lunes, 3 de agosto de 2026

DECRECIMIENTO, MARX Y EL FUTURO DE LA IZQUIERDA

 


Antonin Horcica

1/08/2026


En un periodo en que el mundo está bregando con crisis ecológicas y sociales cada vez más profundas, la búsqueda de alternativas es más urgente que nunca. En este contexto destaca la obra de Kohei Saito, profesor de la Universidad de Tokio y autor de Marx in the Anthropocene y Slow Down: The Degrowth Manifesto. Saito se centra en las dimensiones ecológicas y ecosocialistas del pensamiento de Marx y sostiene que este contiene ideas ecológicas que se han pasado por alto o malinterpretado durante mucho tiempo. Pese a que Marx no abogó explícitamente por el ecosocialismo, Saito señala que su pensamiento ecológico puede inspirar y apoyar a los movimientos ecosocialistas contemporáneos y políticas encaminadas a hacer frente a la injusticia social y ecológica.

Me reuní con Kohei en Zagreb, donde fue uno de los principales ponentes en la 9ª Conferencia Internacional sobre Decrecimiento, que congregó a cientos de participantes de todo el mundo, entre quienes hubo gentes de ciencia, académicas, activistas y políticas, para explorar modelos sostenibles y justos en la economía y la sociedad. Su charla, titulada “Marx y decrecimiento: ¿es posible?”, marcó la pauta de un amplio coloquio sobre la relación entre el movimiento decrecentista y los enfoques políticos de la crisis climática. Para mí personalmente, aquella discusión fue un punto de partida clave para una visión del ecosocialismo democrático poscrecimiento como rumbo concreto para la izquierda de hoy, con raíces en la tradición del socialismo democrático que tiene su origen en la Primavera de Praga.

Antonin Horcica: ¿Qué te parece la conferencia internacional sobre decrecimiento aquí en Zagreb, sobre todo dado su planteamiento amplio y el público diverso que atrae?

Kohei Saito: Es magnífica, en particular por la participación de mucha gente joven. La diferencia con Japón es enorme: allí la discusión sobre las ideas de Marx suelen implicar a personas mayores. Me siento muy inspirado por cómo se propaga esta idea del decrecimiento entre las generaciones más jóvenes y veo con optimismo la posibilidad de construir un nuevo futuro juntos.

El espectro de fondo también es muy amplio. No solo han venido marxistas y activistas, sino también personas de muy diferentes disciplinas: ciencias naturales, economía, filosofía. Y es bueno que el concepto de decrecimiento se vuelva tan atractivo para tantas personas. Esto es muy importante para movilizar a la gente. Después de todo, se trata de una idea política, y esta clase de atracción es algo que realmente estamos buscando, ¿no?

A. H.: Aunque resulta estimulante ver un público tan amplio, ¿no te parece que falta una orientación clara de cara a la implementación la idea del decrecimiento?

K. S.: Aprendemos unos de otros. El decrecimiento es una idea relativamente nueva y a menudo la critican por falta de consistencia. Entiendo tus preocupaciones sobre la falta de orientación. ¿Qué deberíamos hacer ahora? Es una cuestión muy complicada, pero no estamos aquí para crear un partido político único. La finalidad de esta conferencia es intercambiar nuevas ideas, conocernos mutuamente y tejer relaciones internacionales. Pienso que la conferencia es un éxito en este sentido. No obstante, entiendo que también necesitamos centrarnos en la elaboración de nuevas estrategias, en cambiar las políticas y transformar el sistema económico. Esto es algo sobre lo que deberíamos ponernos a trabajar ya.

A. H.: Y en relación con esto, ¿qué papel piensas que desempeña el ecosocialismo y el ecomarxismo a la hora de influir positivamente en este movimiento?

