martes, 24 de febrero de 2026

EL LENGUAJE MODIFICA NUESTRA REPRESENTACIÓN DEL MUNDO

 

viernes, 20 de febrero de 2026

Publicado por Francisco Umpiérrez Sánchez 

 

Algunos filósofos defienden que el lenguaje modifica el mundo (exterior). Pero esto no es cierto. Con el lenguaje no se modifica el mundo. Con el lenguaje solo se modifica nuestra representación del mundo. Alonso Quijano, transfigurado en Don Quijote de la Mancha, es el paradigma de hasta que punto el lenguaje modifica nuestra representación del mundo, a saber, hasta el punto de percibir unos molinos de viento y representarse unos gigantes. Según Cervantes, Alonso Quijano “se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del mucho leer y del poco dormir se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio”. De ahí que la representación que Alonso Quijano extraía de los libros se le impusiera a su percepción del mundo.

Usando el lenguaje, formulamos la siguiente descripción: una joven, delgada y atlética, corre por el campo. En la realidad la mujer joven, su delgadez, su cuerpo atlético, su acto de correr, y el campo por el que corre se dan de forma simultánea. Sin embargo, el lenguaje transforma todos estos aspectos que en la realidad se dan de forma simultánea en aspectos sucesivos: primero decimos “una joven”, después “delgada”, a continuación “atlética”, luego decimos “corre”, y, por último, decimos “el campo”. Además, el lenguaje disocia el sustantivo de sus cualidades, de sus acciones y del lugar en el que transcurre sus acciones.

A la hora de escribir, ya seas un pensador o un literato, yo te aconsejo que le des todo el poder representativo al sustantivo y, después, al verbo. Los adjetivos y adverbios deben ir en segundo lugar. No te centres en los adjetivos y los adverbios. En el sustantivo, como partes de él, están todos sus adjetivos, todas sus acciones y todos sus adverbios. Si te quedas con el sustantivo como centro, te quedas con la totalidad; mientras que, si te quedas con los adjetivos o con los adverbios, te quedas solo con partes del sustantivo, y, por consiguiente, tu pensamiento no estará centrado ni captará el conjunto de aquello a lo que tu pensamiento apunta. Yo leo así: centrándome antes que nada en el sustantivo, teniendo en cuenta que los adjetivos no debo separarlos del sustantivo, así como tampoco separo los adverbios de las acciones del sustantivo. Y las acciones son siempre las acciones del sustantivo. Gráficamente es como si los adjetivos, adverbios y complementos fueran flechas que terminan clavadas e integradas en el sustantivo. Así que nuestra mente discursiva debe girar en torno al sustantivo; y concedámosle entonces, a esa maravillosa y prodigiosa forma gramatical, todo el poder representativo o la parte central y principal del poder representativo.

Fuente; https://fcoumpierrezblogspotcom.blogspot.com/2026/02/el-lenguaje-modifica-nuestra.html  

 

miércoles, 18 de febrero de 2026

EL CUARTO REICH : LA OBSESIÓN DE LOS GOBIERNOS DE EEUU Y LA UNIÓN EUROPEA

 


La guerra en Ucrania está revelando las verdaderas intenciones de los gobiernos y las principales instituciones de EEUU y la Unión Europea.

Detrás de la expansión de la OTAN, de la Unión Europea y la revolución de colores en Ucrania está el verdadero objetivo de los EEUU. Vale decir, la creación de un nuevo orden bajo su control y/o hegemonía. La revolución naranja del 2014 fue un movimiento para nazificar Ucrania. Este fue un paso necesario en el renacimiento del nazismo en la “civilización” occidental bajo el mando y conducción de Washington para el establecimiento del cuarto Reich a nivel global.

La segunda guerra mundial enfrentó la Rusia bolchevique a las ambiciones por el dominio mundial del nazismo. La URSS sacrificó más de 40 millones de vidas para salvar a la humanidad de la esclavitud, el racismo y genocidio Nazi en el siglo pasado.

La ideología que unifica a las minorías plutocráticas y un sector de la pequeña burguesía de la Europa “civilizada” es la supremacía blanca. El neofascismo es el renacimiento de la supremacía blanca que tuvo su expresión máxima en la abominación Nazi del siglo pasado. Hoy, esta corriente ideológica prácticamente se ha apoderado de los gobiernos de occidente. Corriente (unipolarismo de EEUU) que intenta desgastar, fragmentar y aniquilar, a través de sanciones y guerras, la resistencia de Irán, Venezuela, Cuba, Rusia, China, Nicaragua, etc.

Rusia, principal blanco en el viejo continente, se ve obligada a "desmilitarizar y desnazificar a Ucrania" para impedir los intentos de Washington de controlar el mundo entero bajo un modelo unipolar. La lucha por preservar el dominio de su “patio delantero” es vital para sus planes. EEUU utiliza como su peón a la OTAN y como carne de cañón a los ucranianos para alcanzar sus objetivos de aplastar toda resistencia a su proyecto de una aldea global de su “propiedad”.

