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lunes, 3 de agosto de 2026

DECRECIMIENTO, MARX Y EL FUTURO DE LA IZQUIERDA

 


Antonin Horcica

1/08/2026


En un periodo en que el mundo está bregando con crisis ecológicas y sociales cada vez más profundas, la búsqueda de alternativas es más urgente que nunca. En este contexto destaca la obra de Kohei Saito, profesor de la Universidad de Tokio y autor de Marx in the Anthropocene y Slow Down: The Degrowth Manifesto. Saito se centra en las dimensiones ecológicas y ecosocialistas del pensamiento de Marx y sostiene que este contiene ideas ecológicas que se han pasado por alto o malinterpretado durante mucho tiempo. Pese a que Marx no abogó explícitamente por el ecosocialismo, Saito señala que su pensamiento ecológico puede inspirar y apoyar a los movimientos ecosocialistas contemporáneos y políticas encaminadas a hacer frente a la injusticia social y ecológica.

Me reuní con Kohei en Zagreb, donde fue uno de los principales ponentes en la 9ª Conferencia Internacional sobre Decrecimiento, que congregó a cientos de participantes de todo el mundo, entre quienes hubo gentes de ciencia, académicas, activistas y políticas, para explorar modelos sostenibles y justos en la economía y la sociedad. Su charla, titulada “Marx y decrecimiento: ¿es posible?”, marcó la pauta de un amplio coloquio sobre la relación entre el movimiento decrecentista y los enfoques políticos de la crisis climática. Para mí personalmente, aquella discusión fue un punto de partida clave para una visión del ecosocialismo democrático poscrecimiento como rumbo concreto para la izquierda de hoy, con raíces en la tradición del socialismo democrático que tiene su origen en la Primavera de Praga.

Antonin Horcica: ¿Qué te parece la conferencia internacional sobre decrecimiento aquí en Zagreb, sobre todo dado su planteamiento amplio y el público diverso que atrae?

Kohei Saito: Es magnífica, en particular por la participación de mucha gente joven. La diferencia con Japón es enorme: allí la discusión sobre las ideas de Marx suelen implicar a personas mayores. Me siento muy inspirado por cómo se propaga esta idea del decrecimiento entre las generaciones más jóvenes y veo con optimismo la posibilidad de construir un nuevo futuro juntos.

El espectro de fondo también es muy amplio. No solo han venido marxistas y activistas, sino también personas de muy diferentes disciplinas: ciencias naturales, economía, filosofía. Y es bueno que el concepto de decrecimiento se vuelva tan atractivo para tantas personas. Esto es muy importante para movilizar a la gente. Después de todo, se trata de una idea política, y esta clase de atracción es algo que realmente estamos buscando, ¿no?

A. H.: Aunque resulta estimulante ver un público tan amplio, ¿no te parece que falta una orientación clara de cara a la implementación la idea del decrecimiento?

K. S.: Aprendemos unos de otros. El decrecimiento es una idea relativamente nueva y a menudo la critican por falta de consistencia. Entiendo tus preocupaciones sobre la falta de orientación. ¿Qué deberíamos hacer ahora? Es una cuestión muy complicada, pero no estamos aquí para crear un partido político único. La finalidad de esta conferencia es intercambiar nuevas ideas, conocernos mutuamente y tejer relaciones internacionales. Pienso que la conferencia es un éxito en este sentido. No obstante, entiendo que también necesitamos centrarnos en la elaboración de nuevas estrategias, en cambiar las políticas y transformar el sistema económico. Esto es algo sobre lo que deberíamos ponernos a trabajar ya.

A. H.: Y en relación con esto, ¿qué papel piensas que desempeña el ecosocialismo y el ecomarxismo a la hora de influir positivamente en este movimiento?

