martes, 3 de marzo de 2026

PALABRAS PROFÉTICAS DE ENGELS: CRISIS TERMINAL DEL CAPITALISMO Y LA TERCERA GUERRA MUNDIAL



EL IMPERIO CAPITALISTA CONTRA EL MUNDO

Friedrich Engels y Lenin (Vladímir Ilich Uliánov) analizan el escenario de la primera guerra mundial y sus consecuencias. Este estudio tiene gran valor porque actualmente el mundo esta inmerso en la tercera guerra mundial, no declarada por el imperialismo yanqui y sus aliados occidentales.

Engels, en 1887, concluye su exordio con éstas proféticas palabras: “Es absolutamente imposible prever cómo terminará todo esto y quién vencerá en la lucha; sólo un resultado es absolutamente cierto: EL AGOTAMIENTO GENERAL Y LA CREACIÓN DE LAS CONDICIONES REQUERIDAS PARA LA VICTORIA DEFINITIVA DE LA CLASE OBRERA…” Más abajo cierra su exposición dirigiéndose a los capitalistas: “Pero, cuando hayan desatado las fuerzas que más tarde ya no podrán controlar, entonces no importa lo que ocurra: al finalizar la tragedia ustedes serán destruidos y la victoria del proletariado será ya un hecho o será de todos modos [ doch ] inevitable.”

Engels, veintisiete años antes, escribe el prefacio de un folleto en el cuál adelanta juicios sobre la primera guerra mundial. Lenin publica, el prefacio y un comentario en 1918, en medio de las consecuencias de la primera guerra. Hoy, el capitalismo imperialista, encabezado por el declinante imperio yanqui, fabrica pretextos para llevar su guerra a cualquier país o nación que posea alguna riqueza apetecida por avaricia de los monopolios. ¡La guerra contra el mundo está declarada que no les quepa duda!

Tacna, 10 de junio 2011

Edgar Bolaños Marín

 

PALABRAS PROFÉTICAS

 

En la actualidad, gracias a Dios, nadie cree en los milagros. La profecía milagrosa es un cuento. Pero la profecía científica es un hecho. Y en nuestros días, cuando encontramos alrededor nuestro muy frecuentemente el desánimo vergonzoso e incluso la desesperación, es útil recordar una profecía científica que ha resultado cierta.

Federico Engels tuvo oportunidad, en 1887, de referirse a la futura guerra mundial en el prefacio al folleto de Segismundo Borkheim En memoria de los ultrapatriotas alemanes de 1806-1807 (Zur Erinnerzmg für die deutschen Mordspatrioten 1806-1807). (Este folleto corresponde al volumen XXIV de la “Biblioteca Socialdemócrata”, que se editaba en 1888 en Göttingen-Zurich.)

 

He aquí cómo juzgaba Federico Engels la futura guerra mundial, hace más de treinta años:

“...Para Prusia-Alemania ya no es posible ninguna otra guerra que la guerra mundial. Y sería una guerra mundial de proporciones sin precedentes y de violencias jamás vistas. De ocho a diez millones de soldados se matarán entre sí, y al hacerlo destruirán toda Europa hasta devastarla como nunca la devastaron hasta ahora las mangas de langosta. La devastación de la guerra de los Treinta Años comprimida en tres o cuatro años y extendida a todo el continente; hambre, epidemias, corrupción general, tanto de las tropas como de las masas populares, como consecuencia de una aguda miseria; una desesperante confusión en nuestro artificial mecanismo en el comercio, la industria y el crédito; todo esto terminará con la bancarrota general, la bancarrota de los viejos Estados y de su tradicional sabiduría estatal; una bancarrota tal, que las coronas rodarán por docenas por el suelo y no habrá nadie que las levante. Es absolutamente imposible prever cómo terminará todo esto y quién vencerá en la lucha; sólo un resultado es absolutamente cierto: el agotamiento general y la creación de las condiciones requeridas para la victoria definitiva de la clase obrera.

“Tal es la perspectiva, si el sistema de mutua competencia en materia de armamentos, llevado al extremo, produce finalmente sus frutos inevitables. He aquí señores, príncipes y estadistas, adónde ha conducido a la vieja Europa la sabiduría de ustedes. Y cuando no les quede nada más que iniciar la última gran danza guerrera, eso nos vendrá muy bien [ uns kann es recht sein ]. Puede ser que la guerra nos relegue por un tiempo a un segundo plano, puede ser que nos quite determinadas posiciones ya conquistadas. Pero, cuando hayan desatado las fuerzas que más tarde ya no podrán controlar, entonces no importa lo que ocurra: al finalizar la tragedia ustedes serán destruidos y la victoria del proletariado será ya un hecho o será de todos modos [ doch ] inevitable.

“Londres, 15 de diciembre de 1887.

Federico Engels”

 

¡Qué profecía genial! Y qué riqueza de ideas en cada frase de este análisis científico de clase, preciso, claro y breve! Cuántas cosas podrían aprender allí quienes hoy se entregan a un descreimiento, un desaliento y una desesperación vergonzosos, si… si esas personas, habituadas a arrodillarse servilmente ante la burguesía, o que se dejan atemorizar por ella, supieran pensar, fueran capaces de pensar!

Algunas de las predicciones de Engels ocurrieron de modo distinto, pues no podía esperarse que el mundo y el capitalismo no sufrieran cambios en los treinta años de desarrollo imperialista vertiginosamente rápido. Pero lo más asombroso es que una gran parte de lo pronosticado por Engels se está cumpliendo “al pie de la letra”. Y ello porque Engels hizo un análisis de clase perfectamente exacto, y las clases y sus relaciones mutuas continuaron siendo las mismas.

“…Puede ser que la guerra nos relegue por un tiempo a un segundo plano…“ Los acontecimientos marcharon precisamente en esta dirección, pero fueron todavía más lejos y aun peor: una parte de los “relegados a un segundo plano”, los socialchovinistas y sus “semiadversarios” sin carácter, los kautskistas, comenzaron a elogiar su movimiento de retroceso y se trasformaron en directos renegados y traidores al socialismo.

“…Puede ser que la guerra nos quite determinadas posiciones ya conquistadas…” Toda una serie de posiciones “legales” les fueron quitadas a la clase obrera. Pero en cambio ésta se templó en las pruebas y recibe duras pero útiles lecciones de organización ilegal, de lucha ilegal, de preparación de sus fuerzas ilegales para el asalto revolucionario.

“…Las coronas rodarán por docenas…” Varias coronas han caído ya, una de ellas vale por una docena de las otras: la corona del monarca absoluto de todas las Rusias, Nicolás Románov.

“…Absolutamente imposible prever cómo terminará todo esto…” Después de cuatro años de guerra, esta imposibilidad absoluta, si se nos permite decirlo así, es todavía más absoluta.

“…Desesperante confusión en nuestro artificial mecanismo en el comercio, la industria y el crédito…” Al finalizar el cuarto año de guerra, esto se puso de manifiesto íntegramente en uno de los Estados más grandes y atrasados que los capitalistas, arrastraron a la guerra: en Rusia. ¿Pero acaso el hambre creciente, la escasez de vestimenta y materias primas, el desgaste de los medios de producción en Alemania y Austria, no demuestran que una situación igual se aproxima con enorme rapidez a otros países?

Engels sólo describe las consecuencias de la guerra “externa”, no se refiere a la interna, es decir, a la guerra civil, inevitable hasta ahora en todas las grandes revoluciones de la historia, y sin la cual ningún marxista serio puede concebir la transición del capitalismo al socialismo. Y aun cuando una guerra externa puede prolongarse por un determinado tiempo sin provocar una “desesperante confusión” en el “artificial mecanismo” del capitalismo, es evidente que la guerra civil es inconcebible sin consecuencias parecidas.

Cuánta estupidez, qué cobardía —sin hablar del servilismo interesado frente a la burguesía— revelan aquellos que, dándose todavía el nombre de “socialistas” —como nuestro grupo de “Nóvaia Zhizn”, nuestros mencheviques, eseristas de derecha, etc.—,  señalan malignamente las manifestaciones de esta “desesperante confusión”, culpando de todo al proletariado revolucionario, al poder soviético, a la “utopía” de la transición al socialismo. La “confusión”, la desorganización, según la excelente expresión rusa, es provocada por la guerra. Es imposible una guerra dura sin desorganización. No puede haber guerra civil, condición inseparable y acompañante de la revolución socialista, sin desorganización. Renegar de la revolución, del socialismo, “por causa” de la desorganización, significa poner sólo de manifiesto la falta de principios y en la práctica desertar al campo de la burguesía.

“…El hambre, las epidemias, la corrupción general, tanto de las tropas como de las masas populares, como consecuencia de una aguda miseria...”

Con cuánta sencillez y claridad llega Engels a esta indiscutible conclusión, que debe ser evidente para cualquiera que sea capaz de reflexionar aunque sólo sea un poco en las consecuencias objetivas de una guerra dura y penosa de muchos años. Y cuán asombrosamente estúpidos son aquellos numerosos “socialdemócratas” y seudo “socialistas” que no quieren o no pueden comprender una idea tan sencilla como esta.

