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lunes, 20 de octubre de 2025

EL AMOR TODAVÍA PUEDE LIBERAR



Evelina Johansson Wilén y Maria Wemrell

Traducción: Pedro Perucca

Que el amor esté atravesado por una sociedad patriarcal no significa que haya perdido su capacidad de transformarnos y, a través de nosotros, transformar el mundo que construimos.

 

Hace un par de semanas, una de nosotras (Evelina) asistió a un seminario con la jurista feminista Annica Rudman. Rudman, quien vive y trabaja en Sudáfrica desde hace dos décadas, y habló de un caso emblemático: Mary Sunday contra la República Federal de Nigeria. Sunday vivía en una región conocida por su patriarcado profundamente arraigado y por los niveles epidémicos de violencia doméstica contra las mujeres. Durante años, mantuvo una relación con un oficial de policía que la maltrataba rutinariamente. Una noche, disconforme con el guiso que ella había preparado, él le arrojó encima tanto la olla como la hornalla. Sunday sufrió quemaduras graves y perdió ambas orejas. Su lucha por la justicia se extendió durante años, mientras los tribunales se negaban a intervenir, insistiendo en que la violencia doméstica no era responsabilidad del Estado.

Historias como esta pueden despertar en nosotras —por irracional que parezca— el impulso de reunir a todas nuestras amigas y criaturas y huir a una isla sin hombres, una especie de Herland lejana. El prometido de Sunday es, por supuesto, personalmente responsable de su violencia. Pero sus acciones fueron posibilitadas y justificadas tanto por su comunidad como por el Estado. Y aunque las estructuras y normas patriarcales son más fuertes en algunas partes del mundo que en otras, el hogar sigue siendo el lugar más peligroso para las mujeres en gran parte del planeta. Incluso en Suecia —donde vivimos y donde un acto así casi con seguridad terminaría en una causa penal— la violencia de pareja está muy extendida. De hecho, pese a la reputación de Suecia como uno de los países más igualitarios del mundo, los estudios de la Unión Europea muestran que los niveles de violencia contra las mujeres son más altos que en muchas otras naciones europeas. Eso dice mucho sobre la persistencia y la ubicuidad de la violencia doméstica masculina contra las mujeres.

El poder del amor

Más allá del hecho de que los hombres tienen muchas más probabilidades de dañar gravemente a sus parejas que al revés, las mujeres siguen cargando con una parte desproporcionada del trabajo doméstico: tanto el visible, de las tareas del hogar, como el invisible, del cuidado emocional. Este trabajo se presenta —y se vive— con demasiada frecuencia como amor. Y en el amor, como señala la pensadora política feminista Anna Jónasdóttir, los hombres pueden explotar la capacidad femenina de amar, convirtiéndola en poder sobre ellas.

Por eso no sorprende que algunas mujeres miren el amor heterosexual con escepticismo. Tampoco sorprende que el feminismo haya cuestionado desde hace tiempo el valor de la pareja heterosexual —más recientemente, las abolicionistas de la familia—, preguntándose qué le ofrece realmente a las mujeres, si es que ofrece algo. Pero rechazar de plano la intimidad heterosexual es confundir la forma con el problema. La misoginia y las estructuras más amplias de dominación masculina no desaparecen por el simple hecho de negar la pareja heterosexual.

Las investigaciones muestran cada vez más que el amor romántico —lejos de ser un mero vehículo del patriarcado— también puede funcionar como un espacio de resistencia. Tiene el potencial de interrumpir los vínculos homosociales masculinos, desafiar los roles de género rígidos y fomentar una auténtica ética del cuidado mutuo. En lugar de rechazar la intimidad entre hombres y mujeres o verla únicamente a través del lente de la dominación patriarcal, la izquierda debería preguntarse cómo puede operar el amor mismo como una fuerza liberadora. Eso abre la puerta a un proyecto político que no suprima ni niegue los deseos y afectos que moldean la vida de la mayoría de las personas, sino que los involucre.

Intimidad y autonomía

En su artículo «El amor romántico es un motor subestimado de la igualdad de género», Alice Evans sostiene que cuando el amor es mutuo y equitativo puede convertirse en una herramienta poderosa para socavar la dominación patriarcal. En sociedades estructuradas en torno a la autoridad masculina —afirma—, el amor romántico ofrece un espacio poco común donde la autonomía femenina puede resistir el poder masculino mediante la responsabilidad compartida y el respeto genuino. Basándose en ejemplos históricos como el del químico Antoine Lavoisier y su esposa Marie-Anne Lavoisier, Evans muestra que las asociaciones basadas en la colaboración, más que en la jerarquía, pueden romper el molde de los roles de género tradicionales.

