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domingo, 6 de octubre de 2024

ORGANIZACIÓN Y PLANEACIÓN (8): DE LA GUERRA KARL VON CLAUSEWITZ

 


 

   B. LA GUERRA COMO INSTRUMENTO DE LA POLÍTICA. Hasta ahora habíamos tenido que considerar, ya sea de un lado o de otro, el estado de antagonismo en que se halla la naturaleza de la guerra con relación a los intereses de los hombres, considerados individualmente o en grupos sociales, a fin de no descuidar ninguno de los elementos opuestos -antagonismo que está fundado en nuestra propia naturaleza y que, en consecuencia, ninguna filosofía puede descifrar y aclarar-. Nos ocuparemos ahora de esa unidad a la cual adhieren, en la vida práctica, estos elementos antagónicos, al neutralizarse en parte uno al otro. Habríamos considerado esta unidad desde el principio, si no hubiera sido necesario subrayar estas contradicciones evidentes y considerar también separadamente los diferentes elementos. Esta unidad es la concepción de que la guerra es sólo una parte del intercambio político y, por lo tanto, en ninguna forma constituye una cosa independiente en sí misma.


   Sabemos, por supuesto, que la guerra sólo se produce a través del intercambio político de los gobiernos y de las naciones; pero en general se supone que ese intercambio se interrumpe con la guerra y que sigue un estado de cosas totalmente diferente, no sujeto a ley alguna fuera de las suyas propias.


   Sostenemos, por el contrario, que la guerra no es otra cosa que la continuación del intercambio político con una combinación de otros medios. Decimos "con una combinación de otros medios" a fin de afirmar con ello, al mismo tiempo, que este intercambio político no cesa en el curso de la guerra misma, no se transforma en algo diferente, sino que, en su esencia, continúa existiendo, sea cual sea el medio que utilices, y que las líneas principales a lo largo de las cuales se desarrollan los acontecimientos de la guerra y a las cuales están ligados son sólo las características generales de la política que se prolonga durante toda la guerra hasta que llegue la paz. ¿Y cómo podríamos concebir que esto fuera de otra manera? ¿Acaso la interrupción de las notas diplomáticas paraliza las relaciones políticas entre las diferentes naciones y gobiernos?  ¿No es la guerra, simplemente, otra clase de escritura y de lenguaje para sus pensamientos?  Es seguro que posee su propia gramática, pero no su lógica propia.


   De acuerdo con esto, la guerra nunca puede separarse del intercambio político y si, al considerar el asunto, esto sucede en alguna parte, se romperán en cierto sentido todos los hilos de las diferentes relaciones, y tendremos ante nosotros una cosa sin sentido, carente de objetivo.


   Esta forma de considerar el asunto sería indispensable aun si la guerra fuera una guerra total, un elemento de hostilidad completamente desenfrenado. Todas las circunstancias sobre las cuales descansa y que determinan sus características principales, a saber, nuestro propio poder, el poder del enemigo, de los aliados de ambas partes, las características del pueblo y del gobierno respectivamente, etc. -tal como han sido enumeradas en el libro 1, capítulo 1-, ¿no son acaso de naturaleza política, y no están conectadas tan íntimamente con todo el intercambio político que es imposible separarlas del mismo?  Pero este punto de vista es doblemente indispensable si pensamos que la guerra real no consiste en un esfuerzo consecuente que tiende hacia el último extremo, como debería serlo de acuerdo con la teoría abstracta, sino que es algo hecho a desgana, una contradicción en sí misma; que, como tal, no puede seguir sus propias leyes, sino que debe ser considerada como parte de otro lado, y este todo es la política.


   La política, al hacer uso de la guerra, evita todas las conclusiones rigurosas que provienen de su naturaleza; se preocupa poco por las posibilidades inmediatas. Si, debido a esto, toda la transacción está envuelta en la incertidumbre, si la guerra se convierte con ello en una especie de juego, la política de cada gabinete alimenta la creencia segura de que en este juego sobrepasará a su adversario en habilidad y discernimiento.


  De esta suerte, la política hace de todos los elementos poderosos y temibles de la guerra un mero instrumento, de la temible espada de las batallas, que debería empuñarse con ambas manos y descargarse con toda la fuerza del cuerpo, para que diera un solo golpe, la convierte en una daga liviana y manuable, que a veces no es nada más que un espadín que la política usa, a su vez, para las embestidas, las fintas y las paradas.


   De este modo, pueden solucionarse las contradicciones en las que el hombre, naturalmente tímido, se ve envuelto en la guerra, si aceptamos esto como una solución.


   Si la guerra pertenece a la política, adquirirá, naturalmente, su carácter. Si la política es grande y poderosa, igualmente lo será la guerra, y esto puede ser llevado a la altura en que la guerra alcanza su forma absoluta.


   Al concebir la guerra de esta manera, no debemos perder de vista, por lo tanto, la forma de guerra absoluta, mejor dicho, su imagen debe estar siempre presente en el fondo.


   Solamente gracias a esta forma de concebirla, la guerra se convierte una vez más en una unidad; solamente así podemos considerar todas la guerras como cosas de una sola clase; y sólo así el juicio podrá obtener las bases y los puntos de vista verdaderos y exactos con los cuales habrán de hacerse y juzgarse los grandes planes.


   Es verdad que el elemento político no penetra profundamente en los detalles de la guerra. Los centinelas no son apostados ni las patrullas enviadas a hacer sus rondas basándose en consideraciones políticas. Pero su influencia es muy decisiva con respecto al plan de toda la guerra, de la campaña y a menudo hasta de la batalla,


   Por esta razón, no teníamos prisa en establecer este punto de vista desde el principio. Mientras nos ocupábamos  de detalles y circunstancias menores, habría distraído nuestra atención; pero es indispensable en el plan de la guerra o de la campaña.


   En general, no hay nada más importante en la vida que encontrar en forma exacta el punto de vista desde el cual deben juzgarse y considerarse las cosas y mantenerlo luego, porque sólo podemos comprender la masa de acontecimientos en su unidad, desde un punto de vista, y sólo manteniendo estrictamente este punto de vista podemos evitar las inconsecuencias.


   Por lo tanto, si al apoyar el plan de una guerra no es permisible tener dos o tres puntos de vista, desde los cuales las cosas podrían considerarse, por ejemplo, en un momento determinado adoptar el punto de vista del soldado, en otro momento el del gobernante o el del político, etc., entonces el siguiente problema será dilucidar si la política es necesariamente lo principal y si todo lo demás está subordinado a ella.


   Se ha supuesto que la política une y reconcilia dentro de sí todos los intereses de la administración interna y también los de la humanidad y todo aquello que la mente filosófica pueda traer a colación, porque no es nada en sí misma, sino una mera representación de todos esos intereses hacia otros estados. No nos interesa aquí el hecho de que la política pueda tomar una dirección errónea y preferir fomentar fines ambiciosos, intereses privados o la vanidad de los gobernantes, porque en ninguna circunstancia el arte de la guerra puede considerarse como el preceptor de la política, y sólo podemos considerar aquí a la política como la representación de todos los intereses de la comunidad entera.


   En consecuencia, la única cuestión estriba en si, al proyectar y formular los planes para una guerra, el punto de vista puramente militar (si fuera concebible un punto de vista como ése), es decir, si debería desaparecer por completo o supeditarse al mismo, o si el punto de vista político debería seguir el punto de vista predominante y rector, y el militar deberá supeditarse al otro.


   Que el punto de vista político debiera terminar por completo cuando comienza la guerra sólo sería concebible si las guerras fueran luchas de vida o muerte, originadas por el odio puro. Tal como son las guerras en realidad, sólo constituyen, como hemos dicho antes, manifestaciones de la política misma. La subordinación del punto de vista político al militar sería irrazonable, porque la política ha creado la guerra; la política es la facultad inteligente, la guerra es sólo el instrumento y no a la inversa. La subordinación del punto de vista militar al político es, en consecuencia, lo único posible.


   Si reflexionamos en la naturaleza de la guerra real y recordamos lo que ha sido dicho en el capítulo III de este libro, o sea, que toda guerra deberá ser comprendida de acuerdo con la posibilidad de su carácter y de sus características principales, tal como ha de deducirse de las fuerzas y de las condiciones políticas y que a menudo, en realidad en nuestros días podemos afirmar con seguridad que casi siempre, la guerra ha de considerarse como un todo orgánico, del cual no pueden separarse los miembros individuales, en la que, por consiguiente, toda actividad individual fluye siempre dentro del todo y tiene también su origen en la idea de este todo, entonces, se hará perfectamente claro y seguro que el punto de vista más elevado para la conducción de la guerra, del cual provienen sus características principales, no puede ser otro que el de esa política.


