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miércoles, 21 de octubre de 2015

TEMAS DE NUESTRA AMÉRICA NATIVA: VENEZUELA




Uno

PELIGROSO AUTOENGAÑO

Por: José Vicente Rangel | Lunes, 28/09/2015 10:28 AM

1 Sobre los actos realizados por la oposición el sábado 19 de este mes en Caracas y ciudades del interior, conviene reflexionar. Tanto a la oposición como al chavismo. Porque un análisis sesgado de lo sucedido puede dar pie a un peligroso autoengaño. Me explico, si la oposición considera que lo que ocurrió ese día es un éxito, está incurriendo en un grave error. Lo mismo pasa con el chavismo: si de la escasa concurrencia de la oposición deduce su derrota electoral, incurre en una ligereza. La percepción que se tenga del intento opositor por retomar la calle, cuenta para evaluar las posibilidades futuras de cada sector en las parlamentarias del 6-D.

2 Si la manifestación opositora, convocada con todos los hierros -incluida la motivación de protestar la decisión judicial contra López-, se la juzga por la asistencia, el resultado no pudo ser más decepcionante para la MUD, Voluntad Popular y El Nacional que se la jugó a fondo. Fue un evento que repitió, en mayor escala -dado el énfasis y recursos empleados para motivar la asistencia-, fracasos anteriores. Que confirmó el cómo funciona la MUD, con el liderazgo y el discurso que tiene, en vez de atraer suscita rechazo o indiferencia. En concreto, a la luz de las últimas experiencias, perdió la calle y carece de capacidad para recuperarla. El fracaso es tal que un medio español, El País -antivenezolano hasta los tuétanos-, reseñó la actividad así: "La indignación opositora por la reciente condena a más de 14 años de prisión de Leopoldo López, apenas alcanzó este sábado para reunir a unos cuantos centenares de personas en una cuadra del este de Caracas en contra de lo que se esperaba". La reseña remata con lo siguiente: "en el evento no participó el dos veces candidato presidencial Henrique Capriles Radonsky". Si los dirigentes opositores estiman que obtuvieron un éxito ese día, premonitorio de una próxima victoria electoral, allá ellos si quieren vivir en una burbuja y eludir la realidad. Sin embargo, me atrevo a decir que si el chavismo considera que el mandado está hecho porque la oposición carece de calle y fracasa en cada convocatoria a manifestar; que es un enemigo que marcha fatalmente hacia la derrota electoral el 6-D, comete un error.

3 Cierto: la oposición es un desastre. No tiene capacidad para competir con una fuerza tan poderosa, coherente y dirigida con acierto en el terreno electoral, como el chavismo. Hoy por hoy, la diferencia entre uno y otro sector es más evidente, dadas las característica de los comicios de diciembre, en circuitos donde es obvia la ventaja organizativa y el implante del chavismo. Pero apostar solo a esta ventaja no es aconsejable. Porque el antichavismo tiene otra manera de expresarse. Su conducción no tiene capacidad de convocatoria, pero la masa opositora sí la tiene para concurrir a votar. Tiene la obsesión de derrotar al chavismo, y para eso no necesita manifestaciones en la calle, que hasta ahora no le han resultado, que desgastan, o derivan en violencia. El descontento, producto del malestar económico, cuenta. Pero así como no se debe desdeñar, tampoco se debe magnificar. El voto, hoy día, es esencialmente político. Poner de lado mitos y fantasías es lo recomendable en las actuales circunstancias. Y aguardar con serenidad el resultado.

LABERINTO

La ofensiva en la región contra la opción democrática, con fuertes contenidos sociales, avanza peligrosamente. Antes la burguesía le recomendaba a los movimientos populares que abandonaran la lucha armada -cuando adoptaban esa vía-, y optaran por trabajar en el terreno legal. Que asumieran el sufragio y desecharan otros caminos. Finalmente, el movimiento popular, la izquierda en sus diversos matices, tomó en cuenta el consejo y comenzó a cosechar éxitos. Uno fue el de Allende, que derrotó a la esclerosada derecha chilena. Pero la experiencia de esa victoria no fue asimilada democráticamente y, de inmediato, se montó la conjura de la reacción y EE.UU que desembocó en el cruento golpe de Pinochet. Es decir, que la respuesta al intento de la izquierda por legitimarse a través del sufragio, significó la adopción por su adversario del tortuoso camino de la violencia. Luego se sucedieron otros episodios con iguales características…

El acceso de Chávez a la presidencia acarreó la puesta en práctica por la derecha desalojada del poder y la injerencia norteamericana, de la estrategia de la "conspiración permanente" con expresiones como el 11-A, el sabotaje petrolero y la guarimba…

-En Paraguay, un presidente electo por el pueblo, Fernando Lugo, fue desalojado del gobierno mediante un golpe parlamentario tramado por la ultra derecha…

-En Honduras sucedió igual: un presidente progresista, Zelaya, fue derrocado…

-En Nicaragua y El Salvador sus mandatarios, Ortega y Sánchez Ceren, son acechados a diario…