También critica las normas culturales —desde la piedad filial hasta las expectativas sociales más arraigadas— que siguen restringiendo la libertad de las mujeres y chocan con el ideal del amor igualitario. Si bien el amor romántico por sí solo no puede desmantelar el patriarcado, Evans insiste en que es una palanca crucial para modificar las dinámicas de poder en las relaciones íntimas. El amor, concluye, debe asumirse no como un mero sentimiento, sino como una práctica revolucionaria que exige que ambas partes desafíen las normas opresivas y cultiven un cuidado y una igualdad genuinos en el hogar.

Nuestro proyecto de investigación sobre experiencias de celibato e involuntario y soltería apunta en una dirección similar. Examina la realidad del celibato involuntario y la soltería en Suecia, indagando cómo las ideas sobre género, sexo, amor y vulnerabilidad moldean la forma en que las personas entienden su vida romántica y sexual. Combinando estudios de foros en línea, entrevistas y datos de encuestas, investiga tanto a la comunidad incel —conocida por fomentar la misoginia y actitudes pro-violencia— como las experiencias más cotidianas de celibato y soltería involuntaria entre hombres y mujeres de la población general.

El aislamiento alimenta el chauvinismo

En los foros incel, los hombres adoptan cada vez más visiones antifeministas. La soledad y la exclusión de las relaciones románticas o sexuales alimentan la hostilidad hacia las mujeres, que se endurece en un sentido tóxico de agravio. Pero como muestran Matteo Botto y Lucas Gottzén en su investigación sobre ex-incels, abandonar la burbuja en línea —conocer y salir con mujeres en la vida real— puede desmantelar esa ideología. El contacto con relaciones reales suele revelar el abismo entre las narrativas de la incelosfera y la realidad de las vidas de las mujeres, desafiando la visión distorsionada y resentida que esos foros cultivan. La lección es clara: el antifeminismo prospera no sólo en la malicia, sino en el aislamiento de género.

Nuestra encuesta respalda este hallazgo. La soltería involuntaria aparece asociada a un menor apoyo a la igualdad de género y a una mayor aceptación de la violencia de pareja, y algunos hombres solteros expresan sentimientos de enojo o actitudes antifeministas en las respuestas abiertas. En cambio, muchos hombres en pareja describen cómo su relación los ayudó a comprender las perspectivas de las mujeres y el valor de la igualdad de género. Como dijo uno: «Amo a mi esposa y quiero que sea tan feliz como yo».

Las mujeres suelen contar otra historia. Muchas relatan experiencias de violencia, control e inequidad en sus relaciones, y algunas dicen que prefieren estar solas antes que en una relación que no les funcione. Como escribió una: «Tener que ser la madre, la terapeuta y la asistente de tu pareja no es sostenible». Para las mujeres, las relaciones son a menudo el lugar donde las desigualdades y las normas de género se vuelven más visibles, pero también donde crece su comprensión de las perspectivas y desafíos de los hombres, y donde la igualdad, el apoyo mutuo y el amor pueden prosperar.

Entonces, ¿qué hacemos con todo esto? El amor heterosexual suele reflejar —y reforzar— la violencia, la explotación y el cuidado desigual. Sin embargo, también encierra un potencial transformador. Cuando el amor se convierte en un proyecto mutuo y liberador, en lugar de una herramienta de control, puede desafiar las dinámicas patriarcales. La intimidad, aunque arriesgada, puede enfrentarnos a la humanidad completa del otro y empujar a una renegociación del poder y la responsabilidad. El objetivo no es abolir ni romantizar la pareja, sino reinventarla como un espacio donde nuestros deseos íntimos no alimenten la dominación ni el agotamiento, sino la libertad y la igualdad.

