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martes, 20 de octubre de 2020

NECESITAMOS PENSAR

Jaime Araujo-Frias

19 de octubre 2020

Estamos experimentando una crisis y por eso somos afortunados. La crisis que vivimos no es la sanitaria ocasionada por la Covid-19. Esta es solo una de las consecuencias de la crisis principal. Lo que estamos experimentando es la crisis de un modo de pensar y, en consecuencia, de vivir. Y, somos afortunados porque toda experiencia de crisis es un estímulo para el pensamiento. La oportunidad para crear  las posibilidades de un país y de un mundo mejor. Y, tal vez el único modo de generar esas posibilidades sea cambiando nuestro modo de pensar.

Pensar supone ver problemas donde otros ven normalidades. Advertir alternativas donde muchos solo ven regularidades. Disentir cuando se nos quiere imponer una verdad. En suma, pensar es investigar. Investigar es buscar otras formar de ver, de comprender y actuar. En un país como el Perú donde la justicia es vista como obsoleta y los justos se tienen que proteger de la justicia oficial, pensar en el sentido de investigar no es una opción, es una necesidad. Porque la economía, la política o el derecho podrán resolver problemas, es cierto; pero es innegable que no lo pueden hacer sin acudir al pensar. Si el pensar está en todo, entonces, pensar es la condición de posibilidad para resolver nuestros problemas.

Esta idea o sospecha de conocimiento es la que nos ha llevado a iniciar un proyecto. El cual tiene que ver con el trabajo de pensamiento. Y lo hacemos no porque sea fácil, sino porque es difícil. Es fácil estar de acuerdo sobre lo jodido que está nuestro país o el mundo. Sin embargo, es difícil desobedecer o contradecir los mandatos e ideas que lo sustentan.   Y pretendemos hacerlo no desde la razón fría e indolente, sino desde la razón sintiente y comprometida con las víctimas de nuestro tiempo: los negados, maltratados y humillados. Porque —como dicen algunos neurocientíficos cognitivos— no hay razón sin emoción. Somos seres emocionales que razonamos. Nuestro pensamiento está motivado por el sentimiento de indignación. Nace de un acto de rebeldía, respetuoso, pero no sometido a lo dado por sabido.

Nuestro proyecto tiene un nombre. Se llama “Barro Pensativo”. Barro porque partimos no de la pulcritud y pureza de las teorías, libros o autores; sino desde  el grito de la calle, del campo y de la ciudad de quienes no son escuchados. Es decir,  desde la militancia con las causas de quienes nos resistimos a seguir siendo maltratados y humillados por el orden y el saber vigente.  Y Pensativo porque es el único modo que tenemos los seres humanos de crear y habitar el mundo, de hacer de la tierra un lugar  donde todos alcancemos.

La tarea que nos hemos propuesto es difícil, pero inevitable. Es difícil porque pensar es perjudicar las injusticias. Lo cual podría ser visto como una amenaza, porque  como nos recuerda Mark Twain: “Es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados”. El problema no es que la gente no sepa, sino que sepa muchas cosas que no son ciertas.   Y, es inevitable porque como decía el joven Marx: hay que ser muy animal para dar la espalda al sufrimiento humano. En fin, en el Perú como en otras partes del mundo las causas del sufrimiento están garantizadas institucional y normativamente. De manera que, como diagnosticó  el autor de la frase “barro pensativo”: ¡Hay, hermanos,  muchísimo que hacer!

Fuente: https://barropensativocei.com/2020/10/19/necesitamos-pensar/#more-189

 


lunes, 7 de noviembre de 2016

ANTOLOGÍA DEL PENSAMIENTO CRÍTICO PERUANO CONTEMPORÁNEO

Atmósfera de Ideas en el Día de la URSS


Antología del
pensamiento crítico
peruano contemporáneo


Colección Antologías del Pensamiento Social Latinoamericano y Caribeño
CLACSO

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Antología del pensamiento crítico peruano contemporáneo / Maruja Barrig... [et al.]; coordinación general de Martín Tanaka. - 1a ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO, 2016.
Libro digital, PDF - (Antologías del pensamiento social latinoamericano y caribeño / Gentili, Pablo)
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-722-184-8
1. Perú. 2. Literatura. 3. Cambio Social. I. Barrig, Maruja II. Tanaka, Martín,
coord.
CDD 306
Otros descriptores asignados por CLACSO:
Pensamiento Crítico / Intelectuales / Pensamiento Contemporáneo /
Pensamiento Social / Perú

