Por LIT-CI
17 de febrero de 2022
En estos momentos, en el marco de la
persistencia de la pandemia de la Covid-19, se manifiesta una profunda
contradicción en el mundo. Por un lado, la mitad de la población mundial no ha
sido vacunada y las mayores cifras se presentan en los países más pobres, donde
se originan nuevas cepas que luego se expanden al resto del mundo[1]. Por el otro, en países donde
sobran las vacunas, hay movimientos contra la vacunación obligatoria muy
activos, especialmente en EEUU y Europa, que incluso impulsan movilizaciones,
algunas de las cuales son reprimidas por los gobiernos. ¿Qué es lo que origina
estos movimientos? ¿Cómo debemos actuar frente a estos y frente a la represión?
El debate se ha vuelto más agudo ya
que, por un lado, la fuerte oleada actual generada por la variante Ómicron
también ha contagiado a personas completamente vacunadas; por el otro, por la
repercusión que ha tenido el reciente caso del famoso tenista serbio Novak
Djokovic que se niega públicamente a vacunarse y, por ello, fue impedido de
jugar el torneo Abierto de Australia, y expulsado del país luego de un fallo de
los Tribunales australianos[2].
Los
negacionistas de derecha
¿Qué es lo que lleva a estas
personas de diferentes clases sociales a tener esta postura, más de 200 años
después del surgimiento del concepto científico moderno de vacuna y de su
incorporación al combate contra diversas enfermedades? Nuestro análisis es que,
aunque terminen en una actitud similar, confluyen razonamientos y enfoques
diferentes. Veamos algunos de ellos.
El primero es un sector que
siempre negó la existencia de la pandemia (los “negacionistas”). Como marco más
general, considera que la ciencia es una conspiración de grupos secretos para
dominar al mundo. Un ejemplo extremo de este sector es la organización Q-Anon
que se hizo famosa durante el asalto al Congreso de EEUU, a finales de 2020.
Para este
sector, la pandemia de la Covid-19 fue un gran invento mediático para avanzar
hacia ese objetivo. Por ejemplo, el recientemente fallecido (posiblemente de
coronavirus) “filósofo” brasileño de extrema derecha Olavo de Carvalho
(ideólogo del gobierno de Jair Bolsonaro) declaró, en mayo de 2020, que: «El
miedo de un supuesto virus mortífero no pasa de ser una historia de terror para
acobardar a la población y hacerla aceptar la esclavitud como un regalo de Papá
Noel”[3].
Una variante
de este negacionismo anticientífico apela a enfoques religiosos. Por ejemplo,
toda una serie de Iglesias evangélicas neopentecostales, con fuerte presencia
en EEUU y Brasil. Por ejemplo, el pastor estadounidense Ralph
Drollinger (muy cercano a Donald Trump), declaró, en 2020, que “Dios
envió el virus a la humanidad porque está enojado por la homosexualidad y el
pecado”. En el Brasil, el pastor Silas Malafaia (muy cercano a
Bolsonaro) expresó opiniones similares. La conclusión es que las personas no
debían vacunarse y “aceptar el castigo divino”[4].
Es evidente que no se puede realizar
ningún debate serio con quienes promueven estos enfoques, porque sus argumentos
son completamente reaccionarios y retrógrados. Sin embargo, debemos ser
conscientes de que, en este y otros temas, influyen franjas de la clase obrera
y del pueblo que siguen sus orientaciones (por ejemplo, en las congregaciones neopentecostales)
y de que allí sí es necesario “explicar pacientemente” para combatir esa
influencia negativa.
¿“Derecho democrático” de no vacunarse?
Otras personas no niegan la pandemia e, incluso, apoyan una
campaña de vacunación masiva y gratuita a cargo del Estado. Pero están en
contra de que sea obligatoria y defienden que negarse a
tomar la vacuna es un derecho individual. Por ejemplo, en EEUU, la semana del
aniversario del asesinato del líder negro por los derechos civiles Martin
Luther King, cientos de personas marcharon en Washington hacia el lugar donde
este pronunció su famoso discurso “Tengo un sueño” con la consigna de que no
vacunarse era un derecho de “libertad médica”[5].
