Por ASTARITA
Rolando
Astarita [Blog] 12/06/26
En una nota anterior sostuvimos que el acceso de los
socialistas al gobierno (al poder Ejecutivo) no es sinónimo de la toma del poder por la
clase obrera (aquí). En esta
nota ampliamos el argumento, poniendo la atención en la consigna de “Abajo el
Gobierno” (“Fuera Milei”), y la convocatoria a constituir comités de apoyo a
Myriam Bregman y al FIT-U.
La consigna “Abajo el Gobierno”
Los partidos que integran el
FIT-U están levantando, como consigna central para la movilización y
organización de las masas, la consigna de “Fuera Milei”. Parece casi de sentido
común, dado el carácter ferozmente anti-obrero del gobierno de LLA, el estancamiento
económico, el descontento y el abismo de miseria y degradación al que están
sometidas las masas. Pero el asunto no es tan simple, exige cierta reflexión.
Es que habitualmente el recambio en la cabeza del Poder Ejecutivo actúa de
conveniente fusible para la continuidad del Estado y del modo de producción
capitalista. Nuestra historia reciente es ilustrativa: a la caída de Alfonsín
le siguió el gobierno de Menem. A la caída de Menem le siguió De la Rúa. A la
caída de este le siguieron Duhalde y Kirchner; a CFK le siguió Macri; a Macri
el gobierno de Alberto Fernández y de nuevo CFK; a estos, Milei. En todos los
casos la izquierda agitó el correspondiente “fuera el
gobierno”. Pero no por
eso el movimiento obrero avanzó en conciencia de clase u organización. De
hecho, los recambios en el Ejecutivo sirvieron para recrear esperanzas que
desembocaron en nuevos callejones para las masas.
Dinámicas parecidas han ocurrido
a nivel de las provincias. Tal vez el caso más significativo sea lo ocurrido en
Jujuy, en los 1990. Las luchas de los empleados municipales y del pueblo
jujeño, bajo la dirección del combativo
Perro Santillán, provocaron la caída de varios gobiernos
provinciales, sin que surgiera por ello alguna alternativa superadora. También
lo podemos ver en algunos países de la región: en Ecuador hubo 12 presidentes
en los últimos 30 años. Peor en Perú: desde 2000 a junio 2026 fueron 12. De
nuevo, los recambios en el Poder Ejecutivo funcionaron como válvulas de
seguridad del régimen. También en Bolivia hoy está planteada la posibilidad de
que las movilizaciones contra el gobierno de Paz sean canalizadas hacia un
recambio en las alturas para que nada cambie sustancialmente.
Las experiencias revolucionarias de Rusia (1917) y Alemania
(1918-1919)
Lo anterior explica por qué en
pasadas experiencias revolucionarias, el planteo de la toma del poder por parte
de los socialistas estuvo asociado a la existencia de organismos de masas,
típicamente los consejos de obreros, soldados y campesinos. El ejemplo paradigmático
lo tenemos en la estrategia del partido Bolchevique en Rusia 1917 y su consigna
“todo el poder a los soviets”. El eje era la lucha por la República de los
Soviets; la disolución del ejército regular y de la policía; su sustitución por
el armamento general del pueblo, la elegibilidad y movilidad de los
funcionarios del Estado; la nacionalización de la tierra y la firma de la paz,
entre otras medidas. No era un
programa de simple cambio de nombres, o partidos, en la cabeza del Estado.
En este punto Lenin fue explícito: la tarea no era “derribar al Gobierno
Provisional, que se mantiene por la confianza que le brindan las masas
pequeñoburguesas y una parte de las masas obreras, sino explicar minuciosamente
las tareas de clase y de organización” (Conferencia de la ciudad de Petrogrado
del POSD (b) R, abril 1917; p. 259, t. 31 OC Moscú, Progreso).
Este enfoque lo mantiene y
generaliza la Internacional Comunista en 1919 cuando afirma que la tarea del
proletariado, en el marco del ascenso revolucionario, era “la conquista del poder del Estado”, esto es,
“la destrucción del aparato estatal de la burguesía y la organización de un
nuevo poder revolucionario”.
