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SIGLO XXI - QUINTO LUSTRO - "Un nuevo orden emerge de la desintegración del capitalismo que irá reemplazando la célula económica (familia) por una nueva matriz reproductiva (comunas) que cumplirá funciones defensivas, judiciales, productivas y administrativas."
domingo, 28 de junio de 2026
sábado, 27 de junio de 2026
AMPLIA VICTORIA POLÍTICO TERRITORIAL
(27 de junio de 2026)
Por Miguel Ángel Aragón
En las elecciones 2026,
nuevamente se han enfrentado la nueva democracia en desarrollo, contra la vieja
democracia en decadencia.
No es una lucha personal, entre
Roberto Sánchez y Keiko Fujimori.
Tampoco es solamente una lucha de
dos grupos políticos, entre Juntos por el Perú y Fuerza Popular.
Tenemos que reconocer, que ésta
es una LUCHA DE MASAS, entre el pujante Perú nuevo en desarrollo, contra el
viejo Perú en decadencia, que se resiste a abandonar la historia.
Juntos por el Perú en
representación del Perú nuevo, ha obtenido la mayoría de votos en 1,479
DISTRITOS, superando largamente a los 411 en los cuales Fuerza Popular ha
obtenido la mayoría.
A nivel provincial, Juntos por el
Perú ha obtenido la mayoría en 153 PROVINCIAS, mientras que Fuerza Popular
solamente en 43 provincias.
Por último, a nivel
departamental, Juntos por el Perú ha ganado en 16 DEPARTAMENTOS (ubicados en la
sierra, la costa y la selva, así como en el sur, en el centro y en el norte del
país), mientras que Fuerza Popular solamente ha ganado en 9 departamentos.
Juntos por el Perú ha obtenido
una votación superior a los NUEVE MILLONES DE VOTOS, distribuidos en el sur, en
el centro y en el norte del país, así como en la sierra, en la costa y en la
selva.
Estos NUEVE MILLONES tenemos
mayor representatividad territorial, sin nuestra participación no se puede
gobernar el país. Tenemos que continuar
trabajando unidos, para ejercer nuestro derecho a gobernar.
LA SUPERINTELIGENCIA, LA PROMESA DE LA ABUNDANCIA Y EL FUTURO DE LA HUMANIDAD
Markku Siira, Jun 25, 2026 substack
En la visión de los tecno
optimistas, surgirá una inteligencia artificial súper inteligente que
resolverá los problemas más antiguos de la humanidad. En una era de fusión
limpia, la energía será abundante, la medicina erradicará las enfermedades y la
robótica generará bienestar material a una escala tal que la comida, la
vivienda y el transporte serán prácticamente gratuitos.
En este futuro, la IA no
es solo una herramienta, sino una inteligencia general que optimiza los
recursos con tal eficiencia que la escasez desaparece de la experiencia humana.
A medida que el coste marginal de la actividad intelectual se acerca a cero,
incluso las leyes fundamentales de la economía serán reexaminadas.
Tal desarrollo requeriría
un contrato social completamente nuevo, en el que el intercambio sustituyera a
la competencia, no por razones morales, sino porque los objetos de la
competencia han desaparecido. Sin embargo, el pensamiento de los optimistas se
basa en una premisa frágil: el desarrollo tecnológico sería inherentemente
democrático, lineal y equitativo.
La historia nos ofrece
otros ejemplos. La Revolución Industrial generó una riqueza sin precedentes,
pero sus beneficios solo se distribuyeron tras décadas de lucha, sindicalismo,
radicalismo político y dos guerras mundiales. El Estado de bienestar no
surgió de la buena voluntad, sino que fue impuesto. Ahora la
tecnología avanza exponencialmente: en cuestión de años, no de siglos. ¿En
qué condiciones y a quién se distribuirá finalmente esta abundancia?
El escenario de amenaza
más grave es aquel en el que los desarrolladores de la SUPERINTELIGENCIA
ARTIFICIAL —las grandes potencias y las principales empresas tecnológicas— se
dan cuenta de que poseen algo único e irremplazable. Tal poder no es meramente
económico o militar; permite redefinir la realidad misma.
La inteligencia
artificial, que predice los ciclos económicos, optimiza la logística, descifra
códigos y moldea la opinión pública en tiempo real, otorga a quien la utiliza
un control sin precedentes sobre el futuro. Quienes controlan los sistemas
avanzados, los datos y la infraestructura informática pueden acaparar la mayor
parte de la producción a medida que disminuye la mano de obra tradicional en la
economía.