Para dialogar con este argumento, es
necesario abordar un punto muy profundo: la vacunación obligatoria entra en el
campo de la salud pública, es decir, de los intereses y las necesidades del
colectivo social. Estas necesidades son superiores a la libertad de elección
individual y se imponen a ella si entran en contradicción. Porque si un trabajador
se niega a vacunarse, esa es una decisión que no solo le afecta a él sino
también a sus compañer@s de trabajo, a quienes comparten con él un transporte
público, a su familia, a sus amig@s y a sus vecin@s, porque es una fuente
potencial de transmisión y contagio.
Salvando las distancias, el
argumento del “derecho individual” aplicado a la vacunación contra la Covid-19
es muy similar al utilizado por el reaccionario y negacionista presidente del
Brasil, Jair Bolsonaro: “Nadie puede obligar a nadie a tomar la
vacuna… Si alguien no quiere ser tratado que no lo sea… [si no
me quiero vacunar] el problema es mío”[6].
Detrás de
estas posturas se esconde el problema de fondo: el verdadero derecho que no
está garantizado para el conjunto de l@s trabajador@s y pueblos del mundo es el
acceso a la vacunación completa, al conjunto de las medidas de prevención, a
priorizar la salud sobre las ganancias de los capitalistas, a una salud pública
de calidad, el derecho a no ser víctimas de un verdadero genocidio capitalista
con millones de muert@s en todo el mundo como ha venido sucediendo.
La desconfianza en el capitalismo
Algunas
franjas de la clase trabajadora y del pueblo expresan una muy justificada
desconfianza (e incluso odio) hacia el capitalismo, pero que los lleva a ver
solo una parte de la realidad. Es totalmente cierto que los gobiernos y los
capitalistas han utilizado la necesidad del combate a la pandemia para avanzar
en medidas represivas y de control policial de la sociedad. También es cierto
que los grandes conglomerados farmacéuticos y médicos han ganado fortunas con
las vacunas y la venta de los medios técnicos necesarios para atender a los
contagiados, y que esas vacunas y medicamentos contra la Covid-19 se encuentran
todavía en una fase de perfeccionamiento. Finalmente, también es cierto que la
burguesía utilizó la excusa de la pandemia para descargar el costo de la crisis
económica sobre las espaldas de l@s trabajador@s y, más aún, para atacar el
salario y los derechos laborales.
Algunas
corrientes de izquierda han elevado estos elementos a nivel de un análisis
político global de la realidad mundial. Desde el propio inicio de la pandemia,
sostienen que la magnitud de la pandemia del coronavirus y su impacto han sido
intencionalmente exagerados e “inflados” por los medios al servicio de lo que
han caracterizado como “la contrarrevolución covid”, que ha sido lanzada en
todos los frentes por el capitalismo imperialista, las burguesías nacionales y
sus gobiernos[7]. A
partir de allí, aquellas organizaciones que, como la LIT-ci, consideramos que
la pandemia significa un gravísimo problema para la humanidad y la clase
trabajadora y levantamos un programa de combate al capitalismo que toma, como
uno de sus ejes, la lucha por un verdadero combate contra ella, somos
considerados como capituladores (o cómplices) frente a esta ofensiva
contrarrevolucionaria.
Los procesos que hemos enunciado hasta aquí
son totalmente ciertos. Pero ellos no niegan la existencia de la pandemia como
hecho objetivo y el impacto profundamente negativo que ha tenido en la salud y
en el nivel de vida de l@s trabajador@s y el pueblo, que agrava al extremo su
ya dura vida cotidiana. Por eso, es imprescindible combatirla. Se trata de
avanzar seriamente en este combate, a través de la vacunación masiva y
gratuita, la reconstrucción y el fortalecimiento de los deteriorados sistemas
de salud pública, y otras medidas que hemos propuesto en numerosos artículos.
Para nosotr@s, la lucha contra la pandemia debe ser parte de un combate al
capitalismo que la generó y la dejó crecer, y ahora utiliza de modo
reaccionario la necesidad de la vacunación o de cuidados sociales y restricciones.