K. S.: El marxismo lleva aquí muchos años. Si logramos superar el antagonismo entre el ecosocialismo y el decrecimiento, pienso que el marxismo, con su activismo político, puede contribuir de varias maneras. Retomando tu comentario sobre la falta de estrategia, creo que el marxismo puede concretar una política de decrecimiento, especialmente con respecto a la clase obrera, que hoy por hoy no se siente muy atraída por la idea del decrecimiento. Al integrar los principios marxistas con el decrecimiento podemos desarrollar estrategias que apelen a una alianza más amplia y un movimiento más amplio frente al sistema capitalista y por la justicia climática.

A. H.: En tu ponencia has mencionado que hay ecosocialistas que promueven el crecimiento. ¿No te parece contradictorio que alguien que se identifica como ecosocialista abogue por el crecimiento, puede que en forma de socialismo verde? ¿Cómo debería abordar el ecosocialismo esta incoherencia?

K. S.: Al igual que el decrecimiento, el ecosocialismo también es una categoría muy amplia. Reconozco que algunas personas son más optimistas con respecto al progreso tecnológico, por lo que asocian más el socialismo ecológico con el crecimiento. Sin embargo, después de varias lecturas sobre el decrecimiento, pensé que este tipo de crecimiento ecosocialista es demasiado optimista. Así que ahora intento convencer a mis amigos y colegas marxistas para que abandonen esta clase de optimismo tecnológico y traten de buscar otra solución, que es el comunismo del decrecimiento. Pienso que el ecosocialismo es una categoría más amplia, en la que algunas personas se inclinan más por un ecosocialismo orientado al crecimiento, pero yo estoy a favor del comunismo del decrecimiento, la visión de una sociedad sin crecimiento.

A. H.: ¿Sabías que en Europa Oriental, y sobre todo en Chequia, los términos socialismo y comunismo tienen connotaciones negativas? Algunos de mis amigos tratan de recuperar el significado original de estos conceptos. ¿Crees que vale la pena hacerlo o acaso deberíamos buscar una terminología alternativa?

K. S.: Sí, lo sé. Vengo de Japón, donde el comunismo y el socialismo tienen implicaciones distintas a las de Europa Oriental. Cuando hablo con algunas personas de Europa Oriental, como aquí en Chequia, a menudo critican el uso de los términos comunismo y socialismo. Es una situación complicada. Habría que encontrar algo que les resulte atractivo y también sea histórica y políticamente significativo. Mi público primario es japonés, pero cuando vine a Croacia a compartir mis ideas con gente de diversas partes del mundo, la respuesta ha sido más bien positiva. Claro que también entiendo que haya personas que digan “nada de socialismo, nada de comunismo, eso es como en tiempos de Stalin, es muy autoritario”, etc. Así que si lo ves de esta manera, lo respeto. Lo que importa es que hemos de superar el capitalismo, y entonces la sociedad poscapitalista podrá llamarse como queramos. No soy dogmático y me mantengo abierto a nuevas ideas.

A. H.: En la República checa tenemos alguna experiencia histórica de la década de 1960, particularmente de 1968, cuando el ejército ruso, junto con otras fuerzas del Pacto de Varsovia, intervino para suprimir el intento de implementar el “socialismo con rostro humano”. Una de las ideas principales era la de democratizar la economía para servir mejor al pueblo. ¿Crees que esto sigue siendo relevante hoy en día?

K. S.: Desde luego, democratizar la economía es muy importante. Cuando hablo de la necesidad de planificar más, me refiero a que no podemos dejar todo en manos del mercado, la competencia y el mecanismo de precios. Nos hallamos actualmente en una situación muy difícil a causa de la crisis climática. Y hemos de invertir en lo que es necesario y evitar lo que es innecesario. Así que necesitamos planificar, pero planificar también es un término que recuerda a la gente a aquella vieja dictadura soviética. De todos modos, cuando hablo de comunismo, socialismo y planificación, me refiero más bien a democratizar la economía. La economía capitalista actual tampoco es democrática. Realmente deberíamos buscar una nueva visión de la democratización de la economía y al hacerlo no deberíamos tener miedo a criticar el capitalismo.

