Mostrando entradas con la etiqueta Escuela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Escuela. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de enero de 2017

ESCUELA POLÍTICA: EL VALOR, LA SUSTANCIA COMO PROCESO




viernes, 27 de enero de 2017

Al igual que el saber humano no se reduce al saber de las ciencias estatuidas como tales, del mismo modo la lógica matemática o lógica formal no abarca todas las formas lógicas del mundo. Sin embargo, hay especialistas en lógica matemática que quieren razonar e interpretar la historia o las relaciones económicas con esas herramientas, y en consecuencia no dicen grandes cosas, o dicen cosas superficiales, o le niegan la certeza al saber construidos a lo largo de la historia sobre dichas dimensiones del ser humano: la historia o las relaciones económicas. Cuando yo critico a la lógica formal, no la critico por aquella parte de la realidad –ciertas formas del pensamiento–  que representa de forma acertada, sino porque pretende someter a sus formalismos partes de la realidad de las que no puede dar cuenta de forma científica. Así que las formas lógicas del pensamiento y de la realidad representan un mundo mucho más grande que el que nos proporciona la lógica matemática.


Lo que expongo a continuación trata sobre la lógica dialéctica del valor. Independientemente de si la lógica dialéctica exista como cuerpo teórico o esté formalizada, lo cierto es que está presente en la construcción teórica de El Capital. Sin duda que esta lógica dialéctica es una herencia hegeliana. Pero advierto que Hegel no es un pensador oscuro, como muchos piensan,  sino un pensador complejo. La oscuridad se le produce al lector poco preparado o al lector que quiere entender el pensamiento de Hegel con los esquemas de la lógica matemática. Hegel es uno de los grandes colosos del pensamiento universal. Lo que sucede es que la filosofía dominante, muy acorde con el capitalismo, es el empirismo y el neopositivismo: una filosofía que hace de la física y de la lógica matemática las dos grandes paradigmas de la ciencia. Cuando lo cierto es que son las dos esferas de saber más abstractas que existen. Dicho de otro modo: en el saber de esas ciencias el ser humano prácticamente no existe o es reducido a un sujeto puramente abstracto.

Si hay un objeto que está presente en nuestras vidas de forma absoluta, que nos domina y nos enajena, este no es otro que el dinero. Pero hoy no vamos hablar del dinero en su función de medio de compra, esto es, del dinero como simple dinero, sino del dinero como capital. Y el dinero como capital, sobre todo en su forma más cosificada, esto es, el dinero productor de interés,  está en el centro de la crisis económica que nos asola desde el año 2008. Y sobre este respecto nada nos puede decir la lógica formal, sin embargo, la lógica dialéctica sí puede decirnos cosas muy interesantes. En el capítulo dedicado a la transformación del dinero en capital, Marx se expresa en los siguientes términos: “Por tanto, lo primero que hay que hacer es analizar las diferencias de forma entre los ciclos D-M-D y M-D-M. Con ello se tendrá al mismo tiempo la diferencia de contenido que se oculta tras estas diferencias de forma”. La lógica formal se caracteriza por vaciar de contenido el pensamiento, por el contrario, la lógica dialéctica se caracteriza por descubrir las diferencias de contenido a través del análisis de las formas económicas. Una diferencia sustancial que no se debe echar en saco roto.

El producto final de la circulación de mercancías, que tiene su apogeo en el siglo XVI con la creación del mercado mundial, es el dinero. Y el dinero es la primera forma de manifestación del capital. Pero el dinero tiene dos formas de circular: uno viene representado por la fórmula M-D-M (Mercancía-Dinero-Mercancía), vender para comprar; y el otro viene representado por la fórmula D-M-D (Dinero-Mercancía-Dinero),  comprar para vender. De la primera forma participan todos los trabajadores: venden su fuerza de trabajo a cambio de dinero  y con este dinero compran todos los medios de subsistencia que necesitan y pueden. Y de la segunda forma participan todos los capitalistas: compran fuerza de trabajo y mercancías, después elaboran un producto con estos dos factores, y luego lo venden para obtener más dinero. Las formas económicas que nos encontramos aquí son: la mercancía, el dinero, los ciclos M-D-M  y  D-M-D, y las dos fases que constituyen estos ciclos: M-D y D-M. En total nos encontramos aquí con seis formas económicas.