Otro caso ilustrativo, es
el de Alemania, en 1918. En diciembre de ese año se reunió en Berlín el
Congreso de los Consejos de obreros y soldados. Los Espartaquistas, junto a
otros delegados revolucionarios, reclamaban la destitución del gobierno del
Partido Socialdemócrata (SPD) y el Partido Socialdemócrata Independiente
(USPD); el desarme de los contrarrevolucionarios; la formación de una Guardia
Roja; la proclamación de la República Socialista; y que todo el poder estuviera
en manos de un Ejecutivo elegido por el Consejo General de los obreros y
soldados. El centro y la derecha se opusieron y ordenaron la delegación de todo
el poder Ejecutivo en el gobierno de Ebert.
Toda la política revolucionaria
giraba en torno al poder de los obreros y soldados, su actividad y
auto-organización. Así, Rosa Luxemburgo escribía “… no es cuestión de pensar en
reemplazar al gobierno de Ebert por un gobierno de revolucionarios que no
descansaría sólidamente en una mayoría de los consejos”. El partido socialista no puede sustituir la
movilización de las masas.
La cuestión central
El tema, pues, es con qué reemplazar al gobierno al que se llama
a derrocar. En otros términos, no basta con decir que los
socialistas están en condiciones de gobernar. En particular, la relación entre
un ejecutivo socialista y el aparato del Estado es crucial. Nunca se insistirá
lo suficiente en que un gobierno “obrero y socialista” que conviva con el
aparato estatal burgués y la economía capitalista no es un gobierno “obrero y
socialista”, sino un gobierno “obrero
capitalista”. Y en ese caso,
continuará imperando la mecánica del recambio del fusible “poder Ejecutivo”.
Por eso no basta con poner el término “trabajadores” para definir el carácter
de clase de un eventual gobierno de Bregman y asociados. La diferencia ente un
gobierno obrero revolucionario y un gobierno obrero-burgués es programática,
estratégica. Lo que cuenta es qué medidas se toman contra el Estado burgués
(las fuerzas armadas en primer lugar), y cómo se
genera y desarrolla el poder obrero, básicamente los consejos, los comités de
fábrica, o alguna forma similar de organización.
No engañen a la gente
El desarrollo de la
movilización, la clarificación por medio de la propaganda y agitación, exigen
de parte de los marxistas decir la verdad, no ocultar las dificultades. Si las
masas explotadas no se organizan, si no despliegan su potencial crítico
subversivo, no habrá transformación social. Por eso, cuando se le pregunta a
los socialistas si serían capaces de gobernar, la primera cuestión a señalar es
que esa posibilidad depende, fundamentalmente, del grado de actividad e iniciativa
de los explotados y oprimidos. No hay respuestas por fuera de lo que determina
la lucha de clases y la relación de fuerzas entre la clase obrera y la clase
capitalista. De ahí que el surgimiento de formas de doble poder sea tan
importante para caracterizar una situación como revolucionaria o, al menos,
como prerrevolucionaria. Sin la actividad y el poder organizado de las masas
ser presidente “socialista”, o ministro “socialista”, etcétera, no tiene la
menor relevancia. En esos casos esos “socialistas” estarán obligados a convivir
con el Estado y régimen burgués.
Subrayamos estas cuestiones
porque tienden a ocultarse. Al respecto, es ilustrativa la explicación que da
el “Pollo” Sobrero (importante dirigente de los ferroviarios de zona Oeste,
dirigente de Izquierda Socialista y el FIT-U) de por qué los socialistas están
en condiciones de gobernar y transformar a la Argentina (véase Entrevistas: Fenómeno
Bregman, la Izquierda y cómo organizarnos | Izquierda Socialista FIT-U).
Dice Sobrero: “La izquierda puede y debe gobernar. Porque para sacar el país
adelante, ya gobernaron todos. No podemos gobernar con los mismos que nos
llevaron a este desastre”. Sostiene que con lo que se va a pagar en julio por
la deuda externa, 4500 millones de dólares, se pueden construir 100.000
viviendas y darle trabajo a medio millón de personas, con lo cual se puede
reactivar la economía. “A corto plazo se verían los frutos”. También se podría
aumentar los salarios y las jubilaciones, poner plata para la educación, la
salud. “Y esto solo lo puede hacer un gobierno de la clase trabajadora”.
