viernes, 3 de abril de 2020

LIDERAZGO POLÍTICO EN TIEMPOS DE CRISIS


¿Cómo ejercer el liderazgo político cuando todo se trastoca? ¿Cómo mantener o acrecentar ese liderazgo cuando el mundo político, económico y social parece saltar por las aires? Porque es precisamente en medio de las crisis cuando los ciudadanos miran con expectativa inusitada hacia los líderes políticos.
Y entonces, mientras todas las miradas convergen en ellos, ¿hacia dónde miran los líderes políticos?

De la inteligencia artificial a la inteligencia emocional

A las 10 de la mañana del 31 de diciembre de 2019 saltaron todas las alarmas. Un virus desconocido brotaba en Wuhan, una ciudad china con una población de 12 millones de habitantes. Y el virus podría comenzar a saltar hacia otras regiones, comenzando por Bangkok, Seúl, Taipei, Singapur y Tokio.
Aquella voz de alerta no la dio un líder político ni un científico ni una organización internacional ni un gobierno. La voz de alerta la dio una inteligencia artificial.
Desde su base en Toronto, Canadá, el algoritmo de Blue Dot lee y analiza textos en 65 idiomas, hurga en bancos de datos de salud, revisa información sobre el clima y el tráfico aéreo, y todo eso para rastrear 150 tipos de enfermedades diferentes. Desde esa base Blue Dot detectó que algo potencialmente peligroso estaba ocurriendo en Wuhan. Y esa misma mañana, la última del año 2019, esa información comenzó a ser comunicada a través de canales empresariales.
La respuesta inicial fue el silencio. Luego, el 9 de enero de 2020, ocurrió la primera muerte por el Covid-19. El 15 de enero se confirmó que el virus también atacaba en otros países fuera de China. Y el 30 de enero la Organización Mundial de la Salud por fin dio la alarma para todo el planeta. El resto es historia conocida.
El tsunami del Covid-19 es la mayor catástrofe humanitaria que ocurre por lo menos desde la Segunda Guerra Mundial. Y está en pleno desarrollo, sin vacunas ni tratamientos a la vista. Por eso las poblaciones de todos los países miran hacia sus líderes políticos. Los que están en el gobierno, en primer lugar. Pero también los que están en la oposición.
En una crisis de estas dimensiones será muy importante la inteligencia emocional de los líderes. Una inteligencia que no solo se caracteriza por el cociente intelectual y las capacidades cognitivas sino además por otros factores que son decisivos en situaciones de crisis. Por ejemplo:
·         Control de los impulsos para no actuar ni hablar precipitadamente.
·         Prudencia pero al mismo tiempo seguridad a la hora de tomar decisiones.
·         Motivación interna para actuar cuando todos se derrumban.
·         Empatía con el sufrimiento de los demás.
·         Estabilidad emocional aún en las peores situaciones.
·         Tolerancia a las frustraciones.
·         Perseverancia y disciplina para hacer lo que hay que hacer.
·         Templanza para enfrentar las dificultades.
·         Equilibrio para comprender los matices de cada situación.
·         Confianza en sí mismo y también en los demás.
·         Capacidad para diferir las gratificaciones.
·         Comprensión de las motivaciones, emociones y deseos de otras personas.
·         Conocimiento de sí mismo como ser humano complejo.
·         Aceptación de las limitaciones propias y de la necesidad de ayuda y colaboración.
·         Capacidad de resolución de problemas.
Esta inteligencia emocional es siempre parte ineludible del liderazgo político. Mucho más aún en situaciones de crisis como la que vivimos en 2020.
La inteligencia artificial dio la alerta sobre el Covid-19. Ahora la palabra la tiene la inteligencia emocional de la humanidad en general y de los líderes políticos en su área de responsabilidades.

La personalidad de los líderes políticos y la crisis del Covid-19

Un ex Presidente latinoamericano me explicó una vez que una pintura que tenía en su despacho simbolizaba su definición de liderazgo político. El cuadro mostraba una fila de personas que se iban pasando unas a otras un balde con agua hasta que el primero en la fila arrojaba el agua sobre una fogata para intentar apagarla.
-El líder político no tiene a quién pasarle el balde y tiene el deber de enfrentar el fuego sin transferirle la responsabilidad a otro -me dijo con serena convicción.
Ahora el fuego del Covid-19 está incendiando la pradera y los líderes políticos se enfrentan al mayor desafío de su generación. El desafío es enorme, es peligroso, es desconocido y es totalmente ajeno a las motivaciones iniciales que llevaron a cada uno a la política.
En realidad solo existen tres motivaciones psicológicas para postularse a un cargo electivo: motivaciones políticas propiamente dichas que cada cual conoce, motivaciones personales que van más allá de la política y motivaciones inconscientes que hasta el propio político desconoce en sí mismo. Ninguna de estas motivaciones prepara a nadie para crisis de la magnitud que estamos viviendo.
¿Qué hace alguien que enfrenta una crisis sin estar suficientemente preparado? Básicamente actúa en función de su personalidad. Esa personalidad de los líderes políticos la podemos clasificar en 6 grandes categorías: autoritario, narcisista, manipulador, obsesivo, totalitario y paranoide.
Por lo general ningún líder encaja exactamente en ninguna de estas categorías. Y si alguno representara en forma pura y dura a una de ellas seguramente sería parte del problema mas que de la solución de la crisis.
Lo más deseable en momentos así es alguien que equilibre los mejores rasgos de algunas de estas categorías. Por ejemplo una persona que tenga la capacidad de trabajo y el profesionalismo del obsesivo, el respeto a las jerarquías del autoritario, la frialdad para tomar decisiones del manipulador, el espíritu crítico del paranoide, la vocación para ejercer el poder del totalitario y la capacidad de persuadir del narcisista.
Ya lo sé: es difícil encontrar líderes así.
Pero por otro lado lo peor que puede ocurrir en una crisis sería un líder que navegue en el lado oscuro de algunas de estas categorías de personalidad. Por ejemplo una persona que demande obediencia absoluta de parte de todos como el totalitario, que no pueda controlar su agresividad contra los demás como el autoritario, que se encierre en teorías conspirativas como el paranoide, que demore demasiado para tomar decisiones como el obsesivo, que solo busque llamar la atención como el narcisista y que se limite a calcular réditos políticos como el manipulador.
Ya lo sé: es una pesadilla un perfil así.
Lo que está claro es que nadie estaba preparado para una crisis como la desatada en 2020. Incluyendo a los líderes políticos. Es entonces que emerge la personalidad de cada uno. Pero claro: no es solo la personalidad sino que también hay otros factores que influyen en el liderazgo político frente al Covid-19.

