viernes, 13 de febrero de 2026

EL EVANGELIO DEL TÍO SAM: CÓMO ESTADOS UNIDOS CONQUISTÓ ALMAS PARA CONTROLAR NACIONES



Hay una escena que debería estar grabada en la memoria colectiva latinoamericana, pero que curiosamente no aparece en nuestros libros de texto: Nelson Rockefeller, uno de los hombres más poderosos de Estados Unidos, recorriendo América Latina en 1969 como quien inspecciona una plantación. No venía a admirar nuestras pirámides o a bailar salsa. Venía a diagnosticar un problema de seguridad nacional: la Iglesia Católica se había vuelto peligrosamente independiente.


En su informe final al presidente Nixon, Rockefeller escribió algo que debería helar la sangre de cualquier católico latinoamericano: la Iglesia ya no era un aliado confiable porque era "susceptible de sufrir una penetración subversiva". Traducción sin eufemismos: los curas estaban predicando justicia social en lugar de justificar el capitalismo, y eso era inaceptable.


Su recomendación fue quirúrgica y brutal: había que reemplazar a los católicos latinoamericanos por "otro tipo de cristianos". No cristianos mejores, ni más santos, ni más cercanos a Cristo. Simplemente, cristianos más útiles para Washington. Cristianos que predicaran prosperidad individual en lugar de liberación colectiva. Cristianos que vieran el cielo en dólares y la salvación en el "sueño americano".


Y así comenzó la mayor operación de ingeniería religiosa de la historia moderna.


La Doctrina Monroe con Biblia: El Origen de una Conquista Espiritual


Para entender esto, tenemos que retroceder al siglo XIX. Estados Unidos acababa de salir de su Guerra de Secesión con un problema delicioso: demasiada producción industrial y ningún lugar donde venderla. América Latina, recién independizada de España y Portugal, era el mercado perfecto. Pero había un obstáculo cultural masivo: éramos católicos hasta los huesos, y la Iglesia Católica tenía una lealtad que no pasaba por Washington.


Aquí está la genialidad diabólica del plan: no podías simplemente invadir con marines (aunque eso también se hizo, pregúntenle a Nicaragua, Guatemala, República Dominicana...). Necesitabas conquistar mentes y corazones. Necesitabas que los latinoamericanos quisieran ser como los estadounidenses, que desearan su modelo de vida, que anhelaran su sistema económico.


¿Y qué mejor vehículo que la religión?


Los primeros misioneros protestantes que llegaron a América Latina en la segunda mitad del siglo XIX no venían solos. Venían con las compañías comerciales. Literalmente. United Fruit Company y las iglesias bautistas eran socios estratégicos. Los misioneros abrían las mentes, las compañías abrían los mercados. Era una operación coordinada de colonización comercial-espiritual.


En 1916, el Congreso de Panamá marcó un punto de inflexión. Las iglesias norteamericanas desarrollaron una agenda sistemática y agresiva para "evangelizar" (léase: americanizar) América Latina. No era coincidencia que esto ocurriera justo cuando Estados Unidos consolidaba su dominio sobre el Canal de Panamá, la arteria vital del comercio hemisférico.


Piénsenlo así: Si la Doctrina Monroe de 1823 declaró "América para los americanos" (que siempre significó "América para los estadounidenses"), el Congreso de Panamá de 1916 añadió el corolario espiritual: "Y las almas latinoamericanas para las iglesias estadounidenses".


Guerra Fría, Teología de la Liberación y el Pánico en Washington


Avancemos rápido a los años 60. América Latina está hirviendo. Cuba ha caído en manos comunistas. Che Guevara está en Bolivia. Y lo más aterrador para Washington: los curas católicos se están volviendo revolucionarios.
La Teología de la Liberación no era simplemente un movimiento religioso; era una bomba ideológica en el corazón del sistema. Sacerdotes como Camilo Torres en Colombia cogían las armas. Obispos como Helder Câmara en Brasil declaraban que "cuando doy de comer a un pobre, me llaman santo; cuando pregunto por qué el pobre no tiene comida, me llaman comunista". Monseñor Romero en El Salvador estaba a punto de convertirse en mártir por denunciar a los escuadrones de la muerte financiados por Estados Unidos.


La Iglesia Católica, durante siglos aliada de los poderosos, se había puesto del lado de los pobres. Y eso era un peligro existencial para el modelo capitalista estadounidense.


Entra Nelson Rockefeller con su diagnóstico de 1969. El Congreso estadounidense respondió con rapidez militar: aprobaron millones de dólares para el envío masivo de misioneros evangélicos y pentecostales. No iban armados con fusiles (esos se los dejaban a los golpistas militares que la CIA también financiaba). Iban armados con algo más penetrante: la promesa de que Dios quiere que seas rico.


El Documento de Santa Fe: La Guerra Santa Anticomunista


Si el Informe Rockefeller fue el diagnóstico, el Documento de Santa Fe I de 1980 fue la declaración de guerra. Elaborado por el Comité de Santa Fe —un grupo de halcones conservadores que asesorarían a Ronald Reagan— el texto es explícito hasta la obscenidad.


Cito textualmente: las fuerzas marxistas-leninistas han utilizado a la Iglesia Católica como "arma política contra la propiedad privada y el sistema capitalista de producción".