A. H.: Sobre la base de esta experiencia de la década de 1960 y también con las nuevas ideas que emergen, incluidas las tuyas, hay un grupo de gente en la República Checa que aspira a introducir el  concepto de ecosocialismo democrático en el debate público como algo que es muy necesario para cambiar la sociedad. ¿Qué opinas al respecto?

K. S.: Estuve discutiendo con alguien de la República Checa y era una persona muy crítica con el socialismo. El debate se alargó mucho y cuando hablé del socialismo, me criticó por añorar la Unión Soviética y cosas así. Creo que el ecosocialismo democrático se ajusta mucho a mis puntos de vista. Quiero dejar claro que el ecosocialismo democrático no aspirará a un crecimiento infinito, sino que se centra en satisfacer las necesidades humanas básicas y asegurar la protección ambiental. No es forzoso que lo llamemos “comunismo de decrecimiento”, puede haber más de un nombre, admito sugerencias. La clave está en alejarse de un sistema capitalista que busca la constante expansión. Cuando tengamos el socialismo, no deberemos aspirar más a esa constante expansión. Básicamente se trata de un decrecimiento.

A. H.: La insistencia en la palabra democrático es crucial a la hora de impulsar el cambio revolucionario del sistema. La participación activa del público es fundamental para que el cambio sea sostenible. La economía del decrecimiento u otros modelos económicos alternativos, como la economía circular, requieren una transformación institucional. Aunque los movimientos pueden movilizar a gente y presionar a las instituciones existentes, no pueden sustituirlas. Por tanto, la cuestión real es esta: ¿cómo podemos implementar efectivamente un cambio institucional?

K. S.: Esto suena bastante rígido. Hemos hablado del ecosocialismo democrático en el contexto del decrecimiento. En estos momentos, lo que tenemos ante todo es un movimiento. Está claro que es preciso institucionalizar nuestras demandas. Pero sigo pensando que el movimiento mismo es demasiado pequeño. Vista la crisis ambiental y el carácter ubicuo del neoliberalismo, especialmente pospandémico, la gente se da cuenta de que nuestra sociedad prioriza el beneficio por encima de las vidas humanas. Pienso que tenemos una oportunidad.

Esta experiencia de la Unión Soviética ha ensombrecido nuestro futuro para mucho tiempo. Sin embargo, tras la crisis económica  de 2008, ahora estamos asumiendo nuevas ideas poscapitalistas sin el peso de la era soviética sobre nuestras memorias. Como he dicho antes, un número significativo de jóvenes no dudan en apoyar ideologías poscapitalistas, rompiendo con sentimientos del pasado, y lo hacen con entusiasmo.

A. H.: Solemos utilizar el PIB como indicador primario del crecimiento; es casi como un mantra que actualmente lo domina todo. ¿Crees que existe otra manera de evaluar el progreso social?

K. S.: Ya existen otros indicadores, como el Índice de Desarrollo Humano, el Indicador de Progreso Genuino, y muchos más que realmente tienen en cuenta nuestro bienestar, el nivel de educación, el grado de igualdad, nuestro impacto ambiental, etc. Tal vez podamos plantear uno nuevo. No soy economista, de modo que no puedo hacer algo por mí mismo, pero es relativamente fácil imaginar que puedo dedicarme a hacer cosas como esa. No es más que una opción política. Si el gobierno decide otorgar más importancia a estos nuevos indicadores que al PIB, tendremos un mundo diferente.

De hecho, estoy promoviendo esta iniciativa en Japón, pues este país está estancado, en términos del PIB, desde hace más de 30 años, de manera que la gente está preocupada, pero en realidad, si miras el nivel de educación, el grado de seguridad, la previsión social, la alimentación, la cultura, todo eso funciona bastante bien en Japón. Entonces, ¿por qué no utilizamos estos datos y luego los promovemos fuera de Japón? Ideas como esta atraen a algunas personas. Bueno, lo intentaremos.

