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lunes, 21 de febrero de 2022

ANTIVACUNAS: ENTRE LAS FANTASÍAS REACCIONARIAS Y LA DESCONFIANZA EN EL CAPITALISMO


Por  LIT-CI

17 de febrero de 2022

 

En estos momentos, en el marco de la persistencia de la pandemia de la Covid-19, se manifiesta una profunda contradicción en el mundo. Por un lado, la mitad de la población mundial no ha sido vacunada y las mayores cifras se presentan en los países más pobres, donde se originan nuevas cepas que luego se expanden al resto del mundo[1]. Por el otro, en países donde sobran las vacunas, hay movimientos contra la vacunación obligatoria muy activos, especialmente en EEUU y Europa, que incluso impulsan movilizaciones, algunas de las cuales son reprimidas por los gobiernos. ¿Qué es lo que origina estos movimientos? ¿Cómo debemos actuar frente a estos y frente a la represión?

El debate se ha vuelto más agudo ya que, por un lado, la fuerte oleada actual generada por la variante Ómicron también ha contagiado a personas completamente vacunadas; por el otro, por la repercusión que ha tenido el reciente caso del famoso tenista serbio Novak Djokovic que se niega públicamente a vacunarse y, por ello, fue impedido de jugar el torneo Abierto de Australia, y expulsado del país luego de un fallo de los Tribunales australianos[2].

Los negacionistas de derecha

¿Qué es lo que lleva a estas personas de diferentes clases sociales a tener esta postura, más de 200 años después del surgimiento del concepto científico moderno de vacuna y de su incorporación al combate contra diversas enfermedades? Nuestro análisis es que, aunque terminen en una actitud similar, confluyen razonamientos y enfoques diferentes. Veamos algunos de ellos.

El primero es un sector que siempre negó la existencia de la pandemia (los “negacionistas”). Como marco más general, considera que la ciencia es una conspiración de grupos secretos para dominar al mundo. Un ejemplo extremo de este sector es la organización Q-Anon que se hizo famosa durante el asalto al Congreso de EEUU, a finales de 2020.

Para este sector, la pandemia de la Covid-19 fue un gran invento mediático para avanzar hacia ese objetivo. Por ejemplo, el recientemente fallecido (posiblemente de coronavirus) “filósofo” brasileño de extrema derecha Olavo de Carvalho (ideólogo del gobierno de Jair Bolsonaro) declaró, en mayo de 2020, que: «El miedo de un supuesto virus mortífero no pasa de ser una historia de terror para acobardar a la población y hacerla aceptar la esclavitud como un regalo de Papá Noel”[3].

Una variante de este negacionismo anticientífico apela a enfoques religiosos. Por ejemplo, toda una serie de Iglesias evangélicas neopentecostales, con fuerte presencia en EEUU y Brasil. Por ejemplo, el pastor estadounidense Ralph Drollinger (muy cercano a Donald Trump), declaró, en 2020, que “Dios envió el virus a la humanidad porque está enojado por la homosexualidad y el pecado”. En el Brasil, el pastor Silas Malafaia (muy cercano a Bolsonaro) expresó opiniones similares. La conclusión es que las personas no debían vacunarse y “aceptar el castigo divino”[4].

Es evidente que no se puede realizar ningún debate serio con quienes promueven estos enfoques, porque sus argumentos son completamente reaccionarios y retrógrados. Sin embargo, debemos ser conscientes de que, en este y otros temas, influyen franjas de la clase obrera y del pueblo que siguen sus orientaciones (por ejemplo, en las congregaciones neopentecostales) y de que allí sí es necesario “explicar pacientemente” para combatir esa influencia negativa.

¿“Derecho democrático” de no vacunarse?

 Otras personas no niegan la pandemia e, incluso, apoyan una campaña de vacunación masiva y gratuita a cargo del Estado. Pero están en contra de que sea obligatoria y defienden que negarse a tomar la vacuna es un derecho individual. Por ejemplo, en EEUU, la semana del aniversario del asesinato del líder negro por los derechos civiles Martin Luther King, cientos de personas marcharon en Washington hacia el lugar donde este pronunció su famoso discurso “Tengo un sueño” con la consigna de que no vacunarse era un derecho de “libertad médica”[5].

Para dialogar con este argumento, es necesario abordar un punto muy profundo: la vacunación obligatoria entra en el campo de la salud pública, es decir, de los intereses y las necesidades del colectivo social. Estas necesidades son superiores a la libertad de elección individual y se imponen a ella si entran en contradicción. Porque si un trabajador se niega a vacunarse, esa es una decisión que no solo le afecta a él sino también a sus compañer@s de trabajo, a quienes comparten con él un transporte público, a su familia, a sus amig@s y a sus vecin@s, porque es una fuente potencial de transmisión y contagio.

Salvando las distancias, el argumento del “derecho individual” aplicado a la vacunación contra la Covid-19 es muy similar al utilizado por el reaccionario y negacionista presidente del Brasil, Jair Bolsonaro: “Nadie puede obligar a nadie a tomar la vacuna… Si alguien no quiere ser tratado que no lo sea… [si no me quiero vacunar] el problema es mío”[6].

Detrás de estas posturas se esconde el problema de fondo: el verdadero derecho que no está garantizado para el conjunto de l@s trabajador@s y pueblos del mundo es el acceso a la vacunación completa, al conjunto de las medidas de prevención, a priorizar la salud sobre las ganancias de los capitalistas, a una salud pública de calidad, el derecho a no ser víctimas de un verdadero genocidio capitalista con millones de muert@s en todo el mundo como ha venido sucediendo.



La desconfianza en el capitalismo

Algunas franjas de la clase trabajadora y del pueblo expresan una muy justificada desconfianza (e incluso odio) hacia el capitalismo, pero que los lleva a ver solo una parte de la realidad. Es totalmente cierto que los gobiernos y los capitalistas han utilizado la necesidad del combate a la pandemia para avanzar en medidas represivas y de control policial de la sociedad. También es cierto que los grandes conglomerados farmacéuticos y médicos han ganado fortunas con las vacunas y la venta de los medios técnicos necesarios para atender a los contagiados, y que esas vacunas y medicamentos contra la Covid-19 se encuentran todavía en una fase de perfeccionamiento. Finalmente, también es cierto que la burguesía utilizó la excusa de la pandemia para descargar el costo de la crisis económica sobre las espaldas de l@s trabajador@s y, más aún, para atacar el salario y los derechos laborales.