Veamos las diferencias entre el ciclo M-D-M (circulación simple de mercancías) y D-M-D (circulación del dinero como capital). En el primer ciclo se vende para comprar, el punto de partida y el punto final es la mercancía, y el dinero es el punto intermedio. Por el contrario, en el segundo ciclo se compra para vender, el punto de partida y el punto final es el dinero, y el punto intermedio es la mercancía. En el primer ciclo el dinero se transforma en mercancía que sirve de valor de uso. Por lo tanto, el dinero se ha gastado definitivamente. Mientras que en la circulación del dinero como capital el capitalismo lanza dinero al mercado para poderlo retirar con un incremento. Por lo tanto, el dinero no se gasta, sino que se conserva. Y no solo se conserva, sino que se multiplica. Ahondemos más en la diferencia entre los dos ciclos: en la circulación simple de mercancías la renovación de la venta para comprar tiene su meta en un fin exterior a él, en el consumo, en la satisfacción de las necesidades. Es lo que hace el trabajador. Mientras que en la circulación del dinero como capital, comprar para vender, principio y fin son lo mismo, dinero. Por lo tanto, el movimiento es ya infinito. Este aspecto es importante y definitivo: Si con 100 euros obtengo 110 euros, con 110 euros obtengo 120, y así sin parar. Este es el aparente secreto de esos capitalistas que dicen que han partido de “la nada” y terminan siendo inmensamente ricos, porque el ciclo económico del que participan constituye un movimiento del valor infinito. Este hecho económico, el enriquecimiento sin límite que observamos en los capitalistas, Marx lo expresa en los siguientes términos: “La circulación del dinero como capital es fin absoluto, pues la valorización del valor solo existe dentro de este movimiento constantemente renovado. De ahí que el movimiento del capital sea ilimitado”.

Antes de seguir hablemos del valor para distinguirlo de la mercancía y del dinero. Supongamos que un agricultor produce 100 kilos de naranja que los cambia por 30 euros y que luego con estos 30 euros se compra una camisa. Los 100 kilos de naranja, los 30 euros y la camisa tienen el mismo valor. O mejor: una determinada cantidad de valor existe primero como 100 kilos de naranja, después como 30 euros, y por último como una camisa. El valor carece de existencia inmediata. Solo existe como mercancías particulares, las naranjas y la camisa, o como la mercancía general: el dinero. Pasa como en el tiempo y con el significado: carecen de existencia inmediata. Pero a lo que carece de existencia inmediata no se le niega la existencia. Y si no consideráramos la existencia del valor, sería imposible explicar el intercambio de naranjas por dinero y del dinero por camisas. Igual que si le negáramos la existencia al significado, sería imposible explicar la comunicación lingüística.

Sigamos ahondando en las diferencias entre los dos ciclos. El dinero es la forma autónoma de existencia del valor. Entre dos mercancías diferentes, entre naranjas y camisas, hay diferencias cualitativas: tienen propiedades diferentes y satisfacen necesidades diferentes. Pero entre 100 euros y 120 euros no hay diferencias cualitativas, solo hay diferencias cuantitativas. 100 euros y un millón de euros son bajo el punto de vista de la cualidad lo mismo. De este modo reconocemos que el dinero es la forma autónoma del valor. Volvamos a fijarnos en el ciclo de la circulación simple de mercancías, M1-D-M2: La forma autónoma del valor, esto es el dinero, que adopta el valor de la primera mercancía actúa solamente de mediadora del intercambio. Al final de este ciclo el dinero desaparece. Mientras que en el caso del ciclo D-M-D, la circulación del dinero como capital, el valor pasa constantemente de la forma del dinero a la forma de la mercancía y de este de nuevo a la forma del dinero sin perderse en este movimiento, convirtiéndose así en un sujeto automático. Así lo expresa Marx: “El valor deviene aquí el sujeto de un proceso en el que, bajo el continuo cambio de las formas del dinero y mercancía, varía su propia magnitud.

Hablemos ahora de la sustancia. El significado de las palabras es una sustancia social. Las palabras no significan lo que yo quiero que signifiquen, sino lo que la sociedad en un momento determinado de su desarrollo social establece. Los significados son una obra de la sociedad. Sucede después que grandes figuras de la literatura, como es el caso de Cervantes, cristaliza en una obra literaria, como es el caso de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, los significados de una comunidad de hablantes. Lo mismo ocurre con el valor económico: es una sustancia social. El valor de la mesa que yo construyo no viene constituida por la cantidad de horas de trabajo que yo empleo, sino por la cantidad de horas de trabajo social media que cuesta a la sociedad producirla, de acuerdo con la productividad y las condiciones técnicas de trabajo predominantes. De manera que aunque yo haya empleado 8 horas de trabajo pero el trabajo social medio es de 4 horas, mi mesa tendrá un valor de 4 horas y no de 8 horas. De ahí que el valor, como el significado, sea una sustancia social.