A. H.: Finalmente, me gustaría centrarnos en tu obra. ¿Cómo descubriste la relación entre Marx y la ecología? Ya sé que gran parte del proceso se describe en tus dos libros, pero ¿puedes hacer un resumen?

K. S.: Fui a Alemania y me puse a examinar los cuadernos de notas de Marx. Esos cuadernos, especialmente de antes y después del Capital, contienen un montón de material sobre ciencias naturales. Entonces me pregunté por qué Marx había leído sobre ciencias naturales para acabar de escribir El Capital, que trata del capitalismo y la economía política crítica. No tiene nada que ver con las ciencias naturales. Por supuesto, eso era lo que yo pensaba.

Sin embargo, entonces, al leer aquellos cuadernos, me dí cuenta de que él estaba sumamente interesado en cuestiones de ecología, sostenibilidad y cómo el capitalismo de hecho socava estas condiciones. De esta manera, al leer los cuadernos me percaté de que Marx se interesaba por cuestiones ecológicas y que en el siglo XX no tuvimos en cuenta esta dimensión. Integrando esta clase de conocimiento ecológico en el socialismo, pienso que podemos tener un poscapitalismo más democrático y sostenible. Es algo que deberíamos hacer ahora, y podemos contar con más avances y una mayor interacción con la gente que defiende el decrecimiento, aprender unos de otros y construir un movimiento más grande y luego institucionalizar nuestras demandas para el futuro.

A. H.: Una última pregunta. ¿De qué tratará tu próximo libro?

K. S.: ¿Mi próximo libro? Estoy pensando en la cuestión de la planificación. Es una cuestión muy importante, porque no podemos dejar todo en manos del mercado. ¿Cómo planificamos? Queremos evitar la manera de planificación soviética, ¿no? Necesitamos una planificación democrática, ¿y eso qué es? Hemos de pensar en ello.

A. H.: ¿Supone implicar a la gente directamente en el proceso de planificación? La clave está en dar cancha a la iniciativa popular, en hallar el equilibrio correcto para no repetir las experiencias negativas.

K. S.: Sí, eso es exactamente.

Muchas gracias.

12/07/2026

Notes of a Stubbornly Naive Leftist

Traducción: viento sur

[Esta entrevista se publicó originalmente en checo en Alarm, una revista digital checa de izquierda, el 28 de septiembre de 2023. La versión inglesa es la traducción realizada por el propio autor de la entrevista y ha sido aprobada por Kohei Saito.]

 

Fuente: https://vientosur.info/decrecimiento-marx-y-el-futuro-de-la-izquierda/

martes, 11 de junio de 2024

KOHEI SAITO: “EL DECRECIMIENTO DEBE APRENDER DEL COMUNISMO”

 


Foto: ADRI.

Su libro ‘El capital en el Antropoceno’, publicado en Japón en el año 2020, ha cosechado un éxito sin precedentes.


Green European Journal

13 NOV 2023 10:23

Kohei Saito, un filósofo japonés marxista que se volcó en la ecología a raíz de la catástrofe de Fukushima, ha captado gran atención internacional con su obra sobre el comunismo del decrecimiento. En esta entrevista concedida al Green European Journal, Saito explica qué es lo que el socialismo y el ecologismo pueden aprender el uno del otro y por qué el Japón estancado en lo económico y asolado por una pandemia resultó ser un territorio fértil para las ideas decrecentistas.

El capital en el Antropoceno, publicado en Japón en el año 2020, ha cosechado un éxito sin precedentes. Está previsto que Slow Down: The Degrowth Manifesto se publique en inglés a principios de 2024.

¿Cómo llegaste a interesarte por Marx y después por el comunismo del decrecimiento?

Descubrí las obras de Marx y Engels a los 18, cuando empecé mis estudios en la Universidad de Tokio, a través de grupos de estudiantes que luchaban por proteger a los trabajadores jóvenes. Al principio me interesé más por la explotación de la clase obrera y después cada vez más por la desigualdad en general, a raíz de que la crisis de 2008 agravara la situación en Japón. Marx había advertido precisamente de estos problemas, que no harían sino cobrar mayor importancia en el futuro. Entonces decidí trasladarme a Alemania para seguir estudiando a Marx.