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Coordinador
Martín Tanaka
José Matos Mar | Julio Cotler | Fernando Fuenzalida_ | Augusto Salazar Bondy |
Heraclio Bonilla | Karen Spalding | Gustavo Gutiérrez | Guillermo Rochabrún |
Antonio Cornejo Polar | Roberto Miró Quesada | Javier Iguíñiz | Sinesio López |
Antonio Díaz Martínez | Alberto Flores Galindo | Carlos Iván Degregori |
Guillermo Nugent | Cecilia Méndez | Maruja Barrig | Hugo Neira | Carlos
Franco | Aníbal Quijano | Rodrigo Montoya

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Colección Antologías del Pensamiento Social Latinoamericano y Caribeño
Antologías del Pensamiento Social Latinoamericano y Caribeño
Director de la Colección Pablo Gentili
Coordinacion Editorial Fernanda Saforcada y Lucas Sablich
Diseño de Colección Marcelo Giardino
Producción Fluxus Estudio
Primera edición
Antología del pensamiento crítico peruano contemporáneo (Buenos Aires: CLACSO, septiembre de 2016)
ISBN 978-987-722-184-8
© Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales
Queda hecho el depósito que establece la Ley 11.723.

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CLACSO 50 AÑOS

Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales - Conselho Latino-americano de Ciências Sociais
Estados Unidos 1168 | C1101AAX Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Tel. [54 11] 4304 9145 | Fax [54 11] 4305 0875 | <clacsoinst@clacso.edu.ar> | <www.clacso.org>

ÍNDICE

Martín Tanaka
Introducción. Referentes del pensamiento social crítico en
el Perú, 1964-2014                                                                                      11

El Perú antes y con Velasco

José Matos Mar
“Dominación, desarrollos desiguales y pluralismos en la sociedad
y culturas peruanas” (1968)                                                                       47
Julio Cotler
“La mecánica de la dominación interna y del cambio social en
el Perú” (1968)                                                                                            81
Fernando Fuenzalida
“Poder, Raza y Etnia en el Perú Contemporáneo” (1970)                          117
Augusto Salazar Bondy
“La cultura de la dominación” (1968)                                                         175
Heraclio Bonilla y Karen Spalding
“La Independencia en el Perú: las palabras y los hechos” (1972)               197
Gustavo Gutiérrez
“Liberación y desarrollo” (1975)                                                                235
Guillermo Rochabrún
“Apuntes para la comprensión del capitalismo en el Perú” (1978)             255

Auge y caída de la(s) izquierda(s)

Antonio Cornejo Polar
“La literatura peruana: totalidad contradictoria” (1982)                             281
Roberto Miró Quesada
“Innovaciones en políticas culturales y transformaciones en el
campo cultural: el caso de Perú” (1989)                                                     297
Javier Iguíñiz
“Perspectivas y opciones frente a la crisis” (1983)                                     353
Sinesio López
“Capítulo III. Los cambiantes rostros políticos del pueblo en el Perú
del siglo XX” (1991)                                                                                  389
Antonio Díaz Martínez
“Capítulo VI: ensayo de conclusión” (1985)                                             409
Alberto Flores Galindo
“El Perú hirviente de estos días” (1987)                                                   431
Carlos Iván Degregori
“Introducción. Sendero Luminoso. Un objeto de estudio opaco
y elusivo” (2010)                                                                                      467

Debates recientes: crítica desde la sociedad

Guillermo Nugent
“Capítulo 2: Peruano + 1, Peruano – 1. Uno” (1992)                                535
Cecilia Méndez
“De indio a serrano: nociones de raza y geografía en el Perú
(siglos XVIII-XXI)” (2011)                                                                        577
Maruja Barrig
“Hágase en mí según tu palabra: el servicio doméstico” (2001)               619
Hugo Neira
“El hombre festivo” (1996)                                                                        635
Carlos Franco
“Capítulo V. La renuncia al enfoque histórico-estructural, los procesos
conformativos del régimen demoliberal en Europa Occidental y
la acrítica importación de ese régimen en América Latina (I)” (1998)     665
Aníbal Quijano
“Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina” (2000)         713
Rodrigo Montoya
“Capítulo 1. El espejo roto del Perú: sus identidades y
sus máscaras” (1992)                                                                                 765
Sobre los autores 785
Sobre el antologista                                                                                 795
   796