   Partiendo de este punto de vista, nuestros planes emergen al igual que de un molde; nuestras convicciones ganan fuerza, los móviles son más satisfactorios y la historia más inteligible.


   Desde este punto de vista, por lo menos, no existe ya el conflicto natural entre los intereses militares y los políticos, y donde éste aparece ha de considerársele meramente como un conocimiento imperfecto. P. 283


   En una palabra, en su punto de vista más elevado, el arte de la guerra se transforma en política, pero, por supuesto, en una política que libra batallas en lugar de escribir notas diplomáticas.   P. 287


      DE LA GUERRA, por Karl von Clausewitz, 1832

      Editorial Labor, S.A. 1992, Barcelona, 304 págs. 14 x 22 cms


      Karl von Clausewitz (1780-1831), general prusiano, filósofo de la guerra, filósofo e historiador. De la Guerra, editada por su viuda, comprende ocho libros. Clausewitz tuvo discípulos en casi todas las naciones e incluso en cada una de las clases sociales, y continuadores suyos aparecen a derecha e izquierda, aún en nuestra época: Mac Arthur y Mao Zedong. (Editorial)  Lenin apreció mucho su relación entre guerra y política.

 Compilación Ragarro


miércoles, 2 de octubre de 2024

ORGANIZACIÓN Y PLANEACIÓN (4): MAQUIAVELO, EL ARTE DE LA GUERRA



Muchos son, Lorenzo, quienes han sostenido y sostienen: que no hay cosa que menos conformidad tenga con otra, ni que sea tan disímil, como la vida civil respecto de la vida militar. Por lo cual a menudo se ve que si alguien decide dedicarse a la actividad militar, no sólo cambia repentinamente de indumentaria, sino que se diferencia de todo uso civil también en sus costumbres, hábitos, en su voz y presencia; porque no cree poder vestir un traje civil quien quiere estar dispuesto y pronto a toda violencia; ni puede tener costumbres y hábitos civiles quien juzga afeminada esas costumbres y no favorables a sus operativos esos hábitos; no le parece conveniente mantener la presencia y lenguaje corrientes a quien con su apariencia y sus blasfemias quiere infundir miedo en los otros hombres; lo cual hace que en estos tiempos esta opinión resulte muy acertada.

 

Pero si consideramos las antiguas instituciones, no encontraríamos cosas más unidas, más acordes, y que necesariamente se amen tanto una a la otra, como éstas; porque todas las artes que se organizan en una civilización por el bien común de todos los hombres, todas las instituciones en ellas establecidas para vivir en el temor de Dios y de las leyes, serían vanas si no estuviera preparada su defensa; la cual bien organizada mantiene a aquellas, aun cuando no estén bien organizadas. P. 7

 

Sé que les he hablado de muchas cosas que ustedes hubieran podido por sí solos comprender y considerar; pero sin embargo lo hice, como les dije hoy, para poderles mostrar mejor a través de ellas la calidad de este ejercicio, y también para satisfacer a quienes no las comprendan con tanta facilidad como ustedes, si los hubiera. Y me parece que no me queda por decirles más que algunas normas generales, que para ustedes serán muy familiares, y que son éstas:

 

- Lo que beneficia al enemigo te perjudica, y lo que te beneficia perjudica al enemigo.

- Quien en la guerra esté más alerta observando los planes del enemigo, y más esfuerzo dedique a adiestrar a su ejército, incurrirá en menores peligros y podrá esperar más de la victoria.

- Nunca conduzcas a la batalla a tus soldados si antes no confirmaste su ánimo y te cercioraste de que no tienen miedo y están organizados; y nunca hagas la prueba sino cuando ves que ellos esperan vencer.

- Es mejor vencer al enemigo por hambre que por la espada, victoria en la que puede mucho más la fortuna que la virtud.

- No hay decisión mejor que la que está oculta al enemigo hasta el momento en que se la lleva a la práctica.

- Nada beneficia tanto en la guerra como reconocer la oportunidad y aprovecharla.

- La naturaleza genera pocos hombres sólidos; el trabajo y el ejercicio generan muchos.

- La disciplina puede en la guerra más que la furia.

- Cuando algunos se desprenden del bando enemigo para ponerse al servicio del tuyo, son grandes adquisiciones cuando son fieles; porque las fuerzas del adversario disminuyen más con la pérdida de los que huyen que con los muertos, aun cuando el nombre de los fugitivos sea sospechoso a los nuevos amigos y odioso a los viejos.

- Al prepararse para la batalla es mejor conservar tras del primer frente reservas suficientes, que esparcir a los soldados para hacer el frente mayor.

- Difícilmente es derrotado quien sabe reconocer sus fuerzas y las del enemigo.

- Más vale el coraje de los soldados que su cantidad; a veces el lugar beneficia más que la virtud.

- Las cosas nuevas y súbitas desalientan a los ejércitos; las cosas lentas y acostumbradas les merecen poco aprecio; por eso harás que tu ejército practique y conozca en pequeñas peleas un enemigo nuevo, antes de librar combate con él.

- Quien persigue desordenadamente al enemigo derrotado, no quiere otra cosa que convertirse de triunfante en perdedor.

- El que no prepara las vituallas necesarias para vivir es derrotado sin armas.

- La elección del sitio de combate depende de si el capitán confía más en la caballería que en la infantería, o en la infantería que en la caballería.

- Cuando quieres saber si durante el día llegó un espía al campo, ordena que todos vayan a su cuartel.

- Cambia de planes, cuando te des cuenta de que el enemigo los conoce.

- Asesórate con muchos sobre lo que tienes que hacer; lo que después decidas compártelo con pocos.

- En los ejércitos los soldados se mantienen con el miedo y los castigos; cuando van a la batalla, con la esperanza y el premio.

- Los buenos capitanes nunca van a la batalla si la necesidad no los obliga o no los llama la ocasión.

- Tus enemigos no deben saber cómo quieres que sea el orden de combate en la pelea; y cualquiera sea ese orden, las primeras escuadras deben poder ser recibidas por las segundas y las terceras.

- En la pelea nunca utilices una compañía para otra cosa que aquella para la cual la habías destinado, si no quieres crear desorden.

- Es difícil poner remedio a los percances sufridos, en cambio es fácil poner remedio a los pensados.

- Los hombres, las armas, el dinero y el pan son el nervio de la guerra; pero de los cuatro los más necesarios son los dos primeros, porque los hombres y las armas encuentran el dinero y el pan, pero el dinero y el pan no encuentran a los hombres y las armas.

- Adiestra a tus soldados en el desprecio de las comidas delicadas y los trajes suntuosos.

 

Esto es lo que me ocurre recordarles en términos generales; sé que podría haber dicho muchas otras cosas en toda mi exposición, como por ejemplo: cómo y de cuántas maneras los antiguos organizaban las escuadras; cómo se vestían y cómo se adiestraban en muchas otras cosas, y añadirles muchos detalles que no me pareció necesario dar, porque ustedes podían verlos por ustedes mismos y porque mi intención no era mostrarles exactamente cómo se componía la antigua milicia, sino cómo en esos tiempos se podía organizar una milicia con más virtud que la acostumbrada hoy. De allí que no me pareció exponer de las cosas antiguas sino las que juzgué necesarias a esta introducción. También sé que debí extenderme más sobre las milicias a caballo, y referirme a la guerra naval, porque quien conoce la milicia dice cómo es un ejército de mar y de tierra, a pie y a caballo. Del ejército de mar no pretendería hablar porque no tengo información de él; pero haría hablar a los genoveses y a los venecianos, quienes con estudios similares hicieron en otros tiempos grandes cosas. En cuanto a la caballería, no quiero decirles más de lo que ya dije, porque es el sector menos corrompido del ejército. Además, si la infantería, que es el nervio del ejército, está bien organizada, necesariamente la caballería es buena. A quien organizara en su territorio la milicia llenándola de caballos, le recordaría dos precauciones: una, que distribuya caballos de buena raza  por el condado y adiestre a sus hombres a que hagan acopio de potrillos, como ustedes en esta comarca hacen con los terneros y mulos; la segunda, para que estos encuentren compradores les prohibiría tener mulo a quien no tenga un caballo, de modo que el que quiera tener una sola cabalgadura, esté obligado a tener un caballo; y además que no pueda vestirse de brocado sino quien tenga caballo. Entiendo que algún príncipe de nuestro tiempo estableció estos criterios, y en muy poco tiempo su comarca tuvo una caballería óptima. En cuanto a las demás cosas, en lo que respecta a los caballos me remito a cuánto les dije y a lo que se acostumbra. ¿Tal vez desearían también saber qué función debe cumplir un capitán?  Los satisfaré muy brevemente, porque no sabría elegir otro hombre que el que supiera hacer todas las cosas de las que hoy hemos hablado; las cuales no bastarían si no pudiera descubrirlas por sí, porque nadie fue grande en su oficio si no tiene imaginación; y si la invención hace honor en las otras cosas, en la actividad militar te honra por sobre todo. Y vemos que los escritores celebran todos los inventos, incluso los débiles. (...) P. 198.