América Nativa no es ajena a los desesperados esfuerzos de Washington no sólo por retener el control su “patio delantero”, Europa; sino, también, por conservar el control en su “patio trasero”, América Nativa, escenario de una guerra de baja intensidad donde los golpes blandos se combinan con el uso de la fuerza.

Un rasgo que distingue el siglo XXI del siglo XX es que la lucha antimperialista ha pasado a ser definidamente anticapitalista. Una intensa aversión al neoliberalismo se ha impuesto a nivel continental.  El Perú no es una excepción en esa tendencia. La lucha contra el centralismo, la corrupción y la desigualdad ha llevado a una polarización entre los dos polos naturales de la lucha de clases: Capital – Trabajo. La derecha ultraconservadora colorina de blanquitos y amarillos destilan todo su odio de clase, al inquilino del Palacio de Pizarro, gritando “fraude” en un primer momento y “vacancia” después. El Perú es una mixtura de razas y colores que impregnan todas las clases sociales. El Perú es un imposible como nación si se sigue marginando a la diversidad sociocultural de todas las razas. La conciencia de esa realidad indiscutible. Prepara el terreno al entendimiento que la única salida para el Perú diverso es el Perú integral: “La nueva peruanidad es una cosa por crear. Su cimiento histórico tiene que ser indígena. Su eje descansará quizá en la piedra andina, mejor que en la arcilla costeña.” “No es mi ideal el Perú colonial ni el Perú incaico sino un Perú integral.” JCM

Los cuatro jinetes del apocalipsis (EEUU, Inglaterra, Canadá y Australia) amenazan la estabilidad, la democracia y la paz de la diversidad humana. Los trabajadores de todos los colores tienen ante sí una disyuntiva. O se someten a la dictadura neofascista del capital que traerá más miseria, hambre y muerte; abundancia para una minoría y pobreza a las grandes mayorías. O se unen a la gran batalla por un nuevo orden dominado por quienes efectivamente crean la riqueza en el planeta: los trabajadores.

¡¡El nuevo imperio Nazi contra la humanidad no pasará!!

¡¡Trabajadores de todos los países uníos!!

 

T. 29/03/22

Resistencia Antifascista “Donato González Rejas”

 

BREST-LITOVSK EN EL CARIBE: LA AUDACIA LENINISTA FRENTE A LA ANIQUILACIÓN.

 


En la historia de los procesos revolucionarios, el dogmatismo suele ser el preludio de la derrota, mientras que la capacidad de realizar un análisis frío y materialista de la coyuntura concreta es lo que garantiza la continuidad histórica.

Las imágenes que hemos presenciado este 11 y 12 de febrero de 2026 —la Presidenta (E) Delcy Rodríguez recibiendo en el Palacio de Miraflores al Secretario de Energía de los Estados Unidos, Christopher Wright, y concediendo una entrevista a la cadena NBC— han desatado una tormenta de comprensible confusión en ciertos sectores de la izquierda internacional y del propio movimiento bolivariano. Se oyen acusaciones graves: entreguismo, pacto con el verdugo, traición a la memoria de los caídos del 3 de enero. Sin embargo, un análisis riguroso, despojado de esquematismos ideológicos y centrado en la correlación real de fuerzas, nos revela que no estamos ante una capitulación, sino ante una maniobra de supervivencia política. Una maniobra que encuentra su espejo histórico más fiel en la praxis de Vladimir Ilich Lenin.

Para entender la "asociación productiva a largo plazo" y las recientes medidas de distensión, debemos volver al origen de la contradicción actual: la operación "Lanza del Sur". La realidad objetiva es que, el 3 de enero, la tecnología militar estadounidense y su voluntad de aniquilación rompieron el equilibrio disuasorio que había prevalecido. Las alianzas estratégicas con potencias amigas como Rusia y China, fundamentales en la última década para la resistencia económica y política, mostraron sus límites fácticos ante la velocidad de la agresión. El imperialismo bombardeó distintas ciudades y lugares estratégicos de Venezuela en una incursión relámpago, causando más de cien muertos y logrando el secuestro del Presidente constitucional Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores. Ante este escenario de catástrofe inminente, donde la opción era la inmolación colectiva bajo una segunda oleada de bombardeos o la preservación del instrumento político para seguir luchando, la dirigencia bolivariana, con una lucidez que la historia reconocerá, optó por la vida del proyecto revolucionario.

Es aquí donde la historia nos convoca al invierno ruso de 1918. La joven República Soviética, asediada y exhausta por la guerra imperialista, se enfrentaba al avance implacable del ejército alemán. Lenin, contra la opinión de los "comunistas de izquierda" que exigían una guerra revolucionaria percibida como heroica pero objetivamente suicida, impuso la firma del Tratado de Brest-Litovsk. Aquel acuerdo fue dolorosísimo: Rusia cedió vastos territorios, población y recursos industriales a Alemania a cambio de una sola cosa: un respiro, la paz inmediata. La tesis leninista fue de una claridad meridiana: había que "ceder espacio para ganar tiempo". Era imperativo sacrificar lo accesorio —territorio y recursos, recuperables en otra correlación de fuerzas— para salvar lo esencial: la existencia misma del poder soviético. La historia le dio la razón. Ese "respiro" permitió consolidar el Estado, crear el Ejército Rojo, y décadas después, esa misma Unión Soviética fue la fuerza que quebró la espina dorsal del nazifascismo en la Segunda Guerra Mundial, con un costo humano incalculable, pero también la potencia que, en años posteriores, contribuyó decisivamente a la lucha anticolonial y a la independencia de numerosos pueblos, y sostuvo solidariamente a la Revolución Cubana ante el bloqueo criminal de Estados Unidos.