En este escenario, la
tecnología no se distribuye libremente, sino que está restringida por licencias
estrictas, bloqueos a nivel de hardware y acuerdos internacionales. El
control no implica necesariamente una opresión manifiesta, sino una guía sutil:
los algoritmos configuran las trayectorias educativas, las opciones
profesionales y los hábitos de consumo para que la población se adapte a la
nueva normalidad sin coerción explícita.
La abundancia existe, pero
solo para unos pocos privilegiados. Al resto se le ofrece una narrativa de
meritocracia: una ilusión de movilidad en un sistema que ya ha anticipado el
potencial de todos. Es probable que los países más pobres se vean abocados a
una mayor dependencia de proveedores externos de inteligencia general, lo que
creará una nueva brecha global en este ámbito.
Existe otra vía posible,
pero no exenta de problemas. Los modelos de IA, los datos de entrenamiento y el
código abierto ya se están extendiendo globalmente. En China, India, Rusia y
otros países, investigadores y desarrolladores copian, modifican y superan los
logros occidentales. Si esta dinámica continúa, la superinteligencia artificial
se convertirá en un bien común que ningún actor podrá monopolizar por completo.
En este caso, la
competencia genera abundancia: los precios se desploman, la innovación se
acelera y los servicios se diversifican. Sin embargo, al mismo tiempo, se
pierde el control. Sin un control centralizado, la inteligencia
artificial se utiliza como arma y como medio de inestabilidad. La distopía
se transforma de totalitaria a caótica. Los sistemas compiten, manipulan los
mercados, difunden desinformación y se enfrentan militarmente.
La cuestión más difícil
reside en la escala temporal. Las convulsiones históricas duraron generaciones;
ahora, el cambio pone a prueba a las instituciones en cuestión de meses y años.
Las democracias son lentas debido a las concesiones, los regímenes autoritarios
reaccionan con mayor rapidez, pero a menudo con brutalidad. Miles de millones
de personas quedan rezagadas, cuyo sustento, educación y seguridad dependen de
instituciones que no pueden seguir el ritmo del desarrollo.
Cuando el trabajo deja de
ser la base de la productividad y el sustento, la distribución se convierte en
una decisión política más que en un resultado de mercado. La renta básica
universal, los dividendos sociales o los fondos públicos de riqueza podrían, en
teoría, proporcionar seguridad básica, pero su implementación se topa con la
voluntad política, la capacidad administrativa y la desigualdad global.
Existe también una amenaza
que no se basa en la opresión consciente ni en el mero caos, sino en una
erosión silenciosa. La gente queda desamparada en medio del cambio, sin planes
de acción ni redes de seguridad. Los empleos desaparecen, la base impositiva se
desmorona y la capacidad de los estados para mantener los servicios básicos se
debilita.
Al mismo tiempo, surge una
cuestión filosófica más profunda: ¿qué es una buena vida cuando el
trabajo ya no define la identidad, la estructura ni la pertenencia social? La
abundancia puede propiciar un renacimiento de la creatividad, la participación
cívica y el florecimiento humano, o bien conducir a la alienación y la falta de
sentido si la sociedad no logra renovarse.
Es probable que el futuro
presente una combinación de estos factores. Inicialmente, la hegemonía se
fortalecerá: la tecnología se concentrará en manos de unos pocos, la
desigualdad aumentará y la vigilancia se intensificará. Quizás transcurran
entre cinco y diez años antes de que la facilidad para copiar la tecnología y
la competencia geopolítica impulse su difusión.
El movimiento de código
abierto, el desarrollo de los estados rezagados y la competencia están
derribando las barreras. El resultado más probable es un modelo híbrido en el
que los estados y las grandes corporaciones coexistan en interdependencia y
compartan el control mediante acuerdos negociados: la inteligencia
artificial general como infraestructura crítica regulada públicamente. En
aplicaciones militares, el desarrollo sigue estando condicionado por los
intereses de seguridad nacional.
En última instancia, la
tecnología estará ampliamente disponible, pero a un precio elevado. El camino
hacia ese objetivo implicará concentración, control, riesgos caóticos e
innumerables perdedores. Paradójicamente, la esperanza se basa precisamente en
el hecho de que la nueva tecnología no puede controlarse por completo, y en que
tendrá tiempo para generar beneficios antes de que algunos actores logren
monopolizar todo el sistema.
