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jueves, 8 de septiembre de 2022

LA INMINENTE RUPTURA MUNDIAL


Michael Hudson

4 septiembre, 2022

 

Prof. Hudson, su nuevo libro «The Fate of Civilisation» está en la calle. Usted habla de un conflicto ideológico y material entre países financiados y desindustrializados como Estados Unidos contra las economías mixtas de China y Rusia. ¿En qué consiste este conflicto y por qué el mundo se encuentra actualmente en un determinado «punto de fractura», como afirma su libro?

La actual brecha global está dividiendo al mundo entre dos filosofías económicas diferentes: en el Occidente de los Estados Unidos y la OTAN, el capitalismo financiero está desindustrializando las economías y ha desplazado la industria manufacturera hacia el liderazgo euroasiático, principalmente China, India y otros países asiáticos, junto con Rusia, que suministra las materias primas básicas y las armas.

Estos países son una extensión básica del capitalismo industrial que evoluciona hacia el socialismo, es decir, una economía mixta con una fuerte inversión gubernamental en infraestructuras para proporcionar educación, sanidad, transporte y otras necesidades básicas, tratándolas como servicios públicos con servicios subvencionados o gratuitos para estas necesidades.

Sin embargo, en el Occidente neoliberal de Estados Unidos y la OTAN, esta infraestructura básica se privatiza como un monopolio natural que extrae rentas.

El resultado es que el Occidente de EE.UU. y la OTAN ha seguido siendo una economía de alto coste, con un gasto en vivienda, educación y sanidad cada vez más financiado por la deuda, dejando cada vez menos ingresos personales y empresariales para invertir en nuevos medios de producción (formación de capital).

Esto plantea un problema existencial para el capitalismo financiero occidental: ¿cómo puede mantener el nivel de vida frente a la desindustrialización, la deflación de la deuda y la búsqueda de rentas financiarizadas que empobrecen al 99% para enriquecer al 1%?

El primer objetivo de Estados Unidos es disuadir a Europa y Japón de buscar un futuro más próspero en el estrechamiento de los lazos comerciales y de inversión con Eurasia y la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). Para mantener a Europa y Japón como economías satélite, los diplomáticos estadounidenses insisten en un nuevo Muro de Berlín económico de sanciones para bloquear el comercio entre el Este y el Oeste.

Durante muchas décadas, la diplomacia estadounidense se ha inmiscuido en la política interna europea y japonesa patrocinando a funcionarios pro-neoliberales para dirigir gobiernos. Estos funcionarios sienten que su destino (e incluso su fortuna política personal) está estrechamente ligado al liderazgo de Estados Unidos. Mientras tanto, la política europea se ha convertido básicamente en una política de la OTAN dirigida por Estados Unidos.

El problema es cómo mantener al Sur global –América Latina, África y muchos países asiáticos– en la órbita de Estados Unidos y la OTAN. Las sanciones contra Rusia tienen el efecto de dañar la balanza comercial de estos países, aumentando drásticamente los precios del petróleo, el gas y los productos alimenticios (así como muchos metales) que tienen que importar. Mientras tanto, la subida de los tipos de interés en Estados Unidos está atrayendo el ahorro financiero y el crédito bancario hacia los valores denominados en dólares. Esto ha elevado el tipo de cambio del dólar, haciendo mucho más difícil para los países de la OCS y del Sur Global el servicio de su deuda en dólares que vence este año.

Esto impone una elección a estos países: o quedarse sin energía y alimentos para pagar a los acreedores extranjeros –anteponiendo así los intereses financieros internacionales a su supervivencia económica interna– o entrar en suspensión de pagos, como ocurrió en los años 80 después de que México anunciara en 1982 que no podía pagar a los tenedores de bonos extranjeros.

¿Cómo ve la actual guerra/operación militar especial en Ucrania? ¿Qué consecuencias económicas prevé?

Rusia ha asegurado el este de Ucrania de habla rusa y la costa sur del Mar Negro. La OTAN seguirá «pinchando al oso» con continuos sabotajes y nuevos ataques, principalmente de cazas polacos.

Los países de la OTAN se han deshecho de sus armas viejas y obsoletas en Ucrania y ahora tienen que gastar inmensas sumas para modernizar su material militar. La salida de pagos hacia el complejo militar-industrial estadounidense presionará a la baja al euro y a la libra esterlina, todo ello sumado a sus crecientes déficits energético y alimentario. Por lo tanto, el euro y la libra se dirigen hacia la paridad con el dólar estadounidense. Esto supone un fuerte aumento de la inflación de los precios en Europa.

He leído y escuchado información contradictoria sobre las nuevas sanciones. Algunos expertos, tanto del Este como del Oeste, creen que perjudicará enormemente a la economía nacional de la Federación Rusa. Otros expertos tienden a creer que serán contraproducentes o que tendrán un enorme efecto boomerang en los países occidentales.

La política de Estados Unidos es luchar contra China, con la esperanza de separar las regiones occidentales uigures y dividir China en estados más pequeños. Para ello, es necesario eliminar el apoyo militar y de materias primas de Rusia a China y, en su momento, dividirla en una serie de estados más pequeños (las grandes ciudades occidentales, el norte de Siberia, un flanco sur, etc.).

Las sanciones se impusieron con la esperanza de que las condiciones de vida de los rusos fueran tan desagradables que les impulsaran a cambiar de régimen. El ataque de la OTAN a Ucrania fue diseñado para agotar militarmente a Rusia, haciendo que los cuerpos de los ucranianos se quedaran sin el suministro de balas y bombas de Rusia, dando sus vidas simplemente para absorber las armas rusas.

El efecto ha sido aumentar el apoyo ruso a Putin, justo lo contrario de lo que se pretendía. Existe una creciente desilusión con Occidente, después de haber visto lo que los chicos de Harvard hicieron a Rusia cuando Estados Unidos apoyó a Yeltsin para crear una clase cleptocrática nacional que pretendía «sacar provecho» de sus privatizaciones vendiendo acciones de petróleo, níquel y servicios públicos a Occidente, para luego estimular los ataques militares desde Georgia y Chechenia. La opinión generalizada es que Rusia está dando un giro a largo plazo hacia el este en lugar de hacia el oeste.

El efecto de las sanciones estadounidenses y de la oposición militar a Rusia ha sido, pues, la imposición de un telón de acero político y económico que ha obligado a Europa a depender de Estados Unidos, al tiempo que ha empujado a Rusia a unirse a China en lugar de separarla. Mientras tanto, el coste de las sanciones europeas contra el petróleo y los alimentos rusos -en beneficio de los proveedores de GNL y los exportadores agrícolas estadounidenses- amenaza con crear una oposición europea a largo plazo a la estrategia global unipolar de Estados Unidos. Es probable que se desarrolle un nuevo movimiento «Ami go home».

Para Europa, sin embargo, el daño ya está hecho y es probable que ni Rusia ni China confíen en que los funcionarios del gobierno europeo puedan resistir la corrupción y la presión personal de la injerencia estadounidense.

Aquí en Alemania, estoy escuchando al nuevo ministro de Economía, Robert Habeck, del Partido Verde, hablar de activar la «emergencia del gas» federal y pedir recursos a los Emiratos (este «acuerdo» parece que ya ha fracasado, dicen las noticias). Vemos el fin del North Stream II y la enorme dependencia de Berlín y Bruselas de los recursos rusos. ¿Cómo acabará todo esto?

De hecho, los funcionarios estadounidenses han pedido a Alemania que se suicide económicamente y provoque una depresión, un aumento de los precios al consumidor y un descenso del nivel de vida. Las empresas químicas alemanas ya han empezado a cerrar la producción de fertilizantes, ya que Alemania ha aceptado sanciones comerciales y financieras que le impiden comprar gas ruso (la materia prima de la mayoría de los fertilizantes). Y las empresas automovilísticas alemanas están sufriendo recortes en el suministro.

Estas carencias económicas europeas suponen una gran ventaja para Estados Unidos, que obtiene enormes beneficios con el petróleo más caro (que controlan en gran medida las empresas estadounidenses, seguidas de las británicas y francesas). El suministro de armas que Europa ha dado a Ucrania es también una bendición para el complejo militar-industrial estadounidense, cuyos beneficios aumentan.

Pero EE.UU. no está reciclando estas ganancias económicas hacia Europa, que parece ser la gran perdedora.

Los productores de petróleo árabes ya han rechazado las exigencias de Estados Unidos de cobrar menos por su petróleo. Se espera que sean los primeros en beneficiarse del ataque de la OTAN en el campo de batalla por delegación de Ucrania.

Parece poco probable que Alemania se limite a devolver a Rusia el Nord Stream 2 y las filiales de Gazprom que han estado comerciando con Alemania. La confianza se ha roto. Y Rusia teme aceptar pagos de los bancos europeos tras el robo de 300.000 millones de dólares de sus reservas de divisas. Europa ya no es económicamente segura para Rusia.

La cuestión es cuándo dejará Rusia de abastecer a Europa.

