1/08/2026
En un periodo en que el mundo está bregando con crisis
ecológicas y sociales cada vez más profundas, la búsqueda de alternativas es
más urgente que nunca. En este contexto destaca la obra de Kohei Saito,
profesor de la Universidad de Tokio y autor de Marx
in the Anthropocene y Slow
Down: The Degrowth Manifesto. Saito se centra en las dimensiones ecológicas
y ecosocialistas del pensamiento de Marx y sostiene que este contiene ideas
ecológicas que se han pasado por alto o malinterpretado durante mucho tiempo.
Pese a que Marx no abogó explícitamente por el ecosocialismo, Saito señala que
su pensamiento ecológico puede inspirar y apoyar a los movimientos
ecosocialistas contemporáneos y políticas encaminadas a hacer frente a la
injusticia social y ecológica.
Me reuní con Kohei en Zagreb, donde fue uno de los
principales ponentes en la 9ª Conferencia Internacional sobre Decrecimiento,
que congregó a cientos de participantes de todo el mundo, entre quienes hubo
gentes de ciencia, académicas, activistas y políticas, para explorar modelos
sostenibles y justos en la economía y la sociedad. Su charla, titulada “Marx y
decrecimiento: ¿es posible?”, marcó la pauta de un amplio coloquio sobre la
relación entre el movimiento decrecentista y los enfoques políticos de la crisis
climática. Para mí personalmente, aquella discusión fue un punto de partida
clave para una visión del ecosocialismo democrático poscrecimiento como rumbo
concreto para la izquierda de hoy, con raíces en la tradición del socialismo
democrático que tiene su origen en la Primavera de Praga.
Antonin Horcica: ¿Qué te parece la conferencia internacional sobre decrecimiento
aquí en Zagreb, sobre todo dado su planteamiento amplio y el público diverso
que atrae?
Kohei Saito: Es magnífica, en particular por la
participación de mucha gente joven. La diferencia con Japón es enorme: allí la
discusión sobre las ideas de Marx suelen implicar a personas mayores. Me
siento muy inspirado por cómo se propaga esta idea del decrecimiento entre las
generaciones más jóvenes y veo con optimismo la posibilidad de construir un
nuevo futuro juntos.
El espectro de fondo también es muy amplio. No solo
han venido marxistas y activistas, sino también personas de muy diferentes
disciplinas: ciencias naturales, economía, filosofía. Y es bueno que el
concepto de decrecimiento se vuelva tan atractivo para tantas personas. Esto es
muy importante para movilizar a la gente. Después de todo, se trata de una idea
política, y esta clase de atracción es algo que realmente estamos buscando, ¿no?
A. H.: Aunque
resulta estimulante ver un público tan amplio, ¿no te parece que falta una
orientación clara de cara a la implementación la idea del decrecimiento?
K. S.: Aprendemos unos de otros. El decrecimiento es una idea relativamente nueva y a menudo la critican por falta de consistencia. Entiendo tus preocupaciones sobre la falta de orientación. ¿Qué deberíamos hacer ahora? Es una cuestión muy complicada, pero no estamos aquí para crear un partido político único. La finalidad de esta conferencia es intercambiar nuevas ideas, conocernos mutuamente y tejer relaciones internacionales. Pienso que la conferencia es un éxito en este sentido. No obstante, entiendo que también necesitamos centrarnos en la elaboración de nuevas estrategias, en cambiar las políticas y transformar el sistema económico. Esto es algo sobre lo que deberíamos ponernos a trabajar ya.
A. H.: Y en
relación con esto, ¿qué papel piensas que desempeña el ecosocialismo y el
ecomarxismo a la hora de influir positivamente en este movimiento?
K. S.: El marxismo lleva aquí muchos años. Si
logramos superar el antagonismo entre el ecosocialismo y el decrecimiento,
pienso que el marxismo, con su activismo político, puede contribuir de varias
maneras. Retomando tu comentario sobre la falta de estrategia, creo que el
marxismo puede concretar una política de decrecimiento, especialmente con
respecto a la clase obrera, que hoy por hoy no se siente muy atraída por la idea
del decrecimiento. Al integrar los principios marxistas con el decrecimiento
podemos desarrollar estrategias que apelen a una alianza más amplia y un
movimiento más amplio frente al sistema capitalista y por la justicia climática.
A. H.: En tu ponencia has mencionado que hay ecosocialistas que
promueven el crecimiento. ¿No te parece contradictorio que alguien que se
identifica como ecosocialista abogue por el crecimiento, puede que en forma de
socialismo verde? ¿Cómo debería abordar el ecosocialismo esta incoherencia?