En el año 2011, después del terremoto de Japón y la catástrofe nuclear de Fukushima, me di cuenta de que el capitalismo no se limita únicamente a la explotación de los seres humanos, sino que también engloba esas tecnologías descomunales que han sido creadas en busca de beneficios y que, en última instancia, trajeron consigo un verdadero desastre para la vida de muchas personas en Japón.

Entonces, ¿llegaste al mundo de la ecología a través de la cuestión nuclear en lugar de la climática?

Al principio me mostraba más optimista sobre el desarrollo de la tecnología, pero a raíz de Fukushima empecé a reflexionar sobre la tecnología y el capitalismo y perdí parte de ese optimismo. También empecé a interesarme más por la cuestión del cambio climático en el año 2014, después de haber leído el libro de Naomi Klein Esto lo cambia todo (Paidós, 2015). A pesar de todo, seguía siendo optimista. Pensaba que algunas medidas políticas socialistas, con una mayor planificación y trabajo garantizado, podría lograr la igualdad y, a la vez, una mayor sostenibilidad. Fue entonces cuando empecé a leer más y me tropecé con las obras de Jason Hickel, Giorgos Kallis y el enfoque del decrecimiento en general.

No cabía duda de que había cierta tensión entre Marx y el decrecimiento y en torno a Marx y la crisis climática, así que empecé a leer sus obras más tardías. Llegué a reinterpretar sus ideas, en particular sus estudios sobre las sociedades precapitalistas. Me di cuenta de que Marx se había interesado por esas sociedades precapitalistas porque son Estados esencialmente estables no orientadas hacia el crecimiento. Y, a pesar de ello, consiguieron garantizar la sostenibilidad y la calidad de vida para toda la población. Así es como llegué a la tesis del comunismo del decrecimiento.

¿Cómo compaginas decrecimiento con comunismo? ¿No quiere el comunismo más y el decrecentismo menos?

Esa es la tensión que hay en la tradición marxista y ecologista. La corriente política socialista apuesta por el desarrollo tecnológico para conseguir más para todos: es necesario que haya más desarrollo, más progreso, más eficacia. El ecologismo recalca que existe un consumo excesivo y una sobreproducción, por lo que aboga por una desaceleración a fin de proteger la naturaleza.

Acabé dándome cuenta de que a Marx le interesaban ambas cuestiones: proteger la vida de todas las personas y proteger la naturaleza

No obstante, acabé dándome cuenta de que a Marx le interesaban ambas cuestiones: proteger la vida de todas las personas y proteger la naturaleza. No hace falta tener más en un sentido tan capitalista. Cuando Marx habla de abundancia, no se refiere a que tengamos jets privados o mansiones. Lo que quiere decir es que podríamos vivir de forma abundante, vivir una buena vida, teniendo asistencia médica y transporte universal, con vivienda, agua, electricidad y unos recursos básicos garantizados sin mediación del dinero.

Ese tipo de abundancia puede constituir la nueva base para el socialismo o el comunismo porque está basada en la igualdad. Pero si queremos tener más en el sentido actual de la palabra, el resultado será una catástrofe ecológica. El camino intermedio pasa por redefinir abundancia y, en la línea de Hickel, yo la denomino abundancia radical. Es un tipo de abundancia muy diferente en la que compartimos cosas, nos ayudamos mutuamente y tenemos sensación de seguridad.

Teniendo en cuenta el estado del planeta, ¿es el ecosocialismo productivista plausible? ¿O se debe asumir que el viejo sueño marxista ha llegado a su fin?

Sin el ecologismo, la política socialista gira en torno a la consecución de una mayor igualdad mediante aumento de la producción y del consumo. Pero no todo el mundo puede vivir como Bill Gates, ni como la clase media-alta alemana. No es sostenible. Los socialistas critican el capitalismo, pero a su vez siguen atrapados en los valores capitalistas.