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SOBRE EL ANTOLOGISTA

Martín Tanaka (1965). Doctor en Ciencia Política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) sede México (1998). Es investigador principal del Instituto de Estudios Peruanos, del que también fue su Director General (2005-2007); y profesor principal del Departamento de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde fue Coordinador de la especialidad de Ciencia Política y Gobierno (2010-2014). Ha sido Visiting Fellow postdoctoral en el Helen Kellogg Institute for International Studies de la Universidad de Notre Dame, Indiana (2003 y 2009). Es miembro del Comité Ejecutivo de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (ALACIP) desde 2012. Es también columnista semanal del diario La República desde 2008. Entre sus publicaciones destacan “Liderazgos y crisis de representación partidaria: ¿cuándo son una variable política relevante? Una aproximación desde los países andinos” (en Diamint y Tedesco, coords., Democratizar a los políticos. Un estudio sobre líderes latinoamericanos. Madrid, Los libros de la Catarata, 2013); Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andina (coeditor con Francine Jácome; Lima, IEP, 2010); Las protestas sociales en el Perú actual. Entre el crecimiento económico y la insatisfacción social (coeditor con Romeo Grompone; Lima, IEP, 2009); “From Crisis to Collapse of the Party Systems and Dilemmas of Democratic Representation: Peru and Venezuela” (en: Mainwaring, Bejarano y Pizarro, eds.: The Crisis of Democratic Representation in the Andes. Stanford, Stanford University Press, 2006); “Peru 1980-2000: Chronicle of a Death Foretold? Determinism, Political Decisions and Open Outcomes” (en Hagopian y Mainwaring, eds.: The Third Wave of Democratization in Latin America. Advances and Setbacks. Cambridge, Cambridge University Press, 2005); y Los espejismos de la democracia. El colapso del sistema de partidos en el Perú, 1980-1995, en perspectiva comparada (Lima, IEP, 1998)

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Nota.- Llega justo a tiempo esta Antología del Pensamiento Crítico Peruano Contemporáneo, ad portas del Bicentenario de la Independencia 1821–2021

En el primer tercio del siglo pasado aparecieron tres libros básicos para comprender nuestra realidad: Tempestad en los Andes (Daniel Valcárcel), 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana (José Carlos Mariátegui), Perú: Problema y Posibilidad (Jorge Basadre) De los tres, solo 7 Ensayos ha pasado del millón de ejemplares en sucesivas reediciones, y es el libro de autor peruano más traducido a lenguas extranjeras.

Siguiendo esta orientación, es necesario actualizar la necesidad de un Perú Integral en nuestro país; así como, por lo menos, la necesidad de una Sud América Integral en Nuestra América Nativa.

CLACSO edita esta antología de 21 autores con sus principales aportes. Sin duda, antología básica para comprender e interpretar nuestra realidad actual, que sigue teniendo dos relaciones básicas y que solo pueden ser superadas con la síntesis de un Perú Integral.

Esta antología es de lectura indispensable. Nuestro reconocimiento a CLACSO por su gran esfuerzo editorial.

Ragarro
07.11.16


COLECTIVO PERÚ INTEGRAL
7 de noviembre 2016

viernes, 7 de octubre de 2016

ELOGIO DEL PENSAMIENTO CRÍTICO



Atmósfera de Ideas

ELOGIO DEL PENSAMIENTO CRÍTICO

Renán Vega Cantor
Rebelión

“Quien quiera hoy día combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad, tiene que vencer, por lo menos, cinco obstáculos. Deberá tener el valor de escribir la verdad, aun cuando sea reprimida por doquier; la perspicacia de reconocerla, aun cuando sea solapada por doquier; el arte de hacerla manejable como un arma; criterio para escoger a aquellos en cuyas manos se haga eficaz; astucia para propagarla entre éstos. Estos obstáculos son grandes para aquellos que escriben bajo la férula del fascismo, pero existen también para aquellos que fueron expulsados o han huido, e incluso para aquellos que escriben en los países de la libertad burguesa”.

Bertolt Brecht, “Cinco obstáculos para escribir la verdad”, en El arte y la política, Editorial Nueva Nicaragua, Managua, 1985, pp. 222-223. (Énfasis en el original).

“¿No tienes enemigos? ¿Cómo que no? ¿Es que jamás dijiste la verdad, ni jamás amaste la justicia?”.