 

Si usted recuerda bien, Cosimo, usted me decía que yo por un lado exalto a la antigüedad y condeno a quienes no la imitan en las cosas serias; y por otro no la he imitado en las cosas de la guerra a las que me he dedicado, para lo cual usted no encontraba razón; y yo le respondí que los hombres que quieren hacer una cosa, primero tienen que prepararse para saber hacerla, y poder después ponerla en práctica cuando se presente la oportunidad. Quiero que ustedes que me han escuchado disertar largamente sobre este tema sean mis jueces en decidir si sé o no organizar a las milicias con criterios antiguos; a partir de mi exposición ustedes han podido reconocer cuánto tiempo dediqué a estos pensamientos, y también creo que pueden imaginar cuánto deseo hay en mí de hacerlos realidad. Pueden conjeturar fácilmente si pude hacerlo, si alguna vez se me dio la oportunidad. (...) P. 202.

 

Me quejo de la naturaleza, que o no debió hacerme conocer esto, o debía darme la oportunidad de ponerlo en práctica. Ahora que soy viejo, no creo tener ya ninguna oportunidad; por eso he sido generoso con ustedes, que siendo jóvenes y estando capacitados podrán, si les gustan las cosas que les dije, a su debido tiempo, ayudar y aconsejar a sus príncipes. No quiero que ustedes se desalienten o desconfíen, porque esta provincia parece nacida para resucitar las cosas muertas, como se ha visto en la poesía, la pintura y la escultura. En lo que a mí respecta, por estar avanzado en años, no confío. Verdaderamente, si la fortuna me hubiera concedido en otro tiempo un Estado tal que bastara para esta empresa, creería haber demostrado en poco tiempo al mundo el valor de las instituciones antiguas; y sin duda lo habría acrecentado con gloria o perdido sin deshonor.  P. 208.

 

      Nicolás Maquiavelo, El Arte de la Guerra, 1521

      Editorial Losada, Buenos Aires, 1999, 219 págs., 14 x 22 cms.

      (Maquiavelo, 1469-1527, es el introductor del término Estado. En esta obra ya se puede apreciar la relación entre lo civil y lo militar, entre la política y la guerra).

19.12.07 

Ragarro

lunes, 30 de septiembre de 2024

ORGANIZACIÓN Y PLANEACIÓN (2): SUN ZI, EL ARTE DE LA GUERRA

 


Los principios y las ideas fundamentales del Bing Fa penetran en todos los campos de la actividad social de los hombres, siendo objeto de amplio interés y aprovechamiento por ejemplo en la administración de empresas, las operaciones bursátiles o comerciales en general, las competencias deportivas o el ajetreo diplomático.  P.3

 

Si El Arte de la Guerra de Sun Zi ha pasado las pruebas de la historia, se puede afirmar, debido ante todo, a que ha destapado el pensamiento de conoce al adversario y conócete a ti mismo, y así podrás librar cien batallas sin correr ningún riesgo de derrota, pensamiento con carácter de ley universal, que se puede considerar como una de las columnas del arte de la guerra de Sun Zi. P.9

 

Las exigencias del mundo actual han recibido la influencia de El Arte de la Guerra y su aplicación abarca desde la política y la economía hasta la tecnología, pasando por el comercio, las matemáticas y la educación física. (...)Son incontables quienes aplican las teorías expuestas por Sun Zi en la resolución de sus problemas cotidianos y su actividad social. A ellas se deben obras como El Arte de la Guerra de Sun Zi y las Relaciones Humanas, Sun Zi y las Estrategias en los Exámenes de Admisión para Universidades, sin que falten obras como El Arte de la Guerra en el Amor, etc. Introducción Yan Zhen, Beijing, 1994. P.10

 

Para una justa apreciación de las posibilidades de triunfar o caer en la derrota se deberán analizar cinco factores y comparar siete aspectos de las partes beligerantes.

 

Los cinco factores son: primero dao, segundo tian, tercero di, cuarto jiang y quinto fa. Cuando hablo de dao (camino) me refiero al asentimiento popular. Que el pueblo comparta la voluntad de su monarca, de modo que con él pueda compartir las tribulaciones y lo acompañe en la vida y la muerte con lealtad y sin contrarias intenciones. El tian (cielo) comporta el yin y el yang, es decir, la noche y el día, la lluvia y el cielo despejado, las diferencias entre el frío y el calor, la alternancia de las cuatro estaciones. Por di (tierra) me refiero a las características del terreno: si es bajo o elevado, cercano o alejado, peligroso o llano, amplio o estrecho; si ofrece la vida o significa la muerte. Por jiang (autoridad) considero estas cualidades de los comandantes: zhi sagacidad o talento, xin ecuanimidad o confianza, ren benevolencia, yong valor y yan severidad o justicia. Por fa (legalidad o doctrina) considero los sistemas organizativos de las fuerzas armadas, de los deberes y las responsabilidades de los mandos y funcionarios, y el suministro de los recursos necesarios para los gastos del ejército. Ningún comandante que esté en su puesto debe ignorar estos factores. Quienes los conocen plenamente alcanzarán la victoria; si los desconocen, no lograrán el triunfo.  P.14

 

Una vez conocidos estos factores, se deben comparar con los siete aspectos comunes para los dos bandos beligerantes: 1) ¿De parte de cuál soberano está el lado correcto?; en otras palabras, ¿cuál puede ganar el apoyo del pueblo con su política sensata? 2) ¿Cuál ejército puede elegir comandantes más capaces? 3) ¿Qué lado cuenta con mejores condiciones respecto al cielo, al tiempo y la topografía? 4) ¿En cuál bando se aplican y respetan mejor las leyes, reglamentos y se acata la disciplina? 5) ¿Cuál está equipado con más municiones y armas poderosas? ¿6) ¿En qué lado están mejor entrenadas las tropas? 7) ¿En cuál administran de manera seria y justa los premios y aplican las sanciones? Así, conociendo estos siete aspectos, puedo deducir de cuál parte estará el triunfo y de cuál la derrota.  P.14

 

Al adoptar las ventajas de mis estratagemas deben crear una situación suplementaria para llevar a cabo los planes. Por tal "situación" considero tomar la iniciativa valiéndose de las condiciones más favorables, modificar de modo flexible los planes y acomodarse a las circunstancias. El arte de la guerra se funda en el engaño. Por eso fingirás que eres inepto cuando seas capaz y simularás reposo cuando quieras atacar. Así mismo, aparenta que vas para un lugar lejano, aunque tu objetivo esté próximo, y si ya estás cerca, hazles creer que te sientes alejado.  P.17

 

Quienes planeen, se preparen por completo y cuenten con las condiciones adecuadas, podrán triunfar. Quienes no dispongan de planes y preparativos, o los tengan deficientes y condiciones insuficientes, sufrirán pérdidas. Aquí ya no es necesario hablar de aquellos que no hayan hecho planes, ni preparativos y no posean condición favorable alguna. Cuando observo las cosas, basándome en estos cálculos, sé de quién será la derrota y quién el triunfador.  P.18

 

Por lo tanto, será el mejor de los planes anular los principios estratégicos del adversario; de segundo orden es alcanzar su derrota diplomática; la de sus fuerzas armadas resulta de tercer orden.  P.24

 

Por eso afirmo: Conoce a tu adversario y conócete tú mismo; así podrás librar cien batallas sin correr ningún riesgo de fracaso. Si desconoces a tu adversario, pero te conoces a ti mismo, podrá ganar la mitad de las batallas que libres pero sufrirás otras tantas derrotas. Si no conoces a tu adversario, ni a ti mismo, sin duda, en cada batalla sólo encontrarás la derrota. P.29