También hay que tener en cuenta que si continuamos consumiendo más energía y recursos continuaremos explotando recursos, energías y mano de obra de los países del sur global. Por lo tanto, si de verdad queremos plantearnos la igualdad y la sostenibilidad a escala planetaria, no basta con basarnos únicamente en la tecnología. Tenemos que pensar también en la forma en que vivimos, en la manera en que producimos las cosas. La política socialista vuelve a ser muy importante en este sentido, porque son precisamente las personas ricas las responsables de esta producción y consumo excesivos. Hay que gravar la riqueza y prohibir bienes como los jets privados, los cruceros y las mansiones descomunales.

El exceso de confianza en la tecnología nos impide ver que nuestro modo de vida no es sostenible

Esto nos permitirá reducir la producción y el consumo, pero también disponer de más tiempo libre, aumentar nuestro bienestar y garantizar cierto espacio para el desarrollo del sur global. Una vez hecho esto, debemos plantearnos maneras de reducir nuestro consumo material, sobre todo en los países del norte global. El exceso de confianza en la tecnología nos impide ver que nuestro modo de vida no es sostenible.

Hay quien puede decir: “Yo quiero un entorno saludable y un clima estable, pero no esta agenda ideológica”. ¿Es realmente necesario que el ecologismo sea anticapitalista?

Sí, lo es. Los ecologistas deben ser conscientes de que hay que cuestionar el capitalismo. Hoy en día creer que un impuesto sobre el carbono puede resolver el problema es pecar de optimista. Necesitamos tomar medidas más agresivas, como prohibir las industrias contaminantes y reducir la publicidad. Estas medidas son contrarias a la lógica del capitalismo.

No cabe duda de que necesitamos inversiones cuantiosas en nuevas tecnologías, como las renovables. Ahora bien, en el capitalismo, aunque desarrollemos tecnologías, seguiremos trabajando jornadas muy largas y consumiendo cada vez más.

La única manera de lograr una nueva forma de entender la sociedad es aunando estos dos conceptos: el ecologismo o decrecimiento y el socialismo o comunismo

En el capitalismo, incluso a pesar de que nos permite aumentar eficacia, la tecnología se utiliza con un único fin: producir más y más. Y precisamente es por este mismo motivo por el que también tenemos que trabajar cada vez más para ganar dinero, y vuelta a empezar. A mayor eficiencia, mayor producción y, por tanto, mayor consumo de recursos y energía. Así no podremos resolver la crisis climática. La única manera de lograr una nueva forma de entender la sociedad es aunando estos dos conceptos: el ecologismo o decrecimiento y el socialismo o comunismo.

¿Por qué ha sido tan popular en Japón tu libro El capital en la era del Antropoceno?

Fue toda una sorpresa. Marx y el decrecimiento no suelen ser temas muy populares en Japón, pero se vendieron en torno a medio millón de ejemplares. La traducción alemana ya ha estado entre los 10 libros más vendidos en Der Spiegel. Así que algo se cuece. El libro salió a la venta en Japón en plena pandemia. En aquella época tuvimos que ralentizar nuestro estilo de vida. Los restaurantes estaban cerrados, la gente trabajaba desde casa y no salía a la calle. Dedicaban más tiempo a la familia y cocinaban en casa. Redujimos nuestro ritmo de vida y gracias a eso tuvimos tiempo para reflexionar sobre nuestro estilo de vida anterior. ¿Por qué pasábamos más de una hora al día yendo al trabajo? ¿Por qué compramos tanta ropa? Nos dimos cuenta de que ese estilo de vida no nos aportaba ningún tipo de felicidad; simplemente lo hacíamos porque estábamos acostumbrados a ello. Pero podíamos cambiar.