Parece que Europa se está convirtiendo en un apéndice de la economía estadounidense, soportando de hecho la carga fiscal de la Guerra Fría 2.0 de Estados Unidos, sin ninguna representación política en este país. La salida lógica sería que Europa se uniera políticamente a Estados Unidos, renunciando a sus gobiernos pero consiguiendo al menos unos cuantos europeos en el Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos.

¿Qué papel juegan a) la nueva guerra fría y b) el capitalismo financiero neoliberal en la actual guerra entre Rusia y Ucrania?

La guerra de Estados Unidos y la OTAN en Ucrania es la primera batalla de lo que parece un intento de 20 años de aislar a la zona del dólar de Occidente de Eurasia y del Sur global. Los políticos estadounidenses prometen mantener la guerra en Ucrania indefinidamente, esperando que se convierta en el «nuevo Afganistán» de Rusia. Pero esta táctica parece que ahora amenaza con convertirse en el Afganistán de Estados Unidos. Se trata de una guerra por delegación, cuyo efecto es el de poner fin a la dependencia de Europa de Estados Unidos como oligarquía clientelar, con el euro como moneda satélite del dólar.

La diplomacia estadounidense ha intentado dejar a Rusia fuera de juego de tres maneras principales. En primer lugar, aislándola financieramente al excluirla del sistema de compensación bancaria SWIFT. Rusia respondió cambiando sin problemas al sistema de compensación bancaria de China.

La segunda táctica fue confiscar los depósitos rusos en los bancos estadounidenses y los valores financieros de Estados Unidos. Rusia respondió recogiendo a bajo precio las inversiones estadounidenses y europeas en Rusia, mientras Occidente se deshacía de ellas.

La tercera táctica consistía en impedir que los miembros de la OTAN comerciaran con Rusia. El efecto fue que las importaciones rusas desde Occidente disminuyeron, mientras que las exportaciones de petróleo, gas y alimentos aumentaron. Esto ha aumentado el tipo de cambio del rublo, en lugar de perjudicarlo. Mientras las sanciones bloquean las importaciones rusas desde Occidente, el Presidente Putin ha anunciado que su gobierno invertirá mucho en la sustitución de importaciones. El efecto será una pérdida permanente de mercados rusos para los proveedores y exportadores europeos.

Mientras tanto, los aranceles de Trump contra las exportaciones europeas a EE.UU. siguen vigentes, dejando a la industria europea con oportunidades comerciales cada vez menores. Puede que el Banco Central Europeo siga comprando acciones y bonos europeos para proteger la riqueza del 1%, pero lo más importante es que recortará el gasto social interno para cumplir el límite de déficit presupuestario del 3% que la eurozona se ha impuesto a sí misma.

Por tanto, a medio y largo plazo, las sanciones de Estados Unidos y la OTAN se dirigen principalmente contra Europa. Y los europeos no parecen darse cuenta de que son las primeras víctimas de esta nueva guerra económica de Estados Unidos por el dominio energético, alimentario y financiero.

En Alemania, la paralización del proyecto energético Nord Stream II sigue siendo un gran problema político. En su reciente artículo en línea «El dólar devora al euro», usted escribió: «Ahora está claro que la escalada de la nueva guerra fría de hoy se planeó hace más de un año. El plan de Estados Unidos para bloquear el Nord Stream 2 formaba en realidad parte de su estrategia para impedir que Europa Occidental («la OTAN») buscara la prosperidad mediante el comercio y la inversión mutuos con China y Rusia». ¿Puede explicar esto a nuestros lectores?

Lo que usted llama el «bloqueo del Nord Stream 2» es en realidad una política para favorecer los productos estadounidenses. Estados Unidos ha convencido a Europa para que no compre en el mercado al precio más bajo, sino que pague hasta siete veces más por el gas de los proveedores estadounidenses de LGN y gaste 5.000 millones de dólares en la ampliación de la capacidad portuaria, que no estará disponible hasta dentro de un año.

Esto amenaza con un interregno muy incómodo para Alemania y otros países europeos que siguen los dictados de Estados Unidos. En esencia, los parlamentos nacionales están ahora al servicio de la OTAN, cuyas políticas se gestionan desde Washington.

Un precio que pagará Europa, como ya se ha mencionado, es la caída del tipo de cambio frente al dólar estadounidense. Es probable que los inversores europeos trasladen sus ahorros e inversiones de Europa a EE.UU. para maximizar las ganancias de capital y simplemente evitar la caída de los precios de sus acciones y bonos medidos en dólares.

Prof. Hudson, echemos un vistazo a los nuevos acontecimientos en Alemania. En mayo, el Parlamento alemán – Bundestag – aprobó una nueva ley: Los legisladores alemanes aprobaron la posibilidad de expropiar empresas energéticas. Esto podría permitir al gobierno de Berlín poner a las empresas energéticas bajo tutela si ya no son capaces de cumplir con sus obligaciones y si la seguridad del suministro está en riesgo. Según REUTERS, la ley renovada ­–que aún debe ser aprobada por la Cámara Alta del Parlamento– podría aplicarse por primera vez si no se encuentra una solución sobre la propiedad de la refinería de petróleo PCK Refinery en Schwedt/Oder (Alemania Oriental), que es propiedad de la empresa estatal rusa Rosneft.

Parece que Europa y Estados Unidos confiscarán las inversiones rusas en sus países y venderán (o harán que Rusia confisque) las inversiones de los países de la OTAN en Rusia. Esto significa un desprendimiento de la economía rusa de Occidente y un estrechamiento de los lazos con China, que parece ser la próxima economía sancionada por la OTAN al convertirse ésta en una Organización del Tratado del Pacífico Oriental que implicará a Europa en la confrontación del Mar de China.

Me sorprendería que Rusia reanudara la venta de petróleo y gas a Europa sin que se le reembolse lo que Europa (y también Estados Unidos) ha confiscado. Esta demanda ayudaría a Europa a presionar a Estados Unidos para que devuelva los 300.000 millones de dólares de reservas extranjeras que se ha apoderado.

Pero incluso después de un acuerdo de restitución e indemnización, es poco probable que se reanude el comercio. Ha habido un cambio de fase, un cambio de conciencia sobre cómo el mundo se está dividiendo bajo los ataques diplomáticos de Estados Unidos tanto a aliados como a adversarios.

Mi pregunta sería: el socialismo es un tema importante en su nuevo libro. ¿Qué opina de las medidas «socialistas» que está tomando ahora un país capitalista como Alemania?

Hace un siglo, se pensaba que la «etapa final» del capitalismo industrial era el socialismo. Había diferentes tipos de socialismo: el socialismo de Estado, el socialismo marxiano, el socialismo cristiano, el socialismo anarquista, el socialismo libertario. Pero lo que ocurrió después de la Primera Guerra Mundial fue la antítesis del socialismo. Era el capitalismo financiero y el capitalismo financiero militarizado.

El denominador común de todos los movimientos socialistas, desde la derecha hasta la izquierda del espectro político, fue el refuerzo del gasto público en infraestructuras. La transición al socialismo fue impulsada (en EE.UU. y Alemania) por el propio capitalismo industrial, que trató de minimizar el coste de la vida (y, por tanto, el salario básico) y el coste de los negocios mediante la inversión estatal en infraestructuras básicas, cuyos servicios debían proporcionarse gratuitamente, o al menos a precios subvencionados.

Este objetivo habría evitado que los servicios básicos se convirtieran en oportunidades de rentas monopolísticas. La antítesis era la doctrina Thatcher-neoliberal de la privatización. Los gobiernos cedieron los servicios públicos a los inversores privados. Las empresas se compraron a crédito, añadiendo intereses y otros gastos financieros a los beneficios y pagos a la dirección. El resultado fue convertir a la Europa y América neoliberales en economías de alto coste, incapaces de competir en precios de producción con los países que persiguen políticas socialistas en lugar del neoliberalismo financiarizado.

Este contraste entre sistemas económicos es la clave para entender la actual división mundial.

Sobre todo, el petróleo y el gas rusos son el centro de atención en este momento. Moscú sólo exige el pago en rublos y amplía su campo de compradores con China, India o Arabia Saudí. Pero parece que los compradores occidentales pueden seguir pagando en euros o dólares. ¿Cuál es su opinión sobre esta guerra de recursos en curso? El rublo parece ser el ganador.

Sin duda, el rublo está subiendo. Pero eso no convierte a Rusia en un «ganador» si su economía se ve perturbada por las sanciones que bloquean las importaciones necesarias para el buen funcionamiento de sus cadenas de suministro.

Rusia tendrá éxito si es capaz de organizar un programa de sustitución de importaciones industriales y recrear la infraestructura pública para reemplazar la que fue privatizada bajo la dirección de Estados Unidos por los Harvard Boys en la década de 1990.

¿Vemos el fin del petrodólar y el surgimiento de una nueva arquitectura financiera en Oriente, acompañada del fortalecimiento de los BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS)?