-En Ecuador, el presidente Correa es acosado por constantes intentos golpistas…

-En Bolivia, Morales encara un proceso subversivo que no cesa, pese a las reiteradas victorias electorales del presidente…

-En Brasil, la derecha se quitó la máscara democrática y se trazó como meta impedir que la presidenta Rousseff culmine el mandato…

-En Argentina, a Cristina Kirchner la oligarquía no le da tregua con persistentes intentos por derrocarla…

-En Chile, con motivo del nuevo mandato de Bachelet, la derecha y los restos insepultos del pinochetismo, la mantienen en jaque y piden su renuncia. A tal extremo llega la situación que Isabel Allende, presidenta de la Nueva Mayoría, declaró: "Hay bastantes componentes de sedición contra la presidenta y denuncio una ofensiva opositora para desestabilizarla". La madre de Bachellet, Angela Jeria, advierte que "las críticas a la presidenta le recuerdan los últimos tiempos de Allende"…

¿Acaso esta situación no es la que vive el gobierno constitucional y democrático de Nicolás Maduro? Es la misma. Con matices, y aún más inquietante por la condición antidemocrática de la oposición y el descaro con que actúa el gobierno de EEUU. La acción concertada, dentro y fuera del país, que desconoce el origen del mandato de Maduro y los avances sociales, políticos e institucionales del proceso bolivariano, es parte del guión desestabilizador que los sectores ultras de la región reciclan, irrespetando principios del orden internacional como la no intervención y la ejecución de políticas fundadas en valores democráticos, de respeto a la voluntad popular expresada a través del sufragio. En este contexto, el caso venezolano es emblemático. De lo que ocurra aquí dependerá el futuro de la democracia en la región. Su estabilidad o su desplome…

Un libro que recomiendo: Mujica, una Biografía Inspiradora, de Allan Percy, experto en manuales de superación personal. Semblanza del expresidente uruguayo que resume su pensamiento. Los rasgos de su vida y la sabiduría que emana de él. Plasmada en frases impactantes como esta: "No hay milagro, eso es pura poesía, y fantasía, tu progreso sale del trabajo, del compromiso, de la ciencia, de la seriedad, del levantarse todos los días y volver a empezar, y sentir una derrota. Finalmente, tengo el derecho para gritar que en este mundo derrotados son solo aquellos que dejan de luchar". O esta: "El poder no cambia a las personas, solo revela quiénes verdaderamente son". Compendio de lecciones de un hombre que vive con intensidad, en función de valores, la lucha política…

El encuentro Maduro-Santos, ¡positivo! Pero "amanecerá y veremos" en cuanto al cumplimiento de lo acordado. Un compromiso que corre el riesgo de decepcionar. Ahora las partes están más comprometidas.

Dos

ADIOS AL CHAVISMO

Por: Roland Denis | Lunes, 28/09/2015 12:54 PM

Al paso por calles y campos, si en algún momento cualquiera de nosotros ha tenido que ser parte de la historia reunida en estos últimos 20 o 30 años, sin duda alguna se encontrará con caras malgastadas, frustradas, rabiosas, despidiéndose de una historia que al fin y al cabo es la de ellos y ellas, la historia por muchos años apasionada de lo que se ha llamado el chavismo. Una despedida que no es formal, se mueve entre la duda y hasta el llanto, en otras con la alegría de descargarse de un peso insoportable, pero despedida al fin de la historia que no se pudo.

Este escrito ya desde hace mucho tiempo ha debido hacerse, pero ya es hora de echarlo sobre la rueda pública, palabras que en realidad tienen una connotación tan personal como política. Poco importa, porque ni en lo más íntimo dentro de todos los perfiles de una vida controversial siempre se van uniendo irremediablemente los asuntos personales y los políticos, las cargas sociales y propias que llevamos por dentro. Es por eso que las cosas en definitiva “hay que decirlas” si algo todavía tiene sentido decirse. La revolución son tonterías románticas, utópicas, quizás, pero que cobran toda su razón de ser cuando vemos como el corazón se une a la cantidad de sueños que han atravesado nuestras vidas, y que muchas veces han tenido que sufrir la atrocidad de las bestias represivas; dolor y querencia allí está la confrontación imposible de resolver. Y así como han tenido que sufrir al bárbaro también han sentido la maravilla de la apoteosis colectiva en su propio grito. Seres desplegados pidiendo el olvido a toda la maldición centenaria de la esclavitud, la pobreza y la sumisión para al fin hacerse dueños de sus cuerpos y tierras, que quisieron en su momento decirle adiós para siempre a esa historia odiada. Esa era la revolución y seguirá siéndolo pero en su senda perdida; la premonición de un gran fracaso que se revienta ante nuestros ojos, y que en mi caso lo pude percibir desde muy temprano.