De forma paralela, durante la pandemia hubo personas que pasaron a llamarse “trabajadores esenciales”, personas que estaban expuestas a los riesgos de la Covid19 pero que tenían sueldos muy bajos y jornadas extenuantes. Mientras tanto, las personas que cobran un buen sueldo trabajaban desde casa, con mucha más seguridad. Y durante la pandemia ganaban aún más dinero. Esa desigualdad económica supuso un escándalo social en Japón. Yo hice una crítica de la cuestión desde una postura de izquierdas y la población aceptó que el capitalismo es un problema.

Parece que la economía japonesa está volviendo a los niveles anteriores a la pandemia, pero desde hace décadas se sabe que el país se encuentra ante crecimiento lento y estancamiento de la población. ¿Fue esto parte de su atractivo también?

La recesión y el decrecimiento son dos cosas bien distintas. Lo que Japón vivió en las últimas décadas no es decrecimiento, y la falta de crecimiento sostenido en una sociedad capitalista genera unos problemas enormes. Necesitamos una transición consciente hacia una sociedad poscrecimiento. Los millenials y la generación Z no recuerdan los días de gloria de los años ochenta y no son tan optimistas respecto al progreso futuro de Japón. Así que reivindicamos una nueva sociedad que no asuma el crecimiento. Esto es lo que planteo con el comunismo decrecentista.

No creo que podamos acabar con este sistema mediante la toma del poder. Aunque nos hiciéramos con el poder en el parlamento nacional, eso no cambiaría el sistema económico

¿Cómo podemos avanzar hacia esa meta? ¿Es necesario que haya una revolución para alcanzar el comunismo del decrecimiento, como ocurre con el comunismo clásico?

Yo no hago un llamamiento a una revolución como la rusa. No creo que podamos acabar con este sistema mediante la toma del poder. Aunque nos hiciéramos con el poder en el parlamento nacional, eso no cambiaría el sistema económico. Lo que sí es más realista es la idea de Rosa Luxemburgo de una realpolitik revolucionaria a través de la reforma; gravando la riqueza para introducir una renta máxima, por ejemplo. Las reformas y las medidas políticas pueden acarrear muchos cambios en nuestra forma de percibir las cosas y de actuar en nuestro día a día, incluso aunque no consigan acabar con el capitalismo de forma inmediata. Pero una transformación de nuestra conciencia y de nuestros comportamientos cotidianos nos permite ampliar el espacio para exigir cambios más radicales. En mi opinión, es así como avanzaremos gradualmente hacia una sociedad basada en el decrecimiento. Hay personas (sobre todo jóvenes) en Alemania, en Francia e incluso en Estados Unidos que están exigiendo ese tipo de transformación. Es un proceso progresivo, pero creo que en la década de 2030 veremos ese tipo de cambio transformador que provocará un cambio sistémico en todo el mundo.

¿Los países capitalistas avanzados como Japón y Alemania están más preparados para el comunismo del decrecimiento?

Algunas ciudades como Ámsterdam, Barcelona, París y Nueva York tienen un potencial extraordinario. A nivel local se están introduciendo nuevas ideas, como la economía de la rosquilla. No espero que se produzca un cambio de arriba a abajo, como en la Revolución Rusa, sino de abajo a arriba; y las ciudades ofrecen más oportunidades para intervenir en la esfera política y fomentar el cambio. Las ciudades son algunos de los lugares donde debemos luchar más, y ojalá eso se extienda al ámbito nacional.

Hay mucho interés por ideas más radicales, pero el libro recibió muchas críticas y admito que el concepto de comunismo decrecentista es demasiado contundente

¿No es “comunismo decrecentista” un término innecesariamente aterrador? Para algunas personas el decrecimiento ya es algo alarmante de por sí, y le estás añadiendo el comunismo y todo el bagaje que conlleva.