A este respecto Marx se expresa en los siguientes términos: “Si en el circulación simple el valor de las mercancías reviste a la sumo, frente a su valor de uso, la forma autónoma del dinero,  aquí –en la circulación del dinero como capital– se presenta de momento como una sustancia en proceso, con movimiento propio, para la que mercancía y dinero no son más que meras formas”. Así es: en la circulación del dinero como capital el valor se presenta como una sustancia en proceso que no cesa de crecer. Hay personas que me dicen que participando jugadores como Messi y Cristiano de la circulación simple de mercancía, puesto que venden su fuerza de trabajo a cambio de dinero, por qué los presento yo como capitalistas. La explicación es sencilla: El dinero que gana un trabajador medio en concepto de salario lo gasta por completo. Mientras que Messi y Cristiano ganan tanto dinero que después de comprar los medios de satisfacción de las necesidades de ellos y sus familias, les sobra muchísimo dinero. Y este dinero lo ponen luego a circular como capital y no como medio de compra. Y el contenido objetivo de esta circulación, la valorización del valor, es el fin subjetivo de ambos. Y como agentes conscientes de este proceso son presas del apetitivo insaciable de ganar como cualquier otro capitalista. Y tratan de engañar a Hacienda, por medios legales e ilegales, porque se apodera de ellos el afán absoluto de enriquecimiento.

Solo me resta decir que esta exposición que habla del dinero como capital, que presenta el ciclo del capital como valor que se valoriza, como sujeto automático y como sustancia en proceso, solo es posible gracias a la lógica dialéctica. Y en este sentido los marxistas, con Marx a la cabeza, debemos sentirnos deudores eternos del pensamiento de Hegel.





martes, 17 de enero de 2017

ESCUELA POLÍTICA: MATERIALISMO HISTÓRICO Y MATERIALISMO DIALÉCTICO




Si alguien me preguntara ¿es usted marxista? Yo meditaría la respuesta. No se puede hablar de la ideología al margen de lo que ha sucedido en los últimos 90 años. Ser un materialista histórico significa esencialmente tener en cuenta la historia del objeto sobre el que se reflexiona, que en este caso es la ideología marxista. Si yo señalara el gran error de los marxistas en el periodo 1920-1980, diría que fue convertir la lucha de clases en una lucha absoluta, que abarcaba todos los aspectos de la vida, sepultando la independencia del resto de las luchas sociales y haciendo del Estado un medio para anular la libertad individual.

La historia del socialismo soviético, que impregnó a todo el socialismo real en el mundo, transformó la ideología marxista en una ideología partidista y en una ideología de Estado. La ideología marxista se redujo a ideología política y con ello perdió toda su rica sustancia filosófica. El leninismo mal entendido, con el que se apellidaban inicialmente todos los partidos comunistas y después todos los partidos de extrema izquierda, supuso la sepultura teórica de Marx. La gran obra de Marx, El Capital, donde se encuentra la más grande y significativa expresión del materialismo histórico y del materialismo dialéctico, fue del todo olvidada, arrinconada, ignorada. ¿Por qué? Porque la economía soviética supuso la suplantación del mercado por el plan y porque los líderes del PCUS ignoraron las propuestas de la Nueva Economía Política elaboradas por Lenin. Y de ese modo, negando la necesidad del mundo mercantil, transformaron en superfluo El Capital. Puesto que el contenido esencial de El Capital es el estudio del mundo mercantil y en especial el estudio de las formas del valor. Advirtiendo que todas las formas del capital, como el beneficio, el interés o el capital variable, son formas del valor.

Es cierto que desde hace veinte o treinta años han surgido grupos de economistas que se han dedicado al estudio de El Capital y a popularizarlo. Pero con un gran defecto: han prescindido de su componente filosófico. Su escasa preparación filosófica les ha llevado en parte a despreciar y en parte a ignorar el papel clave que desempeña la filosofía hegeliana en la construcción teórica de El Capital. Y de este modo han liquidado una gran parte del sistema circulatorio de la magna obra de Marx. Es como si en el mundo actual alguien quisiera dar una explicación de la economía capitalista ignorando el papel del capital financiero y de los bancos.