“Prefiero decir un NO” como dice la canción de la diva a seguir convalidando circunstancias que son algo que nos niega dentro de cualquiera que sea el sentido que le hemos dado a los pasos que uno a uno se han hecho entre luchas y sueños, ese es el mensaje latente que se siente tras bastidores de miles y miles de gentes que aún hacen lo posible de darle algún sentido a alguna franela roja que les sobra en el armario. Venezuela es un país mediano, sin connotación alguna dentro de la risa imperial que no sea su inmensa masa de recursos minerales y biocarburos, pero lleno de recordatorios legendarios que la vuelven una ensalada entre los mitos repetidos y las presencias de certeros engañadores a la zaga de la riqueza pública concentrada entre el BCV y PDVSA. Curioso país que no tiene nada que ofrecer en lo que acontece a su actualidad pero es el bolsón originario de todos los heroísmos nuestramericanos. Un meollo al fin sin síntesis posible entre grandezas pasadas y la realidad más inanimada sujeta al mando de quienes jamás entendieron lo que es un paso a favor de la alegría colectiva, ni tampoco les interesó en lo más mínimo. Cuando no hay visión de nación, no hay colectividades profundamente morales y mucho menos de una nación que propone al mundo una vida radicalmente distinta a la que nos impuso el devastador capitalismo, cuando ella es simplemente una guerra que se mueve entre discursivas grandiosas de heroísmos pasados y las ansias desesperadas por tomar el control de las rentas de riqueza que deja el subsuelo sortario, entonces pueden estar seguros que la “razón revolucionaria y emancipadora” rápidamente se esfuma, como ciertamente ha pasado y con ella lo mejor del chavismo.

El chavismo se fraguó como una apuesta subversiva que supo en su momento recoger todas las fuerzas que quedaron pendientes luego de los grandes fracasos de las izquierdas armadas y reformistas, al mismo tiempo que una jugada con seres gansteriles que supieron entender que lo mejor era entremezclarse con la diáspora rebelde que desde mediados de los años ochenta no tuvo manera de contenerse, poniendo bajo la mesa muy bien escondida el verdadero conservadurismo que unía en una misma cofradía conspirativa al gánster con el ser más reaccionario, unidos al vuelo subversivo de los soñadores. Desde esa majestuosa ensalada donde no hay sabor que se combine, es que se entiende que el nuevo apogeo revolucionario tenía que asumir las formas de una gesta caudillesca como en efecto pasó. De hecho era imposible para aquel entonces una dirección colectiva, ideológicamente homogénea, más bien las apologías “a la diversidad, a la horizontalidad” que una y otra vez repetimos, en nuestro caso particular paradójicamente no eran más que una bienvenida al caudillismo, un rechazo al nosotros unificado y organizado y una raro retraimiento al “pueblo” liso y pobre comandado por su hijo elegido, de siglos pasados. Por estas mismas razones, era inaceptable la emergencia de un caudillo imponente y despótico, sino un aprendiz de la base popular que dio vida; la maravillosa senda y personalidad de Chávez. Él también tenía que ser “diverso y horizontal”, es decir, igualitario, algo que Chávez entendió y militó en ello, aunque me haya pateado en la cara el libro de “Los Fabricantes de la Rebelión”, por indudable soberbia.

Desgraciadamente ese mismo aprendiz de multitudes, de sus sueños y de sus programas, de la radicalidad extrema a la hora de proponer un nuevo horizonte a nuestro país, de esa fantasía inicialmente maravillosa del poder popular, del vomitar cualquier pasado para hacer cierta la posibilidad de algo que se asemeje a la realización material bolivariana, al mismo tiempo convirtió en tesis de gobierno arrastrar esa ensalada gansteril que poco a poco se fue comiendo no solo las antesalas burocráticas de la presidencia y ministerios sino a colectivos, dirigentes, cuadros históricos de la lucha revolucionaria. Si hay un legado de Chávez realmente oscuro es el no haberse sacado de encima el caudillo que lo obligaron a ser para convertirse en el dirigente con disposición a utilizar el mando de Estado en contra del sustrato gansteril que lo acompañó en su fase conspirativa y posteriormente democrática.

Esta maraña de situaciones tengo años tratando de entenderla después de sufrirla, en algunos casos de escribirla, sin mayores éxitos, lo cierto es que tenía que suceder lo que hoy sucede para tomar el paso del cual muchos sencillos seres de mi país hacen sin mayores complejidades mentales, aunque sean muy intensos sus sentimientos: el adiós al chavismo. Una revolución supone situaciones de dura decisión que llevan consigo todos los riesgos de la historia, sin esas decisiones es absurdo, cobarde y mentiroso hablar de ella y mucho menos dirigir en nombre de ella. Si aquí no se hizo desde los inicios que era indispensable entonces desde hace mucho tiempo hemos debido hablar en estos términos. El chavismo muere con Chávez al igual que el fidelismo muere con la ida de Fidel de la dirección de Estado. Cuba y Venezuela han sido las últimas utopías de Estado revolucionario encarnadas en los héroes que le dieron paso. Chávez al no romper con el caudillo que le crearon alrededor suyo, no tuvo otra salida que gritar la necesidad de la ruptura cuando su vida se sabía acabado, pero aún así, y personalmente sin entender aún porque no se atrevió a ello, dejo intacto el sustrato gansteril. No entiendo porque más miedo se le tiene al poder que te rodea que a la propia muerte. ¿Es que las estructuras de burocráticas de Estado son tan inmensamente poderosas que aún frente a la evidencia de la muerte se imponen?. Aquí hay algo que no entiendo, es un fondo metafísico desconocido o simplemente alguna información que me falta, o será que soy un imbécil.