K. S.: El marxismo lleva aquí muchos años. Si logramos superar el antagonismo entre el ecosocialismo y el decrecimiento, pienso que el marxismo, con su activismo político, puede contribuir de varias maneras. Retomando tu comentario sobre la falta de estrategia, creo que el marxismo puede concretar una política de decrecimiento, especialmente con respecto a la clase obrera, que hoy por hoy no se siente muy atraída por la idea del decrecimiento. Al integrar los principios marxistas con el decrecimiento podemos desarrollar estrategias que apelen a una alianza más amplia y un movimiento más amplio frente al sistema capitalista y por la justicia climática.

A. H.: En tu ponencia has mencionado que hay ecosocialistas que promueven el crecimiento. ¿No te parece contradictorio que alguien que se identifica como ecosocialista abogue por el crecimiento, puede que en forma de socialismo verde? ¿Cómo debería abordar el ecosocialismo esta incoherencia?

K. S.: Al igual que el decrecimiento, el ecosocialismo también es una categoría muy amplia. Reconozco que algunas personas son más optimistas con respecto al progreso tecnológico, por lo que asocian más el socialismo ecológico con el crecimiento. Sin embargo, después de varias lecturas sobre el decrecimiento, pensé que este tipo de crecimiento ecosocialista es demasiado optimista. Así que ahora intento convencer a mis amigos y colegas marxistas para que abandonen esta clase de optimismo tecnológico y traten de buscar otra solución, que es el comunismo del decrecimiento. Pienso que el ecosocialismo es una categoría más amplia, en la que algunas personas se inclinan más por un ecosocialismo orientado al crecimiento, pero yo estoy a favor del comunismo del decrecimiento, la visión de una sociedad sin crecimiento.

A. H.: ¿Sabías que en Europa Oriental, y sobre todo en Chequia, los términos socialismo y comunismo tienen connotaciones negativas? Algunos de mis amigos tratan de recuperar el significado original de estos conceptos. ¿Crees que vale la pena hacerlo o acaso deberíamos buscar una terminología alternativa?

K. S.: Sí, lo sé. Vengo de Japón, donde el comunismo y el socialismo tienen implicaciones distintas a las de Europa Oriental. Cuando hablo con algunas personas de Europa Oriental, como aquí en Chequia, a menudo critican el uso de los términos comunismo y socialismo. Es una situación complicada. Habría que encontrar algo que les resulte atractivo y también sea histórica y políticamente significativo. Mi público primario es japonés, pero cuando vine a Croacia a compartir mis ideas con gente de diversas partes del mundo, la respuesta ha sido más bien positiva. Claro que también entiendo que haya personas que digan “nada de socialismo, nada de comunismo, eso es como en tiempos de Stalin, es muy autoritario”, etc. Así que si lo ves de esta manera, lo respeto. Lo que importa es que hemos de superar el capitalismo, y entonces la sociedad poscapitalista podrá llamarse como queramos. No soy dogmático y me mantengo abierto a nuevas ideas.

A. H.: En la República checa tenemos alguna experiencia histórica de la década de 1960, particularmente de 1968, cuando el ejército ruso, junto con otras fuerzas del Pacto de Varsovia, intervino para suprimir el intento de implementar el “socialismo con rostro humano”. Una de las ideas principales era la de democratizar la economía para servir mejor al pueblo. ¿Crees que esto sigue siendo relevante hoy en día?

K. S.: Desde luego, democratizar la economía es muy importante. Cuando hablo de la necesidad de planificar más, me refiero a que no podemos dejar todo en manos del mercado, la competencia y el mecanismo de precios. Nos hallamos actualmente en una situación muy difícil a causa de la crisis climática. Y hemos de invertir en lo que es necesario y evitar lo que es innecesario. Así que necesitamos planificar, pero planificar también es un término que recuerda a la gente a aquella vieja dictadura soviética. De todos modos, cuando hablo de comunismo, socialismo y planificación, me refiero más bien a democratizar la economía. La economía capitalista actual tampoco es democrática. Realmente deberíamos buscar una nueva visión de la democratización de la economía y al hacerlo no deberíamos tener miedo a criticar el capitalismo.