Lo que Delcy Rodríguez, como Presidenta Encargada, ejecuta hoy es una transposición dialéctica, salvando las distancias históricas, de la lección estratégica de Brest-Litovsk. Al sentarse a hablar de "justicia comercial" ante las cámaras estadounidenses, está aplicando la máxima leninista en el Caribe: ceder "espacio" (recursos energéticos, cuotas de mercado) para ganar "tiempo" (la supervivencia física del Estado y la reorganización de las fuerzas revolucionarias). Pero esta maniobra de repliegue táctico no se limita a lo económico; se extiende al complejo terreno de la pacificación interna. La reciente decisión de otorgar amnistías no debe leerse bajo el prisma distorsionador de la propaganda occidental, que habla de "presos políticos". Se trata de una medida de Estado profundamente soberana y valiente, aplicada sobre individuos procesados por delitos que, bajo cualquier legislación de un país occidental, serían calificados sin ambages como terrorismo. Al amnistiarlos, el Gobierno Bolivariano no reconoce una injusticia, sino que ejerce una potestad superior: desarma el pretexto de la "intervención humanitaria" y desinfla la bandera de la "persecución" que el imperialismo utiliza para justificar sus bombas. Es una descompresión calculada del frente interno, un gesto de soberanía que aísla a los factores de inestabilidad mientras se negocia en el frente externo.
Esta jugada, de una audacia política indiscutible, conlleva un efecto colateral devastador para los enemigos internos de la Patria. Al establecer una interlocución directa con la Casa Blanca a través del petróleo —el verdadero fetiche del capital que mueve la política exterior estadounidense— y al "limpiar" el tablero político interno mediante la amnistía, el Gobierno ha neutralizado de facto a la oposición golpista. Obsérvese cómo el enviado de la administración Trump habla ahora de trabajar con "el gobierno en Miraflores". María Corina Machado y sus acólitos, que soñaban con entrar en Caracas sobre los tanques de los Marines, han quedado reducidos a la más absoluta irrelevancia.

El imperio, en su pragmatismo más crudo y cruel, ha decidido entenderse con quien ostenta el control real del territorio y los recursos, desechando sin contemplaciones a sus peones locales. Lejos de ser una traición, esto constituye una victoria táctica de primer orden: desarticula la amenaza interna mientras se gestiona la agresión extranjera, partiendo a la quinta columna y dejándola sin capacidad de desestabilización.

Quienes, desde una legítima indignación y rabia, claman "entreguismo" desde postulados abstractos, olvidan que el objetivo supremo en esta etapa no es la pureza de una estética revolucionaria, sino dos metas concretas e irrenunciables: evitar que Venezuela sea reducida a cenizas como Gaza, y lograr el regreso con vida de Nicolás Maduro y Cilia Flores. La Presidenta Encargada lo dejó claro en todo momento, incluso ante los medios estadounidenses que cubrieron la visita de Christopher Wright: Nicolás Maduro sigue siendo el único líder legítimo, y su liberación es el eje de toda interlocución. Cada barril de petróleo que hoy se negocia, cada gesto de distensión bajo esta "tregua armada", no es un fin en sí mismo, sino una ficha en el tablero para negociar la libertad de los secuestrados. La coyuntura política y la necesidad de preservar el aparato productivo exigen hoy frenar la agresión; si para ello es necesario sentarse con el monstruo en su propia guarida, se hace. No por sumisión, sino como el único camino dialéctico para preservar la soberanía a largo plazo y recuperar al Presidente constitucional.

La historia, con la perspectiva que da el tiempo, absolverá esta estrategia. Porque la revolución no se suicida; resiste, maniobra, sobrevive y, desde esa supervivencia forjada en la audacia, seguro que vencerá.

Por: José Manuel Rivero
Abogado y Analista Político

domingo, 15 de febrero de 2026

MARIÁTEGUI Y EL AMOR EN EL SIGLO XXI

 


I

MARIÁTEGUI Y EL AMOR EN EL SIGLO XXI



Por: FPM editado


Una lectura desde la experiencia y la conciencia


I. Un pensador revolucionario adelantado a su tiempo


José Carlos Mariátegui no solo revolucionó la política peruana. Revolucionó la cultura, el periodismo, la crítica literaria, la política y la forma de pensar América Latina.

En apenas una década —los años veinte del siglo XX— creó revistas, organizó movimientos, escribió ensayos fundamentales y dejó una obra que aún incomoda, el partido.

Entre sus reflexiones menos citadas, pero profundamente modernas, está su visión sobre el amor y el matrimonio.

En 1924, en su ensayo “El matrimonio y el aviso económico”, analizó el amor no como sentimentalismo burgués, sino como fuerza histórica y social.