Aquellos que niegan la pandemia parecen ubicarse por fuera de los sufrimientos
que ésta ocasiona en nuestra clase. Al mismo tiempo, niegan el hecho de que el
capitalismo y sus gobiernos comenzaron a impulsar (ya desde junio de 2020) la
criminal política de “nueva normalidad” y ahora siembran la ilusión de que
pronto acabará, transformándose en una “gripecita”. El gobierno de Dinamarca,
un pequeño país imperialista europeo, ya “decretó” que, a partir de la semana,
se define “el fin de la situación de pandemia en el país”[8]. Es
decir, marchamos en la dinámica de que los gobiernos eliminen todas las
restricciones al servicio de “normalizar” los niveles habituales de explotación
y ganancias[9]. ¿Por
qué los capitalistas están apurados por declarar “el fin de la pandemia” si
haberla exagerado (o inventado) les ha dado tantas ventajas?
Al mismo
tiempo, la burguesía y sus gobiernos aprovechan la existencia de este sector
antivacunas, minoritario pero de peso, en especial en los países imperialistas,
con fines políticos reaccionarios. Por un lado, les sirve para esconder los dos
factores centrales de la persistencia de la pandemia (la desigualdad de la
vacunación en nivel mundial, lo que origina el surgimiento de nuevas cepas, y
la criminal política de nueva normalidad) y jugar el peso de la responsabilidad
en los movimientos antivacunas. Por ejemplo, el presidente estadounidense, Joe
Biden, lanzó en diciembre pasado algunas medidas para combatir esta nueva
oleada y en su presentación hizo hincapié en la responsabilidad de los “no
vacunad@s” y en los movimientos antivacuna[10]. Por
el otro, lo utilizan para justificar medidas represivas y de control policial
de la sociedad y, más profundamente, para atacar la unidad y las conquistas de
l@s trabajador@s, como intentó hacer el gobierno de Macron, en Francia, el año
pasado.
Hemos visto
que el movimiento antivacuna se mantiene fuerte en varios países “ricos”. En
algunos de ellos, como Alemania, son la causa de que el índice de vacunación
esté estancado un poco por debajo del 70% desde hace varios meses[11]. En
ese marco general, es interesante ver algunas cuestiones específicas. Algun@s
activistas antivacuna que se contagiaron de Covid han declarado estar
arrepentidos de esa posición. Es el caso de Lorenzo Damiani, uno de los líderes
del movimiento No Vax en Italia. Desde el hospital donde fue atendido, declaró:
“Claramente mi visión ha cambiado. Estoy listo para decirle al mundo lo
importante que es seguir colectivamente la ciencia, la que te
cura y te salva«[12]. Otros tomaron
una actitud que resultó suicida. Fue el caso de la cantante checa Hana Horká,
que se contagió a propósito (para generar anticuerpos sin vacunarse) y acabó
muriendo en su casa[13].
Las vacunas: una herramienta de la ciencia
contra las enfermedades
Sin embargo, la mayoría permanece en
su posición. Ahora han incorporado el argumento que, dado que personas
vacunadas también se han contagiado con la cepa Ómicron, esto demuestra que las
vacunas no sirven porque “no inmunizan”. Esto nos obliga a detenernos un poco
en qué son las vacunas y por qué representan una herramienta imprescindible
contra determinadas enfermedades (las de origen bacteriano o viral).
La Organización Mundial de la Salud
(OMS) define que: “una vacuna es cualquier preparación
destinada a generar inmunidad contra una enfermedad estimulando la producción
de anticuerpos”. Existen diversos procedimientos para
producir vacunas y el método más habitual para aplicarlas es la
inyección, aunque algunas se administran con un vaporizador nasal o por
vía oral[14].
La era de las vacunas modernas la inició el
médico británico Edward Jenner en 1796, al inocular fluido de
las pústulas de viruela bovina en personas y
comprobar que no se contagiaban ni tenían síntomas del peligrosísimo virus de
la viruela humana, productor de numerosas epidemias mortales en la historia.