La crisis pone en peligro los liderazgos políticos

El Covid-19 genera una triple crisis cuyas dimensiones todavía no terminamos de percibir:
1.    Crisis sanitaria con toda su secuela de muertos, enfermos y centros de salud desbordados.
2.    Crisis económica con sus consecuencias de personas desempleadas y empresas quebradas.
3.    Crisis social con violentos cambios en la vida cotidiana y en los hábitos de todos.
Este tiempo de crisis amenaza la existencia mismo de los liderazgos políticos que existen al día de hoy. Todos: los de los gobiernos y los de las oposiciones. Y en todos los países.
El peligro para los liderazgos está reforzado por otros dos órdenes de factores que ya estaban presentes antes del Covid-19. Factores que están allí desde el principio de los tiempos porque forman parte de la naturaleza humana.
El primer factor es que los seres humanos somos mucho más irracionales de lo que creemos. Y las situaciones de crisis colectiva multiplican la emergencia de esa irracionalidad y desatan conductas individuales, grupales y de masas que pueden llegar a ser asombrosas.
Es así que aún las mejores intenciones pueden ser saboteadas por lo irracional que salta desde cualquier rincón oscuro y se convierte en pánico colectivo, corridas bancarias, compras masivas innecesarias, conductas frívolas, comportamientos de riesgo, estigmatización de enfermos, discriminación de colectivos enteros, sensaciones de invulnerabilidad personal, aglomeraciones peligrosas, teorías conspirativas, agresiones verbales y físicas, negaciones de la realidad y toda una amplia gama de acciones incomprensibles desde lo racional.
Y el segundo factor de peligro para los liderazgos tiene que ver con la naturaleza misma de la política y algunas creencias acerca de dicha actividad. Esto sucede a partir de un hecho incontrastable: la política es lucha por el poder.
En esa lucha política algunos líderes se hunden en la vanidad del poder mientras otros se construyen una realidad virtual y allí se parapetan.
Ni la vanidad del poder ni la negación de la realidad auguran nada bueno para un líder. Por el contrario, suelen ser señales de que el cerebro de reptil se está apoderando de los resortes del mando.
Ese empoderamiento del cerebro de reptil que todos llevamos dentro es muy peligroso tanto para quien gobierna como para quien está en la oposición. Peligroso porque entonces son las zonas más primitivas del cerebro humano las que toman las decisiones. Y los resultados en esos casos suelen ser muy malos para la sociedad pero también para el liderazgo de quien así actúa.
Lo más sano, lo más productivo y también lo más efectivo para enfrentar una crisis como la del Covid-19 es apelar, insisto, a la inteligencia emocional. Para lo cual es vital que algunos conceptos centrales lleguen al liderazgo político y ayuden a encaminar sus decisiones y su comunicación política de crisis.

Consejos para liderar en tiempos de crisis

Algunas recomendaciones, desde la consultoría política y la psicología, para ayudarte a liderar en tiempo de crisis:
·         Las pantallas son el escenario desde el cual comunicar. No es algo radicalmente nuevo porque hace ya tiempo que el acto político de masas es progresivamente sustituido por el contacto a través de las pantallas. De manera que tanto para la comunicación interna como para la comunicación externa tendrás que recurrir todo el tiempo a ordenadores, televisores, tabletas, laptops y smartphones. Allí es donde está la acción.
·         El liderazgo político actual se juega en la mayor o menor capacidad para enfrentar la situación de crisis. Evita caer en el juego político menor y en el error de confundir el liderazgo político con el marketing político. Se trata de liderazgo, no de marketing.
·         En medio del ataque del Covid-19 la gente va a premiar más la unidad que la división, por lo tanto intenta contener el desgraciado impulso de luchar contra una caricatura de tu adversario. Ya nadie va a tolerar caricaturas ni expresiones ingeniosas ni juegos de palabras. Menos retórica y más seriedad, de eso se trata.
·         Recuerda que la falta de psicología política está matando a los partidos políticos. Evita caer en ese error. Más que nunca tendrás que saber cómo son las personas a quienes quieres liderar, cómo viven, qué sienten y qué piensan. Más que nunca tendrás que demostrar tu empatía.
·         Invierte toda tu energía en el trabajo que te toca y toda tu amabilidad en la comunicación con la gente. Eso es importante en la crisis, y además la energía y la amabilidad son los dos rasgos de personalidad que el ciudadano busca en el líder político.
·         A lo largo de mucho tiempo tu comunicación política serácomunicación política de crisis. Por eso tienes que ser más preciso, más riguroso y más transparente que nunca.
·         Olvida los largos discursos. Habla lo necesario, con brevedad y poder de síntesis. Ya sabes que en general el político debería hablar un 80 % menos de lo que habla. Pues ahora con más razón. Posiblemente tengas más público que nunca, pero te van a abandonar en bandadas si recurres a frases muy largas y complejas. La gente quiere saber y quiere datos concretos y orientaciones específicas. No te vayas por las ramas.
·         Tienes que ser intenso y esperanzador. El liderazgo es una transferencia de entusiasmo. ¿Entusiasmo sobre qué? Sobre un rumbo, un camino de salida de la crisis, un proyecto de reconstrucción para esa sociedad que te escucha.
·         La mejor herramienta para construir liderazgo político es contar con una idea poderosa y ceñirse a ella. Construye tu idea poderosa, desarróllala, comunícala, adáptala y actualízala constantemente.
·         Ajusta tus hábitos a la nueva vida a la que la amenaza del Covid-19 te obliga. Recuerda que el liderazgo político depende en gran medida del poder de los hábitos. El descanso, el sueño, la alimentación sana, el ejercicio físico y la lectura deben estar necesariamente optimizados en tu rutina cotidiana. Así serás un líder más efectivo.
·         Tiende la mano a tus adversarios. Negocia con ellos. Negocia inclusive con tus enemigos. De esta crisis nadie saldrá solo. Nadie. Ningún partido político. Y si te aíslas tu carrera política caerá rodando por el abismo. Así de simple.

