miércoles, 24 de junio de 2026

LA PROPUESTA DE CHINA AL MUNDO PARA UNA (URGENTE) REVOLUCIÓN DEL ORDEN MUNDIAL

 


(Comunidad de Futuro Compartido CFC)

El 2024 ha llegado a su fin. Se esperaba que fuera a ser un año turbulento y ha superado cualquier expectativa.

La administración de Joe Biden ha decidido despedirse "a lo grande" recrudeciendo conflictos por todo el mundo, apoyando revoluciones de color y manteniendo las sanciones económicas que pueden ser tan letales como las armas de fuego.

En medio de estos reveses, algunos nos llenamos de desesperanza. De nuevo, ganó el "dividir para reinar" y está tan normalizado, que parece que es la única manera de relacionarnos.

Mucho se ha hablado sobre el rol de China. Se le reclama el no involucrarse y no hacer frente a los embates estadounidenses. Muchos predicen de que nunca será un líder mundial y critican que no se comprometan geopolíticamente con sus aliados como sí lo hacía la URSS.

Sucede que China no es ni EE. UU. ni la URSS. Para empezar, China sólo tiene una alianza con la República Democrática Popular de Corea. Con el resto de los países del mundo, tiene diferentes tipos de asociaciones. Puede sonar parecido, pero no lo es.

El problema de la narrativa de la "nueva guerra fría" es que queda implícito que existen dos partes en conflicto por una supuesta hegemonía mundial. Esta sola idea horrorizaría a la sociedad china. No es más que una mirada occidental del mundo.

Esto no significa que los chinos vivan encerrados en sí mismos. Desde hace una década, convirtieron su visión de mundo en un concepto que guía su política exterior y que es una propuesta concreta de construir en conjunto un mundo distinto: la comunidad de futuro compartido para la humanidad (CFC).

China sólo tiene una alianza con la República Democrática Popular de Corea. Con el resto de los países del mundo, tiene diferentes tipos de asociaciones.

De aplicarse a cabalidad, significaría una revolución del orden mundial, de las formas de relacionarse entre países y si en Occidente lo desean, se podría lograr sin disparar una sola bala. En medio de la desesperanza, es importante conocerla para no perder la perspectiva.

Los principios de la CFC

Con el desarrollo de la República Popular China (RPC), los chinos llegaron a la conclusión de que, sin su apertura al mundo, no hubiesen alcanzado los niveles de desarrollo actuales y que mientras el mundo entero no prospere con ellos, siempre estarán limitados. La CFC parte de este contexto.

El principio fundamental de la CFC es que todos vivimos en un mismo mundo en crisis y debemos encontrar soluciones en conjunto para vivir en armonía. La manera de lograrlo es a través de construir mayor conectividad.

Si los seres humanos somos interdependientes, buscaremos soluciones en conjunto que beneficien a todos. De lo contrario, nos perjudicamos todos también. Así, siempre tendremos dos opciones: ganar-ganar o perder-perder. La opción de "juego suma cero" (ganar-perder) nos va a condenar a la extinción.

La CFC aspira a cinco objetivos:

1. Priorizar la paz y el diálogo antes de siquiera pensar en las armas.

2. Construir un sistema de seguridad común. Esto parte del principio de que la seguridad es indivisible.

3. Que la cooperación ganar-ganar sea la norma.

4. Aprendizaje mutuo. Esto implica entendernos todos como iguales y que el intercambio siempre nos va a beneficiar.

5. Construir una comunidad que conviva en armonía con la naturaleza, pero que contemple los diferentes procesos de desarrollo de los países y sus necesidades para el desarrollo.

El concepto fue acuñado por Xi Jinping y mencionado por primera vez durante su visita a Moscú en 2013; sin embargo, tiene raíces históricas. La idea de una sola comunidad viene del concepto de tianxiatodos bajo el cielo.

En la China imperial, el emperador tenía el derecho divino a gobernar sobre el tianxia que era entendido como un sólo mundo sin la noción actual de fronteras. Cabe aclarar que esto no implicaba que todos sean iguales. A diferencia de los occidentales, los chinos no tienen valores universalistas y pueden convivir muy bien con las diferencias.

Un segundo referente de la CFC es el internacionalismo del Partido Comunista de China (PCCh). La búsqueda de soberanía sobre los recursos naturales para poder usarlos para el desarrollo nacional unió a muchos países y se tradujo en un paradigma que marcó las relaciones internacionales, en especial a mediados del siglo XX.

El Movimiento de Países No Alineados, el Grupo de los 77 y China y las propuestas del Nuevo Orden Económico Internacional en 1974 fueron expresiones de un proyecto de formar una comunidad global de pueblos en desarrollo.

A diferencia de los occidentales, los chinos no tienen valores universalistas y pueden convivir muy bien con las diferencias.

La RPC se entendía como parte de este proyecto y propuso los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica como guía para interrelacionarse. Estos incluyen el de no intervención en asuntos internos de otros países, lo que implica que cada pueblo es responsable de sí mismo. La propuesta china fue bienvenida en la histórica Cumbre de Bandung de 1955 y siguen siendo los principios de la política exterior china hasta el día de hoy.

