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domingo, 15 de junio de 2025

131° ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE MARIATEGUI

 



I

HOY 14 DE JUNIO: NACIMIENTO DE JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI LA CHIRA

Por Vladimir Ortega

 

Frente a las tergiversaciones (fecha de nacimiento, fundación del partido, análisis e interpretaciones, etc.) de algunos antojadizos "políticos" alienados, debemos aclarar que: JC Mariátegui, nació en Moquegua el 14 de junio de 1894.

Algunos por ahí, "celebran la fecha de su fallecimiento y no la fecha de su nacimiento". ¿Serán que sus deseos son convertirlo en un ícono inofensivo?

Para nosotros, se celebran los nacimientos y no los fallecimientos.

Será en un nuevo día, donde la población sudamericana en general y la peruana en particular, celebren dignamente el nacimiento del gran Amauta Autodidacto: JC Mariátegui.

JC. Mariátegui, él mismo señaló, anunció: "Nauseado de la política criolla, me orienté resueltamente hacia el Socialismo"; ojo ahí, no dice: me orienté a la derecha y, no dice me orienté a la izquierda. Entonces, la desviación de derecha e izquierda no es igual a Socialismo. Ojo con esto.

Ayer 13 de junio del 2025 (vísperas del nacimiento de JC. Mariátegui), recibí muy amablemente de la Editorial Heraldos, la publicación "facsímil" (copia exacta, reimpresión) del primer libro organizado de JC Mariátegui que fue publicado en 1925 por la editorial Minerva: LA ESCENA CONTEMPORANEA, que en noviembre de este año cumple 100 años de su publicación y aún late vigente para interpretar el mundo actual.

No hay nada más significativo que celebrar el nacimiento y cumpleaños del gran Amauta Autodidacto JC. Mariátegui, leyendo su primer libro orgánico.

He aquí algunos escritos que en el libro acabo de leer:

"La organización o desorganización, del mundo, en esta época, es económica antes que política".

"Ahí donde los imperios antiguos desembarcaban sus ejércitos, a los imperios modernos les basta con desembarcar sus banqueros".

"Los gérmenes de la guerra están alojados en el organismo de la sociedad capitalista. Para vencerlos es necesario, por consiguiente, destruir este régimen cuya misión histórica, de otro lado, está ya agotada".

"En estos períodos de la política rebasa los niveles vulgares e invade y domina todos los ámbitos de la vida de la humanidad. Una revolución representa un grande y vasto interés humano. Al triunfo de ese interés superior no se oponen nunca sino los prejuicios y los privilegios amenazados de una minoría egoísta".

"La idea revolucionaria tiene que desalojar a la idea conservadora no solo de las instituciones sino también de la mentalidad y del espíritu de la humanidad".

He ahí, LA ESCENA CONTEMPORANEA, a sus 100 años de publicación, más vigente, muy actual.

 

Nota: revolución no es sinónimo de terror, de terrorismo, de horror, de muerte, de destrucción. Revolución es transformación, es cambio, es cambio social.

 

II

MARIÁTEGUI Y EL FANTASMA DEL "COMUNISMO"

 

Publicado: 14/06/2021

El fantasma del comunismo vuelve otra vez. Nuestro amauta José Carlos Mariátegui La Chira también fue víctima de esta peregrina acusación que cada cierto tiempo renace para intentar desacreditar y reprimir a sectores populares y democráticos.

Así lo veremos en el siguiente informe que publicamos un 14 de junio, fecha del nacimiento del gran amauta peruano, quien a pesar del tiempo transcurrido nos sigue dando lecciones de ética e integridad política.

 

Por Jorge Agurto

Servindi, 14 de junio, 2021.-

 

 El fantasma del comunismo vuelve otra vez. Nuestro amauta José Carlos Mariátegui La Chira también fue víctima de esta peregrina acusación que cada cierto tiempo renace para intentar desacreditar y reprimir a sectores populares y democráticos.

El viernes 8 de junio de 1927 el gobierno de Augusto Leguía desplegó un operativo represivo de gran envergadura para desbaratar un supuesto "complot comunista".

El balance del operativo fue la reclusión en la isla San Lorenzo de cuarenta ciudadanos, entre escritores, intelectuales y obreros; clausura de la revista "Amauta", órgano de los intelectuales y artistas de vanguardia.

Además, la deportación de los poetas Magda Portal y Serafín Delmar a La Habana; acusaciones y vejámenes a la poetisa uruguaya Blanca Luz Brum, viuda del gran poeta peruano Juan Parra del Riego.

La prisión de Mariátegui en el Hospital Militar duró seis días, al cabo de los cuales se le devolvió a su domicilio con la notificación de que quedaba bajo la vigilancia de la policía.

Se intervino una sesión ordinaria de la Editorial Obrera "Claridad" citada por la prensa en la se trataba sobre la adquisición de una pequeña imprenta.

 Aquí se arrestó a cuatro estudiantes y a algunos obreros, en su mayor parte gráficos.

Además, la policía extrajo violentamente de sus domicilios a los más conocidos organizadores obreros, a quienes se les presentaba como concurrentes a una reunión clandestina.

Sin embargo, se detuvo a personas ajenas a la Editorial Claridad como el escritor Jorge Basadre, responsable de un estudio sobre la penetración económica de los Estados Unidos en Centro y Sud América, y particularmente, en el Perú.

El motivo del operativo policial fue cesar la crítica desarrollada por la revista Amauta que en su número 9 dedicó su edición a cuestionar la penetración del imperialismo yanqui en Perú y en el resto de América.

Según lo explica Ricardo Martínez de la Torre "la Embajada de los Estados Unidos presionó al Gobierno de Leguía, para que suspendiera la revista y persiguiera a sus redactores y colaboradores" (Apuntes para una interpretación marxista de historia social, tomo II).

El Ministerio de Gobierno distribuyó cartas y documentos que luego fueron reproducidos por los medios de prensa el viernes 8 de junio y fue la primera vez que se escuchó en el Perú de los "comunistas criollos" que entonces despertó mas curiosidad que temor.

 

LA RESPUESTA DE MARIATEGUI

El amauta José Carlos Mariátegui La Chira respondió con resolución las acusaciones del Ministerio de Gobierno. Admitió la responsabilidad íntegra de sus ideas, y rechazó su participación de un supuesto "plan o complot folletinesco de subversión".

Remarcó que dada su condición de marxista "convicto y confeso" se encuentra "lejano de utopismos en la teoría y en la práctica" y se entretenga en "confabulaciones absurdas".

"Soy extraño a todo género de complots criollos de los que aquí puede producir todavía la vieja tra­dición de las "conspiraciones". La palabra revolución tiene otra acepción y otro sentido" aclara Mariátegui.

 

EL COMPORTAMIENTO PURULENTO DE EL COMERCIO.

En su carta a la revista La Correspondencia Sudamericana Mariátegui observa el comportamiento de la prensa local que se hizo eco de la conspiración comunista sin cruzar fuentes.

 

En particular, cita el caso del decano de la prensa "El Comercio", al cual califica de "órgano de la clase conservadora", el cual "coreó con estúpida gravedad la versión policial del "descubrimiento de un complot"".

En una carta a Miguel Ángel Urquieta del 21 de junio de 1927 escribe: "El repugnante Comercio ha aprovechado esta miserable ocasión para dedicarnos las más pérfidas puñaladas. Pero esta es también la prueba de que cumplimos nuestro deber".

"Todos los periódicos han hecho caso al bluff policial.

 El más encarnizado y purulento ha sido El Comercio. Sin embargo este balín se va desinflando solo poco a poco".

 

[CARTA AL DIARIO LA PRENSA]

Carta al diario La Prensa

 

Hospital San Bartolomé,

Lima, 10 de junio de 1927

 

No es, absolutamente, mi intención polemizar con las autoridades de policía respecto del llamado "complot comunista" que aseveran haber descubierto, pero sí quiero rectificar sin tardanza las afirmaciones que me conciernen de la versión policial acogida por el diario que Ud. dirige.

En respuesta a los cargos que tan imprecisamente se me hacen, me limitaré a las siguientes, concretas y precisas declaraciones:

1º- Acepto íntegramente la responsabilidad de mis ideas expresadas claramente en mis artículos de las revistas nacionales o extranjeras en que colaboro o de la revista "Amauta", fundada por mí en setiembre último, con fines categóricamente declarados en su presentación; pero rechazo en modo absoluto las acusaciones que me atribuyen participación en un plan o complot folletinesco de subversión.

2º- Remito a mis acusadores a mis propios escritos públicos o privados, de ninguno de los cuales resulta que yo, marxista convicto y confeso, -y como tal, lejano de utopismos en la teoría y en la práctica- me entretenga en confabulaciones absurdas, como aquella que la policía pretende haber sorprendido y que tampoco aparece probada por ninguno de los documentos publicados.

3º- Desmiente terminantemente mi supuesta conexión con la central comunista de Rusia (o cualquiera otra de Europa o América); y afirmo que no existe documento auténtico alguno que pruebe esta conexión. (Recordaré a propósito que cuando se dio cuenta de los resultados del registro de la oficina rusa en Londres, se anunció que no se había encontrado, entre las direcciones o datos de corresponsales de América, ninguno relativo al Perú).

4º- La revista "Amauta" -revista de definición ideológica de la nueva generación- ha recibido mensajes de solidaridad y aplauso de intelectuales como Gabriela Mistral, Alfredo Palacios, Eduardo Dieste, José Vasconcelos, Manuel Ugarte, Emilio Frugoni, Herwarth Walden, F. T. Marinetti, Joaquín García Monje, Waldo Frank, Enrique Molina, Miguel de Unamuno y otros de renombre mundial o hispánico que no militan en el comunismo.

5º- Tengo segura noticia de que la reunión sorprendida por la policía en el local de la Federación Gráfica, ha sido una reunión de la Editorial Obrera "Claridad" que nada tenía de ilícita ni clandestina. Las citaciones respectivas se publicaban en los diarios.

No rehuyo ni atenúo mi responsabilidad. Las de mis opiniones las acepto con orgullo. Pero creo que las opiniones no están, conforme a la ley, sujetas al contralor y me­nos a la función de la policía ni de los tribunales.

Dos méritos me han sido siempre generalmente reconocidos: un poco de inteligencia y sinceridad en mis convicciones. "La Prensa", comentando mi libro "La Escena Contemporánea", reconoció generosamente en este libro, que señala mi posición ideológica, una y otra cosa.

Tengo, pues, algún derecho a que se me escuche y crea una afirmación que está en rigurosa coherencia con mi actitud y mi doctrina: la de que soy extraño a todo género de complots criollos de los que aquí puede producir todavía la vieja tradición de las "conspiraciones". La palabra revolución tiene otra acepción y otro sentido.

Espero de su lealtad periodística la publicación de esta carta y me suscribo de usted muy atto. S.S.

José Carlos Mariátegui

 

[CARTA EN "LA CORRESPONDENCIA SUDAMERICANA"]

 

En "La Correspondencia Sudamericana", (Nº 29, del 15 de agosto de 1927, Buenos Aires), Mariátegui publicó una carta destinada a desmentir la noticia propagada por las agencias cablegráficas yanquis:

 

"Carta a La Correspondencia Sudamericana

Lima,

Estimado compañero:

 

Tengo el deber de protestar ante la opinión latinoamericana contra las falsas acusaciones lanzadas por la policía de Lima contra los intelectuales y obreros de vanguardia del Perú, para explicar su persecución.

 Estas acusaciones, recogidas sin ninguna crítica por la mayoría de los corresponsales, han sido propagadas por la gran prensa. En el Perú ha circulado sin más réplica que una carta mía, por, encontrarse, como es notorio, toda la prensa, bajo el contralor o la censura del gobierno.

En esta ocasión, además, el Ministro de Gobierno, llamó a su despacho a los periodistas para comunicarles dramáticamente el peligro que había corrido el Estado, la sociedad, etc., de ser intempestivamente barridos por una súbita, marejada comunista. Y el decano de la prensa de Lima "El Comercio", órgano de la clase conservadora, que pasa por silencioso adversario del gobierno, coreó con estúpida gravedad la versión policial del "descubrimiento de un complot".

Aunque no es probable que la parte más avisada y consciente del público latinoamericano haya concedido el menor crédito a esta mentira, conviene, por la difusión que le han dado las agencias y los diarios -generalmente sin ninguna juiciosa reserva- oponerles el más categórico desmentido.

En el Perú no se ha descubierto ninguna conspiración comunista. La policía no ha podido apoyar sus enfáticas aseveraciones en ninguna prueba seria. Los documentos publicados consisten en cartas cambiadas entre, estudiantes desterrados y obreros de Lima, que no contienen más que la reafirmación de ideas fervorosamente profesadas y la enunciación de propósitos de propaganda. La reunión sorprendida por la policía fue una sesión ordinaria de la Editorial Obrera "Claridad", para la cual se había citado por la prensa.

 En esta sesión, en la que se arrestó a cuatro estudiantes y a algunos obreros, en su mayor parte gráficos, se trataba sobre la adquisición de una pequeña imprenta.

La policía extrajo violentamente de sus domicilios, la misma noche, a los más conocidos organizadores obreros, tanto para paralizar una segura protesta como para dar mayor volumen a su pesquisa. La versión oficial presentaba a todos los presos como concurrentes a una reunión clandestina.

 Entre ellos se contaban, sin embargo, personas que no trabajaban absolutamente en la Editorial "Claridad" como el escritor Jorge Basadre, responsable sólo de un estudio sobre la penetración económica de los Estados Unidos en Centro y Sud América, y particularmente, en el Perú.

El balance de la represión es el siguiente: reclusión en la isla San Lorenzo de cuarenta ciudadanos, entre escritores, intelectuales y obreros; clausura de la revista "Amauta", órgano de los intelectuales y artistas de vanguardia; deportación de los poetas Magda Portal y Serafín Delmar a La Habana; acusaciones y vejámenes a la poetisa uruguaya Blanca Luz Brum, viuda del gran poeta peruano Juan Parra del Riego; cierre por una semana de los talleres y oficinas de la Editorial Minerva; prisión mía en el Hospital Militar donde permanecí seis días, al cabo de los cuales se me devolvió a mi domicilio con la notificación de que quedaba bajo la vigilancia de la policía.

El pretexto del "complot comunista" -no obstante la unánime aceptación que ha merecido de la prensa limeña, incondicionalmente a órdenes del ministro de gobierno- a la mayor parte del público le parece aquí grotesco.

La batida policial ha estado exclusivamente dirigida contra la organización obrera, contra la campaña anti-imperialista, contra el movimiento del A.P.R.A. y contra la revista "Amauta", cada día más propagada en el Perú.

 Se denuncia al A.P.R.A. como una organización comunista, cuando se sabe bien que es una organización anti-imperialista latino-americana, cuyo programa se condensa en estos tres puntos: "Contra el imperialismo yanqui, por la unidad política de América Latina, para la realización de la justicia social".

Usted, estimado compañero, conoce a "Amauta". Apelo a su testimonio para rechazar y condenar las acusaciones con que se pretende justificar la clausura de esta revista, que representa un movimiento ideológico no sólo peruano sino continental. Invoco el juicio de los intelectuales honrados.

De muchos he recibido ya generosamente demostracio­nes de solidaridad que me honran y alientan.

José Carlos Mariátegui"

 

https://www.servindi.org/14/06/2021/mariategui-y-el-complot-comunista

 

131° ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE MARIATEGUI

(1894-14.06-2025)

SEGUIR POR EL CAMINO DE MARIATEGUI

 

El socialismo proletario peruano, reivindica y hace suyo la Creación Heroica de José Carlos Mariátegui, por cada uno de sus cinco generaciones. Hoy, en homenaje a los 131° años de su nacimiento, es necesario señalar la gestión y los aportes de cada generación.

 

Primera Generación (1920-1945), con la dirección de Mariátegui, fundador del Socialismo Peruano. Su creación heroica, en lo teórico: 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. Su obra cumbre, donde aborda los problemas estructurales que impiden el desarrollo del Perú. Su creación heroica, en lo práctico: Partido Socialista del Perú.

Segunda Generación (1945-1970) Rescate del Socialismo Peruano. Publicación de la Bio-Bibliografía de José Carlos Mariátegui, por Guillermo Rouillón Duharte (1917-1978)

Tercera Generación (1970-1995) Sistematización de la obra de José Carlos Mariátegui, su sistema de cuatro construcciones: Defensa del Marxismo, construcción ideológica. 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, construcción teórica. Ideología y Política en el Perú, construcción política. Invitación a la Vida Heroica, construcción orgánica. Sus aportes: Plan Perú (Siete Triples, Manifiesto del Poder Cívico.)

Cuarta Generación (1995-2020) Los diversos colectivos que conforman el movimiento socialista peruano, han realizado diversas acciones, como: la Publicación de la revista Centenario, Construcción de la Editorial Perú Integral, publicación de la revista Polémica, y los espacios de crítica de ideas Foro Centenario, Foro Participativo, Foro Resurgimiento. El Seminario del Socialismo Peruano, realizado el 7 de Octubre de 2008. Con ocasión de la celebración del Aniversario 80° de la Creación Heroica de José Carlos Mariátegui.

Las conclusiones y tareas acordadas en el seminario del 7 de Octubre del 2008, están publicadas en el documento Nuestra Posición. Que contiene Nuestra posición ante el Socialismo Peruano. Nuestra Posición ante las Tareas del Socialismo Peruano. Nuestra Posición ante el Socialismo Internacional. Y el acuerdo del paso del Socialismo Peruano, de la crítica de ideas a la preparación de la organización. Tarea aún pendiente.

Quinta Generación (2020-2045) Transcurrido el primer lustro de su gestión, se constata que el pueblo sigue luchando por sus reivindicaciones inmediatas, en barrios y barriadas de todo el país. Pero, falta aún una coordinadora que eleve las luchas del plano local al plano nacional.

El respaldo para la gestión propia de la Quinta Generación, es adherir al legado de las generaciones anteriores del Socialismo Peruano y asumir las tareas de Fortalecimiento del Frente Único, realizar la conferencia consultiva anual, tener como centro de debate el Camino de Mariátegui, Reivindicar el Partido Socialista del Perú.

Entonces, en el 131° Aniversario del nacimiento de Mariátegui, podemos señalar ¡Lo mejor está por venir!

 

Lima, 14 de junio del 2025.

Domingo Suárez

 

 

sábado, 28 de septiembre de 2024

ORGANIZACIÓN Y PLANEACIÓN: UNA NECESIDAD URGENTE PARA SALIR DEL PANTANO DE LA POLÍTICA CRIOLLA (1)



Temas de Organización.


I.                             Breve Historia


      Desde que el ser humano se diferenció del mundo animal, tuvo necesidad de organización y planeación de su devenir. Más aún cuando pasó de nómada a sedentario. En su relación hombre-naturaleza tuvo que construir observatorios para calcular las estaciones climáticas, el año lunar y solar, y tuvo que adecuar tierras para sus cultivos, ganadería y demás actividades. Y en su relación hombre-hombre tuvo que organizar su actividad social, desde la Comuna autónoma a la reunión de comunas (Reinos), y de ahí a la reunión de reinos (Imperios). En América pre-colombina se puede seguir, no obstante la destrucción que sufrió con la conquista y coloniaje, las huellas de este desarrollo en las culturas Maya, Azteca, Inca, Chibcha.


      De esta actividad quedan tanto registros materiales como registros escritos en el mundo entero, y también dichos y costumbres consuetudinarios. En cuanto a registros escritos, se nota la organización militar como base inicial de la planeación, sea para defender lo propio como para lograr lo ajeno. No es casual que los primeros personajes en destacar fueran militares (democracia militar). En la capaccuna, dinastía incaica, p.e., se reconoce a Manco Capac como personaje legendario y a su sucesor Sinchi Roca como personaje histórico (y Sinchi, término quechua, significa guerrero, militar, general).  Pero, por supuesto, es en los siglos recientes que se logró el estudio sistemático de la organización y planeación. Sin este estudio ya no es posible avanzar en cualquier actividad social.


      En ambos casos, los registros históricos mencionan a Sun Zi con su Arte de la Guerra, (Bing Fa, s.VI a.n.e.), y luego a Maquiavelo con El Príncipe, 1513, y Sobre el Arte de la Guerra, 1521, Quesnay con Cuadro Económico (1758), Clausewitz con De la Guerra (1832), Marx y Engels con Manifiesto Comunista (1848), Lenin con Qué Hacer (1903), Taylor con Principios de la Administración Científica (1911), Fayol con Administración Industrial y General (1916), Weber con Economía y Sociedad (1922), y los más recientes con sus investigaciones acerca de la Planeación Estratégica, modelo máquina y modelo biológico. De hecho, es con el marxismo que comienza a ser tratado seriamente el problema de la organización y planeación.


      En nuestro caso, en Huaman Poma, Inca Garcilaso, Cronistas de la conquista, se hallan valiosos datos acerca de la organización incaica, esa "formidable máquina de producción"; y en JCM igualmente hay valiosos datos acerca de la organización estatal, partidaria, de masas adecuada a nuestra propia realidad. Reunidos, analizados, valorados surge la teoría de organización que sirve al desarrollo del Socialismo Peruano.


      Como es posible que para más de un activista no le sea fácil acceder a las obras extranjeras mencionadas, la presente serie comienza con apartes de esas obras, entresacados a la letra y con referencias pertinentes, aunque no todos esos apartes se relacionen directamente con el propósito de la serie.


      Como se sabe, el trabajo orgánico es el menos orgánico de los trabajos. En esencia, el problema no es de estatuto sino de programa. Si no se tiene un propósito definido, no hay cómo reunir voluntades. Si el programa es difuso, la mejor propaganda y agitación para nada sirven. Aún más, tanto estatuto como programa tienen que partir de la propia realidad, adecuarse a la propia realidad. Así, es en el problema de la organización donde se comprende mejor que el marxismo no es un dogma sino una guía para la acción.


      Ahora que el Socialismo Peruano pasa resueltamente de la "crítica de ideas" a la "preparación de la organización", es indispensable conocer la teoría de la organización y planeación, punto débil que limita todos los esfuerzos por concretizar la labor de innumerables grupos a lo largo y ancho del país. La desunión puede convertirse en unión al pasar del espíritu de círculo al espíritu de partido, de la respuesta aislada de grupo a la respuesta solidaria de clase. Apenas se logre este paso, el panorama del Socialismo Peruano cambiará como de la noche a la mañana.


      JCM repitió una y otra vez que "Un pueblo de cuatro millones, consciente de su número, no desespera nunca de su porvenir. Los mismos cuatro millones de hombres, mientras no son sino una masa inorgánica, una muchedumbre dispersa, son incapaces de decidir su rumbo histórico". Ahora somos varias veces más ese número, pero continuamos siendo "una masa inorgánica, una muchedumbre dispersa". Por eso, la preparación de la organización tiene como tarea prioritaria superar esa situación. Es, pues, tarea del momento.


       "Organización y Agitación. Solidaridad y fuerza, he ahí la labor del momento y de siempre", es el llamado que ahora resuena con mayor vigencia y actualidad que cuando fue lanzado por los luchadores sociales que nos antecedieron. (La Protesta, primera quincena de enero de 1919). Honremos su memoria con nuestra propia solidaridad y fuerza, con nuestra propia organización y agitación.


   07.11.07

Ramón García Rodríguez

 

lunes, 15 de mayo de 2023

MARIÁTEGUI: AVENTURA, REVOLUCIÓN Y COSMOPOLITISMO

 


José Carlos Mariátegui en el restaurante IL Picollo Edén en Nervi, Génova, Italia, noviembre de 1920. (Vía Wikimedia Commons)

 

Martín Bergel

Entrevista por
Leonardo Frieiro

 

Mariátegui fue un marxista atípico para su tiempo: indoblegable y flexible, intransigente en su socialismo, pero también asombrosamente plástico y desprejuiciado en sus múltiples intereses. Esa doble condición hace que no pierda vigencia, y es uno de sus legados más valiosos.

 

No es sencillo aproximarse a la obra de José Carlos Mariátegui sin al menos una guía mínima de lectura que nos ayude a abordar la estridencia de un corpus que es diverso, fraccionario, incluso incompleto, y todo ello a la vez. 

Entre quienes se han propuesto acercar la obra de Mariátegui a nuevos —y no tan nuevos— lectores y lectoras, el historiador e investigador Martín Bergel se ha convertido en una referencia ineludible. Si con la Antología (2021) Bergel nos propuso releer a Mariátegui desde un nuevo prisma —el del socialismo cosmopolita—, ahora con la publicación de Aventura y Revolución Mundial (2022) nos impulsa a dar un paso más allá con una operación desafiante: identificar la genealogía de las ideas de Mariátegui a través de una faceta crucial en su efímera biografía: el viaje.

Así, a través de los textos de viaje, Bergel recorre las búsquedas, las inquietudes —las más profundas y también las más mundanas—, la devoción y el enorme esfuerzo intelectual que el autor peruano dedicó a conocer y entender realidades que, a pesar de serle sumamente distantes, entendía imprescindibles en la búsqueda apasionada por conocer la escena mundial que le era contemporánea.

Desde Revista Jacobin conversamos con Martín Bergel sobre su itinerario intelectual, su encuentro con Mariátegui y su propuesta de lectura para aproximarse a quien fue considerado «el primer marxista de América». Por supuesto, también hablamos de la vigencia del pensamiento político de Mariátegui a la hora de ensayar una crítica socialista de las condiciones actuales del capitalismo global contemporáneo.

 

LF

Desde hace un tiempo te encontrás trabajando sobre la figura y el pensamiento de José Carlos Mariátegui. Un desafío particular en tanto se trata de un autor que, a pesar de la novedad radical de sus escritos para el marxismo latinoamericano, cuenta con una obra fragmentaria y también inconclusa. ¿Cómo nació tu interés en reapropiarte del corpus mariateguiano?

MB

Mi interés por la obra y la figura de Mariátegui se remonta ya a un par de décadas atrás, y fue dándose por oleadas (como suele suceder en las atracciones intelectuales, en mi caso atravesadas además por los ritmos discontinuos de las obligaciones académicas que hacen a mi trabajo remunerado). Creo que, mirando hacia atrás, puedo distinguir tres momentos de mi relación con Mariátegui.

En primer lugar, supongo que la referencia de Mariátegui era inescapable en el ambiente de la carrera de historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA en la que me formé en los años 1990 y comienzos de los 2000 (y no solamente porque una de las agrupaciones estudiantiles más conocidas en ese ámbito llevaba el nombre del peruano). De todos modos, esa referencia era apenas la de un nombre y algunas imágenes, puesto que en la Facultad de la calle Puan casi no se leía a Mariátegui. Más bien me parece que, tanto antes como ahora, ocurre algo que está en la base de mis intenciones al involucrarme en la elaboración de antologías de sus textos: a Mariátegui se lo supone, se lo imagina, más de lo que se lo lee. Seguramente hay varias razones por las que esto sucede, y puedo decir luego algo al respecto.

De modo que, más que el clima general de la carrera de historia de la UBA, fueron nexos más concretos y decisivos los que me introdujeron por primera vez en Mariátegui. En 1997 cursé la apasionante materia Pensamiento Argentino y Latinoamericano, cuyo profesor titular era Oscar Terán. Terán fue uno de los grandes profesores de Puan por más de dos décadas, y sus clases, abarrotadas de estudiantes, eran cautivantes. Tanto lo fueron para mí que unos años después, en 2001, ingresé como adscripto a la cátedra, al tiempo que empezaba a concurrir a su Seminario de Historia de las Ideas, los Intelectuales y la Cultura en el Instituto Ravignani de la UBA (el seminario que, luego de su muerte, lleva su nombre).

Pero ya antes de acercarme a esos ámbitos, en una Feria del Libro había conseguido un ejemplar perdido de Discutir Mariátegui, el libro que Terán había publicado en México en 1985, y que ya entonces, y sobre todo en Buenos Aires, era casi inconseguible (muchos años después, en 2017, estuve encargado de su reedición a través de una pequeña editorial). Como es conocido, desde su exilio mexicano Terán fue —junto a otras figuras como Pancho Aricó, Alberto Flores Galindo, Antonio Melis, Carlos Franco y Robert Paris— uno de los nombres más importantes de la generación que redescubre a Mariátegui a fines de la década del 70 (llamada «generación de Sinaloa», por un congreso que los reúne en 1980 en la Universidad de ese Estado mexicano). Pues bien, ese libro de Terán, que leí con fruición, ofició para mi de introducción a Mariátegui, y el peruano estuvo en muchas de las conversaciones que sostuve con él cuando empezó a dirigir mi tesis de doctorado.

Contemporáneamente me había vinculado a Horacio Tarcus, y comencé a ser un estrecho colaborador del CeDInCI (Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas) desde su propia fundación a fines de los años 90. Entre otras actividades, fui parte del colectivo editor de las revistas El Rodaballo y Políticas de la Memoria, además de —ya en los años 2000— ser uno de los impulsores, junto a Adriana Petra, Laura Fernández Cordero y, por supuesto, el propio Tarcus, de los congresos de historia de las izquierdas que cada dos años organiza el CeDInCI. En esos ámbitos, también eran habituales las referencias o las discusiones sobre Mariátegui (por ejemplo, a partir de un libro que Tarcus publica en su editorial El Cielo por Asalto en la que se reúne la correspondencia de Mariátegui con el argentino Samuel Glusberg y el norteamericano Waldo Frank).

Un segundo y más decisivo momento tiene lugar a partir de 2005. Ese año el Congreso del CeDInCI tuvo por tema a los exilios en la historia latinoamericana, una perspectiva que entonces despuntaba entre los historiadores latinoamericanistas. Me decidí entonces por iniciar una investigación y presentar un trabajo sobre los exiliados apristas en la Argentina de los años 20, en especial dos importantes figuras, Manuel Seoane y Luis Heysen. Ese trabajo, publicado luego en Políticas de la Memoria, dio comienzo a un prolongado asedio a la historia del APRA en el periodo de entreguerras, que hice en paralelo a mi tesis de doctorado y que redundó en numerosos ensayos, luego reunidos en el libro La desmesura revolucionaria que se publicó hace unos años en Lima a través de la editorial La Siniestra.

Pero ese camino no estuvo disociado de preocupaciones más inmediatamente intelectuales y políticas. Desde fines de los años 90 y a comienzos de los 2000 estuve muy involucrado en las redes y actividades del movimiento alterglobalizador, en particular en el proceso del Foro Social Mundial nacido en Porto Alegre. En una edición del Foro, en 2005, estreché vínculos con jóvenes peruanos, provenientes de la militancia universitaria y del Movimiento Raíz. Varios de ellos, como Anahí Durand, Teresa Cabrera, Jorge Miyagui, Hernán Maldonado, Carlos Alberto Adrianzén e Irma Pflucker, han transitado luego caminos de cruce entre vida intelectual y artística y militancia política. En ese Foro también me vinculé al finlandés Teivo Teivainen, que dirigía el programa «Democracia y Transformación Global» en la Universidad de San Marcos. 

Fruto de esos contactos hice mi primer viaje al Perú en mayo de 2006, y desde entonces mi interés en la historia intelectual y política peruana del período de entreguerras no cesó de crecer y alimentarse en viajes sucesivos a Lima y a otras ciudades peruanas como Cajamarca y Trujillo. En esos viajes, siempre intensos, trabajé en numerosos archivos y bibliotecas, visité innumerables librerías de viejo en las que fui haciéndome un acervo bibliográfico en historia peruana, y conocí y entrevisté a decenas de antiguos militantes y familias vinculados a la tradición aprista.

Aunque mi interés mayor pasó entonces por la historia del APRA (menos por la de Haya de la Torre que por la de toda la generación de intelectuales y escritores que lo secundó en los años 1920 y 1930), ya ese viaje de 2006 significó también una inmersión en Mariátegui y sus mundos. También me hice vorazmente de todo lo que pude acopiar sobre Mariátegui, desde los dos tomos del Mariátegui Total que me obsequiara Sandro Mariátegui (el hijo mayor), a muchos ensayos y trabajos sobre su obra. Por ejemplo, en ese viaje adquirí las Obras Completas de Alberto Flores Galindo.

En mi viaje siguiente a Lima, en 2008, a través del sociólogo Osmar Gonzales participé de un congreso por los 80 años de los Siete ensayos. Allí preparé mi primer ensayo sobre Mariátegui, que se publicó unos años después bajo el título de «Oriente y Occidente en el pensamiento de Mariátegui». Pienso ahora que en la elección de ese tema, que reconstruye la parábola de ambas nociones en el itinerario mariateguiano de madurez, estaba ya presente una búsqueda por ubicar a Mariátegui en coordenadas espaciales diferentes a las habituales, como un intelectual que debía ser leído en la escena global de su tiempo.

De todos modos, en esos años mi interés principal estaba en la historia del APRA, que leía también en sus redes transnacionales y en las prácticas intelectuales y políticas que rodeaban su apuesta desmesurada por construir un movimiento revolucionario americano a escala internacional. En ese marco, en la medida en que los jóvenes apristas se asumían también como marxistas, tendí a ubicar a Mariátegui como una figura que sobresalía pero que era parte de la generación emergente en el Perú en los años 20, que tenía como rasgo general la búsqueda de una aleación, en diversas dosis, entre vanguardismo estético y vanguardismo político (digamos, ubicaba a Mariátegui junto a otras figuras como Magda Portal, Esteban Pavletich, Manuel Seoane y los propios Haya de la Torre y Eudocio Ravines, entre otros).

Incluso me parecía que la polémica entre Haya y Mariátegui había sido mal leída, sobreideologizadamente, y que una lectura desde las herramientas de la historia intelectual (por ejemplo, desde el contextualismo de Quentin Skinner, pero también desde la atención a los soportes materiales de la polémica, empezando por la especificidad de la cultura epistolar) matizaría o precisaría las diferencias entre ambos.

Pero además, creo que en ese movimiento por relativizar la importancia de Mariátegui me parece que jugaba también un cierto hastío ante el endiosamiento de su figura, un endiosamiento que se hacía desde un guion establecido que volvía repetidamente sobre un conjunto de lugares comunes (la cita sobre el «calco y copia», el modo de referirse a él como «el Amauta», etc.). Esos gestos edulcorados, que también ponían nervioso a Terán sobre el final de su vida —cuando él también estaba releyendo la revista Amauta—, me alejaban de inspecciones más profundas.

No obstante, en una tercera etapa que se abre hacia 2015 finalmente sí me adentré a la lectura detenida de todo Mariátegui y a una nueva estimación de su estatura y su excepcionalidad intelectual. Ese momento se abre de un modo un poco curioso, con una invitación de un profesor uruguayo que enseñaba en una universidad de Shanghai a preparar una antología de textos de Mariátegui en idioma chino. Por razones insondables para mí, ese proyecto finalmente no se concreta, pero me pone a pensar cómo efectivamente organizar una antología de sus textos que resulte representativa del conjunto de su obra y que, al mismo tiempo, proponga de ella una lectura renovada. Me interesaba precisamente discutir y desestabilizar algunos de los lugares comunes que pesaban en las imágenes corrientes sobre Mariátegui. Es en esa instancia, entonces, que le propongo a la editorial Siglo XXI elaborar una antología de ese tinte, que luego de varios años de labor se publica al inicio de la pandemia, en mayo de 2020.

En paralelo, en esos años desarrollé algunos trabajos colindantes, como la mencionada reedición de Discutir Mariátegui, de Terán, un trabajito en el que colocaba a Mariátegui y a su ensayo «El proceso de la literatura» en relación a los debates contemporáneos sobre la llamada world literature, y, por invitación de Michael Hardt y Sandro Mezzadra, un ensayo sobre el lugar de la Revolución Rusa en Mariátegui, para un número especial de la revista South Atlantic Quarterly por los cien años del triunfo bolchevique.

Es en ese marco de elaboración de esos trabajos y, sobre todo, de la Antología para Siglo XXI, un marco que se vio estimulado por el estrechamiento de vínculos con un conjunto de investigadores… Por empezar, con Ricardo Portocarrero, con quien mantengo desde entonces una conversación constante, pero también con José Carlos Mariátegui Ezeta, nieto de Mariátegui y artífice del Archivo Digital José Carlos Mariátegui, un proyecto relativamente reciente que ha sido crucial en el despliegue de un conjunto de nuevas lecturas del autor de los Siete ensayos, y a continuación con una serie de personas que también revisan distintos aspectos de la trayectoria mariateguiana (y menciono aquí rápidamente a Alvaro Campuzano, Natalia Majluf, Mónica Bernabé, Paulo Drinot, Claudio Lomnitz y Víctor Vich, entre otros). 

Es en ese marco, decía, que fructifican las operaciones que subyacen a mi relectura general de Mariátegui como intérprete de la modernidad global y como socialista cosmopolita. La nueva antología que acabo de publicar a fines del año pasado, Aventura y revolución mundial. Escritos alrededor del viaje, para la «Serie Viajeros/Viajeras» que dirige Alejandra Laera en el Fondo de Cultura Económica, es un subproducto de todo ese proceso.

 

LF

Remarcaste que a Mariátegui se lo imagina más de lo que se lo lee. En la introducción de Antología incluso escribís que distintas generaciones que redescubrieron a Mariátegui terminaron por caer en los mismos —llamémosle— «errores» que tienden a sobredimensionar el peso de la cuestión de la nación y los nacionalismos en América Latina para dar forma a una lectura de Mariátegui que busca inscribirlo en la corriente nacional-popular de la izquierda latinoamericana.

¿Por qué crees que esto ocurrió (y que de alguna manera todavía ocurre) siendo que la propia obra de Mariátegui parece contar con algunas virtudes —textos breves sobre temáticas puntuales y una forma de escritura que combina el ensayo con el género periodístico— que harían difícil, o al menos con profundos problemas de consistencia, llegar a ese tipo de conclusiones?

MB

Yo no sé si usaría la palabra errores, pero sí sesgos muy notables. Algunos lectores de mis antologías sugirieron que yo escogí textos marginales de Mariátegui para ilustrar su avidez cosmopolita. ¡Pero no! Son los textos que publicaba semana a semana en las revistas limeñas Variedades, Mundial (y esto es bien interesante: incluso en su sección «Peruanicemos el Perú», que había heredado del periodista Gastón Rogger) o mensualmente en Amauta, son los textos que luego agrupa en libros como La escena contemporánea o Defensa del marxismo y El alma matinal y otras estaciones del mundo de hoy (estos últimos dos, listos para ser publicados cuando lo sorprende la muerte en 1930).

Incluso parece que, según muestra un artículo que Martín Cortés dedicó a reconstruir las alternativas y debates del Congreso de Sinaloa de 1980 (que se publicó en la revista mexicana Cuadernos Americanos hace unos años), Aricó, Terán y otros asistentes reconocían que en esos debates había quedado sin considerar una parte sustantiva de los textos de Mariátegui. En los recuerdos de otro asistente a ese encuentro, Mario Goloboff —al parecer el único que presentó en Sinaloa una ponencia sobre sobre los ensayos literarios del peruano, que son abundantes—, las orientaciones políticas sobre determinaron las discusiones que tuvieron lugar en el Congreso.

De modo que es bastante curioso que una masa muy importante de textos de Mariátegui no sea considerada incluso por muchos de sus estudiosos (por eso decía al comienzo que uno de mis propósitos al preparar estas antologías era incitar a la lectura directa de los propios escritos de Mariátegui).

Para tratar de ensayar alguna respuesta que explique esas «desatenciones» se me ocurren algunas razones. Señalo dos. En primer lugar, contra lo que se pueda creer, esos ensayos breves de Mariátegui no son siempre de lectura sencilla. Algunos resultan de difícil colocación, otros arrancan hacia un argumento o tema y luego siguen hacia otro, otros parecen interrumpirse más que terminar, etc. Hay que considerar que son textos que se escribían en un rato, a modo de ráfagas producidas en pocas horas para ser publicadas semanalmente en Mundial o Variedades.

Pero además, al releerlos hoy comprobamos que Mariátegui era un autor exigente para con sus lectores: aludía a una multitud de referencias, hechos y nombres sin acompañarlos de explicaciones o contextualizaciones. En ese sentido, creo que la metáfora habitual de Mariátegui como «traductor» pasa por alto el hecho de que más que ser un autor que traduce, es un autor que no-traduce, que supone o exige un lector muy curioso por las novedades contemporáneas. Tanto, que para entender cabalmente algunas de esas referencias a veces hoy es conveniente leerlo con Wikipedia (para saber mejor quién era el fascista Farinacci, quiénes los escritores rusos Fiodor Gladkov o Larissa Reissner, o qué cosa la efímera pero ruidosa corriente que en 1930 irrumpe en Francia bajo el nombre de «populismo literario»: uno de los últimos ensayos de Mariátegui en Amauta está dedicado a esa corriente).

La segunda razón tiene que ver con la ansiedad con que Mariátegui es leído sobre todo desde fines de los años 70 como el nexo que las izquierdas intelectuales y políticas habían estado buscando entre marxismo y nación. Eso se observa en los textos de Terán sobre Mariátegui cercanos al Congreso de Sinaloa (publica varios, algunos de ellos en la revista Controversia del exilio intelectual mexicano).

Es decir: sabemos muy bien —entre otras cosas gracias al magistral libro posterior de Terán, Nuestros años sesentas— que las izquierdas intelectuales se «nacionalizan» desde los años 60, si no antes (al menos, en Argentina, desde el grupo Contorno); que Abelardo Ramos y Rodolfo Puiggrós publican ensayos que tienen gran éxito de público y que promueven abierta y repetidamente esa fusión entre marxismo y nacionalismo; que otro tanto está ocurriendo en muchos países del continente, por ejemplo, con algunos intelectuales del ISEB brasilero, o con algunos de los muchos colaboradores de la revista Marcha en Uruguay, etc., etc.

Pues bien, sobre el cierre de ese ciclo, a fines de los años 70, Aricó y otros detectan en Mariátegui al intelectual que venía a mostrar que esa anhelada fusión tenía este antecedente tan ilustre y tan inspirador, que mostraba que había una tradición digamos «orgánica» de pensamiento marxista sobre la nación en América Latina. Bueno, esa operación, que de diversos modos llega hasta hoy, con investigadores que básicamente repiten el libreto de Aricó, inhibió más o menos directamente la lectura de la masa (y de verdad que es una masa) de textos de Mariátegui que no abonan esa lectura.

 

LF

Sobre esto último que señalás, me resulta interesante notar que la ruptura de las lecturas de Mariátegui desde el nacionalismo-popular también se relacionan con una época —por usar una noción del propio Mariátegui— en la que la globalización ha erosionado a los proyectos, los relatos y las identidades nacionales. En uno de tus textos anteriores remarcaste la importancia de la noción de crisis, globalmente entendida, como una preocupación central, constante, en el itinerario intelectual de Mariátegui. 

En base a tu propuesta de lectura, ¿creés que podemos hacer una crítica cosmopolita a la globalización y a sus efectos? ¿Pensás que el socialismo cosmopolita de Mariátegui puede ser llevado a las discusiones actuales de las izquierdas?

MB

Es una pregunta muy interesante, sobre la que no puedo más que aventurar respuestas tentativas. Es interesante y compleja, porque además implica adentrarse en los debates contemporáneos sobre cosmopolitismos que se vienen desarrollando desde las humanidades —desde la filosofía y los estudios literarios, pero también desde vertientes de la sociología o la historia—, y que han dejado muy atrás la tradicional desconfianza de las izquierdas hacia la propia noción de cosmopolitismo, asociada en esas miradas a un atributo superficial de las élites burguesas o pequeñoburguesas.

En el propio Mariátegui la referencia al cosmopolitismo aparece innumerables veces, y con sentidos cambiantes. Para él no había duda —y ese era un rasgo compartido en general con las vanguardias estéticas— que se asistía a una era cosmopolita.

Mariátegui seguía el lema de Terencio, aludido en el editorial del primer número de su revista Amauta: nada de lo humano le era ajeno. Sus textos pulsan todos y cada uno de los fragmentos de su época, esa época que lo englobaba todo y que él llama «la escena contemporánea». Por eso escribe sobre Japón, la India de Gandhi y Tagore, la Revolución Mexicana, Colombia, la tradición filosófica y literaria idealista norteamericana, los mundos intelectuales, políticos y artísticos de Italia y Francia, los países de Europa del Este (dedica ensayos breves a «la escena yugoslava», «la escena polaca», «la escena búlgara»), la «nueva literatura rusa», etcétera.

Es un internacionalista también en el sentido técnico de la palabra, alguien con vocación de análisis en política internacional (por eso cuando cumple un cuarto de siglo, en 1929, la revista Variedades de Lima le pide un ensayo de síntesis sobre el acontecer del mundo que aparece bajo el título de «25 años de sucesos extranjeros»).

Pero la noción de socialismo cosmopolita desde la que pienso la praxis intelectual de Mariátegui no es tanto una categoría nativa, proveniente de su tiempo, como un concepto que surge en diálogo con las reformulaciones y debates actuales en las humanidades que recién mencionaba. Allí mi referencia mayor es el libro de Mariano Siskind Deseos cosmopolitas. Modernidad global y literatura mundial en América Latina, que utilizo un poco libremente para caracterizar a Mariátegui al menos en dos sentidos. Por un lado, la noción de deseos cosmopolitas atrapa bien la verdadera avidez, la pulsión vital irrefrenable que tiene Mariátegui por conocer y aquilatar un juicio propio sobre cada episodio que conmueve al mundo, y por los personajes que los protagonizan (y allí se entreveran su formación inicial de periodista con su vocación por el ensayo breve y eléctrico). Es un deseo radical de modernidad que lo acompaña hasta el final de sus días.

Por otro lado, tomo también de Mariano Siskind una idea que me parece sumamente fértil para repensar las relaciones entre centros y periferias, y que se adecúa muy bien al caso de Mariátegui. El peruano no desconoce por supuesto la estructura de inequidades globales que jerarquizan la espacialidad del mundo. Pero esa constatación no lo lleva a adoptar la posición tan habitual de denuncia de los nudos en los que se concentra el capital cultural, y por esa vía a un repliegue identitario. Por el contrario: su cosmopolitismo lo lleva —para debatir con André Breton— a pretender ser más parisino que cualquier intelectual parisino, aún viviendo en Lima, a escudriñar la nueva realidad rusa sin haber pisado el país de los soviets, o incluso a escribir sobre el socialismo en el Japón, teniendo pocas referencias sobre ese país.

Y esa posición de enunciación, me parece a mi, es muy productiva. Es la que le permite, por ejemplo, ofrecer una de las primeras radiografías del fascismo elaboradas no solamente en América Latina, sino en todo el mundo; la que lo lleva a componer la respuesta seguramente más sofisticada al ensayo liquidacionista del marxismo del socialdemócrata belga Henri de Man, en su saga de ensayos titulada «Defensa del marxismo» (que, en rigor, es una recreación del marxismo); la que, por esa vía, lo conduce a pergeñar uno de los primeros esbozos sobre las afinidades de marxismo y psicoanálisis freudiano. En virtud de esa avidez cosmopolita es que, como ya han señalado otros autores, podemos considerar a Mariátegui no meramente como un marxista latinoamericano, sino como un marxista tout court, alguien que en paralelo a Gramsci o a Benjamin busca intervenir en el campo global del marxismo de su tiempo.

Dicho esto, no quisiera rehuir al núcleo de tu pregunta. ¿Qué ofrece hoy una crítica a la globalización capitalista encarada desde el punto de vista de un socialismo cosmopolita como el de Mariátegui? Se me ocurren tres cosas. Por un lado, y pensando en cómo formulás la pregunta (la globalización y sus efectos), sabemos que un efecto muy notable de la globalización han sido las respuestas nacionalistas que están detrás del auge de las nuevas derechas de nuestro tiempo. En una línea análoga a la que por ejemplo han venido trabajando en las dos últimas décadas tanto Étienne Balibar como Sandro Mezzadra, la crítica cosmopolita tiene un papel por jugar en la producción de mundos que resistan a esas tendencias.

En segundo lugar, un socialismo cosmopolita supone por supuesto la asunción de una posición internacionalista. En nuestro contexto de crisis sistémica —crisis capitalista, crisis ecológica, etc.— el internacionalismo pareciera ser aún más necesario que en tiempos de Marx o de Mariátegui. Ahora es casi un recurso de salvación planetaria, más que de emancipación social (pienso en la fórmula de Noam Chomski, «internacionalismo o extinción»). Y en ese sentido, siendo muy notable, al internacionalismo de Mariátegui en general se le ha prestado poca atención relativa entre sus estudiosos (como ocurre con el internacionalismo de otras figuras de países periféricos, un internacionalismo periférico sobre el cual vienen trabajando historiadores como Manu Goswami, Michele Louro o el propio Dipesh Chakrabarty, que a distancia del pensamiento decolonial recupera un Fanon universalista). En ese sentido, en América Latina se observa un reverdecer del internacionalismo desde algunas franjas del movimiento feminista o del ambientalismo, una postura que puede filiarse en Mariátegui.

Pero, en tercer lugar, si hablamos de cosmopolitismo es porque el internacionalismo, mientras alude a una tradición de luchas de clases, no parece suficiente para considerar el lugar que Mariátegui otorga a la cultura (a la literatura, a las artes plásticas, al cine, a las vanguardias, a la comunicación de masas) en sus ensayos. La noción de socialismo cosmopolita, que lleva implícito un punto de vista internacionalista y de clase, me parece que, en ese sentido, le hace más justicia al conjunto de su producción ensayística. Y, de paso, se conecta con el lugar que las luchas culturales tienen en la producción de perspectivas críticas sobre nuestro mundo actual.

 

LF

Acabas de publicar una nueva compilación de escritos de Mariátegui, Aventura y Revolución Mundial. Escritos alrededor del viaje. El prólogo que escribiste comienza con una mención a una entrevista en la que Mariátegui responde que su afición predilecta es viajar, y donde se describe como un «hombre orgánicamente nómada, curioso e inquieto». ¿Qué relación encontraste entre las cuestiones del viaje y la aventura en el itinerario intelectual de Mariátegui, es decir, con su «socialismo cosmopolita»?

MB

Efectivamente, cuando Alejandra Laera me invitó a preparar un volumen para la colección «Viajeros/Viajeras» sobre Mariátegui y la temática del viaje, de inmediato pensé en esa respuesta poco conocida en la que señala que su mayor afición es viajar. Y no solo eso: como bien mencionás, se describe allí como «orgánicamente nómada», una imagen que está en las antípodas de una idea que circula de él y que lo ubica como alguien muy circunscripto a un espacio de fronteras muy nítidamente delimitadas, sea el de su país, el Perú, o el de América Latina.

La conexión con la cuestión del viaje en este libro de todos modos no es lineal. No se trata de un volumen que se limita a reunir los escritos de viaje de Mariátegui, los de sus años de su viaje a Europa entre 1919 y 1923. Los textos de ese periodo conforman solamente una de las cinco secciones del volumen. Luego, hay textos que provienen de momentos muy distintos de su itinerario intelectual, desde su temprana juventud a sus últimos años. Por eso se trata de escritos «alrededor del viaje», informados o afectados por la cuestión del viaje, ya sea como deseo o anhelo, como experiencia directa o como huella.

Hay entonces en el libro dos entradas principales al asunto del viaje. Por un lado, el viaje como una experiencia crucial para Mariátegui, una experiencia que le dejará marcas indelebles y que continuará alimentando su reflexión hasta el final de su vida. Allí hay un nexo con la perspectiva del socialismo cosmopolita que yo había desarrollado en la Antología de Siglo XXI publicada en 2020, porque es durante el viaje que no solo se afirma en Mariátegui su perspectiva marxista y revolucionaria, a la vez que su afán inextinguible por las vanguardias estéticas; es decir, no solamente es allí cuando comienza a darse ese maridaje tan excepcional que nutre su pensamiento entre vanguardismo político y vanguardismo estético.

Además de eso, a partir del viaje su praxis se desarrollará al interior de una situación irremisiblemente mundial, eso que llama «escena contemporánea». Es decir, Mariátegui es un intelectual situado, solo que situado en las líneas de tensión y las atmósferas que colorean al mundo como un todo. Y ese es otro rasgo del que Mariátegui se adueña en viaje, pero que lo acompaña en su regreso a Lima hasta el final de sus días. Porque incluso sus escritos sobre la realidad peruana surgen alimentados y estimulados por las dinámicas mundiales.

La segunda entrada tiene que ver con que el viaje para Mariátegui sirve para ilustrar su filosofía de la revolución. Su concepción radicalmente subjetivista tiene una fuente de inspiración en la figura del viajero, que es alguien que transforma y se deja transformar conforme avanza. De allí el profundo interés que tiene por el tema de la aventura, que recorre parte de su ensayística en sus últimos años. La aventura como posibilidad de experimentación de lo nuevo, lo que emerge y trastoca; y por eso mismo, la aventura como experiencia que activa sensibilidades antiburguesas.

En distintos diálogos con Alejandra Laera, esas dos entradas al tema del viaje nos condujeron al título del libro, Aventura y revolución mundial, que tiene también un lazo bastante claro con la cuestión del socialismo cosmopolita. 

 

LF

Mencionaste el análisis que hace Mariátegui sobre las derechas de su tiempo. Inclusive me resultó algo llamativo que decidiste comenzar la Antología con una serie de textos dedicados directamente a la comprensión del fenómeno fascista. En un artículo que escribiste sobre este tema en específico, señalaste que Mariátegui ofrece una lectura desprejuiciada del fascismo, algo que resulta muy excepcional entre la intelectualidad de izquierda de ese momento; y creo que podríamos ponernos de acuerdo en que aún hoy la forma en la que Mariátegui se propuso entender a sus máximos «rivales» políticos sigue siendo la excepción y no la regla.

¿Podrías reponer brevemente esa interpretación? Y, por último, ¿Por qué crees que Mariátegui tuvo esa flexibilidad, digamos, «intelectual» para acercase sin prejuicios al fenómeno del fascismo? A sabiendas de que, global y regionalmente, la (re)emergencia de la ultraderecha vuelve a ser un tema obligado para las izquierdas.

MB

En efecto, me parece que el modo en que Mariátegui se sitúa muy tempranamente ante el ascenso del fascismo (el fascismo italiano, pero también otros fenómenos de derecha radical del período de entreguerras) se destaca por su infrecuencia en la historia intelectual y política de las izquierdas. En general, y especialmente en las Américas (en Europa, gracias a las huellas que dejaron el fascismo y al nazismo, el panorama ha sido un poco distinto), los fenómenos de derecha recientes como el trumpismo o el bolsonarismo tendieron a ser subestimados en su ascenso al poder. Lo mismo ocurrió con el fenómeno macrista, que desde su emergencia luego de 2001 permaneció casi sin ser explorado, y solo comenzó a ser examinado en profundidad en vísperas de la llegada de Macri a la presidencia en 2015.

La ola de la nueva derecha global ha cambiado un poco las cosas, y ahora contamos con libros como el de Pablo Stefanoni o la traducción de Las nuevas caras de la derecha de Enzo Traverso, además de una saga reciente de ensayos sobre el bolsonarismo. Pero, en términos generales, me parece que una mirada retrospectiva a los juicios emitidos desde las izquierdas sobre las derechas muestra que en el pasado se tendió a repetir libretos y esquemas bastante guionados.

En Mariátegui encontramos en cambio una verdadera curiosidad por el fenómeno fascista, al punto que algunos de los ensayos que escribe desde Europa son una suerte de pequeñas etnografías del movimiento o de algunas de sus figuras. ¿Qué lo mueve a ello, me preguntás? Varias cuestiones. En primer término, Mariátegui se ha educado como periodista, y las llamadas «Cartas de Italia» que publica en el diario El Tiempo de Lima tienen como uno de sus fines informar e ilustrar a los lectores peruanos y latinoamericanos acerca de la fisonomía y los personajes que conforman los fenómenos italianos y europeos de actualidad. La avidez que muestra Mariátegui ante los asuntos emergentes tiene en parte origen en su entrenamiento intelectual en las redacciones de los periódicos.

Pero esa gimnasia periodística se conecta de un modo notable con la verdadera fascinación por lo nuevo que Mariátegui evidencia. Es una fascinación que no puede desligarse de sus lecturas de la crisis y del eclipse de la civilización decimonónica que sobreviene con la Guerra del 14, y de su embanderamiento detrás del acontecimiento de la Revolución Rusa y por esa vía del carácter «romántico» o revolucionario (usa ambos términos) que embarga a la época. Pero que tampoco puede desligarse de su fascinación por las vanguardias, máxima expresión de ese culto a lo nuevo en la situación de entreguerras: del aliento que trae el futurismo, en primer lugar, pero sobre todo del movimiento surrealista, cuyos avatares persigue afanosamente hasta el momento de su muerte en 1930.

Es ese interés por lo nuevo el que lo lleva a interesarse por el fascismo, a tratar de entenderlo, interpretarlo, radiografiarlo y, lo que es más notable aún, incluso a extraer de él elementos a ser readaptados en su proyecto de reelaboración del marxismo y el socialismo. Si Sorel es la vía intelectual de recepción del tema del mito, tan caro a su concepción de la política y de la revolución (y, más en general, a su visión de la sentimentalidad de la época), de ciertos estratos del fascismo o del protofascismo, como la aventura de D´Annunzio en el Fiume o el apotegma mussoliniano del «vivir peligrosamente», extrae también núcleos que en su perspectiva hacen a la trama profunda de su contemporaneidad y que por tanto conforman un «humus» del que el socialismo debe nutrirse.

Lo mismo se observa en relación al desprejuicio que muestra hacia el resonante libro del intelectual reaccionario francés Henri Massis Defensa de Occidente. Por supuesto, esa heterodoxia de la lectura se coloca al servicio de su proyecto socialista, pero un proyecto que tiene la virtud de ser a la vez muy firme y muy poroso. Creo que esa doble condición de Mariátegui —indoblegable y flexible, intransigente en su socialismo pero asombrosamente plástico y desprejuiciado en sus múltiples intereses— es uno de sus legados más valiosos.

Fuente: https://jacobinlat.com/2023/05/14/mariategui-aventura-revolucion-y-socialismo-cosmopolita/?mc_cid=dc9a1102b1&mc_eid=00d2b5fd75