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viernes, 18 de octubre de 2019

HISTORIA Y VERDAD DEL RÉGIMEN ECONÓMICO NEOLIBERAL EN EL PERÚ



18/10/2019


Foto: pensandoamericas.com

La señora Rosa María Palacios (RMP) es una abogada y periodista liberal ilustrada, con una opinión muy influyente. Una cosa es debatir con los buenos modales de esta señora y otros liberales de similar tenor (como Hernando de Soto y Federico Salazar); otra es hacerlo con la jauría de políticos (hombres y mujeres) que defiende a ultranza el régimen económico vigente consagrado por la Constitución fujimorista de 1993, pero que lamentablemente -a diferencia de los anteriores- tienen más llegada al "pueblo" con su verborrea y sus dislates; y otra es batirse con los "ideólogos", sean economistas, líderes empresariales y los escribas del periodismo "independiente", incluyendo en este último grupo a opinólogos como Phillips Butters y Aldo Mariátegui. Mario Vargas Llosa es harina de otro costal, ya que él como premio nobel de literatura y uncido desde su pedestal de marqués y libre pensador, funge de adalid y juez supremo sobre todos los asuntos de este mundo, obrando como inquisidor colonial juzgando especialmente a los países del sur global.

Este no es solamente un debate con la señora Palacios. Se trata además de un debate con toda una forma de pensar muy arraigada en el Perú, y otras partes de América Latina, donde el neoliberalismo logró implantarse como sentido común hasta en la forma de gobernar así como en la forma de entender la economía y las relaciones económicas. En este debate están implicadas profundas cuestiones epistémicas y epistemológicas, que las resumo en dos: el conocimiento objetivo y la verdad objetiva, que deben estar fundamentadas en la historia más que en cuerpos doctrinarios abstractos o prejuicios ideológicos. De ahí también el título del artículo, inspirado en trabajo del filósofo marxista Adam Schaff.1

La señora Palacios -muy didáctica, sistemática y ordenada- expuso en su programa “Sin Guión”, emisión del 16 de octubre,2 lo que contiene la actual Constitución peruana en lo referido al "marco económico", que descansa en cuatro ejes fundamentales: libertad, rol del Estado, libertad de contratación y propiedad privada. En este artículo se examinan y desmontan una a una las tesis e interpretaciones que RMP esgrimió, a partir de la lectura que hizo del articulado contenido en dicho marco.

Sobre lo primero (la libertad) RMP señaló: "En primer lugar la economía peruana se basa en un principio de libertad"; una libertad que denota con varias expresiones (iniciativa privada libre, libertad de trabajo, libertad de empresa, de comercio, de industria, libre mercado). Al respecto, se contrasta ese principio general y pretendidamente universal en torno a la "libertad", cuyo sentido es esencialmente económico, con esta otra mirada sobre esa misma "libertad":

"La especificidad de la libertad económica es que se ejerce en la medida exacta del poder económico que uno tiene para ejercerla y, por tanto, su ejercicio siempre implica una forma de imposición asimétrica sobre los grupos sociales que tienen menos poder y una forma de violencia brutal sobre los que no tienen poder, la gran mayoría de la población empobrecida del mundo. Tal imposición y violencia siempre se traduce en la transferencia de riqueza de los pobres (traducida en las magras políticas de protección social del Estado) a los ricos y en el saqueo de los recursos naturales, así como de los activos económicos, cuando los hay."3

A la luz de la cita del sociólogo portugués nuestra experiencia indica más bien que, en el Perú, lo que hemos tenido por lo menos desde la Constitución del 93 ha sido una permanente "imposición asimétrica" de la "libertad económica"; porque una cosa es la defensa doctrinaria de un principio y otra su verdadera historicidad, sustentada en una forma de poder (el poder económico) que los defensores y defensoras de dicha libertad procuran ocultar o desconocer todo el tiempo.

Con relación al segundo eje (rol del Estado), el caballito de batalla del liberalismo criollo y fundamentalista, para pasar de la Constitución del 79 a la del 93, fue el "estatismo del gobierno militar" sobre todo del régimen velasquista (1968-1975), al cual se le puede añadir el último manotazo de ahogado del primer gobierno de Alan García, que en 1987 intentó "estatizar" la banca para salvar a su gobierno y a él mismo de la catástrofe (económica, social y política) que se veía venir, siendo esto último lo que hizo resucitar y sacar de sus casillas a toda la derecha (económica y política). Podría decirse que el cambio de régimen económico fue propiciado, al menos indirectamente, por la desastrosa situación en que terminó esa primera experiencia de gobierno aprista de la historia del Perú, en la segunda mitad de los 80 del siglo XX.