A. H.: Sobre la base de esta experiencia de la década de 1960 y también con las nuevas ideas que emergen, incluidas las tuyas, hay un grupo de gente en la República Checa que aspira a introducir el  concepto de ecosocialismo democrático en el debate público como algo que es muy necesario para cambiar la sociedad. ¿Qué opinas al respecto?

K. S.: Estuve discutiendo con alguien de la República Checa y era una persona muy crítica con el socialismo. El debate se alargó mucho y cuando hablé del socialismo, me criticó por añorar la Unión Soviética y cosas así. Creo que el ecosocialismo democrático se ajusta mucho a mis puntos de vista. Quiero dejar claro que el ecosocialismo democrático no aspirará a un crecimiento infinito, sino que se centra en satisfacer las necesidades humanas básicas y asegurar la protección ambiental. No es forzoso que lo llamemos “comunismo de decrecimiento”, puede haber más de un nombre, admito sugerencias. La clave está en alejarse de un sistema capitalista que busca la constante expansión. Cuando tengamos el socialismo, no deberemos aspirar más a esa constante expansión. Básicamente se trata de un decrecimiento.

A. H.: La insistencia en la palabra democrático es crucial a la hora de impulsar el cambio revolucionario del sistema. La participación activa del público es fundamental para que el cambio sea sostenible. La economía del decrecimiento u otros modelos económicos alternativos, como la economía circular, requieren una transformación institucional. Aunque los movimientos pueden movilizar a gente y presionar a las instituciones existentes, no pueden sustituirlas. Por tanto, la cuestión real es esta: ¿cómo podemos implementar efectivamente un cambio institucional?

K. S.: Esto suena bastante rígido. Hemos hablado del ecosocialismo democrático en el contexto del decrecimiento. En estos momentos, lo que tenemos ante todo es un movimiento. Está claro que es preciso institucionalizar nuestras demandas. Pero sigo pensando que el movimiento mismo es demasiado pequeño. Vista la crisis ambiental y el carácter ubicuo del neoliberalismo, especialmente pospandémico, la gente se da cuenta de que nuestra sociedad prioriza el beneficio por encima de las vidas humanas. Pienso que tenemos una oportunidad.

Esta experiencia de la Unión Soviética ha ensombrecido nuestro futuro para mucho tiempo. Sin embargo, tras la crisis económica  de 2008, ahora estamos asumiendo nuevas ideas poscapitalistas sin el peso de la era soviética sobre nuestras memorias. Como he dicho antes, un número significativo de jóvenes no dudan en apoyar ideologías poscapitalistas, rompiendo con sentimientos del pasado, y lo hacen con entusiasmo.

A. H.: Solemos utilizar el PIB como indicador primario del crecimiento; es casi como un mantra que actualmente lo domina todo. ¿Crees que existe otra manera de evaluar el progreso social?

K. S.: Ya existen otros indicadores, como el Índice de Desarrollo Humano, el Indicador de Progreso Genuino, y muchos más que realmente tienen en cuenta nuestro bienestar, el nivel de educación, el grado de igualdad, nuestro impacto ambiental, etc. Tal vez podamos plantear uno nuevo. No soy economista, de modo que no puedo hacer algo por mí mismo, pero es relativamente fácil imaginar que puedo dedicarme a hacer cosas como esa. No es más que una opción política. Si el gobierno decide otorgar más importancia a estos nuevos indicadores que al PIB, tendremos un mundo diferente.

De hecho, estoy promoviendo esta iniciativa en Japón, pues este país está estancado, en términos del PIB, desde hace más de 30 años, de manera que la gente está preocupada, pero en realidad, si miras el nivel de educación, el grado de seguridad, la previsión social, la alimentación, la cultura, todo eso funciona bastante bien en Japón. Entonces, ¿por qué no utilizamos estos datos y luego los promovemos fuera de Japón? Ideas como esta atraen a algunas personas. Bueno, lo intentaremos.

A. H.: Finalmente, me gustaría centrarnos en tu obra. ¿Cómo descubriste la relación entre Marx y la ecología? Ya sé que gran parte del proceso se describe en tus dos libros, pero ¿puedes hacer un resumen?

