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jueves, 30 de enero de 2014

LA HISTORIA SE REPITE: TRATADO DE LIMA Y EL FALLO DE LA HAYA


LA HISTORIA SE REPITE

ValeunPERU.pe, publicó una breve síntesis de la historia del tratado de Lima que desnuda los entretelones y negociados del tratado entre Perú y Chile en 1929. Este documento, que reproducimos líneas abajo, concluye con unas frases lapidarias para las autoridades de aquel entonces. Frases que parecen haber sido escritas para Ollanta Humala y el súper equipo de la Cancillería peruana que, dicho sea de paso, está peor que la selección peruana de fútbol (juega bonito pero siempre pierde). Veamos que escribía ValeunPERU.pe sobre el tratado de 1929:

"Perú firmó un tratado con argumentos insostenibles y cedió terreno que por ley le pertenecía. Por otro lado Chile sorprendió a los mediadores y condicionó las negociaciones a su favor, apropiándose de los recursos y viviendo durante muchos años de los dividendos que le produjo el boom del salitre.

Es obvio que Chile ha sido siempre un país que nunca ha respetado los tratados y le ha sacado ventajas a las negociaciones, mientras que el Perú, lamentablemente, ha contado con autoridades incompetentes que no han sabido defender nuestra soberanía."

Pero, dejemos a nuestros lectores que saquen sus propias conclusiones.

Tacna, 30 de enero 2014
EBM 

La historia del Tratado de Lima y los acontecimientos que lo precedieron


Una vez más la historia demuestra que Chile es un país que no respeta los tratados

Después de 83 años de haberse celebrado el Tratado de Lima, es necesario que todo peruano conozca como ser firmó, que se negoció y bajo que condiciones se dio dicho tratado.

El Tratado de Lima, conocido también como Tratado Rada Gamio - Figueroa Larraín o Tratado de 1929, firmado el 3 de junio de 1929 en la ciudad de Lima entre Chile y Perú, que puso fin al problema de la soberanía de Tacna y Arica.

Según el tratado, la Provincia de Tacna se incorporaba al Perú, en tanto que la de Arica quedaba en poder de Chile, comprometiéndose este último a pagar al Perú un indemnización de seis millones de dólares estadounidenses. Además se fija la línea de la concordia como el límite fronterizo terrestre entre ambos países y la servidumbre a favor de Perú en Arica como el muelle peruano de Arica y el ferrocarril Tacna-Arica (Quiere decir que estos lugares estarán dispuesto a las necesidades del Perú).

Acontecimientos previos a la firma del tratado

El presidente de los Estados Unidos, Calvin Coolidge, árbitro de la controversia, dictaminó el 5 de marzo de 1927, en una resolución relativa a la celebración o no del previsto plebiscito (votación), que era viable su celebración en Tacna y Arica.

Dado que Chile no respetó el Tratado de Ancón, el laudo arbitral del presidente de Estados Unidos indicaba la devolución de la Provincia de Tarata, para lo cual se confirmó la realización del plebiscito y la creación de una Comisión Plebiscitaria integrada por Agustín Edwards McClure de Chile, Manuel de Freyre y Santander del Perú, y del general Joseph John Pershing por Estados Unidos.

Como era de esperarse, se empezaron a suscitar situaciones anormales dentro del plebiscito,como 710 deportaciones de peruanos, la denuncia de 250 peruanos de Tacna y Arica que vivían en Santiago contra su voluntad.  Aun con dichas anomalías, los mediadores autorizan que no se aplace el plebiscito y se realice aún en condiciones imperfectas.

Los mediadores piden a Chile potestad sobre los territorios con el fin de garantizar el plebiscito, para lo que Chile responde que la zona está bajo su soberanía y la Comisión no puede imponerles requisitos sobre su administración.

Chile entra en desesperación y cambia de autoridades, envía al gobernador de Arica Emiliano Bustos como gobernador de Tarapacá y al intendente de Tacna, Luis Barceló Lira como jefe de la campaña electoral chilena.