Seguirá habiendo petrodólares, pero también una serie de bloques monetarios a medida que el mundo desdolarice sus acuerdos internacionales de comercio e inversión. A finales de mayo, el ministro de Asuntos Exteriores, Lavrov, declaró que Arabia Saudí y Argentina quieren unirse a los BRICS. Como ha señalado recientemente Pepe Escobar, el BRICS+ podría ampliarse para incluir al MERCOSUR y a la Comunidad Sudafricana de Desarrollo (SADC).

Estos acuerdos probablemente requerirán una alternativa no estadounidense al FMI para crear crédito y proporcionar un vehículo para las reservas oficiales de divisas para los países no pertenecientes a la OTAN. El FMI seguirá sobreviviendo para imponer la austeridad a los países satélites de Estados Unidos mientras subvenciona la fuga de capitales de los países del Sur Global y crea DEG para financiar el gasto militar de Estados Unidos en el extranjero.

El verano de 2022 será una prueba, ya que los países del Sur global sufrirán una crisis de la balanza de pagos debido al aumento de los déficits de petróleo y alimentos y al mayor coste en moneda nacional de mantener la deuda denominada en dólares. El FMI puede ofrecerles nuevos DEG para pagar a los tenedores de bonos en dólares para mantener la ilusión de solvencia. Pero los países de la OCS pueden ofrecer petróleo y alimentos, SI los países garantizan el reembolso del crédito repudiando sus deudas en dólares con Occidente.

Esta diplomacia financiera promete introducir «tiempos interesantes».

En su reciente entrevista con Michael Welch («¿Crisis accidental?») hace un análisis específico de los actuales acontecimientos en Ucrania/Rusia: «La guerra no es contra Rusia. La guerra no es contra Ucrania. La guerra es contra Europa y Alemania». ¿Podría ampliar este punto?

Como he explicado antes, las sanciones comerciales y financieras de Estados Unidos están obligando a Alemania a depender de las exportaciones de GNL de Estados Unidos y de la compra de armamento militar estadounidense para convertir a la OTAN en una autoridad de gobierno europea de facto.

El efecto es destruir cualquier esperanza europea de ganancias mutuas en el comercio y la inversión con Rusia. Europa se está convirtiendo en un socio menor (muy menor) en sus nuevas relaciones comerciales y de inversión con los Estados Unidos, cada vez más proteccionistas y nacionalistas.

El verdadero problema de Estados Unidos parece ser éste: «La única manera de mantener la prosperidad si no se puede crear en casa es obtenerla del exterior». ¿Cuál es la estrategia de Washington?

Mi libro Super Imperialism explicó cómo, en los últimos 50 años, desde que Estados Unidos abandonó el oro en agosto de 1971, el estándar de los bonos del Tesoro de Estados Unidos le ha dado un paseo gratis a costa del extranjero. Los bancos centrales extranjeros blanquearon la entrada de dólares del déficit de la balanza de pagos estadounidense en préstamos al Tesoro de Estados Unidos, es decir, en la compra de bonos del Tesoro de Estados Unidos para mantener sus ahorros. Este acuerdo permitió a Estados Unidos realizar gastos militares en el extranjero para sus casi 800 bases militares en Eurasia sin tener que depreciar el dólar ni gravar a sus ciudadanos. El coste fue asumido por los países cuyos bancos centrales habían acumulado préstamos en dólares al Tesoro estadounidense.

Pero ahora que se ha vuelto peligroso para los países mantener depósitos bancarios o bonos gubernamentales denominados en dólares o inversiones si «amenazan» con defender sus intereses económicos o si sus políticas divergen de las dictadas por los diplomáticos estadounidenses, ¿cómo puede Estados Unidos seguir teniendo vía libre?

De hecho, ¿cómo puede importar materiales básicos de Rusia para llenar partes de su cadena de suministro industrial y económica que han sido interrumpidas por las sanciones?

Este es el reto de la política exterior estadounidense. De un modo u otro, pretende gravar a Europa y convertir a otros países en satélites económicos. La explotación puede no ser tan flagrante como el acaparamiento por parte de Estados Unidos de las reservas oficiales venezolanas, afganas y rusas. Es probable que se trate de reducir la autosuficiencia exterior para obligar a otros países a depender económicamente de EE.UU., de modo que éste pueda amenazar con sanciones perturbadoras si intentan anteponer sus propios intereses nacionales a lo que los diplomáticos estadounidenses quieren que hagan.

¿Cómo afectará esto a la balanza de pagos de Europa Occidental (Alemania / Francia / Italia) y, por tanto, al tipo de cambio del euro frente al dólar? ¿Y por qué cree que la Unión Europea va camino de convertirse en un nuevo «Panamá, Puerto Rico y Liberia»?

El euro ya es una moneda satélite de Estados Unidos. Sus países miembros son incapaces de incurrir en déficits presupuestarios internos para hacer frente a la inminente depresión inflacionaria resultante de las sanciones auspiciadas por Estados Unidos y la consiguiente ruptura mundial.

La dependencia militar está resultando ser la clave. Se trata de un «reparto de costes» para la Guerra Fría 2.0 patrocinada por Estados Unidos. Este reparto de costes es lo que ha llevado a los diplomáticos estadounidenses a darse cuenta de que deben controlar la política interna europea para evitar que personas y empresas actúen en su propio interés. Su presión económica es un «daño colateral» de la actual Nueva Guerra Fría.

A mediados de marzo, un filósofo suizo escribió un ensayo crítico para el periódico socialista alemán «Neues Deutschland», antiguo órgano informativo del gobierno de la RDA. Tove Soiland criticó a la izquierda internacional por su actual comportamiento respecto a la crisis ucraniana y la gestión de los Covid. En su opinión, la izquierda está demasiado a favor de los gobiernos/estados autoritarios, copiando así los métodos de los partidos de derecha tradicionales. ¿Comparte esta opinión? ¿O es demasiado duro? ¿Cómo respondería a esta pregunta, especialmente en relación con la tesis de su nuevo libro: «… la vía alternativa es un capitalismo industrial de economía mixta que conduce al socialismo…».

El Departamento de Estado y el «poderoso altavoz» de la CIA se centraron en conseguir el control de los partidos socialdemócratas y laboristas europeos, prediciendo que la gran amenaza para el capitalismo financiero centrado en Estados Unidos sería el socialismo. Esto incluyó a los partidos «verdes», hasta el punto de que su afirmación de oponerse al calentamiento global resultó hipócrita a la luz de la enorme huella de carbono y la contaminación de la guerra militar de la OTAN en Ucrania y los ejercicios aéreos y navales relacionados. No se puede estar a favor del medio ambiente y de la guerra al mismo tiempo.

Esto ha hecho que los partidos nacionalistas de derecha estén menos influenciados por la interferencia política de Estados Unidos. De ahí viene la oposición a la OTAN, como en Francia y Hungría.

Y en los propios Estados Unidos, los únicos votos en contra de la nueva contribución de 30.000 millones de dólares al gasto militar contra Rusia fueron los de los republicanos. Todo el «equipo de izquierdas» del Partido Demócrata votó a favor del gasto de guerra.

Los partidos socialdemócratas son básicamente partidos burgueses cuyos partidarios esperan unirse a la clase rentista, o al menos convertirse en inversores en acciones y bonos en miniatura. El resultado es que el neoliberalismo ha sido liderado por Tony Blair en Gran Bretaña y sus homólogos en otros países. En El destino de la civilización hablo de esta alineación política.

Los propagandistas estadounidenses llaman «autocráticos» a los gobiernos que mantienen los monopolios naturales como servicios públicos. Ser «democrático» significa dejar que las corporaciones estadounidenses controlen estas alturas de mando, estando «libres» de la regulación gubernamental y de los impuestos al capital financiero. Así, «izquierda» y «derecha», «democracia» y «autocracia» se han convertido en un vocabulario de doble lenguaje orwelliano patrocinado por la oligarquía estadounidense (que eufemiza como «democracia»).

¿Podría la guerra de Ucrania ser un hito para mostrar un nuevo mapa geopolítico del mundo? ¿O es que el Nuevo Orden Mundial neoliberal está en alza? ¿Cómo lo ves?

Como expliqué en la pregunta 1, el mundo se está dividiendo en dos partes. El conflicto no es sólo nacional, Occidente contra Oriente, sino que es un conflicto de sistemas económicos: el capitalismo financiero depredador contra el socialismo industrial que busca la autosuficiencia en Eurasia y la OCS.

Los países no alineados no pudieron «ir solos» en la década de 1970 porque carecían de la masa crítica para producir alimentos, energía y materias primas por sí mismos. Pero ahora que Estados Unidos ha desindustrializado su economía y ha externalizado la producción a Asia, estos países tienen la oportunidad de no seguir dependiendo de la diplomacia del dólar estadounidense.