K. S.: Fui a Alemania y me puse a examinar los cuadernos de notas de Marx. Esos cuadernos, especialmente de antes y después del Capital, contienen un montón de material sobre ciencias naturales. Entonces me pregunté por qué Marx había leído sobre ciencias naturales para acabar de escribir El Capital, que trata del capitalismo y la economía política crítica. No tiene nada que ver con las ciencias naturales. Por supuesto, eso era lo que yo pensaba.

Sin embargo, entonces, al leer aquellos cuadernos, me dí cuenta de que él estaba sumamente interesado en cuestiones de ecología, sostenibilidad y cómo el capitalismo de hecho socava estas condiciones. De esta manera, al leer los cuadernos me percaté de que Marx se interesaba por cuestiones ecológicas y que en el siglo XX no tuvimos en cuenta esta dimensión. Integrando esta clase de conocimiento ecológico en el socialismo, pienso que podemos tener un poscapitalismo más democrático y sostenible. Es algo que deberíamos hacer ahora, y podemos contar con más avances y una mayor interacción con la gente que defiende el decrecimiento, aprender unos de otros y construir un movimiento más grande y luego institucionalizar nuestras demandas para el futuro.

A. H.: Una última pregunta. ¿De qué tratará tu próximo libro?

K. S.: ¿Mi próximo libro? Estoy pensando en la cuestión de la planificación. Es una cuestión muy importante, porque no podemos dejar todo en manos del mercado. ¿Cómo planificamos? Queremos evitar la manera de planificación soviética, ¿no? Necesitamos una planificación democrática, ¿y eso qué es? Hemos de pensar en ello.

A. H.: ¿Supone implicar a la gente directamente en el proceso de planificación? La clave está en dar cancha a la iniciativa popular, en hallar el equilibrio correcto para no repetir las experiencias negativas.

K. S.: Sí, eso es exactamente.

Muchas gracias.

12/07/2026

Notes of a Stubbornly Naive Leftist

Traducción: viento sur

[Esta entrevista se publicó originalmente en checo en Alarm, una revista digital checa de izquierda, el 28 de septiembre de 2023. La versión inglesa es la traducción realizada por el propio autor de la entrevista y ha sido aprobada por Kohei Saito.]

 

Fuente: https://vientosur.info/decrecimiento-marx-y-el-futuro-de-la-izquierda/

JULIO ARBIZU: “ES FALSO EL DISCURSO DE RECONCILIACIÓN DE KEIKO FUJIMORI”


El exprocurador Julio Arbizu debuta como narrador con Negro, contra el desprecio (Reservoir Books, 2026), un conjunto de relatos en los que cuenta cómo ha vivido en carne propia la discriminación, a lo largo de los años. En esta entrevista habla de esta nueva experiencia y de la posibilidad de llegar a una reconciliación nacional como promete el gobierno de Keiko Fujimori.

 


 Julio Arbizu presentó su libro el 24 de julio en la Feria Internacional del Libro. | Mario Colán. Cortesía Penguin Perú

Emilio Camacho

Como en el cuento clásico, cada cierto tiempo el niño Julio Arbizu se paraba frente al espejo para hacer preguntas. Mientras miraba sus pómulos pronunciados o su nariz ancha, las iba lanzando una tras otra. ¿Por qué los insultos de los que debía defenderse a puñetazos? ¿Y por qué no ocupaba un lugar central en las fotos del colegio, sino en esos bordes que se difuminan con el paso del tiempo? ¿Por qué le lanzaban esas miradas llenas de desconfianza? Con los años obtuvo las respuestas que pedía, cuando entendió que en este país el racismo es cotidiano y el color de la piel puede determinar nuestro lugar en la escala social. Hoy, con Negro, contra el desprecio, su primer libro, el exprocurador da testimonio de cómo se vive en carne propia la discriminación. La publicación es una invitación y un artefacto, un vidrio que refleja nuestras taras y prejuicios.    