Mientras que las reformas militares, en su "primera fase", buscaron iniciar un proceso de modernización del país en el sentido de un capitalismo nacional, siendo el Perú un Estado dependiente, a pesar de todo el discurso antimperialista, tercermundista y no-alineado del Gral. Velasco (preludio de lo que en América Latina se conoce ahora como "socialismo del siglo XXI"); con el neoliberalismo criollo de los 90, ya con Fujimori y sus secuaces posesionados en el control absoluto del Estado, y con la Constitución del 93 sancionada y aprobada en el tristemente célebre CCD (Congreso Constituyente Democrático), se encaminaron de tal manera las cosas a fin de despojar al Estado no solamente de todo el capital acumulado en forma de empresas públicas, sino para fortalecer a los grupos de poder económico (medios de comunicación incluidos) mediante privatizaciones y grandes negocios en la sombra.

En ese contexto, la "imposición asimétrica" de la "libertad económica" solamente fue posible por la lucha que el neoliberalismo criollo (político, empresarial y tecnocrático) libró por el control del Estado bajo un régimen autoritario sin el contrapeso de alguna oposición organizada; otra cosa es que hubo voces aisladas como la de Javier Diez Canseco desde una "izquierda" inexistente. En esta lucha política, la izquierda de entonces (bajo el membrete de IU) había abdicado por su propia autodisolución en 1989, año en que se produjo la caída del muro de Berlín. La estocada para esa izquierda vino en 1991 con la debacle final de la URSS y del "sistema socialista".

Por consiguiente, lo central del "modelo económico" en lo que al eje "rol del Estado" se refiere, no son determinados conceptos o principios universales, sino el trasfondo histórico que hizo posible que se plasmaran esos roles consagrados en la Constitución del 93. La señora Palacios, además, mezcla o confunde "participación del Estado en la economía" (limitada a situaciones especiales o excepcionales) con la definición del Estado como "propietario de los medios de producción". De esta confusión ha surgido toda una cantaleta de prejuicios archiconocidos, que se han instalado también en el sentido común, entre los cuales el más célebre es este: participación del Estado en la economía = estatismo = socialismo = populismo económico = ¡chavismo! Esta cadena de falacias mentales, consagradas por los neoliberales, constituyen una camisa de fuerza que se aplica a todo, desde la orientación de las políticas fiscales hasta para dirimir los conflictos sociales por aumento de salarios, obras públicas y proyectos de inversión social. ¿Adónde cree la señora Palacios que va ese dinero "negado" por el neoliberalismo y sus tecnócratas para atender reclamaciones justas sobre condiciones de existencia social? ¿No ha ido acaso a los bolsillos de la corrupción? ¿No es esto el "costo de oportunidad" económico, político y social que el neoliberalismo en el Perú nos está haciendo pagar por su miopía y estrechez de miras, a lo largo de tres décadas?

¿Por qué solo la "iniciativa privada" puede hacer "empresa"? Aun dentro del marco de lo "subsidiario": ¿quién y cómo se determina el "alto interés público"?, ¿qué significa eso de "manifiesta conveniencia nacional"? ¿Acaso lo "público" es sinónimo de "estatal"? Son algunas de las muchas preguntas que deberían suscitar un amplio debate.

El tercer eje, "libertad de contratar", es bastante genérico (artículo 62), ya que se refiere a las relaciones contractuales entre privados (dueños de capital y medios de producción), y entre los sectores público y privado. Es el fiel reflejo del "libre mercado" en estado puro. Aquí cabe preguntar, por ejemplo, si los trabajadores (cualquiera sea su condición social, raza o género) son "privados". Tácitamente, RMP da a entender que sí cuando cita: "La libertad de contratar garantiza que las partes puedan pactar válidamente según las normas vigentes al tiempo del contrato". ¿"Pactar válidamente"? Es una broma de mal gusto pues la realidad de nuestro país, y seguramente la de otros países latinoamericanos, nos indica que la abrumadora mayoría de trabajadores y trabajadoras se ven obligados a aceptar y trabajar en condiciones precarias (bajos salarios, contratos temporales, carencia de seguro social, despidos intempestivos) para las empresas privadas y en el mismo sector público. Que "pactar válidamente" sea entendido / asumido como aceptar la imposición de quien ostenta el poder económico (o sea del detentador de capital-dinero, del "inversionista" sea o no corporativo), o de poder político, es otra cosa. Es lo que posiblemente la señora Palacios entiende por "seguridad jurídica".