La poblada soledad de los líderes políticos

Lo que hay es lo que toca. Así son los tiempos de crisis. Y el actual es particularmente cruel. Vidas destruidas. Empleos destruidos. Empresas destruidas. Proyectos destruidos.
La sombra de la soledad se cierne siempre sobre los líderes. Asume esa realidad. Más aún: descubre el papel de la soledad en la construcción del liderazgo político. Aprovecha esa soledad para reflexionar con mayor profundidad. Pero no te hundas en ella. Tienes que salir fuera de ti mismo, escuchar, apoyar, tomar decisiones, actuar.
Es la hora del liderazgo político sólido, serio y responsable. “Lo construiremos todo de nuevo”, dijo Sigmund Freud ante el sombrío panorama de la guerra.
Necesitamos ese mismo espíritu dolorido, realista, esperanzado y decidido. Para derrotar al virus que nos amenaza desde fines de 2019. Para reducir los daños que nos provoca ahora mismo. Y para construir la nueva realidad que viviremos al final de esta noche oscura.


RETIRO DEL 25% DEL VALOR DEL FONDO DE LA AFP

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RETIRO DEL 25% DEL VALOR DEL FONDO DE LA AFP
“De medianos ingresos (activo) a bajos ingresos (cesante)”


La propuesta, tiene que verse en el contexto actual del shock exógeno del coronavirus, de la crisis de ingresos, y de una economía que requiere liquidez inmediata, confirmado el “pico de la curva” y cambio de tendencia; y como complemento estratégico al esfuerzo del Gobierno al Plan de 2 Fases.

Las AFP señalan, que un retiro del 25.0% del valor del fondo de la AFP (cerca de S/. 38,000 millones de soles), puede hacer quebrar al sistema, traer efectos negativos en la economía; y que en el país tienen invertidos S/. 80,000 millones de soles (entre bonos, mercados de capitales, el sistema financiero) ; y en el exterior S/. 79,000 millones de soles. (Parte de estos fondos se traería y no afecta a la economía al contrario, le incorporará liquidez a nuestra economía).

El Fondo a retirarse, representa al 2019 , el 11.3% de la liquidez en M/N y M/E; el 13.3% de los depósitos, el 12.3% de las colocaciones brutas, el 4.9% de PBI; el 16.6% de los RIN. Las exoneraciones tributarias aprobadas por el Congreso los últimos 10 años, representan 3.4 veces mas; que el 25.0% de retiro de los aportes de la AFP.

Estos recursos a retirarse; son dineros frescos, es la liquidez inicial para romper la “paralización”; la economía, que se reanimara por el consumo, acompañado de las inversiones familiares, que moverán las ruedas de la economía y en un presente cercano la re activación esperada; cifra equivalente al 21.4% del Presupeusto de la República al 2020.

Es necesario un mecanismo de fijar una pensión solidaria (para los abuelos que no están afiliados a ningún sistema de pensión).

NOTA: El gobierno colocara el 12% del PBI, cerca de S/. 90,000 millones de soles (en 2 fases: S/. 30,000 millones soles, en la fase de contención, para darle solidez, soporte a las familias, así como S/. 30,000 millones en un esquema de préstamo y liquidez para las empresas; y en la fase de re activación S/. 30,000 millones de soles); que sumado a los flujos de fondos líquidos de las AFP, contribuirá a inyectar liquidez a la economía, el soporte financiero a las empresas, evitando romper la cadena de pagos y potenciando los servicios de salud.

Ante ello: ¿Dónde esta el libre mercado?.
“2/3 de la población laboral no esta en ningún sistema de pensiones”.


César Pilco 
Marzo 25 del 2020

POPEYE, BIN LADEN Y DOS CORONELES CHINOS



Antonio Maira

Cádiz Rebelde/ El Viejo Topo


A partir del 11 de septiembre la preocupación fundamental de los políticos estadounidenses no fue capturar o matar a Bin Laden y destruir Al Qaeda, ni tampoco la de lograr la caída de los talibanes y el establecimiento de un régimen manejable, o francamente títere, en Kabul, siendo estas dos cosas extremadamente importantes. Porque, otra cosa, además de las Torres Gemelas, se ha desmoronado el 11 de septiembre.

Una flecha en el tendón de Aquiles

Con toda la importancia de esos dos logros -uno, el de la venganza, declarado públicamente, y el otro, el de la implantación de las cohortes imperiales en suelo afgano, que más que sospechado es conocido, compartido o lamentado, aunque en discreto silencio, por todos los gobiernos del mundo-, lo realmente significativo para los estrategas del Pentágono y para las propias relaciones de poder internacionales que sostienen la supremacía de los EEUU o el poder del Imperio, es que los atentados han puesto de manifiesto, también para todos sus enemigos, la existencia de una enorme grieta en la seguridad del país más poderoso del mundo, una vulnerabilidad totalmente insospechada. Esto es extraordinariamente dramático para el proyecto de poder de los Estados Unidos porque no puede ser remediado con éxito militar, inmediato, alguno.

De repente, el territorio norteamericano -zona liberada de la guerra- es alcanzable para sus enemigos, sus bienes pueden ser destruidos y sus ciudadanos masacrados. Y esto no es una sospecha paranoica o una alarma artificial elaborada para facilitar el crecimiento del presupuesto de defensa o para justificar una operación de castigo, sino una tremenda constatación avalada por cinco o seis mil muertos, por el ataque al Pentágono y por la destrucción total e irremediable del World Trade Center, los edificios más simbólicos de la actitud de los Estados Unidos ante el nuevo milenio. Y también por varias horas de desconcierto total, de temor y de impotencia dramática, del país más armado del mundo. Sin aviso alguno, en una hora corriente de un día cualquiera, los hechos afirmaron algo totalmente inaudito: que la guerra había entrado y podía volver a entrar, con niveles muy altos de destrucción y gran número de víctimas civiles, arrasando los mayores símbolos de poder, en el mismísimo territorio de los Estados Unidos.

Sobre la absoluta imposibilidad de que esto ocurriera estaba diseñada una estrategia de dominación extremadamente agresiva y toda una política internacional que desde hace años rompía negociaciones, acuerdos, tratados y conciertos.