Tu nuevo libro, Negro, es la narración de varios episodios de discriminación que has sufrido en la vida. Y la primera pregunta que quería hacerte es si tú también has discriminado.

Es una muy buena pregunta. Es una pregunta que de alguna manera puede explicar el libro, porque lo que creo es que existe en este país un sistema organizado de tal manera que nadie esté libre de mirar al otro con una mirada despectiva. Y de hecho, en varios de los relatos, yo revelo que soy parte de ese sistema, de esa organización social. Pero, además, hay una especie de mirada desde abajo que hace que muchos no se perciban discriminados. Y, frente a esa no percepción, lo que hacen es mirar hacia abajo a otras personas como ellos, que es esto que Paulo Freire llamaba el opresor oprimido. Y entonces, la respuesta a la pregunta es sí, claro que sí.

A mí el episodio de Marisol Espinosa que cuentas en el libro me llamó muchísimo la atención. Porque allí te sale la carta de ningunear por procedencia y por formación. En ese momento de indignación por lo que te había pasado, porque te estaban echando de la Bancada Nacionalista, casi llegas a decir que siempre será mejor un abogado limeño que una comunicadora piurana.

Absolutamente. Y, de hecho, el libro lo he sometido a la crítica previa de mucha gente, a la lectura de muchos amigos, de gente que me rodea, algunos con mucha más experiencia en el quehacer literario. Y varios me dijeron: Mira, este episodio deberías ver si lo dejas o lo retiras.

Te sugirieron que lo saques.

Sí, yo opté por dejarlo y por dejar otras escenas en las que yo dejo evidencia de que soy parte del sistema, que soy parte de esa organización, que soy parte de esa educación sentimental. Y por eso el libro puede ser leído por todos para encontrarse en él como un espejo.

Ahora, el episodio de tu colaboración con el nacionalismo es interesante, porque también recibiste el encargo de redactar el informe sobre lo que ocurrió en El Baguazo, que es una tragedia por donde se mire: 23 policías y 10 indígenas muertos. Y lo que tú dices es que el desenlace pudo ser otro si estos peruanos hubieran tenido manera de comunicarse, de entenderse.   

Sí. Una de las formas probablemente más brutales y más perniciosas de discriminar, de mirar en menos a ciertos peruanos, es impedirles la agencia y la capacidad de comunicar sus demandas, sus pareceres, sus ideas sobre la patria. Desde el ejercicio del poder, son unos cuantos quienes lo detentan y pueden desde allí nombrar lo que es bello, lo que es aceptable, lo que puede ser bien recibido en ámbitos de políticas públicas. Los demás, digamos, se deben remitir al ejercicio pasivo de seguir esas reglas.

Y los demás suena a veces a los que están lejos de Lima.

Sí, en gran medida los que están lejos de Lima, pero también en Lima, que es una ciudad mestiza, donde operan formas de ejercer el poder desde un discurso supremacista que a veces duele muchísimo.

Cuando yo revisaba lo que mencionabas del Baguazo, también pensaba en otros episodios similares. En las víctimas inocentes del fuego cruzado que hubo durante la lucha contra Sendero, o, recientemente, en las víctimas de las protestas contra Dina Boluarte. El hecho de que ellos no encuentren justicia, de que haya impunidad en sus casos, ¿es de alguna manera una forma de discriminación?

Absolutamente. Eso tiene que ver con la mirada del valor de una víctima. Alguna vez, cuando estudiaba un posgrado en Derechos Humanos y Procesos de Democratización en Chile, hubo alguien que hizo el paralelo entre los muertos de la dictadura chilena y los muertos del conflicto armado interno peruano. Y él me decía: “En Chile pensábamos que los muertos eran 20.000 y resultaron siendo 5.000”. Bueno, en Perú pensábamos que los muertos eran 20.000 y resultaron siendo 70.000. Entonces hay una desproporción en el valor que le otorgamos a cada uno de nuestros muertos. Y eso tiene una explicación. En Chile, los muertos, los desaparecidos, eran básicamente gente de clase media, instruidos, con padres profesionales que habían optado por una mirada política. Y en nuestro caso, la mayoría de los muertos en ese fuego cruzado entre el Ejército y los grupos subversivos eran campesinos, muchos de ellos sin DNI.