El general Pershing decide no avalar el plebiscito y piden su renuncia, para lo cual es remplazado por Willian Lassiter. Después de un sin número de acontecimientos, el 15 de junio de 1926 el General Lassiter declara  que es imposible realizarse el plebiscito ya que Chile no garantiza condiciones  justas para el voto peruano en Tacna y Arica.

El 27 de agosto de 1926, Frank Kellogg y Wade Ellis, deciden proponer al Perú y Chile la división del territorio, desde el ferrocarril Arica-La Paz para el Perú, y el resto dividido entre Bolivia y Chile. Si no era aceptado que se realice un nuevo arbitraje a cargo del presidente Coolidge, Estados Unidos se retiraría del caso.

El embajador Hernán Velarde y el ex-canciller Alberto Salomón se entrevistan con Wade Ellis y argumentan la tesis peruana que Tacna y Arica debían ser peruanas porque el registro de votantes del plebiscito era mayoritariamente de peruanos.

Además, Chile incumplió con el artículo 3° del Tratado de Ancón, y que por tanto, Perú no tendría razón alguna para cumplirlo también, por lo que las provincias de Tacna y Arica debían de regresar al Perú.

Dado que Chile no acató normas y no permitió un plebiscito democrático, el 27 de agosto de 1926, Frank Kellogg y Wade Ellis, deciden proponer al Perú y Chile la división del territorio, desde el ferrocarril Arica-La Paz para el Perú, y el resto dividido entre Bolivia y Chile. Si esto tampoco era aceptado, Estados Unidos se retiraría del caso.

Perú tenía todo el derecho a las provincias de Tacna y Arica, ya que Chile no cumplió con el artículo 3° del Tratado de Ancón. Sin embargo, el Perú aceptó negociar con Chile directamente, para lo cual Kellogg hizo oficial su pedido de restablecimiento de relaciones diplomáticas el día 9 de julio de 1928,

El presidente peruano Augusto B. Leguía le presentó cinco puntos al embajador Emiliano Figueroa Larraín. (1) cesión de la zona a una tercera potencia, previa consulta electoral (2) un corredor para Bolivia en el centro (3) la entrega de Tacna al Perú (4) la entrega de Tacna al Perú, aguas de regadío y la privatización del ferrocarril de Arica a La Paz (5) la anexión a Bolivia de Tacna y Arica.

El 12 de diciembre de 1928 Leguía realiza las siguientes propuestas sucesivamente:
  • La devolución total de Tacna y Arica al Perú
  • La entrega de la ciudad de Arica y el morro al Perú
  • Convertir a Arica en un protectorado Chile-Perú-EEUU
  • Neutralizar Arica bajo Venezuela y Uruguay
  • La división de Arica entre Chile y el Perú.
Finalmente Leguía y Figueroa concuerdan en la división territorial Tacna para el Perú y Arica para Chile. Figueroa argumentaba que Arica tenía mayor simpatía por Chile, mientras que Tacna era fiel al Perú. La nueva línea divisoria entregaría parte de la provincia de Tacna a Chile.

Chile retenía Arica y una extensión de 15 351 km² y el Perú recuperaba Tacna y una extensión de 8678 km² junto a Tarata con una extensión de 980 km².

Puesto que Arica era el puerto natural de Tacna, el Perú pidió uno por cuenta de Chile en Arica. El embajador estadounidense en Lima, Moore, pidió que parte de la bahía de Arica y el ferrocarril sean peruanos. Se hicieron otros estudios para que a 2 km de Arica en el río San José se construya el puerto peruano. Chile ofreció construir uno a 16 km de Arica en el río Lluta, a 30 km de Arica en la Yarada o a 60 km de Arica en Sama. Finalmente Chile ofrece construir un malecón de atraque, oficinas de aduanas y el terminal del ferrocarril en el puerto de Arica.

La indemnización que pagaría Chile al Perú sería de seis millones de dólares estadounidenses para obras en la ciudad de Tacna.