Una primera cuestión, que ya
discutí en otras notas, es que, desde el punto de vista fáctico, no es cierto
que si se deja de pagar la deuda el gobierno argentino tendría a su disposición
los miles de millones de dólares de los que habla Sobrero. La razón es que en buena medida la deuda se
paga contrayendo más deuda. En especial, con los
organismos internacionales se refinancian los principales y se capitaliza buena
parte de los intereses. Esto habría entonces que aclararlo. Pero no es el
principal problema del discurso de Sobrero.
El principal problema es que
Sobrero presenta el asunto como si fuera una cuestión de simple trámite administrativo:
dejamos de pagar la deuda, disponemos de miles de millones y “el país sale
adelante” (¿y las clases sociales?).
Pero el planteo es una abstracción. Si la clase dominante viera peligrar su
posición no se quedaría quieta. Habrá fuga de capitales, atesoramiento en
dólares, (no solo de la clase capitalista, también de la pequeña burguesía),
lockout patronales, sabotajes. Por lo cual hay que
sacarse de la cabeza la idea de que bastará con no pagar la deuda para que las
cosas se encarrilen. El programa
deberá ser articulado –es la idea del programa transicional a
ser aplicado por el gobierno- y apoyado
con la movilización y organización de las masas explotadas. La
acción del Ejecutivo (dejar de pagar la deuda) solo tendrá sentido progresista
en ese marco. E incluso, cabe un agregado: las posibilidades de un gobierno
revolucionario de no pagar la deuda externa también dependen del grado en que
una revolución socialista en Argentina sea apoyada por la clase obrera de otros
países (al respecto es interesante la advertencia de Lenin a los comunistas
alemanes que prometían desconocer la deuda si llegaban al poder; véase “El
izquierdismo enfermedad infantil del comunismo”).
Estas cuestiones parecen
elementales, pero Sobrero las pasa por alto. El acceso de Myriam Bregman, y en
particular el no pago de la deuda, es presentado como una medida tranquila, que
no tiene por qué alterar a la opinión pública progresista. ¿Por qué? ¿Acaso Sobrero
desconoce que el curso real de un eventual proceso revolucionario estará marcado
por la exacerbación de la lucha de clases, por el choque entre la revolución y
la contrarrevolución? Y en el medio la posición de las capas medias y de la
pequeña burguesía. ¿Por qué Sobrero barre estas cuestiones debajo de la
alfombra? Todo parece indicar que en
este discurso subyace una preocupación por no salirse del legalismo democrático
burgués. Tal vez permita ganar votos, pero no educa en las
ideas revolucionarias.
Cuestiones que habría que aclarar
La convocatoria a conformar
comités unitarios de apoyo a Bregman y el FIT-U está atravesada por polémicas,
prácticas sectarias y algunos importantes malentendidos.
Un primer problema es que no se
debe confundir un frente unido por reivindicaciones elementales, de lo que son
comités de apoyo a un partido, o a un Frente de partidos, como es el FIT-U (un frente de cuatro organizaciones
trotskistas). Para explicar lo que queremos decir, tomamos el
caso del activismo y la militancia obrera del Garrahan. Los trabajadores están
siendo atacados por el gobierno de Milei. Ante esa situación, lo fundamental es
unir fuerzas. O sea, se impone reunir y organizar a los trabajadores que
coincidan, al margen de diversas posturas políticas e ideológicas, en el
objetivo de frenar la ofensiva reaccionaria y anti-obrera. Todo aquel que esté
dispuesto a dar esa pelea debe ser bienvenido a la unidad de acción, al frente
obrero. Por eso, es un error sectario llamar, como hacen algunos dirigentes, a
formar comités del FIT-U para encarar esa lucha. Un comité del FIT-U agrupa a
los que están de acuerdo con el programa trotskista (al menos en sus posiciones
fundamentales). El Frente Único obrero, en cambio, reúne a los trotskistas y no
trotskistas que estén dispuestos a luchar por las demandas que unifican.