Si una persona quiere convertirse en un pensador materialista, no solo debe estudiar a Marx, también debe estudiar a las economistas convencionales y a los grandes físicos, fisiólogos, psicólogos y resto de especialistas en ciencias naturales. Y si dicha persona quiere ser un pensador dialéctico, no solo debe estudiar a Marx, también debe estudiar a Hegel, a Husserl, a Feuerbach y a otras figuras del pensamiento filosófico y científico. Pero si además quiere ser un pensador al completo, debe estudiar igualmente a Cervantes, a Pushkin, a Goethe, a Shakespeare, a Borges y a los grandes pensadores del mundo de la literatura. También sería importante que estudiara a los grandes pensadores del mundo de la pintura, de la escultura y de la arquitectura. Hay que tener claro que el materialismo predomina entre todos los científicos y no puedo ser de otro modo, puesto que su conocimiento tiene que partir de los hechos y volver a los hechos para corroborar sus conceptos. Y es digno de señalar que todos los científicos de la física de partículas necesariamente tienen que proceder de modo dialéctico porque la propia naturaleza de los fenómenos cuánticos y de las condiciones de observación así lo exigen. 

El Materialismo Histórico y el Materialismo Dialéctico no existen como cuerpos teóricos. Los adjetivos del pensamiento, como materialista y dialéctico, se han transformado por la ideología política de los antiguos partidos comunistas y por los partidos de la extrema izquierda en sustantivos. Y lo primero que se debe buscar en un pensador no es si es materialista o idealista, metafísico o dialéctico, sino si conoce el tema del que habla. Hegel era un pensador idealista, pero su conocimiento del mundo era inmenso. La obra del conocimiento, que abarca las ciencias naturales, sociales, históricas y filosóficas, es tarea de todos los grandes pensadores de todos los tiempos y no una tarea en exclusiva de Marx y de los “marxistas”. Ahora bien, si yo tuviera que recomendar una obra de línea filosófica materialista y dialéctica, esta obra no sería otra que El Capital de Karl Marx. Pero advertiría que para conocer en profundidad el pensamiento de Marx es necesario conocer en profundidad el pensamiento de Hegel.





lunes, 2 de enero de 2017

QUERER Y PODER





Según Feuerbach “La religión tiene su propia condición de dilema o contradicción entre querer y poder, desear y alcanzar, intención y resultado, representación y realidad, pensar y ser”. Si querer fuera poder, como mantienen los idealistas burgueses, nadie creería en Dios. Tú quieres que tu amigo se libre de una enfermedad mortal, pero ese poder no reside en ti, reside en la medicina y en sus avances, en la situación económica del enfermo y en el desarrollo de la Seguridad Social. Pero si estos recursos no son suficientes para liberar a tu amigo de la enfermedad mortal, tú recurres a Dios y a su bondad. Y esto que ocurre con la enfermedad mortal, ocurre con la insatisfacción de las necesidades básicas y con las desgracias. Son ellas las que impulsan a los seres humanos a creer en Dios. Luego querer no es poder.


Por muy pobre que sea una persona, siempre soñará con hacerse rico. Y esta posibilidad existe. Los juegos de azar –la lotería primitiva, el euromillón–  representan esa posibilidad. Siempre hay casos individuales donde esa posibilidad –hacerse rico– se realiza, mientras que para la mayoría no se realiza. Quienes afirman que el dinero no hace la felicidad mienten. En una sociedad donde todo es mercancía, esto es, donde todo se adquiere mediante el dinero, la base de la felicidad es el dinero. La satisfacción de las necesidades básicas, como comer y alojarse bajo un techo, y de las necesidades superiores, tener una buena educación, acceder a la cultura y viajar,  solo son posibles mediante el dinero. El dinero es el poderoso medio que está entre el querer y el poder, entre el deseo y el cumplimiento, entre la representación y la realidad. El dinero es el Dios material de nuestras vidas. Hasta la religión, en tanto institución y actividad, solo son posibles mediante el dinero. Solo donde el dinero, el Dios material,  no llegue, se recurre a la ayuda del Dios espiritual. Ante la llegada en tropel del todo poderoso dinero, el Dios espiritual  se mantiene arrinconado. Y en estos casos la religión se reduce a una costumbre. Por esa razón los pueblos pobres son fervorosamente religiosos y los pueblos ricos son fríamente religiosos; o transforman los actos religiosos, que deberían suponer un recogimiento espiritual, en fiestas, como sucede en España.

