viernes, 25 de mayo de 2018

¿SERÁ DONALD TRUMP LA SIGUIENTE VÍCTIMA COLATERAL DE LA GUERRA FRÍA 2.0?




La irrupción mediática de Edward Snowden, ex-técnico de Booz Allen, sub-contrata de la CIA, confesando ser el autor material de las filtraciones a The New York Times y The Guardian sobre el programa PRISM (espionaje de las telecomunicaciones a cargo de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), habría desatado todas las alarmas en la CIA ante el peligro evidente de destapar los secretos inconfesables de los sótanos secretos del establishment. Putin habría jugado con maestría sus bazas y tras conceder a Snowden el asilo temporal, apareció ante el Mundo como adalid de la defensa de los Derechos Humano,(diluyendo de paso su imagen de represor en el conflicto checheno), aunque consciente de la nueva dinámica acción-reacción propia de escenarios de Guerra Fría en la que verán envueltas las relaciones ruso-estadounidenses a partir de este momento (Guerra Fría 2.0).

Trump, la bestia negra del establishment 

Wright Millsen su libro “The Power Elite” (1.956), indica que la clave para entender la inquietud norteamericana se encontraría en la sobre-organización de su sociedad. Así, establishment sería “el grupo élite formado por la unión de las sub-élites política, militar, económica, universitaria y mass media de EEUU”, lobbys de presión que estarían interconectadas mediante “una alianza inquieta basada en su comunidad de intereses y dirigidas por la metafísica militar”, concepto que se apoya en una definición militar de la realidad y que habría transformado la economía en una guerra económica permanente y cuyo paradigma serían los Rockefeller al participar en los lobbys financiero, industria militar y judío.

La sorpresiva irrupción en el campo republicano de un candidato independiente y refractario a la disciplina de partido como Trump, habría desatado las alarmas en el seno de las cúpulas dirigentes por lo que será asociado por el aparato mediático del sistema dominante (mass media) con el advenimiento del caos. Por caos (Khaos o “vacío que ocupa un hueco en la nada”) entendemos algo impredecible y que se escapa a la miope visión que únicamente pueden esbozar nuestros ojos ante hechos que se escapan de los parámetros conocidos pues nuestra mente es capaz de secuenciar únicamente fragmentos de la secuencia total del inmenso genoma del caos. Lyan Watson en su obra “Lifetide” publicada en 1.979 afirma que “ si un número suficientemente grande de personas (Masa Crítica) adquieren un nuevo conocimiento o forma de ver las cosas, esto se propagará por toda la humanidad”, para lo que es necesario que un determinado número de personas (Masa Crítica), alcance una conciencia más elevada, tesis conocida como “Teoría del Centésimo Mono” y que tendría su plasmación en la sorpresa electoral de Donald Trump, candidato en principio totalmente refractario a la disciplina de partido y devenido en la “bestia negra” del establishment

La guerra híbrida como elemento diferencial de la Guerra Fría 2.0

La nueva doctrina geoestratégica conocida como “Guerra Híbrida” sería atribuible al Jefe de Estado Mayor de las FF.AA. Rusas, Valery Gerasimov quien afirmó que “cada vez es más frecuente que se dé prioridad a un uso conjunto de medidas de carácter no militar, políticas, económicas, informativas y de otro tipo que estarían sustentadas en la fuerza militar. Son los llamados métodos híbridos”, concepto que se habría puesto en práctica por primera vez con ocasión de las recientes Elecciones Presidenciales en EE.UU. Así, en la web de investigación “Mother Jones” apareció una versión reducida del informe de los servicios de inteligencia de EE.UU. en el que acusaban directamente al Gobierno de Putin de estar detrás de “supuestos ataques cibernéticos de hackers rusos para desequilibrar la campaña electoral de Hilary Clinton e inclinar la balanza a favor del supuesto submarino ruso, Donald Trump”. 

Según el citado documento de los servicios de inteligencia de EE.UU., el Departamento Central de Inteligencia ruso (GRU) con sede en Moscú, considerado el “servicio de espionaje más poderoso y efectivo ruso en la actualidad tras asumir las funciones del primigenio Servicio de Inteligencia Exterior (SVR)“,se habría servido del pirata informático Guccifer 2.0 así como de la página web DC Leaks.com y de WikiLeaks para “difundir públicamente información de los correos secretos de Hillary Clinton obtenidos mediante hackeo cibernético”, extremo negado por el fundador de WikiLeaks, Julian Assange. En consecuencia, siguiendo el principio de “acción-reacción”, Obama advirtió a Putin que “dichas operaciones cibernéticas podrían ser consideradas como potenciales actos de guerra” y como represalia, ordenó la salida de 35 diplomáticos rusos y aplicó nuevas sanciones a diversos organismos y empresas rusas, en especial contra el citado GRU.

