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domingo, 27 de marzo de 2016

TRUMP Y BRUSELAS: LA BARBARIE EN NUESTRAS PUERTAS





Socialismo o Barbarie

Adolfo Gilly
Jueves 24 de marzo de 2016

Nuestro inolvidable Bolívar Echeverría escribió esto allá por 1984:“No sabemos bien lo que Rosa Luxemburg quería decir con ‘barbarie’ cuando, en el verdadero comienzo del siglo XX, en la Gran Guerra, reconocía para la marcha de la historia una encrucijada inevitable: o adopta el difícil camino del socialismo o se hunde en la barbarie… Barbarie: una vida social cuyo trascurrir fuera el discurso de un idiota, lleno de ruido y de furor y carente de todo sentido. Ausencia de sentido, he ahí la clave de la barbarie”.

Los atentados terroristas en Bruselas con su espantosa secuela de muertos y heridos, así como los bombardeos indiscriminados sobre Siria, las oleadas de refugiados que juegan –y pierden– sus vidas en el Mediterráneo sin encontrar asilo en Europa; los ya incontables desaparecidos y asesinados en México y en Centroamérica y los feminicidios cotidianos nos dicen que la barbarie –esta barbarie contemporánea– está entre nosotros. Y cuando escribo “barbarie”, estoy midiendo mis palabras.

Donald Trump, el precandidato en ascenso que aparece irresistible, acaba de insistir (Reuters) en que “Estados Unidos debería usar la asfixia y otras técnicas duras de interrogación cuando se trate de sospechosos de terrorismo” (que por supuesto puede ser cualquiera en manos de la policía). “La asfixia por inmersión está bien”, declaró ayer. “Si se pudiesen ampliar las leyes permitiría algo más que la asfixia por inmersión. Hay que sacarle información a esta gente”. Este individuo amenaza tomar el control de la mayor potencia tecnológica, militar y destructiva del planeta, aquí, nomás, tras frontera.

La barbarie: las dos Grandes Guerras mundiales del siglo XX, las guerras coloniales, los campos de concentración gemelos de Hitler y de Stalin, el Holocausto judío que algunos bárbaros plumíferos todavía hoy se atreven a negar o minimizar. Sí, esa barbarie fue creciendo sin cesar y desbordó sobre este siglo XXI y también sobre este nuestro México, hoy, con decenas y decenas de miles de desapariciones forzadas, presos torturados, inocentes encarcelados, feminicidios y violencia cotidiana, asesinatos impunes, fosas clandestinas por doquier y Ayotzinapa como herida abierta ( secuestro y asesinato de 43 estudiantes de la escuela Rural Normal el 26 de septiembre de 2014 en el Estado de Guerrero de Máxico; ndr) .

Desarmados, no tenemos otra respuesta inmediata a este desborde más que la razón, la honestidad humana elemental y la organización. En nombre de estas tres necesidades primordiales de este nuestro tiempo, quiero reproducir aquí la respuesta que una pequeña organización socialista de Bélgica, la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), a la cual pertenecía Ernest Mandel, acaba de dar este mismo día 22 de marzo. Proviene de la Bruselas donde estalló esta barbarie:

“La LCR-SAP denuncia enérgicamente los cobardes atentados terroristas perpetrados este 22 de marzo en Bruselas. Ningún motivo político o religioso puede servir de pretexto para estos crímenes innobles. La LCR-SAP expresa su apoyo y sus sentimientos profundos de solidaridad con todas las víctimas inocentes de esta violencia ciega.

La LCR-SAP llama también a la más grande vigilancia democrática ante la nueva acometida de seguridad, bélica, racista e islamófoba que estos terribles eventos amenazan con suscitar en Bélgica y en otros países entre la clase política y los grandes medios de comunicación.

Han trascurrido apenas unos días desde el grito de victoria de las autoridades con motivo del arresto de Salah Abdeslam; el vergonzoso acuerdo europeo para reprimir a los refugiados; un nuevo atentado asesino en Estambul; y un bombardeo ruso sobre Raqqa, en Siria, que dejó decenas de muertos entre la población civil. Hoy volvemos a comprobar, una vez más, que no se combate el terror bombardeando al pueblo sirio; sosteniendo regímenes dictatoriales; sacando al ejército a las calles; estigmatizando a una comunidad en Europa con medidas racistas como la pérdida de la nacionalidad; lanzando a los refugiados al mar y limitando las libertades democráticas.