A partir de allí ha venido un desastre que harto estamos de denunciarlo en sus efectos y orígenes material-económicos, políticos, sociales, pero en este caso no se trata de repetir lo gritado. Un amigo me decía que en estos días en uno de estos programas de chismes contra la oposición de Diosdado Cabello, el amigo ya no solo habla de chismes acompañados por cualquier cantidad de discursos de Chávez, sino que ahora, asemejando al caudillo, hace programas junto a civiles y militares que lo aplauden. Pero burlándose de su héroe y comandante, hace poco monta un programa donde su público militar y civil, aplaude nada menos que una hora de televisión presentando a su familia. No es la familia de su cachifa que las deben tener a montones la que vale, no es la familia haciendo colas condenada a un sueldo pírrico que no es más que explotación pura de una fuerza de trabajo que paga con su esfuerzo lo que otros han desfalcado, es su familia, padres, tíos, hijos, hermanos, y dele, gozando las consecuencias infectas de una historia. Su goce es el retrato perfecto de la burla a nuestra explotación como pueblo. Pero en fin, más que el aborrecimiento que personalmente me da semejante manipulación mediática con valores fotográficos gomecistas o propios de las culturas pictóricas de la oligarquía del siglo XIX, quiero simplemente acotar que el “adiós al chavismo” no es solo del honor indignado del pobre, es también de los que se gozan con televisión al frente, todas las divinidades del poder. Si mi familia es lo bonito, el caudal de una fama política heredada, entonces mi amigo usted quedó absorbido del todo dentro de una equivalencia sonámbula de que su familia pueda ser el retrato de algún placer que dignifique al ser nacional. ¡Que locura egocéntrica, reaccionaria y hedonista!... ¡adiós al poco chavismo realmente profuso y de pueblo que queda!... y súmenle una cuota simbólica evidente: militares aplaudiendo el acto, es al mismo tiempo un mensaje de terror que bajo sus sonrisas compradas nos están añadiendo haciendo uso familiar del orden mediático que controlan.

El poder corrompe, si claro pero más allá de todo el poder es una creación histórica desde que un hombre se puso por encima de otro creando las diferencias sociales, algo que solo desde Maquiavelo se entendió cuan poco tenía que ver con lo moral sí mucho de la capacidad de mover las técnicas de la manipulación de circunstancias en la relación amigo-enemigo. Fue genial su aprendizaje o lo que inspiró, dejó en claro de que se trata la política frente a un mundo que se preparaba para invadir el mundo bajo su modelo mercantil-explotador que habrían de llamar “democracia”. El chavismo como a todos le tocó también corromperse, reproduciéndose en un legado de digna manipulación maquiavélica donde a diferencia de tantas memorias revolucionarias pasadas no deja materialmente nada. No deja nada que suponga inteligencia, productividad, ciencia, organización colectiva, de lo cual podamos estar orgullosos a pesar de todo. Es un legado vacío y meramente simbólico, donde solo los pocos que han podido resistir al cerco violento y burocrático al que han condenado este país, quedan medrando un grito revolucionario y autogobernante posible: comunidades, comunas, ordenes de control obrero decaídos, sin posibilidad alguna de unificarse para despedazar esta infernal burla. Eso ahora es imposible, más tarde quizás pero los pasos de unión habrá que darlos, y son muchos y largos.

El “adiós al chavismo” es el adiós a un extraordinario sueño que frente a nuestras caras se nos convirtió en una pesadilla, en una especie de maldición a la cual todas las tendencias que se dicen revolucionarias día a día le proponen una salida; unas mas principistas, otras más pragmáticas, otras valientemente se despegan del comando político oficial. Pero así mismo, todos los días esto va perdiendo más y más sentido, ya que el chavismo dejó de tenerlo, siendo inútil proponerle salidas cuando su esencia quedó totalmente ahogada en el fichaje gansteril que gobierna el gobierno, gobierna sus bases, gobierna el saqueo monumental que han generado.

Los afiches del recuerdo chavista y del mismo Chávez se desmoronan ante la indiferencia colectiva, para pasar a la nada, al símbolo sin contenido propio de los capitalismos informáticos, esa “estética del vacío” que inauguraron ya hace unos años nuestros espléndidos escuálidos. Y esa es precisamente la razón por la cual el chavismo muere condenando a todo un pueblo a la improductividad, fascinado por la capacidad de manipulación que le ha dejado su comandante-presidente y que se la arrebatan después de muerto, pero deshaciéndose a su vez en esta fascinación mediatizada. Se olvidaron de hacer el cálculo en el tiempo de cuánto funciona semejante imposición al subconsciente colectivo. Ya llegó su fin, ya llegó el adiós que millones le estamos dando.