Santiago Ramón y Cajal, citado en Eduardo Galeano, Los hijos de los días, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2012, p. 386.

El término Pensamiento Crítico puede resultar siendo una abstracción y hasta tener un carácter tautológico, si no se precisa qué se entiende por tal denominación. Una abstracción que puede convertirse en un mero enunciado, que se repite sin mucho cuidado. Una tautología porque en rigor todo pensamiento que amerite tal nombre debería ser crítico con todo lo existente y consigo mismo. Pero como hoy se han entronizado en el mundo entero un conjunto de banalidades propias de un pensamiento único, un pensamiento sumiso y un pensamiento abyecto, adquiere sentido hablar de pensamiento crítico, no sólo para diferenciarse de estas formas sino para rescatar la esencia de una reflexión que no se quede en la mera contemplación, aceptación o apología de todo lo existente. En ese orden de ideas, y de manera algo esquemática, intentaremos precisar cuáles serían en nuestro sentir y entender las características del pensamiento crítico, que se encarna, por supuesto, en hombres y mujeres de carne y hueso, quienes son los pensadores y las pensadoras críticos.

1

Es un pensamiento histórico: El sistema capitalista se presenta a sí mismo como el fin de la historia, el mejor de los mundos, una realidad insustituible sin pasado ni futuro y la realización plena del presente perpetuo, que siempre gravita sobre lo mismo: sobre la producción mercantil y el consumo exacerbado. Ni antes ni después del capitalismo se concibe la existencia de otras formas de organización social, porque todo se sujeta al endemoniado ritmo de la pretendida “destrucción creadora”, que promete un reino eterno, aquí en la tierra, de opulencia y derroche. Para que todas estas falacias se impongan se hace necesario cortar los vínculos de los seres humanos con la historia, o mejor dicho, negar que nosotros somos seres históricos, que estamos anclados al mismo tiempo en el pasado, el presente y el futuro, y que en el pasado relucen los destellos de proyectos y alternativas de los vencidos que iluminan el futuro, para que el presente no aparezca como una fatalidad que tenemos que aceptar y contra la cual nada podemos hacer. Por eso, se ha impuesto la amnesia y el olvido, para que aceptemos que siempre ha existido y existirá el capitalismo, sin que podamos concebir otras formas de organización social y otras maneras de relacionarnos entre nosotros y con la naturaleza.

Para enfrentar esos prejuicios sobre la eternidad del presente capitalista, la historia debe ser un instrumento indispensable de análisis y reflexión que nos ayude a recuperar otras perspectivas, que nos recuerdan que el capitalismo es sola una relación social históricamente constituida, que no representa ni mucho menos el fin de la historia. El conocimiento histórico nos ayuda a comprender que el presente actualmente existente es el resultado de procesos complejos en donde, entre muchas alternativas, se impuso, a menudo con la violencia y la irracionalidad, solo una de ellas. En breve, el pensamiento crítico se sustenta en aquella célebre propuesta de Pierre Vilar de pensar históricamente, para ubicar, localizar, relativizar, fechar, explicar, comprender y contextualizar todos los procesos existentes, incluyendo al capitalismo.

2

Es un pensamiento radical: Para develar la injusticia y la desigualdad se hace necesario ir a la raíz misma de los fenómenos, con la finalidad de explicar sus causas fundamentales. Esto es lo que quiere decir el término radical, hurgar en el transfondo de los procesos, y no quedarse prisionero en el mundo de las apariencias. Un pensamiento radical supone escudriñar sin concesiones en los mecanismos que mantienen la dominación, la explotación y la opresión, llamando a las cosas por su nombre, y desmontando las falacias ideológicas que se emplean para encubrir con eufemismos la dura realidad. Por supuesto, la radicalidad del pensamiento no es una cuestión puramente lingüística o retórica, puesto que la misma utilización de ciertos conceptos (como capitalismo, imperialismo, clases sociales, desigualdad) implica la adopción de un punto de vista, que tiene consecuencias prácticas, en la vida de las personas que asumimos ese tipo de crítica radical.