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/la-inminente-ruptura-mundial/

 

jueves, 18 de febrero de 2021

POR QUÉ RUSIA ESTÁ VOLVIENDO LOCO A OCCIDENTE

Pepe Escobar

18/02/2021

 

Los eurócratas optaron por incursionar en la histeria, promoviendo las payasadas del activista de la OTAN y estafador convicto Navalny: una suerte de Guaidó ruso

En el futuro los historiadores podrían escribir que llegó el día en que el imperturbable Ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, decidió que había tenido suficiente: “Nos estamos acostumbrando al hecho de que la Unión Europea está tratando de imponer restricciones unilaterales, restricciones ilegítimas y partimos del supuesto que en esta etapa la Unión Europea es un socio poco confiable”. Josep Borrell, el jefe de política exterior de la UE, en visita oficial a Moscú, tuvo que tomarlo en serio.

Lavrov, siempre un perfecto caballero, añadió: «Espero que la revisión estratégica que se llevará a cabo pronto se centre en los intereses claves de la Unión Europea y que estas conversaciones contribuyan a que nuestros contactos sean más constructivos».

El ministro ruso se refería a la cumbre de jefes de estado de la UE, del próximo mes, donde debatirán sobre las relaciones entre Rusia y la Unión Europea. Pero Lavrov se preocupó de dejar en claro que no se hace ilusiones, dijo: no esperamos que estos «socios poco fiables» se comporten como adultos.

Los dos actores más importantes del espacio euroasiático

En esta conferencia de prensa hay una frase de Lavrov que llamó poderosamente la atención a los corresponsales extranjeros: “El principal problema que todos enfrentamos es la falta de normalidad en las relaciones entre Rusia y la Unión Europea, los dos actores más importantes en el espacio euroasiático. Es una situación malsana, que no beneficia a nadie”.

¿Qué quiso decir Lavrov con esta frase? Volveré a esto en un momento.

En su forma actual, la UE parece irremediablemente adicta a empeorar una “situación malsana”. En Bruselas la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, estropeó ostensiblemente el tema de las vacunas. Básicamente, envió a Borrell a Moscú, para solicitar los derechos de licencia para que empresas europeas produzcan la vacuna Sputnik V, que pronto será aprobada por la UE.

Y, sin embargo, los eurócratas optaron por incursionar en la histeria, promoviendo las payasadas del activista de la OTAN y estafador convicto Navalny: una suerte de Guaidó ruso.

Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, bajo el manto de la «disuasión estratégica», el jefe del STRATCOM estadounidense, el almirante Charles Richard, dejó escapar casualmente que «existe una posibilidad real que una crisis regional con Rusia o China, una crisis que escale rápidamente hacia un conflicto que involucre armas nucleares».

De modo que la culpa de la próxima – y última – guerra ya se atribuye al comportamiento «desestabilizador» de Rusia y China.

¿Acaso, suponen que si estuvieran «perdiendo» una guerra convencional en “un ataque de rabia” transformarían el conflicto en una guerra nuclear? Presentada de esta manera la situación el Pentágono sería víctima de los “malvados rusos y chinos”.

Los estrategas de STRATCOM deberían leer con sumo cuidado al analista militar Andrei Martyanov. Este experto ha explicado detalladamente cómo ha cambiado la naturaleza de la guerra, hoy son las armas hipersónicas, y no las armas nucleares, las que decidirán quién gana y quién pierde.

Después de una escrupulosa explicación técnica, Martyanov afirma: “Actualmente, EEUU no tiene opciones en un conflicto. En realidad, no tiene ninguna. Sin embargo, la opción menos mala para los estadounidenses es hablar con los rusos. No con majaderías geopolíticas como que Rusia “abandone” a China. Este es un tonto “sueño húmedo” de las cabezas calientes. Terminar con los acuerdos entre China y Rusia, hoy es totalmente imposible”.

Según Martyanov “rusos y estadounidenses deben resolver pacíficamente las relaciones entre ellos” Para luego invitar a China para que se siente como uno de los Tres Grandes en la mesa de negociaciones. “Esta es la única oportunidad para que EEUU siga siendo relevante en el nuevo mundo”, agrega convencido.

Un poco de historia

Son muy insignificantes las posibilidades que la Unión Europea controle una “situación poco saludable” con Rusia. El estado profundo de aliado estadounidense no ha mostrado ninguna señal que cambie que cambie su agresiva rusofobia.

El camino por delante parece estar ya fijado: sanciones perpetuas; expansión de la OTAN a lo largo de las fronteras de Rusia; formación de un anillo de estados hostiles alrededor de Rusia; interferencia de EEUU, con un ejército de quinto columnistas, en los asuntos internos de Rusia; en fin, una guerra perpetua de información de espectro completo.

Lavrov dejó claro que Moscú no espera cambio alguno. Sin embargo, los hechos sobre el terreno seguirán acumulándose.

Nordstream 2 estará terminado (con sanciones o sin sanciones) y suministrará gas natural a Alemania y a la UE. El estafador condenado Navalny (que tiene un 1% de «popularidad» real en Rusia) permanecerá en la cárcel hasta que cumpla la condena judicial, los ciudadanos de la UE obtendrán el Sputnik V, y …la asociación estratégica Rusia-China seguirá solidificándose.

Rusia escéptica

Las claves históricas para entender la “escéptica posición del pueblo ruso respecto de Europa”, están en el nuevo libro de filosofía política escrito por Glenn Diesen, profesor de la Universidad del Sureste de Noruega y profesor de la Escuela Superior de Economía de Moscú.

Diesen se concentra en lo esencial: geografía, topografía e historia: “Rusia es una gran potencia terrestre sin suficiente acceso a los mares. La geografía, argumenta, condiciona los cimientos de sus políticas conservadoras que podrían ser definidas por: la autocracia, un concepto complejo de nacionalismo y un perdurable papel de la Iglesia Ortodoxa”, algo que implicó una resistencia al secularismo de carácter radical”.

Junto con Diesen debemos recordar que Rusia no tiene fronteras naturales defendibles; ha sido invadida u ocupada por suecos, polacos, lituanos, por la horda de oro mongola, por los tártaros de Crimea, los franceses con Napoleón y por la enorme y sangrienta invasión nazi.

Quizás como ejemplo de la preocupación fundamental del pueblo ruso esta la palabra byezopasnost. ¿Pero que hay tras esta palabra rusa? La respuesta es casi todo.: byez byezopasnost se puede traducir como “seguridad” pero también significa algo más importante: byez es “sin” en castellano y opasnost significa «peligro», sin peligro.

La compleja y singular estructura histórica de Rusia siempre presentó serios problemas.

Rusia tuvo una estrecha afinidad con el Imperio Bizantino. Pero si «llegaba a reclamar la transferencia de la autoridad imperial de Constantinopla a Moscú, se vería obligada a conquistarla». Cosa que no hizo.

Ahora, si se le hubiera ocurrido reclamar la herencia de la Horda Dorada Mongol este habría relegado a Rusia solo a una potencia asiática. Cuestión que tampoco hizo.

En el camino ruso hacia la modernización, la invasión mongola provocó no solo un cisma geográfico, sino que dejó su huella en la política: “La autocracia se convirtió en una necesidad tras el legado mongol y con el tiempo la Rusia de los Zares se constituyeron como un imperio euroasiático con una vasta extensión geográfica, pero mal conectada”.

Un este-oeste colosal

Desde esa época Rusia tiene que ver con Oriente y Occidente. El profesor Diesen nos recuerda Nikolai Berdyaev, una de los pensadores conservadores siglo XX, sostuvo en 1947 que : “la incoherencia y la complejidad del alma rusa es producto que en Rusia confluyen dos corrientes de la historia del mundo, el Este y el Oeste. Ambas se empujan e influyen mutuamente (…) Rusia es una sección completa del mundo, un este-oeste colosal «.

El ferrocarril transiberiano, construido para solidificar la cohesión interna del imperio ruso y para proyectar poder en Asia, fue un gran cambio de juego: “Con la expansión de los asentamientos agrícolas rusos hacia el este, Rusia estaba reemplazando las antiguas carreteras de Eurasia”.

Por esta razón es curioso constatar cómo el desarrollo ruso hacia el oriente terminó influyendo en la teoría de la “Heartland” de Mackinder. Para este estratega, considerado el padre de la geopolítica moderna, el control del mundo requiere del control del súper-continente euroasiático y por tanto lo que aterrorizaba a Mackinder era que los ferrocarriles rusos, que conectan a Eurasia, iban a socavar con el tiempo la “gran imperio marítimo” de Gran Bretaña

Diesen también nos explica cómo el “eurasianismo”, que surgió en la década de 1920 entre los emigrados en respuesta a la revolución de 1917, fue de hecho una evolución del conservadurismo ruso.

Sin embargo, este eurasianismo nunca se convirtió en un movimiento político unificado. Su núcleo intelectual creía que Rusia no era un mero estado de Europa del Este, pues después de la 13 ª invasión mongol y de las invasiones tártaros, la historia y la geografía de Rusia no podía ser solamente europea.

Para los euroasianistas el futuro requeriría un enfoque más equilibrado y un compromiso con Asia.