Algunas corrientes de izquierda han elevado estos elementos a nivel de un análisis político global de la realidad mundial. Desde el propio inicio de la pandemia, sostienen que la magnitud de la pandemia del coronavirus y su impacto han sido intencionalmente exagerados e “inflados” por los medios al servicio de lo que han caracterizado como “la contrarrevolución covid”, que ha sido lanzada en todos los frentes por el capitalismo imperialista, las burguesías nacionales y sus gobiernos[7]. A partir de allí, aquellas organizaciones que, como la LIT-ci, consideramos que la pandemia significa un gravísimo problema para la humanidad y la clase trabajadora y levantamos un programa de combate al capitalismo que toma, como uno de sus ejes, la lucha por un verdadero combate contra ella, somos considerados como capituladores (o cómplices) frente a esta ofensiva contrarrevolucionaria.

Los procesos que hemos enunciado hasta aquí son totalmente ciertos. Pero ellos no niegan la existencia de la pandemia como hecho objetivo y el impacto profundamente negativo que ha tenido en la salud y en el nivel de vida de l@s trabajador@s y el pueblo, que agrava al extremo su ya dura vida cotidiana. Por eso, es imprescindible combatirla. Se trata de avanzar seriamente en este combate, a través de la vacunación masiva y gratuita, la reconstrucción y el fortalecimiento de los deteriorados sistemas de salud pública, y otras medidas que hemos propuesto en numerosos artículos. Para nosotr@s, la lucha contra la pandemia debe ser parte de un combate al capitalismo que la generó y la dejó crecer, y ahora utiliza de modo reaccionario la necesidad de la vacunación o de cuidados sociales y restricciones. Aquellos que niegan la pandemia parecen ubicarse por fuera de los sufrimientos que ésta ocasiona en nuestra clase. Al mismo tiempo, niegan el hecho de que el capitalismo y sus gobiernos comenzaron a impulsar (ya desde junio de 2020) la criminal política de “nueva normalidad” y ahora siembran la ilusión de que pronto acabará, transformándose en una “gripecita”. El gobierno de Dinamarca, un pequeño país imperialista europeo, ya “decretó” que, a partir de la semana, se define “el fin de la situación de pandemia en el país”[8]. Es decir, marchamos en la dinámica de que los gobiernos eliminen todas las restricciones al servicio de “normalizar” los niveles habituales de explotación y ganancias[9]. ¿Por qué los capitalistas están apurados por declarar “el fin de la pandemia” si haberla exagerado (o inventado) les ha dado tantas ventajas? 

Al mismo tiempo, la burguesía y sus gobiernos aprovechan la existencia de este sector antivacunas, minoritario pero de peso, en especial en los países imperialistas, con fines políticos reaccionarios. Por un lado, les sirve para esconder los dos factores centrales de la persistencia de la pandemia (la desigualdad de la vacunación en nivel mundial, lo que origina el surgimiento de nuevas cepas, y la criminal política de nueva normalidad) y jugar el peso de la responsabilidad en los movimientos antivacunas. Por ejemplo, el presidente estadounidense, Joe Biden, lanzó en diciembre pasado algunas medidas para combatir esta nueva oleada y en su presentación hizo hincapié en la responsabilidad de los “no vacunad@s” y en los movimientos antivacuna[10]. Por el otro, lo utilizan para justificar medidas represivas y de control policial de la sociedad y, más profundamente, para atacar la unidad y las conquistas de l@s trabajador@s, como intentó hacer el gobierno de Macron, en Francia, el año pasado.

Hemos visto que el movimiento antivacuna se mantiene fuerte en varios países “ricos”. En algunos de ellos, como Alemania, son la causa de que el índice de vacunación esté estancado un poco por debajo del 70% desde hace varios meses[11]. En ese marco general, es interesante ver algunas cuestiones específicas. Algun@s activistas antivacuna que se contagiaron de Covid han declarado estar arrepentidos de esa posición. Es el caso de Lorenzo Damiani, uno de los líderes del movimiento No Vax en Italia. Desde el hospital donde fue atendido, declaró: “Claramente mi visión ha cambiado. Estoy listo para decirle al mundo lo importante que es seguir colectivamente la ciencia, la que te cura y te salva«[12]Otros tomaron una actitud que resultó suicida. Fue el caso de la cantante checa Hana Horká, que se contagió a propósito (para generar anticuerpos sin vacunarse) y acabó muriendo en su casa[13].

Las vacunas: una herramienta de la ciencia contra las enfermedades

Sin embargo, la mayoría permanece en su posición. Ahora han incorporado el argumento que, dado que personas vacunadas también se han contagiado con la cepa Ómicron, esto demuestra que las vacunas no sirven porque “no inmunizan”. Esto nos obliga a detenernos un poco en qué son las vacunas y por qué representan una herramienta imprescindible contra determinadas enfermedades (las de origen bacteriano o viral).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define que: una vacuna es cualquier preparación destinada a generar inmunidad contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos”. Existen diversos procedimientos para producir vacunas y el método más habitual para aplicarlas es la inyección, aunque algunas se administran con un vaporizador nasal o por vía oral[14].

La era de las vacunas modernas la inició el médico británico Edward Jenner en 1796, al inocular fluido de las pústulas de viruela bovina en personas y comprobar que no se contagiaban ni tenían síntomas del peligrosísimo virus de la viruela humana, productor de numerosas epidemias mortales en la historia. Algunas décadas después, el médico y biólogo francés Louis Pasteur desarrolló una segunda generación de vacunas (entre otras, contra el cólera y la rabia), e introdujo el término “vacuna” en honor a los experimentos de Jenner.

Desde entonces hasta hoy se han desarrollado numerosas vacunas (contra enfermedades “viejas” o “nuevas”) que permiten prevenir decenas de infecciones diferentes. Por ejemplo, en 1980 se declaró extinto el contagio de viruela por causas naturales; se estima que la inmunidad contra el sarampión salvó 23 millones de vidas entre 2000 y 2018, especialmente niñ@s. Cabe agregar también el caso de la poliomielitis (o parálisis infantil), con epidemias agudas en los siglos XIX y XX, que dejaban graves secuelas en l@s niñ@s que la contraían. Gracias a las campañas con la vacuna desarrollada por el virólogo polaco Albert Sabin, el impacto de la enfermedad fue primero reducido, y ésta se consideró erradicada en 2019. Desde hace décadas, se espera la vacuna contra el virus HIV (sida) que, en 2021 entró en su fase de experimentación reducida en seres humanos[15].

Veamos ahora el argumento de que las actuales vacunas contra la Covid-19 no sirven porque “no inmunizan”. En primer lugar, es necesario entender que siempre se consideró que el desarrollo completo de una vacuna, desde su inicio en laboratorio hasta que es considerada efectiva y segura para su aplicación masiva, requería no menos de 10 años[16]. Incluso cuando una vacuna ya ha sido autorizada, puede ser perfeccionada o superada por otra. Por ejemplo, antes de la vacuna desarrollada por Sabin, se utilizaba la Salk, con buenos resultados pero de menor efectividad.