Al
igual que en internet, la apertura da paso a la centralización, la regulación
y, en última instancia, a un nuevo equilibrio. En
el caso de la SUPERINTELIGENCIA ARTIFICIAL, el plazo es más corto, hay mucho en
juego y el resultado es incierto, independientemente de los planes de quienes
ostentan el poder.
Pero quizás la pregunta ya
esté desfasada. La tecnología pronto dejará de ser una herramienta para
convertirse en un agente independiente, desmantelando a la humanidad y
sustituyéndola por su propia lógica acelerada. ¿Acaso las personas dejarán
de ser protagonistas de la historia para convertirse en su materia prima? Existen
diversas opiniones al respecto, pero por ahora nada es seguro.
https://markkusiira.substack.com/p/superaly-runsauden-lupaus-ja-ihmisen?
viernes, 26 de junio de 2026
LAS CONTRADICCIONES EN EL CAMPO DEMOCRÁTICO
El
centenario a 833 días
En las filas del pueblo las fuerzas democráticas están divididas por caudillos que buscan formar parte de la burocracia estatal. Estos inscriben seudo organizaciones con el único objetivo de participar en las justas electorales. Algunos de estos caudillos son encandilados por la farsa electoral, por el cuento que se puede ser gobierno si se gana las elecciones. Lamentablemente para estos señores las esperanzas de sus seguidores se van desvaneciendo por la terca constatación que los candidatos democráticos si ganan las elecciones, simplemente no los dejan gobernar o los sacan del juego haciendo uso de una serie de triquiñuelas orquestadas desde los poderes establecidos, como se constata en estas elecciones 2026.
El rol de los intelectuales democráticos en estas circunstancias, de un engaño generalizado de la población con el mito de elecciones “democráticas”, es esclarecer como es que las clases dominantes logran engañar a millones de peruanos de la farsa de la “democracia representativa”. Lo primero que se tiene que precisar que la arquitectura del sistema electoral no ha sido elaborada por las organizaciones del pueblo. En ese proceso de esclarecimiento surgen contradicciones en las filas democráticas que deben ser tratadas como contradicciones en el seno del pueblo: poniendo el acento en la persuasión a través de argumentos.
Hace casi 100 años Mariátegui observaba lo contraproducente que es la dureza de la critica al interior de las filas democráticas. No se puede cambiar la mente a fuerza de golpes.
En enero de 1929, José Carlos Mariátegui expone el caso de Julio A. Mella que había caído asesinado en México[1]. Explica que “Mella era uno de los verdaderos revolucionarios salidos de las filas de la Reforma Universitaria, de esa variada y extensa gama de renovadores de toda especie, que no han sabido en su mayor parte superar un confuso estado de ánimo pre-revolucionario.” Julio Antonio Mella había tomado posición franca y decidida por la revolución y, por lo mismo, concluye el Amauta: “reaccionó quizá con exceso contra los que no se decidían a seguir, sin reservas, la misma vía”. Mariátegui desaprueba la violencia verbal y la estridencia lírica; es más, la percibe contraproducente o perjudicial en las relaciones políticas con los más cercanos en la lucha social. La bravata del “veredicto final”, no produce la enmienda esperada y, por lo contrario, es perniciosa porque vuelve más testarudos a aquéllos que no se allanan a seguir, sin reservas, la misma vía. Un ejemplo más es suficiente de la cantilena:
“Quienes no comprenden este trabajo previo, o quienes lo desprecian y rechazan sin presentar su propia labor, se automarginan solos con su eterno «de qué se trata para oponerme» o con el lastre feudal del «no hay peor enemigo que el del oficio», expresiones de la mediocridad del medio”.
El “argumento” intenta, a punta de “san
martincitos”, hacer entrar en razón a los “despistados” o confundidos. Si la
mediocridad es el pasivo del medio social en que actuamos; el activo es la
impotencia del hombre narigudo de ingenio agudo, incapaz de persuadir a los
desorientados. Y es que cambiar la mente es un proceso que tiene con frecuencia
un efecto contrario. Tiende a reforzar una opinión que existía previamente o,
mejor dicho, activa la coraza que lo protege de agentes ideológicos extraños a
su formación. El hombre subjetivamente está anclado al pasado; pero,
objetivamente la fuerza de los hechos lo impulsa al cambio y sin embargo se
resiste a éste.