Como Bolivia exigía una salida soberana al mar y ante la posibilidad que Chile se la diera cediéndole territorios anteriormente peruanos, exigió Leguía un protocolo complementario en la que se estipularía que Chile no cedería ningún territorio que hubiese sido peruano a Bolivia sin consultar primero al Perú.
Sobre las azufreras del Tacora, quedarían en territorio chileno ya que el embajador Figueroa Larraín argumentaba que sus propietarios eran chilenos. El volcán Tacora que pertenecía a la provincia de Tacna quedó en manos de Chile. El Perú obtendría todas las aguas del Uchusuma y del Maure que discurren por territorio chileno.

La propuesta se presentó el 15 de mayo. Chile y Perú la aceptaron el mismo día.

El tratado se suscribe el 3 de junio de 1929 en la ciudad de Lima, siendo el representante peruano Pedro José Rada y Gamio y Emiliano Figueroa Larraín por la parte chilena.

Las ratificaciones se canjean en Santiago el 28 de julio de 1929. En Chile se promulga por decreto N 1110, el 28 de julio de 1929 y se publica en el "Diario Oficial" el 16 de agosto de 1929.

El 28 de agosto de 1929 se realiza la Reincorporación de Tacna al Perú.

Conclusiones:

Perú firmó un tratado con argumentos insostenibles y cedió terreno que por ley le pertenecía. Por otro lado Chile sorprendió a los mediadores y condicionó las negociaciones a su favor, apropiándose de los recursos y viviendo durante muchos años de los dividendos que le produjo el boom del salitre.

Es obvio que Chile ha sido siempre un país que nunca ha respetado los tratados y le ha sacado ventajas a las negociaciones, mientras que el Perú, lamentablemente, ha contado con autoridades incompetentes que no han sabido defender nuestra soberanía.


Fuente: http://www.valeunperu.pe/noticia/68/la-historia-del-tratado-de-lima-y-los-acontecimientos-que-lo-precedieron.html

miércoles, 4 de septiembre de 2013

ASAMBLEA CIUDADANA DE ARICA CON PASO FIRME HACIA EL PARO REGIONAL DEL 30 DE SEPTIEMBRE


Publicado por Redacción El Puerto Libre | 3 septiembre, 2013 | 0
  
Con amplio programa de actividades para difundir  información y educar a la población, las diversas comisiones de la Asamblea trabajan arduamente en la preparación de un paro regional para este fin de mes reclamando simplemente condiciones de vida y medio ambiente saludable.

Como exitosa calificaron los organizadores la marcha por la Panamericana hacia la población Cardenal Raúl Silva H. el pasado sábado. Se logró el objetivo y unir 15 kms. en tres horas con participación de dos mil personas. Festiva, musical e informativa se desarrolló la actividad que culminó con un concierto al final de Av. Cancha Rayada. En lo deplorable hubo coincidencia entre los asistentes en rechazar la excesiva y temerosa presencia policial y mal gasto de recursos contra la ciudadanía y resguardo desmedido a las residencias de autoridades, en vez de destinar ese gasto para perseguir delincuentes. Hubo cercana presencia todo el trayecto y al lado del escenario de dos “guanacos”, dos “zorrillos” y buses de FF.EE

Lamentable también fue la actitud del alcalde Urrutia, quien luego de participar en la marcha, literalmente dejó “plantados” este lunes a una docena de dirigentes y voceros de la Asamblea Ciudadana quienes esperaron una hora en el municipio para coordinar el paro. Antes de retirarse indignado Francisco Salvo dijo que “esta reunión fue agendada hace una semana ad portas de un importante hito para nuestra región que es el paro del 30 de septiembre, y teníamos la idea de sumar a todos los sectores que quieran rechazar estos proyectos contaminantes (Los Pumas, termoeléctrica y transgénicos), luego de esperar al señor alcalde identificamos su actitud como una falta de respeto. Vamos a hacer todo lo necesario con nuestros propios medios y fuerza, invitamos a toda la comunidad a sumarse al paro y lo que hace el alcalde es una falta a nuestra dignidad”. Y agrega “la vida digna sin contaminación es un derecho humano”. En tanto el vocero Claudio Huerta dijo “vamos a realizar un congreso para informar a toda la ciudadanía, lo más amplio posible, que la gente sepa realmente los peligros a los que nos enfrentamos en cuanto a la salud pública. Nos merecemos ser tratados con dignidad”.