Las vacunas contra la Covid-19 fueron desarrolladas en un plazo mucho menor: menos de un año. Esto significa que comprimieron y superpusieron etapas y que parte importante de la comprobación sobre sus niveles de efectividad se hicieron luego de su liberación[17].

Es evidente que la rápida liberación y la aplicación masiva de las vacunas era algo que deseaba una amplia mayoría de l@s trabajador@s y el pueblo. Pero este “apuro” en desarrollar estas vacunas fue, en realidad, resultado de una demora de años, responsabilidad del capitalismo. Porque una vacuna contra la Covid ya podría existir hace años dado que en 2002-2003 se desarrolló un fuerte brote, focalizado en Asia, generado por un virus similar. Pero los grandes conglomerados farmacéuticos privados no la desarrollaron porque, en esos momentos, no les representaba una ganancia significativa, a pesar de que muchos especialistas alertaban sobre el riesgo de una pandemia global.

Un balance objetivo sobre el resultado de la vacunación

Por otro lado, la “carrera por la vacuna” se hizo sin un plan de desarrollo cooperativo y centralizado internacionalmente, sino en una feroz competencia entre los grandes laboratorios privados y salvaguardando sus ganancias a través del “derecho de patente”. El alto precio de las vacunas dio lugar a una profunda desigualdad en los niveles de vacunación en el mundo. En varios países con porcentajes muy bajos de vacunación surgieron nuevas cepas que se expandieron por el mundo; algo que, sumado a la política de “nueva normalidad”, generó oleadas recurrentes y, al mismo tiempo, mostró debilidades de las vacunas existentes.

Con esa consideración, en función de este debate, es necesario hacer un balance objetivo de los resultados de la vacunación en el combate contra la Covid-19. Un balance que no puede hacerse basado en consideraciones parciales sino en base a los “grandes números” y análisis profundos de los datos. Ellos indican, en primer lugar, que las nuevas variantes se originaron en países de menores niveles de vacunación, débiles sistemas de salud pública y condiciones sanitarias precarias para sectores importantes de la población (Delta en la India, Ómicron en Sudáfrica).

En segundo lugar, que las personas completamente vacunadas, aunque se contagiasen, tendían a ser asintomáticos o a desarrollar síntomas leves, mientras que los no vacunad@s presentaban riesgos mucho mayores. Esto ya se había evidenciado en la oleada generada por la Delta, en EEUU, el año pasado. Una nota del New York Times informaba: “Muchos de l@s pacientes con COVID-19 que ahora llegan al hospital no solo no están vacunados sino que son mucho menores de 50 años, una clara diferencia con respecto a l@s pacientes frágiles y mayores que se contagiaron cuando la pandemia surgió por primera vez el año pasado. L@s médic@s dicen que l@s pacientes no vacunad@s de entre 20 y 30 años se enferman más gravemente y con mayor rapidez”[18]. Ahora vuelve a manifestarse en esta fortísima oleada Ómicron.  Por ejemplo, en Argentina, la subsecretaria de Salud de la provincia de Buenos Aires, Alexia Navarro, basada en los estudios de los casos de ese territorio, expresó que “las personas que no se han vacunado tienen 36 veces más riesgo de estar en terapia intensiva”[19].



Un debate final sobre la ciencia

Queremos terminar esta parte del artículo con una consideración. Para l@s marxistas, el desarrollo de la ciencia, sus avances y descubrimientos representan un proceso progresivo porque su aplicación puede ayudar a satisfacer necesidades y mejorar la vida de la Humanidad. Nuestros maestros (Marx, Engels, Lenin y Trotsky) siempre estudiaron y reivindicaron los avances científicos de su época y con ello enriquecieron el marxismo. No es casual que, desde Marx, nos reivindiquemos como “socialistas científicos”.

En ese marco, el capitalismo, en especial en su época imperialista, aprisiona y deforma el desarrollo científico y lo condiciona a su afán de aumentar sus ganancias. Porque los avances científicos dejan de ser un patrimonio al servicio de satisfacer las necesidades de la humanidad y pasan a ser exclusivamente una mercancía de la cual obtener lucro. Por eso, no impulsó el desarrollo de una vacuna contra el coronavirus en 2002-2003, y cuando lo hizo, en 2020, la transformó en un gran negocio para los conglomerados farmacéuticos. Habría muchos otros ejemplos en diversos campos de aplicación, como el de la telemática.

Es decir, la ciencia es una herramienta que puede ser utilizada de diversas formas, y que en el capitalismo imperialista muchas veces acaban siendo nocivas y destructivas para la Humanidad. Los sectores antivacunas “de izquierda” caen en un grave error de enfoque: centran el combate contra el capitalismo en una lucha contra la herramienta válida (la vacuna) y no contra la utilización que el sistema capitalista hace de esa herramienta. Acaban entonces en una posición retrógrada y anticientífica y, por lo tanto, ajena al marxismo. Salvando las profundas distancias, nos recuerdan a los ludistas, uno de los primeros movimientos de un sector de la clase obrera (los artesanos) que, a inicios del siglo XIX, en Inglaterra impulsaban la destrucción de los telares industriales de las nuevas fábricas que comenzaban a difundirse.

Obligatoriedad, “pase sanitario” y movilizaciones antivacuna

En numerosos artículos hemos afirmado que el capitalismo imperialista, las burguesías nacionales y sus gobiernos son los responsables del surgimiento, la expansión y la persistencia de la pandemia. Hemos defendido la necesidad de la vacunación masiva, gratuita y obligatoria y, en función de esto, la ruptura del derecho de patente, así como el fortalecimiento de los sistemas de salud pública, como medidas muy importantes (no las únicas) para un verdadero combate contra ella. En primer lugar, la “obligatoriedad” se la exigimos a los gobiernos capitalistas que no la cumplen, es decir que no garantizan el acceso del conjunto de la población mundial al esquema completo de vacunación y refuerzos. Al mismo tiempo, como ya hemos dicho, nos pronunciamos por la vacunación obligatoria rechazando los argumentos falsos de las libertades individuales sobre el conjunto. Más recientemente, hemos denunciado y llamado a combatir la política y las medidas que se enmarcan en el “fin de la pandemia”[20]. En ese marco, consideramos que los movimientos antivacuna, considerados en su conjunto, son negativos porque van contra una necesidad imperiosa de l@s trabajador@s y los pueblos del mundo, en especial de los países más pobres.

En ese marco, si realmente hubiera un combate global contra la pandemia, estaríamos a favor de controles sanitarios, que no solo debería contemplar la vacunación, sino también el conjunto de medidas sanitarias que los gobiernos deberían garantizar en forma gratuita como los testeos masivos y permanentes. Por otro lado, en varios países ya existen documentos que pueden considerarse equivalentes. Por ejemplo, en Argentina y Brasil, la vacunación contra determinadas enfermedades (en especial las llamadas “infantiles”) es obligatoria, debe ser garantizada gratuitamente por el Estado, y l@s niñ@s no pueden inscribirse en las escuelas si sus familias no presentan el “carnet de vacunación”. También es obligatoria la aplicación de la vacuna antitetánica cuando se es atendido en un centro médico por un accidente o con heridas cortantes.