¿Es concebible una guerra de muchos años sin corrupción tanto de las tropas como de las masas populares? Por supuesto que no. Semejante consecuencia de una larga guerra es absolutamente inevitable durante varios años, si no durante toda una generación. Pero nuestros “hombres enfundados”, los llorones intelectuales burgueses que se autotitulan “socialdemócratas” y “socialistas”, ayudan a la burguesía, echando la culpa a la revolución por las manifestaciones de corrupción o el inevitable rigor de medidas que se toman para combatir particularmente los casos agudos de corrupción, a pesar de que es claro como el día que esta corrupción ha sido producida por la guerra imperialista y que ninguna revolución puede librarse de tales consecuencias de la guerra sin una larga lucha y sin una serie de duras medidas de represión.

Nuestros melosos escritores de Nóvaia Zhizn, Vperiod o Dielo Naroda están dispuestos a aceptar “en teoría” una revolución del proletariado y de otras clases oprimidas, con tal de que la revolución les caiga del cielo, en vez de nacer y crecer en una tierra empapada en la sangre de cuatro años de matanza imperialista de los pueblos, con millones y millones de personas atormentadas, agotadas y corrompidas por esa matanza.

Ellos oyeron y admitieron “teóricamente” que una revolución se puede comparar con un parto, pero cuando se llegó a los hechos, se acobardaron vergonzosamente y sus gemidos pusilánimes hicieron eco a los ataques malignos de la burguesía contra la insurrección del proletariado. Consideremos la descripción de un parto, hecha en una obra literaria, donde la finalidad del autor es la reconstrucción veraz de todo el rigor, todos los tormentos y todo el horror de este acto, como por ejemplo en La joie de vivre (“La alegría de vivir’) de Emile Zola o en Las memorias de un médico de Veresáiev. El ser humano nace en un acto que trasforma a la mujer en un montón de carne casi inanimada, torturada y desgarrada, enloquecida de dolor, ensangrentada. ¿Pero se puede considerar como ser humano al “individuo” que ve exclusivamente eso en el amor y en sus consecuencias, en la trasformación de la mujer en madre? ¿Quién renunciaría al amor y a la procreación por este motivo?

El parto puede ser fácil y puede ser difícil. Marx y Engels, los fundadores del socialismo científico, han dicho siempre que la transición del capitalismo al socialismo vendrá inevitablemente acompañada de prolongados dolores de parto. Y Engels, analizando las consecuencias de la guerra mundial, describe con sencillez y claridad este hecho indiscutible y evidente: la revolución que sigue a la guerra y está relacionada con la guerra (más aún —agregamos por nuestra cuenta—, estalló en el transcurso de la guerra y está obligada a crecer y sostenerse en medio de la guerra mundial que la rodea), una revolución semejante constituye un parto particularmente difícil.

Con clara comprensión de esto, Engels se refiere con especial prudencia al nacimiento del socialismo en la sociedad capitalista, pronta a sucumbir en la guerra mundial. “Sólo un resultado (de la guerra mundial) —dice— es absolutamente indudable: el agotamiento general y la creación de las condiciones requeridas para la victoria definitiva de la clase obrera.”

Este pensamiento lo expresa aún con mayor claridad al final del prefacio que analizamos:

“Al finalizar la tragedia ustedes (los capitalistas y terratenientes, reyes y estadistas burgueses) serán destruidos y la victoria del proletariado será ya un hecho o será de todos modos inevitable.”

Un parto difícil aumenta considerablemente el peligro de una enfermedad grave o de un desenlace fatal. Pero si las personas pueden morir durante el parto, la nueva sociedad, que nace del viejo régimen, no puede morir; todo lo que puede pasar es que el nacimiento sea más doloroso y prolongado, su crecimiento y desarrollo más lentos.

La guerra no ha terminado todavía. El agotamiento general ya se produjo. En cuanto a los dos resultados directos de la guerra, pronosticados condicionalmente por Engels (tanto la victoria ya conquistada de la clase obrera, como la creación de las condiciones que hará esto inevitable, a pesar de todas los dificultades), en cuanto a estas dos condiciones, ahora, a mediados de 1918, las tenemos a ambas.

La victoria de la clase obrera ya es un hecho en uno de los países capitalistas menos desarrollados. En los otros países se van creando, con inauditos esfuerzos, con inauditos dolores, las condiciones que harán “inevitable, de todos modos” esta victoria.

Dejen que graznen los llorones “socialistas”, dejen que rabie y se enfurezca la burguesía. Sólo aquellos que cierran los ojos para no ver y se tapan los oídos para no oír, pueden dejar de observar que han comenzado en todo el mundo los dolores del parto de la vieja sociedad capitalista, grávida de socialismo. Nuestro país, colocado en el tiempo a la vanguardia de la revolución socialista por la marcha de los acontecimientos, está sufriendo dolores particularmente agudos del primer período del parto. Tenemos todas las razones para enfrentar con total firmeza y seguridad absoluta el porvenir, que nos prepara nuevos aliados y nuevas victorias de la revolución socialista en varios de los países más avanzados. Tenemos el derecho de sentirnos orgullosos y de considerarnos afortunados porque nos ha tocado en suerte ser los primeros en derribar al capitalismo en una parte del globo terrestre, a esa fiera salvaje que empapó la tierra en sangre, llevó la humanidad al hambre y a la corrupción, y que muy pronto sucumbirá inexorablemente, por monstruoso y feroz que sea su frenesí en la hora de la muerte.

29 de junio de 1918.

Pravda, núm. 133, 2 de julio de 1918. Firmado: N. Lenin

Obras Completas, V. I. Lenin, Editorial Cartago,  Bs As, 1970, Tomo XXIX, Pág. 259 - 264

LOS SIETE LIBROS DE JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI



 

(16 de octubre de 2025)

Por Miguel Aragón

Sumilla sintética (*).-

 

1.0.         *CONDICIONES HISTÓRICAS EN QUE SE DESARROLLÓ  LA OBRA DE MARIÁTEGUI*

 

1.1  *En el Mundo*: Formación del capitalismo monopolista, rentista y en descomposición,  en los países más desarrollados.  

1.2 Gran guerra europea entre las grandes potencias capitalistas, por un nuevo reparto del mundo (1914-1918)

1.3 Gran Revolución Rusa (7 de noviembre de 1917). Inicio de la construcción del socialismo, y de la formación  de una nueva época histórica en la humanidad. 

1.4 *En el Perú*: Largo periodo de crecimiento capitalista (1895-1929); desplazamiento del viejo civilismo feudal por el nuevo civilismo burgués. Formación y desarrollo del movimiento proletario peruano.

 

2.0.- *ETAPAS DEL DESARROLLO INTELECTUAL Y POLÍTICO  DE  MARIÁTEGUI*

2.1 Etapa de preparación:  (1911-1917)

2.2 Etapa del Comité de Propaganda  Socialista: (1918-1927)

2.3 Etapa del Grupo Organizador del Partido Socialista  del Perú: (1928-1930)

 

3.0.- *LOS SIETE LIBROS DE MARIÁTEGUI*

A la edad de  23 años (en 1918) Mariátegui  “se orientó resueltamente al socialismo”; al publicar el libro *La Escena Contemporánea*  (1925) declaró “soy un hombre con una filiación y una fe”; y al publicar el libro *7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana* (1928) declaró “tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo  peruano”.

En el lapso de siete años, entre los años 1923 y 1930,  Mariátegui escribió *7 libros*, orientados  a cumplir su “declarada y enérgica ambición“.  En esos libros expuso los  conceptos teóricos, los  fines políticos, y sus propuestas de selección de los combatientes (revisar objetivos en el preámbulo del *Manifiesto Comunista* de 1848).

Los siete libros escritos por Mariátegui son  los siguientes:

 

3.1.- *La Escena Contemporánea*.-  A partir de setiembre de 1923 Mariátegui comenzó a escribir artículos semanales en la revista *Variedades*. La columna se titulaba *Figuras y Aspectos de la Vida Mundial*. Una parte de sus primeros  artículos los agrupó en siete  capítulos, con los cuales formó el libro *La Escena Contemporánea*. En ese  libro   interpretó *teóricamente la realidad mundial* de su tiempo, tanto en los aspectos económicos, sociales  como políticos. Inicialmente el esquema general del libro fue analizar la lucha que, en ese tiempo, se llevaba entre *revolución, reacción y reforma*.

El capítulo más   importante del libro es *Hechos e Ideas de la revolución rusa*. Dentro de ese capítulo, a su vez, el artículo más destacado  es el titulado *Lenin*.   Ese primer libro. lo terminó de escribir en setiembre de 1925, y fue publicado el 25 de noviembre de 1925, justamente hace 100 años.

 

3.2.- *El Alma Matinal y otras estaciones del hombre de hoy*.-  A partir de enero de 1924, paralelamente al anterior libro, y en la misma sección de la revista *Variedades* (Figuras y Aspectos de la Vida Mundial), Mariátegui comenzó a escribir otra serie de  artículos que formarían el libro *El Alma Matinal y otras estaciones del hombre de hoy*. En ese segundo libro, Mariátegui *interpretó teóricamente la evolución  de la mentalidad y del espíritu*  de los hombres de su generación (1920-1945).

Para el mes de noviembre de 1928, Mariátegui ya tenía casi culminado los capítulos de ese libro (ver Índice provisional en la contratapa del libro de la COC-JCM tomo 03). Mariátegui  no llegó a editar el libro.

 

3.3.- *7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana*.- A partir de setiembre de  1924, recién recuperado de su primera grave crisis de salud,  Mariátegui comenzó a escribir artículos semanales en la revista *Mundial*. En esa revista, la mayor parte de sus colaboraciones  aparecieron  en la sección *Peruanicemos al Perú*.  Con esos artículos comenzó a formar  los capítulos del libro que inicialmente tituló  *10 Ensayos de interpretación de la realidad peruana* (ver carta de JCM a   Enrique Bustamante, del 15 de octubre de 1927, en libro *Correspondencia*, Tomo I, pp.307).