Finalmente, el cuarto eje: la propiedad, es el fundamento basal sobre el que se levanta todo el ordenamiento jurídico anterior. La señora Palacios, como buena liberal que es, habla desde un mundo idílico: ¿todos y todas somos o podemos ser "propietarios"?, ¿todos tenemos "contratos protegidos"?, ¿estamos realmente protegidos de expoliaciones y/o expropiaciones? El articulado en torno a este tema es declarativo porque no se condice con la realidad actual del Perú, donde basta ver los conflictos de la megaminería con las poblaciones locales, incluyendo territorios indígenas ancestrales, en los espacios que están concesionados para el extractivismo. ¿Por quién doblan las campanas cuando se habla de "expoliación"?

Lima, 17 de octubre 2019.

Antonio Romero Reyes
Colaborador de ALAI desde el 2008. Autor de los libros: Miserias de la economía. El fetichismo de la ciencia económica (2012) y La transición histórica en el siglo XXI (2011). Investigador adherente del Seminario Economía Social, Solidaria y Popular, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.


1 Adam Schaff, Historia y Verdad (Ensayo sobre la objetividad del conocimiento histórico), México D.F., Editorial Grijalbo, 1974. (Edición original: Geschichte und Wahrheit, 1971).

2 El programa “Sin Guión” se difunde de lunes a viernes por internet a través de RTV del diario de circulación nacional “La República”. Véase https://larepublica.pe/politica/2019/10/16/sin-guion-partidos-de-izquier...
3 Boaventura de Sousa Santos, "Ecuador: del centro al fin del mundo", en www.alainet.org/es/ articulo/202666

miércoles, 10 de junio de 2015

¿QUÉ PASA EN EL PERÚ?


Estimados amigos:

Les manifiesto que desde hace meses pensaba que el actual Primer Ministro Pedro Cateriano, iba a recibir la segunda censura que prácticamente condenaba la disolución del Congreso de la República; y algo más, percibía que el Presidente OHT no iba a convocar a nuevas elecciones, aduciendo el tiempo que faltaba para el término del mandato del Congreso por disolverse.

Sin embargo, lo dicho anteriormente eran simples justificaciones, el presidente actual en ese momento se sentía fuerte ante lo que hoy pasa de extrema debilidad. Estaba casi seguro que iba ha dar un autogolpe apoyado por sus amigos los jefes militares de su promoción, para quedarse dueño del Poder y  gobernar con sus amigos de hoy  - que lo rodean; pero, sin salirse de la línea traicionera que significara reforma o revolución, y mucho menos de ser un golpe chavista.

Eso ya pasó, porque Cateriano no fue censurado, cambió de actitud para hacerse amigable a los grupos de la oposición de la derecha en el Congreso formada principalmente por el aprismo, el fujimorismo y los amigos del lobbista PPK., y a los que se sumarían los otros grupos parlamentarios de raíces democráticas

Ahora, estamos en otra disyuntiva, ha caído de arriba esta vez mal herido el Presidente por los secretos que le han sacado a la luz, por el comportamiento de su señora, sobre el uso y abuso de los créditos que sus ex amigos de Venezuela le dieron, para que fundara el partido en el 2006. El ensañamiento contra la señora Heredia resulta una campaña terrible y desalmada tanto por parte de la oposición derechista congresal, como por la Asociación de Prensa dirigida por El Comercio S.A.

Lo tienen arrinconado, de tal suerte que el Presidente podría ser vacado, a fin de asegurarse la derecha y la oposición parlamentaria que no corre peligro la sucesión presidencial del 2016. Este es mi aporte a la situación actual.

Empero, les anexo un artículo de la señora Rosa María Palacios, de la lectura de éste existan hipótesis y suposiciones menos duras, y que, al presidente no lo echen de palacio; pueda producirse una tregua, cuyo objetivo sea que termine su periodo convocando a elecciones para el 2016 y optimistamente le aprueben su pedido para legislar un sinnúmero de aspectos relacionados con la gestión del Estado.