Antes, en 1881 y desde otra posición intelectual Dostoievski lo dijo brillantemente: “Los rusos son tanto asiáticos como europeos. El error de nuestra política durante los dos últimos siglos ha sido hacernos creer que somos verdaderos europeos. Hemos servido demasiado a Europa, hemos participado demasiado en sus querellas domésticas (…) Nos hemos postrado como esclavos ante los europeos y sólo nos hemos ganado su odio y su desprecio. Es hora de dar la espalda a la ingrata Europa. Nuestro futuro está en Asia”.

Ahora Lev Gumilev es posiblemente una “superestrella” para una nueva generación de partidarios del concepto “euroasiático, su obra “La Antigua Rusia y la Gran Estepa” fue la publicación de mayor impacto entre los rusos después de la caída de la URRSS. En el libro, Gumilev demostró que Rusia se había fundado por medio de una coalición natural entre eslavos, mongoles y turcos.

Lo que están ofreciendo Diesen y Gumilev es una especie de tercera vía, que va más allá del nacionalismo pro-europeo y de un internacionalismo hasta cierto punto utópico.

En Kazajstán se ha establecido la “Universidad Lev Gumilev” y Putin se ha referido al historiador como «el gran euroasiático de nuestro tiempo». Por su lado, Diesen nos recuerda que George Kennan, definió a Rusia después de la caída de la URSS como “un país trágicamente herido y espiritualmente disminuido”.

En 2005, Putin fue mucho más agudo y contundente: “el colapso de la Unión Soviética fue la mayor catástrofe geopolítica del siglo. Y para el pueblo ruso, fue un verdadero drama (…) Los viejos ideales fueron destruidos. Muchas instituciones fueron disueltas o reformadas sin pensarlo … Con un control irrestricto sobre los flujos de información, los oligarcas servían exclusivamente a sus propios intereses corporativos. La pobreza masiva comenzó a aceptarse como la norma. Todo este drama se desarrolló en un contexto de la más severa recesión económica, con unas finanzas inestables y una parálisis en el ámbito social”.

Ante esta crisis la respuesta de Putin fue aplicar la «democracia soberana» Y así llegamos a la cuestión europea crucial.

En la década de 1990, dirigida por atlantistas, la política exterior rusa se centró en la Gran Europa, un concepto basado en el Hogar Europeo Común de Gorbachov.

Y, sin embargo, la Europa de la posguerra fría, se ha configurado por una incesante expansión de la OTAN y con una Unión Europea que se ha extendido permanentemente hacia el este. Los hechos indiscutibles es que durante tres décadas los contorsionismos liberales desplegaron todo tipo de maniobras para incluir a todas las naciones del Este y excluir a Rusia de Europa.

Diesen tiene el mérito de resumir todo este proceso en una sola frase: “La nueva Europa liberal representó una continuidad británico-estadounidense en términos del dominio de las potencias marítimas, y el objetivo, siguiendo lo que pensaba Mackinder, es impedir una relación germano-rusa provechosa, una relación de suma cero. De esta manera EEUU evita que ambas naciones compartan sus intereses complementarios”.

Entonces, no es de extrañar que Putin, fuera erigido por los medios occidentales como el Espantapájaros Supremo, o «el nuevo Hitler».

En su momento Putin rechazó de plano el papel que quisieron asignarle a Rusia, debía ser mero aprendiz de la civilización occidental, y de su actual corolario; la hegemonía neoliberal. Aun así, se mantuvo por un tiempo bastante complaciente. De hecho, en 2005 Putin declaró: “Rusia fue, es y será una gran potencia europea».

Sin embargo, el objetivo de Putin ha sido desacoplar el liberalismo de la política, rechazando los fundamentos de la hegemonía liberal.

En este sentido se entiende su afirmación: debemos comprender que no hay un modelo democrático único. Más tarde esta noción de Putin se conceptualizó como «democracia soberana». En pocas palabras, la democracia no puede existir sin soberanía, de modo que Rusia debe descartar de plano la «supervisión» occidental para que la democracia soberana funcione realmente.

Diesen observa agudamente que, la URSS estuvo cercana a ser «un eurasianismo radical de izquierda”. En su libro afirma que Sergei Karaganov, conocido como el

«Kissinger ruso», demostró «que para la Unión Soviética fue fundamental los procesos de descolonización pues se comprometió tempranamente con el surgimiento de naciones soberanas de Asia, y con los procesos de liberación nacional que privaban a Occidente de capacidad para someter al mundo. Cuestión, que través de la fuerza militar, los occidentales habían hecho desde el siglo XVI hasta la década de 1940”.

Esto política internacionalista de la URSS es reconocida en vastas extensiones del Sur global, desde América Latina y África hasta el sudeste asiático.

Península occidental de Eurasia

Después del final de la Guerra Fría – y del fracaso de la Gran Europa de Gorbachov – el giro de Moscú hacia Asia para construir la Gran Eurasia solo se puede entender como “inevitabilidad histórica”. ¿Veamos por qué?

Los dos centros geoeconómicos de Eurasia son Europa y Asia Oriental. Bueno, Moscú quiere conectarlos económicamente en un súper-continente: ahí es donde la Gran Eurasia se une con la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China (BRI). Para Diesen: se trata de “una transición desde naciones hasta ayer periféricas el centro occidental hacia un nuevo centro con una construcción económica regional”.

Desde una perspectiva, incluso conservadora, Diesen enfatiza, “la economía política de la Gran Eurasia permite a Rusia superar su obsesión histórica con Occidente y establecer un camino propio de Rusia hacia la modernización”.

Esto implica conectar la Rusia europea con Siberia y la Rusia del Pacífico bajo un concepto: una nueva economía política industrializador, por esto la asociación estratégica Rusia-China está activa en los sectores geoeconómicos más importantes: industrias estratégicas, plataformas tecnológicas, corredores de conectividad e instrumentos financieros.

El giro hacia el oriente ha puesto en sobre la mesa, una vez más, el debate sobre un asunto de carácter histórico: el enfrentamiento entre el Heartland (el corazón de la tierra ubicado en Eurasia) y las potencias marítimas.

Las tres primeras grandes potencias euroasiáticas, fueron los escitas, los hunos y los mongoles. La razón clave de su fragmentación y decadencia es que no pudieron alcanzar, ni menos controlar, las fronteras marítimas de Eurasia.

La cuarta gran potencia euroasiática fue el imperio ruso, y su sucesor, la URSS. Una de las razones de su colapso es entre otros factores que tampoco no pudo ni alcanzar ni controlar las fronteras marítimas de Eurasia.

De hecho, EEUU lo impidió aplicando las ideas de sus mejores geopolíticos, Mackinder, Mahan y Spykman. La estrategia de EEUU se conoció como el mecanismo de contención de “Spykman-Kennan”, un modelo belicista que utilizó sistemáticamente los denominados «despliegues avanzados» en la periferia marítima de Eurasia, Europa occidental, Asia oriental y Oriente Medio.

Todos conocemos, a estas alturas, cómo es la estrategia general de EEUU en alta mar. También conocemos las verdaderas razones de su participación en la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Su objetivo declarado fue evitar por todos los medios el surgimiento de una potencia euroasiática.

EEUU como gran potencia hegemónica, fue definido crudamente – y con arrogancia imperial – por el libro » The Grand Chessboard» de Brzezinski en 1997: «Necesitamos prevenir la colusión en Eurasia y debemos mantener la dependencia de seguridad entre las naciones vasallas, también necesitamos mantener afluentes flexibles y protegidos, para evitar que los bárbaros se unan”. El viejo “divide y gobernaras” aplicado al «dominio del sistema- mundo».

Para desesperación de los sospechosos habituales este sistema enunciado por Brzezinski ahora se está derrumbando. Diesen señala: «en el pasado, empujar a Rusia hacia Asia habría relegado a esta nación a la oscuridad económica y la habría eliminado como potencia europea. Pero ahora, con el centro de gravedad geoeconómica desplazándose a China y hacia el Este de Asia, se trata de un juego completamente nuevo”.

La demonización de Rusia-China por parte de EEUU, junto con la mentalidad de sus adeptos instalados en la Unión Europea, sólo están ayudando a acercar a Rusia cada vez más a China. Todo esto ocurre en una coyuntura donde Occidente – que dominó el mundo durante dos siglos- está llegando definitivamente a su fin

Diesen, quizás con demasiada diplomacia afirma: “Las relaciones entre Rusia y Occidente puede que cambien con el surgimiento de Eurasia. La estrategia hostil de Occidente hacia Rusia está condicionada a la idea de que Rusia no tiene a dónde ir y debe aceptar todo lo que Occidente ofrece. El ascenso de China altera fundamentalmente la relación de Moscú con Occidente pues le permite a Rusia diversificar sus asociaciones”.

Es posible que nos estemos acercando rápidamente al punto en el que la Rusia de la Gran Eurasia presentará a Alemania una oferta del “tómalo o déjalo”. O construimos el Heartland juntos, o nosotros lo construiremos solo con China, y para entonces Alemania quedará como un espectador. Por supuesto, siempre existe una posibilidad, pero ahora muy distante de un eje Berlín-Moscú-Beijing… han pasado cosas más extrañas en la historia.