Quechuahablantes y pobres.

Sí, vulnerables en todos los sentidos de la palabra. Entonces, siempre es un ejercicio de discriminación el hacer esa distinción entre víctimas.

¿Te ha llamado la atención que la señora Fujimori no haya mencionado el tema de las víctimas de las protestas del 2022-2023 en su mensaje a la Nación?

No, ninguna sorpresa, porque en verdad yo diría que las víctimas del gobierno de Dina Boluarte y de Jerí son producto del ejercicio de poder de un fujimorismo que se ha permitido la colaboración de otros grupos políticos muy afines. Y, por tanto, si ella se refiriera a esto, tendría que hacer una autocrítica y creo que está lejos de hacerla en cualquier sentido.

Claro, aunque también usa la carta de la reconciliación, lo que es contradictorio. Si no mencionas a las víctimas, ¿cómo te reconcilias con ese sur que no ha votado por ti?

Yo creo que ese discurso de reconciliación es falso, solamente puede haber una reconciliación en este país en tanto se mire esto que yo trato de hacer evidente en el libro, un trato distinto entre peruanos. Mientras no se miren estas cosas, que suceden todo el tiempo, creo que está muy lejos la posibilidad de cualquier tipo de reconciliación.

Vuelvo al episodio del gobierno de Humala porque hay otro evento interesante, que es cuando hay una presión muy fuerte para sacarte del Ministerio de Justicia, por un comentario ácido que hiciste contra Juan Luis Cipriani, pero que la élite católica y la derecha entiende como una crítica a ellos mismos. ¿Qué fue eso? ¿Fue una represalia política o un acto de discriminación?

No, yo creo que eso fue básicamente solidaridad de clase. Para ellos, yo no puedo tener un comentario ácido respecto de Cipriani. Pero si el comentario lo hacía cualquiera de ellos, por cualquier tipo de diferencia con Cipriani, no pasaba nada. Y creo que eso es muy sintomático de lo que está pasando a nivel político.Incluso en esos círculos de poder, que adquieren más poder todavía por la pigmentación de la piel, no se perdona a algunos que salen de allí para tener un discurso de ruptura, un discurso disidente. A Sigrid Bazán, por ejemplo, le reclaman mucho más que a cualquiera de las figuras del progresismo o de la izquierda limeña. Ven en ella una traición a su clase, una traición a la tradición.

¿Hubieras vivido menos actos de discriminación si no tuvieras una preocupación social, si no tuvieras cercanía con el progresismo o con la izquierda?

No lo sé. Pero fíjate que he pensado en esto que me dices, es bien interesante.Si yo no fuera el respondón que soy, si no tuviera la capacidad de ironizar que tengo a veces, si no tuviera una militancia política, aunque no partidaria, probablemente sería presa del escarnio mucho más soterrado, escondido, pero igualmente pernicioso, nocivo.

Ahora que lo pienso, es cierto que te han discriminado, pero tú nunca te has quedado callado, al menos en la edad adulta.

Sí, por eso es que hay una intencionalidad en hacer el libro como una secuencia cronológica, un crecimiento desde la edad más infantil, pasando por la juventud hasta la actualidad, y creo que si ha habido un cambio en ese tiempo. Por lo menos ahora puedo nombrar lo que pasaba, puedo decirlo. Antes no tenía ni siquiera idea, no tenía con qué confrontarme, con qué compararme, con qué comparar mi situación, y no tenía las herramientas que tengo ahora. Y, por otro lado, con absoluta honestidad, tengo que decir que yo he sido desde muy pequeño un privilegiado. O sea, yo estudié en un colegio privado, yo estudié en la Católica, no soy alguien que haya sido vulnerable desde la cuna. Mis padres son dos profesionales que me dieron la oportunidad de estudiar una carrera en una de las mejores universidades del país. Entonces, hay una mirada que tiene que ver con descubrir que se puede utilizar esa formación para combatir este tipo de situaciones.