Donald Trump y el complot del Club de las Islas

En una conferencia pronunciada por Trump en la sede de la influyente revista política “The National Interest”, Donald Trump expuso las líneas maestras de su política exterior que podrían sintetizarse en su lema “Estados Unidos lo primero”, lo que de facto supondría el retorno al proteccionismo económico tras cancelar el Tratado de Libre Comercio con Canadá y México (TLCAN) así como el TTIP y la Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), pieza central de la Administración Obama en su política de reafirmación del poder económico y militar en la región del Pacífico lo que sería un misil en la línea de flotación de los intereses geopolíticos del conocido como “Club de las Islas” con activos cercanos a los 10 trillones € y cuya cabeza visible según el espía ruso Daniel Estulin, sería el financiero y experto diseñador de “revoluciones de colores”, George Soros. La primitiva CIA se habría transmutado en el llamado Departamento de Seguridad Nacional (Homeland Security) y de la hidra-CIA habrían nacido 17 nuevas cabezas en forma de agencias de inteligencia que integrarían la Comunidad de Inteligencia de EE.UU. (la Cuarta Rama del Gobierno según Tom Engelhardt), agentes patógenos de naturaleza totalitaria y devenidos en Estado paralelo, verdadero poder en la sombra fagocitado por el “Club de las Islas” de George Soros y que se habría conjurado contra un Trump partidario de la Geopolítica Primus InterPares o G2 para mediante métodos legales (impeachement) o expeditivos (léase Magnicidio) lograr neutralizar a Trump.

¿Será Donald Trump la siguiente víctima colateral de la Guerra Fría 2.0?

La guerra híbrida presuntamente empleada por el GRU ruso significó de facto el retorno a escenarios ya olvidados de espionaje y contraespionaje propios de la Guerra Fría y tuvo como primera víctima colateral al asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump, Michael Flynn tras filtrarse que habría mentido al VicePresidente Mike Pence sobre sus conversaciones con el embajador ruso en Washington, Sergey Kislyak, pero Donald Trump habría negado la existencia de la llamada “conexión rusa”, acusando a la Agencia Nacional de Seguridad y al FBI de estar implicadas en la filtración de informaciones perjudiciales para su Administración. 

Sin embargo, en un momento crucial para finiquitar la investigación de la presunta relación del Gobierno ruso con varias personas del entorno del Presidente Trump al igual que de la denuncia contra Putin tras acusado de “interferir en el proceso electoral norteamericano para favorecer al entonces candidato Donald Trump” encargada al FBI, el cese fulminante de su Director, James Camey habría provocado que la sombra del Watergate volviera a planear sobre Washington. A medida que transcurren los días, crecen las sospechas de que dicho cese sería un claro caso de obstrucción a la justicia, delito por el que el Congreso de EE.UU. podría iniciar un proceso de destitución (impeachment) que termine por deponer a Trump tras lo que su Vice-Presidente Mike Pence asumiría la Presidencia para hacer que EE.UU. vuelva a la senda de las seudodemocracias tuteladas por el verdadero Poder en la sombra de EE.UU. (Cuarta Rama del Gobierno de EE.UU.).