Asamblea

El  movimiento ciudadano por la vida y la dignidad de Arica desde su génesis ha planteado la intención de incluir a toda la población ariqueña y parinacotense  en un gran rechazo a la lógica contaminante de la idea de progreso que impera desde el ejecutivo abriendo las puertas de la región a las transnacionales extractivistas mineras, agroindustriales y energéticas.

Para la Asamblea Ciudadana por la Vida y la Dignidad de Arica la masiva participación de la gente en las diversas manifestaciones convocadas y espontaneas, dan señal de que esta forma de “progreso” con grandes daños al medio ambiente y a la salud de las personas  que se está tratando de implantar en nuestra región dista mucho de ser representativa de la ciudadanía. Y que el jefe comunal no tiene interés real en la protección de la vida y la dignidad de los ariqueños.

Este miércoles 4 de septiembre se reúne la Asamblea en la sede de Borde Río en Diego Portales a las 17:00 horas.


domingo, 28 de agosto de 2011

HABÍA UNA VEZ UNA PROCESION DE LA BANDERA



En el Octogésimo Segundo Aniversario de la Reincorporación de Tacna al Perú recordamos el incidente que dio origen a la Marcha de la Bandera. Recordémoslo en la palabra autorizada de quién vivió los hechos, don Federico Barreto que a la letra dice:

Yo, que he nacido en Tacna y que he pasado allí mi niñez y parte de mi juventud, he sido testigo presencial de esos episodios que recuerdo siempre con orgullo. Ocurrió el caso en 1901. Era por entonces Intendente accidental de Tacna el general don Salvador Vergara. Una institución tacneña, La Sociedad de Auxilios Mutuos "El Porvenir", quiso un día hacer bendecir en la iglesia parroquial un magnífico estandarte de seda, bordado en oro; pero, como en aquellos días habían prohibido las autoridades chilenas exhibir banderas peruanas en la ciudad, fue menester enviar una misión de socios a la intendencia a recabar el permiso correspondiente. La negativa del general Vergara fue rotunda.

- No quiero banderas en las calles- dijo. Provocan manifestaciones patrióticas y esas manifestaciones dan origen a contra manifestaciones que ponen en peligro el orden público.

Y no hubo medio de hacerle variar la resolución. Días después, ya en vísperas del 28 de julio, la Sociedad "El Porvenir", que deseaba celebrar de alguna manera el día de la patria, volvió a solicitar el permiso deseado, y el intendente volvió a denegarlo.

-Lleven el estandarte a la iglesia en una caja- dijo y en la misma forma vuelven con él al local de la Sociedad. Así nos ahorramos un conflicto.

Insistió la comisión, alegando que en Tacna todas las colectividades extranjeras, incluso la China, enarbolaban su bandera cuando les placía y que no era justo que sólo, los peruanos que estaban en suelo propio, se viesen privados de esta libertad.

Una idea extraña, sabe Dios de qué alcances posteriores, debió cruzar en ese momento por el cerebro del general Vergara, pues, cambiando repentinamente de tono, dijo:

Tienen ustedes el permiso que solicitan; pero con la condición de que me garanticen, bajo responsabilidad personal, que al conducir la bandera por las calles, el pueblo peruano no hará manifestación alguna de carácter patriótico. Exijo, desde luego, de un modo concreto, que no haya aclamaciones, ni vivas, ni el más leve grito que signifique, ni remotamente, una provocación para el elemento chileno.

Los miembros de la comisión se miraron un tanto desconcertados, estimando, sin duda, demasiado aventurado el compromiso que se le imponía; pero, resueltos a todo, lo aceptaron, poniendo así en grave riesgo su responsabilidad.