Ganar un enemigo, perder la impunidad

En el número de octubre de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet dice que a "los veteranos de la guerra fría" del gabinete Bush la situación puede resultarles favorable, porque "los atentados les restituyen un factor estratégico del máximo nivel, del que se habían visto privados durante diez años, desde el hundimiento de la Unión Soviética: un adversario". Sin embargo, y aunque la demanda de establecer un enemigo como prioridad de la política exterior aparecía en el documento Santa Fe IV que supone la posición de la derecha dura norteamericana y, como tal, orienta la política exterior de los presidentes republicanos, lo que parece vital en estos momentos es que los Estados Unidos han perdido el factor estratégico fundamental: la impunidad. Este factor determinaba la posibilidad de recurrir a la guerra sin pensarlo dos veces, como instrumento cotidiano y sin correr riesgo alguno. Los ataques del 11 de septiembre han hecho tambalearse el diseño estratégico que para la dominación del mundo habían establecido los sucesivos Consejos de Seguridad Nacional -la institución que determina la continuidad, más allá de las contingencias presidenciales, en el diseño del Imperio-, la política de armamentos de Washington y la estructura fundamental de su política exterior. Lo han hecho al destruir la herramienta fundamental del sistema de poder: el modelo de guerra elaborado minuciosamente en los últimos quince años.


El no de dos coroneles chinos

El primer aviso de que en la guerra las cosas podrían no ir tan bien como los Estados Unidos esperaban fue escrito, en chino, por los coroneles Qiao Liang y Wang Xianghui nada menos que en 1999, poco antes de la "guerra modélica" contra Yugoslavia. La idea de que algo como lo sugerido pudiera ocurrir era tan descabellada que el libro La guerra más allá de las reglas: evaluación de la guerra y de los métodos de guerra en la Era de la globalización pasó totalmente desapercibido. En realidad, el desinterés parecía justificado: los coroneles iniciaban el análisis en la experiencia de la guerra del Golfo y de las sucesivas operaciones contra Iraq, y admitían, en una primera conclusión, que los EEUU eran invencibles.

Efectivamente, los militares chinos partían, de acuerdo en esto con sus satisfechos colegas estadounidenses, de la constatación de la absoluta superioridad militar y tecnológica de los EEUU. Ese punto de partida, cuya consecuencia era la impotencia de los demás países para defenderse de las agresiones y chantajes armados de la superpotencia, se completaba con la convicción, en relación con China, de la enorme posibilidad de sufrir a corto o medio plazo una ataque demoledor o una amenaza irresistible.

Sin embargo, lejos de mantenerse en esa conclusión desasosegante nuestros coroneles se habían implicado a fondo en el análisis de las posibilidades de salir de un dilema dramático: obedecer a los EEUU o ser arrasados. En esa minuciosa tarea definieron una revolución militar que iba más allá de la ya realizada por el Pentágono; se basaba en la recomendación de un pensamiento y una actuación "fuera de las reglas", es decir, del conjunto de normas y métodos sobre la guerra definidos por Occidente para asegurar su victoria.

Desde esa revolución basada en lo "militarmente incorrecto", que arranca desde una posición deliberadamente marginal, lanzaron un verdadero reto a los EEUU. En la guerra cuyas normas, reglas y métodos de combate han sido definidas por Occidente, su país, China, no tendría posibilidad alguna. En consecuencia, Qiao Liang y Wang Xianghui, recomiendan resolver el problema "pensando fuera del marco", "al margen de las reglas", de esas reglas, normas y métodos de guerra que han sido impuestas por los estrategas y militares del Pentágono.


Popeye se va a la guerra

Los Estados Unidos, en opinión de los coroneles chinos, parten de una convicción y asumen una exigencia primaria en su relación con la guerra. La convicción es la de que las disputas internacionales pueden ser resueltas, definitivamente, en el campo de batalla. Como veremos más tarde esta convicción es una manifestación y una consecuencia del modelo de guerra que han estado desarrollando los estrategas del Pentágono: una guerra instrumental, sin riesgos, fácil, sin costes humanos, con éxito asegurado y con una fácil relación con la opinión pública.

La exigencia es la de "cero bajas propias" como norma suprema en el modelo de "combate". Desde la invasión de Panamá y la guerra del Golfo, y como antídoto al síndrome de Vietnam, Washington ha desarrollado una tecnología de guerra aérea y misilística, orientada a destruir desde lejos, con los atacantes fuera del alcance de sus víctimas. El ataque a Yugoslavia, a pesar de algunas perplejidades cuando parecía necesaria la intervención por tierra, constituyó la definición plena del modelo.

Los dos principios -a los que podemos llamar: "guerra para todo" y "guerra sin honras fúnebres"-, en opinión de los coroneles, constituyen también dos errores mayúsculos. La guerra no resuelve definitivamente los problemas, la eliminación del coste humano propio no es siempre posible. Además, el Pentágono rinde un culto excesivo a la tecnología.

La guerra contemporánea está enmarcada por normas. leyes y acuerdos desarrollados durante décadas por Occidente. La desvinculación de estas normas es una exigencia para la defensa de los países más débiles, es decir, de cualquier país que pueda ser agredido por los estadounidenses; una apreciación, como veremos, en la que se quedan cortos nuestros analistas chinos. Los EEUU no sólo forjaban normas y técnicas para la guerra sino que estaban consolidando la norma suprema de que ellos no se vinculaban a norma alguna.

En relación con los métodos de guerra, Qiao Liang y Wang Xianghui critican, desde el punto de vista de la eficacia militar, el enorme desarrollo y despliegue de armas de distinto tipo que realiza el ejército norteamericano. El exceso reduce la eficacia de cada una de ellas. La conclusión de este análisis profesional es realmente preocupante: "ningún arma puede ser realmente decisiva excepto las armas nucleares". La preocupación se ve reforzada por el proyecto de desarrollo y fabricación de "pequeñas armas nucleares", diseñadas para explotar a gran profundidad bajo el suelo, que fue anunciado hace meses en Estados Unidos. También por la reclamación de guerra nuclear en Afganistán que hicieron algunos congresistas.

Otro aspecto de los conflictos militares, convertido en regla universal por EEUU, es la concepción de que los enfrentamientos armados están vinculados a un "campo de batalla" específico. La guerra no puede irse de las manos ni del lugar asignado para ella. El escenario del combate tiene que ser definido y concreto.