Mientras tanto, Diesen todavía confía: “las potencias terrestres de Eurasia eventualmente podrían incorporar a Europa, y a otros estados en la periferia, en la Nueva Eurasia. A medida que los intereses económicos se vuelvan hacia el Este las lealtades políticas cambiarán gradualmente y, Europa se podría convertir gradualmente en la península occidental de la Gran Eurasia”.

Este artículo también puede ser leído como una amable invitación para que “reflexione cierto vendedor ambulante de origen peninsular”.

observatoriocrisis.com

Fuente: https://www.lahaine.org/mundo.php/por-que-rusia-esta-volviendo

 


sábado, 12 de septiembre de 2020

¿“OCCIDENTE” CONTRA RUSIA (Y CHINA)?

 


·        Andrés Piqueras

10/09/2020

El pasado 2 de septiembre, cuando se cumplía el 75 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, el presidente de China, Xi Jinping, propuso a Moscú unificar esfuerzos para defender los resultados de la esa guerra, dado que hoy los países de la OTAN se empeñan en trastocarlos tanto retrospectivamente como sobre el terreno, haciendo de China y Rusia sus principales enemigos a batir.

 

Ya el pasado 9 de mayo Rusia celebraba una fecha casi sagrada para el país, porque conmemora en ella la victoria sobre los ejércitos nazis. Para conseguirla la URSS perdió entre 27 y 30 millones de sus hijos -de los cuales sólo unos 8 o 9 millones eran combatientes-; 60 millones quedaron mutilados, fueron destruidas 32.000 empresas industriales, 65.000 kilómetros de vías férreas, 1.710 ciudades, 70.000 aldeas, 6 millones de edificios, 40.000 hospitales, 84.000 escuelas, 98.000 cooperativas agrícolas, 1.876 haciendas estatales. Los nazis trasladaron a Alemania 7 millones de caballos, 17 millones de cabezas de ganado, 20 millones de puercos, 27 millones de ovejas y cabras, 110 millones de aves de corral. La URSS tuvo una pérdida de más del 30% de sus riquezas, por un valor de unos 3 billones de dólares. Más de un 25% de la población quedó sin hogar y las infraestructuras de ese país fueron destruidas casi en su totalidad (algo que cuenta bien Rodolfo Bueno, https://rebelion.org/el-9-de-mayo-dia-de-la-victoria/ 09/05/2019). Gracias a este sacrificio, se produjo la victoria sobre la invasión más masiva y letal que haya experimentado la humanidad. La Wehrmacht había movilizado cerca de 3,2 millones de soldados hacia la frontera soviética, junto con un millón de soldados de países aliados y satélites, para iniciar una ofensiva general desde el mar Báltico hasta los Cárpatos, con la máquina de guerra terrestre y aérea más mortal que hasta ese momento se hubiera conocido.

 

Ese ensañamiento estaba motivado por dos razones básicas. La primera y principal es que Rusia había realizado una revolución anticapitalista que se declaraba “en transición al socialismo”, y se había convertido en la URSS. La Revolución Soviética realizó la más rápida y profunda incorporación de derechos colectivos a las grandes masas de población que ha conocido la historia; masas que hasta entonces habían permanecido en estado de semivasallaje. Esto hizo que las potencias europeas hicieran caso omiso a los intentos de Stalin por sellar pactos de mutua ayuda en caso de ser atacadas por la Alemania nazi. Como ocurriera antes con la República española, lo que hicieron Inglaterra, Francia y otras “democracias” europeas fue esperar a que Hitler les hiciera el trabajo sucio (ya que la previa invasión a Rusia de aquellas potencias había sido derrotada en la guerra de 1918 a 1923).

 

La otra “gran razón” es que Alemania, último país de Europa en unificarse estatalmente en el siglo XIX, había llegado tarde a la carrera colonial imprescindible para la acumulación de capital, y tenía prevista su expansión hacia el este europeo-asiático, como forma de conseguir sus propias “colonias” (con sus recursos y poblaciones). En los planes de Hitler estaba la esclavización pura y dura de los pueblos eslavos, amén de otros euroasiáticos.

 

El fascismo se constituiría no sólo en una vía de acumulación capitalista radicada en una planificación económica y de agresión político-social y policíaco-militar visceral contra la fuerza de trabajo, fue, asimismo, el instrumento elegido por el capital corporativo internacional para lanzar una guerra de exterminio contra la Unión Soviética.

 

De hecho, y a pesar de la Victoria contra Alemania, desde su triunfo revolucionario la URSS no tuvo ni un día, ni un minuto de descanso. Fue permanentemente agredida, boicoteada económica y tecnológicamente (forzada casi a tener que reinventar la rueda), asediada militar, diplomática, ideológica, culturalmente.

 

“Occidente”, ese eufemismo ideado para no hablar de las formaciones sociales que se extendieron de manera colonizadora por todo el mundo, esclavizando y explotando al resto del planeta, le ha venido haciendo una guerra, a veces sorda, larvada, otras directa, invasiva, pero siempre tremendamente cruel y devastadora.

 

Para entender todo ello hemos de tener en cuenta también que la URSS fue un elemento decisivo en la obtención de independencias y logros sociales y políticos para muchos pueblos de la tierra, permitiendo una correlación de fuerzas que posibilitó una generalizada redistribución de la riqueza y de garantías sociales en el mundo. Entre otras conquistas a agradecerle está la consecución del propio “Estado de Bienestar” en las formaciones centrales del capitalismo (exceptuando EE.UU.). Es parte de la universal influencia de la URSS (de la estrella de 5 puntas que simboliza los 5 continentes), el prodigio de una revolución que cambió el mundo, que hizo que el capitalismo no pudiera seguir siendo lo que había sido (en el gráfico 1 se expresa la evolución de la desigualdad de clase en el mundo antes, durante e inmediatamente después de la URSS. Trece años después de la fecha en que acaba el gráfico, las líneas de desigualdad se han disparado hacia arriba).

 

Gráfico 1

 

Concentración de la riqueza por porcentaje más rico de la población (1875-2007)

 


 

Fuente: Sundaram y Popov (2013). “Widening Global Income Inequality”, en Economic & Political Weekly, vol XLVIII, no 17, a partir de The World Top Income Database, sobre las fluctuaciones en la distribución del ingreso para un conjunto de formaciones sociales seleccionadas, en total 26. Los porcentajes de abajo marcan el máximo de población que concentra riqueza en cada caso, con las proporciones en la columna de la izquierda. Obsérvense los puntos de inflexión históricos para determinar esa concentración. Las formaciones estatales seleccionados por los autores, de los que el gráfico es una media, son, en Europa: Dinamarca, Francia, Alemania, Holanda, Suiza, Gran Bretaña, Irlanda, Noreuga, Suecia, Finlandia, Portugal, España e Italia. América: EE.UU., Canadá y Argentina. Oceanía: Australia y Nueva Zelanda. Asia: Japón, India, China, Singapur e Indonesia. África: Suráfrica, Islas Mauricio y Tanzania. En total, alrededor de la mitad de la población mundial.

 

Es decir, nada que ese sistema pudiera perdonar. Pero es que ya de antemano primero británicos y luego estadounidenses tenían claro que los territorios rusos se asentaban en el “corazón del mundo”, con todos los recursos y riquezas energéticas, con la masa de tierra y población mayor del planeta. Es famosa la frase de Mackinder (reputado primer estratega global): “Quien rija el Este de Europa comandará el Heartland. Quien rija en el Heartland comandará la Isla del Mundo (Eurasia). Quien rija en la Isla del Mundo comandará el Mundo”. Años más tarde, uno de sus discípulos, Spykman, anunció: “el mundo anglosajón debe establecer un cordón sanitario frente a Rusia, un Rimland”.

 

Desde entonces los británicos fueron acompañados por los estadounidenses en esa obsesión, y no han dejado de rodear militarmente a la URSS, primero, y después de nuevo a Rusia.

 

La creación de la OTAN, tras la invención del “peligro soviético”, permitió a EE.UU. la mayor salida de armas de su complejo industrial-militar (vendidas a su “aliados”), lo que posibilitó su re-despegue económico tras la Segunda Guerra Mundial. Fue también el más poderoso instrumento militar contra la URSS.

 

Sólo muy recientemente se han desvelado, por ejemplo, documentos oficiales desclasificados sobre los planes ideados en la década de 1960 por EE.UU. para "destruir a la Unión Soviética (y también a China) como sociedades viables", mediante ataques nucleares destinados a eliminar el potencial industrial soviético y aniquilar a la mayoría de los habitantes en ambos países. Allí se planteaba la posibilidad de realizar ataques nucleares preventivos o de represalias contra la URSS con el fin de destruir el 70 por ciento de la superficie soviética con presencia de instalaciones industriales. En el documento, ese cuerpo militar propuso utilizar la "pérdida de población como criterio principal para la efectividad de la destrucción de la sociedad enemiga prestando solo atención colateral al daño industrial", lo que implicaba que pretendían garantizar en primer lugar la muerte de los trabajadores urbanos.