Hay un episodio que me llama mucho la atención, que es el de Honduras. En ese país fuiste parte de un equipo enviado por la OEA para atender temas de corrupción. Y allí descubres que miembros de tu equipo han lanzado expresiones racistas contra ti y contra otros de tus compañeros. Llámame ingenuo, pero yo pensé que esas cosas no ocurrían entre los abogados que están dedicados a causas altruistas.

Yo también lo pensaba. Y, es más, pensaba que el espacio de ejercicio de la labor profesional de quienes forman parte de la OEA, por ejemplo, estaba desprovisto absolutamente de ese tipo de cosas. Y sin embargo llego a Honduras y no solamente pasa eso, sino que el secretario general de la OEA había enviado cercanos a su círculo más íntimo a ejercer puestos para los cuales no estaban preparados.

Hablas de (Luis) Almagro.

Sí. Como te decía, llegan personas que no estaban capacitadas ni profesionalmente ni éticamente. Son personas que están en Honduras, un país pobre, un país vulnerable dentro del contexto regional, y son las primeras que se refieren a los ciudadanos y las ciudadanas que ellos tienen que defender como personas de menor valía.

Los llamaban negros.

Es brutal, efectivamente los llamaban negros.  

¿Y hay mucha discriminación entre los profesionales del derecho?

Yo creo que es un espacio más de la sociedad. No creo que haya más que en otros espacios, aunque lo que sí puedo percibir es que hay una élite que es difícil de integrar. A mí no me interesa, pero hay una élite que tiene que ver ya no solamente con el color, sino con el mayor nivel socioeconómico, y en muchos casos también con el patrocinio de causas bastante cuestionables. Y desde allí se mira hacia abajo. Y en la base de esa pirámide están los espacios de defensa de personas más vulnerables.

¿Me estás diciendo que a los que defienden derechos humanos se les ve como menos importantes?

Sí, en muchos casos sí. Quienes han escogido defender derechos humanos casi con exclusividad, fuera del ejercicio en defensa de lo corporativo, sí son mirados en menos, por supuesto que sí.

Claro, pero ahí debe haber una visión política también. Para la élite son los rojos.

Ahí se mezclan un poco esas cosas,

Ya que estábamos hablando de temas de corrupción, ¿qué sientes cuando la señora Fujimori dice que será implacable contra la corrupción?

Siento que Fujimori sabe perfectamente que uno de los lastres que el ciudadano peruano percibe como más problemáticos en el país es la corrupción. Entonces entiende que hay que hablar de la corrupción. El asunto es, ¿cómo puede hablar de la corrupción con 15 de sus ministros procesados o investigados por corrupción? ¿Cómo puede hablar de la corrupción respaldando el gobierno del padre, que fue probablemente el más corrupto de todos los gobiernos de la historia republicana del país? ¿Y cómo puede hablar de corrupción habiendo respaldado el ejercicio del poder desde un Parlamento que era básicamente una confluencia de organizaciones criminales, todas ellas valiéndose de la corrupción para obtener réditos? A la señora Fujimori le podría dar el beneficio de la duda siempre y cuando demuestre que puede desconocer todo eso que ha dicho y que ha hecho en el último tiempo, pero eso es absolutamente una utopía.

Has postulado alguna vez por Juntos por el Perú, eres un hombre de izquierda. ¿Hay discriminación en la izquierda?