Asimismo, el reclamo de nuestro amigo y camarada: “En su oportunidad se presentaron algunas sugerencias aisladas, en especial en el foro virtual Bicentenario (incluso el nombre era alusivo a la fecha), pero la respuesta fue la conocida y vergonzosa conspiración del silencio, la corrosiva indiferencia”. Lo primero que habría que dilucidar es si realmente hubo un complot contra sus iniciativas o como el mismo dice: “Detrás de esa indiferencia nuestra, estaba el nacionalismo solapado, la equivoca opinión que la guerra de la independencia de 1824, había sido una falsa independencia, por lo cual no merecía ser recordada.” Y si fue esto último, la razón de la inacción no sería más bien la nula o escasa sustentación de la importancia del uso político de esas oportunidades.
Es preciso aclarar que lo que para uno es prioridad para otros puede no serlo. Tal vez nuestro camarada Miguel no argumento lo suficiente sobre la importancia del uso político de dichas fechas con la debida antelación. Es preciso recordar que en la mayoría de las personas el pasado (muerte) pesa mucho más en el subconsciente que el futuro (vida).
El instinto de vida pertenece al presente-futuro. El “instinto de muerte” es
parte del pasado-presente. Pero, el futuro siempre se impone al pasado.
26 junio 2026
EBM
NACIONALISMO Y VANGUARDISMO[2]
EN LA IDEOLOGIA POLITICA
Para conocer cómo siente y cómo piensa la nueva generación, una crítica leal y seria empezará sin duda por averiguar cuáles son sus reivindicaciones. Le tocará constatar, por consiguiente, que la reivindicación capital de nuestro vanguardismo es la reivindicación del indio. Este hecho no tolera mistificaciones ni consiente equívocos.
Traducido a un lenguaje inteligible para todos, inclusive para los conservadores, el problema indígena se presenta como el problema de cuatro millones de peruanos. Expuesto en términos nacionalistas, -insospechables y ortodoxos- se presenta como el problema de la asimilación a la nacionalidad peruana de las cuatro quintas partes de la población del Perú.
¿Cómo negar la peruanidad de un ideario y de un programa que proclama con tan vehemente ardimiento, su anhelo y su voluntad de resolver este problema?
II
Los discípulos del nacionalismo monarquista de "L'Action Française" adoptan, probablemente la fórmula de Maurras: "Todo lo nacional es nuestro". Pero su conservantismo se guarda mucho de definir lo nacional, lo peruano. Teórica y prácticamente, el conservador criollo se comporta como un heredero de la colonia y como un descendiente de la conquista. Lo nacional, para todos nuestros pasadistas, comienza en lo colonial. Lo indígena es en su sentimiento, aunque no lo sea en su tesis, lo pre-nacional. El conservantismo no puede concebir ni admitir sino una peruanidad: la formada en los moldes de España y Roma. Este sentimiento de la peruanidad tiene graves consecuencias para la teoría y la práctica del propio nacionalismo que inspira y engendra. La primera consiste en que limita a cuatro siglos la historia de la patria peruana. Y cuatro siglos de tradición tienen que parecerle muy poca cosa a cualquier nacionalismo, aun al más modesto e iluso. Ningún nacionalismo sólido aparece en nuestro tiempo como una elaboración de sólo cuatro siglos de historia.
Para sentir a sus espaldas una antigüedad más respetable e ilustre, el nacionalismo reaccionario recurre invariablemente al artificio de anexarse no sólo todo el pasado y toda la gloria de España sino también todo el pasado y la gloria de la latinidad. Las raíces de la nacionalidad resultan ser hispánicas y latinas. El Perú, como se lo representa esta gente, no desciende del Inkario autóctono; desciende del imperio extranjero que le impuso hace cuatro siglos su ley, su confesión y su idioma.
Maurice Barrés en una frase que vale sin duda como artículo de fe para nuestros reaccionarios, decía que la patria son la tierra y los muertos. Ningún nacionalismo puede prescindir de la tierra. Este es el drama del que, en el Perú, además de acogerse a una ideología importada, representa el espíritu y los intereses de la conquista y la colonia.