Fuente: https://jacobinlat.com/2025/10/el-amor-todavia-puede-liberar/

martes, 5 de enero de 2016

lunes, 23 de marzo de 2015

LA EVOLUCIÓN DEL AMOR (GERALD HÜTHER)





El darwinismo y la teoría de la evolución y la selección natural se han convertido en pilares de la biología moderna. Gracias a ellos entendemos un poco mejor cómo se ha desarrollado la vida en sus múltiples manifestaciones. Sin embargo, cuando hablamos de animales superiores, como el ser humano, no todo parece justificarse a través de un naturalismo simple. Gerald Hüther, neurobiólogo y autor de este libro, afirma que hay que tener en cuenta también otro ingrediente crucial, que afecta a hacia dónde se dirige nuestra especie y por dónde ha transcurrido hasta la fecha. Ese ingrediente, para este prestigioso científico, es el amor.

Hüther considera que el amor, como manifestación biológica, resulta crucial para explicar la historia de la evolución humana reciente, como elemento de cohesión personal, de garantía de la unión en una pareja o de cooperación en un grupo social. Sin el amor, un fenómeno creado por la propia evolución, la intrincada red de enlaces familiares que se han venido sucediendo a lo largo de la historia sería muy diferente, y distintos también, con seguridad, los rumbos seguidos por nuestra especie. Gracia a él, no sólo tienen valor los genes egoístas, o la supervivencia del más fuerte, sino también la capacidad de elección de pareja por motivos distintos a la simple atracción física o el instinto reproductor.

En esta corta obra, el también catedrático de ciencias naturales y doctor en medicina reflexiona sobre el concepto del amor y sus raíces biológicas, así como las consecuencias de su existencia. Puede decirse que nuestra comprensión del amor ha evolucionado con los tiempos, pero que a pesar del surgimiento de la razón y del pensamiento crítico, este sentimiento sigue siendo importante por su influencia en el futuro de la especie.

Hüther nos cuenta como, con el auge del naturalismo y la ilustración, Darwin y otros científicos tuvieron que convivir con los nuevos descubrimientos y con conceptos ya caducos, como las explicaciones de la religión sobre el origen del hombre. Pero a pesar de la llegada de la razón en este campo, aún costaba explicar el papel que tenía en todo ello el amor. Así, del darwinismo más descarnado, se pasó al darwinismo social, y posteriormente al determinismo del comportamiento. Finalmente, la sociobiología se apoderó de la escena.

Ya es posible pues afirmar que el papel del amor es tan importante en el devenir de nuestra especie como puedan serlo otros factores biológicos. En este libro encontraremos los argumentos que lo confirman.

Plataforma Editorial. 2015. Rústica, 112 páginas. ISBN: 978-84-16256-25-9


domingo, 13 de octubre de 2013

VOCABLO AMOR Y EL EROS DE LAS ALAS DESPLEGADAS

E LA LIBERTAD, NADA TAN LIBRE COMO LO QUE TRASMITE ESTA PINTURA. 
DOS MUJERES CORRIENDO EN LA PLAYA. PICASSO. A PROPÓSITO DE QUE EL AMOR ES HIJX D

“Si logramos que de las relaciones de amor desaparezca el ciego, exigente y absorbente sentimiento pasional; si desaparece también el sentimiento de propiedad lo mismo que el deseo egoísta de ‘unirse para siempre al ser amado’; si logramos que desaparezca la fatuidad del hombre y que la mujer no renuncie criminalmente a su ‘YO’, no cabe duda que la desaparición de todos estos sentimientos hará que se desarrollen otros elementos preciosos para el amor”
 Alejandra Kollontai
PUBLICADO: 2013-10-11

Muchas veces me he hallado inquieta pensando en el amor, confieso que en un inicio, cuando esto sucedía, me sorprendía y trataba de entender qué me llevaba a indagar y querer estudiar sobre ello en ambientes “poco usuales”, era confuso y recibía más que respuestas, muchas preguntas del porqué me desviaba y ocupaba de un tema intrascendente en las actividades políticas. En el ámbito personal, pensaba que era normal, crecía y debía entender lo que era. Con el paso de las aún, iniciales reflexiones, he comprendido que las mujeres y sobre todo aquellas que deseamos asaltar los cielos y transformar, debemos pensar en el amor, hablar del amor, y debatir sobre el amor.