Algunas décadas después, el médico y biólogo francés Louis Pasteur desarrolló
una segunda generación de vacunas (entre otras, contra el cólera y la
rabia), e introdujo el término “vacuna” en honor a los experimentos
de Jenner.
Desde entonces hasta hoy se han
desarrollado numerosas vacunas (contra enfermedades “viejas” o “nuevas”) que
permiten prevenir decenas de infecciones diferentes. Por
ejemplo, en 1980 se declaró extinto el contagio de viruela por causas
naturales; se estima que la inmunidad contra el sarampión salvó 23 millones de
vidas entre 2000 y 2018, especialmente niñ@s. Cabe agregar también el caso de
la poliomielitis (o parálisis infantil), con epidemias agudas en los siglos XIX
y XX, que dejaban graves secuelas en l@s niñ@s que la contraían. Gracias a las
campañas con la vacuna desarrollada por el virólogo polaco Albert Sabin, el
impacto de la enfermedad fue primero reducido, y ésta se consideró erradicada
en 2019. Desde hace décadas, se espera la vacuna contra el virus HIV (sida)
que, en 2021 entró en su fase de experimentación reducida en seres humanos[15].
Veamos ahora el argumento de que las
actuales vacunas contra la Covid-19 no sirven porque “no inmunizan”. En primer
lugar, es necesario entender que siempre se consideró que el desarrollo
completo de una vacuna, desde su inicio en laboratorio hasta que es considerada
efectiva y segura para su aplicación masiva, requería no menos de 10 años[16].
Incluso cuando una vacuna ya ha sido autorizada, puede ser perfeccionada o
superada por otra. Por ejemplo, antes de la vacuna desarrollada por Sabin, se
utilizaba la Salk, con buenos resultados pero de menor efectividad.
Las vacunas contra la Covid-19
fueron desarrolladas en un plazo mucho menor: menos de un año. Esto significa
que comprimieron y superpusieron etapas y que parte importante de la
comprobación sobre sus niveles de efectividad se hicieron luego de su liberación[17].
Es evidente que la rápida liberación
y la aplicación masiva de las vacunas era algo que deseaba una amplia mayoría
de l@s trabajador@s y el pueblo. Pero este “apuro” en desarrollar estas vacunas
fue, en realidad, resultado de una demora de años, responsabilidad del
capitalismo. Porque una vacuna contra la Covid ya podría existir hace años dado
que en 2002-2003 se desarrolló un fuerte brote, focalizado en Asia, generado
por un virus similar. Pero los grandes conglomerados farmacéuticos privados no
la desarrollaron porque, en esos momentos, no les representaba una ganancia
significativa, a pesar de que muchos especialistas alertaban sobre el riesgo de
una pandemia global.
Un balance objetivo sobre el resultado de la
vacunación
Por otro lado, la “carrera por la
vacuna” se hizo sin un plan de desarrollo cooperativo y centralizado
internacionalmente, sino en una feroz competencia entre los grandes
laboratorios privados y salvaguardando sus ganancias a través del “derecho de
patente”. El alto precio de las vacunas dio lugar a una profunda desigualdad en
los niveles de vacunación en el mundo. En varios países con porcentajes muy
bajos de vacunación surgieron nuevas cepas que se expandieron por el mundo;
algo que, sumado a la política de “nueva normalidad”, generó oleadas
recurrentes y, al mismo tiempo, mostró debilidades de las vacunas existentes.
Con esa consideración, en función de
este debate, es necesario hacer un balance objetivo de los resultados de la
vacunación en el combate contra la Covid-19. Un balance que no puede hacerse
basado en consideraciones parciales sino en base a los “grandes números” y
análisis profundos de los datos. Ellos indican, en primer lugar, que las nuevas
variantes se originaron en países de menores niveles de vacunación, débiles
sistemas de salud pública y condiciones sanitarias precarias para sectores
importantes de la población (Delta en la India, Ómicron en Sudáfrica).