Hay otra dimensión donde también se plantea la contradicción entre el querer y el poder: el éxito en la vida. Pero en estos casos la ideología burguesa se instala en el individualismo. En el ámbito futbolístico tenemos el gran ejemplo. Querer ser un gran futbolista, esto es, enriquecerse de manera desproporcionada, solo es posible para los casos aislados, solo es posible para una minoría de individuos privilegiados, para la inmensa mayoría querer ser una gran futbolista no es poder ser un gran futbolista. La ideología burguesa no plantea la contradicción entre el querer y el poder en el ámbito de la colectividad, sino en el ámbito de la individualidad. Porque siendo cierto que en el ámbito de la individualidad y en los casos aislados querer es poder, en el ámbito de la colectividad no lo es. En las sociedades capitalistas la visión colectiva de la felicidad y del éxito no predomina, sólo predomina su visión individualista. Por eso, el individualismo, entendiendo por individualismo la ideología que oculta el lado colectivo del fracaso personal, es un mal social. Un mal social que genera frustración, desesperanza y tristeza. Y es la parte de la  sociedad que vive bajo el azote de esa desesperanza quienes se refugian en el Dios espiritual, y son más proclives a las fantasías religiosas: aquello que yo no puedo, lo puede Dios. Es una pena y una tristeza profunda que uno de los grandes productos sociales de la humanidad, el dinero, se convierta en la fuente principal de las divisiones sociales; y su escasez sea fuente de las fantasías religiosas.



domingo, 11 de diciembre de 2016

ESCUELA POLÍTICA: LA PROPIEDAD PRIVADA Y LAS RELACIONES SOCIALES DE PRODUCCIÓN






domingo, 11 de diciembre de 2016

Jesús, un seguidor de este blog, hace el siguiente comentario crítico sobre mi trabajo sobre los proxy advisor: “Dos comunicaciones muy seguidas en el tiempo y bien concatenadas donde prima la realidad invertida. En la primera es de destacar la afirmación según la cual “la propiedad privada de los medios de producción es el gran mal de la humanidad”, anteponiendo el criterio jurídico a las relaciones sociales de producción, como si aquello fuese fruto del derecho”.

Jesús padece de una profunda confusión conceptual. En la sección dedicada al proceso de intercambio en El Capital, Marx se expresa en los siguientes términos: “Para relacionar estas entre sí como mercancías, los guardianes de mercancías tienen que comportarse entre sí como personas cuya voluntad reside en esas cosas, de suerte que uno se apropia de la mercancía ajena, alienando la propia, solamente con la voluntad del otro; esto es, cada uno lo hace mediante un acto de voluntad común a ambos. De ahí que tengan que reconocerse recíprocamente como propietarios privados. Esta relación jurídica, cuya forma es el contrato, se haya efectuado legalmente o no, es una relación de voluntad en la que se refleja la relación económica”.

Entre los marxistas “antiguos”, esto es, marxistas que no conocen en profundidad el pensamiento de Marx, predomina un concepto de relaciones de producción vacío. Definen las relaciones de producción como las relaciones que mantienen los hombres en la producción. Es evidente que en esta definición el contenido conceptual, relaciones que mantienen los hombres en la producción, y el nombre del concepto, relaciones de producción, es el mismo. En términos matemáticos esta definición es una tautología: no damos ningún paso en el conocimiento conceptual cuando pasamos del nombre del concepto al contenido del concepto.

Debemos suponer que el proceso de intercambio es una de las modalidades de las relaciones de producción. El trabajador, quien vive de un salario, vive bajo el predominio de esa relación de producción. Y un aspecto básico de esa relación es que el capitalista es propietario privado de los medios de producción y el trabajador es propietario privado de su fuerza de trabajo. De lo que concluimos que no existe por una parte las relaciones sociales de producción y por otra parte la propiedad, sino que la propiedad es un aspecto esencial de las relaciones sociales de producción.

En el contenido del  concepto de relaciones sociales de producción hay que incluir los medios de producción y la fuerza de trabajo. Y las distintas relaciones de producción se diferencian justamente por el tipo de propiedad que predomina sobre los medios de producción. El intercambio entre capitalista y trabajador se basa en un acto de voluntad común a ambos, la voluntad del capitalista reside en sus medios de producción y la voluntad del trabajador reside en su fuerza de trabajo. De ahí que inevitablemente se tengan que reconocer como propietarios privados.

Las relaciones sociales de producción son relaciones sociales de producción entre los hombres. De manera que de estas relaciones sociales de producción también es parte integrante  la voluntad. Pero aquí no hablamos de la voluntad en abstracto, sino de la voluntad que reside en las mercancías. Y en el capitalismo los medios de producción son mercancías y la fuerza de trabajo también es una mercancía.  Así que es un profundo error conceptual considerar que la propiedad existe en el reino nebuloso del derecho en vez de considerarla un aspecto esencial de las relaciones sociales de producción.