LAS IMPLICANCIAS DEL TERRUQUISMO




Estimados amigos:
Les hago llegar un artículo harto polémico.
Atentamente,
Fernando Arce
LAS IMPLICANCIAS DEL TERRUQUISMO
Este nombre que se ha puesto referido a quienes están obsesionados desde que se acabó con la parte más dura del terrorismo senderista, un grupo de ciudadanos comienzan a ver que el terrorismo  no ha desaparecido totalmente, y que sus remanentes se encuentran en pleno accionar.
Segundo, se observa que estos ciudadanos confunden, pues los remanentes son necesariamente terrucos, de esta confusión es preciso aclarar que los remanentes mencionados ya no son parte del senderismo primigenio, porque ellos han pasado a servir de protección a los narcotraficantes en la zona del VRAE, y a la vez se han convertido en una firma más del narcotráfico.
Los ciudadanos que formarían lo que constituye el terruquismo está errado por  lo manifestado en el párrafo anterior, ha nacido como ya se a dicho, en que estos peruanos tienen una obsesión de todo lo que asemeja o se parece al actuar terrorista, resultan senderistas, desde las huestes del VRAE hasta cualquier ciudadano que ellos sin miramientos los califican de terrucos.
Este grupo llamado terruquistas, implica para el Perú político, se encuentren equivocados, porque su desconocimiento que observan de los temas de subversión y están imbricados por ideológicas propias de los grupos dominantes del país, a los que se le ha denomina derecha bruta y achorada.
La Derecha Bruta y Achorada (DBA) tiene un peso determinante en su manera de llegar a todos los ciudadanos peruanos, a través  de los medios de comunicación a su servicio o simplemente son dueños de los mismos; ello permite que trasmitan un mensaje ideológico marcado no solo por ser de derecha conservadora, sino también se esmeran en luchar contra la subversión, y los convierten en ciudadanos obsesionados por el flagelo del senderismo; y por tanto, se sobrepasan en sus convicciones y denuncias sobre el terrorismo.
Llegando ha mostrar síntomas patológicos en el comportamiento emocional que puede alcanzar a más peruanos, perturbando sus capacidades en el del conocimiento de los temas, que son tratados en el mundo, a fin de entender la presencia de grupos subversivos. Está por demás afirmar que en relación a la subversión terrorista no solo se altera la normalidad de vida en los países; sino crean situaciones de zozobra, incluido el terror entre los ciudadanos en diversas naciones, incluyendo al Perú.
Lo dicho lleva a pensar de cómo puedan comprender esta situación los ciudadanos adheridos al denominado terruquismo, como una ideología política, y se llegue vehemente a que nadie ponga en discusión sus planteamientos y sus acciones ausadoras. El caso más evidente en estos últimos días, aparece un general en retiro realizando un operativo al estilo montesinista en el LUM, destinado a demostrar que las nuevas generaciones de funcionarios y servidores públicos se vean envueltos en simpatizar con el senderismo.
Estas formas de actuar incluyen a casi toda la dirigencia (parlamentaria) del fujimorismo actual, ellos son la representación del sector conservador y de derecha que participa en política y en la vida social del Perú.
Esta posición del conservadorismo peruano es sumamente crítica y peligrosa, porque sus objetivos están en denunciar acusando para maltratar al ciudadano peruano que pertenece o simpatiza por un partido político de raíces democráticas, en especial de la izquierda la cual es la más vapuleada porque éstos no merecen ningún tipo de consideraciones en participar en política y de vivir bajo el techo de un Estado de derecho.
El fujimorismo se pone prácticamente fuera de la ley, ellos al actuar de manera prepotente, sin razones y sin principios de respeto a la dignidad de la persona humana, se vuelve una organización autocrática, cuyo repudio como hemos ya señalado en anteriores oportunidades, se identifica con ser “fascismo de medio pelo”, sin calidad, ni esperanza de que sus dirigencias entiendan que el mundo se dirige a vivir en democracia, bajo el marco del Estado de derecho, y no del estado de derecha -conservadora y brutal- contrario con todos aquellos que discrepan de las agrupaciones y personajes del facismo criollo.
La tarea se hace difícil para los peruanos que usamos más la razón, dirigida a asumir que el Perú se encuentra bajo un sistema endeble de democracia, la que nunca existió, y por tanto, no fue motivo del juego democrático. Esto ocurre ahora, a pesar de los 18 años que se derrotó al conservadorismo mafioso del primer fujimorismo, Aún nuestra democracia es vulnerable y de baja intensidad.
Cualquier cambio que se intente realizar en favor de continuar con el Estado de derecho democrático, encuentra obstáculos por la presencia inevitable de la jerarquía vertical fujimorista, la misma que durante una década ha trabajado paradójicamente por establecer “un partido político” donde el clientelaje se hace masivo, aprovechando no solo de la pobreza material de los peruanos; sino también de la pobreza intelectual, donde reina la desinformación, creando en consecuencia un fanatismo entre los miembros del segundo fujimorismo.
Al entender de quienes son profesionales de las ciencias sociales, económicas e informáticas -las cuales no son de practica del terruquismo y del fujimorismo de segunda generación- se hace más que imprescindible la democracia como sistema y metodología del Estado de derecho, para que el país no se tambalee, poniendo en riesgo lo que significa el respeto a la persona humana, el derecho y deberes de lo que es ciudadanía, y lo que se entiende en toda sociedad lo que significa solidaridad, donde por ejemplo el gran y mediano empresariado practique –sintiendo- lo que es la responsabilidad social empresarial (RSE) la misma que motivó considerarse en la última Encíclica “Laudato si” del 24 de mayo del 2015, escrita del actual papa Francisco.
Es decir, los conservadores de derecha y todos los que simpatizan con el movimiento que los representa: fuerza popular (segundo fujimorismo), carecen de principios para poder debatir con el resto de la ciudadanía, de lo que significa la democracia política liberal, el progreso y el logro de la democracia social y económica; de lo que ha llamado el jurista y politólogo italiano Norberto Bobbio lo liberal social, tan contrario a la ideología neoliberal que practican -no se sabe- bajo una condición básica de orden filosófico, político, cultural y socio económico, a fin de que las repúblicas de los países del tercer mundo y de las naciones emergentes siga igual y peor.
Lo que aparece en la expresiones de el conservadurismo neo liberal con el rostro del fujimorismo en sus dos fases, es la envidia que ellos tienen contra los poseedores de una formación que les da capacidad, para entender el fenómeno sociológico, económico y humano vinculado estrechamente a la vida humana y para ser absorbida por la ciudadanía mundial.
El no alcanzar ni tratar de informarse, tanto las dirigencias como los ciudadanos a pie, llevan a pensar que el presente y el futuro nos divide y la reconciliación esperada solamente es un sueño por ser inalcanzable dada la presencia negativa de los grupos conservadores del anti cambio.
Existe como muchos ilustres peruanos –los egregios del siglo XX- al mostrar que las dirigencias conservadoras de entonces no llegan o no quieren entender al Perú tanto país, como de sus grupos sociales, en especial de la macha indio/mestiza, Esta situación de carencias en lo cognitivo se ha incrementado, ello explica la situación de desgobierno y falta de capacidad, para vivir los peruanos en democracia, si esto no ocurre situación cada día empeorara.
Atentamente,
Fernando Arce