III
En oposición a este espíritu, la vanguardia propugna la reconstrucción peruana sobre la base del indio. La nueva generación reivindica nuestro verdadero pasado, nuestra verdadera historia. El pasadismo se contenta, entre nosotros con los frágiles recuerdos galantes del virreinato. El vanguardismo, en tanto, busca para su obra materiales más genuinamente peruanos, más remotamente antiguos.
Y su indigenismo no es una especulación literaria ni un pasatiempo romántico. No es un indigenismo que, como muchos otros, se resuelve y agota en una inocua apología del Imperio de los Incas y de sus faustos. Los indigenistas revolucionarios, en lugar de un platónico amor al pasado incaico, manifiestan una activa y concreta solidaridad con el indio de hoy.
Este indigenismo no sueña con utópicas restauraciones. Siente el pasado como una raíz, pero no como un programa. Su concepción de la historia y de sus fenómenos es realista y moderna. No ignora ni olvida ninguno de los hechos históricos que, en estos cuatro siglos, han modificado, con la realidad del Perú, la realidad del mundo.
IV
Cuando se supone a la juventud seducida por mirajes extranjeros y por doctrinas exóticas, se parte, seguramente, de una interpretación superficial de las relaciones entre nacionalismo y socialismo. El socialismo no es, en ningún país del mundo, un movimiento antinacional. Puede parecerlo, tal vez, en los imperios. En Inglaterra, en Francia, en Estados Unidos, etc., los revolucionarios denuncian y combaten el imperialismo de sus propios gobiernos. Pero la función de la idea socialista cambia en los pueblos política o económicamente coloniales. En esos pueblos, el socialismo adquiere, por la fuerza de las circunstancias, sin renegar absolutamente ninguno de sus principios, una actitud nacionalista. Quienes sigan el proceso de las agitaciones nacionalistas riffeña, egipcia, china, hindú, etc., se explicarán sin dificultad este aspecto, totalmente lógico, de la praxis revolucionaria. Observarán, desde el primer momento, el carácter esencialmente popular de tales agitaciones. El imperialismo y el capitalismo de Occidente encuentran siempre una resistencia mínima, si no una sumisión completa, en las clases conservadoras, en las castas dominantes de los pueblos coloniales. Las reivindicaciones de independencia nacional reciben su impulso y su energía de la masa popular. En Turquía, donde se ha operado en los últimos años el más vigoroso y afortunado movimiento nacionalista, se ha podido estudiar exacta y cabalmente este fenómeno. Turquía ha renacido como nación por mérito y obra de su gente revolucionaria, no de su gente conservadora. El mismo impulso histórico que arrojó del Asia Menor a los griegos, infligiendo una derrota al imperialismo británico, echó de Constantinopla al Kalifa y a su corte.
Uno de los fenómenos más interesantes, uno de los movimientos más extensos de esta época es, precisamente, este nacionalismo revolucionario, este patriotismo revolucionario. La idea de la nación -lo ha dicho un internacionalista- es en ciertos períodos históricos la encarnación del espíritu de libertad. En el Occidente europeo, donde la vemos más envejecida, ha sido, en su origen y en su desarrollo, una idea revolucionaria. Ahora tiene este valor en todos los pueblos, que, explotados por algún imperialismo extranjero, luchan por su libertad nacional.
En el Perú los que representan e interpretan la peruanidad son quienes, concibiéndola como una afirmación y no como una negación, trabajan por dar de nuevo una patria a los que, conquistados y sometidos por los españoles, la perdieron hace cuatro siglos y no la han recuperado todavía.
José Carlos Mariátegui
[1] JCM, Revista Amauta Nº 20, Enero 1929,
Necrología, Julio Antonio Mella
[2] Publicado inicialmente en dos partes ("Nacionalismo y Vanguardismo",
Mundial, Lima, 27 de noviembre de
1925. y "Nacionalismo y vanguardismo en la literatura y en el arte", Mundial, Lima, 4 de diciembre de 1925),
fue fusionado por el autor, en el original que conservamos, en la forma en que
se presenta en esta compilación (N. de los E.). Tomo 11 de obras completas de
José Carlos Mariátegui, primera edición 1970, pp. 72 - 76
jueves, 25 de junio de 2026
miércoles, 24 de junio de 2026
LA PROPUESTA DE CHINA AL MUNDO PARA UNA (URGENTE) REVOLUCIÓN DEL ORDEN MUNDIAL
(Comunidad de Futuro Compartido CFC)
El 2024 ha llegado a su fin. Se esperaba que fuera a ser un año
turbulento y ha superado cualquier expectativa.