K. S.: Al igual que el decrecimiento, el
ecosocialismo también es una categoría muy amplia. Reconozco que algunas
personas son más optimistas con respecto al progreso tecnológico, por lo que
asocian más el socialismo ecológico con el crecimiento. Sin embargo, después de
varias lecturas sobre el decrecimiento, pensé que este tipo de crecimiento
ecosocialista es demasiado optimista. Así que ahora intento convencer a mis
amigos y colegas marxistas para que abandonen esta clase de optimismo tecnológico
y traten de buscar otra solución, que es el comunismo del decrecimiento. Pienso
que el ecosocialismo es una categoría más amplia, en la que algunas personas se
inclinan más por un ecosocialismo orientado al crecimiento, pero yo estoy a
favor del comunismo del decrecimiento, la visión de una sociedad sin
crecimiento.
A. H.: ¿Sabías
que en Europa Oriental, y sobre todo en Chequia, los términos socialismo y
comunismo tienen connotaciones negativas? Algunos de mis amigos tratan de recuperar el
significado original de estos conceptos. ¿Crees que vale la pena
hacerlo o acaso deberíamos buscar una terminología alternativa?
K. S.: Sí, lo sé. Vengo de Japón, donde el
comunismo y el socialismo tienen implicaciones distintas a las de Europa
Oriental. Cuando hablo con algunas personas de Europa Oriental, como aquí en
Chequia, a menudo critican el uso de los términos comunismo y socialismo. Es
una situación complicada. Habría que encontrar algo que les resulte atractivo y
también sea histórica y políticamente significativo. Mi público primario es
japonés, pero cuando vine a Croacia a compartir mis ideas con gente de diversas
partes del mundo, la respuesta ha sido más bien positiva. Claro que también
entiendo que haya personas que digan “nada de socialismo, nada de comunismo,
eso es como en tiempos de Stalin, es muy autoritario”, etc. Así que si lo ves
de esta manera, lo respeto. Lo que importa es que hemos de superar el
capitalismo, y entonces la sociedad poscapitalista podrá llamarse como
queramos. No soy dogmático y me mantengo abierto a nuevas ideas.
A. H.: En la República checa tenemos alguna experiencia histórica de la
década de 1960, particularmente de 1968, cuando el ejército ruso, junto con
otras fuerzas del Pacto de Varsovia, intervino para suprimir el intento de
implementar el “socialismo con rostro humano”. Una de las ideas principales era
la de democratizar la economía para servir mejor al pueblo. ¿Crees que esto
sigue siendo relevante hoy en día?
K. S.: Desde luego, democratizar la economía es
muy importante. Cuando hablo de la necesidad de planificar más, me refiero a
que no podemos dejar todo en manos del mercado, la competencia y el mecanismo
de precios. Nos hallamos actualmente en una situación muy difícil a causa de la
crisis climática. Y hemos de invertir en lo que es necesario y evitar lo que es
innecesario. Así que necesitamos planificar, pero planificar también es un
término que recuerda a la gente a aquella vieja dictadura soviética. De todos
modos, cuando hablo de comunismo, socialismo y planificación, me refiero más
bien a democratizar la economía. La economía capitalista actual tampoco es
democrática. Realmente deberíamos buscar una nueva visión de la democratización
de la economía y al hacerlo no deberíamos tener miedo a criticar el capitalismo.
A. H.: Sobre la base de esta experiencia de la década de 1960 y también
con las nuevas ideas que emergen, incluidas las tuyas, hay un grupo de gente en
la República Checa que aspira a introducir el concepto de ecosocialismo
democrático en el debate público como algo que es muy necesario para cambiar la
sociedad. ¿Qué opinas al respecto?
K. S.: Estuve discutiendo con alguien de la
República Checa y era una persona muy crítica con el socialismo. El debate se
alargó mucho y cuando hablé del socialismo, me criticó por añorar la Unión
Soviética y cosas así. Creo que el ecosocialismo democrático se ajusta mucho a
mis puntos de vista. Quiero dejar claro que el ecosocialismo democrático no
aspirará a un crecimiento infinito, sino que se centra en satisfacer las necesidades
humanas básicas y asegurar la protección ambiental. No es forzoso que lo
llamemos “comunismo de decrecimiento”, puede haber más de un nombre, admito
sugerencias. La clave está en alejarse de un sistema capitalista que busca la
constante expansión. Cuando tengamos el socialismo, no deberemos aspirar más a
esa constante expansión. Básicamente se trata de un decrecimiento.
A. H.: La
insistencia en la palabra democrático es
crucial a la hora de impulsar el cambio revolucionario del sistema. La participación
activa del público es fundamental para que el cambio sea sostenible. La
economía del decrecimiento u otros modelos económicos alternativos, como la
economía circular, requieren una transformación institucional. Aunque los
movimientos pueden movilizar a gente y presionar a las instituciones
existentes, no pueden sustituirlas. Por tanto, la cuestión real es esta: ¿cómo
podemos implementar efectivamente un cambio institucional?