Está bien señor Intendente - dijo Justo Marín - conteniendo su indignación. No se oirá un solo grito en las calles durante la procesión del estandarte.

Así recordaba “el cantor del cautiverio”, Federico Barreto Bustíos, a quienes inmortalizaron aquel momento inolvidable. El valor y la entereza de nuestros abuelos quedó sellado en esas celebres palabras: No se oirá un solo grito en las calles durante la procesión del estandarte. Palabras de Justo Marín, altivo luchador tacneño, que se malquistara el ánimo de todos los intendentes de la ocupación por su inflexible espíritu de peruanidad. Año tras año, los 28 de agosto, los tacneños de siempre, honramos la memoria de quienes abrieron el camino de la peruanidad en 1901, legándonos un sublime acto de fidelidad a la patria ausente.

Durante los 49 años de ocupación chilena en Tacna, no pocos hombres, mujeres y niños, se entregaron con abnegación a la patria ausente poniendo en riesgo sus vidas. Uno de esos fue Don Justo Marín. El rubricó el documento exigido por el intendente Chileno Salvador Vergara. Algunos años después tuvo que refugiarse en el valle de Sama, en ese entonces, frontera del Perú con Chile. Otros patriotas no tuvieron la misma suerte: en Tacna entre 1925 - 26 fueron asesinados, Juan Berríos Espinoza, José Carlos Guisa, Manuel Albarracín García, José Gambetta Correa y su hijita de 8 años, José Pastor Hidalgo Carrasco, Juan Carlos Lanchita Cáceres, Pedro Rodolfo Rejas, Raúl Liendo, Alfredo Llangato, Manuel Machicado y Manuel Espinoza Cuellar; en Pachía, Víctor Hume; en Calana, Santiago Vildoso y los hermanos Aquilino y Juan Gonzáles Rejas. En Calientes: Nicolás Cornejo y José Ale Berrios. En Azufrera Aguas Calientes: Juan Vargas Barreda. En Palca: Aurelio Flores, José Melchor y Manuel Quispe y el niño Juan Sufra. En la Quebrada del Caplina: José Rosa, Juan y Mariano Lanchipa. En Arica: Miguel Herrera Salas, Teofilo Vilca. En Azapa: Lorenzo Zegarra, Manuel Cruz, Cripiano Quispe, Juan Odzon, Paula Flores de Oviedo. En el Pago de Ayca: los hermanos Sebastián y José Silvestre Ibarra, Lorenzo Cohaila y su nieto René. En Lluta: Lorenzo Humire. En Villa Industrial: Mateo Luque, Humberto Colque y Eufemia Ponce. En Huanune: Doroteo y Elisa Cárdenas, Gregorio Cache. En Paucarini: Miguel Romero e hijo. En Challaviento: Florentino Apaza. En Tarata antes del retorno de esta provincia al Perú: Silvestre López y Manuel Primero Franco. En Putre: Antonio Mollo. Años antes, desde 1922, la lista de caídos en manos del ejército y paramilitares chilenos referida por Basadre. En Tacna: Pascual Davis, Pedro Quina Castañón, Juan de la Cruz Quea, Juan Espinoza Cuellar, Julio Gil Lanchita, Carlos Lanchipa Cáceres, Manuel Villa, Manuel Calisaya, Angel Gil, José Manuel Carpio. Manuel Llanque, Filomena Liendo de Gandolfo, Pedro López, Pascual García, Bernardo Terán, Pedro Siles, Ambrosio Arias. En Pocollay: Miguel Reynoso, José Puente Arnao, Manuel Godinez, Miguel Soto Sufra. En Palca: Vicenta Flores, José Luis Vicente, Dámaso Vicente, Andrea Mamani, Bartolomé Cárdenas. En Caplina: José Rosa y Juan Casimiro Lanchipa. En Uchusuma: 20 obreros cuyos nombres se ignoran y cuyos cadáveres fueron arrojados a un pozo de la mina. En Maure y Mamuta: Pascual Mamani, Paulino Mamani, su esposa y seis hijos, Marcelino Flores y dos hijas, Miguel Romero, Manuel Coaquea. En Palquilla: Manuel Lina. En Tarata: Máximo Ticona, Juan Sánchez, Pascual Mamani, Pablo Mamani, Donato Mamani, José Flores, Miguel Gonzalez, Rufino Calca, Eusebio Flores, Santos Marín, Fermín Cohaila.

Poco se recuerda a los hombres, mujeres y niños que dieron su vida por el Perú en la Tacna y Arica cautivas. Son ellos los grandes VENCEDORES, a quienes hay que rendir un justo homenaje. Y NO a los traidores que fueron los primeros en atribuirse avemarías ajenas. La verdad en la historia tiene un solo color. Podrán maquillarla, podrán embellecerla, podrán falsificarla; pero, con el tiempo, los cosméticos se desmoronan y la verdad se impone pese a quien le pese.

Tacna, 28 de agosto 2011

Edgar Bolaños Marín


sábado, 27 de agosto de 2011

EL TRATADO DE 1929: EL TRATADO DE LA TRAICIÓN A TACNA Y ARICA


EL TRATADO DE 1929

Muchos creen que en 1929 el Perú, débil y aislado, no tenía otra alternativa que la aceptación de una ruptura en la continuidad geográfica, histórica y económica del pequeño territorio de Tacna y Arica. ¿Fue ésa la realidad de entonces? Si lo era, había que darle un puerto a Tacna. Leguía aceptó la fórmula representada por la salida al mar en la zona de La Yarada. Hasta allí obró con lógica dentro de su estrategia. Esta solución era mejor que la posteriormente adoptada. Pero, de modo brusco, opinó que no era viable establecer un nuevo puerto seguro y apropiado. Figueroa Larraín envió el 16 de abril de 1929 el cablegrama confidencial número 90 con un texto que ante los tacneños, ante los ariqueños, ante los peruanos y ante la historia resulta feroz: “Como se ve, U.S. estaba en lo cierto al venirme asegurando que el señor Leguía no quería el puerto sino el dinero”.[1]

Así fue como llegó a ser aceptado el memorándum chileno según el cual ese país otorgó al Perú, dentro de los 1575 metros de la Bahía de Arica, un malecón de atraque para vapores de calado y para su aduana y, en ésta, un terminal de la vía férrea de Tacna, todo construido por cuenta de Chile; establecimientos y zonas donde el comercio y el transito peruanos gozarían de la independencia del más amplio puerto libre. Esos ofrecimientos fueron luego especificados en los artículos 5º y 6º del tratado del 3 de junio de 1929. En el mismo pacto, el articulo 11º ordenó la construcción en el Moro de Arica de un monumento a la paz. La cláusula 3 del protocolo complementario señaló que debían ser retirados los viejos cañones que en ese histórico lugar eran exhibidos. Sin embargo, ellos pueden ser vistos actualmente en las plazas de la misma ciudad.[2]

Nada eficaz y práctico se dijo en ninguno de aquellos solemnes documentos acerca de las facilidades necesarias y permanentes en relación con los pasajeros, los equipajes, las relaciones económicas y el tráfico diario entre Taca y Arica. La división de ambas provincias sólo hubiera podido ser aceptable con el establecimiento sólido de dichas garantías. Tampoco –inmenso error que implicaba una ingratitud- el gobierno peruano dedicó inmediatamente un centavo de los 6 millones de dólares que recibió para invertirlos en beneficio de Tacna amputada. Sólo algunos años después, ya bajo un régimen político distinto, unas gotas de ese torrente cayeron sobre aquel suelo ávido. [3]

El tratado de paz de 1929 otorgó además al territorio chileno las azufreras del Tacora y sus dependencias que no pertenecían a la provincia de Arica. Según dijo el embajador Figueroa Larraín, los propietarios de ellas eran chilenos. Así quedo separada Tacna de su cerro tradicional. Y, sobre todo, fue interdicta una fácil vía entre esa ciudad y Bolivia mediante un habilísimo acto cubierto con las vestiduras de la inocencia. Leguía no sugirió siquiera la idea de que los propietarios antedichos transfieran sus derechos.