Pero este “pase sanitario” que comienzan a aplicar diversos gobiernos burgueses es, por un lado, profundamente hipócrita ya que, al mismo tiempo que se alentó el funcionamiento “normal” de las concentraciones en los centros laborales, se aceptó que l@s trabajador@s viajen en transportes públicos colmados y vuelvan a trabajar sin constancia médica luego de haberse contagiado o con posibilidades de estarlo; se aplica en eventos deportivos, lugares de esparcimiento o viajes de mayor distancia. Es decir, es una “pase” que no garantiza la propagación de la pandemia en cuanto medida aislada (por ejemplo, en Italia el “pase base” ni siquiera exige la vacuna, solo testeo, o en Argentina donde en la realidad no es requerido en ningún lado, etc.), que es utilizado para esconder la falta de aplicación de medidas de conjunto y colocar la responsabilidad del futuro de la pandemia sobre el conjunto de l@s trabajador@s y el pueblo, escondiendo los verdader@s responsables. Por el otro, se pretende usarlo de modo reaccionario para dividir a la clase obrera y atacar sus conquistas.

En ese contexto, debemos analizar las movilizaciones (algunas de cierta importancia) que se han producido en varios países europeos contra el “pase sanitario” y el criterio de la obligatoriedad de la vacunación. Varias de ellas fueron reprimidas por los gobiernos[21]Frente a estas movilizaciones se nos plantea la pregunta sobre qué son. ¿Se trata de movilizaciones de sectores retrógrados y reaccionarios y, por lo tanto, deben ser repudiadas? O, por el contrario, ¿son movilizaciones que expresan el justo hartazgo de franjas de la clase trabajadora y el pueblo con el capitalismo y sus gobiernos y, en ese marco, expresan la confusión sobre la pandemia y la vacunación a que nos hemos referido? De conjunto, estas movilizaciones tienen un carácter reaccionario, capitalizadas por sectores de derecha, por lo cual las rechazamos. Esto no niega que en algunos casos ambos tipos de acción se dan de modo simultáneo, e incluso, a veces, combinando características en una misma movilización.

En Bélgica, las manifestaciones han sido convocadas por la extrema derecha. Por eso, la organización de la LIT-ci en este país no llamó a participar de ellas. Un carácter similar tendrían las movilizaciones de Holanda y Dinamarca. Por el contrario, l@s camaradas simpatizantes de la LIT-ci en Francia consideraron que el proceso que se dio en el país en julio y agosto de 2021, por su composición social, su ubicación geográfica y la bronca creciente al gobierno Macron, recordaban a las de los “chalecos amarillos” de enero de 2019[22]. En Italia se han dado movilizaciones de carácter contradictorio. Varias de ellas fueron organizadas directamente por los fascistas de Fuerza Nueva, con consignas de este sector. Una de ellas terminó con el ataque a la central sindical CGIL. Es evidente que movilizaciones de este tipo no pueden ser apoyadas ni “disputadas” y que deben ser repudiadas. Otras manifestaciones contra el pase sanitario tuvieron otro contenido, como la de l@s obrer@s portuarios de Livorno y algunas huelgas específicas, contra los intentos de dividir a l@s trabajador@s. En estas últimas, sí tenemos la obligación de intervenir y apoyarlas.

Es importante entender que la extrema derecha más reaccionaria logra hacer pie en sectores de la clase obrera y el pueblo en la medida en que la mayoría de la izquierda no interviene en la realidad de la pandemia con una política revolucionaria de lucha contra la pandemia, en el marco de un combate al capitalismo y sus gobiernos en todos los aspectos. He aquí una tarea urgente que debemos encarar l@s revolucionari@s para dar una salida a la crisis de la pandemia capitalista.

[1] Ver https://litci.org/es/omicron-oleada-final-o-pandemia-eterna/

[2] https://www.dw.com/es/novak-djokovic-llega-a-belgrado-tras-ser-expulsado-de-australia/a-60448427

[3] https://www.bbc.com/portuguese/brasil-60124170 (original en portugués, traducción nuestra)

[4] https://www.dw.com/es/evang%C3%A9licos-en-la-pandemia-del-coronavirus-prefieren-su-religi%C3%B3n-a-la-vacunaci%C3%B3n/a-57279612

[5] https://www.abc.com.py/internacionales/2022/01/23/los-antivacunas-de-eeuu-emulan-a-luther-king-para-reclamar-libertad-medica/

[6] https://br.investing.com/news/stock-market-news/bolsonaro-diz-que-ninguem-pode-obrigar-vacinacao-e-chama-de-imbecil-quem-o-considera-mau-exemplo-814278.  

[7] Ver, por ejemplo: https://www.thecommunists.net/home/espa%C3%B1ol/la-contrarrevoluci%C3%B3n-del-covid-19-qu%C3%A9-es-y-c%C3%B3mo-combatirla/

[8] https://www.clarin.com/internacional/covid-pais-elimina-todas-restricciones-convierte-primero-decretar-fin-pandemia_0_yulanTaMyo.html

[9] Ver artículo de nota 1

[10] Ver https://www.vozdeamerica.com/a/biden-anunciara-nuevas-medidas-para-combatir-la-pandemia/6363333.html

[11] https://www.dw.com/es/covid-19-en-alemania-incidencia-r%C3%A9cord-y-vacunaci%C3%B3n-estancada/a-59763271  

[12] https://www.elperiodico.com/es/internacional/20211201/lider-antivacunas-italia-arrepentido-ingresado-12930104

[13] https://cnnespanol.cnn.com/2022/01/20/hana-horka-cantante-antivacunas-muerte-covid-trax/

[14] https://www.iberdrola.com/compromiso-social/historia-de-las-vacunas

[15] https://www.huesped.org.ar/noticias/vacuna-contra-covid-personas-con-vih/?gclid=Cj0KCQiAosmPBhCPARIsAHOen-MZCILbptrRInHi_GDqEybXIAZz-7VHjc3xjsiOKjnuh86axboYLjoaAr8yEALw_wcB

[16] https://www.historyofvaccines.org/es/contenido/articulos/desarrollo-pruebas-y-reglamentos-para-las-vacunas

[17] Ver https://litci.org/es/la-carrera-por-la-vacuna-contra-el-covid-19/ y https://litci.org/es/la-carrera-por-la-vacuna-contra-el-covid-19-ii/

[18] https://www.nytimes.com/es/2021/08/04/espanol/variante-delta-contagio-jovenes.html

[19] https://www.cronica.com.ar/sociedad/Coronavirus-las-personas-no-vacunadas-tienen-36-veces-mas-riego-de-entrar-en-terapia-intensiva-20220121-0030.html

[20] Ver artículo de nota 1.