3

Es un pensamiento anticapitalista: En sentido estricto, en la actualidad un pensamiento radical tiene que ser anticapitalista, porque durante dos décadas se nos anunció que el mercado perfecto se había hecho realidad tras la desaparición de la Unión Soviética y su imposición garantizaba el crecimiento ilimitado y la satisfacción, vía consumo, de las necesidades de todos los habitantes del planeta. Estas mentiras han quedado hechas añicos por la crisis capitalista que se ha extendido por el mundo desde el 2008, en la que se ha evidenciado que el costo de la crisis la pagan los trabajadores, y los pobres, como lo estamos viendo en la Unión Europea, modelo por excelencia del triunfalismo capitalista, pero que hoy hace agua por todos los costados y que sitúa al mundo en la peligrosa disyuntiva fascista de la década de 1930. Si las cosas son así y se ha hecho palpable que el capitalismo en lugar de contribuir a solucionar los problemas de la humanidad los tiende a agravar con su lógica mercantil, basada en el lucro y el crecimiento ilimitado, es necesario volverse a plantear una propuesta que vaya más allá del capital.

4

Es un pensamiento abierto: Para ser radicalmente anticapitalista es indispensable apoyarse tanto en las más diversas tradiciones revolucionarias como en el conjunto de las ciencias y las artes. El pensamiento crítico precisa del dialogo permanente con diversos legados emancipatorios que se han ido construyendo durante varios siglos en distintos lugares del planeta, entre los que sobresale el pensamiento de Marx y sus seguidores más lúcidos, el anarquismo, el ecologismo, el feminismo, el indigenismo y todo lo que ayude en el propósito de reconstruir una agenda de lucha contra el capitalismo y el imperialismo. Así mismo, como nos lo han enseñado los grandes pensadores de nuestra América y de otros continentes (como José Carlos Mariategui, Antonio Gramsci, George Lukacs), la reflexión crítica se enriquece en un dialogo fecundo con las ciencias y la técnica, un intercambio necesario para afrontar la crisis civilizatoria a la que nos ha conducido el capitalismo y en la cual todos estamos inmersos. Porque esa crisis no se comprende al margen de los impactos nefastos y contradictorios de las tecnociencias, lo que obliga a tener unos mínimos rudimentos sobre las mismas, que permitan esbozar una distancia crítica y mucha mesura y circunspección.

5

Es un pensamiento que cuestiona la idea optimista de progreso: Tras constatar los costos contradictorios de la filosofía de progreso, con todo su cortejo de muerte y destrucción, es pertinente cuestionar al progresismo, en todas sus variantes, y en especial el culto a la tecnociencia, por todas las implicaciones prácticas que tiene. Hoy, cuando se ha impuesto la razón instrumental y se ha generalizado el fetichismo de la mercancía que alienta la lógica irracional de producir para consumir en un círculo vicioso cada vez más destructivo, se torna urgente problematizar los proyectos progresistas que se sustentan en el tener sobre el ser, en la cuantificación abstracta propia de la mercancía despreciando el valor de uso, en la idea de consumir hasta el hartazgo como sustituto del buen vivir en condiciones dignas. La crítica a la filosofía del progreso es indispensable para abandonar las ilusiones sobre las soluciones técnicas como forma de resolver los problemas que ha generado el capitalismo (como los trastornos climáticos o la destrucción de los ecosistemas), y volver a priorizar las soluciones sociales y políticas. Por todos los avatares de los fallidos proyectos anticapitalistas del siglo XX y de la tragedia ambiental y humana que se vive en China, ya no es posible seguir rindiendo culto al Progreso. Esto, desde luego, resulta una idea poco popular por la imposición generalizada del consumo de artefactos tecnológicos en la vida cotidiana, pero que necesita plantearse para estudiar a fondo las consecuencias nefastas de la ampliación a algunos reducidos sectores de la población del modo estadounidense de producción y de consumo, frecuentemente aplaudida como la máxima expresión de progreso, y que destruye a la naturaleza y a los pobres.

Hay que decirlo, esto no supone el abandono ni de la ciencia ni de la técnica, como frecuentemente lo sostienen quienes creen que criticar al progreso es rechazar por completo la modernidad y retroceder a la época de las cavernas. Más bien de lo que se trata es de rescatar lo mejor de la modernidad para pensar en construir otro tipo de civilización ecosocialista.