 

Tras la caída y desmembración de la URSS, la nueva Rusia no se libró de ese acoso. EE.UU. persigue también desmembrar a este país y reducirle a una entidad sometida y dependiente. A la desestabilización en el Cáucaso, Chechenia, Georgia, Azerbaiyán, se unió por fin el brutal golpe de estado en Ucrania con la imposición de bandas fascistas en el gobierno (país que en la disolución de la URSS se había acordado que fuera un colchón, “tierra de nadie”, entre Rusia y la OTAN, organización a la que EE.UU. se comprometió a no mover ni un paso hacia el este). Pero el acoso no cesa. En el momento de escribir estas líneas está en marcha otra “revolución de colores”, esta vez en Bielorrusia, bien para absorber al país en la órbita atlantista o, en su caso, deshacerlo.

 

La “doctrina Spykman” del cordón sanitario está prácticamente cumplida hoy. Por el oeste a costa de antiguos países de la órbita soviética (figura 1). Solamente este último mes de agosto los vuelos de vigilancia de la OTAN en las fronteras rusas aumentaron un 30% comparados con el mismo mes de 2019.

 

Figura 1

  


 

Pero si Rusia ya no es un “peligro comunista” ¿por qué sigue estando en el punto de mira de EE.UU. y, por derivación, de sus subordinados europeos?

 

La lucha del Caos contra la Estabilidad, o del Capital contra la Humanidad.

 

Hay un documento de la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) estadounidense que califica a Rusia y a China de “revisionistas”.

 

¿Qué es lo que “revisan” Rusia y China? Lo que “revisan” -o más bien “rechazan”- es el orden unipolar y la globalización neoliberal que le ha permitido a EEUU dominar el mundo, lanzar guerras, cercar militarmente a Rusia, aplicar sanciones comerciales, financieras y económicas para desindustrializar y minar las sociedades de múltiples países, desacatando con toda impunidad las leyes y tratados internacionales, haciendo irrelevantes instancias de las instituciones internacionales, de la ONU en particular, para poder continuar sembrando el caos por todo el mundo.

 

En concreto, el pecado “mortal” de Rusia ha sido que el presidente Vladimir Putin comenzara hace más o menos una década a desafiar el orden neoliberal para defender la sociedad de los efectos destructores de las políticas implantadas por la globalización de la era Yeltsin y la “estrategia del shock” de las potencias imperialesi. En otras palabras, Putin comenzó la tarea –como él mismo lo señala- de reconstruir y hacer más sólida y solidaria la sociedad y la economía, que sufrieron una destrucción sin precedentes en tiempos de paz, después del golpe de Estado de Boris Yeltsin para desmantelar la Unión Soviética y poder desvalijar las empresas estatales y las riquezas del país, condenando a millones de rusos al desempleo y la más pura miseria. Porque recuerda la historia de Rusia, Putin ha retornado a la política de defender la soberanía nacional y a la “intervención estatal” en los asuntos económicos y sociales, que no excluye la planificación sectorial o ramal.

 

El imperialismo y el capitalismo “realmente existente” no pueden, por tanto, ignorar el desafío que constituye el que Rusia y China hayan unido fuerzas para crear políticas de desarrollo y crecimiento económico a escala regional –dentro de la “Ruta de la Seda” y bilateralmente-, y que un creciente número de países se hayan incorporado o estén en proceso de incorporarse a esta importante dinámica regional. En todo caso, y para confirmar la realidad (y quizás dar una respuesta a la ESN), 2017 terminó con el presidente chino, Xi Jinping, afirmando que está dispuesto a unirse a su homólogo de Rusia, Vladimir Putin, para consolidar la confianza mutua política y estratégica y expandir la cooperación pragmática integral entre los dos países (Xinhua 31-12-2017).

 

No solamente esto debilita aún más la globalización neoliberal sino que fortalece las economías estatales implicadas, así como el proceso multilateral y regional, lo que explica que ambas formaciones sociales hayan creado a través de esta cooperación una “zona de estabilidad” y de previsibilidad en materia de relaciones internacionales, de relaciones comerciales, económicas y monetarias, que fortalece la lucha por un sistema multipolar basado, hoy por hoy, en el respeto mutuo entre sociedades: quien está interesado en lanzar relaciones comerciales y productivas no tiene interés alguno en la guerra. Lo que contrasta con la imprevisible política de caos y desestabilización de EEUU y sus aliados, que al perder su predominio económico sí están interesados en destruir lo que construyen los rivales, así como, en general, las condiciones de gobernabilidad mundiales. Todo ello lleva en la práctica a un enfrentamiento entre la Estabilidad y el Caos de uno y otro proyecto, donde se juega el fin del mundo unipolar que creó EE.UU. para su beneficio.

 

La “planificación regional” de la “zona de estabilidad” tiene al corazón de Asia como primer objetivo de desarrollo (a finales de diciembre de 2017 y al nivel de ministros de Relaciones Exteriores se llevó a cabo también el “diálogo Pakistán, Afganistán y China”, que además de buscar la paz para Afganistán bajo el lema “proceso de paz dirigido por Afganistán y propiedad de Afganistán”, abre vías para la incorporación de Afganistán y Pakistán en el proyecto de la “Ruta de la Seda”). Demás está decir que si esta iniciativa ruso-china se desarrolla según lo previsto, incorporando a Irán, Siria y otras formaciones sociales de Asia Central y Occidental, esta será, como hubiese dicho Brzezinski, la derrota final para la ambición de supremacía global de Estados Unidos. Hoy la incorporación de Irán al eje de Estabilidad, tras ser asediado también por las agresiones de Washington, es ya un hecho.

 

Pero ante la posibilidad de un nuevo modelo productivo-energético, última vía para poder hacer una transición más o menos “suave” al post-capitalismo, el capitalismo degenerativo realmente existente sólo puede oponer destrucción y putrefacción. El hegemón estadounidense no parece dispuesto a dejarse relevar sin destruir, y su capacidad de destrucción es varias veces planetaria. Su peligrosidad es mayor si tenemos en cuenta que su zona de seguridad energética (y la de sus subordinados imperiales) está precisamente en Asia Occidental. No puede dejar que esta región se le vaya de las manos, aunque tenga que financiar yihadistas, paramilitares y terroristas de todo pelaje en ello. EE.UU. tiene alrededor de un cuarto de millón de efectivos del Ejército, la Marina y las Fuerzas Aéreas, en el 70% de los países del mundo, con más de 450 bases militares extraterritoriales. Ha lanzado la «guerra contra el terrorismo» desde hace más de dos décadas, y con ella ha arruinado países y destrozado sociedades enteras: Afganistán, Somalia, Irak, Libia, Siria… Además, esa especial guerra perdura y se extiende hoy por más de 60 Estados, principalmente a través de operaciones secretas. De hecho, se ha convertido en la forma en que la principal potencia tiende a implantar su particular visión de un «dominio total» («Full-spectrum dominance», como fue definido en el clave informe del Pentágono titulado Joint Vision 2020). Es su estrategia para devastar territorios, hacerlos ingobernables, y así agujerear la zona de estabilidad chino-rusa.ii

 

Como parte de esa estrategia, EE.UU. fuerza a sus subordinados europeos a intensificar la agresión económica contra Rusia (aun en contra de sus propios intereses, como ya lo están padeciendo los diferentes países de la UE en sus descalabros comerciales); pero también la ofensiva político-ideológica. Dentro de esta última es que se enmarca la desvergonzada Declaración del Parlamento Europeo sobre las responsabilidades del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Texto supuestamente elaborado para conmemorar el 80º aniversario del estallido de la Segunda Guerra Mundial, para lo que, en lugar de condenar al nazismo y sus atrocidades, se presenta a la Unión Soviética, la vencedora de la aberración nazi y principal víctima de sus atrocidades, como causante del “conflicto” y co-responsable del mismoiii:

 

“El texto persevera en la campaña organizada por representantes de países de la UE con gobiernos de carácter neonazi (Polonia, República Checa, Lituania, Estonia, Letonia, Hungría) y sostenidas de manera activa por la derecha y la socialdemocracia anticomunista del Parlamento Europeo desde 2005, enmarcado en la campaña de rusofobia promovida principalmente por sectores del complejo financiero-militar y el Estado Profundo del Reino Unido. Se trata de una verdadera ofensiva de Contra-Memoria Histórica anticomunista, con la que se institucionaliza la post-verdad creada por la CIA durante la Guerra Fría, en los años 70-80 en particular, muy especialmente por su agente de campo metido a historiador, Robert Conquest, laureado por Thatcher y Reagan por su trabajo.”