Estoy seguro no obstante, que este adiós, y los que se van a ir acotando, no son solo un final de frustraciones dejando castrada la aventura revolucionaria. Precisamente ese enorme vacío, ese contexto de radical improductividad con que deja tirado el chavismo este país, puede ser al mismo tiempo, el punto de partida de un nuevo brote soñador, sin caudillos ni ordenes simbólicos preestablecidos, de relaciones directas, horizontales, comunicantes y productivas entre comunidades de seres trabajadores donde resplandezca de nuevo la “moral del alzado”. Si nos fijamos en el proceso de pacificación de las FARC y probablemente el ELN en Colombia, también podría decirse que muere lo que fue un gran sueño lleno de sangre. O la misma Cuba de donde renace el placer de la usura y la acumulación, después de décadas de increíbles esfuerzos, combinada a la amistad con los EEUU. Puede ser que generaciones que ya hemos pasado los años nos quedemos atrapadas en esta frustración, trataré que no sea mi caso. La sangre nuestramericana no se va a quedar quieta, y mucho menos entre nosotros venezolanos donde el chavismo al irse finalmente al carajo, nos deja todo por hacer, vivitas las utopías de quien no acepta morir entre afiches y propagandas; la nada nos forzará a la creación. Un mundo nuevo sigue por crearse y la belleza vital del Che que todavía muerto parecía en vida, lo sigue inspirando, mientras tanto váyanse al coño de lo que sea grandísimos farsantes, ladrones, mentirosos, traidores, que el pueblo venezolano y nuestramericano pide paso, y si no se lo dan será de nuevo con su sangre que sabrá dárselo, ¡no hay pueblo vencido!

de: Jose Gabriel ruiz santamaria <comasolven8@gmail.com>
para: Gabriel Ruiz <comasolven8@gmail.com>, (…)
fecha: 14 de octubre de 2015, 14:46
asunto: Re: Dossier 13 oct
enviado por: gmail.com
firmado por: gmail.com
-.o0o.-


COLECTIVO PERÚ INTEGRAL
21 de octubre de 2015

viernes, 17 de enero de 2014

ESTADO COMUNAL O REVOLUCIÓN COMUNAL



16-01-2014

I

Desde hace alrededor de tres años el discurso político revolucionario proveniente de las bases del chavismo se ha concentrado fundamentalmente en una meta: la construcción del llamado “Estado Comunal”, mediado por la constitución de comunas socialistas como espacios de autogobierno del pueblo. El sueño de crear un Estado organizado en comunas. Aunque nunca habló de Estado Comunal propiamente, ésta es, si se quiere, la última gran meta nacional que deja Hugo Chávez; convirtiéndose en bandera de numerosos movimientos sociales, y del discurso político oficial, desde la presidencia hacia abajo. Pero ¿qué quiere decir un Estado Comunal?. Uno de los problemas reiterativos de la dirigencia chavista en todos estos años es la costumbre de inflar los conceptos políticos, dichos en un tono de estruendosa radicalidad, pero que, a la hora de descomponer su significado concreto (descrito en leyes y programas) y consecuencias reales en la estructura de orden de una sociedad, o en la estrategia política de un gobierno, nada queda claro, salvo el tono pomposo en que se ha dicho. 

Estado Comunal supone, en principio, la formación de numerosas comunas, y éstas a su vez estarán normadas por una ley, que no habla de otra cosa que de los pasos que una población cualquiera ha de dar para que se sea aceptada la existencia de una comuna en determinado territorio. El criterio es agregativo, es decir, se suman un determinado grupos de consejos comunales que seguirán unos determinados pasos asamblearios, electivos y de delegación de funciones, estableciendo acuerdos y proyectos comunes hasta terminar en una carta fundacional que debería darle legalidad a la nueva comuna. Bajo la costumbre empezada desde el 2005, fecha que comienza a legalizarse la figura del consejo comunal, el movimiento popular, desde las alturas del Estado, se concibe como una serie homogénea de espacios de organización integrados por la actividad directiva del Estado. Es la serialización del movimiento y el poder popular, visto en cada una de las localidades desde donde irrumpe, y luego es cooptado y administrado por el fuero burocrático, hasta ordenarlo en pequeñas series de núcleos reconocidos que son homogeneizados (son y valen lo mismo en el papel) dentro de las oficinas gubernamentales . En el caso de las comunas no es nada distinto, aumenta simplemente el límite territorial hasta concebir no sólo comunas, sino ciudades y confederaciones comunales, que irían convirtiéndose en una “telaraña”, como dice el ministro Iturriza. Bonita figura, pero que al final, no es más que una nueva división político-territorial paralela al viejo Estado, creado en la constituyente del 61 y aún vigente. 

La derecha opositora denuncia esto porque efectivamente le quiebra su piso representativo-partidista tradicional ligado a los municipios y gobernaciones, dándole preferencia al poder delegativo controlado, en principio, desde la acción política de Estado y el PSUV. La derecha oficial del chavismo lo defiende porque le asegura una base obediente organizada que se encargará de determinados asuntos propios de las comunidades, mano de obra empleada, y su lealtad a los mandos del poder constituido y el gobierno en particular. Mientras la esencia de las relaciones sociales de poder, estructuradas a través de la propiedad sobre el capital, la tierra y los medios de producción, no cambian en absoluto. Ambas derechas (entendida la derecha como aquella ubicación política interesada en la conservación de lo mismo, cambiar para que no cambie nada) garantizan desde su óptica la obediencia social a su proyecto de dominio, teniendo en este caso la delantera quien maneja actualmente el gobierno. 