Se puede decir que la CFC es la expresión del internacionalismo del PCCh en el siglo XXI. Es el multilateralismo en acción. El concepto fue incluido en la Constitución del PCCh en 2017 y en la de la RPC en 2018.

La puesta en práctica de la CFC

La más importante expresión de la CFC es la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) que merece un texto aparte. Además, en los últimos años, la IFR ha trascendido la infraestructura. Actualmente, también existen otras como la IFR digital, de la salud, ecológica, entre otras.

Una segunda expresión, que para algunos es el punto débil de la propuesta, es el apoyo al sistema ONU. Para encontrar soluciones en conjunto a problemas globales, se necesita un sistema internacional. El actual ha sido capturado por países occidentales y no refleja las dinámicas del mundo. Los chinos creen que no se tiene que construir uno nuevo, sino reestructurarlo de acuerdo con los principios con los que fue fundado.

La CFC es la expresión del internacionalismo del PCCh en el siglo XXI. Es el multilateralismo en acción

Una de las luchas más importantes en el seno de la ONU es la reestructuración del Consejo de Seguridad para la inclusión de nuevos miembros permanentes. El gobierno chino ha apoyado públicamente la inclusión de un miembro del continente africano.

Una tercera estrategia de acción es la diplomacia de la paz. En años recientes, los chinos se han embarcado en una diplomacia más activa, pero concentrada en solucionar conflictos pacíficamente. Así se dieron la propuesta de paz para Ucrania, la reapertura de relaciones diplomáticas entre Arabia Saudita e Irán y el acuerdo de las 14 facciones palestinas.

En realidad, se podría decir que cada acción de China, por muy aislada que parezca, parte de la idea de contribuir a la construcción de la CFC: condonar deudas, envío de tropas a las fuerzas de paz de la ONU, apoyo a través de la Iniciativa de Desarrollo Global, donaciones de equipos a ejércitos en el marco de la Iniciativa Global de Seguridad, establecimientos de Institutos Confucio y un largo etcétera.

Muchos de estos principios no son propiedad de la civilización china. Es más, la mayoría de las civilizaciones del mundo tienen alguna versión. El ser humano sobrevivió como especie debido a la conciencia de colectividad.

Lo que han hecho los chinos es convertirlo en un principio de relaciones internacionales. Ahora, invitan al mundo adoptarlo. Muchos ya lo hicieron. Cabe recordar que los principios de la CFC están incluidos en la Declaración de la Cumbre de Kazán.

El proceso será largo y difícil. Por un lado, EE. UU. no dejará su hegemonía fácilmente. Por otro, implica un proceso de maduración política de cada pueblo para asegurarse de tener autoridades que representen sus intereses y no los de la minoría. La no intervención es también uno de sus pilares fundamentales. Nadie reemplazará a los pueblos en sus luchas políticas internas.

No obstante, la CFC nos recuerda constantemente que el "dividir para reinar" no es un comportamiento natural e inevitable. Además, que existe una propuesta concreta de un nuevo tipo de globalización y de relaciones internacionales que pueden garantizar la sostenibilidad de los seres humanos como especie y el progreso universal.

Mientras más personas lo tengan claro, más fácil será movilizar esfuerzos para revolucionar el actual orden mundial.

Maria Fe Celi Reyna

Publicado: 31 dic 2024 18:21 GM

RT en Español Noticias

COLECTIVO PERÚ INTEGRAL

31 de enero 20245

 

CREAR Y FORTALECER TEJIDOS COMUNITARIOS EN LOS BARRIOS O CÓMO RESOLVER NUESTROS PROBLEMAS SIN POLICÍA

 


Nota Breve

En estos tiempos en que las fuerzas policiales están al servicio de las grandes empresas y el aparato Estatal controlado por el Capital, los trabajadores manuales e intelectuales del campo y la ciudad tienen la necesidad de organizarse para defender su patrimonio, la tranquilidad y la paz en sus comunidades.


 

DIANA MORENO

23/03/2024


Fuente:  El salto

Cuando la policía ocupa nuestros espacios públicos, se interpone entre nosotros. Perdemos la capacidad de imaginar las formas originarias de resolver nuestros problemas se convivencia más simples. España ocupa el puesto 16 de los países europeos con mayor presencia policial, y políticas como la Ley Mordaza o las ordenanzas de convivencia han contribuido durante años a normalizar la lógica securitaria en nuestras calles, vecindarios y fronteras. “La mitología del héroe de uniforme que acaba con nuestros males en ocasiones nos despoja de la capacidad de hacernos cargo de los conflictos que nos rodean de manera colectiva y creativa”, advierten desde el colectivo Sin Poli.

¿Existen alternativas a la policía para resolver conflictos comunes y garantizar la seguridad en nuestras calles? ¿Qué herramientas tiene la sociedad para afrontar estos conflictos sin depender exclusivamente de la policía? El 3 de febrero, Sin Poli y el Grupo de Apoyo a Lili organizaron un encuentro para responder a estas preguntas y compartir formas alternativas de resolución de conflictos que ya existen “con todos sus límites y sus potencias”. Para ello se centraron en cuatro ámbitos que les parecieron clave en la deriva securitaria actual: la inseguridad de los barrios, la juventud, la violencia machista y violencia psiquiátrica.