6

Es un pensamiento ecologista y antipatriarcal: La destrucción ambiental se ha generalizado en el planeta, y Colombia no es la excepción, y más ahora con las locomotoras de la minería y el libre comercio. El ecocidio avanza de manera incontenible al ritmo de la expansión capitalista por los cinco continentes, como lo demuestran las cada vez más frecuentes catástrofes sociales, que resultan de la destrucción de la naturaleza y de la mercantilización de los bienes comunes. Esto obliga a atender, mediante la reflexión analítica, el estudio de los límites ambientales del capitalismo y los peligros que eso entraña para grandes porciones de la población, en primer lugar los más pobres. Se necesita de una nueva sensibilidad que incorpore a la crítica anticapitalista, que ha estudiado a fondo la contradicción capital-trabajo, una crítica de similar importancia que dilucide la contradicción capital-naturaleza, y que involucre a todos los sujetos sociales afectados por esta segunda contradicción. En consecuencia, el pensamiento crítico requiere ser profundamente ecologista, en una perspectiva que sea un complemento indispensable del anticapitalismo.

Al mismo tiempo, dados las notables contribuciones teóricas de diversas corrientes del feminismo, en consonancia con el sometimiento de la mayor parte de las mujeres, es prioritario que el pensamiento crítico asuma el cuestionamiento del patriarcado y de todos sus componentes de opresión y de marginación de la mitad del género humano.

7

Es un pensamiento nacionalista e internacionalista a la vez: El capitalismo realimente existente y sus ideólogos, entre los que sobresalen los neoliberales, se han encargado de construir un falso dilema: ellos presentándose como los globalizadores por excelencia, abjuran de todo lo relacionado con lo nacional, como propio del atraso y de la barbarie. Esto lo han hecho con la finalidad de justificar la entrega de la soberanía de los países y el regalo de los bienes comunes que se encuentran en sus territorios, todo a nombre de una pretendida modernización global. Al mismo tiempo, como respuesta a ese universalismo abstracto, otros portavoces del capitalismo han suscitado feroces guerras xenófobas en varios continentes, que han suscitado la xenofobia y la limpieza étnica.

Contra ese falso dilema -entre el universalismo abstracto y el chovinismo nacionalista-, el pensamiento crítico debe y tiene que reivindicar otro tipo de nacionalismo, junto con el internacionalismo. No se puede abjurar de lo mejor de la configuración nacional en nuestra América, máxime en estos tiempos de la vergonzosa desnacionalización que han impulsado las clases dominantes en estos países, como se patentiza en Colombia. Esto no supone reivindicar ni mucho menos un trasnochado patriotismo barato, propio de la mentalidad retrograda de los terratenientes y ganaderos de Antioquia y otras regiones de este país. Quiere decir, por el contrario, postular un nacionalismo cosmopolita, basado en la máxima de José Martí: “Patria es humanidad”. Como quien dice, que estemos asentados en nuestro territorio, pero para comprender mejor el mundo relacionarnos en forma más adecuada con los otros países, y no creernos ni mejores ni peores que los demás. Ese internacionalismo, además, es urgente tanto para recuperar las mejores tradiciones de lucha de los dos últimos siglos en nuestra América, como para solidarizarnos y compartir las utopías de los oprimidos del mundo entero.

8

Es un pensamiento anticolonialista y antiimperialista: Por reivindicar lo mejor de lo nacional y lo mejor del mundo, el pensamiento crítico es, tiene que serlo, anticolonialista y antiimperialista, porque hoy se ha reforzado el colonialismo, que había sido seriamente debilitado en la década de 1960 con la extraordinaria lucha de liberación nacional que adelantaron los pueblos africanos y asiáticos, cuya gesta hizo gravitar la historia universal entrono a lo que por entonces se llamaba el Tercer Mundo. Esta epopeya anticolonialista generó imperecederos aportes intelectuales al pensamiento universal, representados en la obra de Franz Fanón, Walter Rodney, Amílcar Cabral o Aimé Césaire. Como ha quedado en evidencia hoy, el colonialismo en realidad nunca desapareció, sino que más bien se encubrió bajo otros mantos y emergió con toda su fuerza en las últimas décadas, asumiendo el viejo discurso eurocéntrico con la retórica de la globalización. Esta nueva conquista, la colonización externa, en el caso de nuestra América, viene acompañada de ese otro fenómeno que existe en este continente desde hace cinco siglos, pero del que poco se habla, del colonialismo interno, agenciado por las clases dominantes para mantener sus privilegios a costa de la exclusión, discriminación y explotación de indígenas, afrodescendientes y mestizos pobres.