K. S.: Esto suena bastante rígido. Hemos hablado
del ecosocialismo democrático en el contexto del decrecimiento. En estos
momentos, lo que tenemos ante todo es un movimiento. Está claro que es preciso
institucionalizar nuestras demandas. Pero sigo pensando que el movimiento mismo
es demasiado pequeño. Vista la crisis ambiental y el carácter ubicuo del
neoliberalismo, especialmente pospandémico, la gente se da cuenta de que
nuestra sociedad prioriza el beneficio por encima de las vidas humanas. Pienso
que tenemos una oportunidad.
Esta experiencia de la Unión Soviética ha ensombrecido
nuestro futuro para mucho tiempo. Sin embargo, tras la crisis económica
de 2008, ahora estamos asumiendo nuevas ideas poscapitalistas sin el peso de la
era soviética sobre nuestras memorias. Como he dicho antes, un número
significativo de jóvenes no dudan en apoyar ideologías poscapitalistas,
rompiendo con sentimientos del pasado, y lo hacen con entusiasmo.
A. H.: Solemos
utilizar el PIB como indicador primario del crecimiento; es casi como un mantra
que actualmente lo domina todo. ¿Crees que existe otra manera de evaluar el
progreso social?
K. S.: Ya existen otros indicadores, como el
Índice de Desarrollo Humano, el Indicador de Progreso Genuino, y muchos más que
realmente tienen en cuenta nuestro bienestar, el nivel de educación, el grado
de igualdad, nuestro impacto ambiental, etc. Tal vez podamos plantear uno
nuevo. No soy economista, de modo que no puedo hacer algo por mí mismo, pero es
relativamente fácil imaginar que puedo dedicarme a hacer cosas como esa. No es
más que una opción política. Si el gobierno decide otorgar más importancia a
estos nuevos indicadores que al PIB, tendremos un mundo diferente.
De hecho, estoy promoviendo esta iniciativa en Japón,
pues este país está estancado, en términos del PIB, desde hace más de 30 años,
de manera que la gente está preocupada, pero en realidad, si miras el nivel de
educación, el grado de seguridad, la previsión social, la alimentación, la
cultura, todo eso funciona bastante bien en Japón. Entonces, ¿por qué no
utilizamos estos datos y luego los promovemos fuera de Japón? Ideas como esta
atraen a algunas personas. Bueno, lo intentaremos.
A. H.: Finalmente,
me gustaría centrarnos en tu obra. ¿Cómo descubriste la relación entre Marx y
la ecología? Ya sé que gran parte del proceso se describe en tus dos libros,
pero ¿puedes hacer un resumen?
K. S.: Fui a Alemania y me puse a examinar los
cuadernos de notas de Marx. Esos cuadernos, especialmente de antes y después
del Capital, contienen un montón de
material sobre ciencias naturales. Entonces me pregunté por qué Marx había
leído sobre ciencias naturales para acabar de escribir El Capital, que trata del capitalismo y la
economía política crítica. No tiene nada que ver con las ciencias naturales.
Por supuesto, eso era lo que yo pensaba.
Sin embargo, entonces, al leer aquellos cuadernos, me
dí cuenta de que él estaba sumamente interesado en cuestiones de ecología,
sostenibilidad y cómo el capitalismo de hecho socava estas condiciones. De esta
manera, al leer los cuadernos me percaté de que Marx se interesaba por
cuestiones ecológicas y que en el siglo XX no tuvimos en cuenta esta dimensión.
Integrando esta clase de conocimiento ecológico en el socialismo, pienso que
podemos tener un poscapitalismo más democrático y sostenible. Es algo que
deberíamos hacer ahora, y podemos contar con más avances y una mayor interacción
con la gente que defiende el decrecimiento, aprender unos de otros y construir
un movimiento más grande y luego institucionalizar nuestras demandas para el
futuro.
A. H.: Una
última pregunta. ¿De qué tratará tu próximo libro?
K. S.: ¿Mi próximo libro? Estoy pensando en la
cuestión de la planificación. Es una cuestión muy importante, porque no podemos
dejar todo en manos del mercado. ¿Cómo planificamos? Queremos evitar la manera
de planificación soviética, ¿no? Necesitamos una planificación democrática, ¿y
eso qué es? Hemos de pensar en ello.
A. H.: ¿Supone
implicar a la gente directamente en el proceso de planificación? La clave está
en dar cancha a la iniciativa popular, en hallar el equilibrio correcto para no
repetir las experiencias negativas.
K. S.: Sí, eso es exactamente.
Muchas
gracias.
12/07/2026
Notes of a Stubbornly Naive Leftist
Traducción: viento sur
[Esta
entrevista se publicó originalmente en checo en Alarm, una revista digital checa de izquierda, el 28
de septiembre de 2023. La versión inglesa es la traducción realizada por el
propio autor de la entrevista y ha sido aprobada por Kohei Saito.]
Fuente: https://vientosur.info/decrecimiento-marx-y-el-futuro-de-la-izquierda/