Con el objetivo de demostrar que la sociedad puede hacerse cargo de sus problemas si se organiza de manera adecuada, la jornada se celebró en la azotea de la Villana de Vallecas y arrancó con una anécdota: a un vecino o vecina de la calle le molestó el volumen de los ponentes y llamó a la policía, una reacción común que viene a recordarnos cómo solemos gestionar los conflictos vecinales más básicos.

Terrenos de securitización 

La violencia machista es un ejemplo de algo que se utiliza, tanto en el ámbito político como mediático, como argumento para endurecer el código penal y legitimar el aumento de policías en el espacio público y de su financiación. El problema es que, en muchos casos, la única opción percibida para abordar esta violencia es a través de denuncias penales, lo cual puede resultar aún más violento para las víctimas, como explica Nora, del grupo les Aamas (l'Assemblea d'Afectades pel Masclisme i el Patriarcat) de Manresa.

En muchas ocasiones, lo que querrían las mujeres afectadas por violencia -a las que acompañan desde su colectivo- “es que alguien interviniera desde la salud mental y no desde lo penal, pero como es la única lógica que tiene el sistema, denuncian por lo penal”. Desde les Aamas “lo que se busca es que esa persona salga de situación de violencia y no solo denuncie, sino que tenga ese entorno que le lleve a salir de esa situación de aislamiento, de victimización”, añade. “Lo que quieren es recuperar la persona que eran antes de la situación de violencia, y eso no te lo da el circuito institucional de denuncia”.

Parten de que hay mucho más allá que hacer fuera de la institución y, por eso, abogan por una mirada amplia que incluya el acompañamiento comunitario y la recuperación de las víctimas. Incluso aunque pueda dar miedo: “Parece que [hacer esto] sea defender el desproteger a las personas que están sufriendo. Pero cuando te pones a ello te das cuenta de que quienes las está desprotegiendo es el sistema, y que plantear el acompañamiento comunitario es la única herramienta que tenemos para, aunque sea, dar a elegir a esas personas qué vía quieren tomar, que sean ellas las protagonistas de sus decisiones”.

En el encuentro también se habló de las violencias psiquiátricas, a partir de la experiencia de la red La Porvenir, desde donde consideran que la llamada “policía de la salud mental” comparte problemas con la oficial. Creen que esta forma de abordar el sufrimiento psiquiátrico, en lugar de ir al origen, impide la responsabilidad colectiva, ocultando daños y generando una falsa seguridad, utiliza el control y aísla a las personas, limitando su capacidad de decisión y responsabilidad.

Por eso, desde 2019 mantienen un grupo de acompañamiento con el que promueven la autogestión y el apoyo mutuo como alternativas a la violencia institucional. Una “forma de redistribuir los cuidados y los recursos”, lo llaman. “Una de las herramientas que utilizamos es el marco del dialogo abierto”, explica Lu, de La Porvenir. “Es decir, juntar a la persona que esta encarnando la crisis y a su entorno, ajuntarnos, se puede venir la prima, la madre, el vecino... Nos juntamos a hablar de que está pasando, porqué esta persona se está encontrando mal, si está oyendo voces... Siento que desde ahí se colectiviza y distribuye: hablando, entendiéndonos, preguntándonos…”

Crear vínculos

En los talleres organizados por Sin Poli, cada participante comparte su propia anécdota de cómo han visto resolverse conflictos sin la autoridad policial como mediadora. Una de las participantes habla de la época en la que vivió puerta a puerta con una familia muy problemática. Explica que pensó en llamar a la policía, pero le dio miedo que eso hiciera escalar la violencia. Un día, en el rellano del edificio, su gato captó la atención de los niños de la familia y eso la hizo empezar a relacionarse más con ellos, a conversar, a preguntarles qué tal. Eso le cambió la perspectiva que tenía sobre los niños, generó con ellos cierta relación. El gato fue el vínculo inesperado que permitió, a la larga, mejorar la situación.

“Es muy fácil llamar a la policía por alguien que no conoces, pero a tu colega no le vas a llamar a la policía si te hace algo”, dice Sergio, que forma parte del gimnasio Guantes Manchados en Usera (Madrid) como entrenador voluntario. “Es importante crear estas redes reales entre las personas que pueden estar inmersas en este tipo de conflictos para que vean que es otra persona la que está al otro lado: ese tiene que ser el primer paso”, señala.

Ubicado en un barrio estigmatizado, este gimnasio popular es una iniciativa dirigida a la juventud, en parte de origen migrante: es precisamente un colectivo que cada vez se vincula más con la inseguridad y hacia el que se exige mayor contundencia y dureza, criminalizándolo, como ocurre con las bandas latinas o menores extranjeros. Desde Guantes Manchados utilizan algunas herramientas que ayudan abordar los problemas sin mediación policial, y todo ello a través del deporte: “El boxeo requiere mucha disciplina, tiene muchos niveles. En el gimnasio creamos un ambiente diferente del que puedan venir estos chavales, que vienen de situaciones más conflictivas”, explica Sergio.