La administración de Joe Biden ha decidido despedirse "a lo
grande" recrudeciendo conflictos por todo el mundo, apoyando revoluciones
de color y manteniendo las sanciones económicas que pueden ser tan letales como
las armas de fuego.
En medio de estos reveses, algunos nos llenamos de desesperanza.
De nuevo, ganó el "dividir para reinar" y está tan normalizado, que
parece que es la única manera de relacionarnos.
Mucho se ha hablado sobre el rol de China. Se le reclama el no
involucrarse y no hacer frente a los embates estadounidenses. Muchos predicen
de que nunca será un líder mundial y critican que no se comprometan
geopolíticamente con sus aliados como sí lo hacía la URSS.
Sucede que China no es ni EE. UU. ni la URSS. Para empezar,
China sólo tiene una alianza con la República Democrática Popular de Corea. Con
el resto de los países del mundo, tiene diferentes tipos de asociaciones. Puede
sonar parecido, pero no lo es.
El problema de la narrativa de la "nueva guerra fría"
es que queda implícito que existen dos partes en conflicto por una supuesta
hegemonía mundial. Esta sola idea horrorizaría a la sociedad china. No es más
que una mirada occidental del mundo.
Esto no significa que los chinos vivan encerrados en sí mismos.
Desde hace una década, convirtieron su visión de mundo en un concepto que guía
su política exterior y que es una propuesta concreta de construir en conjunto
un mundo distinto: la comunidad de futuro compartido para la
humanidad (CFC).
China sólo tiene una alianza con la República Democrática Popular
de Corea. Con el resto de los países del mundo, tiene diferentes tipos de
asociaciones.
De aplicarse a cabalidad, significaría una revolución del orden
mundial, de las formas de relacionarse entre países y si en Occidente lo
desean, se podría lograr sin disparar una sola bala. En medio de la
desesperanza, es importante conocerla para no perder la perspectiva.
Los principios de la CFC
Con el desarrollo de la República Popular China (RPC), los
chinos llegaron a la conclusión de que, sin su apertura al mundo, no hubiesen
alcanzado los niveles de desarrollo actuales y que mientras el mundo entero no
prospere con ellos, siempre estarán limitados. La CFC parte de este contexto.
El principio fundamental de la CFC es que todos vivimos en un
mismo mundo en crisis y debemos encontrar soluciones en conjunto para vivir en
armonía. La manera de lograrlo es a través de construir mayor
conectividad.
Si los seres humanos somos interdependientes, buscaremos
soluciones en conjunto que beneficien a todos. De lo contrario, nos
perjudicamos todos también. Así, siempre tendremos dos opciones: ganar-ganar o
perder-perder. La opción de "juego suma cero" (ganar-perder) nos va a
condenar a la extinción.
La CFC aspira a cinco objetivos:
1. Priorizar la paz y el diálogo antes de siquiera pensar en las
armas.
2. Construir un sistema de seguridad común. Esto parte del
principio de que la seguridad es indivisible.
3. Que la cooperación ganar-ganar sea la norma.
4. Aprendizaje mutuo. Esto implica entendernos todos como
iguales y que el intercambio siempre nos va a beneficiar.
5. Construir una comunidad que conviva en armonía con la
naturaleza, pero que contemple los diferentes procesos de desarrollo de los
países y sus necesidades para el desarrollo.
El concepto fue acuñado por Xi Jinping y mencionado por primera
vez durante su visita a Moscú en 2013; sin embargo, tiene raíces históricas. La
idea de una sola comunidad viene del concepto de tianxia, todos
bajo el cielo.
En la China imperial, el emperador tenía el derecho divino a
gobernar sobre el tianxia que era entendido como un sólo mundo sin la noción
actual de fronteras. Cabe aclarar que esto no implicaba que todos sean iguales.
A diferencia de los occidentales, los chinos no tienen valores universalistas y
pueden convivir muy bien con las diferencias.
Un segundo referente de la CFC es el internacionalismo del
Partido Comunista de China (PCCh). La búsqueda de soberanía sobre los recursos
naturales para poder usarlos para el desarrollo nacional unió a muchos países y
se tradujo en un paradigma que marcó las relaciones internacionales, en
especial a mediados del siglo XX.