Por esa misma razón no esperaba que El capital en la era del antropoceno fuera todo un éxito de ventas. Japón cuenta con tradición marxista, pero fuera de las universidades no es un término demasiado positivo. Japón es bastante capitalista y la población no cree en el marxismo ni en el socialismo. Sin embargo, la gente está cansada del capitalismo y la economía japonesa lleva muchos años en crisis. Hay mucho interés por ideas más radicales, pero el libro recibió muchas críticas y admito que el concepto de comunismo decrecentista es demasiado contundente. No obstante, utilizo estos términos como una especie de provocación. Lo que quiero decir es que el capitalismo no funciona y que no basta con arreglarlo. Necesitamos ideas como el decrecimiento y el comunismo para, al menos, explorar nuevas posibilidades. Si la gente empieza a hablar de nuevas ideas fuera del capitalismo, entonces creo que mi libro ya ha triunfado.

Los Estados comunistas eran conocidos por su planificación central. ¿Hay que recuperar la idea de la planificación económica, es decir, que el Estado tenga más peso en decisiones económicas, como en el volumen de producción de bienes, por ejemplo?

Sí, es necesario. Por eso el decrecimiento debe aprender del comunismo o, al menos, del socialismo. La corriente socialista tiene una larga tradición de planificación económica. Hay planificaciones muy malas, como la planificación burocrática extremadamente centralizada de la Unión Soviética, pero no es la única. Podríamos explorar formas de planificación diferentes y más democráticas. Quienes defienden el decrecimiento no suelen querer hablar de ello porque asocian cualquier tipo de planificación con el estalinismo, y propugnan la introducción de pequeños cambios y reformas puntuales. Me parece que eso no basta: también se ha de hablar y planificar qué tipo de industrias necesitamos y cuáles no.

El capitalismo no invertirá en la protección de la naturaleza ni en la construcción de grandes proyectos de infraestructuras. Sencillamente, no le resulta rentable

El capitalismo no invertirá en la protección de la naturaleza ni en la construcción de grandes proyectos de infraestructuras. Sencillamente, no resulta rentable. Si queremos proteger el planeta, necesitamos una planificación concienzuda y la intervención del Estado. Tal vez la inteligencia artificial juegue un papel en este proceso, o quizás recurramos a la democracia local. Aún no tenemos la solución, pero tenemos que resolver ya la cuestión de cómo vamos a planificar la transición hacia la sociedad que deseamos.

Describe un día normal y corriente de un ciudadano normal en una sociedad comunista decrecentista.

Ahora mismo podríamos reducir la jornada laboral a cuatro días y creo que, con la ayuda de la tecnología, en el futuro podríamos reducirla a tres. Es decir, trabajar 25 horas a la semana. ¿Qué haremos con todo este tiempo libre? Pasaremos más tiempo con la familia. Nos dedicaremos a la jardinería, quizá hagamos deporte. Haremos algo de voluntariado y participaremos a nivel político en la planificación de nuestra producción y de la actuación de nuestro gobierno local. No nos desplazaremos al trabajo en coche, sino en autobús y tranvía, y la organización de nuestro lugar de trabajo será más horizontal. Deberíamos tener una mayor rotación laboral. Las nuevas tecnologías nos permiten compartir más y una mayor rotación de tareas. Yo, por ejemplo, que soy profesor universitario, podría enseñar también en comunidades locales o en la cárcel. Es más, podemos utilizar nuestras habilidades, capacidades y tiempo no solamente para ganar dinero, sino también para formar comunidades y educar a las nuevas generaciones.

Por lo demás, las cosas básicas son muy parecidas a las de ahora. Cuando llegas a casa puedes tomarte una cerveza o quizás ir a la sauna. No pasaremos mucho tiempo en centros comerciales, ni visitaremos Corea o Taiwán durante el fin de semana. Pasaremos más tiempo en la naturaleza y en lugares donde podamos relajarnos, pero no volveremos al estilo de vida de hace 120 años. Seguiremos utilizando la tecnología y seguiremos disfrutando de buenas comidas con amigos y familiares.

Artículo publicado originalmente en el Green European Journal en inglés, publicado en El Salto en castellano de la mano de EcoPolítica.

 

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/green-european-journal/kohei-saito-decrecimiento-debe-aprender-comunismo