"CUALQUIER PROYECTO ALTERNATIVO DEBE REDUCIR EL PODER DEL CAPITAL"




Entrevista a Beatriz Stolowicz, politóloga mexicana

Brecha
25-05-2018

De visita en Montevideo, presentó los resultados de sus últimas investigaciones plasmadas en su último libro, “El misterio del posneoliberalismo”. El segundo tomo, “La estrategia para América Latina”, recientemente publicado en Colombia, narra el accionar del capital y de los sectores dominantes en esta región, haciendo una detallada descripción del despliegue y el funcionamiento de redes intelectuales y políticas que han apuntado a una reestructuración y un avance del capitalismo desde los setenta. Sobre estos puntos y cómo han influenciado a los gobiernos progresistas nos adentramos en un mano a mano con Beatriz Stolowicz.

—¿Cuál es la estrategia para América Latina de los sectores dominantes? 

—Lo primero es que la reestructuración capitalista fue concebida desde el principio en fases. Con una fase de demolición, que es lo que en general la gente ve como neoliberalismo, y luego fases de estabilización como parte de la misma estrategia. Esto está diseñado desde antes del golpe de Estado en Chile. “El ladrillo” fue el programa económico-social de la dictadura de Pinochet que se venía trabajando desde los sesenta, en el que plantean una primera etapa que yo (no ellos) llamo de demolición de los derechos conquistados y, sobre todo, del modelo desarrollista viejo. Pero ya conciben ahí una fase posterior de estabilización, y ya la conciben para un gobierno de coalición. Entonces, cuando uno mira en la larga duración, la Concertación chilena sería justamente el resultado de eso. Es bastante significativo además que lo hagan público en 1992 y señalen que los objetivos se han cumplido en lo general. Uno ve que en Chile sí se cumplieron, porque fue un período muy largo de demolición, de reconfiguración de la sociedad en la dictadura y que, después, con la Concertación, legitimaron el modelo con espacios de representación política y legalización de algunas actividades. En los otros países, por ejemplo Brasil, México, Colombia, la reestructuración se hace en varios momentos, usando la crisis como oportunidad para la demolición de algunas cosas, presentándola como inevitable ante la crisis. Esto hace más complejo el análisis de América Latina porque conviven los discursos de demolición y estabilización. Uno de los exponentes más graves de esto es el brasileño Fernando Henrique Cardoso, a quien llaman “el neoliberal”, “el privatizador”, pero al mismo tiempo va construyendo críticas sociales, reconfiguración social, amplitud de espacios políticos, entonces es difícil identificarlo en uno u otro discurso. El otro caso es México: Carlos Salinas de Gortari, que también mientras estaba privatizando generaba una nueva base social organizada. Los de la estabilización son sectores más lúcidos de la derecha que no tienen pruritos para utilizar ciertos mecanismos y cierto lenguaje que eran propios de la izquierda. Entonces, en la primera mitad de los noventa la vía es la centralidad del nuevo régimen político, representativo, lo que da gobernabilidad para avanzar. En la segunda mitad de esa década, cuando ya hay desencanto con la democracia, la reconfiguración social es el eje, entonces es cuando se expanden las políticas sociales, unas más focalizadas, otras más universalistas, pero siempre con la lógica de que el Estado es el que financia y los privados proveen. Con lo cual también vamos transfiriendo riqueza social al capital. Venían muy entusiasmados ellos con la inversión extranjera, pero en 2001 vuelve la recesión. Es en el contexto de las crisis financieras –tanto en 1995, que empieza en México y afecta a Brasil y Argentina, como la asiática de 1997, que es quizás más determinante– cuando se plantean nuevas fases de la reconfiguración: proteger al sistema financiero de sí mismo, promover el rescate del capital dinerario excedente incorporándolo a los circuitos de acumulación, y esto lo presentan como un nuevo desarrollo productivista, distributivista. Este ya es un nuevo momento, pero todo esto se acelera con la crisis de 2007 y entonces los instrumentos cambian y cambia sobre todo el argumento, que es la inclusión social. Hoy día para mí las tres líneas fundamentales de la estrategia de los sectores dominantes son la inclusión financiera, los llamados negocios inclusivos (que en el mundo agrario se conocen también como “agricultura por contrato”, pero también abarcan a los sectores urbanos como recolectores, recicladores, que se conectan así con las grandes empresas), y las asociaciones público-privadas. 