 

La iniciativa para no ser vencido por el enemigo está en tus propias manos; que puedas vencerlo o no depende, ante todo, de saber aprovechar muy bien sus defectos. De esto se desprende que quienes conocen el arte de combatir podrán crear las condiciones para no ser derrotados, pero no pueden hacer que el adversario sea vulnerable por completo. Por eso digo: la victoria puede ser prevista, pero no forzosa. Si no quieres ser vencido, debes saber cómo defenderte; si quieres triunfar, debes tomar la ofensiva.  P.30

 

Comandar una gran fuerza o una escuadra pequeña es lo mismo: asunto de división y numeración del ejército. (Editorial: Se trata de la organización o "escalafón militar", en donde cada elemento se encuentra subordinado al que le precede en la jerarquía militar).   P.35

 

Debes saber que el caos se puede transformar en orden; la cobardía en coraje; la debilidad en fuerza. De la organización dependen el orden y el caos; de las circunstancias la cobardía y el coraje; en tanto que la debilidad y la fuerza dependen del equilibrio de los dos poderíos.  P.36

 

Enfrentar con el propio orden al caos del enemigo, con serenidad su precipitud y temerosidad, he ahí el método para manejar el ánimo del ejército y tenerlo a favor.  P.52

 

Los mandos inteligentes deben sopesar en cada caso los beneficios y los inconvenientes. La consideración de las circunstancias ventajosas puede reforzar la convicción del triunfo seguro. Estimando los aspectos adversos tal vez pueda evitar las desgracias.  P.57

 

Cinco defectos de los comandantes conducen a la ruina: 1) Cuando se muestran arrojados y sólo saben combatir hasta la muerte, pueden ser inducidos a perder la vida; 2) Cuando por miedo a perder el pellejo sólo buscan los medios necesarios para sobrevivir, es posible que sean hechos prisioneros; 3) Cuando se muestran temperamentales, precipitados y arrojadizos, pueden ser provocados con insignificantes ultrajes del enemigo y se les puede crear algunas pérdidas; 4) Cuando por perseguir la buena fama de su propia honra, se muestran incorruptibles, pueden hundirse en las trampas enemigas de la humillación y la calumnia; 5) Cuando se muestran misericordiosos con el pueblo, sin tener presentes las ventajas y perjuicios, es posible llevarlos a la pasividad, las molestias y el fastidio, con lo cual nunca estarán tranquilos. Estas son cinco grandes debilidades en el carácter de los mandos, verdadera tragedia en el uso de las fuerzas militares.  P.58

 

Cuando los soldados no se expresan adheridos ni subordinados y los castigamos, tampoco los convenceremos. Si no están convencidos, será muy difícil aprovecharse de ellos. Si los soldados se aproximan y se expresan adheridos a nosotros pero persisten en no acatar la disciplina ni las leyes castrenses, tampoco se pueden usar en los combates. Por eso hay que reunirlos ideológicamente a través de medios bondadosos, benévolos y generosos; unirlos por medio de la disciplina y las leyes militares. Actuando de ese modo, los mandos se granjearán el respeto, el temor y el apoyo de los subalternos.  P.66

 

En el aspecto militar hay seis circunstancias que conducen inevitablemente a la derrota: 1) zhou (irse), 2) chi (aflojarse), 3) xian (hundirse), 4) beng (derrumbarse), 5) luan (desordenarse), 6) bei (derrotarse). Estas seis circunstancias no son calamidades del Cielo, de las estaciones del año, ni de las condiciones geográficas. Se originan por los errores y equivocaciones de los mandos.  P.68

 

Cuando se administran los asuntos militares hay que llegar hasta la reflexión serena y tranquila de los planes, tácticas y estrategias, y manejar las tropas con severidad y disciplina.  P.81

 

Por eso no es necesario establecer impacientemente alianzas con los señores feudales de otros reinos. Tampoco es imprescindible cultivar nuestras fuerzas en los diversos reinos; basta con que extendamos nuestras intenciones estratégicas y hagamos caer nuestra autoridad sobre el enemigo.  P.83

 

Hay que romper con los estereotipos establecidos, actuar conforme a los cambios operados en las filas del enemigo y decidir sobre la acción propia del combate, de manera flexible.  P.85

 

Por eso dicen que un soberano inteligente reflexiona acerca de sus proyectos con toda severidad y prudencia, mientras que los mandos inteligentes deben ejecutarlos a conciencia.   P.89

 

Hay cinco clases de espías aprovechables: xiang jian o locales, nei jiang o internos, fan jian o dobles, si jian o ajusticiables, y sheng jian o vivos. P.92

 

Un soberano sensato e inteligente y los mandos sabios y aptos, que son hábiles para valerse de hombres sabios y sobresalientes como agentes, sin lugar a dudas alcanzarán grandiosos méritos. Éste es un paso muy importante en el uso de las fuerzas armadas. Todo ejército debe apoyarse en las informaciones sobre el enemigo, proporcionadas por los conocedores, para decidir respecto a la acción militar.   P.96

 

Zun Zi Bin Fa (Arte de la Guerra, s.VI a.n.e)

Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing, 1996,  108 págs, 12 x 18 cms.

     

 Selección de textos por Ragarro. 21.11.07

 

sábado, 6 de julio de 2024

LA GUERRA A LA LUZ DE LA TEORÍA MARXISTA

 


MIÉRCOLES 03 DE JULIO DE 2024, 22:00H

Eros Barone

La guerra, considerada a largo plazo, representa un órgano ejecutivo que acelera (pero a veces también frena) el desarrollo económico-social general. El papel activo de este complejo en el marco de la totalidad social, en la interacción con el desarrollo económico, se encuentra en el hecho de que las consecuencias de una victoria o una derrota pueden modificar la trayectoria de la economía en general durante un tiempo más o menos largo. período. Pero el hecho de que la economía constituye el momento abrumador aparece aquí incluso más claramente que en la lucha de clases.

György Lukács, Ontología del ser social, vol. II, trad. it., Roma 1981, p. 248.

1.      La guerra como forma de trabajo social

La primera pregunta que debe hacerse para definir la guerra (entendida aquí en su significado moderno y contemporáneo) se refiere a la naturaleza general y real de la guerra, interpretada no en un sentido figurado o en sus expresiones más genéricas de lucha o conflicto o consecuencia de decisiones humanas. o de reacciones emocionales por parte de hombres individuales o de poblaciones enteras. Así, para responder a esta pregunta podríamos partir de una comparación entre el proceso de guerra y el proceso de trabajo, intentando resaltar la similitud y, al mismo tiempo, la diferencia entre ambos tipos de proceso. En otras palabras, la pregunta que ahora cabe plantearse es la siguiente: ¿es posible considerar la guerra como una forma de trabajo? 1

«En primer lugar, el trabajo – escribe Marx en El Capital – es un proceso que se desarrolla entre el hombre y la naturaleza, en el que el hombre, a través de su propia acción, media, regula y controla el intercambio orgánico entre él y la naturaleza: se opone, como una de las potencias de la naturaleza, con la materialidad de la naturaleza". 2

Aquí surge una diferencia, ya que el contraste que tiene lugar durante una guerra no parece ocurrir directamente entre el hombre y la naturaleza sino, en todo caso, entre el hombre y el hombre. Por su parte, Marx, analizando el trabajo como una forma que pertenece "exclusivamente al hombre ", distingue desde el principio en el trabajo una "voluntad conforme al fin " y un esfuerzo físico. 3 La actividad conforme al fin, el trabajo realizado y el objeto del trabajo constituyen, según Marx, los tres momentos del proceso de trabajo, sin perjuicio de que la tierra en general sea el objeto del trabajo humano, el reservorio y dispensación natural del 'hombre'. Sin embargo, siguiendo la comparación entre ambos procesos podría parecer que, mientras el resultado del proceso de trabajo es un producto, el resultado del proceso de guerra es una relación, en el sentido de una división (o destrucción) de productos. Además, el propio Clausewitz definió la guerra como "nada más que destrucción mutua". 4 Además, la tierra, como objetivo del trabajo de guerra, se presenta como un objeto de apropiación más que de transformación, mientras que como medio general se presenta como un arma de lucha. Finalmente, se pudo observar que, desde la antigüedad, tanto el carácter antagónico de las relaciones en las que se desarrolla como el carácter violento de este antagonismo han sido considerados como un rasgo específico de la guerra y del proceso bélico. Sin embargo, cabe señalar que ni el antagonismo ni la violencia surgen con la guerra y se extinguen con la guerra; con la guerra, más bien, se acentúan. Desde este punto de vista, en el desarrollo de la acción humana en general, el paso de un estado de guerra a uno de paz (entendido como ausencia de guerra), y viceversa, puede configurarse como un cambio cualitativo determinado por cambios cuantitativos.