Por el contrario, estas políticas de terror no hacen más que dar alimento a las organizaciones terroristas y cumplir el objetivo de reforzar el odio sectario y asfixiar a la sociedad. Reiteramos nuestra convicción de que nada podrá protegernos mientras nuestra sociedad siga fundada sobre la injusticia, la violencia y la exclusión, tanto al interior como al exterior de nuestros países.

En estas horas trágicas, la LCR honra a las víctimas luchando por un cambio radical de rumbo: por una política social generosa, basada en la solidaridad, las libertades democráticas y la lucha contra las desigualdades en nuestro país y en el mundo.

Defendiendo la vida es como se combate una política de muerte.”

La pequeña voz de estos compañeros no está sola en Europa ni en el mundo. Hoy toda la izquierda y la democracia social europea está pronunciándose y uniendo y movilizando sus fuerzas contra este desborde aluvional de las barbaries. Sirvan estas líneas escritas con premura para traer algunas de aquellas voces entre nosotros.

Son las mismas voces que en estas tierras se alzan, se movilizan y se organizan por Nestora Salgado, por Miguel Mirelles, por Berta Cáceres asesinada en Honduras, por Gustavo Cáceres allá en peligro de muerte; y también por Abel Barrera y Vidulfo Rosales y los compañeros de Tlachinollan, que se juegan cada día la libertad y la vida en defensa de los padres y madres de Ayotzinapa y de las desaparecidas y desaparecidos de Guerrero, y todos los defensores de derechos humanos que se las juegan en México y Centroamérica.

Vuelvo a traer aquí la voz de Bolívar Echeverría en aquel escrito memorable:

“Sólo un hecho impide hablar del siglo XX como de una época de barbarie. No se trata de la existencia de un nexo que, al unir una barbaridad con otra, les otorgue un sentido trascendente. Se trata de la existencia de la Izquierda: una cierta comunidad de individuos, una cierta fraternidad, a veces compacta, a veces difusa, que ha vivido esta historia bárbara como la negación de otra historia deseada y posible a la que se debe tener acceso mediante la revolución. En virtud de la existencia de la Izquierda, la miseria de la vida moderna, la destrucción de los seres humanos y de la naturaleza en la ciudades y en los campos de la época industrial deja de ser un absurdo y se vuelve un acontecimiento histórico dotado de un sentido –negativo– y por tanto explicable”.

Explicable, es decir, comprensible y accesible a la razón humana y, por lo tanto, al sentido y al sentir de los seres humanos, de nosotros en México y en el Norte y el Sur de este lado del mundo. Es cuanto nos dijo con otras palabras y por aquella misma época –1981– nuestro Luis Villoro en “El sentido de la historia”, breve ensayo deslumbrante incluido en el libro Carlos Pereyra (y otros), Historia, ¿para qué?, Siglo XXI, México.

Es bueno regresar a él en estos días de barbarie y sinsentido.

23/03/2016

sábado, 26 de marzo de 2016

ATENTADOS DE BRUSELAS: ¡NO, SEÑOR PRIMER MINISTRO!





Investig Action
26-03-2016

Ayer, como muchos en Bruselas, pasé horas intentando averiguar cómo se encontraban mis familiares y amigos. ¿Quién, por desgracia, habría podido hallarse en ese metro maldito, que yo también cojo para ir al despacho de Investig'Action? ¿Quién, por desgracia, habría podido hallarse cerca del Starbucks del aeropuerto, donde suelo tomar un té mientras espero el embarque de mi vuelo? Indagaciones aún más angustiosas si tenemos en cuenta que la red estaba evidentemente saturada. 

En definitiva, como muchos en Bruselas, viví, durante un día, lo que viven desde hace años los iraquíes, los libios, los sirios y, antes de ellos, los argelinos. Al haber estado en más de una ocasión en lugares que habían sido bombardeados por los occidentales, sé cómo son los restos de cuerpos dislocados que ya nadie podrá volver a abrazar. He visto allí el dolor de aquellos a los que se les arrebata para siempre a su marido, su mujer, su hijo.