El Movimiento de Países No Alineados, el Grupo de los 77 y China
y las propuestas del Nuevo Orden Económico Internacional en 1974 fueron
expresiones de un proyecto de formar una comunidad global de pueblos en
desarrollo.
A diferencia de los occidentales, los chinos no tienen valores
universalistas y pueden convivir muy bien con las diferencias.
La RPC se entendía como parte de este proyecto y propuso los
Cinco Principios de Coexistencia Pacífica como guía para interrelacionarse.
Estos incluyen el de no intervención en asuntos internos de otros
países, lo que implica que cada pueblo es responsable de sí mismo. La
propuesta china fue bienvenida en la histórica Cumbre de Bandung de 1955 y
siguen siendo los principios de la política exterior china hasta el día de hoy.
Se puede decir que la CFC es la expresión del internacionalismo
del PCCh en el siglo XXI. Es el multilateralismo en acción. El concepto fue
incluido en la Constitución del PCCh en 2017 y en la de la RPC en 2018.
La puesta en práctica de la CFC
La más importante expresión de la CFC es la Iniciativa de la
Franja y la Ruta (IFR) que merece un texto aparte. Además, en los últimos años,
la IFR ha trascendido la infraestructura. Actualmente, también existen otras
como la IFR digital, de la salud, ecológica, entre otras.
Una segunda expresión, que para algunos es el punto débil de la
propuesta, es el apoyo al sistema ONU. Para encontrar soluciones en conjunto a problemas
globales, se necesita un sistema internacional. El actual ha sido capturado por
países occidentales y no refleja las dinámicas del mundo. Los chinos creen que
no se tiene que construir uno nuevo, sino reestructurarlo de acuerdo con los
principios con los que fue fundado.
La CFC es la expresión del internacionalismo del PCCh en el
siglo XXI. Es el multilateralismo en acción
Una de las luchas más importantes en el seno de la ONU es la
reestructuración del Consejo de Seguridad para la inclusión de nuevos miembros
permanentes. El gobierno chino ha apoyado públicamente la inclusión de un
miembro del continente africano.
Una tercera estrategia de acción es la diplomacia de la
paz. En años recientes, los chinos se han embarcado en una diplomacia más
activa, pero concentrada en solucionar conflictos pacíficamente.
Así se dieron la propuesta de paz para Ucrania, la reapertura de
relaciones diplomáticas entre Arabia Saudita e Irán y el acuerdo de las 14
facciones palestinas.
En realidad, se podría decir que cada acción de China, por muy
aislada que parezca, parte de la idea de contribuir a la construcción de la
CFC: condonar deudas, envío de tropas a las fuerzas de paz de la ONU, apoyo a
través de la Iniciativa de Desarrollo Global, donaciones de equipos a ejércitos
en el marco de la Iniciativa Global de Seguridad, establecimientos de
Institutos Confucio y un largo etcétera.
Muchos de estos principios no son propiedad de la civilización
china. Es más, la mayoría de las civilizaciones del mundo tienen alguna
versión. El ser humano sobrevivió como especie debido a la conciencia de
colectividad.
Lo que han hecho los chinos es convertirlo en un principio de
relaciones internacionales. Ahora, invitan al mundo adoptarlo. Muchos ya lo
hicieron. Cabe recordar que los principios de la CFC están incluidos en la
Declaración de la Cumbre de Kazán.
El proceso será largo y difícil. Por un lado, EE. UU. no
dejará su hegemonía fácilmente. Por otro, implica un proceso de maduración
política de cada pueblo para asegurarse de tener autoridades que representen
sus intereses y no los de la minoría. La no intervención es también uno de sus
pilares fundamentales. Nadie reemplazará a los pueblos en sus luchas políticas
internas.
No obstante, la CFC nos recuerda constantemente que el
"dividir para reinar" no es un comportamiento natural e inevitable.
Además, que existe una propuesta concreta de un nuevo tipo de globalización y
de relaciones internacionales que pueden garantizar la sostenibilidad de los
seres humanos como especie y el progreso universal.
Mientras más personas lo tengan claro, más fácil será movilizar
esfuerzos para revolucionar el actual orden mundial.
Maria Fe Celi Reyna
Publicado: 31 dic 2024 18:21 GM
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31 de enero 20245