En lo que respecta a la guerra en sus formas más complejas, por lo tanto típicas de las sociedades esclavistas, feudales y capitalistas, es necesario señalar que, ante todo, debe situarse en relación con las formas más complejas del proceso de trabajo. Aunque cada una de estas formas históricas de producción social se caracteriza por formas específicas de antagonismo y violencia, por el momento el antagonismo en el que debemos centrarnos es el clásico suscitado, según el enfoque analítico marxista, por las contradicciones entre un sistema de relaciones de producción y la propiedad, por un lado, y las fuerzas productivas que operan en el marco de este sistema, por el otro. Aquí cabe subrayar cómo los diversos contrastes antagónicos inherentes a los procesos de producción social son producto de contradicciones estructurales, y cómo los antagonismos inherentes a los procesos bélicos son producto de las mismas contradicciones, pero sólo cuando han alcanzado un nivel específico. de agudeza. Esto significa que el antagonismo que se manifiesta en las formas complejas del proceso de guerra no se origina en el proceso de guerra en sí, sino en las contradicciones inherentes a las formas complejas del proceso de trabajo y a las relaciones de producción mismas, tal como toman forma en un momento dado en el desarrollo de las fuerzas productivas. Desde este punto de vista, se trata entonces de modificar el aforismo clausewitziano de la guerra como "continuación de la política por otros medios", en el sentido de que el proceso de guerra es la continuación del proceso de producción en una forma cualitativamente nueva, pero como resultado de modificaciones cuantitativas relacionadas con el aumento, más allá de cierto límite, del número o la frecuencia de los conflictos en la sociedad.

Es necesario entonces tener debidamente en cuenta otro carácter común tanto al proceso de guerra como al proceso de trabajo, considerados en sus formas históricas y sociales: la cooperación . Este último va de la mano con la división del trabajo (pensemos en la transición de la manufactura a la industria a gran escala) y es el factor impulsor que determina tanto el crecimiento de la fuerza productiva del trabajo como la creación de una "fuerza de masas". El propio Marx, para transmitir mejor la idea de cooperación, elige un ejemplo tomado de la historia militar: «Así como la fuerza de ataque de un escuadrón de caballería o la fuerza de resistencia de un regimiento de infantería es sustancialmente diferente de las fuerzas de ataque y de resistencia de cada caballero o soldado de infantería individual, por lo que la suma mecánica de la fuerza de los trabajadores individuales es sustancialmente diferente del potencial social de fuerza que se desarrolla cuando muchas armas cooperan simultáneamente en la misma operación indivisa ". 5

Y otras analogías 6 entre el proceso de trabajo y el proceso de guerra se derivan del hecho de que, así como la anarquía de la división social del trabajo en un régimen de libre competencia va acompañada del despotismo de la división del trabajo en la unidad productiva capitalista, así, más aún, la anarquía de la guerra "división del trabajo" entre las fuerzas opuestas va acompañada del despotismo que caracteriza las relaciones dentro de cada fuerza armada.

Además, el trabajador que inicialmente se controla a sí mismo y que luego es controlado puede compararse con el guerrero que históricamente pasa por una evolución similar. Asimismo, el 'proceso de trabajo' en el contexto de una única formación militar, desde la patrulla hasta el ejército: un proceso que al principio ve unidas en cada guerrero las funciones de decisión, mando y ejecución y que luego ve aquellas que hoy serían llamarse los oficiales y la tropa. Finalmente, Marx señala, resumiendo su análisis comparativo, que " la guerra se desarrolló antes que la paz", que "ciertas relaciones económicas como el trabajo asalariado, las máquinas, etc. se desarrollaron primero a través de la guerra y en los ejércitos" y luego "dentro de la sociedad burguesa". 7

2.     La guerra como apropiación violenta de bienes

Llegados a este punto, se pueden formular algunas hipótesis sobre la relación guerra-trabajo, sobre la naturaleza de la guerra en general y sobre el vínculo entre antagonismo, violencia y cooperación.

La guerra o la no guerra, en primer lugar, es siempre una cuestión de actividad social humana que se desarrolla en determinadas condiciones históricas y sociales, teniendo también como objetivo, para cada una de las partes enfrentadas, la defensa de condiciones específicas de existencia o la conquista de nuevas condiciones. En cuanto a las verdaderas razones, se trata siempre de la propiedad de los medios fundamentales de producción, partiendo de la tierra como "medio general" y como "condición objetiva" de la producción social; y esto no importa cuán nobles o abyectos sean los motivos de los individuos, desde el último de los no combatientes hasta el más destacado de los comandantes civiles y militares. Independientemente de las intenciones declaradas, luchar por la "liberté-égalité-fraternité" o por (o contra) la libertad, la independencia y la unidad nacional del propio pueblo o del otro, implica todavía la existencia de un problema de conquista o defensa de una propiedad de los medios de producción, ya sea una guerra entre Estados, o entre facciones o clases dentro de un Estado, y si lo que está en juego es la propia tierra como territorio de residencia o como reserva de recursos o capital financiero.

Lo que significa, en otras palabras, que mientras haya problemas de apropiación, de forma más o menos exclusiva, de los medios fundamentales de producción, la guerra siempre será inevitable. De este modo, la guerra, ya sea una guerra imperialista o una guerra de defensa nacional, una guerra dinástica o una cruzada, una guerra partidista o una guerra feudal, siempre conserva un significado económico preciso , al menos desde el punto de vista del resultado.

Desde el punto de vista de la forma de acción, este significado, como hemos visto, se mantiene, aunque sólo sea porque las guerras, en la medida en que ocurren en esta tierra, así como en contextos sociales como totalidades que incluyen a las partes contrarias, siguen siendo el “continuación” de procesos que se revelan, ante todo, como procesos de producción social. Esto, sin embargo, no excluye (de hecho, en cierto sentido, presupone) que el carácter de la acción bélica sea también político , de la lucha política, al menos en la medida en que las guerras sean el resultado de dos o más "propósitos conformes" que existen en comunidades humanas enteras, por lo tanto con un antagonista sobre todo como sujeto y el otro sobre todo como su objeto.

3.     El concepto de fuerza militar

De lo dicho se desprende que la fuerza militar es una fuerza social . Esto es suficiente para comprender el aspecto sustancial de esta fuerza. De hecho, durante una guerra se suelen consumir municiones, alimentos, armas y, evidentemente, personal: un componente de la fuerza, por tanto, es la capacidad de producir y reproducir a tiempo lo que se consume, de modo que la acción alcance su objetivo. alcance. Además, cada uno de los luchadores posee un poder específico ; pero este poder físico es también resultado de la capacidad productiva (y reproductiva) de la unidad social en su conjunto, y no sólo de los combatientes individuales o del grupo que forman, en un momento dado. El poder de los combatientes individuales o de todo el grupo armado es mayor cuanto más numerosas, diversificadas y eficaces sean las armas disponibles; pero esta disponibilidad también está determinada por la capacidad productiva de la unidad social considerada. Además, una mayor habilidad en el uso de las armas o en la forma de conducir la acción y la lucha armada presupone un período previamente dedicado a la formación. Finalmente, a menudo se hace referencia a factores "morales" o "psicológicos" para explicar ciertos elementos de superioridad o inferioridad entre fuerzas militares opuestas. Estas referencias son plenamente plausibles, aunque no sean fácilmente determinables a priori. Por ejemplo, es plausible pensar en una superioridad "moral" y "psicológica" del soldado francés durante las guerras de la Revolución, respecto a sus colegas de los ejércitos enemigos. Sin embargo, si no se trata de cualidades innatas, el carácter social de la fuerza militar reside en el hecho de que esta fuerza no se reduce a la "capacidad de trabajo" de combatientes y no combatientes, ya sea individualmente o en su conjunto (pensemos, para los no combatientes -combatientes, a la importancia del "frente interno"), y ni siquiera sólo a la sociedad particular de la que proviene el grupo militar. Reside también en el tipo de contradicciones que acompañan y contribuyen a determinar el desarrollo de las fuerzas productivas, tanto en el contexto particular que incluye, entre otros, a las formaciones sociales opuestas, tanto al interior de cada alineación como, finalmente, al interior de cada formación, entre la fuerza militar y la sociedad.