 

También cabe mencionar la continuación de la sumisa (y suicida) postura de la UE, esta vez con el golpe en marcha contra Bielorrusia, en el que los medios “occidentales” (con la BBC a la cabeza) hacen de nuevo más de instigadores que de informadores, y con una Alemania a la que se presiona para que pierda su conexión más segura (y barata) de energía con Rusia (el Nord Stream 2), usando de excusa (sin ninguna prueba) el cuento de niños de un envenenamiento (increíblemente fallido) de un opositor. En esa línea van también las declaraciones del inefable Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad Común, Josep Borrell, presto a correr donde EE.UU. le diga, como ya demostró -igual que el gobierno español- en su patético reconocimiento a Guaidó como presidente -“onírico”- de Venezuela, del que él mismo tuvo que admitir su inverosimilitud. Con ello se da a entender que es este tipo de servilismo el que permite ostentar después esos “altos” cargos).

 

La desestabilización de Bielorrusia a través de un proceso electoral es un eslabón en la estrategia que Washington prepara para las elecciones de 2024 en Rusia. Mientras se eleva el riesgo de una agresión nuclear contra este país, uno de los políticos más importantes de este momento, de dimensiones similares a los grandes estadistas del siglo XX, el ministro de exteriores ruso, Sergéi Lavrov, ha apuntado a una "degradación" en materia de seguridad y estabilidad estratégica internacional. En ese sentido, Lavrov ha recordado que Washington lleva dos años sin poder confirmar formalmente "el principio fundamental" de que es inadmisible desatar una guerra nuclear en la que "no puede haber ganadores". Hecho que, dice, preocupa seriamente al Gobierno ruso.

 

De ahí la importancia de la intensificación del acercamiento entre Rusia y China, justo al conmemorar los 75 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, para advertir que quienes la ganaron están dispuestos a vencer de nuevo. La propia China es asediada por el oeste y boicoteados sus proyectos de comercio mundial mediante el polvorín de barbarie en que USA ha convertido centro-Asia, también a través de la desestabilización del Tíbet y la frontera india. Asimismo, China es hostigada en el mar de Malaca, su salida natural a los océanos (la conexión energética y mercantil por territorio ruso formaría parte de las alternativas buscadas por el gobierno chino a ese asedio), y por el este, donde se inserta la constante amenaza norteamericana contra Corea del norte.

 

Todo se remata con la revolución de colores a domicilio que las potencias anglosajonas se empeñan en llevar a cabo en Hong Kong, así como la ofensiva económica contra el gigante asiático que EE.UU. ha emprendido, obligando una vez más a sus adláteres europeos a secundar. Ofensiva que viola todos los principios del “libre mercado” que dicen ensalzar, hasta el punto de que ya les sobra la propia OMC incluso como coartada.

 

Sin embargo, como efecto paradójico, toda esta presión está forzando a China a ser cada vez más consciente de que sólo afianzando la opción socialista podrá tener un futuro (una China capitalista en un mundo capitalista provocaría su explosión interna y la haría tener los días tan contados como el resto de países). Esto favorece a las fuerzas socialistas en la particular lucha de clases que se lleva a cabo en su interior, como hasta ahora ha mostrado el último Congreso Nacional del Partido Comunista Chino, de 2017, del que procede el actual Comité Central.

 

¿Una nueva URSS?

 

Si algún resto de soberanía y de estrategia económico-política le queda a la parte europea de ese ente abstracto que se empeña en autodenominarse “Occidente”, debería ser para apartarse del mortal abrazo anglosajón que coquetea con la posibilidad de provocar otra Gran Guerra en Europa (muy lejos, claro está, de las costas norteamericanas). Si quiere tener algún peso futuro debe re-direccionar sus alianzas y sumar sus fuerzas al proyecto de la Ruta de la Seda. Europa tiene en Rusia su fuente de abastecimiento energético; en Asia el mercado mayor del mundo con una proyección enorme en pocos años. También los recursos más importantes. Europa no tiene otra vía que ser parte de Eurasia.

 

La Rusia actual presenta grandes problemas estructurales. La derrota en la Guerra Fría dejó desvalidas a las poblaciones del conjunto de territorios que componían la URSS, incluida Rusia. La ONU calcula en más de 10 millones las muertes prematuras y los niños muertos en el pre-parto debido al deterioro de la sanidad pública, la malnutrición, el alcoholismo y la tensión asociada a la falta de recursos. Un rápido deterioro se experimentó en diferentes indicadores de desarrollo humano: educación, salud, esperanza de vida, investigación y cultura, áreas en las que la URSS había alcanzado cotas muy altas. La riqueza que había sido creada casi de la nada por el esfuerzo conjunto de toda la población soviética, fue parcelada en unos pocos años y acaparada por individuos que se convirtieron en oligarcas enormemente ricos de la noche a la mañana, y de la que también de una u otra forma se apropiaron las transnacionales extranjeras y el propio FMI. Entre 1992 y 1998 el PIB ruso cayó a la mitad, lo que no había ocurrido ni durante la invasión nazi.

 

Fruto de esas circunstancias, Rusia arrastra todavía en su interior formas del capitalismo salvaje y de desprotección de la fuerza de trabajo que el capital global reserva para sus zonas periféricas; pero gracias a sus enormes recursos energéticos, a su desarrollo humano y a haber conservado los avances técnicos de la URSS en campos clave, como el militar y ciertos ámbitos de la investigación científica, así como la herencia formativa de la sociedad soviética, ha podido recuperarse como formación social emergente e incluso convertirse en un referente mundial de la re-soberanización y el multilateralismo. Estas condiciones le han permitido por primera vez comenzar a intervenir con éxito en algunos lugares donde EE.UU. y su brazo armado global, la OTAN, habían irrumpido para destruir, y muy especialmente en Siria.

 

No obstante, mucho de lo heredado de la derrota de la Guerra Fría perdura, como la ya mencionada precariedad y desprotección de su mercado laboral. También presenta serios problemas con el tratamiento energético y el desarrollo social y satisfacción de necesidades colectivas e individuales; cuenta con una escasa población para tan enorme territorio, su tejido industrial-tecnológico civil es aún débil y la economía ha experimentado un proceso de re-primarización, entre los más importantes.

 

Para enfrentarlos, e incluso para tener algún lugar en el mundo que se avecina, tendrá que virar definitivamente hacia un capitalismo de Estado, cuanto menos. Aun así, su razón de ser, que continuaría siendo capitalista, deja muchas dudas respecto de las posibilidades de superar los límites del capitalismo ni de acomodarse a los de la naturaleza, pero al menos desde esa posición será más fácil prepararse para la era post-capitalista. Y la llamaremos así de momento porque probablemente transcurrirá bastante tiempo hasta que de la agonía de este sistema cuaje algo definido y estable para la humanidad, o al menos para importantes partes de la misma.

 

En ese proceso, más pronto que tarde, necesitaremos una nueva y mejorada URSS.

 

Entonces sí, la dupla chino-rusa estaría abriendo las puertas a un nuevo mundo.iv

 

 

i Imprescindible en este punto consultar Noemy Klein, La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre. Paidós. Barcelona, 2011.

ii Distintas estrategias de división y enfrentamiento de esta dupla han sido llevadas a cabo por los últimos presidentes estadounidenses. Ahora parece que el cerco militar contra Rusia, a la que se considera el “brazo armado” del proyecto chino-ruso, va cobrando más y más fuerza.

iii Para la cita que aparece a continuación de esta nota en el texto y en esta misma nota, puede verse la declaración del Frente Antiimperialista (https://antiimperialistes.wordpress.com/2019/10/10/declaracion-del-frente-antiimperialista-internacionalista-sobre-la-declaracion-nazi-del-parlamento-europeo/):

“Refiriéndose varias veces al mencionado tratado, elude el texto condenar a los promotores del nazismo, la oligarquía británica, francesa y norteamericana. Baste con recordar los vergonzosos acuerdos de Munich de 1938, la no-intervención y la traición a la República Española, la entrega de Austria, la traición a Checoslovaquia, el armisticio francés o la retirada británica.

El texto que comentamos no menciona tampoco el «pacto de no agresión germano-polaco» firmado entre la Alemania nazi y el régimen simpatizante del mariscal Piłsudski en 1934 que dio paso a un periodo de buenas relaciones hasta que Hitler, tras los acuerdos de Múnich de 1938 con Reino Unido y Francia, reactivó el conflicto con Polonia en 1939, tras la invasión (consentida por Reino Unido y Francia) de Checoslovaquia, para aproximarse a la URSS.”

 

iv ¿Estarán nuestras fuerzas “de izquierda” europeas a la altura de insertarse en el Eje de Estabilidad, o por el contrario seguirán colaborando, de una u otra forma, por activa o por pasiva, con políticas y actitudes, incluso con gobiernos que buscan la Guerra y la Destrucción? ¿seguirán empeñadas en prolongar un capitalismo cada vez más “ficticio”, más degenerativo? Ya demasiadas de esas izquierdas denigraron todos los procesos de transición al socialismo, empezando por la propia URSS, y de una u otra forma terminan por posicionarse del lado de la trinchera del capital. ¿Podremos esta vez estar a la altura de los tiempos en favor de las grandes mayorías del mundo?

 

 

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