También, se adhiere un segundo artículo de la señora Claudia Cisneros Méndez, excelente periodista y mejor luchadora por sus ideales renovadores de izquierda. Ella, en este artículo nos conduce a reflexionar sobre la situación no sólo de lo ocurrido en Bagua, sino de los hechos posteriores, en el contexto  al culto al capitalismo salvaje.

Atentamente,

Fernando Arce Meza


¿Está el presidente del Perú en serios problemas?
   
Rosa María Palacios
Diario “La República”, 07 de Junio del 2015

Durante su mandato, el Presidente de la República no puede ser acusado por delito alguno, salvo por las infracciones constitucionales que tienen que ver, básicamente con respetar el recambio electoral. Para un presidente peruano, el puesto es sólido como una roca por 5 años.

Por supuesto, puede renunciar, morir o ser vacado por incapacidad física permanente o incapacidad moral. Esa válvula de escape necesaria, pensada en un Presidente gravemente enfermo o con serias perturbaciones mentales, amenaza hoy al Jefe del Estado.  Bastan los votos para la censura de un gabinete. De igual modo, bastan las mayorías calificadas para la vacancia presidencial. ¿Por qué sostengo que tal hipotética amenaza existe?

Si vemos la pantalla completa del momento político peruano tenemos los siguientes elementos: a) Un gabinete censurado, por primera vez en casi 50 años, lo que prueba el momento de confrontación b) Un gabinete nuevo, que si es censurado, puede permitir al Presidente, disolver el Congreso hasta el 28 de julio de este año. c) Un pedido de facultades legislativas presentado, del cual, aún no ha hecho cuestión de confianza el Primer Ministro.

Si pierde la confianza, se va el gabinete, pero el Congreso podría disolverse. d) Un escándalo político que el Presidente tiene perdido y que apunta a que su esposa ha cometido graves delitos (desde lavado de activos hasta defraudación de tributos aduaneros) estando bajo investigación fiscal por ello.  Aún si ella salva lo jurídico –como parece obvio– el daño ético es grande porque se le imputan inmoralidades como ser frívola y  gastadora de lo ajeno e) Por ende, una baja aceptación popular, que roza el 20%.

Supongamos que el Primer Ministro hace cuestión de confianza de las facultades legislativas. Supongamos que, contando los votos, simplemente no alcanzan. Sin el fujimorismo, con la bancada nacionalista escindida, con los que juegan como líberos y con Perú Posible y Solidaridad Nacional tapados de denuncias no hay mucho espacio para negociar. Puede renunciar y evitar una crisis o puede esperar que se vote la moción, no se alcance la confianza e irse.

La gran pregunta es, ¿qué hará el Congreso después? ¿Esperar a que el Presidente acepte que, a casi un año de su salida, disolverlos es un gasto inútil e irresponsable –como parecen haberse convencido en el gobierno – o tomar la iniciativa antes y vacarlo tomando como excusa las inmoralidades de su esposa de las cuales él tuvo conocimiento y disfrute,  antes de que los cierren? ¿Es posible que las dos acciones se den en simultáneo? ¿Es posible que una guerra política entre el Parlamento y el Presidente termine en una crisis tan grave? Si es, teóricamente, posible.

Como ven, para los que siguen las series de Netflix, House of Cards es un chancay de a medio al lado del escenario que tiene delante Pedro Cateriano. El Presidente del Consejo de Ministros tiene una sola carta para salvar la situación: la renuncia previa.  Pero solo puede usarla con autorización del Presidente. Si este no le acepta la renuncia, no quedará más que enfrentar la censura y rezar para que todos no se vuelvan locos a la vez.

La otra posibilidad, la deseada, es que se cierre el espacio de confrontación gobierno–oposición, dándose las facultades legislativas y abriéndose en definitiva el año electoral, donde el gobierno saliente siempre desaparece de escena cargando el desgaste del régimen.

Alan García,  PPK,  y Keiko Fujimori no tienen todos los  votos en el Congreso de hoy, pero tienen algo mucho más valioso. Los puestos ofrecidos para la reelección del 2016 a la que los líberos aspiran, sobre todo en el fujimorismo. Por eso, ellos tienen toda la responsabilidad del desenlace.