En segundo lugar, que las personas
completamente vacunadas, aunque se contagiasen, tendían a ser asintomáticos o a
desarrollar síntomas leves, mientras que los no vacunad@s presentaban riesgos
mucho mayores. Esto ya se había evidenciado en la oleada generada por la Delta,
en EEUU, el año pasado. Una nota del New York Times informaba: “Muchos
de l@s pacientes con COVID-19 que ahora llegan al hospital no solo no están
vacunados sino que son mucho menores de 50 años, una clara diferencia con
respecto a l@s pacientes frágiles y mayores que se contagiaron cuando la
pandemia surgió por primera vez el año pasado. L@s médic@s dicen que l@s
pacientes no vacunad@s de entre 20 y 30 años se enferman más gravemente y con
mayor rapidez”[18]. Ahora vuelve a
manifestarse en esta fortísima oleada Ómicron. Por ejemplo, en Argentina,
la subsecretaria de Salud de la provincia de Buenos Aires, Alexia Navarro,
basada en los estudios de los casos de ese territorio, expresó que “las
personas que no se han vacunado tienen 36 veces más riesgo de estar en terapia
intensiva”[19].
Queremos terminar esta parte del
artículo con una consideración. Para l@s marxistas, el desarrollo de la
ciencia, sus avances y descubrimientos representan un proceso progresivo porque
su aplicación puede ayudar a satisfacer necesidades y mejorar la vida de la
Humanidad. Nuestros maestros (Marx, Engels, Lenin y Trotsky) siempre estudiaron
y reivindicaron los avances científicos de su época y con ello enriquecieron el
marxismo. No es casual que, desde Marx, nos reivindiquemos como “socialistas
científicos”.
En ese marco, el capitalismo, en
especial en su época imperialista, aprisiona y deforma el desarrollo científico
y lo condiciona a su afán de aumentar sus ganancias. Porque los avances
científicos dejan de ser un patrimonio al servicio de satisfacer las
necesidades de la humanidad y pasan a ser exclusivamente una mercancía de la
cual obtener lucro. Por eso, no impulsó el desarrollo de una vacuna contra el
coronavirus en 2002-2003, y cuando lo hizo, en 2020, la transformó en un gran
negocio para los conglomerados farmacéuticos. Habría muchos otros ejemplos en
diversos campos de aplicación, como el de la telemática.
Es decir, la ciencia es una
herramienta que puede ser utilizada de diversas formas, y que en el capitalismo
imperialista muchas veces acaban siendo nocivas y destructivas para la
Humanidad. Los sectores antivacunas “de izquierda” caen en un grave error de
enfoque: centran el combate contra el capitalismo en una lucha contra la
herramienta válida (la vacuna) y no contra la utilización que el sistema
capitalista hace de esa herramienta. Acaban entonces en una posición retrógrada
y anticientífica y, por lo tanto, ajena al marxismo. Salvando las profundas
distancias, nos recuerdan a los ludistas, uno de los primeros movimientos de un
sector de la clase obrera (los artesanos) que, a inicios del siglo XIX, en
Inglaterra impulsaban la destrucción de los telares industriales de las nuevas
fábricas que comenzaban a difundirse.
Obligatoriedad, “pase sanitario” y
movilizaciones antivacuna
En numerosos artículos hemos
afirmado que el capitalismo imperialista, las burguesías nacionales y sus
gobiernos son los responsables del surgimiento, la expansión y la persistencia
de la pandemia. Hemos defendido la necesidad de la vacunación masiva, gratuita
y obligatoria y, en función de esto, la ruptura del derecho de patente, así
como el fortalecimiento de los sistemas de salud pública, como medidas muy
importantes (no las únicas) para un verdadero combate contra ella. En primer
lugar, la “obligatoriedad” se la exigimos a los gobiernos capitalistas que no
la cumplen, es decir que no garantizan el acceso del conjunto de la población
mundial al esquema completo de vacunación y refuerzos. Al mismo tiempo, como ya
hemos dicho, nos pronunciamos por la vacunación obligatoria rechazando los
argumentos falsos de las libertades individuales sobre el conjunto. Más
recientemente, hemos denunciado y llamado a combatir la política y las medidas
que se enmarcan en el “fin de la pandemia”[20]. En
ese marco, consideramos que los movimientos antivacuna, considerados en su
conjunto, son negativos porque van contra una necesidad imperiosa de l@s
trabajador@s y los pueblos del mundo, en especial de los países más pobres.