Lean esa frase dos veces. No dicen que los comunistas atacan la religión. Dicen que están usando la religión católica para atacar el capitalismo. La solución era obvia: había que desplazar esa religión problemática con una religión más dócil.


Y así, mientras Reagan financiaba a los Contras en Nicaragua y apoyaba dictaduras sanguinarias en toda la región bajo la Doctrina de Seguridad Nacional, simultáneamente se canalizaban fondos a través de organizaciones "cristianas" para inundar América Latina de iglesias pentecostales que predicaban un evangelio muy conveniente: tu salvación es personal, no colectiva; tu prosperidad depende de tu fe, no de la justicia social; y el comunismo es el demonio encarnado.


Era brillante. Diabolicamente brillante.


La CIA: Espías con Biblias


Aquí es donde la historia se vuelve verdaderamente escalofriante. Documentos desclasificados —esos que el gobierno estadounidense se ve obligado a liberar décadas después— revelan que la CIA implementó una estrategia sistemática de infiltración religiosa durante los años 70 y 80.


No estoy hablando de teorías conspirativas. Estoy hablando de operaciones documentadas donde la CIA promovió activamente el crecimiento de iglesias pentecostales conservadoras como parte de su guerra contra los movimientos sociales de izquierda.


La lógica era simple y efectiva: Las iglesias pentecostales predican salvación individual, no transformación social. Enseñan que el sufrimiento terrenal es prueba de fe, no consecuencia de injusticia estructural. Dicen que debes orar por tus enemigos, no organizarte contra ellos. Y sobre todo, presentan el capitalismo como el sistema económico más compatible con el cristianismo.


Estas iglesias se convirtieron en lo que los analistas llaman una "tupida red de contactos". Pastores que reportaban sobre movimientos sociales en sus comunidades. Congregaciones que servían como bases para candidatos pro-estadounidenses. Y en los casos más oscuros —Bolivia con Evo Morales, Brasil con Dilma Rousseff— hay evidencias inquietantes de que estas redes religiosas participaron activamente en desestabilizar gobiernos progresistas.


La estructura horizontal de estas iglesias pentecostales —sin la jerarquía centralizada de Roma— las hacía perfectas para este propósito. Podían crecer como hongos después de la lluvia, llenando cada barrio pobre, cada favela, cada pueblo olvidado por el Estado. Donde la Iglesia Católica tenía un cura para mil feligreses, los pentecostales tenían diez pastores improvisados predicando en garajes.


La Teología de la Prosperidad: El Evangelio según Wall Street


Pero el arma más devastadora no fue la infiltración. Fue la doctrina.
La Teología de la Prosperidad es el opio perfecto para el pueblo bajo el capitalismo. Déjenme explicar por qué es tan peligrosamente efectiva.


Max Weber, el sociólogo alemán, escribió en 1905 sobre la relación entre la ética protestante y el espíritu del capitalismo. Observó que el protestantismo calvinista, con su doctrina de la predestinación, generaba una ansiedad existencial: ¿estoy entre los elegidos de Dios? La respuesta práctica fue: si prosperas en los negocios, es señal de que Dios te favorece.


La Teología de la Prosperidad toma esa idea, le inyecta esteroides y la convierte en una máquina perfecta de legitimación capitalista. Ya no es que el éxito económico puede ser señal del favor divino. Es que Dios quiere que seas millonario, y si no lo eres, es porque tu fe es débil.


Escuchen a cualquier televangelista (esos predicadores con dientes perfectos y jets privados): "¡Dios quiere bendecirte! ¡Planta tu semilla de fe! [léase: dame dinero] ¡Y Dios te devolverá el ciento por uno!"


Es un negocio redondo, literalmente:


Los pobres dan su diezmo (a menudo el 10% o más de ingresos miserables)


El pastor se enriquece (jets privados, mansiones, Rolexes)
El pastor señala su riqueza como prueba de que el método funciona
Los pobres que siguen siendo pobres culpan su falta de fe, no el sistema. El sistema capitalista queda intacto, santificado, bendecido.

Es genial en su perversidad. Convierte la pobreza de problema estructural en defecto espiritual personal. Transforma la lucha de clases en deficiencia de fe. Hace que el oprimido no culpe al opresor, sino a sí mismo.


Y todo esto viene empaquetado con la bandera estadounidense. Porque en estas iglesias, el "sueño americano" no es una aspiración económica, es una promesa divina. Estados Unidos no es simplemente una nación poderosa, es la nación elegida por Dios. Su modelo de vida no es una opción cultural, es el diseño celestial para la humanidad.


Comparen esto con la Teología de la Liberación católica que decía: "Dios tiene una opción preferencial por los pobres. El sistema que genera pobreza es pecado estructural. Debemos transformar las estructuras injustas."


¿Ven por qué Washington entró en pánico?


Capitol Ministries: Los Misioneros del Poder


Ahora veamos cómo opera esto en el siglo XXI, porque se ha vuelto más sofisticado y aterrador.


Ralph Drollinger es un nombre que pocos conocen, pero su influencia es monstruosa. Exjugador de baloncesto convertido en predicador, fundó Capitol Ministries con una misión específica: evangelizar a los líderes políticos para que legislen según principios bíblicos literales.