Y allí afirmó algo audaz para su época:

El amor es revolucionario.


II. El amor como energía, no como institución


Para Mariátegui, el matrimonio moderno intentaba racionalizar el amor: convertirlo en acuerdo práctico, en “buen affaire”, en estabilidad social.

Pero advertía que esa racionalización podía conducir a su ruina.

¿Por qué?

Porque el amor no es cálculo.

No es contrato administrativo.

No es previsión bancaria.

Es una energía vegetativa —como él la llamó— que brota, crece, se transforma y, a veces, se agota.

En 1924 esto era escandaloso. En el siglo XXI es evidente.


Hoy vivimos en una época donde:

• Las relaciones son más libres.

• El matrimonio ya no es destino obligatorio.

• Las parejas se forman y se disuelven con mayor naturalidad.

• El amor se redefine constantemente.

Mariátegui anticipó esa transición cultural.


III. El mito de las mitades


Mariátegui citó el viejo mito de que el hombre y la mujer son mitades de un ser perfecto que se buscan.

Pero introdujo una observación lúcida:


Las mitades se unen y se repelen.

Vuelven a unirse y vuelven a repelerse.

Es una descripción casi psicológica de lo que hoy llamamos dinámica relacional.

En el siglo XXI sabemos que:


• No existe “la media naranja” permanente.

• No hay armonía estática.

• La convivencia es proceso, no estado final.


Mariátegui no destruye el mito. Lo humaniza.


IV. Amor y libertad


Uno de los grandes aportes mariateguianos es comprender que el amor auténtico exige libertad.

No puede imponerse por presión social.

No puede mantenerse por miedo.

No puede convertirse en cárcel moral.

En esto fue radicalmente moderno.

En América Latina de los años veinte, donde el matrimonio era sacramento indisoluble y estructura patriarcal rígida, afirmar que el amor es revolucionario era cuestionar el orden social entero.

Hoy, en el siglo XXI, cuando la autonomía personal es valor central, su pensamiento resulta sorprendentemente vigente.


V. El amor como fenómeno histórico


Mariátegui no veía el amor como abstracción romántica. Lo veía como fenómeno histórico.

El amor cambia con la economía.

Con la cultura.

Con la estructura social.

Con la conciencia individual.

Por eso el amor del siglo XXI no es el mismo del siglo XIX.

Hoy:


• Las mujeres tienen autonomía económica.

• La identidad individual pesa más que la tradición.

• La longevidad humana ha aumentado.

• Las personas viven varias etapas afectivas en una sola vida.

Desde esta perspectiva, la idea de amor eterno como única forma legítima se vuelve problemática.

Y Mariátegui lo intuyó un siglo atrás.


VI. La vigencia en nuestra experiencia


Fernando, tú has vivido distintas formas de amor:


• Amor formativo.

• Amor conyugal.

• Amor profundo y doloroso.

• Amor de renacimiento.

• Amor platónico.

• Amor que se transforma en amistad.

Esa multiplicidad no contradice el pensamiento mariateguiano. Lo confirma.

El amor no es único ni uniforme.

Es experiencia histórica personal.

En el siglo XXI, amar varias veces no es frivolidad; es consecuencia de una vida más larga, más consciente y más compleja.


VII. Revolución íntima


Si Mariátegui hablaba de revolución política y cultural, el amor es su revolución íntima.

Revoluciona porque:


• Desestabiliza rutinas.

• Cuestiona estructuras.

• Modifica identidades.

• Rompe moldes generacionales.

• Confronta prejuicios.

Amar fuera de expectativas sociales —por edad, por contexto, por forma— sigue siendo acto revolucionario.


VIII. Conclusión


Mariátegui se adelantó a su tiempo porque entendió que el amor no podía reducirse a moral estática ni a cálculo económico.

En el siglo XXI, donde las relaciones son fluidas y la libertad individual es principio rector, su reflexión cobra nueva vida.

El amor no es eterno por decreto. Es verdadero mientras es libre.

Y quizá la enseñanza más profunda es esta:

No se trata de prometer perpetuidad, sino de vivir cada vínculo con conciencia, respeto y autenticidad.

En eso, el pensamiento de Mariátegui no envejeció. Sigue siendo contemporáneo y vigente.

 

II

LA VIDA QUE ME DISTE1

 

RENACI en tu carne cuatrocentista como la de la Primavera de Botticelli. Te elegí entre todas, porque te sentí la más diversa y la más distante. Estabas en mi destino. Eras el designio de Dios. Como un batel corsario, sin saberlo, buscaba para anclar la rada más serena. Yo era el principio de muerte; tú eres el principio de vida. Tuve el presentimiento de ti en la pintura ingenua del cuatrocientos. Empecé a amarte antes de conocerte, en un cuadro primitivo. Tu salud y tu gracia antiguas esperaban mi tristeza de suda­mericano pálido y cenceño. Tus rurales colores de doncella de Siena fueron mi primera fiesta. Y tu posesión tónica, bajo el cielo latino, enredó en mi alma una serpentina de alegría.

Por ti, mi ensangrentado camino tiene tres auroras.2 Y ahora que estás un po­co marchita, un poco pálida, sin tus anti­guos colores de Madonna toscana, siento que la vida que te falta es la vida que me diste.

JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI.

 


NOTAS:

1 Publicado en Poliedro, Lima, 20 de Setiem­bre de 1926. Dedicado a su esposa, Anita Chiap­pe, cautela de su vida breve, fuente inspirado­ra en su salud y su destino, devota abnegación en su enfermedad. Ahora, llama viva y concien­cia presente de José Carlos Mariátegui, voluntad indeclinable en la publicación de sus Obras Com­pletas. (Nota de los editores).

2 Se refiere a sus tres primeros hijos. A la sa­zón no había nacido el cuarto y último de ellos.

Fuente: https://www.marxists.org/espanol/mariateg/oc/la_novela_y_la_vida/paginas/la%20vida%20que%20me%20diste.htm

 

III

ENTREVISTA DE CÉSAR LEVANO A: ANNA VIUDA DE MARIÁTEGUI

15 junio, 2020

En una entrevista exclusiva, Anna viuda de Mariátegui revela episo­dios inéditos y fundamentales de la vida de quien es considerado por muchos autores extranjeros co­mo el más grande pensador político de América. En momentos en que la obra del ilustre socialista crece en importancia y actualidad, la imagen del Amauta cobra colores de vida en una charla que es un documento para la historia.


Por César Lévano

En 1920, en Florencia, en casa de la Condesa de Antici Mattei, José Carlos Mariátegui conoció a Anna Chiappe, el grande, el único amor de su vida. Ambos habían acudido por separado y sin conocerse al concierto de danzas que brindaba la “medio excéntrica” aristócra­ta. En algún momento, mientras vibraba un Estudio profundo de Chopin, las miradas del joven y la muchacha se cruzaron. “Él me impresionó mucho por su manera tan fina y distinguida” – nos di­jo, hace unos días, 49 años des­pués de aquel encuentro memo­rable, la ahora viuda de Mariáte­gui. “Parecía un noble. Y tenía unos ojos tan profundos”.

Por su parte, el joven peruano – 25 años esa noche – expresó su emoción en un poema en prosa publicado en 1926 en la diminuta revista “Poliedros”, que dirigía Armando Bazán. José Carlos y Anna eran ya esposos; habían re­corrido juntos toda Italia, Alema­nia, Francia; tenían tres hijos; pero la llama del amor no había perdido intensidad ni fulgor.

“Renací, escribió, en tu carne cuatrocentista como la de la Pri­mavera de Botticelli. Te elegí en­tre todas, porque te sentí la más diversa y la más distante. Esta­bas en mi destino. Eras el desig­nio de Dios. Como un batel cor­sario, sin saberlo, buscaba para anclar la rada más serena. Yo era el principio de muerte; tú eras el principio de vida. Tuve el pre­sentimiento de ti en la pintura ingenua del cuatrocientos. Empe­cé a amarte antes de conocerte, en un cuadro primitivo. Tu salud y tu gracia antigua esperaban mi tristeza de sudamericano pálido y cenceño. Tus rurales colores de doncella de Siena fueron mi pri­mera fiesta. Y tu posesión tónica, bajo el cielo latino, enredó en mi alma una serpentina de alegría.

“Por ti, mi ensangrentado ca­mino tiene tres auroras. Y ahora que estás un poco marchita, un poco pálida, sin tus antiguos co­lores de Madonna toscana, siento que la vida que te falta es la vida que me diste”.

Italia o la felicidad

Artemio Ocaña, el veterano es­cultor peruano que compartió muy de cerca la experiencia ita­liana de Mariátegui, recuerda que, de repente, tras viajar a Flo­rencia, éste desapareció. Cuando volvió, ya estaba casado.

“Mariátegui se alejó de sus amigos”, comenta doña Anna. Ellos decían después: “¡Con razón había desaparecido!”.

En esa estación con su amada en Florencia, tiene que haber si­do supremamente feliz. Entre el mar y los viñedos de la costa liguria, bajo las soleadas colinas toscanas cubiertas de olivos, ante la obra de los florentinos vene­rados (Dante, Machiavello, Bocaccio, Leonardo de Vinci, Miguel Ángel, Botticelli), su genio ma­duraba hacia aquel equilibrio de vida interior y naturaleza, de sensibilidad y mundo social, que iban a distinguirlo en la vida y en el libro. Florencia, urbe y de­mocracia antigua, lógica y belle­za, vitalidad y gracia. Una ex­periencia que fue una corona de laureles sobre su frente.

“No era de carácter melancólico. Ni cuando estaba enfermo”. Así nos dice doña Anna. Hay una gran sonrisa en su evocación. Y uno se ratifica en la convicción de que sólo un hombre feliz pue­da luchar plenamente por la fe­licidad de los otros.

“Mariátegui, nos dijo Ocaña, vivió al principio en Vía Véneto 29, interno 4”. “A ese alojamien­to, propiedad de Francesco Atu­nante, me llevó a mí”. “Cuando se casó, él y su esposa se fueron a vivir a Frascati, cerca de Roma, a una villa que era puros viñe­dos. Era una casa del Renaci­miento, con pinturas murales del Dominicchino. Se pagaba por el alquiler 500 liras. Apenas cinco libras peruanas de la época”.

