Un experimento muestra que los descubrimientos de una inteligencia artificial pueden entrar en la cadena de transmisión cultural humana. / Crédito: MPI for Human Development.
Un estudio revela que los descubrimientos de la inteligencia artificial pueden transmitirse entre personas y mantenerse a lo largo de generaciones
Pablo Javier Piacente / T21
20 AGO 2026 15:46
Actualizada 20 AGO 2026 15:57
La inteligencia artificial no solo puede aprender de
la cultura humana: también puede descubrir estrategias que las
personas difícilmente encontrarían por su cuenta y lograr que esas innovaciones
se incorporen a la cultura. Un experimento con más de mil participantes
demuestra cómo una solución descubierta por una IA puede
transmitirse de una persona a otra y sobrevivir a través de sucesivas
generaciones.
Un
equipo de investigadores liderado por el Instituto Max Planck para el
Desarrollo Humano, en Alemania, ha demostrado que bajo ciertas condiciones los
seres humanos no solo pueden adoptar estrategias descubiertas por las
máquinas y la IA, sino que también transmitirlas y preservarlas a lo largo
de múltiples generaciones. Esto abre una gran incógnita sobre la profundidad
del cambio cultural que puede generar la IA hacia el futuro.
Es
que la inteligencia artificial podría estar dejando de ser únicamente una
herramienta creada para ayudar a las personas, evolucionando hasta convertirse
en una fuente de innovación cultural capaz de moldear a las
sociedades humanas del presente y del futuro, con una profundidad que recién
podemos vislumbrar en sus primeros detalles.
Innovaciones artificiales que se incorporan a la cultura humana
El estudio,
publicado en la revista Nature Communications, aborda una cuestión hasta ahora
difícil de comprobar experimentalmente: ¿qué ocurre cuando una máquina descubre
una forma de resolver un problema que resulta poco intuitiva para los seres
humanos, pero que podríamos aprender y transmitir?
La respuesta, según los autores,
es que bajo determinadas condiciones esa innovación artificial puede
integrarse en la cultura humana y mantenerse incluso después de su
descubrimiento inicial.
Para poner a prueba esta
hipótesis, los investigadores reunieron a 1.155 participantes en un experimento
de transmisión cultural. Los voluntarios tenían que resolver una serie de
redes de recompensas tomando diez decisiones, con el objetivo de maximizar los
puntos obtenidos.
Otra forma de pensar
El diseño del problema introducía
una dificultad muy humana: la estrategia óptima exigía aceptar varias pérdidas
pequeñas al principio, para conseguir ganancias mucho mayores después. La
tendencia a evitar esas pérdidas inmediatas llevaba con frecuencia a los
participantes hacia soluciones aparentemente satisfactorias, pero que no eran
las mejores.
La inteligencia artificial,
en cambio, disponía de una capacidad de exploración muy superior. El sistema
de aprendizaje por refuerzo analizó miles de situaciones y acabó
encontrando la estrategia óptima. En términos del experimento, esa solución
permitía llegar a una puntuación máxima de 2.650 puntos, frente a los 2.000 que
podía proporcionar la estrategia basada en obtener pequeñas recompensas
inmediatas.
Lo importante no era solo que
la máquina obtuviera una respuesta mejor, sino que hubiese
descubierto algo que para las personas resultaba muy difícil encontrar de
manera independiente.
Evolución cultural e IA
El siguiente paso fue observar si
ese conocimiento podía convertirse en cultura. Los participantes se
organizaron en cadenas de aprendizaje social a lo largo de varias generaciones.
En los grupos en los que no intervenía la IA, descubrir de manera independiente
la estrategia óptima resultó extraordinariamente infrecuente: solo uno de los
600 participantes de esos grupos encontró por sí mismo la mejor solución.
En cambio, cuando las máquinas
estaban presentes al comienzo de la cadena, la estrategia que habían
descubierto se propagó con mucha mayor facilidad. En nueve de los quince grupos
humano-máquina analizados, la solución óptima se mantuvo durante todo el
experimento, según se explica en una nota de prensa.
El mecanismo era relativamente
sencillo. Los participantes tendían a elegir como modelos a quienes obtenían
mejores resultados y después imitaban sus decisiones. De esta forma, una
solución originada en una máquina podía ser aprendida por una persona,
transmitida a otra y conservada a través de sucesivas generaciones de
participantes. El resultado reproduce, a pequeña escala y en el laboratorio, un
mecanismo central de la evolución cultural: variación, transmisión y
selección de comportamientos.
Sin embargo, el estudio también
establece límites importantes. Una innovación de la IA no se
convierte automáticamente en parte de la cultura humana. Los investigadores
identifican tres condiciones fundamentales: la estrategia debe ser difícil de
descubrir para las personas, suficientemente fácil de aprender una vez
observada y presentar una ventaja clara que permita reconocer su utilidad.
Cuando alguna de estas condiciones desaparece, las simulaciones muestran que la
influencia de las máquinas se reduce o puede desaparecer.
Un nuevo paradigma
La conclusión apunta a un cambio
de paradigma: hasta ahora, gran parte de la relación entre IA y cultura se
ha desarrollado como un proceso en una sola dirección, en el cual las máquinas
aprenden de enormes cantidades de conocimiento generado por humanos.
El experimento plantea que
también puede producirse el fenómeno inverso: los sistemas artificiales pueden explorar espacios de
soluciones que permanecen parcialmente fuera de los patrones habituales del
pensamiento humano y, cuando sus hallazgos son comprensibles, nosotros podemos
incorporarlos a nuestro repertorio y transmitirlos.
De esta manera, una máquina puede
actuar no solo como herramienta para ejecutar conocimientos humanos, sino como
un agente capaz de introducir soluciones nuevas en el circuito cultural mediante
el cual las personas aprenden, seleccionan y conservan conocimientos.
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Si durante milenios la cultura
humana se ha construido acumulando descubrimientos producidos por otras
personas, la aparición de sistemas capaces de generar estrategias nuevas abre
la posibilidad de una evolución cultural híbrida, en la que humanos y
máquinas contribuyan conjuntamente a ampliar el abanico de soluciones
disponible para las generaciones futuras.
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