A comienzos del año 1928 (ver carta de JCM a Samuel Glusberg del 10 de enero de 1928, en *Correspondencia*, Tomo II, pp.330), Mariátegui decidió desdoblar el libro  en dos partes, terminando  primero  el conocido libro *7 ensayos de interpretación de la realidad peruana*, el cual  lo publicó el 6 de noviembre de 1928.

En sus *7 Ensayos*, Mariátegui escribió  sobre *algunos  aspectos sustanciales de la realidad peruana*. Parta facilidades  del estudio, los 7 ensayos los podemos agrupar en tres aspectos: evolución económica y social en primer lugar;  evolución del estado y del factor  religioso en segundo lugar; y sobre la evolución de la instrucción pública y la  literatura en tercer lugar.  Hasta el presente, este libro continúa siendo el libro más importante en el Perú, y es *el punto de partida* obligado para posteriores estudios de nuestra realidad profunda.

 

3.4.- *Ideología y política en el Perú*.-  De los diez  ensayos previstos inicialmente,    Mariátegui agrupó los otros tres  en el libro *Ideología y Política en el Perú*. A diferencia de los anteriores libros, que fueron  de carácter teórico,  en este libro Mariátegui expuso sus *propuestas políticas* y sus Tesis de transformación de la realidad peruana. Este libro lo llegó a terminar de escribir,  pero no llegó a editarlo  como libro.

 

3.5.- *Polémica Revolucionaria*.- A partir de comienzos del año 1926,  como continuación del libro *La Escena Contemporánea*,  Mariátegui comenzó a escribir otro libro de *interpretación teórica* de la realidad mundial, libro que inicialmente  lo tituló Polémica Revolucionaria, y posteriormente lo tituló *Defensa del marxismo*. Este libro está formado por dos ensayos extensos, *Teoría y práctica de la reacción*, y *Teoría y práctica de la revolución*. El contenido  lo terminó de escribir a fines del año 1929, pero no logró editarlo como libro.  

 

3.6 *Invitación a la Vida  Heroica*.- este libro es continuación del libro *El Alma Matinal*, vendría a ser *la última estación del hombre de hoy*. En noviembre de 1928, Mariátegui anunció que lo estaba escribiendo. Al fallecer lo tenía avanzado, pero parecería  que *no  llegó a terminar de escribirlo*. En este libro, que lo comenzó a escribir cuando ya tenía culminada la interpretación de la realidad mundial, la interpretación de la realidad  peruana, así como la propuesta política de la revolución socialista en el Perú, Mariátegui incluyó varios artículos en los cuales estudió y propuso los fundamentos de *la preparación del combatiente*. 

 

3.7 *La Novela y la Vida*.- Por último, Mariátegui escribió una novela, cuyo tema estaba ambientado en la Europa posterior a la guerra, y las consecuencias traumáticas dejadas en muchos hombres.  En los meses  finales de su vida, Mariátegui expresó que tenía “el proyecto de una novela peruana” (ver carta de JCM a Samuel Glusberg, del 18 de febrero de 1930, en libro Correspondencia, Tomo II, pp.730). 

 

 

( * )  *Sumilla Sintética* de la exposición, en la Escuela de Historia de la Universidad Nacional de Trujillo.

 

Información.- Durante la segunda mitad del año 2025, en compañía con otros intelectuales, hemos estudiado y debatido  cada uno de los siete capítulos del libro *La Escena Contemporánea*. Ahora, nos proponemos un plan mas ambicioso, estudiar, comentar, debatir y desarrollar cada uno de los *7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana*, para colaborar con la conmemoración digna de su Centenario de publicación, en noviembre de 2028. De manera similar, paralelamente, aspiramos a colaborar con la conmemoración del centenario de los otros libros de Mariátegui. Abril de 2030 es nuestra meta.

A PROPÓSITO DE RAZAS, RACISMO, FASCISMO

Diagnóstico de la sintomatología del paciente puede tener idénticos resultados en el caso de los defensores de la teoría de la lucha de razas. ¡Cualquier parecido es mera coincidencia!

 

Vaya que si son curiosos estos señores.  Dicen que no hay que olvidar el pasado. Pero, el pasado en un mundo interconectado, es global y no es exclusivamente tawantinsuyano. Si comenzamos mirando con un solo ojo (tawantinsuyo) y creemos que “en el país de los ciegos el tuerto es rey”, tenemos que decepcionarlos haciéndolos pisar tierra e historia. En el Perú, ya muchos tuertos y entuertos que hemos tenido que soportar, para nuevamente caer en uno más.

Pero, veamos, porque indicamos que la moda del tuerto Almagro ya no pega.  ¿Les dice algo el nombre Adolfo Hitler? Pues, es el fundador de un partido llamado Nacional Socialista, cuyo alias era NAZI. Ya lo ¿recuerdan? Pues ese señor, junto a Joseph Goebbels su ministro de propaganda, crearon la teoría –para las plateas, es decir para la “chusma” alemana– de la raza superior para oponerla a la teoría de la lucha de clases. ¿Les suena la campanita, el tintín de los recuerdos? Pues sí, deben recordarla bien, porque el señor Jesús Marco Rodríguez Silvestre dice que “El que no tiene origen e identidad, no gravita en este gran proyecto de reivindicar el estado Tawantinsuyu, la lucha de clases con Mariátegui nos trajo confusión estratégica; tenemos que continuar con la lucha de razas…” Vale decir, el cuentico de las razas nuevamente. Ustedes saben en qué terminó el cuentico alemán de las razas… y decimos cuentico porque los nazis para las plateas parlaban y parlaban contra las razas inferiores (no arias) pero por debajo de la mesa hacían grandes negocios con los potentados más poderosos de las finanzas de origen judío y otros no ARIOS. Esto es, Hitler y sus compinches pactaban con los dueños de las grandes empresas alemanas y norteamericanas en contra de la inmensa masa trabajadora que vivía del sudor de su frente. Entonces, un CUENTO (es decir, simple propaganda) era aquello de las razas porque lo real LUCHA DE CLASES era lo que practicaban: alianza con los explotadores para exprimir o aplastar a los explotados.  Pregunto yo, ¿Cuál es la diferencia entre el cuento restauracionista tawantinsuyano y el cuentazo NAZI?

Dicho sólo de paso, cuando escriban sobre José Carlos Mariátegui asegúrense de haberlo leído y, sobre todo, leído BIEN. No vayan a seguir los pasos del conocido mutante boliviano, Fausto Reynaga, que lo citaba juntando fragmentos de artículos distintos para “hacerlo decir cosas que nunca señaló”.

Edgar Bolaños Marín

16 marzo 2018


Respuesta a los siguientes comentarios en Facebook:

Jesus Marco Rodriguez Silvestre El que no tiene origen e identidad, no gravita en este gran proyecto de reivindicar el estado Tawantinsuyu, la lucha de clases con Mariategui nos trajo confusión estratégica; tenemos que continuar con la lucha de razas y cada día tenemos que sumar y sumar. La nación originaria del Tawantinsuyu llegara al poder, no por la humanización de sus opresores, o por maquillar la constitución de una república Criolla ramera. Tenemos que emerger y erupcionar como volcán y algunos opositores pro sistema criollo tienen que ser arrollados por la fuerza de nuestras ideas e ideología. El sistema Euro Latino de la República es un cadáver político, Una élite corrompida ya no tiene autoridad moral para conducir y manejar nuestras vidas. Demostremos que somos capaces de auto gobernarnos y dejemos a los nuevos felipillos, tratando de confundirnos. La lucha que gestaron nuestros antepasados como nación y raza tenemos que continuarlos hasta llegar al poder, Tupac Amaru es nuestro padre, por que el se inmolo por libertar a su raza y nación, mientras que Mariátegui fue un líder impostor al fundar el P.C.P y solo lo sumió en la anarquía y confusión a la nación originaria del Tawantinsuyu. Mantengámonos firmes, aprendamos a dar nuestros primeros pasos, sin ayuda de nadie, las organizaciones que quieran unirse a nosotros deben renunciar a sus organizaciones; pero nosotros no tenemos por que ser furgón de cola de ninguna organización. KAUSACHUN TAWANTINSUYU.

jesus Marco Rodriguez Silvestre Edgar Bolaños José Carlos Mariátegui, tu líder es un vulgar plagiario; todo lo que hizo fue leer a Manuel Gonzales Prada y llamando "Indios" a la nación Tawantinsuyana, con su lucha de clases lo sumió en la anarquía. Lo reconoce a la nación cobriza originaria del Tawantinsuyu al decir "La civilización del Tawantinsuyu ha perecido, pero el material biológico del Tawantinsuyu, después de 4 siglos permanece inmutable e indestructible" Parece que eres tu el que no has leído bien. Respecto a Hitler, El solo se opuso a que su nación cayera en la órbita comunista y fuera esclavo de los Judíos. Eres demasiado ingenuo en política y sin darte cuenta ya eres esclavo del judaísmo y si lo sabes eres un servil de la nación mas racista que existe en la tierra. Si desconoces nuestra cultura no te pongas a hablar babas, porque personas como tu hay cientos de miles, pero nosotros somos 25 millones y nuestro mensaje va para ellos y tu confórmate con ser servil del judaísmo mundial. Si eres Judío respeta a la nación que con su saber científico y laboriosidad, ha salvado de morir de hambre a la humanidad. Nuestros alimentos están en todas las mesas de la humanidad y estoy seguro que ellos nos bendicen y siempre querrán que la única raza que falta por libertar, sea libre al fin para beneplácito de la humanidad.