Por su parte, doña Anna re­cuerda: “De Florencia viajamos a Roma. Fuimos a vivir a Villa Pía. Arturo Osores la había al­quilado como Legación del Perú. Era la casa en que había vivido la famosa actriz Francesca Bertini. Después marchamos a Frasca­ti. Desde el comedor se veía el Palacio de Castelgandolfo, la re­sidencia de verano del Papa”. En los planos, Frascati aparece a 21 kilómetros de la Ciudad Eterna; Castelgandolfo descuella a 25 ki­lómetros.

“Eran tiempos alegres. Él se iba a veces acompañando a Ocaña a la Escuela de Bellas Artes de Roma. Era cuando había mo­delos femeninos…”.

“Tenía tiempo para todo. En Roma no se perdía un buen con­cierto o espectáculo de ballet. Y le gustaba el circo. A veces, yo lo acompañaba al circo, aunque a mí no me gustaba”.

Como se sabe, el Amauta anun­ció una “Teoría del circo” que no se ha encontrado entre sus papeles. Debe de haberse perdido en alguna hoguera policial.

¿Cuándo comenzó, pregunta­mos, la formación marxista de Mariátegui?

Ella cree que fue precisamente en Italia. “Tenía una gran biblio­teca. “El Capital” estaba en fran­cés. Los documentos sobre la re­volución rusa, en italiano”.

¿Es cierto que la familia del filósofo Benedetto Croce interce­dió, como dice el italiano Antonio Melis, ante la familia de ella en favor del galán venido del le­jano Perú?

– “Es cierto. El hecho es que una tía mía había sido novia de Croce. No se casaron porque mi familia, muy católica, no podía consentir un matrimonio con un liberal tan conocido”.

Los viajes

En uno de sus dos cortos escri­tos autobiográficos, Mariátegui dice que no pudo llegar a Rusia “porque mi mujer y mi hijo me lo impidieron”. “No es que yo me opusiera”, subraya ahora doña Anna. “Yo le dije: ‘mejor anda tú solo’. Yo estaba muy cansada con el bebé. Pero a él no le gustaba salir solo. Siempre le gustaba ir conmigo”.

“Era muy entusiasta”, recuer­da. “Para mí, decía, la cosa más grande es cuando puedo coger una maleta e irme. A veces sin saber adónde”.

Y, sin embargo, aquella vez no quiso viajar porque su compañe­ra no podía ir.

Pero viajaron bastante por otros contornos. Estuvieron jun­tos, por ejemplo, en el célebre Congreso de Liorna (Livorno, en italiano) en que el ala izquier­da del socialismo fundó el comu­nismo. “Allí vimos a Antonio Gramsci y Palmiro Togliatti. Con ambos conversaba amistosamente Mariátegui”.

También estuvieron en 1922, Génova, en la Conferencia Eco­nómica Europea que fue la pri­mera reunión internacional a la que acudió una representación soviética. En “Defensa del Mar­xismo”, Mariátegui iba a escribir que ella marcaba el inicio de la coexistencia pacífica entre esta­dos de sistema social distinto. “Allí, dice doña Anna, conversó con Chicherin, el jefe de la dele­gación rusa. Mariátegui estudió, cuando estuvimos en Berlín, el idioma alemán con una profeso­ra alemana. Todos los días tenía una clase de inglés y de alemán. Pero también sabía algo de ruso. Con Chicherin se saludaban y despedían en ruso. Sus conversa­ciones las sostenían en francés”.

Mariátegui estuvo cuatro años y medio en Europa. De ellos, año y medio lo pasó en Alemania. El viaje fue hacia mayo o junio de 1922. “Durante ocho meses vivi­mos en la Postdammer Strasse” (en lo que es hoy Berlín Orien­tal). “Estuvimos luego en Praga, en Budapest, en Austria, nave­gando por el Danubio Azul”. En Alemania, como se sabe, Mariá­tegui entrevistó a Máximo Gorki.

Viajaron en seguida a París. Allí se entrevistaron con Romain Rolland y Henri Barbusse, que no regatearon, por escrito, su ad­miración al gran peruano. “In­cluso, salimos con Barbusse a to­mar el té”.

“Mariátegui —iba a escribir Barbusse— es la nueva luz de América. Un espécimen del nue­vo hombre americano”.

¿Conoció Mariátegui a Pirandello? ¿A qué otros grandes de la literatura y las ideas frecuentaron en Italia?

“Conversó varias veces con Pirandello”, recuerda la dama. “También fue amigo de Piero Gobetti”. Se trata del escritor cuyos estudios respecto al “Risorgimento”, es decir, a la lucha por la unidad de Italia, tanto atrajeron al Amauta. “Croce lo quería mu­cho. Cuando iba José Carlos a su casa, lo presentaba diciendo: ‘és­te es el hombre más grande del mundo’. Le tenía un gran afecto”.