En ese marco, si realmente hubiera
un combate global contra la pandemia, estaríamos a favor de controles
sanitarios, que no solo debería contemplar la vacunación, sino también el
conjunto de medidas sanitarias que los gobiernos deberían garantizar en forma
gratuita como los testeos masivos y permanentes. Por otro lado, en varios
países ya existen documentos que pueden considerarse equivalentes. Por ejemplo,
en Argentina y Brasil, la vacunación contra determinadas enfermedades (en
especial las llamadas “infantiles”) es obligatoria, debe ser garantizada
gratuitamente por el Estado, y l@s niñ@s no pueden inscribirse en las escuelas
si sus familias no presentan el “carnet de vacunación”. También es obligatoria
la aplicación de la vacuna antitetánica cuando se es atendido en un centro médico
por un accidente o con heridas cortantes.
Pero este “pase sanitario” que
comienzan a aplicar diversos gobiernos burgueses es, por un lado, profundamente
hipócrita ya que, al mismo tiempo que se alentó el funcionamiento “normal” de
las concentraciones en los centros laborales, se aceptó que l@s trabajador@s
viajen en transportes públicos colmados y vuelvan a trabajar sin constancia
médica luego de haberse contagiado o con posibilidades de estarlo; se aplica en
eventos deportivos, lugares de esparcimiento o viajes de mayor distancia. Es
decir, es una “pase” que no garantiza la propagación de la pandemia en cuanto
medida aislada (por ejemplo, en Italia el “pase base” ni siquiera exige la
vacuna, solo testeo, o en Argentina donde en la realidad no es requerido en
ningún lado, etc.), que es utilizado para esconder la falta de aplicación de
medidas de conjunto y colocar la responsabilidad del futuro de la pandemia
sobre el conjunto de l@s trabajador@s y el pueblo, escondiendo los verdader@s
responsables. Por el otro, se pretende usarlo de modo reaccionario para dividir
a la clase obrera y atacar sus conquistas.
En ese
contexto, debemos analizar las movilizaciones (algunas de cierta importancia)
que se han producido en varios países europeos contra el “pase sanitario” y el
criterio de la obligatoriedad de la vacunación. Varias de ellas fueron
reprimidas por los gobiernos[21]. Frente
a estas movilizaciones se nos plantea la pregunta sobre qué son. ¿Se trata de
movilizaciones de sectores retrógrados y reaccionarios y, por lo tanto, deben
ser repudiadas? O, por el contrario, ¿son movilizaciones que expresan el justo
hartazgo de franjas de la clase trabajadora y el pueblo con el capitalismo y
sus gobiernos y, en ese marco, expresan la confusión sobre la pandemia y la
vacunación a que nos hemos referido? De conjunto, estas movilizaciones tienen
un carácter reaccionario, capitalizadas por sectores de derecha, por lo cual
las rechazamos. Esto no niega que en algunos casos ambos tipos de acción se dan
de modo simultáneo, e incluso, a veces, combinando características en una misma
movilización.
En Bélgica, las manifestaciones han
sido convocadas por la extrema derecha. Por eso, la organización de la LIT-ci
en este país no llamó a participar de ellas. Un carácter similar tendrían las
movilizaciones de Holanda y Dinamarca. Por el contrario, l@s camaradas
simpatizantes de la LIT-ci en Francia consideraron que el proceso que se dio en
el país en julio y agosto de 2021, por su composición social, su ubicación
geográfica y la bronca creciente al gobierno Macron, recordaban a las de los
“chalecos amarillos” de enero de 2019[22]. En
Italia se han dado movilizaciones de carácter contradictorio. Varias de ellas
fueron organizadas directamente por los fascistas de Fuerza Nueva, con
consignas de este sector. Una de ellas terminó con el ataque a la central
sindical CGIL. Es evidente que movilizaciones de este tipo no pueden ser
apoyadas ni “disputadas” y que deben ser repudiadas. Otras manifestaciones
contra el pase sanitario tuvieron otro contenido, como la de l@s obrer@s
portuarios de Livorno y algunas huelgas específicas, contra los intentos de
dividir a l@s trabajador@s. En estas últimas, sí tenemos la obligación de
intervenir y apoyarlas.