4.    Ejemplos de contradicciones que llevaron a la guerra mundial

Queda por aclarar, llegados a este punto, el significado y la naturaleza de estas contradicciones. La "contradicción fundamental" hoy es, según la mayoría de los observadores, la contradicción entre Estados Unidos y China como principales exponentes de dos hegemonías opuestas en el espacio capitalista (la proteccionista norteamericana y la dirigista china). La contradicción consiste en el hecho de que el desarrollo de una de las dos formaciones socioeconómicas no podría tener lugar sin impedir total o parcialmente el desarrollo de la otra, al menos, respectivamente, como sistemas y, por tanto, de conformidad con los intereses predominantes de la sociedad. del cual cada Estado es la expresión. Esto podría ocurrir en una escala suficientemente grande como para causar un conflicto generalizado sólo cuando, gradual o repentinamente, uno u otro antagonista carezca de soluciones alternativas.

Así, por ejemplo, la Segunda Guerra Mundial estalló no con el inicio de las operaciones militares por parte de uno de los contendientes (pensemos en España, el 'Anschluss', Checoslovaquia), sino sólo cuando la actividad militar de la Wehrmacht superó ese límite más allá del cual la expansión de las potencias del Eje según su propia lógica habría impedido el desarrollo de estados capitalistas democrático-burgueses, cada uno según su propia lógica. Así, para dar otro ejemplo, la Primera Guerra Mundial estalló no con el inicio de las operaciones militares por parte de uno de los contendientes (pensemos en las guerras de los Balcanes), sino cuando las condiciones planteadas por las potencias centrales en su ultimátum, como condiciones necesarias para desarrollo imperial, eran "imposibles" para las potencias de la Entente.

Por otra parte, a pesar de las denuncias moralistas de la irracionalidad de la guerra en general, no parece que pueda haber ninguna duda de que tuvo lugar en el marco de una racionalidad que fue la del capital financiero, en el sentido leninista del término. Y esto tanto en lo que respecta a la realización de las operaciones como desde el punto de vista de los costes que cada una de las partes habría estado dispuesta a soportar y se le habría hecho soportar. Ciertamente a nadie le gustó la destrucción de plantas, edificios, instalaciones, medios de transporte, etc., así como el consumo de suministros, municiones, cuerpos de ejército enteros, etc., en esas proporciones. Los sacrificios de instituciones monárquicas enteras más o menos absolutistas tampoco fueron bienvenidos (obviamente para sus partidarios). Pero, en última instancia, las plantas e instalaciones podrían haberse reconstruido incluso mejor que antes, las existencias podrían haberse reconstituido, también en términos de mano de obra. Ni siquiera las instituciones monárquicas, a pesar de su función, habrían representado pérdidas intolerables desde el punto de vista del sistema. En resumen, nada de esto representaba un componente esencial del sistema actual, tanto a nivel interno como internacional. Lo que, en cambio, para las clases dominantes habría sido absolutamente intolerable, es decir, algo que sugeriría la interrupción de la guerra en curso, cualquiera que fuera el punto al que hubiera llegado, habría sido el peligro real de un cambio en el propio sistema (como se vio claramente en los meses posteriores a la victoria de la Revolución de Octubre en Rusia).

En otras palabras, la "fuerza" de las partes en conflicto desde el punto de vista subjetivo no era ni la "política" ni el gobierno ni el mando militar supremo como tales, sino sobre todo la propiedad de la parte decisiva del poder. capital financiero. Allí estaba el centro de las decisiones fundamentales y obviamente la responsabilidad principal. Todos los demás componentes de la sociedad se encontraron en la condición de instrumentos, partes, de hecho, de los mecanismos generales representados por las diversas formaciones imperiales. Estos últimos, ya fuera Francia, Gran Bretaña, el Segundo Reich o el Imperio de los Habsburgo, etc., eran partes del sistema mundial dominados por ellos y encabezados por el capital financiero internacionalizado. Si las formaciones "débiles" salieron derrotadas del conflicto y las formaciones "más fuertes" victoriosas, no fue una cuestión de fuerza o debilidad ligada al mayor o menor nivel tecnológico, a la mayor o menor cantidad de hombres y medios, a la mayor o menor nivel organizacional más bajo, etc., o, aún menos, a las habilidades y cualidades marciales superiores o inferiores de los individuos o formaciones militares. Más bien, se trataba tanto del tipo de contradicción fundamental en el origen de la guerra como del tipo de contradicciones derivadas de ella o vinculadas a ella, dentro de cada formación político-militar e incluso antes de cada formación económico-social involucrada en la guerra. conflicto y del propósito de la acción militar de las fuerzas contrarias.

5.     El giro proteccionista estadounidense y sus consecuencias geopolíticas

Los más altos representantes de la política internacional no dudan en afirmar claramente que la guerra en Ucrania, así como el conflicto palestino-israelí y, más en general, los vientos de guerra que soplan impetuosamente en el período que vivimos, constituyen un " "Un "punto de inflexión" de importancia histórica no sólo en términos de cuestiones relacionadas con las fronteras territoriales, sino también en el sentido de que los resultados de las guerras en curso podrían contribuir a delinear el rostro del futuro económico del mundo. Éstas son, precisamente, las causas materiales de los conflictos militares, es decir, los intereses económicos que impulsan los conflictos militares contemporáneos, en Ucrania, Israel y el resto del mundo.

Ahora bien, para comprender este orden determinante de causas es necesario partir, en opinión de algunos analistas económicos, de un importante punto de inflexión que caracteriza la política económica de los Estados Unidos de América desde hace varios años: la crisis financiera de 2008. 8 En esa coyuntura crítica, los estadounidenses se dieron cuenta, de hecho, de que estaban importando muchos más bienes de los que podían exportar y que, por tanto, estaban acumulando una enorme deuda en el exterior, no sólo pública sino también privada: una deuda potencialmente insostenible. Baste decir que los pasivos exteriores netos estadounidenses han alcanzado los 18 billones de dólares, un récord negativo sin precedentes. Por otra parte, los activos externos netos de China alcanzaron los 4 billones, los activos netos de Rusia alcanzaron los 500 mil millones, y así sucesivamente. Sin embargo, el problema es que el acreedor puede utilizar sus bienes para empezar a adquirir el capital del deudor. En otras palabras, Oriente puede empezar a comprar empresas occidentales, implementando el fenómeno que Marx define como "centralización del capital" en un pequeño núcleo de grandes empresas. Esta tendencia es típica del capitalismo; la novedad, sin embargo, es que, esta vez, se trata de grandes empresas orientales.

Frente a esta nueva tendencia, de potencial centralización capitalista en manos de los grandes acreedores orientales, a partir de 2008 la administración estadounidense ha dado un giro: ya no hacia el libre comercio global sino hacia un proteccionismo cada vez más unilateral y agresivo. Además, los signos de esta línea se remontan a la presidencia de Obama, mientras que su pleno desarrollo se produjo con la presidencia de Trump y también, en plena continuidad con ésta, bajo la presidencia de Biden, lo que confirma que el proteccionismo es una cuestión decisiva para Intereses económicos estadounidenses. La historia nos enseña que estos cambios unilaterales, es decir, la transición del globalismo al proteccionismo, a menudo han sido fuentes de conflictos económicos que luego llevaron a una guerra militar real, es decir, un conflicto imperialista clásico.

Así, las quejas de los acreedores orientales ante el giro proteccionista estadounidense representan claramente una pista significativa, pero no el factor decisivo, para comprender el origen de las actuales tensiones internacionales. En este sentido, Ucrania se ha convertido en uno de los focos de una disputa que no tiene que ver simplemente con los temas tradicionales de la geopolítica (soberanía, seguridad, fronteras), sino que es la expresión de un colosal choque capitalista que tiene lugar a nivel global. : choque que tiene una base material precisa, de carácter económico, y un objetivo preciso representado por la necesidad de desarrollar e imponer un nuevo modelo de relaciones económicas y sociales ligadas a las nuevas tecnologías en el ámbito energético y digital. Y el hecho de que la Unión Europea haya seguido la línea agresiva estadounidense, a pesar de no tener un problema de deuda externa y de poder presumir de cierta autonomía en los ámbitos energético y digital, es la demostración incontrovertible de su complementariedad política y estratégica. en parte forzada y en parte forzada, respecto del poder hegemónico de Estados Unidos.