A pesar de que al gimnasio asiste gentes de bandas, e incluso han coincidido chicos de bandas rivales, entre sus paredes nunca ha habido un conflicto. “El boxeo te enseña a controlar esa violencia y a empatizar con la persona que tienes delante”, aclara. "En el gimnasio creamos un ambiente diferente del que puedan venir estos chavales, que vienen de situaciones más conflictivas. El boxeo te enseña a controlar esa violencia y a empatizar con la persona que tienes delante”, añade.

También le da mucha importancia a la creación de tejido social que llevan a cabo. “A Guantes Manchados viene gente de todos los ámbitos sociales, hay gente más mayor, que está trabajando, con un puesto estable, y jóvenes que no saben muy bien qué van a hacer con la vida. Esto crea relaciones que no se pueden crear de otra manera”, pone como ejemplo.

Entre los asistentes, habla de uno de los chavales procedente de un ambiente familiar muy complicado: “Hablaba con él y me decía que en ese momento de su vida él era muy conflictivo, reaccionaba violentamente a cualquier oposición y eso le generaba problemas”. Sin embargo, desde que empezó el boxeo eso ha cambiado: “Ahora, su primera vía es el diálogo, evitar la violencia, algo que siempre enseñamos en clase. Personalmente, con este chico he visto el cambio, lleva un año y medio con nosotros y no solo lo he visto, sino que me ha contado él”.

Inseguridad barrial

Los barrios son, por último, otro espacio clave para este debate. Frente a los problemas de convivencia, cada vez está más presente la lógica de que la policía está legitimada para mediar en casi cualquier conflicto, que muchas veces se deben a que no existen espacios de entendimiento mutuo entre los actores enfrentados. En el barrio valenciano de Velluters encontramos un ejemplo de conflictividad social que se trató de resolver sin policía. En sus calles, la presencia del trabajo sexual, compraventa de droga y gente sin hogar es habitual e hizo manifestarse a los vecinos para pedir la expulsión de estas personas. “Todo esto generó un contexto de mucha tensión en el barrio”, dice Hernán, del grupo de estudios La Dula. “Se extendió el relato de que esto se soluciona con más presencia policial. Vemos cómo cada vez más en el ámbito social hay más lógicas policiales y burocráticas, la desarticulación de lo público y la acción comunitaria. Intentamos ir desarmando eso y recuperar espacios de trabajo desde lo comunitario”.

Desde La Dula llevaron entonces a cabo una iniciativa inspiradora: la creación de una mesa comunitaria que reuniera a los distintos actores del barrio e intentara generar otras respuestas que no siguieran la lógica de la securitización y el aumento de policías. La finalidad era mediar entre el vecindario y los sujetos de la intervención policial, evitar el desplazamiento de las mujeres trabajadoras del sexo o situaciones que las llevaran a una peor condición y crear espacios de relación y conocimiento mutuo: “Son realidades que conviven en un mismo espacio pero que no entran en relación casi nunca”, apunta Hernán. También intentaron generar otro relato sobre el barrio que llevaran a imaginar otras posibilidades más allá de la policía.

En la mesa participaron actores muy diferentes: asociaciones, entidades, equipamientos públicos, vecindario y mujeres trabajadoras del sexo. Reconoce que fue difícil que participaran estas mujeres y que no se logró impedir la expulsión de la gente del barrio. Pero, más allá de sus límites, la experiencia permitió la inclusión de estos colectivos, considerarlos sujetos en espacios de decisión y soluciones del vecindario, algo que normalmente no se hacía: “Hay una narrativa de que estas personas no son verdaderas vecinas, si no actores externos”.

Es lo que Hernán define como “encuentros improbables” y que sirvieron para crear relaciones de proximidad y conocimiento mutuo donde antes no existían, generar relaciones entre personas y colectivos que están normalmente separados aunque estén conviviendo en el mismo espacio. “Fue interesante trabajar con la diversidad del barrio, fue una mesa muy diversa. Se trabajó con posicionamientos sobre el trabajo sexual diferentes”, describe el integrante de La Dula. A partir de este trabajo de la mesa surgió una obra de teatro, ‘Traspasando fronteras’, iniciativa de mujeres trans que ejercían en este barrio que se representó en un centro social del barrio, un proyecto conjunto que antes era inimaginable. “Más que intentar convencer a la gente de que no llame a la policía, la clave está en crear tejidos comunitarios fuertes en los barrios”, opina. “Con el covid 19 se vio claro que los barrios que fueron capaces de articular redes de apoyo mutuo potentes eran los que ya tenían una trayectoria previa de trabajo comunitario”.

Hernán cree que es crucial contrarrestar la fragmentación del vínculo social: “Hemos delegado en la administración pública la capacidad de hacer comunidad y vida cotidiana”, dice. Y concluye proponiendo un doble reto: que los equipamientos públicos sean lugares de encuentro y de relación significativa entre los diferentes, y que los espacios autogestionados acojan esa diversidad que existe en los barrios, “ser capaces de relacionarnos no solo con las personas con las que compartimos posicionamientos y formas de ver y pensar”.