[21] Ver, por ejemplo: https://www.lavanguardia.com/internacional/20211122/7878426/protestas-la-haya-bruselas-restricciones.html

[22] Ver https://litci.org/fr/quelques-reflexions-a-propos-de-la-mobilisation-contre-le-passe-sanitaire-en-france/

Fuente: https://www.corrienteroja.net/antivacunas-entre-las-fantasias-reaccionarias-y-la-desconfianza-en-el-capitalismo/

 

sábado, 12 de septiembre de 2020

¿“OCCIDENTE” CONTRA RUSIA (Y CHINA)?

 


·        Andrés Piqueras

10/09/2020

El pasado 2 de septiembre, cuando se cumplía el 75 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, el presidente de China, Xi Jinping, propuso a Moscú unificar esfuerzos para defender los resultados de la esa guerra, dado que hoy los países de la OTAN se empeñan en trastocarlos tanto retrospectivamente como sobre el terreno, haciendo de China y Rusia sus principales enemigos a batir.

 

Ya el pasado 9 de mayo Rusia celebraba una fecha casi sagrada para el país, porque conmemora en ella la victoria sobre los ejércitos nazis. Para conseguirla la URSS perdió entre 27 y 30 millones de sus hijos -de los cuales sólo unos 8 o 9 millones eran combatientes-; 60 millones quedaron mutilados, fueron destruidas 32.000 empresas industriales, 65.000 kilómetros de vías férreas, 1.710 ciudades, 70.000 aldeas, 6 millones de edificios, 40.000 hospitales, 84.000 escuelas, 98.000 cooperativas agrícolas, 1.876 haciendas estatales. Los nazis trasladaron a Alemania 7 millones de caballos, 17 millones de cabezas de ganado, 20 millones de puercos, 27 millones de ovejas y cabras, 110 millones de aves de corral. La URSS tuvo una pérdida de más del 30% de sus riquezas, por un valor de unos 3 billones de dólares. Más de un 25% de la población quedó sin hogar y las infraestructuras de ese país fueron destruidas casi en su totalidad (algo que cuenta bien Rodolfo Bueno, https://rebelion.org/el-9-de-mayo-dia-de-la-victoria/ 09/05/2019). Gracias a este sacrificio, se produjo la victoria sobre la invasión más masiva y letal que haya experimentado la humanidad. La Wehrmacht había movilizado cerca de 3,2 millones de soldados hacia la frontera soviética, junto con un millón de soldados de países aliados y satélites, para iniciar una ofensiva general desde el mar Báltico hasta los Cárpatos, con la máquina de guerra terrestre y aérea más mortal que hasta ese momento se hubiera conocido.

 

Ese ensañamiento estaba motivado por dos razones básicas. La primera y principal es que Rusia había realizado una revolución anticapitalista que se declaraba “en transición al socialismo”, y se había convertido en la URSS. La Revolución Soviética realizó la más rápida y profunda incorporación de derechos colectivos a las grandes masas de población que ha conocido la historia; masas que hasta entonces habían permanecido en estado de semivasallaje. Esto hizo que las potencias europeas hicieran caso omiso a los intentos de Stalin por sellar pactos de mutua ayuda en caso de ser atacadas por la Alemania nazi. Como ocurriera antes con la República española, lo que hicieron Inglaterra, Francia y otras “democracias” europeas fue esperar a que Hitler les hiciera el trabajo sucio (ya que la previa invasión a Rusia de aquellas potencias había sido derrotada en la guerra de 1918 a 1923).

 

La otra “gran razón” es que Alemania, último país de Europa en unificarse estatalmente en el siglo XIX, había llegado tarde a la carrera colonial imprescindible para la acumulación de capital, y tenía prevista su expansión hacia el este europeo-asiático, como forma de conseguir sus propias “colonias” (con sus recursos y poblaciones). En los planes de Hitler estaba la esclavización pura y dura de los pueblos eslavos, amén de otros euroasiáticos.

 

El fascismo se constituiría no sólo en una vía de acumulación capitalista radicada en una planificación económica y de agresión político-social y policíaco-militar visceral contra la fuerza de trabajo, fue, asimismo, el instrumento elegido por el capital corporativo internacional para lanzar una guerra de exterminio contra la Unión Soviética.

 

De hecho, y a pesar de la Victoria contra Alemania, desde su triunfo revolucionario la URSS no tuvo ni un día, ni un minuto de descanso. Fue permanentemente agredida, boicoteada económica y tecnológicamente (forzada casi a tener que reinventar la rueda), asediada militar, diplomática, ideológica, culturalmente.

 

“Occidente”, ese eufemismo ideado para no hablar de las formaciones sociales que se extendieron de manera colonizadora por todo el mundo, esclavizando y explotando al resto del planeta, le ha venido haciendo una guerra, a veces sorda, larvada, otras directa, invasiva, pero siempre tremendamente cruel y devastadora.

 

Para entender todo ello hemos de tener en cuenta también que la URSS fue un elemento decisivo en la obtención de independencias y logros sociales y políticos para muchos pueblos de la tierra, permitiendo una correlación de fuerzas que posibilitó una generalizada redistribución de la riqueza y de garantías sociales en el mundo. Entre otras conquistas a agradecerle está la consecución del propio “Estado de Bienestar” en las formaciones centrales del capitalismo (exceptuando EE.UU.). Es parte de la universal influencia de la URSS (de la estrella de 5 puntas que simboliza los 5 continentes), el prodigio de una revolución que cambió el mundo, que hizo que el capitalismo no pudiera seguir siendo lo que había sido (en el gráfico 1 se expresa la evolución de la desigualdad de clase en el mundo antes, durante e inmediatamente después de la URSS. Trece años después de la fecha en que acaba el gráfico, las líneas de desigualdad se han disparado hacia arriba).

 

Gráfico 1

 

Concentración de la riqueza por porcentaje más rico de la población (1875-2007)

 


 

Fuente: Sundaram y Popov (2013). “Widening Global Income Inequality”, en Economic & Political Weekly, vol XLVIII, no 17, a partir de The World Top Income Database, sobre las fluctuaciones en la distribución del ingreso para un conjunto de formaciones sociales seleccionadas, en total 26. Los porcentajes de abajo marcan el máximo de población que concentra riqueza en cada caso, con las proporciones en la columna de la izquierda. Obsérvense los puntos de inflexión históricos para determinar esa concentración. Las formaciones estatales seleccionados por los autores, de los que el gráfico es una media, son, en Europa: Dinamarca, Francia, Alemania, Holanda, Suiza, Gran Bretaña, Irlanda, Noreuga, Suecia, Finlandia, Portugal, España e Italia. América: EE.UU., Canadá y Argentina. Oceanía: Australia y Nueva Zelanda. Asia: Japón, India, China, Singapur e Indonesia. África: Suráfrica, Islas Mauricio y Tanzania. En total, alrededor de la mitad de la población mundial.