Si realizo una retrospectiva de cuándo inicio este interés, creo que me remontaría al obsequio de uno de los primeros libros marxistas que recibí, este fue “La emancipación de la Mujer” de Lenin, me lo regaló un amigo cajamarquino en un Congreso de la Federación de Estudiantes. En el viaje de regreso a mi ciudad devoré el libro, me gustó sin duda la explicación y necesidad que planteaba de la participación de las mujeres para alcanzar los cambios sociales, la revolución, sin embargo, quedó grabada en mí como torturándome, una carta enviada a Inessa Armand en la que decía “Le aconsejo que suprima en absoluto la reivindicación (femenina) del amor libre. (…) En realidad, ¿qué entiende usted por esta reivindicación? ¿Qué se puede entender por eso?” ¿Qué se puede entender? ¿por qué Lenin cuestionaba tanto la forma de expresarlo y suprimía reivindicarlo? y ¿por qué Inessa estaba tan interesada en escribir sobre ello para las obreras?

Si continúo haciendo retrospectiva, llego a la secundaria, y a la escasa y valiosa merca que se encontraba en Pasaje Vigil, donde los contados anarcopunks de la ciudad vendían sus materiales, allí yo encontraba algunos cassettes y fanzines que repetían “Ni dios, ni patrón, ni marido”.

Las menciones sobre el amor estaban en todos lados, desde los libros incendiarios que había encontrado, hasta las novelas literarias, películas, poesía. En todas sus manifestaciones se presentaba de manera distinta, pero su tendencia era relucir su lado más conservador “el amor todo lo puede, todo lo cree, todo lo soporta”. Tantas mujeres y hombres repitiendo ese dependiente, tortuoso, y sufriente modelo de “sentimiento” que copaba casi todos los materiales públicos desde los que vamos aprendiendo a socializarnos.

En ese camino, no fue sino el feminismo quien me dio claridad para comprender que las relaciones de parejas sumergidas en relaciones asimétricas, donde lo masculino siempre tiene el poder sobre lo femenino, son terroríficas. Causantes, de la supresión de la personalidad y libertad de las personas, de la esencialización de las mujeres a los ojos del hombre, de la absorción, dominación, control y en muchos casos, violencia. ¿Por qué sentimientos que creemos en sus inicios tan bonitos terminan de este modo? Por la construcción del cuerpo de las mujeres como propiedad privada de los hombres, cosa que justamente Engels explicó, cosa que, sobre todo desde la izquierda se debería cuestionar para destruir.

Al mundo poco le importa preocuparse en esto, sin embargo, mucho desde el feminismo se ha hecho para la construcción de nuevas relaciones sociales, y tendría que ser igual desde todo espacio que se diga marxista, pues se apuesta por la construcción de una mujer y hombre nuevo. Y es que estas dos posturas no pueden ir separadas, una a una se complementan.

Es por ello que las revolucionarias rusas, como la feminista socialista Alejandra Kollontai, escribió sobre la nueva moral sexual. Fue necesario hablar de lo personal y remarcar, que la revolución no era sólo un asunto público, sino que debía transformar todos los ámbitos de la vida privada. Servir a la revolución, apostar por la revolución implicaba, i m p l i c a, que para la construcción de esa nueva sociedad reconozcamos las relaciones en igualdad con nuestros pares.

Las secciones de mujeres de las agrupaciones políticas de izquierda actuales, las mujeres y hombres que militan en esas agrupaciones, debemos insistir con ahínco en debatir sobre el amor libre, las uniones libres, la extinción de la familia y el matrimonio burgués, la sexualidad, la orientación sexual, el aborto, la maternidad voluntaria, la socialización del trabajo doméstico, la educación de los hijos quienes los decidan tener, el divorcio, entre tantas otras cuestiones que parten precisamente de las relaciones de pareja y serán peligrosas o no, lapidadoras o no, dependiendo de la libertad con la que ejerzamos el amor.

El Eros de las alas desplegadas, no sólo debe estar en nuestras agendas políticas, sino que debe formar parte de nuestro día a día, ser fuerza creadora y nunca más destructora. Kollantai llamó “Eros de las alas desplegadas” al amor camaradería, que tenía que formar parte del proyecto socialista porque sólo así en las relaciones humanas es posible la solidaridad, libertad y el respeto de la individualidad.

Destruyendo la mezquindad de las relaciones sentimentales, podremos renunciar a la macabra y naturalizada idea de la pertenencia del uno del otro, que más que reciprocidad convierte a los cuerpos en mercancías, objetos de propiedad sobre los cuales se decide y controla. No debemos permitir que el vocablo amor siga sirviendo como instrumento de opresión; como dice la Violeta, maldigamos al vocablo amor con toda su porquería, y despleguemos las alas de Eros, en camaradería, libertad y solidaridad.