Fuente: https://www.briega.org/es/opinion/crear-fortalecer-tejidos-comunitarios-barrios-o-como-resolver-nuestros-problemas-sin-policia

 

A PROPÓSITO DE LA DENOMINACIÓN DEL PARTIDO DE LA CLASE OBRERA

 



Engels en 1894 sentenció: “Los nombres de los verdaderos partidos políticos nunca son absolutamente adecuados; el partido se desarrolla y el nombre queda.”

Los rótulos pasan, lo que importa es el contenido. Dos botellas con idéntica etiqueta: Una contiene néctar de los dioses y otra zumo de los demonios, el contenido marca la diferencia.  Ese es el problema de la discusión Socialista o Comunista que algunos todavía lo siguen reduciendo a una simple contraposición entre dos conceptos. Lo que debemos discutir es qué tipo de partido proponía JCM. En qué se diferenciaba el Partido que edificaron los Ravines, los Del Prado, etc. etc., del “Partido Socialista, basado en las masas obreras y campesinas organizadas”.

21/Ago/2010

EBM

En 1848, cuando Marx y Engels publicaron el Manifiesto, la vida era representada por el rótulo comunista. Ese era el trasfondo de la revelación de Engels: “cuando apareció no pudimos titularle Manifiesto Socialista.”[1] Se trataba de aprovechar o tomar ventaja de las ideas, conceptos y tendencias, que se encuentran escondidos en la mente del sector más radical de la clase obrera europea de 1848. Pero, ¿qué ideas estaban escondidas en el cerebro de los trabajadores de aquél entonces? No otras que aquel comunismo instintivo[2] que menciona Engels y que inclina la decisión de 1848. Esto explica que el Manifiesto no apareciera como obra de la Liga de los comunistas sino de “una organización por entonces inexistente: un «Partido Comunista». Parte de la sorpresa se disipa cuando se tiene en consideración que, a mediados del siglo XIX, en un período previo al surgimiento del sistema de partidos políticos moderno, un partido constituía una orientación ideológica más o menos definida, y no una organización dotada de fines políticos específicos.”[3]

A Marx y Engels les toca vivir la adolescencia del capitalismo.[4] Los mercados florecían y, los hombres, no podían dejar de percibir que el destino de un producto nuevo depende de una correcta estrategia de mercado. En el capitalismo todo es enajenable incluido el propio hombre. Pero, la enajenación es un problema cerebral que responde a una realidad concreta. Cualquier mercancía para ser vendible debe ser deseada; es decir, tiene que ser subjetivamente aceptada. Debemos preguntarnos, entonces, ¿qué es una mercancía?[5] El sentido común responde a la pregunta de la siguiente manera: todo lo que se puede vender o comprar. Error dicen Al Ries y Jack Trout[6]. Mercancía no es aquello que se vende sino aquello que se desea comprar. Esa es la paradoja de la mercancía que para su poseedor no son valores de uso y para sus no poseedores son valores de uso. En efecto, el producto ideal es el que está en la mente del consumidor. Un nuevo producto necesariamente debe lograr posicionarse en el mundo subjetivo o el subconsciente del potencial consumidor. La limitación de la Liga de los comunistas, como fórmula organizativa, que constreñía el ámbito de acción a los miembros de aquella organización, fue superada por Marx y Engels con la aparición del Manifiesto como obra de un Partido Comunista inexistente.

Marx y Engels, en 1848, se preguntan ¿cómo denominar el Manifiesto de la Liga de los Comunistas? En ese momento la conveniencia o inconveniencia de una u otra denominación del Manifiesto de la Liga de los comunistas estaba vinculada al contenido programático del producto (Manifiesto) que tenía que adaptarse en la forma (etiqueta de presentación) al objetivo estratégico: el cerebro de los trabajadores. Esto es, la táctica y estrategia para posicionarse (apoderamiento) en la mente, primero en el segmento más avanzado y, luego, en el conjunto de la clase obrera. Se trata de llegar con la menor resistencia al cerebro de los simpatizantes de un “comunismo instintivo”.

Recuérdese: la Liga de los Comunistas, está “organizada como sociedad secreta de propaganda”[7]; y, el Manifiesto que comienza a distribuirse paralelamente a la revolución de febrero, es el programa del Estado Mayor del sector más radical de la clase obrera europea en la primera gran batalla entre burguesía y proletariado.

Ahora bien, en el argot del marketing, los conceptos socialismo y comunismo pueden ser considerados como ideas tácticas o ángulos competitivos. Así, en la disyuntiva entre socialismo y comunismo, como etiqueta del producto, concluye Engels: “para nosotros no podía haber duda alguna sobre cuál de las dos denominaciones procedía elegir.”[8] En ese momento lo que representaba el objetivo estratégico (clase obrera) era el rótulo comunista. La conclusión que brota de estas discusiones es que las denominaciones, etiquetas o rótulos, de las organizaciones (o productos mercantiles) obedecen a consideraciones tácticas antes que estratégicas. Sin embargo, bien sabido es que una táctica necesita una estrategia para ser exitosa. Ese es el problema de un clavo – dicen Al Ries y Jack Trout – que, para ser efectivo, necesita un martillo porque el proceso de clavar (una idea) involucra a clavadores (militantes) y un blanco de la acción (clase trabajadora). Así la idea táctica (Manifiesto) es al clavo como la organización (Liga de los comunistas) es al martillo. La sincronización del martillo con el clavo pone en movimiento la maquinaria de posicionamiento (plan estratégico). Revísese el plan estratégico de Mariátegui y se comprobará que el equipo de Amauta cumple la función de martillo y las ideas de Amauta las de clavo. Así se pone en marcha la sinfonía inconclusa de la clase obrera peruana.