Kunturi Yujra José Carlos Mariátegui, es un ignorante que no conoce la filosofía, política y religión de los incas. Como convicto marxista abrazó la filosofía materialista, peor es su ignorancia, porque no conoce la materia, la materia en sí, entonces como dice ser materialista?


LA DECADENCIA DEL DEPREDADOR

 


Escribe: Milcíades Ruiz

El pueblo trabaja sin estar informado de que, en el mundo, suceden hechos que lo involucra, pero se le oculta. Lo cierto es que, el poderío de EE UU, el peor enemigo de los pueblos latinoamericanos, cuyos abusos son repudiados, viene decayendo sostenidamente. Según sus propias estimaciones, en la primera mitad de 2025, la pérdida de valor del dólar, fue del 11%, la mayor en más de 50 años, desde 1973 y, se espera que, para fines del 2026, podría depreciarse un 10% adicional. ¿Qué tiene que ver esto, con nosotros?

Tiene mucho que ver. Desde 1944, somos prisioneros del dólar. Tras la derrota de Hitler que desató la segunda guerra mundial, la economía europea quedó destrozada. Esto no sucedió con EE UU ya que la guerra no llegó a su territorio y sacó provecho de esa ventaja. Sus fábricas, instalaciones viales y población, no fueron bombardeadas ni sus tesoros saqueados. Vendió aviones, buques, tanques, alimentos etc. a los países europeos en guerra, haciendo un gran negocio. Pero los europeos quedaron endeudados extremadamente y sin capacidad de pago.

EE UU reunió a los países deudores en el balneario de Bretton Woods (Nueva York), condicionando el problema de la deuda bajo sus intereses. Uno de los principales enganches fue imponer a los 44 países representados, la obligación de adoptar el dólar como divisa internacional y moneda comercial para todos los negocios internacionales. Esta medida se extendió a todos los países del mundo. Es allí que, empieza a funcionar la vampirezca succión de riqueza extraída a todos los países en beneficio de EE UU y nos convirtió en esclavos del dólar.

Fue así como se creó la necesidad mundial de comprar dólares para cubrir fondos estatales y obtener toda clase de mercadería importada, transporte internacional, estudios en el extranjero, etc. etc. La mayor demanda del dólar hizo elevar automáticamente su valor, generando riqueza para EE UU. A mayor demanda su precio sube y tenemos que poner más monedas nuestras, dando mayor valor agregado al dólar y devaluando nuestra moneda. Si esto lo hace toda la población mundial, es de imaginar la inmensa riqueza que EE UU viene captando por más de 80 años.

Todo el pan que comemos es de trigo importado comprado con dólares, como todos los fideos, galletas y demás harinas procesadas. Todos los insumos para la crianza de pollos, para fertilizar cultivos, para combustible de motores, vehículos, y más de mil tipos de mercancía extranjera, tenemos que adquirirlos comprando dólares, de manera directa e indirecta. Así, nuestra moneda se ha venido devaluando constantemente por el sobreprecio del dólar. Hasta hemos tenido que cambiar nuestra moneda por pérdida de valor, como sucedió en el gobierno de Alan García, en que pagábamos los pasajes de bus con varios billetes y los ahorros quedaron sin valor.

Pero esta prisión ha empezado a derrumbarse. Algunos países, ya no están negociando con dólares, sino con monedas propias y los bancos centrales desconfiando del dólar, prefieren guardar sus reservas en oro y otras monedas. EE UU viene utilizando aranceles como medida de extorsión política contra países que no se sometan a sus mandatos, aumentando mayores impuestos a las ventas extranjeras en su mercado y así, captar fondos. Pero con ello, agrava la situación, porque disminuye el abastecimiento encareciendo la vida interna y, reduciendo el movimiento económico, con lo cual, el dólar pierde valor.


En sus perspectivas de la economía mundial, el FMI, publicado en enero 2026, estimó que el mundo seguirá estancado en su crecimiento económico por tercer año consecutivo (3%). El crecimiento de EEUU, en el 2024 fue solo del 1,8 y, en el 2025 bajó a 1,7. A menor crecimiento, mundial y norteamericano, menor es la circulación monetaria, el dólar se debilita y EE UU deja de percibir valor agregado, por tipo de cambio desfavorable.

La participación del dólar en las reservas de los bancos centrales ha disminuido notablemente en los últimos 20 años. Así, mientras que en 2001 la moneda estadounidense representaba el 72,7 % de las reservas mundiales, en 2025 este porcentaje cayó al 56,3 %. La depreciación del dólar impactará en los consumidores estadounidenses, empresas, inversores y, en toda la economía yanqui. Por ejemplo. será más caro para ellos, viajar al extranjero.

La creciente preocupación por el crecimiento, la inflación y la deuda pública también impactará negativamente al dólar. La persecución de migrantes debilita el mercado laboral, encareciendo costos. La política arancelaria del presidente Trump está provocando que los inversores abandonen masivamente los activos estadounidenses, lo que está provocando una caída del valor de los bonos, las acciones y la propia moneda.

Hay preocupación entre los más adinerados que tienen sus fortunas en dólares. Cada caída del dólar hace disminuir sus fondos. Esta semana, el multimillonario Ray Dalio, del fondo de cobertura (hedge fund) más grande del mundo, aseveró que el sistema monetario de EE.UU. se encuentra próximo al colapso e instó a tomarse en serio las posibilidades de una guerra civil en el país. Dijo que tanto los bancos centrales, como los fondos soberanos están recurriendo al oro como refugio ante este peligro y que, los conflictos comerciales en el mundo están generando "guerras de capital".

Por la desconfianza en la economía yanqui, los tenedores de bonos del Tesoro de EE.UU. buscan deshacerse de estos. China que era el mayor tenedor mundial, ya se deshizo hasta casi a la mitad de los mismos, bajando a 683.000 millones de dólares en noviembre pasado, el nivel más bajo desde 2008. Igual están haciendo otros acreedores de la deuda estadounidense.

En el Perú, la devaluación del dólar también es evidente.


Por último, la depreciación del dólar hace bajar la rentabilidad de las exportaciones y el fisco recauda menores montos para el presupuesto nacional. Pero también, el dólar barato favorece las importaciones y la mayor rentabilidad de los grupos de poder importadores, como el grupo Romero a través de su empresa corporativa ALICORP. Los menores costos no se reflejan en el precio de los derivados del trigo, aceite comestible y una serie de productos fabricados con insumos importados que siguen costando igual.

De esto, nada dicen las empresas periodísticas que, son sufragadas por las empresas de los grupos de poder. La leche evaporada y otros productos lácteos, procesados fraudulentamente con leche en polvo importada, sigue costando igual. El grupo Gloria financia a las empresas periodísticas con avisaje y, lo mismo hace el grupo Romero, el mayor importador de trigo, soya y otros insumos. Sería largo enumerar los casos.

Es que la prensa maneja la opinión pública. Pero la prensa está en manos de empresas internacionales y nacionales que, lucran con este negocio, sin importar la moralidad. Reciben de sus auspiciadores, pagos para ocultar la verdad, para tergiversar las noticias y manejan el negocio siguiendo métodos neurológicos con los que inducen conductas masivas de acuerdo a su conveniencia. De este modo, generan miedo, entusiasmo, rechazos, conformidad, etc. Los resultados electorales dependen de este manejo mediático.

Pero el mundo está cambiando y la tendencia es que la hegemonía de EE UU va llegando a su fin. Un nuevo orden mundial se está gestando y el monopolio monetario del dólar será insostenible. Por más que EE UU recurra a la fuerza y a sus amenazas, el proceso histórico es irreversible. El país, no puede ir contra la corriente. La dominación internacional y nacional vigente están en contra de la renovación. Quieren conservar el modelo de desigualdad imperante porque les favorece. Quieren que el Perú, siga bajo el dominio de EE UU.

Sería bueno que los candidatos se pronuncien sobre esta temática, pero están en otra onda, donde la hipocresía abunda. En esta campaña electoral, la prensa ya viene orientando el voto popular a favor de los candidatos de los grupos dominantes. El pueblo mayoritario está por el cambio, pero no tiene acceso al poder. Abrir las compuertas para que ejerza su legítimo derecho de gobernar es nuestra tarea. Salvo mejor parecer.

Febrero 10/ 2026

Mayor información en https://wordpress.com/view/republicaequitativa.wordpress.com

 

martes, 24 de febrero de 2026

COMUNIDAD, IDENTIDAD Y ARRAIGO

 


martes 24 de febrero de 2026, 22:00h

Diego Fusaro

Aristóteles y la primacía de la comunidad sobre el individuo

Como hijos de la modernidad tendemos a considerar al individuo como una prioridad sobre la comunidad y el Estado, pero la perspectiva en el corazón de la Política de Aristóteles es completamente opuesta.

Hijos de la modernidad, estamos acostumbrados a pensar que el individuo es una prioridad sobre la comunidad y el Estado: primero está el individuo, luego, posiblemente, las agregaciones que surgen de la unión de varios individuos.