Como muchos en Bruselas, lloré y deseaba golpear a los criminales que arremetieron contra tantos inocentes. Pero el criminal no nace, se hace. Y la cuestión más importante es: ¿cómo han llegado a eso? ¡Negar a este ese punto el valor de la vida de tantos inocentes! Hacerlos sufrir y aterrorizarlos en vez de luchar ―con esos inocentes― contra la injusticia que nos golpea a todos. ¿Quién ha intoxicado a esos jóvenes, quién les ha dado el ejemplo de la violencia, quién los ha sumido en la desesperación y, sobre todo, quién les ha armado? Criminales, sí, pero acaso no son también en parte víctimas, aunque este término resulte chocante.

Así que, cuando vi que nuestro primer ministro Charles Michel declaraba en conferencia de prensa que los belgas tenían que unirse y esquivaba con cautela la cuestión esencial: «¿Cómo hemos llegado a esto, quiénes son los responsables?», me enfurecí con ese hombre hipócrita que nos propone solo seguir como antes, cuando la pregunta que se hace la gente es precisamente «¿Cómo evitar que esto vuelva a suceder? ¿Qué políticas aplicar para poner fin a este engranaje infernal?»

¿Creen de verdad que la vigilancia y la represión van a impedir nuevos atentados? Algunos, sí, pero todos es imposible. Para eso hay que cambiar de política. Su política.

Einstein decía: «No se resuelve un problema con los mismos planteamientos que lo han creado». En efecto, no se acabará con el terrorismo hasta que no se hayan debatido sus causas profundas, con el fin de llevar a cabo una verdadera prevención.

Señor primer ministro Charles Michel, no le estoy agradecido. Porque se ha negado a plantear las cuestiones importantes: ¿Los Saúd y Qatar han financiado a los terroristas? Sí, los informes de los servicios estadounidenses lo afirman. ¿Estados Unidos creó Al Qaeda? Sí, Hillary Clinton lo ha reconocido. ¿LA CIA organizó un campo de entrenamiento en Jordania? Sí, el célebre periodista estadounidense Hersh lo ha demostrado. ¿Fabius impulsó el terrorismo al declarar «Al Qaeda hace un buen trabajo»? Sí, miren su vídeo de Marrakech en diciembre de 2012.

En general, ¿Estados Unidos ha utilizado el llamado terrorismo islámico desde Bin Laden en Afganistán, en el 79, hasta la Siria actual, pasando por Bosnia, Kosovo, el Caucaso, Argelia, Iraq, Libia y otros muchos países? ¿No es preciso crear urgentemente una comisión de investigación sobre los vínculos EE.UU. – terrorismo y sobre el trasfondo estratégico de todos estos dramas? ¿Usted y Europa, van a seguir siendo el perrito faldero de Estados Unidos? Usted se entusiasma como un niño cuando Obama le llama. Pero ¿por qué no denuncia su hipocresía ante estas guerras? Señor Michel, cuando pienso en todo ese sufrimiento que habría podido evitarse, no le estoy agradecido.

Es cierto que usted no es el único que utiliza la falsa retórica.

Señor ministro de Asuntos Exteriores Didier Reynders, tampoco le estoy agradecido. Ayer declaró que los terroristas atacan nuestro «modo de vida». Exactamente las mismas palabras que dijo Georges W. Bush el 11 de septiembre antes de atacar Iraq y Afganistán con excusas falaces. Señor Reynders ¿por qué no hizo referencia a sus declaraciones de abril de 2013 en las que elogiaba a «esos jóvenes a los que quizás un día se les erija un momento como héroes de la revolución»1?

¿Por qué no quiso venir cuando le invité, en junio de 2013, a participar a un debate «Jóvenes en Siria, cómo impedir que vayan»? ¿Eso no le preocupaba? ¿Creía que para «cambiar de régimen» como usted dice, todos los medios eran buenos, incluso el terrorismo? ¿No pensó que animándoles a cometer ese tipo de actos allí, algunos vendrían a hacer lo mismo aquí? Señor Reynders, no le estoy agradecido.

Señora Milquet, tampoco le estoy agradecido. Usted era ministra del Interior en ese momento. Usted también se negó a participar en aquel debate, a pesar de nuestra insistencia, ¡cambiando constantemente de pretexto! Desde entonces, guarda silencio. ¿Avergonzada por haber ignorado los gritos de desesperación de las madres angustiadas al ver que sus niños ―porque eran realmente niños de 16, 17, 18 años― partían hacia el infierno sin que Bélgica hiciera nada para detenerlos? ¿No le asaltan los remordimientos al ver lo que ha sucedido? Señora Milquet, no le estoy agradecido.