Si la táctica dicta la estrategia, el nombre del partido de la clase obrera no puede ser permanente, está sujeto a los vaivenes de la lucha de clases y al desarrollo de la conciencia política de la clase obrera. En 1894, Engels hace el siguiente comentario: “Pero los nombres de los verdaderos partidos políticos nunca son absolutamente adecuados; el partido se desarrolla y el nombre queda.”[9] Pues sí, la experiencia lo prueba: los partidos evolucionan o involucionan y el nombre queda para los archivos de la historia política. En tiempos de Marx y Engels, el nombre de la organización va desde Comité de correspondencia comunista, Liga comunista, Partido comunista (usado sólo como título del Manifiesto), Asociación Internacional de los Trabajadores, Partido Socialdemócrata, Partido Socialista. Pero, ¿por qué Marx y Engels no promovieron, después del Manifiesto, la fórmula comunista como nombre de la organización proletaria? ¿No será porque los procesos tienen que cumplirse?

Después del fracaso de la revolución de 1848, la revisión de métodos y conceptos, se pone a la orden del día. Toda rebelión es un acto material que se gesta en el cerebro de los hombres. Como idea fuerza sigue las reglas de la teoría del conocimiento y el conocimiento no salta etapas. Thomas Kuhn en su obra La estructura de las revoluciones científicas[10], dice que el desarrollo de la ciencia (pensamiento o conciencia) no se produce por acumulación de información sino por derrumbamientos (anomalías en términos de Kuhn) y reconstrucciones; vale decir, los humanos tomamos conciencia a través de los reveses temporales, de las derrotas, de los cabezazos contra los muros de la realidad, de los tropezones que nos obligan a rupturas con los viejos paradigmas. La lucha por la vida nos arrastra a la conciencia comunista que sólo puede ser resultado de un proceso histórico-natural. La clase obrera se eleva de la conciencia espontánea a la conciencia política en el fragor de la lucha de clases, decían los bolcheviques. Y sólo en el siglo de Lenin se dan las condiciones para que, en ruptura con la estrategia política de la socialdemocracia (cretinismo parlamentario), la clase obrera haga uso de la etiqueta comunista.

Marx y Engels, en sus 47 años de militancia en el movimiento obrero desde el Manifiesto, no vuelven a promover el concepto comunista como nombre de la organización. Y, sin embargo, en todos sus principales documentos no renuncian a presentar su posición como un punto de vista comunista. Étienne Balibar llega a la conclusión que, para Marx y Engels, es una concesión el uso del “nombre «socialista» (y con mayor razón de «socialdemócratas»).”[11] Pero, allí está el pero, es decir, la discrepancia entre la declaración de Engels de 1890, en el Prefacio a la edición Alemana de 1890 del Manifiesto Comunista, (“Y, sin embargo, cuando apareció no pudimos titularle Manifiesto Socialista.”); y, la de 1894, en Temas internacionales del Estado popular, (“Para Marx y para mí era, por tanto, sencillamente imposible emplear, para denominar nuestro punto de vista especial, una expresión tan elástica. En la actualidad, la cosa se presenta de otro modo, y esta palabra [«socialdemócrata»] puede, tal vez, pasar [mag passieren], aunque sigue siendo inadecuada [unpassend] para un partido cuyo programa económico no es un simple programa socialista en general, sino un programa directamente comunista”.[12]). ¿Cómo entender la aparente oposición entre ambas declaraciones de Engels? Cuando publicaron la primera edición del Manifiesto, unas semanas antes de la revolución de febrero contra el aumento de las prácticas capitalistas, la clase obrera estaba compuesta, en su mayoría, por un conjunto abigarrado de artesanos, semiproletarios y obreros. Después de la derrota 1848, la Liga de los Comunistas fue disuelta en 1852. Toda derrota de la clase obrera siempre ha significado un retroceso temporal. Pero sólo temporal, porque la historia avanza “en espiral, corrigiendo y superando los errores y deformaciones del pasado y promoviendo nuevos escenarios para que en ellos libren sus luchas los pueblos.”[13] En 1864 cuando se fundó la Asociación Internacional de los Trabajadores –recuerda Engels– no se podía, “partir de los principios expuestos en el «Manifiesto». Debía tener un programa que no cerrara la puerta a las tradeuniones inglesas, a los proudhonianos franceses, belgas, italianos y españoles, y a los lassalleanos alemanes. Este programa —el preámbulo de los Estatutos de la Internacional — fue redactado por Marx con una maestría que fue reconocida hasta por Bakunin y los anarquistas. Para el triunfo definitivo de las tesis expuestas en el «Manifiesto», Marx confiaba tan sólo en el desarrollo intelectual de la clase obrera, que debía resultar inevitablemente de la acción conjunta y de la discusión.”[14] Pues sí, el desarrollo intelectual o la conciencia política no brota espontánea en los cerebros de los trabajadores, debe ser cultivada. La acción conjunta y la discusión es el vivero de nuevos cuadros. La interacción entre acción conjunta y discusión es el caldo de cultivo donde se gesta una violenta ruptura de la obediencia y acatamiento al dominio burgués. Acción conjunta equivale a lucha de clases y discusión a formación teórico-política. Para Marx, el desarrollo de la conciencia, es un proceso histórico-natural que no se puede imponer o forzar. Dado el desarrollo colosal de la gran industria en los cuarenta y seis años posteriores a la publicación del Manifiesto, y con éste, de la organización del partido de la clase obrera, se entiende la disconformidad de Engels, respecto a la denominación de la organización, esos términos habían envejecido en 1894. Había que elaborar una táctica y estrategia que respondiera a las nuevas condiciones de Alemania de fin de siglo (XIX). Había que dar a luz “un estatuto organizativo y un nuevo programa del partido que correspondiesen al grado de madurez política e ideológica alcanzado en la época de la ley antisocialista.”[15]