Y cuando digo literales, hablo en serio. Drollinger cree que:


El feminismo es "la primera mentira de Satanás"


La inmigración debe ser restringida porque "las naciones tienen fronteras ordenadas por Dios"


El ambientalismo radical es "paganismo verde"


Las mujeres no deberían tener roles de autoridad sobre hombres


Este hombre fue mentor espiritual de Mike Pence, Mike Pompeo y Ben Carson durante la administración Trump. Tenía estudios bíblicos semanales en la Casa Blanca. No era un capellán inofensivo; era un ingeniero ideológico.


Pero aquí está la parte latinoamericana de la historia: Capitol Ministries ha abierto sedes en los parlamentos de México, Honduras, Brasil, Perú, Guatemala, Costa Rica, Chile y más. No se esconden. Van directamente a las cámaras legislativas y ofrecen "estudios bíblicos" a diputados y senadores.


¿El resultado? Una alineación ideológica continental. Legisladores en Guatemala votando exactamente como legisladores en Texas. Políticos hondureños defendiendo las mismas posiciones que congresistas republicanos estadounidenses. No porque sean aliados políticos, sino porque son "hermanos en Cristo" recibiendo la misma doctrina.


En Honduras, bajo Juan Orlando Hernández (presidente acusado de narcotráfico, por cierto), Capitol Ministries inauguró estudios bíblicos en el Congreso y el gabinete. ¿Coincidencia que Honduras moviera su embajada en Israel a Jerusalén, replicando la decisión de Trump? ¿Casualidad que implementaran políticas migratorias brutales alineadas con Washington?


No. Es coordinación religiosa traducida en lealtad geopolítica.


La Nueva Reforma Apostólica: Conquistando las Siete Montañas


Si Capitol Ministries es la élite, la Nueva Reforma Apostólica (NAR por sus siglas en inglés) es el movimiento de masas. Y es, sin exageración, uno de los fenómenos religiosos más peligrosos de nuestro tiempo.


La NAR promueve el "Mandato de las Siete Montañas": la idea de que los cristianos (de su tipo específico de cristianismo) deben conquistar y dominar siete esferas de la sociedad:


Familia (oposición al matrimonio igualitario, control sobre educación sexual)


Religión (dominio sobre otras denominaciones)


Gobierno (teocracia apenas disfrazada)


Artes (censura de contenido "inmoral")


Negocios (capitalismo santificado)


Educación (creacionismo, revisión histórica)


Medios (control de narrativas)


Esto no es cristianismo. Es fascismo cristiano. Es la idea de que una interpretación específica del cristianismo debe dominar cada aspecto de la vida pública y privada.


Y funcionó en Estados Unidos. La NAR fue fundamental para movilizar votantes evangélicos detrás de Donald Trump, un hombre que difícilmente encarna valores cristianos tradicionales. Pero no importaba, porque Trump prometió darles las "montañas". Y lo hizo: jueces conservadores en la Corte Suprema, prohibición del aborto, políticas anti-LGBT+, todo empaquetado como "victoria cristiana".


Ahora están exportando ese modelo a América Latina con una eficacia aterradora.


Brasil: El Laboratorio Perfecto


Si quieren ver el futuro distópico de esta estrategia, miren Brasil.


Brasil es el mayor país católico del mundo. O lo era. Ahora, más del 30% de su población es evangélica, y ese porcentaje crece exponencialmente. La Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD) y la Asamblea de Dios no son solo instituciones religiosas; son imperios mediáticos, económicos y políticos.


La IURD es dueña de Rede Record, la segunda mayor cadena de televisión del país. Imaginen eso: una iglesia que controla noticiarios, novelas, programas de entretenimiento, moldeando la opinión pública de millones. No predican en púlpitos; predican en prime time.


Jair Bolsonaro, ese personaje que dijo que "la dictadura brasileña erró al torturar y no matar", llegó al poder con el apoyo masivo de estas iglesias. Su lema "Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos" no era retórica vacía. Fue una declaración de intenciones teocráticas.


Bolsonaro declaró que "el Estado es cristiano" y que "las minorías deben inclinarse ante las mayorías". Nombró pastores evangélicos en posiciones clave. Desmanteló protecciones ambientales (bendecido por predicadores que llaman al ambientalismo "paganismo"). Atacó sistemáticamente a pueblos indígenas (ignorando completamente el Evangelio que dice amar al prójimo).


Y todo con la Biblia en una mano y la pistola en la otra.


El modelo funcionó tan bien que se replicó. Guatemala eligió a Alejandro Giammattei con apoyo evangélico masivo. Costa Rica casi elige a un pastor evangélico como presidente. Perú tiene bancadas evangélicas poderosas. Colombia tiene iglesias megaconservadoras influenciando política pública.


La Analogía del Caballo de Troya (Pero al Revés)


Aquí está la ironía histórica más amarga: Estados Unidos está usando la misma estrategia que España usó para conquistarnos hace 500 años, solo que al revés.


Cuando los españoles llegaron, usaron el catolicismo para destruir nuestras religiones indígenas, justificar la esclavitud y consolidar el control colonial. La cruz llegó con la espada. Los sacerdotes bendecían las masacres. La Iglesia Católica fue cómplice de genocidio.


Pero la Iglesia Católica, con todos sus pecados históricos, eventualmente produjo figuras como Bartolomé de las Casas, que denunció la barbarie. Produjo la Teología de la Liberación, que se puso del lado de los oprimidos. Produjo a Monseñor Romero, asesinado por decir la verdad.