Sí, es lo que te decía al comienzo, yo creo que nadie escapa de una organización configurada de tal manera que arriba te miran con desconfianza y abajo miras al costado también con desconfianza para poder salvarte. Yo hablo en el libro de un salvoconducto que a mí me permite evadir, quedarme en esa especie de gravedad que te empuja hacia abajo y que es invisible, que es mi formación, mi paso por la universidad, ocasionalmente el ejercicio de la función pública. Pero hay otras formas de salvoconducto que son mucho más perniciosas. Yo digo varias de las cosas que me pasan a mí sin advertirlo, pero creo que hay esa mirada al costado para salvarse, para distinguirse, para decir: Sí probablemente yo tengo el mismo color que tú, pero yo no me veo tan sucio. Yo tengo tu color sí, pero yo soy ordenado, yo no hablo con palabrotas. Yo tengo una tesis sobre eso. De hecho, el libro se iba a llamar “Negro de mierda” y terminó siendo Negro, porque en la evaluación con la editorial se pensó en cómo defender el título para que esté en las librerías, mostrado al público, o cómo hacer para que se lea en los colegios. En esta sociedad limeña, pacata, conservadora, absurda, las palabras también son una manera de distinción.

A favor del título que no fue, habría que decir que era en realidad un gran llamado de atención, porque esa es la expresión real que se usa: negro de mierda o cholo de mierda.

Sí, yo creo que es más negro de mierda. Ahí está incluido el cholo de mierda, el marrón de mierda. Tú sales a Argentina, a Chile, y ahí no te van a decir marrón o cholo, te van a decir negro o cabeza negra, de frente.

Quería volver a la pregunta de la izquierda, porque hace algún tiempo hablaba con Verónika Mendoza sobre la discriminación dentro de las fuerzas progresistas. Y ella me decía que no podía usar la palabra discriminación, pero sí reconocía que cuando ella entró al nacionalismo, donde hubo una fusión de la izquierda tradicional con fuerzas regionales, ella sintió una distancia entre limeños y provincianos, y que lo que veía desde sus pares limeños era la exhibición de una especie de superioridad intelectual, que se la enrostraban a los que venían de otras procedencias.

Sí, es muy evidente en la izquierda y en otros espacios, pero es en la izquierda donde no debería pasar, donde hace un rato hablabas de los espacios de derechos humanos. Uno pensaría que en la izquierda estas cosas no ocurren, y sin embargo pasan, probablemente ocurren muchísimo menos que en otros espacios, pero están allí. Y a veces se esconden en lo regional, pero también hay un componente no solamente de clase o de formación, sino del color de la piel.

¿Tu hija Gabriela ya leyó todo el libro?

Sí, claro. Ella es de las primeras en leer el libro y en enterarse de que iba un texto suyo.

El post de Facebook de Gabriela, que incluyes en el libro, es valioso y conmovedor, porque entiende a los 16 años la discriminación por la que has pasado y por la que ella empieza a pasar. Ella escribe: “Llevo mis raíces tatuadas en la cara y eso me llena de orgullo”.

Lo lees y se me vuelve a remover todo. Creo que mi hija entendió muchísimo antes que yo esto que me ha costado 15 años de psicoanálisis y la escritura de estas 15 historias, que me han dolido, porque el proceso de escribirlas y de soltarlas no ha sido fácil. Hoy Gabriela tiene 21 y le ha añadido a esa perspicacia de entonces una formación de abogada, porque ahora estudia derecho en Chile. Y yo creo que las nuevas generaciones miran esto con una perspectiva más interesante, desprovista de la mirada que hace que esto se siga repitiendo.

En tu infancia, en tu familia hubo mensajes contradictorios, que no ayudaban a formar una identidad, ¿le reprochas algo a tu familia?

No, yo creo aquí debemos tener en cuenta la idea de la corrección amorosa. Está el caso de la madre de mi madre, que es esta abuela que me mira y desde su alzhéimer se sorprende de que yo sea su nieto siendo negro. O mi madre que trata de corregirme el pelo, no porque entienda que está mal, sino porque trata de protegerme. Son situaciones que tienen que ver con los tiempos y en el caso de mi abuela con una configuración social específica.

¿Y tú como padre cometiste alguno de esos errores tratando de proteger a tu familia?

Es probable. Y es probable que esta pregunta que me haces sea materia de otras sesiones de psicoanálisis (sonríe).

Fuente: Diario, La República, 02 Ago 2026