El Estado Comunal, en ese sentido, es una fantasía burocrática agregativa, externa totalmente al proceso concreto en que se desenvuelve tanto la lucha de clases, como los proyectos emancipativos en cada región o territorio, e igualmente externo a las pocas comunas que realmente se han venido constituyendo con el pueblo en lucha a la cabeza. Ese Estado Comunal que ya habla a través del ministerio de comunas y el discurso social del gobierno, suma, según declaraciones, más de trescientas comunas constituidas este año (¿dónde?, ¿quienes hablan por ellas?, ¿qué cambiaron?, ¿que hacen?, ¿qué producen? ¿cuánta gente participa?, ¿qué insurgencia les dio vida?, ¿qué expropiaron?, ¿cuál es su ley autogobernante?), y alrededor de tres o cuatro mil, dentro de tres años, de acuerdo al plan estratégico establecido en las oficinas ministeriales. 

Esto es un escupitazo a cualquier preámbulo básico del pensamiento liberador, que mucho antes de estar haciendo cuentas y números del mundo que habrá de ordenar, construye la idea, produce la acción, genera movimiento para que una realidad “otra”, es decir, un hecho transformador real pueda manifestarse y generar el poder constituyente necesario que garantice su expansión y hegemonía por el resto del espacio dominado por las viejas estructuras de poder y dominio. En definitiva, trescientas o tres mil comunas, pre-vistas y pre-establecidas en mapas y divisiones arbitrarias hechas en los lugares de oficina o en las reuniones de un grupo cerrado de activistas gobierneros en algún punto del país, es sin duda, un proyecto de control político ajustado al lenguaje revolucionario de los últimos años. Algo que ha querido negar y hasta advertir de su peligro, el ministro Iturriza, pidiendo prioridad a lo político y no lo administrativo, pero que se derrumba en su propio plan estratégico ministerial (ya publicado en la página web del ministerio), quedando perfectamente claro el propósito de hacer muchas “comunas”, miles, que no sean formatos genéricos de organización que cualquier grupo político-social puede emprender junto a sus aliados territoriales, hasta terminar constituyendo una supuesta institución de autogobierno popular que nadie conoce. 

El Estado Comunal no es otra cosa que un burócrata vigilando, dando aprobaciones, permisos y recursos -o no- a un grupo de personas probablemente de muy buena voluntad, otros mas vivarachos; que antes de reventar el aplastamiento opresivo, le garantizarán su perpetuidad en el poder. Es una fantasía que delira en aquella visión muy comentada últimamente de unas supuestas 22 millones de personas viviendo en comunas en pocos años. ¿En comunas o bajo el dominio de un Estado Comunal que verán en ellas ciudadanos integrados al territorio, que les dio la gana de nombrar comuna, y organizar en ella su poder local?. De acuerdo a este plan serán 22 millones de personas que en algún momento les avisarán que son parte de tal o cual comuna (cerca de mi casa, utilizando el nombre de un gran revolucionario y hermano de vida mio ya despedido de esta tierra, hay supuestamente una comuna en formación ¿o constituida? que ni rogando me invitan a saber de qué se trata, ni a mi, ni mucho menos al que hace café en la esquina). Son 22 millones de personas manejadas y “representadas” en el mas burdo sentido de la opereta democratista, por un grupo, que de acuerdo a los cálculos, no llega ni al 5% de la población; particularmente en zonas urbanas, donde la dispersión existencial y complejidad clasista de esa población es muy superior al campo. En fin, un delirio del poder burocrático. 

II

¿Pero esto le quita sentido al principio de Comuna?. Por esta vía podrían acabarlo, ya que las comunas, al final, serán un fracaso rotundo, en lo que supone lo más importante de todo, que es su constitución como espacio de transformación radical de la vida; una comunidad restablecida sobre parámetros antagónicos al individualismo perdido y egoísta de la vida, dentro del mundo capitalista. Un fracaso productivo, ya que se están hablando de empresas comunales marginales que no cambiaran para nada la estructura vampírica del modelo económico rentista y el poder corporativo de Estado. Estructuras de territorio estático, que al final, hasta los más comprometidos tenderán a abandonar, obligados por el orden salarial y de sobrevivencia capitalista que los rodea y supera infinitamente. 

Por ello, y tomando como referencia de apoyo, el inmenso descontento que se ha venido sumando en todas las bases populares que han garantizado la sobrevivencia del ideario revolucionario por todo lo que supone la confrontación, con tanta falsedad regada, entre los estamentos estatales; la recomendación es, primero, dejar de lado esa fantasía, de hecho muy libresca, del Estado Comunal, que puede terminar siendo una calamidad. Y en segundo lugar, avanzar efectivamente en un movimiento comunero que asuma de lleno el reto, no de un Estado, sino de una Revolución Comunal. 