 

Es decir, nada que ese sistema pudiera perdonar. Pero es que ya de antemano primero británicos y luego estadounidenses tenían claro que los territorios rusos se asentaban en el “corazón del mundo”, con todos los recursos y riquezas energéticas, con la masa de tierra y población mayor del planeta. Es famosa la frase de Mackinder (reputado primer estratega global): “Quien rija el Este de Europa comandará el Heartland. Quien rija en el Heartland comandará la Isla del Mundo (Eurasia). Quien rija en la Isla del Mundo comandará el Mundo”. Años más tarde, uno de sus discípulos, Spykman, anunció: “el mundo anglosajón debe establecer un cordón sanitario frente a Rusia, un Rimland”.

 

Desde entonces los británicos fueron acompañados por los estadounidenses en esa obsesión, y no han dejado de rodear militarmente a la URSS, primero, y después de nuevo a Rusia.

 

La creación de la OTAN, tras la invención del “peligro soviético”, permitió a EE.UU. la mayor salida de armas de su complejo industrial-militar (vendidas a su “aliados”), lo que posibilitó su re-despegue económico tras la Segunda Guerra Mundial. Fue también el más poderoso instrumento militar contra la URSS.

 

Sólo muy recientemente se han desvelado, por ejemplo, documentos oficiales desclasificados sobre los planes ideados en la década de 1960 por EE.UU. para "destruir a la Unión Soviética (y también a China) como sociedades viables", mediante ataques nucleares destinados a eliminar el potencial industrial soviético y aniquilar a la mayoría de los habitantes en ambos países. Allí se planteaba la posibilidad de realizar ataques nucleares preventivos o de represalias contra la URSS con el fin de destruir el 70 por ciento de la superficie soviética con presencia de instalaciones industriales. En el documento, ese cuerpo militar propuso utilizar la "pérdida de población como criterio principal para la efectividad de la destrucción de la sociedad enemiga prestando solo atención colateral al daño industrial", lo que implicaba que pretendían garantizar en primer lugar la muerte de los trabajadores urbanos.

 

Tras la caída y desmembración de la URSS, la nueva Rusia no se libró de ese acoso. EE.UU. persigue también desmembrar a este país y reducirle a una entidad sometida y dependiente. A la desestabilización en el Cáucaso, Chechenia, Georgia, Azerbaiyán, se unió por fin el brutal golpe de estado en Ucrania con la imposición de bandas fascistas en el gobierno (país que en la disolución de la URSS se había acordado que fuera un colchón, “tierra de nadie”, entre Rusia y la OTAN, organización a la que EE.UU. se comprometió a no mover ni un paso hacia el este). Pero el acoso no cesa. En el momento de escribir estas líneas está en marcha otra “revolución de colores”, esta vez en Bielorrusia, bien para absorber al país en la órbita atlantista o, en su caso, deshacerlo.

 

La “doctrina Spykman” del cordón sanitario está prácticamente cumplida hoy. Por el oeste a costa de antiguos países de la órbita soviética (figura 1). Solamente este último mes de agosto los vuelos de vigilancia de la OTAN en las fronteras rusas aumentaron un 30% comparados con el mismo mes de 2019.

 

Figura 1

  


 

Pero si Rusia ya no es un “peligro comunista” ¿por qué sigue estando en el punto de mira de EE.UU. y, por derivación, de sus subordinados europeos?

 

La lucha del Caos contra la Estabilidad, o del Capital contra la Humanidad.

 

Hay un documento de la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) estadounidense que califica a Rusia y a China de “revisionistas”.

 

¿Qué es lo que “revisan” Rusia y China? Lo que “revisan” -o más bien “rechazan”- es el orden unipolar y la globalización neoliberal que le ha permitido a EEUU dominar el mundo, lanzar guerras, cercar militarmente a Rusia, aplicar sanciones comerciales, financieras y económicas para desindustrializar y minar las sociedades de múltiples países, desacatando con toda impunidad las leyes y tratados internacionales, haciendo irrelevantes instancias de las instituciones internacionales, de la ONU en particular, para poder continuar sembrando el caos por todo el mundo.

 

En concreto, el pecado “mortal” de Rusia ha sido que el presidente Vladimir Putin comenzara hace más o menos una década a desafiar el orden neoliberal para defender la sociedad de los efectos destructores de las políticas implantadas por la globalización de la era Yeltsin y la “estrategia del shock” de las potencias imperialesi. En otras palabras, Putin comenzó la tarea –como él mismo lo señala- de reconstruir y hacer más sólida y solidaria la sociedad y la economía, que sufrieron una destrucción sin precedentes en tiempos de paz, después del golpe de Estado de Boris Yeltsin para desmantelar la Unión Soviética y poder desvalijar las empresas estatales y las riquezas del país, condenando a millones de rusos al desempleo y la más pura miseria. Porque recuerda la historia de Rusia, Putin ha retornado a la política de defender la soberanía nacional y a la “intervención estatal” en los asuntos económicos y sociales, que no excluye la planificación sectorial o ramal.

 

El imperialismo y el capitalismo “realmente existente” no pueden, por tanto, ignorar el desafío que constituye el que Rusia y China hayan unido fuerzas para crear políticas de desarrollo y crecimiento económico a escala regional –dentro de la “Ruta de la Seda” y bilateralmente-, y que un creciente número de países se hayan incorporado o estén en proceso de incorporarse a esta importante dinámica regional. En todo caso, y para confirmar la realidad (y quizás dar una respuesta a la ESN), 2017 terminó con el presidente chino, Xi Jinping, afirmando que está dispuesto a unirse a su homólogo de Rusia, Vladimir Putin, para consolidar la confianza mutua política y estratégica y expandir la cooperación pragmática integral entre los dos países (Xinhua 31-12-2017).

 

No solamente esto debilita aún más la globalización neoliberal sino que fortalece las economías estatales implicadas, así como el proceso multilateral y regional, lo que explica que ambas formaciones sociales hayan creado a través de esta cooperación una “zona de estabilidad” y de previsibilidad en materia de relaciones internacionales, de relaciones comerciales, económicas y monetarias, que fortalece la lucha por un sistema multipolar basado, hoy por hoy, en el respeto mutuo entre sociedades: quien está interesado en lanzar relaciones comerciales y productivas no tiene interés alguno en la guerra. Lo que contrasta con la imprevisible política de caos y desestabilización de EEUU y sus aliados, que al perder su predominio económico sí están interesados en destruir lo que construyen los rivales, así como, en general, las condiciones de gobernabilidad mundiales. Todo ello lleva en la práctica a un enfrentamiento entre la Estabilidad y el Caos de uno y otro proyecto, donde se juega el fin del mundo unipolar que creó EE.UU. para su beneficio.