—Esta estrategia política del capital va siendo elaborada por redes de intelectuales y políticos latinoamericanos. ¿Cómo funcionan estas redes? 

—En el año 82 se crea el Diálogo Interamericano, que es el espacio donde se empiezan a discutir las transiciones políticas, con el paquete económico. Sus fundadores son el ex presidente de Estados Unidos James Carter, Fernando Henrique Cardoso, Julio María Sanguinetti, Enrique Iglesias, y por ahí aparece tempranamente Pedro Kuczynski. El Diálogo reúne a las grandes empresas de Estados Unidos, las trasnacionales, los grandes empresarios de América Latina, los operadores políticos de las transiciones, y una intelectualidad, digamos, liberal-democrática que se sentía muy atraída por el discurso sobre los derechos humanos de Carter, que es lo que legitima su acción sobre América Latina (además esa política de derechos humanos ha sido muy criticada, no ha sido tan completa y pura como se la presentaba). Antes de cada elección en Estados Unidos, el Diálogo Interamericano elabora un documento para quien salga elegido, y le hace recomendaciones de cómo el gobierno tendría que relacionarse con América Latina para que estos planes económicos operen sin dificultades. Esto continúa hasta la fecha, y un rasgo interesante es que siempre van incorporando a dirigentes, personajes de la izquierda latinoamericana, abriéndoles espacio para que se sientan como pares. Van integrando a líderes indígenas, sindicatos, organizaciones feministas; conforme la agenda se va instalando en América Latina, siempre jalan gente. Estas discusiones son presentadas como un ambiente cuasi académico de reflexión, pero vemos cómo se van ajustando los acuerdos, las líneas estratégicas, y por eso cuando se empieza a hablar de un Consenso de Washington yo insisto en que es un “consenso de América Latina”. Otro espacio de elaboración muy importante es la Cepal. Con su viraje neoestructuralista terminan por proponer que si no puedes derrotarlos únete a ellos, y lo que plantean es cómo insertarse en la globalización, en la circulación del capital, con un toque sobre el asunto social que tampoco es tan central en el planteo de la Cepal. El que asume la temática social con mucha fuerza es el Bid desde que es presidido por Enrique Iglesias, se crea incluso la división social del Bid en el 96, y otra de las líneas importantes de su acción es trabajar con los gobiernos locales. Desde el 89 y el 90 la izquierda tiene gobiernos locales, y con estos el Bid va tener un vínculo muy especial, y muy tardíamente el Banco Mundial lo va a recoger. Con lo cual se va creando un ámbito de intercambio aparentemente sin condicionamientos. El Bid ofrece créditos, y se centra (ellos lo plantean así) en dos líneas: la reforma del Estado y la reforma educativa. Otra instancia muy importante, a la que luego no se le da mucho realce, es, desde el 96, el Círculo Montevideo, creado con Sanguinetti como anfitrión en su segunda presidencia. Es sobre todo un ámbito de intercambio entre operadores políticos: ahí están el chileno Ricardo Lagos, el colombiano Belisario Bentancur, el argentino Natalio Botana. Y ellos son los que empiezan a hacer público el cambio de discurso sobre el agotamiento del neoliberalismo. El Círculo de Montevideo sigue funcionando, se fue ampliando e incluso creó la Fundación Círculo Montevideo, que por 2012 estuvo presidida por el empresario mexicano Carlos Slim. La Comisión Trilateral, formada en 1973 (por David Rockefeller, para intensificar la cooperación entre Estados Unidos, Japón y Europa) para el manejo de la crisis, sigue trabajando hacia América Latina, y se le encarga a España el vínculo con América Latina. Entonces, hay una doble vía desde Estados Unidos con el Diálogo y desde la Comisión Trilateral sobre todo con los españoles, y después se creará, vía las cumbres iberoamericanas de presidentes y jefes de Estado, la Organización de Estados Iberoamericanos. Estos son algunos de los espacios, hay más. 