La nueva colonización es también, como siempre lo fue, cultural, y ahora académica, porque de los centros hegemónicos de la cultura universitaria se imponen nuevas modas intelectuales, que desdicen y niegan de lo propio de la realidad de nuestro continente, de sus procesos de lucha y de sus propios proyectos culturales, para implantar un lenguaje artificial e impostado, elaborado para congraciarse con los nuevos imperialistas y sus mandarines intelectuales. En consecuencia, el pensamiento crítico debe estar atento a beber de lo más diversas fuentes, pero sin caer en las tentaciones de la novedad y de las modas efímeras, impuestas desde Nueva York o desde Paris.

9

Es un pensamiento que reivindica a los oprimidos de todos los tiempos y a sus luchas: El pensamiento crítico pretende develar los mecanismos de explotación y opresión en el presente, apoyándose en una visión histórica en la que emergen los sujetos que se han rebelado contra las diversas formas de dominación en diversas épocas. El conocimiento de los procesos históricos señala que incluso en las peores condiciones, como en la época de la esclavitud moderna, que perduró cuatro siglos (entre 1500 y 1890), hubo protestas, sublevaciones y rebeliones, propias de lo que puede llamarse la hidra de la inconformidad de los plebeyos. Cual hidra mitológica que renace aunque se le destruya la cabeza, lo mismo ha sucedido en diversos momentos de la historia del capitalismo, cuando a pesar de la tortura, persecución y asesinato de líderes y dirigentes populares, la protesta de los subalternos reaparece una y otra vez. Estudiando las luchas de los vencidos, se alimenta el fuego de la inconformidad en el presente, porque aquéllos nos acompañan desde la posteridad, con la memoria de sus acciones, de acuerdo al postulado de Walter Benjamin de no pedir “a quienes vendrán después de nosotros la gratitud por nuestras victorias sino la rememoración de nuestras derrotas. Ese es el consuelo: el único que se da a quienes no tienen esperanza de recibirlo” 1. En resumen, el síndrome de Espartaco basado en el lema “Me rebelo, luego existo”, debería sintetizar la rememoración de los que han luchado en todos los tiempos, un componente indispensable del pensamiento crítico.

10

Es un pensamiento comprometido y no meramente contemplativo: Los enormes problemas que afronta el mundo actual, agravados todavía más en nuestro continente por la dependencia y servilismo de las clases dominantes, requieren tanto de una reflexión seria y rigurosa, como del involucramiento de esa reflexión con los problemas de la gente común y corriente. En pocas palabras, se trata de que el pensamiento se encarne en sujetos concretos para devenir en praxis transformadora, a la luz de los problemas específicos que afronta la mayor parte de la población. No estamos hablando de una instrumentalización artificial de las ideas, que abjure de la importancia de la reflexión y que desprecie el trabajo intelectual, sino de la necesidad de vincular, de alguna manera, esas reflexiones con los problemas reales de la gente. Me gusta reivindicar nuestra actividad como propia de los trabajadores del pensamiento, como lo hacía Julio Antonio Mella cuando decía: “Intelectual es el trabajador del pensamiento. ¡El trabajador!, o sea, el único hombre que a juicio de Rodó merece la vida, es aquel que empuña la pluma para combatir la iniquidades, como los otros empuñan el arado para fecundizar la tierra, o la espada para libertar a los pueblos” 2. Si situamos la elaboración de pensamiento crítico como un trabajo, y no como una refinada actividad especulativa al margen del mundo real, tendremos más oportunidad de vincularnos con el resto de trabajadores, incluyendo a los que con sus manos laboran la tierra o fabrican las cosas. Así podríamos declarar, a nuestra actividad como una artesanía del pensamiento, una artesanía que genera productos intelectuales que, directa o indirectamente, deben tener alguna utilidad para la gente.

Por otra parte, el pensamiento crítico no abjura de sus compromisos y por eso sabe que es perseguido y reprimido, porque pretende encarnar otro proyecto de mundo y de sociedad, que resulta insoportable para los detentadores del poder y la dominación en nuestro tiempo, donde quiera que se encuentren. El pensamiento crítico hace suya la consigna del filósofo de Tréveris, su undécima tesis: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo, de lo que se trata es de transformarlo”.

En ese mismo sentido, el pensamiento crítico además de estar comprometido con los pobres y desvalidos, es un pensamiento alternativo, porque con ellos busca elaborar propuestas anticapitalistas, planteando que otro mundo es posible y necesario, si no queremos que el capitalismo sea el fin de la historia en el sentido literal de la palabra, si dejamos que nos destruya a todos y a nuestro planeta. 

