Por: En Silencio Ha Tenido Que Ser.
A 30 días de la extracción forzosa de
Nicolás Maduro, el silencio de las armas en Venezuela no parece ser producto de
la resignación, sino de una arquitectura de control psicológico fríamente
ejecutada. Voy analizar los hechos bajo la óptica del "abogado del
diablo", surge una interrogante inevitable: ¿Fue la captura un acto de
eficiencia militar o una entrega pactada desde las entrañas del poder?
1. El Valor del Líder Vivo vs. el
Caos del Mártir
La historia contemporánea es
implacable. Las ejecuciones de figuras como Muamar el Gadafi o Sadam Husein no
trajeron orden, sino décadas de guerras civiles e ingobernabilidad. En el caso
venezolano, un Maduro mártir habría sido el detonante de una insurrección sin
precedentes. La sangre correría por las calles impulsada por un pueblo herido
exigiendo venganza.
Por el contrario, un Maduro cautivo
opera como un "seguro de vida" para la estabilidad inmediata. Al
mantenerlo con vida, los captores no solo anulan el mito del mártir, sino que
secuestran la voluntad de combate de sus seguidores. El chavismo de base no
quema las naves porque alberga una esperanza: la del retorno, el diálogo o la
fe en una mesa de negociación.
2. La Anatomía de la Traición: El
Factor Noriega
Resulta técnicamente inverosímil que
una extracción de este calibre se ejecute con tanta limpieza sin una fractura
interna en los anillos de seguridad más íntimos. Ni siquiera Manuel Antonio
Noriega, cuya captura fue anunciada y asediada por el ejército más poderoso del
mundo, fue extraído con la facilidad quirúrgica que vimos hace un mes. Esta
precisión sugiere que la "misión de vida" sobre el objetivo no era un
imperativo humanitario, sino un objetivo estratégico: Maduro muerto no servía a
los planes de la transición; Maduro vivo es una moneda de cambio y un sedante
para la masa.
3. La Paz como Mecanismo de Control
Se le ha vendido al país una
narrativa de "reconciliación y paz". Sin embargo, desde una
perspectiva analítica, esta retórica podría ser la herramienta para neutralizar
la indignación. Se apela a la cordura de un pueblo que, de saber a su líder
muerto, no tendría nada que perder. La esperanza de verlo libre es,
paradójicamente, lo que mantiene a la ciudadanía en calma y permite a los
nuevos actores consolidar el poder sin enfrentar una guerra civil.
Mi Conclusión
¿Estamos ante una liberación nacional
o ante un jaque mate diseñado en laboratorios de inteligencia extranjera con
complicidad interna? Las "32 heridas" que menciona el sentimiento
Cubano son el reflejo de una nación que sospecha que su fe ha sido
instrumentalizada. Si la traición entregó al presidente, el objetivo era claro:
cambiar un conflicto armado por una transición controlada, donde la esperanza
del seguidor sea el grillete que le impida rebelarse. Perdón, es solo mi
opinión.
Autor:En Silencio Ha Tenido Que Ser.
@destacar
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