—Es interesante, porque cuando vas describiendo estos espacios aparecen figuras como Enrique Iglesias, Felipe González, Fernando Henrique Cardoso, que suelen ser considerados representantes del centro y no de la derecha. Incluso la Cepal, que hace muchas críticas al neoliberalismo. ¿Cómo es, entonces, la articulación, la relación o eventualmente el conflicto entre este ambiente centrista y el neoliberalismo propiamente dicho? 

—Mira, yo también tuve esta imagen de que eran fracciones dominantes con proyectos distintos en contradicción, y que esto iba a generar conflictos intradominantes. Pues la gran sorpresa de la investigación es que esto no es así. Porque asumen que son fases, y por lo tanto no son proyectos contradictorios. Entonces aquí la discusión, para develar el misterio, es qué entendemos por neoliberalismo. Si nos quedamos sólo con los ajustes monetaristas para caracterizarlo, entonces nos perdemos, porque llegan otros que dicen: “Bueno, ahora vamos a ir hacia políticas no recesivas, de crecimiento”. Pero no están en contradicción. Es muy impresionante ver cómo van elaborando, se van poniendo de acuerdo, y van diciendo: “Bueno, a partir de ahora se procede así, y lo necesario es esto otro”. Porque finalmente la clave, cuando uno piensa en la reestructuración que se denominó neoliberal, es ir derribando todos los obstáculos para la restauración del poder ilimitado del capital, después de los llamados 30 años dorados del capitalismo, del keynesianismo, y siempre lo concibieron con una gran flexibilidad táctica. Por ejemplo, desde el comienzo se concibió la función del Estado como un actor central, nunca un Estado mínimo: en una etapa el Estado tiene que hacer una cosa, y en otra etapa otra. Por lo tanto ellos no distinguen entre economía, política y sociedad, y articulan; cada uno de estos sectores tiene mayor influencia en un ámbito o en otro. Hay matices, sí. Pero los matices en general son tácticos, nunca discrepan en los objetivos. 

—¿Y cómo es que los gobiernos de izquierda, los progresismos, son influenciados por esta estrategia? ¿Cómo se da esta relación entre la estrategia de los sectores dominantes y las izquierdas? 

—Esto se va elaborando en la segunda mitad de los noventa. Hacen reuniones con la izquierda latinoamericana para discutir lo que ellos llamaron “la alternativa progresista”. El énfasis está en un cuestionamiento a las formas neoliberales de manejo del mercado, porque lo consideran elitista y excluyente. Entonces introducen allí con mucha fuerza la idea de la inclusión (al mercado) como el eje de la alternativa progresista. Y entonces la lógica distributivista ya no es la clásica de la socialdemocracia, sino la que les da activos a los pobres para valerse por sí mismos y salir adelante en el mercado, y a esto se le llama una nueva economía de emprendedores, innovadores. Entonces comienzan las reuniones. Se hacen varias en México, luego está la más conocida, que es la de noviembre de 1997 en Buenos Aires, cuyo documento fue bautizado por la prensa como el “Consenso de Buenos Aires”. La idea entonces era la siguiente: que pese a que entre los operadores de los partidos tradicionales había gente que criticaba al neoliberalismo, reducido a especulación financiera, a supuesta desregulación, la gente veía a estos operadores políticos y los calificaba como neoliberales. No eran creíbles. Entonces se plantean crear un sujeto político posneoliberal creíble, y que su expresión política fuera el progresismo, y ahí se plantean entonces una segunda etapa de corrimiento de la izquierda al centro. La primera es cuando se incorporan a los regímenes de democracias gobernables, y se les ponen condiciones: si ustedes quieren ser pares, tienen que evitar la conflictividad social, el mercado es el que decide las políticas económicas, no el parlamento, y bajo ese chantaje sale la primera fase. La de la segunda mitad de los noventa es la segunda fase, con la oferta de que quienes apoyaran este programa recibirían apoyo de los organismos internacionales, los cuales no serían obstaculizados. Entonces, claro, en las primeras apuestas que ellos se planteaban tenía que parecer que no eran políticos tradicionales, como el caso de Vicente Fox en México, Ricardo Lagos es promovido en Chile, levantando la imagen de su pertenencia al Partido Socialista. Y otros más: Facundo Guardado en El Salvador, Chacho Álvarez en Argentina. Fox y Lagos ganan elecciones, y claro, como llevan adelante esas políticas, vuelven a ser vistos por la población como neoliberales. Entonces el desgaste del sujeto que ellos pretendían construir como el sujeto alternativo es ya visible en los dos mil, es muy rápido el agotamiento. Es ahí cuando ciertos sectores… A ver, no es que promuevan los triunfos de la izquierda, esto sería faltar a la historia y además una canallada, porque costó mucho ganar elecciones, pero no se oponen. Incluso apuestan a que estos nuevos gobiernos que vienen de los partidos históricos de la izquierda puedan devolverle el glamour a la política, que estaba de capa caída, muy desprestigiada con el “que se vayan todos” y todo eso. Entonces ahí uno ve un cierto repliegue de estos sectores del escenario político. Pero están actuando, ofreciendo todas las facilidades del mundo financiero para llevar a cabo este programa. Ellos (se ve en los documentos del Diálogo Interamericano) no le dieron mucha importancia al triunfo de Hugo Chávez, incluso pensaban que, como outsider del sistema de partidos tradicionales en Venezuela, podría rescatar ese sistema. Realmente empiezan a preocuparse a partir de 2002 cuando se derrota el golpe de Estado, porque es entonces que empieza la radicalización de las medidas, por ejemplo en relación con la expropiación de la tierra, y la nacionalización del petróleo se lleva del papel a la ejecución más plena. Su apuesta era levantar desde Brasil un modelo alternativo, distinto al que estaba surgiendo en Venezuela. Si en la década del 90 toda la idea del posneoliberalismo y el progresismo estuvo radicada en Chile, desde 2003 está en Brasil. 