Entonces Estados Unidos decidió que esa Iglesia era peligrosa y había que reemplazarla.


El nuevo evangelio pentecostal llegó no con espadas, sino con sonrisas, con músicos de rock cristiano, con predicadores carismáticos, con promesas de prosperidad. Llegó con ayuda humanitaria después de terremotos y huracanes (mientras la CIA desestabilizaba gobiernos en las sombras). Llegó como liberación de la "religión tradicional aburrida".


Y conquistó. Barrio por barrio. Alma por alma. Voto por voto.


La Trampa Perfecta: Colonización que se Siente como Salvación


Lo más diabólico de esta operación es que las víctimas la celebran. La gente que está siendo colonizada ideológicamente cree que está siendo salvada espiritualmente.


Piensen en la genialidad perversa de esto:


Un campesino salvadoreño que vota por políticas que benefician a corporaciones estadounidenses cree que está votando "cristiano"


Una madre hondureña que apoya leyes migratorias brutales cree que está defendiendo "valores familiares"


Un joven brasileño que se opone a derechos LGBT+ cree que está "protegiendo la sociedad"


Todos ellos, sin saberlo, están ejecutando la agenda geopolítica de Washington

Y lo hacen voluntariamente. Alegremente. Con himnos de alabanza.


No necesitas marines cuando tienes pastores. No necesitas golpes de Estado cuando puedes ganar elecciones democráticas con votos evangélicos organizados. No necesitas dictaduras militares cuando puedes tener democracias teocráticas que legislan exactamente lo que quieres.


Es colonización 2.0. Actualizada para el siglo XXI. Y es muchísimo más efectiva que cualquier intervención militar porque las víctimas defienden a sus colonizadores pensando que defienden a Dios.


El Costo: Almas Vendidas, Naciones Hipotecadas


Entonces, ¿cuál es el resultado neto de todo esto?


Culturalmente: Hemos reemplazado siglos de identidad católica mestiza con un protestantismo anglosajón que nos enseña a despreciar nuestras propias raíces


Políticamente: Hemos entregado nuestra soberanía legislativa a organizaciones extranjeras que coordinan nuestras leyes con las de Washington


Económicamente: Hemos santificado un sistema capitalista que nos mantiene como proveedores de materias primas y mano de obra barata


Espiritualmente: Hemos convertido la fe en un mecanismo de control social donde Dios quiere que seas pobre y obediente (a pesar de que te prometen prosperidad)


Y lo peor: hemos criminalizado la compasión cristiana genuina.


Porque cuando la Iglesia Católica, con todos sus defectos, decía "den de comer al hambriento, den de beber al sediento, acojan al extranjero", estaba siendo fiel al Evangelio. Cuando Monseñor Romero decía "cese la represión", estaba siendo profeta.


Pero el nuevo evangelio dice: "El pobre es pobre porque le falta fe. El inmigrante es invasor. El ambientalista es pagano. El que cuestiona el sistema es comunista. Y todos ellos son enemigos de Dios."


Conclusión: Conquistados por Partida Doble América Latina ha sido conquistada.


La identidad hispanoamericana fue un modelo católico, donde se buscó el mestizaje con el nativo originario, donde se prohibió la esclavitud de nativos. Donde nacimos como un proyecto histórico universal. Fue un encuentro y una evolución violenta, es vedad.

La Iglesia Católica siempre fue de contrastes, sin embargo, la dignidad humana siempre fue la prioridad y en el siglo XX y XXI esa solidaridad católica con los más necesitados incomodó a Washington.


Llegaron los "cristianos" nos llegaron con sonrisas, biblias y dólares. Nos están imponiendo el evangelicalismo estadounidense para destruir nuestra autonomía y justificar nuestra subordinación. Y la mayoría ni siquiera se da cuenta.


Esta es la victoria perfecta: una conquista que la víctima agradece.


Cuando Nelson Rockefeller recomendó en 1969 que había que reemplazar a los católicos latinoamericanos por "otro tipo de cristianos", no estaba proponiendo una campaña de evangelización. Estaba proponiendo una operación de dominación cultural disfrazada de misión espiritual.


Y funcionó. Dios mío, cómo funcionó.


Hoy, millones de latinoamericanos oran en iglesias fundadas con dinero de Washington, votan según directivas coordinadas desde think tanks de Virginia, y creen que el modelo estadounidense de capitalismo salvaje es el diseño divino para la humanidad.


La religión no es el opio del pueblo. En manos de un imperio, es algo mucho más peligroso: es el imperio mismo, inoculado directamente en el alma, donde ninguna revolución puede alcanzarlo.


Y mientras tanto, los televangelistas vuelan en jets privados, los políticos evangélicos legislan contra los pobres que dicen representar, y Capitol Ministries abre una nueva sede en otro parlamento latinoamericano.


Amén, dice el conquistado. Aleluya, responde el conquistador.


Y el Dios verdadero —ese que dijo "bienaventurados los pobres" y que expulsó a los mercaderes del templo— observa en silencio esta profanación de Su nombre para propósitos imperiales.


La pregunta que nos queda es devastadora: ¿Cuándo despertaremos de este trance colectivo? ¿O ya es demasiado tarde?



Para profundizar en cómo la fe verdadera ha sido manipulada a través de la historia, te invitamos a visitar nuestro canal: https://www.youtube.com/@Historia_Del_Cristianismo
Porque conocer la historia es el primer paso para no repetirla. Y conocer la verdad, como dijo Cristo, nos hará libres. Incluso si esa verdad duele como el infierno.