Los acontecimientos que caracterizaron los meses posteriores al 7 de octubre de 2023, fecha de la reanudación del conflicto militar en la guerra palestino-israelí iniciada hace 76 años, ya han generado importantes consecuencias económicas, que pueden examinarse al menos en términos amplios. 9 Desde un punto de vista económico, la guerra está teniendo importantes implicaciones para Israel, efectos decididamente negativos en Cisjordania y acontecimientos catastróficos en la Franja de Gaza. El conflicto, como es inevitable, también tiene repercusiones económicas globales y podría afectar gravemente a las economías de algunos de los países de Oriente Medio. Sin embargo, hay que subrayar la doble función de las intervenciones militares, que, por un lado, pueden producir un efecto de estímulo económico ligado al aumento de la demanda generado por el aumento del gasto público en el ámbito de la defensa, mientras que, por otro, considerando la En vista del grado de movilización de recursos que requiere la guerra de Israel contra Hamás, varios factores pueden generar consecuencias económicas negativas y conducir a una grave recesión. Baste decir que, en un país que tiene una población activa de alrededor de 4,4 millones de unidades, el gobierno israelí ha movilizado a más de 360.000 reservistas, que por lo tanto fueron retirados temporalmente de la fuerza laboral para sumarse a las aproximadamente 170.000 unidades regularmente inscritas en el país. fuerzas Armadas. A esta sangría en el mercado laboral se suma también la perspectiva de una reducción de la mano de obra extranjera, y en particular de los trabajadores palestinos (en su mayoría empleados en la construcción y la agricultura) que han perdido su permiso para trabajar en Israel o están desaparecidos desde el comienzo del conflicto. Esta situación podría tener el efecto de aumentar la participación de algunas categorías de la población que han quedado al margen de los éxitos que han caracterizado la economía capitalista israelí y que no participan en la defensa del país, como los ciudadanos árabes de Israel o los judíos ultraortodoxos. Luego están sectores clave, como la alta tecnología, que podrían verse gravemente afectados por un conflicto prolongado, sin mencionar que el aumento del gasto público debido a las necesidades militares está destinado a tener efectos inflacionarios y aumentar el déficit. No es casualidad que tras los atentados del 7 de octubre la moneda israelí -el shekel- sufriera una importante devaluación , alcanzando su punto más bajo frente al dólar estadounidense, y que esta situación de creciente dificultad en los mercados financieros internacionales se extendiera también a países como como Egipto, Jordania y el Líbano.

La economía de la Franja de Gaza obviamente se ha visto afectada de manera aún más catastrófica por la guerra. Incluso antes del 7 de octubre, la Franja de Gaza tenía una tasa de desempleo del 45% y estaba sujeta a un régimen muy estricto de sanciones económicas. Una de las primeras medidas adoptadas por el gobierno de Netanyahu tras los ataques de Hamás fue cortar el suministro de electricidad, agua, alimentos y combustible. Esta decisión, incompatible con los principios del derecho internacional pero orgánica del proyecto sionista y genocida que guía al actual gobierno israelí, ha agravado aún más las condiciones de vida de los dos millones de habitantes que viven en la zona, el 40% de los cuales tiene menos de 15 años de edad.

En cuanto al crucial tema energético, cabe señalar que en los últimos tiempos Israel ha descubierto grandes yacimientos transfronterizos de gas natural en el Mediterráneo oriental, que le han permitido convertirse en un país exportador y reducir su dependencia energética. La Autoridad Palestina también posee un yacimiento de gas frente a la costa de Gaza, pero debido al bloqueo naval impuesto por Israel a la Franja desde 2007, no sólo nunca ha podido explotarlo, sino que fue expropiado recientemente, como el 29 de octubre. El año pasado, ya en plena guerra, el Ministro de Energía israelí anunció la firma de un acuerdo mediante el cual Eni y otras empresas internacionales e israelíes, confirmando la vocación depredadora y neocolonial propia del imperialismo, obtuvieron la licencia para explotar esta yacimiento, que se encuentra dentro de una zona marítima de la cual el 62% pertenece a la Autoridad Palestina.

Por otro lado, a nivel global ahora está claro que el conflicto palestino-israelí está generando presiones y preocupaciones crecientes, especialmente en los mercados energéticos. El precio del petróleo se vio obviamente afectado por el resurgimiento de este conflicto, pero este efecto no resultó particularmente decisivo. Los precios de los recursos energéticos son actualmente relativamente elevados, especialmente como consecuencia del embargo decretado, como sanción, por los países de la Unión Europea al petróleo y al gas natural de origen ruso. Este escenario, sin embargo, podría cambiar radicalmente si el conflicto se expandiera a un nivel regional, como lo indica en el Mar Rojo el bloqueo del tránsito de barcos hacia y desde Israel por parte del movimiento Houthi del norte de Yemen y como ha augurado las represalias masivas de Irán. al ataque lanzado por Israel, una vez más desafiando todas las normas del Derecho internacional, con el ataque aéreo que destruyó la embajada iraní en Damasco.

En conclusión, se puede afirmar que la guerra que se reavivó el pasado mes de octubre presenta numerosas similitudes con la que hace cincuenta y un años, con motivo de la Guerra del Yom Kippur, dio lugar al fuerte aumento de los precios del petróleo y sus derivados. , provocando una profunda crisis del sistema capitalismo internacional, así como importantes cambios geopolíticos en Oriente Medio e Israel.

6.    Las causas económicas del conflicto ruso-ucraniano

En los primeros cuatro párrafos de este artículo se ha establecido un marco conceptual derivado de la teoría marxista sobre la naturaleza y el significado de la guerra. Veamos ahora cómo, teniendo presente esta red, podemos llegar a definir no sólo a nivel de la relación guerra-trabajo, por tanto a nivel de producción, sino también a nivel del mercado mundial, por tanto a nivel de distribución, consumo e intercambio, coordenadas fundamentales del conflicto ruso-ucraniano. Por este análisis de las causas económicas del conflicto ruso-ucraniano, enmarcado en una coyuntura crítica específica de la formación imperialista global, estoy en deuda con el importante libro de Giulio Palermo, El conflicto ruso-ucraniano. El imperialismo estadounidense conquista Europa, Roma 2022.

Pues bien, lo primero que hay que decir sobre el texto en cuestión es que se basa en el concepto de imperialismo desarrollado por Lenin en el famoso ensayo de 1917 titulado El imperialismo, fase suprema del capitalismo. Lenin escribe: «El imperialismo es el capitalismo que ha alcanzado esa etapa de desarrollo en la que se forma el dominio de los monopolios y del capital financiero, la exportación de capital ha adquirido gran importancia, ha comenzado la división del mundo entre los trusts internacionales y la distribución de toda la superficie de la Tierra entre los países capitalistas más grandes ya ha sido conquistada." 10 Donde conviene precisar que, según la definición clásica formulada por Rudolf Hilferding y retomada por Lenin, el capital financiero resulta de la fusión entre el capital bancario y el capital industrial. Una vez establecidas estas coordenadas, el autor del libro en cuestión reconstruye la historia y los antecedentes del conflicto ruso-ucraniano, precisando que no comienza en febrero de 2022 y no sólo tiene a Rusia y Ucrania como protagonistas, sino a por un lado Rusia y por el otro la alianza imperialista Ucrania + OTAN + UE.

Mientras que la tesis del autor, según la cual Estados Unidos y China comparten la misma naturaleza imperialista, suscita perplejidad, la tesis según la cual Rusia debe ser excluida del campo estrictamente imperialista, ya que no puede enmarcarse en las coordenadas clásicas, parece interesante y también convincente. Que Rusia no está orientada militarmente a la expansión lo demuestra, según el autor, el hecho de que las principales bases militares extranjeras que le quedaron a Rusia tras el colapso de la Unión Soviética están situadas en países ex soviéticos (con la excepción de Siria, donde la presencia rusa fue solicitada explícitamente por el gobierno del presidente Bashar al-Assad). Desde el punto de vista económico, pues, se subraya el hecho de que, a diferencia de las potencias imperialistas que se caracterizan por la exportación masiva de capitales, Rusia exporta principalmente bienes, mientras que en las relaciones exteriores utiliza las relaciones financieras sólo como un instrumento funcional para el país. desarrollo de relaciones comerciales, pero no como objetivo estratégico.