El capitalismo como objeto de culto
   
Claudia Cisneros
Diario “La República”, 07 de Junio del 2015

Espacio-tiempo. Nadie elige su lugar de nacimiento, nadie sabe cómo, cuándo ni dónde morirá (con excepciones). Los pueblos indígenas no eligieron nacer ni morir aquí. Y sin embargo siguen viviendo, siguen siendo, y lo hermoso de su existencia es que son el vivo ejemplo de que el neoliberalismo, el capitalismo y el lucro individual no son la única forma de vida para todos y todas. Y quizá por eso los neoliberales prefieren su muerte bajo la forma de colonialismo, extractivismo y dominación cultural, pues la presencia indígena les recuerda que otro mundo es posible, que se puede convivir en comunidad con una economía por y para la comunidad.

Espacio-tiempo. Durante muchos siglos la propiedad privada fue un pretexto para excluir otras formas de vida, para excluir a mucha gente de la vida política y para excluir a muchos pueblos del ejercicio de derechos civiles y culturales. Y así, cuando el espíritu capitalista empezó a impregnarse en la mentalidad del mundo occidental europeo –activando el surgimiento del liberalismo económico– lo hizo en razón de la propiedad privada y del comercio a gran escala, y por el primado de la racionalidad instrumental concentrada en el comercio de las cosas y desvinculada del entorno y la vida de las personas.

A la larga estos procesos se deformaron en un modelo que hoy en parte es causa de muchos males y de muchas formas de exclusión e imposición, como sucede, por ejemplo, con nuestros hermanos indígenas dispuesto a reivindicar su derecho a existir por encima del lucro, de las tasas de interés y del capitalismo saqueador.

Espacio-tiempo. Somos mayoría los nacidos – sin elegirlo tampoco – insertos en una cultura impregnada por el sistema del capital y las inversiones que lo determinan y mueven todo o casi todo. No es que el lucro, la ganancia o el deseo de acumular no hayan existido antes; ni que se les condene o demonice per se. Lo que genera malestar es que ese sistema se oponga a cualquier forma de vida modelada por lo no cuantificable: principios, ética, empatía, reconocimiento y respeto del otro. Lo que es reprobable es que no nos cuestionemos nuestro irreflexivo afán por imponerlo asumiendo que es universal y deseable porque no existe otra forma de imaginarnos.

Porque no tienen objetos sofisticados, acumulación, lujos o accesorios que nos hemos habituado a considerar indispensables o básicos, no significa que la vida indígena sea menos plena o menos satisfactoria (¡todo lo contrario!). Tampoco significa que no haya algunas cosas de nuestro modelo de desarrollo y cultura que no vean como bienvenidas, pero tienen igual derecho que nosotros a escoger qué quieren mantener de su modelo y qué quieren incorporar de nuestro mundo. Pero esto debe pasar por propio reconocimiento y aceptación, y no por imposición o mero interés de hacer dinero con ellos y los recursos que sustentan sus modos de vida de no lucro.

No es fácil hacer el ejercicio de mirar a otros con respeto por su modo de vida tan distinto. Es difícil salirse del propio mundo y mirar desde afuera otros mundos posibles. ¿Cuál es la ventaja que creemos tener sobre ellos? ¿Que somos más? ¿Que tenemos más cosas? ¿Qué hemos “resuelto” asuntos de necesidad de las grandes urbes? Eso que nos tocó a nosotros, no significa que sea lo que ellos necesitan o quieren. Caemos en la común falacia de proyectar nuestras necesidades en ellos. Es difícil para muchos pensar en ellos como iguales en derechos, en respeto. Cuánta gente existe – hasta mandatarios – que los menosprecian por no ser parte de los patrones y modelos que manejamos, sin respetar sus propios conocimientos y prácticas.

Es difícil a veces no pecar de idealistas, de etno-occiden-centristas, incluso de paternalistas. Pero si algo deberíamos hacer valer de la “civilización” de la que nos jactamos, es precisamente respetar la dignidad y autonomía de otras culturas que han nacido y crecido de forma distinta. Ponernos por encima de nuestras soberbias, ambiciones u ombligos y mirar cómo otros han elegido quedarse con la forma de vida en la que nacieron insertos, y cómo con ello son plenos en lo humano. No podemos seguir violentando su modo de vida, su derecho a la diferencia y a la vez a la equidad. No podemos seguir teniendo Baguas porque una élite política y económica, con agenda común de lucro inmediato por sobre cualquier otro derecho o valor, violentan las vidas de los demás abusando de un poder prestado. Eso es aceptar el capitalismo, no como una posibilidad de desarrollo, sino como un objeto de culto que se pretende imponer. Es la violencia bajo el disfraz de la inversión.