Es importante entender que la
extrema derecha más reaccionaria logra hacer pie en sectores de la clase obrera
y el pueblo en la medida en que la mayoría de la izquierda no interviene en la
realidad de la pandemia con una política revolucionaria de lucha contra la
pandemia, en el marco de un combate al capitalismo y sus gobiernos en todos los
aspectos. He aquí una tarea urgente que debemos encarar l@s revolucionari@s
para dar una salida a la crisis de la pandemia capitalista.
[1] Ver
https://litci.org/es/omicron-oleada-final-o-pandemia-eterna/
[2] https://www.dw.com/es/novak-djokovic-llega-a-belgrado-tras-ser-expulsado-de-australia/a-60448427
[3] https://www.bbc.com/portuguese/brasil-60124170 (original
en portugués, traducción nuestra)
[4] https://www.dw.com/es/evang%C3%A9licos-en-la-pandemia-del-coronavirus-prefieren-su-religi%C3%B3n-a-la-vacunaci%C3%B3n/a-57279612
[5] https://www.abc.com.py/internacionales/2022/01/23/los-antivacunas-de-eeuu-emulan-a-luther-king-para-reclamar-libertad-medica/
[6] https://br.investing.com/news/stock-market-news/bolsonaro-diz-que-ninguem-pode-obrigar-vacinacao-e-chama-de-imbecil-quem-o-considera-mau-exemplo-814278.
[7] Ver,
por ejemplo:
https://www.thecommunists.net/home/espa%C3%B1ol/la-contrarrevoluci%C3%B3n-del-covid-19-qu%C3%A9-es-y-c%C3%B3mo-combatirla/
[8] https://www.clarin.com/internacional/covid-pais-elimina-todas-restricciones-convierte-primero-decretar-fin-pandemia_0_yulanTaMyo.html
[9] Ver
artículo de nota 1
[10] Ver
https://www.vozdeamerica.com/a/biden-anunciara-nuevas-medidas-para-combatir-la-pandemia/6363333.html
[11] https://www.dw.com/es/covid-19-en-alemania-incidencia-r%C3%A9cord-y-vacunaci%C3%B3n-estancada/a-59763271
[12] https://www.elperiodico.com/es/internacional/20211201/lider-antivacunas-italia-arrepentido-ingresado-12930104
[13] https://cnnespanol.cnn.com/2022/01/20/hana-horka-cantante-antivacunas-muerte-covid-trax/
[14] https://www.iberdrola.com/compromiso-social/historia-de-las-vacunas
[15] https://www.huesped.org.ar/noticias/vacuna-contra-covid-personas-con-vih/?gclid=Cj0KCQiAosmPBhCPARIsAHOen-MZCILbptrRInHi_GDqEybXIAZz-7VHjc3xjsiOKjnuh86axboYLjoaAr8yEALw_wcB
[16] https://www.historyofvaccines.org/es/contenido/articulos/desarrollo-pruebas-y-reglamentos-para-las-vacunas
[17] Ver https://litci.org/es/la-carrera-por-la-vacuna-contra-el-covid-19/ y
https://litci.org/es/la-carrera-por-la-vacuna-contra-el-covid-19-ii/
[18] https://www.nytimes.com/es/2021/08/04/espanol/variante-delta-contagio-jovenes.html
[19] https://www.cronica.com.ar/sociedad/Coronavirus-las-personas-no-vacunadas-tienen-36-veces-mas-riego-de-entrar-en-terapia-intensiva-20220121-0030.html
[20] Ver
artículo de nota 1.
[21] Ver,
por ejemplo: https://www.lavanguardia.com/internacional/20211122/7878426/protestas-la-haya-bruselas-restricciones.html
[22] Ver https://litci.org/fr/quelques-reflexions-a-propos-de-la-mobilisation-contre-le-passe-sanitaire-en-france/
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