Marx en el Manifiesto Comunista y la Crítica del Programa de Gotha, sostiene que sólo el comunismo es una sociedad sin clases, una sociedad en la que ha desaparecido toda forma de explotación. En oposición, el capitalismo es la última forma histórica posible de relaciones de explotación, esto quiere decir “que sólo las relaciones sociales comunistas, en la producción y en el conjunto de la vida social, son realmente antagónicas con las relaciones capitalistas.”[16] Para Marx era absolutamente claro que entre capitalismo y comunismo existe un periodo de transición. En ese periodo coexisten dos mundos, dos economías, dos políticas, dos psicologías que pugnan una por sobrevivir y otra por edificar un nuevo orden sobre los escombros de la otra.[17] Del mismo modo, en nuestras cabezas contienden dos mundos, el mundo de la burguesía con todos sus vicios y placeres; y, el mundo del proletariado con todas sus limitaciones y sus esperanzas. La oposición y lucha entre esos dos mundos determina la necesidad de la dictadura del proletariado que abarca todo el periodo de transición al comunismo. A ese periodo de transición se le conoce como socialismo.

El socialismo es un movimiento de hombres contra hombres (lucha de clases), de intereses contra intereses (lucha económica) y de ideas contra ideas (lucha ideológica), hasta el último soplo de vida de la contradicción burguesía – proletariado. El socialismo es la última revolución política contra otra revolución política que ha cesado de ser útil pero que se resiste a perecer. La democracia proletaria enfrenta a la democracia burguesa en la batalla final de nuestra época. El socialismo es la etapa de demolición del capitalismo construyendo la abundancia para dar el salto a la construcción del comunismo. Esa es la razón que Engels en 1894 distinga en la cuestión programática el socialismo y el comunismo: “no es un simple programa socialista en general, sino un programa directamente comunista”.

Fragmento actualizado de https://tacnacomunitaria.blogspot.com/2009/11/manifiesto-comunista-y-la-batalla-en.html

 

24 junio 2026

Edgar Bolaños Marín

 



[1] Manifiesto del Partido Comunista, Prefacio de Engels a la edición alemana de 1890, Ediciones en Lenguas extranjeras, Pekín 1968, Pág. 12-13. Asimismo, véase a Eric Hobsbawm en La era del capital, 1848-1875. Editorial Crítica, año 1998, página 35 señala que “el socialismo previo a 1848 fue un movimiento muy apolítico dedicado a la creación de utópicas cooperativas”.

[2] “Era un comunismo apenas elaborado, sólo instintivo, a veces un poco tosco; pero fue asaz pujante para crear dos sistemas de comunismo utópico: en Francia, el ‘icario’, de Cabet, y en Alemania, el de Weitling.” Prefacio de Engels a la edición alemana de 1890 del Manifiesto del Partido Comunista.

[3] Miguel Vedda, Prólogo a nueva traducción del Manifiesto Comunista, versión electrónica

[4] Si Marx y Engels en el siglo XIX viven la adolescencia del capitalismo. En el siglo XX, a Lenin y Mariátegui les toca gozar la madurez del capital internacional. Las generaciones del siglo XXI están saboreando la decadencia, la senectud, la crisis terminal del capitalismo global.

[5] F. Engels en La ‘Contribución a la crítica de la economía política’, de Carlos Marx, escrito en 1859 define el concepto mercancía en los siguientes términos: “Pero lo que le convierte en mercancía es, pura y simplemente, el hecho de que a la cosa, al producto, vaya ligada una relación entre dos personas o comunidades, la relación entre el productor y el consumidor (…) La economía no trata de cosas, sino de relaciones entre personas y, en última instancia, entre clases, si bien estas relaciones van siempre unidas a cosas y aparecen como cosas.” (Fuente: Escritos económicos varios Marx –Engels, Editorial Grijalbo, S.A., México, D.F., 1962)

[6] Al Ries y Jack Trout, en los años setentas crearon la palabra posicionamiento para describir el proceso de colocar una marca en la mente de los potenciales clientes. Su libro Posicionamiento: la batalla por su mente, se ha convertido en un clásico. En los ochentas, introdujeron un concepto revolucionario denominado La guerra de la mercadotecnia, que es la aplicación de los principios de la guerra a los mercados. En los noventas, su obra La revolución del marketing La táctica dicta la estrategia, corona el trabajo conjunto de estos estrategas de la mercadotecnia.