11

Es un pensamiento universitario y extrauniversitario al mismo tiempo: La universidad pública ha sido una conquista de las sociedades latinoamericanas, conquista lograda con mucho esfuerzo y con el sacrificio de estudiantes y de profesores. Durante mucho tiempo se ha buscado que esta universidad fuera un espacio democrático y popular, lo que efectivamente se logró en algunos países de la región, México es el principal ejemplo. En los demás, a pesar de los obstáculos, la universidad pública ha sido durante algún tiempo el faro intelectual que alumbraba con ideas y proyectos transformadores, que incidieron fuera de los campus universitarios. Ahora estamos asistiendo a la transformación de la Universidad Pública en un mercado educativo que vende servicios y quiere convertir a profesores y estudiantes en oferentes y clientes de combos mcdonalizados. Para hacer realidad ese propósito es indispensable erradicar de los campus a todos aquellos que cuestionen, critiquen y duden, ya que la universidad de la ignorancia requiere profesores, estudiantes y funcionarios obedientes y sumisos. En concordancia, la consigna de los mercaderes de la educación es erradicar el pensamiento crítico del mundo universitario, so pretexto de que no es ni útil ni rentable. Esa es la situación que hoy afrontamos de manera directa todos los que hemos hecho de la universidad pública nuestro proyecto de vida. Es necesario, entonces, defender ese territorio democrático de los embates del capital nacional y extranjero, para preservar la libre exposición y discusión de ideas, proyectos y propuestas para construir naciones y sociedades justas e igualitarias.

Puesto que el mundo universitario solamente representa a un ámbito reducido de la población y grandes problemas de la sociedad son asumidos por organizaciones populares, que construyen sus propios instrumentos analíticos, es necesario que el pensamiento critico se relacione con esos proyectos y esas luchas, para que aprenda de ellas y se nutra de esas experiencias, a las que luego podrá realimentar en forma dialógica. Es decir, el pensamiento crítico también se construye fuera de los espacios universitarios, en la calle, en la plaza pública.

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Es un pensamiento digno: Para terminar, deben mencionarse las implicaciones éticas del pensamiento crítico, lo cual está relacionado con los intereses que representa, con las fuerzas sociales de las que aprende, se nutre y a la vez alimenta, y a los valores que defiende. Al respecto, la dignidad es una de sus características distintivas. Por dignidad entendemos muchas cosas, entrelazadas y complementarias: la independencia de criterio; la libertad de critica; la insubordinación; la defensa de los desvalidos; el valorar a las cosas por lo que son y no por su precio monetario; asumir los costos y las consecuencias de lo que se dice sin hacer concesiones ni traficar con los principios morales; no arrodillarse ni subordinarse a los amos y poderosos, a cambio de retribuciones, o reconocimientos formales, que buscan la claudicación; y, mantenerse al lado de los oprimidos sin importar que eso implique la marginación y la criminalización. El pensamiento digno no se vende por unas cuantas migajas, no se desmorona ante las lisonjas y halagos interesados de los mercachifles del saber y de la investigación, no se subordina a los dictados de la figuración mediática propia de la sociedad del espectáculo, no escribe ni diserta sobre aquello que proporcione dinero y fama, no negocia con el saber como si fuera una mercancía, no se cotiza en la bolsa de valores del arribismo intelectual. Quienes cultivan el pensamiento crítico caminan con rectitud con la frente bien en alto, por un sentido acendrado de dignidad, y no como le sucede a los portavoces de la mentalidad sumisa, por desgracia la vasta mayoría que, como lo afirma el dramaturgo italiano Darío Fo, “andan erguidos porque la mierda les llega hasta el cuello”.

Notas:

-1. Citado en Michael Lowy, Walter Benjamin, aviso de incendio. Una lectura de las tesis “sobre el concepto de historia”, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005, pp. 135.
-2. Julio Antonio Mella, “Intelectuales y tartufos”, en Escritos revolucionarios, Siglo XXI Editores, México, 1978, p. 44.
Texto leído en el evento En defensa del pensamiento crítico, realizado el miércoles 9 de mayo de 2012 en la sede de la Universidad Pedagógica Nacional.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
10-05-2012
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7 de octubre 2016