Por su lado, Ocaña recuerda que Mariátegui fue amigo tam­bién de los líderes socialistas Filippo Turati, Antonio Grazidei y Nicola Bombacci. Tiene él bocetos al carbón del diplomático sovié­tico Joffe, de Giordi Vassiliévich Chicherin, del francés Jean-Louis Barthou y de Lloyd George, el célebre político inglés. “Fue ami­go de Pirandello”, nos dijo ex­presamente.


José Carlos Mariátegui, Anna Chiappe, su hijo Sandro y César Falcón

 

Una explicación

Para muchos biógrafos y estudiosos de Mariátegui, la obra de este autodidacto sin educación secundaria, de mala salud, que tuvo que ganarse la vida desde los 14 años de edad, que murió a los 35, tiene algo de milagro. En el breve arco de su vida caben una inmensidad de cultura, pensamiento y acción. Baste señalar estas creaciones: la revista «Amauta», los «7 Ensayos» y otros veinte libros, la Confederación General de Trabajadores y el Partido Socialista del Perú, cuyo nombre deseaba cambiar, antes de morir, por el de Comunista. Hace pocos años, escuchamos decir, en Lima, al estadunidense Carleton Beals que Mariátegui es «el más grande pensador político de América». El juicio se extiende ahora. Robert Paris en Francia, Manfred Kossok y Adelbert Dessau en Alemania Oriental, Antonio Melis en Italia, el profesor Albuquerque en Texas, Estados Unidos, sufragan el juicio.

Los días espléndidos de Italia explican una parte de la precoz madurez mariateguiana; pero no toda. Hay fuentes que se ocultan junto a la raíz de la infancia. Mariátegui se proclamó limeño toda su vida. En realidad, poco antes de su nacimiento, su madre, doña Amalia La Chira Vallejos, natural de la zona de Huacho, había viajado a Moquegua, por lo cual el alumbramiento se realizó en esa ciudad del Sur. En seguida, buena parte de sus primeros años transcurrieron en la suave campiña huachana. A los seis años tuvo una caída fatal. El resultado fue una baldadura y, lo más grave, un foco de ostiomielitis en una pierna. Sus familiares nos contaron que a los 6 años, más o menos, comenzó su madre a realizar continuos viajes de Huacho a Lima para hacerlo tratar. El esfuerzo era demasiado grande para una familia pobre. Entonces, se decidió internarlo. Estuvo cuatro años en la «Maison de Santé» u Hospital Francés.

Era éste, en esa época, un nosocomio exclusivo, reservado casi sólo para franceses, ingleses o alemanes pudientes avecindados en Lima. Dos eran los tipos de servicios: los unipersonales y los destinados a seis personas. En todo caso, no había allí enfermos menores de edad. Pues bien: el pequeño Mariátegui pasó sus años de internado junto con esos compañeros adultos, llenos de experiencia y que hablaban extraños, lejanos idiomas. Se sabe que al final se había convertido en intérprete de muchos de ellos.

¡He ahí una clave sicológica para la precoz madurez del Mariátegui temprano! He ahí por qué, entre otras cosas, cuando era un «alcanzarrejones» de La Prensa, que iba a la oficina cablegráfica a recoger los despachos noticiosos, podía traducir, en el trayecto, las noticias que ve­nían en inglés de Europa, Asia, África o Norteamérica. Además, aquella soledad de años tiene que haberle entrenado para la gimnasia de la reflexión y para la firmeza de las certidumbres sin que importen los prejuicios y las supersticiones de la masa in­forme.

Otro factor, en el que no se ha insistido lo suficiente, es su con­tacto directo con las luchas so­ciales de comienzos de siglo en el Perú. “Cuando José Carlos fun­dó La Razón con César Falcón y Félix del Valle, nos recordó Ocaña, había mítines obreros que terminaban al pie del balcón del diario. Era en la esquina de Baquíjano con el Jirón Cuzco”. Eso fue, recalquemos, antes del viaje a Europa. Tal experiencia lo sen­sibilizó para la prédica socialista de Antonio Gramsci en “L’Ordine Nuovo” (“El nuevo orden”). En los días en que él se instalaba en Italia, en las páginas de esa cé­lebre revista aparecían reflexio­nes sobre el papel de los obreros como actores principales de una revolución posible y de los cam­pesinos como protagonistas de la acción prerrevolucionaria.

Mariátegui era hombre de pen­samiento y de sensibilidad artís­tica en todos los momentos. En la charla con su viuda, la imagen del hombre de espíritu aparece a cada paso. “En música tenía una cultura extraordinaria. Amaba sobre todo a Beethoven y Stravinski”, nos dice. “Con el Dr. Oten, un amigo suizo, se entrega­ban a verdaderas sesiones de mú­sica. El grupo de sus camaradas llegaba, y él estaba encerrado con Oten. A veces venía gente cargante, y él decía: ‘Ponte una sinfonía para que se vayan’…”.

Entre la gente que con mayor agrado recibía se contaban los ar­tistas. José María Eguren era uno de sus adictos. Llegaba a veces a escribirle – ¡desde Barranco! – para anunciar que un resfrío le impedía devolver por el momen­to tal o cual libro. “Iba mucho también Percy Gibson. Otros que iban eran Martín Adán, José Diez Canseco, el filósofo Mariano Ibé­rico Rodríguez. Alguna vez acu­dieron también los doctores Ho­norio Delgado y Juan Francisco Valega”.