Referencias Bibliográficas


• Flores Borda, G. (2022). “¿Jehová en campaña?” Algunas coincidencias en torno al uso de la religión evangélica durante las campañas políticas de los Estados Unidos y Latinoamérica. Discursos del Sur, (9).


• Gorraiz López, G. (2019). Francisco, la CIA y las Iglesias Evangélicas en América Latina. América Latina en Movimiento.
• Pastor Gómez, M. L. (2018). El evangelismo en América Latina, un poder creciente. El caso de Brasil. Documento de Análisis 42/2018. Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE).
• Pozzi, P. A. (2007). Estados Unidos: la república teocrática. XI Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Universidad de Tucumán.
• Rockefeller, N. A. (1969). The Rockefeller Report on the Americas.
• Segnini, G., & Cordero, M. (2019). Líderes evangélicos amparados por la Casa Blanca exportan agenda fundamentalista a América Latina. Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP).
• Wikipedia. (s.f.). Evangelicalismo. Wikipedia, la enciclopedia libre.
• Wisconsin Watch. (2024). La génesis del nacionalismo cristiano: cómo la derecha religiosa llegó a influir en las elecciones de 2024. #JehovaDios #EVA #evangélicas #Lutero #latinoamerica 

 

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Fuente: https://www.facebook.com/historiadelcristianismofb/photos/el-evangelio-del-t%C3%ADo-sam-c%C3%B3mo-estados-unidos-conquist%C3%B3-almas-para-controlar-naci/1213868990950658/

jueves, 12 de febrero de 2026

LA DECADENCIA DEL DEPREDADOR

 


Escribe: Milcíades Ruiz

El pueblo trabaja sin estar informado de que, en el mundo, suceden hechos que lo involucra, pero se le oculta. Lo cierto es que, el poderío de EE UU, el peor enemigo de los pueblos latinoamericanos, cuyos abusos son repudiados, viene decayendo sostenidamente. Según sus propias estimaciones, en la primera mitad de 2025, la pérdida de valor del dólar, fue del 11%, la mayor en más de 50 años, desde 1973 y, se espera que, para fines del 2026, podría depreciarse un 10% adicional. ¿Qué tiene que ver esto, con nosotros?

Tiene mucho que ver. Desde 1944, somos prisioneros del dólar. Tras la derrota de Hitler que desató la segunda guerra mundial, la economía europea quedó destrozada. Esto no sucedió con EE UU ya que la guerra no llegó a su territorio y sacó provecho de esa ventaja. Sus fábricas, instalaciones viales y población, no fueron bombardeadas ni sus tesoros saqueados. Vendió aviones, buques, tanques, alimentos etc. a los países europeos en guerra, haciendo un gran negocio. Pero los europeos quedaron endeudados extremadamente y sin capacidad de pago.

EE UU reunió a los países deudores en el balneario de Bretton Woods (Nueva York), condicionando el problema de la deuda bajo sus intereses. Uno de los principales enganches fue imponer a los 44 países representados, la obligación de adoptar el dólar como divisa internacional y moneda comercial para todos los negocios internacionales. Esta medida se extendió a todos los países del mundo. Es allí que, empieza a funcionar la vampirezca succión de riqueza extraída a todos los países en beneficio de EE UU y nos convirtió en esclavos del dólar.

Fue así como se creó la necesidad mundial de comprar dólares para cubrir fondos estatales y obtener toda clase de mercadería importada, transporte internacional, estudios en el extranjero, etc. etc. La mayor demanda del dólar hizo elevar automáticamente su valor, generando riqueza para EE UU. A mayor demanda su precio sube y tenemos que poner más monedas nuestras, dando mayor valor agregado al dólar y devaluando nuestra moneda. Si esto lo hace toda la población mundial, es de imaginar la inmensa riqueza que EE UU viene captando por más de 80 años.

Todo el pan que comemos es de trigo importado comprado con dólares, como todos los fideos, galletas y demás harinas procesadas. Todos los insumos para la crianza de pollos, para fertilizar cultivos, para combustible de motores, vehículos, y más de mil tipos de mercancía extranjera, tenemos que adquirirlos comprando dólares, de manera directa e indirecta. Así, nuestra moneda se ha venido devaluando constantemente por el sobreprecio del dólar. Hasta hemos tenido que cambiar nuestra moneda por pérdida de valor, como sucedió en el gobierno de Alan García, en que pagábamos los pasajes de bus con varios billetes y los ahorros quedaron sin valor.

Pero esta prisión ha empezado a derrumbarse. Algunos países, ya no están negociando con dólares, sino con monedas propias y los bancos centrales desconfiando del dólar, prefieren guardar sus reservas en oro y otras monedas. EE UU viene utilizando aranceles como medida de extorsión política contra países que no se sometan a sus mandatos, aumentando mayores impuestos a las ventas extranjeras en su mercado y así, captar fondos. Pero con ello, agrava la situación, porque disminuye el abastecimiento encareciendo la vida interna y, reduciendo el movimiento económico, con lo cual, el dólar pierde valor.