La perspectiva central de la Política de Aristóteles es completamente opuesta: partiendo de la familia como célula genética de la vida comunitaria, es evidente para Aristóteles que la comunidad es pròteron tè fùsei, "es lo primero por naturaleza" en comparación con el individuo, que es, por tanto, por su esencia, un animal sociable, político y comunitario. En palabras de Aristóteles, "es evidente, por tanto, que la comunidad existe por naturaleza y que es anterior a cada individuo" (Política, I, 2, 1253 a 25).

Contrariamente a la visión moderna que, en forma paradigmática con Hobbes, piensa en el individuo como una prioridad, Aristóteles sostiene que éste ya está insertado en el mundo en una comunidad: es la familia, la "comunidad" original (koinonia). En esta ética de la comunidad, el individuo se proyecta en la concreción de las conexiones intersubjetivas y comunitarias que lo hacen, con la Política de Aristóteles (I A, 2, 1253 a 3), un zoon politikòn, un animal "político", "sociable" y "comunitario". Exactamente lo contrario, por lo tanto, del homo homini lupus así bautizado por la antropología moderna hobbesiana.

La familia como fundamento de la comunidad es la prueba - en contra del moderno "Robinsonismo", desde Thomas Hobbes hasta Margaret Thatcher - de que el hombre es un animal comunitario, que sólo en la comunidad puede existir y que en ella llega al mundo.

Por eso, hoy el fanatismo económico de la civilización consumista, para imponerse de manera absoluta y sin trabas, debe imponer el paradigma del individuo absoluto, sin vínculo social y sin comunidad, sin familia y sin Estado: debe "desestimar" el mundo de la vida, aniquilar el Estado y la familia, el trabajo estable y la educación escolar y universitaria. Debe producir un paisaje social de-socializado formado por átomos desarraigados y sin identidad, sin vínculo social. Debe hacer que cada realidad sea "líquida" (Bauman) y a largo plazo, flexible y vacilante, siempre una cabeza reprogramable y re-definible por las necesidades de producción e intercambio.

Por esta razón, aquellos que hoy quieren criticar seriamente el "sistema atomístico" (Hegel) producido por el fanatismo económico dominante deben seguir el ejemplo de Aristóteles y el espíritu comunitario de los antiguos griegos.

Repensar el bien común en la época del egoísmo universal

Cuestionar dos clásicos del pensamiento filosófico como Immanuel Kant y Jean Jacques Rousseau puede ayudarnos a entender la noción de servicio público más allá del cinismo que prevalece en nuestro tiempo.

En nuestra era de cinismo avanzado, donde todo parece poder remontarse a la fórmula de mors tua, vita mea, el gran tema del bien común parece haberse eclipsado. El único bien que nuestro tiempo parece poder permitirse es el del ego acéfalo y cerrado sobre sí mismo, "sin ventanas", para ponerlo en la expresión de Leibniz.

En su reciente ensayo "El bien común. Repensando la política con Kant y Rousseau" (Pensa Multimedia, Lecce 2016), Carlo Scognamiglio nos invita, en contra de la tendencia, a repensar el tema del bien común y, por tanto, a reconsiderar críticamente nuestro horizonte histórico como un todo.

El libro examina el plexo teórico del bonum commune, especialmente en la era moderna, sin detenerse en sus raíces griegas y su elaboración medieval. El concepto de útil - sugiere Scognamiglio - se ha desvinculado de su nexo con el bien común: y se ha retirado an un estrecho territorio de precipitada practicidad y propósitos poco claros. En realidad, es precisamente la cuestión de los fines la que parece haber desaparecido del horizonte del pensamiento político. El único gran propósito, íntimamente nihilista, parece ser el del deseo de poder tecno-capitalista, con su insensato fin de crecimiento infinito, al cual todo debe ser sometido.

Scognamiglio cuestiona a dos autores, por así decirlo, "diversamente" ilustrados, como Rousseau y Kant, para demostrar que no es nada fácil distinguir los fines de la política de los de la ética y la moral.

La idea roussoniana de "voluntad general" no expresa un objetivo pragmático a medio plazo, ni tampoco la elaboración atormentada de una posible práctica democrática, es una idea que carece de profundas implicaciones morales. La búsqueda de la vida auténtica, de la adhesión a la verdad y al bien común, son exigencias que también deben ser devueltas a nuestra relación con la política. Sólo así, como parece recordar Rousseau, será posible encontrar una verdadera participación, y no una mirada egoísta sobre los propios asuntos internos, delegando a otros la participación en las asambleas. La palabra "finanzas", según Rousseau, es una palabra de esclavo, ajena al verdadero significado del Estado democrático.

Como se dice claramente en el "Contrato Social", "tan pronto como el servicio público deja de ser el principal cuidado de los ciudadanos, y prefieren servir a su propio bolsillo antes que a su persona , el Estado ya está cerca de la ruina". ¡De nobis fabula narratur!

Del mismo modo, la filosofía de Kant, con especial atención a las páginas del ensayo "Por la paz perpetua", es reexaminada por Scognamiglio como una contaminación ineludible de la ética y el derecho, pero también de la moral y la política. Si las máximas de la acción moral se formulan con un sesgo jurídico, la filosofía del derecho de Kant está llena de instancias morales. El punto más complejo de esta tensión se pone de relieve en la política internacional, donde los sujetos colectivos, los Estados, deben reformarse internamente para obedecer a ese ideal regulador de la razón que es la coexistencia pacífica en el planeta.

La necesidad misma de establecer un derecho internacional, según Kant, se percibirá en obediencia a una fuerte "disposición moral". También en Kant - sugiere Scognamiglio - el tema del bien común es central. Es mérito de Scognamiglio ayudarnos, con su ensayo, a repensar el bien común y sus implicaciones, también gracias al apoyo de dos autoridades de la filosofía moderna como Rousseau y Kant.

Las religiones como medio dador de sentido y arma de resistencia a la economía

Las religiones han estado bajo ataque durante mucho tiempo. Y, sobre todo, están siendo atacadas por los medios de comunicación: los circos periodísticos y la implacable programación de televisión presentan al Islam como sinónimo de terrorismo y al cristianismo como una banda de sacerdotes pedófilos. El objetivo es destruir la religión. ¿Por qué razones? Aclaremos este punto, yendo en contra de la corriente con respecto al único pensamiento políticamente correcto.

Las religiones han estado sometidas a ataques durante mucho tiempo. Y, sobre todo, están siendo agredidas por los medios de comunicación: los circos periodísticos y la implacable programación de televisión presentan al Islam como sinónimo de terrorismo y al cristianismo como una banda de sacerdotes pedófilos. El objetivo es destruir la religión. ¿Por qué razones? Aclaremos este punto, yendo en contra de la corriente, esto es, contra el único pensamiento políticamente correcto. En el mundo posterior a 1989, es decir, en la época del fin comunismo histórico, la religión sigue siendo el último baluarte concreto contra la expansión de la mercantilización total y del mercado real y simbólico. Por esta razón, el capital debe declarar la guerra a la religión en todos los sentidos.

La religión nos recuerda que la divinidad es trascendente: es el Dios del cielo. Ya por esta sencilla razón, la religión de la trascendencia ejerce una crítica radical contra esa religión de la inmanencia que es la economía: esta última simplemente pretende ser la divinidad permitida, en la forma reificada del monoteísmo del mercado.

El ejército Brancaleone (en español diríamos "el ejército de Pancho Villa", N.del T.) de los llamados "laicistas" se engaña a sí mismo pensando que el gesto más emancipador que se puede hacer es hacer mofa del Dios cristiano o islámico. Ellos -desde Odifreddi hasta Scalfari- no cesan de oponerse a todos los Absolutos que no son el inmanente de la producción capitalista, el monoteísmo idólatra del mercado: el secularismo integrista, en todos sus grados, es la culminación ideológica ideal del fanatismo del mercado.

El ateísmo militante y fanático del ejército laicista, además de ser más religioso que las religiones en su impulso fundamentalista, promueve la religión del libre mercado: todo ataque es pensado para que el orden económico hegemónico no pueda ser cuestionado Este es el marco de la globalización capitalista, en el que "The Economist" se convierte en el "Osservatore Romano" de la globalización y las inescrutables leyes del Dios monoteísta se convierten en las leyes inflexibles del mercado mundial. Como todo monoteísmo, el del mercado también pretende ser el único y neutralizar así a cualquier competidor.

¿Entenderá la Armada Brancaleone de los laicistas que la lucha contra el Dios tradicional es, en sí misma, una de las piedras angulares de la actual globalización capitalista, que se basa precisamente en la neutralización de toda divinidad que no coincida con el monoteísmo de mercado? El enemigo no es el Islam, sino el integrismo económico de la civilización del consumo, ante la cual el Islam -al igual que el cristianismo- tiene el gran mérito de no ceder. En esto se resume lo que Heidegger llamó "divinización" (Entgötterung).

Entgötterung corresponde a la huida de lo divino determinada por ese olvido del ser y del hombre generado por el dominio del nihilismo tecno-capitalista que redefine todo como mercancía y como valor de cambio. Después de haber iniciado la disolución de la ética burguesa (1968) y de haber llevado a buen término la destrucción de la fuerza que la había limitado en el corto siglo (1989), después de haber despolitizado de nuevo la economía mediante la aniquilación de los Estados democráticos soberanos, el capital absoluto procede hoy a la aniquilación de todas las religiones distintas de las de la inmanencia del mercado monoteísta. Por esta razón –que se sepa- los que hoy luchan contra las religiones continúan la misma lucha defendida por el capital.