¿Qué puede significar esto?. La comuna es un sujeto social y político que se constituye en un proceso, que de hecho, ya ha avanzado sus pasos en varias regiones del país, generando una experiencia subversiva al orden representativo-capitalista, todavía precaria y débil, pero donde se acumulan saberes y experiencias que podrían acelerar los pasos en ciertas condiciones. Un sujeto del que nadie decreta su existencia, que se hace gracias el empeño luchador y territorial de vanguardias colectivas que asumen de lleno el reto revolucionario y se dan el derecho de crear, bajo cualquier condición, una realidad de justicia e igualdad. Es una “utopía”, en el sentido clásico del término, que necesita hacerse real por objetivos de liberación y sobrevivencia del planeta, donde lo fundamental está en la capacidad política autónoma que vaya sintetizando, cuyo movimiento ha de decidirse a dar pasos superiores de lucha. 

Estemos claros que ningún orden libertario puede llegar a constituirse de manera legal. Eso es pedirle al hidrógeno que por alquimia milagrosa se transforme en agua. Se necesita el oxígeno de lo que respira y se mueve por fuera del “antiguo régimen” para encontrar la laguna conveniente y criar en sus aguas los sujetos dispuestos en primer lugar a NEGAR EL ESTADO BURGUÉS, entenderse dentro de una dinámica ética y políticamente superior a él, no sujeta a sus leyes -que cuando mucho se negocian-, menos a sus ordenes y condiciones. Es lo mismo que hicieron las comunas de Castilla del siglo XVI, que tanto felicitó Marx, como la primera revolución seria de Europa, las cuales se enfrentaron abiertamente al imperio español naciente. Es lo que hicieron los comuneros de la Nueva Granada al enfrentar el colonialismo de entonces. Es la comuna proletaria de París o los soviets revolucionarios del 1905 y 17; las comunas chinas de los años cincuenta y sesenta, entre tantas otras experiencias mundiales. Todas estas comunas lo fueron porque negaron el derecho del “antiguo régimen”, o de nuevos órdenes opresores en formación, a regir la vida de quienes ya se han dado o comienzan a darse, “otro orden de vida” sobre parámetros éticos contrarios y superiores. La comuna no es una nueva división territorial del país, es la revolución social llevada a su máxima expresión territorial. 

Esto por supuesto necesita que se invierta por completo la visión de dicho proceso comunero, un “golpe de timón” efectivamente. Quienes hacen comunas son los comuneros en un movimiento nacional y articulado que produce su propio plan estratégico. Un movimiento que exige respeto al Estado y obediencia a sus decisiones, de acuerdo al artículo 71 de la constitución, si se requiere legalidad; y a la premisa de “mandar obedeciendo” del Plan Patria, si se trata de congruencia política conjunta. Si no hay respeto los niveles de lucha pasan a otro nivel como condición de vida o muerte para el proceso comunal revolucionario. Por otra parte, si la forma-comuna no es ninguna serie homogénea de espacios organizados que han cumplido con unos determinados pasos de ley y de allí son “reconocidos”; es por tanto, un movimiento vivo y expansivo, profundamente participativo y horizontal, tan diverso como cada región y sociedad donde se desata, y a la vez unificado en un objetivo común revolucionario, donde los ritmos y procesos son altamente distintos (sobretodo si diferenciamos los procesos de ciudad y el campo) y al mismo tiempo convergentes política y estratégicamente. Aquí no cabe un plan de trescientas o tres mil comunas preplanificadas para un determinado tiempo exigido desde arriba, porque se trata de un tiempo político que nada tiene que ver con los ritmos e intereses del orden constituido. Por lo cual no estamos hablando de una serie de papeles registrados con poblaciones anónimas incluidas por obligación y a sorpresa de cada quien; sino de una insurgencia diferenciada, profundamente solidaria, y articulada entre sí, producida por sujetos conscientes y plenamente politizados, trabajando en un cruce dialéctico de tiempos, que pasa por días de rapidísimo avance que pueden ser hasta insurreccionales, y a su vez de años de difícil construcción societal. 

Existen entonces exigencias comunes de respeto y obediencia del Estado. Pero cuidado, es posible que si nos atrevemos a anticipar exigencias al final no sean mas que una estupidez, dada la complejidad que supone un proceso real de construcción de comuna (empezando por la pregunta: ¿serán en paz o en un clima de confrontación abierta?, aquí en Venezuela es casi un hecho) en un mundo que ya no es una realidad atomizada de colectividades humanas, sino un mundo cada vez más globalizado y “desterritorializado”. No obstante, atrevámonos a jugar el papel de conciencia ilustrada y enumeremos un mínimo de exigencias, y por sugerencia nuestra, al movimiento: 

-En primer lugar, una comuna no es una suma de consejos comunales sino de núcleos reales y dinámicos de lucha, espacios de producción de colectivos e individuos que trabajan en pro del poder popular (donde pueden estar, por supuesto, consejos comunales) y se alinean en función de crear un orden autogobernante (metafóricamente es una república autogobernante territorialmente constituida).