—¿Y cómo analiza las experiencias que surgen de esta relación entre la izquierda y la estrategia de los sectores dominantes? ¿Qué reflexiones le provoca la actual decadencia del progresismo? 

—Esta estrategia no influye de la misma manera ni con los mismos tiempos en todos los países. Y cuando más influye, más empuja esas experiencias a la lógica del programa progresista. Por ejemplo, en Venezuela todas estas políticas no se ejecutaron. Recién ahora empezamos a ver asociaciones público-privadas en el Arco del Orinoco, cosas que son fruto de la negociación con la derecha para tratar de salvar un poco la estabilidad del sistema político y sacarla de esta agresión física, criminal, que la derecha estaba ejecutando. En Bolivia se empezaron a aplicar algunas a partir de 2010. Yo diría que donde se están aplicando más es, desde luego, en Chile, con la Concertación y con la Nueva Mayoría, y en Brasil y en Uruguay. La lógica central de lo estrictamente progresista, del carácter distributivo de ese programa, hace énfasis en el acceso a activos, créditos, titularización de tierras y propiedades inmobiliarias, más la inclusión financiera, para que cada quien salga adelante por sí mismo. Pero al mismo tiempo en Brasil y Uruguay, por ejemplo, hubo una ampliación de derechos, entonces son experiencias híbridas. Así que la pregunta sería más bien ¿desde dónde caracterizaría estas transformaciones? Bueno, yo considero que son propiamente modernizaciones capitalistas, en las cuales se expresan dos concepciones. Por un lado, una vieja concepción latinoamericana que tuvo como exponente a Gino Germani, un sociólogo italiano que proponía la modernización capitalista con expansión de derechos colectivos. Él hablaba del derecho al trabajo y la obligación de trabajar, el derecho a la educación y la obligación de estudiar; concebía que esto llevaba la sociedad tradicional a la sociedad moderna. Correspondía, digamos, a la lógica de modernización de aquel capitalismo de los años dorados, más signado por la socialdemocracia clásica. Pero también había otra concepción de modernización, que es la del economista estadou-nidense Walt Whitman Rostow, en la que el punto de llegada de la modernización capitalista es el consumo de masas, que tiene la industrialización como precondición. Entonces lo que vemos en América Latina es un aumento del consumo, vía crédito, pero que invierte las etapas, porque la industrialización en vez de avanzar retrocede y el consumo es sobre la base de la importación y los créditos. De modo que tenemos cruces de estas dos concepciones de la modernización que las hace híbridas y que no permite simplificar. Aclarado esto, que no es secundario, hay que remitirlo a la capacidad de organización sindical, estudiantil, que si bien se inserta en la modernización, lo hace pensando en los derechos, en el presupuesto público. Yo creo que lo que hoy está apareciendo, en esta conflictividad que estamos viendo, en estas tensiones políticas, es una disputa de distintos sectores por el predominio de una forma de modernización, pero no hay un rechazo a la modernización capitalista. Y entonces ello ha hecho avanzar, me arriesgo a decirlo, una nueva hegemonía burguesa en América Latina. En algunos sectores sociales esto ha llevado a posturas más conservadoras, más individualistas, pero persiste la lucha colectiva por derechos. Lo que no veo son cuestionamientos de fondo a las líneas de modernización. En los países donde fue más tardía hay hasta cierto entusiasmo. Donde más se debilitaron las organizaciones colectivas (es el caso de Brasil, exceptuando el Movimiento de Trabajadores sin Tierra, Mst) hay una gran debilidad para enfrentar a la ofensiva de la derecha. ¿Dónde se han mantenido más firmes? En Uruguay o Bolivia, donde hay más posibilidades de encontrar caminos alternativos dentro de este proceso, y ahí yo no tengo un fatalismo absoluto de que la derecha pueda ocupar los espacios del aparato estatal. 