[7] F. Engels, Marx y la nueva gaceta del Rin, Ob. Esc. Tomo II, Pág. 326

[8] Manifiesto del Partido Comunista, Ediciones en Lenguas extranjeras, Pekín 1968, Pág. 12-13

[9] Engels, Temas internacionales del Estado popular, citado por V. I. Lenin en Estado y Revolución, versión electrónica.

[10] Thomas Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, versión electrónica. Publicada inicialmente como monografía en la Enciclopedia Internacional de la Ciencia Unificada (International Encyclopedia of Unified Science), y luego como libro por la Editorial de la Universidad de Chicago en el año 1962. En el 1969, Kuhn agregó un apéndice a modo de réplica a las críticas que había suscitado la primera edición.

[11] Etienne Balibar, Sobre la dictadura del proletariado, Siglo Veintiuno editores. 1977, Pág.36

[12] Engels citado por Lenin en Estado y Revolución, Versión electrónica.

[13] Carta de la Célula Carlos Marx dirigida: A los Camaradas de la Dirección Regional de Arequipa del Partido Comunista / Camaradas de los organismos base (células) del CR de Arequipa del PCP / Camaradas comunistas, sin militancia partidaria, con fecha, Arequipa, 01 de septiembre del 2009

[14] Marx – Engels, Manifiesto del Partido Comunista, Ediciones en Lenguas extranjeras, Pekín 1968. Versión electrónica

[15] Heinrich Gemkow y otros, Federico Engels, Biografía completa, Editorial Cartago, Bs As. 1976, Pág. 341

[16] Êtienne Balibar, Sobre la dictadura del proletariado, Siglo Veintiuno Editores, 1977, Pág. 37

[17] El caso paradigmático es el socialismo con características chinas y la propuesta china de Comunidad de Futuro Compartido.

UNA OPORTUNIDAD PERDIDA

 


(22 de junio de 2026)

Por Miguel Ángel Aragón

 

El 09 de diciembre de 2024, se recordó el Bicentenario de la Batalla de Ayacucho.

Con ese motivo se sugirió realizar algunas actividades recordatorias de alcance local (Huamanga), nacional (Perú) y continental (América del Sur).

Lo mínimo que debimos haber realizado, es conferencias, conversatorios, mesas redondas, encuentros alusivos a la fecha:

 de intelectuales,

de estudiantes,

de maestros,

de trabajadores,

de artistas,

de deportistas,

de todos los países bolivarianos, con invitados de otros países de América   

En su oportunidad se presentaron algunas sugerencias aisladas, en especial en el foro virtual Bicentenario (incluso el nombre era alusivo a la fecha), pero la respuesta fue la conocida y vergonzosa conspiración del silencio, la corrosiva indiferencia.

Incluso la oportunidad era propicia, para hacer los encuentros en Huamanga (capital de Ayacucho) porque la presidenta interina Dina Boluarte no podía viajar a Ayacucho, por el repudio popular que se había ganado. O sea, la plaza estaba libre, para hacer cualquier actividad cultural, o política, públicamente.

 Incluso se podía haber solicitado apoyo a los gobiernos de Chile (Boric), Colombia (Petro) y Venezuela (Maduro).

Detrás de esa indiferencia nuestra, estaba el nacionalismo solapado, la equivoca opinión que la guerra de la independencia de 1824, había sido una falsa independencia, por lo cual no merecía ser recordada.

Detrás de esa conclusión equivoca, estaba la propuesta de luchar por la segunda independencia, vieja tesis hayista criticada por Mariátegui en la Tesis Punto de Vista Antimperialista (mayo de 1929).

Esa fue una gran oportunidad perdida de tender puentes para unir a nuestros pueblos, y llegar preparados al combativo presente año 2026.

En estas últimas semanas y meses, hay grandes movimientos de masas en Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela, ya sea por lucha electoral en Perú y Colombia, o ya sea por oposición radical al gobierno en Bolivia, Chile, Ecuador, o por la resistencia a la agresión externa en Venezuela.

Cada cual está luchando por su propia cuenta, sin solicitar ni ofrecer apoyo al pueblo vecino.

Mientras que los enemigos comunes, la clase dominante de cada uno de nuestros países, se mantienen en coordinación permanente y hasta han formado un escudo de América (o algo parecido), en la cumbre de presidentes realizada en Miami, sin asistencia ni complicidad de Lula, Petro ni Claudia.

Aunque nos sirve de experiencia, lamentándose de oportunidades perdidas no ganamos nada

Entonces, algo más modesto debemos proponernos para el 9 de diciembre de este año 2026 (batalla de Ayacucho), con coordinaciones previas el 9 de setiembre, y el 9 de julio.

La pregunta que debemos hacernos es ¿De qué manera YO puedo colaborar? 

DONDE ENCONTRAR LA RESPUESTA A LOS PROBLEMAS QUE NOS PLANTEA LA PRÁXIS