En segundo lugar, es preciso
aclarar que los comités en apoyo al FIT-U no sustituyen a los consejos
(soviets) y demás organismos de doble poder de masas. Estos históricamente han
surgido como expresión de la voluntad de la clase obrera. No pueden ser el
resultado de una construcción “desde arriba”, y menos cuando se lo intenta
hacer desde organizaciones o partidos minúsculos.
En tercer lugar, habría que
precisar qué se entiende por comités “unitarios”. En el caso del FIT-U, lo
“unitario” para el PTS parece ser las reuniones y actos de sus militantes y de
los simpatizantes de Bregman, conducidos por los dirigentes del PTS. En cambio,
lo “unitario” para PO e IS parecen ser los comités integrados por quienes
adhieren, o simpatizan, con el programa del FIT-U.
En cuarto término, es necesario
clarificar qué rol tiene la consigna “Fuera Milei” en relación a las tácticas y
actividades inmediatas. Planteamos el tema a partir de lo ocurrido con la
manifestación del 10 de junio contra los cierres de empresas y despidos. Es
que, según informó Prensa Obrera (PO) esta movilización fue organizada por un
Plenario Obrero convocado a partir de la asamblea general del gremio del Sutna
(neumático). O sea, la parte más consciente y avanzada del movimiento obrero.
Sin embargo, la demanda “Fuera Milei” –siempre ateniéndonos a lo que informa
PO-, no figuró en la convocatoria.
Para terminar, una reflexión sobre simpatías y
lucha de clases
La actualidad de las discusiones
en torno a los comités de apoyo al FIT-U y la eventualidad de un salto en el
plano electoral tienen por sustrato la simpatía que despierta Myriam Bregman en
buena parte de la ciudadanía. Las encuestas la ponen entre los dirigentes de
mejor imagen positiva. Esta ubicación de Bregman ha llevado a algunos
militantes del FIT-U a decir que podría estar produciéndose
un giro a la izquierda de las masas que tradicionalmente
han votado al peronismo.
Pues bien, lo primero a advertir
es que, a la luz de la experiencia histórica, habría que ser prudentes en estas
caracterizaciones. Después de todo, ya en 1946 Victorio Codovilla, del PC,
hablaba del giro a la izquierda de las masas peronistas, y desde entonces el dictum se repitió en las más
variadas circunstancias. Pero por otra parte, y más importante, es necesario
reflexionar acerca del contenido político e ideológico de las simpatías no
socialistas por una candidata socialista. Lo explicamos con un ejemplo: cuando Bregman y el PTS salieron a defender,
con argumentos “antiimperialistas” a CFK (CRISTINA NO ES CHORRA Y CORRUPTA SINO
UNA VÍCTIMA de Trump y Washington), los militantes
kirchneristas aumentaron su simpatía por la candidata del FIT-U. La cuestión
sin embargo es ¿esos militantes nacionales y
populares giraron a la izquierda, o son Bregman y el PTS los que giraron hacia
el peronismo izquierdista? ¿Cuál es el contenido de clase de esos “giros”? Preguntas
similares pueden suscitarse en torno a otros temas. Por ejemplo, en relación a
los sectores del peronismo que se sienten interpretados por el discurso de los
trotskistas que llaman a defender la industria nacional; o que se identifican
con las “soluciones en píldoras reformistas” del tipo de las propuestas de Sobrero.
Vinculado a esta cuestión está
la caracterización de la lucha de clases. Nuestra idea es que, por ahora, estamos lejos de algo que se acerque
siquiera a una situación revolucionaria (o prerrevolucionaria).
En relación a la profundidad del ataque que se está desarrollando contra la
clase obrera y los sectores populares, la
respuesta ha sido débil, por no decir extremadamente débil. Las
luchas son defensivas, en su mayoría contra los cierres de empresas y los
despidos. La baja de salarios y jubilaciones, el aumento de la precariedad e
informalidad laboral, el ataque a la salud y la educación públicas, la ofensiva
contra el derecho de huelga, para citar solo algunos de los ítems principales,
no han encontrado, por ahora, resistencia
seria. Se
evidencia incluso en el bajo cuestionamiento a las direcciones sindicales
burocráticas por parte de las bases. No negamos que esto
pueda cambiar en un futuro más o menos cercano, pero el hecho es que, por ahora, no ha ocurrido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario