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miércoles, 2 de febrero de 2022

EL PARTIDO DE MARIÁTEGUI XVI: DEBATE, TESIS SOBRE EL PARLAMENTARISMO PRESENTADAS POR LA FRACCIÓN COMUNISTA ABSTENCIONISTA DEL PARTIDO SOCIALISTA ITALIANO

 


 

Al Segundo Congreso de la Internacional Comunista (Moscú 1920), durante la discusión de la táctica a seguir con respecto a las elecciones parlamentarias, Amadeo Bordiga presentó en nombre de la delegación de la «Fracción Comunista Abstencionista» del Partido Socialista Italiano (la misma que poco más tarde fundara el Partido Comunista de Italia en Livorno), estas tesis que ahora rescatamos. Estas fueron rechazadas por el Congreso el cual preferirá la táctica del «parlamentarismo revolucionario» para «destruir los Parlamentos desde el interior». Desgraciadamente la historia ha demostrado que es el, por el contrario, el parlamentarismo quien largamente ha contribuido a destruir los Partidos Comunistas.

 

 

1. - El parlamentarismo es la forma de representación política propia del régimen capitalista. La crítica de principio de los comunistas marxistas al parlamentarismo y la democracia burguesa en general establece que el derecho de voto otorgado a todos los ciudadanos de todas las clases sociales en las elecciones a los órganos representativos estatales, no puede impedir ni que todo el aparato de gobierno del Estado constituya el comité de defensa de los intereses de la clase dominante capitalista, ni que el Estado se organice como el instrumento histórico de la lucha de la burguesía contra la revolución proletaria. 

 

2. - Los comunistas niegan rotundamente la posibilidad de que la clase trabajadora alcance el poder a través de una mayoría parlamentaria, en lugar de conquistarlo con la lucha revolucionaria armada. La conquista del poder político por parte del proletariado, momento en el que se inicia la obra de construcción económica comunista, implica la supresión violenta e inmediata de los órganos democráticos, y la sustitución de éstos por los órganos del poder proletario: los consejos obreros. Así pues, al estar privada la clase de los explotadores de todo derecho político, se pondrá en práctica la dictadura del proletariado, es decir un sistema de gobierno y de representación de clase. La supresión del parlamentarismo es por tanto un fin histórico del movimiento comunista. Más aún, la primera forma de la sociedad burguesa que debe ser derrocada, antes aún que la propiedad capitalista, antes aún que la propia máquina burocrática y gubernamental, es precisamente la democracia representativa. 

 

3. - Esto es igualmente válido para las instituciones municipales y de distrito de la burguesía, y es teóricamente falso contraponerlas a los órganos gubernamentales. De hecho, su aparato es idéntico al mecanismo estatal central burgués. Tales instituciones deben ser de igual forma destruidas por el proletariado revolucionario y sustituidas por los soviets locales de diputados obreros. 

 

4. - Mientras que el aparato ejecutivo, militar y policiaco del Estado burgués organiza la acción directa contra la revolución proletaria, la democracia representativa constituye un medio de defensa indirecta, que actúa difundiendo entre las masas la ilusión de que su emancipación puede lograrse mediante un proceso pacífico, y de que la forma del Estado proletario puede también tomar la forma parlamentaria, con derecho de participación para la minoría burguesa. El resultado de esta influencia democrática sobre las masas proletarias ha sido la corrupción del movimiento socialista de la Segunda Internacional tanto en el campo de la teoría como en el de la acción. 

 

5. - En el momento actual la tarea de los comunistas, en su obra de preparación ideológica y material de la revolución, es, antes que nada, la de liberar al proletariado de estas ilusiones y prejuicios, difundidos entre sus filas con la complicidad de los viejos líderes socialdemócratas, y que le desvían de su cometido en la historia. En los países en los que el régimen democrático existe ya desde hace mucho, y ha echado raíces profundas en los hábitos de las masas y en su mentalidad, y no menos que en la de los partidos socialistas tradicionales, esta tarea reviste una particular importancia y se presenta en primer plano en los problemas de la preparación revolucionaria. 

 

6. - En los tiempos en los que en el movimiento internacional del proletariado la conquista del poder no se presentaba como una posibilidad próxima y no surgía el problema de la preparación directa para la dictadura proletaria, la participación en las elecciones y en la actividad parlamentaria todavía podía ofrecer posibilidades de propaganda, agitación y crítica. Por otro lado, en los países en los que una revolución burguesa está todavía en curso creando instituciones nuevas, la intervención de los comunistas en estos órganos representativos en formación puede ofrecer la posibilidad de influir en el desarrollo de los acontecimientos, para hacer que la revolución prosiga hasta la victoria del proletariado. 

 

7. - La revolución rusa, como primera realización de la conquista del poder por parte del proletariado, y la constitución de la nueva Internacional en oposición al social-democratismo de los traidores, han abierto el periodo histórico actual, con las consecuencias que éste tiene para la organización social burguesa. En dicho periodo histórico y en los países en los que el régimen democrático ha completado su formación desde hace tiempo, no existe, en cambio, ninguna posibilidad de utilizar para la labor revolucionaria de los comunistas la tribuna parlamentaria, y tanto la claridad en la propaganda como la eficacia en la preparación para la lucha final por la dictadura del proletariado, exigen que los comunistas movilicen a los trabajadores por el boicot a las elecciones. 

 

8. - En estas condiciones históricas, al haberse convertido la conquista revolucionaria del poder en la cuestión principal, toda la actividad política del partido debe ser consagrada a este objetivo directo. Es necesario acabar con la mentira burguesa según la cual, todo enfrentamiento entre partidos políticos adversarios, toda lucha por el poder, debe llevarse a cabo en el marco del mecanismo democrático, a través de campañas electorales y debates parlamentarios; y esto no se podrá conseguir sin romper con el método tradicional de llamar a los obreros a las elecciones – en las cuales los proletarios son admitidos junto a los miembros de la clase burguesa – y sin abandonar el espectáculo de delegados del proletariado que actúan en el mismo terreno parlamentario que los delegados de sus explotadores. 

 

9. - La práctica ultraparlamentaria de los partidos socialistas tradicionales ya ha difundido demasiado la peligrosa concepción de que toda acción política tenga que consistir en las luchas electorales y en la actividad parlamentaria. Por otra parte, la repulsa del proletariado hacia esta práctica de traición ha preparado el camino a errores sindicalistas y anárquicos, que niegan todo valor a la acción política y a la función del partido. Por eso, los Partidos Comunistas no obtendrán nunca un amplio seguimiento divulgando el método revolucionario marxista, si su trabajo directo por la dictadura del proletariado y los Consejos obreros no se asienta en el abandono de todo contacto con el engranaje de la democracia burguesa. 

 

10. - La grandísima importancia que se atribuye en la práctica a la campaña electoral y a sus resultados, el hecho de que, por un periodo bastante largo, el partido consagre a ésta todas sus fuerzas y sus recursos, sean humanos, de prensa o de medios económicos, contribuye, cualquiera que sea el discurso en los mítines y las proclamas teóricas, por un lado, a reforzar la impresión de que se trate de la verdadera acción central para conseguir los fines del comunismo, y por otro lado, lleva al abandono casi completo del trabajo de organización y preparación revolucionaria, dando a la organización del partido un carácter técnico que de hecho contrasta con las exigencias del trabajo revolucionario tanto legal como ilegal. 

 

11. - En los partidos que se han pasado a la III Internacional por decisión mayoritaria, el hecho de seguir desarrollando la acción electoral impide la necesaria decantación de los elementos socialdemócratas, sin la eliminación de los cuales la Internacional Comunista faltaría a su cometido histórico y dejaría de ser el ejército disciplinado y homogéneo de la revolución mundial. 

 

12. - La misma naturaleza de los debates que tienen por escenario el parlamento y los otros órganos democráticos, excluye toda posibilidad de pasar de la crítica de la política de los partidos adversarios a una propaganda contra el principio mismo del parlamentarismo, a una acción que traspase los límites del reglamento parlamentario; al igual que no es posible obtener el mandato que da derecho a la palabra si se rechaza el someterse a todas las formalidades establecidas por el procedimiento electoral.

 

  El triunfo en los enfrentamientos parlamentarios siempre y solamente estará en función de la habilidad en el manejo del arma habitual de los principios en los que la institución se basa y las sutilezas del reglamento, al igual que el triunfo de la lucha electoral se decidirá siempre y solamente por el número de votos o escaños obtenidos. Cualquier esfuerzo de los partidos comunistas por dar un carácter distinto a la práctica del parlamentarismo no podrá impedir que fracasen las energías gastadas en este trabajo de Sísifo, y que la causa de la revolución comunista reclama sin demora en el terreno del ataque directo al régimen de la explotación capitalista.

 

Fuente: https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2022/01/tesis-sobre-el-parlamentarismo.html?m=1

 

domingo, 9 de octubre de 2016

RAZONES DE LA ABSTENCIÓN COLOMBIANA




Guillermo Almeyra

La tasa de abstenciones en los comicios electorales colombianos siempre ha sido muy alta, con un promedio de cerca de 55 por ciento. Desde el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948 la lucha entre liberales y conservadores fue cruentísima. La violencia creó millones de desplazados y centenas de miles de familias tuvieron muertos o desaparecidos. Los partidos tradicionales –Liberal y Conservador– comenzaron a tener políticas cada vez más semejantes y el intento de crear una izquierda fuera de ellos fue ahogado en sangre. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que nacieron como grupos campesinos liberales de autodefensa, evolucionaron a su vez hacia un vago comunismo estalinista y adoptaron métodos que fueron criticados hasta por Hugo Chávez.

Los casi 7 millones de desplazados de las zonas de combate entre las guerrillas, el ejército y los grupos paramilitares asesinos se fueron hacia el centro del país –la zona donde más votos obtuvo el no en el reciente plebiscito sobre los acuerdos de paz– odiando a todos los contendientes y se transformaron, con su miseria material y moral, en la clientela de la derecha política uribista.

Agreguemos a ese caldo de cultivo para el no que en la poblada costa caribeña, de tradición liberal y partidaria de la paz, cayeron lluvias muy intensas que aumentaron la abstención tradicional y que el vicepresidente de la nación, caudillo de esa zona, en su lucha interna contra el presidente Juan Manuel Santos, no hizo campaña por un sí que le hubiera dado prestigio internacional a su adversario. Las encuestas que daban por ganador al sí por 60 por ciento contra 40 por ciento del no también indujeron a muchos a confiar en el triunfo del sí y a no desafiar la lluvia para ir a votar: el resultado fue que en esa zona, aunque ganó el sí, la abstención superó la media nacional y llegó a 81 por ciento.

Pero el factor principal fue la falta de participación popular en los acuerdos, que se negociaron en La Habana a puertas cerradas. Las propias bases de las FARC conocieron el texto definitivo una semana antes del plebiscito cuando debieron votar en una consulta formal si lo aprobaban o no. La opinión de los movimientos sociales, de las izquierdas, de la otra guerrilla –el Ejército de Liberación Nacional–, de los sindicatos, de los intelectuales no fue tenida en cuenta sino de modo extremadamente indirecto. Un sector de la izquierda, por ejemplo, veía el referéndum como una maniobra de Santos para lograr una paz ficticia y con ella atraer inversiones estadunidenses y trasnacionales, pero no obtuvo seguridades.

Las FARC impusieron al gobierno una negociación de igual a igual, lo cual es positivo, pero actuaron como si fuesen representantes de la sociedad, lo cual no es real, y negociaron en las cúpulas con los gobiernos mediadores, sobre todo el venezolano y el cubano, y con el gobierno de Santos, ex ministro de Defensa de Álvaro Uribe, derechista y represor. Eso dio margen a las mentiras de Uribe y al temor.

La falta de una alternativa también alejó de las urnas porque cuando como en Grecia en la primera candidatura de Syriza hay una esperanza, la abstención es mínima. Allí donde, en cambio, quienes se oponen lo hacen sólo en el marco de una disputa entre diferentes sectores y partidos capitalistas, la abstención crece y aumenta la derecha. Tal es el caso de Italia, Francia, España y, en nuestro continente, México, Argentina, Perú, Brasil.

El ganador de las elecciones en Sao Paulo, Brasil, por ejemplo, tuvo menos votos que la suma de los votos nulos, en blanco y de las abstenciones. Ganó la abstención porque Dilma Rousseff había gobernado para los capitalistas, con una política de derecha y con los mismos métodos podridos de los partidos tradicionales y porque el PT llamaba a volver a lo mismo. También en Argentina fomentan la abstención en 2017 los ignaros que hablan de Cristina conducción y dicen ser soldados del kirchnerismo renunciando a pensar con su propia cabeza y apoyando a una ex presidente que no hizo ninguna autocrítica por el desastre que provocó y que llama a formar una nueva mayoría uniendo su equipo desprestigiado y corrompido con la derecha peronista y las minorías macristas. Por su parte, el español Podemos, que espera ganar votos de los socialistas pareciéndose cada vez más al PSOE de antes de su implosión empuja hacia la abstención a buena parte de sus propios simpatizantes de izquierda en el caso de una tercera elección en diciembre.

Porque no es posible proponer políticas reformistas de centroderecha y gobiernos limpios cuando el capitalismo, a escala mundial, agrava la crisis ecológica, reduce los derechos humanos y la legislación favorable a los trabajadores, recurre cada vez más a la represión, reduce los ingresos reales (atacando la sanidad, la educación, el transporte, los servicios públicos) y empeora las condiciones de trabajo.

¿Qué credibilidad puede tener Cristina Fernández de Kirchner si dos de sus ex primeros ministros son actualmente hombres de la derecha y si sus gobernadores y ministros de más confianza –toda gente del Opus Dei– apoyan a Macri mientras la conductora se olvida de que existen millones de trabajadores que no se identifican con los charros, que son agentes del Estado? Si un movimiento en México reclama ¡Fuera Peña! durante meses y su líder, de golpe y porrazo, pide sostener al presidente de Atenco y Ayotzinapa sin que nadie le pida rendir cuentas de ese viraje y un poco de democracia interna, ¿cómo va a llevar gente a las urnas para exigir un cambio social?

No hay apatía, desinterés. Lo que hay es asco por la política de los partidos procapitalistas, incluyendo los que dicen ser de oposición de izquierda y hartazgo ante la continua ofensiva del gran capital. Estamos en el hueco entre dos grandes olas: da la impresión de inmovilidad y resignación, pero se siente ya el bramido de la ola siguiente.


sábado, 13 de junio de 2015

ELECCIONES EN MÉXICO: APRENDIENDO DE LA ABSTENCIÓN, BOICOT Y PARTICIPACIÓN ELECTORAL




13-06-2015

En las elecciones del 7 de junio el número de votantes fue nuevamente menor al de los abstenidos. Las abstenciones, esta vez, no superaron en porcentaje a la de otras elecciones anteriores pero siguen expresando que la mayoría de quienes tienen derecho a voto no se sienten convocados ni por el gobierno ni por los partidos que defienden el sistema capitalista (o por los que quieren un “capitalismo humano”, un canibalismo vegetariano).

Es cierto que la gran mayoría de quienes se abstienen no repudian a nadie sino que expresan desinterés y atraso político o no van a las urnas porque están enfermos, ausentes o prefieren ver o practicar algún deporte. Pero, de todos modos, la abstención es considerada siempre y en cualquier país un signo de rechazo, pasivo si se quiere, pero rechazo al fin. 

A diferencia de lo que sucedió en elecciones anteriores la abstención fue combatida, así como el boicot, no sólo por el gobierno con todo su aparato represivo sino también por los medios “de información” (léase de intoxicación popular) y por muchos académicos que sólo ven el juego institucional mediante el cual capitalismo asegura su dominación y si en este caso no aumentó es también porque muchos sintieron que abstenerse calladamente era un modo pasivo e inocuo de lucha, tal como expuse reiteradamente en artículos anteriores en los que defendí el boicot a las urnas en los estados donde los promovían movimientos sociales amplios y reales (como la CNTE de Oaxaca o los familiares de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa). 

Quienes llevaron a cabo ese boicot donde y como podían, con valentía y heroísmo y con apoyo popular, no eran ni vándalos ni resentidos sino sectores en lucha que repudian activamente al Estado asesino y sus métodos fraudulentos, su militarización, la corrupción de las instituciones y la mentira organizada. 

Ellos, a diferencia de la mayoría de los mexicanos, comprenden ya, gracias a sus experiencias, que los puercos no se matan a besos, que la legalidad y las conquistas sólo se logran fatigosamente con la lucha y no únicamente con el voto, que lo fundamental es elevar el nivel político de la gente común con la acción y el combate. Porque la conciencia se construye en un largo y trabajoso proceso y los que hoy son minoría podrán llegar a ser mayoría cuando los hechos –que son rudos- superen la ignorancia y cuando poco a poco pueda generalizarse, gracias al ejemplo de los que hoy están más avanzados y a su prédica y explicaciones constantes, la construcción de elementos de poder popular que ya existe en algunos puntos del país. 

Las revoluciones y los grandes cambios sociales, es cierto, no son el resultado de la acción y la voluntad de los revolucionarios o de quienes quieren un cambio social. Ellos se producen cuando el capitalismo pone a la mayoría de los trabajadores y oprimidos contra la pared y no les deja otra opción que rebelarse y conseguir con su lucha radical un cambio social porque no les queda otro modo de preservar su modo de vida, la independencia nacional, su cultura, su existencia misma. En esos momentos, cuando los hasta entonces sumisos insurgen y los conservadores cambian su mentalidad y deciden jugarse es cuando adquiere importancia vital la acción de la minoría que hoy lucha intransigentemente contra el régimen. Porque las grandes olas sociales cambian antes que nada la mentalidad de las grandes masas humanas que nunca se resignan a sufrir pasivamente las catástrofes y, en éstas, se ven obligadas a transformarse y sacan lo mejor de sí mismas. 

El régimen y el gobierno conocen bien la importancia de esas minorías, que tienen el papel de la levadura en la masa. Por eso de inmediato se lanzaron a la represión contra los maestros de la CNTE oaxaqueña para suprimir los focos rojos tratando de atemorizar y aplastar a quienes pudieran seguirlos en su lucha. Por eso también- ayudados por muchos satisfechos con sus puestitos de piojos en las costuras del disfraz “intelectual” del capitalismo- ningunean el boicot en Guerrero o en Oaxaca que, cualesquiera que sean sus resultados inmediatos, es una semilla que podría germinar en el terreno fértil creado por la represión y la constante ofensiva capitalista contra la mayoría de la población. 

En México el crecimiento demográfico es cercano al 2 por ciento anual y los pronósticos del Banco Mundial para la economía nacional oscilan entre esa cifra y el tres por ciento. O sea que el gobierno ni siquiera puede garantizar un empleo a los dos millones y medio de jóvenes que se incorporan cada año al mercado de trabajo aunque le promete a Estados Unidos que México asegurará un cero por ciento de emigración. ¿Cómo no van a aumentar la crisis, la delincuencia, los asesinatos, cuando las políticas del Estado promueven la desocupación y la miseria al mismo tiempo que destrozan la educación pública, matan normalistas, persiguen maestros, asesinan estudiantes y cierran la válvula de escape de la emigración? Por ahora sectores muy atrasados votan por Blanco o el Bronco y hay gente honesta y luchadora que quiere un cambio social pero cree posible que en 2018 la Justicia electoral y el gobierno, tocados por la iluminación divina, reconozcan un triunfo de MORENA… siempre y cuando ésta logre en tres años multiplicar por cinco sus votos que aunque muchos son inferiores a un dígito. Pero ahora es sólo un momento fugitivo en un proceso cambiante.