La principal tesis de Palermo es que en el centro del conflicto entre los diferentes intereses imperialistas está el control de las "nuevas tecnologías", y este objetivo explica por qué "en este proceso, Rusia y Ucrania ciertamente no son protagonistas" (p. 67): Los protagonistas, de hecho, son y siguen siendo el capital estadounidense y chino. En este sentido, el autor destaca que el proceso de unificación europea, lejos de tener como objetivo liberar al viejo continente de la subordinación a Estados Unidos, en realidad se configura como la creación de un satélite del imperio norteamericano, de modo que «El nacimiento de la UE y del euro no constituyen en absoluto un desafío al capital estadounidense y a la hegemonía del dólar» (p. 94). La prueba del carácter artificial y de la función meramente subsidiaria de la UE respecto al imperialismo estadounidense queda expuesta cuando el autor señala que «la UE también tiene un problema histórico estructural, un pecado original que lleva consigo desde su nacimiento: la La UE no es una nación, no tiene un sistema fiscal y no tiene un ejército" (p. 68).

Sin embargo, la categoría de imperialismo revela toda su productividad desde un punto de vista cognitivo, cuando se aplica al análisis del conflicto intraimperialista (es decir, entre las distintas capitales de una misma potencia imperialista) a través del reconocimiento preciso de la composición de potencia económica estadounidense, de las contradicciones que la atraviesan y de los factores de convergencia que la cimentan en la situación actual: «El choque interno dentro del capital financiero [estadounidense] está liderado por los sectores de alta tecnología (aeroespacial, financiero, armamentístico, electrónica, tecnología de la información, medios de comunicación, productos farmacéuticos, 'economía verde') en detrimento de los sectores tradicionales (petróleo-gas-carbón, transporte, turismo, agricultura, manufactura, bienes raíces, alimentos, textiles)" (p. 71). Al examinar los factores de convergencia entre los dos sectores, el autor afirma que estos prevalecen sobre los factores de divergencia, ya que en la coyuntura crítica actual «el conflicto interno dentro del capital estadounidense se descarga en el contexto ruso-ucraniano de dos maneras: en primer lugar, por acelerar el proceso de penetración del capital verde […] en Europa; en segundo lugar, ofrecer una salida al sector petrolero estadounidense, que se encuentra en dificultades en el frente interno [...]. En realidad, a ambas partes les gusta una aceleración de las tensiones en Ucrania: por un lado, permite a las multinacionales verdes conquistar el mercado europeo; por el otro, da a las compañías petroleras la oportunidad de compensar en el extranjero la derrota sufrida en casa" (p. 75).

Además, el mismo argumento se aplica, a nivel estrictamente político, a la complementariedad ("las dos alas del águila") entre la estrategia de Trump y la estrategia de Biden, entendiéndose que, a pesar de tener el objetivo estratégico en común (atacar a China), La estrategia de Trump pretende separar a Rusia de China y establecer un 'modus vivendi' con la primera para luego dirigir el golpe fundamental contra la segunda, mientras que la estrategia de Biden pretende doblegar definitivamente a Rusia dividiéndola en más secciones mediante el arma de las "revoluciones de color" y continuar, con este fin, la penetración militar en Asia Central, a fin de lograr en perspectiva el cerco de China. Está claro que la diferencia entre estas dos líneas consiste en el grado de peligro inherente a ellas: si prevalece la estrategia de Biden, cualquier debilitamiento de Rusia representa un paso más hacia la guerra mundial, mientras que es un hecho indiscutible que Trump no ha iniciado ninguna guerra durante su mandato (lo que, por supuesto, no prueba que no sea un belicista, al no haber disfrutado, desgraciada o afortunadamente, de un segundo mandato consecutivo).

A continuación, el autor esboza el perfil estrictamente económico de la crítica situación actual, realizando algunas consideraciones importantes sobre el ratio deuda pública/PIB, subrayando que este ratio es un factor determinante a la hora de evaluar la solidez de un Estado y comparando la incidencia de este factor en los respectivos casos de Rusia y los estados que forman parte de la Unión Monetaria Europea (UEM). En este sentido, examinando las sanciones de los EE.UU. y la mayoría de los Estados europeos contra Rusia y las respuestas efectivas de esta última a la ofensiva de sanciones, escribe lo siguiente (p. 56): «Rusia es sólida: […] los datos de las finanzas públicas son absolutamente envidiables. La deuda pública equivale al 17,7% del PIB, la novena más baja del mundo, frente al 90,0% en la UE, el 97,2% en la zona del euro, el 128% en EE.UU., el 93,9% en el Reino Unido" (y, añadimos, el 140,3% de Italia, el quinto país con mayor deuda pública del mundo: datos facilitados por el FMI en 2023). Posteriormente el autor precisa que «desde hace años, el problema de la deuda pública se limita a los Piigs [Portugal, Italia, Irlanda, Grecia, España], caracterizados por una elevada relación deuda/PIB. Sin embargo, la ralentización del crecimiento y los planes de recuperación, íntegramente endeudados, lo transforman ahora en un problema generalizado" (p. 102).

La conclusión a la que finalmente llega el autor es que el enfrentamiento con Rusia es un momento del choque imperialista global por el control de las nuevas tecnologías, un choque que ve a Estados Unidos y China como los principales protagonistas. Lo que está en juego no sólo son las viejas hostilidades políticas y los planes de conquista militar definidos tras el colapso de la Unión Soviética, sino también el establecimiento, en todo el mundo, de un nuevo modelo de relaciones económicas y sociales centrado en las nuevas tecnologías. Desde este punto de vista, el continente europeo constituye el tablero de ajedrez, pero las piezas de ajedrez son en su mayoría estadounidenses y rusas y, en segundo plano, chinas. La estrategia europea simplemente no existe; sólo hay intereses económicos convergentes y divergentes entre sectores y estados. Los sectores financiero y de alta tecnología están al mando, especialmente fuertes en los países nórdicos de la eurozona, los más integrados con el capital estadounidense. Estos son los actores europeos que más tienen que ganar con este conflicto. Los otros sectores y los otros países, así como la clase obrera de toda Europa, son en cambio quienes tienen que pagar la factura de esta convergencia de intereses entre los bloques de capital financiero estadounidense y europeo en conflicto con el capital chino.

Notas

1 Por la formulación y desarrollo de los primeros cuatro párrafos de este escrito estoy en deuda con el magistral análisis marxista de Clemente Ancona, un renombrado historiador militar y autor de la entrada "Guerra" en la Enciclopedia Einaudi, vol. 6, Turín 1979, págs. 996-1018.

2 K. Marx, El capital , 1867, trad. él. Turín 1975, pág. 215.

3 Ibídem , pág. 216.

4 K. von Clausewitz, Sobre la guerra , 1832-34, trad. él. Milán 1975, IV, 5.

5 K. Marx, El Capital , cit., pág. 398.

6 Quizás, dado que la conexión entre ambos procesos es a la vez funcional y estructural, y por tanto de naturaleza orgánica, sería más correcto hablar (no de analogías sino) de homologías .

7 Ídem., Grundrisse , 1857-58, trad. él. Turín 1976, págs. 34-35.

8 Véase E. Brancaccio, R. Giammetti, S Lucarelli, La guerra capitalista. Competencia, centralización, nuevo conflicto imperialista . Milán 2022. Tras la Primera Guerra Mundial, en 1919, John Maynard Keynes explicaba en su ensayo sobre Las consecuencias económicas de la paz que el principal factor de conflicto entre Estados es la deuda: la relación entre deudores y acreedores conduce muy fácilmente, si no inevitablemente, a a la guerra. Este enfoque interpretativo keynesiano, mezclado eclécticamente con fragmentos de categorías marxianas y leninianas, proporciona un ejemplo interesante del valor y los límites de la contribución cognitiva que la cultura académica de "izquierda" es capaz de proporcionar respecto de la relación entre guerra y economía.

9 Los datos utilizados en la redacción de este párrafo proceden del Observatorio del Mediterráneo, cuya dirección en Internet es la siguiente: www.osmed.it.

10 Vladimir Ilic Lenin, El imperialismo, fase suprema del capitalismo , en Obras Escogidas , Roma 1965, p. 639.

 

Fuente: https://geoestrategia.es/noticia/43022/opinion/la-guerra-a-la-luz-de-la-teoria-marxista.html