—¿Cómo visualiza esa derecha? 

—También en esta coyuntura hay una lógica de demolición-estabilización por parte de la derecha. Unos, los que aparecen representando lo que acá se decía “la motosierra”, serían los del discurso de la demolición. Otros son los que aparecen diciendo “vamos a conservar lo que se avanzó pero…”. Y estos segundos me parece que son los que hoy pretenden presentarse como el centro en el espectro político, en un juego bastante siniestro de policía malo y policía bueno. Y con el riesgo de que estos, que dicen: “Bueno, las cosas hay que hacerlas más gradualmente y no en política de shock, hay que conservar algunas cosas”, se presenten como los posibles aliados políticos para enfrentar a aquella derecha demoledora. Y si uno estudia a los actores políticos concretos de la segunda mitad de los noventa para acá, lo que observamos es que hoy los que aparecen como demoledores antes fueron estabilizadores, y a la inversa. 

—¿Puede poner algún ejemplo? 

—Brasil. El Partido del Movimiento Democrático Brasileño (Pmdb) aparece como una fuerza de centro que facilita la discusión de la Constitución del 88, que articula y abre paso para que incluso llegue gente del PT y participen algunos sectores sociales en la constituyente, y le den un toque garantista, social. No obstante, en otras partes de la Constitución del 88 el modelo de reestructuración capitalista estaba claro. Cuando viene Fernando Collor de Mello y cuando está Fernando Henrique Cardoso en el gobierno, el Pmdb aparece como el gradualista, el estabilizador, y eso facilita la alianza con el PT, que llega a ganar las elecciones en octubre de 2002 con una sólida alianza con el Pmdb. Ese papel se invirtió. En la elección de 2002 ¿quién era el neoliberal? Fernando Henrique Cardoso. Más adelante, el Partido de la Social Democracia Brasileña (Psdb) de Cardoso votó la destitución de Dilma Rousseff, pero luego cuando Temer empieza con el ajuste fiscal el Psdb dice: “No, no, pero no se puede hacer así, de shock, hay que hacerlo más gradualmente”. Y hoy en día ellos están intentando articular una candidatura de centro, presentan a Jair Bolsonaro como la extrema derecha, han presentado a Lula como el extremo izquierdo, y están tratando de articular una candidatura de centro: suena Marina Silva como una opción, o José Maria Alkmin. Bueno, ahí tienes un ejemplo. Si uno está solamente viendo el día a día de la última noticia de la política, se pierde, y pierde perspectiva. 

—¿Qué tipo de pensamiento debería disputar este proyecto de reestructuración capitalista? 

—Primero hay que reconocer que llevamos un fuerte atraso en la comprensión de todo esto. Hay que empezar a poner las cosas en negro sobre blanco, de manera muy didáctica, para que la gente entienda lo que hay detrás. Hablamos de transferencias de riqueza social, de quienes viven de su trabajo, y eso hay que ponerlo en números. Mientras eso no se logre, simplemente va a quedar como una crítica moral, y a la gente eso no le entra. El punto de partida de cualquier proyecto alternativo es plantearse reducir el poder del capital. Reducir su poder económico, su poder social, así tendrá menos peso político. Y desenmascarar sus estrategias reducirá también su poder ideológico y cultural. ¿Cómo? Yo no tengo fórmulas, cada pueblo tiene que ir encontrando los caminos para crear espacios alternativos de producción. Esta es una época en la que todo el mundo debería ser anticapitalista, casi por supervivencia, porque el capitalismo hoy se está llevando entre las patas a la humanidad, al planeta.