-Establece una nueva democracia que no es ni meramente delegativa ni mucho menos representativa, borra la división entre gobernantes y gobernados, siendo una democracia abierta y directa, que se ordenará de muy diversos modos de acuerdo a la cultura, el espacio, las posibilidades tecnológicas y las exigencias del colectivo (todo lo contrario a la ley que formatea homogéneamente el orden “democrático” de las comunas como cualquier burgués liberal que diseña “su empresa y su nación”). 

-Absorbe el poder territorial y exige al Estado el traspaso del conjunto de las políticas públicas bajo su mando colectivo (misiones, etc). 

-Toma bajo su conducción, de acuerdo a una nueva concepción de la educación, la salud, el deporte, la cultura, el desarrollo de los centros locales de dichos servicios y participa directamente en la cogestión de los centros de carácter nacional (quiebra las paredes donde aún se enclaustran estos servicios y los hace de todos y de acuerdo al saber de todos). 

-Se desarrolla posesionándose o exigiendo el control absoluto o cogestionado de los principales centros de producción locales en que caso de existir, de lo contrario, exige los recursos necesarios de capital, tierra y maquinaria para que esto sea posible, de acuerdo a un plan consensuado colectivamente que será autogestionado en una visión integral de las necesidades de desarrollo. 

-Los planes de cada comuna los aprueba ella misma, no el Estado, quien por el contrario, debe ponerse a su servicio. 

-Exigirá al Estado de acuerdo a las características del espacio un avance profundo en el proceso de socialización de la tierra. 

-La propiedad privada y pública de producción, comercio y vivienda aportarán directamente a la comuna como impuesto al capital en recursos de uso o de dinero (condición para su participación en la misma de sujetos privados) 

-Dentro de las relaciones comunales y centros de producción de bienes en proceso de desarrollo no existirá la propiedad privada ni la división social del trabajo. El establecimiento de relaciones salariales, colaboraciones, contrataciones y reparto de beneficios, en caso de haberlos, se establecerá de acuerdo a cada circunstancia. 

-No aceptará ninguna empresa que suponga el deterioro del ambiente y la mala alimentación, desarrollando iniciativas y tecnologías para la recuperación de los ecosistemas locales. 

-Establecerá, tomando como referencia el plan nacional comunal y nacional, un entretejido cada vez más complejo de relaciones de inversión conjunta, intercambio, comercialización, formación, comunicación con otras comunas, centros de producción y espacios sociales en función de ir creando una verdadera economía socializada.

-Estas mismas relaciones se extenderán a nivel internacional, para lo cual el Estado estará en la obligación de facilitar las condiciones de posibilidad. 

-Hará respetar su derecho a la defensa y seguridad propia, estableciendo una coordinación directa, mas no sumisa, con los cuerpos policiales y militares del Estado. 

-Cada comuna igualmente ha de comprometerse en rendir cuentas a la sociedad en su conjunto, de manera transparente y abierta. En ese sentido ella pueda ser juzgada o incluso sancionada si sus principios y aportes obligados a la sociedad en su conjunto no sean cumplidos. 

Todos estos elementos hacen parte de una memoria colectiva convertida en premisas programáticas todavía a prueba y por ejercerse. Queda abierto de todas formas un proceso más complejo aún, de acuerdo al mundo en que nos toca vivir en este siglo. Obviamente el individuo y el colectivo no son realidades que se puedan fusionar absolutamente, a estas alturas, de acuerdo a un colectivismo clásico y estático territorialmente. Los territorios hoy en día no sólo son físicos, son igualmente virtuales, por lo cual una comuna o confederación de las mismas, puede perfectamente incorporar en su seno individuos de aquí y el mundo entero, internacionalizándose y haciéndose ella un evento plurinacional, ampliando su espacio tanto físico como virtual a un nivel indefinido. Igualmente pasa con el individuo en sí. Primeramente todo individuo tiene el derecho de participar o no en un determinado proceso comunal obviamente. Pero mucho más allá, un individuo que quiera hacerse comunero no sólo vive la contradicción de la sociedad capitalista que perdura, sino que hace más trágica su realidad como individuo alienado, aislado y a la vez social, eso ya es un problema inmenso. Además, como “individuo del mundo” tiene todo derecho a ser parte de una o cuanta comuna quiera ser parte activa, con la aprobación de la misma. En respuesta, un individuo a estas alturas pueden ser parte de variados procesos de transformación comunal, aportar a ellos, y de allí superar la tragedia de la sobrevivencia capitalista, ampliando infinitamente su existencia liberada. Si lo vemos desde esta lógica de apertura territorial las comunas venezolanas podrían potencialmente integrar al mundo entero (no veintidós ¡sino a cuatro mil millones de seres humanos!). Y viceversa, un mundo donde triunfe la libertad sobre la explotación podría igualmente integrar a todos los venezolanos. Entramos entonces en una fase realmente extraordinaria de liberación humana de fronteras y ataduras que sólo una verdadera revolución comunal, autogobernante, socialista, puede visualizar y concretar. Cada comuna es entonces toda la humanidad liberada.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=179520