Pensar fuera de las reglas

El instrumento primario, pues, de una revolución militar capaz de resistir a la enorme superioridad de la superpotencia es la falta de respeto a las reglas y los métodos de la guerra que pretende imponer Estados Unidos. Esto, que pareció irrelevante durante más de dos años, está causando ahora pavor entre los funcionarios del Pentágono. No hay más que observar los acontecimientos del 11 de septiembre a través del prisma de la guerra sin reglas de Qiao Liang y Wang Xianghui.

La guerra "más allá de todas las fronteras y limitaciones" cuestiona, en primer lugar, la definición y la limitación del escenario del combate. En el Pentágono están muy interesados en mantener los conflictos armados dentro de campos de batalla determinados. Pero eso, que puede ser muy conveniente para los EEUU, es extremadamente indeseable para sus enemigos. La conclusión es que ese enfrentamiento militar localizado y de altísima tecnología no tiene porqué ser el del siglo XXI. La conflagración romperá, por decisión del más débil, el escenario limitado. Es posible concebir una guerra sin fronteras y sin métodos codificados para enfrentarse al enorme poderío de EEUU. Si China tiene necesidad de defenderse deberá hacerlo más allá de las fronteras y limitaciones que imponen, para su propio provecho, los EEUU. China debe evitar la trampa de la guerra diseñada para hacer segura la victoria de Occidente.

EEUU, reconocen los coroneles chinos, tiene el liderazgo en la capacidad para concebir tipos de guerra distintos. Ha desarrollado, como parte de la que llaman su "revolución militar", el concepto de "acción militar no bélica". El control de la información mediática por los estados mayores podría ser un ejemplo de estas acciones a las que se refieren Qiao Liang y Wang Xianghui, pero también las operaciones de vigilancia global y de control permanente de los posibles enemigos, las operaciones encubiertas, y, desde hace poco, los "asesinatos selectivos". Sin embargo, el modelo norteamericano no ha desarrollado otro concepto revolucionario, el de "acción bélica no militar". En ese campo, enormemente amplio, tiene que trabajar China. Es ahí donde pueden hacer la guerra aquellos países incapaces de enfrentarse con Estados Unidos. Estructuras informales de combatientes civiles, guerra informática, guerra en todos los campos posibles. La acción militar es sólo una dimensión de la guerra. Ante una amenaza vital China tiene que sentirse libre para combatir de cualquier manera, con cualquier arma, en cualquier lugar.

Los militares chinos vuelven a colocar la guerra en el lugar de las grandes tragedias, se niegan a aceptar la posibilidad de ser atacados sin costes y vencidos sin remedio. El principio que debe seguir China, dicen, es el de acumulación. Hacer la guerra en todos los sitios posibles, "golpear objetivos vulnerables con procedimientos inesperados".


En Yugoslavia la ley se ajusta al delincuente

Pocos meses después de la publicación del libro, la OTAN realizó su enorme ataque aéreo contra Yugoslavia. Durante este bombardeo el modelo militar para las guerras del Imperio fue llevado hasta las últimas consecuencias.

En primer lugar, EEUU "perfila" las reglas de la guerra según su propios intereses. La intervención de la OTAN rompe con el derecho internacional -se hace sin autorización del Consejo de Seguridad- y con el propio tratado de la Organización Atlántica. Las normas, no obstante, sufrirían un cambio radical antes de finalizados los bombardeos para que se ajustasen a la guerra que las había violado. El ajuste de la ley para legitimar al delincuente se realizó durante la Cumbre de la Alianza Atlántica en Washington. Los países de la OTAN, que ya se habían autodefinido como "comunidad internacional", proclaman su derecho a señalar enemigos, delitos y delincuentes internacionales, y a hacerles la guerra sin intervención de las Naciones Unidas. "Sin autorización pero bajo el espíritu de las NNUU" dirían, cínicamente, para acallar alguna mala conciencia. Es todo un atentado contra la legalidad internacional realizado con procedimientos de golpe de Estado.


Destrucción planificada y matanza escalonada

Pero son los elementos técnicos de la guerra y sus enormes consecuencias lo que nos ocupa en estos momentos. El primero de ellos es que las diferencias tecnológicas entre los EEUU y sus aliados, y sus posibles enemigos, son tan inmensas que la guerra deja de ser un combate, una contienda, para convertirse en una destrucción planificada y en una matanza con escalada unilateral. Realizada siempre en territorio enemigo es éste el que soporta la destrucción material y el que "pone los muertos". El único ejemplo posible es el precedente de las guerras coloniales. En contra de lo que demandaría una conciencia humanitaria, en nombre de la cual se emprenden muchas batallas, esta guerra, que por lo desigual debe llamarse "carnicería" o "castigo", mantiene excelentes relaciones con la opinión pública de los pueblos "más civilizados".

Pero la guerra tiene dos caras. De un lado fácil, del otro intolerable. La impunidad con la que EEUU y sus aliados pueden hacerla aumenta enormemente su probabilidad y la aceptación pública en Occidente, incluso cuando se trata de conflictos de extrema violencia. Lo que se piense al otro lado carece de importancia. La facilidad de la contienda conduce, inevitablemente, al "gatillo fácil". La guerra pierde para los Estados Unidos y sus aliados el carácter de tragedia y se convierte en un instrumento político cotidiano. La trivialización de este horror ha sido tan escandalosa, en estos últimos años, que se ha bombardeado Iraq para distraer a la opinión pública de Estados Unidos de asuntos domésticos como los devaneos sexuales de Clinton, o para reforzar la legitimidad de una presidencia de origen tramposo, como la de Bush.

El enfrentamiento militar se ha convertido en una contienda entre destrucción y matanza, frente a resistencia. Si la resistencia se empecina, la masacre de civiles puede utilizarse como un instrumento irresistible de presión. Son los llamados "daños colaterales". En Yugoslavia aumentaron a medida que la firmeza de la población hacía temer que se impusiese la necesidad del combate en tierra. La "batalla terrestre" alteraría el principio fundamental -"no bajas propias"-, del modelo de guerra de EEUU. Otro tanto hemos observado en Afganistán.