En sus perspectivas de la economía mundial, el FMI, publicado en enero 2026, estimó que el mundo seguirá estancado en su crecimiento económico por tercer año consecutivo (3%). El crecimiento de EEUU, en el 2024 fue solo del 1,8 y, en el 2025 bajó a 1,7. A menor crecimiento, mundial y norteamericano, menor es la circulación monetaria, el dólar se debilita y EE UU deja de percibir valor agregado, por tipo de cambio desfavorable.

La participación del dólar en las reservas de los bancos centrales ha disminuido notablemente en los últimos 20 años. Así, mientras que en 2001 la moneda estadounidense representaba el 72,7 % de las reservas mundiales, en 2025 este porcentaje cayó al 56,3 %. La depreciación del dólar impactará en los consumidores estadounidenses, empresas, inversores y, en toda la economía yanqui. Por ejemplo. será más caro para ellos, viajar al extranjero.

La creciente preocupación por el crecimiento, la inflación y la deuda pública también impactará negativamente al dólar. La persecución de migrantes debilita el mercado laboral, encareciendo costos. La política arancelaria del presidente Trump está provocando que los inversores abandonen masivamente los activos estadounidenses, lo que está provocando una caída del valor de los bonos, las acciones y la propia moneda.

Hay preocupación entre los más adinerados que tienen sus fortunas en dólares. Cada caída del dólar hace disminuir sus fondos. Esta semana, el multimillonario Ray Dalio, del fondo de cobertura (hedge fund) más grande del mundo, aseveró que el sistema monetario de EE.UU. se encuentra próximo al colapso e instó a tomarse en serio las posibilidades de una guerra civil en el país. Dijo que tanto los bancos centrales, como los fondos soberanos están recurriendo al oro como refugio ante este peligro y que, los conflictos comerciales en el mundo están generando "guerras de capital".

Por la desconfianza en la economía yanqui, los tenedores de bonos del Tesoro de EE.UU. buscan deshacerse de estos. China que era el mayor tenedor mundial, ya se deshizo hasta casi a la mitad de los mismos, bajando a 683.000 millones de dólares en noviembre pasado, el nivel más bajo desde 2008. Igual están haciendo otros acreedores de la deuda estadounidense.

En el Perú, la devaluación del dólar también es evidente.


Por último, la depreciación del dólar hace bajar la rentabilidad de las exportaciones y el fisco recauda menores montos para el presupuesto nacional. Pero también, el dólar barato favorece las importaciones y la mayor rentabilidad de los grupos de poder importadores, como el grupo Romero a través de su empresa corporativa ALICORP. Los menores costos no se reflejan en el precio de los derivados del trigo, aceite comestible y una serie de productos fabricados con insumos importados que siguen costando igual.

De esto, nada dicen las empresas periodísticas que, son sufragadas por las empresas de los grupos de poder. La leche evaporada y otros productos lácteos, procesados fraudulentamente con leche en polvo importada, sigue costando igual. El grupo Gloria financia a las empresas periodísticas con avisaje y, lo mismo hace el grupo Romero, el mayor importador de trigo, soya y otros insumos. Sería largo enumerar los casos.

Es que la prensa maneja la opinión pública. Pero la prensa está en manos de empresas internacionales y nacionales que, lucran con este negocio, sin importar la moralidad. Reciben de sus auspiciadores, pagos para ocultar la verdad, para tergiversar las noticias y manejan el negocio siguiendo métodos neurológicos con los que inducen conductas masivas de acuerdo a su conveniencia. De este modo, generan miedo, entusiasmo, rechazos, conformidad, etc. Los resultados electorales dependen de este manejo mediático.

Pero el mundo está cambiando y la tendencia es que la hegemonía de EE UU va llegando a su fin. Un nuevo orden mundial se está gestando y el monopolio monetario del dólar será insostenible. Por más que EE UU recurra a la fuerza y a sus amenazas, el proceso histórico es irreversible. El país, no puede ir contra la corriente. La dominación internacional y nacional vigente están en contra de la renovación. Quieren conservar el modelo de desigualdad imperante porque les favorece. Quieren que el Perú, siga bajo el dominio de EE UU.

Sería bueno que los candidatos se pronuncien sobre esta temática, pero están en otra onda, donde la hipocresía abunda. En esta campaña electoral, la prensa ya viene orientando el voto popular a favor de los candidatos de los grupos dominantes. El pueblo mayoritario está por el cambio, pero no tiene acceso al poder. Abrir las compuertas para que ejerza su legítimo derecho de gobernar es nuestra tarea. Salvo mejor parecer.

Febrero 10/ 2026

Mayor información en https://wordpress.com/view/republicaequitativa.wordpress.com

 

HAY UN SOLO MARXISMO: CONTRA EL MARXISMO “OCCIDENTAL”, “ORIENTAL” Y “TERCERMUNDISTA”



Publicado:

febrero 9, 2026

 

Nikos Mottas.— El intento recurrente de dividir el marxismo en «occidental», «oriental», «tercermundista» u otras variantes geográficamente marcadas refleja un retroceso teórico más profundo respecto del marxismo como cosmovisión científica y método revolucionario. Dichas distinciones transforman implícitamente el marxismo, de una teoría universal de la sociedad capitalista y la lucha de clases, en un conjunto de perspectivas culturalmente condicionadas, moldeadas principalmente por la geografía, más que por las relaciones sociales objetivas. Desde una perspectiva marxista-leninista, este enfoque es fundamentalmente erróneo. El marxismo es uno, no porque ignore la especificidad histórica y nacional, sino porque se basa en leyes objetivas de desarrollo social que operan globalmente dondequiera que exista el capitalismo.