Las religiones como medio dador de sentido y arma de resistencia a la economía

Las religiones han estado bajo ataque durante mucho tiempo. Y, sobre todo, están siendo atacadas por los medios de comunicación: los circos periodísticos y la implacable programación de televisión presentan al Islam como sinónimo de terrorismo y al cristianismo como una banda de sacerdotes pedófilos. El objetivo es destruir la religión. ¿Por qué razones? Aclaremos este punto, yendo en contra de la corriente con respecto al único pensamiento políticamente correcto.

Las religiones han estado sometidas a ataques durante mucho tiempo. Y, sobre todo, están siendo agredidas por los medios de comunicación: los circos periodísticos y la implacable programación de televisión presentan al Islam como sinónimo de terrorismo y al cristianismo como una banda de sacerdotes pedófilos. El objetivo es destruir la religión. ¿Por qué razones? Aclaremos este punto, yendo en contra de la corriente, esto es, contra el único pensamiento políticamente correcto. En el mundo posterior a 1989, es decir, en la época del fin comunismo histórico, la religión sigue siendo el último baluarte concreto contra la expansión de la mercantilización total y del mercado real y simbólico. Por esta razón, el capital debe declarar la guerra a la religión en todos los sentidos.

La religión nos recuerda que la divinidad es trascendente: es el Dios del cielo. Ya por esta sencilla razón, la religión de la trascendencia ejerce una crítica radical contra esa religión de la inmanencia que es la economía: esta última simplemente pretende ser la divinidad permitida, en la forma reificada del monoteísmo del mercado.

El ejército Brancaleone (en español diríamos "el ejército de Pancho Villa", N.del T.) de los llamados "laicistas" se engaña a sí mismo pensando que el gesto más emancipador que se puede hacer es hacer mofa del Dios cristiano o islámico. Ellos -desde Odifreddi hasta Scalfari- no cesan de oponerse a todos los Absolutos que no son el inmanente de la producción capitalista, el monoteísmo idólatra del mercado: el secularismo integrista, en todos sus grados, es la culminación ideológica ideal del fanatismo del mercado.

El ateísmo militante y fanático del ejército laicista, además de ser más religioso que las religiones en su impulso fundamentalista, promueve la religión del libre mercado: todo ataque es pensado para que el orden económico hegemónico no pueda ser cuestionado Este es el marco de la globalización capitalista, en el que "The Economist" se convierte en el "Osservatore Romano" de la globalización y las inescrutables leyes del Dios monoteísta se convierten en las leyes inflexibles del mercado mundial. Como todo monoteísmo, el del mercado también pretende ser el único y neutralizar así a cualquier competidor.

¿Entenderá la Armada Brancaleone de los laicistas que la lucha contra el Dios tradicional es, en sí misma, una de las piedras angulares de la actual globalización capitalista, que se basa precisamente en la neutralización de toda divinidad que no coincida con el monoteísmo de mercado? El enemigo no es el Islam, sino el integrismo económico de la civilización del consumo, ante la cual el Islam -al igual que el cristianismo- tiene el gran mérito de no ceder. En esto se resume lo que Heidegger llamó "divinización" (Entgötterung).

Entgötterung corresponde a la huida de lo divino determinada por ese olvido del ser y del hombre generado por el dominio del nihilismo tecno-capitalista que redefine todo como mercancía y como valor de cambio. Después de haber iniciado la disolución de la ética burguesa (1968) y de haber llevado a buen término la destrucción de la fuerza que la había limitado en el corto siglo (1989), después de haber despolitizado de nuevo la economía mediante la aniquilación de los Estados democráticos soberanos, el capital absoluto procede hoy a la aniquilación de todas las religiones distintas de las de la inmanencia del mercado monoteísta. Por esta razón –que se sepa- los que hoy luchan contra las religiones continúan la misma lucha defendida por el capital.

Una masa de post-identitaria. Cuando Pasolini denunció el genocidio cultural de Italia

La cultura puede existir siempre y únicamente en plural, como diálogo entre culturas diferentes, que se relacionan según su pertenencia común a lo humano universal. Sólo los que tienen una identidad cultural pueden respetar a los demás y medirse a sí mismos en el diálogo con ellos. La dinámica de la globalización capitalista, imponiendo una cultura única, se resuelve en la supresión de la cultura como tal, sustituida por la reificante reductio ad unum del hombre sin identidad ni espesor crítico.

En la apoteosis del nihilismo cada vez más conformista, que impone universalmente la postura relativista y post-metafísica, el hombre es destrozado: vaciado y superficial, privado de cualquier "esfera primordial de pertenencia", como podríamos llamarla con Husserl, decae al rango de mercancía entre los bienes, condenado al vagabundeo planetario exigido por el mercado sin fronteras; vagabundeo propio de una diáspora que el lenguaje capitalista neoliberal ennoblece con la expresión "libre movimiento".

Individuos desarraigados forman plebeyos sin forma.

En esto radica la esencia de la nueva existencia comercializada y reificada de los individuos privatizados y despojados -en sentido cosmopolita- de cualquier identidad sólida sobreviviente capaz de resistir la omni-mercantilización. Al diálogo entre pueblos hermanos y solidarios, el mundialismo de la cosificación sin fronteras prefiere el monólogo falsamente pluralista de la sociedad de masas globalizada, sociedad de individualidades seriales y desarraigadas, en la que hay una sola plebe sin forma, de-simbolizada y des-etizada.

Esta es la esencia de lo que Pasolini, en su discurso del 7 de septiembre de 1974 en Milán, definió como el "genocidio cultural" producido por la civilización del consumo. Con su ritmo omni-homologante, la civilización de consumo tiende a nivelar a cada individuo, a cada civilización, a cada pueblo, redefiniéndolo según la forma de los bienes. Y así produce lo que Pasolini definió, en referencia a la Italia de su tiempo, como el proceso de "destrucción y sustitución de valores en la sociedad italiana".

Pasolini denunció la homologación

Aunque "sin carnicería ni tiroteos masivos", el totalitarismo de la globocracia de los mercados conduce, en palabras de Pasolini, a la "supresión de grandes sectores de la sociedad", aún no homologados a la uniformidad neutral del nuevo orden mundial. Con la contribución de los métodos "sutiles, hábiles y complejos" típicos de la dictadura de la publicidad y de las prácticas de manipulación organizada, la civilización del consumo opera "a través de una especie de persuasión oculta". Y, para transformar provechosamente a las poblaciones rurales en una multitud anónima de consumidores solitarios, debe liberar a la masa nacional-popular de sus tabúes y de sus códigos éticos, a menudo arcaicos y sagrados.

Debe, por lo tanto, implementar la Neutralización evocada por Schmitt, y luego redefinir en un sentido mercantil y cosmopolita las masas anónimas: disolver cualquier valor no relacionado con el mercado, desintegrar cualquier identidad y cualquier relación comunitaria que no sea el utilitarismo social insociable del libre comercio, puede proceder a reconfigurar el "material humano" de acuerdo con la figura sin precedentes del sistema de mónadas liberales-libertarias, atómicas, intercambiables a nivel planetario.

Según el diagnóstico de Pasolini, éste es el verdadero rostro del "régimen democrático", como lo llamó el 7 de febrero de 1974 en un programa de televisión de la RAI: "Destruyendo las diversas realidades particulares", genera, a su imagen y semejanza, una masa post identitaria, libre de todos los vínculos reales y simbólicos del pasado y capaz de relacionarse consigo misma y con el mundo objetivo sobre la base única de la forma de los bienes.

La sociedad líquida (o la ausencia de tierra firme)

La imagen de la "sociedad líquida" se utiliza ahora en los contextos más diversos y se ha convertido en un lugar común. La metáfora de la liquidez es, de hecho, muy eficaz a la hora de explicar la dinámica del mercado transnacional y la precariedad planetaria. Ambos conceptos, por definición, son marítimos.

Gracias a Zygmunt Bauman, la imagen de la "sociedad líquida" se ha convertido en canónica. Tanto es así que puede ser utilizado en una gran variedad de contextos, a veces actuando como un lugar común. La metáfora de la liquidez es, de hecho, particularmente eficaz para subrayar la esencia de la acumulación flexible y la sociedad del deslizamiento fluido de capital financiero en ausencia de barreras y límites, barreras "sueltas" y eliminadas junto con cada instancia "sólida" y estable de la anterior estructura dialéctica y fordista, proletaria y burguesa.

Entre las propiedades del agua, está también esa omnipresencia y esa capacidad de introducirse en todos los espacios, de invadir, de superar todas las barreras y de erosionar incluso las rocas más sólidas. Corresponden perfectamente a las propiedades de la flexibilidad universal típica del mundo posterior a 1989. Este último, habiendo saturado todo espacio real e imaginario, "est aujourd'hui partout" ["está ahora en todas partes", en francés en el original] según la fórmula utilizada por Pierre Bourdieu.

Si se utilizara la pareja geofilosófica de tierra y mar codificada por Carl Schmitt (cf. Tierra y Mar, 1942), se podría argumentar razonablemente que la dinámica del mercado transnacional y la precarización planetaria es, por definición, marítima. Se desarrolla en un mundo liso, sin fronteras ni puntos fijos, sin altos ni bajos. Dibuja una realidad en la que todo lo que es ligero flota en la superficie y todo lo que tiene un peso se hunde en las profundidades.