La irresistible tentación de hacer la guerra

En esta guerra que permite no sólo mantener a las poblaciones propias al margen de la destrucción, de la violencia y de la muerte, sino también a los propios "combatientes", la brutalidad es necesariamente monopolio de Occidente. Pero esa brutalidad es encubierta e incluso trasladada al enemigo. Este es el papel fundamental de los medios de comunicación.

Ya que la guerra de "cero bajas" y en territorio enemigo, como tal, no plantea ningún riesgo, se convierte en un instrumento casi alternativo de la diplomacia, incluso sustitutivo de la misma, porque alcanza los objetivos con más rapidez y eficacia. Desaparece la autocontención que había definido a la contienda armada como el recurso más extremo. Ahora adquiere un carácter cotidiano. La guerra de victoria garantizada y sin riesgos se convierte en un proceso sin características disuasivas. Ya no es una tragedia sino una realidad estimulante.

La "guerra según el Pentágono" tiene también determinadas funciones económicas: la "guerra negocio". Estamos ante conflictos armados de corta duración, escenario limitado, momento elegido y altísimo consumo. El equipo militar necesario puede escogerse y fraccionarse para adaptar el castigo a los objetivos deseados, ya que el riesgo de ser derrotado y destruido ha desaparecido. El conflicto militar es además un mecanismo de experimentación que culmina los procesos de investigación y desarrollo militares. Es, por lo tanto, una pieza fundamental de la economía de armamento y de las relaciones de la gran industria con el Pentágono -el casi olvidado complejo militar-industrial que maneja el gigantesco presupuesto militar de EEUU.

La última característica de la "guerra modelo" es su carácter ejemplarizante. La guerra, enormemente desigual, violenta, victoriosa, llevada hasta el límite de resistencia del enemigo, es observada por todos y, en cierto sentido, se dirige contra todos. Es una advertencia universal de poder, un acto de imperio.


Dos años después

El libro de los militares chinos no recibió demasiada atención. Ninguna en lo relativo a su análisis de la "revolución militar" de la que alardeaban los estrategas norteamericanos. Mucho menos en relación con la revolución antagonista que se iniciaba con la consigna "pensar y actual fuera de las reglas".

La poca atención se centró en el escándalo. Se acusaba a sus autores, con enorme hipocresía por cierto, de hacer una apología del terrorismo, de la propuesta de utilización de armas prohibidas y de la guerra sin límites humanitarios. La acusación desde los sectores oficialistas se hacía ocultando el poderoso sistema de terror y de impunidad que habían establecido y que estaban desarrollando, hasta las últimas consecuencias, los EEUU.


Los EEUU rompen también algunas reglas

Los militares chinos no podían apreciar, en aquél momento, hasta qué punto EEUU iba a desarrollar su propio modelo fuera del marco de los tratados y reglas internacionales.

Su estrategia global ha sido la de conservar y ampliar todas las capacidades armamentísticas posibles, negándoselas al mismo tiempo al enemigo. El problema era que la guerra de Yugoslavia, casi modélica, había dejado en realidad algunas cuestiones por resolver. Una de ellas estaba relacionada con el carácter no determinante de la guerra aérea en determinadas condiciones. La característica fundamental del modelo, la exigencia casi absoluta de "cero bajas propias" podía desaparecer en escenarios más complicados que el de los Balcanes. Ya en la reforma del Tratado del Atlántico Norte, cuando todavía las bombas caían sobre Belgrado, se definía como delito internacional perseguible la fabricación de armas de destrucción masiva: nucleares, químicas y bacteriológicas. La norma era establecida por un conjunto de países, capitaneados por los EEUU, que son y han sido los máximos fabricantes, utilizadores y vendedores de esas armas de destrucción masiva. Lo que pretenden, evidentemente, es el monopolio.

Con la excusa de evitar esa proliferación, Iraq había sido bombardeado y bloqueado hasta el genocidio.

No obstante esa "faceta justiciera", los EEUU se han negado a aprobar el desarrollo del Tratado contra las Armas Químicas y Biológicas, se han visto descubiertos desarrollando un enorme programa de investigación y desarrollo de armas bacteriológicas, han aprobado presupuestos para desarrollar un proyecto de fabricación de pequeñas armas nucleares diseñadas para explotar a gran profundidad -un refuerzo para su guerra modelo-, han anunciado su negativa a firmar ningún acuerdo contra la realización de pruebas nucleares, se disponen a terminar con la moratoria nuclear y se han negado a ratificar el Tratado contra Minas.

Así pues, los Estados Unidos no están dispuestos a respetar norma ni tratado alguno. De hecho, la propia declaración de Bush ante un Congreso que autorizaba la "guerra contra el terrorismo", estuvo marcada por declaraciones muy significativas: "utilizaremos -decía el presidente- todas las armas que sean necesarias". La declaración causa una alarma inmediata cuando recordamos el juicio de los coroneles chinos: "las únicas armas realmente resolutivas son las nucleares", y completamos ese juicio con la indiscutible exigencia norteamericana de victoria y con la ausencia total de escrúpulos que ha demostrado este país en los últimos cincuenta y seis años.


El ataque del 11 de septiembre

Con el desplome de las Torres Gemelas y de uno de los vértices del Pentágono, todos los elementos fundamentales del modelo de guerra elaborado y ensayado por los EEUU han saltado hechos pedazos.

En primer lugar, las condiciones impuestas al escenario de la guerra. La guerra no sólo se inicia en los EEUU sino que lo hace en su espacio aéreo y en los edificios más emblemáticos del país: el cuartel general y el corazón empresarial, comercial y financiero. En segundo lugar, la guerra comienza con un tremendo número de víctimas civiles norteamericanas y otro número muy considerable de víctimas militares en el Estado Mayor de los ejércitos imperiales.

Para más escarnio de los diseñadores de la guerra del nuevo siglo, Estados Unidos es situado en el lugar que no le corresponde en un esquema de guerra similar al que han desarrollado los estrategas pentagonales: atacado desde el aire, por un enemigo inalcanzable que también bombardea ciudades. Los EEUU no pueden repeler ni contestar al ataque, colocados en una impotencia similar a la que, frente a ellos, sintieron iraquíes y yugoslavos. Porque no sólo ha desaparecido el habitual campo de batalla sino que también lo han hecho, pulverizados, los combatientes. La impunidad ha cambiado de bando.