 

La “planificación regional” de la “zona de estabilidad” tiene al corazón de Asia como primer objetivo de desarrollo (a finales de diciembre de 2017 y al nivel de ministros de Relaciones Exteriores se llevó a cabo también el “diálogo Pakistán, Afganistán y China”, que además de buscar la paz para Afganistán bajo el lema “proceso de paz dirigido por Afganistán y propiedad de Afganistán”, abre vías para la incorporación de Afganistán y Pakistán en el proyecto de la “Ruta de la Seda”). Demás está decir que si esta iniciativa ruso-china se desarrolla según lo previsto, incorporando a Irán, Siria y otras formaciones sociales de Asia Central y Occidental, esta será, como hubiese dicho Brzezinski, la derrota final para la ambición de supremacía global de Estados Unidos. Hoy la incorporación de Irán al eje de Estabilidad, tras ser asediado también por las agresiones de Washington, es ya un hecho.

 

Pero ante la posibilidad de un nuevo modelo productivo-energético, última vía para poder hacer una transición más o menos “suave” al post-capitalismo, el capitalismo degenerativo realmente existente sólo puede oponer destrucción y putrefacción. El hegemón estadounidense no parece dispuesto a dejarse relevar sin destruir, y su capacidad de destrucción es varias veces planetaria. Su peligrosidad es mayor si tenemos en cuenta que su zona de seguridad energética (y la de sus subordinados imperiales) está precisamente en Asia Occidental. No puede dejar que esta región se le vaya de las manos, aunque tenga que financiar yihadistas, paramilitares y terroristas de todo pelaje en ello. EE.UU. tiene alrededor de un cuarto de millón de efectivos del Ejército, la Marina y las Fuerzas Aéreas, en el 70% de los países del mundo, con más de 450 bases militares extraterritoriales. Ha lanzado la «guerra contra el terrorismo» desde hace más de dos décadas, y con ella ha arruinado países y destrozado sociedades enteras: Afganistán, Somalia, Irak, Libia, Siria… Además, esa especial guerra perdura y se extiende hoy por más de 60 Estados, principalmente a través de operaciones secretas. De hecho, se ha convertido en la forma en que la principal potencia tiende a implantar su particular visión de un «dominio total» («Full-spectrum dominance», como fue definido en el clave informe del Pentágono titulado Joint Vision 2020). Es su estrategia para devastar territorios, hacerlos ingobernables, y así agujerear la zona de estabilidad chino-rusa.ii

 

Como parte de esa estrategia, EE.UU. fuerza a sus subordinados europeos a intensificar la agresión económica contra Rusia (aun en contra de sus propios intereses, como ya lo están padeciendo los diferentes países de la UE en sus descalabros comerciales); pero también la ofensiva político-ideológica. Dentro de esta última es que se enmarca la desvergonzada Declaración del Parlamento Europeo sobre las responsabilidades del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Texto supuestamente elaborado para conmemorar el 80º aniversario del estallido de la Segunda Guerra Mundial, para lo que, en lugar de condenar al nazismo y sus atrocidades, se presenta a la Unión Soviética, la vencedora de la aberración nazi y principal víctima de sus atrocidades, como causante del “conflicto” y co-responsable del mismoiii:

 

“El texto persevera en la campaña organizada por representantes de países de la UE con gobiernos de carácter neonazi (Polonia, República Checa, Lituania, Estonia, Letonia, Hungría) y sostenidas de manera activa por la derecha y la socialdemocracia anticomunista del Parlamento Europeo desde 2005, enmarcado en la campaña de rusofobia promovida principalmente por sectores del complejo financiero-militar y el Estado Profundo del Reino Unido. Se trata de una verdadera ofensiva de Contra-Memoria Histórica anticomunista, con la que se institucionaliza la post-verdad creada por la CIA durante la Guerra Fría, en los años 70-80 en particular, muy especialmente por su agente de campo metido a historiador, Robert Conquest, laureado por Thatcher y Reagan por su trabajo.”

 

También cabe mencionar la continuación de la sumisa (y suicida) postura de la UE, esta vez con el golpe en marcha contra Bielorrusia, en el que los medios “occidentales” (con la BBC a la cabeza) hacen de nuevo más de instigadores que de informadores, y con una Alemania a la que se presiona para que pierda su conexión más segura (y barata) de energía con Rusia (el Nord Stream 2), usando de excusa (sin ninguna prueba) el cuento de niños de un envenenamiento (increíblemente fallido) de un opositor. En esa línea van también las declaraciones del inefable Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad Común, Josep Borrell, presto a correr donde EE.UU. le diga, como ya demostró -igual que el gobierno español- en su patético reconocimiento a Guaidó como presidente -“onírico”- de Venezuela, del que él mismo tuvo que admitir su inverosimilitud. Con ello se da a entender que es este tipo de servilismo el que permite ostentar después esos “altos” cargos).

 

La desestabilización de Bielorrusia a través de un proceso electoral es un eslabón en la estrategia que Washington prepara para las elecciones de 2024 en Rusia. Mientras se eleva el riesgo de una agresión nuclear contra este país, uno de los políticos más importantes de este momento, de dimensiones similares a los grandes estadistas del siglo XX, el ministro de exteriores ruso, Sergéi Lavrov, ha apuntado a una "degradación" en materia de seguridad y estabilidad estratégica internacional. En ese sentido, Lavrov ha recordado que Washington lleva dos años sin poder confirmar formalmente "el principio fundamental" de que es inadmisible desatar una guerra nuclear en la que "no puede haber ganadores". Hecho que, dice, preocupa seriamente al Gobierno ruso.

 

De ahí la importancia de la intensificación del acercamiento entre Rusia y China, justo al conmemorar los 75 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, para advertir que quienes la ganaron están dispuestos a vencer de nuevo. La propia China es asediada por el oeste y boicoteados sus proyectos de comercio mundial mediante el polvorín de barbarie en que USA ha convertido centro-Asia, también a través de la desestabilización del Tíbet y la frontera india. Asimismo, China es hostigada en el mar de Malaca, su salida natural a los océanos (la conexión energética y mercantil por territorio ruso formaría parte de las alternativas buscadas por el gobierno chino a ese asedio), y por el este, donde se inserta la constante amenaza norteamericana contra Corea del norte.