No se dio el trabajo de buscar informes detallados sobre la realidad económica de la ciudad y de la zona que el Perú recuperaba y acerca del futuro de ellas. Tacna quedó como el único departamento costeño del Perú sin puerto. Se habla de la mediterraneidad de Bolivia; Tacna es mediterránea. Y así, bajo las condiciones más desfavorables, cuidadosamente ocultadas por las apariencias de un tratado en el que los dos antiguos rivales efectuaban concesiones idénticas, volvió el terruño de Vigil y de Inclán a la patria heredad entre discursos fraternos y desbordes de champaña. Más tarde, cuando Ríos Gallardo llegó a Lima como entusiasta Embajador de Chile, celebró entrevistas con Leguia y algunos de sus funcionarios en torno a las relaciones comerciales entre los dos vecinos reconciliados. Se habló de establecer sociedad mixtas para la explotación del petróleo y el azúcar, esto es, de dos productos peruanos; de unificar las flotas mercantes (la nuestra era mucho más débil); de formar una empresa aérea común; de rebajar los derechos en los aranceles por etapas; y de marchar sin trastornos hacia una unión aduanera entre Chile, Arequipa, Puno, Cusco, Moquegua y Tacna. Nada de eso se concretó, al derrumbarse el régimen legista en agosto de 1930.

Y ¿qué vino después? Tacna, “la ciudad heroica”, “el altar de la peruanidad”, según los discursos que se prodigan, sobre todo en el mes de agosto, no fue en realidad sino una nueva zona periférica, sometida al colonialismo interior emanado de Lima. La estructura del Estado y de la economía semicapitalista, y los varios organismos que poseen, de acuerdo con el modelo estatal, una estructura jerarquizada y centralizada, fomentaron los desniveles que en sí llevaba la interiorización de esta lejana vida provinciana cuya población resultó así, como masas, otra minoría nacional. Producida la creciente emigración que llega de Puno, nada se hizo por detenerla o por concentrarla, o por integrarla a la tacneñidad; nada por supervigilar lo que tras ella se oculta de contrabando, de manipulación de drogas, de alejamiento en relación con la identidad nacional. No hubo planes coherentes y sistemáticos para el desarrollo de Tacna, proceso que no consiste únicamente en la necesaria tarea de darle agua, es decir, “pintar de verde” su tierra, sino depende de lo que investiguen conjuntamente los etnohistoriadores, los antropólogos, los geógrafos, los sociólogos, los economistas, los lingüistas, los educadores, trabajando con libertad y eficacia sobre el submundo urbano inflado por el éxodo rural proveniente de los Andes del Sur y sobre el campo en cuyas parcelas diminutas la reforma agraria ha hecho enmiendas no siempre justas ni atinadas.

Fuente: Jorge Basadre, La vida y la historia, tercera edición, 2007, XXIV. El tratado de 1929, Pág. 397-400


[1] Rios Gallardo, Conrado: Chile y Perú: Los pactos de 1929. Santiago: Editorial Nascimento, 1959, p. 309.
[2] En la cumbre del Morro están un museo militar, la tumba del soldado desconocido chileno y un busto de Arturo Prat con la siguiente inscripción:
Capitán Prat, Padre Nuestro/ desde el firmamento de tu gloria / derrama luz inextinguible sobre / los senderos de Chile, para que sea / grande y feliz en la paz, y si / algún día el huracán de la / guerra azota el suelo patrio, / condúcenos con los destellos / de tu espada indómita hacia / donde se triunfa o se muere. / La Armada a la ciudad de Arica / 21 de mayo de 1955
[3] Sobre la inexactitud de la versión según la cual tácitamente el tratado de 1929 abrió el camino para una ulterior salida de Bolivia l mar a través de Arica, véase el libro Apertura de Jorge Basadre (Lima, 1978).Conrado: Chile y Perú: Los pactos de 1929. Santiago: Editorial Nascimento, 1959, p. 309.