Este punto ya estaba claro para Engels, quien enfatizó repetidamente que el socialismo no es una doctrina moral ni una tradición nacional, sino el resultado científico del análisis material. En Socialismo utópico y científico, Engels insistió en que el marxismo no surgió de ideales abstractos, sino de “las condiciones materiales de vida”, y que sus conclusiones se derivan necesariamente del desarrollo de la producción capitalista. Una ciencia basada en las condiciones materiales no puede ser regionalmente plural en sus fundamentos. Las leyes del movimiento del capitalismo existen o no. Si existen, entonces el marxismo, como su expresión científica, debe estar teóricamente unificado.

Marx y Engels no presentaron el marxismo como una “interpretación europea” de la sociedad. Formularon una concepción materialista de la historia basada en los modos de producción, las relaciones de clase y la explotación. Estos no son fenómenos regionales. El capitalismo, una vez establecido como sistema mundial, impone sus leyes universalmente, aunque en formas desiguales y contradictorias. El objetivo declarado de Marx en El Capital era descubrir “la ley económica del movimiento de la sociedad moderna”. Una ley del movimiento no es culturalmente relativa; Se aplica dondequiera que prevalezcan las relaciones sociales que describe. Hablar de marxismos múltiples implica, por lo tanto, implicar múltiples capitalismos regidos por lógicas fundamentalmente diferentes, una implicación que se derrumba ante cualquier análisis serio del mercado mundial.Plejánov reforzó este punto en sus polémicas contra el populismo y el voluntarismo. Argumentó que el marxismo pierde todo significado científico cuando el desarrollo histórico se trata como producto del carácter nacional, la voluntad moral o la especificidad cultural. Para Plejánov, la universalidad del marxismo residía precisamente en su explicación de cómo las condiciones objetivas configuran la conciencia y la política. Las diferencias en las trayectorias históricas no negaban las leyes generales del desarrollo; las confirmaban a través de la variación concreta. El intento de derivar marxismos distintos de regiones distintas representa, por lo tanto, una regresión al pensamiento histórico premarxista.

La unidad del marxismo se hace aún más evidente en la época del imperialismo. El análisis de Lenin del imperialismo no fue el nacimiento de un marxismo «ruso» u «oriental», sino la continuación del marxismo bajo nuevas condiciones históricas. El imperialismo, como demostró Lenin, no es una decisión política ni un fenómeno regional, sino una etapa estructural del capitalismo mismo, caracterizada por el monopolio, el capital financiero y la división global del trabajo. En «El imperialismo, fase superior del capitalismo», Lenin enfatizó que el imperialismo une a todos los países, tanto opresores como oprimidos, en un único sistema mundial. La implicación es decisiva: una vez que el capitalismo se vuelve imperialista, el terreno de la lucha de clases se globaliza, y el marxismo solo puede existir como una teoría unificada que aborde ese sistema global.

La insistencia de Lenin en que «sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario» debe entenderse en este contexto. Para Lenin, la teoría no era un conjunto de narrativas adaptables, sino una guía científica para la acción. Cuando el marxismo se fragmenta en variantes regionales o culturales, pierde precisamente esta función orientadora. Lo que queda no es desarrollo, sino eclecticismo, donde la teoría se somete a las presiones políticas inmediatas en lugar de clarificarlas.

La noción de «marxismo occidental» a menudo se presenta como una corrección al supuesto economicismo o rigidez. Sin embargo, lo que normalmente corrige no es dogmatismo, sino contenido revolucionario. Al orientar el marxismo hacia la filosofía, la cultura o la epistemología, dejando de lado la cuestión del poder estatal, reproduce la misma separación entre teoría y práctica que Marx criticó en el materialismo anterior. El Estado y la revolución de Lenin es inequívoco en este punto: el Estado es un instrumento de dominación de clase, y cualquier marxismo que no sitúe la destrucción del Estado burgués en el centro de su análisis deja de ser revolucionario, independientemente de su sofisticación intelectual.

La intervención de Althusser se utiliza a menudo de forma errónea para justificar el pluralismo teórico, pero, leída con atención, respalda la conclusión contraria. Althusser insistió en el carácter científico del marxismo y su ruptura epistemológica con la ideología. Rechazó el historicismo y el humanismo precisamente porque disolvían el marxismo en una interpretación cultural o filosófica. Si bien Althusser enfatizó la complejidad estructural y la autonomía relativa, nunca abogó por marxismos múltiples basados ​​en la geografía. Por el contrario, su concepto de «práctica teórica» ​​presuponía un marco científico coherente cuya validez no varía según la región, aunque sus objetos de análisis sí lo hacen.

La idea de un «marxismo del Tercer Mundo» distinto sigue una lógica problemática similar. A menudo surge de la innegable realidad del colonialismo y la opresión nacional, pero transforma estas realidades en fundamentos teóricos en lugar de objetos de análisis. Lenin abordó este peligro directamente en sus escritos sobre la cuestión nacional y colonial. Insistió en que el apoyo a las luchas de liberación nacional debe estar siempre subordinado a la política de clase proletaria y al internacionalismo. La cuestión decisiva nunca es la geografía, sino la dirección de clase y el contenido social. Cuando el antiimperialismo se separa de la lucha contra el capitalismo, el marxismo se reduce a un vocabulario radical para el nacionalismo burgués.