La extensión del mar, al igual que el mercado financiero de la flexibilidad planetaria, sólo conoce olas, flujos y reflujos, tormentas repentinas y trastornos inesperados. El mar, por lo tanto, se eleva a la metáfora absoluta de la producción flexible, no sólo por la liquidez que lo caracteriza, sino también por el proceso convergente de des-territorialización que caracteriza la época del desarraigo planetario que se produce por la expansión del mercado globalizado: el mar es perpetuamente inestable, en su incesante devenir, y, al mismo tiempo, impide cualquier estabilización. Obliga a los que se aventuran en él al perpetuo dinamismo de la navegación y el desplazamiento. Les priva de puntos fijos y estables.

Al igual que el marinero, a una distancia sin precedentes del continente y a merced de las tormentas, el hombre precario navega a la vista, entre derivas y naufragios, sean laborales, sean existenciales, en medio de lo que, con Guicciardini, podríamos ciertamente calificar como "un mar excitado por el viento". Su trayectoria es insegura y desigual, ya que varía continuamente, entre tormentas y bancos de arena impredecibles e inesperados, debido a crisis financieras o deslocalizaciones repentinas, reestructuraciones y racionalización empresarial.

Bienvenidos a la sociedad líquida global.

Las fronteras son la base de la democracia. Sin ellas, se aplica la ley del más fuerte

La metafísica de lo ilimitado típica del turbo-capital es, al mismo tiempo, una práctica de la invasión permanente: en el marco del nuevo orden desordenado no hay fronteras, se cruzan todos los límites materiales e inmateriales de un modo tal que se anula toda línea divisoria entre lo que es interno y lo que es externo al orden capitalista globalizado y al "continente invisible" de las finanzas planetarias.

Según la investigación de los Grundrisse de Marx, "el capital debe luchar para derribar todas las barreras espaciales a las relaciones de intercambio, por ejemplo, y conquistar el mundo entero para el comercio". Es decir, todo debe unificarse bajo el signo de la forma de los bienes y el nexo utilitario entre mónadas insociablemente sociales y "sin ventanas".

A nivel simbólico, la práctica de la invasión capitalista se legitima a través de la subcultura de la narrativa sin fronteras de Hollywood y la demonización integral convergente de la idea misma de la frontera. Esta última idea se presenta como inevitablemente autoritaria y excluyente, y en una completa supresión de su valor protector, de su función de defender los derechos con respecto a la ofensiva de la violencia globalista. La de-soberanización capitalista requiere necesariamente la demolición de las fronteras para que así se anule la posibilidad política de intervención en los territorios y se imponga un modelo único e indistinto, sin barreras reales o simbólicas.

Según la lógica dual y polémológica de la sociedad alienada, el agresor capitalista global ve los muros protectores, las fronteras, como obstáculos que deben ser superados ante la invasión del territorio elegido para la labor depredadora. Lo que para el agresor son obstáculos debe, en rigor, ser defendido como protección para el agredido, es decir, por el Siervo precarizado (el polo dominado). Este último, por otro lado, también tiende a combatir los muros protectores como obstáculos, ya que su imaginación ha sido colonizada por los mapas categóricos de su enemigo de clase. El orden del discurso deslegitima a priori la idea misma de frontera, combinándola con su hipérbole negativa, que es la barrera insuperable. Frente a esta falsa identificación, conviene restablecer, con Kant, la distinción entre una "barrera insuperable" (Schranke), que se divide herméticamente sin poder ser cruzada, y una "frontera" entendida como un "límite" (Grenze) que se puede cruzar según las reglas.

A diferencia de la barrera, que sólo cierra y niega las conexiones, el límite es el que mira a un lado y al otro: no impide el cruce, simplemente lo regula y lo controla, asegurándose de que entre las dos realidades separadas por la frontera no haya indistinción y una no ocupe el espacio de la otra. Desde este punto de vista, el confín como frontera y como límite no niega el tránsito, sino que evita las invasiones. No previene las relaciones, pero trabaja para que no se vuelvan abrumadoras. No interfiere con el vínculo entre los diferentes, sino que garantiza que las fronteras que los separan no se pierdan y que ellos no sean idénticos.

En nombre de la libre circulación de mercancías, el discurso cosmopolita tiene como premisa fundamental la demolición de toda frontera y todo límite. De este modo, el mundo, como pluralidad de diferencias delimitadas por fronteras, se redefine como un mercado único e ilimitado: en su espacio global, todo circula sin trabas y, con las fronteras, desaparecen las demarcaciones que diferencian las realidades. Todo se vuelve igual sin distinción. Horacio argumentaba, en las Sátiras (I, 1, vv. 106-107), que todas las cosas tienen un límite en sí mismas (est modus in rebus) y que "las fronteras están bien definidas" (sunt certi denique fines): la globalización de los mercados procede a neutralizar, en un solo movimiento, los límites metafísicos y las fronteras geográficas, las medidas morales y las fronteras del derecho.

En ausencia de fronteras, no se produce la libre circulación de personas, sino su necesaria circulación en forma de mercancías (desde la fuga de cerebros hasta la inmigración masiva y las desgraciadas deslocalizaciones). No se determina la comparación entre lo diferente y la relación entre lo distinto, sino la homologación ilimitada y la indistinción generalizada.

Coesencial a la lógica del capital, la invasión -como también lo demuestra Régis Debray en su Éloge des frontières (2010)- se realiza plenamente a través de la demolición de cualquier frontera que dificulte el libre movimiento y la apertura integral de lo real y lo simbólico a los procesos de "incorporación" o, como Peter Sloterdijk los llamaba en Esferas, de "entrada en el espacio homogéneo" del mundo unificado bajo el signo de la reificación. Esto es cierto, en general, para el imaginario y para sus "fronteras" morales y religiosas. Se aniquilan en nombre de una mentalidad abierta que, abandonando toda frontera identitaria y toda barrera crítica, favorece en abstracto la "libre circulación de ideas" y, en términos concretos, la colonización de lo imaginario por el capital subcultural ligado a la homologación tecno-nihilista del nuevo orden mental.

Pero se aplica igualmente a las fronteras materiales relacionadas con la experiencia estatal a escala nacional. La des-soberanización y la despolitización, en su vínculo simbiótico, se logran mediante la invasión y la deconstrucción de las fronteras. Los tecnócratas de los espacios convertidos en cosmopolitas derriban todos los muros y todas las barreras a la libre circulación y, juntos, levantan muros cada vez más altos y barreras cada vez más insuperables entre los dominantes y los dominados, entre los primeros y los últimos. Para actuar, la política necesita siempre una soberanía limitada en el espacio y, por lo tanto, un territorio con límites precisos en los que arraigarse: la idea de una política global o de una soberanía planetaria es, de hecho, una contradicción de términos, ya que la política y la soberanía son operativas estructuralmente dentro de espacios definidos y delimitados, separados unos de otros. Sin fronteras, no hay democracia. Sólo hay un poder arrollador por parte del más fuerte.

El ius soli, la palanca para reducirnos a todos a plebeyos sin ciudadanía

Hay dos maneras de entender y practicar la igualdad. Uno, correcto y bueno. El otro, nefasto y digno de ser combatido. La primera prevé la elevación a igual dignidad de aquellos que, por diversas razones, se encuentran en un grado inferior. La segunda, procediendo en la dirección opuesta, significa que lo que está por encima del nivel es eliminado.

Este segundo tipo de igualdad fue definido por Hegel de los "Escritos Teológicos de la Juventud" en términos de una "igualdad de irrelevancia". Su objetivo - especificó Hegel - era hacer a todos iguales, sí, pero en el sentido de igualmente irrelevante. No hay ninguna duda. El ius soli defendido hasta el final por la élite turboglobalista y sus sicarios de la plenitud intelectual (el clero unificado mediático-intelectual, desde el "Repubblica" a "L'Espresso") es un caso emblemático de igualdad de irrelevancia, en el sentido hegeliano.

Anular el concepto de ciudadanía

El objetivo no es equiparar a los no ciudadanos con los ciudadanos. Es, al contrario, igualar a los ciudadanos a los no ciudadanos. ¿Objetivo del ius soli? Anular el concepto mismo de ciudadanía, que es entonces la figura cardinal de ese Estado nacional soberano que los expertos en asalto (poliorceti) de la competitividad sin fronteras han puesto bajo asedio. La clase dominante apunta a la globalización absoluta, es decir, a la redefinición de todo el planeta como un único mercado cosmopolita de-soberanizado y desregulado.

El ciudadano, una figura intolerable

Por esta razón, la clase global no puede aceptar la supervivencia de estados nacionales soberanos, con la primacía de las comunidades democráticas y la primacía de la política sobre la economía. Y, de manera convergente, no puede tolerar la supervivencia de la figura del ciudadano, con sus derechos y deberes arrebatados de las garras mortales del libre comercio. A pequeña escala, los globócratas pretenden disolver la familia. A gran escala, aspiran a aniquilar el Estado nacional democrático y la ciudadanía.

La inmigración es un engaño.

Con la llegada del nuevo año, el controvertido asunto de la inmigración masiva ha reaparecido con ímpetu. Un asunto que, como de costumbre, es tratado de una manera unidireccional, en línea con los dictados del pensamiento único políticamente correcto y éticamente corrupto. La gran narración es ahora también conocida por los muros: hay gente desesperada en África que está empujando a las puertas del Occidente europeo, esperando ser salvada de su miserable condición. Quien se opone a esto es, eo ipso, un xenófobo irredimible, un populista sin corazón, un Hitler en potencia. Esta, de hecho, es la narrativa hegemónica, que es entonces el punto de vista de la dominación cosmopolita. El conocido teorema de Carlo Marx es tan válido hoy como (y más que) ayer: las ideas dominantes son las ideas de la clase dominante. Más precisamente, son la relación de poder dominante examinada desde el punto de vista de las ideas. Unas ideas que, de hecho, también hegemonizan la imaginación de los que, dominados, tendrían todo el interés del mundo por oponerse a tal narrativa y a tal relación asimétrica de fuerza.