“El Rincón Rojo” era otra cosa. Era en realidad un seminario riguroso de estudios marxistas. Constituía el núcleo del Partido. Estaba formado, entre otros, por Hugo Pesce, Ricardo Martínez de la Torre, Avelino Navarro, Mar­celo Sánchez, Luciano Castillo y, hasta cierto punto y por una tem­porada, Jorge Basadre.

Hombre de espíritu, Mariátegui era también hombre de empresa. Fundó la Editorial “Minerva” ca­si sin dinero. “Amauta” la em­pezó a publicar con tipos móviles. Sólo en 1929 le llegó el linotipo. Él mismo diagramaba la revista y la cuidaba en todos sus detalles. Los manuscritos revelan que dominaba la técnica tipográfica y sabía ordenar exactamente. “Igual, dice doña Anna, era con los clisés. Él me enviaba a los ta­lleres con indicaciones precisas. Para que todo marchara bien, te­nía tres teléfonos en casa: uno en el dormitorio, otro en la sala y otro en el comedor. Como los obreros querían mucho a José Carlos, iban hasta la casa a con­sultarle problemas de trabajo u otros”.

¿Era Ud., preguntamos, la que llevaba los artículos a Varieda­des y Mundial?

– “Sí. Primero él me decía: ‘Dile a Vegas García, el adminis­trador, que voy a escribir sobre tal o cual tema. Que prepare las fotos’. Se ponía a escribir a las cinco o seis de la tarde, y a las ocho o nueve estaba listo el artículo que iba a salir al día siguiente”.

¿Cuál era el pago por cada ar­tículo?

– “Veinte soles en Mundial y quince en Variedades. Cuan­do él estaba enfermo, Vegas Gar­cía me decía: ‘Usted no sabe cuánto ha bajado la revista des­de que no escribe’”.

Existen facetas todavía inédi­tas de este ser adamantino. Po­cos saben, por ejemplo, que era buen dibujante. “A mí me dibu­jaba muy bien, cuenta la viuda. A veces, hasta pintaba a la do­méstica con el bebé cargado”.

Hay otros aspectos inéditos que nunca se podrán recuperar. A su muerte, la policía acostumbró, una y otra vez, llevarse los ca­jones del escritorio del difunto. Cuando la señora Annita los res­cataba, después de grandes pug­nas, siempre faltaba algo.

¿Cómo era José Carlos con los niños?

– “Era muy cariñoso con ellos. Basta decirle que cuando estaba en casa, a cada momento pregun­taba dónde estaban los chicos y qué hacían. Una vez, Carmen Sa­co le dijo: ‘Oiga, José Carlos, ¿no le molestan los niños?’ Él contes­tó: ‘No me molestan. Pueden es­tar sentados encima de la má­quina, y a mí no me molestan’”.

Amador de la vida, luchador social, soldado de un combate diario con la muerte en sus últi­mos años, José Carlos fue desde su temprana edad ajeno y reacio a la bohemia. Federico More ha narrado cómo, mientras Abraham Valdelomar pedía ajenjo, él se limitaba a un helado de menta o un vaso de leche. Sólo esa auste­ridad, y la enorme conciencia de su misión en la historia, explica la inmensidad de su obra.

“Una vez – cuenta la señora Annita -, vinieron los soplones. En lugar de llevarse “El Capital” se estaban llevando una colección de Pirandello empastada en cue­ro… No lo dejaban trabajar”. Como se sabe, en los días ante­riores a su muerte, él había es­tado preparando un viaje defi­nitivo a Buenos Aires. Waldo Frank, desde Nueva York, Sa­muel Gluzberg, desde la capital argentina, lo animaban a quedar­se allá. Los ataques de la dicta­dura de Leguía y los denuestos de la izquierda demagógica – Víc­tor Raúl incluido- le habían he­cho acá la vida imposible. Sólo una sombra suave, una mano tier­na, lo acompañaban en las horas del dolor más íntimo. Anna. El gran amor. Ella estuvo a su ca­becera el día de su muerte. A su lado estaban también su madre, Artemio Ocaña, dos jóvenes ju­díos amigos y admiradores del Maestro. Después vinieron las muchedumbres más inmensas que se hayan reunido para unos fu­nerales en Lima. Entre banderas rojas y versos de “La Internacio­nal”, el pueblo sencillo, el pue­blo amado por él, le dijo adiós. Para el pueblo, y también para Anna Chiappe, iba a comenzar una época triste y difícil. Ella, la mujer fuerte, tampoco iba a dar­se por vencida. Hasta hoy se le ve todos los días, puntualmente, detrás del mostrador de una li­brería trabajando. Es en la pri­mera cuadra de la Avenida Larco de Miraflores, y todavía sigue las huellas del difunto imborra­ble. Las ediciones de las obras del Amauta tienen en ella una ins­piradora. Siguen sonando en sus oídos, siendo verdad hermosa y profunda, las palabras aquellas: “La vida que te falta es la vida que me diste”.

 

(*) Publicado en Caretas N° 393, 14 de abril de 1969.