 

Todo se remata con la revolución de colores a domicilio que las potencias anglosajonas se empeñan en llevar a cabo en Hong Kong, así como la ofensiva económica contra el gigante asiático que EE.UU. ha emprendido, obligando una vez más a sus adláteres europeos a secundar. Ofensiva que viola todos los principios del “libre mercado” que dicen ensalzar, hasta el punto de que ya les sobra la propia OMC incluso como coartada.

 

Sin embargo, como efecto paradójico, toda esta presión está forzando a China a ser cada vez más consciente de que sólo afianzando la opción socialista podrá tener un futuro (una China capitalista en un mundo capitalista provocaría su explosión interna y la haría tener los días tan contados como el resto de países). Esto favorece a las fuerzas socialistas en la particular lucha de clases que se lleva a cabo en su interior, como hasta ahora ha mostrado el último Congreso Nacional del Partido Comunista Chino, de 2017, del que procede el actual Comité Central.

 

¿Una nueva URSS?

 

Si algún resto de soberanía y de estrategia económico-política le queda a la parte europea de ese ente abstracto que se empeña en autodenominarse “Occidente”, debería ser para apartarse del mortal abrazo anglosajón que coquetea con la posibilidad de provocar otra Gran Guerra en Europa (muy lejos, claro está, de las costas norteamericanas). Si quiere tener algún peso futuro debe re-direccionar sus alianzas y sumar sus fuerzas al proyecto de la Ruta de la Seda. Europa tiene en Rusia su fuente de abastecimiento energético; en Asia el mercado mayor del mundo con una proyección enorme en pocos años. También los recursos más importantes. Europa no tiene otra vía que ser parte de Eurasia.

 

La Rusia actual presenta grandes problemas estructurales. La derrota en la Guerra Fría dejó desvalidas a las poblaciones del conjunto de territorios que componían la URSS, incluida Rusia. La ONU calcula en más de 10 millones las muertes prematuras y los niños muertos en el pre-parto debido al deterioro de la sanidad pública, la malnutrición, el alcoholismo y la tensión asociada a la falta de recursos. Un rápido deterioro se experimentó en diferentes indicadores de desarrollo humano: educación, salud, esperanza de vida, investigación y cultura, áreas en las que la URSS había alcanzado cotas muy altas. La riqueza que había sido creada casi de la nada por el esfuerzo conjunto de toda la población soviética, fue parcelada en unos pocos años y acaparada por individuos que se convirtieron en oligarcas enormemente ricos de la noche a la mañana, y de la que también de una u otra forma se apropiaron las transnacionales extranjeras y el propio FMI. Entre 1992 y 1998 el PIB ruso cayó a la mitad, lo que no había ocurrido ni durante la invasión nazi.

 

Fruto de esas circunstancias, Rusia arrastra todavía en su interior formas del capitalismo salvaje y de desprotección de la fuerza de trabajo que el capital global reserva para sus zonas periféricas; pero gracias a sus enormes recursos energéticos, a su desarrollo humano y a haber conservado los avances técnicos de la URSS en campos clave, como el militar y ciertos ámbitos de la investigación científica, así como la herencia formativa de la sociedad soviética, ha podido recuperarse como formación social emergente e incluso convertirse en un referente mundial de la re-soberanización y el multilateralismo. Estas condiciones le han permitido por primera vez comenzar a intervenir con éxito en algunos lugares donde EE.UU. y su brazo armado global, la OTAN, habían irrumpido para destruir, y muy especialmente en Siria.

 

No obstante, mucho de lo heredado de la derrota de la Guerra Fría perdura, como la ya mencionada precariedad y desprotección de su mercado laboral. También presenta serios problemas con el tratamiento energético y el desarrollo social y satisfacción de necesidades colectivas e individuales; cuenta con una escasa población para tan enorme territorio, su tejido industrial-tecnológico civil es aún débil y la economía ha experimentado un proceso de re-primarización, entre los más importantes.

 

Para enfrentarlos, e incluso para tener algún lugar en el mundo que se avecina, tendrá que virar definitivamente hacia un capitalismo de Estado, cuanto menos. Aun así, su razón de ser, que continuaría siendo capitalista, deja muchas dudas respecto de las posibilidades de superar los límites del capitalismo ni de acomodarse a los de la naturaleza, pero al menos desde esa posición será más fácil prepararse para la era post-capitalista. Y la llamaremos así de momento porque probablemente transcurrirá bastante tiempo hasta que de la agonía de este sistema cuaje algo definido y estable para la humanidad, o al menos para importantes partes de la misma.

 

En ese proceso, más pronto que tarde, necesitaremos una nueva y mejorada URSS.

 

Entonces sí, la dupla chino-rusa estaría abriendo las puertas a un nuevo mundo.iv

 

 

i Imprescindible en este punto consultar Noemy Klein, La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre. Paidós. Barcelona, 2011.

ii Distintas estrategias de división y enfrentamiento de esta dupla han sido llevadas a cabo por los últimos presidentes estadounidenses. Ahora parece que el cerco militar contra Rusia, a la que se considera el “brazo armado” del proyecto chino-ruso, va cobrando más y más fuerza.

iii Para la cita que aparece a continuación de esta nota en el texto y en esta misma nota, puede verse la declaración del Frente Antiimperialista (https://antiimperialistes.wordpress.com/2019/10/10/declaracion-del-frente-antiimperialista-internacionalista-sobre-la-declaracion-nazi-del-parlamento-europeo/):

“Refiriéndose varias veces al mencionado tratado, elude el texto condenar a los promotores del nazismo, la oligarquía británica, francesa y norteamericana. Baste con recordar los vergonzosos acuerdos de Munich de 1938, la no-intervención y la traición a la República Española, la entrega de Austria, la traición a Checoslovaquia, el armisticio francés o la retirada británica.

El texto que comentamos no menciona tampoco el «pacto de no agresión germano-polaco» firmado entre la Alemania nazi y el régimen simpatizante del mariscal Piłsudski en 1934 que dio paso a un periodo de buenas relaciones hasta que Hitler, tras los acuerdos de Múnich de 1938 con Reino Unido y Francia, reactivó el conflicto con Polonia en 1939, tras la invasión (consentida por Reino Unido y Francia) de Checoslovaquia, para aproximarse a la URSS.”

 

iv ¿Estarán nuestras fuerzas “de izquierda” europeas a la altura de insertarse en el Eje de Estabilidad, o por el contrario seguirán colaborando, de una u otra forma, por activa o por pasiva, con políticas y actitudes, incluso con gobiernos que buscan la Guerra y la Destrucción? ¿seguirán empeñadas en prolongar un capitalismo cada vez más “ficticio”, más degenerativo? Ya demasiadas de esas izquierdas denigraron todos los procesos de transición al socialismo, empezando por la propia URSS, y de una u otra forma terminan por posicionarse del lado de la trinchera del capital. ¿Podremos esta vez estar a la altura de los tiempos en favor de las grandes mayorías del mundo?

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/208848