En cambio, sufre pasivamente, tomando como buenas y universalmente válidas las ideas de los dominantes, que siempre y exclusivamente legitiman su dominación. Vamos a revertir la narrativa dominante, entonces. Nosotros pensamos lo contrario. Los pedagogos de la globalización y los señores del dominio turbo-capitalista ya han decidido. Deportan a los migrantes en función de sus propios intereses económicos. Desestabilizan el continente africano con bombardeos humanitarios, intervencionismo ético, imperialismo terapéutico. Y, de este modo, determinan el desarraigo de los pueblos africanos, obligados a huir por mar a Europa, dispuestos entonces a "acogerlos", es decir, a explotarlos sin piedad.

Este es el verdadero objetivo de la inmigración masiva: 1) enviarla hacia la Europa desde el tercer mundo y reducir la población europea al rango de una nueva plebe policromada y atomizada, 2) crear una competencia descendente en el mundo del trabajo, utilizando a los nuevos esclavos deportados de África con "barcos humanitarios", 3) imponer y generalizar el perfil del migrante desarraigado y sin derechos, 4) disolver al pueblo como una "unidad ética" consciente (Hegel), con lengua, identidad e historia compartidas. Esto explica la inmigración masiva y el amor infinito que la Derecha del Dinero y su fiel sirviente, la Izquierda disfrazada, sienten por la inmigración: es el amor del vampiro por la sangre. ¿Está claro el engaño para usted? El Derecho del Dinero deporta a los africanos a ser explotados y con quienes bajar las condiciones generales de trabajo. La izquierda disfraz, que ha abandonado la lucha de clases y se ha convertido en la dócil servidora del gobernante cosmopolita, dice con lágrimas en los ojos que los puertos deben ser puertos de acogida, puertos abiertos. La única excepción, en el cuadrante de la izquierda: el comunista Marco Rizzo, que tiene el mérito de haber entendido la verdadera naturaleza de clase de la inmigración masiva como un arma en manos de los dominantes.

No es difícil de entender. Los gobernantes manejan el trabajo y la economía. Y sólo defienden lo que no toca contra sus intereses, su trabajo y su economía. ¿Quiere usted luchar por el trabajo, los derechos sociales, los salarios y contra la precariedad? No le permitirán hacerlo. ¿Quiere abrir los puertos y fomentar la deportación de esclavos, perdonar la libre circulación de mercancías y personas? Por supuesto que se lo permiten! Al contrario, eso es lo que quieren. Por eso se explica la cuestión de la inmigración masiva y el servilismo cobarde de la izquierda bajo la correa de la clase dominante. Desde el suntuoso ático de Nueva York, como siempre rodeado de aburrimiento patricio, el bardo cosmopolita -que nunca gasta una palabra, por supuesto, para los trabajadores y los perdedores del globalismo- ya está listo para vestir su ridícula camisa roja, en apoyo de la élite turbo-financiera.

"Abrir los puertos", dicen las clases dominantes desde sus palacios blindados. ¿Objetivo? Atraer a masas de gente desesperada para aprovecharse de ellos al máximo. Crear revueltas horizontales entre subordinados indígenas y migrantes. Descender las condiciones de vida las clases subordinadas en general.

Contra toda forma de nacionalismo: en defensa de la solidaridad entre los Estados

Hoy, el verdadero internacionalismo es antitético al sistema capitalista: es una relación de solidaridad entre Estados que no se encierran en sí mismos, sino que se relacionan con los demás de manera comunitaria y pacífica.

El verdadero internacionalismo como vínculo solidario entre Estados democráticos soberanos y comunitaristas es la antítesis tanto de la globalización capitalista de la economía como del nacionalismo imperialista, que niega la idea misma de nación en la medida en que neutraliza el derecho a existir para otras naciones. Esta fue la forma dominante del colonialismo del siglo XIX y del imperialismo del siglo XX. Pero esta sigue siendo la forma que hoy tiende a resurgir indebidamente como reacción al globalismo capitalista a través de proyectos de soberanía nacionalista.

Estos, en nombre de la oposición a las tragedias de la globalización, aspiran a la re-legitimación del nacionalismo anti-solidario, un mero reflejo del homo oeconomicus se trasladó al nivel del Estado; una forma que, detrás de la falsa oposición, sólo confirma el orden capitalista, reproponiendo su forma imperialista y, al mismo tiempo, cancelando la posibilidad de un verdadero internacionalismo como la única forma auténtica y efectiva de oposición al capitalismo en todas sus formas (tanto globalista como nacionalista).

Estas formas de nacionalismo capitalista deben ser combatidas con igual fuerza con respecto al globalismo capitalista, del cual son la variante falsamente opositora que siempre reconfirma su estructura. El verdadero internacionalismo no es sino la forma de comunitarismo concebido a nivel de relaciones interestatales: es la relación de solidaridad entre Estados nacionales soberanos, cada uno de los cuales, sin renunciar a su propia autonomía y sin cerrarse individualmente en sí mismo, se relaciona con otros no en clave nacional-imperialista, sino en clave comunitaria y pacífica, reconociendo en ellos otras y diferentes experiencias nacionales basadas en historias y tradiciones que no coinciden con las propias.

Sólo entonces será posible lograr ese comunitarismo cosmopolita que, en forma de universalismo de las diferencias, hará posible la coexistencia de la pluralidad y la unidad, de las culturas heterogéneas y del género humano unitario estructurado horizontalmente según las relaciones comunitarias y democráticas entre individuos libres e iguales. La mala universalidad de la globalización puede ser reemplazada por el auténtico universalismo de un cosmopolitismo de comunidades, culturas y pueblos igualmente libres en sus diferencias.

Los que aman ya están luchando contra el capitalismo globalizado.

El amor es siempre amor por el nombre propio, que no se universaliza, ni se reduce a cosa. Desde una perspectiva diferente -en contraste con el reino de los bienes, donde prevalece la cantidad de esencias disponibles y sustituibles en serie- la calidad de la persona única triunfa en la dimensión del amor, la cual es otra dimensión inconmensurable. Rompe el fatal hechizo de la estandarización mercantil, de la sustituibilidad universal de la serie, y rompe la experiencia de lo único irremplazable, del nombre propio auténtico el cual no tiene que ver con nada más: que no puede ser comprado o intercambiado, vendido o cedido.

Además, el espacio de los bienes -que se acumulan y circulan omnidireccionalmente de forma brillante y fantasmagórica- es el ámbito de la perfección técnica estandarizada y de los artefactos. Los bienes defectuosos, que no sean perfectos de acuerdo con la norma, están destinados irrevocablemente a ser reemplazados y desechados. En el ámbito del amor, de manera diametralmente opuesta, no se ama la perfección ni una cualidad específica del amado: se ama todo, incluso en sus defectos, incluso cuando es siempre "el no saber eso" (le je ne sais quoi) lo que hace que nos enamoremos, como lo llamaba el Montesquieu del Essai sur le goût. Emblemático, en su incontrovertible carácter, sigue siendo en este sentido el caso de la madre que ama a su hijo por completo, independientemente de su supuesta "perfección" y sin preocuparse de los detalles que a menudo toman la forma del defecto.

Como trato de mostrar en mi Nuevo Orden Erótico. Elogio del amor y de la familia (Rizzoli 2018), el amado es, de hecho, único e irremplazable y es por eso que rechazaríamos de forma a priori e incondicional la idea de su posible mejora. Y si no hay ningún atributo que sea suficiente para explicar lo que amamos del otro, eso depende del hecho de que lo que amamos es irreductible a los atributos individuales.

Desde otra perspectiva, no nos amamos el uno al otro por "algo" que es específico, sino por su ser, por la totalidad particular que es o, como diría Lacan, por su propio nombre (que, además, suena decididamente diferente y afectivamente neutro cuando se refiere a otras personas que lo llevan).

La homologación universalizadora del reino planetario de los bienes no puede conciliarse con el espacio de la autenticidad del irremplazable sentimiento personal de amor: los bienes pueden ser reemplazados infinitamente, según una secuencia serial potencialmente infinita. Por su parte, el amado es único, es un tú que no puede ser libre y discrecionalmente reemplazado por otro análogo.

No es de extrañar que, en la época del capital absoluto, la relación auténticamente amorosa tienda a anularse cada vez más en favor del goce cínico y mercantilizado: lo que, según la regla del "infinito maligno" del plus-goce neoliberal, hace que toda relación "consumida" sea análoga a las estrategias de la esfera de la circulación de bienes. Cada relación, coherente con el principio de performance ocasional y consumismo erótico, no es única ni irremplazable, sino que siempre está lista para ser rápidamente reemplazada por otra y, más precisamente, por la siguiente en la secuencia temporal.

La temporalidad lineal acelerada del mundo de los bienes -donde la febril búsqueda de lo nuevo, al ritmo apremiante de la moda, convive aporéticamente con el eterno retorno zaratustriano de lo mismo. Es decir, con la siempre renovada, y potencialmente ilimitada, repetición del gesto nihilista del consumo- y esta es también la que distingue a las nuevas figuras alienadas del eros en la época del capitalismo flexible.

 

Fuente: https://geoestrategia.eu/noticia/45866/opinion/comunidad-identidad-y-arraigo.html