La guerra de dos caras les ha enseñado la faceta amarga, el perfil intolerable. Las armas y el método han sido totalmente inauditos. Un simple factor humano: la disponibilidad a la inmolación de los enemigos, ha alterado toda la batalla, ha sorprendido todas las previsiones, se ha burlado de las costosísimas estructuras de defensa, de los fabulosos gastos militares.


...tal vez, Bin Laden

Tal vez fue Bin Laden, pero también, tal vez, fueron otros.

Es posible, aunque muy improbable, que los que planificaron el ataque a los Estados Unidos se hayan inspirado en la lectura directa del libro de los dos coroneles. Es mucho más seguro que, más que recoger su inspiración teórica, compartiesen con ellos la misma necesidad estratégica. Los autores de los atentados actuaron, desde luego, totalmente al margen de las reglas. Las armas, los combatientes, el escenario y el método fueron inconcebibles. Su actuación resultó absolutamente imprevisible e inimaginable para los miles de creadores de modelos y "jugadores de la guerra" que trabajan en el Pentágono.


De la seguridad al desconcierto

Las fuerzas armadas de los Estados Unidos eran superiores a las de cualquier grupo de países del mundo. Sus gastos militares ampliaban esa superioridad. No había antagonista militar alguno en el horizonte previsible.

Los Estados Unidos controlaban todos los aspectos de la guerra empezando por el escenario de la batalla, siempre muy lejos de su propio territorio. Controlaban el comienzo y el final de la guerra, la intensidad de las operaciones militares, el ritmo de los combates y los niveles de destrucción y de matanza. Dominaban también su impacto en la opinión pública.

Los políticos de Washington y los generales del Pentágono habían establecido las reglas de su guerra y habían prescindido de todas las normas internacionales.

En estas condiciones, el reto que se habían puesto a sí mismos los coroneles chinos parecía una reflexión marginal de quienes se resistían a una derrota ya programada en los libros secretos del Pentágono.

Todo fue así hasta un día de septiembre. El día en que la Guerra más allá de las reglas, convertida en "la guerra imposible", se abatió contra los Estados Unidos.