Por último, cada elección requiere un análisis y posiciones que pueden variar porque el objetivo es organizar a los trabajadores, no contar papelitos. No puede haber una oposición de principio a las elecciones. La única regla es el rechazo a todo lo que consolide a los represores vendepatrias y sirva en cambio para organizar y dar confianza en sí mismos a los únicos que pueden construir un futuro mejor, los oprimidos.


martes, 9 de junio de 2015

LA FARSA ELECTORAL EN MÉXICO: 7 DE JUNIO, RÉGIMEN ILEGÍTIMO, ÉXITO QUE PREPARA TRIUNFOS





Guillermo Almeyra                                                                
09-06-2015

Después de la batalla en las elecciones del 7 de junio, el panorama en México es el siguiente: un 55 por ciento de abstención que convierte al “partido” de los no votantes (sea por repudio o por desinterés) en el grupo, de lejos, mayoritario. Además, casi un 5,5 por ciento de los votantes que eligieron conscientemente anular su voto junto con los votos en blanco representan algo menos del 10 por ciento del 45 por ciento que votó, o sea, cerca de un 4 por ciento del padrón electoral, y esa cifra se suma al 55 por ciento de los abstencionistas llevando el total de los no votos de protesta a casi el 60 por ciento (es decir, 6 de cada 10 mexicanos). 

Los porcentajes que obtuvieron los partidos participantes en la farsa electoral deben ser calculados a la luz de estas cifras porque están abultados debido a la bajísima cantidad de votantes de modo que el 30 por ciento priísta representa en realidad el 30 por ciento pero del 40 por ciento que votó, o sea, un 13 por ciento del total de los ciudadanos con derecho a voto y el 11 por ciento del PRD sería el 11 por ciento de ese 40 por ciento, es decir, un poco más del 4,5 por ciento. 

De las urnas surge con evidencia un sistema repudiado, minoritario, ilegítimo que, pese al fraude, a la compra de votos, a las campañas de sus medios de intoxicación cultural, al terrorismo de Estado y a la militarización, no pudo impedir ni el boicot en zonas importantes de Guerrero, Oaxaca, Chiapas, ni el bofetón de los votos nulos y en blanco cuyo número supera a la mayoría de los pequeños partidos participantes en la maniobra electoral.
Hay que agregar a estos resultados que los votos logrados por MORENA son votos contra el PRI y sus paleros y, una parte de ellos, votos contra el sistema de quienes o no tenían en su región otro modo de organizarse y expresarse o creían que un forma de combatir disputar posiciones en las instituciones también en este turno electoral (que estuvo marcado por las desapariciones en Ayotzinapa y la militarización del país). 

El país real ve hoy esa orfandad y también la ven quienes, en otros países, deben medir la situación real en México. El Estado mexicano aparece claramente como un semiEstado, que no tiene “el monopolio de la violencia legítima” ni el de las armas, no controla partes importantes del territorio, y es gobernado por una camarilla oligárquica que carece de consenso. 

Los niveles de conciencia, de moral combatiente y de organización de los sindicatos combativos y de los grupos populares opuestos a la farsa electoral no tienen precedentes y, con los resultados electorales, aumentarán y darán la base a nuevas movilizaciones aún más masivas y con gran apoyo popular. 

Todos los partidos participantes en las elecciones fraudulentas perdieron votos y el PRI ni siquiera puede gobernar solo sino que deberá recurrir a sus marionetas “verdes” del PVEM o de Alianza, además de hacer acuerdos con el PAN y el PRD, que sigue sobreviviendo a duras penas, pero herido de muerte porque MORENA avanza a costa suyo. 

La dirección de MORENA, ante la conquista de bancas en el Parlamento y de posiciones institucionales a costa y en reemplazo del PRD, cantará victoria y justificará su línea electoralista simulando ignorar que el porcentaje de los votantes es mucho menor que el porcentaje de quienes tienen derecho al voto y que, por lo tanto, MORENA es mucho más minoritario de lo que fue el PRD. 

Es difícil, por lo tanto, que MORENA cambie su línea orientada desde hace años a la conquista electoral y utópica de la presidencia en 2018 porque el verticalismo de su estructura caudillista “blinda” el conservadurismo político de ese partido. Pero, en el seno del mismo es de esperar que muchos militantes honestos y combativos analicen no sólo los resultados de esta elección –que no sólo marcan el aislamiento del gobierno sino también de todos los que le hacen el juego- y busquen orientar a su partido hacia las luchas sociales y no sólo hacia las elecciones presidenciales porque en éstas, como en 1988, en el 2006 o en el 2012, el fraude organizado es algo seguro.