¿No es hora de abrir un gran debate sobre las consecuencias de la política internacional que Bélgica ha llevado a cabo en los últimos años?

1. ¿Europa debe seguir respaldando a Estados Unidos y su política, que siembra la violencia en Oriente Medio?

2. ¿Bélgica debe seguir apoyando la violencia de Israel, negándose a hacer respetar el derecho internacional y tratando de «antisemitas» a los jóvenes que quieren defender los derechos de los palestinos?

3. ¿Bélgica debe seguir prosternándose ante los petrodólares de los Saúd (robados a los pueblos árabes en lugar de utilizar el dinero del petróleo y el gas en luchar contra la pobreza como en América Latina) cuando todo el mundo sabe que los Saúd financian la intoxicación de las mentes jóvenes mediante una versión envenenada y falseada del islam?

4. ¿Cómo se justifica el rechazo a conceder asilo a las víctimas de «nuestras» guerras en Iraq, Siria y Afganistán?

5. ¿Cuándo se hará público por fin el informe de la intervención «humanitaria» en Libia, donde la OTAN se alió con Al Qaeda para derrocar a Gadafi, violando la Carta de la ONU que prohíbe ese tipo de prácticas, con las consecuencias que esto ha tenido: Libia convertida en base del terrorismo internacional?

¿No es hora de abrir al mismo tiempo un gran debate sobre las consecuencias de la política social, o más bien antisocial, de los gobiernos belgas desde hace años?

1. ¿Pueden recortar sin cesar los presupuestos escolares, creando escuelas-aparcaderos en las que los profesores no tienen ni la formación adecuada ni los medios para enfrentarse a tantas cuestiones complejas sobre el mundo actual?

2. ¿Pueden recortar sin cesar los presupuestos de prisiones y reinserción, con el riesgo de que pequeños delincuentes se conviertan en delincuentes irrecuperables?

3. ¿Pueden recortar sin cesar los presupuestos de los medios audiovisuales públicos, de forma que los periodistas no tienen tiempo de profundizar en los temas (confidencias llegadas de dentro de la RTBF) y se ven condenados al reino del copi-pega y de las noticias basura, empujando así a los jóvenes, que se han vuelto desconfiados, hacia la teoría del complot o peor aún hacia los predicadores fanáticos y los reclutadores sin escrúpulos?

4. ¿Pueden seguir haciendo regalos a la banca y a las multinacionales que ya casi no pagan impuestos y revertir el déficit especialmente en los ayuntamientos, cuyos responsables carecen de los medios necesarios para ayudar a los jóvenes? ¿No es así como crean núcleos de desesperación como Molenbeek? (pero no es el único, también están Vilvorde, Verviers, Anvers y no olvidemos que los «euro-yihadistas» proceden de numerosos países europeos).

5. ¿Hay que extrañarse entonces de que tantos jóvenes hayan caído en las garras de los reclutadores profesionales? Sobre todo teniendo en cuenta que cuando se les denunciaba ante la policía, no siempre pero sí con bastante frecuencia, padre y educadores oían la siguiente respuesta: «¡Que se vayan a Siria, lo que no queremos es que regresen!».

6. ¿Tiene realmente derecho a mostrarse sorprendido ante los atentados de París y de Bruselas cuando la voz de alarma se había dado hace años y usted se negó a escuchar a los que lanzaron la alerta?

Ayer, cada padre tembló por sus hijos. Hoy, todos nos interrogamos sobre la educación que hay que darles frente a un mundo cada vez más violento. ¿Podremos ofrecerles una verdadera educación y un futuro? ¿Mañana cuál será la ciudad que se verá golpeada? La escalada del odio y el miedo, dirigida contra los musulmanes, favorece a la extrema derecha. ¿Es eso lo que usted quiere?

En suma, los atentados no son una fatalidad, son resultado de una política. Aplicada en Washington. Luego en Londres y París. Bruselas les siguió servilmente. Señores dirigentes, son, por lo tanto, corresponsables. ¿Tenemos derecho a debatir sobre ello ―en «democracia»― o van a presionar de nuevo para que los medios de comunicación se callen?