Aquí también, el trabajo de Stalin sobre la cuestión nacional resulta instructivo. Al definir la nación a través de la vida económica y el desarrollo histórico, en lugar de la cultura o la etnicidad, Stalin reafirmó la base materialista del marxismo. Las formas nacionales se producen históricamente; no son puntos de partida teóricos. Derivar marxismos separados de la experiencia nacional o regional es, por lo tanto, invertir el marxismo, elevando las formas históricamente condicionadas a teorías autónomas.

Lo que emerge de Engels, Plejánov, Lenin e incluso Althusser es una línea consistente: el marxismo es una ciencia de las formaciones sociales regidas por leyes objetivas. Exige un análisis concreto, pero este presupone una teoría general. La diversidad táctica no implica pluralismo teórico. Al contrario, solo una teoría unificada permite una variación estratégica significativa.

Históricamente, la fragmentación del marxismo ha coincidido con períodos de derrota o acomodación, cuando la política revolucionaria da paso al reformismo, la crítica cultural o la sustitución nacionalista. En tales momentos, el marxismo se redefine como un discurso entre otros, en lugar de como una ciencia orientada a la conquista del poder. Esta pluralización refleja la ideología burguesa, que presenta todos los puntos de vista como igualmente válidos mientras preserva el dominio material del capital.

En este punto, es preciso confrontar directamente una distorsión particularmente corrosiva. Entre ciertos autoproclamados «comunistas», el término «marxismo occidental» se invoca en un sentido puramente peyorativo, no para defender la unidad del marxismo, sino para legitimar un «tercermundismo» vago y, en última instancia, reaccionario. En este marco, cualquier fuerza que se oponga retóricamente a un bloque imperialista determinado se considera automáticamente progresista, independientemente de su carácter de clase, su relación con el capital o la represión de la clase obrera y los comunistas. Esto no es marxismo, sino campismo geopolítico revestido de lenguaje radical. Lenin advirtió explícitamente contra precisamente esta sustitución cuando insistió en que la burguesía de una nación oprimida puede convertirse en opresora, y que los socialistas nunca deben abandonar su deber de lucha de clases contra su «propia» burguesía. Para Lenin, el imperialismo no era una cuestión de política exterior hostil ni de alineamiento civilizacional, sino un sistema de relaciones capitalistas, y los conflictos entre el imperialismo y las clases dominantes no proletarias no constituían en sí mismos luchas progresistas. La trayectoria del régimen ayatolá iraní después de 1979 ilustra esto con brutal claridad: a pesar de su enfrentamiento con el imperialismo estadounidense, actuó con rapidez para aplastar el movimiento comunista, ilegalizar el Partido Tudeh, ejecutar o encarcelar a miles de comunistas y militantes, destruir sindicatos independientes y consolidar un orden capitalista bajo el régimen clerical. Presentar dicho régimen como «progresista» basándose únicamente en el antagonismo geopolítico es abandonar el análisis de clase marxista en favor de una apología estatista. Apoyar a estados abiertamente anticomunistas, burguesías compradoras o regímenes reaccionarios en nombre del «antiimperialismo» es, por lo tanto, abandonar por completo el análisis de clase y reemplazarlo por una lógica cruda de amigo-enemigo, tomada de la geopolítica burguesa. Esta tendencia no supera las «desviaciones occidentales», sino que las reproduce de forma invertida: donde el reformismo disuelve el marxismo en el pluralismo liberal, este pseudotercermundismo lo disuelve en una apología nacionalista. Ambas niegan el principio marxista central de que la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la propia clase obrera. Una política que suspende la crítica a la explotación, la represión y la dominación capitalista simplemente porque estas ocurren fuera de Occidente no es antiimperialista en el sentido marxista; es antiproletaria. Al separar el antiimperialismo del anticapitalismo y del liderazgo proletario, estas posturas no fortalecen el internacionalismo, sino que lo liquidan, reduciendo el marxismo a un mero cómplice retórico de fuerzas que, en otras circunstancias, dirigirían su represión directamente contra los propios comunistas.

El marxismo, sin embargo, nunca pretendió ser un catálogo de perspectivas. Es la expresión teórica del movimiento histórico de la clase obrera. Su unidad refleja la unidad del capitalismo como sistema mundial y la unidad del proletariado como clase con intereses comunes que trascienden las fronteras nacionales. Como Marx y Engels argumentaron en el Manifiesto Comunista, la emancipación de la clase obrera es una tarea internacional no por solidaridad moral, sino porque el capital mismo es internacional.

Por lo tanto, no existe un marxismo «occidental», «oriental» o «tercermundista» en sentido teórico. Existe un marxismo aplicado a diferentes condiciones históricas y sociales, que confronta diferentes configuraciones de explotación y dominación, pero guiado por los mismos principios científicos. Defender esta unidad no es dogmatismo. Es la defensa del marxismo contra el relativismo, el eclecticismo y la liquidación política. El marxismo es uno porque el capitalismo es un sistema mundial único, la lucha de clases es universal y la liberación del trabajo es una tarea histórica única.

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Fuente: https://diario-octubre.com/2026/02/09/hay-un-solo-marxismo-contra-el-marxismo-occidental-oriental-y-tercermundista/