Antonio Maira Rodríguez

Cádiz Rebelde, octubre 2001
El Viejo Topo nº 160, Enero 2002


EL COVID-19 DESTAPA LOS HORRORES DE NUESTRA SOCIEDAD CAPITALISTA


Dr. Hugo SALINAS
Los tiempos de crisis son los mejores momentos para visualizar con toda claridad, y en toda su extensión y profundidad, los horrores de nuestra economía y sociedad “capitalista”. En esta oportunidad, es el COVID-19 que nos ofrece la oportunidad de ver en directo cómo la sociedad capitalista desprecia al ser humano en su condición de desocupado, trabajador humilde y “viejo”.
Realicemos este análisis haciendo uso de dos modelos socio-económicos totalmente diferentes. Tomemos por referencia al actual modelo generalmente llamado “capitalista”, “neoliberal”, y comparémoslo con un modelo alternativo, como el que propongo.
Lo primero que debemos saber es que todo modelo socio-económico tiene dos elementos. Un elemento es el Proceso de Trabajo, mediante el cual se ejecuta la producción, circulación y consumo de bienes económicos. El otro elemento es la Decisión Socio-económica, mediante la cual la sociedad decide la forma de repartir la totalidad de la riqueza económica generada durante un ejercicio económico, generalmente un año.
Los procesos de trabajo evolucionan en el tiempo, siendo el último, el más eficaz y eficiente en la producción, circulación y consumo de bienes económicos. Así tenemos que, a presente, es el Proceso Artificial de Producción, generalmente llamado “economía industrial”. Es lo mejor que ha creado el ser humano, aun cuando existe otro que lo está remplazando con gran velocidad, y que se llama Proceso de Trabajo de Concepción, generalmente conocido como “economía inmaterial”. Con esta nueva forma de trabajar ya no se “produce” sino que se “elaboran” bienes económicos.
En la economía industrial es la máquina el elemento fundamental del proceso de trabajo. Pero, a partir de cierto momento de desarrollo de esta forma de trabajar, otro elemento toma más importancia que la máquina misma. Se trata del dinero-capital, mediante el cual se pueden poner en acción inmediata, y en cualquier lugar del planeta, proyectos de inversión de una alta rentabilidad.
Es así cómo el Capital, en esta fase de la evolución de los procesos de trabajo, se convierte en el Dios supremo de la actividad económica. De ahí precisamente viene la denominación de “sociedad capitalista” a este estadio del desarrollo de la actividad económica.
Pero,  no es el Capital el malo de la película. Él hace solamente de intermediario, como lo puede ser la máquina, el dinero, el pecio, el mercado, que son, simple y llanamente, elementos del proceso de trabajo. El malo de la película, como lo veremos luego, viene de algo que no lo podemos ver porque se trata de una “decisión” de sociedad. Y esta decisión para manifestarse requiere de algo concreto. Es por ello que, en una primera aproximación, el malo de la película es el capital, el precio, la máquina…
El otro elemento del modelo socio-económico es la Decisión Socio-económica, y tiene una dinámica diferente. A lo largo de la historia de la Humanidad, ella se ha presentado en dos formas. Su primera forma de manifestación en el tiempo fue la Repartición más o menos Igualitaria del resultado de la actividad económica. Para que este tipo de repartición se mantenga en el tiempo, la sociedad ha creado una institución jurídica llamada la “propiedad comunitaria” o “propiedad colectiva”.
La segunda forma de manifestación de la Decisión Socio-económica, y que es reciente en la historia de la Humanidad, es la Repartición Individualista del resultado de la actividad económica. Y para que este tipo de decisión se mantenga en el tiempo, la sociedad ha creado una institución jurídica llamada la “propiedad privada”.
Entonces, el modelo socio-económico actual llamado “capitalista” tiene como proceso de trabajo a la economía industrial, la cual viene siendo remplazada con gran velocidad por la economía inmaterial. La Decisión Socio-económica del modelo “capitalista” toma la forma de Repartición Individualista. Ello significa que la totalidad del resultado de la actividad económica pertenece a quien maneja el acto económico.
Y este tipo de Decisión socio-económica, la Repartición Individualista, ha conducido a una increíble aberración humana. Así tenemos que, solamente 8 personas tienen una riqueza, acumulada y concentrada, igual a la riqueza que posee la mitad de la población mundial. Es decir, en términos de riqueza, 8 personas pesan tanto como 3 mil 700 millones de personas.
Es este elemento, la Repartición Individualista, una decisión de sociedad, la responsable de toda la maldad del modelo capitalista. Pero esta Repartición Individualista no se manifiesta en forma directa. Ella lo hace a través de los elementos del proceso de trabajo, tanto de la economía industrial como de la economía inmaterial, tales como la máquina, el dinero-capital, el precio, las innovaciones, etc.
De tal forma que, en el modelo y sociedad “capitalista”, quien no trabaja no tiene ingresos monetarios. En corto, quien no trabaja está destinado a morirse de hambre. Así de brutal es el ordenamiento del sistema capitalista. Con el tiempo, esta situación ha sido paliada por la intervención del Gobierno a través del Presupuesto Público. Los gobernantes deciden, si lo desean, y dentro de los límites de la masa presupuestal, de venir en sostén de las familias sin recursos monetarios. Una puerta abierta a la corrupción y al clientelismo en política.
En cambio, el modelo socio-económico alternativo al modelo capitalista, el que propongo, tiene la misma morfología en cuanto a los procesos de trabajo para producir y elaborar bienes económicos. Y esto porque es la Humanidad que los va construyendo día a día, minuto a minuto. Pero en cuanto a su tipo de repartición del resultado de la actividad económica, es completamente diferente.
El modelo que propongo pretende recuperar el mecanismo de la Repartición más o menos Igualitaria del resultado de la actividad económica en tanto que Decisión Socio-económica. Es concreto, una alta porción del resultado de la actividad económica, generalmente medida con el Producto Bruto Interno (PBI), sería repartido, en partes estrictamente iguales, entre todos los habitantes del país.
Con ello se garantizaría que toda persona, desde que nace hasta el último minuto de su vida, tenga un monto de ingreso monetario consecuente. A este monto se le llamará Remuneración de Base. Tanto más grande será el monto del PBI, tanto mayor será el monto de la Remuneración de Base. Y ella, que será recibida por las personas en forma automática, no tiene ninguna relación con el trabajo. Quienes trabajan recibirán el monto de salario en función de sus competencias y duración de la jornada de trabajo. La Remuneración de Base se la recibirá porque uno es parte de una sociedad. Este será el mejor nexo de solidaridad existente entre los miembros de una sociedad.
De tal modo que, en casos como el COVID-19, cuyo tratamiento exige un “aislamiento voluntario”, la sociedad no tendría ninguna dificultad de llevarlo a cabo, y sin ninguna necesidad de que las fuerzas armadas y policiales hagan valer la fuerza.
La fuerte proporción del PBI que se convertirá en la Remuneración de Base de todos y cada uno de los habitantes del país. será el fruto de adicionar la totalidad de las utilidades de las empresas-país y de dividirlo entre el número total de habitantes del país. Este monto llegará en forma directa a la cuenta bancaria de cada uno de los habitantes del país, sin que medie ninguna decisión de político alguno, ni de hacer colas en forma ignominiosa.
La Remuneración de Base será el resultado de un mecanismo del sistema socio-económico, y no de miserables “bonos” que para cobrarlos se tienen que hacer larguísimas colas como borregos en búsqueda de un poco de pasto: Los “bonos” no son nada más que prebendas, donaciones y “regalos”, que no hacen que embrutecer y depravar a la población con escasos recursos monetarios.
Bastaría este solo ejemplo para mostrar el horror del sistema capitalista. Pero hay otro ejemplo que es aún más horroroso que el primero. Se trata de la inmensa diferencia de sueldos y salarios entre los trabajadores. Y todo ello justificado por la “meritocracia”.
Según esta práctica, está bien justificado que un CEO (gerente de una empresa multinacional) perciba un sueldo y bonus que supera varios millones de dólares, mientras que un humilde trabajador no llega ni siquiera a los mil dólares por mes. Toda esta política discriminatoria se fundamenta en la famosa “meritocracia”, en los altos concomimientos científicos, literarios o espirituales.
Hoy, como consecuencia de la pandemia COVID-19, la comunidad está tomando consciencia que el trabajo humilde del barredor de calles, de los que ayudan a las personas de la tercera edad, de los enfermeros y enfermeras en contacto directo con el coronavirus… son más útiles para la sociedad salvando la vida de muchas personas, que cualquier CEO que solamente se dedica a facilitar la acumulación de riquezas de sus patrones.
Esta horrenda discriminación en los salarios será resuelta con el modelo socio-económico alternativo al capitalismo que propongo. Porque la dinámica de sus elementos internos facilitará que la Remuneración de Base se convierta en el elemento fundamental en la repartición de la totalidad de la riqueza creada por un país. Ya no será la masa de salarios y, sobre todo, los altos salarios y bonificaciones los elementos fundamentales del modelo socio-económico.
Un tercer ejemplo, y no sería el último en la sociedad “capitalista”, lo tenemos en el comportamiento del Capital y del capitalista con relación a las personas de tercera edad. El COVID-19 lo ha mostrado en toda su crudeza.
El sistema capitalista solamente requiere de trabajadores ocupados, en pleno ejercicio de sus facultades físicas y mentales. El sistema capitalista piensa, por tanto, que las personas a conservar son los jóvenes. Y, por consiguiente, todas personas en edad avanzada deben ser descartadas y abarrotadas, como de objetos inservibles, en la antesala de la muerte. Ellos, las personas de edad avanzada ya no requieren de ningún esfuerzo ni gasto público. El tratamiento del COVID-19 lo está mostrando con toda crudeza a nivel mundial. ¡Cómo el sistema capitalista ha degenerado a la sociedad! Seamos conscientes, debemos salir con urgencia de este sistema capitalista.
El modelo socio-económico alternativo al capitalismo nos devolverá el uso de la razón y, sobretodo, devolverá a la actividad socio-económica su verdadero objetivo. El objetivo inicial de la actividad económica no es el de acumular dinero y más dinero, sino el de satisfacer las necesidades vitales de la comunidad, generar el bienestar general, otorgar a todas las personas el máximo desarrollo de su individualidad para beneficio de la sociedad y de él mismo.
Lima, 3 de abril del 2020