la superioridad militar. Este dominio duró quinientos años y comenzó a desmoronarse en la década de 1960. En la década de 1990, debido al colapso de la URSS, parecía haber regresado, pero ahora Rusia ha empezado a derribar de nuevo esos cimientos.

Al mismo tiempo, Occidente dejó pasar el ascenso de China. Paralelamente cometió un error aún más sorprendente. A finales de la década de 2000, Occidente comenzó a frenar a China y a Rusia al mismo tiempo, empujándolas hacia un bloque político-militar común que no entrara en conflicto con sus intereses fundamentales.

La manifestación del poderoso desmoronamiento de Occidente fue la crisis de 2008, que tuvo como telón de fondo los procesos antes mencionados y socavó la confianza en su liderazgo moral, económico e intelectual. Desde finales de la década de 2000, Occidente comenzó a desatar la Guerra Fría. Pero todavía había una ventana de oportunidad para acordar con Rusia y China los términos del nuevo mundo. Existió en algún momento entre 2008 y 2013. Esta ventana no se ha utilizado. Desde 2014, Occidente intensificó su política activa de contención de China y Rusia, incluyendo un golpe de Estado en Kiev para preparar a las tropas de choque y tratar de socavar a Rusia para recuperar la hegemonía.

Occidente, al perder terreno militar, político y moral, incluso su núcleo moral (recordemos el rechazo de Europa al cristianismo ya en 2002), pasó al contraataque histérico. La guerra se hacía inevitable, la cuestión era dónde y cuándo.

Al mismo tiempo, los problemas globales a los que se enfrenta la humanidad -el clima, la energía, la escasez de agua y de alimentos, el crecimiento explosivo de la desigualdad dentro del propio Occidente y la erosión de la clase media- no se resolvieron, sino que se agravaron. Su no resolución exigió maniobras dilatorias. Eso fue un poderoso factor en dirección a la guerra.

Durante dos años, la Covid se utilizó como sustituto de la guerra, pero una vez que su efecto se ha diluido, se hizo inevitable que se produjese un choque aquí o allá. Consciente de ello, Rusia decidió atacar primero.

Esta guerra tiene varios objetivos: impedir que Occidente cree una cabeza de puente militar ofensiva en las fronteras de Rusia, que se estaba creando rápidamente, y preparar a Rusia para una existencia a largo plazo en un mundo de conflictos y cambios rápidos, que requiere un modelo diferente de sociedad y economía: un modelo de movilización.

El siguiente objetivo es purgar a la elite rusa de los elementos pro-occidentales y compradores. Pero quizás el contenido principal de esta guerra u operación en términos de la historia mundial, no sólo de la historia rusa, es la lucha por la liberación final del mundo de quinientos años de yugo occidental, que reprimió a los países y civilizaciones, imponiéndoles condiciones desiguales de interacción. Primero simplemente saqueándolos, a través del colonialismo, luego del neocolonialismo, y después a través del imperialismo globalista de los últimos treinta años.

La guerra de Ucrania, al igual que muchos acontecimientos de la última década, no trata sólo y no tanto del desmoronamiento del viejo mundo, sino también de la creación de un mundo nuevo, más libre, más justo, más plural y policromo política y culturalmente.

El significado global de la lucha en Ucrania es la devolución de la libertad, la dignidad y la autonomía a los no occidentales (proponemos llamarlos con otro nombre: la Mayoría Mundial, que antes era reprimida y robada y humillada culturalmente). Y, por supuesto, una parte justa de la riqueza mundial.

Rusia no puede dejar de ganar esta guerra, aunque será difícil. Muchos de nosotros no habíamos contado con una disposición tan alta de Occidente para luchar militarmente, ni tampoco con una disposición tan alta de una parte de los ucranianos, convertida en algo parecido a los nazis alemanes enfrentados contra la URSS en el pasado, por luchar desesperadamente.

Probablemente, dadas las tendencias generales del mundo y el equilibrio de poder mundial, deberíamos haber golpeado antes. Pero no conozco el nivel de preparación de nuestras Fuerzas Armadas. Aunque creo que en 2014 deberíamos haber actuado con más decisión, abandonando las esperanzas de un acuerdo.

Vivimos un periodo peligroso, al borde de una tercera guerra mundial en toda regla que podría acabar con la existencia de la humanidad. Pero si Rusia gana, lo que es más que probable, y el conflicto no llega a una guerra nuclear total, no deberíamos considerar las próximas décadas como una época de peligroso caos (como dice la mayoría de Occidente). Llevamos demasiado tiempo viviendo en esas condiciones.

El viejo sistema de instituciones y regímenes ya se ha derrumbado (libertad de comercio, respeto a la propiedad privada), instituciones como la OMC, el Banco Mundial o el FMI, la OSCE me temo y la UE, están llegando a sus últimos años. Empiezan a surgir nuevas instituciones a las que pertenece el futuro. Son la Organización de Cooperación de Shanghai, la ASEAN+, la Organización de la Unidad Africana y la Asociación Económica Integral Regional (RCEP). El Banco Asiático de Desarrollo ya presta mucho más dinero que el Banco Mundial.

No todas las nuevas instituciones sobrevivirán, esperemos que sobrevivan algunas de las antiguas, especialmente en el sistema de la ONU, que necesita urgentemente una reforma, principalmente para la representación de la Mayoría Mundial , y no de Occidente, en la secretaría. Lo principal es no permitir que el Occidente perdedor frene la historia o la descarrile con una guerra mundial.

No sólo los países de la Mayoría Mundial, sino también los países occidentales pueden vivir bastante felices en este mundo, en el que estos últimos han invertido muchos de sus eruditos, escritores – Cervantes, Shakespeare, Stendhal, Hemingway, los grandes rusos. Occidente simplemente perderá la oportunidad de saquear al resto del mundo, tendrá que encogerse un poco. Vivir dentro de sus posibilidades.

Temo que este nuevo mundo que está tomando forma ahora se cree más allá de mi vida intelectual o física. Pero mis jóvenes colegas y seguramente sus hijos verán ese mundo. Pero hay que luchar por este hermoso mundo, en primer lugar evitando una tercera guerra mundial, por el intento de venganza de Occidente. Fue en Europa donde se desencadenaron las dos primeras guerras mundiales. Rusia lucha ahora, entre otras cosas, para que no se den las condiciones necesarias para una tercera. Pero los conflictos se producirán en una época de rápidos cambios. Así pues, la lucha por la paz debería ser uno de los temas principales de nuestra comunidad intelectual y del mundo en general, quizá también el foco de atención del Club Valdai.

(Publicado en Globalter)

Fuente: https://rafaelpoch.com/2022/12/07/un-punto-de-vista-del-establishment-ruso-sobre-la-guerra-de-ucrania/